FRASES PARA SACERDOTES

Durante las tres horas de desgarradora agonía, Yo permanecí con Juan y las piadosas mujeres, bajo la Cruz y juntos fuimos bañados por su Preciosa Sangre.

¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE?




¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE? Este video cuenta con fragmentos del hermoso escrito del poeta argentino Hugo Wast: “Cuando se piensa”. ¿Cuál sería tu respuesta?

Cuando se piensa que ni ... puede hacer lo que un sacerdote.

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UN LLAMAMIENTO AL AMOR, Sor Josefa Menéndez


EL TRIUNFO DEL AMOR

Del 8 al 16 de Julio de 1922


Josefa ha entrado en Ejercicios. Los tres primeros días transcurren en una paz relativa.  El demonio intenta en vano turbarla y atormentarla de  mil maneras. Fiel a pesar de todo,continúa escribiendo, siempre que puede, las disposiciones de su alma y el resultado de las meditaciones. Estas páginas, que escribió para ella sola, revelan la actitud, sencillez y equilibrio de su espíritu.


***
Jesús me ha dado el ser, la vocación y los medios para que le sirva según sus planes.  El tiene derecho sobre mi. Yo debo abandonarme a su Voluntad con la más completa sumisión. Me cuesta este camino... No importa...Mi felicidad será más tarde a medida de mi abandono y siempre encontraré la verdadera paz en hacer la Voluntad de Dios con entera renuncia de mí misma.
En la meditación de la muerte, cobro ánimo para sufrir por Dios.  Que mi vida no sea más que fidelidad para que mi muerte no sea más que felicidad.

***

Jesús mío, ya veis mi angustia...! Pero ¿quién puede ver a Jesús,que va el primero a la batalla, sin seguirle...? No quiero pensar en el temor que siente mi naturaleza, sino en la alegría que siento mi alma al seguir vuestros pasos divinos.  Haced de mí según vuestro deseo. Vos sois mi rey.  Lo abandono todo para encontrarlo todo.  Debo vivir en un desprendimiento absoluto para que cumpla en mi sus designios.

***

"¡Hija mía,quiero que seas toda mía!"

Ya lo soy, Señor, y para siempre.

***

Jesús mío, ¿a dónde iré sino a Vos...?  ¿A quién miraré sino a Vos?  No siento deseo ni gusto, pero mi voluntad es ser fiel... estoy dispuesta a hacer lo que queráis, y a sufrir cuanto queráis; os seguiré a donde me llevéis, porque mi voluntad es darme con generosidad completa a Vos, que sois mi Señor y mi Dios, y que me habéis elegido.

***

Desde toda mi vida os he amado sólo a Vos, pero nadie sabía que yo era vuestra...  ahora todo el Cielo y toda la tierra sabrán que los dos nos amamos y que somos para la eternidad, Esposo y Esposa.

***

Jesús en el desierto es tentado, permite que el diablo se atreva a tentar a todo un Dios para darme a mí ánimo y enseñarme que la tentación es el crisol de la virtud.
Durante la vida oculta, no se sabe que Jesús haya experimentado tentación alguna, pero en el momento en que se prepara a la vida apostólica, quiere pasar por esta prueba. Cuando Dios quiere servirse de un alma, observa la misma conducta. A los principios, la tiene como oculta, pero cuando se acerca el tiempo de realizar en ella sus designios la prepara por medio de la tentación para que su virtud se robustezca contra los ataques de la vanidad, para que  por su propia experiencia pueda ser más útil al prójimo.   He de contar con su Corazón, que vela por mí y mi consuelo será, más tarde, proporcionado a mis sufrimientos.  ¿No me lo ha demostrado más de una vez?


***

Al meditar la Pasión escribe:

Jesús mío,  ¡qué lección me dais aquí! En el momento de angustia y de tentación, debo acudir a la oración y pedir, si, alivio, pero sobre todo fuerza para hacer vuestra Voluntad.

***

Y contemplando a Cristo crucificado:

Mi morada es su Corazón. Allí me  pondré bien escondida. En este Corazón trabajaré, sufriré, me perderé.    ¡Qué importa ser pequeña...!  Mejor, así llegaré al fondo de este abismo.  ¡Qué alegría conocer ese Corazón y ser su esposa.


UN LLAMAMIENTO AL AMOR, Sor Joséfa Menéndez


CLARIDADES EN LA TEMPESTAD
Del 16 de Abril al 8 de Julio de 1922


--"Mírame...y deja que te mire...eso nos basta".


--"No es mas feliz el que nunca ha necesitado perdón, sino más bien el que ha tenido que humillarse muchas veces".


--"Dónde está tu fe? Has de saber que si permito seas juguete del diablo, no es más que para demostrar claramente los planes de mi Corazón sobre ti".


--"Escucha lo que te digo, Josefa, y ya te lo he dicho otra vez, me quiero valer de ti como instrumento de mi misericordia para con las almas. Pero si tú no te abandonas completamente a mi Voluntad, ¿qué quieres que haga? ¡Son tantas las almas que necesitan perdón! Por esto, mi Corazón busca víctimas que le ayuden a reparar los ultrajes del mundo y, por su medio, derramar su misericordia.
¿Qué te importa todo lo demás si estoy contigo para sostenerte? Yo no te dejo. ¿Qué mas puedes pedir...?



Sábado, 22 de Abril. Durante la Misa vino, muy hermoso. Renové los votos, y creo que le agradó, porque su Corazón se inflamó de modo que se veían arder las llamas.

Josefa le habla de las almas que le piden sufragios y de la pena y ansiedad que sus confidencias le causan. Jesús la tranquiliza bondadoso y le deja entrever las gracias de salvación compradas con el precio de sus dolores:
--"Si te comunico estas cosas, es para que no retrocedas ante ningún sacrificio. No lo dudes: lo que más te hace sufrir es lo que más me consuela. Y cuando menos te lo figuras, es cuando acercas más almas a mi Corazón".

Y al decirle ella confiadamente cuán agotada y sin fuerzas la han dejado las pruebas de esta última temporada:
--"No necesito fuerzas, lo único que necesito es tu abandono. La verdadera fortaleza está en mi Corazón. Quédate en paz...No olvides que es la misericordia y el amor lo que obra en ti".



Luego le pregunté qué podíamos hacer para convertir un pecador que da mucho escándalo y que habían encomendado a nuestras oraciones.
--"Hay que poner mi Corazón entre este pecador y mi Eterno Padre. Mi Corazón se apiadará de el y aplacará la ira divina. Adiós, Josefa; consuélame con tu amor y con tu abandono".



--"Deseo tanto venir a ti, Josefa...  ¡Y tú me niegas la entrada!"
Se refería a la comunión que Josefa había dejado turbada por las obsesiones del enemigo. Pasada de pena, ella le cuenta sus temores y su flaqueza:
--"¿No sabes que el demonio puede atormentarte pero no puede dañarte?  ¿Quién es más poderoso, él o Yo?"



--"No puedes figurarte cómo agrada a mi Corazón perdonar faltas que son de pura fragilidad. Está tranquila. Porque eres así de frágil, he fijado en ti mis ojos".



Cuando le ve tan bueno, tan lleno de condescendencia, Josefa se enardece y se atreve a expresar su más vivo deseo: que nada le impida acudir a los ejercicios de la vida común...
--"Te tomo cuando quiero --contesta el Señor--.  A quién crees que agrada más la vida común, ¿a ti o a Mí?"














UN LLAMAMIENTO AL AMOR, Sor Josefa Menéndez







EN LAS TINIEBLAS DEL MAS ALLÁ.

Del 4 de Marzo al 15 de Abril de 1922

“No olvides, hija mía, que nada sucede que no entre en los planes de Dios”.
(Santa Magdalena Sofía a Sor Josefa)


(14 de marzo de 1922)
Va a abrirse ante Josefa la etapa más misteriosa de su vida. A primera vista, parece un castigo de la Justicia Divina por su resistencia al llamamiento de Dios.

Más, por encima de esta oscura trama, se destaca muy pronto un designio de amor: la predilección divina, que ha elegido a Josefa, desde toda la eternidad, va a aprovechar un momento de flaqueza para hacer avanzar en ella, a paso de gigante el trabajo de la divina gracia.

Porque el poder que de nuevo concede Dios al demonio para atormentarla de mil maneras, hasta llegar a sumergirla repetidas veces en las horribles fauces del infierno, descubre a sus ojos el valor de las almas, la espantosa desgracia de su pérdida , la importancia de su rescate y la inmolación total que éste exige.

Más todavía: el dolor que así la destroza, ahonda en ella profundidades de humildad, de fe, de abandono tales, que jamás su propio personal esfuerzo hubiera podido lograr. El mismo Dios modelador sapientísimo de almas, quiso reservarse ese trabajo y, como Dios que es, sirvióse de medios imprevistos y muchas veces desconcertantes.

Indeleble fue el recuerdo que en Santa Teresa dejó la visión del infierno. Josefa escribió, también por obediencia, la narración detallada de sus bajadas al infierno. Descontando las diferencias de forma, que son considerables, es notable la semejanza de contenido que ambos escritos presenta, a cuatro siglos de distancia. El mismo tono de dolor intenso, el mismo gemido de contrición y la nota vibrante de amor reparador y de ardoroso celo. El dogma del infierno, combatido con harta frecuencia en los tiempos modernos, o al menos relegado al silencio por una espiritualidad incompleta con gran detrimento de las almas, queda aquí luminosamente enfocado. Las dudas se desvanecen al leer estas páginas tan llenas de versad y de realismo… ante aquella agonía de un alma que se cree perdida para siempre…para siempre encerrada en tan horrible cárcel, donde es testigo presencial del odio encarnizado de Satanás contra Dios y contra las almas que ha redimido. Y experimenta en sí misma el tormento de los tormentos: el de no poder amar.

Un resumen de estos escritos podrá ser provechoso a muchos. Será un grito de  alarma para los que se hallan en la pendiente y una llamada de amor a las almas escogidas para el apostolado, que despertará en ellas la decisión generosa de no omitir sacrificio alguno, para arrancar a las almas de las garras del pecado.

La primera de estas bajadas misteriosas al infierno fue durante la noche del miércoles al jueves 16 de marzo, pero ya antes había escuchado repetidas veces los lamentos de los condenados.



LUNES, 6 DE MARZO. Poco después de la aparición del Señor, Josefa oye aullidos infernales que le impresionan profundamente. Son voces de condenados que le echan en cara su falta de generosidad, entre gritos de desesperación y de rabia:

-“Estoy para siempre donde ya nunca jamás podré amar… ¡qué corto ha sido el placer! Y en cambio ¡el castigo es eterno…! ¿Qué queda? ¡Odiarte con odio infernal…! ¡Y para siempre…!
“¡Oh! –escribe aterrada Josefa-.  ¡Saber la pérdida de un alma que jamás podré remediar! Saber que un alma maldecirá al Señor por toda la eternidad y ¡no poderlo remediar! Aunque sufriera yo todos los tormentos del mundo… ¡Dios mío! ¡Esto me destroza! ¡Mil veces morir antes que ser responsable de la pérdida de un alma”.



“La noche del MIERCOLES AL JUEVES, 16 DE MARZO, serían las diez, empecé a sentir como los días anteriores ese ruido tan tremendo de cadenas y gritos. En seguida me levanté, me vestí y me puse en el suelo de rodillas. Estaba llena de miedo. El ruido seguía; salí del dormitorio sin saber a dónde ir ni qué hacer. Entré un momento en la celda de Nuestra Beata Madre… Después volví al dormitorio y siempre el mismo ruido. Sería algo más de las doce cuando de repente vi delante de mí al demonio que decía: atadle  los pies… atadle las manos. Perdí el conocimiento de dónde estaba y sentí que me ataban fuertemente, que tiraban de mí, arrastrándome. Otras voces decían: No son los pies los que hay que atarle… es el corazón. Y el diablo contestó; ese no es mí. –Me parece que me arrastraron por un camino muy largo. Empecé a oír muchos gritos, y en seguida me encontré en un pasillo muy estrecho. En la pared hay como un nicho, de donde sale mucho humo pero sin llama, y muy mal olor. Yo no puedo decir lo que se oye, toda clase de blasfemias y de palabras impuras y terribles. Unos maldicen su cuerpo… otros maldicen su padre o madre…otros se reprochan a ellos mismos el no haber aprovechado tal ocasión o tal luz para abandonar el pecado. En fin, es una confusión tremenda de rabia y desesperación. Pasé por un pasillo que no tenía fin, y luego, dándome un empujón, que me hizo como doblarme y encogerme, me metieron en uno de aquellos nichos, donde parecía que me apretaban con planchas encendidas y como que me pasaban agujas muy gordas por el cuerpo, que me abrasaban. En frente de mí y cerca, tenía almas que me maldecían y blasfemaban. Es lo que más me hizo sufrir… pero lo que no  tiene comparación con ningún tormento es la angustia que siente el alma, viéndose apartada de Dios.

“Me pareció que pasé muchos años en este infierno aunque sólo fueron seis o siete horas… Luego sentí que tiraban otra vez de mí, y después de ponerme en un sito muy oscuro, el demonio, dándome como una patada me dejo libre. No puedo decir lo que sintió mi alma cuando me di cuenta de que estaba viva y que todavía podía amar a Dios.

“Para poderme librar de este infierno y aunque soy tan miedosa para sufrir, yo no sé a qué estoy dispuesta. Veo con mucha claridad que todo lo del mundo no es nada en comparación del dolor del alma que no puede amar, porque allí no se respira más que odio y deseo de la perdición de las almas”.

Con frecuencia experimenta desde ahora estos misteriosos tormentos. Porque todo es misterio estas bajadas a los abismos eternos. La presiente, de ordinario, por el ruido de cadenas y gritos lejanos que, poco a poco, se acercan, la rodean, la aturden.

Entonces, intenta huir, distraerse, trabajar… pero en vano… Cuando, sintiéndose impotente, busca refugio en su celdilla, pierde conciencia de cuanto la rodea y se halla en lo que llama “un corredor oscuro”, frente al demonio. Luego se siente arrojada violentamente en su lugar de tormento, donde, atada con fuerza, permanece durante varias horas.

Ella lo anota todo sencilla, objetivamente, tal como lo ve, lo oye o lo experimenta.
Al exterior, tan sólo un ligero estremecimiento da a conocer la partida misteriosa del espíritu hacia el más allá. El cuerpo permanece inerte pero flexible, como de quien acaba de morir. Sólo el corazón palpita con toda normalidad, Josefa vive como si no viviera.

Ese estado dura más o menos, según la voluntad de Dios, que la deja en las manos del demonio, pero guardándola en las suyas, y en el instante fijado por El siéntese de nuevo un estremecimiento casi imperceptible y el cuerpo inanimado recobra la vida.

Todavía no está libre del poder del demonio, en ese lugar obscuro donde la llena de amenazas, y cuando al fin la abandona, Josefa lentamente vuelve a tomar conciencia de lo que la rodea.
“¿Dónde estoy?... ¿quién está aquí?... ¿vivo todavía?..., pregunta. Sus ojos miran asombrados todo aquello, que creía ser y un lejano pasado, recuerdo pálido de otra vida. Las horas que ha permanecido allá abajo le parecen siglos. A veces, gruesas lágrimas ruedan por sus mejillas y su fisonomía muestra la huella de un dolor intenso imposible de describir.

Cuando por fin acaba de volver en sí, no sabe cómo expresar la emoción que la embarga al darse cuenta, de repente, de que todavía puede amar.



DOMINGO, 19 DE MARZO. Tercer Domingo de Cuaresma.

“Otra vez he bajado a este abismo, me parece que he pasado allí muchos años, he sufrido mucho, pero lo que me atormenta sobre todo es creerme incapaz de amar a Nuestro Señor; así que cuando vuelvo otra vez a la vida, me vuelvo loca de alegría; creo que le amo más que nunca y para demostrárselo estoy dispuesta a sufrir todo lo que Él quiera; sobre todo, creo que amo y estimo mi vocación con locura".

“Esto que veo me da mucha fuerza para sufrir; veo el provecho de los sacrificios, aun de los más pequeños; Nuestro Señor los recoge y de todo se sirve para salvar a las almas. Qué gran ceguedad no querer sufrir cosas tan pequeñas, primero, por librarse uno mismo, y después por librar a tantas almas de estos terribles tormentos.”

“Cuando entro en el infierno, oigo como unos gritos de rabia y de alegría, porque hay un alma más que participa de sus tormentos. No me acuerdo entonces de haber estado allí otras veces, sino que me parece que es la primera vez. También creo que ha de ser para toda la eternidad y eso me hace sufrir mucho, porque recuerdo que conocía y amaba a Dios, que estaba en la Religión, que me ha concedido muchas gracias y muchos medios para salvarme… ¿Qué he hecho para perder tanto bien…? ¿Cómo he sido tan ciega…? ¡Y ya no hay remedio…! También me acuerdo de mis Comuniones, de que era novicia, pero lo que más me atormenta es que amaba a Nuestro Señor muchísimo… Lo conocía y era todo mi tesoro… No vivía sino para Él… ¿Cómo ahora podré vivir sin Él…? Sin amarlo?... oyendo siempre estas blasfemias y este odio… siento que el alma se oprime y se ahoga… Yo no sé explicarlo bien porque es imposible”.

Más de una vez presencia la lucha encarnizada del demonio para arrebatar a la misericordia divina tal o cual alma que ya creía suya. Entonces los padecimientos de Josefa entran, a lo que parece, en los planes de Dios, como rescate de estas pobres almas, que le deberán la última y definitiva victoria, en el instante de la muerte.

“El Diablo estaba muy furioso porque quería que se perdieran tres almas… Gritaba con rabia: ¡Que no se escapen…! ¡que se van…! ¡Fuerte…! ¡Fuerte!
“Esto así, sin cesar, con unos gritos de rabia que contestaban, de lejos, otros demonios. Durante varios días presencié estas luchas.

“Yo supliqué al Señor que hiciera de mí lo que quisiera, con tal que estas almas no se perdiesen. Me fui también a la Virgen y Ella me dio gran tranquilidad porque me dejó dispuesta a sufrirlo todo para salvarlas, y creo que no permitirá que el diablo salga victorioso”.



EL DOMINGO, 2 DE ABRIL (Domingo de Pasión), escribe:

“El demonio gritaba mucho: ¡No la dejéis…! ¡estad atentos a todo lo que las pueda turbar…! ¡que no se escapen...,haced que se desesperen…! Era tremenda la confusión que había de gritos y de blasfemias. Luego oí que decía furioso: ¡No importa!  Aún me quedan dos… Quitadles la confianza… Yo comprendí que se le había escapado una, que había ya pasado a la eternidad, porque gritaba: Pronto… De prisa… Que estas dos no se escapen... Tomadlas, que se desesperen… Pronto, que se nos van.

“En seguida, con un rechinar de dientes y una rabia que no se puede decir, yo sentía esos gritos tremendos: ¡Oh poder de Dios que tienen más fuerza que yo…! ¡Todavía tengo una… y no dejaré que se la lleve…! El infierno todo ya no fue más que un grito de desesperación, con un desorden muy grande y los diablos chillaban y se quejaban y blasfemaban horriblemente.  Yo conocí con esto que las  almas se habían salvado.  Mi corazón saltó de alegría, pero me veía imposibilitada para hace un acto de amor. Aún siento en el alma necesidad de amar… No siento odio hacia Dios como estas otras almas, y cuando oigo que maldicen y blasfeman, me causa mucha pena; no sé qué sufriría para evitar que Nuestro Señor sea injuriado y ofendido. Lo que me apura es que pasando el tiempo seré como los otros. Esto me hace sufrir mucho, porque me acuerdo todavía que amaba a Nuestro Señor y que Él era muy bueno conmigo. Siento mucho tormento, sobre todo estos últimos días. Es como si me entrase por la garganta un río de fuego que pasa por todo el cuerpo, y unido al dolor que he dicho antes. Como si me apretasen por detrás y por delante con planchas encendidas… No sé decir lo que sufro… es tremendo tanto dolor… Parece que los ojos se salen de su sitio y como si tirasen para arrancarlos. Los nervios se ponen muy tirantes. El cuerpo está como doblado, no se puede mover ni un dedo… El olor que hay tan malo, no se puede respirar (1), pero todo esto no es nada en comparación del alma, que conociendo la bondad de Dios, se ve obligada a odiarle y, sobre todo, si le ha conocido y amado, sufre mucho más…”.



Por esta misma época, CUARESMA DE 1922, mientras que, noche y día, soporta semejantes persecusiones, Dios la pone en relación con otro abismo de penas: el Purgatorio. Muchas almas acuden a Josefa pidiendo humildemente oraciones y sufragios. Muchas y provechosas lecciones podemos recoger. 

Una de ellas, que le anuncia gozosa su liberación, añade:
“Lo importante no es la entrada en Religión, es la entrada en la eternidad”.

Y otra:
“Si las almas religiosas supieran cómo se pagan aquí los gustos innecesarios concedidos a la naturaleza!... Ya he terminado mi destierro. Ahora, voy a la Eterna Patria”.


(1)           Josefa despedía este hedor intolerable siempre que volvía de una de sus visitas al infierno o cuando la arrebataba y atormentaba el demonio: olor de azufre, de carnes podridas y quemadas que, según fidedignos testigos, se percibía sensiblemente durante un cuarto de hora y a veces media hora; y cuya desagradable impresión conservaba ella misma mucho más tiempo todavía.


Un sacerdote decía:

“Bendita sea la infinita bondad de Dios que quiere servirse de los sacrificios de otras almas, para reparar nuestras infidelidades! ¡Cuánta más gloria podía tener ahora en el cielo, si mi vida hubiera sido otra!

Algunas, a quienes la divina misericordia había librado de un peligro mayor, pedían a Josefa sufragios que abreviasen sus penas:
“Estoy aquí por bondad de Dios, porque mi gran orgullo me tenía abiertas las puertas del infierno. Tenía muchas personas debajo de  mis pies… y ahora me pondría yo debajo del último de los pobres… Ten compasión de mí… y haz actos de humildad para reparar mi orgullo. Así podrás sacarme de este abismo”.


“He pasado siete años en pecado mortal-decía otra- y tres años enferma rehusando siempre confesarme. Tenía bien abierto el infierno, y hubiera caído en él, si con tus sufrimientos de hoy, no me hubieses obtenido fuerza para confesarme y ponerme en gracia. Ahora estoy en el Purgatorio y te ruego que pidas por mí, pues así como has podido salvarme, puedes sacarme pronto de esta cárcel tan triste”.



La tarde del JUEVES SANTO, 13 de ABRIL, Josefa escribe:

“Hacia las tres y media, estando en la Capilla, vi delante de mí un joven vestido lo mis o que Nuestro Señor. Era más bien alto, muy hermoso, y algo tenía en la cara que atraía y daba paz al alma. Su túnica era de color como heliotropo o rojo algo apagado. Tenía en sus manos una corona de espinas, igual a la que Jesús me da otras veces”.

-“Yo soy el Discípulo del Señor –dijo-, soy Juan el Evangelista; vengo a traerte una de las joyas más preciadas del Divino Maestro”.

“Me dio la corona, él mismo me la puso en la cabeza”.

Sorprendida por esta aparición inesperada, se tranquiliza poco a poco, al sentirse inundada de paz. Y hasta se atreve a desahogar la ansiedad que la oprime, a cusa de los continuos ataques del demonio:
-“Nada temas, tu alma es una azucena que Jesús guarda en su Corazón” –contesta el Apóstol virgen.
Luego prosigue:
-“Vengo a darte a conocer algunos sentimientos del Corazón del Divino Maestro en este gran día.
“El amor le obligaba a separarse de sus discípulos; tenía que ser bautizado con bautismo de sangre. Pero el amor le obligaba también a quedarse con ellos, y así el amor le llevó al instituir el Sacramento de la Eucaristía.
“¡Qué lucha sintió entonces este Corazón¡ ¡Cómo descansaría entrando en las almas puras! ¡Pero cómo se renovaría su Pasión entrando en corazones manchados!... ¡Cómo se alegraba su alma cuando se acercaba el momento de ir al Padre…!  ¡Pero qué tristeza sintió viendo que era uno de los doce, por El escogido, el que le había de entregar a la muerte, y que su sangre empezaba a ser inútil para aquella alma!

“Su corazón se anegaba en amor y el amor le hacía sentir la más terrible amargura, viendo tan poca correspondencia de parte de estas almas tan amadas. Y ¿qué decir de lo que sintió al ver la ingratitud y frialdad de tantas almas escogidas…?”
“Cuando me dijo esto desapareció”



EL SABADO, 15 DE ABRIL, hacia las cuatro de la tarde, Josefa está cosiendo, cuando empieza a oír los ruidos que suelen preceder sus bajadas al infierno. Resiste con la mayor energía pero al fin se siente, como siempre, atada y oprimida hasta quedar su cuerpo muerto. De rodillas, a su lado, las dos Madres rezan, suplicando al Señor que no la deje por más tiempo en tan cruel incertidumbre. De pronto, notan el leve movimiento que anuncia que Josefa vuelve a la vida. Su rostro dolorido muestra los atroces tormentos por que ha pasado durante aquellas horas. Y he aquí que súbitamente, llevándose con viveza la mano al pecho, exclama: “¿Quién me quema?”

Allí no hay fuego ni cosa alguna que pueda producirlo. El hábito está intacto, pero ella, con un movimiento rápido, lo desabrocha y al punto se siente un hedor acre y fétido a quemado, mientras ven ardiendo sobre la carne, la ropa interior.

La señal de una extensa quemadura queda en la piel, “cerca del corazón”, como dice ella, atestiguando la realidad de este atentado del demonio.
Josefa se siente tan turbada que deja escapar un grito de desaliento.
“Prefiero marcharme –dice-, porque no quiero ser por más tiempo juguete del diablo”.
Sin embargo, esta especial Providencia de Dios, solícita en manifestar palpablemente la acción diabólica, será la gran seguridad de los meses de prueba que Josefa ha de pasar todavía.

Por diez veces la quemará el demonio. Las llagas causadas por el fuego infernal se cierran lentamente y dejan en su cuerpo cicatrices que Josefa llevará a la tumba. Varios lienzos quemados se conservan, mudos testigos de la rabia infernal y del valor heroico que resistió tan terribles ataques, para ser fiel a la obra del Amor.



UN LLAMAMIENTO AL AMOR, SOR JOSEFA MENENDEZ

DÍAS DE TREGUA


Del 14 de febrero al 3 de Marzo de 1922



"Si tú tienes hambre de recibirme, Yo también tengo hambre de que me reciban mis almas.  ¡Es tanto el consuelo que encuentro entrando en su corazón!"



"No creas que te amo más ahora que te consuelo, que antes, cuando te hacía sufrir.  No puedo dejarte sin sufrimiento, pero tu alma ha de conservar la paz aun en medio de estos dolores".



"¡Pobre Josefa!  ¿Qué harías si no tuvieses mi Corazón?  Pero, no temas; cuantas más miserias encuentro en ti, con más ternura te amo".



"No temas, échate en mi Corazón, déjate guiar y esto basta"
"Aquí traigo a mis almas para que se purifiquen y se abrasen.  Aquí encuentran la verdadera paz y Yo espero encontrar en ellas el verdadero consuelo".



"Ama, Josefa;  el amor consuela, el amor humilla, el amor lo hace todo.  En estos días que tanto se me ofende, quiero que seas mí Cireneo:  me ayudarás a llevar la cruz.  Es la cruz del amor... La cruz del amor a las almas.  Tú me consolarás y los dos sufriremos por ellas".



"Mira- añadió- cómo ofenden y ultrajan a Jesús los mundanos.  No desperdicies la menor ocasión de reparar y ofrécelo todo por las almas. Sufre con gran amor".



"Consuélame, Josefa, porque las almas me crucifican de nuevo.  Mi Corazón es un abismo de dolor.  Los pecadores me pisotean y me desprecian.  Nada hay para ellos menos digno del amor que su Creador".



Se quedo unos instantes en silencio, con las manos juntas.  Estaba muy triste, pero muy hermoso.  Sus ojos hablaban mas que sus labios.  Después me dijo:
"Muchas almas corren a su perdición y mi Sangre es inútil para ellas.  Pero las almas que aman se inmolan y se consumen como víctimas de reparación, atraen la misericordia de Dios.  Esto es lo que salva al mundo".



"Durante la Misa de las nueve, ha venido Jesús mostrando su Corazón, hermosísimo; muy encendido, parecía el sol".
"Este Corazón es el que da vida a las almas.  El fuego de su amor es más fuerte que la indiferencia y la ingratitud de los hombres.  Este Corazón es el que da impulso a las  almas escogidas, para consumirse y morir, si es preciso, para probarme su amor".



Por la tarde, a eso de las tres , volvió otra vez y me dijo:
"Vengo a refugiarme aquí porque lo que lo que son las murallas para una ciudad  eso son las almas fieles para mi Corazón.  Me defienden y me consuelan.  El mundo corre a su perdición.  Busco almas que reparen tantas ofensas, pues mi Corazón se consume en deseos de perdonar.  Sí... perdonar a mis amados hijos por los cuales derramé toda mi Sangre... ¡Pobres almas!  ¡Cuántas se pierden!  Cómo se precipitan en el infierno...!  Pero no temas; si no te apartas de Mí, serás fuerte con mi misma fortaleza y mi poder será tu poder".



Por la tarde, durante la Reserva, que clausura las Cuarenta Horas, Jesús se le aparece de nuevo, circundado de resplandores que brotan de su Corazón.
"Un grupito de almas fieles alcanza misericordia para un gran número de pecadores-dijo-.  Mi Corazón no puede permanecer insensible a tantas súplicas...  Buscaba quien me consolara y lo encontré".



"Pide perdón por los pecados del mundo.  ¡Cuántos pecadores!... ¡Cuántas almas perdidas!  Y almas que me conocen... que me amaron un día, pero hoy prefieren el goce y el placer.  ¿Por qué así me maltratan?   ¿No les he dado pruebas bastantes de mi amor?  Y ellas correspondieron, pero ahora me ponen debajo de sus pies... se burlan de Mí... Mis designios sobre ellas se frustran...  ¿Dónde hallaré consuelo?"

"Recoge la Sangre que derramé en mi Pasión. Pide perdón por el mundo entero, por estas almas que conociéndome me ofenden...  Y ofrécete para expiar tantos pecados".

UN LLAMAMIENTO AL AMOR, SOR JOSEFA MENÉNDEZ.

PERSECUCIÓN ENCARNIZADA


"Mira cómo mi Corazón se consume de amor por las almas.  Así quiero que tú también te abrases en deseos de su salvación.  Entra en este Corazón, y unida a El, repara...  Sí, tenemos que reparar.  Yo soy la Gran Víctima; tú una víctima pequeñita, que uniéndote a Mí, puedes ser del agrado del Padre".





"Te he dejado descansar un poquito, Josefa; ahora déjame que descanse en ti.  Deseo darte mi Cruz algunos momentos,  ¿la quieres?
"¡Hay tantas almas que me abandonan y también que se pierden!  Y lo más triste es que a muchas las he colmado de dones y he fijado en ellas los ojos; en cambio, me corresponden unas con frialdad y muchas con ingratitud.  ¡Qué pocas son, qué pocas, las que me devuelven amor por amor!"
Le dio la Cruz y desapareció.





"No mires tu poquedad, Josefa, mira la omnipotencia de mi Corazón que te sostiene.  Soy tu fortaleza y el reparador de tu miseria.  Yo te daré fuerza para sufrir todo lo que deseo que sufras".




En la noche del Domingo, 4 de Diciembre, padece un nuevo género de tormento.  El demonio la arroja brutalmente de su lecho, la derriba en el suelo, la azota hasta dejarla casi sin sentido.  Largas horas dura este indecible tormento, que se renueva en las dos noches siguientes:

"Al fin de una de esas noches que fue un verdadero infierno, no sabiendo qué hacer me puse de rodillas junto a la cama.  De repente escuché como un rechinar de dientes y gritos de rabia y vi  delante de mí a la Virgen, hermosa como siempre.
"Nada temas, hija mía, Yo estoy aquí".

Le conté mis temores y lo que el diablo me hace sufrir".

"Te puede atormentar pero no te puede dañar.  Está furioso por las almas que se le escapan.  ¡Valen tanto las almas!  No puedes comprender el valor que tiene un alma".

Me bendijo diciendo:

"No tengas miedo".

Le besé la mano y se fue.





El Martes, 6 de Diciembre, al salir de la capilla, después de confesarse, sale de súbito al encuentro de Josefa un enorme perrazo negro arrojando por ojos y boca llamaradas de fuego.  Ella extiende la mano, armada con el santo rosario y marcha hacia adelante.  Después es una serpiente la que, engreída, se yergue a su paso.  Vencido de nuevo, toma la forma que mayor temor ha de infundir en Josefa, la forma humana.  Lucha heroica la que sostiene en toda esta temporada hasta vencer en toda esta temporada hasta vencer... No se alteran en lo más mínimo ni su fidelidad, ni su invariable abnegación, por más que se multipliquen, a lo largo del día, los espantables encuentros.  Y cuando la prueba que la purifica adquiere mayores proporciones, mayor es también el abandono filial de Josefa en los brazos de Dios.






El 28 de Diciembre, a eso de las siete de la tarde, vuelve ella del trabajo con las demás Hermanas, cuando le sale al paso su implacable verdugo.

Con la rapidez del rayo la toma, se la lleva y la esconde en un desván donde la atormenta durante un buen rato.  Desde este día no tiene una hora de sosiego El demonio la arrebata burlando toda vigilancia, salvo la de Dios.  Aun a los ojos de las mismas Madres, que nunca la perdían de vista, desaparece como el relámpago y sólo al cabo de prolongadas y minuciosas pesquisas la encuentran en sitos inverosímiles, en los que, por sí sola, jamás hubiese podido penetrar.  Las Superioras tiene que abandonarla a la amorosa providencia del Padre celestial y aguardar a que El extiende su brazo poderoso; nadie vela por la mensajera de su Amor con mayor solicitud que el Corazón de Jesús.  Cuando lega su hora, interviene para firmar sus derechos de dueño y Señor.  El demonio abandona entonces su presa, vomitando blasfemias se hunde aniquilado por el poder divino; Josefa se levanta extenuada, pero consciente; ora, recobra fuerzas y valor y reanuda sus humildes tareas.





El 1.° de Enero de 1922 durante la misa de nueve -escribe-, ya casi en la elevación, sentí una voz como de un  niño que me llenó de alegría

"Josefa, ¿me conoces?"

En seguida vi delante de mí a Jesús, chiquito, como un niño de un año o algo más, vestido con la túnica blanca de otras veces, pero más cortita.  Los pies descalzos y el pelito rubio.  ¡Estaba encantador!  Le conocí en el acto.  ¡Ya lo creo que os conozco!, sois mi Jesús.  Pero qué pequeñito sois, Señor...Sonrió y me dijo:

"Soy pequeñito, pero mi Corazón es muy grande".

"Por eso he querido que lo conozcas y te he puesto muy dentro de El".

Le pregunté:  Jesús mío,  ¿he terminado ya de sufrir por ahora?"

"Todavía tienes que sufrir un poco más; y a añadió:  necesito corazones que amen,  almas que reparen, víctimas que se inmolen... pero sobre todo,  almas que se abandonen".

"Tus Madres han hallado la fórmula del abandono:  el demonio no tiene más poder que el que le viene de arriba.  Diles que Yo estoy por encima de todos los enemigos".

"He querido hacerme tan pequeñito, Josefa, para que tu también seas muy pequeña.  Y he querido humillarte para enseñarte cómo debes ser".

Me bendijo con su manita y se fue.






El Miércoles, 11 de Enero, su director espiritual, para fortalecerla, le propone adelantar el día de los votos religiosos, pronunciando ya desde aquel momento, el voto de castidad.
De rodillas, inundada de gozo celestial, Josefa renueva la donación que hiciera ya años antes, la víspera de su primera Comunión y promete a Jesús fidelidad hasta la muerte.

"Josefa, esposa mía,  ¿sabes lo que han hecho con este voto tus Superioras?  Han obligado a mi Corazón a que cuide de ti de una manera especial.  Diles que me han dado mucha gloria".

Le pregunte si la prueba ya había terminado.

"Quiero que te abandones, que estés dispuesta a recibir los tormentos del demonio o mis consuelos".

La vía del abandono es, pues, la que el Señor le traza, y constantemente insiste para que no se desvíe de ella.  Quiere verla avanzar a ojos cerrados, segura de El, y libre de toda preocupación y recelo.






Creo que fue el 13 o el 14 de Enero, cuando el diablo me empezó a atormentar de nuevo y con mas furias para hacerme perder la vocación.  También quiso engañarme, tomando la figura de Nuestro Señor.
A pesar de su derrota, el diablo intentará varias veces repetir, el engaño  Pero Josefa, gracias a la humilde desconfianza de sí propia, y a la confianza de sus Superiores, a quien obedece ciegamente, como al mismo Dios, triunfará de este nuevo peligro.  Por indicación de su Director espiritual, a la vista de cada aparición, renovará el voto de virginidad; más tarde, los tres votos de religión.  Jamás podré el demonio soportar este acto de fe y de amor sin turbarse, cambiar de actitud y de figura, traicionarse, en fin, a si mismo y desaparecer entre blasfemias como un impostor tomando en sus propias redes.  Andando el tiempo, añadirá Josefa a la renovación de votos, las Divinas Alabanzas, pidiendo a las apariciones que las repitan.  El Señor, la Virgen, la Santa Fundadora accederán a ello con visible complacencia, pero el demonio, el que no puede amar, jamas podrá pronunciar estas palabras de bendición y loor al Dios tres veces santo.  Al verse descubierto, se exaspera su rabia.

Al verla siempre igual, siempre amable,  ¿quién podrá sospechar los tormentos y angustias por que está pasando?  No podemos menos de reconocer aquí una especial providencia, que atestigua la realidad de la acción divina obrando misteriosamente en esta alma privilegiada.

UN LLAMAMIENTO AL AMOR, Sor Josefa Menéndez

LOS PRIMEROS ATAQUES DEL INFIERNO
Del 26 de Agosto al 31 de Octubre de 1921 


"No tengas miedo de sufrir. ¡Si vieras cuántas almas se han acercado al Corazón de Jesús durante estos dias de tentaciones!"

(La Santísima Virgen a Sor Josefa, 24 de octubre de 1921) 

"Si no encontrara almas que me consuelan y muevan mi misericordia, no podría detener mi justicia" "Es tanto mi amor hacia las almas, que me consume el deseo de su salvación. ¿Cuántas se pierden y cuántas esperan sacrificios para salir del estado en que se encuentran! Pero aún tengo muchas almas que son del todo mías...

Una sola de ellas obtiene perdón para muchas frías e ingratas. "Quiero que te abrases en deseo de salvarme almas; que te anegues en mi Corazón, que no te ocupes mas que de mi gloria. Algunos días después la Santísima Virgen acude a sostener a su hija en sus luchas íntimas. "No sabes cuánto deseo que permanezcas fiel. Yo que soy tu Madre: pero no te aflijas. Lo único que Jesús quiere de ti, es abandono; el hará lo demás". "El que contempla un cuadro muy bien pintado, no es el pincel lo que admira sino la mano del pintor. Así tú, Josefa, aun cuando realizaras grandes cosas, no debes atribuirte nada a ti misma pues es Jesús quien obra en tí, y quien se sirve de ti. Te aconsejo que des gracias sin cesar a Dios, que tan bueno ha sido contigo.

Sé muy fiel, así en lo grande como en lo pequeño. No mires si te cuesta. Obedece a Jesús, obedece a las Madres, sé muy humilde y deja lo demás, Jesús se encarga de tu pequeñez y Yo soy tu Madre". "No te ocupes más que de amarme; el amor te dará fortaleza". "No te aflijas por tu miseria, mi Corazón es el trono de la misericordia, donde los más miserables son mejor recibidos, con tal que ellos quieran perderse en este abismo de amor.

Porque eres pequeña y miserable, he fijado en ti mis ojos. Yo soy tu fortaleza...Ahora vamos a conquistar otras almas; pero antes, descansa un poco en mi Corazón" Poco debía durar el descanso. Y para "ganar almas", Josefa iba a tener que dar más de lo que hasta entonces había dado. Ha llegado la hora, en efecto, de los más encarnizados combates. Pronto sin embargo, se siente como abandonada y rechazada de Dios. Algunas veces, al recordarle cietas palabras del Divino Maestro, recobra por un instante la paz. Mas, fuera de estos cortos intervalos, ningún medio humano consigue aliviarla. Josefa permanece abismada en un piélago de dolores. Sus comuniones son precio de un esfuerzo de fe y de energía, en el último momento, porque el enemigo pone singularísimo empeño en privarla del Pan de los fuertes.

El Lunes 17 de Octubre; era la fiesta de santa Margarita Maria y le pedí después de comulgar, que me alcanzara del Corazón de Jesús la gracia de ser fiel o de morir antes que separarme de El. El Señor, cuyo Corazón compasivo está más cerca de los que sufren, se presenta a Josefa. "Vengo porque me has llamado" Josefa que, ofuscada por el enemigo, teme haber desfallecido en la lucha, pregunta qué ha de hacer para reparar. "¿Qué has de hacer? --responde el Maestro--. Amar...amar...amar..."

UN LLAMAMIENTO AL AMOR, Sor Josefa Menéndez.

VIDA ARDIENTE Y ESCONDIDA.

El Domingo 6, Josefa se ha ofrecido para reparar las ofensas de los pecadores; Jesús se le aparece hacia las tres de la tarde en la capilla.

"Daba compasión; la cara, los brazos, el pecho, los tenía llenos de heridas y de polvo. Mucha sangre le corría por la sagrada cabeza, pero el Corazón ardía como una brasa y estaba HERMOSÍSIMO".

"Estas heridas, dijo, me las causa el desamor de los hombres que, como locos, corren a su perdición". 

"Pero, Señor, ¿cómo tenéis el Corazón tan hermoso y tan encendido? ¿No os lo hieren los pecados del mundo?".

Respondió:

"SOLO LAS ALMAS ESCOGIDAS HIEREN MI CORAZÓN".

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"Son tantos y tan graves los pecados que se cometen, que si no fuera por el consuelo y el amor de mis escogidos se llenaría la copa de indignación divina. ¡CUÁNTAS ALMAS SE CONDENAN! PERO UN ALMA FIEL REPARA Y OBTIENE MISERICORDIA PARA MUCHAS INGRATAS",

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Me hallaba ante el Sagrario en oración y empecé a pedir por mi madre y mis hermanas. Me llegué a entristecer por ellas y pensaba lo que haría si estuviese a su lado...Confieso que en aquel momento no contaba bastante con Dios. De pronto se presentó Jesús, con el Corazón abrasado lleno de majestad, y en tono de reprensión me dijo:

"Tu sola ¿qué podrías hacer por ellas?"

"Y señalándome su Corazón:

"FIJA AQUÍ TU MIRADA"

"Y se fue".

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"TE QUIERO TAN OLVIDADA DE TI MISMA Y TAN ABANDONADA A MI VOLUNTAD que no te pasare la mas mínima imperfección sin avisarte. Debes tener siempre presente tu nada y mi misericordia. Sabré sacar tesoros de tu humildad: no lo olvides".

UN LLAMAMIENTO AL AMOR. (Sor Josefa Menéndez)

"Los mundanos hieren mis manos y mis pies, manchan mi rostro...pero las almas escogidas, mis esposas, mis ministros, desgarran y destrozan mi Corazón."

"Toda acción importante debe ir prevenida y vivificada por la oración, porque en la oración se fortifica el alma para lo más dificil y Dios se comunica a ella, y la aconseja e inspira, aún cuando el alma no lo sienta."

"Sufrir...sufrir...contesta LA SEÑORA- las cosas de gran valor se compran a muy subido precio."

"Si tu eres fiel en buscar delicadezas de amor, Yo no me dejaré vencer en generosidad."

"El sufrimiento pasa, el mérito es eterno..."

"Vive alegre y que tu exterior refleje la paz de tu alma."

"Si pide...pide...no te canses. No temas ser importuna, porque la oración es la llave que abre todas las puertas."

"Yo soy tu alegría; ¿ que te importa lo demás?

UN LLAMAMIENTO AL AMOR. (Sor Josefa Menendez).

"Para quien ama a Cristo con toda el alma, el mundo debe ser un pasadizo oscuro y sombrío, que atraviesa de prisa y sin detenerse". (El apóstol San Juan a Josefa)

"Ya sabes que tus debilidades y caídas las permito para que tengas siempre presente tu nada, a pesar de las gracias que te concedo".

"El alma que se ve llena de miserias, no se atribuye a si misma nada bueno y sus flaquezas la obligan a revestirse de cierta humildad, que no tendría si se encontrase menos imperfecta".

"Cuando tu me llamas, Yo no me alejo, estoy cerca, muy cerca de ti. Consuelame llamándome y deseándome. Con esta hambre apagarás Mi sed"

UN LLAMAMIENTO AL AMOR. Sor Josefa Menéndez.

EL DEMONIO.

¡Ah!- ruge blasfemando-, si quiero tener segura a un alma, no necesito más que hacer brotar en ella el orgullo...

Si quiero perderla del todo, me basta con dejarla seguir sus orgullosos instintos.

"En la soberbia está mi victoria y no descansaré hasta verla abundar en el mundo. Por ella perdi: no puedo consentir que las almas se salven por humildad. Pues está fuera de duda que las almas que llegan a la cumbre de la santidad son las que se han abismado más hondamente en la humildad"

Sor Josefa experimentó las penas espantosas que padecen en el infierno los religiosos infieles. No se atreve a describirlo. Anota, sin embargo, que estas tres palabras: POBREZA, CASTIDAD, OBEDIENCIA, se imprimen en el fondo del alma como una acusación y un remordimiento. Otro padecimiento que padece es la vergüenza.

Fija los ojos en el cielo, y todo lo de aqui abajo considéralo como nada. El sufrimiento es la vida del alma. El alma que sabe aprovechar el valor del sufrimiento vive la verdadera vida. (San Juan el Evangelista, a Sor Josefa).

"Hija mía, si quieres dar mucha gloria a Jesús y que se salven muchas almas, déjale que haga de tí lo que quiera y abandónate a su amor." (La Virgen Santísima a Sor Josefa).

UN LLAMAMIENTO AL AMOR. Sor Josefa Menendez. Se ha abierto en las diócesis de Poitiers y de Madrid el proceso canónico para la introducción de la causa de Beatificación de Sor Josefa Menéndez.

"Te quiero muy pequeña, muy humilde y siempre sonriente; si, quiero que vivas alegre, aun siendo para ti misma un verdugo. Escoge lo que más te cuesta, pero con gozo. Sírveme en paz y alegría: asi honrarás mi Corazón."

"Si no me encuentras, Josefa, buscame en tu Madre; abandónate a ella, pues ella te conduce a Mí. Por eso te la he dado y has de saber que cuando obedeces a la Madre me agradas tanto como si me obedeces directamente a Mi. Ama, sufre, obedece. Asi podre realizar en ti mis designios".

"Cuando un alma desea ser fiel, Yo la sostengo en su debilidad y sus mismas caídas mueven a obrar con mayor eficacia, mi bondad y mi misericordia".

UN LLAMAMIENTO AL AMOR de sor Josefa Menéndez, en proceso de causa de beatificación.

(VIRGEN SANTÍSIMA)

Si de veras quieres salir victoriosa en los combates contra el demonio, sigue estos consejos: 1. Humíllate, tú nada vales, nada mereces; todo es favor de Dios. 2.Cuando te sientas fría, desamparada, envuelta en tentaciones y sin fuerzas para combatir, no dejes la oración: ora con humildad y confianza y abre tu corazón a quien Jesús te ha dado por Madre en la Tierra. Si le descubres con sencillez tu alma, no te equivocarás hija mía".

"Busca hoy lo que te mortifica y te cuesta y no ceses de hacer actos de amor. Si conocieran las almas este secreto, ¡qué mortificadas serían! ¡Y como consolarían mi Corazón¡"

JESÚS.
"No sabes que el demonio puede atormentarte pero no puede dañarte? ¿Quién es mas poderoso, él o Yo?

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís