FRASES PARA SACERDOTES

Durante las tres horas de desgarradora agonía, Yo permanecí con Juan y las piadosas mujeres, bajo la Cruz y juntos fuimos bañados por su Preciosa Sangre.

¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE?




¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE? Este video cuenta con fragmentos del hermoso escrito del poeta argentino Hugo Wast: “Cuando se piensa”. ¿Cuál sería tu respuesta?

Cuando se piensa que ni ... puede hacer lo que un sacerdote.

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EL DIABLO HOY ¡APÁRTATE SATANÁS! - PARTE 14 -



Capítulo XIV.- La lucha de los Santos contra el Diablo


El Papa San Gregorio Magno nos ha dejado en sus Diálogos el relato de una violenta tentación de San Benito. Tuvo lugar en el monte Subiaco, en una gruta conocida hoy con el nombre de Sacro specto(santa gruta), lugar de frecuente peregrinación.


Una tentación tan fuerte...

"Un día, mientras estaba solo, el Tentador lo asaltó. Un pequeño pájaro negro, al que se denomina vulgarmente mirlo, se puso a revolotear alrededor de su cara y a posarse tan inoportunamente sobre su rostro que habría podido cogerlo con la mano si hubiera querido, pero hizo la señal de la cruz y el pájaro desapareció. Sin embargo, cuando el pájaro se fue, le sobrevino una tentación carnal tan fuerte como nunca antes había experimentado. Había visto en una ocasión anterior a una mujer; el espíritu maligno se volvió a poner delante de los ojos del alma y la iluminó con un fuego tal que el espíritu del servidor de Dios apenas podía retener en su corazón la llama del amor de modo que, vencido por la sensualidad, había decidido ya prácticamente abandonar el desierto. Pero de pronto, visitado por la gracia de Dios, volvió en sí. Y al ver una densa mata de ortigas y cardos que había crecido en las cercanías se despojó de su vestido y se tiró desnudo en este matorral de espinas agudas y de ortigas. Se revolcó durante largo tiempo y cuando salió tenía herido todo el cuerpo pero, gracias a las heridas de la piel, había expulsado de su corazón la herida del alma, porque había transformado la sensualidad en dolor. Infligiéndose un castigo, se había quemado virtuosamente por fuera, pero de este modo había extinguido la llama que le consumía por dentro."

San Gregorio Magno añade: "desde este momento, como él mismo aseguró a continuación a sus discípulos, dominó de tal modo la tentación de la sensualidad que nunca más le ocurrió nada parecido".

Fue así como el padre del monaquismo occidental, violentamente tentado por el diablo, consiguió la victoria por un gesto heroico de ascesis.

San Gregorio Magno señala que esta victoria sobre Satanás valió a Benito un aumento de influencia espiritual: muchos hombres, abandonados las vanidades del mundo, acudieron a la escuela de la ermita de Subiaco.

Una pregunta: ¿habríamos tenido la orden de los benedictinos y todas las familias religiosas procedentes de este tronco si San Benito, en una hora fatídica de su vida, no hubiera sabido resistir heroicamente al Tentador?


El demonio me inspiraba...

Una joven monja francesa sufrió también, el 7 de septiembre de 1890, en el Carmelo de Lisieux, la víspera de su profesión, una tentación plena de repercusiones sobre su vida e incluso sobre el desarrollo de la Iglesia universal.

"Se elevó en mi alma una tempestad como nunca antes había experimentado, escribe sor Teresa del Niño Jesús en la Historia de un alma. Nunca había tenido una sola duda sobre mi vocación pero era necesario que pasase por esta prueba. Por la noche, haciendo mi Vía Crucis después de maitines, mi vocación pareció un sueño, una quimera... la vida del Carmelo me pareció hermosa, pero el demonio me inspiraba la seguridad de que no estaba hecha para mí, que engañaba a las superioras avanzando por un camino al que no estaba llamada... Mis tinieblas eran tan grandes que no veía ni comprendía más que una sola cosa: ¡no tenía vocación! ¡Ah! ¿Cómo describir la angustia de mi alma?... Me parecía (algo absurdo, que muestra cómo esta tentación era del demonio) que si comunicara mis temores a mi maestra, me impediría pronunciar mis santos votos; sin embargo, quería hacer la voluntad del Buen Dios y volver al mundo antes que quedarme en el Carmelo haciendo la mía. Hice por tanto salir a mi maestra y, llena de confusión, le confié el estado de mi alma... Felizmente, vio con más claridad que yo, y me dio una seguridad completa; por otra parte, el acto de humildad que había hecho acabó por poner en fuga al demonio que pensaba quizá que no osaría confesar mi tentación. Tan pronto como acabé de hablar, mis dudas desaparecieron; sin embargo, para hacer más completo mi acto de humildad, quise confiar mi extraña tentación a nuestra Madre que se contentó con reírse de mí".

Se puede plantear la cuestión: ¿qué habría sucedido si, cediendo a estas falaces sugestiones de Satanás preocupado por alejar de su vocación religiosa a "la santa más grande de los tiempos modernos", Teresa Martín hubiera abandonado el Carmelo para volver al mundo? ¡Qué empobrecimiento para la Iglesia e incluso para el mundo si el diablo hubiera logrado impedir la potente influencia de la "maestra de la infancia espiritual"! ¡Y qué clamorosa victoria para el adversario del Reino de Dios!

El Papa Pío XI planteó una cuestión análoga a propósito de otra prueba victoriosamente superada. Evocando la tentación contra la castidad afrontada por Santo Tomás de Aquino en su prisión de Roccasecca, el Papa indicó que "si la pureza del santo hubiera ensombrecido en esta circunstancia, es probable que la Iglesia no hubiera tenido jamás su Doctor Angélico" (Encíclica Studiorum ducem).


Renunciar a su proyecto y hacer como todo el mundo

Como indica el cardenal Charles Journet "el espíritu maligno probó cruelmente" a Nicolás de Flue, patrón de Suiza (1417 - 1487). Fue al comienzo de su vida de eremita en el Ranft. Satanás le golpeaba "con tal violencia que los que venían a visitarle le encontraron varias veces medio muerto".

El Santo ermitaño cuenta que el diablo, según le parecía, había venido una vez "en forma de gentil hombre, con vestidos ricamente adornados, montado en un hermoso caballo. Después de un largo coloquio le había aconsejado renunciar a su propósito y actuar como los demás porque, de otra manera, no podría merecer la vida eterna".

Se trataba, por tanto, de impedir a Nicolás vivir únicamente para Dios y glorificarle a través de su vida de asceta y de contemplativo.

Un contemporáneo cuenta que "a menudo el demonio invadía la celda (de Nicolás de Flue) con un ruido tal que parecía que toda la construcción estaba a punto de hundirse. A veces se presentaba bajo formas horribles, asía a Nicolás por los cabellos y le sacaba fuera a pesar de su resistencia".

Y el cardenal Journet comenta: "Todo cristiano sabe que el príncipe de este mundo, que ha venido a tentar a Jesús en el desierto, no dejará reposar a sus discípulos, sobre todo a los mejores".


Como por encanto

Que Satanás se sabe disfrazar de acuerdo con las circunstancias, es algo que los santos han experimentado con frecuencia. Pienso en el padre Marie-Eugène, santo religioso carmelita (1894 - 1966) que he conocido bien. Su causa de canonización está iniciada. Profundo conocedor de Santa Teresa del Niño Jesús, hablaba de ella con ardor. Un día en el que, siendo un joven religioso, predicaba un retiro en un Carmelo en Francia, le advirtieron que una monja deseaba encontrarlo en el locutorio. Se dirigió hacia allí y se topó con el rostro de una religiosa... que se asemejaba exactamente al de Santa Teresa del Niño Jesús. "Comenzó a hablarme, y me hizo todo tipo de cumplidos." Le felicitó por su predicación, le aseguró que llegaría a ser un gran predicador, etc. cuanto más hablaba la religiosa más a disgusto se sentía al comenzar a sospechar cuál era el espíritu que animaba a su extraña visitante... Para tener el corazón en paz le preguntó: "Hermana, permitidme que os haga una pregunta: ¿qué es la humildad?". Ante estas palabras la religiosa despareció como por encanto. El padre Marie-Eugène reconoció al demonio. Porque, afirmaba, el diablo no puede resistir a la humildad. Satanás había tomado la forma de la pequeña santa de Lisieux para engañar más fácilmente al padre y hacerle caer en un pecado de orgullo.


No lo habría creído jamás

Corría el año 1862. La labor de San Juan Bosco en Turín se encontraba en pleno desarrollo. Al comienzo de febrero, sus colaboradores remarcaron, sin embargo, que la salud del fundador declinaba. Pálido, abatido, más fatigado que de costumbre, Don Bosco necesitaba evidentemente reposo.

Interrogado por sus hermanos, el santo acabó por revelar la causa de su enfermedad: -Tendría necesidad de dormir... Hace cuatro o cinco noches que no cierro los ojos...

-Entonces, dormid, le dijeron. No trabajéis hasta tan tarde por la noche...

-¡Oh!, no es que yo quiera velar, sino que hay alguien que me hace velar a pesar mío.

Don Bosco, ante la insistencia de sus hermanos, les reveló al fin el drama que cada noche, desde hacía una semana, sucedía en su habitación.

Desde hacía varios días, el espíritu maligno jugaba con el pobre Don Bosco y le impedía dormir... Apenas se dormía era despertado bruscamente por una voz de trueno que lo aturdía. Un viento tempestuoso invadía la habitación, lo sacudía y desparramaba sus papeles y sus libros.

Precisamente en estos días Don Bosco estaba ocupado en corregir las pruebas de un opúsculo de vulgarización sobre el diablo: El poder de las tinieblas.

Y esto no es todo. Algunas noches, apenas dormido, el santo fundador era despertado por la aparición en la puerta de su habitación de un monstruo horrible que se acercaba a su cama, dispuesto a lanzarse sobre él. Sucedía incluso que, en pleno sueño, una mano invisible le quitaba las mantas de la cama. A veces, una fuerza misteriosa hacía temblar incluso la cama del santo.

Compadecido, un religioso, el padre Angelo Savio, ofreció a Don Bosco dormir en una habitación vecina a la suya para que, en caso de alerta, pudiese levantarse pronto y prestarle asistencia.

A mitad de la noche siguiente, el joven salesiano se despertó de golpe por un estruendo tremendo. Aterrorizado, emprendió la huida "aunque era un hombre muy valiente".

Después de algunas semanas las vejaciones del mundo satánico contra Don Bosco cesaron.

-Os aseguro -dijo Don Bosco a sus amigos- que si me hubieran contado todo lo que he visto y oído, ciertamente, no lo habría creído.

Evocando delante de los jóvenes las terribles noches vividas entonces, Don Bosco fue interrumpido por un muchacho:

-¡Yo no tengo miedo del diablo!

-Cállate -respondió el santo con una voz vibrante que sorprendió a los testigos-. ¡Cállate, no digas eso! Tú no sabes lo que el diablo podría hacer si el Señor se lo permitiera!

-Sí, sí. Si yo viera al demonio, lo cogería por el cuello y sería él quien tendría problemas.

-No digas tonterías, te morirías de miedo si lo vieras.

-Entonces haría la señal de la cruz...

-Eso sólo tendría efecto durante un instante.

-Y usted, Don Bosco, ¿cómo hace para rechazarlo?

Don Bosco no reveló su secreto y añadió: «Lo que es cierto es que no deseo a nadie pasar por los terribles momentos por los que he pasado. Y hay que rezar a Dios para que no permita nunca a nuestro enemigo atormentarnos de esta manera».

¿Qué hubiera sucedido si, en lugar de resistir a las vejaciones de Satanás, San Juan Bosco se hubiera desanimado y hubiese renunciado a continuar su labor? ¡Qué vacío habría aparecido en la historia de la Iglesia y de la sociedad sin la obra de Don Bosco y de su familia religiosa!


Los ángeles de luz vencen a los ángeles de las tinieblas

¡Cómo aciertan los maestros espirituales cuando señalan que el diablo tienta perfectamente a los amigos de Dios que son más piadosos y a los hombres ya las mujeres destinadas a una misión especial en la Iglesia!

Ciertamente San Benito, Santa Teresa del Niño Jesús y San Juan Bosco han necesitado gracias especiales para rechazar la mano de Satanás durante las tentaciones. Ahora bien, Dios las concede ordinariamente por el ministerio de los ángeles custodios. Para que la lucha entre el hombre y Satanás no esté desequilibrada, observa Santo Tomás de Aquino, Dios nos asegura la ayuda de la gracia y la protección de los ángeles.

Así se compaginan dos textos densos de la Sagrada Escritura que abren perspectivas infinitas a nuestro espíritu.

Por un lado, la advertencia de San Pedro: "¡Sed sobrios y vigilad! Vuestro adversario, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe" (1 P 5, 8 - 9).

Por el otro, la confiada afirmación del Salmista: "No te llegará la calamidad ni se acercará la plaga a tu tienda. Pues te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos, y ellos te levantarán en sus palmas para que tus pies no tropiecen en las piedras; pisarás sobre áspides y víboras y hollarás al león y al dragón" (Sal 91, 10 - 13).

Las insidias preparadas por los ángeles de las tinieblas son numerosas pero la ayuda que nos ofrecen los ángeles de la luz es poderosa; más poderosa.

El Rey Aram de Siria estaba en guerra con Israel. El profeta Eliseo, a quien quería capturar, se encontraba en Dota. Aram envió allí caballos, carros y una tropa nutrida, los cuales llegaron de noche y rodearon la ciudad. Al día siguiente, el criado del hombre de Dios se levantó muy temprano y salió: vio que un buen número de soldados rodeaba la ciudad con caballos y carros y dijo a Eliseo: "¡Ah, mi Señor! ¿qué vamos a hacer?". Eliseo respondió:"¡No temas! Los que están con nosotros son más numerosos que los que están con ellos". Eliseo rezó así: "¡Señor, ábrele los ojos para que vea!". El Señor abrió los ojos del criado y vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Eliseo" (cfr 2 R 6, 12 - 17).


***

Señor Jesús, tú que has vencido a Satanás por tu Pasión y Resurrección, dígnate disipar nuestro miedo al Malvado y a sus legiones, haciéndonos comprender que "los que están con nosotros son más numerosos que los que están con ellos".

***

Señor, dígnate concedernos que veamos con los ojos de la fe lo que no podemos ver con los ojos de la carne: "los caballos y carros de fuego", imagen del invisible ejército de ángeles de luz que nos rodea y nos custodia.


EL DIABLO HOY : ¡APÁRTATE SATANÁS! - PARTE 2


Capítulo II.- Protagonistas de la Historia...

En un uno de sus análisis más penetrantes, el Concilio Vaticano II se dedica a desentrañar las causas del ateísmo contemporáneo. Entre ellas, el Concilio señala la existencia de una imagen falsa de Dios: "Algunos se representan a Dios de un modo tal que, al rechazarlo, rechazan un Dios que no es de ninguna manera el del Evangelio" (Gaudium et spes, 19).

Se podría decir analógicamente que algunos se representan al diablo de un modo tal que, al rechazarlo, rechazan a un diablo que no es de ninguna manera el de la Sagrada Escritura, de la Tradición y de Magisterio de la Iglesia.

En la existencia de esta postura es importante la responsabilidad de un cierto tipo de iconografía, remarca el historiador H.I. Marrou: "Estamos demasiado acostumbrados, a partir del arte romántico, a ver aparecer a los demonios como monstruos horribles. Esta tradición iconográfica que, plásticamente, tendrá su apogeo en las creaciones de una inspiración casi surrealista de los pintores flamencos, puede invocar la autoridad de textos que se remontan a la tradición más auténtica de los Padres del desierto, a partir de la primera fuente de toda su literatura, la Vida de San Antonio...".

H.I. Marrou continúa: "Todos los escritos del mismo tipo están llenos de relatos que nos describen a los demonios bajo el aspecto de monstruos y bestias. Pero hay que remarcar con claridad que, en todos estos textos, se trata de apariencias que los diablos revisten momentáneamente para atemorizar a los solitarios. Estas representaciones no son por tanto legítimas en el arte cristiano más que durante la realización de tales tentaciones y no cuando se trata de representar al demonio, independientemente de este papel, momentáneo, de espantapájaros".

Como subraya H.I. Marrou, Satanás es un ángel caído, pero un ángel, es decir, una espléndida criatura salida de las manos de Dios.

Hay una distancia enorme entre un oso, un macho cabrío, una serpiente -bajo cuyas apariencias se representa a veces al demonio- y un ángel, es decir, la más perfecta de las obras salidas de las manos del Creador. Santo Tomás de Aquino, tan mesurado en sus expresiones, remarca que, incluso después de su caída, Satanás conserva integralmente los dones naturales verdaderamente espléndidos recibidos del Creador.

El dominio sigue siendo una maravilla de inteligencia y de voluntad, aunque use muy mal sus dones naturales, incomparablemente superiores a los del hombre. Un atleta gigante sigue siendo un atleta gigante aunque use su fuera y su agilidad para cometer crímenes.
 

La Providencia utiliza la malicia de los demonios

La grandeza natural de los ángeles caídos está presente también en el papel que Dios les asigna en la historia de la salvación. No es un papel de comparsa como se podría pensar, sino de protagonistas. Santo Tomás de Aquino lo explica en estos términos: "Por su naturaleza los ángeles están entre Dios y los hombres. Ahora bien, el plan de la Providencia consiste en curar el bien de las criaturas inferiores por medio de los seres superiores. El bien del hombre lo procura la Providencia de una manera doble. O bien directamente, induciendo al hombre al bien y alejándolo del mal, y conviene que esto se haga por el ministerio de los ángeles buenos, o bien indirectamente, cuando el hombre es probado y combatido por los asaltos del adversario. Y conviene que se confíe esta manera de procurar el bien a los ángeles malvados, para que después del pecado no pierdan su utilidad en el orden de la naturaleza".

Así, añade Santo Tomás, un doble lugar de castigo se atribuye a los demonios: uno, por su falta, es el infierno; el otero, por las pruebas que hacen sufrir a los hombres, es el aire "aire tenebroso", es decir, la atmósfera terrestre de la que habla la Sagrada Escritura (cfr Ef 2, 2; 6, 12 y 1 P 5, 8).

¡Lenguaje ciertamente misterioso para el hombre moderno! El Cardenal Charles Journet intenta explicar asó los "lugares" habitados por los demonios: "las dos sedes del demonio se indican una por el infierno, la otra por el aire, la estratosfera, los lugares celestes. La primera sede es la de su infortunio; la segunda la de sus amenazas".

"hablar de la presencia del demonio en el aire, en la estratosfera, en los ligares celestes, es servirse de una imagen para decir que además de su presencia en el infierno donde está encadenado, el demonio está también presente en el lugar donde vivimos para tentarnos."

Después de su pecado Dios habría podido precipitar a todos los ángeles rebeldes en las profundidades del infierno, pero corresponde al sabio utilizar los males para fines superiores, observa Santo Tomás.

Mientras el Señor precipita en el infierno a una parte de los ángeles malvados, encierra la otra parte en la atmósfera terrestre para tentar a los hombres.

Dios se servirá de su malicia, perfectamente controlada, para poner a prueba a los hombres y para darles de este modo la ocasión de purificarse y de elevarse espiritualmente. Así, los ángeles rebeldes se convierten a pesar suyo en los servidores del Señor o más bien en sus esclavos. Como los presos del Antiguo Régimen eran condenados a remar en las galeras del Estado, así los demonios están condenados a obrar, a pesar suyo, para la salvación de las almas y para la gloria de Dios.

Por lo que se refiere a la duración del ministerio de los ángeles buenos y de las pruebas infligidas por los malos, Santo Tomás escribe: "Hasta el día del juicio final hay que procurar la salvación de los hombres. Hasta entonces, por lo tanto, debe proseguir tanto el ministerio de los ángeles buenos son enviados aquí abajo, cerca de nosotros, mientras que los demonios residen en el aire tenebroso para probarnos. Sin embargo, algunos de ellos se encuentran ya en el infierno para torturare a aquellos que son inducidos al mal; de igual modo que algunos ángeles buenos están en el cielo con las almas santas. Pero después del último juicio, todos los malos, hombres y ángeles, estarán en el infierno; todos los buenos, en el cielo".

Se trata de una visión cósmica de la historia de la salvación: de un lado millones y millones de ángeles fieles a Dios velan guardando a los hombres en marcha hacia su destino eterno; del otro, legiones y legiones de ángeles rebeldes se esfuerzan por perder a esos mismos hombres.

"El mundo cambia de aspecto, escribía René Bazin, cuando se considera a los hombres sólo como almas en camino hacia su destino eterno". La historia de la humanidad, se podría decir, cambia de aspecto, cuando se la considera el teatro del encuentro entre dos ejércitos de ángeles que se disputan el espíritu y el corazón de los hombres. Habría que poder considerar este espectáculo con "los ojos de Dios", es decir, con una mirada de fe viva, para medir un poco sus dimensiones apocalípticas. "Sobre la escena del mundo, escribe un autor espiritual, la vida de las almas puede aparecer circundada de banalidad. En realidad, esta vida está dominada por un invisible y grandioso altercado entre Dios y el demonio".
 

María enfrentada a la serpiente

El Concilio Vaticano II recuerda estas verdades profundas de la Revelación cristiana. "Un duro combate contra las potencias de las tinieblas tiene lugar a través de toda la historia de los hombres; comenzada al inicio, durará, como el Señor lo ha dicho (cfr Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36, 43) hasta el último día. Ocupado en esta batalla el hombre debe combatir sin pausa para conseguir el bien. Y sólo a través de grandes esfuerzos, con la gracia de Dios, logra realizar su unidad interior por su unión a Dios" (Gaudium et spes, 37.

"Los demonios, nuestros enemigos, son fuertes y temibles, poseen un ardor invencible y están animados por un odio furioso e inimaginable contra nosotros. De igual modo nos hacen guerra sin descanso, sin paz y sin tregua posible. Su audacia es increíble..." (Catecismo de Trento, cap. 41, par. III).

María, Madre de la Iglesia, juega un papel decisivo en este "duro combate" contra los ángeles de la tiniebla. Juan Pablo II lo revela en su encíclica sobre la Bienaventurada Virgen María en la Iglesia en marcha (Redemptoris Mater, n. 47), que se inspira en el Génesis y el del Apocalipsis. "Merced a este vínculo especial, que une a la Madre de Cristo con la Iglesia, escribe el Papa, se aclara mejor el misterio de aquella "mujer" que, desde los primeros capítulos del Libro del Génesis hasta el Apocalipsis,acompaña la revelación del designio salvífico de Dios respecto a la humanidad. María, en efecto, presente en la Iglesia como Madre del Redentor, participa maternalmente en aquella "dura batalla contra el poder de las tinieblas" (cfr Gaudium et spes, 37) que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana".
 

Las dos ciudades
Hemos oído a León XIII recordamos "que, por la envidia del demonio, el género humano se ha dividido en dos campos opuestos, que no cesan de combatir: uno por la verdad y la virtud, el otro por todo aquello que es contrario a estos valores". León XIII precisa: "El primero es el reino de Dios sobre la tierra, es decir la Iglesia de Jesucristo cuyos miembros deben servir a Dios. El segundo es el reino de Satanás. Bajo su imperio y su poder se encuentran todos aquellos que, siguiendo los funestos ejemplos de su jefe y de nuestros primeros padres, rechazan obedecer a la ley divina y multiplican sus esfuerzos, aquí para prescindir de Dios y allí para actuar directamente contra Dios" (EncíclicaHumanum genus, 20-IV-1884).

"San Agustín ha captado y descrito estos dos reinos con una gran perspicacia bajo la forma de dos ciudades opuestas entre sí... tanto por las leyes que las rigen como por el ideal que persiguen."

"La ciudad terrestre procede del amor de sí llevado hasta el desprecio de Dios, mientras que la ciudad celeste procede del amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí" según la famosa máxima del obispo de Hipona.

León XIII continúa: "Con el paso de los siglos las dos ciudades no han cesado de luchar la una contra la otra, empleando todo tipo de tácticas y las armas más diversas, aunque no siempre con el mismo ardor ni con el mismo ímpetu" (Encíclica Humanum genus).

Nota digna de relieve, hecha por el autor de un documento publicado en 1975 bajo los auspicios de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el título: Fe cristiana y demonología: San Agustín muestra al demonio actuando en las dos ciudades, que tienen su origen en el cielo, en el momento en el que las primeras criaturas de Dios, los ángeles, se declararon fieles o infieles a su Señor. En la sociedad de los pecadores, San Agustín discernió un "cuerpo" místico del diablo que se encontrará más tarde en lasMoralia in Job de San Gregorio Magno.

Con ocasión del XV centenario de la muerte de San Agustín, el Papa XI recordó la actualidad de la doctrina del santo Doctor sobre la lucha encontrada que se libra a lo largo de los siglos entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás (Encíclica Ad salutem humani, 20-IV-1930).

Otra concordancia significativa: también los escritos de Qumrân presentan al mundo dividido en dos campos opuestos: de un lado el campo de los ángeles de la luz; del otro el campo de los ángeles de las tinieblas.

Según el padre Auvray, exegeta, "para San Juan, la Pasión de Jesús es una lucha contra el demonio, a lo largo de la cual éste será vencido (Jn 12, 31; 14, 30); toda la predicación de los Apóstoles será la continuación de esta lucha entre el reino de Dios y el del demonio" (Hch 26, 18).

¿No presenta el Apocalipsis, por otra parte, la historia de la Iglesia como una lucha entre Satanás y sus demonios y Dios y sus fieles? Esta lucha se terminará con el triunfo del Cordero y de aquellos que le habrán seguido.

¿Es necesario recordar una vez más, en apoyo de esta contemplación teologal de la humanidad en marcha hacia Dios, las meditaciones clásicas de San Ignacio de Loyola sobre los dos estándares, el de Cristo y el de Satanás?

¡He aquí una visión de la historia que eleva nuestra miradas muy por encima de los pequeños y grandes sucesos de la vida política, económica, social y cultural de cada día y por encima de nuestras mezquinas querellas entre cristianos!
 

EL DIABLO HOY : ¡APÁRTATE SATANÁS! - PARTE 1 - INTRODUCCIÓN...


Presentación

¿Qué ha motivado a Georges Huber, conocido periodista católico, a escribir un libro sobre el diablo? Muchos han leído su libro tan bello y consolador sobre los Ángeles Custodios. Se puede recordar también su libro titulado Dios es Señor de la historia, auténtico himno de alabanza al dominio de Dios sobre la historia. ¿Por qué nos propone hoy un libro sobre Satanás?

Quien ha tenido la fortuna no sólo de conocer y aprecios los libros de Georges Huber, sino de haberlo encontrado personalmente, no tendrá dudas sobre la continuidad que existe entre este nuevo libro y los precedentes.

El autor ha mostrado en su libro sobre los ángeles cómo estas espléndidas criaturas espirituales están totalmente a las órdenes de la Divina Providencia y todo su ser consiste en la adoración y servicio de Dios. Esta verdad se encuentra en este libro sobre Satanás. Porque los ángeles caídos siguen siendo ángeles; siguen siendo espíritus al servicio de Dios, incluso contra su voluntad.

El libro de Georges Huber no causa miedo a los demonios, sino que revela más bien la fe en la irresistible potencia de Dios que ordena cada cosa hacia sus fines. La fe nos lo enseña y la experiencia cristiana lo confirma: los demonios entablan una lucha despiadada contra el hombre y se esfuerzan por obstaculizar los planes de Dios. Recorren el mundo incesantemente buscando la perdición de las almas. Y, sin embargo, su actividad está completamente subordinada a los planes de Dios.

A partir de esta verdad fundamental, Georges Huber nos demuestra que si Dios permite actuar a los demonios no es ciertamente para dañar a los hombres, sino para ayudarles a realizar sus magníficos planes de salvación.

Formado en la escuela de su gran maestro, Santo Tomás de Aquino —que conoce mejor que muchos teólogos—, Georges Huber, periodista y laico creyente, nos demuestra que, para los amigos de Dios, los ataques del demonio pueden convertirse en ocasión para crecer en la fe, en la esperanza y en la caridad.

De manera sobria y clara, el autor ha sabido exponer y desenmascarar las maquinaciones del diablo y de sus compañeros de armas. Evocando la acción de Satanás, Georges Huber no desea ciertamente espantar a sus lectores; pretende más bien inducirlos a la vigilancia y a la sobriedad de vida de la que habla el apóstol Pedro. Son análisis penetrantes, que se inspiran frecuentemente en la enseñanza y en la experiencia de los grandes místicos, y ofrecen aquí orientaciones para la vida cristiana. Como hace el escritor anglicano C. S. Lewis en su famoso libro, Cartas del diablo a su sobrino, Georges Huber conduce sus lectores a través del entresijo de las tentaciones del diablo para mostrarles un camino de fe en la vida cotidiana.

Con la sabiduría cristiana de siempre, Georges Huber revela que la vida aquí sobre la tierra es una batalla continua. Este combate se libra siguiendo a Cristo, vencedor de Satanás. El autor ve en la vida de los santos modelos excelentes para imitar a Cristo en esta lucha contra Satanás.

Muchos cristianos parecen considerar hoy superado el problema de la existencia de Satanás. Los lectores de «El diablo hoy» tendrán que reconocer que negar la existencia del diablo sería un error trágico. Por otro lado, los que podrían ser victimas de un excesivo miedo del demonio encontrarán en este libro un luz liberadora. Pero todos los lectores obtendrán de este libro un enriquecimiento de su fe y comprenderán que hoy como ayer, Cristo puede decir con una autoridad soberana: ¡Apártate, Satanás!

Monseñor Christophe Schoenborn
Arzobispo de Viena


Capítulo I.- 

La Conspiración del Silencio

"¿Cómo se ha podido llegar a esta situación?"

Ésta es la pregunta que se hacía el Papa Pablo VI, algunos años después de la clausura del Concilio Vaticano II, a la vista de los acontecimientos que sacudían a la Iglesia. "Se creía que, después del Concilio, el sol habría brillado sobre la historia de la Iglesia. Pero en lugar del sol, han aparecido las nubes, la tempestad, las tinieblas, la incertidumbre."


Sí, ¿cómo se ha podido llegar a esta situación?

La respuesta de Pablo VI es clara y neta: "Una potencia hostil ha intervenido. Su nombre es el diablo, ese ser misterioso del que San Pedro habla en su primera Carta. ¿Cuántas veces, en el Evangelio, Cristo nos habla de este enemigo de los hombres?". Y el Papa precisa: "Nosotros creemos que un ser preternatural ha venido al mundo precisamente para turbar la paz, para ahogar los frutos del Concilio ecuménico, y para impedir a la Iglesia cantar su alegría por haber retomado plenamente conciencia de ella misma".

Para decirlo brevemente, Pablo VI tenía la sensación de que "el humo de Satanás ha entrado por alguna fisura en el templo de Dios".

Así se expresaba Pablo VI sobre la crisis de la Iglesia el 29 de Junio de 1972, noveno aniversario de su coronación. Algunos periódicos se mostraron sorprendidos por la declaración del Papa sobre la presencia de Satanás en la Iglesia. Otros periódicos se escandalizaron. ¿No estaba Pablo VI exhumando creencias medievales que se creían olvidadas para siempre?


Una de las grandes necesidades de la Iglesia contemporánea

Sin arredrarse ante estas críticas Pablo VI volvió sobre este tema candente cinco meses más tarde. Y lejos de contentarse con reafirmar la verdad sobre Satanás y su actividad, el Papa consagró una entera catequesis a la presencia activa de Satanás en la Iglesia (cfr Audiencia general, 15 de Noviembre de 1972).

Desde el inicio, Pablo VI subrayó la dimensión universal del tema: "¿Cuáles son hoy -afirma- las necesidades más importantes de la Iglesia?". La respuesta del Papa es clara: "Una de las necesidades más grandes de la Iglesia es la de defenderse de ese mal al que llamamos el demonio".

Y Pablo VI recuerda la enseñanza de la Iglesia sobre la presencia en el mundo "de un ser viviente, espiritual, pervertido y pervertidor, realidad terrible, misteriosa y temible".

Después, refiriéndose a algunas publicaciones recientes (en una de las cuales un profesor de exégesis invitaba a los cristianos a "liquidar al diablo"), Pablo VI afirmaba que "se separan de la enseñanza de la Biblia y de la Iglesia los que niegan a reconocer la existencia del diablo, o los que lo consideran un principio autónomo que no tiene, como todas las criaturas, su origen en Dios; y también los que lo explican como una seudo-realidad, una invención del espíritu para personificar las causas desconocidas de nuestros males".

"Nosotros sabemos -prosiguió Pablo VII- que este ser oscuro y perturbador existe verdaderamente y que está actuando de continuo con una astucia traidora. Es el enemigo oculto que siembra el error y la desgracia en la historia de la humanidad."

"Es el seductor pérfido y taimado que sabe insinuarse en nosotros por los sentidos, la imaginación, la concupiscencia, la lógica utópica, las relaciones sociales desordenadas, para introducir en nuestros actos desviaciones muy nocivas y que, sin embargo, parecen corresponder a nuestras estructuras físicas o síquicas o a nuestras aspiraciones más profundas".

Satanás sabe insinuarse ... para introducir ... Estas expresiones, ¿no recuerdan a las del león rugiente de San Pedro que ronda, buscando a quien devorar? El diablo no espera a ser invitado para presentarse, más bien impone su presencia con una habilidad infinita.

El Papa evocó también el papel de Satanás en la vida de Cristo. Jesús calificó al diablo de "príncipe de este mundo" tres veces a lo largo de su ministerio, tan grande es el poder de Satanás sobre los hombres.

Pablo VI se esforzó en señalar los indicios reveladores de la presencia activa del demonio en el mundo. Volveremos sobre este diagnóstico.


Lagunas en la teología y en la catequesis

En su exposición, el Santo Padre sacó una conclusión práctica que, más allá de los millares de fieles presentes en la vasta sala de las audiencias, ese dirigía a los católicos de todo el mundo: "A propósito del demonio y de su influencia sobre los individuos, sobre las comunidades, sobre sociedades enteras, habría que retomar un capítulo muy importante de la doctrina católica, al que hoy se presta poca atención".

El Cardenal J. L. Suenens, antiguo arzobispo de Bruxelles-Malines, escribió al final de su libroRenouveau et Puissances desténèbres: "Acabando estas páginas, confieso que yo mismo me siento interpelado, ya que me doy cuenta de que a lo largo de mi ministerio pastoral no he subrayado bastante la realidad de las Potencias del mal que actúan en nuestro mundo contemporáneo y la necesidad del combate espiritual que se impone entre nosotros" (p. 113).

En otras palabras, la Cabeza de la Iglesia piensa que la demonología es un capítulo "muy importante" de la teología católica y que hoy en día se descuida demasiado. Existe una laguna en la enseñanza de la teología, en la catequesis y en la predicación. Y esta laguna solicita ser colmada. Estamos ante "una de las necesidades más grandes" de la Iglesia en el momento presente.

¿Quién lo habría previsto? La catequesis de Pablo VI sobre la existencia e influencia del demonio produjo un resentimiento inesperado por parte de la prensa. Una vez mas, se acusó a al Cabeza de la Iglesia de retornar a creencias ya superadas por la ciencia. ¡El diablo está muerto y enterrado!

Raramente los periódicos se habían levantado con una vehemencia tan ácida contra el Soberano Pontífice. ¿Cómo explicar la violencia de estas reacciones?

Que periódicos hostiles a la fe cristiana ironicen sobre una enseñanza del Papa no suscita ninguna extrañeza. Es coherente con sus posiciones. Pero que al mismo tiempo se dejen llevar de la cólera, esto es lo que sorprende...

¿Cómo no presentir bajo estas reacciones la cólera del Maligno? En efecto, Satanás necesita el anonimato para poder actuar de manera eficaz. ¿Cuál no será su irritación, por tanto, cuando ve al Papa denunciar urbi et orbi sus artimañas en la Iglesia? Es la cólera del enemigo que se siente desenmascarado y que exhala su despecho a través de estos secuaces inconscientes.


El enemigo desenmascarado

Habría que retomar el capítulo de la demonología: esta consigna de Pablo VI tuvo una especie de precedente en la historia del papado contemporáneo.

Era un día de diciembre de 1884 o de enero de 1885, en el Vaticano, en la capilla privada de León XIII. Después de haber celebrado la misa, el Papa, según su costumbre, asistió a una segunda misa. Hacia el final, se le vio levantar la cabeza de repente y mirar fijamente hacia el altar, encima del tabernáculo. El rostro del Papa palideció y sus rasgos se tensaron. Acabada la misa, León XIII se levantó y, todavía bajo los efectos de una intensa emoción, se dirigió hacia su estudio. Un prelado de los que le rodeaban le preguntó: "Santo Padre, ¿Se siente fatigado? ¿Necesita algo?".

"No, respondió León XIII, no necesito nada..."

El Papa se encerró en su estudio. Media hora más tarde, hizo llamar al secretario de la Congregación de Ritos. Le dio una hoja, y le pidió que la hiciera imprimir y la enviara a los obispos de todo el mundo.

¿Cuál era el contenido de esta hoja? Era una oración al arcángel San Miguel, compuesta por el mismo León XIII. Una oración que los sacerdotes recitarían después de cada misa rezada, al pie del altar, después del Salve Regina ya prescrito por Pío IX:

Arcángel San Miguel en la lucha, sé nuestro amparo contra la adversidad y las asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros malos espíritus que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

León XIII confió más tarde a uno de sus secretarios, Mons. Rinaldo Angeli, que durante la misa había visto una nube de demonios que se lanzaban contra la Ciudad Eterna para atacarla. De ahí su decisión de movilizar a San Miguel Arcángel y a las milicias del cielo para defender a la Iglesia contra Satanás y sus ejércitos, y más especialmente para la solución de lo que se llamaba "la Cuestión romana".

La oración a San Miguel fue suprimida en la reciente reforma litúrgica. Algunos piensan que, siendo tan adecuada para conservar entre los fieles y los sacerdotes la fe en la presencia activa de los ángeles buenos y de los malvados, podría ser reintroducida, o bien en la Liturgia de las Horas, o bien en la oración de los fieles en la misa. Como afirmaba Juan Pablo II el 24 de mayo de 1987, en el santuario de San Miguel Arcángel en el Monte Gargan: "el demonio sigue vivo y activo en el mundo". Las hostilidades no han cesado, los ejércitos de Satanás no han sido desmovilizados. Por lo tanto la oración continúa siendo necesaria.

El 20 de abril de 1884, poco tiempo antes de esta visión del mundo diabólico, León XIII había publicado una encíclica sobre la francmasonería que se inicia con consideraciones de envergadura cósmica. "Desde que, por la envidia del demonio, el género humano se separó miserablemente de Dios, a quien debía su llamada a la existencia de los dones sobrenaturales, los hombres se han dividido en dos campos opuestos que no cesan de combatir: uno por la verdad y la virtud, el otro por aquello que es contrario a la virtud y a la verdad."

Meditando las consideraciones de León XIII se comprende mejor la consigna dada por Pablo VI en su catequesis del 15 de noviembre de 1972: "Habría que retomar un capítulo muy importante de la doctrina católica (la demonología), al que hoy se presta poca atención".

Juan Pablo II ha hecho suya la consigna de su predecesor. En su enseñanza ha ido incluso más allá de Pablo VI. Mientras que éste no dedicó más que una catequesis del miércoles al problema del demonio, Juan Pablo II ha tratado este tema a lo largo de seis audiencias generales sucesivas. Y hay que añadir a esta enseñanza una peregrinación al santuario de San Miguel Arcángel en el Monte Gargan, el 24 de mayo de 1987, y un discurso sobre el demonio pronunciado el 4 de septiembre de 1988, con motivo de su viaje a Turín.


Las instituciones, instrumento de Satanás

En otras ocasiones, Juan Pablo II ha puesto en guardia a los fieles contra las insidias del diablo, como por ejemplo encuentro con 30,000 jóvenes en las islas Madeira (mayo de 1991) donde citó un pasaje significativo de su mensaje de 1985 para El año internacional de la juventud: "La táctica que Satanás ha aplicado, y que continúa aplicando, consiste en no revelarse, para que el mal que ha difundido desde los orígenes se desarrolle por la acción del hombre mismo, por los sistemas y las relaciones entre los hombres, entre las clases y entre las naciones entre los hombres, entre las clases y entre las naciones, para que el mal se transforme cada vez más en un pecado "estructural" y se pueda identificar menos como un pecado "personal"". Satanás actúa sobre todo en la sombra, para pasar desapercibido. Satanás actúa a través de los hombres y también a través de las instituciones.

¿Es posible imaginar el papel de Satanás en la preparación, lejana y cercana de las leyes que autorizan el aborto y la eutanasia?

En un sentido actual sobre Satanás, Dom Alois Mager o.sb., antiguo decano de la facultad de teología de Salzburgo, afirma que el mundo satánico se caracteriza por dos rasgos: la mentira y el asesinato. "La mentira aniquila la vida espiritual; el asesinato, la vida corporal... Aniquilar siempre, ésta es la táctica de las fuerzas satánicas". Ahora bien, Dios es Aquel que es y que da sin cesar la vida, el movimiento y la existencia (cfr Hch 17, 28).

La insistencia creciente de dos Papas contemporáneos sobre Satanás y sus maquinaciones ¿no es altamente significativa? ¿No nos invita a una profundización en nuestra postura sobre el papel de Satanás en la historia, la historia grande de los pueblos y de la Iglesia y la historia pequeña de cada hombre en particular?

Esta revisión ha constituido mi preocupación. Como periodista establecido en Roma desde hace varios decenios había escrito en 1970 un libro sobre los ángeles custodios: Mi Ángel marchará delante de ti,publicado en once idiomas. Un capítulo pone de relieve "las acechanzas y las emboscadas" que los ángeles malvados hacen a los hombres en su camino a su destino eterno. Un sacerdote santo, que me había felicitado por este estudio sobre los ángeles buenos, me sugirió la publicación de un ensayo análogo sobre los ángeles malvados. Esta propuesta me sorprendió. ¿Cómo podría dedicar tiempo y energías a un tema lateral, antipático y desprovisto de interés práctico? La catequesis de Pablo VI de 15 de Noviembre de 1972 y su invitación a retomar la doctrina de la Iglesia sobre los ángeles malos me impresionaron profundamente. Se trataba, a pesar de todo, de un tema importante para la vida cristiana. Más tarde, las catequesis de Juan Pablo II sobre los ángeles malos hicieron madurar en mí el proyecto de publicar un trabajo sobre este tema repulsivo... Sería, me parecía, un modo de responder por mi parte a la invitación de Pablo VI.


Un terreno minado

Sé muy bien que escribiendo estas páginas me aventuro en un terreno minado, rodeado de misterio. Primero por la materia tratada. Después por el escepticismo existente sobre el tema. Pocos cristianos parecen creer verdaderamente en la existencia personal de los demonios. Muchos parecen incluso rechazar esta verdad, no porque sea incierta, sino porque -se nos dice- "hoy en día la gente no lo admitiría". ¡Cómo si el hombre de la era automática pudiera censurar los datos de la Revelación! ¡Cómo si ésta se asemejara al menú de un restaurante donde cada cliente elige o rechaza los platos a su gusto!

Otros, también irreverentes con la Revelación, compartirían con gusto la posición de este viejo señor que, al final de una agitada mesa redonda sobre la existencia del diablo, sugería que la cuestión fuese decidida... por un referéndum: "La mayoría decidirá si los demonios existen o no". ¡Cómo si la verdad dependiese del número de opiniones y no de consistencia! ¿Lo que afirman cien charlatanes deberá tener más peso que la opinión meditada de un sabio o de un santo?

Algunos años antes de la intervención de Pablo VI, el cardenal Gabriel - Marie Garrone denunciaba la conspiración del silencio sobre la existencia de los demonios: "Hoy en día apenas si se osa hablar. Reina sobre este tema una especie de conspiración del silencio. Y cuando este silencio se rompe es por personas que se hacen los entendidos o que plantean, con una temeridad sorprendente, la cuestión, de la existencia del demonio. Ahora bien, la Iglesia posee sobre este punto una certeza que no se puede rechazar sin temeridad y que reposa sobre una enseñanza constante que tiene su fuente en el Evangelio y más allá. La existencia, la naturaleza, la acción del demonio constituyen un dominio profundamente misterioso en el que la única actitud sabia consistiría en aceptar las afirmaciones de la fe, sin pretender saber más de lo que la Revelación ha considerado bueno decirnos".

Y el cardenal concluye: "Negar la existencia y la acción del "Maligno" equivale a ofrecerle un inicio de poder sobre nosotros. Es mejor, en esto como en el resto, pensar humildemente como la Iglesia, que colocarse, por una pretenciosa superioridad, fuera de la influencia benefactora de su verdad y de su ayuda.


Es una obra buena armarles

Una decena de años más tarde, una vigorosa profesión de fe del obispo de Estrasburgo, Mons. León Arthur Elchinger, se hará eco de las consideraciones del cardenal Gabriel - Marie Garrone. Pondrá, como se suele decir, los puntos sobre las "íes", desafiando de esta manera a cierta intelligentzia.

"Creer en Lucifer, en el Maligno, en Satanás, en la acción entre nosotros del Espíritu del mal, del Demonio, del Príncipe de los demonios, significa pasar ante los ojos de muchos por ingenuo, simple, supersticioso. Pues bien, yo creo."

"Creo en su existencia, en su influencia, en su inteligencia sutil, en su capacidad suprema de disimulo, en su habilidad para introducirse por todas partes, en su capacidad consumada de llegar a hacer creer que no existe. Sí, creo en su presencia entre nosotros, en su éxito, incluso dentro de grupos se reúnen para luchar contra la autodestrucción de la sociedad y de la Iglesia. Él consigue que se ocupen en actividades completamente secundarias e incluso infantiles, en lamentaciones inútiles, en discusiones estériles, y durante este tiempo puede continuar su juego sin miedo a ser molestado".

Y el prelado expone sus razones de orden sobrenatural primero y después de orden natural.

"Sí, creo en Lucifer y esto no es una prueba de estrechez de espíritu o de pesimismo. Creo porque los libros inspirados del Antiguo y del Nuevo Testamento nos hablan del combate que entabla contra aquellos a los que Dios ha prometido la herencia de su Reino. Creo porque, con un poco de imparcialidad y una mirada que no se cierre a la luz de lo Alto, se adivina, se constata cómo este combate continúa bajo nuestros ojos. Ciertamente, no se trata de materializar a Lucifer, de quedarnos en las representaciones de una piedad popular. Lucifer, el Príncipe del mal, actúa en el espíritu y en el corazón del hombre".

"Finalmente, creo en Lucifer porque creo en Jesucristo que nos pone en guardia contra él y nos pide combatirlo con todas nuestras fuerzas si no queremos ser engañados sobre el sentido de la vida y del amor".


* * * * *

¿A quién se dirige esta obra?

Ante todo a la generalidad de los cristianos y, más en particular, a los cristianos fieles a la Iglesia y dóciles a su enseñanza. Mi deseo es ayudarles a profundizar en sus conocimientos relativos a los ángeles rebeldes, como Mi Ángel marchará delate de ti se proponía hacer conocer mejor la misión de los ángeles de la luz.


¿Mis fuentes?

Son la Sagrada Escritura y la Tradición, recibidas filialmente de las manos de la Iglesia y el Magisterio de los Papas. Especialmente la doctrina de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, del que una encíclica de Pío XI (Studiorum duce, 1923) elogia la angelología. En su escuela me siento en compañía segura.

"La malicia del demonio es profundamente desconocida por los hombres -afirmaba Ernest Hello, eminente pensador católico del siglo pasado-; es una buena obra dársela a conocer, es una buena obra armarles."

Divulgar la doctrina católica sobre los demonios significa, también hoy, responder a una llamada urgente del Magisterio.


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís