FRASES PARA SACERDOTES

Durante las tres horas de desgarradora agonía, Yo permanecí con Juan y las piadosas mujeres, bajo la Cruz y juntos fuimos bañados por su Preciosa Sangre.

¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE?




¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE? Este video cuenta con fragmentos del hermoso escrito del poeta argentino Hugo Wast: “Cuando se piensa”. ¿Cuál sería tu respuesta?

Cuando se piensa que ni ... puede hacer lo que un sacerdote.

... ... 
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LA CORAZA DE SAN PATRICIO -



(versión larga)


Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza,
la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del nacimiento de Cristo y su bautismo,
Por medio de la fuerza de Su crucifixión y su sepulcro,
Por medio de la fuerza de Su resurrección y asunción,
Por medio de la fuerza de Su descenso para juzgar el mal.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del amor de Querubines,
En obediencia de Ángeles, En servicio de Arcángeles,
En la esperanza que la resurrección encuentra recompensa,
En oraciones de Patriarcas,En palabras de Profetas,
En prédicas de Apóstoles, En inocencia de Santas Vírgenes,
En obras de hombres de bien.

Me levanto hoy
Por medio del poder del cielo:
Luz del sol,
Esplendor del fuego,
Rapidez del rayo,
Ligereza del viento,
Profundidad de los mares,
Estabilidad de la tierra,
Firmeza de la roca.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza de Dios que me conduce:
Poder de Dios que me sostiene,
Sabiduría de Dios que me guía,
Mirada de Dios que me vigila,
Oído de Dios que me escucha,
Palabra de Dios que habla por mí,
Mano de Dios que me guarda,
Sendero de Dios tendido frente a mí,
Escudo de Dios que me protege,
Legiones de Dios para salvarme
De trampas del demonio,
De tentaciones de vicios,
De cualquiera que me desee mal,
Lejanos y cercanos,
Solos o en multitud.

Yo invoco éste día todos estos poderes entre mí y el malvado,
Contra despiadados poderes que se opongan a mi cuerpo y alma,
Contra conjuros de falsos profetas,
Contra las negras leyes de los paganos,
Contra las falsas leyes de los herejes,
Contra obras y fetiches de idolatría,
Contra encantamientos de brujas, forjas y hechiceros,
Contra cualquier conocimiento corruptor de cuerpo y alma.

Cristo escúdame hoy
Contra filtros y venenos, Contra quemaduras,
Contra sofocación, Contra heridas,
De tal forma que pueda recibir recompensa en abundancia.

Cristo conmigo,
Cristo frente a mí,
Cristo tras de mí,
Cristo en mí, Cristo a mi diestra,
Cristo a mi siniestra,
Cristo al descansar,
Cristo al levantar,
Cristo en el corazón de cada hombre que piense en mí,
Cristo en la boca de todos los que hablen de mí,
Cristo en cada ojo que me mira,
Cristo en cada oído que me escucha.

Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza, la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.




EL VIA CRUCIS SEGÚN LOS RELATOS EVANGÉLICOS


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¿QUÉ ES EL VÍA CRUCIS?

"Vía crucis" son dos palabras latinas cuyo significado podría traducirse como "camino de la cruz". Condenado a muerte y cargado del madero, que había de ser el instrumento de nuestra redención, Jesús hizo este itinerario de dolor desde el pretorio de Pilato hasta el monte Calvario (Mt 27, 22-61; Mc 15; Lc 23; Jn 19). Era el primer Viernes Santo.

Hoy, el recuerdo entrañable de estos momentos de la vida de Jesús se han convertido en oración. El Via crucis es, para muchos cristianos, un ejercicio piadoso lleno de contenido y de cariño agradecido. Consiste en seguir espiritualmente este mismo trayecto, deteniéndose ante 14 escenas o estaciones para meditar los sufrimientos de Jesucristo y unirse interiormente con Él.

Nuestro propósito es ofrecer un instrumento, no sólo para la oración vocal, sino que pueda ayudar a la meditación personal, a la reflexión sobre el misterio de la redención y sobre todo al diálogo intimo con el Señor. Intenta ser un medio para la oración personal o comunitaria, sobre todo en momentos fuertes en que la Liturgia nos invita a asociarnos a la Pasión del Señor, por ejemplo en los viernes de Cuaresma, o el Viernes Santo.

El Via crucis, que aquí proponemos, no contiene las "estaciones tradicionales", sino las que siguió el Papa Juan Pablo II por primera vez en 1991 en el Via Crucis que cada año se celebra el Viernes Santo en el Coliseo Romano.

Las "estaciones" están tomadas de los relatos evangélicos de la Pasión, y han sido suprimidas las que carecían de referencia bíblica precisa.


¿CÓMO SE REZA EL VÍA CRUCIS? 

Para ayudar a vivir con fruto estos momentos de especial trato con Jesús, en cada una de las estaciones hemos preparado un esquema concreto:

* enunciado de la estación;

* presentación o monición que encuadra la escena;

* texto evangélico correspondiente, con la cita de los lugares paralelos;

* comentario al pasaje de la Escritura;

* oración que pretende tener un tono de súplica.

Cuando rezamos el Vía Crucis, después del enunciado de cada una de las estaciones, se puede decir:

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo


Después se suele rezar un Padrenuestro y un Avemaría.

Finalmente, antes de comenzar la siguiente estación, y para mover nuestro espíritu de penitencia, de reparación, de asociarnos a la redención de Cristo, podemos decir:

V/ Señor pequé.

R/ Ten piedad y misericordia de mi. 


NUESTRA DISPOSICIÓN INICIAL

Vamos a comenzar este rato de oración siguiendo el Via crucis. Acompañamos a Jesús en el camino que recorrió hasta llegar al Calvario. Queremos seguir los pasos del Hijo de Dios que, con su muerte, y su resurrección nos obtuvo la Vida para siempre.

Para poder profundizar y entender la Pasión del Señor, es necesario tener en cuenta estos tres elementos:

* un hecho: "padeció", "sufrió", "murió",

* una finalidad: "por nosotros", "por nuestros pecados", "por nuestra salvación",

* un móvil: "el amor a nosotros", "la obediencia y amor al Padre".

Jesús pasó por el mundo haciendo el bien. Mostró el rostro del amor de Dios a todos los hombres. Toda su vida fue de entrega amorosa, pero quiso rubricarlo de tal forma que no dejara lagar a dadas, y así lo manifestó en los últimos momentos de su vida: "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1), hasta no poder más. Si no hay mayor prueba de amor que "el dar la vida por los amigos" (Jn 15, 13), Él nos ha demostrado que es el mejor amigo: padeció y se entregó por nosotros, por ti y por mi.

Nos disponemos a acompañar a Jesús en su camino hacia el Calvario. Estamos llenos de agradecimiento por su amor a nosotros, y al mismo tiempo nos duele haberle hecho sufrir tanto con nuestros pecados. Con estos sentimientos nos preparamos en unos momentos de silencio y oración.


ORACIÓN PREPARATORIA

Jesús, estamos aquí ante Ti, dispuestos a acompañarte en este camino de amor y sufrimiento redentor. Queremos meditar los acontecimientos que viviste tan intensamente y por amor a nosotros: desde la oración del huerto hasta tu muerte y sepultura. Nuestros pecados han sido la causa de tanto dolor. Por eso, te pedimos perdón y prometemos no ofenderte más.

María, Tú que siempre estuviste cerca de tu Hijo, ayúdanos a "tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús". Tú, que permaneciste fiel al pie de la cruz, muéstranos el camino de la fidelidad. 

(Continua con "Las Estaciones")


FUENTE: EWTN 

ORACIÓN AL DIVINO NIÑO


imagenesreligiosas.net

Divino Niño Jesús, dueño de mi corazón y mi vida,
mi tierno y adorado Niño,
llego hasta Ti lleno de esperanza,
llego a Ti suplicando tu misericordia,
quiero pedirte los abundantes bienes
que derramas sobre tus fieles devotos,
los que tus bracitos abiertos
reparten con amor y generosidad.

Oh Niño amado, bendito Salvador,
quédate siempre conmigo
para separarme del mal
y hacerme semejante a Ti,
haciendo que crezca en sabiduría y gracia
delante de Dios y de los hombres.

¡Oh dulce y pequeño Niño Jesús,
yo te amaré siempre con toda mi alma!
Divino Niño Jesús, bendícenos
Divino Niño Jesús, escúchanos
Divino Niño Jesús, ayúdanos.

Niño amable de mi vida,
consuelo del cristiano,
la gracia que necesito tanto
y que me causa desesperación y agobio,
que hace que sienta intranquilidad en mi vida
pongo en tus benditas manos:

(pedir con mucha fe lo que se desea conseguir).

Padrenuestro que estas en los cielos…

Tú que sabes mis pesares
pues todo te lo confío,
concede la paz a los angustiados
y dale alivio al corazón mío.

Dios te salve María llena eres de gracia…

Y aunque tu amor no merezco,
no recurriré a ti en vano,
pues eres hijo de Dios
y auxilio de los cristianos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo…

Acuérdate oh Niño Santo amado,
que jamás se oyó decir,
que alguno haya implorado ante Ti
sin tu auxilio recibir,
por ello, con sencillez y confianza,
humilde y arrepentido,
lleno de amor y esperanza,
sabiendo los milagros que obras
y lo rápido que concedes remedio,
con ilusión este favor yo te pido:

(repetir lo que se quiere obtener).

Divino Niño Jesús, bendícenos,
Divino Niño Jesús, escúchanos,
Divino Niño Jesús, consuélanos,
Divino Niño Jesús, ayúdanos,
Divino Niño Jesús, protégenos,
Divino Niño Jesús defiéndenos,
Divino Niño Jesús, en ti confiamos.

Así sea.



Rezar el Credo, Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Hacer la oración y los rezos tres días seguidos.

FUENTE: benitezpatricio.wordpress.com

SALVAR UN ALMA POR CADA LATIDO DE VUESTRO CORAZON




SI ME PEDIS SALVAR UN ALMA POR CADA LATIDO DE VUESTRO CORAZÓN OS LO CONCEDO A QUIEN ME LO PIDA.

Como pedir esta gracia.

En el nombre del Padre, del HIjo y del Espiritu Santo. Amen.

Acto de contrición

OH JESUS: …YO OS PIDO ME CONCEDAIS LA GRACIA DE SALVAR UN ALMA POR CADA LATIDO DE MI CORAZÓN UNIDO A LOS LATIDOS DEL VUESTRO Y A LOS DEL CORAZÓN INMACULADO DE VUESTRA SANTÍSIMA MADRE,

OS LO SUPLICO POR VUESTRA PRECIOSA SANGRE Y VUESTRA DIVINA MISERICORDIA-.

(esta gracia es valida por 24 horas. Procure hacerlo todos los dias. mensaje dado a los siervos del divino amor año 1976. acto de consagración al corazón amantismo de Jesús.

JESUS YO DESEO CONSAGRARME A VUESTRO CORAZÓN AMANTISIMO Y ACEPTO DAROS MI VOLUNTAD RECIBIENDO EN CAMBIO LA VUESTRA PARA QUE ASÍ LLEGUE A REINAR MI PADRE CELESTIAL Y QUE EL ESPÍRITU SANTO ME ILUMINE JUNTO CON MI MADRE SANTÍSIMA Y LE SEA YO FIEL EN CADA MOMENTO DE MI VIDA, Y PERSEVERE HASTA MI MUERTE. AMEN.

ORACIÓN POR LOS DIFUNTOS


"Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 Ma 12, 46).


En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos una breve y hermosa enseñanza sobre el Purgatorio:

· Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.


· La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, (por ejemplo, 1 Co 3,15; 1Pe 1,7) habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro.


· Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 Ma 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el Sacrificio Eucarístico (cf DS 856) para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, (cf. Jb 1,5) ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41,5).

*

La oración por las Almas del Purgatorio es una de las más bellas prácticas de la piedad católica.


Como preparación para la Conmemoración de los Fieles Difuntos, “La buhardilla de Jerónimo” invita a los lectores a rezar desde el 4 de agosto hasta el 1º de noviembre, cada día por un grupo determinado de Almas. Día a día iremos publicando la intención que corresponda y todos rezaremos alguna oración por dicha intención. Quien desee descargar el archivo con las 90 intenciones puede hacerlo aquí.

Con nuestros humildes sacrificios y oraciones, podemos ayudar a un gran número de almas en su camino hacia la Patria Eterna. Ellas mismas, a su vez, sabrán cómo ayudarnos a nosotros en esta vida y en la hora de nuestra muerte.

Que bella fiesta! Es como si todos los Santos y Bienaventurados se celebraran en una sola fiesta. De un lado, la Iglesia militante, sobre la tierra, ruega a la Iglesia triunfante del cielo, y por otro lado, ruega por la Iglesia purgante del purgatorio. Y las tres Iglesias son una única Iglesia.


La caridad, más fuerte que la muerte, las une del cielo a la tierra y de la tierra al purgatorio. Y es por el mismo sacrificio que agradecemos a Dios, la gloria con la cual llena los santos del cielo e imploramos la misericordia para los santos del purgatorio, santos todavía no perfectos.

La Iglesia triunfante del cielo, la Iglesia militante de la tierra y la Iglesia purgante del purgatorio, paciente, son sólo una misma Iglesia; que la caridad, más fuerte que la muerte las une del cielo a la tierra y de la tierra al purgatorio. Son como tres partes de una sola y misma procesión de santos, procesión que avanza de la tierra al cielo.


Iglesia de San Pedro – Sevilla – España

Las almas del purgatorio participarán de aquella procesión algún día. Sí, porque todavía no tienen bien blanca la vestimenta para la fiesta, la ropa nupcial todavía tiene manchas, aquellas manchas que sólo el sufrimiento limpia.

Entonces, como los contemporáneos de Noé, aquéllos que hicieron penitencia solamente en el momento del diluvio, fueron encerrados en prisiones subterráneas, hasta que Jesucristo les apareció, anunciándoles la libertad, cuando fue su descenso a los infiernos.

Como los fieles de la Iglesia triunfante, los fieles de la Iglesia militante y los fieles de la Iglesia purgante y paciente, son miembros de un mismo cuerpo – que es Jesucristo – y tanto unos como los otros participan, se interesan, se entristecen por la gloria, por los peligros, por los sufrimientos de unos y de otros, así como los miembros del cuerpo humano. Veamos un ejemplo: el pie está en peligro de salud y sufre dolores: todos los miembros del cuerpo sufren la conmoción. Los ojos lo miran, las manos lo protegen, la voz pide auxilio, para apartar el mal o el peligro. Una vez apartados del mal, se alegran todos los miembros.

Lo mismo ocurre con el cuerpo vivo de la Iglesia universal. Y vemos a los héroes de la Iglesia militante, a los ilustres Macabeos, asistidos por los ángeles de Dios y por los santos de Dios, especialmente por el gran sacerdote Onias y por el profeta Jeremías, rogar y ofrecer sacrificios por esos hermanos que murieron por amor a Dios, pero que tenían uno o varios pecados.

Al día siguiente, después de una victoria, Judas Macabeo y los suyos aparecieron para retirar a los muertos y depositarlos en el sepulcro de sus antepasados y encontraron sobre las túnicas de los que estaban muertos cosas que habían sido consagradas a los ídolos de Jamnia, que la ley prohibía tocar a los judíos. Por esto, fue manifestado a todos que por eso habían sido muertos. Y todos alabaron el justo juicio del Eterno, que descubre lo que esta escondido y le suplicaron que fuese olvidado el pecado cometido.

Judas exhortó al pueblo a que se preservase del pecado, teniendo ante sus ojos y recordando cómo habían sucumbido los que habían pecado. Y, después de haber hecho una colecta, envió a Jerusalén dos mil dracmas de plata, para que fuese ofrecido un sacrificio por los pecados de los muertos, actuando muy bien, pensando que estaba en la resurrección. Pues si no tuviese esperanza que los que habían sucumbido resucitarían un día, sería superfluo y necio rogar por los muertos.

Judas, sin embargo, consideraba que una gran misericordia estaba reservada a los que duermen en la piedad. ¡Santo y piadoso pensamiento! Fue por esto que ofreció un sacrificio de expiación por los difuntos, para que fuesen libres de los pecados.

Estas son las palabras y reflexiones de la Sagrada Escritura, según el texto griego y las mismas, más o menos, en el latino.

Nuestro Señor mismo advirtió, con toda claridad, que hay un purgatorio, cuando nos recomienda en San Mateo y San Lucas: “Conciliaos con vuestros enemigos (a la ley de Dios y la conciencia) en cuanto estés en el camino para ir al príncipe, no sea que este enemigo os entregue al juez, juez y verdugo, y que seas sometido a una prisión. En verdad os digo, de ella no saldréis, mientras no paguéis hasta la última donación".

Según estas palabras, queda claro que hay una prisión de Dios, donde se es arrojado por deudas con su justicia, y donde no se sale – sino cuando todo estuviera pagado.

Nuestro Señor, en San Mateo, también nos dice: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, sin embargo, la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada, ni en este siglo ni en el futuro.” Donde vemos que otros pecados pueden ser perdonados en este siglo y no en el futuro, como el libro de los Macabeos lo dice expresamente, los pecados de aquellos que murieron por la causa de Dios.

Del mismo modo, en el sacrificio de la misa, la Santa Iglesia de Dios recuerda a los santos que reinan con Él en el cielo, con el fin de agradecer por la gloria y encomendarnos a su intercesión. Por otro lado, suplica a Dios que se acuerde de los servidores y servidoras que nos precedieron en el otro mundo con el sello de la fe y les permita permanecer en el refresco de la luz y la paz.


María, Madre de Misericordia, intercede por aquellas almas que esperan la liberación.


Nuestra Señora del Purgatorio – Iglesia de Santa Brígida – Montreal


La creencia del purgatorio y oración por los muertos se encuentra en todos los doctores de la Iglesia, así como en el acta de los mártires, especialmente en las actas de San Perpetuo, escritas por él mismo.

Todos los santos oraron por los muertos. San Odilon, abad de Cluny, en el siglo XI, tenía un celo particular sobre lo que respecta a la restauración de las almas del purgatorio. Fue movido por la compasión, pensando en los sufrimientos de las almas del purgatorio que, adelantándose a la Iglesia, ordenó rezar por las almas, habiendo destinado para ese fin un día especial. Así es como San Odilon alentó tal institución, comenzando por las tierras que simpatizaban con el sacerdocio. (...)

En cuanto al purgatorio, nada se conoce con seguridad. Sin embargo, lo que se lee en las revelaciones de Santa Francisca de Roma, revelaciones que la Iglesia autoriza creer, sin entretanto, ser obligatorias.

En una visión, la santa fue conducida al infierno y al purgatorio, que igualmente está dividido en tres zonas o esferas, una sobre la otra.

Al entrar, Santa Francisca leyó esta inscripción:

Aquí es el purgatorio, lugar de esperanza, donde se hace un intervalo.

La zona inferior es toda de fuego, diferente al infierno, que es negro y tenebroso. Esta zona tiene llamas grandes, muy grandes y rojas. Y las almas allí son iluminadas interiormente por la gracia. Porque conocen la verdad, así como la determinación del tiempo.

Aquellos que tienen pecados graves son enviados a este fuego por los ángeles y se quedan ahí conforme al tamaño de los pecados que cometieron.

La santa dijo que, por cada pecado mortal no expiado, en aquel fuego el alma se quedaría por siete años.

A pesar que en esta zona o esfera inferior las llamas de fuego envuelven todas las almas, atormentan sin embargo a unas más que a otras, según sean más graves o más leves los pecados.

Fuera de ese lugar del purgatorio, a la izquierda, están los demonios que hicieron que aquellas almas cometiesen los pecados que ahora expían. Criticándolas, pero no infligen cualquier otro tipo de tormento.

¡Pobres almas! Las hace sufrir más, mucho más, la visión de esos demonios que el propio fuego que las envuelve. Y, con tal sufrimiento, gritan y lloran, sin que, en este mundo, alguien pueda hacerse esa idea. Lo hacen, entretanto, humildemente, porque saben que lo merecen, que la justicia divina está con razón. Son gritos como que afectuosos y que les traen algún consuelo. No porque sean apartados del fuego. No, la misericordia de Dios, tocada por aquella resignación de las almas que sufren, les lanza una mirada favorable, mirar que les alivia el sufrimiento y les deja entrever la gloria de la bienaventuranza, a donde pasarán.

Santa Francisca Romana vio un ángel glorioso conducir a aquel lugar a un alma que le había sido confiada a su protección y esperarla afuera a la derecha. Y que los sufragios y las buenas obras que los parientes, amigos, o quien sea hacían especialmente por la intención de esa alma, movidos por la caridad, son presentadas por los ángeles de la guarda a la divina majestad. Y los ángeles, comunicando lo que por ellas hacemos, se alivian, alegran y confortan. Los votos y las buenas obras que hacen los amigos, por caridad, especialmente por los amigos del purgatorio, beneficia especialmente a quien los hace, debido a la caridad. Y ganan las almas y ganamos nosotros.

Las oraciones, los sufragios y las limosnas hechas caritativamente por las almas que ya están en la gloria y que ya no las necesitan, se revierten a las almas que todavía están necesitadas, beneficiando a nosotros también.

¿Y los sufragios que se hacen a las almas que se encuentran en el infierno? No aprovechan ni a uno ni a otro – ni a las del infierno, ni a las del purgatorio, únicamente a quien los hace.

La zona o región media del purgatorio está dividida en tres partes: la primera, llena de una nieve excesivamente fría; la segunda, de brea fundida, mezclada con aceite hirviendo; la tercera, de ciertos metales fundidos, como oro y plata, transparentes. Treinta y ocho ángeles reciben allí las almas que no cometieron pecados tan graves como para merecer la región inferior. Las reciben y las transportan de un lugar a otro con gran caridad: no son los ángeles de la guarda, son otros, que para tal efecto, fueron obligados por la divina misericordia.


Santa Francisca Romana

Santa Francisca no habla, o no fue autorizada a decirlo por su superior, sobre la parte más elevada del purgatorio.

En los cielos, los ángeles fieles tienen jerarquía: tres filas y nueve coros. Las almas santas, que se elevan de la tierra, ocupan en los coros y las órdenes que Dios les indica, según sus méritos. Es una fiesta para toda la milicia celestial, pero especialmente para el coro donde el alma deberá regocijarse eternamente en Dios.

Lo que Santa Francisca vio en la bondad de Dios la dejó profundamente impresionada, sin que pudiese hablar de la alegría que había en su corazón. Frecuentemente, en los días de fiesta, sobre todo después de la comunión, cuando meditaba sobre el misterio del día, su espíritu, arrebatado al cielo, veía el mismo misterio celebrado por los ángeles y por los santos.

Todas las visiones que tenía Santa Francisca Romana, las sometió a la Santa Madre Iglesia. Y, por la misma madre – la Iglesia – fue Francisca canonizada, sin que nada censurable se encontrara en las visiones que tuvo.

Nosotros os saludamos, almas que os purificáis en las llamas del purgatorio. Compartimos vuestros dolores, el sufrimiento, principalmente aquel dolor inmenso y torturante de no poder ver a Dios.

¡Ay de nosotros! Sin duda que hay entre vosotros parientes y amigos nuestros: sufrirán, talvez por nuestra culpa. ¿Quién dirá que no les hemos dado, en ésta o aquella ocasión, motivos para pecar? Les falta poco tiempo para ser completamente puras. ¿Qué pasará con nosotros que velamos tan poco por nosotros mismos? Almas santas y sufridoras, ¡que Dios nos libre de nunca olvidaros!

Todos los días, en la misa y en las oraciones, nos acordaremos de todas ustedes. Acordáos, pues, también de nosotros. Acordáos especialmente cuando estuvieres en el cielo. ¡Allá os deseamos ver! ¡Como en el cielo deseamos vernos con ustedes! Así sea.


(Vida de los Santos, Padre Rohrbacher, Volumen XVIII, Pág. 111 a 118 y 129 a 137)


www.padrepatricio.com/

EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES


Oración para rechazar los ataques del demonio. 


Por: Publicado por su Santidad León XIII 

+ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del enemigo. Reprímelo Dios, Te pedimos humildemente, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno a Satanás y a otros espíritus malignos, que andan por el mundo para la perdición de las almas. Amen." (León XIII).

Venid en auxilio de los hombres que Dios ha hecho a su imagen y semejanza, y que ha sido rescatado a tan alto precio de la tiranía del demonio. Sois vos a quien venera la Iglesia como su guardián y protector, a vos ha confiado el Señor las almas redimidas para introducirlas al Cielo. Rogad al Dios de la paz que aplaste a Satanás bajo nuestros pies a fin de despojarle de todo poder y de perjudicar a la Iglesia. Presenta al Altísimo nuestras oraciones para pedir misericordia y vencer a la antigua serpiente para que no pueda seducir a las naciones.



EXORCISMO:

En el nombre de Jesucristo nuestro Dios y Señor, con la intercesión de la Virgen María, de San Miguel, San Pedro y San Pablo y todos los santos, nos proponemos rechazar los ataques del demonio


Salmo 67 (se rezará de pié)

1 Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah

2 Para que sea conocido en la tierra tu camino,
En todas las naciones tu salvación.

3 Te alaben los pueblos, oh Dios;
Todos los pueblos te alaben.

4 Alégrense y gócense las naciones,
Porque juzgarás los pueblos con equidad,
Y pastorearás las naciones en la tierra. Selah

5 Te alaben los pueblos, oh Dios;
Todos los pueblos te alaben.

6 La tierra dará su fruto;
Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.

7 Bendíganos Dios,

Y témanlo todos los términos de la tierra.


Huyan de su presencia los que aborrecen a Dios; desvanézcanse como el humo, como la cera se derrite al fuego, así perezcan los pecadores a la vista de Dios. Ved aquí la Cruz del Señor; huid potestades enemigas. León de la tribu de Judá, el vástago de David ha vencido. Tu misericordia, Señor, es con nosotros conforme a la esperanza que en ti tenemos.

Te exorcizamos Espíritu Inmundo, quienquiera que seas, potencia satánica, legión, reunión o secta diabólica. En el nombre de Jesucristo seas arrojado de la Iglesia de Dios, de las almas rescatadas con su Sangre preciosa. No te atreverás a sacudir y cribar como al trigo a los elegidos de Dios + , te lo manda el Dios altísimo + a quien, en tu grande orgullo, pretendes hacerte semejante. Él, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4). Te lo manda Dios Padre + , te lo manda Dios Hijo +, te lo manda Dios Espíritu Santo + , te lo manda Cristo, el Verbo eterno de Dios que se hizo carne + , el cual para salvarnos se humilló y se hizo obediente hasta la muerte; ha establecido la Iglesia sobre una piedra sólida y ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán jamás sobre ella. Te lo manda la señal de la Cruz + , y la virtud de los misterios de la fe + . Te lo manda la poderosa Madre de Dios + , la cual aplastó por su humildad tu cabeza. Te lo manda la sangre de los mártires y la piadosa intercesión de los Santos y Santas.
Dragón maldito y toda la legión diabólica, te conjuramos por el Dios vivo + , por el Dios verdadero + , por el Dios santo + , por el Dios que ha amado tanto al mundo y a cada uno de nosotros, que nos ha dado su Hijo único,. a fin de que los que crean en él no perezcan sino que tengan la vida eterna. Cesa de engañar a las criaturas humanas y de derramar el veneno de la condenación eterna. Cesa de poner obstáculos a la libertad. Vete maestro de todo engaño, enemigo de la salvación de los hombres.
Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla y huye a la invocación hecha por nosotros del santo nombre de Jesús que hace temblar a los infiernos, al cual alaban las potestades y las dominaciones, y que los querubines y serafines alaban diciendo: Santo, Santo, Santo, es el señor de los ejércitos.

V. Señor escucha nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.

Dios del Cielo, de la tierra, de los Ángeles y Arcángeles, patriarcas, profetas, apóstoles y mártires, Dios de los confesores y de las vírgenes, Dios que das vida después de la muerte, y el descanso después del trabajo, dígnate librarnos de toda malicia de los espíritus infernales, por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

De las asechanzas del demonio, líbranos Señor. Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.

Se rocía con agua bendita el lugar en que se ha rezado.

NOTA: Hay que santiguarse al encontrar la señal de la Cruz +


Publicado con licencia del Ordinario de París.


LAS QUINCE ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA



LAS QUINCE ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA
(versión completa)

Un Año



Las quince gotitas diarias de la Sangre de Jesús que destruirán la dura coraza de tu alma

Los invitamos a que nos acompañen, rezando estas oraciones durante un año completo, se puede comenzar en cualquier día del año. Nos daría mucha alegría saber quienes han comenzado (ya se han comunicado muchas personas ¿y usted no nos acompaña?). El mail está al final. Que Dios los bendiga.

Les pedimos, a los que puedan y que comenzaron rezando otra de las traducciones de la oraciones, que sigan con estas, es válido, lo que no pueden es saltarse ningún día.

A las personas que comienzan, recen las que aquí les presentamos. Sabemos que son largas y que hay que hacer un esfuerzo, pero piensen, ¡cuánto le costó a Jesús salvar vuestras almas? ¿No habrá llegado el momento que se le devuelva la mano?

¿Por qué rezar estas oraciones? Sucedieron cosas, a nosotros, a otras personas también, lo que nos hace pensar que este es el camino que debemos seguir. Nos hemos decidido después de muchos años a publicar testimonios. Comenzaremos por uno de una persona de Málaga ocurridos mientras rezaba las oraciones. 

Santa Brígida recibió dos juegos de oraciones de Nuestro Señor Jesucristo y otro juego de Nuestra Madre la Santísima Inmaculada Virgen María. Uno de los juegos de Nuestro Señor los rezamos durante un año (oraciones que están aquí), mientras que el otro lo rezamos por doce años . De Nuestra Madre recibió la devoción diaria a sus Siete Dolores. Nuestro Señor y la Santísima Virgen prometieron tanto a través de Santa Brígida de Suecia a las almas que recen estas oraciones, que debemos lograr que se vuelvan mucho más conocidas. Para ello les solicitamos que las divulguen entre familiares y amigos.


Frente a este Cristo, Santa Brígida recibió las oraciones.
Hoy se encuentra en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma


Oración

Santa Brígida, te rogamos nos alcances del Señor, la perseverancia diaria para rezar estas oraciones por las Santas Llagas de Jesucristo. Tráenos de su Divina Misericordia el privilegio de meditarlas y su aprovechamiento espiritual. Intercede ante el Señor para que disfrutemos con gozo de las promesas que contienen, por mediación de Nuestra Santísima Madre. Amén.



¿Cómo copiar las oraciones?

Es muy simple, en "Edición" - "seleccionar todo" luego copiar al "Block de Notas", seleccionar todo nuevamente (en el Block de Notas) y copiar al Procesador de Textos (Word, etc.), luego imprima. Si lo prefieren, solicítenos una copia en archivo Word o también la puede bajar del siguiente link:


Para que se cumplan las promesas, se deben rezar las 15 oraciones (las quince oraciones todos los días) durante un año completo. No se debe faltar. Si faltase por alguna vez, se perderán los PRIVILEGIOS (aunque vayan terminando el mes doce, ¿se saltaron un día? ¡No sirve! Tienen tiempo, en caso de olvido, después de las 12:00 de la noche, hasta la madrugada, antes del alba). Se debería empezar de nuevo otra vez rezando las oraciones diariamente por el año entero. Suponiendo que durante el año completo se rezan 5480 oraciones. Se debe rezar con devoción, concentrando en las palabras que se pronuncian. Las oraciones se rezan mentalmente, es decir se van leyendo. Se rezan en forma individual; no son para ser rezadas en comunidad, cada persona las debe rezar por separado.

El papa Pio IX declaró conocimiento de estas oraciones. De esta manera, el Sumo Pontífice admitió la autenticidad de esta plegaria para el bien de las almas; y firmó la aprobación el día 31 de mayo de 1862. 

Esta declaración del Santo Padre Pío IX fue confirmada con actos tangibles y concretos. Las promesas ya se han realizado a favor de todas las personas que han rezado estas oraciones. Además, se han producido numerosos hechos sobrenaturales. Por este medio, Dios se ha dignado dar a conocer la rigurosa veracidad de estas oraciones y promesas.

Los que visitan la Iglesia de San Pablo en Roma todavía pueden contemplar el Crucifijo Milagroso, colocado arriba del Sagrario, se encuentra en la Capilla del Santísimo Sacramento. Este Crucifijo Milagroso fue esculpido por Pierre Cavallini. Es el mismo crucifijo ante cual estuvo arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones del mismo Nuestro Señor.

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes (recordemos que fueron sesenta los verdugos quienes lo azotaron, quienes se iban relevando, Pilato había prometido dejarlo libre después del castigo y los judíos sobornaron a los verdugos para que resultara muerto, pero Jesús no moría y seguían azotándolo y azotándolo, por ello se explica la cantidad de azotes que recibió y se podrán dar cuenta en las condiciones deplorables en que llevó la Cruz). Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)


Nota: Posteriormente se le agregó el Gloria (a la Santísima Trinidad)




LAS PROMESAS 

El Crucificado prometió a Santa Brígida los siguientes privilegios, con la condición de que ella fuera fiel a la diaria recitación del Oficio Divino. Y se garantizaban también a todo aquel que diga las oraciones devotamente cada día por el espacio de un año, las siguientes promesas: 


1.- Cualquiera que recite estas oraciones, obtendrá el grado máximo de perfección. 

2.- Quince días antes de su muerte, tendrá un conocimiento perfecto de todos sus pecados y una contrición profunda de ellos. 

3.- Quince días antes de su muerte le daré mi precioso cuerpo a fin de que escape del hambre eterna; le daré a beber de mi preciosa sangre para que no permanezca sediento eternamente. 

4.- Libraré del purgatorio a 15 miembros de su familia (algunas pueden ser del pasado, otras del presente y también del futuro)

5.- Quince miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia. (lo mismo)

6.- Quince miembros de su familia se convertirán. (lo mismo)

7.- Cualquiera que haya vivido en estado de pecado mortal por 30 años, pero si recita o tiene la intención de recitar estas oraciones devotamente, Yo, el Señor le perdonaré todos sus pecados. (Esos porfiados que no quieren confesarse, después van casi corriendo al sacramento del perdón de los pecados ante un sacerdote).

8.- Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y está por morir (sin que la persona tenga el conocimiento que está por morir próximamente), prolongaré su existencia para que se confiese bien (confesión de vida)

9.- Obtendrá todo lo que pida a Dios y a la Santísima Virgen. 

10.- En cualquier parte donde esté diciendo las oraciones, o donde se digan, Dios estará presente con su gracia.

11.- Todo aquel que enseñe estas oraciones a los demás, ganará incalculables méritos y su gloria será mayor en el Cielo. 

12.- Por cada vez que se reciten estas oraciones, se ganarán 100 días de indulgencia. 

13.- Será liberado de la muerte eterna. (no se condenará)

14.- Goza de la promesa de que será contado entre los bienaventurados del cielo. 

15.- Lo defenderé contra las tentaciones del mal. 

16.- Preservaré y guardaré sus cinco sentidos. 

17.- Lo preservaré de una muerte repentina. 

18.- Yo colocaré mi cruz victoriosa ante él para que venza a sus enemigos. (Satanás y sus huestes)

19.- Antes de su muerte vendré con mi amada Madre, la Santísima Virgen Inmaculada. 

20.- Lo recibiré muy complacido y lo conduciré a los gozos eternos. Y habiéndolo llevado allí, le daré de beber de la fuente de mi divinidad ; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis oraciones.

21.- Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santo Ángeles.



ALGO IMPORTANTE ANTES DE COMENZAR

Les aconsejamos que soliciten ayuda a vuestros parientes que se encuentran en el purgatorio, pues ellos están muy interesados en que ustedes perseveren. Deben saber que el demonio estará siempre tratando de que fracasen. Cuidado con dejarlo para la noche, cuidado con la noche, a veces es imposible por los acontecimientos del día, pero traten de evitarlo todas las veces que puedan. Nos sucedió varias veces, sentados y vestidos pero ya muy entrada la noche, nos quedábamos dormidos en cada Avemaría, despertábamos y en la siguiente oración; lo mismo: tardamos tres veces el tiempo acostumbrado. En otras ocasiones, nos ayudó bastante cuando por el cansancio del día y por haberlo dejado para la noche, al sentir venir el sueño, con el dedo pulgar hacer la señal de la cruz, adelante, izquierda y derecha (en nuestra frente), se quita el sueños por algunos minutos pero luego vuelve. Esto hay que repetirlo sin dejar de rezar las oraciones, toda vez que se necesite.

No se desesperen si en ocasiones, mientras las rezan, se notan que están muy distraídos, sigan y terminen igual. Es válida.

Pero queremos contarles que al final lo logramos. ¡Ustedes también pueden!




ORACIONES

Para empezar, invoquemos al Dulce Huésped de nuestras almas. 


Señal de la Cruz.

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego eterno de tu amor. Envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.


Oremos:

Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre y gocemos de la dulzura del bien de sus divinos consuelos. Por Cristo nuestro Señor. Así sea.

Un Credo al Sagrado Corazón de Jesús, haciendo un acto de Fe.




PRIMERA ORACIÓN 

¡Oh Jesús mío! ¡Oh eterna dulzura para los que te amamos! ¡Oh gozo supremo que supera todo gozo y deseo! ¡Oh salvación y esperanza nuestra! Infinitas pruebas nos has dado de que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; y fue este sublime deseo, ¡Oh bendito amor! El que te llevó a asumir la naturaleza humana. ¡Oh Verbo Encarnado!, recuerda aquella Santa Pasión que abrazaste por nosotros, para cumplir con el divino plan de reconciliación de Dios con su criatura. Recuerda Señor tu última cena, cuando rodeado de tus discípulos, y después de haberles lavado los pies, les diste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también cuando tuviste que consolarlos al anunciarles tu ya próxima Pasión. 

Fue en el huerto de los Olivos, ¡Oh Señor!, donde se escenificaron los peores momentos de tu Sagrada Pasión: porque fuiste invadido por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, y que te llevaron a exclamar todo lleno de horror y de angustia: "¡Mi alma está triste hasta la muerte!"... Tres horas duró tu agonía en aquel jardín; y todo el miedo, angustia y dolor que padeciste allí, ¡fueron tan grandes!, que te causó sudar sangre copiosamente. Aquello escapaba a toda descripción, hasta tal punto que sufriste más allí que en el resto de tu Pasión, porque ante tus divinos ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes, y los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la tierra, y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros!, ¡hasta la consumación de los tiempos! 

Pero, ¡Oh amor que todo lo vence! A pesar de tu temor humano, así contestaste a tu Padre: "¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!" E inmediatamente, tu Padre envió aquel precioso Ángel para confortarte... Tres veces oraste, y al final llegó tu discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto te dolió aquello! 

Fuiste arrestado por el pueblo de aquella nación que Tú mismo habías escogido y exaltado. Tres jueces te juzgaron, falsos testigos te acusaron, cometiendo el acto más injusto de la historia de la humanidad, ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor! ¡A aquél que venía a regalarnos la vida eterna! 

Y te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos... e inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearte, y llenarte de salivazos, y golpes llovieron contra tu delicado cuerpo. Y te retaban a que les dijeras quién era el que te lo hacía. De repente, aquella corona de espinas te la incrustaron mutilando tu cabeza de mala manera; ¡rompiendo carne, venas y nervios! Para contemplar la mofa a tu condición de Rey, te dieron un cetro: una vulgar caña que colocaron en tus sagradas manos. 

¡Oh sublime enamorado de nuestras almas!, recuerda también cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flageló aquella gente!... No quedó lugar alguno en tu maravilloso cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes... La escena era terrible: ¡huesos y costillas podían verse! ¡Cuánta furia desatada contra el Hombre-Dios! 

Oh Jesús mío, en memoria de aquellos crueles tormentos que padeciste por nosotros antes de la crucifixión, concédenos antes de morir un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados, que podamos satisfacer por ellos, que hagamos una santa confesión, te recibamos en la Santísima Eucaristía, y así, alimentada nuestra alma, podamos volar hacia Ti. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 




SEGUNDA ORACIÓN

¡Oh salud y alimento de mi alma, libertad verdadera de ángeles y santos!, ¡Paraíso de delicias! Recuerda el horror y la tristeza que sufriste camino al lugar donde te aguardaba una cruz, cuatro clavos y los verdugos cuando toda aquella turba se apretujaba a tu paso, y te golpeaba e insultaba impunemente, haciéndote víctima de las más espantosas crueldades. Pero más te dolía la ingratitud de ellos, que los golpes que te infligían, pues era precisamente por ellos y por todo el género humano, que llevabas aquella Cruz sobre tus hombros destrozados. 

Por todos aquellos tormentos y ultrajes, y por las blasfemias proferidas en contra de Ti, te rogamos, ¡Oh dueño de nuestra alma! que nos libres de nuestros enemigos, visibles e invisibles, y que bajo tu protección logremos tal perfección y santidad, que merezcamos entrar contigo en tu Reino. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 




TERCERA ORACIÓN

¡Oh dueño de nuestra existencia! Tú que siendo el Creador del Universo, del Cielo y de la Tierra, de ángeles y hombres, a quien nada puede abarcar ni limitar y que todo lo envuelves y sostienes con tu amoroso poder, sin embargo, te dejaste matar por tu obra maestra, el hombre, para justificarlo ante Ti mismo. 

Recuerda cada dolor sufrido, cada tormento soportado por nuestro amor, cuando los judíos con enormes clavos taladraron tus sagradas manos y pies. ¡Que espantosa escena se produjo cuando con indescriptible crueldad, tu cuerpo tuvo que ser estirado sobre la Cruz para que tus manos y pies llegaran hasta los agujeros previamente abiertos en el madero! ¡Con cuánta furia agrandaron aquellas heridas! ¡Cómo agregaron dolor al dolor, cuando tuvieron que estirar tus sagrados miembros violentamente en todas direcciones! ¡Oh Varón de dolores! 

Recuerda cuando tus músculos y tendones eran estirados sin misericordia, y tus venas se rompían, y tu piel virginal se desgarraba horriblemente, y tus huesos eran dislocados. 

¡Oh Cordero Divino! en memoria de todo lo ocurrido en la colina del Gólgota, te rogamos nos concedas la gracia de amarte y honrarte cada día más y más. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 




CUARTA ORACIÓN

¡Oh divino mártir de amor! ¡Oh médico celestial que te dejaste suspender en la Cruz para que por tus heridas las nuestras fueron curadas! Recuerda cada una de aquellas heridas y la tremenda debilidad de tus miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que jamás ha habido dolor semejante al tuyo. Desde la cabeza a los pies eras todo llaga, todo dolor, todo sufrías; eras una masa rota y sanguinolenta, y aún así llegaste, para sorpresa de tus verdugos, a suplicar a tu Padre, eterno perdón para ellos diciéndole: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen! 

¡Oh Cristo bendito! En memoria de esta gran misericordia que tuviste, que muy bien pudiste lanzar a todo aquel mundo malvado a los abismos infernales con un solo acto de tu poderosa voluntad, por aquella tan grande misericordia que superó a tu justicia divina, concédenos una contrición perfecta y la remisión total de nuestros pecados, desde el primero hasta el último, y que jamás volvamos a ofenderte. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 




QUINTA ORACIÓN

¡Oh Jesús, Oh esplendor de la eternidad! Recuerda cuando contemplaste en la Luz de tu Divinidad, las almas de los predestinados que serían rescatados por los méritos de tu Sagrada Pasión, también viste aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto te quejaste por ellos! Te compadeciste, oh buen Jesús, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con tu sangre, ni se alimentarían con tu Carne Eucarística. 

Por tu infinita compasión y piedad, y acordándote de tu promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso, ¡Oh salud y alimento de nuestra alma! muéstranos esta misma misericordia en la hora de nuestra muerte. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)





SEXTA ORACIÓN

¡Oh Rey muy amado y deseado por mi corazón ¡ acordaos del dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común y corriente, fuiste clavado y elevado en la Cruz. Cómo te dolió el ver que tus familiares y amigos desertaran. Pero allí estaba tu muy amada Madre y tu discípulo Juan, que permanecieron contigo hasta tu último suspiro. No importando que su naturaleza humana, desmayando estaba, y para colmo de tu inmenso amor por nosotros, nos hiciste aquel precioso regalo: ¡nos diste a María como Madre! ¡Cuánto te debemos Salvador nuestro, por este sublime regalo! Sólo tuviste que decir a María: “¡Mujer, he aquí a tu hijo!” y a Juan: “!He aquí a tu Madre!” 

¡Te suplicamos, oh Rey de la Gloria! por la espada de dolor que entonces atravesó el alma de tu Santísima e Inmaculada Madre, que te compadezcas de nosotros en todas nuestras aflicciones y tribulaciones tanto corporal como espiritual, y que nos asistas en cada prueba, especialmente en la hora de nuestra muerte. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 





SÉPTIMA ORACIÓN

¡Oh Rey de Reyes! ¡Fuente de compasión que jamás se agota! Recuerda cuando sentiste aquella tremenda sed por las almas y que te llevó a exclamar desde la Cruz: "¡Tengo Sed!" Sí, no solamente tenías sed física, sino sed insaciable por la salvación de la raza humana. 

Por este gesto de amor por nosotros, te rogamos, oh prisionero de nuestro amor, que inflames nuestros corazones con el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos nuestros actos, que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos. 

Así sea 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 





OCTAVA ORACIÓN

¡Oh constante dulzura nuestra! ¡Oh deleite diario de nuestro espíritu! Por el sabor tan amargo de aquella hiel y vinagre que te dieron a probar en lugar de agua, para aplacar tu sed física, te suplicamos que aplaques nuestra sed por tu vivificadora sangre, y nuestra hambre por tu Redentora Carne, ahora y siempre, y que no nos falte en la hora de nuestra muerte. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)





NOVENA ORACIÓN

¡Oh Jesús, Virtud Real y gozo del alma! Acuérdate del dolor que sentiste, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte. Insultado y ultrajado por tus verdugos, clamaste en alta voz que habías sido abandonado por Tu Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿Porqué me has abandonado?” Por aquella angustia que padeciste en aquellos momentos finales de tu Pasión, te rogamos oh nuestro Salvador que no nos abandones en los terrores y dolores de nuestra muerte. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 





DÉCIMA ORACIÓN

¡Oh Jesús, que eres principio y fin de todo lo creado , Virtud, Luz y Verdad! Acuérdate que por causa nuestra fuiste sumergido en un abismo de penas; sufriendo dolor en todo tu Santísimo Cuerpo: En consideración a la enormidad de tanta llaga que te hicimos los hombres; enséñanos a guardar por puro amor a Ti, todos tus Mandamientos; cuyo camino de Tu Ley Divina es amplio y agradable, para aquellos que te aman. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 






UNDÉCIMA ORACIÓN

¡Oh Jesús mío!, abismo insondable de misericordia, te rogamos en memoria de tus heridas, las cuales penetraron hasta la médula de tus huesos y hasta lo más profundo de tu ser, ¡que nos apartes para siempre del pecado! ¡que no te ofendamos más! Reconocemos con bochorno que somos unos miserables pecadores y que te hemos ofendido ¡tantas veces! Que tememos que tu divina justicia nos condene. 

No obstante, acudimos presurosos a tu misericordia infinita, para que nos escondas urgentemente en tus preciosas LLagas, y así, ocultados de tu indignado Rostro, pueda tu amante Corazón una vez más, lavar nuestras culpas con tu Sangre liberadora. De esa forma Redentor nuestro, tu enojo e indignación cesarán de inmediato. ¡Gracias Señor! 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)





DUODÉCIMA ORACIÓN

¡Oh Jesús, eterna verdad, símbolo de la perfecta caridad y de la unidad! Te suplicamos que te acuerdes de aquella multitud de laceraciones, de aquellas horribles heridas que te hicimos la humanidad pecadora que querías salvar. Estabas hecho un guiñapo humano, enrojecido por tu propia sangre. ¡Que inmenso e intenso dolor padeciste en tu Carne Virginal por amor a nosotros! ¡Oh dulzura infinita!, ¿qué pudiste hacer, que ya no hayas hecho por nosotros? Nada falta. Todo lo has cumplido 

Ayúdanos, Oh Señor, a tener siempre presente ante los ojos de nuestro espíritu, un fiel recuerdo de tu Pasión, para que el fruto de tus sufrimientos se vea continuamente renovados en nuestra alma, y para que tu amor se agrande en cada momento más y más en nuestro corazón, hasta que llegue aquel feliz día en que te veamos en el cielo, y ser uno contigo, que eres el tesoro y suma total de todo gozo y bondad. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 





DÉCIMA TERCERA ORACIÓN

¡Oh dulce consuelo de nuestra alma, maravilloso liberador, Rey inmortal e invencible! Recuerda cuando inclinando tu adorable cabeza, toda desfigurada por los golpes, la sangre y el polvo del camino, exclamaste: "Todo está consumado"... Toda tu fuerza mental y física se agotaron completamente. 

Por este Gran Sacrificio y por las angustias y tormentos que padeciste antes de morir, te rogamos, oh buen Jesús, que tengas misericordia de nosotros en la hora de nuestra muerte, cuando nuestra mente esté tremendamente perturbada; y nuestra alma sumergida en inquietudes y angustias. Que no temamos nada, que te tengamos a Ti a nuestro lado y dentro de nuestro ser.

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 





DÉCIMA CUARTA ORACIÓN

¡Oh doliente Jesús, oh incomprensible Segunda Persona de la Trinidad, esplendor y figura de su esencia! Recuerda cuando con gran voz entregaste tu alma a Tu Padre Celestial diciéndole: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" Tu cuerpo estaba despedazado, y tu corazón destrozado, pero tus entrañas de misericordia quedaron abiertas para redimirlos! Así expiraste , oh amor infinito... 

Por tu Dolorosa Muerte; te suplicamos, Oh Rey de Santos y Arcángeles, que nos confortes y nos ayudes a resistir al mundo con sus errores, a Satanás con sus pérfidas, y a la carne con sus vicios, para que así, muertos a los enemigos de nuestras almas, vivamos solamente para Ti. Por eso te rogamos, Oh Dulce Redentor y Salvador, que a la hora de nuestra muerte recibas nuestras pobres almas desterradas que regresan a Ti. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria) 




DÉCIMA QUINTA ORACIÓN

¡Oh vencedor de la muerte! ¡Vid verdadera y fructífera! Recuerda a aquel torrente de sangre que brotó de cada parte de tu Bendito Cuerpo, igual que la uva exprimida en el lagar.

Desde el lugar de la flagelación y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella vía dolorosa, hasta la colina sagrada, tu Sangre derramada escribía las bellas páginas de la historia del Corazón que más nos ama...¡El tuyo! Recuerda como la tierra agradecida, pero a la vez espantada, recibía tu preciosa Sangre. toda la naturaleza; de horror temblaba y los Cielos se estremecían, los Ángeles y hasta los demonios se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría! ¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer Viernes Santo, oh Jesús ¡Abrías el cielo para la humanidad pecadora!

Por tres largas horas tu Cuerpo colgó de la Cruz. Presentabas un aspecto doliente, triste, todo lleno de dolor, Tu Sangre aún manando, recorriendo aquella que ya se había secado, que ya había coagulado. Y a todo esto se adhirió el polvo y la tierra del camino....

Qué tristeza y dolor padecieron María y Juan al contemplar tus cabellos y barbas que ahora daban la impresión que estaban compuestos de alambres, llenos de Sangre y de tierra. Tus oídos y nariz tupidos estaban de sangre. ¡Hasta tus ojos y boca sangraban! En verdad que todos tus sentidos fueron atrozmente atormentados.

Así inclinaste la cabeza y entregaste tu Espíritu.... Entonces vino Longinos y perforó Tu costado, con tanta violencia, que la punta de la lanza casi sale por el otro costado. Tu corazón te lo desgarraron, oh Jesús, ese Corazón que ¡tanto nos ama! Y de allí brotó Sangre y Agua, hasta no quedar en Tu Cuerpo Gota alguna. Tu cuerpo era cual bulto colgado, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz, la muy fina y delicada Carne tuya fue destrozada; la Sustancia de tu Cuerpo fue marchitada, y disecada la Médula de tus huesos. Es entonces que el Sol y las estrellas negaron su luz, hubo terremotos y la naturaleza y los elementos dieron amplio testimonio de que Aquel que negaron ¡era el Hijo de Dios!

Por esta amarga Pasión, y por la Efusión de Tu divina Sangre, te suplicamos oh dulcísimo Jesús, que recibas nuestra alma, cuando estemos sufriendo en la agonía de nuestra muerte. 

Oh maravillosa realidad, escándalo para los infieles, ¡gozo indescriptible para los que te amamos! Ese tu infinito sacrificio pagó el rescate, y al resucitar y ascender gloriosamente al Cielo, ¡dejaste bien abiertas las puertas para aquellos que quisieran seguirte! Oh Señor, por tu amarga Pasión y preciosa sangre, te rogamos traspases nuestros corazones, para que nuestras lágrimas de amor, adoración y penitencia, sean nuestro alimento noche y día. Haz que nos convirtamos totalmente a Ti, que nuestros corazones sean tu perpetuo lugar de reposo; que nuestras conversaciones te sean siempre agradable; y que al final de nuestra vida merezcamos que graves, oh Dios de amor, el Sello de Tu Divinidad en nuestra alma, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo, te vean bien reproducido en nosotros, y poder así ser contados entre tus Santos para que te alabemos para siempre por toda la eternidad. 

Así sea. 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)




ORACIÓN FINAL

¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.



Sea por siempre, Bendito y Alabado Jesús, que con su Sangre nos redimió (tres veces)



Hermanos en Cristo:

Hay un momento en la Pasión muy desconocido y muy penoso para Jesús, los invitamos a reflexionar sobre esto y cuando puedan recen un Padrenuestro acompañando a Cristo en ese momento tan triste. Esto no debe ser incluido en el rezo diario de las oraciones pues no pertenece a ellas.

Cuando Jesús llega al Gólgota, a las 11:45 hrs, está tan pálido, tan destrozado, tan ensangrentado, que da pena verlo. Lo tiran al suelo y se burla de Él, diciéndole "Rey de los Judíos, deja que construyamos tu trono", pero Él mismo se coloca en la cruz donde le tomarán las medidas para los soportes de pies y manos. Luego de esto lo conducen unos setenta pasos al norte, a un especie de hoyo en la roca, lo tiran allí y Jesús gime de dolor por la caída. Lo dejan en ese lugar por bastante tiempo, mientras se hacen los preparativos para la crucifixión. Es ahí, es ese momento desolador, en el hoyo de la roca, donde les pedimos que lo acompañen con sus oraciones.



Recomendaciones:

1.- Rezar antes del atardecer, si lo dejas para más tarde, luego puedes estar muy cansado por las tareas del día y es fácil que te olvides de rezar o te quedes dormido.

2.- El rezo de las oraciones insume unos veinticinco minutos, cuanto más compenetrado espiritualmente, menos tiempo lleva.

3.- Se rezan las quince oraciones cada día, no una oración cada día.

4.- En caso de enfermedad grave, puede rezarla otra persona al lado de la cama y el enfermo deberá ir repitiendo mentalmente. Solamente mientras se encuentre gravemente enfermo.

5.- Se reza ante un Crucifijo, en su defecto frente a una estampa de Jesús o con la mente puesta en su Divino Rostro y en sus Santas Llagas.



FUENTE: oracionesydevocionescatolicas.com/


LAS TRES ORACIONES


Jesús ha recomendado a Vassula que recemos diariamente las siguientes oraciones:


NOVENA DE CONFIANZA AL SAGRADO CORAZON DE JESUS

Oh Señor Jesucristo, yo confío esta intención a tu Sacratísimo Corazón:

(Indicar la petición)

Mírame solamente Jesús, y luego haz que Tu Sacratísimo Corazón te inspire. Que tu Sagrado Corazón decida. ¡Yo cuento con Él! ¡Yo confío en él! ¡Yo me entrego a Su Misericordia! Señor Jesús, Tu no me defraudarás. Sagrado Corazón de Jesús, yo confío en Tí. Sagrado Corazón de Jesús, yo creo en Tu Amor por mí. Sagrado Corazón de Jesús, que venga tu reino. ¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús, yo te he pedido muchas gracias, pero imploro ardientemente esta. Tómala, ponla en Tu Sagrado Corazón. Cuando El Padre Eterno la vea, cubierta con Tu Preciosa Sangre, no la rechazará. Ya no será mi plegaria, sino la tuya, oh Jesús. Oh Sagrado Corazón de Jesús, yo pongo mi confianza en Tí. Que jamás sea confundido. Amén.




INVOCACIÓN A SAN MIGUEL ARCANGEL

San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate; sé nuestro auxilio contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y Tú, Príncipe de la milicia Celestial, lanza al infierno con el divino Poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

María, Reina de los ángeles - ¡Ruega por nosotros!




ACORDAOS
(De San Bernardo)

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esa confianza a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, oh Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.



FUENTE: tlig.org/

ORACION POR LOS MILLONES DE NIÑOS ABORTADOS







ORACIÓN UNIVERSAL DEL PAPA CLEMENTE XI


Creo, Señor, pero afirma mi fe; espero en Ti, pero asegura mi esperanza; te amo, pero inflama mi amor; me arrepiento, pero aumenta mi arrepentimiento.

Te adoro como primer principio; te deseo como mi fin último; te alabo como mi bienhechor perpetuo; te invoco como mi defensor propicio.

Dirígeme con tu sabiduría, conténme con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme con tu poder.

Te ofrezco, Dios mío, mis pensamientos para pensar en Ti, mis palabras para hablar de Ti, mis obras para actuar según tu voluntad, mis sufrimientos para padecerlos por Ti.

Quiero lo que tú quieres, porque tú lo quieres, como tú lo quieres, y en tanto tú lo quieras.

No me inficione la soberbia, no me altere la adulación, no me engañe el mundo, no me atrape en sus redes el demonio.

Concédeme la gracia de depurar la memoria, de refrenar la lengua, de recoger la vista, y mortificar los sentidos.

Te ruego, Señor, ilumina mi entendimiento, inflama mi voluntad, purifica mi corazón, santifica mi alma.

Que llore las iniquidades pasadas, rechace las tentaciones futuras, corrija las inclinaciones viciosas, cultive las virtudes necesarias.

Concédeme, oh buen Dios, amor a Ti, odio a mí, celo del prójimo, desprecio del mundo.

Que procure obedecer a los superiores, asistir a mis inferiores, favorecer a mis amigos, perdonar a mis enemigos.

Que venza la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la generosidad, la ira con la mansedumbre, la tibieza con la devoción.

Hazme prudente en las determinaciones, constante en los peligros, paciente en las adversidades, humilde en la prosperidad.

Haz, Señor, que sea en la oración fervoroso, en las comidas sobrio, en mis deberes diligente, en los propósitos constante.

Que me aplique a alcanzar la inocencia interior, la modestia exterior, una conversación edificante, una conducta regular.

Que me esfuerce por someter mi naturaleza, secundar a la gracia, observar tu ley y merecer la salvación.

Dame a conocer cuán frágil es lo terreno, cuán grande lo celestial y divino, cuán breve lo temporal, cuán perdurable lo eterno.

Haz que me prepare para la muerte, que tema el juicio, que evite el infierno y que obtenga el paraíso.


Por Cristo Nuestro Señor. Amén.


Clemente XI
(Papa nº 243 de la Iglesia católica

* Oración recomendada para después de comulgar, pero no limitada para ese momento.


FUENTE: catolicidad.com


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís