FRASES PARA SACERDOTES

Durante las tres horas de desgarradora agonía, Yo permanecí con Juan y las piadosas mujeres, bajo la Cruz y juntos fuimos bañados por su Preciosa Sangre.

¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE?




¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE? Este video cuenta con fragmentos del hermoso escrito del poeta argentino Hugo Wast: “Cuando se piensa”. ¿Cuál sería tu respuesta?

Cuando se piensa que ni ... puede hacer lo que un sacerdote.

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VIDEO - CARTA A LOS MALOS SACERDOTES







Santa Catalina de Siena
Sobre los Sacerdotes..


Carta al cura Biringhieri Arzochi (A un sacerdote poco ejemplar)

"Sed aquella flor perfumada que debéis ser; esparcid el buen olor (2 Cor 2,15) en la dulce presencia de Dios. Sabéis que la flor, conservada durante mucho tiempo en el agua, no exhala perfume, sino hedor. A mi me parece, padre, que vos y los demás sacerdotes debéis ser así una flor. Pero también esa flor, inmersa en las aguas inicuas y putrefactas de los pecados y miserias del mundo, no exhala perfume, sino hedor. ¡Oh!, cómo es miserable e infeliz quien es puesto en la santa Iglesia como flor, responsable por los sus súbditos! Vosotros sabéis que Dios os quiere límpidos e puros. Infeliz de mi, infeliz de mi, venerable padre! Es lo contrario que acontece. Se comportan de tal manera, que no apenas son fétidos, sino que también arruinan a todos aquellos que se les aproximan.

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Acordaos y no continuéis durmiendo! Ya dormimos bastante, muertos para la gracia. No nos queda más tiempo, sonó la hora de la sentencia, estamos condenados a la muerte."
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El Diálogo - Palabras del Padre Eterno dictadas por la santa en momento mismo de los éxtasis.

"Vuelvo a hablar nuevamente de los clérigos y ministros de la Iglesia. Quiero lamentarme contigo sobre otros defectos, de los cuales aún no hable. Son aquellos vicios, que una vez te mostré en la figura de columnas: la impureza, el orgullo y la ganancia. Con ellos, venden hasta la gracia del Espíritu Santo! Son vicios interdependientes y tiene una base común, el egoísmo. Tais columnas, en cuanto permanecen de pié, sin ser derrumbadas por las virtudes, hacen a la persona obstinada en los demás pecados. Como dije antes, todos los pecados nacen del egoísmo; el más grave es el orgullo, que destruye la caridad. El orgullo conduce aún a la persona a la impureza y a la lucro. Son esos los tres lazos que ligan a los ministros malos al demonio."


La impureza

"Hija querida! Ya traté un poco sobre la manera como los clérigos manchan el cuerpo y el Espíritu en la impureza. Para que conozcas mejor mi Misericordia y sientas mayor compasión por esos infelices, quiero acrecentar cuanto sigue.
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Hay ministros tan endemoniados que, además de no respetar la eucaristía y despreciar la dignidad que les di, fuera de si se apasionan por determinada persona, y, no consiguiendo realizar sus deseos, recurren a la magia. Usan entonces el alimento de la eucaristía como instrumento para concretizar sus pensamientos deshonestos y malas intenciones.
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Relativamente a los fieles, que deberían pastorear y alimentar cuanto al cuerpo y cuanto al alma, solo los atormentan de diversos modos. Mas no voy a ocuparme de eso; no quiero que sufras en demasía. Como te mostraré en una visión, los fieles son abandonados a caminar sin rumbo, desorientados, haciendo lo que no quieren. Si intentan resistir, sufren terriblemente en la propia carne. Pues bien, ¿cuál es la causa de todo eso y de otros males que conoces y que no es necesario recordar, sino la vida deshonesta de los clérigos? ¡Oh Hija querida! atraen barro a mi carne que fue elevada sobre los ángeles por la unión en Cristo de la naturaleza humana con la divina!.
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Oh hombre abominable e infeliz! No hombre, sino animal, que entregas a las meretrices tu cuerpo, por mí ungido y consagrado, y que haces cosas aún peores! En el madero de la cruz, mi Hijo, sufriendo, curo la herida de Adán heredada por ti y por todos los hombres. Con su sangre, El medicó pecados impuros y deshonestos!.
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El buen Pastor lavo las ovejas en su sangre y tu manchas las ovejas que son tan puras, haces todo para tirarlas al barro. Deberías ser un espejo de honestidad y eres un espejo de impureza. Haces justamente lo contrario de aquello que realizó mi Hijo, pues orienta para el mal a sus miembros. Permití que los ojos de Cristo fuesen vendados para iluminar los tuyos, y tu, con miradas impuras, atraes flechas envenenadas contra tu propia alma y contra el corazón de las personas a quienes miras. Deje que El bebiese hiel y vinagre y tu, cual animal desorientado, saboreas alimentos delicados, tratando al estómago como a un "Dios". Sobre tu lengua pasan palabras deshonestas y vacías, cuando- por medio de ella- debías alertar al prójimo, anunciar mi palabra y recitar el Oficio Divino con los labios y el corazón; te veo jurar e imprecar como un desequilibrado, hasta blasfemando contra mi; permití que las manos de mi Hijo fuesen clavadas para libertarte, a ti y a todos los hombres, de los lazos del pecado; y tu usas las manos ungidas y consagradas en vista de la distribución de la Eucaristía, para toques indecorosos; todas las acciones, en las cuales usas las manos, están corrompidas y orientadas para el mal! ¡Oh infeliz! Y decir que te puse en tan alta dignidad para servirme a mi y a la humanidad! Fueron los pies de Cristo transpasados por los clavos, de ellos haciendo yo un peldaño para que llegases a contemplar los secretos de su Corazón. Transformé su Corazón en una despensa, donde todos podéis experimentar el amor inefable que os dedico; allí encontrarás la sangre, por ti derramada como purificación de los pecados, mas tu haces de tu corazón un templo para el diablo. Tu afectividad, simbolizada nos pies, sólo me ofrece maldad, una vez que te conducen únicamente a lugares de pecado.
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Así: me ofendes con todo el cuerpo. Haces exactamente lo contrario de lo que hizo Jesús, bien en aquel punto en que tu y los demás hombres deberían imitarlo. La semejanza de instrumentos musicales, tus sentidos emiten sonidos desafinados, una vez que as tres facultades del alma se "reunieron" en torno del demonio, en vez de hacerlo en mi ser. Tu memoria debería estar llena con el recuerdo de mis favores, entre tanto sólo contienen deshonestidades y muchos otros males; cuanto a la inteligencia, era tu deber fijarla mediante la fe en Cristo crucificado, de quien eres ministro, mas vanidosamente le diste por objeto los placeres, buscando altas posiciones sociales, la riqueza mundana; tu voluntad tendría que reposar directamente en mi, pero tu preferiste amar a las criaturas y tu propio cuerpo".
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Visión de Catalina sobre la impureza
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Virtudes sacerdotales

"Hija querida, dije tais cosas para que comprendas mejor la dignidad de mis ministros y llores con más amargura sus pecados. Si los ministros meditasen sobre a propia dignidad, no vivirían en pecado mortal, no mancharían su alma. Si ellos no me ofendiesen, si no pecasen contra la propia dignidad, si no entregasen hasta el cuerpo para ser quemado, inclusive así no me agradecerían suficientemente por el don que recibieron. En este mundo es imposible una dignidad mayor. Son mis ungidos, mis cristos, puestos por mi en la función de ministros, flores perfumade las En la jerarquía de la santa Iglesia. Ni los ángeles poseen dignidad igual a esta concedida a los hombres, en la persona de los sacerdotes.
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Los coloqué como ángeles en la tierra, y como tales deben vivir. De todos os hombres exijo pureza e amor; todos deben amar-me e amar o próximo; todos deben socorrer al hermano en aquello que les fuere posible con oraciones y obras de caridad, así como ya dije en otro lugar, al tratar de ese asunto. Pero de mis ministros pido pureza mayor, mayor amor por mi y por los hombres. Que distribuyan el Cuerpo y Sangre de mi Hijo con gran deseo de la salvación de la humanidad, para gloria de mi nombre. De la misma forma como ellos quieren limpio el cáliz usado en el Sacrificio eucarístico, también yo quiero que sean puros sus corazones, sus almas, sus pensamientos. Igualmente sus cuerpos - instrumentos del alma - han de ser poseídos en perfecta pureza. No quiero que se envuelvan en a lama de la lujuria, ni que se muestren inflados de orgullo en la procura de cargos prelatícios o llenos de rencor por si inclusives y por los otros. La insatisfacción personal acostumbra a manifestarse sobre los otros; cuando impacientes, los ministros terminaran dando malos ejemplos, no se preocuparan en librar os hombres das manos del demonio, no se dedicaran con esfuerzo al ministerio del Cuerpo y Sangre de mi Hijo, en la distribución de la luz de la eucaristía en la forma explicada.
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Hija querida, comprendes cuanto o pecado contra la naturaleza me desagrada en cualquier persona; mas entenderás también que mucho más me disgusta cuando es practicado por aquellos que escogí para la vida de continencia. Unos abandonaron el mundo y se hicieron religiosos; otros son diocesanos. Entre ellos se hayan los ministros. Jamás entenderás como tal vicio, cometido por ellos, me ofende mucho más que cuando es hecho por los legos en general y por los legos consagrados. Los ministros son lámparas colocadas sobre el candelabro y deben iluminar por el ministerio eucarístico, por la virtud, por el buen ejemplo. Mas de hecho difunden la oscuridad. Viven en la oscuridad. Por causa de su soberbia e impureza, nada entienden de las Escrituras, a no ser en su presentación exterior."


"Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí"

SER CURA


Por: Enrique Monasterio

Cuando las orejas están sucias, la voz del Señor no llega, o llega tan distorsionada que resulta difícil reconocerla.

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Cuando termina junio, los tórridos agobios del verano se mezclan con los sudores fríos de los exámenes.

-jo, tía, si es que no hay derecho...

La apelación al derecho procede de un chaval desgarbado, que comparte una lata de pepsi con una chica pecosa. Los dos se encuentran encaramados en sendas sillas del vestíbulo, en una inverosímil postura que, si intentara emular, probablemente me llevaría directamente a la UVI.

No sé de qué hablan, pero en junio los chavales pasan sin solución de continuidad de la humildad más rendida ("jo, tío, te juro que no sé nada, me van a cargar todas") a la soberbia más rastrera ("menuda guarrada: lo sabía todo, y me han cateado las cinco"). Uno, que ya dejó los exámenes hace demasiadas décadas, se asombra de lo previsible que es la naturaleza humana, y hasta echa de menos los temblores de junio.

Luis ha terminado y viene a despedirse. Está contento, pero reconoce que no ha sido un final glorioso: rompió con su novia, sus padres siguen "medio separados" y su mejor amigo se va de España por una larga temporada.

-Por cierto -me dice-, me gustó su último artículo de Mundo Cristiano, pero no entendí bien lo que dice al final. Eso de que "ser sacerdote es poca cosa".

Busco el artículo en el ordenador, y leemos el párrafo en cuestión:

-"...el sacerdote no es casi nada: es el pincel que pintó Las Meninas, la pluma de ganso que escribió El Quijote...". Oye -me interrumpo-, no me digas que estás pensando hacerte cura.

-¡Tampoco estoy tan desesperado! -se ríe-; pero ¿por qué dice que ser cura es poca cosa?

Y, de pronto, me encuentro hablando del sacerdocio con un chaval que -quién sabe, tal vez no sea sólo curiosidad- quiere saber "para qué sirve un cura".

El sacerdote -le digo- es un hombre como los demás, pero Dios lo elige para ser, en la Iglesia, Cristo mismo. Es el único que puede decir con verdad "esto es mi Cuerpo; ésta es mi Sangre"; el único que hace posible que en cada época de la historia y en cada rincón del Planeta siga inmolándose Jesús por los hombres.

Por eso escribí que es el oficio más grande. Y por eso digo que el sacerdote no es casi nada. Dios lo hace todo. Cualquier otro profesional puede sentirse razonablemente orgulloso del fruto de su esfuerzo, ya que existe una proporción entre lo que él realiza y el resultado de su trabajo. Pero esto no ocurre en el sacerdocio, al menos en aquellas tareas que dan sentido a su vocación. ¿Qué aporta el hombre? Su voz, sus gestos...¿Quién puede presumir de haber traído a Jesucristo o de perdonar los pecados? Sería como si el pincel de Velázquez se volviera loco y se atribuyera el mérito de haber creado Las Meninas.

Luis se queda pensativo y le sale su vena de jurista en ciernes:

-Así que un cura es un hombre "expropiado" por Jesucristo.

-Es una forma de expresarlo, desde luego. Uno ya no se pertenece. A quien dice todos los días "esto es mi Cuerpo", Dios le toma la palabra y le pide que su cuerpo y su alma sean sólo de Jesucristo. Luis me dice que todo eso es "muy fuerte", y yo le digo que la llamada al sacerdocio no anula la personalidad del elegido. Al contrario: uno pone en la tarea todas su energías, su talento, su temple. ..

Pero a mi amigo le importan otras cosas: "cómo se nota la vocación, qué pasa si te equivocas, qué te da Dios a cambio; por qué unos se visten de cura y otros no...".

Le propongo escribir un artículo y enviárselo por correo electrónico este verano. Me dice que de acuerdo, pero antes de marcharse me hace una desconcertante pregunta:

-¿Qué se siente cuando uno dice "yo te absuelvo de tus pecados", y tiene delante de rodillas a un tipo así..., como yo?

Le digo la verdad:

-Cuanto más sincero y valiente es el que se confiesa, más se agiganta su figura a los ojos del sacerdote, y más pequeño e inútil se siente el confesor. Comprende bien aquello que escribió San Josemaría: "veo que no soy nada, que no valgo nada, que no tengo nada, que no puedo nada; más: ¡que soy la nada!" Pero, al mismo tiempo, entiende que es Cristo, y ¡qué alegría poder perdonar en su nombre!

Bueno, eso de que Dios le llama a uno para ser sacerdote... Supongo que no es verdad. Dios no se ocupa de esas cosas. ..

Luis me miró de reojo para ver qué cara ponía yo.

-Dios se ocupa de todo. Dice el evangelio que hasta del último pájaro que cae en tierra.

-Ya está usted con sus pájaros. Nosotros somos hombres...

-Es verdad. Por eso llama a la puerta educadamente, y habla en voz baja. Apela a nuestra libertad de oír y de responder. La Biblia está llena de esas llamadas: a Abraham, a Moisés, a los profetas, a los Magos, a cada apóstol...

-Y según usted, ahora sigue actuando así.

-También lo dice la Escritura: yo te he redimido y te he llamado por tu propio nombre... O sea, que no se trata de una llamada genérica, de una especie de bando para el conjunto de la humanidad, sino de una invitación personal al oído del hombre.

Entre todas las cuestiones que salieron en aquella conversación del pasado mes de junio, ésta era la que más inquietaba a Luis. Al final quedamos en comunicarnos por correo electrónico durante las vacaciones.

Han pasado más de dos meses y ni él ni yo hemos cumplido tan saludable propósito. Por otra parte, ¿qué podía explicarle?

-A ver cómo te las arreglas -me dijo Kloster- para explicar en seiscientas palabras por qué miles de hombres en todo el mundo aseguran que Dios les llama, y perseveran hasta la muerte. Y por qué ahora casi nadie oye esa supuesta llamada.

No pretendo explicar tanto. Pero esta mañana he vuelto a abrir el correo electrónico, y compruebo que sigue habiendo un buen grupo de chavales al otro lado de la pantalla enganchados a esta página de Mundo Cristiano. Y, francamente, me dan ganas de decir a alguno:

-Oye tú. ..¿has pensado alguna vez en la posibilidad de ser cura?

Cuando hice esta pregunta a Juan hace treinta años, me miró con cara de susto y acabó por reconocer que "hombre, sí que alguna vez, de pasada, y quién no, pero, vamos, como se piensa una tontería, y no es que yo diga que es una tontería, pero bueno...". Juan acabó por declarar que esto de la vocación "debe ser un sentimiento muy fuerte y yo, por supuesto, ni por el forro...".

Le expliqué entonces que hay que ser valiente y plantearse el problema. Y tartamudeó más de la cuenta cuando volví a preguntarle si lo había hablado con Dios.

-Aunque -remaché- deberías decirle primero que estás dispuesto a responder que sí a todo lo que te pida.

Me temo que fui demasiado directo; la prueba es que no volví a ver a Juan.

-Pero bueno, ¿se puede saber cómo se nota la vocación?

Podría decirse que Dios va dejando a nuestro paso una serie de señales. Al mismo tiempo afina la pupila del que debe descubrirlas, y despierta en su inteligencia y en su voluntad el deseo de entregarse, de jugarse la vida a una carta que valga la pena. Hay quien ha descubierto esa llamada leyendo un libro, charlando con un amigo, oyendo música... O hablando, sin palabras, con Dios.

San Josemaría se sintió interpelado por las pisadas en la nieve de un carmelita descalzo, y decidió hacerse sacerdote. Quizá otros muchos vieron las mismas huellas, pero no supieron "leerlas". Manolo me dice que él "descubríó" un día que la Iglesia necesitaba curas con urgencia, y pensó en su hermano pequeño. No tardó en comprender que era él quien debía responder. Y Rafa se fue al Seminario cuando su mejor amigo abandonó la fe. También esos renglones torcidos sirven a Dios para escribir derecho.

-¿Y por qué ahora son menos los que oyen la llamada?

Es un problema de entendederas. Esta época mugrienta y trivial que nos ha tocado vivir sintoniza mal con Dios. Cuando las orejas están sucias, la voz del Señor no llega, o llega tan distorsionada que resulta difícil reconocerla. Por eso, además de rezar, hay que emprender con urgencia un lavado general de apéndices auriculares: a las familias light, a los niños danone, a los que viven en perpetua indigestión consumista, a los obsesos del placer..., es decir, a los más tristes de este mundo nuestro.

Y seguirá habiendo vocaciones, no os quepa la menor duda.

-Mira que si alguno, por leer estos artículos, empieza a pensarlo...

-Aunque no los leyera nadie más, habrían valido la pena.

EL CAMINO DE LA CONVERSIÓN - COMENTARIO DEL PADRE FRANCISCO VERAR



Comentario del Padre Francisco Verar al mensaje del 25 de marzo de 2015

Orar y luchar contra las tentaciones

El Padre Francisco Verar nos comparte su reflexión del Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz dado el 25 de marzo de 2015 en Medjugorje:

«Queridos hijos, también hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado. Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo. Sean fuertes en la oración y con la cruz en las manos, oren para que el mal no los utilice y no venza en ustedes. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»


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Mensaje 25 de marzo de 2015

Queridos hijos! También hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado.

Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo. Sean fuertes en la oración y con la cruz en las manos, oren para que el mal no los utilice y no venza en ustedes. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado.”


LA VESTIMENTA DEL SACERDOTE

El Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, de la Sagrada Congregación para el clero, en el n. 66 refiriéndose a la obligación del traje eclesiástico dice: "En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero --hombre de Dios, dispensador de Sus misterios-- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público.

El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel --más aún, por todo hombre su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

De la Instrucción General del Misal Romano (IGMR).


IV. VESTIDURAS SAGRADAS

335. En la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, no todos los miembros desempeñan el mismo ministerio. Esta diversidad de ministerios se manifiesta exteriormente en la celebración de la Eucaristía por la diferencia de las vestiduras sagradas que, por lo tanto, deben sobresalir como un signo del servicio propio de cada ministro. Con todo, es conveniente que las vestiduras sagradas mismas contribuyan al decoro de la acción sagrada. Estas vestiduras sagradas con las que se visten los sacerdotes y el diácono, así como también los ministros laicos, bendíganse oportunamente, según el rito descrito en el Ritual Romano, antes de ser destinadas al uso litúrgico.[137] 

336. La vestidura sagrada para todos los ministros ordenados e instituidos, de cualquier grado, es el alba, que debe ser atada a la cintura con el cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que se adapte al cuerpo aun sin él. Pero antes de ponerse el alba, si ésta no cubre el vestido común alrededor del cuello, empléese el amito. El alba no puede cambiarse por la sobrepelliz, ni siquiera sobre el vestido talar, cuando deba vestirse la casulla o la dalmática, o sólo la estola sin casulla ni dalmática, según las normas. 

337. La vestidura propia del sacerdote celebrante, en la Misa y en otras acciones sagradas que se relacionan directamente con la Misa, es la casulla o planeta, a no ser que se determinara otra cosa, vestida sobre el alba y la estola. 338. La vestidura propia del diácono es la dalmática, que viste sobre el alba y la estola; sin embargo, la dalmática puede omitirse por una necesidad o por un grado menor de solemnidad. 

339. Los acólitos, los lectores y los otros ministros laicos, pueden vestir alba u otra vestidura legítimamente aprobada en cada una de las regiones por la Conferencia de Obispos (cfr. n. 390).

340. El sacerdote lleva la estola alrededor del cuello y pendiendo ante el pecho; pero el diácono la lleva desde el hombro izquierdo pasando sobre el pecho hacia el lado derecho del tronco, donde se sujeta. 

341. El sacerdote lleva el pluvial, o capa pluvial, en las procesiones y en otras acciones sagradas, según las rúbricas de cada rito. 

342. En cuanto a la forma de las vestiduras sagradas, las Conferencias de Obispos pueden establecer y proponer a la Sede Apostólica las adaptaciones que respondan a las necesidades y a las costumbres de cada región.[138] 

343. Para la confección de las vestiduras sagradas, además de los materiales tradicionales, pueden emplearse las fibras naturales propias de cada lugar, y además algunas fibras artificiales que sean conformes con la dignidad de la acción sagrada y de la persona. La Conferencia de Obispos juzgará estos asuntos.[139]


VIDEOS

Descripción de la vestimenta sacerdotal:
Por el Padre El Padre Pedro Nuñez.




Importancia de la vestimenta del sacerdote.


THE PRIESTS - LOS TRES TENORES DE LA MÚSICA CATÓLICA -

The Priests (Los Sacerdotes) es un grupo musical
formado por tres sacerdotes irlandeses: el padre
Eugene O Hagan, el padre Martin O Hagan
y el padre David Delargy. 

The Priests es un grupo musical formado por tres sacerdotes católicos procedentes de County Antrim y County Derry, en Irlanda del Norte. Después de un contrato de dos millones de dólares con la productora SonyBMG en 2008, grabaron su primer disco en Irlanda, Londres y la basílica de San Pedro del Vaticano.

Su primer álbum fue producido por Mike Hedges que ha trabajado, entre otros, conU2, Dido y Manic Street Preachers y fue estrenado el 24 de noviembre por parte de Epic Records simultáneamente en 33 países. En España fue presentado por parte de los tres sacerdotes en la parroquia de San Jerónimo el Real de Madrid el 25 de noviembre de 2008.

Integrantes

Padre Eugene O'Hagan es administrador de la parroquia de Ballyclare y de Ballygowan con dos iglesias: La iglesia del Sagrado Corazón y la iglesia de la Sagrada Familia. (Roman Catholic Diocese of Down and Connor)

Padre Martin O'Hagan es sacerdote de la parroquia de Cushendun con dos iglesias: La iglesia de San Patrick (Craigagh) y la iglesia de Santa María, la estrella del mar (Culraney. (Roman Catholic Diocese of Down and Connor)

Padre David Delargy es sacerdote de la parroquia de Hannahstown con dos iglesias: La iglesia de San José y la iglesia de San Pedro. (Roman Catholic Diocese of Down and Connor)

The Priests (2008)

Fue lanzado el 24 de noviembre de 2008.,contiene los siguientes temas:

  1. Ave María
  2. Die Schöpfung/Mit Würd und Hoheit Angetan
  3. Panis Angelicus
  4. Irish Blessing
  5. Benedictus
  6. Plegaria (Los tres amores)
  7. Pie Jesu Lloyd-Webber
  8. Hacia Belén
  9. Abide with Me
  10. Ag Crióst an Siól
  11. Gloria/Domine Fili Unigente
  12. O Holy Night
  13. Ecce Sacerdos Magnus
  14. Be Still My Soul

Descargar este àlbum desde aquí por cortesía mydescarga.com







PROPÓSITO DE LA VESTIMENTA LITÚRGICA.

Ornamentos y oraciones antes de la misa


Sacerdote de Dios:
Celebra hoy la Santa Misa de Jesucristo
como si fuera la primera, la única, la última misa.


¡Oh María: baja del cielo y condúceme al altar, de tu mano voy feliz al Sacrificio de tu Hijo
Colores:

Blanco: Fiestas de Nuestro Señor Jesucristo, María Santísima, santos no mártires. Símbolo de gloria, alegría, inocencia, pureza del alma

Rojo: Pentecostés, Espíritu Santo, Fiestas de Apóstoles y mártires. Significa fuego de la caridad y sangre derramada por Cristo

Verde: ordinario del año. Significa esperanza.

Morado: Adviento y Cuaresma. Signo de humildad y penitencia.

Rosado: Tercer domingo de Adviento: alegría, amor.

En algunos lugares: Azul : Inmaculada Concepción.

Las vestimentas litúrgicas son utilizadas por los sacerdotes y otros ministros en la celebración. Hay algunas, como la casulla y la estola que son propias de los ministros ordenados.
Alba Del latín "alba", "blanca". Vestimenta de todos los ministros en la celebración litúrgica, desde los acólitos hasta el presidente (Cf IGMR n.298). Se utiliza con cíngulo a la cintura y con ámito sobre el cuello (Cf IGMR nn.81 y 298).

Simbolismo: Tiene un sentido bautismal. La pureza del alma lavada por el bautismo. El domingo segundo de Pascua, o sea, en la octava de Pascua, se solía deponer el "alba", el vestido blanco que habían recibido los neófitos en su Bautismo una semana antes. Por eso este domingo se llamó "dominica post albas", y más tarde "dominica in albis". 

-Benedicto XVI sobre el alba

Oración del sacerdote: "Blanquead, Señor, y limpia mi corazón, para que, purificado con la sangre del Cordero, disfrute de los gozos eternos"

Deálba me, Dómine, et munda cor meum; ut, in Sánguine Agni dealbátus, gáudiis pérfruar sempitérnis.
Ámito Del latín "amictus", de "amicio, amicire", rodear, envolver. Lienzo rectangular de lino blanco que el sacerdote se coloca sobre los hombros y alrededor del cuello antes de ponerse el alba. Se sujeta por medio de cintas cruzadas a la cintura. Se utiliza al menos desde el siglo VIII y hasta el presente. (Cf IGMR, n.81)

Simbolismo: defensa contra las tentaciones diabólicas y la moderación de las palabras.

Oración del sacerdote al ponerse el amito: "Señor, poned sobre mi cabeza la defensa (el yelmo) de mi salvación, para luchar victorioso contra los embates del demonio" (Cfr. Efesios 6,17)

"Impóne, Dómine, cápiti meo gáleam salútis, ad expugnádos diabólicos incúrsus"

-Benedicto XVI sobre el amito: 
“En el pasado, éste se colocaba primero en la cabeza como una especie de capucha, convirtiéndose así en un símbolo de la disciplina de los sentidos y del pensamiento necesaria para una justa celebración de la Santa Misa”. “Los pensamientos no deben vagar aquí y allá detrás de las preocupaciones y las expectativas del día; los sentidos no deben ser atraídos de aquello que allí, al interior de la Iglesia, casualmente quisiera secuestrar los ojos y los oídos”. “Si yo estoy con el Señor, entonces con mi escucha, mi hablar y mi actuar, atraigo también a la gente dentro de la comunión con Él”.

Casulla Del latín "casula", "casa pequeña" o tienda. La vestidura exterior del sacerdote, por encima del alba y la estola, a modo de capa. Origen: el manto romano llamado "pénula". (Cf IGMR 299, IGMR 161) El color cambia según la liturgia. Los colores litúrgicos son verde, blanco, rojo, morado.

Simbolismo: el yugo de Cristo y significa caridad.

 -Benedicto XVI sobre la casulla

Oración del sacerdote: "Señor, que dijiste: "Mi yugo es suave y mi carga ligera"; haced que de tal modo sepa yo llevarlo para alcanzar vuestra gracia"

Dómine, qui dixísti: Jugum meum suáve est et onus meum leve: fac, ut istud portáre sic váleam, quod cónsequar tuam grátiam. Amén.

Cíngulo Del latín "cingulum", de "cingere", ceñir. Cordón con que se ciñe el alba. (IGMR 81.298).

Simboliza: castidad.

Oración del sacerdote: "Ceñidme, Señor, con el cíngulo de la pureza y extingue en mi cuerpo el fuego de la sensualidad, para que posea siempre la virtud de la continencia y de la castidad"

Praecínge me, Dómine, cíngulo puritátis, et exstingue en lumbis meis humórem libídinis; ut máneat in me virtus continéntiae et castitátis.

Estola Vestimenta litúrgica en forma de larga y estrecha banda que deben llevar los ministros ordenados y solo ellos. Obispos y sacerdotes la llevan sobre el alba, colgando del cuello hacia el frente y sostenida por el cíngulo. Los diáconos la visten sobre el hombro izquierdo y la fijan a la derecha de la cintura. Generalmente es del mismo color que la casulla.

Simbolismo: la autoridad sacerdotal.

Oración del sacerdote: "Devuélveme, Señor, la insignia de la inmortalidad que perdí en la prevaricación de los primeros padres, y aunque indigno me acerco a vuestro Santo Misterio, haced que merezca, no obstante, el gozo eterno".

Redde mihi, Dómine, stolam inmortalitátis, quam pérdidi in praevaricatióne primi paréntis: et, quamvis indígnus accédo ad tuum sacrum mystérium, mérear tamen gáudium sempitérnum.



Manípulo (en desuso después de la reforma litúrgica) Se ponía en el brazo izquierdo.


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El Papa Benedicto XVI interpreta los ornamentos litúrgicos para explicar la esencia del ministerio sacerdotal 

Misa Crismal, 5 Abril, 07

Durante la misa crismal, en que se bendicen los santos oleos, se conmemora la instauración del Orden Sacerdotal y estos renuevan sus promesas sacerdotales, el Papa explicó la misión del sacerdote a partir de una catequesis sobre los ornamentos litúrgicos.

El Papa recordó un cuento del autor ruso Leone Tolstoi, en que un pobre pastor ruso enseñó a un rey quién era Dios proponiéndole un cambio de vestidos. De esa manera explicó que Jesús, siendo Dios, se despojó de su potestad para hacerse hombre. 

“Es esto lo que sucede en el bautismo: nosotros nos revestimos de Cristo, Él nos entrega sus vestidos pero éstos no son una cosa externa. Significa que entramos en una comunión existencial con Él, que su ser y el nuestro confluyen y se compenetran mutuamente”

“Esta teología del Bautismo retorna de modo nuevo y con una nueva insistencia en la Ordenación sacerdotal. Como en el Bautismo se realiza un ‘cambio de vestidos’, un cambio en el destino, una nueva comunión existencial con Cristo, así también en el sacerdocio se produce un intercambio: en la administración de los Sacramentos, el sacerdote actúa y habla ahora ‘in persona Christi’ (en la persona de Cristo)”. 

Así, en los Sacramentos “se hace visible de modo dramático aquello que el ser sacerdote significa en general; aquello que hemos expresado con nuestro ‘Adsum – aquí estoy’ durante la consagración sacerdotal: estoy aquí para que tú puedas disponer de mí”. 

“En el momento de la Ordenación sacerdotal, la Iglesia nos ha hecho visible y tangible esa realidad de los ‘nuevos vestidos’ incluso externamente, mediante el ser revestidos con los ornamentos litúrgicos. En este gesto externo ella quiere hacernos evidente el evento interior y la tarea que nos viene de él: revestirnos de Cristo; entregarnos a Él como Él se entregó a nosotros”. 

La vestimenta litúrgica y el sacerdocio

“Quisiera por tanto, queridos hermanos, explicar este Jueves Santo la esencia del ministerio sacerdotal interpretando los ornamentos litúrgicos que, precisamente, por su parte, quieren ilustrar qué cosa significa ‘revestirse de Cristo’, hablar y actuar ‘in persona Christi’”

El amito “En el pasado, éste se colocaba primero en la cabeza como una especie de capucha, convirtiéndose así en un símbolo de la disciplina de los sentidos y del pensamiento necesaria para una justa celebración de la Santa Misa”. “Los pensamientos no deben vagar aquí y allá detrás de las preocupaciones y las expectativas del día; los sentidos no deben ser atraídos de aquello que allí, al interior de la Iglesia, casualmente quisiera secuestrar los ojos y los oídos”. “Si yo estoy con el Señor, entonces con mi escucha, mi hablar y mi actuar, atraigo también a la gente dentro de la comunión con Él”.

El Alba El Papa recordó que las antiguas oraciones hacen referencia al vestido nuevo que el hijo pródigo recibió del padre; y por tanto, “cuando nos acercamos a la liturgia para actuar en la persona de Cristo nos damos cuenta de cuán lejos estamos de Él; cuanta suciedad existe en nuestra propia vida”. 

Es la sangre del cordero, citado en el Apocalipsis, la que “a pesar de nuestras tinieblas, nos transforma en ‘luz en el Señor’. Al ponernos el alba debemos recordarnos: Él también ha sufrido por mí. Es sólo porque su amor es más grande que todos mis pecados, que yo puedo representarlo y ser testigo de su luz”

El alba también recuerda “el vestido del amor” que deben llevar todos aquellos invitados al banquete del Novio, Jesucristo, para poder participar dignamente. 

“Ahora que nos preparamos para la celebración de la Santa Misa, debemos preguntarnos si llevamos el hábito del amor. Pidamos al Señor que aleje toda hostilidad de nuestro interior, que nos quite todo sentido de autosuficiencia y que nos revista verdaderamente con las vestiduras del amor, para que seamos personas luminosas y no pertenecientes a las tinieblas”.

La casulla simboliza el yugo del Señor. “Llevar el yugo del Señor significa ante todo: aprende de Él. Estar siempre dispuestos a asistir a la escuela de Jesús. De Él debemos aprender la pequeñez y la humildad –la humildad de Dios que se muestra en su ser hombre”

“Algunas veces quisiéramos decirle a Jesús: Señor, tu yugo no es para nada ligero. Más bien, es tremendamente pesado en este mundo. Pero al mirarlo a Él que ha cargado con todo –que en sí ha probado la obediencia, la debilidad, el dolor, toda la oscuridad, entonces todos nuestros lamentos se apagan”. 

“Su yugo es el de amar con Él. Y mientras más lo amamos, y con Él nos convertimos en personas que aman, más ligero se vuelve nuestro yugo aparentemente pesado”.

“Oremos para que nos ayude a ser junto con Él personas que aman, para experimentar así siempre más cuán bello es portar su yugo”

MAYORÍA DE LOS SACERDOTES SON FELICES Y VALORAN EL CELIBATO SEGÚN ESTUDIO.

Entrevista con monseñor Stephen Rossetti

Por Genevieve Pollock
WASHINGTON, D.C., jueves 6 de octubre de 2011 - 

 El hecho de la felicidad clerical es
un desafío poderoso y fundamental
para la concepción secular moderna.
Los sacerdotes en general, están entre los miembros más felices de la sociedad, declara monseñor Stephen Rossetti, y contrariamente a la opinión laicista, muchos consideran el celibato como un aspecto positivo en sus vocaciones.

Estas son algunas de las conclusiones destacadas por monseñor Rossetti en su libro, “¿Por qué los sacerdotes son felices?” (Ave Maria Press), saldrá a la venta el próximo miércoles.

El autor, que actualmente desempeña el cargo de decano asociado en el seminario y los programas ministeriales de la Universidad Católica de América, también ha escrito “Nacimiento de la Eucaristía”, “La alegría del Sacerdocio”, y “Cuando el león ruge”. Como psicólogo licenciado, monseñor Rossetti trabajó previamente como presidente y CEO del Instituto Saint Luke, un centro de tratamiento y educación para el clero y los religiosos.

El autor encuestó a 2.500 sacerdotes y llegó a conclusiones que la sociedad moderna encontraría sorprendentes.

En esta entrevista con ZENIT, explicó algunos de estos descubrimientos, incluyendo la relación entre la felicidad de un sacerdote y su relación con Dios y con los demás, y los signos de esperanza para el futuro del sacerdocio.

- Su investigación muestra una conclusión que el público encontraría sorprendente: Los sacerdotes están entre las personas más felices del mundo. ¿Por qué no oímos hablar de esta felicidad más a menudo?

Monseñor Rossetti: Ha habido un cierto número de estudios en Estados Unidos en los últimos años cuyas conclusiones eran exactamente las mismas: Casi el 90% de los sacerdotes encuestados eran felices. En mi estudio, el 92'4%.

En una investigación parecida, cuando el National Opinion Center llevó a cabo su encuesta científica a unos 27.000 americanos, resultó que los sacerdotes en general estaban más satisfechos y eran más felices que el resto de americanos. Esto es especialmente destacable ya que más del 50% de los americanos se declararon infelices con sus trabajos.

Sin embargo este constante y asombroso hallazgo de la felicidad en los sacerdotes sigue siendo un secreto. ¿Por qué? Antes que nada, porque las buenas noticias no son noticia. Las tragedias y los escándalos llenan las portadas pero los rostros de los muchos sacerdotes felices no lo hacen.

En segundo lugar, aunque de igual importancia, la secularización de nuestra cultura engendra una especie de negativismo hacia la religión organizada. Existe la creencia secular en la actualidad de que practicar la fe debe ser algo restrictivo y triste.

Algunos pensadores modernos sugieren que la única manera de encontrar la felicidad humana es liberarse de las imposiciones de la religión. Consideran la religión como algo restrictivo para la verdadera libertad y humanidad de la persona. Por tanto, usando la lógica ser un sacerdote debe ser la cosa más triste del mundo.

De esta manera, escuchar que los sacerdotes están entre las personas más felices del país es increíble. El hecho de la felicidad clerical es un desafío poderoso y fundamental para la concepción secular moderna.

Pero para nosotros los cristianos, esto sólo confirma las verdades de nuestra fe. Jesús rezaba “Que mi alegría esté en vosotros, para que vuestra alegría sea completa”. La alegría es uno de los frutos inconfundibles del Espíritu Santo.

Ser un cristiano verdadero y completo es conocer el don de Dios de la alegría. El pensamiento laico busca esta alegría pero lo hace en lugares equivocados.

Lo único que tiene sentido es que estos hombres, que han dedicado sus vidas al servicio de Dios y al de los demás en la fe católica como sacerdotes, han sido completados lenta y suavemente por Dios con una felicidad y alegría interiores.

Jesús nos prometió esta alegría y es una verdad demostrable.

- ¿Cuáles son los factores clave que contribuyen a la felicidad de un sacerdote?

Monseñor Rossetti: Tuve que realizar una ecuación de regresión múltiple para encontrar las variables más importantes que contribuyen a la felicidad sacerdotal. La primera y más potente fue la variable de la “paz interior”.

Los que transmitían una imagen positiva y una sensación de paz interior fueron los más felices entre los sacerdotes.

Pensándolo bien, esto tiene mucho sentido. El factor más importante de la felicidad de la persona es lo que ellos aportan a sus trabajos y a sus vidas. Si nos sentimos bien dentro, probablemente nos sentiremos felices con lo que nos rodea.

Este también es un desafío para todos nosotros: Si somos infelices con nuestras vidas, quizás el sitio donde comenzar no es la crítica de lo que hay fuera sino que hay que dirigir nuestra mirada al interior.

Curiosamente mi investigación demostró que el predictor más potente de la paz interior es la relación personal con Dios. La correlación resultó una gran r=.55, que es una correlación muy fuerte en una investigación en ciencias sociales.

Así que ¿de dónde viene la paz interior? Cuando uno tiene una sólida relación con Dios, tiene mucha paz interior. Jesús nos prometió este regalo. Él dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”.

Fue muy emocionante para mí ver las verdades del Evangelio dispuestas ante mis ojos en forma de estadísticas. Sólo encontramos la paz verdadera y duradera en Dios.

Y por supuesto, también la relación personal con Dios fue fuertemente predictiva de la felicidad. De nuevo una correlación importante (r=.53).

Así que vemos como nuestra vida espiritual es un poderoso contribuyente para la paz interior y la felicidad personal.

Si hay demasiada violencia y amargura en nuestro mundo actual ¿de dónde viene?

Mis conclusiones sugieren que nunca encontraremos la paz interior y la alegría que estamos buscando hasta que tengamos una relación personal con Dios. La mayoría de nuestros sacerdotes han encontrado este tipo de relación y son hombres felices por esta razón.

- ¿Podría decirnos algo sobre el papel de las relaciones interpersonales, con la familia, los amigos, los feligreses, en la felicidad de un sacerdote?

Monseñor Rossetti: Hay varios descubrimientos sorprendentes en la investigación, que reflexionándolo un poco, tienen mucho sentido.

Por ejemplo, realicé otra ecuación de regresión múltiple y pregunté cuál era el predictor más fuerte en una relación con Dios, es decir, qué variable parecía contribuir más a una relación positiva con Dios. La respuesta fue clara: tener amigos cercanos (la correlación fue de r=.46)

Desarrollar una relación sana con los demás nos ayuda a conectar con Dios.

Muchas veces el mismo Jesús habló del amor de Dios y del amor al prójimo como dos caras de la misma moneda. O, como nos dicen las Escrituras, “El que no ama al hermano al que ve no puede amar a Dios al que no ve”.

Los resultados estadísticos confirman esta enseñanza del Evangelio: Para amar al prójimo y construir una relación caritativa con los amigos, la familia y los más allegados necesitamos amar a Dios y viceversa. Todo esto es importante para ser feliz.

El aislamiento provoca infelicidad. Estamos hechos para relacionarnos con los demás.

Las buenas noticias son que la amplia mayoría de los sacerdotes encuestados, más del 90%, tienen amistades sólidas con otros sacerdotes y con laicos. Una de las grandes alegrías y apoyos para la vida de un sacerdote es su conexión con los demás. El concepto laicista de que los sacerdotes son personas solitarias, y aisladas sencillamente no es verdad.

Sin duda, la felicidad sacerdotal ha aumentado en los últimos años y es probable que aumente aún más. En mi investigación sólo el 3'1% de los sacerdotes pensaban dejar el sacerdocio. Dada la enorme presión que sufre el sacerdocio en la actualidad y los muchos desafíos reales a los que se enfrentan estos hombres, esto es muy importante.

- ¿Y el celibato? ¿Cómo está relacionado con la felicidad de un sacerdote?

Monseñor Rossetti: Esto también fue un descubrimiento interesante. Los sacerdotes que han sido llamados por Dios a vivir un vida célibe y que experimentan el celibato como una gracia personal, a pesar de las dificultades, parecen ser hombres felices. La correlación entre esta visión positiva del celibato y la felicidad sacerdotal fue r=.47.

Las buenas noticias es que más del 75% de los sacerdotes consideran el celibato como una parte positiva de sus vidas.

Se prevé que este porcentaje aumente en el futuro, ya que son los sacerdotes jóvenes quienes defienden con más energía el mandato del celibato.

Así que contrariamente a la mentalidad laicista, el apoyo al celibato sacerdotal aumentará en el futuro en los sacerdotes de los Estados Unidos. Está desapareciendo este tema “candente” entre los sacerdotes de estados Unidos.

Pero éste es el desafío. Una cosa es aceptar el celibato como una parte necesaria de la vida del sacerdote, pero requiere un profundo nivel de espiritualidad experimentar el celibato como un don de Dios y una gracia personal. Requiere una profundidad de vida muy concreta.

Como afirmo y reflexiono en los resultados del estudio, me siento muy inspirado por el compromiso y la vitalidad espiritual de la vida de estos sacerdotes.

Esta es la verdadera realidad que subyace en las conclusiones del estudio: nuestros sacerdotes son hombres santos y felices.

SACERDOTES.


Definición de la palabra "sacerdote": un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de Su dominio supremo y en expiación por los pecados. 

Muchas religiones paganas tienen sacerdotes que ofrecen sacrificios según sus conceptos de la divinidad. Pero Dios se reveló a Israel como el Unico Dios verdadero y prohibió la idolatría en el Primer Mandamiento. Los sacerdotes de Israel debían ofrecer sacrificio sólo a Dios.

A diferencia del profeta que comunica el mensaje de Dios a los hombres, el sacerdote es mediador de los hombres ante Dios.

"Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados" -Hebreos 5,1

Sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial El sacerdocio ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo de grado, del sacerdocio común de los fieles: “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico se ordena el uno para el otro, aunque cada cual participa de forma peculiar del sacerdocio de Cristo. Su diferencia es esencial no solo gradual. Porque el sacerdocio ministerial, en virtud de la sagrada potestad que posee, modela y dirige al pueblo sacerdotal, efectúa el sacrificio eucarístico ofreciéndolo a Dios en nombre de todo el pueblo: los fieles, en cambio, en virtud del sacerdocio real, participan en la oblación de la eucaristía, en la oración y acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la abnegación y caridad operante” (LG 10).


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís