FRASES PARA SACERDOTES

"Algún día todos verán la interminable y ardiente cadena a la que Mis hijos Sacerdotes están atados, por haber cambiado el confesionario, lugar de misericordia, en un lugar de pecado. Estas almas sacerdotales maldicen el confesionario incesantemente con gritos dolorosos desde el infierno, recordando los pecados cometidos allí".

DE: Libro la Victoriosa Reina del Mundo.

Papa: sacerdotes no se conformen con una vida normal



EL DESCUBRIMIENTO DE LA CASA DE EFESO


El reportaje de Rome Reports sobre la apertura del proceso de beatificación de la monja francesa Sor Marie de Mandat-Grancey, cuando dice de ella que “descubrió la Casa de la Virgen María en Éfeso”, desliza una afirmación que, sin ser exactamente falsa, sólo aporta confusión en lo relativo a una de las grandes, y por otro lado, más modernas, reliquias del cristianismo, cual es la de la Casa de la Virgen María en la ciudad, hoy día turca, de Efeso. Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos paso a paso, que la historia lo merece.

Para empezar, se ha de decir que la versión de una Virgen María que habría vivido en Efeso una vez que su hijo desaparece de este mundo, 
es sólo una de las dos que sobre el tema existen en la tradición cristiana. La otra sitúa a la Virgen en Jerusalén, donde habría vivido sin solución de continuidad hasta el momento de la dormición. Pero esto es harina de otro costal, al que dedicaremos algún capítulo otro día.

Concentrándonos en la versión que aquí nos ocupa, a saber, la de que María se habría desplazado a Efeso donde habría pasado buena parte de su vida e incluso habría terminado sus días sobre la tierra, está estrechamente relacionada, como es fácil de imaginar, con el mandato que Jesús da al apóstol San Juan (y que por cierto, sólo se recoge en el Evangelio del propio Juan) en sus momentos finales sobre la cruz, cuando le dice: “Ahí tienes a tu madre”, aclarando el evangelista que “desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn. 19, 27).

Siendo así que, según la más consolidada tradición, San Juan dedicó lo mejor de sus días a la ciudad de Efeso, donde de hecho habría muerto sobre el año 100 al poco de terminar de escribir su Evangelio, nada más lógico que situar junto a él a la madre de Jesús, cuya protección le había encargado ni más ni menos que su propio hijo. Documentalmente hablando, dicha tradición reposa en testimonios tales como un texto de difícil interpretación del Concilio de Efeso (431), un escrito del obispo jacobitaAbulpharagius del s. XIII, y la afirmación en ese sentido del Papa Benedicto XIV(1740-1758).

A partir de esta piadosa tradición, la veneración de una casa en la que habría residido María no es nada, en principio antiguo (luego veremos que, en realidad, es más antiguo de lo que creemos), y para su culminación hemos de esperar a la aparición en el s. XIX de un curioso personaje, que no es otro que la monja alemana Sor Anna Katharina Emmerick (1774-1824), beatificada en 2004, objeto de unas curiosas alucinaciones que le llevan a visionar muchos de los episodios evangélicos de una manera, por un lado, muy vívida, y por otro, extrañamente verosímiles. Aunque muchos de Vds. habrán oído hablar de esta monja, valga decir de ella que sus visiones son las inspiradoras de no pocas escenas de la extraordinaria película “La pasión” de Mel Gibson.

Las visiones de Sor Katharina Emmerick fueron llevadas a papel por el escritor alemán Clemens Brentano entre los años 1818 y 1824. Dichas visiones dieron para varios libros, uno de ellos “La amarga pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, y otro de ellos, el que nos interesa aquí “La vida de la Virgen María”. Pues bien, en éste último, la monja alemana, -que nunca visitó Turquía, dicho sea de paso-, hace, a partir de las visiones que tiene, una descripción de la casa en la que habría vivido María en la ciudad turca de Efeso, la cual sitúa en la falda de una montaña, cercana a un arroyuelo, con vistas a la ciudad y al mar, de piedra, planta rectangular, con un ábside y una chimenea.

Con esta descripción, los padres paúles H. Jung y Eugene Poulin organizan una expedición en 1891. Hallándose en la región de Degirmerdere y muertos de sed, preguntan a unos paisanos donde pueden encontrar algo de agua, y conducidos a un arroyuelo, se aparece ante sus atónitos ojos una casa que coincidía perfectamente con la descripción realizada por la monja alemana, y que, para colmo de las coincidencias, tiene en el ábside una estatua de la Virgen María, lo que obliga a aceptar la existencia de una tradición inveterada y probablemente ininterrumpida en el lugar. Razón por la que decíamos arriba que el culto era más antiguo de lo que se nos presenta. Analizada por los arqueólogos, se llega a la conclusión de que se trata de una edificación del s. I d.C., sobre la que en el s. IV se habría superpuesto una pequeña iglesia.

A partir de ahí, comienza el proceso de reconocimiento de la reliquia. En 1914, elPapa Pío X ofrece indulgencia plenaria a los peregrinos que visiten la Casa de Efeso. En 1951, apenas un año después de declarar el dogma de la Asunción de María, último de los declarados por la Iglesia, Pío XII la declara objeto de peregrinaje. Y el 26 de julio de 1967, Pablo VI se convierte en el primer Papa que la visita. Más tarde lo harán también Juan Pablo II, el 30 de noviembre de 1979, y Benedicto XVI, el 29 de noviembre de 2006.

El santuario reviste la notable particularidad de ser lugar de culto común de cristianos y musulmanes, conocida como es la devoción que éstos profesan a la Virgen María, de la que hemos tenido y tendremos ocasión de hablar en estas páginas. Por cierto, que existe entre los turcos musulmanes la tradición de peregrinar a la Casa de María justamente el 15 de agosto, fecha en la que, como se sabe, los cristianos celebramos Asunción de María.


VIDEO
Camino de los altares la monja que localizó la casa de la Virgen en Éfeso.






EL APORTE DE SOR MARIE DE MANDAT-GRANCEY

Sor Marie de Mandat-Grancey(*) nació en Dijon el 13 de septiembre de 1839, en una familia de las que se da en llamar “de rancio abolengo”, que acostumbraba a pasar seis meses en París, y el resto del año en el Castillo Grancey de su propiedad, y en cuyo árbol genealógico figuraban y figuran personajes eclesiásticos de la talla de San Bernardo de Claraval, el Gran Abad del Cluny San Hugo, o Pedro el Venerable.

En mayo de 1857, a la edad de dieciocho años, entra en la comunidad de lasHermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl. En 1870, la vemos gobernando como superiora un orfanato en Pecq, cerca de París. Y en 1886, a sus cuarenta y siete años de edad, es asignada a la misión francesa en Turquía, sirviendo en el Hospital Naval Francés en Esmirna, el cual mejora a sus expensas. Apenas cuatro años después, la vemos convertida en la madre superiora de la comunidad en el Hospital.

Estando en Esmirna, Sor Marie hace suya la causa de la Casa de la Virgenen Éfeso, de la que había oído hablar, impulsando con vehemencia la expedición que a partir de los datos aportados por las visiones de la monja alemana Sor Katharina Emmerick, habría de llevar a sus compañeros de orden, los padres H. Jung y Eugene Poulin, -que en todo momento se habían conducido con extraordinario escepticismo sobre el tema-, a descubrir, a apenas 75 kms. del hospital en el que servían, la que hoy día se venera como la Casa de María en Efeso.

No sólo eso, sino que una vez hallada Sor Marie hace una rápida visita al hogar paterno al solo objeto de recabar los fondos necesarios para comprar, de su propio pecunio, la totalidad de la montaña en la que aparece. Cosa que hizo un buen 15 de noviembre de 1892, para después donarlo a la orden a la que pertenecía.

Al proceder a la restauración del edificio, aparecieron tres piedras del ábside que se decían construídas por los apóstoles, una de las cuales fue entregada a la familia Mandat-Grancey, que la colocó en la capilla familiar de su casa en Francia.

Convencida de que la Casa de la Virgen era la verdadera razón de su existir, todavía hará por ella una tercera cosa, al fundar la Orden de la Casa de María con el solo objeto de preservar y cuidar el extraordinario monumento hallado en Efeso.

Sor Marie murió el 31 de mayo de 1915 en plena Guerra Europea, a los setenta y cinco años de edad. El 21 de enero de 2011se abrió la causa de su beatificación.

Cabe al tesón de Sor Marie de Mandat-Grancey el descubrimiento de una reliquia que, amén de constituir hoy día una de las más veneradas de la Cristiandad, objeto de la visita de nada menos que tres papas, tiene la singularidad de servir, como pocas, de hermoso punto de encuentro con una religión, el islam, a la que, en realidad, nos unen no pocas cosas.


FUENTE: .religionenlibertad.com

REFLEXION DE MONS. FULTON J. SHEEN: LAS CRUCES DEL AMOR Y DEL ODIO




Grandes escritos de Mons. Fulton J.Sheen (En “el eterno Galileo”)

Mi gran fortuna consiste en pertenecer a una Iglesia que es odiada. Ciertamente que es amada por quienes conocen su carácter Divino; pero también es odiada por miles que la miran como anticuada, como inadaptada al tiempo, como supersticiosa, y aun como diabólica. Aquellos que reciben sus beneficios espirituales, hablan de ella como una Madre, pero igualmente es tan despreciada por otros, que ha sido desterrada de algunos países, es tolerada en otros, y a pesar de las muchas diferencias que hay entre otras sectas, éstas la consideran su único enemigo común.

Un paralelo de la actitud del mundo hacia la Iglesia Católica, puede encontrarse en la actitud del mundo hacia Cristo. El también fue amado; pero también fue odiado. No encontramos un amor en tal forma hacia cualquier otra persona como lo encontramos dirigido a El; pero tampoco encontramos un odio tan pertinaz. Existe por lo tanto un paralelo entre las dos preguntas: ¿Por qué el Budismo no es odiado, y por que el Catolicismo es odiado? Y las otras dos preguntas: ¿Por qué Buda no es odiado, y por qué Cristo es odiado?

Primero que todo, una palabra acerca del amor y el odio hacia la persona de Cristo, y luego acerca de Su Iglesia. Hay dos grandes pasiones que se entretejen mutuamente alrededor de la vida de Nuestro Señor, como no lo hacen en torno a ninguna otra persona que alguna vez haya vivido: la pasión del amor y la pasión del odio. El dijo que El sería amado; El dijo que El sería odiado. El dijo que El sería adorado; El dijo que El sería escarnecido; El dijo que sería amado hasta la locura; El dijo que El sería odiado hasta la cólera y que el duelo continuaría hasta el fin de los tiempos. El odio lo izaría a El en una cruz, pero una vez en ella, El elevaría a todos los amantes hasta su Corazón que es amor. “Y cuando yo seré levantado en alto en la tierra, todo lo atraeré a mí”.

El dijo que sería amado más que los padres y las madres aman a sus hijos y más que los hijos aman a los padres y las madres. Esto no quiere decir que no se ame a los padres o que no se ame a los hijos. Esto significa solamente que se amen en EL El no dijo que nosotros nos amemos unos a los otros menos, sino que debemos amarlo a El más. ¿Y no es esto razonable? ¿No debe el todo ser más amado que la parte? ¿No debe ser preferido el fuego a la chispa? ¿No debe la circunferencia ser más estimada que el arco? ¿El Templo más que el pilar? ¿No debe el Creador ser amado más que Sus criaturas? ¿Dios ser más amado que los hombres, y el Amor más amado que lo amable?

Abrid las páginas de la historia y nombrad un solo hombre que haya sido amado después de su muerte hasta el punto del sacrificio y la oración. Su cruz ha sido inundada con lágrimas de amor en cada época y en cada siglo. A ella todas las generaciones, en arranques de amor, han llegado gritando en el lenguaje de San Pablo: “¿Quién pues podrá separarme del amor de Cristo?”… estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni Angeles, ni Principados, ni virtudes, ni lo presente ni lo venidero, ni la fuerza o violencia, ni todo lo que hay de más alto, ni de más profundo, ni otra ninguna criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se funda en Jesucristo Nuestro Señor”.


Napoleón vio esto y lo vieron todos los grandes hombres antes que él. En su soledad en la isla de Sta. Helena reflexionó sobre la vanidad de su propia vida y de la vida de Luis XIV, de quien dijo: “Este gran rey ha tiempo que está muerto, y ahora mismo se halla solo en su cuarto de Versalies, abandonado por sus cortesanos y tal vez siendo objeto de su desprecio. Ahora ya no es el amo de ellos, es un cadáver, un sepulcro, y un horror. No pasará mucho tiempo y esta misma suerte me tocará a mí. Esto es lo que me sucederá a mí. ¡Qué abismo entre mi profunda miseria y el reino de Jesucristo, alabado, amado, adorado, y viviendo en todo el universo!”

Si continuáis más adelante, id y poned vuestra mano sobre ciertos corazones que le reciben a El diariamente en la comunión, y sentiréis la llama que su amor ha encendido. Id y tocad en el portón de los carmelitas, los pobres claretianos, y los cientos de otros retiros de santidad, y haced la pregunta que tontamente siempre hace el mundo a tales santos: “¿Entrasteis a este lugar de oración porque teníais un desengaño de amor?” Y la respuesta que os devolverán rápidamente será:“No, yo no estoy aquí por desilusión de amor. Yo nunca he estado desilusionado del amor. Mi primer amor es mi único amor: el amor eterno de mi Señor y mi Dios”.

No hay necesidad de multiplicar testimonios. Aún vuestra sed de un amor perfecto, es sed de El por quien fuisteis hechos, y sin el cual no podéis ser felices. El buscó el amor en los corazones pobres, débiles, frágiles como el nuestro, y a diferencia de cualquier otro corazón que haya latido, su Sagrado Corazón ha sido amado por encima de todas las cosas, aun la vida. Hay sólo una conclusión que nosotros podemos sacar, en la lengua de Pascal: “Jesucristo deseaba ser amado. El es amado, por consiguiente El es Dios”.

Ahora, volvamos a otro hecho acerca de la vida de Nuestro Señor, que prueba que El es divino; y éste es el odio. El dijo que sería odiado —por el mundo hasta el fin de los tiempos— pero no por el universo material, no por el pueblo del mundo en general, sino odiado por lo que sus propios apóstoles habían llamado el espíritu del mundo.

Recordad algunos de los incidentes de su vida y veréis cómo el mundo lo odió a El desde el mismo comienzo. Cuando sólo tenía ocho días edad, el venerable Simeón dijo a su madre que El era un signo que iría a ser contradicho, lo que era exactamente una paráfrasis de la trágica anotación de Juan, de que El vino al mundo y el mundo no lo recibió. Cuando sólo contaba dos años de edad, los soldados de Herodes desenvainaron sus espadas para asesinar a los inocentes en un vano intento de matar la Inocencia. Luego, más tarde, en la plenitud de su vida, se nos muestra este humilde artesano con sus Apóstoles en la misma noche anterior a su muerte, mirando hacia todos los corredores del tiempo y diciendo a todas las generaciones futuras que El sería odiado por el mundo. Ese odio sería tan personal, continuó diciendo, que cualquiera que le amara a El sería a su vez odiado por el mundo. “Si el mundo os aborrece, sabed que primero que a vosotros me aborreció a mí. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya: pero como no sois del mundo, sino que os entresaqué yo del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Acordaos de aquella sentencia mía, que ya os dije: no es el siervo mayor que su amo…

Pero todo esto lo ejecutarán con vosotros por causa y odio de mi nombre: porque no conocen al que me ha enviado”.

¡El será odiado! ¡Qué profecía tan extraña! ¿qué hizo El para ser odiado? Era humilde y dócil de corazón. Ofreció su vida por la redención de muchos. Su Evangelio fue el Evangelio de amor, aun para sus enemigos. Su último acto fue el perdón y olvido para aquéllos que lo llevaron a la muerte. Todo esto era un odio“sin causa” como El dijo. Había una terrible perversidad en torno a todo esto. El sanó sus heridas, y ellos lo hirieron a El. Trajo nuevamente sus muertos a la vida, y ellos arrebataron su vida. El llamó a los hombres del mal para que se hicieran buenos, y sin embargo los malos lo clavaron en una cruz. El trajo la vida divina para hacer amigos a todos los hombres, los enemigos le dieron muerte ignominiosa.

Tampoco hubo ninguna razón para odiar a los que le amaron. Estos iban a ser pobres como El fue pobre; luchaban por ser perfectos como su padre celestial era perfecto, y humildes como El, que lavó sus pies. Aún en el tiempo en que se vieron perseguidos, ellos se regocijaron; cuando maldecidos, bendijeron, como si los insultos de esos hombres perversos fueran la consagración de su propia bondad, y el lodo arrojado a ellos por los impuros, la prenda de su propia pureza.

No hay nada para odiar en una vida así, ni en una doctrina como esa. Debemos mirar afuera de El y de su Evangelio si queremos encontrar alguna razón para la inmoralidad de ese odio. ¿Puede ser que El fuera un impostor como la Rusia comunista cree, y que su religión sea una impostura? Pero si El es un impostor como creen los soviets, entonces nuestro amor por El es falso, y el odio de ellos hacia El es verdadero. Pero si su odio es verdadero, entonces debería renovar su sociedad y transformar los corazones de los hombres. Si nuestro amor por El ha hecho tanto por rehacer al hombre, y nuestro amor es un sueño vano, entonces qué grandes cosas deberían hacer ellos para derribar este ídolo. Pero nombra una sola cosa que haya hecho su odio hacia Nuestro Señor. ¿Cuáles son las buenas obras de su odio? ¿Qué pueblos han apartado del vicio y la corrupción? ¿Qué almas han consolado? ¿Qué corazones han dulcificado? ¿Dónde están sus hermanas de la caridad? ¿Dónde están las hermanas de los pobres? ¿Dónde están sus mártires? ¿Sus vírgenes de blanco, sus matrimonios felices? Hay hombres muriendo de dolor; hay almas clamando por el pan de vida eterna, y hay corazones pecadores suplicando perdón. ¿Dónde —oh odio de Cristo— están vuestra consolación, vuestra misericordia y la paz vuestra para esas almas?

No, el odio por Cristo no ha de buscarse en el hecho de que El fuera un impostor, pues el odio es una negación, y la negación es una afirmación de su existencia. Hay muchas mentalidades en todos los tiempos que han estudiado y doblaron su rodilla, para admitir que El sea un impostor. ¿Dónde pues encontrar una razón para el odio?

Debe haber alguna razón peculiar para El y para El sólo, que explique esto. En ningún otro de toda la historia en¬contráis un odio pertinaz excepto contra Nuestro Señor. Ningún otro fundador de una religión dijo alguna vez que El sería odiado, y ningún otro fue odiado. Buda no es odiado Mahoma no es odiado, Soroastro no es odiado. Algunos hombres fueron odiados mientras vivieron. Nerón fue odiado mientras vivió, aún por sus propios conciudadanos. Gengis Khan fue odiado por una gran masa de la humanidad. Bismarck fue odiado por muchos de sus propios compatriotas. ¿Pero quién odia a alguno de éstos hoy? No hay puños levantados en execración contra Nerón. No hay blasfemias contra el Khan. No hay himnos de odio cantados sobre la tumba de Bismarck. El odio murió con ellos. Ni siquiera el Kaiser, que fue odiado por una parte del mundo y por algunos de su propio pueblo después de la Primera Guerra, es odiado hoy.

Ahora, ¿por qué ha muerto el odio contra todos los demás, y aún perdura contra Nuestro Bendito Señor? Aquí llegamos a la razón verdadera. ¿Qué es lo que causa el odio? El odio es causado por lo que obstruye o crea un obstáculo a algo que nosotros deseamos. ¿Por qué Nerón fue odiado cuando vivía? Porque sus vicios eran un obstáculo a la justicia social por la cual luchaba el pueblo romano. Pero ahora que los vicios de Nerón se han podrido con su carne, nadie lo odia. Nadie odia hoy a Tiberio, a Domiciano, Iván el Terrible o Nestorio. Aun la palabra desprecio es mucho para ellos. Ellos han dejado de ser objetos de odio, porque han dejado de ser obstáculos. Pero con Nuestro Señor es diferente. El odio contra Cristo nunca se ha debilitado aún después de veinte siglos, como lo testimonian Rusia y México y España; y la razón para que aún perdure es que Cristo todavía es un obstáculo: un obstáculo al pecado, al egoísmo, al paganismo, y al espíritu del mundo. El espíritu de Cristo vive todavía en aquéllos que aman. Aún es un estorbo para las naciones que quisieran olvidar a Dios; un tropiezo aún para los que cesan de orar; un reproche todavía para aquéllos que pecan y no hacen reparación; es aún una divinidad que se rehusa a bajar de la Cruz para ganar el aplauso de la hora; es aún una voz apartando a los corazones intranquilos del espíritu del mundo hacia la gloriosa libertad de los hijos de Dios. El odio aún perdura, porque El vive aún.

Pero si El vive aún, entonces es Divino. Si El es divino, entonces hasta que muera el espíritu del mundo, habrá dificultades para sus seguidores. Pero cuando esto muera, habrá la victoria. “En el mundo tendréis aflicción, pero sed confiados, Yo he venido al mundo”.

He aquí la clave para el odio de la Iglesia: Nuestro Señor fue intensamente amado e intensamente odiado porque El era divino. Sólo la perversión del soberano amor a Dios podría explicar tal odio. Solamente lo que continúa esa vida divina podría ser objeto de tal odio.

Hay ahora en el mundo una forma de cristianismo (dice Newman) que es acusada de grosera superstición, de tomar prestados de los paganos los ritos y costumbres, y de adscribir a las formas y ceremonias una virtud oculta; una religión que es considerada como que agobia y esclaviza la mente con sus requisitos, que se dirige a los ignorantes y de mente débil, que está sostenida por la sofística y la impostura, y que contradice la razón y asalta la mera fe irracional; una religión que imprime sobre las mentalidades sinceras puntos de vista muy perturbadores sobre la culpa y las consecuencias del pecado, que grava sobre los actos mínimos de cada día, uno por uno, sus valores determinados de alabanza o reprobación, y así arroja una pesada sombra sobre el futuro; una religión que señala a la admiración la renuncia a la riqueza, y así inhabilita a personas sinceras para que disfruten de ésta si quisieran; una religión, cuyas doctrinas, sean buenas o malas, son desconocidas para la generalidad de los hombres; una religión que se considera que lleva en su misma superficie signos de locura y falsedad tan patentes que basta una mirada para juzgarlos, haciendo innecesario un examen cuidadoso; una religión tal que los hombres miran a quien se convierte a ella con curiosidad, recelo, temor, disgustos, y según el caso, como si algo extraño le hubiese acontecido, como si hubiera tenido iniciación en misterios, hubiera entrado en comunión con temibles influencias, y como si fuese ahora un miembro de una confederación que lo reclama a él, lo absorbiera, despojara de su personalidad, lo redujera a un mero órgano o instrumento de un todo; una religión que los hombres odian como prose-litista, antisocial, revolucionaria, que divide las familias, separa a los mejores amigos, corrompe las máximas de gobierno mofándose de la ley, disolviendo los imperios, que es enemiga de la naturaleza humana y conspiradora contra sus derechos y privilegios; una religión que ellos consideran el campeón de instrumento de las tinieblas, y una infección que llama la cólera del cielo para que caiga sobre la tierra; una religión que ellos asocian con la intriga y la conspiración, de la cual hablan cuchicheando, que señalan por anticipado cuando algo va mal, y a la cual imputan donde quiera que hay responsabilidades; una religión cuyo solo nombre ellos arrojan fuera de sí como algo malo, y lo usan solamente como calificativo insultante, y la cual, por impulso de conservación, ellos quisieran perseguir si pudieran; si tal religión existe en el mundo no es nada distinta del Cristianismo tal como el mismo mundo la vio, cuando salió por primera vez de su divino autor.

Si quieres hallar hoy a Cristo en el mundo, entonces busca la Iglesia que no marcha con el mundo. Busca la Iglesia que es odiada del mundo, como Cristo fue odiado por el mundo. Busca la Iglesia que es acusada de marchar atrás de los tiempos, como Nuestro Señor fue acusado de ser ignorante y no haberse cultivado jamás. Busca la Iglesia que los hombres escarnecen como socialmente inferior, como ellos denigraron de Nuestro Señor porque El vino de Nazaret. Busca la Iglesia que es acusada de tener un demonio, como Nuestro Señor fue acusado de estar poseído de Belzebú, el Príncipe de los Demonios. Busca la Iglesia que, en tiempos de fanatismo, los hombres dicen que debe ser destruida en nombre de Dios, como los hombres crucificaron a Cristo y pensaron que habían prestado un servicio a Dios. Busca la Iglesia que el mundo rechaza porque sostiene que es infalible, como Pilato rechazó a Cristo porque El se llamó a sí mismo la verdad. Busca la Iglesia que es rechazada por el mundo como Nuestro Señor fue rechazado de los hombres. Busca la Iglesia que en medio de la confusión de opiniones encontradas, sus miembros aman como Cristo amó, y respeta su voz como la voz misma de su fundador; y nacerá la sospecha de que si la Iglesia es impopular para el espíritu del mundo, es señal de que no es de este mundo, y si no es de este mundo, entonces es de otro. Siempre que ella no es de este mundo es amada infinitamente e infinitamente odiada como lo fue el mismo Cristo. Pero sólo lo que es divino puede ser odiado infinitamente e infinitamente amado. Por lo tanto, la Iglesia es divina. Por tanto es ella la vida de Cristo entre los hombres. Por lo tanto nosotros la amamos. Por lo tanto nosotros esperamos morir en su bendito abrazo.



EL FENÓMENO SOBRENATURAL DEL AYUNO ABSOLUTO Y LA SANTIFICACIÓN



La fisiología y la patología enseñan que el hombre no puede sobrevivir a una abstención total de alimentos prolongada por algunas semanas. Esta es la regla general para el acontecer totalmente humano, sin embargo, la Iglesia registra numerosos casos de ayunos absolutos durante años, perfectamente documentados, ya que las investigaciones que se aplican desde Benedicto XIV son muy estrictas. Sin embargo, el ayuno absoluto durante años, por sí solo, no es causa de santidad. 

En lo estrictamente humano, se puede mencionar el caso del alcalde de Cork, que se dejó morir de hambre para protestar contra el dominio inglés en Irlanda: su agonía, durante la cual no tomó más que líquido, duró cerca de dos meses y medio. En 1831, el bandido Granié, condenado a muerte, rehusó todo alimento, excepto un poco de agua; murió al cabo de sesenta y tres días, en medio de convulsiones reducido a 26 kilogramos de peso (Dr. Moreau-Christophe, inspector de prisiones). En 1924 el Dr. P. Noury, en Concours medical, publicó la observación de una nonagenaria, que habiéndose fracturado el cuello del húmero, declaró que no quería quedar debilitada y que prefería morir. Rehusó toda otra alimentación que no fuera un poco de agua y algunos granos de uva: se extingió a los cuarenta y nueve días.

Frente a estos datos, la historia de los místicos nos presenta, entre otros, a la bienaventurada Angela de Foligno (fallecida en el año 1309), que permaneció doce años sin tomar alimento alguno; a Santa Catalina de Sena(1347-1380), ocho años aproximadamente; a la bienaventurada Elisabet de Reute (fallecida en 1421), más de quince años; a Santa Lidvina de Schiedam (1380-1433) veintiocho años; al bienaventurado Nicolás de Flue(1417-1487), veinte años; a la bienaventurada Catalina de Racconigi (1468-1547), diez años; Dominga del Paraíso (1473-1553), veinte años; etc. De nuestros tiempos citaremos a Rosa María Andriani (1786-1845), veintiocho años; Domenica Labbari (1815-1848) y Luisa Lateau (1850-1883), catorce años.

Muchos otros nombres podrían citarse, sin contar los que nunca se han divulgado. En todo caso, la mayoría de estos hechos han sido controlados en forma muy severa. El Dr. Imbert-Gourbeyre recuerda la encuesta ordenada en el siglo VIII por el obispo, sobre el ayuno de Santa Walpurgis. El de Santa Lidvina, fue en 1420 objeto de una comprobación pública, formada por el bailío, el alcalde, los ujieres y los cónsules de la ciudad de Schiedam. También el del bienaventurado Nicolás de Flue fue controlado por las autoridades civiles y eclesiásticas. Se levantó un acta que reza: “Hacemos saber a todos y a cada uno, que Nicolás Flue, después de haber dejado a su padre, a su hermano, a su mujer y a sus hijos, para retirarse en una soledad llamada Raust, se mantuvo allí, por la gracia de Dios, sin comer ni beber durante dieciocho años, viviendo aún santamente en este instante en que escribimos este documento, y gozando de sus facultades: lo que atestiguamos por haberlo visto y sabido en verdad”.

El papa Inocencio VII hizo controlar el ayuno de la bienaventurada Colomba de Rietti, que seguía desde veinte años; en 1659, la famosa pastora de Laus estuvo bajo el control del mismo obispo de Embrum. En 1868 la abstinencia de la hermana Esperanza de Jesús fue comprobada oficialmente por el obispo de Ottawa, asistido por dos médicos, uno católico, el Dr. Baubién, otro protestante, el Dr. Ellis. La hermana fue sometida, durante seis semanas, a la vigilancia más rigurosa, encerrada en una habitación y atendida constantemente por dos hermanas que no la dejaron un segundo. Al final de la experiencia en presencia del obispo, ella pesaba 124 libras, en cambio de las 113 iniciales…

Teresa Neumann, que desde la Navidad de 1926 no toma ningún alimento ni sólido ni líquido, fue sometida al control que su médico juzgó de un rigor absoluto: durante 15 días, cuatro hermanas franciscanas de Mallersdorf, especialmente adecuadas para la vigilancia, observaron constantemente, día y noche, a la ayunadora. Ella fue pesada regularmente; se midió el agua con que se enjuagaba la boca antes y después del uso; la sangre fluyente de las llagas fue recogida y enviada al examen de un laboratorio; las orinas y materias fecales fueron recogidas, medidas, pesadas y analizadas química y microscópicamente. Del miércoles al sábado hubo una pérdida de 3 a 4 kilogramos, recobrada los demás días, de modo que el peso a la mitad y al final de la experiencia se halló cerca de los 55 kilogramos, como al principio. Orina: 350 gr. en una semana. Heces: 20 a 30 gr. en cuatro o cinco semanas. En el examen microscópico no se halló rastro de alimentos. Las autoridades eclesiásticas solicitaron un nuevo control.

Haremos notar, finalmente, que la Iglesia ha creído que determinados ayunos estaban bien probados, para mencionarlos en la bula de canonización de Santa Catalina de Sena, en las beatificaciones de Santa Catalina de Ginebra, de San Pedro de Alcántara, de Santa Rosa de Lima y muchos otros. Los ha nombrado hasta en los oficios litúrgicos de varios santos, como en el caso del Venerable José de Leonissa.

En realidad no se puede comprender en ningún modo la posibilidad de realización natural de tales ayunos.

Los animales de letargo invernal, como la marmota, el oso, el erizo, el murciélago, etc. se hunden en la inmovilidad y caen en un estado de letargo con un amortiguamiento de la circulación y la respiración, y la temperatura considerablemente rebajada. El mantenimiento de esa existencia, reducida al mínimum, exige entretanto la combustión de las grasas y de elementos tisulares, que dan siempre una disminución de peso.Ayunadores como Cetti, pierden 6 kilogramos en 10 días de ayuno, Breithaps 3 kilogramos en seis días; Succi 12,200 en veintinueve días (Arthus, Physiologie). Merlatti resistió cincuenta días; Succi, cuya última experiencia se realizó en 1904, no excedió los treinta días, y lo mismo Gayer en 1910.

En 1922, los doctores Marsel Labbé y Stevenin presentaron a la Sociedad de Biología de París la observación de un hombre que fue sometido experimentalmente a un ayuno de cuarenta días, con bebidas (agua y limonada). El peso se redujo en 700 gramos por día, durante los primeros 10 días, luego solamente en 250 gramos por día. El metabolismo de 43 calorías por hora y por metro cuadrado de superficie corporal al principio, bajó progresivamente a 16 calorías al final del ayuno. Nosotros poseemos la experiencia de numerosos casos de anorexia mental. Hemos hallado metabolismos rebajados más allá del 50 ó 60 % en sujetos que perdieron más de 20 kilogramos de su peso. Ahora bien, a pesar de esa rebaja en la combustión, a pesar de la toma de una cantidad mínima de alimentos, el deceso sobrevino siempre en algunos meses en los casos rebeldes.



HACE FALTA ALGO MÁS PARA LA SANTIFICACIÓN

El organismo humano no puede mantener su vitalidad sin combustión y toda combustión implica una pérdida de ácido carbónico y desechos; de ello proviene el enflaquecimiento y, si no hay aporte de materiales de reemplazo, la muerte sobreviene después de cierto tiempo.

Observemos además que los Santos y las personas piadosas llevaron en su mayoría una vida normal y hasta muy activa. No sólo no padecieron el letargo de los animales invernantes, sino que Santa Catalina de Sena, Santa Nicolina, Santa Ágata de la Cruz, Santa Lidvina durmieron apenas algunos instantes por noche, a veces nada en absoluto. Su desgaste debió ser por lo tanto el máximo.

En tales condiciones, la hipótesis de un milagro se presenta fácilmente al espíritu. Y sin embargo la Iglesia no se satisface con estos resultadosbiológicos de apariencia netamente demostrativa.

Benedicto XIV exige que en esos casos se realice una severa encuesta. Hay que comprobar la duración de la abstinencia, la conservación de las fuerzas físicas y morales, la ausencia de hambre en plena salud. Hay que excluir cualquier causa mórbida o morbosa del ayuno. Sobre todo hay que estar seguros de la santidad del ayunador, informarse del grado heroico de sus virtudes, de sus dones sobrenaturales de éxtasis, de ciencia infusa y de profecía, si el caso lo requiere. Hay que reconocer la causa del ayuno: vanidad o razón humana, o bajo el impulso del Espíritu Santo y en plena sumisión a la obediencia. Por otra parte, el ayunador no debe haber sido ayudado en su ayuno más que por la administración de la Santa Eucaristía y haber cumplido todos los deberes de su estado. Y es sólo cuando hay una contestación satisfactoria a estas diferentes condiciones, que el ayuno puede ser admitido como milagroso.

Por eso se explica que la Iglesia no tenga forzosamente en cuenta el ayuno absoluto de larga duración para una beatificación o una canonización y que no eleve a los altares a todos los ayunadores piadosos. El ayuno, por sí solo, no demuestra la santidad; hay que tener en cuenta una posible intervención diabólica; hay que tener en cuenta posibilidades desconocidas de la naturaleza.

En ciertas circunstancias ¿no será posible que el hombre asimile como las plantas el ácido carbónico y el nitrógeno atmosférico? ¿Se puede recibir la energía vital de otra o de combustiones internas? ¡Un autor, en la revistaHippocrate (1934), propuso para Teresa Neumann la hipótesis de una asimilación de las irradiaciones solares! La Iglesia no nos prohibe estas suposiciones que, científicamente, nos parecen temerarias; y si negamos el milagro, nos conducimos correctamente. Pero entonces la posibilidad de la vida futura de nuestros cuerpos gloriosos, inmutables y sin necesidades, se torna naturalmente concebible…

Si la Iglesia reconoce en algunos de sus Santos el otorgamiento de parte de Dios de tal privilegio, ya en su existencia terrenal, como una recompensa para ellos, como ejemplo y estímulo para los demás fieles, ella no excluye la posibilidad de los fenómenos en otras condiciones y esto vale por la mayoría de los fenómenos. El reconocimiento de la participación de Dios, en lugar de disminuir la de la ciencia, le abre al contrario, horizontes más amplios. En todas partes donde se halle a Dios, el conocimiento humano se agranda, porque Él es el Señor de las ciencias: Deus scientiarum Dominus.



FUENTE: http://forosdelavirgen.org //  Dr. Henri Bon, Medicina Católica, (1942)

LA LEVITACIÓN.



La levitación ha sido el tema de un notable trabajo de Olivier Leroy, profesor adjunto de la Universidad, que ha estudiado también la incombustibilidad. Se sabe que ella consiste en el levantamiento, el mantenimiento y el desplazamiento en el aire del cuerpo humano o de diversos objetos, sin apoyo visible y sin la acción manifiesta de alguna fuerza física.


LEVITACIÓN EN LOS SANTOS Y PERSONAS PIADOSAS

Leroy recogió doscientos quince casos; lo que constituye un fenómeno bastante raro.

Ciertos hechos citados en el Antiguo Testamento tienen ciertas analogías con la levitación: Enoch raptado vivo en la tierra, Elias y su carro de fuego,Habacuc transportado desde Judea a Babilonia. El Nuevo Testamento nos habla del traslado de Nuestro Señor sobre el pináculo del templo de Jerusalén, luego sobre la cumbre de un monte, mas los comentaristas no concuerdan al respecto. Finalmente, hay el paseo de Nuestro Señor y San Pedro sobre el agua, y la Ascensión.

Desde esa época hasta nuestros días, las levitaciones (conocidas) parecen distribuirse casi parejas a través de los siglos. Tenemos unas veinte para el siglo XIX y el comienzo del siglo XX.

“El caso más notable es el de San José de Cupertino en el siglo XVII. Las actas de su proceso de canonización, en realidad, comprobaron más de 70 casos de rapto personal en la sola ciudad de Cupertino o en las cercanías. Se trata en él, casi siempre, de vuelos extáticos, es decir, de levitaciones con movimiento de traslación. Según advierte la bula de canonización, publicada el 16 de julio de 1767 por Clemente XIII, ningún Santo puede comparársele en este aspecto.

Se le vio volar del centro de la iglesia hasta el altar mayor, por un trecho de 25 metros aproximadamente; elevarse hasta el pulpito en la misma forma, volar sobre árboles y quedarse posado sobre ramitas flexibles. Le ocurrió que con él se levantaran un confesor del convento de Cupcrtino, el Padre guardián del convento de Asís y un alienado que se le llevara para ser curado. El papa Urbano VIII fue testigo de una levitación, lo mismo que en 1645 el Gran Almirante de Castilla, cuya esposa se desmayó por la emoción.

“La más célebre, sin duda, de las levitaciones de José de Cupcrtino fue la que presenció Federico de Brunswick y que asombró tanto a ese príncipe, que le determinó a abandonar la religión luterana. Juan Federico, en edad entonces de 25 años, visitó en 1649 las principales cortes europeas. Hallándose en Roma, quiso llegar hasta Asís, donde le impelía el renombre del Santo. La mañana siguiente a su llegada al convento, asistió con dos chambelanes a la Misa celebrada por José y le vió elevarse del altar en que oficiaba, cubrir de rodillas en el aire una distancia de cinco pasos y volver al altar. Al día siguiente, en el momento de la consagración, José se levantó de un palmo y se mantuvo así más de cinco minutos sobre la grada del altar, con el brazo levantado, sosteniendo la Hostia. Al ver eso, narra Pastrovicchi, el príncipe se puso a llorar. Uno de sus chambelanes, como él luterano, declaró que lamentaba haber venido para asistir a un espectáculo que trastornaba sus convicciones. El príncipe, después de una conversación con José, no sólo se declaró católico, sino que después de haber asistido a completas y seguido la procesión, se enroló como miembro de la Orden franciscana. Volvió en seguida a Brunswick para arreglar algunos asuntos y, el año siguiente, volvió a Asís para abjurar solemnemente a manos de José, en presencia de los cardenales Facchinetti y Rappacioli. El chambelán luterano H. J. Blume se convirtió a su vez en 1653″.

Una de las últimas levitaciones de San José, es la que ocurrió durante una operación. He aquí la exposición del cirujano Francisco de Pierpolo, que observó los hechos: “Durante la última enfermedad del Padre José, de acuerdo con las órdenes del médico Jacinto Carosi, tuve que aplicar una cauterización en la pierna derecha. El Padre José estaba sentado sobre una silla, con la pierna apoyada sobre mi rodilla. Ya estaba aplicando yo el hierro para la operación; noté entonces que el Padre José estaba arrebatado fuera de sí y en una abstracción completa; los brazos estaban extendidos, los ojos abiertos y vueltos hacia el cielo; la boca estaba entreabierta; la respiración parecía haber cesado. Noté que estaba levantado de un palmo más o menos sobre la silla citada, en la misma posición en que se hallaba antes del éxtasis. Traté de bajar la pierna pero no lo logré: la misma quedó extendida. Una mosca se había posado en su pupila; cuanto más me esforzaba en echarla, tanto más se obstinaba al parecer en volver al mismo sitio; al final tuve que dejarla. Para observar mejor al Padre José me puse de rodillas. El médico antes citado le observaba como yo. Ambos reconocimos visiblemente que el Padre José estaba arrobado, sin sentido físico, y que además estaba bien suspendido en el aire, como dije. Esta situación duró un cuarto de hora, hasta que llegó el Padre Silvestre Evangelista, que vivía en el convento de Osimo. Después de haber observado el fenómeno, este ordenó al Padre José de volver en sí por santa obediencia y lo llamo por su nombre. El Padre José sonrió y recobró los sentidos”.

Entre las levitaciones del siglo XIX, citaremos las del bienaventurado Andreas H. Furent, comprobadas por numerosos testigos, que declararon en el proceso informativo de beatificación. Él se elevaba y permanecía elevado a una altura de 20 centímetros, ya de pie, ya de rodillas, durante la Misa, haciendo el Via Crucis, orando.

La Madre de Bourg, tía de monseñor d’Hulst, se elevaba a menudo delante de los miembros de su familia o delante de las religiosas de su comunidad. A veces intentó resistir, pero inútilmente, como el día en que habiéndose trabado en su reclinatorio, lo levantó con ella y al soltarlo, éste cayó con ruido y se rompió.

Sor María de Jesús Crucificado (1846-1879), carmelita árabe, se levantaba muy alto pero sus levitaciones nunca tuvieron lugar sin algún apoyo. En sus éxtasis, se levantaba por sobre los árboles en el Jardín del Carmelo de Belén, pero se deslizaba sobre la superficie de las frondas y nunca flotaba libremente en el vacío. O. Leroy obtuvo del R. Padre Buzy, capellán del convento, pormenores recogidos de testigos oculares: “Sor María —escribe el Padre Buzy— se levantaba hasta la cumbre de los árboles en la punta de las ramas; ponía su escapulario en una mano, tomaba con la otra una ramita del lado de las hojas, y en un parpadear del ojo se deslizaba por el exterior del árbol hasta su cima. Los testigos insisten en el hecho de que subía instantáneamente. Pasaba también de un tilo a otro por las puntas de las ramas. Una vez subida, se mantenía sobre ramas demasiado débiles como para sostener normalmente una persona de su peso”. El Padre Buzy cita a continuación, como ejemplos, dos o tres declaraciones hechas en el proceso.



LEVITACIÓN FUERA DEL CATOLICISMO

La antigüedad, el budismo, el taoísmo, el mahometismo admiten la levitación y citan diversos casos en sus tradiciones. Sin embargo, faltan los pormenores y O. Leroy pudo lograr la certeza de los casos modernos netamente comprobados.



LA LEVITACIÓN DEMONÍACA

Sulpicio Severo escribe a propósito de San Martín: “He visto, al acercarse Martín, a un demoníaco levantarse y permanecer en el aire, con los brazos extendidos, en forma que sus pies no se posaban en el suelo… Hubierais visto a esos desdichados agitarse en diversa forma: unos estaban levantados y suspendidos en el aire con los pies en alto, sin que sin embargo los vestidos vinieran a caer sobre sus rostros y a descubrir sus cuerpos en forma inconveniente”. Se hallan ejemplos análogos en San Hilario, en San Paulino, en la vida de Santa Genoveva, de San Vicente Ferrer, etc.

O. Loroy cita las levitacionos de una poseída de Louviers, Francisca Fontaine, exorcizada en 1591, que fueron registradas en un acta cuyo original se halla en la Biblioteca Nacional (H. S. N.° 24.122 del fondo francés).Se lee allí que Francisca, en presencia del preboste Morel, de su notario y de otras personas, fue “levantada en el aire cerca de dos pies sobre el suelo, toda derecha”, luego, habiendo caído cuan larga era, fué arrastrada así a través de la sala, con gran asombro de todos. “En otro momento, cuando el preboste le leía a modo de exorcismo el Evangelio según San Juan, la posesa, que estaba extendida sobre el piso de espaldas, se levantó tres o cuatro pies, y fué trasladada así horizontalmente en la dirección del exorcizador improvisado, quien tuvo tanto “miedo” que huyó hasta el recinto reservado a los jueces, y allí se atrincheró”.

Calmeil, en su Traite sur la folie, cita una carta de un misionero: “Pensé durante un exorcismo —dice el misionero— de comandar al demonio, en latin, de transportarlo (al indígena poseso) al techo de la iglesia, con los pies en alto y la cabeza hacia abajo. En seguida su cuerpo se tornó rígido, y como si hubiera estado imposibilitado en todos sus miembros, fué arrastrado del centro de la iglesia hasta una columna, y allí con los pies juntos, el dorso pegado a la columna, sin ayudarse con las manos, fué trasladado en un segundo hasta el cielo raso, como un peso que hubiera sido atraído en alto velozmente sin que pareciera hacer nada de su parte. Suspendido del techo los pies pegados, la cabeza hacia abajo, indiqué al demonio, como me lo había propuesto, la falsedad de la religión pagana. Lo tuve más de media hora en el aire, y no teniendo más paciencia para mantenerlo allí más tiempo, por lo asombrado que yo mismo estaba, ordené al demonio que lo colocara a mis pies sin hacerle daño… El demonio me lo tiró en seguida como un atado de ropa sucia, sin dañarlo”.



LEVITACIÓN DE MÉDIUMS

La levitación —dice Carlos Richet— es “un fenómeno excepcional, aun para los grandes médiums”.

“El célebre médium Daniel Douglas Home, según W. Crookes, tuvo un centenar de levitaciones comprobadas por varios testigos. “En tres ocasiones distintas, vi que Home se elevaba completamente hasta el techo de la habitación. La primera vez, estaba sentado sobre un sofá; la segunda estaba de rodillas sobre su silla y la tercera de pie. En cada ocasión, tuve toda la comodidad posible para observar el fenómeno en el momento en que ocurría”.

Lord Lindsay, Lord Adare y el capitán Charles Winne asistieron a fenómenos parecidos. Estas levitaciones ocurrían generalmente en una oscuridad más o menos acentuada; pero Lord Linsay declaró al comité de la “Dialectical Society”, que había visto a Home, en plena luz, levantado diecisiete pulgadas del suelo.

Este médium, se dice, podía provocar la levitación hasta en otras personas. Habría hecho subir a un amigo del Dr. Hawksley sobre una tosca mesita que con su carga se levantó unas ocho pulgadas del suelo. El Dr. Hawksley pudo examinar a su gusto el fenómeno pasando la mano entre los pies de la mesita y el piso. La escena tuvo lugar a las tres de la tarde.

W. Stainton Moses profesor del University College School, alrededor de los treinta años de edad, fué objeto de fenómenos extraordinarios descritos por su amigo Fr. Myers. Su primera levitación ocurrió el 30 de junio de 1870. Estaba sentado con las espaldas vueltas hacia el círculo de los experimentadores. Y se sintió levantado con su silla a una altura de 30 ó 40 centímetros. Luego el movimiento ascendente continuó, sin silla, hasta que su cabeza se halló a poca distancia del techo. Descendió dulcemente y se encontró sobre su silla que había retomado su lugar. Parecía hallarse perfectamente consciente de todo lo que pasaba y no probó más que una ligera sensación de fatiga al respirar. Esta experiencia fué repetida nueve veces con mayor o menor éxito.

Más recientemente, experiencias análogas fueron realizadas por el Dr. Schwab con María Vollhart, y por el Dr. H. Schrenck-Notzing con el médium Willy. El Dr. Geley vio a éste en Vicna, en casa del Dr. Holub y fué testigo de una levitación, cuyo contralor le pareció impecable”.



LAS SEUDO-LEVITACIONES FISIOLÓGICAS O PATOLÓGICAS

Es común, en ciertos sueños, el hecho de experimentar la sensación de ser levantado, de flotar en el vacío y de moverse en él. El psicólogo Leuba escribe: “Durante experiencias que yo mismo establecí, mediante éter y protóxido de nitrógeno, dos sujetos experimentados tuvieron la sensación de la levitación”. Finalmente, algunos neurópatas o locos tienen la ilusión de elevarse en el aire, como el falso éxtasis de P. Janet, que escribió: “En ciertos momentos no toco ya el suelo; mis sandalias no se mojan cuando el piso está húmedo… Ya no camino, vuelo… Yo estoy cada vez más levantado; el milagro se torna indiscutible. Yo parto… ¡Adiós! ¡Adiós!” Pero sus pies no abandonaron nunca el pavimento.

Por otra parte, se han comparado a menudo a la levitación, los accesos de somnambulismo o de histeria acrobática, que hacen tomar a los pacientes las actitudes más extraordinarias, los hacen saltar en el aire, trepar a los árboles o por las paredes, etc.

Pero en estos dos órdenes de hechos no se trata más que de fantasías del sujeto, o de actos de acrobacia sin relación con la levitación.



LEVITACIÓN DE OBJETOS

A la inversa, cabe comparar a las levitaciones corporales, las levitaciones de objetos, porque en ambos casos son las mismas leyes físicas las que parecen ser violadas y las dos clases de fenómenos pueden aclararse mutuamente.

a) Levitación de objetos religiosos. — La historia religiosa refiere a menudo desplazamientos de objetos sin contacto: estatuas, crucifijos, imágenes, etc. El más célebre de estos fenómenos, pero también el más discutido, es la Traslación de la Casa de la Virgen, la Santa Casa de Nazaret, a Loreto, hacia fines del siglo XIII.

Nos atendremos a un solo ejemplo indiscutible: el milagro del Ostensorio de Favemey, acaecido el 26 y 27 de mayo de 1608, ante la presencia de miles de testigos, comprobado por una investigación oficial, cuyas declaraciones han llegado hasta nosotros, y relatado finalmente por un protestante, Federico Vuillard, que se convirtió después del examen directo de tal prodigio.

“En oportunidad de la fiesta de Pentecostés, se había construido un altar ante las rejas del Coro. El Santísimo había sido depositado allí el sábado, antes de las vísperas. Esa noche y el domingo, numerosas personas hicieron acto de adoración delante de Él. El lunes por la mañana, cuando el sacristán fué a abrir la iglesia, ésta estaba llena de humo y el altar estaba reducido a escombros incandescentes, pero el ostensorio se mantenía sin algún apoyo seis pulgadas más alto y cuatro dedos más atrás, por lo menos, que el lugar en que había sido depositado. Estaba inclinado hacia atrás, de modo que su pie se hallaba a un dedo más o menos de las rejas del coro y la pequeña cruz que lo coronaba, las tocaba con la punta de uno de los brazos. Un trozo de tela quemada había caído entre el intervalo mínimo, del espesor de un grueso cuchillo, que había entre esa punta y las rejas. Un religioso sopló sobre la ceniza y el intervalo apareció completamente libre. El ostensorio quedó en ese estado de levitación durante treinta y seis horas aproximadamente. La muchedumbre acudió de todas partes, para contemplar el prodigio.

Finalmente, el martes por la mañana, poco después de las nueve, mientras el abate Aubry, párroco de Menoux, celebraba la Misa ante gran concurrencia de gente, uno de los cirios encendidos que se hallaban sobre la mesa que se había improvisado debajo del ostensorio, a un palmo del mismo, se apagó tres veces. Y en el momento de la Elevación, “el Sagrado Relicario se movió, dando un leve sonido argentino; luego se dobló, se enderezó de nuevo, y en el mismo momento en que el abate Aubry recogía el sacratísimo Cuerpo de Dios sobre el altar, el ostensorio milagroso descendió derecho, con la cara vuelta a los fieles; bajó dulcemente por sí solo, y sin ayuda de nadie, avanzando por el medio del corporal colocado sobre el pequeño misal, se colocó exactamente a una distancia de tres dedos de las rejas, en su verdadera y digna posición”.

b) Levitación de objetos no religiosos. — Se encuentra en las sesiones mediánicas, generalmente en la oscuridad o a la luz débil y a poca distancia del médium. El Dr. Carlos Richet cita numerosos ejemplos en su Traite de Métapsychique, sobre todo las levitaciones de objetos pequeños mediante Stanislawa Tomezky, en presencia de J. Ochorowitz y del mismo. Nosotros hemos sido testigos personales de levitaciones de objetos, mandolina, pantalla fosforescente, pequeño vestido, etc., obtenida en 1927 en Varsovia por la señora Popiclska, en condiciones de contralor que nos parecieron absolutamente exactas.



APRECIACIÓN DE LOS HECHOS

Advertimos en primer lugar una diferencia esencial entre los hechos religiosos y los no religiosos, tanto que se trate de levitación corporal como de levitación de objetos. Los primeros son independientes de toda condición de lugar, de iluminación, de ambiente y de sujeto: ocurren dentro o fuera de una iglesia, en un locutorio, en una celda o en una habitación; en plena luz o no, en la soledad, en presencia de dos o tres personas o ante una muchedumbre; el sujeto no se prepara en absoluto al fenómeno y es levantado independientemente de su voluntad, en éxtasis o no. La levitación puede llegar a notable altura y realizar un verdadero traslado a distancia y durar horas.

La levitación no religiosa requiere habitualmente locales favorables, una iluminación discreta o nula, un grupo de personas simpáticas formando cadena, un médium en estado de trance. El desplazamiento es rara vez importante y tiene sólo una duración muy breve.

Hemos comprobado que la levitación espontánea fisiológica o patológica no existe, al parecer.

El Dr. Carlos Richet, en los desplazamientos de objetos a poca distancia del médium, admite la posibilidad de la expansión fluida (ectoplasma) fuera del cuerpo de estos últimos. Aunque esta concepción provoque numerosas objeciones, los resultados obtenidos por los diversos experimentadores y sobre todo la frecuencia y, diríase, la vulgaridad de las levitaciones de objetos durante sesiones mediúmnicas o metapsíquicas, serían muy favorables a una posibilidad de acción motora a distancia por el cuerpo humano.

Pero cuando se trata de fenómenos más importantes, como las levitaciones corporales, vemos a los médiums invocar a placer las teorías espiritistas. Un amigo de Home, el Dr. Hawksley, escribió a este respecto: “Después de un serio examen de los hechos, he llegado a la conclusión que esas manifestaciones son provocadas posiblemente por un espíritu inteligente que domina o posee el cuerpo de mi amigo y que puede abandonarlo al producir diversos fenómenos lejos de él: tocar un instrumento de música, levantar o trasladar objetos, leer el pensamiento y responder en manera inteligente, a las cuestiones formuladas mediante signos… Por cierto, me inclino a creer que Home es un poseso, a pesar de que conozco su vida y sus costumbres y estoy por ello convencido de que es un hombre sincero, leal, generoso y bueno”.

Henos aquí llevados, por lo tanto, por los mismos médiums y sus adláteres a la intervención probable de un preternatural, que según la teología no podría nunca ser el hecho de almas descarnadas, sino de demonios. Por esta razón hallamos las levitaciones diabólicas.

Las levitaciones en las religiones no cristianas demostrarían, con todas las reservas por una levitación natural restringida, la intervención a veces del Espíritu del Mal, que trata de trastornar los espíritus; a veces, la de lo preternatural angélico o de lo sobrenatural divino, en la medida con que Dios quiera animar el impulso sincero hacia Él; a veces finalmente una consecuencia de la unión mística, como lo expondremos en seguida.

Finalmente, las levitaciones en los Santos y personas piadosas, con excepción de ciertas pruebas diabólicas, procederían generalmente en forma directa o indirecta de Dios, para manifestar la virtud del sujeto. La opinión clásica (López, Ezquerra, Scaramelli, Benedicto XV) ve en la levitación del extático“una comunicación anticipada y milagrosa de la agilidad de los cuerpos gloriosos”.

Sin embargo, hay muchos casos en que la levitación en los Santos ocurre con caracteres tan extraordinarios que no permiten absolutamente suponerla bajo la acción directa de Dios: San José de Cupertino debió ser excluido de los ejercicios de la comunidad, en razón de los escándalos que provocaba; los paseos de Sor María de Jesús Crucificado por los tilos son mediocremente edificantes; los objetos levantados en el aire y dejados caer con ruido, alimentan muy poco la piedad de los presentes. Por otra parte, levitaciones como las del Padre Francisco Suárez ocurren en la soledad de una celda y a veces sin que ellos tengan conciencia del hecho: no parece que se pueda atribuir a las mismas un fin de estímulo personal o de edificación pública. Además, ciertas levitaciones tienen caracteres de regularidad en sus repeticiones, y de imperfección, que las hacen poco comprobables por los presentes, que las aprecian como fenómenos de alguna manera automáticos y sometidos a condiciones de producción y desarrollo.

Estas consideraciones han llevado a diversos autores, como el Padre de Grandmaison, a considerar algunos casos de levitación en personas piadosas, no ya un milagro directo, sino la consecuencia directa de cierto estado de unión mística con Dios. Es además lo que dice haberle sido revelado Santa Catalina de Sena: “el alma perfecta vive en unión constante con Dios; aunque mortal todavía, ella goza de la dicha de los inmortales, y a pesar del peso de su cuerpo, recibe la alegría del espíritu. Así algunas veces, el cuerpo es levantado por esa unión perfecta del alma conmigo, como si el cuerpo hubiera perdido su peso para tornarse liviano. Sin embargo, nada ha perdido de su peso; pero como la unión del alma conmigo es más perfecta que la unión entre el cuerpo y el alma, la fuerza del espíritu fijo en mí, levanta de la tierra el peso del cuerpo”.

Y el Padre Sempé escribe: “No pidamos, pues, a los ángeles para el cuerpo del extático, lo que el alma puede darle ella misma, como un excedente de lo que a ella misma le da Dios”.

Pero en este caso puede preguntarse si el espíritu de los médiums, fijo fuera de sí mismos en el estado de trance, no podría en medida leve determinar un salto de las facultades posibles del cuerpo humano a un estado superior.

En resumen, la levitación podría proceder:
a) tal vez, cuando no es importante, de aptitudes mal conocidas del cuerpo humano;

b) de intervenciones diabólicas, ya manifiestas, ya veladas, bajo apariencias espiritistas o metapsíquicas;

c) de una modificación de las cualidades corporales bajo la acción de un alma penetrada por la gracia de la unión mística, extática o no;

d) de una intervención angélica o divina, parecida a la que se demuestra en una levitación como la del ostensorio de Faverney.

Desde el punto de vista biológico, la primera y la tercera causa de la levitación parecen atraer especialmente la atención, la primera por los problemas fisiológicos que plantea, la tercera por ese rastro de influencia del alma sobre el cuerpo y de las cualidades posibles del cuerpo humano, que la misma nos da. Cierta relación podría existir entre ambos casos. De cualquier modo, en el segundo caso entrevemos la realización biológica de la frase de San Pablo:“Nuestra ciudad está en los cielos, de donde esperamos a nuestro Salvador y Señor Jesucristo, que reformará nuestros cuerpos miserables sobre el modelo de su cuerpo glorioso” (A los Filip., III, 20-21).


FUENTE:  Dr. Henri Bon, Medicina Católica, (1942)

ADVERTENCIAS DEL MAS ALLA A LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA. Padre Arnold Renz.

Advertencias del mas allá a la Iglesia Contemporánea.

Parte 7
Por el padre Arnold Renz


EXISTENCIA DEL INFIERNO

J;  ¡Si la hubiera escuchado! (señala hacia arriba).  Estaba a mi lado.  (Se queja con una voz terrible).

E:  ¿Quién estaba a tu lado?  ¡Habla en nombre de...!

J:  Ella, la de ahí arriba (señala hacia arriba), pero yo la he rechazado.

E: ¡Continua, Judas, di lo que tienes que decir en nombre de la Santísima virgen!  ¡Di la verdad y solamente la verdad!

J:  Soy el más desesperado de todos (gime).


Descenso al infierno.

E:  ¡Judas Iscariote, ahora tienes que marcharte!

J:  ¡No! (gime).

E:  ¡En nombre de esta Reina que tú has rechazado, en su nombre- de Nuestra Señora del Monte del Carmelo- es necesario que te vayas ahora al infierno.

J:  Es necesario que recéis el Rosario de los Dolores, y el Credo. (mientras decíamos:  "Y descendió a los infiernos", Judas habla):

J:  Descendió hasta nosotros.

E:  ¿Fue Cristo al limbo?  ¡Di la verdad en nombre de...!

J:  Vino al infierno, y no solamente al limbo, donde esperaban las almas.

E:  ¿Por qué fue al infierno?  ¡En nombre de...!

J:  Para mostrar que también había muerto por nosotros; fue terrible para nosotros.  Vino al Reino de los Muertos, pero también vino al infierno, realmente, verdaderamente al infierno.  Fue necesario que Miguel y los ángeles nos encadenasen, para evitar que nos pricipitásemos sobre El (señala hacia arriba y gruñe).  Porque yo- no me gusta decirlo, no me gusta en absoluto oirlo- porque yo soy el culpable de la traición a Cristo, debéis cantar:  "Te veo ¡oh Cristo! silencioso..." y "Quiero arrepentirme de mis pecados"; estas dos estrofas y después una estrofa del Stabat Mater.  "Estaba la Madre Dolorosa".

(Las personas presentes cantan los dos cánticos).

J:  (Durante el canto lanza unos horribles gritos de desesperación).  ¡Si me hubiese arrepentido!  ¡Si me hubiese arrepentido!

E:  ¡Judas Iscariote, nosotros, los sacerdotes, te mandamos en nombre de la Santa Trinidad...que te vayas al infierno!

J:  No...no me quiero marchar (gruñe).  Me encontraba bien dentro de esta mujer.  Me encontraba bien dentro de esta mujer.  Ella estaba obligada a compartir mi desesperación, en gran parte.

E:  ¡Judas en nombre de...es necesario que salgas fuera de ella y te vayas al infierno, a la perdición eterna, donde está tu puesto, en nombre de...!

J:  Pero yo no quiero. 

E:  ¡Sal de ahí, Judas Iscariote, en nombre de la Madre de Dios!

J:  Ella  (señala hacia arriba), ¡si pudiera, tendría piedad de mí, aún ahora!  Me ha amado, ¡Me ha amado, me ha amado!  ¿Sabéis lo que es eso?  (Suspira terriblemente).

E:  ¡Grita tu nombre, Judas Iscariote y vete, en nombre de ...!

J:  Yo sé que Ella me ha amado (gruñe lastimosamente).

E:  Tu no lo has querido; tú no le has obedecido.  Ella quería salvarte para la eternidad, para el cielo.  ¡Tenía tan buenas intenciones con respecto a ti!  ¡Vete ahora, en nombre de Nuestra Señora de Fátima!

J:  ¡No!  (grita desesperadamente)

E:  Judas Iscariote ¡Grita tu nombre y vete!  ¡Vete ahora al infierno en nombre del Salvador Crucificado, que has traicionado, en nombre de sus sufrimientos, en nombre de sus horas en el Huerto de los Olivos!
  

J:  ¡Es necesario que digáis tres veces:  "Santo, Santo, Santo..."!  (Las personas presentes lo recitan, y cantan "Bendice tú María". Durante este tiempo Judas grita con una voz terrible:  ¡No!  ¡No!).

E:  ¡Te ordenamos en nombre de la Santísima Trinidad...!  (Judas rasga las estolas de un sacerdote).  ¡En nombre de todos los coros de los Espíritus bienaventurados, en nombre del Angel de la Guarda de esta mujer, es necesario que ahora te vayas, nosotros te lo ordenamos!

J:  ¡No!  (con una voz terrible).

E:  ¡En nombre de la Santa Patrona de esta mujer, es necesario que te vayas ahora, Judas Iscariote!

J:  Es necesario que coloquéis todas las reliquias sobre la plancha; no se me puede obligar tan fácilmente a irme  Yo soy el...(grita terriblemente).

E:  ¡Nuestra Señora de la Victoria te lo ordena!

J:  Si la hubiera escuchado.

E:  ¡Te ordenamos en nombre de la Santa Virgen, de la Iglesia Católica...!

J:  Eso no tiene objeto (gruñe potentemente con una voz profunda).

E:  ¡En nombre de la Santísima Trinidad...!

EVANGELIZACIÓN MUSICAL - ¿PORQUÉ SER SACERDOTE? - SACERDOTE




En el año de la Vocación hacemos nuestra humilde aportación. Una canción de un amigo sacerdote, el Padre Marcos Alba, Msps hecha vídeo clip. Sabiendo que las noticias sobre algunos de nuestros sacerdotes no han sido las más dignas, también queremos poder decir y cantar el bien que han hecho otros tantos, no pocos, y con los cuales trabajamos codo a codo. Dice el P. Marcos en sus palabras, lo que resume este vídeo: "No dejará de ser apasionante, sorprendente, complejo y maravilloso ser sacerdote".

¿POR QUÉ SER SACERDOTE? - PADRE ALFONSO HERNANDEZ SANCHEZ

La virtud de la pureza en los sacerdotes y seminaristas.




El Padre Alfonso Hernández Sánchez, de Guadalajara (México) es fundador de Misioneras Apóstoles de la Pureza, y Misioneros Apóstoles de la Pureza. La pureza es una virtud imprescindible para el mundo de hoy. Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angelical, la vivió profundamente. No es una tarea imposible, sino que ES POSIBLE VIVIRLA, ayudándonos del Santo Rosario, Exposición del Santísimo, el Sacramento de la Reconciliación, etc. Termina con una bonita oración compuesta por Santo Tomás.


FUENTE: youtube.com/user/ronda80

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís