FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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LOS FRUTOS DEL AMOR DE DIOS -




El siguiente texto es una extracción de la conferencia dictada por Marino Restrepo ante un grupo de religiosas.

"... La Iglesia se hace presente en esta humanidad con todo lo que tiene, con sus tradiciones, con toda su pedagogía, sus enseñanzas (que son infinitas)... Y una de las que conozco que Dios actúa sobre ella en una forma extraordinaria es sobre esas tradiciones en los vestidos religiosos: los hábitos. Por ejemplo, el hábito que ustedes llevan es un testimonio, y fuera de eso no solamente es un testimonio es luz, porque muchísimas personas sin saberlo y sin entenderlo, el solo hecho de que ustedes vivan entre ellas y caminen entre ellas, existan entre ellas, les produce un apoyo y una esperanza oculta que no saben explicar. Pero tienen un respeto y además como una admiración secreta por lo que ustedes hacen o lo que se han atrevido a hacer y quizá nunca lo expresaran.

Hoy en día podemos saber que la Iglesia misma, Benedicto XVI (nuestro Papa), habla de la interpretación tan errónea que se le dio al Concilio Vaticano II, todas las cosas que le hicieron después de eso (como una desbandada que hubo en la Iglesia). Entre esas, el trato que se le dio a las cosas sagradas como los hábitos, los clergyman de los sacerdotes, las sotanas...

No podemos decir que las sotanas y los clergyman son los que hacen al religioso o al sacerdote, obviamente que no, porque una persona que tenga una sotana o hábito no se va a santificar solo por eso. Pero estamos hablando de que Dios utiliza el lenguaje de estas cosas para tocar las almas inclusive a distancia.

Muchas veces yo recuerdo cuando vivía lejos de Dios, que no tenia mucho interés en la Iglesia y se me había olvidado todo lo de Dios y la Iglesia sin embargo, nunca se me olvidó que yo cada vez que vi un sacerdote, una monja, un monje, siempre me impactó y en cierta forma misteriosa, a pesar de que los veía de lejos y pasaban me daban como paz, como un descanso… era como veía la Iglesia. Eso me recordaba a Dios. Me llevaba a algo que yo había dejado y entonces lo recordaba. 

Esas personas eran importantes en mi vida. Por eso vivimos tanta tristeza en la Iglesia con tanta gente que se avergüenza de su fe. Hay sacerdotes que parecen que estuvieran en una corporación, porque van y se visten con sus vestimentas litúrgicas únicamente cuando van a celebrar la Misa y el resto del tiempo andan por ahí como gente del mundo, como civiles, como si fueran pastorcitos protestantes; y nadie sabe que son sacerdotes. 

Yo diría, ustedes se pueden imaginar si yo voy por la calle y hay una multitud y alguien cae con un ataque cardiaco y pudiera confesarse; si supieran que ese señor que está pasando por el frente es un sacerdote, pero nadie sabe porque ese hombre que pasa por el frente es como otro hombre cualquiera y nadie lo va a llamar para decirle: "usted podría darle las últimas bendiciones a este hombre que está muriendo acá", ... no pasó derecho. Obviamente que ante Dios, el día que esa persona (el sacerdote) muera ustedes se podrán imaginar que esa persona que cayó en la calle cuando el pasaba por el frente se la va a cargar el Señor porque debería haber estado en servicio, debiera haber sido la Iglesia que pasó por ahí pero nadie sabía que era la Iglesia.

Muchas veces he notado yo que cuándo va un sacerdote en un avión mucha gente se a confesado, esas gentes que no se confesaban hacía muchísimo tiempo, o gente que no conoce a Dios empieza el tema porque sabe que esa es una persona religiosa y empiezan a hacer preguntas. Lo mismo sucede con monjas, con monjes.

Me he centrado en lo trascendental que es la Iglesia en todas sus expresiones y como es de importante de que todo lo que uno tiene, todo lo que uno hace en esta vida religiosa en la que Dios los llamó, tiene sentido y un sentido muy grande, muy importante.

Hay un pasaje en las escrituras en donde Jesús dice: “Si no testificas ante los hombres por Mí, Yo no testificaré ante mi Padre y los Ángeles por ti”. 

Esto es algo muy importante de saber de que la religión nuestra como se debe vivir es un testimonio. Entonces, esta vida religiosa de ustedes, el solo hecho de vivir como religiosas ya están testificando por Jesús "


FUENTE (VIDEO): youtube.com/user/PeregrinosdelAmor/videos


EN OCASIÓN DE LA SEMANA SANTA - PARADOJAS DE UNA MUERTE


Paradojas de una muerte
Por  P. Eduardo María Volpacchio.


Con la liturgia el Viernes Santo revivimos la muerte de Cristo y nos arrodillamos en el momento de su muerte. Es un día de paradojas divinas.

Muerte de Cristo. Muerte por amor, que mata a la muerte misma: la gran derrotada del Viernes Santo. Muerte de Cristo: amor que transforma el acto de violencia y destrucción en el comienzo de una nueva creación: en gloria.

Qué misterio: un sufrimiento que produce bien. Muestra que el amor puesto en contacto con el sufrimiento explota en bien. Como la nafta -veneno si la bebemos- puesta en contacto con la chispa que produce la bujía en el motor, explota produciendo un movimiento imponente. El dolor  es veneno, pero con la chispa del amor produce explosiones de bien. Como una reacción química en cadena, el dolor tocado por el amor explota en una explosión creadora.

Una muerte… que es muy viva. Y no sólo porque el cuerpo muerto de Cristo está unido a la divinidad: es decir, es el cuerpo muerto de Dios. Estamos ante la más viva de las muertes, porque es vivificadora.
Una muerte que da vida: porque es entrega de amor infinito. Esa vida entregada no se pierde en el vacío: quienes la reciben viven de ella.

Muerte que da vida: ¡qué misterio más inefable!

Dar la vida hace fecunda la vida entregada. Da vida, no sólo a quien la entrega, sino a muchísimas almas que la reciben. Abre la vida a una fecundidad gloriosa, sobrenatural, divina, que llena –en Cristo- de vida sobrenatural a sí mismo y a los demás.

Toda la vida de Cristo se dirige al Triduo Pascual: glorificación, triunfo, realización y plenitud. Y allí todo es inseparable.

Una muerte unida a la resurrección: Para vivir  hay que morir. En la entrega amorosa de sí mismo está la causa de la exaltación. Con palabras de San Pablo: Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre (Fil. 2,8-9). No como un premio extrínseco, sino como producto de una lógica interna, de una dinámica divina.

Hablando de las imágenes de Cristo, el Card. Ratzinger explica como deben representar todo su misterio, uniendo cruz y gloria:
Cristo es representado como el Crucificado, como el Resucitado, como el que ha de venir de nuevo, como el Señor que reina ya ahora sobre el mundo de forma misteriosa.
Toda imagen de Cristo ha de incluir estos tres aspectos esenciales del misterio de Cristo y, en este sentido, será una imagen pascual. Naturalmente que quedan abiertas aquí diversas posibilidades de acentuación. Una determinada imagen puede explicitar más la cruz, a pasión y el desamparo, o bien puede poner en primer plano la Resurrección y la parusía. Pero ninguna de estas dimensiones debe quedar aislada. A pesar de las diversas acentuaciones, ha de aparecer el misterio pascual en toda su integridad. Un crucifijo en el que en modo alguno pudiera entreverse el elemento pascual sería tan erróneo como un imagen pascual que olvidada las llagas  de Cristo y la actualidad de su sufrimiento.(1)
Hay una conexión entre la muerte y la resurrección.

En la muerte y resurrección de Jesús se verifica y confirma toda su vida y enseñanza: quien quiera salvar su vida la perderá, quien la pierde por mí, la salvará. El que quiera venir en post de mi, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga: ¿adonde? A la Gloria. Bienaventurados: pobres, mansos, los que lloran, los perseguidos… Dios es amor, amor que da la vida. Nacer de nuevo: Nicodemo para nacer de nuevo, no hay que volver al seno de nuestra madre, tenemos que unirnos a la muerte y resurrección de Cristo. Amor hasta el extremo (¿tiene sentido llamar enemigos a aquellos por los que se da la vida?).

El grano de trigo, que nace al morir, al entregarse del todo se hace fecundo. Muerte que conduce a la resurrección, no sólo propia –la de Cristo mismo-, sino a la de todos los que viven por  Él.

No hay muerte sufrida por amor, sin resurrección: cuando se hace entrega –cuando el sufrimiento se hace entrega amorosa- entonces es transformado radicalmente: se llena de vida, de una vida que es absolutamente superior a la vida previa al sufrimiento, a una vida sin sufrimiento. El amor hace explotar el dolor, transformándolo en vida divina.

No somos salvados desde fuera, sin por una participación personal: incorporándonos a Cristo, a su muerte y resurrección. Es lo que hace el Bautismo. Y es lo que hace la cruz de cada día.
Una vida sin cruz –si fuera posible después del pecado original: que no lo es-, no sería vida, le faltaría el factor que posibilita la entrega amorosa, que hace plena esa vida.

Una vida sin amor no es vida: le faltaría el agente transformador, divinizador, glorificador.
Dinamismo cruz – resurrección: clave, luz, fuerza. Y sobretodo, presencia y compañía del crucificado junto a nosotros: nunca nos deja solos en la cruz. Cercanía de Dios siempre, pero sobretodo en la cruz. Ahí su amor se da hasta el extremo por cada uno.

No nos escapemos de su cruz, no dejemos solo a Jesús con la nuestra. In laetitia nulla die sine cruce.

Con alegría –con amor, con entrega amorosa- ningún día sin cruz; ningún día sin resurrección, ningún día sin Jesús, sin su gloria.


A San Josemaría no le gustaba nada la palabra resignación: ¿resignarse con lo que da la vida? ¡Si es gloria! ¡Con lo que nos hace hijos de Dios! ¡Con lo que hace fecundos y redentores!

Así como en las imágenes del crucificado debe estar presente la chispa de la resurrección, que sepamos ver en la cruz de cada día –en la de cada uno- la chispa de la gloria, de nuestra gloria en Cristo.

Cruz, fuente de vida. Cruz fuente de amor. Cruz fuente de resurrección. Que no te tengamos ya miedo. Que no nos escapemos de vos. Que te abracemos decididos, que en vos, nos fundamos con el amor divino que nos busca.

Ante Cristo muerto en la cruz, esperando la resurrección, pedimos a gritos: no más esquivar la cruz, no más miedo al dolor, no más amargura ante el sufrimiento, no más cobardía, no más quejas, no más escaparnos, no más protestas, sentirnos víctimas… con aquello que llena de vida, diviniza y glorifica.

La Virgen sabe de la inseparabilidad de la cruz y la resurrección, que nos ayude a ver en cada cruz –en la que sea- la luz de la gloria y nos de el amor que la llene de alegría.

NOTAS.

Buenos Aires, 6 de abril de 2012

(1) J. Ratzinger, Introducción al espíritu de la Liturgia, San Pablo, Bogotá 2006, pp. 109-110

LA CUARESMA (CUARTA Y ÚLTIMA ENTREGA)


María en el itinerario cuaresmal

María, como nos dice el Papa Juan Pablo II del 2005, es nuestra guía en el itinerario cuaresmal.

María, Madre de Dios y Madre nuestra, ha sido asociada para siempre a la obra de la redención, de modo que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna” (LG 62). En ella la Iglesia ha llegado ya a la perfección, sin mancha ni arruga (cf. Ef 5,27), por eso, acude a ella como modelo perenne (cf. RM 42) en quien se realiza ya la esperanza escatológica (cf. LG 59).

En ella encuentra todo cristiano, joven o anciano, y toda persona de buena voluntad el signo luminoso de la esperanza. En ella, encontramos el testimonio vivo de la travesía de la cruz, y de la vivencia del misterio pascual.

MARÍA, MAESTRA Y GUÍA DEL FIAT

La prueba de la fe de María, no cabe la menor duda de que estuvo en el calvario. No obstante, la prueba más peligrosa estuvo en esos treinta años vividos bajo la espada del silencio en Nazaret. Los treinta años pasados en Nazaret, envolvieron psicológicamente el alma de María con el manto de la monotonía y la rutina del desgaste.

Recibamos este testimonio vivo de la Virgen. El proceso que ha seguido María, la Madre de Jesús, en el cumplimiento de su misión, ha sido vivido en la fe.

En las eternizadas horas, daba vueltas en su cabeza a la impresión viva y fresca que recibió el día de la Anunciación y le comunicara el Arcángel: “Será grande y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre” (Lc 1,32).

Van pasando los años y la perplejidad comenzó a golpear insistentemente las puertas de su corazón. ¿Sería verdad todo aquello? ¿No serían quizás sueños de grandeza? Esta es también nuestra suprema tentación en la vida de fe: querer tener evidencia de todo y tocarlo y palparlo todo.


ACTITUD DE MARÍA

La Virgen golpeada por la perplejidad no se agitó: quedó en paz. Eso sí, se abandonó incondicionalmente, sin resistir, en los brazos de la monotonía, como expresión de la voluntad del Padre. Así, cuando todo parecía absurdo, ella respondía con su Amén y su Fiat al mismo absurdo, y el absurdo desaparecía. Al silencio de Dios respondía con el Hágase, y el silencio se transformaba en presencia.

La Madre se aferraba más y más al cumplimiento del plan de Dios y quedaba en paz y la duda se transformaba en dulzura: Jesús iba creciendo, todo sigue en silencio, no existe ninguna novedad. Existe un gran peligro para la fe de María: puede verse abatida por el desaliento, el vacío o la frustración. Existe un gran riesgo: no verle sentido a la vida. Ella ora y calla. Las palabras de la Anunciación parecían que habían quedado definitivamente en bonitos sueños. De ella, se dijo, que todas las generaciones le llamarían bienaventurada. Esto parecía imposible. Su vida transcurría de forma sencilla en Nazaret, como una vecina más.

En estos momentos, la fe de María se veía asaltada y combatida por una serie de preguntas e interrogantes. Es, entonces, cuando María, para no sucumbir, vivió de la fe, de una fe adulta, pura y desnuda, aquella que sólo se apoya en Dios mismo. Su secreto fue éste: no resistir, sino entregarse. Ella no podía cambiar nada: ni la misteriosa tardanza de la manifestación de Dios, ni la rutina, ni el silencio de Dios, ni la prueba del desgaste. Solamente la entrega en un total abandono en los planes de Dios libró a María del peor escollo de su peregrinación. Así hizo María la travesía de los treinta años, navegando en el barco de la fe adulta.

TRAVESÍA DE LA CRUZ

María avanza en el peregrinaje de la fe, en la travesía de la cruz. Esta fue, sin duda, como ya indicamos, la prueba más aguda para la fe de María. Así lo señala el Concilio Vaticano II cuando dice que María “mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí…sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima” (LG 58). Éste es el momento álgido, es el más alto, y también la prueba, porque no hay grandeza sin prueba. Su fe alcanzó su más alta expresión allá junto a la cruz.

En medio de la oscuridad de la noche, María sostuvo su fiat en un tono sostenido y agudo. Al llegar a este momento de la fe de María, lo más importante no es el conocimiento, sino su fe; lo más importante no era entender sino entregarse; ella ora así: “Padre mío, hágase tu voluntad, aunque no entienda nada. Acepto tu voluntad, oh Padre, aunque no veo por qué mi Hijo tenía que morir de esta manera. Hágase. Me basta saber que es obra tuya. Hágase tu voluntad: lo acepto todo, y estoy de acuerdo con todo. Padre mío, en tus manos deposito a mi Hijo querido”.


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María en la liturgia de Cuaresma 


Es un tiempo para escuchar más de cerca la Palabra del Señor, de oración y de profundización en el bautismo. Elementos que nos llevan a que sea también un tiempo de penitencia. No se logra llegar a lo esencial sin dejar a un lado ‘otras cosas que valen menos’.

La liturgia nos presenta en este tiempo a la Virgen como modelo de creyente que medita y escucha la Palabra de Dios.

María, obediente a la voluntad del Padre, camina también Ella hacia la cruz.

María ha sido vista así por la tradición cristiana muy cerca a la cruz. Es verdad que existe un ropaje que nos dificulta ver a María como creyente obediente al Padre, creyente que hace también un camino de fe y de subida a Jerusalén. La presencia de las procesiones cuaresmales, la presencia de María en esas procesiones, con tanta fuerza, responde a una teología válida: María sentida y celebrada como creyente fiel, como compañera privilegiada del Hijo que se entrega. Catequesis y celebración tienen el deber de realizar el deber que subyace.

En el camino cuaresmal, la figura de María aparece con sobriedad, con discreción, con sigilo, casi de puntillas. El centro de la cuaresma es la profesión bautismal y los compromisos que ella supone. En definitiva, el centro cuaresmal es la preparación a la pascua. En el camino, como una más, pero como creyente significativa, está María. No es un adorno cuaresmal. Es un modelo. Ella ha recorrido también ese camino. Como lo recorrió su Hijo, como lo tiene que recorrer cualquiera que sea seguidor de Cristo.

La Cuaresma es un camino que los fieles recorren “entregados” más intensamente a escuchar la Palabra de Dios y a la oración. De este modo, se convierten los fieles en auténticos discípulos de Cristo. Pero no basta escuchar, hay que retener y meditar en el corazón, como María, la palabra que nos es dada. Sólo el corazón que retiene la palabra, como la semilla que cayó en tierra buena, produce frutos de vida eterna.

SUGERENCIAS PARA LAS CELEBRACIONES

La liturgia cuaresmal pide que se respete al máximo las lecturas del leccionario y el misal. Sólo una justa cusa permite que se celebre una fiesta de la Virgen. Esto no quiere decir que María esté ausente del camino cuaresmal. El misal y el leccionario de Misas de la Virgen María prevén la posibilidad de celebraciones marianas en la cuaresma. Indican, además, los títulos marianos que conviene celebrar en este tiempo santo de la cuaresma. Es pedagógico tener en cuenta las sugerencias allí contenidas para ligar a María al tiempo litúrgico.

CENTRALIDAD DEL DISCIPULADO

La nota característica de la cuaresma es el discipulado. Quien sigue a Jesús es el que escucha su palabra y la pone en práctica. En este sentido María se presenta como la discípula del Señor. Ella tuvo que pasar de ser madre biológica a ser madre creyente y fiel.

La devoción a María no es un puro grito del alma o del sentimiento del creyente. Es la admiración de la obra de Dios en María, la llena de gracia.

COMPAÑERA DE LA CRUZ

Juan nos presenta a María como compañera junto a la cruz del Señor. Ausente, silenciosa y silenciada durante el ministerio público de Jesús, aparece en el momento cumbre de la cruz. Cumple así lo que el Hijo había anunciado: “el que quiera ser mi discípulo de verdad, que cargue con su cruz y me siga; y donde yo esté, estará él”.

Estas dos notas son fundamentales en la presentación de María durante la cuaresma y en las celebraciones que se hagan.

Existen muchas cofradías que en estos días realizan su principal actividad. Es recomendable que se insista en una catequesis que acentúe lo esencial. Ganaremos todos, especialmente los cofrades. María será para ellos un camino de discipulado y los conducirá hacia la verdadera meta del cristiano: el acontecimiento de la muerte y de la resurrección de Jesús.

Celebrando a María, celebramos el misterio de la salvación.

LAS LECTURAS BÍBLICAS DE LA CUARESMA

En este tiempo la temática de los diversos sistemas de lecturas es mucho más variada que en los otros ciclos litúrgicos. Aunque todos los leccionarios de este tiempo tengan un telón de fondo común, la renovación de la vida cristiana por la conversión, esta temática se presente desde ópticas muy diversas, cada una de las cuales tiene sus matices propios y distintos. Si esta diversidad de enfoques se olvida, si se unifica y reduce el conjunto a una temática única, muchas de las lecturas litúrgicas pasarán, prácticamente, desapercibidas; fenómeno éste que lamentablemente ocurre más de una vez.

Debemos, pues, subrayar en primer lugar que la característica principal de las lecturas de Cuaresma no estriba tanto en la “novedad” de unas lecturas que se van descubriendo gracias a los leccionarios post-conciliares, cuanto en la abundancia de líneas concomitantes que es preciso aunar espiritualmente, de modo que cada una de ellas aporte su contribución a la renovación cuaresmal de quienes usan los citados leccionarios.

La actitud fundamental frente a las lecturas cuaresmales debe ser, sobre todo, la de una escucha reposada y penetrante que ayude a que el espíritu se vaya impregnando progresivamente de los criterios de la fe, hay veces suficientemente conocidos, pero no suficientemente interiorizados y hechos vida.

No se trata de “meditaciones” más o menos intelectualizantes, como de una contemplación “gozosa”del Plan de Dios sobre la persona humana y su historia, y de una escucha atenta ante la llamada de Dios a una conversión que nos lleve a la paz y a la felicidad.

En el conjunto de los Leccionarios cuaresmales emergen con facilidad unas líneas de fuerza en las que debe centrarse la conversión cuaresmal. Esta conversión esta muy lejos de limitarse a un mero mejoramiento moral. Es más bien una conversión radical a Cristo, el Hombre nuevo, para existir en Él (ver Col 2,7).

Estás líneas de fuerza son las siguientes:

a. La meditación en la historia de la salvación: realizada por Dios-Amor en favor de la persona humana creada a su imagen y semejanza. Debemos “convertirnos” de una vida egocéntrica, donde el ser humano vive encerrado en su mentira existencial, a una vida de comunión con el Señor, el Camino, la Verdad y la Vida, que nos lleva al Padre en el Espíritu Santo.

b. La vivencia del misterio pascual como culminación de esta historia santa: debemos “convertirnos”de la visión de un Dios común a todo ser humano, a la visión del Dios vivo y verdadero que se ha revelado plenamente en su único Hijo, Cristo Jesús y en su victoria pascual presente en los sacramentos de su Iglesia: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”(Jn 3,16).

c. El combate espiritual, que exige la cooperación activa con la gracia en orden a morir al hombre viejo y al propio pecado para dar paso a la realidad del hombre nuevo en Cristo. En otras palabras, la lucha por la santidad, exigencia que hemos recibido en el santo Bautismo.

Estas tres líneas deben proponerse todas en simultáneo.

La primera línea de fuerza -la meditación de la Historia de la Salvación- la tenemos principalmente en las lecturas del Antiguo Testamento de los domingos y en las lecturas de la Vigilia Pascual.

La segunda -la vivencia del misterio pascual como culminación de la historia santa-, en los evangelios de los domingos III, IV y V (los sacramentales pascuales) y, por lo menos en cierta manera, en los evangelios feriales a partir del lunes de la semana IV (oposición de Jesús al mal -”los judíos”- que termina con la victoria pascual de Jesús sobre la muerte, mal supremo).

La tercera línea -el combate espiritual, la vida en Cristo, la vida virtuosa y santa- aparece particularmente en las lecturas apostólicas de los domingos y en el conjunto de las lecturas feriales de la misa de las tres primeras semanas.

Vale la pena subrayar que las tres líneas de fuerza de que venimos hablando se hallan, con mayor o menor intensidad, al alcance de todos los fieles: desde los que solo participan en la misa dominical a los que toman parte además en la eucaristía de los días feriales. Con intensidades diversas pero con un contenido fundamentalmente idéntico, todos los fieles beben, a través de la liturgia cuaresmal, en una fuente que les invita a la conversión bajo todos sus aspectos.

Sin conversión ¿Vivimos realmente el advenimiento de la muerte y resurrección de Jesús?

La ceniza en la cabeza simboliza la entrada a la cuaresma.
"Convertíos y creed el Evangelio" (Mc 1, 15).
Es la invitación de la fecha.

*************

Cuaresma y conversión

Cualquier día, cualquier momento es bueno para la conversión; para hacer balance y comprobar que nuestra vida necesita un cambio. La Iglesia nos propone la Cuaresma como un tiempo propicio para ello, para buscar a Dios con más ahínco y abrirle el corazón. Todo ello nos preparará para vivir el misterio central de la fe cristiana: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

La Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza y en ese día recibimos la ceniza en un acto comunitario, expresando la llamada a la conversión como comunidad cristiana y como Iglesia, además de la nuestra personal. La ceniza, que es la resultante de quemar los ramos usados el Domingo de Ramos del año anterior, está simbolizando que debemos quemar “el hombre viejo”, para dar lugar al “nuevo”, ése que se vuelve a Dios valorando las realidades terrenas, bajo la luz de su Verdad.

La Iglesia propone de modo especial en este tiempo de Cuaresma, el ayuno, la limosna, y la oración, que nos van a ayudar a examinarnos interiormente, pero no con nuestra mirada, sino con la de Cristo. Él nos está invitando a cambiar de vida, a transformar todo nuestro ser. Y aunque no vamos a cambiar de golpe, sí que podemos hacer algo para que determinadas cosas sean distintas, para mejorar algo de nosotros mismos, y con ello, mejorar la parte de mundo que tenemos cerca.

LE INVITAMOS, ESTIMADO LECTOR A ESCUCHAR ESTA SAGRADA
HOMILIA EN LA VOZ DEL PADRE COLOMBIANO PEDRO RUBIO QUE
NOS HABLA ACERCA DE COMO EL HOMBRE DE HOY PIERDE LA
GRACIA DE VIVIR LOS DESIGNIOS DE DIOS POR EL SOLO HECHO DE
CELEBRAR EL INICIO DE LA CUARESMA PERO CON LA DUREZA DE NO
QUERER NI HACER PARA SÍ UN PROPÓSITO DE CONVERSIÓN.


Todos los derechos: divvol.org 2012.

La Cuaresma es tiempo de perdón y reconciliación. Dios está deseando perdonarnos y que volvamos a ponernos en pie. Él nos espera con los brazos abiertos para transmitirnos su Amor y su infinita misericordia.

Sólo quien se reconoce necesitado de salvación y se deja transformar por dentro, es capaz de renovar su vida y la del mundo, y es capaz de cooperar en la venida del Reino de Dios. Por eso Jesús une el anuncio del Reino a la invitación a la conversión.

Al llamarnos a la conversión Jesús nos invita a seguir un camino de búsqueda, porque aquella no es decisión de un día, sino un caminar que no conoce parada. En esa búsqueda nos podremos encontrar con el Dios verdadero, no con el que nosotros nos hemos “fabricado” a nuestra medida y que en el fondo no nos llena, pero es más asequible, más manejable.

Convertirse en definitiva es, volverse hacia Dios, y en la medida que voy hacia Él, encuentro mi ser más auténtico. Y es que Dios quiere que vivamos en total conformidad con nuestro ser, que podamos encontrar nuestro propio y auténtico camino.

La conversión es invitación a la vida, es descubrir a Dios en todas los hombres y en la creación. Es reconocer en nuestra vida al “Dios que nos habla”, al que está cerca de mí, y que actúa en mí.

Por María Isabel Montiel.  Salesiana Cooperadora y profesora de E. Infantil
              en
Fe, Arte, Solidaridad y tú; blog de reflexión.

LA CUARESMA (Tercera entrega).




ROSARIO EN CUARESMA

Cuaresma es un tiempo de especial gracia, es tiempo favorable para convertirnos. Nosotros como Iglesia nos preparamos para vivir y celebrar el Misterio de la Reconciliación, cada vez con un corazón más convertido. Este es el sentido: convertir nuestro corazón al Señor.

Meditemos en este rosario en algunos medios que la Iglesia nos propone para poder prepararnos adecuadamente para la celebración de los misterios centrales de nuestra fe…


Por la señal …
En el Nombre…
Yo confieso…

PRIMERA MEDITACIÓN
La iniciativa siempre es de Dios

Hay dos medios que nos propone la Iglesia para este tiempo litúrgico de la Cuaresma, que nos manifiestan claramente que la iniciativa parte de Dios-Amor. Por un lado, se nos propone tener una escucha atenta y reverente a la Palabra de Dios. Debemos tener durante esta Cuaresma un constante contacto con la Palabra Divina. Dios mismo sale a nuestro encuentro y nos invita a prepararnos nutriéndonos de su propia Palabra. Esta lectura de la Palabra de Dios, nos lleva a una oración más intensa, y éste es el segundo medio. Debemos nutrirnos de la oración durante esta Cuaresma, para no sucumbir y salir fortalecidos ante las tentaciones de Satanás. Esta oración debe mostrar nuestra reconciliación con Dios que nos invita al amor.

1 Padre nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria…

SEGUNDA MEDITACIÓN
Cooperar con la gracia de Dios

Otro de los medios que se nos propone durante la Cuaresma es acudir a los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía. Es necesario acudir a la misericordia del Señor. Para convertirnos debemos dejar todo pecado. Pero solos no podemos. Confiemos en el perdón que nos ofrece el Señor. No hay pecado que Él no pueda perdonarnos. Y acudamos también al encuentro con el Hijo de Santa María, realmente presente en la Eucaristía. Él mismo se ofrece por nosotros y se entrega en el altar de la reconciliación.

1 Padre nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria…

TERCERA MEDITACIÓN
El ayuno y la abstinencia

Dos medios que nos ayudan a ir preparando mejor nuestro corazón. Debemos tomar conciencia de la bendición que nos da el Señor. Muchos no se percatan de la importancia de esto. Cuántos de nosotros sabemos del ayuno y abstinencia de todos los viernes de Cuaresma, como preparación. ¿Y cuántos de nosotros realmente lo vivimos? Muy importante es también la mortificación y la renuncia en algunas circunstancias ordinarias de nuestra vida, ocasiones para acercarnos a la luz del Señor y conformarnos con Él, purificando nuestros corazones. En esta meditación vamos a cantar el primer Ave María.

1 Padre nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria…

CUARTA MEDITACIÓN
Llamado a la conversión

El Señor nos invita a convertirnos a Él. Debemos llegar hasta el fondo de nosotros mismos, pues se trata de morir a todo lo que es muerte para resucitar a una vida nueva en el Señor. Confiemos en la misericordia de Dios. Escuchemos lo que Él mismo nos dice en la Escritura:
«Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne»

1 Padre nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria…

QUINTA MEDITACIÓN
En compañía de María

Y todo este camino que hemos emprendido, lo hacemos en la compañía tierna y amorosa de nuestra Santa Madre. Ella es guía segura en nuestro peregrinar hacia la plena configuración con su Hijo, el Señor Jesús. Es Ella quien con su intercesión nos ayuda a cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Acojámonos a su intercesión y confiémosle nuestros esfuerzos para vivir intensamente este tiempo de conversión.

1 Padre nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria…

Convirtamos nuestro corazón, trabajemos por nuestra propia reconciliación personal, siempre guiados de la mano amorosa de nuestra Madre.

Dios te salve
En el nombre del Padre…

Amén

ORACIONES PARA LA CUARESMA

Padre nuestro, que estás en el Cielo,
durante esta época de arrepentimiento,
ten misericordia de nosotros.
Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras,
transforma nuestro egoísmo en generosidad.
Abre nuestros corazones a tu Palabra,
sana nuestras heridas del pecado,
ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
Que transformemos la oscuridad
y el dolor en vida y alegría.
Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


Para Alcanzar Amor

Madre del Divino Amor,
Tú que tan bien supiste aprender de Él
las lecciones de misericordia,
de extraordinaria bondad
y de suprema caridad,
obtenme la gracia
de entrar a esa misma escuela
y aprender de Ti, que tan maravillosamente reflejas
la grandeza del amor,
a acercarme día a día
interiorizando más y más
a Aquel que siendo Él mismo todo amor
es también para nosotros
la puerta de acceso a la Comunión amorosa.
Que asi sea.


Para obtener la Piedad Filial

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa
filiación como Aquel
que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte y a honrarte
con el amor que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la grandeza de verse conformado
en el Salvador

Amén


Oración del Fiat

Santa Maria, ayúdame a esforzarme
según el máximo de mi capacidad
y el máximo de mis posibilidades
para así responder al Plan de Dios
en todas las circunstancias concretad de
de mi vida. Amen.


Para ser Mejor

Auxilio de los pecadores,
siempre dispuesta al perdón
y a Ia intercesión,
obtenme las gracias
que me sean necesarias
para encaminar rectamente mi vida,
rechazar enérgicamente el pecado,
huir de sus ocasiones
y poner los mejores medios
para purificarme según el divino designio
y asi encaminarme hacia quien es la Vida misma.
Amen.


Ante las Tentaciones

Madre querida acógeme en tu regazo,
cúbreme con tu manto protector
y con ese dulce cariño
que nos tienes a tus hijos
aleja de mi las trampas del enemigo,
e intercede intensamente
para impedir que
sus astucias me hagan caer.
A tí me confío
y en tu intercesión espero.

Amen.


Para vivir la Reconciliación

iOh Madre de la Reconciliación!
Tu, que por tu humildad, corno primicia,
recibiste el don obtenme del Señor
su bondad
y que viva de la gracia su moción.

Amén.


Para Vivir el Perdón

Ante las dudas sobre tí
respondiste con el perdón.
Ante la persecución
y las muchas murmuraciones
respondiste con el perdón.
Ante la insidia y la impía ofensa,
respondiste con el perdón.
Ante la infamia de la conspiración contra el Justo,
respondiste con el perdón.
Ante la traición y el dolor que conlleva,
respondiste con el perdón.
Madre de la Misericordia,
tu corazón bondadoso rebosa de clemencia,
por ello te imploro que me obtengas el perdón
por los muchos males que he hecho,
y también, ioh Madre!
enséñame a perdonar
como que ante tantos males que te hicieron,
hasta arrebatar de lado a tu divino Hijo,
siempre respondiste con el más
magnánimo perdón.
Amen.

Fuente: 
aciprensa.com

PENTECOSTÉS



Iglesia 
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
(Arraiján)



Dia de la venida del Espíritu Santo y nacimiento de la Iglesia. 





VIGILIA 


CORO NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

ACTO DE REPRESENTACIÓN DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES


DOMINGO DE PENTECOSTÉS 

PROCESIÓN DE ENTRADA 

PADRE ROGER ARRIBASPLATA Y  CARLOS PÉREZ DURANTE LA INCENSACIÓN 

INCENSACIÓN 

ASPERJEO (RIEGO DE AGUA BENDITA)

LA JOVEN MÓNICA GARCÍA CANTANDO EL SALMO 103

EL JOVEN JHONATAN CANTANDO "SECUENCIA DE PENTECOSTÉS"

CHRISTIAN SANCHEZ CANTANDO "SECUENCIA DE  PENTECOSTÉS"


NUESTRO SACERDOTE RECIBIENDO LAS OFRENDAS



HOMILíA DOMINICAL – SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÈS.

12 DE JUNIO DE 2011

(Omilía  del Sacerdote Roger Arribasplata en la solemnidad de domingo de Pentecostés)

Motivación: Hemos llegado a la fiesta pascual de pentecostés o fiesta del Espíritu Santo, al final del ciclo Pascual –Luego de varias apariciones de Jesús a sus discípulos cumpliendo el encargo recibido del Padre, asciende al cielo para inaugurar un modo nuevo de su presencia en el mundo, y donde vamos a vivir un modo nuevo de ejercer su misión deseando estar con él un día en el cielo-, se cumple la promesa de envío del Espíritu Santo.

Espíritu que hará comprender a los apóstoles y discípulos /as, para qué fueron convocados por Jesús; para qué fueron preparados durante esos tres años de convivencia íntima con Él. Por eso decimos que la Iglesia nace en la Resurrección de Cristo, pero se confirma con la venida del Espíritu Santo.

De esta manera, las lecturas de éste día nos iluminan. Podemos  decir, que ningún evangelio describe la venida del Espíritu Santo, tan anunciada y prometida por Jesús, como lo hace San Juan –Jn 20, 19-23-, quien ve al Espíritu como fruto de la Resurrección. “Recibid el Espíritu Santo”, les dice Jesús a los Apóstoles y a los que estaban reunidos en oración, al anochecer del primer domingo; y luego, llegan los dones de perdón, de alegría, de paz, de envío misionero. Se realiza una nueva creación donde el Espíritu hace a los Apóstoles, discípulos/as, con María, hombres y mujeres de corazón nuevo.

Los Hechos de los Apóstoles -2, 1-11 –nos detalla mejor la escena. Estaba junta la comunidad de los Apóstoles, y de repente, todo se estremece. Aparecen los símbolos: un viento recio, lenguas de fuego que se posaban sobre la cabeza, hablar en mil lenguas. El Espíritu tiene nombre de viento o aliento divino, fuego, mil lenguas. Aclaración: Con el Símbolo del fuego, se quiere expresar, que el Espíritu calienta y purifica; y, con el viento, que el Espíritu es energía.  Las mil lenguas se refieren a la universalidad de la Iglesia – “Cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa”-, que ninguna lengua, ninguna cultura tiene el monopolio de la fe en Dios. Por eso se menciona a Medos y persas, forasteros y judíos: inmigrantes o del país. En general, lo importante era cantar las maravillas de Dios, a todas las naciones.

Así queridos hermanos/as con Pentecostés, nació en la Iglesia, comunidad de hombres y mujeres traspasados por el Espíritu. El Espíritu Santo que desciende sobre aquella comunidad naciente y temerosa, infundiendo sobre ella sus siete dones, dándoles el valor necesario para anunciar la Buena Nueva de Jesús; para preservarlos en la verdad, como Jesús lo había prometido (Jn 14.15).

Hoy es el día fundacional, el cumpleaños de la Iglesia. Es hora que nos sintamos un solo Cuerpo de Cristo, con muchos miembros y proclamar con gozo que pertenecemos a la Madre Iglesia. Recordemos que la Iglesia es el lugar donde crecemos, celebramos y anunciamos nuestra fe. Familia de santos y de pecadores, pero con la certeza de que el Espíritu nos guía.

Aquí –en nuestra comunidad particular- hay muchos miembros, muchos carismas, muchos dones. Por ejemplo, los carismas de comunión, de una fe contagiosa, de comunicar bien la fe, de ser instrumentos de paz. Hay que suscitarlos y gozarnos en ellos. Nunca debemos impedir que se manifiesten estos carismas, sino antes bien, promoverlos. De esta manera, el Espíritu Santo dará frutos en nosotros; los que señala San Pablo: amor, alegría, paz, compasión, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y templanza. Alumbrar estos frutos es vivir según el Espíritu; lo demás sería un espiritualismo “poco espiritual” Porque sólo este Espíritu es el que nos enseña a gritar el nombre de Dios: ¡Padre!

Todo tiene que acabar en la misión. La Iglesia finalmente es misionera. Es el Espíritu el que nos impulsa a contar las maravillas de Dios. Seamos catequistas, laicos comprometidos, seamos padres de familia, seamos trabajadores de distintos servicios, o personas de diferentes lugares…a todos se nos debe notar que estamos ebrios del Espíritu, “con fuego en el corazón, palabra en los labios y profecía en la mirada” (Pablo VI). Nadie está exento de proclamar la fe que Cristo nos dejó. 



SECUENCIA DE PENTECOSTÉS
(Himmo)

Ven, Espíritu divino, 
manda tu luz desde el cielo. 
Padre amoroso del pobre; 
don, en tus dones espléndido; 
luz que penetra las almas; 
fuente del mayor consuelo.


Ven, dulce huésped del alma, 
descanso de nuestro esfuerzo, 
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego, 
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz, y enriquécenos. 
Mira el vacío del hombre 
si tú le faltas por dentro; 
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento.


Riega la tierra en sequía, 
sana el corazón enfermo, 
lava las manchas, 
infunde calor de vida en el hielo, 
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero.


Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos; 
por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito; 
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. 
Amén.


Fotografías: Narcisa Olayvar (Autora del Blog)

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís