FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

Mostrando entradas con la etiqueta Cartas de Margarita María Alacoque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cartas de Margarita María Alacoque. Mostrar todas las entradas

ROSTROS LUMINOSOS “MARCADOS” POR LA ORACIÓN


Una bella oración del beato John Henri Newman dice así:“Quédate, Señor, conmigo y entonces yo comenzaré a iluminar como tú iluminas”. Esta oración en la que se invita al Señor a quedarse con nosotros nos recuerda a esa otro petición hecha a Jesús por los discípulos de Emaús: ¡Quédate con nosotros porque cae le tarde! (Lc 24, 26). Pedirle a Señor que esté con nosotros, que no se vaya, que se quede con nosotros, es reconocer que sin Él nada podemos y que sin Él la vida carece de luz, belleza y sentido. Cuando estamos con una persona que amamos y ésta, por diversos motivos, se tiene que marchar, al despedirnos de ella nos parece que el mundo es más triste y menos luminoso. El Señor cuando está con nosotros nos da el calor de su presencia y de su amor y tememos que algún día se tenga que ir, que nos deje solos y desamparados. San Juan de la Cruz describe en poesía esta “ida” de Dios y la búsqueda ansiosa del alma que sale en su búsqueda: “Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eras ido” (Canciones entre el alma y el esposo, 1, 3-5).

La oración de Newman dice que, estando el Señor con nosotros, entonces nosotros comenzaremos a brillar como Él brilla. A quien ama, se le nota el amor en el rostro y en toda su vida. Quien está lleno del amor y de la presencia de Jesús, ilumina de un modo nuevo toda su existencia y los demás ven en él la huella de la presencia divina. De algún modo a los santos se les ha visto en torno a sí esa aureola que los hace participar del mundo divino aun viviendo en esta tierra.

La luz se verá en nosotros, pero no será nuestra, será de Jesús. Él es la Luz de mundo y quien lo sigue no camina en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Él es como el sol y nosotros somos sólo la luz refleja de la luna. Quien ora recibe esta maravillosa luz divina que calienta su todo ser, dando luz a la inteligencia y fuerza a la voluntad para vivir en el amor y responder al Amor con amor.

A veces pensamos que oramos mal y efectivamente nuestra oración podría mejorar mucho, pero sin embargo ya por el hecho de orar nuestra vida asume una luz nueva que, a pesar de nuestras luchas, los otros perciben. En su novela “Diario de un sacerdote de pueblo”, Bernanos describe el encuentro de un parroquiano, el Sr. Olivier, con un joven sacerdote. El parroquiano le dice al sacerdote que ve en su rostro el hábito de la oración. El sacerdote responde: “Pero si yo oro muy mal”. Y el parroquiano le contesta que lo que se ve en él es el esfuerzo por orar, el combate de la oración. Y añade: “Su rostro está como “gastado” por la oración”. A veces creemos que nuestra oración es mala porque es una lucha y sin embargo en esa lucha, como en la lucha de Jacob con el ángel, está presente Dios y se nota su presencia luminosa en nuestra vida, dejándonos “marcados”, como el ángel marcó a Jacob en el muslo (Gn 32, 26). Dios nos “marca” con su presencia aunque nuestra oración sea una lucha y no sea lo perfecta que quisiéramos.

El mundo espera rostros “marcados” por la presencia de Dios, “gastados” por la oración y de este modo el mundo podrá recibir algo de la luz esplendorosa deCristo. No temamos el combate de la oración, las luchas de la oración, las noches de la oración, incluso cuando, heridos por el amor de Dios, parece que Él nos abandona por un momento. En esa herida divina, está ya nuestra curación y en esas tinieblas, despunta la luz porque para Dios “las tinieblas son como luz” (Sal 139, 12).


FUENTE: servicocatholicohispano.wordpress.com


Cartas de Santa Margarita María de Alacoque.



Carta II

A LA MADRE DE SAUMAISE, DIJON

Sentimientos de respetuoso afecto y agradecimiento.  Su único consuelo sufrir, sobre todo humillaciones.

¡Viva + Jesús!
10 de Julio 1678.

Mi muy respetable Madre:

Deseo que el fuego sagrado consuma nuestros corazones sin obstáculo, y haga de ellos tronos dignos de su amor. Tengo demasiada experiencia de su bondad para creer de _V. C. que mi silencio sea parte a hacerle dudar de mi afecto y respetuosa amistad para con V. C.  Me tiene tan obligada de tantas maneras, que no puedo expresarlo con palabras; más que ellas, mi querida Madre, se lo dirá mi silencio.

Creo que ya sabe lo ocupación en que me ha puesto la obediencia.  ¡Dios sea bendito en todas las cosas, puesto que nada puede estorbar el que seamos todas suyas!  Sí, mi querida Madre, es muy bueno este Señor al manifestarse siempre tan bondadoso y misericordioso con su indigna esclava, no mirando a mis infidelidades y miserias, que le son harto conocidas.  Ayúdeme a darle gracias por ellas y por los otros beneficios; el más apreciado de los cuales para mí, después de El mismo, es el inestimable tesoro de su Cruz, que me acompaña a todas partes, interior y exteriormente.  Este es el único consuelo que tengo en la prolongación de la vida, que no tiene para mi nada de amable más que el sufrir, sobre todo las preciosas humillaciones que nos proporcionan el olvido y desprecio de las criaturas. ¡Qué felices son las almas favorecidas así en el servicio del Señor!  A El le suplico cumpla en V. C. sus designios.  No me olvido de V. C. delante de su bondad, ni tampoco de la muy respetable Madre Boulier, de la cual conservo muy particular estima (2).

Le ruego encomiende a nuestro Señor a las señoritas de Bisfrand que están muy afligidas por no tener noticias del Reverendo Padre de La Colombiere.

No sé si se habrá olvidado de indicarnos en vuestras cartas lo que nos ha prometido, o si no ha juzgado oportuno hacerlo. De cualquier modo que proceda conmigo, estaré siempre contenta y seré la misma para V. C.  Esté persuadida de ello y créame toda suya en el amor sagrado (de Jesús).

D. S. B.


(2)  La Madre Ana Serafina Boulier, consultada en diferentes ocasiones por la Madre de Saumaise, le había dado seguridad acerca de los caminos extraordinarios de la Hermana Margarita María.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís