FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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VESTIMENTA CLERICAL Y VIDA INTERIOR



Todas las instituciones necesitan algún indicativo externo que las identifique delante de los demás. Existen rasgos externos que nos permiten apreciar que algo es algo y no otra cosa. Pues bien, la Iglesia siempre quiso identificar a los sacerdotes externamente, reflejando aquello que son internamente: personas consagradas, separadas del mundo para el servicio divino; y siempre ha sido casi natural ver a un clérigo vestido e identificado como tal, desde los tiempos de la sotana, cuando entonces esta era la primera y única vestimenta, hasta la segunda opción que es el clergyman (camisa clerical con la pequeña franja blanca bajo el cuello). Lo claro es que la Iglesia siempre quiso y quiere, naturalmente, que los sacerdotes estén bien identificados. Es un tanto difícil indicar el momento exacto en que se comienza a utilizar la vestimenta clerical –o al menos yo no lo sé–, pero lo que sabemos es que es antiquísima y por eso se merece toda nuestra consideración.


Más allá del aspecto meramente externo.

Si bien existen varias razones, naturales y prácticas, que explican el uso de la sotana y del clergyman (cleriman, vulgarmente), esto va más a allá del sentido puramente externo; nos ayuda a entender por medio de los sentidos –la vista en este caso– que hay un hombre entre nosotros que es diferente a nosotros, un hombre que ha sido dedicado a una realidad completamente superior. De hecho, la forma en que un sacerdote constituye una verdadera bofetada para el mundo que está siempre preocupado por las glorias que no sobrepasan la línea meramente temporal.
Cuando uno ve a un sacerdote piensa en cielo y en lo poco que dura esta vida; nos recuerda que algún día veremos a Dios y que daremos cuenta de nuestras decisiones, de si hemos aceptado o rechazado al Amor.


El hábito SÍ hace al monje.


Aunque esto suene contradictorio a lo que mucha gente dice hoy respecto a la vestimenta clerical, les puedo asegurar que la sotana sí puede hacer a un gran santo. Sin dejar de entender obviamente el lado que corresponde a Dios y a su gracia sin la cual nadie puede ser santo, la sotana podría ayudar mucho a hacer lo que le corresponde humanamente a un sacerdote para que sea un santo. Le recuerda constantemente que ha renunciado a todo por el Señor y que ha prometido ser fiel a esas renuncias, de modo que las tentaciones, la mayoría de las veces pasajeras, podrían pierden fuerzas.

La gente dice que conoció a muchos sacerdotes con sotana y que fueron malísimos; bueno, en primer lugar habría que hacer un juicio acerca de lo que la gente cree que es malo, pues a veces olvidan que el Señor golpeó con unos chicotes, hechos por Él mismo, a los mercaderes del templo, a los mismos quienes anunciaba diariamente la salvación.

En segundo lugar, que un sacerdote sea malo no es problema de la sotana; al contrario, significa que aquel sacerdote no ha logrado ver en esos sencillos hábitos que ha renunciado al mundo, que se prepara para el próximo y que debe ser perfecto; que debe rezar y que sus ocupaciones son muy distintas a las de cualquier persona común aquí en la tierra.


Conocemos sacerdotes buenos que no usan ningún tipo de hábito.

¿Y qué hay de los sacerdotes buenos y santos que conocemos y no usan ningún tipo de hábito? Pues les diría que les falta muy poquito para que sean perfectos y verdaderamente santos. En primer lugar por las razones prácticas y teológicas que ya hemos abarcado, y en segundo lugar, porque sería un claro indicativo de obediencia al Santo Padre que nos pide esto constantemente; sería cosa de muy santos obedecer con sencillez al Santo Padre.
De todas formas el Señor nos lo dice en el evangelio: “Todo eso ya lo he hecho de joven ¿Qué me falta? Pues ve, deja todo y sígueme” El hábito concluye la manera de dejarlo todo, verdaderamente todo.


Lo interior se demuestra en lo exterior.

La gente dice: “Para ser santo hay que serlo interiormente”. Esto es muy bueno, y yo estoy muy de acuerdo; ahora, con lo que estoy en desacuerdo es que piensen que la santidad no deba llegar al exterior, que sea casi innecesario o que no lo tengan en cuenta, cuando muchos santos han dicho que nuestro exterior debe ser el reflejo de nuestra vida interior.

Un sacerdote que hoy viste sotana o al menos la vestimenta clerical, da un signo claro de obediencia y sencillez, de santidad y amor y sobre todas las cosas, será un signo de trascendencia, de aquellas cosas que existen y que no vemos a simple vista.

+ Rogelio Livieres


diocesiscde.blogspot.com

EL HÁBITO UN DISTINTIVO PARA IDENTIFICAR A LOS SACERDOTES DEL SEÑOR -


Padre Joardin Martínez, superior de los padres paulinos y librería San Pablo
en Panamá. Párroco de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
en la Arquidiócesis de Panamá. De origen Nicaraguense.


El hábito sí hace al monje porque el sacerdote que usa su sotana o hábito está en obediencia  a lo que pide la Iglesia, la esencia del sacerdocio es el amor, fidelidad y obediencia. 

El  joven sacerdote Joardín Martínez es un testigo y testimonio del Señor. 

Que alegría encontrar sacerdotes así, que reflejan lo que son, sacerdotes del Señor escogidos desde la eternidad.

LA IMPORTANCIA DEL HABITO -

 

Padre Jose Olmos


El padre franciscano Jose Enrique Olmos Cortes sigue el pedido de su guía espiritual San Francisco de Asís: "Id, y si es necesario, usad las palabras".

EL COLOR NEGRO DE CLERIGMAN EN EL SACERDOTE: SIGNIFICADO GOZOSO

Por Padre Santiago González

En el Código de Derecho Canónico (canon 284) se expresa la obligatoriedad, para el sacerdote, de identificarse como tal en el vestido, ya sea con traje talar (sotana) o clerigman. Sobre este aspecto ya publiqué un artículo en este blog:


La cuestión que toco en este artículo, relacionado con la identidad sacerdotal, es el COLOR preferentemente NEGRO, por si tuviera algún significado y comentarlo no sólo por satisfacer la curiosidad sino para provecho espiritual. En efecto, cada conferencia episcopal manifiesta los colores que, además del negro, pueden llevarse en cada nación. En España, por ejemplo, se mencionan el negro y el gris (ya sea gris claro u oscuro). Hay países tropicales donde el calor es tan intenso que el color recomendado es el blanco (y ello está totalmente justificado).

No obstante es bueno reconocer y valorar el NEGRO como el que, en circunstancias normales, representa mejor la entrega del Sacerdote. En una ocasión un sacerdote mayor en edad, y muy espiritual, me explicó la causa y la verdad es que me encantó, y ahora la comparto en este blog. El color negro es color de LUTO: eso ya lo sabemos todos. Pero en el caso del sacerdote se trata de un LUTO GOZOSO. Cuando el candidato al sacerdocio, en la ceremonia de ordenación, está tumbado en el suelo mientras se recita la letanía de los santos, y ya está muy cercana la imposición de manos del Obispo (momento de gran alegría y expectación), es como si ese hombre MUERE a su vida pasada. Su vida se va a transformar por completo: seguirá siendo EL MISMO pero no LO MISMO. El sacramento del Orden imprime CARÁCTER ETERNO y va a ser sacerdote para toda la eternidad. Eso significa que su vida anterior va a la tumba (por eso está tumbado en el suelo) y desde entonces, una vez ordenado, se vestirá de color negro para recordar a todos, y a si mismo, que está de luto por su pasado y que es un luto gozoso ya que ha recibido, de forma inmerecida y por el amor infinito de Dios, el DON del sacerdocio ministerial para el bien de las almas.

Por eso el color negro (en la sotana o la camisa de clerigman) NO es algo triste ni serio, en absoluto. Es un signo ALEGRE de identidad, pero una alegría que, para asumirla y captarla, precisa de la catequesis sacramental y la apertura del corazón. El sacerdote, vestido de color negro, expresa (sin necesidad de hablar) que:

– Pertenece totalmente a Dios, y desde Dios está al servicio de las almas y de la Iglesia

– Está feliz de haber sido llamado a esa vocación, pero no está orgulloso (ya que no es por su mérito)

– Su vida pasada queda en la memoria y el entendimiento, pero NO en la voluntad presente y futura (al menos no en lo que esa vida anterior, sobre todo, hubiera tenido de lejanía de Dios)

– Se entrega a todas las almas, pero sin exclusividad ni dependencia. El sacerdote dice a su hermano/a que “Estoy a tu servicio, pero ni tú serás el centro de mi corazón ni yo lo seré del tuyo; en el centro de mi corazón está Cristo”

Por tanto, valoremos el color NEGRO en el vestido sacerdotal: muestra el sentido FELIZ del LUTO que es signo de Vida ETERNA.


FUENTE: adelantelafe.com

ALZACUELLOS Y SOTANA




Por Enrique Garrido Castellón 

De un tiempo a esta parte cada vez que veo a una monja o a un cura por la calle me paro a saludarlos y a agradecerles su labor. Las monjas sonríen abiertamente y te dan las gracias, los curas son más de asentir. La semana pasada vi a uno de la old school con sotana y alzacuellos cerca de la catedral, me corté un poco ante tanta solemnidad pensando que quizá fuera el obispo o alguien de un poco más arriba que un cura de barrio, no le vi solideo ni cordones ni nada de violeta y allí me acerqué, maletín en mano y con la corbata floja de vuelta del juzgado, «buenos días, padre, y muchas gracias por su labor y por hacerla tan visible, ya no se ven curas como usted y es una pena» el hombre me miró y miró su reloj «tienes tiempo para una café» me preguntó, «Claro que sí».


Y allí nos fuimos a las terrazas de la plaza de la Paz entre amas de casa que salían del mercado, jubiletas y cargos de confianza del ayuntamiento que pasaban la mañana al sol del invierno. «Yo nunca llevaba sotana, de hecho no llevaba ni alzacuellos, yo era una persona que era cura como podría haber sido abogado como tú o bombero o cualquier otra cosa, pero resulta que era cura».
Las palomas subidas en las mesas de metal de al lado picoteaban los cacahuetes abandonados por dos chavales que se habían ido. «Pero un día cuando estaba yo de párroco en un pueblo de Madrid cambiaron el obispo y nos convocaron a todos los curas para reunirnos con él... y yo pensé que para la ocasión por lo menos el alzacuellos me tenía que poner, al final alzacuellos y sotana».


Pidió café solo y se lo tomó a sorbos y sin azúcar, como los hombres. «Cogí el metro para llegar al obispado y en el metro pues era consciente de que la gente me miraba porque hoy día ir con sotana es un cante, pero un hombre con la vista perdida sentado solo en un banco de a dos comenzó a mirarme fijamente, estuvo un rato mirándome y se acercó a mí, me preguntó si era cura de verdad. De verdad, le dije yo, y a tu disposición».


Con el último sorbo del café el cura me acabó de contar la historia: «Me dijo aquel hombre que se iba a tirar a las vías del tren, y que había pedido una señal. Aquel día la señal fui yo vestido con sotana. El hombre me abrazó y se echó a llorar. Desde entonces llevo sotana todos los días».


FUENTE: www.catolicidad.com

EL COLOR NEGRO DE CLÉRIGMAN EN EL SACERDOTE: significado gozoso


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En el Código de Derecho Canónico (canon 284) se expresa la obligatoriedad, para el sacerdote, de identificarse como tal en el vestido, ya sea con traje talar (sotana) o clerigman.

La cuestión que toco en este artículo, relacionado con la identidad sacerdotal, es el COLOR preferentemente NEGRO, por si tuviera algún significado y comentarlo no sólo por satisfacer la curiosidad sino para provecho espiritual. En efecto, cada conferencia episcopal manifiesta los colores que, además del negro, pueden llevarse en cada nación. En España, por ejemplo, se mencionan el negro y el gris (ya sea gris claro u oscuro). Hay países tropicales donde el calor es tan intenso que el color recomendado es el blanco (y ello está totalmente justificado).

No obstante es bueno reconocer y valorar el NEGRO como el que, en circunstancias normales, representa mejor la entrega del Sacerdote. En una ocasión un sacerdote mayor en edad, y muy espiritual, me explicó la causa y la verdad es que me encantó, y ahora la comparto en este blog. El color negro es color de LUTO: eso ya lo sabemos todos. Pero en el caso del sacerdote se trata de un LUTO GOZOSO. Cuando el candidato al sacerdocio, en la ceremonia de ordenación, está tumbado en el suelo mientras se recita la letanía de los santos, y ya está muy cercana la imposición de manos del Obispo (momento de gran alegría y expectación), es como si ese hombre MUERE a su vida pasada. Su vida se va a transformar por completo: seguirá siendo EL MISMO pero no LO MISMO. El sacramento del Orden imprime CARÁCTER ETERNO y va a ser sacerdote para toda la eternidad. Eso significa que su vida anterior va a la tumba (por eso está tumbado en el suelo) y desde entonces, una vez ordenado, se vestirá de color negro para recordar a todos, y a si mismo, que está de luto por su pasado y que es un luto gozoso ya que ha recibido, de forma inmerecida y por el amor infinito de Dios, el DON del sacerdocio ministerial para el bien de las almas.

Por eso el color negro (en la sotana o la camisa de clerigman) NO es algo triste ni serio, en absoluto. Es un signo ALEGRE de identidad, pero una alegría que, para asumirla y captarla, precisa de la catequesis sacramental y la apertura del corazón. El sacerdote, vestido de color negro, expresa (sin necesidad de hablar) que:

– Pertenece totalmente a Dios, y desde Dios está al servicio de las almas y de la Iglesia

– Está feliz de haber sido llamado a esa vocación, pero no está orgulloso (ya que no es por su mérito)

– Su vida pasada queda en la memoria y el entendimiento, pero NO en la voluntad presente y futura (al menos no en lo que esa vida anterior, sobre todo, hubiera tenido de lejanía de Dios)

– Se entrega a todas las almas, pero sin exclusividad ni dependencia. El sacerdote dice a su hermano/a que “Estoy a tu servicio, pero ni tú serás el centro de mi corazón ni yo lo seré del tuyo; en el centro de mi corazón está Cristo”

Por tanto, valoremos el color NEGRO en el vestido sacerdotal: muestra el sentido FELIZ del LUTO que es signo de Vida ETERNA.


FUENTE: adelantelafe.com

¿QUÉ SIGNIFICA LA SOTANA?


Un poco de historia y tradición y siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito P. Jaime Tovar Patrón


La palabra viene del latín subtana, o subtanea, de subtus, que significa debajo. Y se llama así a la vestidura talar (hasta los talones de los pies), que sin embargo no se lleva debajo, sino precisamente es lo que se ve. Es normalmente negra, pero en muchos casos es también blanca o roja o de otros colores, se ajusta al cuerpo, y con mangas estrechas.

La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136).

Esta, no ha sido exclusiva de los sacerdotes: también los sacristanes, los coristas o los monaguillos pueden llevarla. En la celebración litúrgica, se tiende a llevar alba, que es el equivalente en blanco.

En la Iglesia Católica Romana de rito latino, la sotana de uso diario es negra para todo el clero, menos el Papa para quien es blanca, y se le llama traje piano en recuerdo del papa Pio IX que estableció su uso.

Los seminaristas, Sacerdotes, Obispos, Capellanes de su Santidad y Cardenales se distinguen por su fajín, botonadura y solideo: fajín azul para los seminaristas, rojo para los cardenales, morado para prelados de honor y obispos, negro para sacerdotes. En zonas tropicales o de mayo calor, tales como Ecuador, gran parte de África y La India, las Sotanas para el Clero, incluyendo las de Obispos y Cardenales son blancas, con los mismos detalles que la negra tradicional.

Para la vestimenta coral varía el color de la sotana de acuerdo con el grado de la prelatura: así los sacerdotes la usan negra; los beneficiados y canónigos la usan negra ribeteada, o en ocasiones morada; los prelados, protonotarios y monseñores la usan morada; los obispos y arzobispos, morada con vivos, bocamangas y botones carmesíes; los cardenales la usan roja; el papa blanca.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro jersey, pantalones, calcetines y zapatos.

“Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo. ¿Cómo es posible que ahora, hombres que se dicen de Iglesia desprecien su significado y se nieguen a usarla?”.

Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado en la Iglesia posconciliar. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad sino que la indisciplina y el relajamiento de las costumbres entre el clero en general es una triste realidad.

Contra la enseñanza perenne de la Iglesia, está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano. Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de 1.500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante.

La sotana es una vestimenta usada por sacerdotes y religiosos de la Iglesia Católica Romana, de las Iglesias Ortodoxas y Orientales, de la Comunidad Anglicana y de algunas Iglesias reformadas.

En las Iglesias Ortodoxas la sotana propiamente dicha, es por lo general, aunque no exclusivamente, negra para seminaristas, monjes, diáconos, presbíteros, obispos, arzobispos y patriarcas, sin embargo en algunas Iglesias como la Rumana el Patriarca la utiliza en color blanco.

Entre el clero también se llegan a utilizar sotanas azules, grises, cafés e incluso blancas en lugares donde el clima lo amerita. Existe también el rason (exorason) o sotana exterior, originalmente una vestimenta de origen monástico, es más amplia, y utilizada sobre la sotana común o interior. La usa el clero ordenado (diáconos, presbíteros, obispos) y los monjes como vestimenta de diario. Los seminaristas y las llamadas órdenes menores como subdiáconos y lectores no la visten. En ocasiones los cantores la utilizan durante los servicios sobre la vestimenta laica de diario.

En la Comunidad Anglicana se utiliza negra para seminaristas, diáconos y presbíteros; los canónigos en ocasiones la utilizan roja (escarlata) o negra con botones y filo rojo; y los obispos la utilizan púrpura aunque no siempre, por ejemplo, el actual arzobispo de Canterbury suele utilizarla en color negro.

Exponemos siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito del ilustre Padre Jaime Tovar Patrón.


1º – El recuerdo constante del sacerdote

Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego… ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es.


2º – Presencia de lo sobrenatural en el mundo

No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes… Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, Su simple presencia influye en los demás: da seguridad, o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos.

Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.

Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.


3º – Es de gran utilidad para los fieles

El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. EL SACERDOCIO NO ES UNA PROFESIÓN, con un horario marcado; es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas; si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.


4º – Sirve para preservar de muchos peligros

¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad.

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.


5º – Ayuda desinteresada a los demás

El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?


6º – Impone la moderación en el vestir

La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.
Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.


7º – Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia

Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.


FUENTE:  es.catholic.net

EL SACERDOTE ¿DEBE USAR SOTANA?



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Sacerdote da cuatro razones prácticas y una espiritual para utilizar la sotana en el día a día.

Hasta hace no mucho era prácticamente imposible encontrar a un sacerdote joven vistiendo con sotana. Y aunque aún es bastante infrecuente, son cada vez más los que se deciden por esta prenda. También es cierto que la mayoría de los nuevos sacerdotes visten con clerygman y que tras una generación en la que gran parte de los religiosos decidieron vestir de calle sin identificarse como tales, la situación se está revirtiendo haciendo mucho más presente a la Iglesia.

Volviendo a la cuestión de la sotana, incluso es considerada como elemento para la evangelización. Así lo atestiguaba un sacerdote que decidió hacer el Camino de Santiago así vestido. Se convirtió en un imán y cientos de personas se le acercaron durante la peregrinación. Aprendió de esa experiencia y ahora evangeliza por las calles de Estados Unidos haciendo presente a la Iglesia en la calle vestido con sotana y su éxito es indudable.

¿Por qué ahora se está volviendo a usar sotana y no sólo el clerygman? Esta pregunta que se hacen mucho y que realizan precisamente a los jóvenes sacerdotes que deciden vestir con el traje tradicional.

"Te define y es un buen recordatorio"

Monseñor Charles Pope, sacerdote de la Archidiócesis de Washington y habitual columnista en diversos medios de comunicación norteamericanos, responde a esta pregunta desde su propia experiencia en un artículo en National Catholic Register.

“Me encanta la sotana. Es práctica, cómoda, te define y es un buen recordatorio para sacerdotes y laicos”, asegura este sacerdote.

Pope recuerda su interés por esta prenda cuando estaba recién ordenado. “Un sacerdote anciano en quien confiaba se dio cuenta de que consideraba la sotana como práctica y sacerdotal. Él se divirtió con la ‘redención’ de lo que su generación creía que era una túnica poco elegante”. Y le explicó por qué una generación entera había roto con la tradición mandando la sotana al fondo del armario.

“A pesar de que no me reprendió por mi interés por ella, e incluso me animó, también me explicó por qué sus compañeros habían hecho eso. Dijo que en los días en los que estaba en el seminario prácticamente estaban pegados a sus sotanas. Lejos de ser elegante, una sotana pronto apestaba a sudor, le faltaban botones y estaba salpicada por manchas de comida. Los seminaristas fueron enseñados para usarla incluso cuando jugaban al baloncesto. Se duchaban y volvían a ponérsela todavía húmeda cambiándose sólo la ropa interior”.

Con esa explicación al menos, Charles Pope, dejó de estar “enfadado” con la generación anterior, pero él sigue siendo un defensor de la sotana tanto en el ámbito práctico como simbólico.


"Distintivo y eminentemente sacerdotal"

“Para mí la sotana es a la vez distintivo y eminentemente sacerdotal. Nadie más viste nada igual, salvo los estudiantes en su graduación o un juez de vez en cuando”, afirma este sacerdote, que considera que “un atuendo de sacerdote destaca en lugar de mezclarse. Él es diferente, sí, ‘raro’, y representa algo no sólo antiguo sino tan nuevo como para ser eterno”.

De este modo, Pope reconoce que lo que él llama ‘traje de negocios’ más común usado por los sacerdotes de hoy puede lograr esa identidad de “testigo” pero “es similar a la del traje utilizado por cualquier hombre que trabaja en una oficina, sólo que vestido entero de negro y con un cuello inusual”. “El color y el alzacuellos dicen ‘cura’ pero para mí el traje me dice ‘oficina’”, afirma después de asegurar que “tiene demasiadas concesiones a la modernidad”. Y por ello llega a la conclusión de que en su opinión “el traje habla más del mundo de los negocios que de la fe y la vocación”.

En su defensa de la sotana, este monseñor también admite que “hay momentos en los que es más práctico usar el ‘traje de oficina’ y lo hago en esas ocasiones, pero a medida en que la ropa ayuda a hacer al hombre, me siento más sacerdotal cuando utilizo la sotana”.

“La gente a menudo me da las gracias por llevar la sotana, pero nunca nadie me las ha dado por llevar el traje. Esto me dice que la sotana significa algo especial para el pueblo de Dios”, defiende.

Y más allá del aspecto simbólico y religioso, Charles Pope habla de las razones prácticas por la cuales su uso es para él una “bendición”:


1. Más fresca
Cuenta que “sorprende a muchas personas cuando les digo que mi sotana es más fresca que el traje de oficina habitual. Asegura que la que utiliza es de “un material ligero, transpirable, y es deliciosamente fresca en comparación con el traje”.

2. Es holgada
“Nunca he sido fan de la ropa ajustada que está de moda hoy en día. La sotana, cuando se usa sin fajín, cuelga libremente en el cuerpo”, afirma este sacerdote.

3. Bolsillos grandes
Pope explica que “la mayoría de las sotanas tienen bolsillos profundos y anchos. Son casi como pequeñas alforjas y como la sotana es holgada los bolsillos llenos no son un problema”.

4. Poner y salir
El tiempo y la facilidad para vestirse es también un elemento a su favor, según este sacerdote estadounidense. “No se necesita mucho tiempo para ponerse la sotana”. Con la sotana simplemente hay que subir los brazos y la gravedad hace el resto.


FUENTE: es.catholic.net


EL SACERDOTE Y LA OBEDIENCIA

¿Por qué el sacerdote debería llevar alzacuellos?

1. El alzacuellos es un signo de la consagración sacerdotal al Señor. Así como el anillo identifica a marido y mujer y simboliza su unión, el alzacuellos identifica a obispos y sacerdotes (y a menudo a diáconos y seminaristas) y manifiesta su proximidad al Divino Maestro en virtud de su libre consentimiento al ministerio ordenado al cual han sido (o pueden ser) llamados.

2. Llevando alzacuellos y no poseyendo demasiados trajes, el sacerdote demuestra que se adhiere al ejemplo de pobreza material de Señor. El sacerdote no elige su indumentaria: es la Iglesia quien lo hace en virtud de su sabiduría dos veces milenaria. La humilde aceptación del deseo de la Iglesia de que el sacerdote lleve alzacuellos ilustra su saludable sumisión a la autoridad y su conformidad con la voluntad de Cristo expresada a través de su Iglesia.

3. La ley de la Iglesia exige a los clérigos llevar hábito clerical. Lo dice el número 61 del Directorio para Sacerdotes, que remite al canon 284.

4. Que se lleve alzacuellos es el deseo reiterado y ardiente del Papa Juan Pablo II. Este deseo del Santo Padre no puede dejarse de lado sin más: él habla con un carisma especial. Con frecuencia recuerda a los sacerdotes el valor de llevar alzacuellos. En una carta del 8 de septiembre de 1982 al cardenal Ugo Poletti, su vicario para la diócesis de Roma, en la que le instruye sobre las normas que deben promulgarse sobre el uso del alzacuellos y el hábito religioso, el Pontífice observa que el hábito clerical tiene valor "no sólo porque contribuye al decoro del sacerdote en su comportamiento externo o en el ejercicio de su ministerio, sino por encima de todo porque evidencia en el seno de la comunidad eclesiástica el testimonio público que todo sacerdote debe dar de su propia identidad y su especial pertenencia a Dios”.

En una homilía del 8 de noviembre de 1982 el Papa se dirigió a un grupo de diáconos a quienes iba a ordenar sacerdotes. Dijo que si intentaban ser como uno más en su “estilo de vida” o en su “modo de vestir”, entonces su misión como sacerdotes de Jesucristo no se realizaría del todo.Un sacerdote en Nueva York

5. El alzacuellos evita “mensajes equívocos”: las intenciones del sacerdote serán reconocibles cuando se encuentre en lo que podrían parecer circunstancias comprometedoras. Supongamos que a un sacerdote se le pide que visite pastoralmente casas de una zona donde se han impuesto el tráfico de drogas y la prostitución. El alzacuellos lanza un claro mensaje a todos de que el sacerdote ha venido para ejercer su función con los pobres y necesitados en nombre de Cristo. Un sacerdote que, siendo conocido por el vecindario, visite esas casas vestido de laico puede disparar chismorreos ociosos.

6. El alzacuellos anima a los demás a evitar la inmodestia en el vestir, el hablar y el actuar, y les recuerda la necesidad del decoro público. Un sacerdote serio, pero alegre y diligente, puede impulsar a otros a meditar sobre la forma en la que se conducen. El alzacuellos sirve como un desafío necesario en una época que se ahoga en la impureza, exhibida mediante vestidos sugerentes, lenguaje blasfemo y acciones escandalosas.

7. El alzacuellos protege la propia vocación al tratar con mujeres jóvenes y atractivas. Un sacerdote sin alzacuellos (y que, naturalmente, tampoco lleva anillo de casado) puede resultar un apetecible objeto de atenciones por parte de una mujer soltera que busca marido o de una mujer casada tentada por la infidelidad.

8. El alzacuellos es un buen “guardaespaldas” de uno mismo. El alzacuellos le recuerda al mismo sacerdote su misión e identidad: dar testimonio de Jesucristo, el Gran Sacerdote, en cuanto uno de sus hermanos-sacerdotes.

9. Un sacerdote con alzacuellos inspira a otros a pensar: “He aquí un discípulo actual de Jesús”. El alzacuellos habla de la posibilidad de hacer un compromiso sincero y eterno con Dios. Los creyentes de diferentes edades, nacionalidades y temperamentos observarán la vida virtuosa y centrada en los demás de ese hombre que viste con propiedad y orgullo los hábitos de sacerdote católico, y quizá comprenderán que también ellos pueden consagrarse de nuevo, o por primera vez, al Buen Pastor que les ama.

10. El alzacuellos es una beneficiosa fuente de curiosidad para los no católicos. La mayor parte de los no católicos carecen de experiencia en el trato con ministros que lleven hábito talar. Por tanto, los sacerdotes católicos, con su indumentaria, pueden hacerles reflexionar (siquiera sea fugazmente) sobre la Iglesia y lo que implica.

11. Un sacerdote vestido como quiere la Iglesia es un recordatorio de Dios y de lo sagrado. A la ciénaga laicista dominante no le agradan las imágenes que remiten al Creador, a la Iglesia, etc. Cuando uno lleva alzacuellos, los corazones y las mentes de los demás se refrescan elevándose hasta el “Ser Supremo”, normalmente relegado a una escueta nota a pie de página en la agenda de la cultura contemporánea.

12. El alzacuellos recuerda también al sacerdote que “nunca deja de ser sacerdote”. Con tanta confusión como hay hoy, el alzacuellos puede ayudar al sacerdote a evitar las dudas interiores sobre quién es. Dos formas de vestir pueden conducir (y a menudo lo hacen) a dos estilos de vida, e incluso a dos personalidades.

13. Un sacerdote con alzacuellos es un mensaje vocacional andante. Ver a un sacerdote alegre y feliz caminando tranquilamente por la calle puede ser un imán que atraiga a los jóvenes a considerar la posibilidad de que Dios les esté llamando al sacerdocio. Dios hace la llamada; el sacerdote es simplemente un signo visible que Dios utilizará para atraer a los hombres a Sí.

14. El alzacuellos coloca al sacerdote en situación de disponibilidad para los sacramentos, especialmente la confesión y la extremaunción y en situaciones de crisis. Justo porque el alzacuellos permite una identificación inmediata, los sacerdotes que lo llevan se hacen a sí mismos más aptos para que se les aproxime la gente, en particular cuando más seriamente se les necesita. Los autores de este artículo podemos dar testimonio de que se nos han pedido los sacramentos y la asistencia en aeropuertos o tanto en ciudades populosas como pueblos aislados, sólo porque fuimos reconocidos inmediatamente como sacerdotes católicos.

15. El alzacuellos es un signo de que el sacerdote se esfuerza por ser santo viviendo siempre su vocación. Es un sacrificio estar constantemente disponible para las almas siendo públicamente identificable como sacerdote. Pero es un sacrificio agradable a Nuestro Señor. Nos recuerda cómo el pueblo acudía a Él, y cómo Él nunca les daba la espalda. ¡Hay tanta gente que se beneficiará del sacrificio que hacemos al esforzarnos por ser santos sacerdotes sin interrupción!

16. El alzacuellos sirve como recordatorio a los católicos “alejados” para que no olviden su situación irregular y sus responsabilidades con el Señor. Para lo bueno y para lo malo, el sacerdote es un testigo de Cristo y de su Santa Iglesia. Cuando un “alejado” ve un sacerdote, se le anima a recordar que la Iglesia sigue existiendo. Un sacerdote alegre supone un saludable recordatorio de la Iglesia.

17. A veces, en particular cuando hace calor, llevar alzacuellos es un sacrificio. Las mejores mortificaciones son las que uno no busca. Sobrellevar las incomodidades del calor y la humedad puede servir como maravillosa expiación de nuestros pecados, y como medio para obtener gracias para nuestros parroquianos.

18. El alzacuellos sirve como “signo de contradicción” en un mundo perdido en el pecadoy en la rebelión contra el Creador. El alzacuellos implica una poderosa afirmación: que el sacerdote, como alter Christus [otro Cristo], ha aceptado el mandato del Redentor de llevar el Evangelio a la plaza pública, sin importar el coste personal.

19. El alzacuellos ayuda a los sacerdotes a evitar la mentalidad “de guardia/de permiso” en el servicio sacerdotal. Los números 24 y 7 deben ser nuestros números característicos: somos sacerdotes 24 horas al día, 7 días a la semana. Somos sacerdotes, no hombres dedicados a una “profesión sacerdotal”. De guardia o de permiso, debemos estar disponibles a quienquiera que Dios ponga en nuestro camino. Con la oveja perdida no se puede programar una cita.

20. Los “oficiales” del ejército de Cristo deben identificarse como tales. Tradicionalmente, se nos insiste en que quienes reciben el sacramento de la confirmación se convierten en “soldados” de Cristo, católicos adultos preparados y dispuestos a defender su nombre y su Iglesia. Quienes se ordenan como diáconos, sacerdotes y obispos deben también prepararse -cada uno en su ámbito- a pastorear el rebaño del Señor. Los sacerdotes que llevan alzacuellos llevan adelante su inequívoco papel como líderes en la Iglesia.

21. Los santos nunca han aprobado que se le quite importancia a las vestiduras sacerdotales. Por ejemplo, San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), santo patrono de los teólogos morales y de los confesores, en su estimado tratado La dignidad y santidad sacerdotal, urge a llevar hábito talar apropiado, afirmando que el alzacuellos ayuda tanto al sacerdote como a los fieles a recordar el sublime esplendor del estado sacerdotal instituido por el Dios-Hombre.

22. La mayor parte de los católicos esperan que sus sacerdotes vistan como tales. Los sacerdotes siempre han hecho sentirse cómodo y seguro a su pueblo. De niños, a los católicos se les enseña que el sacerdote es el representante de Dios, alguien en quien pueden confiar. Por tanto, el Pueblo de Dios quiere saber quiénes son esos representantes y qué representan. La preciada costumbre de llevar un traje distinguible ha sido sancionada durante siglos por la Iglesia; no es una imposición arbitraria. Los católicos esperan de sus sacerdotes que se vistan como sacerdotes y se comporten en armonía con las enseñanzas y las prácticas de la Iglesia. Como hemos observado dolorosamente en los últimos años, a los fieles les molesta y hiere especialmente cuando los sacerdotes desafían a la legítima autoridad de la Iglesia y enseñan o actúan de forma inapropiada o incluso pecaminosa.

23. Tu vida no es tuya; perteneces a Dios de una forma especial, has sido enviado a servirle con tu vida. Cuando nos despertamos cada mañana, debemos dirigir nuestros pensamientos a nuestro amado Dios, y pedir la gracia de servirle bien ese día. Al ponernos la prenda que proclama a todos que Dios aún actúa en este mundo a través del ministerio de hombres pobres y pecadores, nos recordamos a nosotros mismos nuestro estatus de servidores a quienes Él ha elegido.

FUENTE: vidasacerdotal.org

EL DISTINTIVO CLERICAL



Por Elvio Teodoro Aguirre
      Sacerdote salesiano

POR GRACIA DE DIOS soy sacerdote desde el 27 de marzo (Jueves Santo)de 1975. Una de mis experiencias sacerdotales se refiere al uso permanente del distintivo clerical. En los primeros años de sacerdocio no lo quise usar por una falsa humildad, queriendo pasar desapercibido en la sociedad. En esos primeros años el ver a algunos sacerdotes y religiosos por las calles con sus hábitos religiosos y el distintivo clerical, siempre me llamó positivamente la atención: me causaba una profunda alegría y veneración hacia esas personas consagradas porque me hablaban de Dios. Mejor dicho, me hacían ver a Dios. Fue madurando en mí la convicción de la necesidad de usar en forma permanente el distintivo clerical y así lo hice desde el 1983. Los siete años sin el uso permanente del distintivo clerical me parecen años perdidos y procuraré explicar el porqué. Ante todo debo confesar que me fue muy difícil el comenzar a usar en forma permanente el distintivo clerical por la vergüenza que sentía entre mis hermanos sacerdotes y religiosos. Sabía que esto sería para mí motivo de discriminación y crítica... y burla; no así entre la gente y entre los jóvenes. Recuerdo en esos primeros años al subir a los buses y por las calles recibía muestras de aprobación y aprecio: “le felicito padre”. Cuántas veces no me han cobrado el boleto en transportes públicos porque me veían sacerdote

Narraré algunos hechos que me llamaron la atención.

Hacia fines de febrero de 1990 iba de peregrinación en tren de París a Lourdes, en la medida que nos íbamos acercando a la meta los coches iban quedando vacíos y así me vi solo en mi compartimento. En la ciudad antes de llegar a Tarbes, sube una joven, abre la puerta del compartimento donde me encuentro solo y, al ver a un sacerdote, entra y se sienta delante de mí. Me di cuenta de que quería entablar conversación conmigo. Me pregunta sobre la hora, hablamos de temas intrascendentes para luego terminar en temas religiosos. Al descender y despedirnos cordialmente, me dice: “Padre, le prometo volver a la Iglesia”. Estaba en la estación de autobuses buses cuando un drogadicto que hacía huir a la gente se me acerca y me besa la mano y se retira del lugar.

El sacerdote no puede perder tiempo, en todo tiempo y lugar, particularmente por las calles tiene que llamar la atención hacia Dios, tiene que predicar: con la palabra y con la presencia silenciosa hecha signo viviente ante el mundo con el distintivo religioso y clerical.

El distintivo clerical, ¿me aleja de la gente o me acerca? ¿acorta la distancia? Esta experiencia mía de tantos años me dice que el distintivo clerical, “me separa del mundo pero me acerca a las almas”, acortando la distancia sin necesidad de presentación personal. Me separa del mundo para ponerme en el mundo de Dios que busca el corazón del hombre, que desde lo más profundo grita: “Queremos ver a Jesús”. 

El distintivo religioso y clerical es un signo que grita, ¿a quién? Grita en una doble dirección: ante todo a mí, sacerdote, que me exige ser otro Cristo en todas partes, particularmente en los ambientes más secularizados, por mi forma de caminar, de mirar, de hablar a la gente... 

Es además un signo para el mundo a quien grita fuerte por las calles: ¡Dios existe!, ¡No os olvidéis de Dios!, ¡Dios no puede ser arrinconado en lo íntimo de la conciencia!... 

Sí, quiero llamar la atención en todas partes, no quiero perder mi tiempo, quiero irradiar a Cristo. Me arrepiento y pido perdón a Dios por los siete primeros años de sacerdocio, perdidos inútilmente por no usar en forma permanente el distintivo sacerdotal.

ES OPCIONAL LA VESTIMENTA CLERICAL


La ley canónica, C284: "Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar." 

Nota: No vale seguir cualquier costumbre. El canon especifica que estas deben ser legítimas. -Padre Jordi Rivero

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Congregación para el Clero, 
Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros -Vatican.va

66. Obligación del traje eclesiástico

En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero — hombre de Dios, dispensador de Sus misterios — sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público.(211) El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel—más aún, por todo hombre (212) — su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta razón, el clérigo debe llevar « un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legitimas costumbres locales ».(213) El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones de derecho universal.

Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar legitimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente .(214).

Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia.(215).

"Esfuércense los sacerdotes, con oraciones y obras buenas, por obtener de Cristo, sumo y eterno Sacerdote, la gracia de brillar por la fe, la esperanza y la caridad, y otras virtudes, y muestren con su estilo de vida, pero también con su aspecto exterior, que están plenamente entregados al bien espiritual del pueblo, que es lo que la Iglesia siempre ha buscado por encima de cualquier otra cosa." -Decreto de la Penitenciaría Apostólica en ocasión de el año sacerdotal. 2009.

Vestimenta de los religiosos
"Para asegurar este testimonio público, los religiosos aceptan voluntariamente un género de vida que no es permisivo, sino minuciosamente reglamentado. Usan una vestimenta que los distingue como personas consagradas" - SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa dirigidos a los institutos dedicados a obras apostólicas #34


¡El Sacerdote tiene que estar siempre envuelto en el Espíritu Santo como lo está por su vestimenta! -S. Juan M. Vianney


El sacerdote debe vestirse como sacerdote

Felipe Monroy, 21 de julio de 2008. Fuente: SIAME

Luego de que un malentendido por la vestimenta utilizada por los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión alertara a los sacerdotes del 5º Decanato de la III Vicaría “San Felipe de Jesús”, el Cardenal Norberto Rivera Carrera pidió a los religiosos a reflexionar sobre la importancia de los ‘signos’ visibles del ministerio, esto es de los hábitos o vestimentas utilizadas por los clérigos. 

Y es que en la zona ubicada en el angosto corredor delimitado por el Estado de México y la autopista a Puebla, los laicos que solían llevar la Eucaristía vestían con alba o túnica y en constantes ocasiones eran confundidos por la población por sacerdotes o religiosas consagrados: “les decían ‘padrecitos’ aún cuando fueran laicos, nada más por llevar alba o túnica”, apuntó uno de los sacerdotes de la zona. 

De tal modo que el Cardenal Rivera Carrera pidió a los sacerdotes a que no simplemente prohibieran las vestimentas ‘clericales’ a los laicos sino a que reflexionaran en la necesidad de éstos en mostrar los signos propios de su misión. 

“Los laicos con ministerio quieren usar signos para distinguirse y servir concientemente; pero luego el ministro (sacerdote) no quiere usar ropas que distingan su ministerio propio”, dijo el arzobispo de México. 

El prelado refirió que en textos especializados como ‘Actualidad litúrgica’ sí sugieren que los laicos que sirven en el ministerio Extraordinario de la Comunión Eucarística porten o vistan algún distintivo de su ministerio; pero aclaró, que esa necesidad de ellos de utilizar estas ropas es un reflejo de la feligresía y la comunidad de ver a sus sacerdotes distinguirse entre los demás. Algunos fieles de esas comunidades solicitaron a los religiosos a ‘sacar del clóset’ sus sotanas, túnicas, clericales, hábitos y demás signos ministeriales de vestimenta que los distinguen como ‘hombres de Dios’.


FUENTE: www.lovecrucified.com


USO DE LA ESTOLA PARA CONFESAR





Estola: Del griego “stolé”, vestido. Es prenda de tela alrededor del cuello del sacerdote, usada para las celebraciones litúrgicas. La usan los obispos y presbíteros, colgando del cuello hacia delante; y los diáconos, desde un hombro hasta la cintura atravesando en diagonal la espalda y el pecho. Es símbolo de los poderes sagrados que recibe el sacerdote, como pastor que lleva a sus ovejas sobre sus hombros, como maestro que enseña a sus discípulos; como guía que conduce a las almas hacia la vida eterna. Esta es la oración que reza el sacerdote al ponerse la estola: “Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque me acerco a tus sagrados misterios indignamente, haz que merezca, no obstante, el gozo eterno”.


El poder de la estola sacerdotal

El Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa escribe en el portal Adelante La Fe

Cuando el sacerdote se reviste con la estola, el enemigo infernal sufre un verdadero flagelo, tanto es el temor y odio a este ornamento sacerdotal.

La estola tiene, como los demás ornamentos sacerdotales, un verdadero sentido espiritual, recuerda el madero de la cruz que cargó sobre sus hombros Nuestro Señor camino del monte Calvario. La estola puesta en el cuello y cruzada sobre el pecho, en la Santa Misa tradicional, muestra al sacerdote que tiene que unirse y ligarse de algún modo a Dios, sujetándose con verdadera obediencia a la ley divina, llevando alegremente su yugo, y recordando siempre que es Dios quien ordena tales cosas.

La estola cruzada ante el pecho, la parte derecha sobre la izquierda, es el símbolo de la cruz de Cristo en él, es el recuerdo de la pasión de Nuestro Señor presente en el altar. Al revestirse con la estola debe estar preparándose para el Santo Sacrificio. El sacerdote rezará la siguiente oración: Devuélveme Señor, la estola de la inmortalidad, que perdí con el pecado de mis primeros padres, y aunque me aceptas sin ser digno a celebrar tus Sagrados Misterios, haz que merezca el gozo eterno.

El sacerdote que se acerca al altar de Dios como indigno que es, pero elegido por la misericordia del Altísimo. El sacerdote al revestirse con su estola es el nuevo Cirineo que ayuda a Nuestro Señor. Aquel fue obligado a aquella tarea, pero aun así no pudo por menos que rendirse ante la mirada de humildad y compasión del Cordero Divino camino del “matadero”.

El Sumo y Eterno Sacerdote y Víctima a la vez vuelve mirar a su sacerdote con la misma mirada con que miró al Cirineo, pero aun con más humildad y misericordia, esperando que su ministro sea el nuevo Cirineo, pero ya no obligado, sino voluntario, identificado con Él. El Señor mira a su ministro esperando de él que tenga presente Su Pasión, Agonía, Muerte y Resurrección por la salvación del mundo.

La estola por esta unión con el patíbulo, con la Santa Cruz, y por ser signo privilegiado del sacerdocio de Cristo y del poder y autoridad del ministerio sacerdotal, es un verdadero flagelo y terror para el demonio.

Ningún sacerdote debe prescindir de ella en la confesión, en la bendición y, por supuesto, durante la Santa Misa; y los fieles deberían pedírsela al sacerdote que la lleve puesta, sino la llevara.


FUENTE: adelantelafe.com


¿CÓMO DEBEN VESTIR LOS SACERDOTES?


¿SOTANA, ALZACUELLOS, O DE CIVIL?

Los oficiales de la Iglesia Católica (sacerdotes) viven la tensión de ser uno más en el mundo para poder estar más cerca de la gente o que se les distinga para poder servir mejor.

El signo más notorio es la vestimenta. El dilema es si vestir como civil fuera de las celebraciones o marcar que son sacerdotes.
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Y aún después que tanto deben márcalo: si a través de la sotana o de un cuello romano o alzacuellos.


LA POSICIÓN DEL PADRE FORTEA

El afamado sacerdote exorcista y demonólogo español José Antonio Fortea es partidario que los sacerdotes usen sotana, como un signo de consagración a Dios y de servicio a los fieles.
Y admite que detrás de la vestimenta de los sacerdotes suele haber una forma de referirse a su profesión, unos quieren un sacerdote que esté en el mundo, que sea del mundo y como todo el mundo, mientras que en la otra concepción el sacerdote está en el mundo sin ser del mundo.

También reproducimos más abajo un estudio del mismo Fortea sobre la historia de la vestimenta sacerdotal, que publicó en su blog.



En una entrevista con ACI Prensa el P. Fortea indicó que “los clérigos deben vestir al modo que los más ejemplares sacerdotes visten en esas tierras, porque ir identificado es un servicio”.

“Mi recomendación acerca de este tema es que el sacerdote se identifique como tal“.

Y hace referencia al Derecho Canónico y a su artículo 284, que indica que “los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar”.

La Congregación para el Clero, en su“Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros”, expresa que

“El no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia”.

“En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero, hombre de Dios, dispensador de Sus misterios, sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público”.

El P. Fortea subrayó al respecto que“no vamos identificados porque nos guste. A lo mejor nos gusta, a lo mejor no nos gusta. Vamos (identificados) porque es un servicio para los fieles, es un signo de consagración, nos ayuda a nosotros mismos“.

El presbítero reconoció ladificultad de que a un sacerdote a quien desde el seminario no se le enseñó sobre el valor del hábito de usar la sotana, cambie después, sin embargo precisó que en los últimos años esto “ha ido cambiando a mejor”.

“Es fácil mantenerlo (el hábito), es difícil empezarlo. Pero el sacerdote debe ir identificado”, señaló.

ACI Prensa le preguntó si la costumbre de no usar la sotana guarda alguna relación con la Teología de la Liberación, el P. Fortea señaló que “ahora ya las cosas han cambiado”.
“Fue en los años 70, 80, en que todos estos sacerdotes se veían a sí mismos más como personas que ayudaban a la justicia social.
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Allí no tenía sentido el hábito sacerdotal,el hábito sacerdotal tiene sentido como signo de consagración“.

“Ahora ya ha pasado eso, pero ha quedado la costumbre de no vestirse y claro, es difícil, yo entiendo que es difícil. Pero estas cosas están cambiando poco a poco”.

Arzobispo de Granada Francisco Javier Martínez


A FAVOR DEL CUELLO ROMANO (ALZACUELLOS o CLERYGMAN)

Mons. Charles M. Mangan y el Padre Gerald E. Murray han escrito un famoso artículo sobre las razones de “¿Por qué un cura debe usar su cuello romano?”.

Los autores dan como argumento de autoridad que normativamente la Iglesia requiere que los clérigos lleven ropa administrativa (número 61 del Directorio para Sacerdotes)

Y que los santos nunca han aprobado de un enfoque indiferente sobre la vestidura sacerdotal, más aún, que fue el ardiente deseo del Papa Juan Pablo II.

Aquí resumimos su exposición en 7 puntos:

Un sacerdote vestido como la Iglesia quiere es un recordatorio de Dios y de lo sagrado y sirve como un “signo de contradicción” para un mundo perdido en el pecado y en rebelión contra el Creador. 
Un cura con cuello romano es una inspiración para los demás, porque es una señal visible de confianza que atrae a los jóvenes, impide “mensajes mixtos” para las mujeres jóvenes y atractivas, y es recordatorio a los católicos alejados para que no olviden su situación.

La mayoría de los católicos esperan que sus sacerdotes vistan en consecuencia, para ser identificables como los “agentes” del ejército de Cristo y líderes en la Iglesia.

El cuello romano es un signo de consagración sacerdotal al Señor, proporciona un recordatorio para el mismo sacerdote de su misión e identidad.

El cuello romano es un recordatorio de que el cura “nunca deja de ser sacerdote” y que la vida de un sacerdote no es suya sino que pertenece a Dios, quien le envía a servirle con su vida. 

Con el uso de ropa administrativa y sin poseer exceso de ropa, el cura demuestra la adhesión al ejemplo de la pobreza material del Señor y es una señal de que el cura se esfuerza por convertirse en santo y por vivir su vocación siempre. 

El cuello romano muestra el servicio abnegado, que el cura está disponible las 24 horas para los Sacramentos, en una tónica de sacrificio, especialmente cuando hace calor y cuando el cuello se convierte en una mortificación por lo pecados.



HISTORIA DE LA VESTIDURA ECLESIÁSTICA


Este es un artículo que escribió el Padre Fortea en su Blog.


JESÚS Y LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Jesús no vistió ninguna vestidura especial. Entra dentro de lo posible el que los sacerdotes judíos sí que tuvieran vestiduras clericales, pues constituían una casta.

Pero, de acuerdo a lo que nos dicen las dos genealogías de los Evangelios, Jesús pertenecía al linaje de los reyes de Judá, no al de los descendientes de Leví. El Mesías no era un sacerdote del Antiguo Testamento. Además, Él comienza un nuevo sacerdocio.
Los Apóstoles, por tanto, tampoco llevaron ninguna prenda distintiva, ni tampoco sus sucesores. Obrar de otra manera, en medio de una persecución, hubiera sido una temeridad.

En las generaciones siguientes a que la Iglesia obtuviera su libertad, los clérigos siguieron llevando ropas que no les distinguían de los laicos.

Si bien, en las celebraciones litúrgicas sí que iban revestidos con vestiduras especiales. Muy probablemente, los monjes sí que llevaban ropas que les distinguían como monjes.

Aunque el clero seguía vistiendo sin ropas especiales, poco a poco, en algunos lugares sí que se fue desarrollando un modo distintivo de vestir.
En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban.

La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes.

Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.
Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar.

A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.



CONSOLIDACIÓN DE LA VESTIDURA CLERICAL

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio.

Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades.

El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne.

Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad.

Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema:cualquier mancha se ve con facilidad.

Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.
Sin embargo, las dos tendencias que hoy día existen entre los que prefieren vestir de laicos y los que prefieren vestir como clérigos, son dos tendencias que las encontramos no ya desde la Edad Media, sino que es posible rastrearla desde la Edad Antigua.

Desde que el hábito eclesiástico se hizo obligatorio, encontramos a sacerdotes y aun obispos que han vestido como laicos, en más o en menos ocasiones. Insisto, incluso en la Edad Media.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla.

Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos.

Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito. Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas.

Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito.

Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos.
El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente.

Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas.

Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana. Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta.

Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica.

La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta.

La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha. Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX.

La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas.Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular.

Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo.

Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es eldeseo de secularizar el hábito eclesiástico.

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla.

Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época.

Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados.

Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero.
Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras.

Encima del chaleco, se llevaba una casaca. Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente.

Hasta que en los años 70, apareció el clériman (también escrito clergyman).

Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70.


LOS SOMBREROS

Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias.

La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular.

Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva.
Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos.

Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorrosque fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete.

Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero.

El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante.

Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.


VESTIDURA DE ABRIGO

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa.

Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta.

Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron. En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo.

En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales.

Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Diosdel propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos.

Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales.
La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.


FUENTE: forosdelavirgen.org/

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís