FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO: Misericordia Divina



Refiere San Gregorio en el libro cuarto de los Diálogos, capítulo cincuenta y cinco, otro caso semejante a éste, y dice que en Centumcellas, que es una ciudad de Italia, era cura en la iglesia parroquial de San Juan un sacerdote siervo de Dios. Éste, para conservar su salud, iba algunas veces bañarse en cierto baño y fuente de agua que sale de su manantial cálida. Entró un día, y halló allí un varón desconocido, el cual le sirvió de descalzarle, recogióle el vestido, sirvióle después de bañado de una sábana, con que limpió su cuerpo, de modo que tuvo particular cuidado de todo lo que fue regalo suyo y servicio, sin pedirle interés alguno. Y acostumbrando esto otras veces, una de ellas, teniendo de él memoria al tiempo que iba a bañarse el sacerdote, quiso llevarle dos roscas de pan blanco. Bañóse, y habiendo de él recibido el servicio acostumbrado, le dio el pan, rogándole que le recibiese con la voluntad que se lo daba. Mostróse el otro afligido, y dijo:

- Este pan que, señor, me das, yo no puedo comerle. Sabe que en otro tiempo fui dueño de este lugar, y por mis pecados me lo señalaron para que en él los purgase. Si quieres hacerme bien y merced, procura de ofrecer al Omnipotente Dios y Señor Nuestro el salutífero pan, en el sacrificio santo de la Misa, y conocerás si te ha oído cuando, viniendo aquí, no me hallares.

Con esto desapareció el que hablaba, y el sacerdote celebró Misa por él una semana entera, ofreciendo con lágrimas el cuerpo y sangre de Jesucristo, Dios y Señor Nuestro, por aquella alma. Y volviendo al baño, pasada la semana, no halló al que antes hallaba siempre, y conforme al concierto y aviso dado por él, entendió que ya había salido de aquella pena y estaba gozando de Dios en su gloria.


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DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO: fuego purificador


Diversas personas oyeron decir, no una, sino muchas veces, a Alberto Magno, Ministro General que fue de Predicadores, de cierto hombre cuya vida era de buen ejemplo, y en los ojos de todos, buena y santa, que, estando enfermo, y de enfermedad muy penosa, que rogó a Dios con lágrimas que con la muerte pusiese fin a tanto mal y tormento como padecía en aquella enfermedad. Apareciósele un ángel, y díjole que Dios había oído su oración, y que le daba a escoger, o que estuviese tres días en Purgatorio, o un año la enfermedad que tenía, y que, cumplido, iría luego al Cielo. El enfermo, que sentía la pena presente y no tenía experiencia de la ausente, dijo:

- Yo quiero morir luego, y no sólo tres días, sino cuanto más fuere la voluntad de Dios ser atormentado en el Purgatorio.

- Sea como dices -dijo el ángel.

Y en la misma hora murió, y su alma fue a Purgatorio. Pasó un día, y visitóle el ángel en su tormento, diciéndole:

-¿Cómo te va, alma que escogiste tres ddías de Purgatorio por no padecer un año de enfermedad?

Respondióle la alma:

-¿Y vos sois ángel? No debéis serlo, quue los ángeles no engañan. Me dijiste que estaría tres días en estas penas, y han pasado muchos años y no me veo libre de ellas.

El ángel le dijo:

- No los muchos años, sino lo terrible del tormento te fuerza a decir lo que dices, porque de los tres días sólo uno has estado en Purgatorio. Mas si te agrada hacer nueva elección, tu cuerpo no está aún sepultado, puedes volver a él, y por un año padecer la enfermedad que tenías.

Respondió el alma:

- No sólo un año, sino hasta la fin del mundo quiero más padecer el tormento y pena de la enfermedad que los dos días que quedan de Purgatorio.

Fue vuelta el alma al cuerpo, y no sólo padeció con paciencia la enfermedad, sino que refiriendo a muchos lo que le había sucedido, los exhortó a penitencia. Lo dicho es de Gulielmo, en el libro De Apibus.


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MARIO MARTINEZ Y LOS HORRORES DEL INFIERNO


Me Encontraba en un lugar grande, oscuro, sucio, seco, allí no había amor. Cuando estaba fuera de mi cuerpo había cinco demonios alrededor mío, estaban cubiertos de negro, así como se cubren los brujos y las brujas, tenían cara como de ratas, otros como de murciélagos como en las películas de terror de Hollywood, tienen poderosas uñas largas y afiladas como navajas, estos seres son diez veces más grandes, diez veces mas fuerte; algunos tienen ojos amarillos, ojos verdes, ojos rojos. No tienen ojos rojos como las hermosas luces de navidad, sino que son ojos con mirada maligna. Pude sentir el odio con que ellos me miran que es tan abrumador creo que no hay hombre en la tierra que tenga ese tipo de odio, ese odio podría hacer automáticamente explotar el corazón. Ellos no decían nada, me miraban, se mofaban, se reían y se burlaban de mí, y eso era todo lo que hacían.


HALLOWEEN ES UNA ALABANZA AL DIABLO / P. GABRIELE AMORTH -




Festejar Halloween puede ser rendir una alabanza al diablo el cual, si es adorado, aunque sea por una noche piensa que puede reclamar derechos sobre la persona.

Entonces no nos asombremos si el mundo parece ir hacia un cataclismo y si los consultorios y psiquiatras pululan con niños con insomnio, vándalos hiperactivos, de jóvenes obsesionados y depresivos y potenciales suicidas.

DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - La liberación final





HISTORIA DE SAN PEDRO DAMIÁN

Es una piadosa práctica del pueblo de Roma visitar las iglesias de la ciudad, portando velas en sus manos, en la viglia de la Asunción de la Santa Virgen, y pasar algún tiempo en oración. Un año, una devota mujer se encontraba entre la multitud de feligreses en la iglesia de Ara Coeli, y vió a corta distancia de ella, una mujer que había conocido íntimamente, y la cual había muerto un año atrás. No se aproximó a ella a causa de la multitud, así que esperó a que estuviese más cerca, y tan pronto como pudo aproximarse a ella, le preguntó:


"¿No eres tú mi madrina Marozia, la que me sostuvo en sus brazos cuando fuí bautizada?


"Sí", respondió la aparición, "De verdad que soy yo."


"¿Entonces como puedo estar reunida contigo aquí, cuando sé que has muerto el año pasado? ¿Qué te ha pasado en el otro lado de la tumba?"

La mujer muerta respondió" "Hasta hoy he estado prisionera del fuego inextinguible por culpa de los pecados de impureza que cometí en mi juventud. Yo los confesé todos, es verdad, pero hasta que la culpa no remitió, no escapé del castigo temporal, y a causa de ellos, he estado atrapada en el Purgatorio todo este tiempo. Hoy, la Reina del Cielo, movida con compasión por las almas sufrientes, ha obtenido para mi y para muchos otros, la liberación de la prisión y la admisión en el paraíso en honor de la fiesta de la Asunción. Tu sólamente me ves a mi, pero somos un número inmenso, yendo de una a otra de las iglesias dedicadas a María, para agradecerle Su compasión"

La piadosa mujer quedó estupefacta, no sabiendo que pensar, pero Marozia añadió: "Para que no puedas dudar sobre la verdad de mis palabras, te diré que morirás el próximo año, en la Fiesta de la Asunción. Si tu permaneces viva después de esta fecha, entonces puedes creer que todo esto es una ilusión". Y entonces ella desapareció.

La mujer permaneció en la iglesia, no era capaz de dudar que Dios había condescendido a avisarla de esta forma sobre su próxima muerte. Desde entonces renunció a toda clase de placeres mundanos y vivió una vida de gran austeridad y retiro, constantemente recibiendo los sacramentos de la Penitencia y la Sagrada Eucaristía.

Al año siguente, dos días antes de la Asunción, cayó enferma. El día siguiente, su enfermedad fue diagnosticada como irremediable, y en la Fiesta de la Asunción, ella murió piadosamente.


DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - Almas sufrientes


¿CÓMO ES EL PURGATORIO?




Durante un éxtasis previo a su muerte, Santa Magdalena de Pazzi tuvo la gracia de ver y visitar el Purgatorio. Recorriendo las diversas estancias preparadas pro la Misericordia y Justicia divinas, la santa de la pureza comprendió la Santidad de Dios y la maldad del pecado. He aquí como nos describe este santo lugar.

Contaremos un suceso que aconteció a Santa Magdalena de Pazzi - una Carmelita florentina - tal como fue relatado por el Padre Cepari en la historia de la vida de la santa.

Un tiempo antes de su muerte, que tuvo lugar en 1607, la sierva de Dios, Magdalena de Pazzi, se encontraba una noche con varias religiosas en el jardín del convento, cuando entró en éxtasis y vio el Purgatorio abierto ante ella. Al mismo tiempo, como ella contó después, una voz la invitó a visitar todas las prisiones de la Justicia Divina, y a ver cuán merecedoras de compasión son esas almas allí detenidas.

En ese momento se la oyó decir: "Sí, iré". Consintió así llevar a cabo el penoso viaje. De hecho, a partir de entonces caminó durante dos horas alrededor del jardín, que era muy grande, parando de tiempo en tiempo. Cada vez que interrumpía su caminata, contemplaba atentamente los sufrimientos que le mostraban. Las religiosas vieron entonces que, compadecida, retorcía sus manos, su rostro se volvió pálido y su cuerpo se arqueó bajo el peso del sufrimiento, en presencia del terrible espectáculo al que se hallaba confrontada.

Entonces comenzó a lamentarse en voz alta, "¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre, y libera a estas almas de su prisión. ¡pobres almas! Sufren tan cruelmente, y aún así están contentas y alegres. Los calabozos de los mártires en comparación con esto eran jardines de delicias. Aunque, hay otras en mayores profundidades. Cuán feliz debo estimarme al no estar obligada a bajar hasta allí".

Sin embargo descendió después, porque se vio forzada a continuar su camino. Cuando hubo dado algunos pasos, paró aterrorizada y, suspirando profundamente, exclamó, "¡Qué! ¡Religiosos también en esta horrenda morada! ¡Buen Dios! ¡Cómo son atormentados! ¡Oh, Señor!". Ella no explicó la naturaleza de sus sufrimientos, pero el horror que manifestó en contemplarles le causaba suspiros a cada paso. Pasó de allí a lugares menos tristes. Eran los calabozos de las almas simples y de los niños que habían caído en muchas faltas por ignorancia. Sus tormentos le parecieron a la santa mucho más soportables que los anteriores. Allí sólo había hielo y fuego. Y notó que las almas tenían a sus ángeles guardianes con ellas, lo que las fortalecía enormemente en su presencia; pero vio también demonios de horribles formas que acrecentaban sus sufrimientos.

Avanzando unos pocos pasos, vio almas todavía más desafortunadas que las pasadas, y entonces se oyó su lamento, "¡Oh! Cuán horrible es este lugar; está lleno de espantosos demonios e increíbles tormentos! ¿Quiénes, oh Dios mío, son las víctimas de estas crueles torturas? Están siendo atravesadas por afiladas espadas, y son cortadas en pedazos". A esto se le respondió que eran almas cuya conducta había estado manchada por la hipocresía.

Avanzando un poquito más, vio una gran multitud de almas que eran golpeadas y aplastadas bajo una gran presión, y entendió que eran aquellas almas que habían sido impacientes y desobedientes durante sus vidas. Mientras las contemplaba, su mirada, sus suspiros, todo en su actitud estaba cargado de compasión y terror.

Un momento después su agitación aumentó, y pronunció una dolorosa exclamación. Era el calabozo de las mentiras el que se abría ante ella. Después de haberlo considerado atentamente, dijo, "Los mentirosos están confinados a este lugar en la vecindad del Infierno, y sus sufrimientos son excesivamente grandes. Plomo fundido es vertido en sus bocas; los veo quemarse, y al mismo tiempo, temblar de frío".

Luego fue a la prisión de aquellas almas que habían pecado por debilidad, y se le oyó decir: "Había pensado encontrarlas entre aquellas que pecaron por ignorancia, pero estaba equivocada: ustedes se queman en un fuego más intenso".

Más adelante, ella percibió almas que habían estado demasiado apegadas a los bienes del mundo, y habían pecado de avaricia.

"Qué ceguera", dijo, "las de aquellos que buscan ansiosamente la fortuna perecedera! Aquellos cuyas antiguas riquezas no podían saciarlos suficientemente, están ahora atracados en los tomentos. Son derretidos como el metal en un horno".

De allí pasó a un lugar donde las almas prisioneras eran las que se habían manchado de impureza. Ella las vio en tan sucio y pestilente calabozo, que la visión le produjo náuseas. Se volvió rápidamente para no ver tan horrible espectáculo.

Viendo a los ambiciosos y a los orgullosos, dijo, "Contemplo a aquellos que deseaban brillar ante los hombres; ahora están condenados a vivir en esta espantosa oscuridad".

Entonces le fueron mostradas las almas que tenían la culpa de ingratitud hacia Dios. Estas eran presa de innombrables tormentos, y se encontraban ahogadas en un lago de plomo fundido, por haber secado con su ingratitud la fuente de piedad.

Finalmente, en el último calabozo, ella vio a aquellos que no se habían dado a un vicio en particular, sino que, por falta de vigilancia apropiada sobre sí mismos, habían cometido toda clase de faltas triviales. Allí observó que estas almas tenían que compartir el castigo de todos los vicios, en un grado moderado, porque esas faltas cometidas sólo alguna vez las hacen menos culpables que aquellas que se cometen por hábito.

Después de esta última estación, la santa dejó el jardín, rogando a Dios nunca tener que volver a presenciar tan terrible espectáculo: ella sentía que no tendría fuerza para soportarlo. Su éxtasis continuó un poco más y, conversando con Jesús, se le oyó decir: "Dime, Señor, el por qué de tu designio de descubrirme esas terribles prisiones, de las cuales sabía tan poco, y comprendía aún menos... ¡Ah! Ahora entiendo; deseaste darme el conocimiento de Tu infinita santidad, para hacerme detestar más y más la menor mancha de pecado, que es tan abominable ante Tus ojos".


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PODEMOS VENCER A SATANAS, EL MISMO DEMONIO NOS DA PAUTAS PARA HACERLO

 Por: Padre Hector Ramirez 

El Padre Héctor Ramírez comparte con nosotros un fragmento de su charla "¿Cómo Vencer a satanás, Parte 1"... en donde nos da pautas claras, que el mismo demonio ha confesado durante exorcismos, para entender lo que le gusta y le disgusta a él y a sus legiones... y así, con esta información privilegiada poder vencerlo (para la gloria de Dios y con la gracia del cielo).

Extractos de su mensaje.

Satanás ha sido obligado a darnos una información privilegiada para poder luchar contra él.


Lo que más agrada a Satanás

·         Le gusta mucho la profanación de las hostias consagradas.

·         El aborto o sea la matanza de niños inocentes. El aborto y el satanismo están totalmente unidos.

·         La droga. Esto hace alocar a los jóvenes especialmente desde hace 30 años, pero ahora podemos decir con tristeza que hay adolescentes y muchos niños de corta edad que tienen experiencia con la droga.

·         El divorcio. La mayoría de las familias se están divorciando.

·         La moda. La falta de pudor en el vestido, especialmente el de la mujer (faldas cortas) que causa estragos porque peca ella y hace pecar a otros.

·         Los eclesiásticos que niegan la existencia del diablo y los eclesiásticos que niegan la existencia de Dios.

·         Las discotecas. El demonio las llama sus catedrales.


Lo que más desagrada a Satanás.

 

Estas palabras son del mismo demonio en exorcismos reales.

·        La confesión.

Que estúpido invento, cuánto daño me hacen, me hacen sufrir, como me espanta la confesión, aquella sangre de vuestro Dios. Lava vuestras almas y me hace escapar.

El padre Gabriel Amorth decía El exorcismo más poderoso es la confesión, porque allí el sacerdote cuando absuelve no solamente limpia el cuerpo sino el alma. El sacerdote no le pregunta a Satanás sino que le ordena, todo vestigio de pecado queda fuera. No le pregunta, recuerden que la posesión es corporal en cambio la absolución sacramental de la confesión es una orden, una pureza del alma. Ahora entendemos la fuerza que tiene un sacerdote. Si los sacerdotes confesáramos continuamente el mundo sería otro.

·        La comunión. La comunión es una comida donde se come y se bebe la sangre del Crucificado que yo he matado, aquí me encuentro desarmado. Los que se alimentan de esta Carne y beben de esta Sangre se hacen fortísimos contra mí. Se hacen invencibles a mis astutas seducciones y tentaciones, parecen diferentes a los otros ya que poseen una luz especial por lo que me rechazan rápidamente y se alejan de mí y me rechazan como a un perro. Me echan, me expulsan.

Al presidente Biden no se le puede dar la comunión, una persona que abiertamente aprueba, potencia y promueve el aborto no puede recibir el cuerpo de Cristo porque está en pecado habitual, tiene que confesar y tiene que públicamente manifestar que ya no está a favor del aborto por el daño que ha hecho por ser una figura pública. Las personas que le están dando la comunión darán cuenta a Dios. (Palabras del padre Ramirez).

·        La adoración al Santísimo.

Adoran un pedazo de pan cuantos insensatos pierden horas y horas, días y noches de rodillas adorando un pedazo de pan escondido en una caja sobre el altar del falso dios. Así destruyen todas las malas obras que hago.

·         El Rosario.

Odio el rosario, ese cacharro devastador es como un martillo que me destroza contra la cabeza. - Ayyyy, grita-  Es la invención de los falsos cristianos que no me obedecen y siguen a aquella mujer, son unos falsos, cuanto mal me hacen - gritos de espanto -.



DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - Los tres niveles del Paraíso


Santa Francisca Romana, Modelo de madre, esposa y religiosa, convivió toda su vida con ángeles que se hacían permanentemente visibles para auxiliarla en su santificación.

A los doce años era ya una criatura extraordinaria. Después, lo maravilloso rodea su vida. Era la santa, según decían los romanos. ¡Qué asombro causaba ver a aquella mujer nobilísima, sin rival en Roma por sus riquezas y el esplendor de su casa, vestida con sencilla túnica de lana, sin acordarse del oro, de las sedas, de los adornos y joyas que su marido, Lorenzo de Ponciani, había reunido para ella en cantidad fabulosa!

Un día las gentes la vieron, estupefactas, guiando por las avenidas del Foro, donde sus antepasados habían arrastrado brocados y púrpuras, un asnillo cargado con un haz de leña y un fardo de ropa. No faltó quien la creyó loca, ni tampoco quien juzgase estos actos hijos de un espíritu avaricioso y mezquino. Iba en busca de los desgraciados, a las buhardillas sórdidas donde los enfermos aguardaban la luz de su sonrisa, a los zaquizamís donde se amontonaban los niños de caras pálidas y hambrientas. Esta era toda su ambición: mitigar el dolor, aliviar la pobreza. Y es que ella sabía lo que era sufrir.

El rey de Nápoles había tomado a Roma. Su casa fue saqueada, sus bienes confiscados, desterrado su marido, y su hijo llevado de rehén. Mientras tanto, ella alababa a Dios, y Dios se lo devolvió todo mejorado, como al patriarca de Hus. Así el matrimonio iba puliendo aquella alma. Santa Francisca había hecho propósito de no casarse; pero su confesor aconsejóla que no se resistiese a las instancias de sus padres. Se casó, y todo en su vida vino a probar que había hecho bien. Ama de casa, supo poner en ella una seriedad cristiana y una serena alegría. A sus domésticas llamábalas hermanas, y como a hermanas las trataba.

La maternidad fue para ella una grande alegría, y no dudó consagrarle los más profundos afectos de su alma. Crió a sus hijos con su propia leche, enseñóles el temor de Dios, y ellos fueron dignos de tal madre.

La temprana muerte de su hijo Evangelista fue uno de los grandes goces de su vida. Fue una muerte extraordinaria: "Veo - decía el joven - a San Antonio y San Onofre, que vienen a buscarme para conducirme al Cielo".

Una vez Evangelista vino a verla en su oratorio, y le dijo: "Dentro de poco mi hermana Inés vendrá a reunirse conmigo. Todos te dejamos; pero aquí tienes a mi compañero, que de ahora en adelante será el tuyo: es un arcángel que el Señor te envía, y que ya no te abandonará". Desde aquel momento Francisca pudo leer y trabajar de día y de noche, porque el arcángel era para ella una luz visible, que tan pronto aparecía a su derecha como a su izquierda.

Un día, un sacerdote que la criticaba de exagerada e indiscreta, dióle a comulgar una hostia no consagrada. Conocióla ella, quejóse, y el sacerdote confesó su falta.

Una de las ventajas que le trajo el matrimonio fue el llegar a conocer a una hermana de su marido, llamada Vannoza. Vannoza se hizo su cooperadora, su amiga, su confidente. Juntas iban de puerta en puerta a pedir para los pobres, juntas hacían sus oraciones dentro de casa, y juntas se las veía fuera de ella. En su vida exterior se separaban muy poco; en su vida interior, nunca. Como divina que era, esta intimidad recibió una sanción divina. Un día las dos mujeres, a la sombra de un árbol del jardín, hablaban del modo de santificar sus vidas en ejercicios para los cuales necesitaban licencia de sus maridos. Era en tiempo de primavera, y, sin embargo, el árbol que las cobijaba, en vez de echar flores, dio frutos: hermosas peras maduras cayeron a los pies de las dos mujeres, que las llevaron a sus maridos para confirmarles en el propósito de no poner obstáculo a sus piadosos proyectos.

Pero Francisca veía que en Roma había otras damas de rancio linaje muy distintas de su amiga Vannoza. El pesar le mordía el corazón al verlas entregadas a las frivolidades y ligerezas de la Roma corrompida, en que alboreaba el Renacimiento. En sus éxtasis frecuentes, largos, a veces de dos o tres días, no cesaba de pedir a Dios le indicase un medio "de salvar la flor de la pureza en aquellas mujeres, semejantes a las moscas incautas que caen en la tela tejida por la araña". Y al dejar los coloquios divinos, del fondo de su alma brotaba una voz que le decía: "Ve, trabaja, reúnelas, infúndelas tu espíritu, el espíritu de Benito el patriarca, espíritu de paz, de oración y de trabajo". Así nació la Congregación de las Oblatas de San Benito.

El primer monasterio, en la Torre de Spechi, se ve todavía en Roma, decorado con todos los encantos del primitivo arte italiano, ennoblecido aún por la virtud de las hijas de la santa fundadora.

Francisca no entró en un principio, porque todavía la ataban al mundo los lazos del matrimonio; pero cuando éstos se rompieron, presentóse en Torre de Spechi vestida con un hábito de penitencia y de rodillas, delante de todas aquellas mujeres, transformadas por su caridad, les suplicó que, aunque pecadora, tuviesen a bien admitirla en su compañía. Ellas la abrazaron, y llenas de gozo la recibieron como hijas a su madre. Ella daba el ejemplo en todo. Era la más obediente, la más humilde, la más mortificada y la más piadosa. Desde que vivía en su palacio, la obediencia había sido para ella una preocupación continua.

En toda Roma era bien conocida esta anécdota edificante: Rezaba una vez Francisca el Oficio parvo, que era su devoción favorita, cuando, al empezar una estrofa, oyó dos golpes en la puerta. Era un pobre. Ella corrió, puso unas monedas en las manos del mendigo, y volvió a entrar en su habitación. Apenas se había arrodillado para empezar de nuevo la estrofa, cuando oyó una voz: "¡Francisca, Francisca!". Era Ponciani, que la llamaba. Nuevamente interrumpió su rezo. Otras dos veces la llamaron aún, y otras dos veces dejó la estrofa sin concluir. Al volver por quinta vez a su cuarto, encontró aquellos versos escritos con letras de oro por un calígrafo celestial.

Uno de los aspectos de esta santa mujer, modelo de casadas, de viudas y de monjas, fue el de vidente. Para ella, vivir fue ver. Su vida en este mundo no fue más que la corteza ligera y transparente de la vida que vivía en el otro. Fue una apariencia. Cuando decimos que desde este mundo vio el otro con una transparencia extraña, tal vez no hablemos con exactitud; pues más que en éste, estaba en el otro. Por eso en sus visiones nos ha pintado como nadie los misterios del más allá.

Vio el infierno, con su fuego negro, con sus jerarquías, funciones y suplicios. Conocía toda la estrategia usual de los demonios para hacer caer a un alma; cómo la debilitan y, una vez débil, la atacan con la desconfianza, para inspirarla luego el orgullo, al cual se entrega tanto más fácilmente cuanto mayor es su flaqueza; cómo la asedian después los espíritus de la carne, y luego los del dinero, para terminar en poder de los de la idolatría, que concluyen lo que los otros comenzaron.

Es una profunda psicología la que se encierra en esta gradación admirable.

Vio también el purgatorio, con su fuego claro, de matiz rojizo, con sus diversas moradas de dolor, y, como el Dante, su contemporáneo, llevada de la mano misma de Dios, penetró en el paraíso.

Esta visión celeste es más rica de detalles: primero está el cielo estrellado, cuyos mundos, mayores que la tierra, flotan a enormes distancias; después, el cristalino, más brillante todavía, y finalmente el empíreo, que es el más sublime.

Su visión más alta fue la del Ser antes de la creación de los ángeles. Era un círculo espléndido e inmenso, que sólo en sí mismo descansaba. Bajo el círculo infinito, el desierto de la nada, y dentro de él una como columna deslumbrante en que se reflejaba la divinidad. Allí, unos caracteres; principio sin principio y fin sin fin.

Luego aparecieron los ángeles a semejanza de copos de nieve que cubren las montañas. Y Cristo dijo a la vidente:

"Yo soy la profundidad del poder divino. Yo he creado el cielo, la tierra, los ríos y los mares. Yo soy la sabiduría divina. Soy la altura y la profundidad; soy la esfera inmensa, la altura del amor, la caridad inestimable. Por mi obediencia, fundada en la humanidad, he redimido al género humano".

HABLAN RELIGIOSOS DESDE EL INFIERNO -



Fragmentos - 

Nos cuenta la religiosa sor Josefa Menéndez, quien fue llevada varias veces al infierno arrastrada por los demonios:

Mi alma se precipitó  sola y se dejó caer en un abismo cuyo fondo no llega a verse ya que es inalcanzable. Enseguida oía otras almas que se alegraban de verme bajo estos tormentos. Ya es un martirio el hecho de oír esos gritos horribles pero, creo que ese dolor no se compara con la sed de maldición que se apodera del alma y cuando más se maldice más aumenta esa sed. Jamás se había padecido algo similar... 

Vi el infierno como siempre: los largos pasillos, las cavidades, el fuego, oía las mismas almas gritar y blasfemar puesto que, como lo escribí varias veces, aunque no se vean las formas corporales, los tormentos se sienten como si estuvieran presentes y las almas se reconocen igual que en el purgatorio. La diferencia es que aquí los tormentos son para siempre.

Ellos gritaban “aquí estas al igual que nosotros. Éramos libres de tomar o no esos votos”, dicen los religiosos, pero ahora maldecían sus votos. Entonces sentí que me empujaron en un nicho de llamas y que me sentía apretada entre dos planchas encendidas como si…

Estaba en el infierno pero tenía una marca especial que indicaba que yo era una religiosa, era una marca que indicaba que mi alma había conocido y amado a Dios y podía ver a otras almas de religiosos y religiosas que tenían la misma marca que yo. Había muchos sacerdotes en ese infierno. No puedo describir dicho sufrimiento, el cual me fue muy diferente, del cual había padecido otras veces puesto que si el sufrimiento de un alma mundana era terrible no se comparaba en nada con el del alma de un religioso.

Estas tres palabras estaban impresas en el alma como un punzante remordimiento: POBREZA, CASTIDAD, OBEDIENCIA.

Pobreza: eras libre y lo prometiste porvqué entonces te procuraste este bienestar? por qué te quedaste con ese objeto que no te pertenecía? Por qué le diste esa comodidad a tu cuerpo? Por qué te tomabas la libertad de disponer de las cosas que eran propiedad de la comunidad?  Acaso no sabías que no tenías ningún derecho a poseer nada que tú mismo habías renunciado a eso? Por qué murmurabas cuando te faltaba algo o cuando te parecía que no te trataban como a los demás?

Castidad: tú mismo hiciste ese voto libremente y conscientemente de lo que dicho voto exigía, tú mismo te obligaste, tú mismo así lo quisiste y después como lo has observado…

Obediencia: tú mismo te obligaste a obedecer las reglas a tus superiores libremente, entonces por qué juzgaste lo que te ordenabas, por qué desobedecías a la voz del reglamento, por qué dispensabas de esa obligación de vida comunitaria.

Recuerda la suavidad de la regla.

Y así todo no lo aceptaste y ahora braman las voces infernales: debes obedecernos a nosotros pero no por día, no por año, no por siglos sino para siempre por la eternidad. Tu así lo quisiste pero eras libre …

DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - El valor del sacrificio


La gratitud de las almas

En el año 1827, en París, ocurrió un hecho que quedaría inscripto en el gran compendio Marveilles du Purgatoire junto a muchos otros que han mostrado esa gratitud que las benditas almas tienen hacia sus libertadores. Esta es una de las formas en que han querido ayudar a una persona que cumplió con una obra de caridad tan poco recordada hoy...

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Las benditas almas del Purgatorio muestran de diferentes formas su gratitud hacia quien las ha liberado. Si recordamos que el sufrimiento más leve que se experimenta en ese lugar es enormemente mayor que el más terrible de los que se viven en la tierra, podremos darnos una idea de la deuda que se crea entre el alma liberada y su libertador. En esta oportunidad relataremos un hecho relacionado con el agradecimiento material de las almas, pero debemos recordar que siempre serán mayores los dones espirituales que nos vienen a dar, porque comprometen gracias muy superiores, y nos ayudan en nuestra salvación eterna, que es muchísimo más valiosa que los bienes de este mundo. El siguiente relato fue escrito por el Abad Postel, traductor de la obra del P. Rossignoli. Tuvo lugar en París, nos cuenta, en el año 1827, y está inserto como el número 27 de Merveilles du Purgatoire.

Una pobre sirvienta, que se había hecho una buena cristiana en su villa natal, había adoptado la piadosa práctica de mandar decir una misa cada mes por las almas sufrientes. Sus empleadores la llevaron con ellos a la capital, pero aún con el cambio ella nunca fue negligente en su compromiso, y continuó su obra de caridad hacia las benditas almas. E incluso incorporó como regla de vida el asistir al Divino Sacrificio, y unir sus oraciones a las del sacerdote, especialmente por las almas que estaban más cerca de completar su expiación. Esta era su intención ordinaria.

Dios pronto la probó con una larga enfermedad, que no sólo le ocasionaba un cruel sufrimiento, sino también le causó la pérdida de su empleo y el gasto de sus últimos recursos, y el día en que estuvo lista para dejar el hospital, se encontró con que apenas le alcanzaba el dinero para terminar de pagar.

Después de rezar una ferviente oración al Cielo, llena de confianza, fue a buscar alguna solución a su problema. Se le dijo que tal vez encontraría empleo en la casa de cierta familia, al final de la ciudad. Ella fue, y como tenía que pasar frente a la Iglesia de San Eustaquio, entró. La vista del sacerdote en el altar le recordó que ese mes había olvidado su usual Misa por los muertos, y que éste era el mismo día en que durante años ella había acostumbrado hacer su buena obra. Si ella disponía en esto su último franco, no le quedaría nada, ni siquiera para satisfacer su hambre. Tuvo entonces una lucha interior entre la devoción y la prudencia humana. Y la devoción ganó. "Después de todo", se dijo a sí misma, "el buen Dios sabe que es por Él, y ¡no me desamparará!". Entrando en la sacristía, hizo su ofrecimiento por la Misa, a la cual asistió con su usual fervor.

Unos pocos momentos después, continuó su camino, llena de ansiedad como se podrá comprender. Absolutamente destituida de bienes, ¿qué iba a hacer si no obtenía el empleo? Estaba todavía ocupada en estos pensamientos cuando un pálido joven de delgada figura y distinguido aspecto se le acercó y le dijo: "¿Estás buscando un trabajo?". "Sí, señor". "Bien, ve a tal calle y número, a la casa de Madam L. Pienso que la satisfarás y que tu también estarás satisfecha allí". Habiendo dicho estas palabras, desapareció en medio de la multitud que por allí pasaba, sin esperar recibir el agradecimiento de la pobre muchacha.

Ella encontró la calle, reconoció el número, y ascendió a los apartamentos. Una sirvienta salió cargando un equipaje bajo su brazo y pronunciando quejas. "¿Está Madame aquí?", preguntó la recién llegada. "Puede estar y puede no estar", replicó la otra. "A mí qué me importa? Madame abrirá la puerta ella misma si le place; yo no me preocuparé más por eso. Adieu!". Y dicho esto descendió la escalera.

La pobre muchacha tocó la campana con mano temblorosa, y una dulce voz la invitó a entrar. Se encontró entonces en la presencia de una anciana de apariencia venerable, que quiso saber qué la había traído hasta aquí.

"Madame", dijo la chica, "he sabido esta mañana que usted necesita una sirvienta, y vine a ofrecer mis servicios. Se me ha asegurado que me recibiría amablemente". "Oh, mi querida niña, lo que me dice es muy extraordinario. Esta mañana yo no tenía necesidad de una; fue sólo en la última media hora que tuve que echar a una insolente doméstica, y no hay otra alma en el mundo además de mí que supiera esto. ¿Quién te envió, pues?". "Fue un caballero, Madame; un joven caballero que encontré en la calle, que me paró con este propósito, y yo agradecí a Dios por esto, porque me es absolutamente necesario encontrar un lugar hoy, ya que no tengo ni un centavo en mi bolsillo".

La anciana no podía entender quién era la persona, y se había perdido en conjeturas, cuando la sirvienta, elevando sus ojos sobre el mueble del pequeño salón de entrada, percibió un portarretratos. "Espere, Madame", dijo inmediatamente, "no se preocupe usted más; esa es la imagen exacta del joven hombre que me habló. Es por él que he venido".

A estas palabras la dama profirió un sonoro gemido y pareció perder la conciencia. Le hizo repetir a la joven la historia de su devoción a las almas del Purgatorio, de la Misa matinal, y de su encuentro con el extraño, y luego se arrojó al cuello de la muchacha, la abrazó y llena de lágrimas le dijo: "Tú no serás mi sirvienta desde este momento; tú eres mi hija. Es mi hijo, mi único hijo al que viste. Murió hace dos años, y te debe su liberación, por lo que Dios lo envió para traerte aquí. No puedo dudarlo. Seas, entonces, bendita, y rezaremos continuamente a partir de ahora por todos los que sufren antes de entrar en la bienaventuranza eterna".

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DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - La reparación de los pecados

La mano quemada de Foligno
Una marca del purgatorio


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Huella de la mano de la hna.Teresa
M. Gesta, en su visita desde el purgatorio.
Foligno, Italia.
(Corazones.org, Frailes Franciscanos Recoletos de la Cruz)

El día 4 de noviembre de 1859 murió de apoplejía fulminante, en el convento de Terciarias Franciscanas de Foligno, una buena hermana llamada Teresa Margarita Gesta, que era hace muchos años maestra de las novicias y a la vez encargada de la pobre ropería del monasterio. Había nacido en Córcega, en Bastia, en 1797 y había entrado en el monasterio en febrero de 1826. Es ocioso decir que estaba preparada dignamente para la muerte.

Doce días después, el 17 de noviembre, una hermana denominada Ana Felicia, que la había ayudado en su empleo y que la reemplazó después de su muerte, subía a la ropería, e iba a entrar, cuando oye gemidos que parecían salir del interior del aposento. Algo azorada, se apresuró a abrir la puerta: no había nadie. Mas dejáronse oír nuevos gemidos tan acentuados que ella, a pesar de su ordinario valor, se sintió poseída de miedo.

"Jesús, María! - exclamó - qué es esto?".

Aún no había concluido, cuando oyó una voz lastimera, acompañada de este doloroso suspiro:

"Oh, Dios mío! cuánto sufro! Oh Dios! que peno tanto!".

La hermana, estupefacta, reconoció pronto la voz de la pobre sor Teresa. Se repone como puede, y le pregunta:

"Y por qué?"

"A causa de la pobreza", responde sor Teresa.

"Cómo! - replica la hermana: vos que erais tan pobre!"

"No es por mí misma, sino por las hermanas, a quienes he dejado demasiada libertad en este punto. Y tú ten cuidado de ti misma".

Y al mismo instante la sala se llenó de un espeso humo, y la sombra de sor Teresa apareció dirigiéndose hacia la puerta, deslizándose a lo largo de la pared. Llegando cerca de la puerta, exclamó con fuerza:

"He aquí un testimonio de la misericordia de Dios".


Y diciendo esto tocó el tablero superior de la puerta, dejando perfectamente estampada en la madera calcinada su mano derecha, y desapareciendo en seguida.

La pobre sor Ana Felicia se había quedado casi muerta de miedo. Del todo trastornada, se puso a gritar y pedir auxilio. Llega una de sus compañeras, luego otra y después toda la Comunidad; la rodean y se admiran todas de percibir un olor a madera quemada. Buscan, miran y observan en la puerta la terrible marca, reconociendo pronto la forma de la mano de sor Teresa, que era notablemente pequeña. Espantadas, huyen, corren al coro, se ponen en oración, y olvidando las necesidades de su cuerpo, se pasan toda la noche orando, sollozando y haciendo penitencia por la pobre difunta, y comulgando todas por ella al día siguiente.

Espárcese por fuera la noticia; los Religiosos Menores, los buenos sacerdotes amigos del monasterio y todas las comunidades de la población unen sus oraciones y súplicas a las de las Franciscanas. Este rasgo de caridad tenía algo de sobrenatural y de todo punto insólito.

Sin embargo, la hermana Ana Felicia, aun no repuesta de tantas emociones, recibió la orden formal de ir a descansar. Obedece, decidida a hacer desaparecer a toda costa en la mañana siguiente la marca carbonizada que había causado el espanto de todo Foligno. Mas, he aquí que sor Teresa Margarita se le aparece de nuevo.

"Sé lo que quieres hacer - le dice con severidad -; quieres borrar la señal que he dejado impresa. Sabe que no está en tu mano hacerlo, siendo ordenado por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos. Por su justo y tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante cuarenta años las espantosas llamas del purgatorio, a causa de las debilidades que he tenido a menudo con algunas de nuestras hermanas. Te agradezco a ti y a tus compañeras tantas oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar exclusivamente a mi pobre alma; y en particular los siete salmos penitenciales, que me han sido de un gran alivio".

Después, con apacible rostro, añadió:

"Oh, dichosa pobreza, que proporciona tan gran alegría a todos los que verdaderamente la observan!".

Y desapareció.

Por fin, al siguiente día 19, sor Ana Felicia, habiéndose acostado y dormido, a la hora acostumbrada, oye que la llaman de nuevo por su nombre, despiértase sobresaltada, y queda clavada en su postura sin poder articular una palabra. Esta vez reconoció también la voz de sor Teresa, y al mismo instante se le apareció un globo de luz muy resplandeciente al pie de su cama, iluminando la celda como en pleno día, y oyó que sor Teresa con voz alegre y de triunfo, decía estas palabras:

"Fallecí un viernes, día de la Pasión, y otro viernes me voy a la Gloria... ĄLlevad con fortaleza la cruz!... ĄSufrid con valor!".

Y añadiendo con dulzura:

"Adiós! adiós! adiós!..."

se transfigura en una nube ligera, blanca, deslumbrante, y volando al cielo desaparece.

Abrióse en seguida una información canónica por el obispo de Foligno y los magistrados de la población. El 23 de noviembre, en presencia de un gran número de testigos, se abrió la tumba de sor Teresa Margarita, y la marca calcinada de la pared se halló exactamente conforme a la mano de la difunta.

El resultado de la información fue un juicio oficial que consignaba la certeza y la autenticidad de lo que acabamos de referir. En el convento se conserva con veneración la puerta con la señal calcinada. La Madre abadesa, testigo del hecho, se ha dignado enseñármela (dice Mons. de Ségur), y mis compañeros de peregrinación y yo hemos visto y tocado la madera que atestigua de modo tan temible que las almas que, ya sea temporal, ya sea eternamente, sufren en la otra vida la pena del fuego, están compenetradas y quemadas por el fuego. Cuando, por motivos que sólo Dios conoce, les es dado aparecer en este mundo, lo que ellas tocan lleva la señal del fuego que les atormenta; parece que el fuego y ellas no forman más que uno; es como el carbón cuando está encendido.


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DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - La antesala del Cielo


MILLONES DE ALMAS AL PURGATORIO


¿Dónde están los muertos? Os ofrecemos con meditación, pacientemente, con imparcialidad. Nuestros católicos responden: “Nuestras enseñanzas son muy explícitas con respecto a la pregunta. Hemos examinado el asunto de todas maneras a la luz de la Revelación divina. Nuestra conclusión y enseñanza es que cuando alguno muere va a uno de tres lugares: los santos, de los cuales creemos que hay muy pocos, van inmediatamente a la presencia de Dios, al cielo. A estos se refiere nuestro Señor, diciendo: “cualquiera que no toma su cruz y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo”. ( Luc. 14:27). Aquellos que llevan la cruz fielmente son el “pequeño rebaño”, los “elegidos”. Respecto de estos dice Jesús: “Estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y pocos son los que lo hallan”.{ Mt 7:’4} Entre los santos no está incluido nuestro clero, ni aún obispos, ni cardenales, ni papas; porque veréis que cuando uno de estos muere, es costumbre de la Iglesia decir misas por el reposo de su alma. No diríamos misas por alguno que creyésemos que es­tuviese en el cielo, porque allí, con seguridad, hay reposo para toda alma; ni tampoco diríamos misas por ellos si creyéramos que estuviesen en eterno infierno, porque las misas no les serían de ningún provecho, estando allí. Debemos advertir, sin embargo, que no enseñamos que muchos van al eterno infierno. Es nuestra enseñanza que solamente van allí los herejes incorregibles-personas que han tenido el conocimiento de las doctrinas católicas y que voluntaria y abiertamente se opusieron a ellas- estos encuentran esa tremenda e irremediable suerte.



MILLONES AL PURGATORIO

“Los muertos, en general según nuestra enseñanza pasan inmediatamente al Purgatorio, que es, como el nombre lo indica, una lugar de penitencia, calamidades, de verdadera angustia, pero no irremediable. El periodo de prisión en este lugar, puede ser de siglos o miles de millones de años, según los merecimientos de cada individuo y el alivio concedido.

Si vosotros superáis más particularmente la enseñanza católica sobre este tema, os referiríamos los escritos de nuestros grandes católicos, el notable poeta Dante, un católico ­leal, en un tiempo un Abbot, quien murió en un monasterio con todos los derechos de la Iglesia. El poema de Dante. “Infierno”, gráficamente describe las torturas del Purgatorio, como nosotros entendemos el asunto. Vos­otros podéis procurar en casi todas las librerías, una obra ilustrada de este gran poema católico. Doré, el artista, fue también un católico prominente, y pintó el poema de Dante de una manera vivida y verídica. Las Ilustraciones muestran vívidamente los ­tormentos del Purgatorio cómo los demonios persiguen a algunos hasta que saltando caen en precipicios de agua hirviendo. Estos demonios arrojan saetas ardientes a otros. Otros de cabeza se queman en las llamas; otros de pies, permanecen en abismos. Algunos son mordidos por serpientes. Otros permanecen helados, etc. Aconsejamos a vosotros que veáis esa obra de Dante, “Infierno”, porque ella muestra nuestra opinión católica y la propia respuesta a vuestra pregunta. ¿Dónde están los muertos? La vastamayoría está en el Purgatorio. Los ­millones de paganos allí están; porque la ignorancia no salva, no pone en aptitud para un estado celestial. Todo el que entra en el cielo debe ser idóneo y estar preparado, lo cual es imposible para los paganos. Millones de protestantes están allí. No pueden entrar en al cielo, sino solamente por las portadas de la Iglesia Católica; ni los consideraría Dios dignos de eterno infierno, porque su rechazamiento al catolicismo fue debido a la confesión de fe bajo la cual nacieron y de la cual estaban rodeados. Casi todos los católicos van también al Purgatorio, porque, a pesar de los buenos oficios de la nuestra Iglesia, nuestra agua bendita, confesiones, misas, velas santas, exequias consagradas, etc., sin embargo, no habiendo alcanzado la santidad de carácter, son excluidos de los cielos hasta que, pasando por las penas del Purgatorio, estén preparados sus corazones para el cielo. Sostenemos, sin embargo, que por la razón manifiesta, los católicos no necesitan permanecer tanto tiempo en el Purgatorio como los protestantes y los paganos”.


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DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - El sufrimiento con amor


MARÍA SIMMA Y LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO 

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María Simma era una anciana mujer que vivió hasta el diá de San José del año 2004 en las montañas de Sonntag (Austria). De origen campesino, desde su niñez reza mucho por las almas del Purgatorio. Cuando tenía 25 años fue favorecida por un carisma muy particular en la Iglesia, muy raro también, el carisma de ser visitada por las almas del Purgatorio. La primera vez que fue visitada por un alma del Purgatorio fue en 1940. Una noche, alrededor de las 3 de la madrugada, oyó que alguien entraba en su habitación. Vio a un hombre pero no pudo agarrarlo, atrapó aire. Ella lo contó a su director espiritual, el cual le dijo que le preguntara lo que quería. A la noche siguiente, el hombre regresó, reconoció que era definitivamente el mismo.

Ella le preguntó:

-"¿Qué quiere usted de mí?".

El respondió:

-"Mande celebrar tres Misas por mí y seré liberado".

Entendió que se trataba de un alma del Purgatorio. Su padre espiritual se lo confirmó y le aconsejó que nunca las rechazara, sino que aceptara con generosidad cualquier cosa que pidieran de ella. Las visitas continuaron. María relata que la mayoría pide que se celebren Misas por ellas y que esté presente en ellas; también piden que se rece el Rosario y el Via Crucis.

María Simma tuvo desde niña un especial interés por las almas del Purgatorio, y fue esa la misión que Dios le dio para esta vida cuando tuvo la edad de 25 años. Adecuadamente asistida por su confesor y director espiritual, y bajo el cercano seguimiento del Obispo del lugar, María vive una vida donde la Presencia sobrenatural se vuelve cotidiana. Las almas se presentan a ella buscando ayuda, y también dando testimonio de sus sufrimientos, su vida en la tierra y su deseo profundo de llegar cuanto antes a estar en la Presencia de Dios en forma definitiva. 

Los conocimientos que las almas del Purgatorio le refieren son una hermosa y fuerte confirmación de toda la Doctrina sobre la que se funda la Iglesia Católica, y una invitación a todos nosotros a vivir una activa y sincera práctica de los sacramentos. Pero, por sobre todo, María Simma nos invita a una práctica cotidiana del amor como la puerta más importante para la salvación de nuestra alma. El amor cura y cubre muchos de nuestros pecados, a la hora de nuestro juicio particular. 

Descubra en este testimonio muchas de las confirmaciones que su corazón estaba buscando, ya que Jesús y María se expresan a través de las palabras de María Simma, invitándonos a una conversión sincera y profunda, basada en el amor por Dios y por todos nuestros semejantes. Nuestra Santa Iglesia florece en las palabras de esta humilde mujer, cuyo amor por Dios la ha llevado a grandes y constantes sacrificios. Un alma humilde puede obrar muchos milagros, ya que agrada a los ojos del Creador, que la toca con la gracia y la convierte en un instrumento de evangelización. Eso es, en breves palabras, María Simma.


La oración por las almas de nuestros difuntos es: 


Un acto de amor hacia ellas, que lo necesitan para acortar su purificación

Una prueba de nuestra fe en la promesa del Reino

Una caricia al Corazón de Jesús

Un gesto de unión con las almas que nos preceden en el camino a la eternidad

Extraído de: "Hacednos salir de aquí" de María Simma

Y así es como estas experiencias empezaron en 1940, entendí entonces que era esto lo que Dios quería que hiciera. La primera alma vino a mi cuando tenía 25 años. Hasta aquel momento el Señor me había hecho esperar.


Usted me está diciendo que el alma de un difunto vino a ella. ¿Significa tal vez que el alma vino a hacerle visitas a su habitación?


Sí, y así siguió sucediendo desde aquella fecha en adelante. Es decir desde 1940, cuando comenzaron estos fenómenos, hasta 1953 sólo venían dos o tres almas al año y generalmente en el mes de noviembre. En aquel año trabajaba en casa o con niños, a veces también como criada en una granja de Alemania, y después en un pueblo cercano. Luego, durante el año Mariano de 1954, cada noche se me presentaba un alma distinta.


EL PURGATORIO

El purgatorio es un lugar y una condición que cada alma vive cuando tiene todavía necesidad de purificar y reparar los pecados que ha cometido durante su vida, antes de que pueda alcanzar a Jesús en el Paraíso.

En el purgatorio hay tres niveles principales, pero yo encuentro que las almas necesitan relativamente poco para ser liberadas para ir al paraíso. Esto es así por dos razones.

En el más bajo, Satanás puede todavía golpear a las almas, cosa que no puede hacer más en los niveles más altos. Es verdad que nosotros somos probados aquí en la tierra y que nuestra prueba termina con la muerte. Sin embargo, las almas de la tercera parte del purgatorio, aquella parte más profunda, tienen que sufrir por los pecados que han cometido antes de obtener el beneficio de nuestras oraciones, de nuestras Misas y de nuestras buenas acciones. Y el continuo ataque de Satanás forma parte de esos sufrimientos.

Los niveles del purgatorio son tantos como enfermedades hay sobre la tierra, pueden ir desde una simple inflamación de una uña hasta algunas que pueden consumir el cuerpo entero como el fuego. Este fuego sólo existe en los niveles más bajos del purgatorio y no en los más altos.

Los sufrimientos de ellas son más graves, a veces mucho más graves que los nuestros, sobre todo en el tercer nivel que es el más bajo.

No es cierto lo que muchos teólogos enseñan hoy, al afirmar que el Paraíso, Purgatorio e Infierno son sólo condiciones. Todos y los tres también son lugares.

Algunas almas están sólo media hora, y otras por lo que queda del tiempo, hasta el último día. Las almas dicen que allí una duración de media hora alcanza cuarenta años.

En el verano del 1954 me hablaron del alud que hizo mucho daño en esta zona, una vez me advirtieron que no era la hora de esas personas y que sobrevivirían bajo la nieve después de la avalancha. Así los socorristas continuaron la búsqueda más de lo previsto. Dos días después de mis oraciones ellos fueron encontrados y salvados.

Después de esta vida el tiempo no existe más. Pero se nos ha dicho que un alma tiene que sufrir por un cierto periodo de tiempo en el Purgatorio. Es sólo porque nosotros no estamos en condiciones de comprender la entidad de una pena si ésta no es expresada en términos de tiempo.

Dicen que no se dan cuenta de que no tienen cuerpo. Tienen un cuerpo transfigurado que se puede presentar sanado y vestido. 

Ningún alma querría volver del Purgatorio a la tierra: Aún cuando allá el sufrimiento es terrible, sin embargo, existe la certeza de vivir para siempre con Dios. No quieren volver a la tierra, donde nunca estamos seguros de nada.

Los pecados que llevan al Purgatorio son los pecados contra la caridad, la dureza de corazón, la hostilidad, la maledicencia, la calumnia, rehusarse a la reconciliación... La persona que desaprovecha sus sufrimientos, al morir ve lo mucho que pudo haber ganado -para el bien de ella y de otros, por la comunión de los santos-, llevándolos bien.

Muchas veces María Simma ha sido invitada a sufrir por las ánimas benditas del Purgatorio. Ella lo relata así: La primera vez un alma me preguntó si no me importaría sufrir por ella tres horas en mi cuerpo para que ella pudiera salir del Purgatorio. Le dije que sí y tuve la impresión de que eso había durado tres días porque fue muy doloroso. Esa alma me dijo que por haber aceptado con amor ese sufrimiento de tres horas, ¡le había ahorrado 20 años de Purgatorio! porque el sufrimiento en la tierra tiene un valor distinto.

Todo esto es alentador porque confiere un significado extraordinario a nuestros sufrimientos, aún los sacrificios más pequeños pueden tener un poder inusitado para ayudar a las almas.

Lo mejor que podemos hacer, dice María Simma, es unir nuestros sufrimientos a los de Jesús, poniéndolos en manos de María Santísima. Contemplar los sufrimientos del Señor en el Via Crucis ayuda a odiar el pecado y desear la salvación de todas las personas, y esto da alivio a las almas del Purgatorio. Por medio del Rosario, muchas almas salen del Purgatorio. Las indulgencias tienen también un valor inestimable para ellas.

Las almas del Purgatorio no pueden ya hacer nada en favor de sí mismas porque al momento de la muerte, el tiempo de ganar méritos se termina. Si los vivos no rezan por ellas, quedan abandonadas. Cada uno de nosotros tiene el inmenso poder de aliviarlas. Mientras estamos vivos podemos reparar el mal que hayamos hecho. Pero a menudo el sufrimiento nos lleva a rebelarnos.

Los sufrimientos son la prueba más grande del amor de Dios. Debemos acogerlos como un don y entregarlo a Nuestra Señora. Ella es quien sabe mejor quien necesita tal o cual ofrenda para salvarse. Los sufrimientos soportados con paciencia salvan más almas que la oración, dice María; pero la oración nos ayuda a soportar nuestros sufrimientos.

En el Purgatorio hay diferentes grados de dolor. Cada alma tiene un sufrimiento único. Los Ángeles custodios les proporcionan consuelo.

-Si una persona sufre demasiado y desea morir, ¿qué puede hacer?, le preguntaron a María Simma.

Contestó:

-Sí, esto es muy frecuente. Yo diría: "Dios mío, puedo ofrecer este sufrimiento para salvar almas". Esto nos da una fe renovada y valor. Al hacerlo así, el alma gana gran bienaventuranza, una gran felicidad para el Cielo. En el Cielo hay miles de tipos y grados de felicidad; para cada alma es una felicidad plena. Cada uno sabe que no merecía más. La soberbia conduce al infierno. El infierno es obstinarse en decirle "no" a Dios. Nuestra oración puede suscitar un acto de humildad en los moribundos, un solo instante de humildad puede evitarles el infierno. El sufrimiento soportado con paciencia, tiene para el alma un valor infinito. Se tiene el deber de aliviar los grandes sufrimientos, pero no el derecho de acortar la vida con medios químicos.


Le preguntaron a María:

-¿Qué piensa de las prácticas de espiritismo, invocar a los espíritus de los difuntos, las tablas de ouija, etc.?

-Eso es siempre malo. Es el demonio quien hace que la tabla se mueva. No está permitido invocar a los difuntos. En el espiritismo, si hay respuesta, es siempre y sin excepción, Satanás y sus ángeles caídos. Las personas que practican el espiritismo (adivinadores, brujas, etc.) están haciendo algo muy peligroso contra ellas mismas y contra quienes van a consultarlos. Están sumidas hasta el cuello en mentiras. Está estrictamente prohibido por Dios invocar a los muertos. Satanás puede imitar todo lo que viene de Dios. Él puede imitar la voz y la apariencia de los muertos; una manifestación de este tipo siempre proviene del Maligno. Satanás incluso puede sanar, pero esas curaciones nunca duran.

Hemos de acoger con amor y gratitud este regalo de las pruebas. San Juan de la Cruz dice que la Providencia provee a cada hombre de la purificación necesaria a fin de permitirnos entrar directamente al Cielo a la hora de la muerte. Mientras estamos en la tierra podemos hacer crecer cada minuto nuestro amor. Valoremos cualquier oportunidad de ser tan bellos como Dios nos desea ya en su presencia. ¡Si viéramos a toda luz el esplendor de un alma pura, gritaríamos de emoción y de alegría! El alma humana es espléndida delante de Dios.

Los santos no son almas sin faltas, sino aquellas que se levantan una y otra vez después de cada caída y piden perdón. Cada hora, cada segundo de nuestra vida tiene un peso de eternidad.

Resumen que hizo Martha Morales del folleto: El sorprendente secreto de las almas del Purgatorio. María Simma. Comunidad de las Bienaventuranzas. A.R. Convento San Francisco. Atlixco, Puebla. México.


MARÍA SIMMA Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Autor: P. Angel Peña O.A.R.

María Simma es una mujer extraordinaria, nacida en Sonntag (Vorarlberg), Austria, el 5 de febrero de 1915. Es un alma mística, favorecida de grandes carismas, especialmente el de recibir mensajes de las almas del purgatorio, que se le aparecen y a quienes ha consagrado su vida desde joven. Su obispo está de acuerdo con su apostolado en favor de estas almas y lo mismo lo estaba su director espiritual, el P. Alfonso Matt, quien la dirigió en los primeros años de sus experiencias místicas. En 1968 escribió un libro titulado "Meine Erlebnisse mit Armen Seelen" (Mi relación con las pobres almas) traducido a varias lenguas y que tiene ya más de 20 ediciones. Otros más se han escrito, basados en entrevistas con ella. 

También, de vez en cuando, da conferencias en diferentes lugares de Europa, especialmente de Austria y Alemania, pues sólo habla alemán. 

Todo lo que ella ha sabido por medio de las almas del purgatorio, sobre sus necesidades, ha sido exacto y ha estado siempre conforme con las enseñanzas de la Iglesia. Su director, el P. Alfonso Matt, enviaba los mensajes que ella recibía a los familiares de los difuntos y ellos quedaban asombrados de cosas que nadie podía saber. Por eso, desde el principio, fue apoyada por su párroco.

Por otra parte, el hecho de que los muertos puedan aparecerse a los vivos no debe parecer imposible, porque el mismo Evangelio nos habla de que el Viernes santo "muchos sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron y saliendo de sus sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la ciudad y se aparecieron a muchos" (Mt 27,52-53). 

Informe del P. Alfonso Matt

El P. Alfonso Matt, según el vicario general de su diócesis era "un sacerdote íntegro y ejemplar que no tenía nada de exaltado. Era un venerado sacerdote" El día de su entierro (26- 12-1978), su obispo, Bruno Wechner, en presencia de 1.000 fieles y 40 sacerdotes dijo: "Lo más hermoso que se puede decir de un sacerdote es que es un sacerdote según el corazón de Dios. Así era el R Alfonso Matt". Pues bien, él escribió un informe sobre la vida de María Simma. Veamos un resumen de este informe: 

"María Simma nació en Sonntag. Quiso hacerse religiosa, pero las tres veces que lo intentó, tuvo que salir por falta de salud. Su vida espiritual se caracteriza por un gran amor a la Virgen María y un gran deseo de socorrer a las almas del purgatorio, devoción que le inculcó su madre desde niña. Ella ha consagrado su virginidad a la Virgen y ha hecho voto de ánimas, como alma víctima en favor de las almas del purgatorio. En la parroquia se dedica a dar catecismo a los niños y prepararlos para la primera comunión. 

A partir de 1940, se le aparecieron algunas almas para pedirle ayuda. El día de "Todos los santos" de 1953, comenzó también a ofrecer sufrimientos expiatorios por ellas. Tuvo, por ejemplo, que sufrir mucho por un oficial muerto en Kürnten en 1660. Un sacerdote de Colonia, muerto el año 555, le pidió también sufrimientos expiatorios, pues de otro modo, debía sufrir hasta el fin del mundo por sus misas sacrílegas, adulterios, falta de fe y haber participado en martirizar a las compañeras de Santa Úrsula. 

También tuvo que sufrir mucho por las prácticas anticoncepcionistas y la impureza de las almas que se le aparecían. Algunas almas le pedían que libremente aceptara sus sufrimientos para su liberación y purificación. Por ejemplo, una tal Berta, francesa, muerta en 1740; dos señoritas de Innsbruck, muertas en un bombardeo; un sacerdote italiano, etc. María siempre ha aceptado generosamente estos sufrimientos que le pedían y nunca los ha rechazado. 

En 1954 comenzó un modo nuevo de ayudar a las almas. Un cierto Paul Gisinger de Koblach le pidió que les dijera a sus 7 hijos que dieran en su nombre 100 chelines para las misiones e hicieran celebrar dos misas, porque sólo así podía ser liberado. Después siguieron otras demandas análogas en favor de las misiones y de celebrar misas.

En octubre y noviembre hasta el 8 de diciembre (fiesta de la Inmaculada) de ese año 1954, venían cada noche a pedir oraciones o sufrimientos. Ella, poco a poco, pidió la ayuda de otras personas para poder atender sus peticiones. Cuando se trataba de sacerdotes, las oraciones debían ser hechas por sacerdotes.

Las almas del purgatorio se le aparecen de diversas formas y en diversas maneras. Algunas tocan la puerta, otras aparecen de improviso. Unas se muestran con apariencia humana, como eran cuando vivían su vida mortal, normalmente vestidas como en días de trabajo, no de fiesta. Otras se aparecen bajo formas de animales que dan miedo o en formas difusas. A veces, están envueltas entre llamas, dando un aspecto terrible. Cuanto más purificadas están, más luminosas y afables se presentan. Con frecuencia, cuentan cómo han pecado y cómo se han librado del infierno gracias a la misericordia de Dios. Durante la Cuaresma, se presentan día y noche para pedirle que sufra y ore por ellas. Las que son extranjeras hablan en alemán con acento extranjero. Las almas le dicen que ella es de los nuestros. Cuando ella preguntó qué significaba ser de los "nuestros ", le dijeron que con su voto de ánimas se había entregado a la Madre de la misericordia en favor de ellas. Ella te ha dado a nosotras, le dijeron. 

Las noticias, que las almas le dan sobre sus familiares vivos, son siempre exactas. En la avalancha que, en 1954, sepultó mucha gente aquí cerca, las almas le dijeron que había algunos vivos bajo la nieve. Por eso, intensificaron la búsqueda y pudieron encontrar algunos vivos más.

El demonio también se le ha presentado en ocasiones, para desanimarla de su misión. Una vez se le presentó como un ángel de luz; otra, como el sacerdote de la parroquia. Algunas personas se han escandalizado, porque pide a algunos de los familiares limosnas para las misiones o que se hagan celebrar misas por las almas. Pero ella nunca ha aceptado dinero, el dinero debe ser entregado directamente en la parroquia o en la curia episcopal. 

Dice que las almas de los católicos sufren más que las de los protestantes, porque tuvieron más gracias, pero la fe católica es la mejor para ganar el cielo. Además, los católicos tienen la posibilidad de recibir más ayuda de otros y ser liberados más rápidamente, ya que los protestantes no creen en el purgatorio y no rezan por sus difuntos. 

A ella se le ha revelado la maravillosa armonía que existe entre el amor y la justicia divina. Cada alma es purificada de acuerdo a la naturaleza de sus culpas. La duración es muy variada. El tiempo medio es de 40 años, pero hay quienes deben sufrir hasta el juicio final. Otros sólo sufren media hora, como si atravesaran el purgatorio en un vuelo. Lo que sí es cierto es que las almas sufren con una paciencia admirable y alaban la misericordia divina y suplican a María, madre de misericordia, agradeciéndole por haberse salvado. 

La Virgen María va al purgatorio, con frecuencia, a consolar a las almas. También va San Miguel arcángel. Y allí están también los ángeles custodios de las almas, acompañándolas hasta su liberación final. La ayuda que necesitan es, sobre todo, misas, rosarios y sufrimientos por ellas. También es bueno el viacrucis y dar limosnas para las misiones. Las indulgencias tienen un valor inmenso. Es una crueldad no aprovechar este tesoro, que la Iglesia nos propone para las almas. Supongamos que estuviésemos delante de una montaña llena de monedas de oro y tuviésemos la posibilidad de cogerlas ¿no sería cruel rechazarlas y no poder ayudar a tantos necesitados?

En resumen, María Simma tiene una vocación especial. Se trata de un apostolado y de una ayuda en favor de las almas del purgatorio".

Firmado P. Alfonso Matt, parroquia de Sonntag, 20 de febrero de 1955. 


Mi relación con las almas del purgatorio 

En este escrito personal, María Simma, entre otras cosas, dice: "Desde mi infancia tuve gran amor por las almas del purgatorio. Mi madre me lo enseñó y me repetía muchas veces: Cuando tengas alguna cosa importante que hacer, dirígete a las almas del purgatorio, porque son de gran ayuda. 

En 1940 se me presentó, por primera vez, una alma del purgatorio. Sintiendo que alguien estaba en la habitación me desperté y vi un extranjero que iba y venía por mi habitación. Le dije: ¿Cómo has entrado? ¿Qué has perdido? Él continuaba, yendo y viniendo, como si no me oyera. Entonces, salté de la cama para agarrarlo, pero no agarraba nada. No había nada. Lo intenté de nuevo y ocurrió lo mismo. Podía verlo y no podía tocarlo. Al poco tiempo, desapareció. Al día siguiente, después de la misa, fui a mi director espiritual y le conté lo ocurrido. Él me dijo: Si sucede otra vez, no le preguntes ¿quién eres? Dile: ¿Qué quieres de mí?

A la noche siguiente, retornó la misma persona. Le dije: ¿Qué quieres de mí? Él respondió: Haz celebrar tres misas por mí y seré liberado. Entonces, pensé que debía ser un alma del purgatorio. Mi confesor me lo confirmó. Desde 1940 hasta 1953, cada año vinieron sólo dos o tres almas, normalmente en noviembre (mes de los difuntos). Mi director el P. Alfonso Matt, me aconsejó que nunca rechazara ninguna petición de ayuda de esas almas. 

Cuando un alma viene, me despierta tocando la puerta o llamándome o sacudiéndome o de otras maneras. Le digo de inmediato: ¿Qué quieres? ¿qué debo hacer por ti? Y normalmente me lo dicen. Un alma me dijo un día: Una de las cosas que más eficacia tiene para nosotras es el sufrimiento soportado con paciencia, sobre todo, cuando se ofrece por manos de la Madre de Dios, para que ella lo utilice para quien quiera. Y me pidió que sufriera por ella. Me pareció bastante extraño, porque hasta ese día ninguna me había pedido sufrir por ella. Le dije. ¿Qué debo hacer? Me respondió: Durante tres horas tendrás grandes dolores en todo el cuerpo. Después de las tres horas, podrás levantarte y continuar tus trabajos, como si no hubiera sucedido nada. Así me quitarás veinte años de purgatorio. Acepté y me vinieron tales dolores, que apenas me daba cuenta de dónde estaba, y parecía que pasaban días y semanas. Cuando todo terminó, me di cuenta de que habían pasado exactamente tres horas. A veces, me pedían sufrir sólo cinco minutos, pero ¡qué largos me parecen esos minutos!

En 1954 (año mariano) cada noche empezaron a venir. En ocasiones me decían quiénes eran y me encargaban algunas misiones para sus parientes. De esta manera, mi caso fue conocido públicamente. Esto era para mí muy desagradable; porque, por mi cuenta, sólo le habría hablado a mi padre espiritual. Algunas veces, se trataba de que devolvieran bienes mal adquiridos; en algunos casos, ni siquiera los parientes conocían ciertos detalles que yo les daba, por medio de mi párroco y director espiritual, que era quien transmitía los mensajes a gente de otros pueblos, cercanos o lejanos. También en ese año 1954 venían a visitarme las almas durante el día. Al terminar este año mariano, venían dos o tres veces por semana. Normalmente, aparecen el primer viernes de mes o en un día de fiesta de la Virgen o durante la Cuaresma. Durante Semana Santa vienen muchas y también en Adviento y en el mes de noviembre. 

Aquellas almas, que yo he conocido bien en vida, las reconozco de inmediato. Otras son desconocidas, a no ser que me digan quienes son. Normalmente se presentan en vestido de trabajo. Si eran personas inválidas o con graves deficiencias físicas o mentales, aparecen sanos. Los que estaban en silla de ruedas, caminan perfectamente, los mudos hablan, los sordos oyen, los ciegos ven. En el más allá quedan atrás todas las deficiencias humanas. Ellas saben de nosotros más de lo que suponemos. Ellas saben, por ejemplo, quiénes han asistido a su velorio y sepultura, quiénes han ido solamente por hacer acto de presencia y quiénes han ido a rezar por amor. Ellas saben también lo que se dice sobre ellas en el velorio, porque están mucho más vecinas a nosotros de lo que suponemos y se dan cuenta de quiénes asisten a las misas ofrecidas por ellas. Ellas están presentes a sus funerales y a las misas ofrecidas por ellas. No les gustan los pomposos funerales, prefieren que sean sencillos, pero fervorosos. No quieren que su cuerpo sea cremado; porque, al no tener lugar de referencia, se pueden olvidar más fácilmente de ellas. La cremación está permitida por la Iglesia, con tal que no se niegue la resurrección, pero ellas quieren todo lo que lleve a su familia a rezar y, el no tener una tumba que visitar, les hace olvidarse de ellas.

También quieren que se respete su cuerpo y que se evite cualquier profanación. Les gusta que en la tumba echen agua bendita y tengan un cirio bendito. Las visitas de amor al cementerio les agradan y ayudan más de lo que imaginamos. Incluso, les ayuda el simple hecho de limpiar su tumba, por el amor que ponemos en ello. 

Personalmente, cuando voy al cementerio, que está junto a mi casa, enciendo una vela por las almas y les echo agua bendita, y ellas me lo agradecen. Un día vino a verme una niña de unos seis años y me dijo que había apagado una vela en el cementerio para coger la cera y jugar. Por eso, se encontraba en el purgatorio, aunque por poco tiempo. Me pidió que encendiera por ella dos velas benditas.

Otro día vino un niño de 11 años, de Kaiser para pedirme que rezara por él. Me dijo que estaba en el purgatorio, porque el día de los difuntos había apagado, por divertirse, varias velas, que estaban encendidas en el cementerio en favor de los difuntos. 

Como vemos, también hay niños en el purgatorio; porque, antes de lo que pensamos, se dan cuenta del bien y del mal. Un día vino una niña de unos cuatro o cinco años y me dijo que estaba en el purgatorio, porque había recibido de su madre, junto con su hermana gemela, una muñeca. Ella la había roto y, temiendo ser descubierta, la cambió por la de su hermana, sabiendo que estaba haciendo algo malo y que iba a hacer sufrir a su hermana.

También hay sacerdotes. En una oportunidad, se me presentó un sacerdote para pedirme ayuda y vi que su mano derecha estaba negra y sucia. Me dijo: "Diles a todos los sacerdotes que bendigan sin cesar a las personas, casas y objetos sagrados. Yo me descuidé de hacerlo, porque no le daba importancia y, por eso, sufro en esta mano". Los sacerdotes pueden dar numerosas bendiciones y conjurar las fuerzas del mal. Sobretodo, los sacerdotes pueden celebrar misas por las almas, que es lo que más les ayuda. ¡Si se supiese cuál es el precio de una sola misa para la eternidad, las iglesias estarían llenas, incluso entre semana! En la hora de la muerte, las misas a las que hemos asistido con devoción serán nuestro mayor tesoro. Tienen más valor que las misas encargadas para nosotros después de muertos. También son importantes las indulgencias. Un alma me habló de su importancia y que para ganar una indulgencia plenaria era necesario una limpieza total del alma, despegada de todo lo terreno. 

Cuando un alma se me aparece y, después de haber hecho sus peticiones, permanece más tiempo, sé que puedo hablar con ella y hacerle preguntas. Normalmente es otra alma la que viene, después de un tiempo, a darme la respuesta con el permiso de Dios. En mi cuaderno tengo anotadas las respuestas sobre si otras almas se han salvado o están todavía en el purgatorio. Puede suceder que pasen dos o tres semanas o años antes de recibir la respuesta. Nunca me han hablado de alguien que esté en el infierno. 

Uno de los pecados más severamente castigados es el pecado contra la caridad: maledicencia, calumnia, rencor peleas por envidia, codicia... ¡Cuántas veces se peca contra la caridad, diciendo palabras o haciendo juicios desprovistos de caridad! Y una palabra puede "matar" un alma o sanarla. Por eso, es muy importante perdonar y no guardar rencor, ni siquiera a los difuntos. Recuerdo el caso ocurrido en Innsbruck. Una mujer no podía perdonar a su padre. Cuando estaba vivo, no le había dado cariño de padre y ni siquiera le dio la oportunidad de estudiar para ser profesional. Por eso, no podía perdonarlo. 

Después de muerto, el padre se apareció a su hija; no una, sino tres veces, suplicándole que lo perdonara, pero ella no quería. Después de un tiempo, esta mujer se enfermó y, entonces, entendió que debía perdonarlo, porque no podría vivir en paz. Tomada esta resolución, lo perdonó de todo corazón y la enfermedad comenzó a desaparecer. El odio envenena el alma y hasta produce enfermedades físicas y mentales. En cambio, el amor siempre da salud, paz y alegría. 

Un campesino vino a visitarme y me dijo: 

- Estoy construyendo un establo y, cada vez que el muro llega a cierta altura, se cae. Hay algo de extraño y sobrenatural en esto. ¿Qué puedo hacer?

- ¿Hay algún difunto que tiene algo contra ti, a quien guardas rencor?

- Oh sí, pensaba que no podía ser sino él. Me hizo mucho daño y no lo puedo perdonar.

- Él quiere que lo perdones, nada más.

- ¿Perdonarle yo? ¿A él que tanto daño me ha hecho de vivo? ¿Para que vaya al cielo? NO, NO.

- Pues no te dará reposo hasta que no lo hayas perdonado de corazón. ¿Cómo puedes decir en el Padrenuestro:

Perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden? Es como si dijeras a Dios: No me perdones, como yo tampoco perdono. 

El hombre se quedó pensativo y dijo: Tienes razón. En nombre de Dios lo perdono para que Dios me perdone también a mí. Desde ese día, no tuvo más problemas con el establo y pudo tener paz y amor en su corazón.

Un día vino a visitarme un hombre, cuya mujer había muerto hacía un año y, desde entonces, todas las noches sentía tocar a la puerta de su dormitorio. Fui a su casa y, por la noche se me apareció un animal grande que parecía un hipopótamo. Después vino el demonio bajo la forma de una serpiente gigantesca que quería estrangular al hipopótamo... Y desaparecieron. Al poco tiempo, vino un alma con apariencia humana y me dijo: No temas, ella no está condenada, pero está en el purgatorio más terrible que exista. Me dijo que había vivido diez años en enemistad con otra mujer y ella era la causa de todo. La otra mujer había querido reconciliarse, pero ella siempre se había negado. Incluso, durante su última enfermedad, se había negado a hacer las paces.

Un día vino a visitarla un hombre que quería informarse sobre la suerte eterna de dos difuntos del mismo pueblo. Era el año mariano de 1954 y la respuesta llegó pronto. Un mes más tarde yo le comuniqué: La Sra. X está en el cielo y el Sr. X está en lo más profundo del purgatorio. Él me dijo: Es imposible. La Sra. X murió en el hospital por una práctica abortiva, mientras que el Sr. X estaba siempre el primero en la Iglesia y era el último en salir.

Pero, pocos días después, vino a verme una señora que los conocía bien a los dos y me dijo: La Sra. X era como mi hermana. Ella era débil desde el punto de vista moral, pero ha sufrido mucho, porque este defecto era debido en gran parte a taras hereditarias. Murió como consecuencia de una práctica abortiva, pero murió con sentimientos de arrepentimiento hasta el punto que el sacerdote que la asistió en los últimos momentos pudo decir: Quisiera que todos murieran con los sentimientos de arrepentimiento de esta mujer. Ella murió con los últimos sacramentos y fue enterrada religiosamente. 

El Sr X era el primero y el último en salir de la Iglesia, pero siempre estaba criticando a todo el mundo. Lo que más me indignó fue que, durante el sepelio de la Sra. X, él la estaba criticando y diciendo a algunas personas que la Sra. X no debía ser enterrada en un cementerio católico. Entonces, le dije: Ahora está claro para mí que el Señor no quiere que juzguemos a los demás. El Sr X criticaba a la Sra. X, aún en el cementerio, pero el Señor tuvo compasión de ella. No podemos juzgar a los demás, dejemos el juicio a Dios. Ahora el Sr. X está en lo profundo del purgatorio. 

En una ocasión, vino un alma y me dijo: Cometí un crimen contra Dios. Un día, por soberbia, tomé una cruz y la destrocé, pensando que, si Dios existía no me lo permitiría hacer. Casi al instante, me vino una parálisis que fue mi salvación. Después me pidió decirle a su mujer que hiciera algunas cosas para ayudarlo y liberarlo del purgatorio. Ella se había salido de la Iglesia católica y se había hecho protestante. Cuando le conté el mensaje de su esposo, me dijo:

Creo en lo que me dice, porque el hecho de que destrozó la cruz, solamente lo sabíamos él y yo. Y entró de nuevo en la Iglesia católica. 

Un médico vino un día, lamentándose de que debía sufrir mucho por haber acortado la vida de sus pacientes con inyecciones, para que no sufrieran más (eutanasia). Y nadie tiene derecho a quitar la vida, porque mientras están vivos, aunque estén en coma, pueden recibir las bendiciones de Dios a través de nuestras oraciones y buenas obras. 

Una mujer me dijo: He debido estar 30 años de purgatorio por no haber dejado ir al convento a mi hija. Por eso, debemos pensar en la grave responsabilidad de los padres que no consienten la vocación sacerdotal o religiosa de sus hijos. Nadie tiene derecho a rectificar los planes que Dios ha trazado para cada uno desde toda la eternidad.

Otro día se me presentó un alma y me dijo: ¿Me conoces? Yo le dije que no. Él respondió: Pero tú me has visto. En 1932 hiciste un viaje en tren y yo era tu compañero de viaje. 

Entonces, me acordé muy bien de ese hombre, orgulloso, que había criticado en voz alta a la Iglesia y a la religión. Yo tenía 17 años y le respondí como pude. Él me dijo: Tú eres demasiado joven para darme lecciones. Cuando bajé del tren, le dije al Señor: Señor, no permitas que este hombre se pierda. Y esta oración lo había salvado. ¡Cuánto puede hacer la oración, aunque sea pequeña, pero hecha con fe! ¡Cuánto valen las obras de caridad para los demás! 

Un día, un alma se me apareció con un balde vacío. Le pregunté por qué lo llevaba y me dijo. Es mi llave del paraíso. No he rezado mucho durante la vida, iba raramente a la Iglesia, pero una vez por Navidad limpié gratuitamente la casa de una pobre anciana y eso fue mi salvación. 

El año 1954 ocurrió una avalancha, que sepultó varias personas en un pequeño pueblo de la montaña. Un joven de 20 años oyó que pedían auxilio y salió en su ayuda, pero su madre se lo quiso impedir, porque había mucho peligro para él. El joven, sin embargo, salió a rescatar a los que pedían auxilio, pero una avalancha lo sepultó también a él. La segunda noche después de su muerte, vino a pedirme que hiciera celebrar tres misas por él. Sus familiares se maravillaron de que tan pronto pudiera ser liberado, cuando no había sido muy fervoroso, sino todo lo contrario. Pero el joven me confió que Dios había sido muy misericordioso con él por haber querido ayudar a su prójimo y hacer una acción tan bella. Si hubiera vivido más tiempo, no habría podido conseguir una muerte tan bella a los ojos de Dios. ¡Una muerte en acto de caridad con el prójimo! 

Ese mismo año, 1954, en otro pueblo hubo otra avalancha, que ocasionó muchos destrozos. Se contaba que hacía 100 años otra avalancha había destruido el pueblo y ésta había sido mucho peor pero sin mayores consecuencias. ¿Por qué? Las almas me dijeron que una mujer de nombre Stark, había ofrecido sus oraciones y sufrimientos por su pueblo. De otro modo, medio pueblo habría sido destruido. ¡Cuánto valen los sufrimientos soportados con paciencia! ¡Salvan más almas que la oración! Por eso, no hay que ver el sufrimiento como un castigo, pues puede ser un tesoro, si lo ofrecemos con amor por la salvación de los demás. Solamente en el cielo, podremos saber todo lo que hemos obtenido con nuestros sufrimientos, soportados con paciencia en unión con los sufrimientos de Cristo. El sufrimiento es un gran don que nos acerca a Dios y a los demás. 

Un día de 1954, hacia las 2,30 de la tarde, paseando por el bosque, me encontré con una mujer muy anciana que parecía centenaria. Yo la saludé amablemente y ella me dijo: ¿Por qué me saludas? Nadie me saluda. Nadie me da de comer y debo dormir por la calle. Yo la invité a comer y a dormir en mi casa. Ella me dijo: Pero yo no puedo pagar. No importa, le insistí. No tengo una bella casa, pero será mejor que dormir en la calle. Ella entonces me lo agradeció y me dijo: Dios te lo pague. Ahora soy liberada. Y desapareció. Hasta aquel momento no había entendido que se trataba de un alma del purgatorio. Seguramente, durante su vida, no quiso ayudar a alguien que tenía necesidad de comida y alojamiento, y debía esperar que alguien le ofreciese lo que ella había rechazado a otros.

Otro día se me apareció el alma de un joven y me dijo:

Por no haber observado las leyes de tráfico, tuve un accidente de motocicleta y morí en Viena. Yo le pregunté: ¿Estabas listo para entrar en la eternidad? No estaba listo, respondió, pero Dios da dos o tres minutos para poder arrepentirse y sólo el que lo rechaza se condena. Cuando uno muere en un accidente, las personas dicen que era su hora. Eso es cierto, cuando uno no tiene la culpa. Pero yo tuve la culpa; porque, según los designios de Dios, yo debería haber vivido todavía treinta años. Por eso, el hombre no tiene derecho a exponer su vida a un peligro de muerte sin necesidad. 

También es muy importante, a la hora de la muerte, abandonarse y aceptar la voluntad de Dios. Una madre de cuatro hijos iba a morir y le dijo a Dios: Señor, si es tu voluntad, acepto mi muerte, pero te confio a mi esposo y a mis cuatro hijos. Por este acto de confianza y abandono total, fue directamente al cielo. Vale la pena abandonarse sin condiciones en las manos de nuestro Padre Dios y confiar en Él hasta el fin. 


Hacednos salir de aquí 

Éste es el título del libro escrito por Nicky Eltz de sus entrevistas con María Simma. Veamos un resumen de lo que dice María Simma: 

"Hay mucha diferencia entre evocar a los muertos, como hacen los espiritistas, e invocar a los muertos para pedirles ayuda y orar por ellos. El espiritismo es pecado y en él es Satanás quien contesta a las preguntas. Nosotros pedimos ayuda a los difuntos y oramos por ellos. En mi caso, yo nunca los llamo para que vengan. Ellos vienen, porque Dios se lo permite. 

El purgatorio es un tiempo de espera en que las almas tienen el gran sufrimiento de la nostalgia de Dios y el enorme deseo de amarlo con todo su corazón. En el purgatorio existen muchos niveles, que son tan diferentes como las enfermedades de la tierra. Cada alma es "castigada" o sufre en aquello o por aquello que la ha hecho pecar o alejarse de Dios. Sucede esto también, en cierta medida, en la tierra. Si uno come en exceso, sufre las consecuencias de mal de estómago. Si uno fuma demasiado, se intoxica y tiene problemas en los pulmones, etc. Podemos decir que hay tantos niveles cuantas almas distintas, porque no existen dos personas ni dos almas iguales. Cada alma lleva el purgatorio consigo. Cuando un alma viene a visitarme, no viene "fuera" del purgatorio, sino "con" el purgatorio. Las almas que vienen a visitarme son las que están más cerca de ser liberadas. En los niveles más bajos, Satanás puede hacer sufrir a las almas, pero no puede vencerlas. Estas almas de los niveles más bajos, a veces, se presentan bajo la forma de animales horribles. Pero el alma puede pasar del nivel más bajo e ir directamente al cielo sin pasar por niveles intermedios, si le ayudan con una indulgencia plenaria o con muchos sufrimientos, misas y oraciones. Lo que sí es cierto es que ninguna de ellas quiere volver a las tinieblas de la tierra, ahora que han conocido el amor de Dios. 

Debemos tener bien claro que no es Dios quien las coloca en tal o cual nivel, son ellas mismas, pues quieren purificarse totalmente antes de presentarse ante Dios. Ellas quieren purificarse como el oro en el crisol. ¿Imaginamos una chica que quiere ir a su primer baile en público toda sucia y despeinada? Pues bien, las almas tienen una idea de Dios tan grande, son tan conscientes de su pureza maravillosa y resplandeciente que ni todas las fuerzas del universo serían suficientes para hacerles presentarse delante de Él, mientras subsistan esas manchas que afean su alma. Sólo un alma pura y luminosa puede atreverse a acercarse a la belleza y santidad divina para poder contemplar a Dios sin temor y amarlo en plenitud por toda la eternidad.

El purgatorio es un estado de cada alma; pero, en cierto sentido, también es un lugar ya que algunas almas se reúnen para estar juntas en determinado lugar, por ejemplo, junto a los altares de las iglesias o en el lugar donde han muerto. Pero no es un solo lugar sino muchos lugares diferentes y muchas condiciones diferentes de cada alma. El fuego sólo existe propiamente en los niveles más bajos, aunque sólo afecte al alma, pues no es un fuego físico como el que nosotros conocemos. Por eso, algunas almas vienen rodeadas de fuego. 

Yo nunca las he visto reír tienen más bien un aspecto sufrido y paciente. Normalmente, se me aparece una alma sola; pero, en algunas ocasiones, se me han aparecido varias, porque tenían necesidad de la misma cosa para ser liberadas. He sido visitada por almas de todos los continentes, que me hablaban en un alemán con acento extranjero. 


En algunas oportunidades he sido visitada por suicidas, que no necesariamente se condenan. La mayor parte de ellos son llevados al suicidio por circunstancias que limitan mucho su libertad o por enfermedades síquicas. Pero todos lamentan mucho el haber acortado su vida y todo lo que pudieron haber hecho y no hicieron. Todos ven que no fue una solución y que cometieron un gravísimo error .

Por supuesto, me han visitado personas de todas las religiones, pues también ellas van al cielo, aunque la fe católica sea la mejor para ganar el cielo. También, me han visitado homosexuales. No necesariamente están condenados, pero tienen que sufrir mucho para ser purificados; porque, aunque la inclinación homosexual no es pecado, toda actividad homosexual sí es pecado, como dice la Iglesia. Ellos deben orar mucho y pedir fortaleza para vivir su castidad y rezar a San Miguel arcángel, que es un gran defensor contra el maligno.

Algo muy importante es aceptar antes de morir todos los sufrimientos que Dios nos envíe. Conocí a una mujer y a un sacerdote, que estaban en el mismo hospital con tuberculosis. La mujer le dijo al sacerdote: Yo le he pedido al Señor que me dé la oportunidad de pasar aquí mi purgatorio. El sacerdote le dijo: Yo no me atrevo a tanto. Una religiosa escuchó esta conversación. Cuando murieron los dos, el sacerdote se le apareció a la religiosa y le dijo que la mujer había ido directamente al cielo y él debía pasar todavía mucho tiempo en el purgatorio por no haber aceptado sus sufrimientos. De ahí lo importante que son nuestros sufrimientos, ofrecidos con amor Los sufrimientos de la tierra valen muchísimo más como reparación de nuestros pecados que los del purgatorio. Por eso, una larga enfermedad, antes de morir puede ser una gran bendición y gracia de Dios". 


"El sufrimiento con amor es la perla más preciosa que puedes ofrecer a Dios".

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís