FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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CUANDO PADRE PÍO REZABA POR ALGUIEN, DECÍA ESTA PODEROSA ORACIÓN

Miles de milagros son el resultado de esta sencilla oración dicha por un santo.


Normalmente, cuando alguien nos pide que recemos por una intención específica, tenemos nuestra oración de «cabecera». Puede ser el Rosario, un Padrenuestro, o simplemente un sincero ruego a Dios.

San Pío de Pietrelcina (más comúnmente conocido como Padre Pío) tenía su oración favorita que rezaba por todos los que le pedían sus oraciones.

Cada día muchas personas, ya sea en persona o por carta, le pedían al Padre Pío que orara por una intención específica y muchas veces esta intención fue milagrosamente respondida por Dios.

A continuación se encuentra la oración que el Padre Pío rezaba cada vez que quería interceder por alguien.



 

Novena eficaz


En realidad, es una oración compuesta por santa Margarita María Alacoque y comúnmente se llama la «Novena Eficaz del Sagrado Corazón de Jesús».

Ella era una santa que vivió en el siglo XVII y durante su vida recibió múltiples visiones de Jesús.

Muchos creen que esta es una oración poderosa porque llama al corazón de Jesús a tener misericordia de nosotros y de nuestras peticiones.

El corazón de Jesús está lleno de amor y compasión. Y esta oración confía en ese amor, creyendo que él es lo suficientemente tierno como para dar generosamente nuestra petición, si es en su santa voluntad.

Por encima de todo, se debe orar con una fe sincera, como el Padre Pío la rezaba, y no como una fórmula mágica.

Dios no es un genio que nos otorga el deseo que pedimos, sino que responde con amor a un niño que pide algo, sabiendo exactamente lo que necesitamos.


Oración
¡Oh Jesús mío!, que dijiste:
«En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá».
He aquí que, confiando en tus santas palabras, yo llamo, busco, y pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:
«En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán»
He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:
«En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá».
He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús,
al que le es imposible no sentir compasión por los infelices,
ten piedad de nosotros, pobres pecadores,
y concédenos las gracias que pedimos
en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre,
san José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Amén.


FUENTE: es.aleteia.org 


LA CONFESIÓN -


La Confesión era el principal trabajo diario del Padre Pío. Él hacía este trabajo mirando dentro de los penitentes. Por ello, no era posible mentirle al Padre Pío durante una confesión. El veía dentro del corazón de los hombres. A menudo, cuando los pecadores eran tímidos, el Padre Pío enumeraba sus pecados durante la confesión.

El Padre Pío invitaba a todos los fieles a confesarse al menos una vez por semana. Él decía: "Aunque una habitación quede cerrada, es necesario quitarle el polvo después de una semana."

En el sacramento de la confesión, el Padre Pío era muy exigente. Él no soportaba a los que iban a él sólo por curiosidad.

Un fraile contó: Un día el Padre Pío no dio la absolución a un penitente y luego le dijo : "Si tú vas a confesarte con otro sacerdote, tú te vas al infierno junto con el otro que te de la absolución". El entendía que el Sacramento de la Confesión era profanado por los hombres que no querían cambiar de vida. Ellos se hallan culpables frente Dios.

**

Un señor fue a confesarse con el Padre Pío, a San Giovanni Redondo, entre 1954 y 1955. Cuando acabó la acusación de los pecados, el Padre Pío le preguntó : "¿Tienes otro"? y él contestó: "no padre". El Padre repitió la pregunta: "¿tienes otro"?, "no, padre". Por tercera vez el Padre Pío le preguntó: "¿tienes otro"?. A la tercera respuesta negativa se acaloró el huracán. Con la voz del Espíritu Santo el Padre Pío gritó: "¡Calle! Calle! Porque tú no estás arrepentido de tus pecados! ".

El hombre quedó petrificado por la vergüenza que pasó frente a mucha gente. Luego trató de decir algo. Pero el Padre Pío le dijo: "Estás callado, cotilla, tú has hablado bastante; ahora yo quiero hablar: ¿Es verdadero que frecuentas las salas de fiestas"? - Usted, padre" - "¿Sabes tú que el baile es una invitación al pecado"?

El hombre se fue asombrado y no supo qué cosa decir ya que tenía el carné de socio de una sala de fiestas en su billetera. El hombre prometió no cometer otros pecados y después de mucho tiempo tuvo la absolución.


Las mentiras

Un día, un señor le dijo al Padre Pío: "Padre, yo digo mentiras cuándo estoy con mis amigos. Lo hago para mantenerlos alegres ". Y el Padre Pío contestó: "Eh, ¿quieres tú ir al infierno bromeando?! “


La murmuración

Cuando uno habla mal de un amigo suyo se está destruyendo su reputación y el honor del hermano que tiene en cambio derecho a gozar de consideración.

Un día el Padre Pío dijo a un penitente: "Cuando tú murmuras de una persona quiere decir que tú no quieres a aquella persona, tú has sacado a la persona de tu corazón. Pero sabes que, cuando sacas a un hombre de tu corazón, también Jesús se va fuera de tu corazón junto con aquel hombre."

Una vez, el Padre Pío fue invitado a bendecir una casa. Pero cuando llegó a la entrada de la cocina él dijo: "Aquí hay serpientes, yo no entro". Y luego le dijo a un sacerdote que a menudo frecuentaba aquella casa para comer: “no vayas a esa casa porque ellos dicen cosas feas de sus hermanos”.


La blasfemia

Un hombre era originario de la Región de las Marcas. Él partió de su país, con un amigo suyo, en un camión. Transpotaban muebles cerca de San Giovanni Redondo. Mientras hicieron la última subida, antes de llegar al destino, el camión se rompió y se paró. Intentaron hacer arrancar el motor pero no tuvieron éxito.

El chófer perdió la calma y lleno de cólera blasfemó. Al día siguiente, los dos hombres fueron a San Giovanni Redondo donde vivía la hermana de uno de los dos hombres. Con la ayuda de su hermana lograron ir al Padre Pío para confesarse.

Entró el primer hombre pero el Padre Pío lo cazó afuera. Luego le llegó el turno al chófer que empezó el coloquio y le dijo al Padre Pío: “Me he irritado". Pero el Padre Pío gritó: "¡Desdichado! has blasfemado a nuestra Mamá! ¿Qué te ha hecho la Virgen"?. Y lo mandó fuera.


El demonio está mucho cerca de los que blasfeman

En un hotel de San Giovanni Redondo no era posible descansar ni de día ni de noche porque estaba una niña endemoniada que chillaba de modo que daba susto. La mamá de la niña la llevaba cada día a la Iglesia. Ahí esperó a que el Padre Pío liberara a la niña del espíritu del mal. También en la iglesia la niña gritó muchísimo. Una mañana, el Padre Pío tras haber confesado a algunas mujeres se encontró frente a él a la niña que gritaba espantosamente. La niña fue retenida con dificultad por dos o tres hombres. El Padre Pío, ya aburrido de todo aquel trasiego, dio un golpe con su pie a la niña y luego golpeó la cabeza de la niña y dijo: "Ahora" basta!

La pequeña cayó a la tierra. El Padre Pío le pidió a un médico que estuvo presente, que llevara a la niña a San Michele, al santuario del Monte San Ángel. Cuando el grupo llegó al destino, entraron a la gruta donde había aparecido San Michele. La niña se reanimó, pero nadie logró acercarla al altar dedicado al ángel. En el medio de la confusión, un fraile tomó la mano de la niña y tocó el altar. La niña cayó a tierra como si hubiera sido fulminada. Se levantó más tarde y como si nada hubiera sucedido le preguntó a su mamá: “¿podrías comprarme un helado"?

Ante ésto, el grupo de personas volvió a San Giovanni Redondo para informar y agradecer al Padre Pío. Pero el Padre Pío le dijo a la mamá: "dile a tu marido que no blasfeme más, de otro modo el demonio vuelve."


Faltar a la Eucaristía

A los principios de los años '50, un joven médico fue a confesarse con el Padre Pío. Él dijo sus pecados y luego se quedó en silencio. El Padre Pío le preguntó al joven médico si tenía algún pecado que añadir pero el médico le respondió que no. Entonces el Padre Pío le dijo al médico: "recuerda que en los días festivos no se puede faltar tampoco a una sola Misa, porque ello es pecado mortal". En aquel momento el joven recordó haber "faltado" a una cita dominical con la Misa, un mes antes.


La magia

El Padre Pío prohibió cada forma de magia, de espiritismo y de prácticas de lo oculto. Una señora cuenta: "Yo me confesé con el Padre Pío en el mes de noviembre del 1948. Entre las otras cosas que le dije al Padre es que en nuestra familia estábamos preocupados porque una tía leyó las cartas. El Padre con tono perentorio dijo: "Echáis fuera enseguida aquella cosa."


El Divorcio

En la familia unida y santa, el Padre Pío vio el lugar donde brota la fe. Él dijo: “el divorcio es el pasaporte por el infierno”.

Una joven señora, cuando acabó la confesión de sus pecados, como penitencia el Padre Pío le indicó.”tienes que encerrarte en el silencio del ruego y salvarás tu matrimonio."

La señora se sorprendió ya que su relación matrimonial no tenía problemas. Después de mucho tiempo, ella tuvo grandes problemas en su matrimonio pero al estar preparada y siguiendo el consejo del Padre Pío, superó aquel triste momento evitando la destrucción de la familia.


El aborto

Un día, el padre Romero le preguntó al Padre Pío: "Padre, esta mañana le ha negado la absolución a una señora por haberse hecho un aborto. ¿Por qué ha sido tan riguroso con aquella pobre desgraciada"?.

El Padre Pío contestó: "El día en que los hombres, asustados por el estampido económico, de los daños físicos o de los sacrificios económicos, pierdan el horror del aborto, será un día terrible para la humanidad. Porque es justo aquel el día en que deberían demostrar tener horror por ello. El aborto no es solamente homicidio también es suicidio. ¿Y con los que vemos sobre el dobladillo cometer con un solo golpe uno y otro delito, queremos tener el ánimo de enseñar nuestra fe? ¿Queremos recobrarlos o no"?

"¿Por qué suicidio"? preguntó el padre Romero .

“Tú comprenderías este suicidio de la raza humana, si con el ojo de la razón, vieras ´la belleza y la alegría´ de la tierra poblada de viejos y despoblada de niños: quemada como un desierto. Entonces entenderías la doble gravedad del aborto: con el aborto siempre se mutila también la vida de los padres”.


FUENTE: padrepio.catholicwebservices.com/

TODAS LAS VECES QUE EL DIABLO ATACÓ AL SANTO PADRE PÍO Y HUYÓ DERROTADO

San Padre Pio es uno de los santos más famosos y queridos del siglo XX. También tuvo una de las vidas más sobrenaturales de cualquier santo en la historia de la Iglesia moderna, incluido el ser atacado físicamente regularmente por fuerzas demoníacas.

Probablemente, además de los estigmas, el aspecto más extraordinario de la vida espiritual del Padre Pío fue su explícita guerra espiritual con lo demoníaco.





Todas las veces que el demonio atacó al Santo Padre Pío y huyó derrotado

“Los verdaderos enemigos del Padre Pío eran los demonios que lo asediaban”, dijo en una ocasión el padre Gabriele Amorth, destacado exorcista romano. “La gran y constante lucha de la vida del Padre Pío fue con esos enemigos de Dios y las almas humanas, los demonios que intentaron capturar su alma”.

Incluso en su juventud, San Padre Pío disfrutaría de increíbles visiones celestiales, pero también sufriría ataques demoníacos. Padre Amorth explicó:

“El diablo se le aparecería como un feo gato negro, o con la forma de un animal verdaderamente repugnante. La intención obvia era llenarlo de terror. Otras veces, los demonios llegaban de jovencitas, desnudos y provocadores, realizando bailes obscenos, para probar la castidad del joven sacerdote.

Pero el Padre Pío sintió su mayor peligro cuando el diablo trató de engañarlo tomando la forma de uno de sus superiores (su superior provincial o su director espiritual) o en una forma sagrada (el Señor, la Virgen o San Francisco)”.

Esta última táctica, del diablo apareciendo como alguien bueno y santo, fue un problema particularmente difícil. Así es como San Padre Pío discerniría sus visiones:

“Notó cierta timidez cuando la Virgen o el Señor apareció por primera vez, seguida de una sensación de paz cuando la visión se fue. Por otro lado, un diablo en forma sagrada provocó un sentimiento inmediato de alegría y atracción, reemplazado luego por remordimiento y tristeza”.

Satanás incluso a veces atacaba físicamente a San Padre Pío. Él describe esto en una carta que le escribió a un sacerdote confidente:

“Estos demonios no paran de golpearme, incluso de hacerme caer de la cama. ¡Incluso me arrancan la camisa para golpearme! Pero ahora ya no me asustan. Jesús me ama, a menudo me levanta y me vuelve a colocar en la cama“.

Ya ves, si estamos cerca del Señor, no debemos temer a las fuerzas espirituales del mal.


FUENTE: es.churchpop.com

REVELADOR RELATO DE COMO NACIÓ LA VOCACIÓN SACERDOTAL DEL PADRE PÍO


El primer sacerdote católico en recibir los estigmas nació el 25 de mayo de 1887. 
(San Francisco de Asís no fue sacerdote sino diácono).

Francesco Forgione era el hijo de Grazio y Giuseppa .

Y Pietrelcina, donde su nacimiento, era una remota aldea en el sur de Italia.


El 10 de agosto de 1910, a la edad de veintitrés años, el Padre Pío fue ordenado sacerdote.


CRONOLOGÍA DEL PADRE PÍO

Veamos la cronología de su vida para ubicarnos en su trayecto a la santidad.

1887 – 25 de mayo: Nace en Pietrelcina, Italia

1903 – 6 de enero: A la edad de 15 años, entra en el noviciado franciscano (OFM Cap.) en Morcone a 30 kms de Petrelcina.

1904 – 22 de enero: profesa como franciscano capuchino
1910 – 10 de agosto: Ordenación sacerdotal en Benevento

1918 – 20 de septiembre: Recibe los estigmas (las heridas de Cristo)
1923-1933: Se le prohibió celebrar misa en público y la comunicación con sus hijos espirituales; víctima de la calumnia

1947: Comienzan los grupos de oración del Padre Pío

1956 – 5 de mayo: Inauguración de la casa ” Alivio del Sufrimiento”
1968 – 23 de septiembre: Fallece en San Giovanni Rotondo

1998 – 21 de diciembre: Reconocimiento de su primer milagro

1999 – 2 de mayo: Beatificación

2001 – 20 de diciembre: Reconocimiento del segundo milagro
2002 – 16 de junio: Canonización en el Vaticano.


Casa de la Familia del Padre Pio en Pietrelcina


LA VIDA DE FRANCESCO FORGIONE

Francesco creció en una calle sinuosa, en una casa de un solo cuarto, con un implacable calor.

Sus padres eran simples, gente de agricultura, eran trabajadores incansables.

Y se ganaban la vida labrando unas pocas hectáreas que estaban situadas a treinta minutos al pie de su aldea.

En su parcela, tenían una casa de piedra, donde se almacenaban las cosechas, y también allí dormían durante el tiempo de la cosecha.

Llevaban una vida equilibrada, donde el trabajo duro y la observancia religiosa iban de la mano.
Después de un duro día de la siembra de cultivos, la familia Forgione recitaba el rosario todas las noches, sin falta.

Ellos ayunaban de carne tres días a la semana, en honor de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Los padres y los abuelos de Francesco no sabían leer, pero memorizaban la Sagrada Escritura.

Y como parte de la vida cotidiana, decían las historias de la Biblia a los niños.

Su madre, conocida como Mamma Peppa, siempre fue descrita como muy suave, y había una gran calidez y ternura entre ella y su pequeño hijo, a quien había llamado como Francisco de Asís.

Cuando era un niño pequeño, sus familiares y vecinos de la aldea no lo señalaban por ser muy diferente.

Pero décadas más tarde en su vida, San Pío, recordó cómo tuvo visiones de la Virgen cuando tenía meramente cinco años de edad.

En ese momento, él no mencionó las visiones de la Virgen, ni escribió acerca de ellas.

El Francesco pensativo, alerta, y de ojos pequeños y brillantes, de cinco años de edad, creía que las visiones de la Madre de Dios eran algo normal en la infancia.

Y no se creía extraordinario porque ella lo visitara en persona.

Era una época en que la gente realmente creía en los sobrenatural.


LA VOCACIÓN DE FRANCESCO

Algunos han sugerido que él pensó en convertirse en franciscano porque lleva el nombre de San Francisco.

Pero en realidad, cuando tenía alrededor de diez años de edad, se sintió atraído por los capuchinos, después de ver a un fraile joven, Fr. Camillo, que paseaba por Pietrelcina pidiendo limosna.

Fr. Camilo tenía una relación especial con los niños del pueblo, y él siempre les daba pequeños regalos de medallas, estampas y castañas.

El joven Francesco seguía al fraile como los demás niños, pero llamaba su atención la larga barba de Fr. Camillo.

Pío declaró más tarde, que ‘nadie podía quitarme mi deseo de ser un fraile barbudo’.


EL COSTEO DE SU CARRERA

Sus padres recibieron la noticia de su vocación con alegría.

Pero también con una firme determinación de que estaban comprometidos a hacer muchos sacrificios para mantener al joven Francesco en el seminario.

En ese momento en Italia, el gobierno proveía sólo tres años de educación primaria.
La familia Forgione tendría que encontrar una manera de pagar por educación privada para Francesco.

Para que él estuviera lo suficientemente educado como para ser aceptado para la formación sacerdotal.

Pero la familia no tenía suficientes liras.

Grazio, el padre de San Pío, dijo que tendría que ’emigrar o robar’.

En 1899, Grazio viajó en un barco con destino a Brasil, pero cuando llegó se encontró con que las oportunidades de empleo eran pocas, y que iba a tener que pedir dinero prestado para regresar a Italia.

Esto sin duda fue una decepción exasperante, pero impávido, Grazio hizo planes para emigrar de nuevo.

Y esta vez cruzó el océano a los Estados Unidos, donde encontró trabajo en una granja en Pennsylvania.

Su empleador notó la amplia experiencia de Grazio en la agricultura, y lo nombró supervisor de otros peones.
Grazio enviaba dinero a casa para la educación de su hijo.
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Pero tenía una preocupación creciente de que el joven Francesco pasaba horas y horas rezando en la capilla, y estaba descuidando sus lecciones escolares.

Sus padres no desaprobaban su piedad, pero le dijeron que no siguiera así porque no estaba concentrado lo suficiente para los exámenes escolares.

Le recordaron que su padre había dejado la granja familiar y estaba haciendo trabajo agrícola extenuante en Estados Unidos con la intención de financiar su educación.

Con el tiempo, Francesco consiguió el equilibrio adecuado, y se centró en los tres aspectos de su vida, la oración, el trabajo de la granja y el estudio.

Vitral en la Basílica del Padre Pïo en San Giovanni Rotondo


EL NOVICIADO

En enero de 1903, Francesco estaba a punto de comenzar su noviciado, en el convento de los Capuchinos de Morcone.

Tenía sólo quince años, y encontró la experiencia de dejar a su madre muy dura, era como un ‘martirio interior’.

Y más tarde dijo que sintió que sus huesos estaban siendo aplastados.

Su madre tenía angustia también, ella dijo, ‘mi corazón está sangrando, pero San Francisco te ha llamado’.

Al llegar al convento, la primera persona que encontró fue a Fr. Camillo que dijo ‘¡bravo!’ al verlo.

Después que estuvo allí dos semanas, tomó el hábito de la Orden de los Frailes Menores y tenía un cordón blanco atado a la cintura.

Ya no era conocido como Francesco, sino que se le dio el nombre de Pío.

Para el resto de su vida, San Pío celebraría el 5 de mayo, la fiesta de San Pío V, como su ‘onomástico’, una ocasión de celebración a la par de un cumpleaños.

Como novicio, San Pío, adoptó el estilo de vida estricta de un fraile.

Y era un novicio ejemplar por la forma humilde pero intachable de realizar penitencias, ayunos y los silencios impuestos.

Durante el otoño de su noviciado, su padre llegó a casa desde América para una visita, y junto con su madre visitaron Morcone.

Estaban en un shock cuando vieron a un Pio excesivamente delgado, quien había adquirido la costumbre de pasar sus raciones de pan a los otros frailes.

Ante el reproche, su hijo se mantuvo en silencio y mirando al suelo.



El Padre Guardián tuvo que animarle a hablar, y sólo entonces se dio la charla libremente con sus padres.

En otra ocasión, el Superior del Convento anunció a su madre:

‘Su hijo es demasiado bueno; no podemos encontrar ninguna falta en él’.

Dos fenómenos místicos se asociaron con el Padre Pío durante su noviciado.

Un día, su maestro de novicios le dijo de no recibir la Santa Comunión.
Pio, según los informes, estuvo a punto de morir, porque no se le permitía recibir la Eucaristía.
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Y cuando el maestro de novicios cedió y le dio permiso, Pio revivió.

El segundo fue que testigos clave observaron que tenía ‘el don de las lágrimas’.

Ellos encontrarían a Pio en la capilla, ante un crucifijo, llorando tan profusamente que un testigo dijo: ‘el suelo se tiñe’.

Finalmente, el largo año de su noviciado terminó, y en enero de 1904 emitió los votos temporales de pobreza, castidad y obediencia, que durarían tres años.


SUS ESTUDIOS PARA EL SACERDOCIO

Es preciso decir que pasó los siguientes seis años estudiando para el sacerdocio.

Pero al igual que la calle donde se crió, el viaje de San Pio al sacerdocio sería un camino duro con muchos giros y vueltas.

En ese momento, el gobierno había suprimido las órdenes religiosas en Italia y como resultado directo no había monasterio designado que proporcionara una educación de seminario completa.

En su lugar, Pío viajó hacia cinco comunidades diferentes.

Después de tres años de itinerancia entre conventos, y a la edad de diecinueve años, Pío hizo su Profesión Solemne en enero de 1907, cuando se comprometió a vivir toda su vida imitando el ejemplo de San Francisco.

Los primeros tres años de estudio para el sacerdocio fueron exitosamente completados.

Pero los tres últimos años fueron una época de graves problemas de salud y la incertidumbre dolorosa se cernía como la sombra de la parca.

Porque no pasó mucho tiempo después de haber tomado sus votos permanentes de pobreza, castidad y obediencia, que empezó a sufrir fiebres altas y bronquitis.

Él fue enviado con frecuencia a casa en Pietrelcina para la convalecencia, y podía volver a la vida religiosa cuando mostrara signos de mejoría.

Pero en 1908, se le dio el diagnóstico de tuberculosis, y se le informó que sólo tenía unos pocos meses de vida.

Otros dos médicos desestimaron el diagnóstico de tuberculosis, pero sí confirmaron la bronquitis crónica, que se agravó debido a los ayunos extremos de Pio.

Pero Pío también fue golpeado con un punzante dolor de estómago y debilitantes episodios de vómitos, que tuvieron una gran mella en su fuerza.

Él había recibido permiso para estudiar para el sacerdocio en Pietrelcina.

Sin embargo, durante este período de enfermedad grave, Pio a menudo estaba tan convencido de que su muerte era inminente, que empezó a dudar si iba a ser ordenado.

La regla era que un seminarista tenía que tener veinticuatro años antes de ser consagrado al sacerdocio.

En su caso se hará una excepción, y a la edad de veintitrés años, el 10 de agosto de 1910, fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Paolo Schinosi en la Catedral de Benevento, y se convirtió en ‘Padre Pío’.

Casi 92 años más tarde, el 16 de junio de 2002, Juan Pablo II canonizó ‘al simple fraile que reza’.

Pero hasta el día de hoy todavía se le conoce cariñosamente como ‘Padre Pío’.


SUS DONES EXTRAORDINARIOS

El Padre Pío tuvo relgalos de dones extraordinarios.

Discernimiento Extraordinario: Tenía la capacidad de leer los corazones y las conciencias.

Profecía: Era capaz de anunciar eventos del futuro.

Curación: Curaciones milagrosas atribuidas a través del poder de la oración.

Bilocación: Era capaz de estar en dos lugares al mismo tiempo.

Perfume: La sangre de sus estigmas olía a flores.

Lectura del alma: Le decía a los penitentes sus pecados antes que ellos los confesaran.

Estigmas: las llagas de la pasión de Cristo en su cuerpo.

Una multitud de peregrinos iba a verlo y también recibía muchas cartas pidiendo oración y consejo.

Los médicos que estudiaron los estigmas del Padre Pío no fueron capaces de curar sus heridas o dar una explicación para ellas.

Calcularon que perdía una taza de sangre todos los días, pero sus heridas nunca se infectaron.

El Padre Pío decía que eran un regalo de Dios y una oportunidad de luchar para ser más y más como Jesucristo Crucificado.

Su beatificación tuvo la mayor asistencia en la historia.

La plaza de San Pedro y sus alrededores no fueron capaces de contener a la multitud que asistió a su beatificación.

El Padre Pío es un poderoso intercesor.

Sus reliquias viajan por el mundo entero y mucha gente le reza para pedir favores y para agradecerle los concedidos.

Sus milagros continúan multiplicándose hoy.


FUENTE: forosdelavirgen.org 

PADRE PIO: QUE ES LA SANTA MISA Y COMO DEBEMOS COMPORTARNOS EN LA IGLESIA




Por María Teresa Moretti

“Hagamos lo que siempre hemos hecho, lo que han hecho nuestros padres”

San Pío de Pietrelcina


Imagen relacionadaSan Pío de Pietrelcina solía repetir: “El mundo podría quedarse incluso sin sol, pero no sin la Santa Misa”. A los sacerdotes enseñaba a dividir el día en dos partes: la primera, dedicada a la preparación del divino sacrificio y la segunda como acción de gracias.

Muchos testigos han dicho que su Misa era un “misterio”. El filósofo Jean Guitton, impresionado por la manera de celebrar del capuchino estigmatizado, dijo: “Procedía en la celebración con cada vez más sufrimiento y, cuando llegó al comienzo del Canon, se paró como ante una escalada inverosímil, una cita amorosa dolorosa y a la vez radiante, un misterio inexpresable, un misterio que podía provocar la muerte. La mirada que lanzaba hacía lo alto, después de la consagración, reflejaba todo esto. Me decía a mí mismo que quizá fuera el único sacerdote estigmatizado en acto, mientras que todos los otros lo son en potencia”.

En uno de los cuadernos del diario que el Padre Pío escribió durante la primera persecución puesta en marcha por la Jerarquía de la Iglesia, entre finales de los años 20 y comienzo de los 30, el fraile de Pietrelcina explica qué es la Misa por boca del mismo Jesucristo:

“Pensad que el sacerdote que me llama entre sus manos tiene un poder que ni a mi madre concedí. Reflexionad que si sirviesen al sacerdote, en vez que un sacristán, los más excelsos serafines, no serían suficientemente dignos de estarles cerca. Domándoos si, considerando la preciosidad del dono que os hago, es digno asistir a Misa pensando en otra cosa en vez que en Mí. Más bien sería justo que, humillados y agradecidos, palpitarais alrededor mío y, con toda el alma, me ofrecierais al Padre de las Misericordias; más bien sería justo considerar el altar no por lo que han hecho los hombres, sino por lo que vale, por mi presencia mística, pero real. Mirad la Hostia, en la que cada especie es aniquilada, y me veréis a Mí, humillado por vosotros. Mirad el Cáliz en el que mi sangre vuelve a la tierra, rica como es de toda bendición. Ofrecedme, ofrecedme al Padre. No olvidéis que para esto Yo vuelvo entre vosotros.

Si os dijeran: ‘Vámonos a Palestina para conocer los santos lugares en los que Jesús vivió y donde murió’ vuestro corazón daría un vuelco ¿verdad? Sin embargo, el altar sobre el que bajo ahora es más que Palestina, porque de ella partí hace veinte siglos y sobre el altar Yo retorno todos los días vivo, verdadero, real, si bien escondido, pero soy Yo, propio Yo que palpito entre las manos de mi ministro. Yo vuelvo a vosotros, no simbólicamente, oh no, sino verdaderamente. Os lo digo una vez más: verdaderamente. […]

¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los que el último, el Altar, es la suma del primero y del segundo; son tres lugares, pero uno sólo es Aquél que encontrareis ahí. […]

Yo vuelvo sobre el Altar santo desde el cual os llamo. Llevad vuestros corazones sobre el corporal santo que sujeta mi Cuerpo. Hundíos, almas dilectas, en aquel Cáliz divino que contiene mi Sangre. Es ahí que el amor estrechará a vuestros espíritus al mismo Creador, al Redentor, a vuestra Víctima; es ahí donde celebraréis mi gloria en la humillación infinita de Mí mismo. Venid al Altar, miradme a Mí, pensad intensamente en Mí…”

Entonces, si la iglesia hospeda el lugar santo por excelencia, el Sancta Sanctorum del Nuevo Testamento en el que se suman Getsemaní y Calvario, lo más lógico es que entremos en él con el débito respeto. San Pío de Pietrelcina daba a sus hijas espirituales las siguientes indicaciones:

“Entra en la iglesia en silencio y con gran respeto, considerándote indigna de presentarse ante la majestad del Señor. Entre las devotas consideraciones, piensa que nuestra alma es templo de Dios y, en cuanto tal, tenemos que conservarla pura y limpia delante de Dios y de sus ángeles. Luego toma agua bendita y, lentamente, santíguate considerando que ése es el signo de nuestra redención: la señal de la cruz. En cuanto veas a Dios sacramentado haz devotamente una genuflexión arrodillándote hasta el suelo. Primero salúdale a Él, a tu Señor —vivo y verdadero en el tabernáculo—, y luego a la Virgen y a los santos.

Encontrado el asiento, arrodíllate y concede a Jesús sacramentado el tributo de tu oración y de tu adoración. Confíale todas tus necesitadas y también las de los demás, háblale con abandono filial, ábrele libremente tu corazón y déjale plena libertad de actuar en ti como Él quera.

Asistiendo a la Santa Misa y a las funciones sacras, procura moverte con mucha gravedad en el levantarte, en el arrodillarte, en el asentarte, y lleva a cabo cada acto religioso con la más grande de las devociones. Sé modesta en las miradas, no gires la cabeza de un lado u otro para ver quién entra o sale; no te rías, sino demuestra reverencia hacia el lugar santo y también consideración para quién esté sentado a tu lado. Ten cuidado de no pronunciar palabra con nadie, a menos que la caridad no te obligue o una imprescindible necesidad lo exija.

En las oraciones en común, pronuncia distintamente las palabras de la oración, haz bien las pausas, no utilices un tono de voz alto, no te apresures nunca, sigue el ritmo del sacerdote que conduce y de los demás.

En resumen, compórtate de tal manera que los presentes se queden edificados y, gracias a tu actitud, se sientan impulsados a glorificar y amar al Padre celestial.

Cuando salgas de la iglesia mantén una postura recogida y calma: saluda primeramente a Jesús sacramentado, pidiéndole perdón por las faltas cometidas ante Su divina presencia y no te despidas de Él si antes no le hayas pedido y de Él recibido la paternal bendición.

Salida ya de la iglesia, muéstrate tal cual debería ser un discípulo del Nazareno”.

Nunca como hoy día deben ser conocidas y practicas estas enseñanzas y estos consejos del más grande místico del siglo XX, del primer sacerdote estigmatizado de la historia, el cual, como dijo Juan Pablo II, “era imagen viva del Cristo doliente y resucitado”.


FUENTE: adelantelafe.com

"MIREN LA HOSTIA, ME VERÁN HUMILLADO POR USTEDES"


Jesús explica al Padre Pío cuál es el verdadero “inmenso poder” en la Iglesia

imagen http://images.statuscope.co

En uno de los cuadernos del diario obtenido durante la primera persecución sufrida a manos de hombres de Iglesia, entre el final de los años 20 y el inicio de los años 30, Jesús le explica al fraile de Pietrelcina qué es la misa. Una página publicada por Francobaldo Chiocci y Luciano Cirri en Padre Pío, historia de una víctima sobre la que deberían reflexionar los reformadores y sus tristes epígonos:

“Piensen que el sacerdote que me llama tiene entre sus manos un poder que ni siquiera he concedido a mi madre; reflexionen que si, en lugar de un sacristán, sirvieran al sacerdote los más excelsos serafines, no serían suficiente dignos de estar cerca de él. (…) ¿Es digno entonces estar en la misa pensando en otra cosa que no sea yo?

(…) Consideren el altar no por lo que hicieron los hombres, sino por aquello que vale, dada mi presencia mística, pero real. (…) Miren la Hostia, me verán humillado por ustedes; miren el Cáliz en el que mi sangre devuelve a la tierra en toda clase de bendiciones. Ofrecerme, ofrecerme al Padre, por eso Yo vuelvo a ustedes. (…) Si les dicen: ‘Vamos a Palestina a conocer los lugares santos donde Jesús ha vivido y ha muerto’, vuestro corazón susurraría, ¿es verdad?

Y, sin embargo, el altar sobre el cual desciendo ahora es más que Palestina, porque de ella me fui hace veinte siglos y en el altar vuelvo cada día vivo, verdadero, real, aunque escondido, pero soy Yo, precisamente Yo que palpito entre las manos de mi ministro, Yo vuelvo a ustedes, no simbólicamente, no, sino verdaderamente; se lo digo ahora; verdaderamente (…). ¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los cuales el último, el Altar, es la suma del primero y el segundo; son tres lugares, pero uno sólo es Aquel que encontrarán.

(…) Traigan sus corazones al corporal santo que sostiene mi cuerpo; sumérjanse en ese Cáliz divino que contiene sangre. Es ahí que el Amor abrazará al Creador, al Redentor, su víctima a sus espíritus; es ahí que celebrarán mi gloria en la humillación infinita de mí mismo. Venir al Altar, mírenme, piensen intensamente en mí (…)”.


Por A. Gnocchi, M. Palmaro, L’Ultima Messa di P. Pio, pp. 73-74


FUENTE: es.aleteia.org



LA SANTA MISA EXPLICADA POR EL PADRE PIO - en video -






La Santa Misa explicada por Padre Pio.

(Testimonio del P. Derobert, hijo espiritual del P. Pío)


Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.

Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta "marea negra" de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.

El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado...

El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presento en el "momento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El "Por él, con él y en él" corresponde al grito de Jesús: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombre en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: "Padre Nuestro....."

La fracción del Pan marca la muerte de Jesús.....

La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte...) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.

La bendición del Sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno....

Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino...lo que hago cada día...¡y con cuánta alegría!. 

Gloria in Excelsis Deo

Gloria in excélsis Deo
Et in terra pax homínibus bonae voluntátis.
Laudámus te.
Benedícimus te.
Adorámus te.
Glorificámus te.
Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili unigénite, Jesu Christe.
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris.
Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.
Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis.
Quóniam tu solus Sanctus.
Tu solus Dóminus,
Tu solus Altíssimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spíritu in glória Dei Patris. Amen.


FUENTE: Video y texto youtube.com/user/MariaDJesus

RECOMENDACIONES QUE EL PADRE PÍO DABA A UNA DIRIGIDA SUYA PARA VIVIR CON PLENITUD LA EUCARISTÍA


Lee la famosa carta en la que el santo da ideas prácticas para vivir la Misa con devoción.




Una carta del Padre Pío para Annita Rodote

Pietrelcina, 25 de julio de 1915.


Amada hija de Jesús,

¡Que Jesús y nuestra Madre sonrían siempre en su alma, obteniendo de ello, a partir de su Santísimo Hijo, todos los carismas celestiales!

Estoy escribiéndole por dos motivos: para responder a algunas preguntas de su última carta y para desearle un feliz día no en el dulcísimo Jesús, lleno de todas las más especiales gracias celestiales. ¡Oh! ¡Si Jesús atendiera mis oraciones por usted o, mejor aún, si al menos mis oraciones fueran dignas de ser atendidas por Jesús!

Entre tanto, las aumentaré cien veces para su consuelo y salvación, suplicando a Jesús que las atienda, no por mí, sino a través del corazón de su bondad paternal e infinita misericordia.

Con el fin de evitar irreverencias e imperfecciones en la casa de Dios, en la iglesia – que el divino Maestro llama casa de oración -, le exhorto en el Señor a practicar lo siguiente.

Entre en la iglesia en silencio y con gran respeto, considerándose indigna de aparecer ante la Majestad del Señor. Entre otras consideraciones piadosas, recuerde que nuestra alma es el templo de Dios y, como tal, debemos mantenerla pura y sin mácula ante Dios y sus ángeles.

Avergoncémonos por haber dado acceso al diablo y sus seducciones muchas veces (con su seducción del mundo, su pompa, su llamada a la carne) por no ser capaces de mantener nuestros corazones puros y nuestros cuerpos castos; por haber permitido a nuestros enemigos insinuarse en nuestros corazones, profanando el templo de Dios que somos a través del santo bautismo.

En seguida, tome agua bendita y haga la señal de la cruz con cuidado y lentamente.

En cuanto esté ante Dios en el Santísimo Sacramento, haga una genuflexión devotamente. Después de haber encontrado su lugar, arrodíllese y haga el tributo de su presencia y devoción a Jesús en el Santísimo Sacramento. Confíe todas sus necesidades a Él junto con la de los demás. Hable con Él con abandono filial, dé libre curso a su corazón y dele total libertad para actuar en usted como él crea mejor.

Al asistir a la Santa Misa y a las funciones sagradas, permanezca muy compuesta, cuando en pie, arrodillada y sentada, y realice todos los actos religiosos con la mayor devoción. Sea modesta en su mirada, no gire la cabeza aquí y allí para ver quien entra y sale. No ría, por respeto a este santo lugar y también por respeto de quienes están cerca de usted.Intente no hablar, excepto cuando la caridad o la estricta necesidad lo requieran.

Si reza con los demás, diga las palabras de la oración claramente, observe las pausas y nunca se apresure.

En suma, compórtese de tal manera que todos los presentes sean edificados, y que, a través de usted, sean instados a glorificar y amar al Padre celestial.

Al salir da iglesia, debe estar recogida y calma. En primer lugar, pida el permiso de Jesús en el Santísimo Sacramento; pida perdón por las faltas cometidas en su presencia divina y no Le deje sin pedir y recibir Su bendición paterna.

Cuando esté fuera de la iglesia, sea como todo seguidor del Nazareno debería ser. Sobre todo, sea extremamente modesta en todo, pues esta es la virtud que, más que cualquier otra, revela los sentimientos del corazón. Nada representa un objeto más fiel o claramente que un espejo. Igualmente, nada representa mejor las buenas cualidades de un alma que la mayor o menor regulación del exterior, como cuando alguien parece más o menos modesta.

Debe ser modesta al hablar, modesta en la sonrisa, modesta en su porte, modesta al caminar. Todo eso debe ser practicado, no por vanidad, con el fin de mostrarse a si misma, ni con hipocresía con el fin de aparecer buena a los ojos de los demás, sino, por la fuerza interna de la modestia, que reglamenta el funcionamiento exterior del cuerpo.

Por tanto, sea humilde de corazón, circunspecta en las palabras, prudente en sus resoluciones. Sea siempre económica al hablar, asidua a la buena lectura, atenta en su trabajo, modesta en su conversación. No sea desagradable con nadie, sino benevolente para con todos y respetuosa con los más ancianos. Que cualquier mirada siniestra salga de usted, que ninguna palabra osada escape de sus labios, que nunca haga una acción indecente o de alguna forma gratuita; nunca especialmente una acción gratuita o un tono de voz petulante.

En suma, deje que todo su exterior sea una imagen vívida de la compostura de su alma.

Mantenga siempre la modestia del divino Maestro ante sus ojos, como un ejemplo; este Maestro que, según las palabras del Apóstol a los Corintios, colocó la modestia de Jesucristo en pié de igualdad con a mansedumbre, que era su virtud particular y casi su característica: “Ahora yo, Paulo, os ruego, por la mansedumbre y humildad de Cristo”, y de acuerdo con tal modelo perfecto, reforme todas sus acciones externas, que deben ser reflejos fieles, revelando los afectos de su interior.

Nunca se olvide de este modelo divino, Annita. Intente ver una cierta majestad adorable en su presencia, una cierta agradable autoridad en su modo de hablar, una ciertaagradable dignidad en el andar, en el mirar, en el hablar, al conversar; una cierta dulce serenidad del rostro.

Imagine esa extremamente compuesta y dulce expresión con la que él llamó a la multitud, haciendo que dejasen ciudades y castillos, llevándolos a las montañas, los bosques, a la soledad y las playas desiertas del mar, olvidando totalmente la comida, la bebida y los quehaceres domésticos.

Así, intentemos imitar, tanto como nos sea posible, estas acciones modestas y dignas. Y hagamos lo mejor para ser, en lo que sea posible, semejantes a Él en la tierra, con el fin de que podamos ser más perfectos y más semejantes a Él por toda la eternidad en la Jerusalén celeste.

Termino aquí, pues soy incapaz de continuar, recomendando que usted nunca se olvide de mí ante Jesús, especialmente durante estos días de extrema aflicción para mí. Espero que la misma caridad de la excelente Francesca por quien usted tuvo la gentileza de dar, en mi nombre, mis manifestaciones de extremo interés en verla crecer cada vez más en el amor divino. Espero que ella me haga la caridad de hacer una novena de Comuniones por mis intenciones.

No se preocupe si es incapaz de responder a mi carta inmediatamente. Lo sé todo, así que no se preocupe.

Me despido de usted con el beso santo del Señor. Yo soy siempre su siervo.


Fray Pío, capuchino


FUENTE: religionenlibertad.com


LAS MISTERIOSAS BILOCACIONES DEL PADRE PIO -


Un fenómeno que él mismo no entendía.



San Padre Pío de Pietrelcina fue conocido por muchos fenómenos, pero ninguno más misterioso que su aparente capacidad para aparecer en dos lugares al mismo tiempo.

Esto se llama “bilocación”, y es un don místico que verdaderamente es insondable. ¿Cómo puede un objeto físico – el cuerpo – estar en dos lugares distintos en el mismo momento? ¿Es el espíritu de la persona que ellos ven, la “prolongación” de la personalidad? ¿O es simplemente un ángel que se manifiesta con el rostro de la persona que lo ha enviado?

Estas son preguntas que, al menos por ahora, deben quedar sin respuesta. Lo que podemos decir es que es un fenómeno que se ha informado en santos como San Antonio de Padua, San Alfonso María de Ligorio y varios más. Más recientemente, testigos han declarado las bilocaciones de María Esperanza, la gran mística venezolana.

Uno de los casos recientes que tratamos fue La bilocación del Padre Pío y sor Cristina Montella a visitar a un cardenal preso por los comunistas.


CON EL PADRE PÍO LOS EJEMPLOS FUERON EXTRAORDINARIOS 

Él fue visto por un hombre perdido en el desierto del Sahara, que luego fue llevado a un lugar seguro por el misterioso desconocido (la madre de este hombre había buscado la ayuda del Padre Pío). Fue testificado, o eso dicen, en los EE.UU., en Hawai, y según se informó, en Siberia. Hay quienes, como obispos, que dicen que fue descubierto en el propio Vaticano (que aparece al Papa Pío XI en un momento de crisis, cuando un arzobispo estaba tratando de destituirlo), y también en la canonización de Santa Teresita, la Pequeña Flor en 1925.

“Es bueno tener en cuenta que a partir de 1918 en adelante, el Padre Pío nunca salió de San Giovanni Rotondo, de modo que estos misteriosos sucesos no pueden ser explicados por la hipótesis de que el Padre Pío en realidad estaba allí en persona”, señala el biógrafo Bernard Ruffin, que escribió una historia clásica dela asombroso franciscano, alrededor del cual giró más místicismo que a nadie desde San Francisco de Asís.


LA VISITA AL PADRE PLACIDO BUX

Hubo pruebas incluso físicas de sus manifestaciones. Tal ocurrió en 1957, cuando Pío apareció en la cabecera de otro sacerdote, el padre Placido Bux, quien fue hospitalizado con cirrosis hepática grave.

“Una noche, el padre Placido vio al Padre Pío al lado de su cama y se dirigió a él, exhortandolo a que tenga paciencia, consolandolo y tranquilizandolo de su recuperación”, escribió otro biógrafo, el padre Alberto D’Apolito, que conoció al Padre Pio.

“Entonces vio a Padre Pio acercarse a la ventana de cuarto [en el hospital], colocó una mano sobre el cristal, y desapareció. Al despertar por la mañana, se sintió mejor y recordó la bienvenida visita y miró hacia la ventana. Para su sorpresa, vio la huella de una mano en la ventana. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana para examinar de cerca e identificar la impresión: reconoció la huella de la mano del Padre Pío”.

Más increíblemente, cuando el personal trató de limpiar la ventana con un paño húmedo empapado en detergente, “la huella siempre volvió a aparecer”.



LA VISITA A UN ENFERMO EN UN HOSPITAL

Durante sus bilocaciones, Pio fue visto a menudo en un estado casi comatoso. Tal fue el caso en 1953, cuando el sacerdote, uniéndose a otros monjes para un concierto en una sala contigua

“puso sus brazos sobre el respaldo de la silla frente a él y apoyó la cabeza en ellos, permaneciendo en silencio e inmóvil“, según otro testigo, el padre Carmelo de Sessano.

Esto ocurrió durante un período de unos cinco minutos, y luego el Padre Pío se reincorporó al grupo.

“Al día siguiente, el padre Carmelo fue a visitar a un enfermo y se sorprendió cuando [el enfermo] expresó su agradecimiento por permitir que el Padre Pío lo llamara la noche anterior”, escribe Ruffin.

“Carmelo, por supuesto, sabía muy bien que el Padre Pío estuvo en el concierto toda la noche y había ido directamente al convento cuando todo terminó.”



EL EXTRAÑO CASO DE BILOCACIÓN EN URUGUAY

En otro caso, monseñor Fernando Damiani, vicario de Salto, Uruguay, pidió ayuda del Padre Pío por una enfermedad coronaria grave y había venido a Italia para morir cerca del famoso monje. Pio le dijo que aún no estaba preparado para morir y que, cuando fuera su tiempo, sería en su tierra natal, Uruguay. Por otra parte, dijo Pio,

“me comprometo a velar por que esté bien asistido espiritualmente”.

En 1941, durante un congreso sobre vocaciones que había traído varios obispos de Salto, uno de ellos, el arzobispo Antonio Maria Barbieri de Montevideo, se retiraba a su habitación cuando oyó un extraño golpe en la puerta. La sala estaba a oscuras, pero veía la forma de un monje capuchino – que le dijo que fuera a ver a Monseñor Damiani Damiani porque se estaba muriendo; nunca se supo quien fue esa extraña figura.

El Arzobispo Barbieri fue lo que hizo y encontró a Damiani retorciéndose de dolor y muriendo. Barbieri le administró los últimos sacramentos, mientras que otros tres obispos y seis sacerdotes se apresuraron a llager a la escena – de tal manera que Damiani fue rodeado por un total de cuatro obispos y otros seis sacerdotes cuando expiró; ¡la “ayuda” que Pio había prometido!


EL PADRE PÍO VISTO DIARIAMENTE EN EL SANTO OFICIO

Tal vez el más notable fue el testimonio de una mujer llamada Madre Esperanza que trabajaba en el Vaticano y afirmó haber visto a Pio en Roma en varias ocasiones.

“Lo vi en el Santo Oficio todos los días durante todo un año”, testificó.

“Llevaba medios guantes para ocultar sus heridas. Me gustaba saludarlo, besarle la mano y, a veces, me gustaba hablar con él, y él respondía“.

Al mismo tiempo (1937-1939), la madre Esperanza afirmó haber encontrado

“un personaje misterioso con una barba blanca que llegarían a Milán en avión, era feo y me hizo temblar de miedo. Sólo la visión de él me llenaría con gran temor, y yo quería escapar. Me pareció ser el diablo”.

¿Qué estaba haciendo en el Santo Oficio?

“Él fue a testificar en contra de Padre Pio”, dijo la santa mujer – esto fue en un momento en que el Padre Pío se encontraba bajo mucha persecución.


MÁS SITUACIONES 

Varios testigos afirmaron que vieron al Padre Pio en la tumba de San Pío X. De hecho, él fue visto en la cripta en al menos cinco ocasiones. Durante la beatificación de Santa Teresita, la Pequeña Flor, un prelado fue a acercarse a él cuando “vio” al monje en la Basílica de San Pedro, pero a medida que se acercaba, el padre Pío se desvaneció.

En un caso, una joven piadosa de 14 años llamada Emma Meneghello, que sufría epilepsia, declaró que mienstras estaba en oración del Padre Pío se le apareció, puso su mano en su sábana, sonrió y desapareció. La niña curada luego se levantó para besar el lugar donde Pio había colocado su mano y vio una cruz de sangre en la sábana (esta mancha se ha conservado).



UN FENÓMENO QUE EL MISMO PIO NUNCA ENTENDIÓ

El Padre D’Apolito dijo que incluso el Padre Pío no entendía los fenómenos que lo rodeaban.

“Reconozco”, citó el monje como diciendo, “que soy un misterio para mí.”

“Bajo cualquier aspecto que observé o estudié”, agregó D’Apolito, “Yo estaba cada vez más convencido de que no he entendido nada de él”. 

“Externamente, el estado de éxtasis del Padre Pío era lo mismo que si estuviera dormido”, escribió el Padre Charles Mortimer Carty, otro biógrafo.

“Los miembros de su cuerpo eran insensibles a las influencias externas.”

El mismo Pio fue quien describió bilocación como una “prolongación” o “extensión” de su personalidad.

“Sólo sé que es Dios quien me envió“, respondió el Padre Pío cuando se le preguntó al respecto.

“No sé si estoy allí con mi alma o el cuerpo, o ambos.”


Fuentes: forosdelavirgen.org // Spirit Daily, Signos de estos Tiempos


LA REGLA DE 5 PUNTOS DEL PADRE PIO -


La aconsejaba a quienes guiaba espiritualmente.

Los grandes místicos y santos que hacían milagros no siempre han vivido varios siglos antes que nosotros. Por ejemplo tenemos al Padre Pío que murió no hace todavía medio siglo.





Fueron muchos los milagros que se relatan del padre Pío y también sufrio muchas pruebas, incluso le llegaban desde dentro de la Iglesia.

Pero también este santo fue el guía espiritual de muchs almas, aconsejando cómo vivir una vida santa y así poder llegar a la cima celestial.

El padre Pío nos dejó una regla de 5 puntos, que incluso él mismo no le llamó así, pero la recomendaba a las almas que guiaba.



I. Confesión semanal

“La confesión es el baño del alma. Tienes que ir al menos una vez a la semana. No quiero que las almas se mantengan alejadas de la confesión más de una semana. Incluso una habitación limpia y no ocupada recoge polvo; regrese después de una semana y verá que se necesita quitar el polvo de nuevo”


II. Comunión diaria

“Es muy cierto, no somos dignos de tal regalo. Sin embargo, acercarse al Santísimo Sacramento en estado de pecado mortal es una cosa, y considerarse indigno es otra muy distinta. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Él es quien lo desea. Humillémonos y recibámoslo con un corazón contrito y lleno de amor”.


III. Examen de conciencia cada noche

Alguien le dijo al Padre Pio que pensaba que un examen de conciencia cada noche era inútil, porque él sabía lo que era el pecado, ya que lo cometió. Ante esto, el Padre Pío contestó:

“Eso es muy cierto. Pero cada comerciante experimentado en este mundo no sólo mantiene un seguimiento durante todo el día de si ha perdido o ganado en cada venta. Sino que por la noche, él hace la contabilidad del día para determinar lo que debe hacer al día siguiente. De ello se desprende que es indispensable hacer un riguroso examen de conciencia, breve pero lúcido, todas las noches”.


IV. Diaria Lectura espiritual

“El daño que viene a las almas de la falta de lectura de libros sagrados me hace estremecer…. Lo que el poder espiritual de la lectura tiene que dar lugar es a un cambio de rumbo, y hacer que incluso la gente del mundo entre en el camino de la perfección”.


V. Oración Mental dos veces al día

“Si no tiene éxito en meditar bien, no deje de hacer su deber. Si las distracciones son numerosas, no se desanime; haga la meditación de la paciencia, y todavía se beneficiará. Decida sobre la duración de su meditación, y no deje su lugar antes de terminar, incluso si tiene que ser crucificado. ¿Por qué se preocupa tanto porque no sabe cómo meditar como le gustaría? La meditación es un medio para llegar a Dios, no es un objetivo en sí mismo. La meditación tiene como objetivo el amor de Dios y al prójimo. Ame a Dios con toda su alma y sin reserva, y amará a su prójimo como a usted mismo, y usted tendrá la mitad cumplida de su meditación”.


FUENTE:  forosdelavirgen.org // Padre Jean OFM, Cap, Signos de estos Tiempos



LA CONFESIÓN, PRINCIPAL VOCACIÓN DEL PADRE PÍO



El Padre Pío, dice uno de sus superiores, es un sacerdote que cumple asiduamente con sus deberes de estado. Se levanta a las tres y media y se prepara para la misa en su celda para no molestar a nadie, y luego va directamente a la sacristía. 

Al principio, las mujeres formaban fila para confesarse desde las dos de la mañana, y a veces la policía debía dirigir a la multitud que se apiñaba junto al confesionario. Desde enero de 1950, todas las penitentes debieron conseguir un número de orden para evitar confusiones. En 1952 hubo que adoptar el mismo sistema también para los hombres. 

Confesar es su principal vocación, la que le permite apaciguar su insaciable sed de almas. Desea ser considerado exclusivamente como confesor. No predica, y el Santo Oficio le ha prohibido escribir desde 1924. Empero, el Padre Pío no tiene en cuenta los límites de la resistencia física. Él examina, juzga, condena y absuelve según lo que Dios le inspira. Su confesionario es más que una cátedra, más que un tribunal, es una clínica para las almas. Acoge a los penitentes de diversas maneras, según las necesidades de cada uno y sin plan preconcebido. Abre los brazos a éste en una exuberancia de alegría, diciéndole de dónde viene aún antes de que haya abierto la boca. Y a otros los llena de reproches, los amonesta y hasta los trata con rudeza. A algunos se niega a recibirlos y les dice que vuelvan más adelante, cuando estén mejor preparados. La misma afabilidad, la misma sonrisa de bienvenida, la misma severidad se prodiga al sabio, al personaje, al paisano humilde e ignorante. 

La condición social del penitente nada cuenta, sólo ve su alma, su alma al desnudo. Suele suceder que tenga más indulgencia con un gran pecador que lo conmueve por su ignorancia de las leyes divinas, que un creyente que no cumple con sus deberes religiosos, una de esas personas que se dicen católicas pero que por pereza no dedican a Dios ni una hora por semana. En donde no encuentra hipocresía sino sinceridad, se muestra bondadoso, con una benevolencia que dilata el corazón del penitente cuando le dice: "Ve en paz, Jesús te ha puesto a prueba y te bendice". Pero a veces sorprende por su brusquedad, cuando con palabras duras y cortantes denuncia el escándalo, sobre todo los chismes y mentiras de las mujeres. Se mostraba inflexible con los penitentes que consideran la murmuración como una falta leve. Con mayor severidad aún, condena el Padre Pío los pecados contra la pureza y la maternidad, y no perdona sin estar seguro de un firme y categórico propósito de enmienda. Los malhechores que van contra la generación y el matrimonio, deberán pasar varios meses de prueba antes de ser absueltos. 

A menudo cierra la mirilla del confesionario en la cara de un penitente sin interrogarlo. Esto ha ocurrido hasta con personas que se confesaban periódicamente en otro lugar. ¿Por qué?. Porque posee el don divino de ver como en un relámpago lo que se le escapa a los confesores ordinarios. 

El Padre Pío, a no dudarlo, sufre una verdadera agonía cuando el Señor le ordena tratar con dureza a un alma, pero lo hace así para que su penitente tome conciencia y comprenda que los Sacramentos y la Comunión no son cosa de juego. Que es algo grave lavar su alma y recibir a Cristo, a ese Cristo Jesús a quien ama el Padre Pío, mientras el pecador y la multitud lo desconocen. 

A una de sus hijas espirituales que le confesó que le era insoportable la vista de sus enemigos, le contestó: "Si tú no amas como el Señor quiere que los ames, firmarás tu propia condenación. Haz el bien a tus enemigos por amor a Jesús". Así comenta el texto evangélico que dice: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a quienes aborrecen, rogad por los que os persiguen y calumnian, y así seréis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?". 

¿En qué forma confiesa?. A menudo sabe de antemano lo que el penitente le va a decir. Si éste se olvida de mencionar un detalle cualquiera de un pasado lejano, el Padre Pío se lo recuerda. A veces hace breves preguntas que sirven para abreviar las confesiones y que resultan impresionantes prueba de su doble vista. 

¿Cómo puede saber?. El Padre conoce a cada penitente mejor de lo que él mismo se conoce, y al arrodillarse ante él, el pecador ve con más claridad sus pecados. Sin embargo, el Padre no dice todo lo que descubre. A veces se queda silencioso, a la espera. El penitente siente su conciencia removida hasta lo más hondo, y no puede mantener en secreto el pecado que ocultaba. Lo confiesa, y el confesor dice simplemente: "Eso es lo que esperaba". 



Un joven complotaba matar a su mujer y simular que se trataba de un suicidio, para poder así continuar sin tropiezos una unión ilícita. A fin de apartar toda sospecha de culpabilidad, consintió en escoltar a su compañera a San Giovanni. No bien puso los pies en la Iglesia, ella se sintió atraída por una fuerza magnética hacia la sacristía, que se encuentra en el otro extremo de la Iglesia, detrás del altar mayor. El Padre Pío, desocupado en ese momento, se acercó para interrogarle. El hombre no había pronunciado una sola palabra, cuando sintió que lo tomaban del brazo y lo empujaban con violencia: "Sal , sal de aquí!, le gritaba el fraile. Miserable!, ¿ignoras que no tienes el derecho de manchar tus manos con la sangre de tu esposa?". 



El hombre huyó como empujado por la tormenta. Durante dos días vagó sin rumbo. En la imposibilidad de recuperar la calma, volvió al monasterio, y el Padre Pío lo acogió como acogía Jesús a los grandes pecadores. Cuando el hombre hubo terminado su tremenda confesión, le dijo: "No teníais hijos y ambos deseabais uno. Vuelve a tu hogar, y vuestro deseo se cumplirá". Cuando su mujer, a quien nunca había visto el Padre Pío, vino un día a confesarse, a las primeras palabras que pronunció, oyó que el Padre le decía: "No temas nada ya, tu marido no te hará ningún mal". Después de años de esterilidad, ella dio a luz una criatura. 



Un sacerdote había ido a San Giovanni para confesarse con el Padre Pío, y tuvo que cambiar tren en Bolonia. Cuando hubo terminado su confesión, el Padre le preguntó si no haba omitido nada. El sacerdote contestó con sinceridad que no recordaba nada más; entonces replicó el Padre Pío: "No lo hizo usted con malicia, pero se trata de una negligencia grave que ha ofendido al Señor. Usted llegó a Bolonia a las cinco de la mañana. Como las iglesias estaban cerradas, usted se fue al hotel para descansar un poco antes de decir misa y se quedó dormido hasta las tres de la tarde. Ya no era hora de la misa, y su negligencia ofendió a Dios". 

Antes de que se pronuncie palabra alguna, el Padre Pío sabe si el que se acerca a él es sincero o no, si es un convencido o un simple curioso. Un médico entró cierta vez en la sacristía, pareció cambiar de idea y volvió a salir. ¿Quien es ése?, ya volverá, afirmó rotundamente el Padre. En efecto, el médico volvió bien pronto. Al instante le dijo el Padre: Usted es un delincuente, y quiere eludir el Tribunal. Lea de una vez esa carta!. Se trataba de la recomendación de un amigo. El médico la leyó, palideció, cayó de rodillas a los pies del Padre, imploró perdón y lo obtuvo. 



Nuestro capuchino lee también el pensamiento a la distancia, como lo prueba un número incalculable de hechos. He aquí uno como muestra:

Dos hermanas habían logrado a duras penas que su padre les permitiera ir a ver al Padre Pío, pero le habían prometido formalmente no besarle el guante, ese guante besado por tantos labios, por temor al contagio. Las jóvenes lo prometieron, pero cuando vieron entrar al capuchino a la iglesia, y a la gente apiñarse en torno suyo, no pudieron resistir la tentación. Entonces él las miró sonriendo: "¿Han olvidado su promesa? ". 


Cuenta un conocido médico italiano que una noche de enero de 1936, estaba en la celda del Padre Pío con éste y otros dos laicos. De pronto el Capuchino se arrodilla y les pide que recen "por un alma que está a punto de compadecer ante el tribunal de Dios". Todos se arrodillaron, y luego el Padre les preguntó: ¿saben ustedes por quién han rezado? - No - fue la respuesta. Pues por el Rey de Inglaterra. 

Entonces intervino el doctor: pero Padre, leí en los diarios de hoy que el Rey tiene un ligero resfrío sin ninguna novedad. El Padre Pío se contentó con responder: "Créanme". Cuando llegaron los diarios a mediodía, se vio que el Rey de Inglaterra había fallecido en el momento preciso en que el Padre Pío pidió simultáneamente a sus amigos oración.


Una joven de Benevento, cuyo marido había perdido la vista, recibió esta explicación del Padre Pío: "Su ceguera garantiza su salvación, tiene que permanecer ciego, es un castigo que Dios le envío por haber golpeado a su padre". La pobre mujer no podía creer a sus oídos. En cuanto al lisiado, empezó por negar, pero acabó por reconocer que a la edad de dieciséis años había golpeado brutalmente a su padre con una barra de hierro. 

El Padre Pío era un gran trabajador del confesionario. Pero su carisma de visión de almas le daba una herramienta muy especial, en su tarea de convertir a muchos de sus visitantes. Durante décadas las personas peregrinaron de a miles a San Giovanni, buscando la sanación de los pecados a través de un instrumento como el Santo del Gargano. Qué bueno sería encontrar en estos tiempos muchos fieles deseosos de lavar sus almas con el agua de la misericordia, como aquellos que acudían a ver a Pío. Qué bueno sería también encontrar sacerdotes dispuestos a sacrificarse en el confesionario, como lo hacía el Padre Pío. 


La Misa del Padre Pío.

Desde que el Padre Pió hace la señal de la Cruz al pie del altar de San Francisco, su rostro se transfigura. Ya no es sólo el sacerdote que celebra el Santo Sacrificio, es también el hombre de Dios, el elegido para dar testimonio de su existencia, elegido para colaborar con Dios en el martirio de las cinco llagas, el oficiante que es crucificado con Él y que muere místicamente con Él en cada una de las misas. 

Cristo habita en el Padre Pío y el Padre Pío hace suya la encarnación de Cristo. Si el Padre Pío no estuviese modelado en Cristo, ¿cómo explicar los sufrimientos que se reflejan en su rostro, las contracciones de su cuerpo, sus esfuerzos para levantarse después de sus genuflexiones, como si el peso de la cruz lo abrumara?. ¿Y qué decir de sus estados de éxtasis prolongados, que lo transportan lejos de este mundo caótico?. Se lo ve inclinar la cabeza, sonreír con esa sonrisa luminosa con que acepta los pedidos de sus fieles, y de pronto estalla, y sus lágrimas caen abundantes. Los testigos siguen mudos e inmóviles esta misa cuya celebración dura dos horas. ¿Dos horas?. No!, parecen dos minutos!. Los fieles de ayer, los de todos los momentos y aún los que nunca fueron creyentes, todos de rodillas, parecen clavados al suelo, fijos sus ojos en esas manos diáfanas. Extática persuasión que transforma a los incrédulos, a los masones, a los protestantes, a los ateos, en fervientes católicos. Por pedido de Pío XII, después de la liberación de Roma, miles de soldados americanos recibieron autorización para asistir a la misa del Padre Pío, lo que tuvo como resultado la conversión de muchos muchachos protestantes. 

El momento de la Consagración siempre es el punto cúlmine de la Misa de Pío. Eleva la Hostia, el Cuerpo de Cristo, y se queda inmóvil por largos minutos, interminables. Sus oraciones llegan al Cielo, mientras admira a Nuestro Señor Presente en la Eucaristía. Cuando se le pregunta porque toma tanto tiempo en la Consagración, él se limita a responder: ¿acaso existe un tiempo para rezarle al Señor?. 

Pío es el testimonio de la importancia de la Eucaristía como centro de nuestras vidas. Cristo Vivo se hace presente en todos los altares, alrededor del mundo, todas las horas de todos los días del año. Ese es el misterio del Sacrificio Perpetuo. Y es el Padre Pío quien mejor nos muestra cómo un alma consagrada debe vivir la entrega de Nuestro Señor. Todos los sacerdotes del mundo debieran tomar su ejemplo de piedad frente a la Celebración de la entrega que Dios hace por nuestra salvación. Este profundo misterio parece ser olvidado por el mundo actual, que tiende a cometer el enorme error de considerar la Misa como una recordación, y no como lo que realmente es: Cristo vivo presente en los Altares ! 


La Presencia Celestial en la vida de Pío.

El Padre Pío vivió rodeado del Cielo desde temprana edad. El contacto con Jesús, María, los ángeles custodios, santos y almas del purgatorio, era habitual para él. Pero raramente daba testimonio, debido a su humildad. Sin embargo, era imposible ocultar sus contactos. En cierta oportunidad se escucharon aplausos y gritos en la iglesia, sin que nadie fuera visible. Ante la pregunta a Pío, él dijo: he estado orando por muchos soldados muertos en la guerra, y un grupo de ellos ha venido a agradecer mi oración, ya que iban camino del purgatorio hacia el Cielo. 

A un niño enfermo, Pío se le presentó en bilocación y le anunció la futura visita de la Virgen. Cuando el niño hubo recibido la Presencia de la Madre del Cielo, Pío se volvió a presentar y le dijo: es hermosa, ¿no?. Yo la he visto muchas veces pero aún no dejo de admirarme de su belleza. Tú la recordarás por el resto de tu vida. 

Daba especial importancia a los ángeles custodios. Nuestros ángeles nos siguen durante toda la vida, y aún después, y sin embargo no los consideramos. Debemos orarles, pedirles ayuda, reconocer su presencia como siervos de Dios, puestos allí para nuestra asistencia. La oración de los ángeles custodios debe ser dicha diariamente, así como deben ser invocados para nuestro consuelo y ayuda. Pío tuvo muchas oportunidades para manifestar la presencia de los ángeles a sus circunstanciales visitantes. 

Por supuesto que la Presencia de Cristo en la vida de Pío era resaltable, su oración era un diálogo permanente con el Señor, y su testimonio de imitación se manifestaba a través de sus Estigmas. 

No puede entenderse al Padre Pío en su acabada magnitud espiritual, sin aceptar abiertamente lo sobrenatural en nuestro mundo. La Presencia Celestial se manifiesta en el mundo de diversas formas, y el Santo del Gargano era como una puerta abierta al Cielo, para dar testimonio de esperanza a quienes tenemos débil nuestra fe. 


El perfume a santidad del Padre Pío.

El olor de santidad, no solo en sentido figurado, es cosa familiar en los Siervos de Dios. Es inútil decir que los incrédulos se ríen a carcajadas de él, como también de sus estigmas. Pero también contra eso tropieza la ciencia. Ningún desinfectante, ni la tintura de yodo, ni el fenol, pueden engendrar ese olor agradable, muy peculiar, que emana de la sangre de las llagas del Padre Pío, como lo han confirmado los diversos estudios médicos que se le realizaron. Además estos han observado que la sangre no se corrompe, como ocurriría normalmente, de no tratarse de un fenómeno sobrenatural. 

El olor es fugaz. Los visitantes a la celda de Pío sugieren que cuando un individuo lo percibe es señal de que Dios derrama sobre él una gracia por intercesión del Padre Pío. Perfumes de violetas, lirios, rosas, incienso y tabaco fresco, a veces de gran persistencia, como lo atestigua el Dr. Festa ( fallecido en 1940 ). Éste ha escrito: "Cuando examiné por primera vez el costado del Padre Pío, guardé un trocito de género manchado de sangre, pensando examinarlo en el microscopio. Como carezco de olfato, no observé nada extraño. Pero un personaje de importancia y otros señores que volvían conmigo de San Giovanni a Roma, y que nada sabían del género guardado en mi caja de instrumentos, percibieron - pese al viento que entraba por la ventanilla del auto - un olor muy marcado, igual al que según ellos emanaba del Padre Pío. 

En Roma, durante largo tiempo, ese género fue conservado en un armario de mi consultorio, y a tal punto llenaba de efluvios la habitación que muchos de mis pacientes me preguntaban espontáneamente de dónde venia ese perfume." 

Don Carlos Predriale, escribano genovés esperaba en la sacristía la llegada del Padre Pío, acompañado de su hijito de tres años. No bien entró aquel, el niño tiró de la manga a su padre, preguntando: "¿Papá, qué es lo que tiene tan rico olor?". 

Una noche de verano, en el quinto piso de un edificio situado en el centro de Génova, un grupo de señoras hablaban del Padre Pío. De pronto dos de ellas sintieron un efluvio con un característico perfume a violetas, mientras las otras no sintieron nada. Pero un poco más tarde, una tercera señora -un ser de excepción, por otra parte- entrando en la sala tuvo la impresión de entrar en un campo de violetas. Esto no quiere decir que haya que estar en estado de gracia para percibir "el olor de santidad". Por el contrario, hay incrédulos y grandes pecadores que han sido sensibles a él, como primera señal de su conversión. No es, pues, un premio al mérito ni a la fe. 

La señora Vera Berlotto Bianco, de Veglio Mosso, escribió: "Siempre tengo muchísimo gusto de hablar de nuestro querido Padre Pío. El sábado pasado recibí la visita de un profesor que goza de gran renombre en Biella: deseaba que le diera unos datos sobre el Padre. Para asombro nuestro, nos inundó de pronto una deliciosa fragancia que persistió desde las nueve hasta las once. Qué alegría para mi marido y para mí!. El profesor se sintió tan conmovido, que decidió ir a San Giovanni. Dichoso de él!". 


Otro testimonio de julio de 1949. "Discúlpeme que vuelva a insistir sobre las gracias que ha realizado para mí el Padre Pío. El 11 de febrero mi madre estaba grave. Yo oí una voz - la del Padre Pío - que me urgía a que fuese a verla, porque se moría. Partí sin demora, y después de un viaje de 50 km. llegué justo a tiempo para recoger su último suspiro". "La segunda gracia la obtuve el Jueves Santo. De pronto me inundó un fuerte olor a incienso, luego a rosas, y comprendí que el Padre se me había manifestado en esa forma". "Finalmente, la tercera gracia, la más importante para mí, la recibí el 27 de julio. Esa mañana fui despertado por un violento aroma de violetas, cuya intención comprendí cuando el cartero me trajo una carta de un hermano al que no veía desde treinta y dos años atrás, y al que creía muerto." 

Es habitual el caso de perfumes celestiales, rosas, incienso, violetas, en eventos de Presencia Celestial. En muchas apariciones de María se produce este fenómeno, yo da un testimonio de fe y conversión poderoso. Sólo aquellos que lo vivieron saben lo majestuoso que es sentir que el Cielo todo se manifiesta detrás de un hecho tan simple como percibir con los sentidos, algo que físicamente no está allí. Además, es habitual que el Cielo deje testigos que no sienten los perfumes, como forma de corroborar que se trata de un hecho místico o. No son más que señales de Presencia, regalos. La cuestión es qué hacemos con ellos, una vez recibidos. ¿Podemos seguir viviendo como antes?. ¿Nos lo permite nuestra conciencia?. 


La reacción de la Iglesia a la existencia del Padre Pío.

Podemos decir sin dudarlo que el santo del Gargano sufrió la incomprensión de muchos sacerdotes durante buena parte de su vida. De hecho tuvo prohibición de escribir desde 1924 hasta su muerte. También estuvo confinado en su celda durante casi una década, sin poder celebrar misa, confesar, tener contacto con el mundo exterior. Muchísimos investigadores de la iglesia fueron enviados desde el vaticano a San Giovanni, con la aparente intención de demostrar que lo que allí ocurría no era cierto ni posible. Sin embargo, Pío siempre amó a la iglesia, cuerpo Místico de Jesús. Con absoluta obediencia y entrega, cumplió todo lo que se le pidió, con la asistencia de Jesús y María. Finalmente, durante la década de 1930 fueron liberándose las limitaciones, y volvió a su vida monacal más abierta. Con el paso de los años, hubo varios intentos de reunirlo con el Santo Padre, que nunca llegaron a realizarse. 

Sin embargo fue el pueblo quien dio la nota, más allá del intento oficial de ocultar o acallar sus estigmas y manifestaciones: la gente. 

El pueblo siempre creyó, y se volcó de a miles, durante décadas, a visitarlo. Y cuando más se lo limitaba desde la iglesia, más fuerte era el grito pacífico de resistencia. Todo indicó que no podía silenciarse el llamado de Dios a San Giovanni Rotondo. Y es el haber pasado por estas pruebas lo que da más validez y crédito a su santidad.

El Padre Pío fue beatificado, pero ahora estamos frente al hecho tan deseado, reclamado por décadas por cientos de miles de personas alrededor del mundo. 

En diciembre de 2001 el Vaticano emitió el decreto de reconocimiento de milagros y virtudes heróicas que allanan el camino para la canonización del Padre Pío. Las puertas están abiertas para que recibamos a San Pío, para nosotros el Padre Pío. 

Él ya es santo, vaya si lo es. El Cielo entero canta alabanzas a esta joya tan especial del alhajero de Jesús y María: el Santo del Gargano está más que nunca indicándonos el camino de la gloria eterna, el camino de llegada a la Patria Celestial. 


El mensaje del Padre Pío.

A diferencia de otros casos de hechos místicos, Pío no fue instrumento de mensajes específicos sobre el futuro de la humanidad, pese a que existen mensajes falsos atribuidos a él. El mismo Padre Pío fue el mensaje, su vida, su actitud, su deseo de santidad. 

Sin embargo, es posible recoger escritos previos a la prohibición que le estableció la iglesia en 1924, y referencias sobre su mensaje espiritual, revelados por quienes lo escucharon.

Tomemos estos verdaderos principios de vida como una balsa de salvación para nuestras almas.

Dijo el Padre Pío: A Dios se le busca en los libros, se le encuentra en la meditación. 

La vida del cristiano no es más que un perpetuo esfuerzo contra sí mismo. El alma no florece sino merced al dolor. 

A alguien que temía haberse equivocado, el Padre le dijo: "Mientras tema, usted pecará". La persona replicó: "Tal vez, Padre, pero se sufre tanto!". Dijo Pío: "Es indudable que se sufre, pero es menester distinguir entre el temor de Dios y el miedo de Judas. El demasiado miedo nos hace obrar sin amor, mientras que la demasiada confianza nos impide observar con inteligente atención aquel peligro que debemos vencer. Ambos deben ayudarse uno a otro como dos hermanos". 

Si logras vencer la tentación, es como si lavaras tu ropa sucia. 

Quien no medita, decía cierta vez, me recuerda al hombre que no hecha una mirada al espejo antes de salir, y poco cuidadoso de su aspecto, aparece en público desaliñado sin darse cuenta. 

La persona que medita y vuelve su espíritu a Dios, que es el espejo de su alma, despista a sus faltas, las corrige lo mejor que puede y pone en orden su conciencia. 

Alguien preguntó un día al Padre: "¿Cómo podemos distinguir la tentación del pecado?". Sonrió el Padre, y contestó con otra pregunta: "¿Cómo distinguir a un asno de un ser razonable?. En que el asno se deja guiar, mientras que el ser razonable tiene las riendas". Él se refería al control de la voluntad, ya que el pecado se materializa cuando el mal toma control de nuestros actos o pensamientos. La tentación es obra de satán, y siempre existirá como amenaza en nuestro interior, tratando de apoderarse de nuestra voluntad. 

Por nuestra calma y nuestra perseverancia, no sólo nos encontramos a nosotros mismos, sino también a nuestras almas y al mismo Dios.

Un hombre pidió al Padre Pío que curase a su madre. Le mostró su retrato y le dijo: "Padre, si yo lo merezco, bendígala". "Ma che mérito. En este mundo, ninguno de nosotros merecemos nada. Es el Señor, en su infinita bondad quien es tan amable como para colmarnos de sus dones, porque todo lo perdona". 

El Padre Pío detesta la máxima: "Cada uno para sí mismo, Dios para todos". La encuentra egoísta, demasiado de este mundo que sólo piensa en sí mismo. Él propone esta otra de su cosecha: "Dios para todos, pero nadie para sí mismo". 

Un día, reporteado sobre la penitencia y la mortificación, el Padre se expresó en estos términos: "Nuestro cuerpo es como un asno al que hay que azotar, pero no demasiado, porque si cae, ¿quien nos llevará a cuestas?". 

El demonio no tiene más que una puerta para entrar en nuestra alma: la voluntad. No existen entradas secretas. Ningún pecado es pecado sin nuestro consentimiento. Cuando falta la participación del libre albedrío, no hay pecado sino debilidad humana. 

Alguien se lamentaba diciendo que lo torturaba el recuerdo de sus faltas. "Eso es orgullo, le interrumpió el Padre. Es el demonio el que le inspira ese sentimiento, no es una verdadera tristeza". "Pero, ¿cómo podré discernir entre lo que viene del corazón, lo que es inspirado por Nuestro Señor y lo que, por el contrario, proviene del diablo?". "Por este signo inconfundible: el espíritu del demonio excita, exaspera, nos inyecta una especie de angustia, cuando la caridad nos lleva en primer lugar a buscar el bien de nuestra alma. Luego, si ciertos pensamientos lo agitan, tengan por cierto que vienen del diablo". 

A una persona que tenía vocación de curar almas y le preguntaba cómo debía proceder con los que son sordos a los llamados de la caridad, el Padre contestó: "Procura atraerlos por el amor y la caridad, dando sin esperar algo a cambio. Y si con esto fracasas, entonces repréndelos. Cristo hizo el Cielo, pero también el infierno". 

En algunas ocasiones el Padre Pío dice a sus hijos espirituales: "Pan y azotes ayudan muchas veces a criar espléndidos muchachos". 

Un joven le confesó que temía amarlo más que a Dios. A lo que el Padre replicó: "Usted debe amar a Dios con un amor infinito a través de mí. Usted me quiere porque lo dirijo hacia Dios que es el Ser Supremo. Yo no soy más que un medio. Si lo guiara hacia el mal, dejaría de amarme". 

Un día una penitente le confió que le parecía imposible vivir lejos de San Giovanni, tanta era la felicidad que sentía en su presencia. El Padre le hizo la siguiente observación: "Para los hijos de Dios no existe la distancia, hija". Como la joven no parecía convencida, sacó su reloj: "Dígame, ¿ que ve en el centro?. El eje, Padre. Exacto. El eje, como Dios, está inamovible, y las agujas corren ligadas al centro, y las agujas miden el tiempo. En resumidas cuentas, el espacio que separa los números del centro, carece de importancia: Dios es el centro, los números son las almas, pero hay también un Padre Pío que sirve de puente". 

La prudencia tiene ojos. El amor piernas. El amor, que tiene piernas, querría correr hacia Dios, pero su impulso es ciego, y uno tropezaría, de no estar dirigido por los ojos de la prudencia. 

Una mujer joven y bella, viuda de un miembro del Parlamento que murió en la flor de la edad, estaba abrumada por la pena. Quería retirarse del mundo y fundar una Orden religiosa. Consultó al Padre Pío: "Señora, antes de santificar a los demás, piense en santificarse usted misma". 

A un masón convertido, el Padre le dijo: "Todos los sentimientos, cualquiera sea su fuente, tienen algo de bueno y algo de malo. A usted corresponde asimilar sólo lo bueno y ofrecérselo a Dios". 

Como una señora admitiera que tenía cierta inclinación a la vanidad, el Padre comentó: "¿Ha observado usted un campo de trigo maduro?. Unas espigas se mantienen erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a prueba a los más altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los humildes, están cargados de granos". 

Una señora le preguntó qué oración era más apreciada por Dios. Él contestó: "Toda oración es buena cuando es sincera y continua". 

Es tal el orgullo del hombre, dice el Padre, que cuando es feliz y poderoso se cree igual a Dios. Pero en la desgracia, librado a sus solas fuerzas, se acuerda del Ser Supremo. 



Dios enriquece al hombre que ha hecho el vacío en sí mismo.

En la vida espiritual siempre hay que ir adelante, jamás retroceder. De otro modo, le ocurre a uno lo que al barco que ha perdido el timón: es rechazado por los vientos. 

No es faltar a la paciencia el implorar a Jesús el fin de nuestros sufrimientos, cuando exceden nuestras fuerzas. Siempre nos quedará el mérito de haber ofrecido nuestros dolores.

La mentira es el engendro de Satanás. 

La manía de los ¿Por qué?, ha sido calamitosa para el mundo. 

La humildad es verdad. La verdad es humildad. 

Una buena acción, cualquiera sea su causa, tiene por madre a la Divina Providencia.

La oración es la llave que abre el corazón. 

No lo olvidéis: el eje de la perfección es el amor. Quien está centrado en el amor, vive en Dios. Porque Dios es Amor, como lo dice el Apóstol. 



En marzo de 1923, una penitente preguntaba al Padre qué debía hacer para santificarse. "Desate sus lazos con el mundo". Una amiga, sabiendo que ella llevaba una vida muy retirada, hizo un gesto de sorpresa. El santo se volvió hacia ella y le dijo, con bastante sequedad: "Señora, uno puede ahogarse en alta mar, y también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple vaso de agua. ¿Dónde está la diferencia?. ¿Acaso no es la muerte, en cualquiera de esas formas?". 

Recuerde, dijo el padre a uno de sus hijos espirituales, que la madre empieza a hacer caminar al niño sosteniéndolo. Pero luego, éste debe caminar sólo. También usted debe aprender a razonar sin ayuda. 

A una señora excesivamente servicial, que se quejaba de no poder hacer nada por él: "El general es el único en saber cómo y cuándo ha de emplear al soldado. Espere su turno, señora". 

Pecar contra la caridad es como destrozar la pupila de Dios. ¿Qué hay más delicado que la pupila del ojo ?. El pecado contra la caridad equivale a un crimen contra natura. 

El amor y el temor deben estar unidos: el temor sin amor se vuelve cobardía. El amor sin temor, se transforma en presunción. Entonces uno pierde el rumbo. 

Sin obediencia no hay virtud. Sin virtud no hay bien. Sin bien no hay amor. Sin amor no hay Dios. Y sin Dios no hay Paraíso. 

En una estampa representando la Cruz, el Padre escribió estas palabras: "El madero no os aplastará. Si alguna vez vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a enderezar". 

Para Andrés Lo Guercio, que viniera de América a visitarlo, escribió en una imagen del Sagrado Corazón: La humildad y la pureza son las alas que nos llevan hacia Dios y casi nos divinizan. No se olviden que un malhechor que se sonroja de sus actos está más cerca de Dios que un hombre de bien que se sonroja de tener que trabajar. 

Al señor Natal Selvatici, de Bolonia: No olvide que el hombre tiene un espíritu, que tiene un cerebro para razonar y un corazón para sentir, que tiene un alma. El corazón puede estar regido por la cabeza, pero el alma no. Por lo tanto, debe existir un Ser Supremo que la dirija. 

A un penitente que había vivido en el vicio, y que le preguntaba si, cambiando de vida, alcanzaría el perdón y moriría en la fe, le contestó: Las puertas del Paraíso están abiertas a toda criatura. Acuérdate de María Magdalena. 

El tiempo que se pierde en ganar almas a Dios, no es tiempo tontamente perdido. 

Guardad en lo más hondo del espíritu las palabras de Nuestro Señor: "A fuerza de paciencia, poseeréis vuestra alma". 

Jesús os guía hacia el Cielo por campos o por desiertos. ¿Qué importancia tiene?. Acomodaos a las pruebas que Él quiera enviaros, como si debieran ser vuestras compañeras para toda la vida. Cuando menos lo esperéis, quizás queden resueltas. 

Los grandes corazones ignoran los agravios mezquinos. 

El anhelo de la paz eterna es legítimo y santo, pero debe ser moderado para una total resignación a los designios del Altísimo: más vale cumplir la Voluntad Divina en este mundo que gozar en el Paraíso. Sufrir y no morir, era el ‘leit-motiv’ de Santa Teresa. El Purgatorio es un lugar de delicias, cuando se lo soporta por voluntaria elección de amor. 

El demonio es como un perro encadenado: si uno se mantiene a distancia de él, no será mordido. 

Las tentaciones, el bullicio, las preocupaciones, son las armas de nuestro enemigo. No lo olvidéis: si hace tanto ruido, es señal de que está afuera y no dentro. Lo que debiera espantarnos sería que reinase la paz y la armonía entre nuestra alma y el demonio. 

Las tentaciones emanan de lo innoble y de las tinieblas. Los sufrimientos, del seno de Dios: Las madres vienen de Babilonia, las hijas de Jerusalén. Despreciad las tentaciones, recibid las vicisitudes con los brazos abiertos. 


Gólgota: Una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatifica de nuestro amado salvador.

Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle gracias. Si se os oculta, dadle gracias. Todo esto es un juego de amor para atraernos dulcemente hacia el Padre. Perseverad hasta la muerte, hasta la muerte con Cristo en la Cruz.

El don sagrado de la oración está a la derecha del Verbo, nuestro Salvador, en la medida en que vaciéis vuestro Yo de sí mismo, es decir, del apego a los sentidos y a vuestra propia voluntad. Echando raíces en la santa humildad, el Señor hablará a vuestro corazón. 

Practicad con perseverancia la meditación a pequeños pasos, hasta que tengáis piernas fuertes, o más bien alas. Tal como el huevo puesto en la colmena se transforma (a su debido tiempo) en una abeja, industriosa obrera de la miel.

El corazón de nuestro Divino Maestro no conoce más que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros de que la tierra y el cielo fallarán antes que la protección de vuestro Salvador. 

Caminad sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu. Debéis detestar vuestros pecados, pero con una serena seguridad, no con una punzante inquietud. 

Permaneced como la Virgen, al pie de la Cruz, y seréis consolados. Ni siquiera allí María se sentía abandonada. Por el contrario, su Hijo la amó aún más por sus sufrimientos.

Por los golpes reiterados de su martillo, el Artista divino talla las piedras que servirán para construir el Edificio Eterno. Puede decirse con toda justicia que cada alma destinada a la gloria eterna es una de esas piedras indispensables. Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las tentaciones, las penas, los temores espirituales y también las enfermedades corporales. Dad pues, gracias al Padre celestial por todo lo que impone a vuestra alma. Abandonaos a Él totalmente. Os trata como trató a Jesús en el Calvario.

El Padre Pío es nuestro sendero claro y bien señalizado hacia el amor del Padre Eterno, a través de Jesús y María. Tenemos que tenerlo presente, conocerlo, familiarizarnos con él. Quien sienta un profundo amor por el Santo del Gargano, y llegue a sentir como él sintió, habrá encontrado la forma de vivir esta vida con la alegría y entrega necesarias como para esperar la vida eterna con paz verdadera. 

El perder el temor a la muerte, el desapegarse de las cosas de este mundo, es la primer gran puerta al crecimiento espiritual y a la conversión de nuestra alma. Él es un salvavidas tendido a nuestras manos, para que podamos aferrarnos y enfrentar con confianza el oleaje que el demonio nos propone a lo largo de una vida rodeada de miserias, egoísmo, vanidad, cobardía, envidia, odio, tristeza, arrogancia y falta de esperanza y fe. 

Busquemos a Dios donde Él se encuentra, Pío es una fuente que no podemos desperdiciar!

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís