FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

JESUCRISTO EN LAS FUENTES DE MI DIVINO CORAZÓN. (PARTE 13)


Sed asiduos en la oración y en la penitencia

Diciembre 8/07 7:10 a.m. (Solemnidad de la Inmaculada Concepción)

Mensaje de Nuestra Señora de Lourdes, para toda la humanidad:

Hijitos míos: “todos los que veneráis al Señor, bendecid al Dios de los dioses, cantadle, dadle gracias, porque es eterna su misericordia” (Dn. 3,90), al haber fijado sus ojos en mi pequeñez “desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto con un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas” (Is.61,10), al elegirme como Madre del Salvador.

María, como llena de gracia, colmada del favor de Dios y preservada libre de toda culpa, os llama a vosotros a “entrar por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que lo encuentran” (Mt. 7,13-14). Jesús es la puerta; entrad por ella y convertíos de corazón a Dios, purificándolo con el Río de la Gracia, porque “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5,8).

Hijitos “rechazad por tanto, toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias. Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que por ella, crezcáis para la salvación, si es que habéis gustado que el Señor es bueno” (1Pe. 2,1-3). “Ya es bastante el tiempo que habéis pasado obrando conforme al querer de los gentiles, viviendo en desenfrenos, liviandades, crápulas, orgías, embriagueces y en cultos ilícitos a los ídolos” (1Pe. 4,3). Ahora pequeñitos míos, “sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma” (Ef.5,1-2). Por lo tanto huid del mundo de las tinieblas y llegad al mundo de la luz espiritual para que os hagáis semejantes en mi pureza, en mi resplandor porque la morada espiritual del Altísimo se halla sin mácula y mancilla alguna.

Sed asiduos en la oración y en la penitencia, cultivándolas como un bello jardín que adorna vuestra casa que debe estar abierta y acondicionada para recibir al Rey del más alto linaje. La oración y la penitencia os abren las puertas del cielo.

La oración y la penitencia os acrisolan como se acrisola el oro y la plata.

La oración y la penitencia os hacen crecer en el amor a Dios.

La oración y la penitencia elevan vuestros espíritus al creador, arquitecto de vuestras vidas para restauraros en el amor.

La oración y la penitencia os van transformando en pequeños ángeles vivientes sobre la tierra.
La oración y la penitencia os visten con las vestiduras de la pureza y de la santidad.

La oración y la penitencia siembran en vuestro Corazón, mullidos pastizales que os alimentan en vuestro camino para el cielo.

La oración y la penitencia adornan vuestra alma con ornamentos del cielo haciéndoos semejantes a los espíritus celestes.

La oración y la penitencia vigorizan vuestro espíritu para que saquéis el máximo provecho a vuestro sufrimiento.

La oración y la penitencia os hacen inmunes al espíritu del mal.

Perfumad vuestra oración en el suave aroma de rosas finas, rosas de exportación al cielo, porque orando el Santo Rosario exhalaréis de vuestro corazón dulce fragancia, fragancia que cala en la profundidad de Mi Inmaculado Corazón.

Orando el Santo Rosario cultiváis rosas multicolores para el vergel florecido de mi purísimo Corazón.

Orando el Santo Rosario pintáis en el cielo azul multitud de arco iris, arco iris vestidos con los más tenues colores para la Madre de Dios.

Orando el Santo Rosario el eco de vuestra voz sonará como dulces melodías que alegra todo mi ser.

Orando el Santo Rosario, oración predilecta a mis oídos, haréis que os escuche y presente con prontitud vuestros ruegos a mi Hijo Jesús.

Orando el Santo Rosario encadenaréis a Satanás con esta arma prodigiosa, debilitándolo en sus propósitos de tentaros.

“Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú en cambio cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt. 6,5-6).

Con la oración hijitos míos lo alcanzaréis todo: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla; y al que llama se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más Vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan?” (Mt. 7,7-11).

Aceptad pequeños míos la cruz de cada día con amor, porque el libro Santo os dice: “El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de Mí” (Mt. 10,38).

Aceptando la cruz, seréis felices en la otra vida.

Aceptando la cruz seréis otros Cristos camino al Gólgota.

Aceptando la cruz moriréis a vosotros mismos y Cristo vivirá en vosotros.

Aceptando la cruz caminaréis por la calle de la amargura, pero con la esperanza de caminar por las sendas del cielo.

Aceptando la cruz expiaréis vuestros pecados y escalaréis peldaños para el cielo.
Aceptando la cruz vuestro sufrimiento será sufrimiento redentor.

Aceptando la cruz vuestro espíritu exhalará vuestro último suspiro muriendo al mundo para vivir a una nueva vida.

Difundid por todas partes el buen olor de Cristo, el Divino perfume del evangelio, pero vestidos con el ropaje de la humildad porque siendo humildes os haréis como Jesús, que siendo el Hijo de Dios vino a servir a este mudo y no a ser servido.

Porque siendo humildes os asemejaréis a esta humilde esclava del Señor.

Porque siendo humildes las rosas de vuestro corazón tomará una hermosura sin igual.

Porque siendo humildes brillará en vuestra cabeza una corona de oro de ofir.

“Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios” (Col. 3,2-3). Por ello debéis esforzaros en conservar la pureza de vuestro cuerpo y de vuestro corazón para que hagáis de vosotros mismos digna morada al Espíritu Santo.
Si conserváis la pureza de vuestro corazón, Dios hallará complacencias y lo convertirá en su trono de amor.

Si conserváis la pureza de vuestro corazón vuestra alma recibirá la blancura de un lienzo blanco.

Si conserváis la pureza de vuestro corazón perfumes Divinos me llevarán hacia vosotros.

Si conserváis la pureza de vuestro corazón seréis revestidos con el traje del lino fino y resplandeciente.

Si conserváis la pureza de vuestro corazón formaréis parte en el intercambio de corazones.

Si conserváis la pureza de vuestro corazón os acompañaré en la tierra y en el cielo eternamente.

Reciban todos vosotros mi bendición Maternal.

Os amo, os amo mucho.


Sed heraldos de Cristo vivo

Diciembre 10/07 10:00 a.m.
Jesús dice:

Pequeños, os amo porque sois obra perfecta de mi creación; sois hechura de mis manos; Soy Vuestro Hacedor.

A cada uno de vosotros os he encomendado una misión dentro de mi Iglesia; restituidla.

Mi Iglesia se desmorona. Tomad en vuestras manos cada parte fragmentada de mi Iglesia y reconstruidla; sed heraldos de Cristo vivo, porque actúo en vuestros corazones para haceros crecer, pequeños rayitos.

El tiempo es demasiado corto, apóstoles de los últimos tiempos, a vosotros hablo, os hablo porque sois sensibles a mi voz.

A vosotros os hablo porque estáis con corazones abiertos, abiertos al Rey, Rey del más alto linaje que ha nacido.

A vosotros os hablo para predicaros con mi ejemplo. Abrid vuestros ojos para que el mal no os enceguezca. Muchos vendrán a vosotros revestidos con piel de cordero; pedid discernimiento para diferenciar lo que procede de Mí o del averno.

Mi Corazón yace en sufrimiento y dolor, porque muchos de mis sacerdotes, inmiscuidos en la masonería, aparentemente sirven a Dios, pero realmente sirven al príncipe infernal. Orad, pequeños míos por mis pastores, elevad plegarias por los obispos que se han desviado de mi verdadero camino.

El tiempo es demasiado corto. Estad preparados. Muchos creen que es mitología, leyendas porque desconocen el significado de las Escrituras, porque no las leen o las meditan.

Estoy en medio de vosotros para daros nueva mirada, nuevo corazón.

Estoy en medio de vosotros para acrisolaros como al oro y la plata.

Estoy en medio de vosotros para derramaros torrentes de bendiciones a cada uno de vosotros.

Estoy en medio de vosotros para derramar: salud para vuestros enfermos, trabajo para los que carecen de él, pureza de corazón para los que lo tienen manchado, fortaleza para los decaídos, libertad para los encarcelados, fervor espiritual para los tibios o fríos.

Soy el milagro más grande que hay sobre la tierra y estoy en medio de vosotros. Pan de Ángeles que hoy se da a vosotros, Maná que hoy se da a vosotros, Dios Verdadero que hoy se da a vosotros.



Os llevaré al desierto de mi Amor
Diciembre 10/07 12:33 p.m.

Jesús dice:

Niñitos espirituales de mi Santísimo Corazón, os tomo en mis Divinos brazos para conduciros al desierto de mi amor.

Amor que colmará vuestras esperanzas, amor que os sensibilizará a mi amor, amor que os conducirá a verdes valles para que os alimentéis con sus verdes y frescas hierbas y crezcáis como niños robustos y bien alimentados, que necesitan estar fortalecidos para el arduo camino del viaje.

Amor que os acrecienta el palpitar de vuestro corazón en la dulce espera de que, vuestro Huésped Celestial, tome posesión de su Reino y de su Trono. Trono distinto a todos los tronos de la tierra, porque mi Trono no es de este mundo, ya que el mundo ha edificado tronos superficiales, tronos perecederos, tronos cimentados en la arena.

Hijos míos, os llevaré al desierto para hablaros al oído.
Os llevaré al desierto para mostraros mi Reino.

Os llevaré al desierto para cohabitaros en la plenitud.

Os llevaré al desierto para adentraros en las fuentes límpidas de mi Corazón.

Os llevaré al desierto para instruiros y formaros en mi Doctrina Divina, Doctrina que os quitará vuestra miopía y vuestra sordera, para percibir con mayor clarividencia mis designios de amor.

Os llevaré al desierto para transfiguraros en hombres plenamente espirituales en medio de la tierra.

Os llevaré al desierto para Cristificaros.

Os llevaré al desierto para tallar mi obra de arte, que sois vosotros, a mi imagen perfecta.

Os llevaré al desierto para cambiar vuestros pensamientos, vuestros propios raciocinios, vuestros propios esquemas, vuestros propios intereses en intereses de amor, en intereses de renuncia en intereses de entrega, en intereses de donación, en intereses de caridad, en intereses de humildad, en intereses de querer hacer en todo mi Divina Voluntad, pero jamás la vuestra.

Os llevaré al desierto para marcaros de una vez como mi propiedad, propiedad que otros no podrán poseer, porque estaréis marcados con mi Cruz, marcados con mi Sangre, marcados con mi Llaga, marcados con el buen olor de mi presencia, marcados con los ropajes de la humildad y la mansedumbre, marcados con las sandalias de la abnegación y la renuncia, marcados con la prenda del desposorio espiritual.

Porque os amo, os llevo al desierto.

Porque os amo, desciendo del cielo para ungiros.

Porque os amo, la Luz de mi Espíritu siempre os Iluminará.

Porque os amo, haré de vuestros corazones tabernáculos dignos y aptos para albergar mi Divina presencia.

Porque os amo, no será ya vuestro corazón que late en vosotros, sino Mi Corazón que late por vosotros.

Porque os amo, no serán vuestras miradas, sino mi Mirada de amor puesta en todas mis criaturas.

Porque os amo, no son vuestras las palabras que salen de vuestra boca, son mis Palabras que pongo en vuestro corazón y vuestros labios.

Porque os amo, no son vuestros pensamientos los que os guían, son Mis Pensamientos que os dan dirección.

Porque os amo, no son vuestros pies los que caminan en pos del Absoluto, son Mis Pies los que caminan directo a la Morada de Mi Padre.

Porque os amo, no son vuestras manos las que se extienden hasta el cielo, son Mis Manos las que se elevan en Oblación y Alabanza al Todo Poderoso.

Porque os amo, seréis como Ángeles en el mundo, puestos vuestros pies en la tierra pero vuestros corazones en el cielo.

Porque os amo, no os llamo siervos sino amigos.

Amigos constructores de mi Reino.

Amigos constructores de mi Imperio.

Amigos constructores de mi Iglesia.

Amigos heraldos del Evangelio.

Porque os amo, seréis adornados con mis virtudes, virtudes que os hacen reconocer como seguidores de mi Amor y de mi Cruz.

Llevad, para vuestro viaje, vuestro corazón vacío para, allí, ser llenado con la dulzura de mi amor.
Llevad, para el viaje, una tula llena de ilusiones, esperanzas, alegrías y sueños, porque descansaréis en las alfombras mullidas de mi Divino Corazón.

El retiro se realizó del 11 al 15 de Diciembre y damos fe de que todo esto se cumplió en él, regresamos transformados. Contenido del retiro, en el Cap. III



Oración de protección

Diciembre 17/07 9:00 a.m. (Todos los días antes de empezar las oraciones)
Jesús da el siguiente sellamiento:

“Jesús, Maestro de los apóstoles de los últimos tiempos, por los méritos infinitos de Vuestra Preciosísima Sangre e intercesión del Corazón Inmaculado de María, me presento ante Vuestro Trono Celestial seguro de ser recibido en Vuestro Sacratísimo Corazón, fuente de Vida y de Santidad, para que selléis mis oídos, contra toda palabra, contra todo insulto, insultos y palabras que no harán mella dentro de mí. Sellad mi corazón, para que hagáis de él un corazón impregnado de Vuestra mansedumbre, de Vuestra pureza, de Vuestra extrema bondad por el que sufre, corazón nuevo en el amor, corazón nuevo para perdonar, corazón nuevo para excusar, corazón nuevo para sentir mi corazón en Vuestro Corazón. Sellad mis ojos, para ver Vuestra presencia en cada hermano. Sellad mi olfato, para que camine en pos de vuestra fragancia celestial y deis a mi alma olor de santidad. Sellad mis manos, para que, a través de ellas, haga las mismas obras que hicisteis y aún mayores. Sellad mis pies, para no cansarme en seguir Vuestras huellas. Sellad mis palabras y mis labios, para que de mí siempre salgan palabras edificantes, palabras que sean: flechas de amor, flechas que ardan en los corazones, corazones que serán purificados en el amor, en la esperanza, en la unidad y en la fraternidad. Sellad todo mi ser: espíritu, alma y cuerpo, marcando cada parte de mi piel, con Vuestra Cruz: signo de Victoria, signo de Vida y signo de repudio para Satanás. Haced que Vuestra Santísima Madre me proteja, me guíe y me tome de sus manos para que permanezca fiel en su camino. Amén”.


MENSAJES DE JESÚS EL BUEN PASTOR -MENSAJES RECIENTES- PARTE 6.



La familia que reza unida, permanece unida.

La familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús esta en el centro, se comparten con El las alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de El la esperanza y la fuerza para el camino.
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REZAD EL ROSARIO EN FAMILIA


MAYO 5 DE 2011 – 9:10 A.M.

¡LLAMADO URGENTE DE LA VIRGEN A SUS HIJOS FIELES!



Hijitos míos: Ya estoy entre vosotros en compañía de Miguel y lo Ejércitos de mi Padre; muy pronto la batalla final se desatará; uníos a Mí, a través de vuestras oraciones y muy especialmente a través de mi Santo Rosario, con el cual sujetaré y derrotaré al dragón infernal. Permaneced pues hijitos fieles a mi Padre, a mi Hijo, al Santo Espíritu de Dios y a Mí, vuestra Madre Celestial; uníos en oración a mi Corazón Inmaculado para que los acontecimientos que se aproximan los podáis llevar con amor y esperanza.

No temáis pequeñitos, confiad siempre en mi protección maternal y Yo os protegeré en todos vuestros caminos. Yo vuestra Madre os abrigo en mi seno maternal; os cuido y protejo de todo mal si permanecéis unidos a Mí. Si supierais cuánto os amo y cuánto sufro viendo perderse tantos hijitos que no quieren escuchar al llamado que Dios está haciendo a la conversión. Vuestro Padre y Yo, vuestra Madre Celestial, sufrimos viendo perderse tantas almas, unas por abandono total a Dios, otras por tibias, otras tantas por idolatría y la inmensa mayoría por el mundo y sus placeres, especialmente por los pecados de la carne: Lujuria, adulterios, fornicaciones, incestos, envidias, homicidios, borracheras, comilonas, celos, iras, impurezas y cosas semejantes a éstas (Gálatas 5.19 al 21).

Hijitos, la ausencia de Dios está llevando a la humanidad al caos y la perdición; ¿qué será de vosotras, almas que vagáis en el desierto de esta vida sin Dios y sin ley?; mirad que sólo Dios salva; no sigáis dándole la espalda porque su Santo Espíritu está por partir; acogeos al Amor de Dios y a su Misericordia, antes de que sea demasiado tarde para vosotros.

Os hago un llamado padres de familia: unid a vuestros pequeños en torno a vuestro Padre y Madre Celestial, no sigáis en las tinieblas y en la tibieza espiritual, no sigáis haciendo caso omiso de nuestros llamados, para que no os perdáis vosotros y vuestras familias; acordaos que la Misericordia de Dios está por partir, para dar paso a su Santa Justicia que viene a restablecer el orden y el derecho en todos los confines de la tierra. Prestadle más atención a vuestros hogares padres de familia; rezad el Santo Rosario con vuestros pequeños; esparcid la semilla de la fe y la oración en vuestros hogares, para que estéis preparados cuando las tinieblas envuelvan la tierra. Caminad pues conmigo, mis pequeños, que Yo os guiaré y mostraré el camino que os llevará a mi Hijo y a su Jerusalén Eterna. Rezad mi Santo Rosario en familia y pedid por el triunfo de mi Inmaculado Corazón. Que el Amor de Dios permanezca en vosotros y mi protección maternal os acompañe siempre.

Soy vuestra Madre: María Madre de la humanidad y Reina de la Paz.

Dad a conocer los mensajes de vuestro Padre y Madre Celestial, hijitos de Dios; no os quedéis quietos, el tiempo apremia y la salvación de las almas está en juego.


ORACIONES DE PROTECCIÓN Y SANACIÓN DADAS POR SAN RAFAEL
ARCÁNGEL PARA ESTOS TIEMPOS DE PURIFICACIÓN

MAYO 11 DE 2011 - 8:20 A.M.

Oh Bienaventurado San Rafael, medicina de Dios, acompáñame en todos en mis caminos así como lo hiciste con Tobías; protégeme de los emisarios del mal y guíame por el buen sendero; envíame la medicina que necesito para mi sanación.

Que tu compañía bendito San Rafael permanezca siempre a mi lado, y junto con San Miguel y San Gabriel, defiéndeme del enemigo de mi alma que ronda como león furioso buscando a quién devorar. No permitas que me aparte de Dios y muéstrame el camino que me lleve seguro junto con mi familia a las puertas de la Jerusalén Celestial. Amén.

Gloriosísimo Arcángel San Rafael, médico de los casos difíciles, desata el área de mi cuerpo que necesita sanación especialmente… te lo pido en el nombre de: Yahvé nuestro Padre. Bendición.

En el nombre de Jesús: Nuestro Redentor. Bendición.

Con la fuerza del Espíritu Santo: Nuestro Consolador. Bendición.

Y por la intercesión de la Santísima Virgen María: Nuestra Madre y Reina de los Arcángeles y Ángeles. Bendición.

Entra espiritualmente en mí y sana y desata esta área de mi cuerpo que necesita sanación. Rezar tres Padrenuestros con Avemaría y Gloria y tres Credos.

Oh amado Arcángel San Rafael, así como sanaste la ceguera de Tobit, sana también esta enfermedad que me aflige; devuélvele la salud a todo mi cuerpo. Te lo pido en el nombre: De la Trinidad Santa y para gloria de Dios. Amén.

Rezar tres credos y tres Padrenuestros con Avemaría y Gloria

San Miguel, San Gabriel y San Rafael: Venid en mi auxilio.


San Miguel, San Gabriel y San Rafael: Combatid conmigo al dragón infernal.


San Miguel, San Gabriel y San Rafael: Sean mi amparo, mis consejeros y amigos.


San Miguel, San Gabriel y San Rafael: En ustedes confío. Ayúdenme a cumplir la misión que Dios me ha encomendado, para así glorificar su Santo Nombre. Amén.


¡MI IGLESIA ESTÁ LEVANTADA SOBRE LA FIRME ROCA QUE SOY YO Y LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN CONTRA ELLA!

MAYO 15 / 2011 2:00 p.m.

LLAMADO URGENTE DE JESÚS EL BUEN PASTOR A LA HUMANIDAD

Hijos míos, que mi paz esté con vosotros y permanezca siempre.

El Nuevo orden mundial próximo a establecerse en la tierra, tiene como prioridad acabar con mi Iglesia. La Iglesia que establecí cuando le dije a Pedro: Tú eres Kefa, la roca, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

Hijos míos, hay una conspiración contra mi Iglesia, los reyes de la tierra guiados por la masonería y unidos a un grupo de altos jerarcas de mi Iglesia, quieren abolir su doctrina y mis preceptos, que son las leyes de Dios que rigen los destinos de mi Iglesia y mi pueblo fiel. Según ellos, la Iglesia de hoy debe ser modernista y acorde con los cambios de la humanidad.

Quieren establecer una Iglesia politeísta, amparada por un falso ecumenismo, alejada de Dios y del prójimo, donde no existirá la verdad, ni el amor, ni la humildad, ni la caridad y mucho menos el Espíritu de Dios. Os alerto rebaño mío, para que no os dejéis engañar por estos falsos pastores que lo que buscan es apartaros de Mí. ¡Qué tristeza me produce ver a tantos de mis predilectos que como Judas entregarán a su Maestro y su Iglesia, en manos de su adversario y sus agentes del mal!. Mi dolor es grande y lenta es mi agonía; mi calvario se revive por la traición que sufriré de parte de algunos de mis jerarcas de mi Iglesia. Lobos disfrazados de ovejas, que lo que buscan es dispersar mi rebaño y separarlo de la casa de mi Padre.

De nuevo os lo digo, la Casa de mi Padre está a punto de ser profanada; todo cambiará; mi doctrina y mi evangelio serán pisoteados, mi culto diario será suspendido, y la abominación del ser de iniquidad hará temblar los cimientos de mi Iglesia. Pero no temáis rebaño mío, mi Iglesia soy Yo, y las puertas del infierno no podrán contra ella. Uníos a mi Madre y a mis Ejércitos celestiales, vosotros mi Ejército militante. El combate está por comenzar; habrá caos y confusión al interior de mi Iglesia, Roma se perderá y muchos de mis predilectos fieles a Mí, serán mártires y derramarán su sangre. Sangre de mi Sangre con la cual purificaré mi Iglesia.

¡Ay de vosotros pastores infieles que entregaréis a mi Iglesia al poder de las tinieblas, porque os aseguro que vuestro castigo y tormento será peor que el de Judas!. Yo os conozco y así como a Judas os digo: Lo que tenéis que hacer, hazlo pronto. El Hijo del Hombre representado en su Iglesia será nuevamente entregado en manos de sus opresores. La historia se repite, nuevamente seré crucificado por algunos de los sumos sacerdotes que rigen los destinos de mi Iglesia de hoy. ¡Oh Judas, que os escudáis bajo una falsa fe y aparentáis ser de Dios, cuando en realidad lo que sois es sepulcros blanqueados!. Limpios por fuera, pero llenos de ambición, envidia, engaño, traición y pecado. Os aseguro que vuestra traición será vuestro llanto y crujir de dientes en las profundidades del seol.

Hijos míos, rebaño mío, la hora está cerca; orad y velad conmigo, porque grande es mi dolor y lenta es mi agonía. Estad listos y preparados para el combate espiritual; defended mi doctrina y mi evangelio aún con vuestra propia vida, porque en verdad os digo: Qué grande será vuestra recompensa en el Reino de los cielos. No hay amor más grande que aquel que da la vida por su hermano; vosotros sois mis testigos y ya no os llamo siervos, sino amigos; vosotros sois mi Iglesia y si sólo quedará uno de vosotros, sobre él, levantaría mi Iglesia. Sed valientes como mis discípulos y mis primeros cristianos, que nada ni nadie os aparte del amor de Dios. Mi paz os dejo, mi paz os doy. Soy vuestro Pastor: Jesús de Nazareth, el Buen Pastor.

Dad a conocer mis mensajes en todos los confines de la tierra.

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. XXXVI: Lo que es la Iglesia.


MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
 A SUS HIJOS LOS PREDILECTOS

(De Concepción Cabrera de Armida)

XXXVI
LO QUE ES LA IGLESIA

“Mis comunicaciones son amor, y el bien inmenso que a mi Iglesia reportarán estas confidencias es amor, y la cadena de gracias individuales para Obispos y sacerdotes, presentes y futuros es también amor.

Yo no me muevo, por decirlo así, sin derramarme en amor, sin esparcir amor. Y esta prerrogativa tiene mi Iglesia comunicada por Mi: el ser toda amor, toda caridad maternal para con sus hijos.

Dios eternamente ha sido amor y su amor no tuvo principio ni tendrá fin; pero todo lo que hice antes de que existiera mi Iglesia era porque tenía presentes los méritos infinitos del Verbo hecho carne y ya con esa sangre futura y en virtud de esos infinitos méritos –para Dios presentes- quería el bien de las almas y les preparaba el tálamo de sus amores en la Iglesia santa, reflejo eterno de la Trinidad.

En Dios todo es presente, y se gozaba ya en ese reflejo celestial y único en su unidad, reflejo y luz inaccesible y rayo infinito de la Trinidad. Tenía su vista fija en esa Esposa amadísima que había de venir, cimentada con la sangre del cordero y comprada con lo divino de un Dios hombre. Por eso la Iglesia, en su principio y en su desarrollo, es divina, es reflejo de la Trinidad en sí misma y es depositaria del cielo, mansión de esa amable e infinita Trinidad.

La Iglesia encierra todos los carismas del Espíritu Santo, toda la ternura del Padre, toda la Sangre preciosa y salvadora del Verbo hecho carne. Mi Iglesia es santa, es pura, es amorosa, es madre, es fecunda por lo divino del Padre que lleva en sus entrañas.

Aunque fecundada por el Padre, la Iglesia es Esposa del Hijo y Madre de todos los fieles por el Espíritu Santo que le hace sombra, que es su alma y su vida.

El Padre engendró a la Iglesia para ser mi Esposa –la Esposa de los sacerdotes transformados en Mi-, pura y santa sin mácula también. La eterna y divina generación es pura y todo lo que procede de la Trinidad es puro también, es luz, es pureza, es la pureza misma, la diafanidad infinita de un Dios, Luz de Luz.

Esta Esposa purísima es la Esposa del Cordero que engendra vírgenes, porque viene de la Trinidad Virgen, de María Virgen. Y este Cordero purísimo busca siempre lo único que lo atrae, como reflejo de la Trinidad-Luz, de la Trinidad-Pureza; busca pureza en su Iglesia inmaculada, busca almas puras o purificadas en donde reclinarse, busca sacerdotes que formen esa Iglesia –como corona de azucenas-, con almas y cuerpos puros, porque lo manchado repugna en su blancura.

Por eso la Iglesia exige, para que lleguen sus sacerdotes al Altar, para que se unan al Cordero, almas y cuerpos puros o purificados; almas sin mancha, almas de luz, con tendencias siempre puras, con anhelos celestiales.

Esa es mi Iglesia, imagen y reflejo de la Trinidad, que lleva consigo en cada uno de sus actos a la Trinidad misma. Es la pureza comunicada con la Trinidad: la que borra todas las negruras, la que limpia desde el bautismo la mancha de origen, la que baña, la que blanquea, la que ilumina, la que transforma, la que convierte lo negro en blanco, la que da al mundo la Luz del mundo, al Candor que soy Yo, la que lleva al cielo.

Y siendo esto así, claro está, que a mi derredor –ya que habito personalmente y realmente en mi Iglesia y en la Eucaristía, con mi Humanidad y Divinidad inseparables –sólo quiero corazones puros, sacerdotes sin mancha, una generación de pureza y de luz, para que manejen debidamente los tesoros purísimos del cielo.

¡Qué grande y qué hermosa y qué pura es mi Iglesia en donde se complace y habita en la tierra de la Divinidad, es decir, el AMOR! Siendo el Ser de Dios darse y comunicarse, no encontró todo un Dios sapientísimo un medio mejor para derramar en las almas su caridad infinita que la Iglesia.

Es tal el ardor, el fuego infinito y sano, el combustible poderoso, inmenso e infinito y eterno del amor, que no cupo –por decirlo así y tomando el modo de hablar de los hombres-, que no hubiera sido posible que cupiera y que lo soportara una sola Persona divina, aunque infinita, y tuvo que derramarse en Tres Personas, siendo una de Ellas el Amor mismo, que, concentrado, fuente y manantial del amor, se derrama en las otras Personas como impetuoso torrente en un deleite eterno, en una inefable fruición.

Y aunque el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, las tres Personas son eternas, y al realizar estos portentos –del Padre engendrando al Verbo y del Espíritu Santo procediendo de los dos uniéndolos-, fue tan subido en quilates, en ardores santos, en fuegos más que volcánico  e inextinguible, y suave y puro y santo y eterno ese AMOR, que tuvo que constituir una Persona Divina  que lo contuviera, que lo difundiera con un temple divino a la vez, para no derretir, para no liquidar con su intensidad infinita a todo un infinito Dios…

Por eso Dios en su mismo ser lleva la tendencia a comunicarse, a difundirse, a derramar su hermosura; a no ser Uno, sino Tres en Uno; a no ser Santo, sino Tres Santos en una Santidad; tres Divinos y Eternos, en una sola Divinidad y Eternidad.

Y como Dios siempre es Dios, es caridad difusiva, es unidad comunicable, tiende y busca –como las llamas de un gran fuego- a quienes incendiar de amor, a quienes hacer felices con su felicidad, santos con su santidad y eternamente dichosos con su dicha infinita.

Y de aquí que la Iglesia, dueña de ese Dios unidad, de ese Dios infinito; la Iglesia sea el único conducto para el cielo, la única unidad en la tierra para llevar a las almas a la Trinidad; la única puerta de salvación; el único asilo de paz, de verdad, de estabilidad, de luz y de amor”.

EL TRAJE ECLESIÁSTICO DE LOS SACERDOTES.


Padre José María Iraburu, sacerdote español,
en cuyas obras escritas defiende el uso del hábito
 religioso y el traje eclesiástico, incluso con
amplia libertad sobre las objeciones de otros sacerdotes.

EL SACERDOTE Y LA OBEDIENCIA
El canon 284 del Código de derecho canónico habla del modo de vestir de los clérigos. Este es su tenor literal:

Canon 284: Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar.

Mediante la obligación de llevar traje eclesiástico el Legislador pretende que los clérigos sean reconocidos por todos, como signo de su dedicación y entrega, para dar un testimonio a la sociedad.

No es este el lugar apropiado para describir la evolución de esta norma a lo largo de los siglos. Se puede apuntar, sin embargo, que una norma similar, aun sin la referencia a las normas de la Conferencia episcopal estaba presente en el Código de 1917.

El canon 284 indica que los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno. El modo de determinar el traje eclesiástico queda remitido a dos tipos de normas: las indicaciones de la Conferencia episcopal y la costumbre legítima del lugar. Las Conferencias episcopales determinaron en los Decretos de desarrollo del Código el modo de vestir de los clérigos.

Para abundar más, la Congregación para el Clero aprobó el Jueves Santo de 1994 el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros. En él se incluye un artículo sobre el traje de los sacerdotes:
Artículo 66. En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero -hombre de Dios, dispensador de Sus misterios- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público. El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel -más aún, por todo hombre- su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta razón, el clérigo debe llevar «un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legítimas costumbres locales». El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones de derecho universal.
Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar legítimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente.

Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia.

Este artículo ha sido objeto de una Nota explicativa del Consejo Pontificio para la interpretación de los Textos Legislativos. En ella, después de aclarar que este artículo tiene categoría de Decreto general ejecutorio, y por lo tanto, obliga jurídicamente, da los criterios de interpretación del canon 284 a la luz del artículo 66 del Directorio:

a) Recuerda, también con reenvíos a recientes enseñanzas del Magisterio pontificio en la materia, el fundamento doctrinal y las razones pastorales del uso del traje eclesiástico por parte de los ministros sagrados, como está prescrito en el can. 284

b) determina más concretamente el modo de ejecución de tal ley universal sobre el uso del traje eclesiástico, y así: «cuando no es el talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos, y conforme a la dignidad y a la sacralidad del ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones del derecho universal».

c) solicita, con una categórica declaración, la observancia y recta aplicación de la disciplina sobre el traje eclesiástico: «por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar costumbres legítimas y deben ser removidas por la competente autoridad».

Pero el canon 284 hace una referencia explícita a la costumbre.

Se debe indicar que la alusión a la costumbre del canon 284 se refiere al modo de determinar el traje eclesiástico; sólo basta examinar la redacción misma del canon para comprobar que esta costumbre presupone un traje eclesiástico cuya determinación puede hacer la costumbre, por lo tanto, distinto de la manera de vestir de los laicos. Esta es la interpretación del Consejo Pontificio para la interpretación de los Textos Legislativos en la Nota explicativa citada. Pero aún queda por ver el valor de la costumbre canónica en esta materia.

En el derecho canónico tiene especial relevancia la costumbre, hasta el punto de que el canon 23 afirma que tiene fuerza de ley la costumbre que el legislador apruebe, de acuerdo con el propio Código. Existen tres tipos de costumbre, la que es de acuerdo con el derecho (secumdum legem), la que es extralegal (praeter legem) y la contraria al derecho (contra legem). La costumbre contra legem, bajo ciertas condiciones, puede prevalecer contra la ley escrita. A la luz de las notas anteriores, parece claro que la praxis de no llevar traje eclesiástico sólo puede ser considerada costumbre contra legem. Pero es posible plantearse si esta praxis contra legem puede prevalecer contra la ley escrita.

Según el canon 26, para que una costumbre prevalezca contra una ley, es necesario que se haya observado durante treinta años continuos y completos. Pero, de acuerdo con el canon 24 § 2, si la costumbre ha sido expresamente reprobada por el derecho, no puede adquirir fuerza de ley. En este caso parece que se puede incluir la praxis de no llevar traje eclesiástico.

Queda una última precisión: esta norma obliga a los obispos, a los presbíteros y a los diáconos. No, en cambio, a los diáconos permanentes, de acuerdo con el canon 288.


Autor:  Pedro María Reyes Vizcaíno

En  www.vidasacerdotal.org/

NORMAS PARA PROCEDER EN EL DISCERNIMIENTO DE PRESUNTAS APARICIONES Y REVELACIONES.




Publicamos las Normas para proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones, que fueron promulgadas en latín 1978. El 29 de mayo de 2012 fueron divulgadas por la Santa Sede en varias traducciones a diversas lenguas modernas y acompañadas de un prefacio realizado por el Cardenal Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fechado el 14 de diciembre de 2011. Ofrecemos el Prefacio y las Normas.

Prefacio

1. La Congregación para la Doctrina de la Fe se ocupa de las materias vinculadas a la promoción y tutela de la doctrina de la fe y la moral, y es competente, además, para el examen de otros problemas conexos con la disciplina de la fe, como los casos de pseudo-misticismo, supuestas apariciones, visiones y mensajes atribuidos a un origen sobrenatural. Cumpliendo esta delicada tarea confiada al Dicasterio, hace más de treinta años fueron preparadas lasNormae de modo procedendi in diudicandis presumptis apparitionibus ac revelationibus. El documento, examinado por los Padres de la Sesión Plenaria de la Congregación, fue aprobado por el Siervo de Dios, Su Santidad el Papa Paulo VI el 24 de febrero de 1978 y emanado por el Dicasterio el día 25 de febrero de 1978. En aquel tiempo las Normae fueron enviadas y dadas a conocer a los Obispos sin que se realizase una publicación oficial, en consideración a que se dirigen principalmente a los Pastores de la Iglesia.

2. Como es sabido, con el pasar del tiempo el Documento, en más de una lengua, ha ido publicándose en algunas obras sobre la materia, pero sin la autorización previa de este Dicasterio, competente en la materia. Es necesario reconocer que los principales contenidos de estas importantes medidas normativas son hoy de dominio público. Por lo tanto, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha considerado oportuno publicar las mencionadas normas, proveyéndolas de una traducción a las principales lenguas.

3. La actualidad de la problemática sobre las experiencias ligadas a los fenómenos sobrenaturales en la vida y misión de la Iglesia también ha sido notada recientemente por la solicitud pastoral de los Obispos reunidos en la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios, en octubre de 2008. Tal preocupación ha sido recogida por el Santo Padre Benedicto XVI en un importante pasaje de la Exhortación Apostólica Post-sinodal Verbum Domini, insertándola en el horizonte global de la economía de la salvación. Me parece oportuno recordar aquí la enseñanza del Sumo Pontífice, que debe acogerse como invitación a brindar una oportuna atención a los fenómenos sobrenaturales a los cuales se refiere también la presente publicación:


«De este modo, la Iglesia expresa su conciencia de que Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios; él es “el primero y el último” (Ap 1,17). Él ha dado su sentido definitivo a la creación y a la historia; por eso, estamos llamados a vivir el tiempo, a habitar la creación de Dios dentro de este ritmo escatológico de la Palabra; “la economía cristiana, por ser la alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor (cf. 1 Tm 6,14; Tt 2,13)” (Dei Verbum, n. 4). En efecto, como han recordado los Padres durante el Sínodo, la “especificidad del cristianismo se manifiesta en el acontecimiento Jesucristo, culmen de la Revelación, cumplimiento de las promesas de Dios y mediador del encuentro entre el hombre y Dios. Él, 'que nos ha revelado a Dios' (cf. Jn 1,18), es la Palabra única y definitiva entregada a la humanidad”. (Propositio 4). San Juan de la Cruz ha expresado admirablemente esta verdad: “Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra... Porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado a Él todo, dándonos el todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad” (Subida al Monte Carmelo, II, 22)».

Teniendo presente todo esto, el Santo Padre Benedicto XVI destaca:

«El Sínodo ha recomendado “ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas” (Propositio 47), cuya función “no es la de... 'completar' la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia” (Catecismo de la Iglesia Católica, 67). El valor de las revelaciones privadas es esencialmente diferente al de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en ella, en efecto, a través de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viva de la Iglesia, Dios mismo nos habla. El criterio de verdad de una revelación privada es su orientación con respecto a Cristo. Cuando nos aleja de Él, entonces no procede ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el Evangelio y no hacia fuera. La revelación privada es una ayuda para esta fe, y se manifiesta como creíble precisamente cuando remite a la única revelación pública. Por eso, la aprobación eclesiástica de una revelación privada indica esencialmente que su mensaje no contiene nada contrario a la fe y a las buenas costumbres; es lícito hacerlo público, y los fieles pueden dar su asentimiento de forma prudente. Una revelación privada puede introducir nuevos acentos, dar lugar a nuevas formas de piedad o profundizar las antiguas. Puede tener un cierto carácter profético (cf. 1 Ts 5,19-21) y prestar una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el presente; de ahí que no se pueda descartar. Es una ayuda que se ofrece pero que no es obligatorio usarla. En cualquier caso, ha de ser un alimento de la fe, esperanza y caridad, que son para todos la vía permanente de la salvación. (Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, El mensaje de Fátima, 26 de Junio de 2000: Ench. Vat. 19, n 974-1021)»[1].

4. Es viva esperanza de esta Congregación que la publicación oficial de las Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones pueda ayudar a los Pastores de la Iglesia Católica en su empeño para la exigente tarea del discernimiento de las presuntas apariciones y revelaciones, mensajes y locuciones o, más en general, fenómenos extraordinarios o de presunto origen sobrenatural. Al mismo tiempo desea que el texto pueda ser útil a los teólogos y expertos en este ámbito de la experiencia viva de la Iglesia, que hoy reviste una cierta importancia y requiere de una reflexión más profunda.

William Card. Levada
Prefecto

Ciudad del Vaticano, 14 de diciembre de 2011, memoria litúrgica de San Juan de la Cruz

Nota previa
Origen y carácter de estas normas

Durante la Congregación Plenaria Anual del mes de noviembre de 1974, los Padres de esta Sagrada Congregación examinaron los problemas relativos a presuntas apariciones y a las revelaciones con las que frecuentemente están ligadas, llegando a las siguientes conclusiones:

1. Hoy más que en épocas anteriores, debido a los medios de comunicación (mass media), las noticias de tales apariciones se difunden rápidamente entre los fieles y, además, la facilidad de viajar de un lugar a otro favorece que las peregrinaciones sean más frecuentes, de modo que la Autoridad eclesiástica se ve obligada a discernir con prontitud sobre la materia.

2. Por otra parte, la mentalidad actual y las exigencias de una investigación científicamente crítica hacen más difícil o casi imposible emitir con la debida rapidez aquel juicio con el que en el pasado se concluían las investigaciones sobre estas cuestiones (constat de supernaturalitate, non constat de supernaturalitate: consta el origen sobrenatural, no consta el origen sobrenatural) y que ofrecía a los ordinarios la posibilidad de permitir o de prohibir el culto público u otras formas de devoción entre los fieles.

Por las causas mencionadas, para que la devoción suscitada entre los fieles por hechos de este género pueda manifestarse de modo que quede a salvo la plena comunión con la Iglesia y se produzcan los frutos gracias a los cuales la misma Iglesia pueda discernir más tarde la verdadera naturaleza de los hechos, los Padres estimaron que debe ser seguida en esta materia la praxis que se expone a continuación.

Cuando se tenga la certeza de los hechos relativos a una presunta aparición o revelación, le corresponde por oficio a la Autoridad eclesiástica:

a) En primer lugar juzgar sobre el hecho según los criterios positivos y negativos (cf. infra, n. I).

b) Después, en caso de que este examen haya resultado favorable, permitir algunas manifestaciones públicas de culto o devoción y seguir vigilándolas con toda prudencia (lo cual equivale a la formula “por el momento nada obsta”: pro nunc nihil obstare).

c) Finalmente, a la luz del tiempo transcurrido y de la experiencia adquirida, si fuera el caso, emitir un juicio sobre la verdad y sobre el carácter sobrenatural del hecho (especialmente en consideración de la abundancia de los frutos espirituales provenientes de la nueva devoción).


I. Criterios para juzgar, al menos con probabilidad, el carácter de presuntas apariciones o revelaciones

A) Criterios positivos

a) La certeza moral o, al menos, una gran probabilidad acerca de la existencia del hecho, adquirida gracias a una investigación rigurosa.

b) Circunstancias particulares relacionadas con la existencia y la naturaleza del hecho, es decir:

1. Cualidades personales del sujeto o de los sujetos (principalmente equilibrio psíquico, honestidad y rectitud de vida, sinceridad y docilidad habitual hacia la Autoridad eclesiástica, capacidad para retornar a un régimen normal de vida de fe, etc.).

2. Por lo que se refiere a la revelación, doctrina teológica y espiritual verdadera y libre de error.

3. Sana devoción y frutos espirituales abundantes y constantes (por ejemplo: espíritu de oración, conversiones, testimonios de caridad, etc.).

B) Criterios negativos

a) Error manifiesto acerca del hecho.

b) Errores doctrinales que se atribuyen al mismo Dios o a la Santísima Virgen María o a algún santo, teniendo en cuenta, sin embargo, la posibilidad de que el sujeto haya añadido -aun de modo inconsciente- elementos meramente humanos e incluso algún error de orden natural a una verdadera revelación sobrenatural. (cfr. San Ignacio, Ejercicios, n. 336).

c) Afán evidente de lucro vinculado estrechamente al mismo hecho.

d) Actos gravemente inmorales cometidos por el sujeto o sus seguidores durante el hecho o con ocasión del mismo.

e) Enfermedades psíquicas o tendencias psicopáticas presentes en el sujeto que hayan influido ciertamente en el presunto hecho sobrenatural, psicosis o histeria colectiva, u otras cosas de este género.

Debe notarse que estos criterios, tanto positivos como negativos, son indicativos y no taxativos, y deben ser empleados cumulativamente, es decir, con cierta convergencia recíproca.

II. Sobre el modo de conducirse de la autoridad eclesiástica competente

1. Con ocasión de un presunto hecho sobrenatural que inicie espontáneamente algún tipo de culto o devoción entre los fieles, incumbe a la Autoridad eclesiástica competente el grave deber de informarse sin dilación y de vigilar con diligencia.

2. La Autoridad eclesiástica competente, si nada lo impide teniendo en cuenta los criterios mencionados anteriormente, puede intervenir para permitir o promover algunas formas de culto o devoción cuando los fieles lo soliciten legítimamente (encontrándose, por tanto, en comunión con los Pastores y no movidos por un espíritu sectario). Sin embargo hay que velar para que esta forma de proceder no se interprete como aprobación del carácter sobrenatural de los hecho por parte de la Iglesia. (cf. Nota previa, c).

3. En razón de su oficio doctrinal y pastoral, la Autoridad competente puede intervenir motu proprio e incluso debe hacerlo en circunstancias graves, por ejemplo: para corregir o prevenir abusos en el ejercicio del culto y de la devoción, para condenar doctrinas erróneas, para evitar el peligro de misticismo falso o inconveniente, etc.

4. En los casos dudosos que no amenacen en modo alguno el bien de la Iglesia, la Autoridad eclesiástica competente debe abstenerse de todo juicio y actuación directa (porque puede suceder que, pasado un tiempo, se olvide el hecho presuntamente sobrenatural); sin embargo no deje de vigilar para que, si fuera necesario, se pueda intervenir pronto y prudentemente.

III. Sobre la autoridad competente para intervenir

1. El deber de vigilar o intervenir compete en primer lugar al Ordinario del lugar.

2. La Conferencia Episcopal regional o nacional puede intervenir en los siguientes casos:

a) Cuando el Ordinario del lugar, después de haber realizado lo que le compete, recurre a ella para discernir con mayor seguridad sobre la cuestión.

b) Cuando la cuestión ha trascendido ya al ámbito nacional o regional, contando siempre con el consenso del Ordinario del lugar.

3. La Sede Apostólica puede intervenir a petición del mismo Ordinario o de un grupo cualificado de fieles, o también directamente, en razón de la jurisdicción universal del Sumo Pontífice (cf. infra, IV).

IV. Sobre la intervención de la sagrada congregación para la doctrina de la fe

1. a) La intervención de la Sagrada Congregación puede ser solicitada por el Ordinario, después de haber llevado a cabo cuanto le corresponde, o por un grupo cualificado de fieles. En este segundo caso debe evitarse que el recurso a la Sagrada Congregación se realice por razones sospechosas, por ejemplo: para forzar al Ordinario a que cambie sus legítimas decisiones, confirmar algún grupo sectario, etc.

b) Corresponde a la Sagrada Congregación intervenir motu proprio en los casos más graves, sobre todo si la cuestión afecta a una parte notable de la Iglesia, habiendo consultado siempre al Ordinario y, si el caso lo requiriese, habiendo consultado también a la Conferencia episcopal.

2. Corresponde a la Sagrada Congregación juzgar la actuación del Ordinario y aprobarla o disponer, cuando sea posible y conveniente, un nuevo examen de la cuestión, distinto del estudio llevado a cabo por el Ordinario. Dicho examen puede ser llevado a cabo por ella misma o por una comisión especial.

Las presentes normas fueron examinadas en la Congregación Plenaria de esta Sagrada Congregación y aprobadas por el Sumo Pontífice PP. Paulo VI, el día 24 de febrero de 1978.

Roma, palacio de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 25 de febrero de 1978.

Franjo Card. Šeper
Prefecto

Fr. Jérôme Hamer, o. p.
Secretario


[1] Exhortación Apostólica Post-sinodal Verbum Domini sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, 30 de septiembre de 2010, n. 14: AAS 102 (2010) 695-696. Al respecto véanse también los pasajes del Catecismo de la Iglesia Católica dedicados al tema (cfr nn. 66-67).

EL SACERDOTE Y LA ACTIVIDAD POLÍTICA.


EL SACERDOTE Y LA OBEDIENCIA

El sacerdote, como persona consagrada a Cristo y llamado a identificarse de una manera especial al Señor, tiene como una función especial de llevar la luz del Evangelio entre sus hermanos los hombres (cfr. Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 2). Testigos de las realidades terrenas, no pueden permanecer ajenos a los aconteceres humanos; tienen por ello una específica obligación de no conformarse a este mundo (cfr. Ibidem, n. 3). Por su especial dedicación a la cosas divinas, deben ser especialmente sensibles a las injusticias de este mundo y a la pobreza y demás lacras sociales (cfr. Ibidem, n. 6). Los Obispos, aún más, deben mostrarse especialmente dispuestos a “conocer bien las necesidades [de los fieles], las condiciones sociales en que viven, usando de medios oportunos, sobre todo de investigación social. Muéstrense interesados por todos, cualquiera que sea su edad, condición, nacionalidad, ya sean naturales del país, ya advenedizos, ya forasteros” (Decr. Christus Dominus, 16).

Muchas veces la caridad llevará al sacerdote a ayudar activamente a luchar contra alguna situación de injusticia en su entorno; en esto la Iglesia Católica a lo largo de la historia ofrece un amplio abanico de ejemplos, desde la creación de hospitales para los más necesitados, a la dirección de escuelas y centros de enseñanza para gente sin recursos, pasando por la constitución de cooperativas laborales en regiones desfavorecidas, Organizaciones No Gubernamentales para el desarrollo, etc.

A la vez, se debe tener en cuenta que el orden justo es tarea principal de la actividad política (cfr. Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas est, n. 28); es más, “en este punto, política y fe se encuentran” (Ibidem n. 28).

Sin embargo, no es misión de la Iglesia dar respuestas concretas a los problemas sociales de cada momento o de cada lugar, pues esta es misión del Estado. “La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política” (Ibidem n. 28). La Iglesia puede ayudar de muchos modos a la consecución de los objetivos de justicia social a través de orientaciones morales, de la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia o de la sensibilización de las conciencias en los graves problemas de la sociedad. Pero no debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. La Iglesia no puede ni debe sustituir al Estado.

Es misión de los laicos la transformación de las estructuras temporales de la sociedad: a ellos “corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (Const. Dogm Lumen Gentium, 31). Forma parte de la vocación específica de los laicos “descubrir o idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana impregnen las realidades sociales, políticas y económicas” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 899).

Los fieles laicos actuarán según su personal competencia, y en uso de su libertad propondrán -junto con otros ciudadanos, católicos o no católicos- diversas soluciones a los problemas sociales y políticos de su momento. Tales soluciones serán ofrecidas a la sociedad por propia responsabilidad. Ningún fiel puede atribuirse, a sí mismo o a su programa político, la exclusividad de la doctrina de la Iglesia. Es normal que ante un mismo problema quepan legítimamente muchas soluciones. La Iglesia en cuanto tal no prefiere ninguna solución política de entre las que proponen los ciudadanos. Permanece, sin embargo, el derecho de la Iglesia a “dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones” (Const. Past. Gaudium et Spes, n. 76). Este juicio normalmente será negativo, en el sentido de indicar que determinada doctrina política es contraria la doctrina de la Iglesia: los dos ejemplos más conocidos son la condena del nazismo (Pío XI, Enc. Mit Brenender Sorge) y del comunismo (Pío XI, Enc. Divini Redemptoris) en 1937. Estos juicios morales, cuando se dan, no se deben entender como una intromisión en la legítima libertad de los católicos o en la organización del Estado, sino como una orientación moral a los laicos que les ayuda en su misión de transformar las estructuras temporales a la luz de la doctrina del Evangelio.

El sacerdote o clérigo que pretenda participar activamente de la vida política, en cierto sentido traiciona su peculiar vocación, puesto que “ellos no son del mundo, según la palabra del Señor, nuestro Maestro” (Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 17). Los sacerdotes “son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey”, (Ibidem, n. 1), y su misión principal consiste en ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados y desempeñar públicamente, en nombre de Cristo, la función sacerdotal en favor de los hombres (cfr. Ibidem, n. 2). Los sacerdotes sirven al pueblo cristiano desempeñando sus funciones ministeriales del mejor modo posible; el pueblo necesita sacerdotes entregados a sus funciones, no sacerdotes que intenten ocupar el espacio de los laicos. “Por esto consagra Dios a los presbíteros, por ministerio de los Obispos, para que participando de una forma especial del Sacerdocio de Cristo, en la celebración de las cosas sagradas, obren como ministros” de Cristo (Ibidem, 5). El pueblo cristiano necesita sacerdotes santos, que ofrezcan el sacrificio de Cristo en plena unión con su maestro.

Si esto se puede decir de los sacerdotes, con mayor motivo se puede afirmar de los Obispos, los cuales “puestos por el Espíritu Santo, ocupan el lugar de los Apóstoles como pastores de las almas” (Decr. Christus Dominus, n. 2) y tienen como misión principal la de enseñar, santificar y regir . Su solicitud se debe extender a todos los fieles confiados a su ministerio, e incluso a todas las personas incluso las no católicas (cfr. Ibidem, n. 11).

No se debe olvidar que “los sagrados pastores, en cuanto se dedican al cuidado espiritual de su grey, de hecho atienden también al bien y a la prosperidad civil, uniendo su obra eficaz para ello con las autoridades públicas, en razón de su ministerio, y como conviene a los Obispos y aconsejando la obediencia a las leyes justas y el respeto a las autoridades legítimamente constituidas” (Ibidem, 19). De la dedicación de los Obispos y los sacerdotes al ministerio para el que han sido designados, por lo tanto, se deriva un doble beneficio par la sociedad:


a) La difusión de la doctrina de la Iglesia ayuda a que haya más ciudadanos que busquen la justicia en la sociedad civil. Los ciudadanos católicos tienen un motivo más que los demás ciudadanos para buscar la justicia social, y es la fidelidad a su fe religiosa, y para ellos es además un motivo de gran peso.

b) La difusión de la doctrina de la Iglesia, que es eminentemente espiritual, es un bien en sí mismo para la sociedad. Ningún poder civil puede dejar de lado la dimensión espiritual de los ciudadanos; con pleno respeto a la libertad religiosa -por lo tanto sin preferir una confesión religiosa sobre otras- al Estado le favorece que los ciudadanos tengan vida espiritual porque queda completada la dimensión entera de la personalidad humana.

El Estado no puede prohibir que un Obispo o un sacerdote participe en la vida política, pues sería una intolerable discriminación de una persona por razón religiosa, lo cual sería radicalmente contrario a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (cfr. Asamblea General de las Naciones Unidas, Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, arts. 2 y 18). Los clérigos se abstienen de participar en la vida política de modo voluntario ante la autoridad civil, aunque en su fuero interno el motivo por el que actúan así es la obediencia a la autoridad eclesiástica y la consideración de la excelencia de su vocación.

Con la dedicación de los Obispos a su ministerio espiritual, por lo tanto, los clérigos -Obispos y sacerdotes- fomentan el desarrollo de la sociedad civil sin que sea necesario ni conveniente que participen activamente en la vida política.

Al abstenerse de participar activamente en la vida política no hacen otra cosa que imitar al Señor, el cual rechazó ser declarado rey por sus conciudadanos (cfr. Jn 6, 15). Jesús se proclamó rey ante Poncio Pilato (cfr. Mt 27, 11, 14) aun sabiendo que sus respuestas ante el procurador romano le podían acarrear la muerte (Jn 19, 10) . Esta aparente contradicción se resuelve considerando que el reino del Señor no es de este mundo (Jn 18, 36). Esta doctrina queda claro en el episodio del tributo al César: “dad al Cesar lo que es del César, y dad a Dios lo que es de Dios” (Mc 12, 13-17); también en la respuesta al hombre que le pidió que intercediera para que su hermano repartiera la herencia con él: “¿quién me ha constituido juez o partidor entre vosotros?” (Lc 12, 14). Se puede destacar que en este episodio quizá el que le interpela tenía la razón de su parte en su pretensión. El Señor, sin embargo, reafirma su doctrina de que su reino no es de este mundo y prefiere no dar una sentencia en esta cuestión.

Los clérigos, por lo tanto, al abstenerse de intervenir activamente en actividades políticas imitan el ejemplo del Señor que rechazó intervenir en estas mismas cuestiones, teniendo más motivos que nadie pues es el Creador del Universo y el día de la Parusía vendrá como juez.

CUTIÉ, LUGO Y EL CELIBATO.

EL SACERDOTE Y LA OBEDIENCIA

Escribir sobre las deslealtades de Fernando Lugo y Alberto Cutié hacia Dios y el daño que le hicieron a la Iglesia Católica, se me hace difícil, chocante y me envuelve en tristeza.

¿Y por qué tengo que referirme a estos casos y no a los más de 400 mil religiosos que viven en el anonimato y que son ejemplo de virtudes, predican la Palabra de Dios con abnegación, son valientes misioneros, mártires, arquetipos de lealtad a Dios, a su Iglesia, a su feligresía?

Estos sacerdotes, monjas, hermanos, no hacen escándalos, por tanto “no venden” y no son interés de los medios de comunicación. Como tampoco parece que “vendiera” las persecuciones a los religiosos en los países asiáticos como China, Corea del Norte o en algunos países africanos e islámicos.

Algunos de estos Estados no otorgan visas a sacerdotes, ni tampoco permisos para construir iglesias. Hay casos que el permiso hay que solicitarlo al propio presidente del país. En Turkmenistán, por ejemplo, las autoridades siguen denegando el permiso a la Iglesia ruso-ortodoxa para edificar una catedral.

Incluso apresan a los religiosos por divulgar su fe. En Kazajistán sentenciaron a una misionera rusa de la Iglesia de Unificación por “graves crímenes contra la paz y la seguridad”.

Los casos recientes de Cutié y Lugo han motivado la batahola de la prensa amarilla, de los “modernistas”, de los “caviares” y de tantos enemigos de la Iglesia Católica, que piden el cese del celibato de los sacerdotes que han hecho voto de castidad, para que se esté “a tono” de los tiempos actuales.

Sin pretender juzgarlos, ellos libremente hicieron el voto de castidad. Nadie los obligó. Ellos abjuraron de su palabra a Dios. Y si lo han hecho con Dios, cualquier promesa a los hombres es pueril.

Lugo engañó a los paraguayos, él había prometido erradicar la corrupción y sin embargo, es el primer corrupto.

El padre Cutié fingió ante sus feligreses y como señaló el Cardenal Juan Luis Cipriani, fue “quizás invadido por la soberbia y la vanidad” e incluso “no ha pedido perdón”.

Desgraciadamente las cámaras de televisión a muchos los obnubilan, los hacen sentir poderosos y arrollan a la humildad y modestia. Si de verdad se arrepintiera, debería enviársele por 10 años a un convento benedictino para que recupere los valores perdidos y revalore la oración.

El Hermano Carlos Piccone, de los Hermanos Menores Franciscanos Capuccinos, nos envió una reflexión: “Percibí con mayor claridad lo que dice San Pedro en su primera carta: “el diablo como león rugiente ronda buscando a quien devorar”(1Pe 5,8); ya lo había experimentado el mismo Jesús en Mc 14,27, actualizando la profecía de Zac 13,7b: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. El astuto diablo sabe que saca mayor provecho atacando a los pastores de la Iglesia que ensañándose con una pobre ovejita”

El diablo utiliza cualquier método para que la humanidad entre en el pecado y se aleje de Dios. Los sacerdotes son sus principales blancos. Satanás quiso tentar al Padre San Pío de Pietrelcina apareciendo bajo las formas más variadas: “bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo; bajo forma de un joven amigo de los frailes; bajo forma del Padre Espiritual, o del Padre Provincial; de aquel del Papa Pío X y del ángel de la guarda; de San Francisco; de María Santísima, pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales.

A veces no hubo ninguna aparición, pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre, atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc. Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús”. Dos víctimas espiritualmente débiles fueron, sin duda, Cutié y Lugo.

Hoy el diablo está triunfando porque está haciendo creer a la gente que no existe y que su presencia yace sólo en las fábulas o que es un invento de la Iglesia para que la humanidad se acerque más a Dios.

Volviendo al tema del celibato, que es el objetivo principal del ataque contra la Iglesia, hay que señalar que Jesús fue célibe y fue ejemplo de una vida totalmente consagrada a la misión que Dios le había encomendado.

El celibato permite al sacerdote “unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres” (Código de Derecho Canónico c. 277). Como sugiere San Pablo (1Cor 7,32-34) y lo confirma el sentido común, un hombre no puede entregarse de manera tan plena e indivisa a las cosas de Dios y al servicio de los demás hombres si tiene al mismo tiempo una familia por la cual preocuparse y de la cual es responsable.

“La castidad logra una armonía y complementariedad de cuerpo y alma; de tal manera, que ya no es el sacerdote un hombre cualquiera, sino que es un hombre que recibe un tesoro, un don o un regalo de Dios que lo capacita para vivir esa entrega total, ese amor o ese enamorarse con todas las consecuencias de esa integración de cuerpo y alma a Dios”, expresó Cipriani.

Autor:  Ricardo Sánchez-Serra


Ricardo Sánchez-Serra es periodista y Miembro de la Asociación de Prensa Extranjera.

Fuente: Pressperu.org, 1 de junio de 2009

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís