FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

ORACIÓN PARA QUE NUESTRO SACERDOTES SEAN VERDADEROS SANTOS



Cada año, durante el Jueves Santo, comienzo del Triduo Pascual, todos los Católicos recordamos la extrema importancia de lo que significa el sacerdocio en la Iglesia Católica.

En esta celebración, revivimos la Última Cena, donde Jesús instituyó la Sagrada Eucaristía y dio a los apóstoles un nuevo mandato: “Hagan esto en memoria mía”.

Además, este es el día (por tradición) cuando el Obispo local celebra la Misa Crismal, donde bendice los santos óleos que se utilizan en los diferentes sacramentos de la Iglesia.

Durante esta misma Misa, todos los sacerdotes de la Diócesis son invitados a la Catedral para renovar sus votos sacerdotales. Este es otro gran signo de la belleza y el poder del sacerdocio y nos recuerda una vez más acerca de la dependencia que tenemos de nuestros sacerdotes, ya que sin nuestros sacerdotes no tendríamos Eucaristía y sin Eucaristía no tendríamos sacerdotes. No tendríamos la Presencia Real de Jesús Cristo en nuestros templos y no existiría el Santo Sacrificio de la Misa.
Por qué necesitamos Sacerdotes Santos

No solamente necesitamos sacerdotes para sobrevivir espiritualmente en este mundo, sino que también necesitamos que sean SANTOS. Necesitamos que sean verdaderos pastores, dispuestos a entregar su vida por las ovejas.

Existe un texto de Dom Jean Baptiste Chautard, resumido en 5 puntos, que encuadra perfectamente el por qué necesitamos sacerdotes que vivan una vida de santidad:
  • Si el sacerdote es santo, la gente será devota
  • Pero si el sacerdote solo es devoto, la gente será piadosa
  • Y si el sacerdote solo es piadoso, la gente será, por lo menos, decente
  • Pero si el sacerdote solamente es decente, la gente no encontrará a Dios
  • La generación espiritual que le sigue al sacerdote es siempre un grado menos intenso en la vida de los feligreses que la que el sacerdote recibe de Cristo.

Necesitamos sacerdotes que sean firme ejemplo para nosotros, de manera que conozcamos a través de ellos el modo de vivir la vida de Cristo.

Ellos son nuestros padres espirituales y constantemente los miramos. Frecuentemente se dice que la visión que los feligreses tienen de Dios, se basa en la forma en que el pastor predica y vive el Evangelio.

Bueno, ya está dicho, necesitamos sacerdotes santos.


Cómo orar por los Sacerdotes

Aunque los sacerdotes que necesitamos deben ser santos, gran parte de esa responsabilidad recae sobre nuestros hombros. Los Sacerdotes, Obispos, y el mismo Papa, necesitan nuestras oraciones todos los días.

Sin estas oraciones, ellos son más propensos a caer en las tentaciones. Por esto debemos orar por ellos sin cesar, aquí hay tres maneras:


1.- Ofrecer el Viacrucis por los Sacerdotes

Ellos llevan una gran carga tratando de imitar a Cristo. Seamos como Simón de Cirene y ayudemos a nuestro “alter cristus” a cargar la cruz.


2.- Sábados de oración por los Sacerdotes.

El sábado es un día dedicado a la Virgen, y también a todos los sacerdotes. Ofrezcamos nuestras oraciones y sacrificios por ellos durante todo el día. Esta es una oración que puede ayudarnos:


"Divino Salvador Jesucristo, que has confiado toda la obra de tu redención, el bienestar y la salvación del mundo al sacerdote como representante tuyo, te ofrezco a través de las manos de tu Santísima Madre, todas las oraciones, obras, sacrificios, alegrías y penas de este día por la santificación de los sacerdotes.

Danos Sacerdotes verdaderamente Santos que busquen tu mayor gloria y la salvación de nuestras almas.

Bendice sus palabras y oraciones en el altar, en el confesionario, en el púlpito, en su trabajo con los jóvenes, enfermos, ancianos y todo aquel que busque tu auxilio a través de él.

¿No eres tú, oh María, Madre del Sumo Sacerdote, que protege a todos los sacerdotes de los peligros que atentan contra su vocación?.

Obtenme un verdadero espíritu de fe y humilde obediencia para que pueda encontrar en el sacerdote al representante de Dios y voluntariamente seguirlo en el camino, la verdad y la vida de Cristo.

Amén".


3.- Orar por los Sacerdotes durante cada Misa.

Cada vez que asistimos a la Misa, tenemos un excelente momento para orar por ese cura y pedirle a Dios que lo bendiga y lo haga santo. Esta es otra oración que nos puede servir (se puede orar al recibir la Sagrada Comunión)

"Oh Señor, encuentra refugio y suave descanso dentro del corazón de tu amado sacerdote:

- Nombra a tu querido sacerdote -

Haz de él, oh Señor, un cura conforme a tu corazón: manso, humilde, celoso, de modo que todo lo que haga, tenga tu honra y gloria.

Moldéalo como un hombre de oración y trabajo, insensible a las cosas terrenas, y sensible únicamente a tu amor y a las gracias del Espíritu Santo. 

Amén".

Oremos por nuestros sacerdotes y pidamos a Dios que les conceda abundantes gracias. Que puedan seguir el ejemplo humilde de San Juan Vianney, patrono de todos los sacerdotes.

Tal y como le dijo el diablo al Santo Cura de Ars:

“Si hubiera tres sacerdotes como tú, mi reino sería arruinado”


"HOY HAY MÁS MARTIRES QUE AL PRINCIPIO DE LA VIDA DE LA IGLESIA" - Catequesis completa

San Esteban, “lleno de Espíritu Santo”


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(ZENIT – 25 sept. 2019).- “Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia y los mártires están por doquier”, ha revelado el Papa Francisco en su reflexión semanal ante miles de fieles en la plaza de san Pedro, en la audiencia general.

Este miércoles, 25 de septiembre de 2019, el Pontífice ha continuado el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, partiendo del pasaje “Esteban, “lleno de Espíritu Santo” (Hechos 7, 55) entre diakonia y martyria (Hechos, 6-8-10.15).

“Pidamos también nosotros al Señor que, mirando a los mártires de ayer y de hoy, aprendamos a vivir una vida plena, acogiendo el martirio de la fidelidad cotidiana al Evangelio y de la conformación a Cristo”, ha exhortado al término de la catequesis.“La Iglesia de hoy es rica en mártires”, ha asegurado. “Los mártires no son ‘hombres santos’, sino hombres y mujeres de carne y hueso que, -como dice el Apocalipsis- “han lavado sus vestiduras, blanqueándolas en la sangre del Cordero” (7,14). Ellos son los verdaderos vencedores”.


La calumnia siempre mata

En la catequesis de hoy, el Papa ha relatado el martirio de San Esteban, quien “evangeliza con fuerza y parresia, pero su palabra encuentra la resistencia más obstinada”. Por lo que, sus adversarios eligen “la solución más mezquina para aniquilar a un ser humano: la calumnia o el falso testimonio”, ha recordado Francisco.

“Nosotros sabemos que la calumnia siempre mata”, ha advertido. “Este ‘cáncer diabólico’, nacido del deseo de destruir la reputación de una persona, ataca también al resto del cuerpo eclesial y lo daña gravemente” cuando, “por intereses mezquinos o para cubrir los propios defectos, se entra en coalición para difamar a alguien”.


Diácono, “custodio del servicio”

El Papa ha reflexionado sobre la figura del diácono: “El diácono en la Iglesia no es un sacerdote de segunda categoría, es otra cosa; no está para el altar, sino para el servicio. Es el custodio del servicio en la Iglesia”. Se trata de una “armonía”, –describe– entre el “servicio a la Palabra” y el “servicio a la caridad”, que representa la levadura que hace crecer “el cuerpo eclesial”.


***

Catequesis del Papa 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

A través del libro de los Hechos de los Apóstoles, continuamos siguiendo un viaje: el viaje del Evangelio en el mundo. San Lucas, con gran realismo, muestra tanto la fecundidad de este camino como la aparición de algunos problemas en la comunidad cristiana. Desde el principio ha habido siempre problemas. ¿Cómo armonizar las diferencias que coexisten en ella sin contrastes ni divisiones?

La comunidad no acogía a los judíos, sino también a los griegos, personas procedentes de la diáspora, no judíos, con su propia cultura y sensibilidad y con otra religión. Hoy, nosotros decimos “paganos”. Y los recibían. Esta co-presencia determina equilibrios frágiles y precarios; y ante las dificultades brota la “cizaña”. ¿Y cuál es la peor cizaña que destruye una comunidad? La cizaña de la murmuración, la cizaña del chismorreo: los griegos murmuran por la desatención de la comunidad hacia sus viudas.

Los Apóstoles inician un proceso de discernimiento que consiste en analizar bien las dificultades y buscar juntos soluciones. Encuentran la manera de dividir las diversas tareas para un crecimiento sereno de todo el cuerpo eclesial y evitar descuidar tanto la “carrera” del Evangelio como el cuidado de los miembros más pobres.

Los Apóstoles son cada vez más conscientes de que su vocación principal es la oración y la predicación de la Palabra de Dios: rezar y anunciar el Evangelio;, y resuelven la cuestión estableciendo un núcleo de “siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y sabiduría” (Hch 6,3), que, después de recibir la imposición de las manos, se ocuparán del servicio de los comedores. Se trata de diáconos que han sido creados para esto, para el servicio. El diácono en la Iglesia no es un sacerdote de segunda categoría, es otra cosa; no está para el altar, sino para el servicio. Es el custodio del servicio en la Iglesia. Cuando a un diácono le gusta demasiado subir al altar se equivoca. Ese no es su camino. Esta armonía entre el servicio a la Palabra y el servicio a la caridad representa la levadura que hace crecer el cuerpo eclesial: en efecto.

Y los Apóstoles crean siete diáconos y entre los siete “diáconos” destacan especialmente Esteban y Felipe. Esteban evangeliza con fuerza y parresia, pero su palabra encuentra la resistencia más obstinada. Al no encontrar otra forma para que desista ¿qué hacen sus adversarios?: Eligen la solución más mezquina para aniquilar a un ser humano: es decir, la calumnia o el falso testimonio. Y nosotros sabemos que la calumnia siempre mata. Este “cáncer diabólico”, nacido del deseo de destruir la reputación de una persona, ataca también al resto del cuerpo eclesial y lo daña gravemente cuando, por intereses mezquinos o para cubrir los propios defectos, se entra en coalición para difamar a alguien.

Llevado al Sanedrín y acusado por falsos testigos –lo mismo hicieron con Jesús y lo mismo harían con todos los mártires mediante falsos testimonios y calumnias- Esteban proclama una relectura de la historia sagrada centrada en Cristo para defenderse. Y la Pascua de Jesús muerto y resucitado es la clave de toda la historia de la alianza. Ante esta superabundancia de dones divinos, Esteban, valerosamente, denuncia la hipocresía con que fueron tratados los profetas y el mismo Cristo. Y les recuerda la historia diciendo: “¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado” (Hch 7, 52). No habla con rodeos, sino que habla claro, dice la verdad.

Esto provoca la reacción violenta de los oyentes, y Esteban es condenado a muerte, condenado a la lapidación. Él, sin embargo, manifiesta la verdadera “tela” del discípulo de Cristo. No busca coartadas, no apela a personalidades que puedan salvarlo, sino que vuelve a poner su vida en manos del Señor y en ese momento la oración de Esteban es maravillosa – “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hch 7,59) – y muere como un hijo de Dios perdonando: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (Hch 7,60).

Estas palabras de Esteban nos enseñan que no son los buenos discursos lo que revela nuestra identidad como hijos de Dios, sino sólo el abandono de la propia vida en las manos del Padre y el perdón para aquellos que nos ofenden nos muestran la calidad de nuestra fe.

Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia y los mártires están por doquier. La Iglesia de hoy es rica en mártires, está irrigada por su sangre que es “semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano, Apologético, 50,13) y asegura el crecimiento y la fecundidad del Pueblo de Dios. Los mártires no son “hombres santos”, sino hombres y mujeres de carne y hueso que, -como dice el Apocalipsis- “han lavado sus vestiduras, blanqueándolas en la sangre del Cordero” (7,14). Ellos son los verdaderos vencedores.

Pidamos también nosotros al Señor que, mirando a los mártires de ayer y de hoy, aprendamos a vivir una vida plena, acogiendo el martirio de la fidelidad cotidiana al Evangelio y de la conformación a Cristo.


FUENTE: es.zenit.org 

SEIS ADVERTENCIAS SOBRE EL DIABLO DEL FAMOSO EXORCISTA GABRIELLE AMORTH


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El reconocido exorcista italiano, P. Gabriele Amorth, quien falleció en 2016 a los 91 años, dejó un importante legado en el campo de la lucha contra el demonio, en el que destacan algunas frases claras sobre la acción del diablo en el mundo actual.

Aquí presentamos 6 lecciones que el sacerdote dejó en sus muchos años como exorcista.

Publicación completa original en 


1. “Satanás está siempre activo. Es el tentador desde el principio”

En una entrevista de junio de 2004 realizada por el vaticanista italiano Sandro Magister, el P. Amorth habló sobre la situación del satanismo y la acción del demonio en la cultura actual.

“En términos generales Satanás está siempre activo. Es el tentador desde el principio. Hace de todo para que el hombre peque y cada vez que se realiza el mal, él está detrás, dejando en claro que es el hombre quien decide libremente sus actos. Pero también existe una acción extraordinaria del maligno: y ésta es la posesión diabólica”, dijo en aquella ocasión.


2. “El mundo está bajo el poder del diablo”

En el libro “El último exorcista”, escrito junto al vaticanista Paolo Rodari, el P. Amorth aseguró que "el mundo está bajo el poder del diablo. Y junto con Satanás muchos de sus profetas. Personas que la Biblia llama los falsos profetas. Falsos porque llevan a la mentira y no a la verdad".

"Estas personas existen tanto fuera como dentro de la Iglesia. Son fácilmente reconocibles: dicen que hablan en nombre de la Iglesia pero hablan en nombre del mundo. Exigen de la Iglesia que asuma los roles del mundo, y hablando así confunden a los fieles y llevan a la Iglesia a aguas que no son las suyas. Son las aguas del Maligno”, agregó.


3. “Satanás ataca sobre todo al Papa”

También en su libro “El último exorcista”, el P. Amorth señaló que "Satanás ataca sobre todo al Papa. Su odio por el sucesor de Pedro es feroz. Lo he experimentado en mis exorcismos".

"Después del Papa, Satanás ataca a los cardenales, obispos y a todos los sacerdotes y religiosos. Es normal que sea así. Ninguno se debería escandalizar. Los sacerdotes, religiosos y religiosas, están llamados a una dura lucha espiritual".


4. “Invocar a Juan Pablo II es efectivo contra el diablo”

En mayo de 2011 el P. Amorth señaló a ACI Prensa que San Juan Pablo II se ha convertido, en los últimos años, “en un poderoso intercesor en la lucha contra el demonio”.

"Le he preguntado al demonio más de una vez: ‘¿Por qué te da tanto miedo Juan Pablo II?’ Y he tenido dos respuestas distintas, ambas interesantes. La primera, ‘por qué desarmó mis planes’. Y creo que con eso se refiere a la caída del comunismo en Rusia y en Europa del Este. El colapso del comunismo".

"Otra respuesta que el demonio me dio fue ‘porque arrebató a muchos jóvenes de mis manos’. Hay muchos jóvenes que, gracias a Juan Pablo II, se convirtieron. Tal vez algunos ya eran cristianos pero no practicantes, y luego con Juan Pablo II volvieron a la práctica", explicó.


5. “El demonio quiere la muerte de la Iglesia porque ella es la madre de los santos”

El P. Amorth se refirió a la campaña difamatoria contra el entonces Papa Benedicto XVI, a quien algunos acusaban de encubrir abusos sexuales cometidos por miembros del clero cuando en realidad fue él quien estableció la política de tolerancia cero. El exorcista denunció en aquella ocasión que el demonio "usa" a los sacerdotes para culpar a toda la Iglesia.

"El demonio la tiene contra la Iglesia, quiere la muerte de la Iglesia porque ella es la madre de los santos. Combate a la Iglesia a través de los hombres de Iglesia, pero con la Iglesia no tiene nada que hacer", acotó.

El experimentado exorcista también manifestó que "el demonio tienta a los hombres de Iglesia y entonces no nos debe maravillar si también los sacerdotes, que tienen todos los auxilios divinos, de la oración y los sacramentos, caen en la tentación. También ellos viven en el mundo y pueden caer como hombres del mundo".


6. “El intercesor más efectivo de todos es la Virgen María”

En mayo de 2002, al ser preguntado sobre el intercesor más efectivo de todos, el P. Amorth dijo a ACI Prensa, que "por supuesto que la Virgen es la más efectiva. ¡Y cuando la invocas como María!"

"Una vez le pregunté a Satanás. ‘¿Pero por qué te asustas más cuando invoco a Nuestra Señora que cuando invoco a Jesucristo?’ Me contestó ‘porque me humilla más ser derrotado por una criatura humana que ser derrotado por Él"


FUENTE: www.aciprensa.com 

CARTA DE SAN PABLO A LA VIDA CONSAGRADA -


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Me he preguntado qué carta escribiría san Pablo a la Vida Consagrada, con motivo de este año. Y la respuesta la he encontrado en sus mismas cartas.

A partir de ellas, me permito extraer aquella que sería su carta en este año. En ella aborda cuestiones tan importantes como la vocación, la misión, la vida en comunión y comunidad, y el estilo propio de nuestra forma de vivir.


Prescripto

Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los hermanos y hermanas “religiosos” esparcidos por todo el planeta, a los “consagrados” en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos: ¡gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo! (1 Cor 1,1-2).


Proemio

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotras y vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que yo sienta así de todos vosotros y vosotras, pues os llevo en mi corazón, partícipes como sois todos de mi gracia en la defensa y consolidación del Evangelio. Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero en el corazón de Cristo Jesús. Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, con que podáis aquilatar los mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios (Filp 1, 3-11)


Exposición básica

La vocación

¡Mirad, hermanas y hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios. De él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención, a fin de que, como dice la: El que se gloríe, gloríese en el Señor (1 Cor 1, 26-31).


El Espíritu – el amor de Dios y la nueva vida

Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado… Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. … Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! (Rom 5, 1-10).

Vosotros y vosotras estáis en el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros… Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros. Hermanos míos,… si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (Rom 8, 9-16).

Vivíd según el Espíritu… Dejaos conducir por el Espíritu, no estáis bajo la ley… El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. 24 Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu. No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente. (Gal 5, 16-26).

Ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos. Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos. (Rom 14,7-9).


Los cuerpos y el Cuerpo

Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto (Rom 12,1-3). Orad constantemente.En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros (1 Tes 5, 17-18).

Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función, así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros. Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con alegría (Rom 12, 4-8).


Perfecta libertas!

Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado…. con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justificación, entonces hubiese muerto Cristo en vano (Gal 2, 16-21).

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los que celebrásteis vuestra Alianza con Él os habéis revestido de Cristo: ya no hay europeo, ni africano, ni americano, ni asiático, ni oceánico; no ha y superiores ni súbditos; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa (Gal 3, 24-29)

“Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud” (Gal 5,1). Porque, hermanas, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Gal 5,13-15).

Perfecta caritas!

Vuestra caridad sea sin fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros; con un celo sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Señor; con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración; compartiendo las necesitades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir los unos para con los otros; sin complaceros en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; no os complazcáis en vuestra propia sabiduria. Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hombres: en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres… Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber… No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien (Rom 12, 9-21).


La misión

Así pues, hermanos míos amados, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo no es vano el el Señor (1 Cor 15,58). Velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes. Haced todo con amor (1 Cor 16, 13-14)

Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio (1 Cor 9, 16-19)

Lo que importa es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo, para que tanto si voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os mantenéis firmes en un mismo espíritu y lucháis acordes por la fe del Evangelio, sin dejaros intimidar en nada por los adversarios, lo cual es para ellos señal de perdición, y para vosotros de salvación. Todo esto viene de Dios. Pues a vosotros se os ha concedido la gracia de que por Cristo… no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, sosteniendo el mismo combate en que antes me visteis y en el que ahora sabéis que me encuentro (Filp 1, 27-30).

Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? 15 Y ¿cómo predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien! Pero no todos obedecieron a la Buena Nueva. Porque Isaías dice: ¡Señor!, ¿quién ha creído a nuestra predicación? Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo. Y pregunto yo: ¿Es que no han oído? ¡Cierto que sí! Por toda la tierra se ha difundido su voz y hasta los confines de la tierra sus palabras (Rom 10, 14-18).


Exhortación sobre algunas cuestiones

Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros, y a que progreséis más. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús (1 Tes 4, 1-2).

Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación:
que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor se vengará de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos, pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad. Así pues, el que esto deprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os hace don de su Espíritu Santo (1 Tes 4,3-8) (celibato – virginidad).

Os pedimos, hermanos, que tengáis en consideración a los que trabajan entre vosotros, os presiden en el Señor y os amonestan. Tenedles en la mayor estima con amor por su labor. Vivid en paz unos con otros (1 Tes 5, 12-13). “Que el discípulo haga partícipe en toda suerte de bienes al que le instruye en la Palabra” (Gal 6,6) (obediencia)

Os exhortamos, asimismo, hermanos, a que amonestéis a los que viven desconcertados, animéis a los pusilánimes, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos (1 Tes 5, 14-15) . Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo (Gal 6, 1-4). (correción fraterna);

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filp 4, 4-7). Estad siempre alegres (1 Tes 5, 16). No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos (Gal 6,9) (bondad y alegría).
No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo genero de mal (1 Tes 5, 19-22) (discernimento).

El que crea estar en pie, mire no caiga. No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito (1 Cor 10,12-13). (vigilancia ante las tentaciones)
Por eso, queridos, huid de la idolatría. … No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él? (1 Cor 10, 14.21-22) (fidelidad a la Alianza)

Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. 27 Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” (1 Cor 11, 23-26) (La Cena del Señor).


Invocación conclusiva

Que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros (1 Tes 3, 12). Que El, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama y es él quien lo hará (1 Tes 5,23-24).
Conclusión

Hermanos, hermanas, orad también por nosotros. Saludad a todos vuestros hermanos y hermanas de comunidad con el beso santo. Os conjuro por el Señor que esta carta sea leída a todos. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros (1 Tes 5,25-28).


FUENTE:  www.xtorey.es  

YA ES OFICIAL: ¡MILAGRO DE SANACIÓN EN EL SANTUARIO DE KNOCK , IRLANDA!


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John Curry vio a la Virgen cuando tenía 5 años… y a San José… y a San Juan Evangelista. Pero no sería el único vidente. También los vieron otros 14 paisanos en su pueblo natal, Knock (Irlanda).

Después, con 25 años de edad emigró para trabajar en Estados Unidos como obrero ferroviario. Luego, en su vejez, ya con más de 60 años, fue acogido en una casa de las Hermanitas de los Pobres y ayudaba en misa. También estaba encargado de recoger el comedor cada día.

-“Vaya, veo que usted se llama John Curry y es irlandés… ¿No conocerá Knock, donde la Virgen se apareció? ¿No conocerá al John Curry que se le apareció la Virgen?”- le preguntó una de las hermanas consagradas de la casa que por esos días estaba precisamente leyendo sobre la aparición.

-“Ese John Curry es el que ayuda en misa, con usted, cada mañana en esta casa”- le respondió Curry y luego, divertido por el suceso, lo escribió en una carta.

John Curry, el niño que vio a la Virgen, murió en 1943 con 68 años. Era el último de los videntes de Knock. Nació pobre, vivió pobre y murió pobre. Lo enterraron en una fosa sin lápida, en un cementerio comunal propiedad de las Hermanitas de los Pobres en Long Island.

En el silencio está el mensaje… y el milagro

Knock es una aparición peculiar: muchos testigos y ningún mensaje. La Virgen va acompañada, de su esposo y de su hijo-tutor, Juan, el nuevo hombre de la casa, entregado por Jesús al pie de la Cruz: “Hijo, ahí tienes a tu Madre; Madre, ahí tienes a tu hijo”, le dijo. Durante dos horas, bajo la lluvia, ellos estuvieron allí.

En el santuario de Knock explican que el mensaje no son palabras, el mensaje es la presencia. Y buscando esa gracia que se expande poderosa en el silencio del alma, llegó a Knock Marion Carroll hace treinta años. Enferma de Esclerosis Múltiple.

“Hace treinta años … Marion fue sanada aquí en el Santuario de Nuestra Señora. Hoy, la Iglesia reconoce formalmente que esta curación no admite ninguna explicación médica y se une en oración, alabanza y acción de gracias a Dios”, afirmó el arzobispo de Tuam, Michael Near, este 1 de septiembre en cuya diócesis se encuentra el Santuario de Knock.

En el momento del anuncio y entre el enorme número de peregrinos se encontraban la propia Marion Carroll, su marido Jimmy, sus dos hijos y sus cinco nietos.

Completamente paralizada


Marion (imagen adjunta) tiene en estos momentos 68 años, treinta más que aquel septiembre de 1989 cuando peregrinó a Knock y fue llevada en una camilla debido a la esclerosis múltiple que sufría. Allí pidió a la Virgen que la curara e inmediatamente todos los síntomas de la enfermedad desaparecieron.

Esta mujer relata al Catholic News Service cómo vivió aquel día en el que fue curada en este santuario mariano. Recuerda perfectamente que tuvo que ser llevada en una camilla durante aquella peregrinación diocesana porque estaba “completamente paralizada”.

“Yo era doblemente incontinente, estaba ciega de un ojo y tenía muy poca vista en el otro. No podía comer ni hablar bien, y tenía epilepsia”, cuenta Carroll. Además, explica que sentía cómo se iba muriendo, no por la esclerosis múltiple, sino por todas las complicaciones secundarias que provoca esta enfermedad, y especialmente por las infecciones renales persistentes.

Una brisa susurrante


Una vez dentro del santuario, y tras rezar ante la Virgen, se produjo la bendición de los enfermos y el entonces obispo de Ardgah, monseñor O´Really, la bendijo con la custodia que portaba el Santísimo Sacramento mientras ella estaba en su camilla.

Esta mujer recuerda que “cuando me bendijo, tuve una hermosa sensación, fue algo magnífico, y luego una brisa susurrante me dijo que si abría las sujeciones de la camilla podría levantarme y caminar”.

Tras la Eucaristía, la entonces joven Marion fue trasldada en su camilla al centro de descanso y de cuidados San Juan en Knock. Ya allí los médicos y las enfermeras quedaron extrañados por la insistente petición de la mujer para que abrieran su camilla. Una enfermera le dijo tiempo después que accedió a ello para que se “tranquilizara”.

“Mi curación en Knock no me pertenece”

Sin embargo, tan pronto como pudo estar sin las sujeciones de la camilla pudo bajar las piernas al suelo. “Me puse derecha y no me sentí agarrotada” a pesar de los años de parálisis, afirma. Además, recuperó la voz perfectamente al igual que el movimiento de los brazos.

Marion confiesa: “Mi curación en Knock no me pertenece. Este es un regalo especial para que la gente sepa que Jesús y María están allí”. En estos momentos, esta mujer colabora activamente en su parroquia, cuida enfermos en el santuario mariano y también acompaña a los moribundos.

Por su parte, el padre Richard Gibbons, rector de de Knock, ha explicado que el anuncio de la curación milagrosa se ha producido “después de muchos años de investigación por parte de un comité médico establecido por el santuario de Knock para examinar el caso, y es esta es la primera curación oficial en los 140 años de historia del santuario”.

La carta de un médico especialista en Aparato Digestivo al comité declaraba que “independientemente de si su condición es orgánica o psicológica, la tremenda mejora desde el momento de su visita a Knock es inexplicable”. Y además añadía que “mi sensación es que su mejoría es muy poco probable que se pueda explicar por la sabiduría médica convencional”.


Material publicado en la web www.portaluz.org obtenido en las fuentes Catholic News Service, Cari Filii y agencias

23 CONSEJOS A LOS MATRIMONIOS QUE QUIEREN SER SANTOS


En primer lugar tomad conciencia de que el Santo Matrimonio no es cosa vuestra


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Por: Padre Francisco Javier Domínguez

De la Carta del Apóstol San Pablo a los romanos (12,9-12): Que vuestra Caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

1. En primer lugar tomad conciencia de que el Santo Matrimonio no es cosa vuestra. Es Dios el que os necesita unidos para hacer un gran bien en este mundo. Es Dios el que cuenta con cada uno de vosotros y por ello nunca os faltará su gracia para vivirlo conforme a los planes que Dios tenga para vosotros. No sois dos, sois tres. Y Dios es el centro. Siempre que lo quitéis del centro, el mundo se pondrá en su lugar y vuestro Santo Matrimonio peligrará.

2. El contraer Matrimonio es una llamada que Dios os hace a la SANTIDAD. Es decir, una gran responsabilidad. Tenéis que ser desde vuestro matrimonio luz del mundo y sal para la tierra. Vuestro mundo y vuestra tierra en primerísimo lugar será vuestro hogar, los hijos… Los que se acerquen a vuestro hogar tienen que llevarse la luz de Dios, vuestra oración, el amor, el perdón… Tenéis que ser TESTIGOS de Cristo muerto y resucitado.

3. Para ser un matrimonio Santo es importantísimo que seáis un hombre y una mujer de oración, personas profundamente metidas en el Corazón de Cristo. Y personas profundamente acostumbradas al sacrificio, a la abnegación, al saber bajar la cabeza, saber ceder por el otro, saber bajar la cabeza por que haya paz en el hogar. Evitar siempre la división del hogar. El demonio siempre quiere cargarse la unidad familiar, por ello luchad por ella con uñas y dientes.

4. Sed muy transparentes el uno con el otro, no guardaros nada. Todos somos humanos e imperfectos. Nunca escandalizaros por las meteduras de pata que ha podido hacer el otro. En las mismas circunstancias cualquiera podría haber caído también. Hay que saber perdonar y esperar. Cada uno tiene su tiempo de maduración, de darse cuenta de las cosas. Hay que tener MISERICORDIA ante las pobrezas del otro. Por ello NO TARDAR en buscar un padre espiritual para vuestro matrimonio, un sacerdote de buena doctrina que os ayude a crecer, a madurar y a ser mejores cristianos; y que lo tengáis disponible para confesaros en cualquier momento que lo necesitéis.

5. Ponte muchas veces en el lugar del otro. No pienses solo en ti. Piensa en las necesidades del otro antes que en las tuyas. Cada uno tiene que ser el último para que el matrimonio sea feliz. Y estad siempre dispuestos a cargar con las cargas del otro.

6. Confesaros con un sacerdote como muy tarde una vez al mes, y si podéis todas las semanas mucho mejor. En la Confesión Dios derrama una gracia muy especial y da os da luz y fuerza para caminar por el bien.

7. Compartid juntos un paseo, una película en el cine, una cena, una conversación… Pero solos. Cuando tengáis hijos dejadlos de vez en cuando con los abuelos o con unos buenos amigos. Tened tiempo para vosotros. Interesaos por vuestras cosas. Vuestras luchas, vuestras ilusiones, vuestros sufrimientos, vuestras alegrías… es muy importantes que las compartáis. En el matrimonio hay que hablar mucho. Cuando se deja de hablar de lo que llevamos dentro el amor se debilita. En cambio la ilusión por sorprender al otro, por saber que le gusta, que le ocurre… Es buena tierra para un Matrimonio Santo.

8. Estad muy unidos por la fe. Y nuestra fe se alimenta de muchas maneras, pero especialmente en la Santa Misa Dominical. No faltéis nunca juntos a la Santa Misa, y sentaros juntos. No haced como esos matrimonios que ya no se quieren y se sientan cada uno en una esquina de la iglesia. Vosotros juntos. Para juntos alimentaros de la Palabra y de la Eucaristía.

9. Todas las mañanas de rodillas ante Dios, haced la señal de la Cruz y poned vuestra familia bajo la protección de la Trinidad Santísima. Besad el suelo y decid: Serviam (Te serviré Señor). Haced el ofrecimiento de obras. Y pedid el auxilio de la Virgen y el acompañamiento de vuestros ángeles de la guarda. Poneros agua bendita.

10. Que no haya una noche que os vayáis a la cama sin daros un beso, hacer examen de conciencia y rezar tres Ave María en Cruz que son prenda de salvación eterna y además lo ofrecéis por la Pureza, la conversión de los pecadores y la Salvación del mundo. Y no os vayáis nunca a dormir enfadados. Antes de ir a dormir todos en el hogar deben estar Reconciliados y en la Paz del amor. Rociad la cama y vuestras frentes con agua bendita.

11. Es muy importante que al menos una vez a la semana vayáis juntos al Sagrario, y allí de rodillas frente al Señor, postrados ante Dios, pedid que se fortalezca vuestro matrimonio, pedidle perdón por si no le estáis dando toda la gloria que tenéis que darle con vuestra unión, encomendad a vuestros hijos, a vuestras familias… Y terminad con esta oración: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo.Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la Conversión de los pobres pecadores. Te pido en especial: Por el Papa y sus intenciones, por nuestro Obispo y sus intenciones, por todos los hogares de Marismillas, por nuestro párroco y sus intenciones…Y tras rezar un ratito, llevaros vuestros nuevos testamentos (de la misma edición) y leed al menos un capitulo abierto al azar.

12. Todos los Domingos al atardecer ante un pequeño altar en vuestro hogar donde haya una Biblia, un Crucifijo, Agua Bendita y una fotografía de la Virgen, haced vuestra consagración y la de toda la familia al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Invocad al Espíritu Santo sobre vuestro hogar. Y pedid la protección de la Santísima Trinidad sobre vuestra familia. Los sábados rezad juntos frente a la fotografía de la Virgen una Salve.

13. Cada día rezad del Santo Rosario en familia. Este será el arma más poderosa para vuestro matrimonio y vuestra familia. El demonio os tentará con mil líos, problemas, cansancio… Pero ahí os lo jugáis todo. Aunque sea un solo misterio, ni un día desde que os caséis dejad de rezar el Santo Rosario.

14. Recordad que lo más importante en el hogar es la unión del matrimonio. Si vosotros no os queréis vuestros hijos no serán felices, si vosotros no os perdonáis vuestro hijos no serán felices…Vuestros hijos tienen que ver que os amáis, que os dais un abrazo de vez en cuando, que tenéis palabras de respeto y cariño entre ustedes, que os preocupáis el uno del otro. No martiricéis a vuestros hijos con la frialdad. Los pollitos tienen que crecer en el calor del hogar, y el calor del hogar es el cariño, la comprensión.

15. Que nunca os vean vuestros hijos mentir, hablar con brusquedades, decir palabras feas… Vosotros seréis los maestros de vuestros hijos, y si no sois buenos maestros creareis pequeños monstruitos llenos de odios y rencores. Si os ven perdonar ellos perdonaran, si os ven amar ellos amaran… Y nunca pongáis a los hijos en contra del otro, eso es una locura que trastorna a los niños. Los padres tienen que ser una sola educación, una sola directriz, un solo plan… Las deliberaciones en la intimidad. A los hijos razones claras y firmes.

16. Nunca hablad con vuestras respectivas familias de vuestros problemas o situaciones matrimoniales, ni con los amigos. Las cosas del matrimonio y el hogar, en casa se queda. Si no, luego corre peligro la unión del matrimonio con el resto de familia y amigos. La familia y los amigos son para quererlos no para desahogarnos con ellos sobre los problemas de la intimidad del hogar. Tened un padre espiritual que os ayude en los problemas.

17. Sed un matrimonio generoso. No pongáis medios anticonceptivos en vuestra relación conyugal, que eso pone muy triste al Señor. Asesoraros sobre los medios naturales. Y además, Dios bendice a las familias con cada hijo que llega. No tengáis miedo, sed valientes y Dios os recompensará. Nunca os faltará lo necesario. Rezad y ofreced muchos sacrificios para que se dejen de cometer los abortos, que son crueles asesinatos que dañan mucho el corazón del Señor y la Virgen.

18. La Salvación de vuestro hogar se juega en gran parte en que seáis un hombre y una mujer de Dios, nunca dejéis de rezar por la conversión de cada uno de los que formáis el hogar.

19. Que siempre crezcan vuestros hijos sabiendo que sus padres ejercitaban la caridad con los más pobre, los enfermos… los más débiles. Bendecid siempre la mesa antes de comer: SEÑOR BENDICE ESTOS ALIMENTOS Y A QUIENES LOS HAN PREPARADO, DALE PAN A LOS QUE TIENEN HAMBRE Y DANOS HAMBRE DE TI A LOS QUE TENEMOS PAN. POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR. AMÉN.

20. Sed positivos, alegres. No critiquéis. Amad a vuestros enemigos y perdonadlos con el perdón del Señor.

21. En la circunstancias difíciles, cuando las cosas cuestan sacrificio… Ofrécelo al Señor y a la Virgen: Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por las benditas almas del purgatorio, por la santidad de los sacerdotes, por las familias cristianas y en reparación por los pecados cometidos contra tu Sagrado corazón y el Inmaculado Corazón de María.

22. Cuando nos faltan las fuerzas para llevar a acabo algún trabajo, alguna penitencia, alguna abnegación: POR TU GRACIA SEÑOR Y CON LA FUERZA DE TU ESPÍRITU SANTO… Que yo pueda hacer tal cosa, que yo pueda soportar esa otra…

23. Recordad que cada día en esta tierra nos estamos jugando el cielo o el infierno, no tenemos más tiempo que el que pasemos en esta tierra para decidir donde pasaremos toda la eternidad.


FUENTE: es.catholic.net 

LA SANTIDAD DEL MATRIMONIO EN EL HOGAR


El matrimonio es un regalo de Dios que toda pareja ha de valorar y agradecer al Señor


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Por: P. Juan Carlos Ortega

Como Dios ha equipado a todos los hombres con la vocación al amor y les ha regalado de forma gratuita el fin y las fuerzas, así ha colocado a cada individuo en su estado, que es el lugar y la forma en los que tiene que tender a su destino" (Von Balthasar, H.U., Estados de vida del cristiano, Ediciones Encuentro, Madrid, 1994., pp. 55-56).

De acuerdo a este pensamiento, deducimos que Dios ha regalado al hombre el matrimonio como instrumento y estructura que facilita a la persona humana la vivencia de su vocación al amor. Y, por lo tanto, el católico casado tiene la seguridad de haber recibido de Dios todo lo que necesita para vivir esta misión en el estado matrimonial.

A pesar de ello, el católico siente en su mismo ser, tanto corporal como espiritual, el aguijón del pecado y sus consecuencias. Pero, también, recibe la fuerza revitalizadora de la gracia de Cristo. A causa de la redención, operada ya en el ser humano por medio de Jesucristo, el cristiano no ha de detener su mirada en lo que era el hombre pecador, sino alargar su horizonte hasta redescubrir lo que era el hombre del paraíso y prefigurar lo que será el hombre celestial.
Si lo anterior se puede afirmar de todo cristiano, en cualquier estado al que sea llamado, también se afirma del casado, quien encuentra en el amor matrimonial la posibilidad de superar el desorden del pecado y el camino hacia la perfección personal.


1. El amor matrimonial supera el desorden del pecado.

Los esposos cristianos, al poner su mirada en lo original de la primera pareja, recordarán que lo realmente diverso en ellos es el modo de amar. Un amor que les llevaba al servicio pleno de Dios, manifestado en una total disponibilidad de las cosas materiales y del propio cuerpo y libertad. Por lo tanto, el amor en el estado matrimonial ha de ayudar a ordenar el uso de las creaturas, del cuerpo y de la libertad. En este sentido se podría afirmar que el matrimonio católico es una verdadera consagración a Dios que lleva a los esposos a alcanzar la santidad a través de la vivencia por amor de los consejos evangélicos.


2. Ordena el uso de las cosas materiales.

Los esposos deben formar una actitud de pobreza interior que los lleva a recibir como don de Dios al propio cónyuge y a reconocer en él la única y principal riqueza de su vida. Única porque deben estar dispuestos a renunciar a todo lo material, si ello es obstáculo para la unidad matrimonial. Principal porque desde el momento del matrimonio el valor de una persona se mide, no por los elementos materiales que posee sino, por la entrega al esposo. De este modo el amor convierte la actitud de pobreza en un servicio al amado.

El católico casado tiene la securidad de haber recibido de Dios todo lo necesario para vivir en el matrimonio.

Adán y Eva, en su pobreza, esperaban que todo le viniera de Dios y vivían en una continua solidaridad, hasta el punto que todo lo que tenían era para donarlo al otro. De modo similar, en la vivencia práctica de la vida matrimonial, la actitud de pobreza, vivida por amor, llevará a los esposos cristianos, en cualquier circunstancia económica que les toque vivir, a recibir con alegría lo que el otro le puede aportar por medio de su trabajo y a no guardar nada para sí, sino compartirlo y desear que el otro disfrute de lo marterial antes que uno mismo. Así los esposos, realizarán las palabras de san Pablo: "aunque probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad" (2Co 8,2).


3. Ordena el ejercicio de la sexualidad.

El ejercicio del amor conyugal supera el desorden introducido por el pecado en la sexualidad humana y coloca el eros y el sexo al servicio del amor cristiano y matrimonial. En realidad los esposos no hacen otra cosa sino consagrar a Dios su corazón y su cuerpo para el uso exclusivo del cónyuge y se sirven de ellos para expresar amor en los momentos y del modo como Dios lo ha pensado. Jesucristo se entregó a su Padre y a todos los hombres en la cruz. Su sacrificio y renuncia fueron realizados tanto en el cuerpo como en el espíritu. Esta renuncia realizada por el Hijo de Dios obtuvo la fertilidad que el Padre quería: la redención del hombre.

Los esposos no hacen otra cosa sino consagran a Dios su corazón y su cuerpo para uso exclusivo del cónyuge.

Así los esposos cristianos, para obtener la fertilidad que, en conciencia, creen que Dios les quiere otorgar, unas veces se entregarán mutuamente, por amor, con el cuerpo y el espíritu, y en otras ocasiones, también por amor, renunciarán al deseo espiritual de la posesión del cuerpo.


4. Ordena el ejercicio de la libertad.

El tercer desorden provocado por el pecado, el desorden de la libertad, también es purificado por el sacramento del matrimonio. Al momento de unir sus vidas, los católicos se comprometen a vivir en obediencia a Dios manifiestada en las necesidades y deseos legítimos del esposo respectivo y a ejercer sobre los hijos la autoridad amorosa y delegada de su verdadero Padre.
Adán vivía en plena libertad y autonomía aceptando en todo lo que Dios quería de él. Su obediencia no era sentida como imposición, pues el amor le movía a realizar todo mandato y deseo que podía hacer feliz a Dios, a quien amaba. De modo similar, los esposos cristianos, en el ejercicio perfecto de su libertad y movidos por el amor, no desean otra cosa sino hacer feliz al cónyuge en el cumplimiento de sus mandatos y deseos.
De este modo el hombre cristiano casado, sin renunciar definitivamente a la libertad, ni al ejercicio de la sexualidad, ni a la propiedad, supera el desorden provocado por el pecado en el uso de las cosas materiales, del cuerpo y de la libertad. Lo supera, como el hombre original, por medio del amor.
Pero si la vivencia del amor cristiano en el matrimonio, ayudado por la gracia de la redención otorgada por Cristo, sólo devolviera al hombre la capacidad de ordenar lo que el pecado desordenó, su función sería netamente negativa y condicionada por el pecado. El amor matrimonial encierra mayores riquezas para los esposos cristianos.


5. El amor matrimonial, camino de perfección.

El Nuevo Testamento nos ha revelado que todos los católicos son "elegidos de Dios, santos y amados" (Col 3,12). Y así lo experimentan aquellos que con sinceridad buscan vivir su vocación de ser imagen de Dios en el amor. El cristiano, aunque permanecerá siempre copia, cada día podrá asemejase más al original. La posibilidad de crecer es una condición humana de la que nadie puede escapar. Y esto también se aplica al laico quien ha recibido del evangelio, al igual que el sacerdote y el religioso, el mandato de alcanzar la perfección del Padre sin indicación alguna sobre el hasta dónde debe tender a la santidad o de qué aspectos está dispensado.

....se sirven de ellos para expresar amor en los momentos y del modo como Dios lo ha pensado.

Por consiguiente, si el esposo cristiano está llamado a ser santo y perfecto en el estado matrimonial al que Dios le ha llamado y Él mismo le ha regalado, significa que junto con el estado encontrará todo lo que necesita para ser perfecto y santo. La santidad consiste en reproducir con la mayor perfección posible la imagen original del amor de Dios. Pero recordemos que dicha imagen divina en nuestras almas es fruto principalmente de la acción de Dios, a la que se suma la colaboración dócil del hombre.


6. Signo de la presencia sacramental.

La acción del amor divino en el alma se realiza principalmente por medio de los sacramentos, en los que el Hijo de Dios actúa personal y directamente sobre quienes los reciben. Por otra parte, para que Él se haga presente en medio de nosotros basta una comunidad de dos o tres reunidos en su nombre (Mt 18,20). Por ello, el matrimonio, comunidad de personas en Cristo, es un ámbito humano propicio para que Él, por medio de la vivencia de los esposos, actúe los contenidos de su amor de acuerdo a cada uno de los sacramentos. El sacramento del matrimonio es signo de la vida y entrega total del Hijo de Dios al Padre y a la humanidad. Los esposos cuanto más se entregan por amor el uno al otro, más son signos de la presencia de Jesucristo vivo que vino a salvar a los hombres. La entrega exige en primer lugar la renuncia a lo propio. Como Cristo tuvo que despojarse de su apariencia divina para devolver al hombre el bien que había perdido. Así, por el bautismo, todos nosotros hemos muerto al pecado (Rm 6,2), es decir, al egoísmo de los propios gustos para buscar el bien de los demás. Igualmente, la vida matrimonial exige de los esposos un nuevo modo de pensar y actuar, no centrado ya en sí mismo sino en el bien del matrimonio y de los hijos. En la medida que sean capaces de renunciar por amor a lo propio en beneficio de la familia, están siendo signos de la presencia del amor de Cristo que se hizo hombre, no buscando su bien sino el de la humanidad.

La vida matrimonial exige de los esposos un nuevo modo de pensar y actuar.

Además de la renuncia, la entrega tiene otra cara, que se llama sacrificio, y al que la revelación nos invita expresamente: mbién nosotros debemos dar la vida por los hermanos"(1Jn 3,16). Cada vez que los esposos se sacrifican por el cónyuge o los hijos son signos de la presencia del amor de Jesucristo, para quien no fue suficiente entregarse de una vez para siempre, sino que quiso perpetuar su sacrificio cada día y en todas las partes del mundo. Así, en el sacrificio eucarístico, los esposos encuentran fuerzas para no poner límites en el tiempo a su entrega sacrificada y diaria.
Pero la finalidad del sacrificio de Cristo es la unidad de todos los cristianos en Él: "todos nosotros seamos un cuerpo, ya que todos participamos de un sólo pan" (1Co 10,17). Del mismo modo, todo sacrificio que exige la vida matrimonial debe buscar, ante todo, mantener la unidad entre los cónyuges, de ellos con los hijos y de los hermanos entre sí. Entonces, la unidad familiar, fruto del amor conyugal, será signo del amor que debe existir entre todos los cristianos, fruto de la unidad de cada uno con Jesucristo.

El culmen del sacrificio del Hijo de Dios se descubre en la cruz, cuando perdona a aquellos que le crucificaron. Perdón, que como su sacrificio, ha querido perdurar durante toda la vida y en todo lugar por medio del sacramento de la penitencia. Como el maestro, así los cristianos debemos perdonarnos unos a otros (Ef 4,32; Col 3,13). Por su parte, los esposos cristianos no pueden quedar excluidos de esta obligación en el seno de su matrimonio. Han de perdonar, incluso cuando sientan que ha sido su propio esposo quien les ha colocado en la altura de la cruz. Y han de perdonar como Él, para quien no existe una última oportunidad: ´porque te amo te perdono, y también te perdonaré mañana si vuelves a ofenderme´. Esta actitud del corazón del esposo cristiano es signo del amor por el hombre que Cristo tuvo desde la cruz.

Mientras caminaba por los senderos y ciudades de Palestina, Jesús manifiesta una especial sensibilidad por los enfermos y tullidos. Hoy mantiene esta expresión de su amor por medio de la unción de los enfermos. No quiere dejar sólo ni desamparado al cristiano en el momento del dolor y de la muerte. Así la presencia del esposo junto al lecho de la enfermedad del cónyuge, incluso cuando éste, por su debilidad, ya no tiene posibilidad de ofrecerle nada, expresa el amor fiel del Padre y de su Hijo quienes le recibirán y colmarán el amor matrimonial vivido en este mundo.

Cada vez que los esposos se sacrifican por el cónyuge o los hijos son signos de la presencia del amor de Jesucristo.

Todo lo anterior no es sino la realización del sacramento de la confirmación, por la que cada cristiano se convierte en apóstol y transmisor de la doctrina y vida de Cristo. Aún más, vivido el matrimonio de este modo, también los esposos son signos del sacramento del sacerdocio instituido por el amor de Cristo para administrar las gracias de Dios. Los esposos entre sí y como padres de familia respecto a sus hijos son instrumentos de la gracia Dios. Los hijos se acercan a los sacramentos preparados por su padres. Y éstos se apoyan mutuamente para mantener y recuperar la vida de gracia y de unión con Dios.


7. Colaboradores de Dios en la creación

Se trata pues de una participación del hombre en la soberanía de Dios que manifiesta también la responsabilidad específica que le es confiada en relación con la vida propiamente humana. Es una responsabilidad que alcanza su vértice en el don de la vida mediante la procreación por parte del hombre y la mujer en el matrimonio.


8. La oración, escuela de amor.

La estructura matrimonial facilita, por lo tanto, a los esposos el ser imagen de la acción del amor de Dios a través de los sacramentos. Pero el amor de Dios se derrama también por medio de la oración.

Oración que pueden realizar ayudándose de la predicación de los ministros, siempre y cuando la reciban "no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios" (1Ts 2,13). Los esposos, al acudir unidos a la predicación, pueden con más facilidad, mediante el diálogo, hecho también oración, aplicar la Palabra de Dios escuchada tanto a lo ordinario como a lo circunstancial de su vida matrimonial.

Los esposos deben realizar también la oración personal y privada, para que, una vez conocidas y asimiladas las virtudes de Cristo, traduzcan en obras, bajo la guía de un prudente director, los frutos de su contemplación. Es en la oración donde el Espíritu de Cristo ilumina a los esposos para amar al cónyuge y a los hijos como el mismo Jesucristo los ama en las circunstancias concretas de edad y temperamento.

...para quien no fue suficiente de entregarse de una vez para siempre, sino que quiso perpetuar su sacrificio cada día.


9. Signo de la vivencia de las virtudes teologales.

Al ser signo del amor de Cristo que se derrama a través de los sacramentos y de la oración, el estado matrimonial se convierte en luz del mundo, cumpliendo lo mandado por el Señor: "¡Luzca así vuestra luz delante de los hombres!" (Mt 5,16). El acto mismo del compromiso matrimonial que ambos cónyuges declaran el día de su boda es signo claro de lo que debe ser toda la vida cristiana: una respuesta de amor a la llamada amorosa de Dios.

¡Qué importante es para los esposos que su promesa de fidelidad sea, en primer lugar, promesa a Dios, y, sólo después, promesa al cónyuge! ¿Por qué? Porque sólo Dios es fiel, y nada más él puede asegurar lo que el amado promete. Sólo porque se tiene la fe y la confianza en la gracia de Dios, que acompañará al consorte, se puede esperar y creer en las palabras de fidelidad de éste.
Pero el acto del compromiso matrimonial no es luz para el mundo sólo por lo que entraña de fiarse de la palabra ajena. Su luz más radiante proviene de lo que uno mismo es capaz de prometer. Toda vida matrimonial que inicia entraña un verdadero riesgo, se inicia una hoja en blanco en la que ninguno de los dos esposos saben qué se escribirá en ella. Pero ambos prometen amor y entrega absoluta incluso en la adversidad, entendida ésta tanto como proveniente de fuera de la pareja como causada por el propio cónyuge. Prometer una fidelidad tal es "para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios" (Mc 10,27).

De este modo, la vida matrimonial se convierte también en modelo de la cruz y el sacrificio de Jesús:"A vosotros se os ha concedido la gracia no sólo de creer en Cristo, sino de padecer por él" (Flp 1,29). Los esposos sufren por Jesucristo cuando, en respuesta a su generosidad, no reciben del cónyuge lo prometido. Ellos, en razón de la promesa realizada a Dios, permanecen fieles. "Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas" (1Pe 2,20-21). Bien había entendido la verdad de su compromiso aquella esposa que un día me dijo: "veo, padre, que Dios me pide ser mártir de mi matrimonio". Los esposos cristianos han de estar convencidos que el sacrificio no puede desaparecer de su vida matrimonial, como no desapareció de la vida de Cristo, cuyo amor tratan de reproducir en el matrimonio.


10. Exigencia del apostolado.

Pero aún quedaría un aspecto más en el que la vida matrimonial debe ser imagen del amor de Dios. "En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él" (1Jn 4,9). Si el amor de Dios hizo que él viniera al encuentro del hombre para acercarle a sí mismo, los esposos cristianos serán imagen del amor de Dios cuando, saliendo de su entorno familiar, vayan al encuentro de otros hombres para transmitir su fe en Dios.

Los dones de ser imágenes de Dios y de reproducir su amor divino a través de la vida matrimonial no pueden ser recibidos por los esposos cristianos de forma pasiva. Los esposos cristianos tienen la misión de ser apóstoles del matrimonio y de la familia. Han de transmitir con su testimonio, con su palabra y con sus acciones la grandeza de la gracia del matrimonio que Dios les ha regalado y ellos se esfuerzan por vivir.

Ciertamente el matrimonio cristiano es un don de Dios a la humanidad, pues ofrece todos los elementos que el ser humano requiere, no sólo para superar el desorden creado en él por el pecado, sino que lo encauza a la vivencia del amor absoluto para realizar su misión de ser imagen y semejanza de Dios.

FUENTE: es.catholic.net 

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís