FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

SANTOS INCORRUPTOS.


Incorrupto: Un cuerpo humano que después de la muerte permanece sin propiedades de descomposición a pesar de no haber sido embalsamado o preservado de ninguna manera. 

Son muchos los cuerpos de santos que naturalmente se mantienen incorruptos a pesar de muchos años de su muerte. Algunos santos se van secando muy lentamente pero sin las propiedades de la corrupción. Algunos han producido fragancias u otros fenómenos milagrosos. 

Los que se han secado en algún grado a veces están recubiertos de cera sobre la negrura propia del tejido externo. Es el caso, por ejemplo de Santa Catalina Labouré, San Vicente de Paul, Santa Vittoria, etc. Otros se conservan con escaso tratamiento de este tipo: como el de Santa Catalina de Bolonia, Santa Margarita Redi, el Beato Sebastián de Aparicio (que se conserva en la Ciudad de Puebla, México) o San Francisco Xavier (que se conserva en Goa, la India, y fue muy "maltratado" por la "caza de reliquias").

Los incorruptos manifiestan el favor divino y son prenda del favor de Dios.

Dios dijo a Adan: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres y al polvo volverás" -Gen. 3,19. Se trata del castigo por el pecado que padecen todos los hombres. Pero Dios ha querido preservar por un don sobrenatural que desafía las leyes de la naturaleza, a algunos hombres y mujeres de extraordinaria santidad.

Es Dios quien ha preservado incorruptos los cuerpos mortales de algunos santos. Ha querido así manifestar claramente Su gloria, Su absoluta potestad sobre la naturaleza y testimoniar la santidad que El mismo comunica por medio de Su Iglesia a los hombres, templos del Espíritu Santo.

¿Pueden haber incorruptos fuera de la Iglesia Católica? Hemos recibido noticia de un pentecostal chileno cuyo cuerpo fue encontrado incorrupto, pero no lo hemos podido confirmar. De ser cierto sería excepcional ya que los casos de verdaderos cuerpos incorruptos comprobados son de personas que vivieron intensamente unidos a Cristo Eucarístico, a su Madre y a su Iglesia. 

Fuera de la fe cristiana. Los seguidores de Paramahansa Yogananda dicen que su cuerpo está incorrupto, pero su certificado de defunción claramente demuestra que fue embalsamado.

De algunos santos que no son incorruptos se han hecho réplicas de cera para contener las reliquias de sus huesos. Así, por ejemplo, San Pascual Baylón: la actual representación es copia de lo que fue su cuerpo incorrupto, reproducido gracias a fotografías, dado a que su cuerpo fue profanado e incinerado por los comunistas durante la Guerra Civil Española; o el cuerpo de Santa Inocencia o Santa Celeste: que son bellísimas imágenes de cera y semejan excelentemente cuerpos humanos, pero son relicarios que conservan en su interior los huesos de estas santas. 

En el caso del cuerpo del Papa Beato Juan XXIII, he sabido que se le realizó cierto tratamiento de embalsamamiento para que soportara el velorio y las ceremonias y hay testimonios del médico-científico que lo realizó. Sin embargo es extraordinario que se preserve tantos años.

Veneración 
Al venerar estos cuerpos reconocemos la gloria de Dios, el único que puede hacer este milagro y honramos la santidad que deseamos de corazón imitar.

"Los cuerpos de los santos mártires y otros que viven ahora con Cristo, cuerpos que eran sus miembros y templos del Espíritu Santo, que un día se levantarán por Él y serán glorificados en la vida eterna, pueden ser venerados por los creyentes. Dios da muchos beneficios a los hombres a través de ellos." (Concilio de Trento)

Hay que distinguir tres tipos de preservación: 1- milagrosa (incorruptibles), 2- deliberada por medios científicos, 3- natural y accidental.

La incorruptibilidad es la preservación milagrosa y como tal no obedece a ninguna ley natural ni depende de ninguna circunstancia (humedad, temperatura, tiempo, cal u otros elementos. No fueron embalsamados o tratados de ninguna forma. Algunos exuden aroma como perfume. No todos los cuerpos incorruptos se mantienen igual indefinidamente.

La incorruptibilidad no es momificación. Los cuerpos momificados están rígidos y secos.

Lista de los Santos, Beatos y Venerables incorruptos
Compiladas por Fray Pío de Jesús Crucificado quien atestigua que son tales por leer los documentos y testimonios, o incluso poseer videos. Algunas mas son documentadas por peregrinaciones de las Siervas y al Padre Jordi Rivero (Algunos, no todos, permanecen en la actualidad incorruptos):

-Juan Bautista Scalabrini, obispo italiano (n. Milán, 8 de julio de 1839 - m. Piacenza, 1 de junio de 1905). Ordenado sacerdote en 1862, fundó en 1887, la Congregación de Hermanos Misioneros de San Carlos Borromeo (conocidos como Scalabrinianos), fue Nuncio Apostólico en Argentina (1898) y posteriormente, Arzobispo de Piacenza (1902-1905), en cuya diócesis murió en 1905, a la edad de 66 años, y fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1997. Sus restos incorruptos yacen en la cripta bajo el altar de la Catedral de Piacenza.

Beato Alessio de Riccione

Beato Aloysius Stepinac
(Obispo Mártir con baño de cera),

Beata Ana María Taigi 
(Laica, Terciaria Trinitaria, con baño de cera)

-Santa Ángela Merici Su cuerpo fue expuesto por treinta días.

Beato Ángelo de Acri, capuchino
con una mascarilla de cristal para proteger el rostro


Anselmo de Biaggio, San
(sin tratamiento ninguno, cuerpo seco)

Santa Aurelia
Revestida de cera
-San Bernardino de Siena. Su cuerpo sangró por muchos días después de muerto y fué expuesto por veintiséis días.

Bernardita Soubirous
Bernardita Soubirous, Santa, vidente de la Virgen de Lourdes. Murió en 1879. Santa Bernardette todavía se puede observar incorrupta en su capilla de su conventoen Nevers, Francia, dentro de un féretro de cristal donde parece estar dormida. Su dulzura y paz aun toca los corazones (ver foto). 
Hemos celebrado misa junto a ella varias veces.

Juan Bosco, San (con baño de cera),
Muere el 31 de enero de 1888, su cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.
-Catalina de Bolonia, Santa (Clarisa),
-Catalina Labouré, Santa, Vidente de la Virgen de la Medalla Milagrosa
con tratamiento de cera, está en la capilla de las apariciones en Rue de Vac, Paris.
-Catalina de Siena, Sana (con tratamiento en siglo XX y muy maltratada por caza de reliquias),
-Venerable Catalina de Jesús (Carmelita sin tratamiento de cera),
-Clara de Asís, Santa, fundadora de las Clarisas, con tratamiento de cera muchísimos años después de su muerte. El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida. En la Basílica de Sta. Clara encontramos su cuerpo incorrupto y muchas de sus reliquias.
-Clara de Montefalco, Santa. Su cuerpo y su corazón incorruptos se veneran en Montefalco, Italia.

San Erminio Riccardo Pampuri,
Hermano Hospitalario de San Juan de Dios y Médico Cirujano
(Continuará)

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD: APOSTOL DE LA EUCARISTÍA.

San Pedro Julián Eymard 



Fundador de los Sacerdotes del Santísimo Sacramento, Las Siervas del Santísimo Sacramento, Archicofradía del Santísimo Sacramento y otras obras.

Fiesta: 2 de agosto

Pedro Julián nació en un pueblito de la diócesis francesa de Grénoble, llamado Mure d'Isére, en el año 1811. En la misma diócesis ocurrieron las apariciones de la Virgen en La Salette.

Trabajó con su padre en su fábrica de cuchillos y mas tarde en una prensa de aceite, hasta que cumplió 18 años. En sus horas libres estudiaba latín y recibía clases de un sacerdote de Grénoble, con quien también trabajo por un tiempo.

En 1831 entra en el seminario de Grénoble y en tres años es ordenado sacerdote.

En sus primeros cinco años de sacerdote sirvió en una parroquia en Chatte y Monteynard. Luego pidió permiso al obispo para ingresar en la Congregación de los Maristas. El obispo le concede diciendo: "La mejor prueba de estima que puedo dar a esa congregación es permitir a un sacerdote como vos ingresar en ella". Al terminar su noviciado, Pedro Julián fue nombrado director espiritual del seminario menor de Belley y mas tarde fue elegido provincial de Lyon en 1845.

La Eucaristía incendia su corazón

El centro de su vida espiritual había sido siempre la devoción al Santísimo Sacramento. El santo decía: "Sin El, perdería yo mi alma". El santo nos relata una experiencia extraordinaria en una procesión de Corpus Christi, mientras llevaba al Santísimo en sus manos: "Mi alma se inundó de fe y de amor por Jesús en el Santísimo Sacramento. Las dos horas pasaron como un instante. Puse a los pies del Señor a la Iglesia de Francia, al mundo entero, a mi mismo. Mis ojos estaban llenos de lágrimas, como si mi corazón fuese un lagar. Hubiese yo querido en ese momento que todos los corazones estuvieran con el mío y se incendiaran con un celo como el de San Pablo".

Hizo una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Fourviéres en 1851: "Me obsesionaba la idea de que no hubiese ninguna congregación consagrada a glorificar al Santísimo Sacramento, con una dedicación total. Debía existir esa congregación … Entonces prometí a María trabajar para ese fin. Se trataba aún de un plan muy vago y no me pasaba por la cabeza abandonar la Compañía de María…¡Que horas tan maravillosas pasé ahí! ".

Las Fundaciones y las pruebas

Fue aconsejado por sus superiores a no tomar ninguna decisión hasta que su proyecto estuviera más maduro. Después de 4 años en la Seyne, alentado por los mismos fundadores de los Maristas, Pío IX y el venerable Juan Colin, decide salir de la Compañía de María para fundar la nueva Congregación de Sacerdotes adoradores del Santísimo Sacramento, en1856. Presenta su plan al Monseñor Sibour, Arzobispo de París. Recibió la aprobación de Mons. Sibour a los 12 días.

Pedro Julián junto con un compañero se instaló en la casa que el mismo Monseñor puso a su disposición. El 6 de enero de 1857, en la capilla de la casa, Julián por primera vez expuso el Santísimo Sacramento y predicó en la nueva congregación.

El Padre Eymard tuvo que enfrentar muchas críticas por haberse salido de la Compañía de María y sufrió oposición a su obra. El Santo les decía: "No comprenden la obra y creen que hacen bien en oponerse a ella. Ya sabía yo que la obra iba a ser perseguida. ¿Acaso el Señor no fue perseguido durante su vida?".

Muchos eran los llamados, pero pocos los escogidos. Los P.P. de Cuers y Champion fueron los primeros miembros de la Congregación. El progreso fue lento y con muchas dificultades. Tuvieron que cambiar de casa. En 1858 consiguieron una capillita en el suburbio de Saint-Jacques. El P. Eymard llamó a ese lugar "la capilla de los milagros" porque por 9 años, el Señor se derramó allí en abundancia. El Santísimo se exponía 3 veces por semana. El siguiente año, Pío IX emitió un breve en alabanza a la congregación.

Se abre la segunda casa en Marsella y la tercera en Angers en 1862. Para entonces habían suficientes miembros para establecer un noviciado regular. Los sacerdotes rezan el oficio divino en coro y ejercen ministerios pastorales. Su principal misión es la adoración del Santísimo Sacramento, en lo cual ayudan los hermanos legos.

El P. Eymard funda la congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento en 1852, también dedicadas a la adoración perpetua y a propagar el amor al Señor. También funda laLiga Eucarística Sacerdotal cuyos miembros se comprometen a una hora diaria de oración ante el Santísimo.

Trabajar con los sacerdotes y religiosas no fue su único objetivo. Funda la "Obra de Adultos", organización que se dedica a preparar a hombres y mujeres adultos para la primera comunión cuando por razón de edad o trabajo no podían asistir a la catequesis parroquial.

Organizó la Archicofradía del Santísimo Sacramento que luego el derecho canónico ordena establecer en todas las parroquias. Escribió varias obras sobre la Eucaristía que han sido traducidas a varios idiomas.

Muchos lo consideraban un verdadero santo, se le notaba en todo: en su vida diaria llena de obras y virtudes, en especial el amor, y en sus dones sobrenaturales. Tenía visiones proféticas, adivinaba los pensamientos y leía los corazones.

San Juan Bautista Vianney lo conoció personalmente y dijo de él: "Es un santo. El mundo se opone a su obra porque no la conoce, pero se trata de una empresa que logrará grandes cosas por la gloria de Dios. ¡Adoración Sacerdotal, que maravilla! … Decid al P. Eymard que pediré diariamente por su obra".

En sus últimos años de vida, el P. Eymard tuvo una gota reumática, padecía de insomnio y otras tantas enfermedades. A sus sufrimientos se añadían innumerables dificultades.

Una vez dejó ver el desaliento que sufría, según escribe el P. Mayet en 1868: "Nos abrió su corazón y nos dijo: 'Estoy abrumado bajo el peso de la cruz, aniquilado, deshecho'. Necesitaba el consuelo de un amigo, ya que, según nos explicó: 'Tengo que llevar la cruz totalmente solo para no asustar o desalentar a mis hermanos' ".

Presentía su muerte. Su hermana le pidió en febrero que fuera con mas frecuencia a Mure, el le dijo: "Volveré mas pronto de lo que imaginas". El P. Eymard fue a visitar a sus amigos y penitentes, hablándoles como si fuese la última vez que los veía. El 21 de febrero el Padre Eymard salió de Grénoble rumbo a la Mure. Por el intenso calor y cansancio, llega casi sin conocimiento y con un ataque de parálisis parcial.

Muere el 1 de agosto. Antes de finalizar ese año ocurren varios milagros en su tumba.

En 1895 la Santa Sede confirmó la Congregación "in perpetuum".

El Padre Eymard es beatificado en 1925 y es canonizado el 9 de diciembre de 1962 por S.S. Juan XXIII.

Bibliografía: 
J.M. Lambert, Colección Les Saints (1925).

Fuente: 
corazones.org


EL INFIERNO REAL VISTO POR OLIVA CON JESUS. (PARTE 5)

Narraciones por el Padre Carlos Cancelado

El Padre Carlos Cancelado nos muestra esta sorprendente e inaudita Revelación de Nuestro Señor a Matilde Oliva Arias, la Vidente de Jesús de la Misericordia, a quien nuestro Señor llevó para mostrarle EL INFIERNO, y para que cuente lo que viera.

Video 5 de 10.



Vi hombres y mujeres de todas las edades, que llevaban la lengua afuera, y un demonio iba montado sobre sus hombros, metiéndole su lengua en la boca de ellos. Era una gran cantidad y le pregunté al Señor ¿Quiénes son Señor, y porque traen ese demonio? Me dijo:”

Son todos los chismosos, calumniadores, mentirosos, son todos aquellos incapaces de domar la lengua. Que hicieron mal, pues está cargada de veneno mortal, como escrito está en mi Apóstol Santiago “Sepan domar su lengua” El demonio que llevan es el demonio del chisme, Ore para que se conviertan, porque algunos están vivos, y no vengan a este lugar de castigo.”

Vi hombres y mujeres que de sus bocas salían sapos y víboras. ¿Y estos quiénes son? Pregunté. “Son todos los que pudieron enseñar mi fe y mi doctrina y no lo hicieron. Pero sí enseñaron cosas falsas basadas en teorías sin poderse comprobar. Son los maestros, escritores, catequistas, Sacerdotes y padres de familia, y todo el que pueda enseñar mi fe. Y toda persona que destruya la fe de mis pequeños niños. Yo les he escrito, hay del que enseñe otra palabra, hay del que escandalice a uno de estos pequeños, mas le valiera amarrarse una piedra de moler al cuello y tirarse al mar. Ore, ore porque para ellos, el castigo es tremendo. Y no lleguen al lugar del castigo."

Vi familias y padres e hijos golpeándose. De sus bocas salieron llamas de fuego. Y pregunté: ¿porque vienen aquí y porque los atormenta el demonio, y porqué sale fuego? Y me dijo: “Son los padres que no se hicieron AMAR y RESPETAR con sus hijos, los insultaron. Son los hijos altaneros y groseros con sus padres.” Y pregunté: ¿Por qué van ellos ahí? Y me dijo:”Al final cuando cada uno se presente ante el Justo Juez, sino fueron buenos van a decir, maldito de mi por no haber respetado y amado a mis padres. Y por esa maldición va al infierno. O va a decir, maldito por no obedecer y seguir la fe católica. O al contrario, van decir, maldito mis padres porque no me enseñaron a respetarlos y amarlos. 


Por esa maldición los padres van al infierno. Al contrario los padres deben RESPETAR y DAR AMOR a sus hijos. JAMAS CON INSULTOS. “Ore, ore, porque algunos pueden salvarse”

Vi que en esas casas, donde el padre y la madre insulta a sus hijos, los demonios salen de sus bocas como gusanos o serpientes que se arrastran. Y poco a poco van y se meten al otro hijo, o al esposo que está lejos.

Vi que la única manera para acabar esos demonios en esas casas, es rezar y especialmenteel Santo Rosario.

Vi gente de toda clase y edades que votaban dinero al aire, y alrededor de ellos gente muriéndose de hambre. ¿Y estos quiénes son y porque van al infierno? Y me dijo:” Son todos los que desperdician el dinero en lo que no sirve, son los que compran cosas innecesarias, son los que hacen fiestas para sus gustos, invitan únicamente a los que puede llevarles algo o loS invitan a otra fiestas. Son todos los que desperdiciaron comprando demasiadas cosas y las dejan dañar en sus refrigeradores en vez de regalarlas. Y nunca hacen obras de misericordia, solo piensan en ellos mismos, mientras alrededor del mundo se mueren de hambre. Ore, ore por ellos para que se conviertan, y no vayan al lugar del castigo”.

Vi jóvenes que llevaban aparatos en sus oídos, no pregunté que aparatos eran porque no los conozco, conectados a una radio, caminaban como sonámbulos. Por esos aparatos les entraban escorpiones, sapos y muerte. Y pregunte ¿Quiénes son? Y me dijo: “Son todos aquellos que escuchan música satánica, rock, la música metálica y se han convertido en adoradores del diablo, que los llevan a su propia muerte y les hacen perder el sentido de la vida; son todos los que entran a culto satánico, discotecas o en sus casas se encierran escuchando a alto volumen esa maldita música, para ellos la vida no tiene sentido, ni estudiar ni nada. Se vuelven perezosos y rebeldes. Pobre juventud, va a la perdición, ya no hay inocencia en los mayores de 4 años. La maldita televisión y la música los han pervertido, y su corazón enceguecido se van alejando de mí. Ore, ore, para que Yo pueda rescatarlos, pues viajan como moscas al mortecino. Ore, ore para que abandonen todo, y no lleguen al lugar de castigo elegido por ellos”.

Vi hombres y mujeres de toda clase, que caminaban de espalda, y un demonio los arrastraba y al caminar, tropezaban con otros, y los hacían caer. Pregunte quienes son, y me dijo: “Son todos aquellos que me iban siguiendo por el camino del cielo, pero las dificultades, los tropiezos, el desaliento, los problemas con los mismos grupos, los hicieron que me abandonaran, y hoy van camino al infierno, y se llevan a otros. A estos les es difícil volver a mí. Porque tiene un demonio que los detiene, éste demonio al final los entregará a Satanás, y recibirá más orgullo por haber vencido a uno de los míos. Ore, ore por ellos, pues mi Corazón se hiere continuamente, por estos nuevos judas que no quieren sufrir por mí”.

Vi hombres y mujeres de diferentes edades y clases, golpeándose el pecho con un cuchillo, luchaban por quitar un espectro humano, desde los pechos hasta sus ingles. Al golpearse sus heridas sangraban mientras que un demonio les gritaba ¡tú has sufrido mucho por culpa de él , dele más duro, dele más duro, no le perdone, no le perdone!!

Entonces pregunté: ¿Quiénes son Señor, y quienes son los que están en el pecho? El Señor me dijo: “Son todos aquellos que nunca han perdonado la falta de sus hermanos, guardan rencores, odio, resentimiento, rencillas, pensando que fueron los únicos que sufrieron. Las personas que llevan en el pecho, son sus supuestos enemigos. Y por eternidad de eternidades, lo tendrán en el pecho como castigo. Oren, oren, para que perdonen, como Yo perdono, porque si no perdonan las faltas de sus hermanos, mi Padre tampoco les perdonara.”

Vi hombres y mujeres de todas las edades, sus manos sangraban, y ellos al mirarlas gritaban de terror. Y un demonio los cortaba con una espada, los pasaba parte por parte, volviéndolos nada. Pregunté ¿Quiénes son Señor?Dijo: “Son todos los asesinos, los secuestradores, los atracadores; son todos aquellos que le han quitado la vida a alguien, física psíquica, y espiritualmente. Son aquellos que pudiendo salvar una vida, no lo hicieron; su sangre clama desde la tierra a Cielo. La vida Yo la doy y la quito cuando quiero. NADIE fuera de DIOS puede quitar la vida, ni a un niño, ni aun anciano, ni aún un enfermo, solo DIOS dispone de ellos. Quien lo hace le esperan los más grandes castigos y tormentos, en el lago de azufre donde el gusano no muere, y el fuego no se apaga. Ore, ore, porque hay muchos que están vivos y pueden arrepentirse. Hija mía ora, especialmente por los médicos”. Seguimos caminando y vi hombres y mujeres, jóvenes y niños de todas las clases, iban dando vueltas entre sí como perdidos y confusos, los demonios los cubrían con sus sombras, y les decían, no crean, no crean. Y pregunté ¿Quiénes son? Y me dijo: “Son todos aquellos que pertenecen a Mi Iglesia o pertenecieron, pero que ABANDONARON los Sacramentos, o si acuden no creen en ellos, ni en la Gracia, ni en el Poder Santificador atreves de ellos. Han despreciado al DIOS de la Verdad por la mentira. Quienes más sufrirán, son los que NO creyeron en mi Real Presencia en la Sagrada Eucaristía, y se hicieron sacrílegos, pues Mi Carne es Verdadera comida, Mi Sangre es Verdadera bebida, y quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en mí, y Yo le resucitaré el ultimo día. Ore, ore porque algunos pueden regresar”.

(Continuará)

LOS SUEÑOS DE SAN JUAN BOSCO (Parte 9)

EL GLOBO DE FUEGO


SUEÑO 17. —AÑO DE 1854.
(M. B. Tomo V. pág. 64)

Se lee en las Memorias Biográficas, tomo y página anteriormente citados:

***************************************************************

«Durante las solemnes fiestas religiosas que se celebraban en el Oratorio de Turín del 21 al 28 de mayo, en uno de esos días no precisado por las crónicas, San Juan Bosco contó a los jóvenes cómo había visto un globo luminoso, de fuego, sobre el lugar en que más tarde se levantó la Iglesia de María Auxiliadora».

***************************************************************
Parecía que la Santísima Virgen quisiera indicar con esta señal que no había renunciado a la toma de posesión de aquel lugar.

José Buzzeti, testigo del relato, recordaba en 1887 a San Juan Besco, en Lanzo, este relato, preguntándole a renglón seguido:
— ¿No sería tal vez ¡a cúpula de María Auxiliadora iluminada?
— ¿Y por qué no?, —replicó San Juan Bosco.
Hemos de hacer notar al lector que en el presente trabajo hemos incluido bajo el nombre genérico de sueño algunas auténticas visiones de nuestro santo.


GRANDES FUNERALES EN LA CORTE
SUEÑO 18. —AÑO DE 1854.
(Tomo V, págs. 176-181) PRIMERA PARTE

El presente sueño está relacionado con la actitud del Parlamento Piamontés y del ministro Cavour, que pretendían poner en vigor la ley Ratazzi, sobre supresión de los bienes eclesiásticos y prácticamente de las Órdenes religiosas. San Juan Bosco, previendo los males que con ello se ocasionarían a la Iglesia, deseaba apartar de ¡a Casa Real de Saboya las divinas amenazas que sobre ella se cernían, y a él reveladas.

Y, en consecuencia, he aquí el sueño que tuvo hacia finales del mes de noviembre de 1854.

***************************************************************

«Le pareció encontrarse en el lugar donde se levanta el pórtico central del Oratorio, obra entonces en construcción, junto a la bomba hidráulica colocada en la pared de la Casita Pinardi. Estaba rodeado de sacerdotes y clérigos. De pronto vio que avanzaba hacia el centro del patio un paje de la Corte vestido de uniforme rojo, el cual, apresuradamente llegó adonde San Juan Bosco se encontraba, pareciéndole al Santo oírle gritar:
— ¡Una gran noticia!
— ¿Qué noticia?, —le preguntó San Juan Bosco.
— ¡Anuncia! ¡Gran funeral en la Corte! ¡Gran funeral en la Corte!
San Juan Bosco, ante esta imprevista aparición y al escuchar aquel anuncio quedó como petrificado, mientras el pajecillo volvía a repetir:
— ¡Gran funeral en la Corte!
San Juan Bosco quiso entonces preguntarle algo más sobre su fúnebre anuncio, pero al intentar hacerlo, el paje había desaparecido.

***************************************************************

Habiéndose despertado, el Santo estaba como fuera de sí, y al comprender el misterio de aquella aparición, tomó la pluma y comenzó a redactar una carta dirigida a Víctor Manuel, poniendo en ella de manifiesto cuanto le había sido anunciado y relatando en ella el sueño con toda sencillez.

Después del mediodía llegó al comedor con un poco de retraso. Los jóvenes recuerdan aún cómo siendo aquel año de un frío intensísimo, Don Bosco llevaba puestos unos guantes muy viejos y estropeados y entre las manos un paquete de cartas. Se formó entonces un corro a su alrededor.

Estaban presentes Don Alasonatti, Ángel Savio, Cagliero, Francesia, Juan Turchi, Reviglio, Rúa, Afifossi, Buzzetti, Enría, Tomatis y otros, en su mayoría clérigos. San Juan Bosco comenzó a decir sonriendo: —Esta mañana, queridos hijos, he escrito tres cartas a otros tantos personajes: Al Papa, al Rey y al verdugo.

La risa fue general al sentir pronunciar unidos los nombres de estos tres personajes. En cuanto a la referencia del verdugo, a nadie le cogió de sorpresa, pues todos sabían que el Santo tenía amistad con los empleados de la cárcel y que precisamente el verdugo era un cristiano ejemplar, ejerciendo la caridad para con los pobres lo mejor que podía. Solía escribir las solicitudes que la gente del pueblo quería hace al Rey o a las autoridades y a la sazón le amargaba una pena muy honda, pues había tenido que retirar de las escuelas públicas a un hijo suyo, porque los compañeros huían de él por ser el hijo del verdugo.

En cuanto al Papa Beato Pio IX, nadie ignoraba ¡a correspondencia que San Juan Bosco mantenía con el Vicario de Cristo. Por tanto, lo que intrigaba a los oyentes era el hecho de que el siervo de Dios hubiese escrito al rey, tanto más que todos sabían lo que el santo pensaba sobre la usurpación de los bienes de la Iglesia. San Juan Bosco no tuvo a sus oyentes en vilo mucho tiempo y así les manifestó de inmediato cuanto había escrito al monarca aconsejándole que no permitiese la tramitación de tan infausta ley. Les narró, pues, el sueño que había tenido, terminando el relato con estas palabras:
—Este sueño me ha causado mucho malestar y me ha fatigado mucho, San Juan Bosco parecía muy preocupado en aquella ocasión, exclamando de vez en cuando: ¿Quién sabe?... ¿Quién sabe?... Recemos... recemos... Sorprendidos los clérigos, al oír el relato del sueño comenzaron a hacer cabalas y a preguntarse mutuamente si se sabía si en el palacio real había algún noble enfermo; todos concluyeron que nada se podía asegurar sobre el particular.

San Juan Bosco, entre tanto, llamando al clérigo Ángel Savio, le entregó una carta.
—Copíala —le dijo— y anuncia al rey: ¡Gran funeral en la Corte! El clérigo Savio hizo lo que se le había indicado, pero el rey, según se supo después por los confidentes del Monarca, leyó el escrito con indiferencia y no hizo caso de lo que se le decía.

SEGUNDA PARTE

Habían pasado unos cinco días de este sueño y San Juan Bosco volvió soñar la noche siguiente.

***************************************************************
Le pareció estar en su habitación sentado a su escritorio, escribiendo, cuando oyó el ruido de los cascos de un caballo en el patio.

De pronto ve que se abre la puerta y que aparece el pajecillo con su librea roja y que, yendo hasta el centro de la habitación, se detiene y grita:
— ¡Anuncia!: No gran funeral en la Corte, sino ¡grandes funerales en la Corte!

Y repitió estas mismas palabras dos veces. Seguidamente se retiró apresuradamente, cerrando la puerta tras de sí. San Juan Bosco deseaba saber algo más, quería interrogarlo, pedirle alguna explicación, para lo cual se levantó de la mesa y corrió al balcón viendo al emisario subir al caballo. Lo llamó, le preguntó por qué había venido para repetirle el mismo anuncio, pero aquél sé alejó gritando:
— ¡Grandes funerales en la Corte!

***************************************************************
Al amanecer, el mismo San Juan Bosco dirigió al rey otra carta, en ¡a que le contaba este segundo sueño y concluía advirtiendo a su majestad que pensase en conducirse de manera de poder conjurar los graves castigos que se cernían sobre la Casa Real, pidiéndole al mismo tiempo se opusiese a la ley en cuestión.

Por la noche, después de la cena, encontrándose San Juan Bosco en medio de los clérigos, les dijo:
— ¿No sabéis que tengo que deciros algo más extraño que lo del otro día?

Y seguidamente les contó cuanto había visto en sueños la noche anterior. Entonces, los clérigos, sin poder disimular su extráñela, le preguntaron qué significarían aquellos anuncios de muerte. Es de suponer la ansiedad general a la espera de que se cumpliesen estos vaticinios.

San Juan Bosco manifestó claramente al clérigo Cagliero y a algunos otros, que se trataba de las amenazas y castigos con que el Señor daría a conocer su indignación contra aquellos que habían acarreado males a su Iglesia y que se estaban preparando otros mayores.

En aquellos días el siervo de Dios se mostraba apenadísimo, oyéndosele exclamar frecuentemente:
—Esta ley atraerá sobre la Casa reinante graves desgracias.

Todas estas cosas se las manifestaba a los suyos para inducirlos a rezar por el Rey, rogando a la misericordia divina impidiese la dispersión de tantos religiosos y la pérdida de tantas vocaciones.

Entretanto, el rey había confiado aquellas cartas al marqués Fassati, qué después de leerlas se personó en el Oratorio y dijo a Don Bosco;
— ¡Oh! ¿Le parece esta una bonita manera de poner en vilo a toda la Corte? El rey está profundamente turbado e impresionado, pero, sobre todo, su indignación no tiene límites.

San Juan Bosco le replicó:
— ¿Pero, si lo escrito en las cartas es cierto? Siento haber ocasionado este disgusto a mi soberano, pero, en resumidas cuentas, se trata de su bien y del bien de la Iglesia.

Los avisos dados por San Juan Bosco fueron desoídos. El 28 de noviembre de 1854, el ministro Urbano Raítazzi presentaba a los diputados un proyecto de ley para la supresión de las Órdenes religiosas. El ministro de Finanzas, Camilo Cavour, estaba dispuesto a que dicha ley se aprobara a todo trance. Estos señores se basaban en la idea de que fuera del cuerpo civil no hay ni puede darse sociedad a él superior y de él independiente. Que el Estado lo es todo y que, por tanto, ningún ente moral, ni siquiera la Iglesia Católica, puede existir sin el conocimiento y el consentimiento de la autoridad civil. Por eso, dicho poder, al no reconocer a la Iglesia Católica el derecho de dominio sobre los bienes eclesiásticos y sobre las corporaciones religiosas, defendía que éstas tenían que depender de la autoridad civil debiendo modificarse su forma de existencia o extinguirse por voluntad de la misma soberanía y, por ende, el Estado, heredero de toda personalidad civil que no tenga sucesión, se convertiría en el propietario único y absoluto de todos sus bienes.

Error colosal, pues tales patrimonios, cuando una Congregación u Orden religiosa dejase de existir por cualquier motivo, no quedaban sin dueño, debiendo ser devueltos a la Iglesia de Jesucristo, representada por el Sumo Pontífice, aunque los adoradores del Estado se empeñasen en negarlo.
La noticia de la presentación de este proyecto de ley ocasionó un vivísimo dolor a los buenos católicos y a San Juan Bosco. El, para secundar la voluntad del cielo, había amonestado reiteradamente al soberano; proceder justo pero peligroso, cuyas consecuencias se podían prever. Otra persona, por serena y resuelta que fuese, en medio de tantas adversidades, habría vivido necesariamente en un continuo estado de inquietud.

San Juan Bosco, en cambio, permaneció siempre imperturbable, encontrando el vigor necesario en el Corazón Sacratísimo de Jesús Sacramentado y en el auxilio de su celestial Madre.

Mientras se discutía la inicua ley contra los bienes eclesiásticos, un doloroso acontecimiento vino a interrumpir la labor de los diputados.

El 5 de enero de 1855 la reina madre María Teresa enfermó de improviso y aunque toda la noche estuvo atormentada por una gran sed, no quiso beber para poder comulgar el día de la Epifanía; pero no pudo levantarse.

El rey Víctor Manuel escribía al general Alfonso La Marmora. «Mi madre y mi esposa no hacen más que repetirme que morirán de disgusto por mi culpa».

La augusta enferma moría el 12 de enero, poco después del mediodía, a la edad de cincuenta y cuatro años. La Cámara, para manifestar al rey su pesar, suspendió sus trabajos. Gran desgracia fue para el Piamonte la pérdida de María Teresa, que repartía diariamente entre los necesitados limosnas sin cuenta. El luto fue universal, como universales fueron las bendiciones que de todas partes se elevaron a su memoria.

Mientras se cerraba aquel féretro llegaba a manos del rey otra carta misteriosa que decía, sin nombrar a nadie: «Persona iluminada a lo alto ha dicho: si la ley prosigue adelante, nuevas desgracias acaecerán a tu familia. Esto no es más que el preludio de los males futuros. Erunt mala super mala in domo tua. Si no vuelves atrás, abrirás un abismo que no podrás salvar». El soberano, después de leer esta carta quedó aterrado, y presa de la más viva inquietud no hallaba reposo en nada.

Los solemnes funerales por el alma de María Teresa se celebraron en la mañana del 16, el féretro fue transportado a Superga bajo una temperatura extrema que hizo enfermar a muchos soldados y también al conde de Sangicsto, escudero de la Reina. Aún no había regresado la Corte de rendir los últimos honores a la madre de Víctor Manuel, cuando la familia real fue llamada con urgencia para que asistiese al Viático de la nuera de la difunta. La reina María Adelaida, al sobrevenir la muerte de María Teresa estaba en el cuarto día del puerperio, habiendo dado felizmente a luz un niño. Ella, que tanto amaba a la reina madre, sintió un tan vivo dolor al enterarse de su muerte, que, atacada por una metro-gastroenteritis, se vio reducida a los extremos. A las tres de la tarde se le administró el Viático, que fue llevado de la Real Capilla de la Santa Sábana. Una multitud inmensa acudía a todos los templos para impetrar del cielo la salud de la soberana.

Todo el Piamonte se asoció al dolor de la familia real  cumpliéndose aquel dicho de «que en el Piamonte, las desventuras del rey son las desgracias del pueblo». Pero el día 20 le fue administrada la Extremaunción a la enferma, que entró en agonía, expirando a las seis de la tarde en el beso del Señor, a la temprana edad de treinta y tres años.

Y no terminó aquí el luto de la Casa de Saboya. La misma tarde le fue dado el Viático a S. A. R. Don Fernando, duque de Génova, enfermo desde hacía tiempo; era el duque de Génova el único hermano del rey Víctor Manuel.

El soberano se sintió abrumado por este cúmulo de dolores. El día 21, la Cámara de diputados se reunía a las tres de la tarde, y al comunicársele la noticia de la muerte de la reina, deliberó observar trece días de luto y la suspensión de las reuniones por espacio de diez.

Los funerales de María Adelaida se celebraron el 24 de enero, siendo conducido el féretro a Superga. Los clérigos del Oratorio estaban aterrados al comprobar cómo se realizaban de una manera tan fulminante las profecías de San Juan Bosco, y la impresión era tanto mayor cuanto que formaban parte de cada uno de los cortejos fúnebres de las personas reales desaparecidas.

Circunstancia particular; el frío era tan intenso que el gran maestro de ceremonias de la Corte, al ser trasladado el féretro de la reina Adelaida, permitió al clero usar abrigos especiales y cubrirse la cabeza.

Para el Oratorio aquellos acontecimientos constituían una gran desgracia y los clérigos decían a San Juan Bosco:
—Ya se ha realizado su sueño. ¡En verdad que han sido grandes funerales, según anunciaba el pajecillo! No sabemos si la justicia divina estará ya satisfecha.

San Juan Bosco, en efecto, debía conocer mucho más de lo que había anunciado. La condesa Felicita Crabosio-Anfossi —cuenta Don Lemoyne— nos mandó el siguiente testimonio por ella firmado: «Corría el año de 1854 y rogué a [San] Juan Don Bosco que aceptase en el Oratorio a un hermano de leche de mi hijo, que había quedado huérfano de padres. [San] Juan Bosco lo aceptó con la condición de que, estando yo en la Corte como estaba, me presentase a las soberanas para obtener de su caridad dos mil francos que el siervo de Dios necesitaba para poder pagar una deuda urgente.

Yo le prometí hacerlo, y en efecto, estaba resuelta a cumplir mi promesa; pero, después surgieron algunas dificultades que me hicieron diferir las visitas a las augustas señoras, las cuales, en aquel tiempo, se había ausentado de Turín, viviendo en una finca del conde Cays de Giletta.

Habiendo ido yo también al campo, volví a ¡a ciudad ya muy avanzado el otoño y seguidamente fui a entrevistarme con [San] Juan Don Bosco, el cual me dijo inmediatamente:
—He aceptado a su protegido, pero usted no ha cumplido aún su promesa; no habló a las soberanas de mi deuda con el panadero.
—Es cierto —repliqué un poco confusa—, pero tenga la seguridad de que apenas las augustas señoras estén de regreso en Turín, no dejaré de cumplir lo prometido.

Mientras yo hablaba, [San] Juan Don Bosco hacía con la cabeza un movimiento como indicando que no, y con una sonrisa un tanto triste, me dijo:
— ¡Paciencia! Pueden suceder tantas cosas que, a lo mejor, a usted no le es posible hablar más con las soberanas.
— ¿Por qué dice eso?
—Porque es así; usted no verá más a las reinas.

Quince días después, encontrándome en la casa de unos nobles, supe el regreso de las soberanas a Turín y que la reina María Teresa estaba tan enferma que le habían administrado los Santos Sacramentos. Pronto recibimos la noticia de su fallecimiento. Ocho días más tarde moría la joven reina María Adelaida, ambas lloradas y veneradas como dos soberanas santas.

Solamente entonces recordé las palabras de [San] Juan Bosco, no dudando de su espíritu verdaderamente profético.

"A MIS SACERDOTES" De Concepción Cabrera de Armida. CAPITULO XXVIII: Vocaciones.

MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR 
JESUCRISTO PARA SUS PREDILECTOS. 

(“A mis Sacerdotes” de Concepción Cabrera de Armida) 

XXVIII

VOCACIONES

El ideal de un sacerdote es ser Jesús, puro, dulce, humilde, paciente, delicado, crucificado y muy amante del Padre Celestial, del Espíritu Santo y de María. 

Más para realizar este ideal se necesita que las vocaciones sean divinas, que vengan directamente de Dios; y en este punto hay que tener luz de lo alto para discernir, en los Seminarios y en los Noviciados, a la luz de la oración, a los que sean dignos de subir a los altares. 

Hay cierta ligereza, a veces, en esto; hay buena fe en los Superiores, pero existen vocaciones que lo parecen y no lo son, porque se las han infundido de muy atrás, y en realidad no son vocaciones divinas. Además, una vocación al sacerdocio, aunque sea divina, hay que cultivarla y cuidarla, porque Satanás rodea de mil modos las vocaciones y las enturbia. Cuántas veces las que no lo son las atiza para un futuro fracaso que alcanza el a entender o vislumbrar; y a las vocaciones santas, al contrario, las impide de mil modos, con muchas mañas, tentaciones y ocasiones para convencer de que no existen. 

Mucho tiempo, mucho conocimiento y mucha oración y discreción de espíritus necesita quien decide dar las órdenes sagradas a seminaristas y estudiantes. Todavía hasta la última hora hay que ver, formar y reformar, advertir y cerciorarse de la índole del sujeto, de sus inclinaciones y sólido fervor, de sus estudios y de sus flaquezas, de sus caías y recaídas, etc. 

Que los obispos miren y remiren las almas antes de que se comprometan con Dios, a quien tienen que responder. ¡Cuánto depende de los Obispos el futuro de los sacerdotes! Que en este punto se peque de menos que de mas, porque las tristes y aun horribles consecuencias son triples: para Mí, para las almas y aun para el sacerdote mismo, aparte de la responsabilidad que contraen los Obispos con las vocaciones falsas. 

Hay vocaciones divinas, vocaciones a medias y vocaciones falsas; hay que saber discernir con la luz del Espíritu Santo cuáles son las divinas y no engañarse con las que no lo son. 

Los sacerdotes tienen que ir al cielo, no solos, sino con un séquito de almas salvadas por su conducto; ¡y cuántos van al infierno arrastrando también almas condenadas por su culpa! 

Muy delicado es el papel del sacerdote y su misión en la Iglesia y en el campo de las almas; y por eso, cuando la vocación no es divina, se lamentan tantos descalabros, porque son a medias o falsas con que Satanás engaña. 

En los Seminarios hay muchas cosas de fondo que estudiar y que corregir para un futuro santo. Desde ahí debe comenzar el futuro sacerdote a serlo, practicando las virtudes que deben después llegar a su desarrollo. Generalmente en los seminarios se puede adivinar el futuro del sacerdote, y en el criterio de los que dirigen está el velar y orar, porque estos dos elementos son necesarios e indispensables en los Obispos y encargados a cuyo cuidado están esos planteles de las esperanzas de la Iglesia. 

Velar siempre y asiduamente y muy de cerca sobre esas almas, pulsar su valor y sus méritos, y a la vez orar, orar mucho, y pedir luz meridiana para ver claro, tanto el fondo de esos corazones como la divina Voluntad en ellos. Este es el punto capital de los Seminarios y Noviciados: la vigilancia y la oración. 

Esto implica sacrificio, exige mucha constancia; pero todo será poco en mi obsequio en este delicado punto en el que hay mucho que reformar, si se estudia a fondo la cuestión tan delicada cuanto indispensable para mi gloria. De ahí se derivan muchos de los males que he mencionado; es el punto de la partida de grandes dificultades o de grandes bienes para la Iglesia y para las almas. 

Allí se forman los héroes y los santos, allí se abastecen los corazones de piedad, de celo, de grandes virtudes. Allí tengo yo mis ojos y también mi corazón; y eso mismo deben tener allí, en los Seminarios, los Obispos: sus ojos y su corazón. 

Que se examine este punto capital, porque hay mucho que desear en planteles de esa clase; y de ahí se lamentan después males irremediables y de capital trascendencia. 

Yo no niego la luz a quien me la pide con humildad. Yo soy pródigo en mis gracias. Yo soy el que doy las vocaciones divinas y no las humanas y engañosas de tan fatales consecuencias. Yo soy el que premio las virtudes y los suspiros y los clamores de los Obispos amados con las divinas vocaciones para el sacerdocio, con ministros dignos, con santos que honren a la Iglesia en la tierra y sean su corona ante el Padre celestial. 

Que mis obispos sean santos, que vivan del Espíritu Santo y tendrán hijos santos. 

Pidan, lo repetiré mil veces, ofrezcan su alma y su vida y cuanto tienen, porque prospere la Iglesia con vocaciones divinas, con sacerdotes santos, para que el mundo espiritual se enriquezca, para que el mundo material se salve. 

Quiero sacerdotes santos para que más tarde estos mismos sean Obispos santos y mi Iglesia florezca más, hermoseada por la pléyade futura que espera ansioso mi Corazón”.

CONFIDENCIAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Monseñor Ottavio Michelini)

ESENCIAL Y URGENTE REVISIÓN.

Hijo todo comandante de estado mayor reúne periódicamente en torno a su mesa de trabajo a sus ayudantes. Con ellos revisa los diferentes planes de defensa y también de ataque; se da quehacer para que sus planes estén siempre bien estudiados, preparados según el sucederse las relaciones de los varios pueblos circunvecinos, para que estén listos para toda coyuntura. Así hacen los hombres que tienen responsabilidades sociales.
También en mi Iglesia y en mis Iglesias se debería haber hecho otro tanto con el mismo diligente y solícito esmero. En mi Iglesia hay un inmenso ejército de confirmados que debe ser adiestrado para la lucha contra los enemigos del alma: LOS DEMONIOS, LAS PASIONES Y EL MUNDO.
Toca a la Jerarquía, a los varios estados mayores de las Iglesias locales, organizar y conducir esta gigantesca batalla que se combate desde la creación del hombre y continuará sin interrupciones hasta el fin de los tiempos.
Ya he dicho que los hombres, ya sea tomados particular o socialmente, son objeto y víctima de esta lucha contra las oscuras y tenebrosas potencias infernales, para las que TODA INSIDIA Y SEDUCCIÓN SON BUENAS CON TAL QUE SE PIERDAN LAS ALMAS.
Ya no se presta fe a esto por parte de muchos. Al no creer, no se valoran las fuerzas ni las posibilidades del Enemigo por lo que resulta imposible conducir una guerra bien organizada, si de ella no están convencidos ni sobre el plano individual ni sobre el plano social.
Es laudable la diligencia con el que algunos estados mayores preparan sus planes, convencidos de estar cumpliendo un deber.  Es deplorable por el contrario la inercia de parte de estados mayores de otras Iglesias locales, que no saben ni preparar, ni ejecutar sus planes de defensa ni de ataque contra todas las fueras del Mal.



HASTA DEMASIADAS COSAS.

Se hacen si muchas cosas: a veces hasta demasiadas cosas, que sirven bien poco para el fin, que es el de desbaratar las fuerzas del Maligno.
Los enemigos de la Iglesia del bien y de la verdad se han hecho atrevidos y prepotentes; avanzan cada vez más y se hacen cada vez más insolentes, llegando a subvertir las leyes divinas y naturales ¿Por qué, hijo Mío?
Muchas responsabilidades pesan sobre mi Iglesia por los muchos males que la afligen, a la base de los cuales está LA CRISIS DE FE,  LA CRISIS DE VIDA INTERIOR.
No raramente se ha llegado a ser cómplices de los enemigos de Dios y de la Iglesia.  DEBILIDAD,  MORBOSO AMOR AL PRESTIGIO,  FALTA DE UNIDAD,  VERDADERA Y PROPIA ANARQUÍA.  Ha sido desfigurada la fisonomía de los hijos de Dios y de los ministros de Dios.
¡Es tiempo de despertar! Es tiempo de poner la segur a la raíz.  Quiero decir que es tiempo de responder a mi insistente invitación a una VERDADERA CONVERSIÓN, ANTES QUE SEA DEMASIADO TARDE.
Es tiempo de que los diferentes estados mayores de mis Iglesias cesen de perder tiempo en cosas o iniciativas inútiles. TIENEN EL YERRO DE NO IR A LAS RAÍCES DE LOS MALES.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís