FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

SACERDOTES.


Definición de la palabra "sacerdote": un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de Su dominio supremo y en expiación por los pecados. 

Muchas religiones paganas tienen sacerdotes que ofrecen sacrificios según sus conceptos de la divinidad. Pero Dios se reveló a Israel como el Unico Dios verdadero y prohibió la idolatría en el Primer Mandamiento. Los sacerdotes de Israel debían ofrecer sacrificio sólo a Dios.

A diferencia del profeta que comunica el mensaje de Dios a los hombres, el sacerdote es mediador de los hombres ante Dios.

"Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados" -Hebreos 5,1

Sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial El sacerdocio ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo de grado, del sacerdocio común de los fieles: “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico se ordena el uno para el otro, aunque cada cual participa de forma peculiar del sacerdocio de Cristo. Su diferencia es esencial no solo gradual. Porque el sacerdocio ministerial, en virtud de la sagrada potestad que posee, modela y dirige al pueblo sacerdotal, efectúa el sacrificio eucarístico ofreciéndolo a Dios en nombre de todo el pueblo: los fieles, en cambio, en virtud del sacerdocio real, participan en la oblación de la eucaristía, en la oración y acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la abnegación y caridad operante” (LG 10).


ADVERTENCIAS DEL MAS ALLA A LA IGLESIA CONTEMPORANEA. (Padre Arnold Renz).

HAY QUE REZAR Y HACER SACRIFICIOS POR LOS SACERDOTES.

V: Ningún sacerdote debería avergonzarse de decir desde el púlpito, que es desde donde debéis predicar -ya Judas Iscariote tuvo que decir sobre esto:  "Sería mejor que se predicase desde el púlpito"-: rezad, rezad también por mí, para que os lleve por el buen camino. REZAD POR NOSOTROS, LOS SACERDOTES, PORQUE EL INFIERNO NOS TIENTA MUCHO MÁS DE LO QUE OS PODÉIS SUPONER.  Rezad para que podamos resistir hasta la hora de nuestra muerte. PERO REZAD TAMBIÉN POR VOSOTROS MUTUAMENTE, PARA QUE SIGÁIS EL CAMINO DE LA VIRTUD HASTA VUESTRA MUERTE, y no solamente durante algunas semanas o años, o solamente en un asunto momentáneo. Yo, Verdi Garandieu, tengo que decir que es una terrible insidia del destino cuando se abandona el camino de la virtud.  Yo ya no estoy en el mundo, PERO LA MARCA INDELEBLE DEL SACERDOCIO TODAVÍA LA LLEVO.  ¡POR ESO TENGO QUE SUFRIR HORRIBLEMENTE! (se queja).

E:  ¡Di la verdad, Verdi Garandieu, solamente la verdad, en nombre de Jesucristo y de la Santa Cruz!

V:  Hay muchos sacerdotes y muchos laicos, que siguieron el camino de la virtud y eran buenos sacerdotes y laicos, hasta que llegó el momento de  la tentación, que los hizo inseguros y por fin cayeron.  A esos le fue como en la parábola de Jesucristo: "Un sembrador fue a sembrar su grano. Algunos cayeron bajo las espinas...otros sobre piedras..." Durante un cierto tiempo se mantuvieron firmes y fueron buenos sacerdotes y buenos laicos. Pero en la hora de la tentación fracasaron lamentablemente.  CUANDO SE DIJO UNA VEZ QUE EL ANTIGUO CAMINO, QUE ERA EL CAMINO DE DIOS, YA NO SERVÍA, QUE HABÍA QUE EMPRENDER NUEVOS CAMINOS, SE MOSTRARON INSEGUROS Y TERMINARON POR CAER. "Y vino el sol, y quemó el grano de semilla y se secó".  Eso es lo que les pasa hoy a  miles y miles de sacerdotes. No se muestran firmes. Quizás, anteriormente, habían mostrado mucho celo por conseguir la virtud, pero les faltaba la firmeza y el valor, y cayeron.

E:  ¡En nombre de Jesucristo, en nombre del Santísimo Sacramento del Altar, di la verdad!



ORACIÓN PARA TENER CONSTANCIA.

V:  Hoy debería rezarse intensamente para conseguir la virtud de la constancia, para que se siga constante hasta el fin.  Ahora tendría actualidad, si el sacerdote dijese desde el púlpito dos o tres veces por mes: "Ser constantes, seguir el camino hasta el final, SEGUID EL CAMINO DE LA CRUZ.  ¿ACASO A CRISTO LE FUE MEJOR QUE A VOSOTROS?"  Y hasta tendría que decir desde arriba: "¡Vosotros, los que sois pobres, y no tenéis mucho para vuestra vida, soportadlo con paciencia, porque vuestro premio estará en el cielo!"  Los santos practicaron las virtudes en una medida mucho mayor.  El santo Párroco de Ars, rezó y ayunó hasta el extremo...Para los laicos que viven pobremente, habría que decir: "DAD LAS GRACIAS AL SEÑOR Y ALABADLE, PORQUE OS HA DADO LA POBREZA PARA LA IMITACIÓN DE CRISTO, COMO TAMBIÉN TUVIERON QUE PRACTICARLA LOS APÓSTOLES.  DAD LAS GRACIAS AL SEÑOR, PORQUE PUESTO QUE SOIS POBRES, TENÉIS MUCHO MENOS TIEMPO PARA LA OCIOSIDAD".  PORQUE LA OCIOSIDAD ES EL COMIENZO DE TODOS LOS VICIOS.

ORACIÓN POR LA SANTA IGLESIA Y LOS SACERDOTES. (Santa Faustina Kowalska).

Oh Jesús mío, te ruego por toda la Iglesia: concédele el amor y la luz de tu Espíritu y da poder a las palabras de los sacerdotes para que los corazones endurecidos se ablanden y vuelvan a ti, Señor.


Señor, danos sacerdotes santos; tu mismo consérvalos en la santidad. Oh Divino y Sumo Sacerdote, que el poder de tu misericordia los acompañe en todas partes y los proteja de las trampas y asechanzas del demonio, que están siendo tendidas incesantemente para las almas de los sacerdotes. Que el poder de tu misericordia, oh Señor, destruya y haga fracasar lo que pueda empañar la santidad de los sacerdotes, ya que tú lo puedes todo (1052).

Oh mi amadísimo Jesús, te ruego por el triunfo de la Iglesia, por la bendición para el Santo Padre y todo el clero, por la gracia de la conversión de los pecadores empedernidos. Te pido, Jesús, una bendición especial y luz para los sacerdotes ante los cuales me confesaré durante toda mi vida (240).

EL VALOR DEL AYUNO, LA MORTIFICACIÓN ...


Sé que hay muchos y santos sacerdotes, pero siento tristeza al ver que algunos casi nunca, o nunca predican acerca del cielo, purgatorio, infierno, indulgencias, los sacramentales, ayuno, la mortificación o hacer penitencia por el prójimo.

Los sacerdotes deberían explicar que si no podemos hacer una obra de misericordia con la acción o la palabra, SI PODEMOS HACERLA CON LA ORACIÓN.

Como que no quieren predicar que todos los santos hicieron penitencia, se mortificaron y ayunaron (y todo esto agradó al Señor).

El ejemplo más claro fue la Sagrada Familia. Recordemos también las vidas de: el Santo Cura de Ars (patrono de todos los sacerdotes), San Francisco de Asís, el Santo Padre Pio de Pietrelcina, María de Jesús de Agreda, Santa Faustina Kowalska, etc.

En cambio algunos sacerdotes predican que como Dios es misericordioso, al final nos perdonará todo. Es cierto que Dios es MISERICORDIA, pero también es JUSTICIA. (No sabemos cuándo lo veremos CARA A CARA).

También con tristeza he escuchado a algunos sacerdotes que predican que no hay que ayunar a pan y agua (Nuestra Señora en Medjugorje eso es lo que aconseja) un día o dos a la semana, sino que con solo  abstenernos de algo que de verdad nos guste o agrade, como por ejemplo: no comer aquel dulce que nos gusta tanto, no ver la televisión tal día, cosas muy sencillas, etc.

Que no debemos dañar nuestro cuerpo porque eso va contra el quinto mandamiento. Así que ya no hay que imponerse mortificaciones o ayunos como los que hicieron los santos (que son ejemplos para ganar el cielo y agradar a Dios Padre: porque Él posa su mirada amorosa en los que más se asemejan a su Divino Hijo). En cambio solo predican “NO QUIERO SACRIFICIOS, SINO MISERICORDIA”.

Hay muchos ejemplos que se podrían citar de los santos, videntes y la Virgen de Medjugorje, etc.

Jesús le dijo a Santa Faustina:

1. “Hay un solo precio con el cual se compran las almas y éste es el sufrimiento unido a mi sufrimiento en la cruz. El amor puro comprende estas palabras, el amor carnal no las comprenderá nunca”.

2. “Ves, esas almas que se parecen a Mí en el sufrimiento y en el desprecio, también se parecerán a Mí en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mí en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mi también en la gloria”.

3. Las plegarias, los ayunos, las mortificaciones, la fatiga y todos los sufrimientos, los unirás a la Oración, al ayuno, a la mortificación, a la fatiga, al sufrimiento Mío y entonces tendrán valor ante mi Padre”.

4. “Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera, la acción; la segunda, la palabra; la tercera, la oración.

5. “Hija Mía, medita frecuentemente sobre mis sufrimientos que padecí por ti y nada de lo que tu sufres por Mí te parecerá grande. Me agrada más cuando contemplas Mi Dolorosa Pasión; une tus pequeños sufrimientos a mi Dolorosa Pasión para que adquieran un valor infinito ante Mi Majestad”.

Jesús mismo le dijo a sus apóstoles un día que no pudieron sacar los demonios; “ESTOS DEMONIOS SOLO SALEN A FUERZA DE AYUNO Y ORACIÓN”.

Creo firmemente que a mi Señor Jesús le agrada muchísimo nuestro sufrimiento, nuestras mortificaciones, ayunos, etc., después que los unamos a su Dolorosa Pasión.

ORACIÓN POR EL PAPA


Oh Jesús, Rey y Señor de la Iglesia: renuevo en tu presencia mi adhesión incondicional a tu vicario en la tierra, el Papa. En él Tú has querido mostrarnos el camino seguro y cierto que debemos seguir en medio de la desorientación, la inquietud y el desasosiego. Creo firmemente que, por medio de él, Tú nos gobiernas, enseñas, santificas, y bajo su cayado formamos la verdadera Iglesia: una, santa, católica y apostólica. Concédeme la gracia de amar, vivir y propagar como hijo fiel sus enseñanzas. Cuida su vida, ilumina su inteligencia, fortalece su espíritu, defiéndelo de las calumnias y de la maldad. Aplaca los vientos erosivos de la infidelidad y la desobediencia, y concédenos que, en torno a él, tu Iglesia se conserve unida, firme en el creer y en el obrar, y sea así el instrumento de tu redención. Así sea.

DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI EN LAS VÍSPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ.

Queridos hermanos cardenales y obispos,

queridos sacerdotes y diáconos,

queridos hermanos y hermanas consagrados,

queridos amigos miembros de otras confesiones cristianas,

queridos hermanos y hermanas:



Tenemos la alegría de reunirnos para dar gracias a Dios en esta basílica dedicada a María Reina de los Apóstoles, de Mvolyé, construida en el lugar donde fue edificada la primera iglesia levantada por los misioneros espiritanos venidos para traer la Buena Nueva a Camerún. Así como el ardor apostólico de aquellos hombres abrazaba en su corazón a todo el País, este lugar abarca simbólicamente cada rincón de vuestra tierra. Por eso, esta tarde dirigimos nuestra alabanza al Padre de las luces, queridos hermanos y hermanas, en un ambiente de gran cercanía espiritual con todas las comunidades cristianas en las que ejercéis vuestro servicio.

En presencia de los representantes de las otras Confesiones cristianas, a los que dirijo un saludo respetuoso y fraterno, os propongo contemplar los rasgos característicos de San José a través de las palabras de la Sagrada Escritura que nos ofrece esta liturgia vespertina.

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: "Uno solo es vuestro Padre" (Mt 23,9). En efecto, no hay más paternidad que la de Dios Padre, el único Creador "de todo lo visible y lo invisible". Pero al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, se le ha hecho partícipe de la única paternidad de Dios (cf. Ef 3,15). San José muestra esto de manera sorprendente, él que es padre sin ejercer una paternidad carnal. No es el padre biológico de Jesús, del cual sólo Dios es el Padre, y sin embargo, desempeña una plena y completa paternidad. Ser padre es ante todo ser servidor de la vida y del crecimiento. En este sentido, San José ha demostrado una gran dedicación. Por Cristo, ha sufrido la persecución, el exilio y la pobreza que de ello se deriva. Tuvo que establecerse en un lugar distinto de su aldea. Su única recompensa fue la de estar con Cristo. Esta disponibilidad explica las palabras de San Pablo: "Servid a Cristo Señor" (Col 3,24).

No se trata de ser un servidor mediocre, sino un siervo "fiel y juicioso". La unión de estos dos adjetivos no es casual: sugiere que tanto la inteligencia sin lealtad como la fidelidad sin sabiduría son cualidades insuficientes. La una sin la otra no permiten asumir plenamente la responsabilidad que Dios nos confía.

Queridos hermanos sacerdotes, debéis vivir en vuestro ministerio cotidiano esta paternidad. En efecto, la Constitución Conciliar Lumen Gentium subraya: los sacerdotes "han de preocuparse de los fieles que engendraron espiritualmente con el bautismo y la doctrina" (n. 28). Entonces, ¿cómo no volver sin cesar a la raíz de nuestro sacerdocio, el Señor Jesucristo? La relación personal con Él es constitutiva de lo que queremos vivir, la relación con Él, que nos llama sus amigos, pues todo lo que ha aprendido de su Padre, nos lo ha dado a conocer (cf. Jn 15,15). Viviendo esta profunda amistad con Cristo, encontraréis la verdadera libertad y la alegría de vuestro corazón. El sacerdocio ministerial conlleva una honda relación con Cristo que se nos da en la Eucaristía. Que la celebración de la Eucaristía sea verdaderamente el centro de vuestra vida sacerdotal, y así será también el centro de vuestra misión eclesial. En efecto, Cristo nos llama a participar en su misión durante toda nuestra vida, a ser sus testigos, para que se anuncie a todos su Palabra. Al celebrar este sacramento en nombre y en la persona del Señor, no es la persona del sacerdote la que ha de ponerse en primer plano: él es un servidor, un humilde instrumento que señala a Cristo, porque Cristo mismo se ofrece en sacrificio para la salvación del mundo. "El que gobierne, pórtese como el que sirve" (Lc 22,26), dijo Jesús. Y Orígenes ha escrito: "José entiende que Jesús era superior a él mientras le era sumiso, y a sabiendas de la superioridad de su menor, José le mandaba con temor y mesura. Que todos reflexionen: a menudo, una persona de menor valía es colocada por encima de gente mejor que él, y a veces ocurre que el inferior vale más que aquel que parece mandar sobre él. Cuando alguien que ha sido elevado en dignidad comprenda esto, ya no se hinchará de orgullo por su rango más alto, sino que sabrá que su inferior puede ser mejor que él, al igual que Jesús estaba sujeto a José" (Homilía sobre San Lucas, XX, 5, SC p. 287).

Queridos hermanos en el sacerdocio, vuestro ministerio pastoral exige muchas renuncias, pero también es una fuente de alegría. En una relación de confianza con vuestros obispos, fraternamente unidos a todo el presbiterio, y con el apoyo del Pueblo de Dios que se os ha confiado, sabréis responder con fidelidad a la llamada que el Señor os hizo un día, como llamó a José para que cuidara de María y del Niño Jesús. Queridos sacerdotes, que seáis fieles a las promesas que habéis hecho a Dios ante vuestro Obispo y ante la asamblea. El Sucesor de Pedro os agradece vuestro generoso compromiso al servicio de la Iglesia y os alienta a no dejaros turbar por las dificultades del camino. A los jóvenes que se preparan para unirse a vosotros, así a como los que aún tienen inquietudes, quisiera reiterarles esta tarde la alegría que comporta el entregarse totalmente al servicio de Dios y de la Iglesia. Tened la valentía de ofrecer un "sí" generoso a Cristo.

También a vosotros, hermanos y hermanas comprometidos en la vida consagrada o en los movimientos eclesiales, os invito a dirigir la mirada a San José. Cuando María recibió la visita del Ángel en la Anunciación, ella ya estaba prometida con José. Puesto que se dirige personalmente a María, el Señor asocia ya íntimamente a José al misterio de la Encarnación. Él aceptó unirse a esta historia que Dios había comenzado a escribir en el seno de su esposa. Por tanto, tomó consigo a María. Acogió el misterio que había en ella y el misterio que era ella misma. La amó con ese gran respeto que es el sello del amor auténtico. San José nos enseña que se puede amar sin poseer. Al contemplarle, cualquier hombre o mujer, con la gracia de Dios, puede ser llevado a la superación de sus dificultades afectivas, a condición de que entre en el proyecto que Dios ha comenzado a realizar ya en los que están cerca de Él, como José entró en la obra de la redención a través de la figura de María y gracias a lo que Dios ya había hecho en ella. Que vosotros, queridos hermanas y hermanos comprometidos en los movimientos eclesiales estéis atentos a los que os circundan y mostréis el rostro amoroso de Dios a los más humildes, especialmente mediante la práctica de las obras de misericordia, la educación humana y cristiana de la juventud, el servicio de promoción de la mujer y de tantos otros modos.

También es muy significativa e indispensable para la vida de la Iglesia la contribución espiritual de los personas consagradas. Esta llamada a seguir a Cristo es un don para todo el Pueblo de Dios. Con la adhesión a vuestra vocación, imitando a Cristo casto, pobre y obediente, totalmente consagrado a la gloria de su Padre y al amor de sus hermanos y hermanas, tenéis como misión dar testimonio ante nuestro mundo, tan necesitado de ello, de la primacía de Dios y de los bienes futuros (cf. Vita consecrata, n. 85). Con vuestra fidelidad incondicional a vuestros compromisos, sois en la Iglesia un germen de vida que crece al servicio del Reino de Dios. En todo momento, pero de modo particular cuando la fidelidad es sometida a prueba, San José os recuerda el sentido y el valor de vuestros compromisos. La vida consagrada es una imitación radical de Cristo. Por tanto, es necesario que vuestro estilo de vida manifieste con toda claridad lo que os hace vivir y que vuestra actividad no oculte vuestra identidad profunda. No tengáis miedo de vivir plenamente la consagración de vosotros mismos que habéis hecho a Dios, y de testimoniarlo con autenticidad en vuestro entorno. Un ejemplo que impulsa de manera particular a buscar esta santidad de vida es el del Padre Simon Mpeke, llamado Baba Simon. Sabéis cómo "el misionero descalzo" empleó todas las fuerzas de su ser en una humildad desinteresada, con la preocupación de salvar las almas, sin escatimar los desvelos y los esfuerzos del servicio material a sus hermanos.


Queridos hermanos y hermanas, la meditación sobre el itinerario humano y espiritual de San José nos invita a apreciar la magnitud de la riqueza de su vocación y del modelo que él representa para todos los que han querido consagrar su vida a Cristo, tanto en el sacerdocio como en la vida consagrada o en diversas formas de compromiso en el laicado. En efecto, José ha vivido a la luz del misterio de la Encarnación. No sólo con una cercanía física, sino también con la atención del corazón. José nos desvela el secreto de una humanidad que vive en presencia del misterio, abierta a él mediante los detalles más concretos de la existencia. En él no hay separación entre fe y acción. Su fe orienta de manera decisiva su acción. Paradójicamente, es actuando, asumiendo por tanto las propias responsabilidades, como mejor se aparta él, para dejar a Dios la libertad de llevar a cabo su obra, sin interponer obstáculos. José es un "hombre justo" (Mt 1,19), porque su vida está "ajustada" a la Palabra de Dios.

La vida de San José, transcurrida en la obediencia a la Palabra, es un signo elocuente para todos los discípulos de Jesús que aspiran a la unidad de la Iglesia. Su ejemplo nos impulsa a entender que es abandonándose totalmente a la voluntad de Dios como el hombre se convierte en cumplidor eficaz del designio de Dios, que quiere reunir a los hombres en una sola familia, una sola asamblea, una sola ecclesia. Queridos amigos miembros de otras Confesiones cristianas, esta búsqueda de la unidad de los discípulos de Cristo es un gran reto para nosotros. Nos lleva ante todo a convertirnos a la persona de Cristo, a dejarnos atraer por Él. En Él es donde estamos llamados a reconocernos como hermanos, hijos de un mismo Padre. En este año dedicado al Apóstol Pablo, el gran predicador de Jesucristo, el Apóstol de las Naciones, dirijámonos juntos a él para escuchar y aprender "la fe y la verdad", en las que están enraizadas las razones de la unidad entre los discípulos de Cristo.

Para terminar, volvamos la mirada a la esposa de San José, la Virgen María, "Reina de los Apóstoles", advocación bajo la cual es venerada como patrona de Camerún. A ella confío la consagración de todos vosotros, vuestro deseo de responder más fielmente a la llamada que habéis recibido y a la misión que se os ha confiado. Por último, invoco su intercesión por vuestro hermoso País.

Amén.

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EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís