FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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CÓMO EL CURA DE ARS - MEDITACIÓN-



Hablamos de San Juan Bautista María Vianney, más conocido como el Cura de Ars. Dios hizo de él algo muy especial, de hecho para mucha gente es el modelo de párroco, el párroco universal al que todos aspiramos como ejemplo de pastor que nos guía aquí, en el campo de batalla cotidiano que es el mundo.

El Curita de Ars sufrió todas las adversidades imaginables antes de ser ordenado sacerdote. Dios no lo había dotado mucho, en términos de inteligencia o capacidad de aprender, y así le costaba demasiado el idioma latín que en esa época del siglo XIX era la lengua de la Iglesia. No lograba aprobar sus exámenes en el seminario, de hecho no había mucha motivación en sus superiores para dejarlo avanzar y llegar a su ordenación sacerdotal.

Sin embargo, era evidente que su principal virtud era una voluntad inquebrantable de llegar a ordenarse sacerdote, pese a todos los obstáculos y limitaciones que se le presentaban en el camino. A duras penas y con escasa voluntad, lo ordenaron sacerdote pero lo enviaron al peor pueblo que se podía imaginar en esa época: Ars. En la Francia de aquellos tiempos Ars no solo era un pequeño lugar, sino también uno totalmente alejado de Dios, donde iban muchos de los alrededores a hacer sus cosas poco honestas, porque allí se concentraba la diversión de la comarca.

Con tan negativas perspectivas, fue a parar como párroco de Ars nuestro nobel Juan Bautista. De inmediato empezó a trabajar y nunca cesó de hacerlo, recibiendo de Dios signos de toda clase. Con Dios hizo el Cura de Ars un equipo inquebrantable que obró de día y de noche. El Cura de Ars ponía su esfuerzo y su ignorancia, Dios ponía Su inspiración, Su Gracia y Sus milagros. El resultado fue poderoso: no sólo la conversión de Ars, sino de toda la comarca vecina.

Con el tiempo, las multitudes acudieron a Ars a confesarse y escuchar Misa, fenómeno similar al ocurrido en el siglo XX con nuestro amado Padre Pio de Pietrelcina. El Cura de Ars y el Padre Pio comparten mucho, deben pasar abundante tiempo juntos en el Cielo en la actualidad, unidos en la Comunión de los Santos. ¿Cómo es que este sacerdote pasó de ser un casi fracasado seminarista a transformarse en el modelo de Párroco universal?

Dios no quiso que él sea un gran teólogo, ni que sea particularmente inteligente, sino que sea puro de corazón. Como nuestro Papa Francisco, que no quiere grandes pompas ni vestuarios, sino hablar a nuestra gente con la sencillez del Santo de Asís, que fue tan sencillo que ni siquiera sacerdote aceptó ser. La línea entre San Francisco y el Cura de Ars es muy clara, es la sencillez del corazón que permite a Dios obrar y mostrar claramente que es El el que está detrás de todo.

Jesús quiere que lo veamos en los sencillos, que de ese modo se transforman en simples instrumentos al servicio de Su obra. No son las grandes formalidades las que facilitan el actuar del Espíritu Santo, ni las grandes interpretaciones teológicas las que llegan al común de la gente y le hacen comprender y sentir el Amor de Dios. Son los simples actos de caridad cristiana y sencillez del corazón los que nos hacen comprender al Pobre de Nazaret, El que no tenía un lugar para reposar Su Cabeza.

Riquezas del mundo, pobrezas del alma humana, gritos de nuestro espíritu que busca sobreponerse a tanto daño infligido por el pecado original, que nos arrastra una y otra vez a las miserias de nuestro ser. Jesús nos recuerda en el Cura de Ars que no somos nada, que cuanto mas pequeños y sencillos nos hagamos, más se verá brillar Su Obra a través de nuestras manos y nuestra boca.

No nos esforcemos por ser “más”, sino todo lo contrario. ¡Menos es más! Cuando más nos humillemos a nosotros mismos, nos hagamos como un tinterillo del que Dios extrae la tinta para escribir Su Historia, más seremos dignos de ser reconocidos como trabajadores de Su Viña. Dios es artífice de nuestro destino, si es que en la negación de nosotros mismos lo dejamos brillar a El. En nuestros actos se verá entonces al Señor, porque seremos "Otros cristos”.

El Cura de Ars, como modelo de materia prima que para nada parecía servir, fue transformado en luz que alumbra los siglos e ilumina el camino de tantos. Nosotros debemos mirarlo y comprender las formas en que Dios actúa, a través de su testimonio de vida. Una y otra vez Jesús nos dice lo mismo:

“Niégate a ti mismo, toma tu cruz, y sígueme”


ARTÍCULO ORIGINAL. FUENTE: reinadelcielo.org

SERMÓN DEL SANTO CURA DE ARS ACERCA DEL JUICIO FINAL.

"Ni el ojo vio, ni el oído oyó,ni vino a la mente del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman"





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Entonces verán al Hijo del hombre viniendo con gran poder y majestad terrible, rodeado de los ángeles y de los santos.(S. L.uc. XXI, 27.)

No es ya, hermanos míos , un Dios revestido de nuestra flaqueza, oculto en la oscuridad de un pobre establo, reclinado en un pesebre, saciado de oprobios, oprimido bajo la pesada carga de su cruz; es un Dios revestido con todo el brillo de su poder y de su majestad, que hace anunciar su venida por medio de los más espantosos prodigios, es decir, por el eclipse del sol y de la luna, por la caída de las estrellas, y por un total trastorno de la naturaleza. No es ya un Salvador que viene como manso cordero a ser juzgado por los hombres y a redimirlos; es un Juez justamente indignado que juzga a los hombres con todo el rigor de su justicia. No es ya un Pastor caritativo que viene en busca de las ovejas extraviadas para perdonarlas; es un Dios vengador que viene a separar para siempre los pecadores de los justos, a aplastar los malvados con su más terrible venganza, a anegar los justos en un torrente de dulzuras. Momento terrible, momento espantoso, ¿cuándo llegarás? Momento desdichado ¡ay! quizás en breve llegarán a nuestros oídos los anuncios precursores de este Juez tan temible para el pecador. ¡Oh pecadores! salid de la tumba de vuestros pecados, venid al tribunal de Dios, venid a aprender de qué manera será tratado el pecador. El impío, en este mundo, parece hacer gala de desconocer el poder de Dios, viendo a los pecadores sin castigo; llega hasta decir: No, no, no hay Dios ni infierno; o bien: No atiende Dios a lo que pasa en la tierra. Pero dejad que venga el juicio, y en aquel día grande Dios manifestará su poder y mostrará a todas las naciones que Él lo ha visto todo y de todo ha llevado cuenta.

¡Qué diferencia, hermanos M., entre estas maravillas y las que Dios obró al crear el mundo! Que las aguas rieguen y fertilicen la tierra, dijo entonces el Señor; y en el mismo instante las aguas cubrieron la tierra y la dieron fecundidad. Pero, cuando venga a destruir el mundo, mandará al mar saltar sus barreras con ímpetu espantoso, para engullir el universo entero en su furor. Creó Dios el cielo, y ordenó a las estrellas que se fijasen en el firmamento. Al mandato de su voz, el sol alumbró el día y la luna presidió a la noche. Pero, en aquel día postrero, el sol se obscurecerá, y no darán ya más lumbre la luna y las estrellas. Todos estos astros caerán con estruendo formidable.

¡Qué diferencia, hermanos míos! Para crear el mundo empleó Dios seis días; para destruirle, un abrir y cerrar de ojos bastará. Para crearle, a nadie llamó que fuese testigo de tantas maravillas; para destruirle, todos los pueblos se hallarán presentes, todas las naciones confesarán que hay un Dios y reconocerán su poder. ¡Venid, burlones impíos, venid incrédulos refinados, venid a ver si existe o no Dios, si ha visto o no todas vuestras acciones, si es o no todopoderoso! ¡Oh Dios mío! cómo cambiará de lenguaje el pecador en aquella hora! ¡Qué de lamentos! ¡Ay! ¡Cómo se arrepentirá de haber perdido un tiempo tan precioso! Mas no es tiempo ya, todo ha concluido para el pecador, no hay esperanza. ¡Oh, qué terrible instante será aquél! Dice San Lucas que los hombres quedarán yertos de pavor, pensando en los males que les esperan. ¡Ay ! hermanos míos, bien puede uno quedarse yerto de temor y morir de espanto ante la amenaza de una desdicha infinitamente menor que la que al pecador le espera y que ciertísimamente le sobrevendrá si continúa viviendo en el pecado.

Hermanos míos, si en este momento en que me dispongo a hablaros del juicio, al cual compareceremos todos para dar cuenta de todo el bien y de todo el mal que hayamos hecho, y recibir la sentencia de nuestro definitivo destino al cielo o al infierno, viniese un, ángel a anunciaros ya de parte d e Dios que dentro de veinticuatro horas todo el universo será abrasado en llamas por una lluvia de fuego y azufre; si empezaseis ya a oír que el trueno retumba y a ver que la tempestad enfurecida asuela vuestras casas; que los relámpagos se multiplican hasta convertir el universo en globo de fuego; que el infierno vomita ya todos sus réprobos, cuyos gritos y alaridos se dejan oír hasta los confines del mundo, anunciando que el único medio de evitar tanta desdicha es dejar el pecado y hacer penitencia; ¿ podríais escuchar, hermanos míos, a esos hombres sin derramar torrentes de lágrimas y clamar misericordia? ¿No se os vería arrojaros al pie de los altares pidiendo clemencia? ¡Oh ceguera, oh desdicha incomprensible, la del hombre pecador! los males que vuestro pastor os anuncia son aún infinitamente más espantosos y dignos de arrancar vuestras lágrimas, de desgarrar vuestros corazones.

¡Ah! estas terribles verdades van a ser otras tantas sentencias que pronunciarán vuestra condenación eterna. Pero la más grande de todas las desdichas es que seáis insensibles a ellas y continuéis viviendo en pecado sin reconocer vuestra locura hasta el momento en que no haya ya remedio para vosotros. Un momento más, y aquel pecador que vivía tranquilo en el pecado será juzgado y condenado; un instante más, y llevará consigo sus lamentos por toda la eternidad. Sí, hermanos míos, seremos juzgados, nada más cierto; sí, seremos juzgados sin misericordia ; sí, eternamente nos lamentaremos de haber pecado.

PENSAMIENTOS SOBRE LA PUREZA. Autor: El Cura de Ars


La pureza viene del Cielo; hay que pedírsela a Dios. Si la pedimos, la obtendremos. ¡No hay nada más bello que un alma pura! Si lo entendiésemos, no podríamos perder la pureza. El alma pura está desprendida de la materia, de las cosas de la tierra y de ella misma.

Hay que tener cuidado de la pérdida. Hay que cerrar nuestro corazón al orgullo, a la sensualidad y a todas las pasiones, como cuando se cierran las puertas y las ventanas y nadie puede entrar.


II

Qué alegría para el ángel de la guarda encargado de conducir un alma pura. ¡Hijos míos, cuando un alma es pura, todo el cielo la mira con amor!

Las almas puras formarán el círculo alrededor de nuestro Señor. Cuánto más puros hayamos sido sobre la tierra, más cerca estaremos de Él en el Cielo.

III

Hijos, no podemos comprender el poder que un alma limpia tiene sobre el Buen Dios: ella obtiene de Él todo lo que quiere. Un alma pura está junto a Dios como un niño junto a su madre: la acaricia, la abraza, y su madre le devuelve sus caricias y sus abrazos.

Para conservar la pureza hay tres cosas: la presencia de Dios, la oración y los sacramentos.

IV

Quien ha conservado la inocencia del Bautismo es como un niño que nunca ha desobedecido.
Cuando se ha conservado la inocencia, nos sentimos llevados por el amor de Dios, como el águila es portada por sus alas.

Un cristiano que tiene la pureza del alma está en la tierra como un pájaro atado con un hilo. ¡Pobre pajarito! Sólo espera el momento de cortar el hilo y volar.


V

Un alma pura es como una bella perla. Mientras está escondida en una concha, en el fondo del mar, nadie piensa admirarla. Pero si la mostráis al sol, brilla y atrae las miradas. Así sucede con el alma pura, que está escondida a los ojos del mundo, pero que un día brillará ante los ángeles al sol de la eternidad.

VI

Los que han perdido la pureza son como un sábana empapada en aceite: lávala, sécala, la mancha vuelve siempre; hace falta un milagro para limpiar el alma impura.

Hemos sido creados para ir un día a reinar en el Cielo, y si tenemos la desgracia de cometer este pecado, nos convertimos en la guarida de los demonios. Nuestro Señor dijo que nada impuro entrará en su reino.

VII

El Espíritu Santo reposa en las almas justas, como la paloma en su nido. El Espíritu Santo incuba los buenos deseos en un alma pura, como la paloma incuba a sus pequeños.
.
El Espíritu Santo nos conduce como una madre conduce a su hijo de la mano, como una persona conduce a un ciego.

El Espíritu Santo reposa en un alma pura como sobre una cama de rosas.
De un alma donde reside el Espíritu Santo, sale un buen olor: como el de la vid cuando está en flor.

Como una bella paloma blanca, que sale de en medio de las aguas y viene a sacudir sus alas en la tierra, el Espíritu Santo sale del océano infinito de las perfecciones divinas y viene a batir las alas sobre las almas puras, para destilar en ellas el bálsamo del amor.
.

VIII
.
Si entendiésemos bien qué cosa significa ser hijos de Dios, no podríamos hacer el mal... Ser hijos de Dios, ¡oh, qué gran dignidad!

¡No puede entenderse el poder que un alma pura tiene sobre el buen Dios!


FUENTE: catolicidad.blogspot.com

EL SANTO CURA DE ARS (Juan Bautista María Vianney)



San Juan Bautista María Vianney


Cura de Ars, nacido en Dardilly, cerca de Lyon, Francia, el 8 de Mayo de 1786; muerto en Ars el 4 de Agosto de 1859.; hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze.

En 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan María fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecen haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, limitándose a un poco de aritmética, historia, y geografía, y encontró el aprendizaje, especialmente el estudio del latín, excesivamente difícil. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, después primer obispo de Dubuque, le ayudaba en sus lecciones de latín.

Pero ahora se presentó otro obstáculo. El joven Vianney fue llamado a filas, al haber obligado la guerra de España y la urgente necesidad de reclutas a Napoleón a retirar la exención que disfrutaban los estudiantes eclesiásticos en la diócesis de su tío, el Cardenal Fesch. Matthieu Vianney intentó sin éxito procurarse un sustituto, de modo que su hijo se vio obligado a incorporarse. Su regimiento pronto recibió la orden de marchar. La mañana de la partida, Juan Bautista fue a la iglesia a rezar, y a su vuelta a los cuarteles encontró que sus camaradas se habían ido ya. Se le amenazó con un arresto, pero el capitán del reclutamiento creyó lo que contaba y lo mandó tras las tropas. A la caída de la noche se encontró con un joven que se ofreció a guiarle hasta sus compañeros, pero le condujo a Noes, donde algunos desertores se habían reunido. El alcalde le persuadió de que se quedara allí, bajo nombre supuesto, como maestro. Después de catorce meses, pudo comunicarse con su familia. Su padre se enfadó al saber que era un desertor y le ordenó que se entregara pero la cuestión fue solucionada por su hermano menor que se ofreció a servir en su lugar y fue aceptado.

Juan Bautista reanudó entonces sus estudios en Ecully. En 1812 fue enviado al seminario de Verrieres; estaba tan mal en latín que se vio forzado a seguir el curso de filosofía en francés. Suspendió el examen de ingreso al seminario propiamente dicho, pero en un nuevo examen tres meses más tarde aprobó. El 13 de Agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por Monseñor Simon, obispo de Grenoble. Sus dificultades en los estudios preparatorios parecen haberse debido a una falta de flexibilidad mental al tratar con la teoría como algo distinto de la práctica - una falta justificada por la insuficiencia de su primera escolarización, la avanzada edad a la que comenzó a estudiar, el hecho de no tener más que una inteligencia mediana, y que estuviera muy adelantado en ciencia espiritual y en la práctica de la virtud mucho antes de que llegara a estudiarla en abstracto. Fue enviado a Ecully como ayudante de M. Balley, quien fue el primero en reconocer y animar su vocación, que le instó a perseverar cuando los obstáculos en su camino le parecían insuperables, que intercedió ante los examinadores cuando suspendió el ingreso en el seminario mayor, y que era su modelo tanto como su preceptor y protector. En 1818, tras la muerte de M. Balley, Vianney fue hecho párroco de Ars, una aldea no muy lejos de Lyon. Fue en el ejercicio de las funciones de párroco en esta remota aldea francesa en las que el "cura de Ars" se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano. Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó "La Providencia" y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de "La Providencia" en el catecismo, y estas enseñanzas catequéticas llegaron a ser tan populares que al final se daban todos los días en la iglesia a grandes multitudes. "La Providencia" fue la obra favorita del "cura de Ars", pero, aunque tuvo éxito, fue cerrada en 1847, porque el santo cura pensaba que no estaba justificado mantenerla frente a la oposición de mucha buena gente. Su cierre fue una pesada prueba para él.

Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque "las almas le esperaban allí". Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban Ars con la finalidad de ver al santo cura y oír su enseñanza cotidiana. El Venerable Padre Colin se ordenó diácono al mismo tiempo, y fue su amigo de toda la vida, mientras que la Madre Marie de la Providence fundaba las hermanas auxiliadoras de las ánimas del purgatorio por su consejo y con su constante aliento. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta. Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital y que infundía en su audiencia tanto por su modo de comportarse y apariencia como por sus palabras, pues al final, su voz era casi inaudible.

Los milagros registrados por sus biógrafos son de tres clases:

. en primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos; 
. en segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro;
. en tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.

El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.

El 3 de Octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado Venerable por Pío IX y el 8 de Enero de 1905, fue inscrito entre los Beatos. El Papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial.
[Nota: En 1925, el Papa Pío XI lo canonizó. Su fiesta se celebra el 4 de Agosto]


LOS SERMONES DEL SANTO CURA DE ARS 
DOCUMENTADOS EN TEXTO Y EN AUDIO. 




Les ofrezco 8 sermones del Santo Cura de Ars, en los siguientes vínculos desde donde los puede descargar mediante el honorable servicio de Megaupload, si no tiene cuenta, solo debe esperar el tiempo (en segundos) que tarda en aparecer el botón de descarga, una vez llegado a cero presione en "Descarga normal" y los bajará a su computador pudiendo leerlos con comodidad. 

Sermón del Santo Cura de Ars: "Sobre la penitencia"

Sermón del Santo Cura de Ars: "El Juicio Final"

Sermón del Santo Cura de Ars: "Sobre las tentaciones"

Sermón del Cura de Ars: "Sobre el respeto humano"

Sermón del Cura de Ars: "Sobre El Purgatorio"

Sermón del Cura de Ars: "Sobre El Orgullo"


Aquí los links para los sermones en audio para que los pueda bajar y escuchar en su computadora. Aparece dividido en 4 partes. Cada parte es independiente y no requiere bajarlas todas. Se pueden bajar las partes que se deseen, de acuerdo al mismo sistema que les expliqué para los documentos (presione sobre la palabra bajar).  El orden de la narración original está de acuerdo al siguiente orden. 


Primera Parte

     1.- El Juicio Final.

     2.- El Matrimonio.

     3.- El Orgullo.

     4.- El Aplazamiento de la Conversión

     5.- La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

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Segunda Parte

     1.- Amar y Adorar a Dios.

     2.- Confesión Pascual.

     3.- La Perseverancia.

     4.- El Juicio Temerario.

     5.- La Contrición.

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Tercera Parte

    1.- Sobre la Virtud Verdadera y Falsa.

    2.- La Palabra.

    3.- El Cura de Ars y el Demonio (relato)

    4.- Las Aflicciones.

    5.- Los Deberes de los Padres con los Hijos.

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Cuarta Parte

    1.- La Santificación del Cristiano.

    2.- La Santidad.

    3.- El Respeto Humano
   
    4.- Corpus Christi.


    5.- La Ira.

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"EL CURA DE ARS". Francis Trochu.







II. POR LA CONVERSION DE ARS


I. Oraciones y penitencias.

Mucho antes de rayar el alba, cuando en Ars todo reposaba, se hubiera podido vislumbrar, a través del cementerio, un vago resplandor. El Rdo. Vianney,con una linterna en la mano, pasaba de la casa parroquial a la iglesia. El buen soldado de Cristo se dirigía al lugar de la oración. Se encaminaba en seguida al presbiterio y allí se ponía de rodillas. 

En el silencio de la noche, pedía al Señor, en voz alta, que tuviese piedad de su rebaño y de su pastor. "¡Dios mío, decía, concededme la conversión de mi parroquia; consiento en sufrir cuanto queráis durante toda mi vida...sí, durante cien años los dolores más vivos, con tal que se conviertan!". Y regaba las gradas con sus lágrimas.

Su alma mística estaba hambrienta de soledad y de paz. Un día, el padre Mandy, cuando atravesaba el bosque de la Papisa, encontró al señor Vianney arrodillado. El joven cura no advirtió su presencia. Lloraba a lágrima viva y repetía sin cesar: "¡Dios mío, convertid mi parroquia!" El buen hombre no osó turbar la conmovedora oración y se retiró silenciosamente.

También "cuando, yendo de camino, rezaba el breviario, antes de comenzar y al terminar siempre se arrodillaba, fuese cual fuese la hora y el lugar donde se hallase".

A la oración juntó el Cura de Ars la penitencia, y fue, sin duda, para practicarla sin testigos, por lo que quiso vivir solo en la casa parroquial durante toda su vida. Si alguien pagaba por ellos, Dios perdonaría más fácilmente a los pobres pecadores: "Era, pues, menester a toda costa salvar las almas". Azotaba sin compasión SU CADÁVER, el VIEJO ADÁN, como llamaba a su cuerpo. "Movía a compasión, contaba Catalina Lassagne, ver la parte izquierda de sus camisas completamente deshechas y manchadas de sangre".

Marzo de 1818. Nos hallamos en plena Cuaresma. Excelente ocasión para que nuestro asceta comience aquel riguroso ayuno, que no cesará sino con su vida. Tenía un cuidado menos, pues pasaba sin cocinera; había reducido sus necesidades materiales al "minimum" posible. "Nunca observó una gran regularidad en sus comidas", pero el primer año de su vida de párroco traspasó en la mortificación toda medida. Más tarde había de llamar a tales excesos "locuras de su juventud".

Este período de los comienzos del ministerio parroquial fue el más austero de su vida. "Vivía entonces casi solo, dueño absoluto de si mismo" y se aprovechó de ello. En sus ansias de penitencia llegó a dejar pasar dos o tres días sin probar bocado. Durante una Semana Santa -tal vez la de 1818- comió solamente dos veces. Pronto comenzó a prescindir de toda provisión y "jamás se preocupó del día siguiente".

"¡Que feliz era, decía, lamentándose cuando vivía solo! Cuando tenía necesidad de alimentarme, yo mismo hacía tres tentempiés.

Era un místico dotado de la verdadera intuición de las cosas: el espíritu del mal ejerce un poder tiránico sobre las almas impuras; se trata nada menos que de librarlas de esa tiranía, y el Evangelio dice que "este linaje de demonios no se lanzan sino con el AYUNO y la ORACIÓN". El Cura de Ars había recogido estas enseñanzas de labios del divino Maestro. Veinte años después, el dia 14 de octubre de 1839, en un confidencial coloquio, dio al reverendo _Tailhades-joven sacerdote de Montpellier, llegado a Ars para formarse junto a él en el apostolado durante algunas semanas-EL SECRETO de sus primeras conquistas.

Amigo mío, el demonio no hace mucho caso de la disciplina y de otros instrumentos de penitencia. Lo que le pone en bancarrota son las privaciones en el COMER, BEBER y DORMIR. Nada teme tanto como esto, y por lo mismo nada es tan agradable a Dios. ¡Oh! ¡Cómo he tenido ocasión de experimentarlo! Cuando estaba solo, y lo estuve por espacio de ocho o nueve años, como podía entregarme sin medida a mis aficiones, llegaba a pasar días enteros sin comer... Entonces conseguía de Dios cuanto quería para mí y para los otros.

Al decir esto, las lágrimas le saltaron de los ojos. Y al instante prosiguió:

Ahora ya no es lo mismo. No puedo pasar tanto tiempo sin comer; llego al extremo de no poder hablar. ¡Mas qué feliz era, cuando estaba solo!

Vemos, pues, que para el joven párroco, el tiempo de las mayores penitencias fue la época de las mayores consolaciones.

-Continuará-

EL CURA DE ARS. Por la conversión de Ars(oraciones y penitencias).

Era un místico dotado de la verdadera intuición de las cosas: el espíritu del mal ejerce un poder tiránico sobre las almas impuras; se trataba nada menos que de librarlas de esa tiranía, y el Evangelio dice que "este linaje de demonios no se lanzan sino con el ayuno y la oración". El Cura de Ars había recogido estas enseñanzas de labios del Divino Maestro. Veinte años después, el día 14 de octubre de 1839, en un confidencial coloquio, dio al reverendo Tailhades, joven sacerdote de Montpellier, llegado a Ars para formarse junto a él en el apostolado durante algunas semanas, el secreto de sus primeras conquistas.

Amigo mío, el demonio no hace mucho caso de la disciplina y de otros instrumentos de penitencia. Lo que le pone en bancarrota son las privaciones en el comer, beber y dormir. Nada teme tanto como esto, y por lo mismo nada es tan agradable a Dios. ¡Oh! ¡Cómo he tenido ocasión de experimentarlo! Cuando estaba solo, y lo estuve por espacio de ocho o nueve años, como podía entregarme sin medida a mis aficiones, llegaba a pasar días enteros sin comer...Entonces conseguía de Dios cuanto quería para mi y para los otros.

Al decir esto, las lágrimas le saltaron de los ojos. Y al instante prosiguió:

Ahora ya no es lo mismo. No puedo pasar tanto tiempo sin comer; llego al extremo de no poder hablar. ¡Mas qué feliz era, cuando estaba solo! Compraba a los pobres los trozos de pan que les daban ; pasaba gran parte de la noche en la iglesia; no tenía que oír tantas confesiones... y Dios me colmaba de gracias extraordinarias.

Vemos, pues, que para el joven párroco, el tiempo de las mayores penitencias fue la época de las mayores consolaciones.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís