FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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ORACIÓN PARA ALCANZAR EL SILENCIO. (Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola).

"Señor: dame el don del silencio. El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mi. 

De poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa. De penetrar perdón, de abrirme a tus misterios y de librarme de este otro misterio de mi pecado. 

Hazme hallar, Señor, ese silencio de plenitud, que es la Palabra tuya, la que debe ser oída en eterno silencio. Hazme andar al unísono con Ella. Hazme sentir con su propio latido. 

Haz, Señor, que con tu Verdad y tu Amor me compenetre. Dame de tu silencio, Oh Dios; ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma, para que en esa invasión sea yo libre, y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior. 

Señor, si me das el silencio me conoceré y te conoceré... y yo quisiera que fuese así, Señor, porque quisiera comenzar a ser, de veras, hijo tuyo... Amén.

EL SILENCIO. (De los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola)

EL SILENCIO

1. Coloquio con Jesucristo (6) 

JESUCRISTO: Hijo mío, te espero en el silencio. Ahí es donde te doy audiencia; en el silencio hablare a tu alma y en el oirás mi voz. 

EL ALMA: Lo estoy deseando, Señor. Pero no se por que, consigo con dificultad hacer silencio dentro de mi. Llego a Ti, y a veces vengo de muy lejos, con el espíritu atestado de deseos y de penas, y así no consigo hallar tranquilidad. 

JESUCRISTO: Es que, efectivamente, hijo mío, el silencio es una conquista. Hay que merecerlo. El recogimiento exige un esfuerzo: hay que quererlo. Es mucho mas fácil dejarse llevar, exteriorizarse, vivir en la superficie del alma. Pero eso es construir sobre arena. El que no recoge conmigo, desparrama. El que no se recoge en Mi, se disipa. Haz con valor este esfuerzo. Pídeme humildemente la gracia del silencio interior y, dentro de algún tiempo, hallaras la paz. 

EL ALMA: A decir verdad, Señor hay momentos en que tengo casi miedo del silencio, algo así como se tiene miedo del vacío. 

JESUCRISTO: Ese vacío, hijo mío, yo lo llenare, échate valientemente en el silencio, abraza de corazón esa ley esencial de los Ejercicios, acepta lo que puede tener de amargo la corteza de la soledad. Si eres valiente y fiel, te darás cuenta al cabo de cierto tiempo de que allí estoy yo, en esa soledad, para reconfortar y para enriquecer tu alma. 

EL ALMA: Señor, si estuviera cierto de hallarte, no me importaría. Pero lo que temo mas que nada es el silencio tuyo. 

JESUCRISTO: Tranquilízate, hijo mío: quien me busca fiel y ardientemente, acaba siempre por hallarme. Solo que tengo diversas maneras de manifestarme. A las muchedumbres de Galilea les daba el encanto de mis divinas palabras, para atraer sus almas débiles. Pero durante la Pasión me calle. Y me callo mas aun en la Eucaristía. ¿Es menos expresivo este silencio? 

EL ALMA: El mundo de hoy, tan bullicioso, reconozco que me ha hecho perder el gusto del silencio y necesito aprender de Ti una lección que me es tan difícil. 

JESUCRISTO: Escucha atentamente mis palabras: el que gusta de la soledad sabe a que sabe Dios. El alma tiene necesidad de silencio para adorar. Tienes, hijo mío, que afinar tu alma hasta que pueda escuchar el silencio. Callarse es obligar a Dios a hablar. Cuanto mas recibe el alma en el silencio, mas puede dar el alma en la oración. El silencio es la ayuda que prestas a tu Dios para que El se comunique contigo. La calidad de las almas se calibra por su actitud ante el silencio, por su capacidad de silencio, por el timbre de su palabra interior. 

EL ALMA: Yo siempre había reducido el silencio a una mera medida disciplinar; pero ahora empiezo a comprender su ascetismo y su profundidad. 

JESUCRISTO: En el origen de todo estado místico hay un silencio anterior que es liberación repentina e inefable de todo lo que pesa. El gran beneficio del silencio es que te despega de lo sensible, de lo inmediato, y te hace hallar de nuevo el sentido de lo invisible, te hace poseerte plenamente. Tienes que hacer el silencio en ti, no para contemplarte y admirarte secretamente, sino para tomar posesión de ti mismo y darte del todo a Dios en la entrega del momento presente. El silencio descansa, pacifica y consuela. El silencio lo hace a uno mejor. ¿No has notado que sin silencio no hay recogimiento? Ese precioso recogimiento que favorece la soledad de un sitio retirado, que brota de un corazón pacificado y que se produce dentro por la presencia de un Dios amado. Haz silencio dentro de ti mismo para que hable en ti mi Palabra que se pronuncia en eterno silencio. El silencio, hijo mío, es un sacramento donde me oculto y me doy... 

(5) Op. cit.

Oraciones: Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.


ORACIÓN PARA ALCANZAR EL SILENCIO

"Señor: dame el don del silencio. El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mi.
De poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa. De penetrar perdón, de abrirme a tus misterios y de librarme de este otro misterio de mi pecado.
Hazme hallar, Señor, ese silencio de plenitud, que es la Palabra tuya, la que debe ser oída en eterno silencio. Hazme andar al unísono con Ella. Hazme sentir con su propio latido.
Haz, Señor, que con tu Verdad y tu Amor me compenetre. Dame de tu silencio, Oh Dios; ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma, para que en esa invasión sea yo libre, y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior.
Señor, si me das el silencio me conoceré y te conoceré... y yo quisiera que fuese así, Señor, porque quisiera comenzar a ser, de veras, hijo tuyo... Amén."

OJOS DE JESÚS, MÍRENME
 Ojos de Jesús, mírenme
Labios de Jesús, háblenme
Pies de Jesús, búsquenme
Manos de Jesús, bendíganme
Brazos de Jesús, abrácenme
Corazón de Jesús, ámame
Y a la eterna gloria, llévame. Amén.



ORACIÓN DE CLEMENTE IX

Creo, Señor: fortalece mi fe; espero, Señor: asegura mi esperanza; te amo, Señor: inflama mi amor; pésame, Señor: aumenta mi arrepentimiento.
Te adoro como a primer principio, te deseo como a ultimo fin, te alabo como a bienhechor perpetuo, te invoco como a defensor propicio.
Dirígeme con tu sabiduría, cóntenme con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme con tu poder.
Te ofrezco, Dios mío, mis pensamientos para pensar en Ti, mis palabras para hablar de Ti, mis obras para obrar según tu voluntad, mis trabajos para padecerlos por Ti.
Quiero lo que Tu quieras, lo quiero porque lo quieres, lo quiero como lo quieres, lo quiero en cuanto lo quieres.
Te ruego, Señor, que alumbres mi entendimiento, abrases mi voluntad, purifiques me cuerpo y santifiques mi alma.
No me inficione la soberbia, no me altere la adulación, no me engañe el mundo, no me prenda en sus redes el demonio.
Concédeme la gracia de depurar la memoria, refrenar la lengua, recoger la vista, mortificar los sentidos.
Llore las iniquidades pasadas, rechace las tentaciones futuras, corrija las inclinaciones viciosas, cultive las virtudes que me son necesarias.
Concédeme, Dios mío, amor a Ti, odio al pecado, celo del prójimo, desprecio del mundo.
Haced que procure obedecer a los superiores, atender a los inferiores, favorecer a los amigos, perdonar a los enemigos.
Venza el deleite con la mortificación, la avaricia con la largueza, la ira con la mansedumbre, la tibieza con el fervor.
Hazme prudente en las determinaciones, constante en los peligros, paciente en las adversidades, humilde en las prosperidades.
Haz, Señor, que sea en la oración fervoroso, en la comida sobrio, en el cumplimiento de mis deberes, diligente, en los propósitos, constante.
Concédeme que trabaje por alcanzar la santidad interior, la modestia exterior, una conducta ejemplar, un proceder arreglado.
Que me aplique con diligencia a domar la naturaleza, a corresponder a la gracia, a guardar tu ley y merecer mi salvación.
Que consiga la santidad, con la confesión sincera de mis pecados, con la participación devota del Cuerpo de Cristo, con el continuo recogimiento del espíritu, con la pura intención del corazón.
Dame a conocer, Dios mío, cuan frágil es lo terreno, cuan grande lo celestial y divino, cuan breve lo temporal, cuan duradero lo eterno.
Dame que me prepare para la muerte, que tema el juicio, que evite el infierno y que obtenga la gloria del paraíso.
Por Nuestro Señor Jesucristo. Así sea.


ACTO DE PERFECTA CONTRICIÓN
Señor y Dios mío:

porque he manchado mi alma con el pecado, degradándome;

porque he renunciado a mi razón y a tu ley, olvidando que soy hombre y criatura tuya, en tus manos;

porque me he jugado la eternidad y me he expuesto a tus castigos paternales en esta vida y tras la muerte;

porque quise condenarme y renuncie al Reino de las Cielos, a la dignidad de hijo do Dios, a la gracia que me diviniza, a tus dones y regalos, a tu paz, prefiriendo la carne, la tierra, el orgullo...;

porque olvide tus beneficios, tu bondad de Padre para conmigo, los inmensos regalos y misericordias, que desde que nací me hiciste y me haces...;

porque olvide la Sangre de tu Hijo Jesucristo, Señor y Hermano mío, que pago con su muerte las miserias mías, que me amo mas que nadie en el mundo, pues hizo por mi lo que nadie hizo: morir;

a quien crucifico uno y otro ida con mis caídas y debilidades;

porque eres Tu, Señor y Dios mío, inmenso e infinito bien, digno de ser amado con todo el corazón y todo el pensamiento y todas las energías, por encima de todas las cosas; Tu, Supremo Bien mío, para quien exclusivamente fui creado; Tu, mi Dios y mi Señor único;

por todo ello, poniendo por intercesora a mi Madre la Virgen Santísima, de quien soy hijo, y prometiéndote, una vez mas, no caer, morir antes que pecar, evitar los peligros y ocasiones, hacerme sangre en el alma para resistir y, en particular, prometiéndote enmendarme y poner remedios eficaces;

doliéndome con dolor sincero, aunque mi corazón no lo sienta; doliéndome con mi voluntad pero con deseo de que el olor se extienda hasta los tuétanos,

te pido perdón como el hijo prodigo:

"Padre, peque ante el cielo y ante Ti"; rectifico mi conducta pasada totalmente, radicalmente, y quisiera no haber hecho lo que hice y no hacerlo mas.

Padre: olvida mi miseria y cobardía. Acuérdate de tus misericordias, lávame ahora con tu gracia sacramental, salve mi vida para que sea limpia y fiel a tu servicio.

Tú no desprecias un corazón contrito. A Ti, Señor, vuelvo mi rostro; sálvame, Señor; alégrame en el camino de los Mandamientos e infunde constancia en mi juventud.

En Ti he esperado, no seré confundido. Por los siglos de los siglos. Amén.



 

ACTO DE DESAGRAVIO

LECTOR: Señor mío, Jesucristo, que te ofendes con la culpa y te aplacas con la penitencia: oye benigno las súplicas con que imploramos tu perdón y misericordia. No nos castigues por nuestros innumerables pecados, sino perdónanos por tu infinita misericordia. Te rogamos, Señor, por los que no te ruegan; te bendecimos por los que te maldicen; te adoramos por los que te ultrajan, y por nosotros te pedimos perdón y misericordia. por nuestros pecados, por los de nuestros padres y hermanos, por los de nuestros amigos y enemigos, por los del mundo entero.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por nuestra soberbia, por nuestros odios y rencores, por nuestros desprecios de los pobres, por nuestros abusos de los débiles.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por nuestras avaricias, por las usuras e injusticias, polos fraudes y robos, por el lujo y profusión en los gastos.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por las deshonestidades, por las conversaciones impuras, por las infidelidades de los esposos, por el libertinaje de los jóvenes.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por los escándalos de los cines y el teatro, por la licencia de los bailes, por la obscenidad de los cantares y de la radio y televisión, por el desenfreno en las diversiones.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por la provocación de las modas, por la desvergüenza de las revistas obscenas, por el descaro en las acciones, por la indecencia en los vestidos.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por la mala educación de los padres, por la indocilidad de los hijos, por la insubordinación de los súbditos, por los abusos de los gobernantes.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por la cobardía y debilidad de los tibios, por las hipocresías y respetos humanos, por el atrevimiento y procacidad de los impíos, por la apostasía de los gobiernos y naciones.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por las blasfemias en las calles, en los periódicos, por las blasfemias en las cátedras, en los libros.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por la profanación de los días festivos, por la irreverencia en los templos, por la frialdad de los indiferentes, por el ateísmo de los incrédulos.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por las maquinaciones de la masonería, por los crímenes del comunismo, por el desenfreno de la inmoralidad, por las maldades de las sociedades anticristianas.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por las ofensas al Papa, por la persecución a la Santa Iglesia, por la privación de su libertad, por la opresión de las ordenes religiosas.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: Por el desprecio de Jesucristo, por la negación de su divinidad, por el menosprecio de sus sacramentos, por el abandono de sus sagrarios.
TODOS: Misericordia, Señor, misericordia.
LECTOR: No os acordéis, Señor, de nuestros pecados.
TODOS: Ni toméis venganza de nuestros delitos.
LECTOR: Oración: Oh Dios de quien es propio compadecerse y siempre perdonar: escuchad nuestra oración, para que vuestra piadosa misericordia nos absuelva completamente a nosotros y a todos cuantos están encadenados al pecado. Lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
TODOS: Amén.

 

NOS HAS HECHO PARA TÍ
LECTOR: Señor mío y Dios mío: en este primer ida de mis Ejercicios, acudo a Ti en busca de recogimiento y de fervor.
TODOS: Hazme saborear el silencio interior, recoge hacia dentro mis potencias y sentidos, acalla el tumulto del mundo que todavía rumorea en mi.
LECTOR: He venido a la soledad para buscare en un profundo silencio. Aquí tienes, Señor, me corazón y mi vida delante de Ti.
TODOS: A Ti tiende mi vida toda, pues nos has hecho, Señor para Ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en Ti.
LECTOR: Ilumina me mente con la luz de tu claridad para que me corazón se oriente hacia Ti.
TODOS: Señor, a Ti solo te adoro, porque eres mi Dios; a Ti solo quiero servir, porque eres mi Señor, a Ti solo te busco, porque eres mi Bien; a Ti solo deseo, porque eres el Amor. Y mientras camino hacia Ti, oh mi Dios, haz que ti sirva con un corazón puro, haz que te ame con un alma ardiente, que viva para Ti, que cumpla tu Voluntad, que me entregue a tu Amor; todo de Dios solo de Dios. siempre de Dios. Así sea.

NOS HAS HECHO PARA TI.

Señor, a Ti solo te adoro porque eres mi Dios, a Tí solo quiero servir, porque eres mi Señor, a Tí solo te busco, porque eres mi Bien; a Ti solo deseo, porque eres el Amor. Y mientras camino hacia Tí, oh mi Dios, haz que te sirva con un corazón puro, haz que te ame con un alma ardiente, que viva para Ti, que cumpla Tu Voluntad, que me entregue a Tu Amor; todo de Dios, solo de Dios, siempre de Dios. Así sea.

(Oración tomada de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola).

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís