FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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LAMENTOS DIVINOS. PALABRAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Novena y última parte).


¡YO OLVIDARE! 

¡Cuántas amarguras había causado a mi Corazón divino aquella mujer joven con sus escándalos! Pero un día aquella pobre infeliz abrió los ojos, entró en sí misma y se postró a mis pies. No me dijo nada, solamente lloró. Eran lágrimas de arrepentimiento y de amor. 

En un instante borré de aquella alma una vida de pecado, le di mi Gracia y olvidé todo. No le eché en cara nada de su pasado y se convirtió en mi predilecta. 

Sacerdotes míos, caídos o enfriados en mi Amor, ¡venid a Mí como María Magdalena! ¡Olvidaré todo, os daré Gracias de predilección y os transformaré como transformé a Agustín!... 

¡Quién tiene oídos... que oiga! 


POR LOS SACERDOTES DIFUNTOS 

Dios permite que algún alma del mas allá se manifieste para pedir sufragios. 

Hace no mucho tiempo, un sacerdote difunto se le presentó a un alma privilegiada y le dijo: "Nosotros los sacerdotes en el Purgatorio sufrimos más que los demás y somos los más olvidados. Pedimos la caridad de una Santa Misa semanal". 

Quien ha leído estas páginas sabrá que se está realizando entre los fieles la cruzada de la "Santa Misa semanal por los sacerdotes difuntos". 

Confiamos que esta cruzada encuentre nuevos benefactores. 

Puede ver las partes anteriores después de un clic:


LAMENTOS DIVINOS. PALABRAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Sexta parte).


DIOS ES JUSTO 

La violación del sexto mandamiento es un gran mal y no deja de ser tal aunque todo sucede en el máximo secreto. Pero si la incontinencia se desboca y se llega al escándalo, el mal alcanza proporciones increíbles. 

"Ay de quien da escándalo", dije un día a lo largo de los caminos de Palestina. Y ¿qué debería decirle a aquel consagrado que, olvidado de su excelsa dignidad, violando el sexto mandamiento me arranca las almas sin número? 

Dios de infinita Justicia, ¿cómo debería tratar, en el día del Juicio, al consagrado que ha dado escándalo y ha llegado a Mí sin arrepentirse? ¡Inexorablemente lo alejaría de Mí y lo enviaría al fuego eterno! 

"¿Infierno? ¿Fuego eterno? Pero pienso que no existen, o por lo menos dudo y espero que no existan". Así piensa entre sí el incontinente y se consuela con este pensamiento para poder pecar aún con mayor tranquilidad. 

Y tú, Sacerdote, que has estudiado las Escrituras, ¿pones en duda también la existencia del Infierno? ¿O hasta lo niegas? 

Si piensas esto te engañas a ti mismo y lo haces para atenuar el remordimiento y ser más libre de hacer el mal. Pero aunque niegas o pones en duda al Infierno... el Infierno existe de todas formas. 

Son las pasiones desenfrenadas que te quitan la luz; es Satanás que te venda los ojos de la mente. Si se te concediera la oportunidad de ver solo por pocos instantes la suerte de los consagrados infieles caídos en el lugar de los tormentos, te quedarías aterrado. 

El 30 de noviembre de 1968 mostré el Infierno a un alma privilegiada que sufre y ora para salvar a muchas almas. Escuchad, sacerdotes que habéis caído o que os encontráis en peligro, la triste narración. 

"Las almas tenían una fisionomía humana para poder ser reconocidas. Los demonios estaban feroces contra mí, porque en aquel tiempo había cooperado a la salvación de muchas almas y me gritaban: Por culpa tuya, ¡oh maldita, hay tantos puestos vacíos en este abismo! 

Los sacerdotes que estaban allí sufrían penas horribles. Eran torturados sobre maderos encendidos, puestos en forma de cruz, para ser castigados por todas las veces que habían puesto en la Cruz al Señor con sus pecados. Su lengua y sus manos impuras y sacrílegas sufrían tremendas torturas. Eran continuamente arrastrados aquí y allá no sólo por los demonios, sino también por los condenados, que les gritaban sus infidelidades, la traición que le fue hecha al Señor para apagar los placeres de la vida. Eran lacerados y continuamente atacados. 

Estos sacerdotes maldecían la vida del mundo, todas las atracciones humanas, todos los placeres gozados pisoteando el voto de castidad y viviendo alejados de Dios. 

Estaban sumergidos en una grande y tremenda oscuridad: sólo las llamas del fuego les daba un poco de luz. Gritaban por la desesperación, mientras los demonios se divertían atormentándolos y riéndose decían: Habíais sido escogidos para dominar sobre nosotros, puros espíritus; vuestra dignidad superaba la de las legiones angélicas; ¡podíais arrancarnos muchas almas y en cambio habéis terminado aquí junto a nosotros! ¡Os hemos vencido! Y mientras más será vuestra confusión en el día del Juicio, más apareceréis como muchos Judas!... Esta es vuestra gloria ante los que pasabais como corderos, ¡mientras erais verdaderos lobos rapaces! Existen otros en el mundo que siguen vuestras huellas; ¡tendréis otros compañeros!... Habéis sido vencidos; no esperabais el infierno... y habéis caído aquí. El rico Epulón no creía en el Infierno, pero también él terminó aquí." 


LA MANO A QUIEN HA CAÍDO

Soy Dios de infinita Misericordia: no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. 

Ya que el pecado contra la pureza endurece el corazón, lleva al sacrilegio, a la pérdida de la Fe y a la contumacia final, este es el pecado que mis sacerdotes deben odiar más. 

Sacerdotes fieles, vosotros que cultiváis la pureza y sois celosos al buscar mi Gloria, vosotros que sois todavía un discreto número de mi Iglesia y formáis mi preciosa corona, ¡tened piedad de vuestros hermanos del Sacerdocio! ¡Sostened a los que están en peligro y dad la mano a los que han caído! A vosotros confío este deber urgente de caridad. Un gran pecador podría convertirse en un gran santo; la historia de mi Iglesia está llena de estos ejemplos. 

Recordadlos cada día en la celebración de la Misa. 

Exhortad a los fieles para que oren y ofrezcan sacrificios por ellos. 

Decidles a ellos una buena palabra para que no se aflijan. Recordadles que Yo soy Jesús, el Salvador que en un solo instante cancela toda iniquidad. 

Soy el Buen Pastor; soy el Padre amoroso del hijo pródigo. Camino inquieto para buscar a la oveja perdida, para abrazarla y traerla al rebaño. 

Mi Amor por las almas es infinito, especialmente por las almas sacerdotales. El abismo de mi Amor cubre el abismo de toda iniquidad. 

Si hay lamentos tan fuertes por tantos consagrados, es porque los amo con un Amor de predilección.

LAMENTOS DIVINOS. PALABRAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Quinta parte).



REINA DE LOS ÁNGELES 

El mundo, al servicio de Satanás, ciego espiritualmente, no ve la luz de la pureza angélica de mi Madre. 

Pero no es solamente el mundo corrompido que descalifica a la Virgen Madre. Existen otros, que se dicen mis discípulos y desgraciadamente también son los sacerdotes, que discuten y ponen en duda la perpetua virginidad de mi Madre. 

¿Cómo pueden llegar, ciertos consagrados, a un tal grado de ceguera? ¡Aquellos, que son sordos a mi voz y a la de mi Vicario, escuchan la voz de Satanás, para cuyo servicio trabajan! 

¿Pero saben quién es Satanás y lo que está haciendo en esta hora gravísima? 

La Humanidad va a la deriva, pero mi Madre puede salvarla, ya que estamos en la hora de María, así lo quiere la Divina Providencia. El castigo colectivo desde hace tiempos se habría desencadenado sobre la tierra si esta Madre misericordiosa no hubiese detenido mi mano. 

Satanás es quien ha empezado la batalla contra mi Madre, con la esperanza de capturar a muchas víctimas. Y esto porque el príncipe de las tinieblas sabe quién es la Virgen Madre y cual es el poder que Ella tiene en el Cielo. 

¡Que los servidores de Satanás y todos mis sacerdotes escuchen! 

En la novena de preparación a la fiesta de la Inmaculada de 1968, Yo, Amo del Universo, permití que una víctima extraordinaria, escogida por Mí personalmente, reciba un ataque diabólico. La víctima se encontró delante de una armada de demonios; también estaba Satanás, que habló así: 

"¡Que se ataque a los consagrados! A causa de sus caídas, cuántas almas vienen a nuestras manos, porque el escándalo aleja también la Fe. Los consagrados que dan escándalo hacen que se dude también de la existencia de Dios. Y esto es hacia lo cual debemos tender: al alejamiento de Dios. Se acerca la solemnidad de aquella Mujer (la Inmaculada) que nos tiene sometidos a todos. ¡Nosotros debemos sufrir la infelicidad eterna, el infierno, mientras en el mundo tantos y tantos llegan a salvarse a pesar de las numerosas rebeliones contra su Dios!... En ese entonces no existía aquella Mujer, que se llama María, de otra forma a nosotros no nos habría tocado dicha desventura. Las almas que se salvan, se salvan por intercesión de Ella a la cual odiamos y maldecimos...". 

"Nosotros Ángeles, por un solo pecado fuimos precipitados en el abismo; y por esto nuestra rabia crece cada vez más: ¡por la injusticia de este Dios!... Si aquella Mujer hubiera existido desde el principio de la Creación, nosotros no habríamos tenido dicha condena". 

Y mientras aquella alma víctima escribía las palabras de Satanás - ya que Yo quería que escribiese - Satanás lleno de ira exclamó: "¿Por qué pones mis palabras en el papel?... ¡Basta! ¡Basta!... ¡No escribas, maldita!". 

Reflexionad, oh sacerdotes míos, sobre lo que ha quedado escrito de esta experiencia: Si aquella Mujer que es mi Madre hubiera existido antes que algunos Ángeles se rebelaran al Creador, ¡gracias a su poderosísima intercesión habrían obtenido misericordia! 

¿Quién es esta Mujer, ante la cual el Infierno tiembla? Es aquella Virgen Purísima que hoy el mundo quisiera enfangar. 

¿Qué relación existe entre Mí y esta purísima Mujer? Yo vine al mundo por medio de Ella; fui alimentado por medio de Ella, con su leche virginal. Por toda la vida, hasta los treinta años, fui cuidado por Ella. María Virgen fue el precioso instrumento de la Redención del género humano. Yo vivo de su sangre y de su carne virginal en la Hostia Consagrada y cuando las almas me reciben no estoy solo, porque estoy incorporado en la vida de mi Madre. ¡Este es el gran poema místico vivo en mi Iglesia! Sin mi Madre no podía ser Jesús en la tierra; todo se debe a esta purísima Reina Inmaculada. 

Si un hijo afectuoso rodea de reconocimiento amoroso a su madre terrenal, y hace esto con un corazón limitado, mucho más Yo, que debo hacer que mi Madre se vea honrada, amada, glorificada y consolada, Arca de la salvación, Canal de Gracia, Corredentora del género humano! ¡La Santísima Trinidad le ha dado todas las Gracias que le pueden ser dadas a una criatura! 

El misterio de mi vivir en las almas se cumple siempre por medio de mi Madre purísima. 

¡Cuán estupenda y luminosa es la figura de esta Virgen, Trono y Tabernáculo del Dios Vivo! No existe ningún idioma humano o angélico, que pueda expresar las alabanzas. 

Quien me ama, ama también a mi Madre. Y quien ama a mi Madre, me ama también y tendrá vida segura. 

María me trajo al mundo y es por medio de Ella que llego a las almas. Es María que me conduce y prepara los corazones para hacer mi morada. ¡Mi Madre es demasiado grande! ¡Ay de los infelices que se atreven a proyectar una sombra sobre la pureza virginal de Aquella que tiene en la mano el cetro de Reina de los Ángeles 

¡Oh sacerdotes que me escucháis, reparad y haced reparar el honor ofendido de mi Madre que también es vuestra. Que se celebren Misas en honor de la Virgen, para que sean reparadas las ofensas contra su pureza virginal. Que se organicen cruzadas de Comuniones reparadoras, y que se hagan especialmente el día Sábado. Que se difunda esta invocación: "¡Por tu virginal candor, oh María, salva a todas las almas que ofenden tu perpetua pureza y tu Corazón de Madre!". 


SABER NEGARSE A SÍ MISMOS

Para venir a la tierra a rescatar al hombre he escogido a dos Vírgenes: María para traerme al mundo y José para custodiarme. Las almas castas forman mi delicia. Aún sin condenar a la generación, amo con gran predilección a las almas vírgenes. 

No todos comprenden cuan sublime sea la virginidad; ¡Mí Padre Celestial da esta luz a ciertas almas y bienaventuradas ellas que corresponden a los planes divinos! 

En el mundo, que está tan enfangado, tengo armadas de vírgenes, hombres y mujeres. Tengo también de aquellos que, aún estando vinculados por el matrimonio, viven angélicamente, casi como si no tuvieran cuerpo. ¡Cuánta alegría me dan aquellos y cuantas bendiciones atraen a la Humanidad! 

¿Mis sacerdotes no deberían ser los primeros en la armada de las vírgenes? ¿Es posible que simples fieles me den con más generosidad lo que mis ministros me dan con tanta avaricia? ¿Cómo puedo enorgullecerme de ellos, que deberían ser la pupila de mis ojos? 

Existen consagrados que pretenden vivir la vida ordinaria del hombre. 

¿Pero tenían estos sentimientos cuando cultivaban la vida interior, se alimentaban con Fe de mi Carne, custodiaban sus sentidos y vigilaban para huir de las ocasiones peligrosas?... Entonces era fácil y consolador la vida de una pureza perfecta; mi Gracia los sostenía. 

Ahora en cambio dicen: "¡El yugo es demasiado pesado!... ¡es insostenible!... ¡la incontinencia perfecta es imposible!...". 

¿Por qué no oráis más, en vez de daros a los pasatiempos? 

¿Por qué no regresáis al espíritu de mortificación? 

¿Por qué no quitáis la leña al fuego de las pasiones, en vez de agregar otra? 

Las demasiadas comodidades han enervado vuestro espíritu, os han debilitado demasiado, tal vez os han hecho caer y ahora estáis en el fango. 

¡Sacerdotes del Altísimo Dios, habéis olvidado mi Doctrina! ¡Y lo mismo vosotros, maestros de Israel!... ¿Qué he enseñado al mundo y qué habéis predicado a los demás?... "El Reino de los Cielos necesita violencia y solo los violentos toman posesión... Quien quiere venir detrás de Mí, que reniegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga". Esto vale para todos, también para el último de mis discípulos. ¿Y los pastores de mis ovejas no deben dar a todos, siempre y donde sea, el ejemplo de la renuncia?... 

Existen sacerdotes que no creen en mi Palabra. ¡Estos no son dignos del Sacerdocio divino! 

El consagrado carnal no acepta mi enseñanza. ¡Qué equivocación! 

No pocos sacerdotes, con los cuales contaba, se han convertido primero en groseros, luego en indiferentes, aburridos y finalmente... en piedra para tropezarse. Tienen el corazón endurecido, son insensibles y no se rinden a las dulces llamadas de un Dios Omnipotente. 

Yo, Maestro divino, para algunos sacerdotes míos valgo menos que el fango de la tierra: ¡prefieren las falsas alegrías del mundo a mis consuelos; prefieren lo que puede llevarlos al Infierno a lo que puede introducirlos en el Paraíso! 

¡Pobres almas! ¿Dónde está la utilidad de mi Sangre para vosotros? 

En esta hora fatal (y es inútil eludirse) se necesita una generosidad plena en mis ministros, negación del propio yo, penitencia amorosamente abrazada para la Gloria de Dios. 

Sacerdotes, que os rebeláis a mi enseñanza sobre la necesidad de negarse a sí mismos, ¡contempladme en la Cruz! Yo, vuestro Redentor y Maestro, he mortificado toda mi vida, desde el nacimiento en la gruta al martirio en el Gólgota. Y vosotros... ¿no sabéis privaros de satisfacciones ilícitas, (¡y siempre son ilícitas!...) para demostrarme vuestro amor? Por el contrario vosotros buscáis en todo las comodidades de vuestro placer; tenéis en el horror la austeridad de la vida. 

Al Paraíso no se llega gozando del mundo y creyendo en sus enseñanzas, sino renunciando a todo lo que el mundo aprueba. Es imposible servir a dos patrones que son enemigos entre ellos. 

Si no queréis saber de mortificación en esta tierra, la sufriréis mucho más trágicamente con la purificación que deberéis sufrir en el Purgatorio... ¡si os libráis del fuego del Infierno! 

Si actualmente sufren en el Purgatorio almas que en la tierra se las tenía como santas, ¡imaginad cuáles penas serán reservadas a los sacerdotes por haber buscado, amado y gozado por completo satisfaciendo los sentidos! 

La tierra es un lugar de prueba, como lo fue para Adán y Eva. La tierra es un exilio, un albergue, donde el viajero se detiene de paso, pero siempre pensando en el camino que todavía le queda por hacer para llegar a la meta. Quien camina demasiado apegado a la tierra no puede llamarse verdadero cristiano y mucho menos mi ministro. 

Este es el distintivo del hombre que pasa: la negación de sí mismo.

LAMENTOS DIVINOS. PALABRAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Cuarta parte).




LA VIRGEN MADRE 

"Bienaventurados los puros de corazón", dije un día en la tierra. Pero el mundo, mi enemigo, no quiere saber nada: se revuelca en el fango y se lanza contra todo lo que se refiere a la pureza. 

Mentes malsanas, hoy más que en otros tiempos, han tomado como blanco la pureza virginal de mi Madre, poniéndola al nivel de otras mujeres. 

¡Qué insulto para la Reina del Cielo y ¡qué dolor me causa! 

También mi Padre Adoptivo, el castísimo José, es tocado por esta diabólica honda de fango. 

Mi Madre fue purísima antes del parto. El Profeta Isaías profetizó, siglos atrás, que Yo nacería de una Virgen. Fue purísima después del parto y lo testimonia la Tradición auténtica de la Iglesia, confirmada por la sana Cristiandad, por los Concilios y por el Magisterio de los Papas. Lo testimonia también y especialmente la respuesta dada a Gabriel que le anunció su maternidad: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?". Lo que significa que no pensaba conocerlo, porque si hubiera querido vivir la vida común de otras mujeres no le habría dado al Ángel aquella respuesta, sino que habría dicho sin duda: "Acepto ser madre". Mi Madre fue purísima, Terreno elegido y preparado para hacer que Yo nazca, Lirio de los valles. Me daba la leche, Hombre-Dios; estaba ininterrumpidamente en intimidad con el Rey de la Gloria y sus pensamientos siempre estaban dirigidos al Cielo y no a la tierra. 

Los Ángeles aleteaban sobre la casa de Nazaret, adorándome y bendiciendo a la Madre de un Dios hecho Hombre, decisión de la Santísima Trinidad para ser la Reina de las vírgenes y la Virgen por excelencia. 

Si en el mundo tengo una armada de almas vírgenes, que se han unido a Mí, con voto, almas que aún con las consecuencias del pecado original son Ángeles de carne, ¿por qué dudar de la perenne virginidad de mi Madre que fue dispensada de la culpa original, obra de arte de la Omnipotencia de Dios, enriquecida por un océano de Gracia, Criatura excelentísima que eclipsa las virtudes de las almas elegidas. Faro luminoso de la humanidad, esplendorosa más que el sol en el firmamento. 



SAN JOSÉ HABLA DE SU ESPOSA 

"Desato mi lengua para defender la pureza virginal de María, la Esposa que Dios me ha dado". 

"Fui escogido para ser un apoyo para Jesús y María; pero yo, hasta que ocupé dicho puesto que Dios me dio, sentía una humillación continua e íntima al estar junto a Jesús, Hijo de Dios hecho Hombre, y a María, espejo de pureza y de candor, tanto que cuando la miraba estaba como obligado a bajar la mirada, sintiéndome indigno de estar junto a ellos. La custodiaba celosamente, como se puede custodiar una perla preciosa y delicada, de gran valor". 

"Fui escogido por Dios y en vista de dicha decisión fui inspirado desde joven para mantener mi pureza virginal castísima, hasta mi último aliento. Este fue un misterio que revelé solo a mi Esposa elegida, María". 

"No sentí ningún temor, por mi virginidad, al ver que yo había sido escogido como su Esposo, porque sólo con acercarme a ella, el perfume interior que emanaba de su pureza me inundaba el alma de una alegría casta". 

"Nos comprendimos plenamente sin intercambiar ninguna palabra, porque el misterio sublime que nos unía de manera celestial no nos hacía sentir la necesidad de exteriorizarlo, sino de callarlo". 

"Son mentirosas e infernales aquellas lenguas de aquellos que quieren obscurecer a mi dulce y casta Esposa María, la Madre de un Dios, Tabernáculo vivo del Divino Nazareno". 

"A una planta delicada se la cuida de todo lo que le puede hacer daño y se la cultiva con una atención particular. Imaginad por lo tanto con cuales cuidados la llenaba a la castísima María para que nadie la molestara". 

"Su vida en la casa de Nazaret fue obra del Amor divino; a los ojos de los hombres fue un secreto tan profundo que nadie ha podido imaginar nunca. ¡Eh aquí la casa de Nazaret, rodeada por el escondimiento, por la más profunda humildad, por la más completa pobreza! ¡Pero aún estando alejada de todo, aquella casa poseía todo... poseía a Dios!". 

"¡Mundo que te agitas, en vez de lanzar tus flechas contra la Virgen, mi Esposa, imita las virtudes y el candor! ¡Aprende a amarla, venerarla y no a destruirla más! ¡Agradece al Eterno Dios que te ha dado una Madre tan santa para salvarte!". 


LAMENTOS DIVINOS. PALABRAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Tercera parte).



PRISIONERO... SOLITARIO 

Multitudes de fieles en todo el mundo, oprimidos por el trabajo y por las necesidades cotidianas, saben encontrar cada día un poco de tiempo para venir delante de mi Tabernáculo. Aman estar conmigo, hablarme, confiarme sus penas. 

Pero ¿cuántos son los sacerdotes que después del tiempo de la celebración, aman estar conmigo, presente en el Santísimo Sacramento? ¡Son raros! Con este comportamiento, ¿piensan que me hacen un honor, oh consagrados míos? 

Vosotros no encontráis obstáculos cuando las personas tan queridas por vosotros están enfermas. En este caso encontráis el tiempo, porque sentís el deber y la alegría de ir a visitarlas. Dejáis todo y afrontáis también sacrificios cuando un enfermo a quien vosotros lo amáis está en algún hospital lejano. 

¿Y vuestro Dios en el Tabernáculo no es un Enfermo de Amor, un Mendigo Divino que pide y pide un poco de consuelo? ¿No es un Hombre-Dios que sufre, que gime y va en busca de quien sabe compartir su Misterio de Amor? 

Si todos los sacerdotes comprendieran este lenguaje, ¡cómo se transformaría su vida!... Y si no lo comprendéis, ¿quién debería comprenderlo? 

Hago una invitación a mis fieles sacerdotes. 

Haced todo lo posible para traerme almas fervorosas, que cada Jueves de la semana, a eso de las veinte horas, día memorial de la institución de la Eucaristía, tengan un pensamiento para Mí y se detengan amorosamente, aún por pocos instantes, para agradecerme, para reparar y para intercambiar mi Amor ardiente, que en aquella hora se ha querido dar y esconder misteriosamente bajo las apariencias del Pan y del Vino para ser vuestro alimento y apoyo. 

Una invitación más. 

Deseo las "lámparas vivas" alrededor de mi Tabernáculo, es decir corazones palpitantes de amor que, turnándose, hagan cada jueves una hora de adoración, para reparar tantos ultrajes, sacrilegios y olvidos que continuamente recibo de la mayor parte de las almas, especialmente de aquellas consagradas. Quien ama encontrará el tiempo. Mi mirada se posará benévolamente sobre estas "lámparas vivas" y sobre aquellos sacerdotes que se harán promotores de tanto bien. 



EL CRUCIFIJO, ¿DEVOCIÓN PASADA? 

Una moderna y deplorable corriente de pensamiento que circula entre algunos sacerdotes quiere renovar todo y sobre todo tiende a repetir. No ahorra ni siquiera mi Crucifijo. 

"¿Las imágenes de Jesús Crucificado? ¡Cosas de otros tiempos! - dicen algunos - Eran las mentes ingenuas del tiempo pasado que amaban estos signos sensibles, estas formas extrañas de devoción. Pero en esta actual renovación de la Iglesia y de la sociedad las imágenes del Crucifijo deben ser puestas a un lado". 

¿Qué debería responder a estos sacerdotes... renovadores, enemigos de mi Cruz? 

¡Ante todo renovaos vosotros mismos en el espíritu! Y luego, ¿por qué impedís que los fieles me contemplen Crucificado? ¿No existen aquí y allá en el mundo varios monumentos que recuerdan a los grandes hombres de la historia? ¿Y no guardáis con cuidado las fotos que os recuerdan el rostro de personas que fueron queridas por vosotros, vivas o difuntas? ¿Qué hombre es más grande y más digno que el Hombre-Dios? ¿Qué persona en el mundo puede ser más apreciada por vosotros que Yo, el Redentor? 

La imagen de mi Crucifijo ha llevado a muchos a la verdadera conversión y ha formado a muchos Santos. ¡Cuántas veces he demostrado al mundo, con los prodigios que he hecho a aquellos que acogieron mi imagen - cuando estuve clavado en la Cruz - derramando Sangre viva por las heridas y a veces desclavando mis manos para abrazar a los pecadores arrepentidos! 

Y vosotros, discípulos y ministros míos, ¿consideráis como una devoción pasada el culto a mi imagen de Crucificado? ¡Qué necedad! 

¡Doblad las rodillas, humilláos, besad mis llagas y meditad sobre las enseñanzas que os da un Dios Crucificado, para salvaros! 

Quien me contempla clavado en la Cruz y siente amor por Mí, difícilmente daña su conducta y se deja oscurecer la mente para seguir el torbellino de este mundo. 

Quien no ama al Crucificado, no me conoce y al no conocerme no puede imitarme y al no imitarme no obra nada concreto en su vida.

-Continuará-

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís