FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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LA IMPORTANCIA QUE DEBE DAR TODO SACERDOTE A LA FORMA EN QUE VA VESTIDO

Por: Padre Fortea

El hábito eclesiástico es un signo de consagración para uno mismo, nos recuerda lo que somos, recuerda al mundo la existencia de Dios, hace bien a los creyentes que se alegran de ver ministros sagrados en la calle, supone una mortificación en tiempo caluroso. El sacerdote al mirarse en el espejo o en una foto, y verse revestido de un hábito eclesiástico piensa: tú eres de Dios.

Bajo la sotana, el sacerdote viste como el común de los hombres. Pero revestido con su traje talar, su naturaleza humana queda cubierta por la consagración. El que viste su hábito eclesiástico es como si dijera: el lote de mi heredad es el Señor.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro jersey, pantalones, calcetines y zapatos.
El hábito eclesiástico también es signo de pobreza que nos evita pensar en las modas del mundo. Es como si dijéramos al mundo: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

La vestimenta propia del sacerdote es la sotana. Pero el clériman también es un signo adecuado de consagración, manifestando esa separación entre lo profano y lo sagrado. Aunque el hábito eclesiástico propio del presbítero sea por excelencia la túnica talar, el clériman es un hábitus ecclesiasticus y todo lo que aquí se dice a favor de la sotana, se puede aplicar al clériman. En caso de que estas hojas las lea un religioso, evidentemente, lo dicho aquí de la sotana valdrá para su propio hábito religioso.

Nos sorprenderíamos cuánta gente piensa en Dios, cuando en una ciudad populosa un sacerdote atraviesa las calles. Multiplicado por todos los días del año, el bien que hace vestir de clérigo es inmenso. Sin exagerar, al cabo de un año han reparado en él decenas de millares de personas. Y si un sacerdote anda por la calle recogido y en presencia de Dios, entonces se transforma en un instrumento para que los ángeles custodios les digan a sus protegidos: fijaos.

Un sacerdote con sotana por la calle es como un grito para los paganos. Un grito que les dice: ¡Dios existe! Ved aquí a uno de sus siervos. Por eso satanás tiene tanto interés en que de la vía pública desaparezcan todos los signos que hacen referencia a Dios. El amor reside en el corazón, no en el vestido. Pero el amor se desborda en multitud de detalles externos: uno de ellos es una vestidura de consagración. Las vestiduras eclesiásticas son un constante recuerdo de la dignidad que nos ha sido conferida, del poder que ostentamos.

Alguien puede objetar que el hábito eclesiástico separa de los hermanos. Pero hay que recordar que el sacerdote es alguien segregado del resto de los hombres para el culto de Dios, para consagrarse a su servicio. Es la porción que Yahveh se ha separado para ejercer sus sagrados misterios.

Esos misterios sacrosantos son razón suficiente para que se te señale como en tiempos de Moisés se señaló un límite en torno al monte Sinaí porque era un monte santo. ¿Es acaso menos sagrado un sacerdote de Cristo que ese monte de la Antigua Ley? El hábito eclesiástico ha sufrido modificaciones desde que comenzó a existir, pero siempre ha sido una tunica talaris a semejanza de aquellas que gloriosamente cubrieron a los doce primeros apóstoles.

Bien con un traje talar, bien con un clériman, vestimos como sacerdotes no porque nos apetezca o nos guste, sino porque nos lo pide la Iglesia. Ir vestidos como ministros de Dios es un modo de servirle. Si eres un hombre que ha entregado su entera vida al Omnipotente como presbítero, ¿por qué no vestir como lo que eres? Aunque en las tiendas diocesanas se vendan camisas de muy distintos colores, el color negro o el blanco (para lugares cálidos) son colores nobles y elegantes. Desgraciadamente son muchos los sacerdotes que visten combinaciones de prendas carentes de todo gusto. Van mal vestidos toda la vida y nadie se atreve a decírselo. Desde estas páginas, en nombre de Aquél a quien representan, les pido que vayan vestidos con dignidad y que no confundan el mal gusto con la pobreza.

¿Por qué el sacerdote no lleva una vestidura exactamente igual que la de Jesús? El que los sacerdotes no nos dejemos una barba y el pelo largo como el que la tradición atribuye a Jesús, y no llevemos una túnica y un manto como los que llevaban los judíos, creo que tiene una profunda razón teológica detrás. Llevamos un distintivo, un símbolo, que recuerda la túnica de nuestro Maestro. Pero esa túnica no trata de ser idéntica, ni lo intenta siquiera, para que se vea que nosotros somos meros continuadores suyos, pero que Él era único. Él era único, nosotros somos meros continuadores.

FUENTE: porquedeboirvestidodesacerdote.blogspot.com

PADRE JOSÉ ANTONIO FORTEA

el exorcista más famoso de España y sus claves para luchar contra el demonio




Asegura que “el demonio nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad”.


El padre José Antonio Fortea, nacido en la provincia de Huesca en 1968, es considerado el exorcista más reconocido de España. Ordenado diácono y presbítero en 1994 en la diócesis de Alcalá de Henares, obtuvo una licenciatura en Teología en 1998 con su tesis “El exorcismo en la época actual” y, al poco tiempo después en la misma iglesia donde ejercía de párroco, comenzó a atender casos relativos a problemas de tipo demoníaco.

“Comencé a practicar exorcismos una vez que acabé mi tesis, porque no había ningún exorcista en España. Empecé a hacerlos no porque haya querido meterme en ese mundo, pues fue mi obispo quien me pidió que hiciera mi tesis en exorcismo. Yo no quería hacerlo en un principio, porque no era algo que me interesara. Pero no tuve opción. Y de ese modo empezaron a mandarme casos de posesión demoníaca”, recordó el religioso, quien agregó que durante sus casi 10 años en esta práctica recibía entre cinco y seis personas al día, aunque aclara que la mayoría de los casos no tenían nada que ver con posesiones diabólicas, por lo que cuando era necesario, remitía a estos pacientes a psicólogos o psiquiatras.

Con el tiempo, tras escribir varios libros de teología, algunos de los cuales se traducirían a más de ocho idiomas, el padre Fortea se especializaría en temas referentes a ángeles, demonios, posesión diabólica y exorcismo.

“Mi primer caso fue el de una buena señora llamada Marta, quien entraba en trance, sufría de violentas convulsiones, hablaba con una voz distinta en otra lengua y tenía aversión a lo sagrado. Fue muy extraño, aunque cuando me tocó atenderla no me inspiró miedo porque no era la primera vez que veía un acto de exorcismo. Antes, con el fallecido padre Gabriel Amorth (considerado el más famoso y el decano de los exorcistas), que en paz descanse, me tocó presenciar trece exorcismos. En esa oportunidad, con la señora Marta, me limité a orar a Dios, usando agua bendita, incienso bendecido, la santa cruz y el santo crisma. Eso era todo. No hice nada extraño más que orar, orar y orar, porque lo mejor es concentrarse en Dios. Es el mejor modo de debilitar a un demonio. Y después, casi al final, hay que hablarle directamente. Le hacía preguntas para saber con quién estaba hablando. De todos modos, un exorcismo nunca es igual a otro. He tenido casos que han acabado en media hora y otros en que hemos necesitado más de cinco años. Siempre suelen preguntarme si yo salía muy debilitado al acabar un exorcismo, y la verdad es que no. Al contrario, salía más aliviado de haber ayudado a esa persona posesa”, explicó el religioso en una entrevista concedida a la revista The Clinic.

El Padre José Antonio Fortea, en esa misma entrevista, confidenció que, por lo general, es durante la noche donde más comúnmente se manifiesta el diablo, cuando las personas ya están en sus respectivas casas. “La persona durante el día está trabajando o está con gente. Es lo mismo que las tentaciones, hay más por la noche que de día. Y no me refiero al sexo solamente. Hay momentos que se prestan más a la tentación. Y también es cierto que hay más casos de mujeres poseídas, aunque no tengo una teoría para explicar de por qué sucederá eso. También es evidente que algunas personas sufren posesiones porque ellas mismas se han puesto en peligro, practicando espiritismo, brujería, santería, vudú, o incluso llamando a entidades desconocidas, como en el reiki, el feng shui o incluso con el yoga. Si un maestro que dirige un grupo de yoga les dice que llamen a una determinada entidad espiritual, se corre peligro, ya que se puede invocar al maligno. Eso no es prudente. En el cristianismo sólo llamamos a espíritus que aparecen en la Biblia, como Rafael, Gabriel o Miguel, pero no invocamos a seres desconocidos porque nos obligue un maestro de yoga o de reiki. El consejo que hay que darle al mundo es que no se pongan en peligro ni con espiritismo, ni con magia, ni con supuestos ritos que les van a limpiar de cosas malas. Todo eso es demoníaco. Quien busca un santero sufrirá la influencia de los malos espíritus”.

La obra más conocida del Padre Fortea es, sin duda, “Summa dæmoniaca”, un tratado de demonología y un manual de exorcistas que analiza el mundo de los demonios, el estado de condenación, la relación de los espíritus caídos entre ellos mismos, con los ángeles, con los humanos y con Dios. En la segunda parte de esta obra se aborda todo lo relativo a los fenómenos demoníacos, las posesiones, los modos de realizar un exorcismo y los fenómenos poltergeist en las casas, así como otros sucesos más extraños e inusuales.

En su obra “Summa Daemoniaca”, el padre Fortea aborda varias cuestiones relativas a la lucha contra el demonio. Lo primero, según el religioso, es saber quién es exactamente el diablo, el mismo ser espiritual que en el Antiguo Testamento es conocido como “satán” -nombre que significa “adversario, enemigo, opositor”-, mientras que en el Nuevo Testamento es llamado como “diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar).

“También es conocido como lucifer, nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”, lo cual recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera. El demonio es un misterio. Un misterio de condenación, de odio, es el reverso de la eternidad. En cierto sentido satán sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión. Cuando me preguntan si hay un diablo o varios diablos, hay que decir que el jefe es solamente él, una entidad incorporal que vaga por el mundo”.

Con respecto a la palabra demonio, el Padre Fortea precisa que proviene del griego “daimon” (genio), término usado para designar a seres espirituales malignos. “Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales porque los demonios son seres espirituales que se han condenado, no aman a Dios. Y no todos son iguales. Hay unos demonios que pecan más de ira, de egolatría, de desesperación. Otros que son más despectivos. Y hay unos más malos que otros. Hay demonios rabiosos, irónicos, soberbios. Hay demonios en los que predomina la tristeza. Otros en los que prima un sentido del humor perverso. Hay demonios que se encierran en el mutismo. Hay demonios que sólo gritan. Algunos lloran y otros varían de estados de ánimo de día a día. Hay demonios mucho más inteligentes que otros. ¡Es que son muchos! La mentalidad del demonio es como la que aparece en la película “El exorcista”, tiene esa mirada. No cambian el color de los ojos, pero hay esa malicia, esa perversidad en sus palabras. En resumen, el demonio está en todas partes y se muestra con distintas personalidades. Nadie sabe la cifra exacta de demonios, pero hay muchos”.

El Padre Fortea precisa que todos los ángeles, al ser creados por Dios, “lo veían como una luz, le oían como una voz majestuosa y santa, pero su rostro seguía sin desvelarse. En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo. Las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales. Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud y otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

El Padre Fortea agrega que cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos. El demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

Consultado sobre la naturaleza del infierno, el sitio que según muchas religiones es el lugar donde habitan los demonios y después de la muerte son torturadas eternamente las almas de los pecadores, el Padre Fortea precisa que “el infierno no es una especie de lugar donde echas a los demonios y ya está. No es una cubeta para lanzar los cocodrilos y las serpientes. También los demonios son hijos de Dios, aunque se hayan alejado de su padre. Entonces, Dios es arquitecto del infierno en cuanto ha dispuesto una serie de leyes a las que tienen que someterse los demonios en el infierno para evitar que el infierno sea peor de lo que es. El infierno, gracias a Dios, es mejor”.

El religioso español explica que hay lugares específicos en el mundo donde se cree que ocurren más manifestaciones demoníacas, como, por ejemplo, algunas zonas del Caribe. “En Haití y Cuba hay más demonios porque se practica más brujería. Y uno se da cuenta porque requieren más exorcismos. Yo he hablado con mucha gente que ha viajado a Cuba, que me han dicho: padre, se nota un ambiente muy denso, muy denso, se nota la brujería en esta sociedad. En Haití, por ejemplo, todo el mundo cree en estas cosas: los políticos, las policías y los médicos. Es uno de los lugares donde hay unanimidad en que estos espíritus malignos existen.Por otra parte, hay otras muchas sociedades dadas al ateísmo, como los países escandinavos o España, pero donde hay muy poca brujería”.


El libre albedrío del ser humano y los demonios

Los demonios, según precisa el Padre Fortea, no pueden ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. “No saben lo que uno decidirá porque la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones. Los demonios pueden tentarnos, pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.


El Padre Fortea aclara que el tiempo en el que viven los demonios no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual. “El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un sólo segundo, ni un sólo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”.


El demonio, según explica el religioso, nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad. “Podemos ser tentados, pero al final hacemos lo que queremos. Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a cometer ni el más pequeño pecado. Si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración. La oración crea primero una barrera contra la tentación, pues nuestra voluntad y nuestra inteligencia se centran en Dios. Y si insistimos un poco más, el demonio no puede resistirla y huye”.

El exorcista español afirma también que de todos los cristianos que están en la Iglesia, al que más odia el demonio es al que se dedica a la ascesis (disciplina, ayuno, meditación, oración, sacrificios, etc. para alcanzar la virtud). “El demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas. El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios… El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada”.

El presbítero describe asimismo a la cruz como el objeto más temido por el maligno y sus legiones infernales. “Tras la muerte de Jesucristo en la cruz, todos y cada uno de los demonios estaban allí, rodeando la Cruz, contemplando con delectación su triunfo. La Pasión en la Cruz suponía la prueba palpable de que la Justicia Divina no era trasgredida en vano. Fue en ese momento cuando se hicieron plenamente conscientes todos los demonios de que su condenación no tendría indulto alguno por los siglos de los siglos. Por eso ellos de estar contemplando la Cruz con la alegría de su victoria maligna, pasaron a entender que para ellos sería para siempre el recuerdo terrible de la Justicia Divina. Y por eso por encima de todo, los demonios odian la imagen de la cruz, más que la imagen de la Santísima Virgen María o la imagen de cualquier otro santo o la representación de otro misterio sagrado”.

El padre Fortea, a este respecto, afirma que otros objetos que atormentan a los demonios son las reliquias de los santos, las imágenes religiosas bendecidas e incluso cualquier objeto cualquiera que puede tener un efecto espiritual. “En una ocasión no había agua durante un exorcismo y bendije el contenido de una botella de limonada, pero el efecto que producía era mucho menor. Al cabo de unos minutos ordené en el nombre de Jesús al demonio que me dijera por qué era eso así. Se resistió, pero al final dijo que el agua era símbolo de pureza y limpieza. Si bien, dijo que aquel otro líquido bendito también le producía algún efecto, pero menor”.

Finalmente, el Padre Fortea explica que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano. Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal. “Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto. También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre: ANTI-CRISTO. Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo. Cristo era un hombre, el Anticristo también. Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia. El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”.

En el año 2015, el padre José Antonio Fortea se doctoró en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis “Problemas teológicos de la práctica del exorcismo”. “Cuando volví de Roma, le dije a mi obispo que, existiendo ya exorcistas en la diócesis, podía ayudar más a la Iglesia escribiendo libros que practicando exorcismos”, relató el religioso, quien, aunque actualmente no ejerce como exorcista, sino que se dedica a escribir libros, es el rostro más visible de esta práctica en España.

Por ello, hoy es considerado una referencia en el universo de la demonología, conocimiento que ha volcado en distintos títulos que tratan sobre el tema del demonio, aunque su obra abarca otros campos de la Teología. Y como sus libros han sido publicados ya en ocho lenguas, hoy dedica gran parte de su tiempo a escribir libros teológicos y a dar conferencias por distintas partes del mundo. “Cuando pasen 200 años no quedará casi ninguna de las entrevistas que he concedido. Las web habrán desaparecido. Si queda algo de este pobre sacerdote, será la colección de libros que han intentado profundizar en el exorcismo. Porque las preguntas serán las mismas que nos hemos hecho desde que leemos las obras teológicas de Santo Tomás de Aquino o de San Ambrosio o de San Cirilo de Jerusalén”.

Consultado si, tras practicar cientos de exorcismos durante más de 10 años, todavía le tenía miedo al diablo, el Padre José Antonio Fortea respondió que “la verdad es que no le tengo miedo, porque tengo total confianza en Dios. Si existe el demonio, entonces existe Dios. Por eso no le temo”.


FUENTE: guioteca.com

Satanistas, volved a Dios


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Vamos ahora a hablar del genero de hombres más desgraciados de todos cuantos hay sobre el mundo. Nada hay más espantoso que el que alguien sabiendo que existe el demonio, le adore. Es muchísimo mejor la suerte del ateo, pues al menos éste si creyera en la existencia del mundo espiritual, adoraría al Creador. Pero el servidor del mal sabe que existe este mundo espiritual y, aún así, elige recibir un poco de bien ahora, a cambio de su suerte eterna.

Y digo “un poco de bien ahora” porque es muy poco lo que el demonio da. Ya aquí en la tierra, los servidores del Maligno sufren las consecuencias del pecado: ira, tristeza, rabia, melancolía, odio, intranquilidad, continua ambición no satisfecha, continua hambre de más placeres. Y el demonio les concede poco, casi nada. Con ellos no es generoso ni en la tierra. Podría darles más, pero no quiere que gocen ni sus súbditos. Está dotado de sentimientos sádicos y no es bueno ni para con los suyos. Lo que sí que les suele inculcar en sus mentes es que les ha concedido lo que le han pedido. Pero es una idea irreal que él les mete en sus cabezas.

Recuerdo una mujer que vendió su alma al Diablo, me dijo: he vendido mi alma, sí, pero mire, tengo cuarenta años y parece que sigo en los dieciocho. La miré y callé, la realidad era terrible, físicamente estaba espantosa, más ella creía seguir gozando de una eterna juventud. Los que entregan su alma por gozar del sexo, no obtendrán más en ese campo que otros de su misma edad. Quizá el demonio tentará más a alguien para que se les entregue y tener contento a ese súbdito suyo. Pero las actuaciones del demonio sólo son por vía de tentación y allí acaba su poder. Contra alguien virtuoso, la tentación se estrella como contra una roca.

En fin, las personas entregadas al demonio deben saber que Dios creo todo y tiene pleno poder, incluso para reducir a la nada a todas las fuerzas del infierno.

Eso si, la persona debe arrepentirse de todo corazón de haber seguido el mal camino y volverse con todas sus fuerzas hacia el buen camino. Haya cometido los pecados que haya cometido, Dios que es un Padre le perdonará si se arrepiente y se esfuerza por cumplir los Diez Mandamientos. 

La persona tendrá que orar mucho, repetir actos de arrepentimiento y de amor a Dios y confesar sus pecados a un sacerdote y recibir por la absolución la limpieza de su alma. Ahora bien, desde el momento en que uno renuncia al Diablo y ama a Dios y quiere obedecerle cueste lo que cueste, desde ese momento uno se ha escapado de las manos del demonio.

El demonio tratará de obsesionarle con la idea de que, puesto que se ha entregado al Diablo, ya no hay posibilidad de marcha atrás. Pero eso no es cierto. Aunque uno haya firmado un contrato firmado con la propia sangre, el contrato queda en papel mojado desde el momento en que uno se arrepiento y vuelve a Dios. Con la libertad uno puede hacer muchas cosas, pero lo único que no se puede hacer es renunciar a la libertad. Y eso el demonio lo sabe

¿CÓMO DEBEN VESTIR LOS SACERDOTES?


¿SOTANA, ALZACUELLOS, O DE CIVIL?

Los oficiales de la Iglesia Católica (sacerdotes) viven la tensión de ser uno más en el mundo para poder estar más cerca de la gente o que se les distinga para poder servir mejor.

El signo más notorio es la vestimenta. El dilema es si vestir como civil fuera de las celebraciones o marcar que son sacerdotes.
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Y aún después que tanto deben márcalo: si a través de la sotana o de un cuello romano o alzacuellos.


LA POSICIÓN DEL PADRE FORTEA

El afamado sacerdote exorcista y demonólogo español José Antonio Fortea es partidario que los sacerdotes usen sotana, como un signo de consagración a Dios y de servicio a los fieles.
Y admite que detrás de la vestimenta de los sacerdotes suele haber una forma de referirse a su profesión, unos quieren un sacerdote que esté en el mundo, que sea del mundo y como todo el mundo, mientras que en la otra concepción el sacerdote está en el mundo sin ser del mundo.

También reproducimos más abajo un estudio del mismo Fortea sobre la historia de la vestimenta sacerdotal, que publicó en su blog.



En una entrevista con ACI Prensa el P. Fortea indicó que “los clérigos deben vestir al modo que los más ejemplares sacerdotes visten en esas tierras, porque ir identificado es un servicio”.

“Mi recomendación acerca de este tema es que el sacerdote se identifique como tal“.

Y hace referencia al Derecho Canónico y a su artículo 284, que indica que “los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar”.

La Congregación para el Clero, en su“Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros”, expresa que

“El no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia”.

“En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero, hombre de Dios, dispensador de Sus misterios, sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público”.

El P. Fortea subrayó al respecto que“no vamos identificados porque nos guste. A lo mejor nos gusta, a lo mejor no nos gusta. Vamos (identificados) porque es un servicio para los fieles, es un signo de consagración, nos ayuda a nosotros mismos“.

El presbítero reconoció ladificultad de que a un sacerdote a quien desde el seminario no se le enseñó sobre el valor del hábito de usar la sotana, cambie después, sin embargo precisó que en los últimos años esto “ha ido cambiando a mejor”.

“Es fácil mantenerlo (el hábito), es difícil empezarlo. Pero el sacerdote debe ir identificado”, señaló.

ACI Prensa le preguntó si la costumbre de no usar la sotana guarda alguna relación con la Teología de la Liberación, el P. Fortea señaló que “ahora ya las cosas han cambiado”.
“Fue en los años 70, 80, en que todos estos sacerdotes se veían a sí mismos más como personas que ayudaban a la justicia social.
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Allí no tenía sentido el hábito sacerdotal,el hábito sacerdotal tiene sentido como signo de consagración“.

“Ahora ya ha pasado eso, pero ha quedado la costumbre de no vestirse y claro, es difícil, yo entiendo que es difícil. Pero estas cosas están cambiando poco a poco”.

Arzobispo de Granada Francisco Javier Martínez


A FAVOR DEL CUELLO ROMANO (ALZACUELLOS o CLERYGMAN)

Mons. Charles M. Mangan y el Padre Gerald E. Murray han escrito un famoso artículo sobre las razones de “¿Por qué un cura debe usar su cuello romano?”.

Los autores dan como argumento de autoridad que normativamente la Iglesia requiere que los clérigos lleven ropa administrativa (número 61 del Directorio para Sacerdotes)

Y que los santos nunca han aprobado de un enfoque indiferente sobre la vestidura sacerdotal, más aún, que fue el ardiente deseo del Papa Juan Pablo II.

Aquí resumimos su exposición en 7 puntos:

Un sacerdote vestido como la Iglesia quiere es un recordatorio de Dios y de lo sagrado y sirve como un “signo de contradicción” para un mundo perdido en el pecado y en rebelión contra el Creador. 
Un cura con cuello romano es una inspiración para los demás, porque es una señal visible de confianza que atrae a los jóvenes, impide “mensajes mixtos” para las mujeres jóvenes y atractivas, y es recordatorio a los católicos alejados para que no olviden su situación.

La mayoría de los católicos esperan que sus sacerdotes vistan en consecuencia, para ser identificables como los “agentes” del ejército de Cristo y líderes en la Iglesia.

El cuello romano es un signo de consagración sacerdotal al Señor, proporciona un recordatorio para el mismo sacerdote de su misión e identidad.

El cuello romano es un recordatorio de que el cura “nunca deja de ser sacerdote” y que la vida de un sacerdote no es suya sino que pertenece a Dios, quien le envía a servirle con su vida. 

Con el uso de ropa administrativa y sin poseer exceso de ropa, el cura demuestra la adhesión al ejemplo de la pobreza material del Señor y es una señal de que el cura se esfuerza por convertirse en santo y por vivir su vocación siempre. 

El cuello romano muestra el servicio abnegado, que el cura está disponible las 24 horas para los Sacramentos, en una tónica de sacrificio, especialmente cuando hace calor y cuando el cuello se convierte en una mortificación por lo pecados.



HISTORIA DE LA VESTIDURA ECLESIÁSTICA


Este es un artículo que escribió el Padre Fortea en su Blog.


JESÚS Y LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Jesús no vistió ninguna vestidura especial. Entra dentro de lo posible el que los sacerdotes judíos sí que tuvieran vestiduras clericales, pues constituían una casta.

Pero, de acuerdo a lo que nos dicen las dos genealogías de los Evangelios, Jesús pertenecía al linaje de los reyes de Judá, no al de los descendientes de Leví. El Mesías no era un sacerdote del Antiguo Testamento. Además, Él comienza un nuevo sacerdocio.
Los Apóstoles, por tanto, tampoco llevaron ninguna prenda distintiva, ni tampoco sus sucesores. Obrar de otra manera, en medio de una persecución, hubiera sido una temeridad.

En las generaciones siguientes a que la Iglesia obtuviera su libertad, los clérigos siguieron llevando ropas que no les distinguían de los laicos.

Si bien, en las celebraciones litúrgicas sí que iban revestidos con vestiduras especiales. Muy probablemente, los monjes sí que llevaban ropas que les distinguían como monjes.

Aunque el clero seguía vistiendo sin ropas especiales, poco a poco, en algunos lugares sí que se fue desarrollando un modo distintivo de vestir.
En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban.

La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes.

Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.
Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar.

A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.



CONSOLIDACIÓN DE LA VESTIDURA CLERICAL

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio.

Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades.

El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne.

Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad.

Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema:cualquier mancha se ve con facilidad.

Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.
Sin embargo, las dos tendencias que hoy día existen entre los que prefieren vestir de laicos y los que prefieren vestir como clérigos, son dos tendencias que las encontramos no ya desde la Edad Media, sino que es posible rastrearla desde la Edad Antigua.

Desde que el hábito eclesiástico se hizo obligatorio, encontramos a sacerdotes y aun obispos que han vestido como laicos, en más o en menos ocasiones. Insisto, incluso en la Edad Media.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla.

Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos.

Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito. Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas.

Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito.

Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos.
El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente.

Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas.

Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana. Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta.

Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica.

La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta.

La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha. Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX.

La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas.Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular.

Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo.

Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es eldeseo de secularizar el hábito eclesiástico.

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla.

Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época.

Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados.

Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero.
Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras.

Encima del chaleco, se llevaba una casaca. Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente.

Hasta que en los años 70, apareció el clériman (también escrito clergyman).

Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70.


LOS SOMBREROS

Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias.

La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular.

Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva.
Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos.

Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorrosque fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete.

Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero.

El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante.

Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.


VESTIDURA DE ABRIGO

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa.

Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta.

Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron. En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo.

En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales.

Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Diosdel propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos.

Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales.
La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.


FUENTE: forosdelavirgen.org/

13 COSAS QUE TAL VEZ NO SABÍAS DEL DIABLO Y SUS DEMONIOS, SEGÚN EXORCISTA FORTEA





El reconocido exorcista P. José Antonio Fortea en su “Summa Daemoniaca” menciona un gran conjunto de cuestiones relativas al demonio que es importante que todo cristiano lo tome en cuenta para el combate espiritual por alcanzar el cielo. Aquí 13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios.


1.- El enemigo tiene varios nombres

En el Antiguo Testamento se le llama “Satán” que significaría “adversario, enemigo, opositor”. Asimismo, en el Nuevo Testamento se le nombra como “Diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar). En cambio la palabra demonio, del griego “daimon” (genio), es usado para designar a seres espirituales malignos.

Lucifer es un nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”. Lo cual “recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera”, indica el P, Fortea. Sin embargo, el presbítero sigue la misma idea de otro renombrado exorcista, P. Gabriele Amorth, quien considera que Lucifer es el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca.


2.- La gran prueba

Todos los ángeles al ser creaos por Dios, sabían que Él era su creador, pero pasaron por una prueba “antes de la visión de la esencia de la Divinidad”. A modo de comparación, el sacerdote explica que sería como decir que “veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse”.

“En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así”.


3.- La batalla en el cielo fue intelectual

Al respecto, el exorcista indica que los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo, “las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales”, explica.

“Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.


4.- La razón de su rebeldía

Sólo en este punto se toma como referencia el libro “Historia del Mundo Angélico”, también del P. Fortea. Allí sugiere, a modo de novela, que la prueba por la que habrían pasado los ángeles es la revelación que les hizo Dios sobre crear el mundo material con la humanidad, que Él se haría hombre para salvar a los pecadores y que nacería de una mujer, la cual sería la reina de los ángeles.

Lucifer no pudo soportar esta idea, creía que él debería engendrarlo al ser la “obra maestra” del Creador. Más adelante con otros ángeles acusaron que Dios estaba equivocado y se rebelaron por completo. Los ángeles que acataron la voluntad de Dios se postraron a adorar a su creador, aún sin ver todavía su esencia. Mientras que los rebeldes se alejaron del amor de Dios.


5.- Son seres espirituales

“Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente”. Es decir, no tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales.

En este sentido el exorcista precisa que Satán “sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión”.


6.- Entre los demonios también hay tiempo

Su tiempo no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual.

El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. “Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un solo segundo, ni un solo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”, puntualiza Fortea.


7.- Sufren al considerar a Dios

Cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos”.

Sin embargo, el exorcista plantea que “el demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.


8.- No conocen el futuro, ni pueden leer los pensamientos

Los demonios no ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. No saben lo que uno decidirá porque “la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones”, sostiene el P. Fortea.

“Los demonios pueden tentarnos pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.


FUENTE: www.aciprensa.com

¿POR QUÉ DIOS PERMITE UNA POSESIÓN DEMONÍACA?


El famoso exorcista José Antonio Fortea aborda en su nuevo libro, La tiniebla en el exorcismo, la posibilidad de que el demonio sirva como “instrumentum sanctificationis” (“instrumento de santificación”). 

David Ramos cuenta en Aciprensa que el Padre Fortea señaló que si a pesar de que se hayan puesto “todos los medios humanamente posibles para la resolución de un caso” aun así “un exorcismo indefinido no da ningún signo de acercarse a su final, entonces téngase en cuenta que Dios puede permitir que una persona porte sobre sí este sufrimiento como expiación por sus propios pecados y para beneficio del resto de la Iglesia”.

“La única respuesta a por qué Dios permite tal cosa, es la propia purificación y la santificación”, escribió.

El sacerdote español destacó que “si Dios permite la cruz de una enfermedad crónica del cuerpo (como, por ejemplo, la diabetes o la necesidad cada dos días de la hemodiálisis), ¿qué razón encontraremos para que no pudiese permitir este otro tipo de carga sobre la persona, la cruz de la acción extraordinaria del demonio?”.

“Desde luego, los episodios en los que los demonios atacan físicamente a los siervos de Dios, los podemos rastrear en la vida de infinidad de santos, desde la antiquísima vida de San Antonio Abad hasta la reciente y bien documentada vida del padre Pío de Pietrelcina”, señaló.

El P. Fortea recordó también que “en la vida de Santa Catalina de Siena, la acción maligna de los demonios sobre una ciudad es coartada por la oración y penitencia de la Santa, pero a cambio de que Dios permitiera que los demonios atormentaran el cuerpo de Santa Catalina”.

Así como hay casos de “ataques físicos demoníacos provistos de un sentido intercesor pro bono Ecclesiae (para el bien de la Iglesia)”, indicó, también se han producido casos de “auténtica posesión demoníaca” en algunos santos.

El famoso exorcista citó en su libro pasajes de Historia de un alma de Santa Teresa de Lisieux, en el que la santa recordó una enfermedad que “provenía, ciertamente, del demonio”, pues “decía y hacía cosas que no pensaba. Parecía estar en un continuo delirio, diciendo palabras que no tenían sentido, y sin embargo estoy segura de que no perdí ni un solo instante el uso de la razón”.

El sacerdote español señaló que “este tipo de casos lleva a la conclusión de que el misterio de la posesión excede con mucho en su complejidad, a los esquemas simplistas que la consideran completamente explicada, como fruto de un pecado producido por el esoterismo”.

“El sentido teológico de la posesión es bastante más amplio y sus ramificaciones más misteriosas”, advirtió.

El Padre Fortea subrayó que “del mismo modo que no en todas las personas la posesión comienza por el pecado, así tampoco la remoción de los pecados graves asegura que una posesión acabe”.


FUENTE: infovaticana.com

PADRE JOSE ANTONIO FORTEA ESCRIBE SOBRE EL PROTESTANTISMO



Blog del Padre Fortea

Un llamamiento a los teólogos para que reflexionen acerca de un determinado punto.

Hace pocos días un obispo luterano sueco comulgó en la Basílica del Vaticano. Los obispos católicos suecos, en los días siguientes, emitieron un comunicado recordando la norma de la Iglesia acerca de este sacramento.

El Papa Francisco en una visita a una iglesia luterana hizo unas declaraciones interesantes a una mujer luterana casada con un católico acerca de este tema de la comunión cuando iba a la misa católica. No las voy a transcribir aquí, pues requeriría explicar e contexto. Pero no creo traicionar el espíritu de esas palabras si afirmo que van en la línea de lo que voy a decir adelante.

¿Cuál es mi opinión acerca de esta cuestión? Según mi modesto entender, yo creo que este tema sí que puede ser estudiado por los teólogos. Cierto que tenemos una tradición acerca de la unión entre la recepción del sacramento de la comunión y la comunión eclesial.

Pero no veo una imposibilidad dogmática en que un protestante que crea en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y que, al mismo tiempo, esté en gracia de Dios pueda recibir este misterio. Cierto que, hoy por hoy, tal posibilidad no está contemplada en la legislación.

Pero recordemos que hasta el Vaticano II hubiera sido impensable que un ortodoxo comulgase en una misa católica. Y hoy, bajo ciertas condiciones, eso está permitido por el Código de Derecho Canónico. Eso implica que no es necesario de forma absoluta la comunión eclesial perfecta para la recepción de ese don. Basta una comunión suficiente (aunque no sea perfecta) para recibir ese don. Cuál sea esa comunión suficiente se deja a juicio de la Iglesia. Y en el caso de los ortodoxos la respuesta de la Iglesia ha sido positiva. La posibilidad para los protestantes considero que podría estudiarse.

El que obispos luteranos escandinavos, fieles anglicanos, episcopalianos y tantos otros bautizados pudieran acercarse con fe, respeto y devoción a recibir este don yo lo vería como un paso positivo hacia la creación de una gran comunión eclesial de todos los bautizados, todavía imperfecta, pero real.

Insisto en que, a día de hoy, tal posibilidad no existe. Todos debemos obedecer las prescripciones del Derecho Canónico. Yo no me considero exento a la obediencia a los sagrados cánones. Pero los teólogos deben reflexionar acerca de esto. Mi opinión es que no existe una imposibilidad dogmática, sino sólo razones de conveniencia.

Pero puede llegar el día en que en nuestras misas podamos tener de forma ordinaria a miembros de otras confesiones, que unas veces vayan a sus celebraciones y otras a las nuestras. Sobre todo eso sucede con frecuencia en el caso de un matrimonio mixto entre un protestante y un católico. 

Puede haber un presbiteriano casado con una católica que la mitad de los domingos va a misa y que cree en la presencia de Cristo en la Eucaristía y está en gracia de Dios. En fin, debemos reflexionar sobre este asunto. Yo no veo una imposibilidad teológica absoluta en ello, sólo razones de conveniencia para mantener la actual prohibición sin posibilidad de excepciones.

Lo que está claro es que hay que estar limpio y puro dentro del alma para recibir ese don sagrado que es la Eucaristía. Si un obispo luterano sueco en el Vaticano se acercase a recibir lleno de fe y amor el Sacramento, ¿es necesario (hablando en abstracto) decirle que no de forma absoluta y echarle fuera de la mesa? A mí esa escena me hubiera dolido. Hoy día no hay otra posibilidad, pero creo que los teólogos pueden abrir puertas que hoy están cerradas. Lo que los cánones hoy permiten, lo permiten porque hubo teólogos que trabajaron para que se diera un paso adelante. Esto no es relativismo, sino la conciencia de que existe una comunión imperfecta pero real entre los cristianos de casi todas las denominaciones.



Más pensamientos acerca del protestantismo

Me gustaría explicar un poco más mi penúltimo post acerca de los protestantes y los sacramentos de la Iglesia. Hubo un tiempo en el que la Iglesia daba normas para sus fieles y pensando en sus fieles, y allí acababa todo en una sociedad homogénea en la que cristianismo e Iglesia Católica se identificaban.

Creo que en en esta aldea global en la que vivimos, cada vez se va a ver más claro que la Iglesia asume un papel de Madre para todos los cristianos, salvo grupúsculos totalmente anticatólicos.

Es cierto que la Iglesia tiene en su seno a unos hijos que son los que están unidos por el cordón umbilical de la comunión perfecta. Pero esta Madre es como si abrazara a otros hijos.

Estos otros hijos tienen que sentirse acogidos. No acogidos si se convierten, sino incluso sin convertirse. En la Iglesia Católica tienen que sentirse en su casa.

Los que se horrorizan ante esta posibilidad alegan el peligro del relativismo. Pero no deben tener miedo. La arquitectura dogmática es y sigue siendo la misma. Tampoco renunciamos a que todos logremos la plena comunión. Pero mucho me temo que la división entre denominaciones está aquí para quedarse. Eso sí, hasta el día que tanto ansiamos en que el Espíritu Santo pueda hacer un milagro de la gracia. Pero, mientras tanto, la división (aunque triste) forma parte de un plan divino que la permite.

El cristianismo no es un árbol en el que cada uno escoge la rama que desea, como si todas las ramas fuesen indiferentes. No es así, pero ciertamente sí que hay un árbol que participa de una misma savia. 

Esta nueva concepción cambia también el modo en el que vemos a nuestros hermanos los judíos. Ellos no son infieles, sino fieles a su tradición. De nuevo, esto no significa que ambos mensajes son indiferentes, caminos paralelos que uno escoge a voluntad. No, la Verdad es una. Pero mientras no nos pongamos de acuerdo, más vale que nos amemos y que insistamos en lo mucho que nos une.

Todas estas cosas que digo rechinan totalmente a los oídos de los tradicionalistas. Pero está totalmente en la línea del Evangelio. sería muy triste pensar que el mensaje de Cristo es algo tan rígido e inflexible como tantos de ellos predican. El espíritu del lefevrismo es pura inflexibilidad.


FUENTE: blogdelpadrefortea.blogspot.com


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís