FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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SAN JOSÉ SEGÚN ANA CATALINA EMMERICH







VISIONES DE LA INFANCIA DE MARÍA SANTÍSIMA Y SAN JOSÉ, DADAS A ANA CATALINA EMMERICK


XXIV- Infancia y juventud de San José

José, cuyo padre se llamaba Jacob, era el tercero entre seis hermanos. Sus padres habitaban un gran edificio situado poco antes de llegar a Belén, que había sido en otro tiempo la casa paterna de David, cuyo padre, Jessé, era el dueño. En la época de José casi no quedaban más que los anchos muros de aquella antigua construcción. Creo que conozco mejor esta casa que nuestra aldea de Flamske. Delante de la casa había un patio anterior rodeado de galerías abiertas como al frente de las casas de la Roma antigua. En sus galerías pude ver figuras semejantes a cabezas de antiguos personajes. Hacia un lado del patio, había una fuente debajo de un pequeño edificio de piedra, donde el agua salía de la boca de animales. La casa no tenía ventanas en el piso bajo, pero sí aberturas redondas arriba. He visto una puerta de entrada. Alrededor de la casa corría una amplia galería, en cuyos rincones había cuatro torrecillas parecidas a gruesas columnas terminadas cada una en una especie de cúpula, donde sobresalían pequeños banderines. Por las aberturas de esas cupulitas, a las que se llegaba mediante escaleras abiertas en las torrecillas, podía verse a lo lejos, sin ser visto. Torrecillas, semejantes a éstas había en el palacio de David, en Jerusalén; fue desde la cúpula de una de ellas desde donde pudo mirar a Betsabé mientras tomaba el baño. 

En lo alto de la casa, la galería corría alrededor de un piso poco elevado, cuyo techo plano soportaba una construcción terminada en otra torre pequeña, José y sus hermanos habitaban en la parte alta con un viejo judío, su preceptor. Dormían alrededor de una habitación colocada en el centro, que dominaba la galería. Sus lechos consistían en colchas arrolladas contra el muro durante el día, separadas entre sí por esteras movibles. Los he visto jugando en su dormitorio. 

También vi a los padres, los cuales se relacionaban poco con sus hijos. No me parecieron ni buenos ni malos. José tendría ocho años más o menos. De natural muy distinto a sus hermanos, era muy inteligente, y aprendía todo muy fácilmente, a pesar de ser sencillo, apacible, piadoso y sin ambiciones. Sus hermanos lo hacían víctima de toda clase de travesuras y a veces lo maltrataban. 

Aquellos muchachos poseían pequeños jardines divididos en compartimentos: vi en ellos muchas plantas y arbustos. He visto que a menudo iban los hermanos de José a escondidas y le causaban destrozos en sus parcelas, haciéndole sufrir mucho. Lo he visto con frecuencia bajo la galería del patio, de rodillas, rezando con los brazos extendidos. Sucedía entonces que sus hermanos se deslizaban detrás de él y le golpeaban. Estando de rodillas una vez uno de ellos le golpeó por detrás, y como José parecía no advertirlo, volvió aquél a golpearlo con tal insistencia, que el pobre José cayó hacia delante sobre las losas del suelo. Comprendí por esto que José debía estar arrebatado en éxtasis durante la oración. Cuando volvió en sí, no dio muestras de alterarse, ni pensó en vengarse: buscó otro rincón aislado para continuar su plegaria.

Los padres no le mostraban tampoco mayor cariño. Hubieran deseado que empleara su talento en conquistarse una posición en el mundo; pero José no aspiraba a nada de esto. Los padres encontraban a José demasiado simple y rutinario; les parecía mal que amara tanto la oración y el trabajo manual. 

En otra época en que podría tener doce años lo vi a menudo huir de las molestias de sus hermanos, yendo al otro lado de Belén, no muy lejos de lo que fue más tarde la gruta del pesebre, y detenerse allí algún tiempo al lado de unas piadosas mujeres pertenecientes a la comunidad de los esenios. Habitaban estas mujeres cerca de una cantera abierta en la colina, encima de la cual se hallaba Belén, en cuevas cavadas en la misma roca. Cultivaban pequeñas huertas contiguas e instruían a otros niños de los esenios. Frecuentemente veía al pequeño José, mientras recitaban oraciones escritas en un rollo a la luz de la lámpara suspendida en la pared de la roca, buscar refugio cerca de ellas para librarse de las persecuciones de sus hermanos. También lo vi detenerse en las grutas, una de las cuales habría de ser más tarde el lugar de Nacimiento del Redentor.

Oraba solo allí o se ocupaba en fabricar pequeños objetos de madera. Un viejo carpintero tenía su taller en la vecindad de los esenios. José iba allí a menudo y aprendía poco a poco ese oficio, en el cual progresaba fácilmente por haber estudiado algo de geometría y dibujo bajo su preceptor. 

Finalmente las molestias de sus hermanos le hicieron imposible la convivencia en la casa paterna. Un amigo que habitaba cerca de Belén, en una casa separada de la de sus padres por un pequeño arroyo, le dio ropa con la cual pudo disfrazarse y abandonar la casa paterna, por la noche, para ir a ganarse la vida en otra parte con su oficio de carpintero. Tendría entonces de dieciocho a veinte años de edad. 

Primero lo vi trabajando en casa de un carpintero de Libona, donde puede decirse que aprendió el oficio. La casa de su patrón estaba construida contra unos muros que conducían hasta un castillo en ruinas, a todo lo largo de una cresta montañosa. En aquella muralla habían hecho sus viviendas muchos pobres del lugar. Allí he visto a José trabajando largos trozos de madera, encerrado entre grandes muros, donde la luz penetraba por las aberturas superiores. Aquellos trozos formaban marcos en los cuales debían entrar tabiques de zarzos. 

Su patrón era un hombre pobre que no hacía sino trabajos rústicos, de poco valor. José era piadoso, sencillo y bueno; todos lo querían. Lo he visto siempre, con perfecta humildad, prestar toda clase de servicios a su patrón, recoger las virutas, juntar trozos de madera y llevarlos sobre sus hombros. Más tarde pasó una vez por estos lugares en compañía de liaría y creo que visitó con ella su antiguo taller.

Mientras tanto sus padres creían que José hubiese sido robado por bandidos. Luego vi que sus hermanos descubrieron donde se hallaba y le hicieron vivos reproches, pues tenían mucha vergüenza de la baja condición en que se había colocado. José quiso quedarse en esa condición, por humildad; pero dejó aquel sitio y se fue a trabajar a Taanac, cerca de Megido, al borde de un pequeño río, el Kisón, que desemboca en el mar. Este lugar no está lejos de Afeké, ciudad natal del Apóstol Santo Tomás. Allí vivió en casa de un patrón bastante rico, donde se hacían trabajos más delicados. 

Después lo vi trabajando en Tiberíades para otro patrón, viviendo solo en una casa al borde del lago. Tendría entonces unos treinta años. Sus padres habían muerto en Belén, donde aún habitaban dos de sus hermanos. Los otros se habían dispersado. La casa paterna ya no era propiedad de la familia, que quedó totalmente arruinada. 

José era muy piadoso y oraba por la pronta venida del Mesías. Estando un día ocupado en arreglar un oratorio, cerca de su habitación, para poder rezar en completa soledad, se le apareció un ángel, dándole orden de suspender el trabajo: que así como en otro tiempo Dios había confiado al patriarca José la administración de los graneros de Egipto, ahora el granero que encerraba la cosecha de la Salvación habría de ser confiado a su guardia paternal. José, en su humildad, no comprendió estas palabras y continuó rezando con mucho fervor hasta que se le ordenó ir al Templo de Jerusalén para convertirse, en virtud de una orden venida de lo Alto, en el esposo de la Virgen Santísima. 

Antes de esto nunca lo he visto casado, pues vivía muy retraído y evitaba la compañía de las mujeres.



XXV- Desposorio de la Virgen María con San José

María vivía entre tanto en el Templo con otras muchas jóvenes bajo la custodia de las piadosas matronas, ocupadas en bordar, en tejer y en labores para las colgaduras del Templo y las vestiduras sacerdotales. También limpiaban las vestiduras y otros objetos destinados al culto divino. 

Cuando llegaban a la mayoría de edad, se las casaba. Sus padres las habían entregado totalmente a Dios y entre los israelitas más piadosos existía el presentimiento que de uno de esos matrimonios se produciría el advenimiento del Mesías.

Cuando María tenía catorce años y debía salir pronto del Templo para casarse, junto con otras siete jóvenes, vi a Santa Ana visitarla en el Templo. Al anunciar a María que debía abandonar el Templo para casarse, la vi profundamente conmovida, declarando al sacerdote que no deseaba abandonar el Templo, pues se había consagrado sólo a Dios y no tenía inclinación por el matrimonio. A todo esto le fue respondido que debía aceptar algún esposo. La vi luego en su oratorio, rezando a Dios con mucho fervor. 

[...]

Vi a un sacerdote muy anciano, que no podía caminar: debía ser el Sumo Pontífice. Fue llevado por otros sacerdotes hasta el Santo de los Santos y mientras encendía un sacrificio de incienso, leía las oraciones en un rollo de pergamino colocado sobre una especie de atril. Hallándose arrebatado en éxtasis tuvo una aparición y su dedo fue llevado sobre el pergamino al siguiente pasaje de Isaías: "Un retoño saldrá de la raíz de Jessé y una flor ascenderá de esa raíz". Cuando el anciano volvió en sí, leyó este pasaje y tuvo conocimiento de algo al respecto. 

Luego se enviaron mensajeros a todas las regiones del país convocando al Templo a todos los hombres de la raza de David que no estaban casados. Cuando varios de ellos se encontraron reunidos en el Templo, en traje de fiesta, les fue presentada María. Entre ellos vi a un joven muy piadoso de Belén, que había pedido a Dios, con gran fervor, el cumplimiento de la promesa: en su corazón vi un gran deseo de ser elegido por esposo de María. 

En cuanto a Ella, volvió a su celda y derramó muchas lágrimas, sin poder imaginar siquiera que habría de permanecer siempre virgen. 

Después de esto vi al Sumo Sacerdote, obedeciendo a un impulso interior, presentar unas ramas a los asistentes, ordenando que cada uno de ellos la marcara una con su nombre y la tuviera en la mano durante la oración y el sacrificio. Cuando hubieron hecho esto, las ramas fueron tomadas nuevamente de sus manos y colocadas en un altar delante del Santo de los Santos, siéndoles anunciado que aquél de entre ellos cuya rama floreciere sería el designado por el Señor para ser el esposo de María de Nazaret.

Mientras las ramas se hallaban delante del Santo de los Santos, siguió celebrándose el sacrificio y continuó la oración. Durante este tiempo vi, [...] cuando después del tiempo marcado, les fueron devueltas las ramas anunciándoles que ninguno de ellos había sido designado por Dios para ser esposo de aquella Virgen. 

[...]

Luego vi a los sacerdotes del Templo buscando nuevamente en los registros de las familias, si quedaba algún descendiente de la familia de David que no hubiese sido llamado. Hallaron la indicación de seis hermanos que habitaban en Belén, uno de los cuales era desconocido y andaba ausente desde hacía tiempo. Buscaron el domicilio de José, descubriéndolo a poca distancia de Samaria, en un lugar situado cerca de un riachuelo. Habitaba a la orilla del río y trabajaba bajo las órdenes de un carpintero. 

Obedeciendo a las órdenes del Sumo Sacerdote, acudió José a Jerusalén y se presentó en el Templo. Mientras oraban y ofrecían sacrificio pusiéronle también en las manos una vara, y en el momento en que él se disponía a dejarla sobre el altar, delante del Santo de los Santos, brotó de la vara una flor blanca, semejante a una azucena; y pude ver una aparición luminosa bajar sobre él: era como si en ese momento José hubiese recibido al Espíritu Santo. Así se supo que éste era el hombre designado por Dios para ser prometido de María Santísima, y los sacerdotes lo presentaron a María, en presencia de su madre. María, resignada a la voluntad de Dios, lo aceptó humildemente, sabiendo que Dios todo lo podía, puesto que Él había recibido su voto de pertenecer sólo a Él.


Ceremonia nupcial

Las bodas de María y José, que duraron de seis a siete días, fueron celebradas en Jerusalén en una casa situada cerca de la montaña de Sión que se alquilaba a menudo para ocasiones semejantes. Además de las maestras y compañeras de María de la escuela del Templo, asistieron muchos parientes de Joaquín y de Ana, entre otros un matrimonio de Gofna con dos hijas. Las bodas fueron solemnes y suntuosas, y se ofrecieron e inmolaron muchos corderos como sacrificio en el Templo. 

He podido ver muy bien a María con su vestido nupcial. Llevaba una túnica muy amplia abierta por delante, con anchas mangas. Era de fondo azul, con grandes rosas rojas, blancas y amarillas, mezcladas de hojas verdes, al modo de las ricas casullas de los tiempos antiguos. El borde inferior estaba adornado con flecos y borlas. 

Encima del traje llevaba un manto celeste parecido a un gran paño. Además de este manto, las mujeres judías solían llevar en ciertas ocasiones algo así como un abrigo de duelo con mangas. El manto de María caíale sobre los hombros volviendo hacia adelante por ambos lados y terminando en una cola. 

Llevaba en la mano izquierda una pequeña corona de rosas blancas y rojas de seda; en la derecha tenía, a modo de cetro, un hermoso candelero de oro sin pie, con una pequeña bandeja sobrepuesta, en el que ardía algo que producía una llama blanquecina. Ana había traído el vestido de boda, y María, en su humildad, no quería ponérselo después de los esponsales.

Las jóvenes del Templo arreglaron el cabello de María, terminando el tocado en muy breve tiempo. Sus cabellos fueron ajustados en torno a la cabeza, de la cual colgaba un velo blanco que caía por debajo de los hombros. Sobre este velo le fue puesta una corona. 



La Virgen María es rubia

La cabellera de María era abundante, de color rubio de oro, cejas negras y altas, grandes ojos de párpados habitualmente entornados con largas pestañas negras, nariz de bella forma un poco alargada, boca noble y graciosa, y fino mentón. Su estatura era mediana.

[...]

José llevaba un traje largo, muy amplio, de color azul con mangas anchas y sujetas al costado por cordones. En torno al cuello tenía una esclavina parda o más bien una ancha estola, y en el pecho colgábanle dos tiras blancas. He visto todos los pormenores de los esponsales de María y José: la comida de boda y las demás solemnidades; pero he visto al mismo tiempo otras tantas cosas. Me encuentro tan enferma, tan molesta de mil diversas formas, que no me atrevo a decir más para no introducir confusión en estos relatos.

[...]

Terminadas las bodas, se volvió Ana a Nazaret, y María partió también en compañía de varias vírgenes que habían dejado el Templo al mismo tiempo que ella. No sé hasta dónde acompañaron a María: sólo recuerdo que el primer sitio donde se detuvieron para pasar la noche fue la escuela de Levitas de Bet-Horon. María hacía el viaje a pie. Después de las bodas, José había ido a Belén para ordenar algunos asuntos de familia. Más tarde se trasladó a Nazaret.


FUENTE: mileschristi.blogspot.com


LA BEATA ANNA CATALINA EMMERICH Y LAS DESVIRTUACIONES DE LA ÚLTIMA CENA



La beata estigmatizada Anna Catalina Emmerich, beatificada por Juan Pablo II en 2004, fue un alma con unos dones sobrenaturales como pocas veces se han conocido en la historia de la Iglesia. Entre ellos sus visiones que le hicieron contemplar como una espectadora la Pasión de Jesucristo (Sobre las que se basaron la famosa película de Mel Gibson) Así como la vida de la Virgen María.

Tal como nos dice el Padre Ángel Peña, O.P., y destacando que la beata nunca estuvo físicamente en dichos lugares, “Para comprobar la autenticidad esencial de las visiones de Ana Catalina, podemos poner como ejemplo el hallazgo de la casa de la Virgen en Éfeso. Según el relato escrito en “La vida de la Santísima Virgen María”, la casa de María se encuentra a unas tres horas de Éfeso sobre una colina situada a la izquierda de la carretera de Jerusalén. La montaña cae a pico hacia Éfeso que se divisa, viniendo del sudeste.

El 1891, el padre Jung, sacerdote lazarista, acompañado por otro hermano y dos laicos, se dirigieron hacia Éfeso, en Turquía, para estudiar la realidad del relato de acuerdo a la visión de Ana Catalina. Encontraron una capilla en ruinas que eran los restos de un modesto y antiguo santuario que la tradición local llamaba Panaghia Kapulu (puerta o Casa de la Santísima). Ese sería el lugar donde vivió la Santísima Virgen en Éfeso los últimos años de su vida. Y los fieles ortodoxos acuden a él anualmente el día de la Asunción, en peregrinación.

Las coincidencias entre el relato de Brentano y la realidad eran tan grandes que se hicieron excavaciones arqueológicas en 1892, sacando a luz los cimientos de una casita edificada entre los siglos I y II y cuyo plano corresponde a lo que indica Ana Catalina como vivienda de María. La noticia se extendió rápidamente y, ya en 1896, acudieron un millón de fieles en peregrinación.”

En sus visiones sobre La Pasión nos relata, visto en primera persona por ella, todo lo que aconteció en la Última Cena, y tiene detalles muy importantes para aclarar un aspecto de la misma que se presenta en la actualidad por múltiples vías de forma poco realista para avalar múltiples posiciones, sobre todo litúrgicas.

Hoy en día es frecuente ver y oír cómo se presenta la Última Cena como si fuera un acontecimiento informal, una reunión de amigos, una explosión de alegría desarrollada en un ambiente cuasi festivo de exaltación de la amistad.Esta celebración de alegría informal, según dicen, habría sido bien recogida por la liturgia de los primeros cristianos para posteriormente, a raíz de Trento, ser “adornada” de solemnidad, misterio, recogimiento, boato (grandeza) y espíritu sacrificial únicamente con el fin de contrarrestar los excesos protestantes, lo cual habría oscurecido durante siglos la verdadera liturgia.

Sin embargo, como decía el profesor Amerio, nada más lejos de lo ocurrido,“En realidad la Ultima Cena fue un acto supremo de amor divino, pero fue un evento trágico. Se desenvolvió en el presentimiento del deicidio (Muerte de Jesucristo), en la sombra de la traición, en el espanto de los discípulos, inseguros de su propia fidelidad al Maestro, en el temor previo al sudor de sangre de Getsemaní. El arte cristiano ha representado siempre la Ultima Cena como un evento trágico, y no como un convite divertido“.

Y así lo atestiguan las visiones de Catalinna Emmerich. El ambiente de la misma no parecía precisamente una alegre reunión. Durante la Cena “Al principio estuvo muy afectuoso con sus Apóstoles; después se puso serio y melancólico y les dijo: Uno de vosotros me venderá; uno de vosotros, cuya mano está conmigo en esta mesa” y amenazó sin decir el nombre al traidor “Jesús añadió: “El hijo del hombre se va, según esta escrito de Él; pero desgraciado el hombre que venderá al Hijo del hombre: más le valdría no haber nacido“.


En la misma había en todo momento un aire de solemnidad, o sea nada cotidiano: “De pie en medio de los Apóstoles, les habló algún tiempo con solemnidad”. La predicación no fue únicamente sobre la amistad, sino “sobre la penitencia, la confesión de las culpas, el arrepentimiento y la justificación”. Los Apóstoles lejos de entregarse a una alegre cena de amistad, comprendían perfectamente lo que estaba pasando y, dice la beata, “vi también que todos reconocían sus pecados y se arrepentían”.

Cuando llegó el Sagrado momento de la Institución del Sacramento del Altar, “El Señor estaba entre Pedro y Juan; las puertas estaban cerradas; todo se hacía con misterio y solemnidad. Cuando el cáliz fue sacado de su bolsa, Jesús oró, y habló muy solemnemente. Yo le vi explicando la Cena y toda la ceremonia: me pareció un Sacerdote enseñando a los otros a decir misa.”

De otra parte, el “cutrismo” litúrgico, que suele usar vestimentas y cálices “pobres”, sin adornos de ningún tipo, supuestamente más acordes con el cristianismo primitivo, no parece que fuera lo que vio la beata: “El cáliz que los apóstoles llevaron de la casa de Verónica [para la Última Cena], es un vaso maravilloso y misterioso. Había estado mucho tiempo en el templo entre otros objetos preciosos y de gran antigüedad, cuyo origen y uso se había olvidado” y nos atestigua además que “había servido ya muchas veces a Jesús para la celebración de las fiestas”.

Estábamos pues ante un acontecimiento lleno de solemnidad, donde se usó el cáliz que solía usar Jesucristo, un cáliz especial, un vaso maravilloso lleno de misterio, un objeto precioso, y todo ello envuelto en un ambiente serio, de misterio, envuelto en el arrepentimiento de los pecados personales, al punto que la beata nos dice como conclusión “lo que sé es que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa.”. Recordemos que en época de la beata la Misa se celebraba como la forma extraordinaria hoy, es decir con todo el ritualismo, misterio y solemnidad del milenario rito que es lo más alejado que podamos imaginar a la “imagen” de una alegre “cena”. Todo ello lo refrenda nuevamente en su relato de la subida al monte de los olivos donde nos cuenta “Los Apóstoles conservaban aún algo del entusiasmo y del recogimiento que les había comunicado la santa comunión y los discursos solemnes y afectuosos de Jesús”

Y respecto a la Sagrada Comunión, nos dice la beata: ”Tomó la patena con los pedazos de pan y dijo: Tomad y comed; este es mi Cuerpo, que será dado por vosotros. Extendió su mano derecha como para bendecir, y mientras lo hacía, un resplandor salía de Él: sus palabras eran luminosas, y el pan entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente: yo los vi a todos penetrados de luz; Judas solo estaba tenebroso.”. Esta narración de los hechos parece sugerir claramente una comunión directa de los Apóstoles en la boca, con efectos claramente sobrenaturales pues “entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente” lo cual es la antítesis de presentar la comunión de los apóstoles como si comieran un pan más, un alimento. Lo que sucedió es muy ajeno a ese espíritu sino que fue un ambiente sobrenatural de misterio y reverencia.

¿Se puede deducir de todo esto que esta comunión fue dada directamente en la boca? Pues es perfectamente posible y parece sugerirse. De hecho, como nos explica Mons. Schneider, aparte del propio relato de la beata, no es para nada desdeñable la idea: ”Es posible suponer que Cristo, durante la Última Cena, haya dado el pan a cada Apóstol directamente en la boca y no sólo a Judas. Efectivamente existía una práctica tradicional en el ambiente del Medio Oriente en el tiempo de Jesús y que aún se conserva en nuestros días: el anfitrión nutre a sus huéspedes con su propia mano, poniendo en su boca un pedazo simbólico del alimento“.

El capítulo posterior donde nos narra los acontecimientos en el huerto de los olivos no puede más que dejar acongojado a cualquier católico de buena voluntad por el absoluto realismo con el que describe como parte del sufrimiento que hizo sudar sangre a Jesús, fue por la visión de los pecados futuros de los cristianos, especialmente los cometidos contra la Santísima Eucaristía, es un episodio que merece la pena ser leído por que describe proféticamente casi milimétricamente lo que desgraciadamente vivimos hoy en día:

“Apareciéronse a los ojos de Jesús todos los padecimientos futuros de sus Apóstoles, de sus discípulos y de sus amigos; vio a la Iglesia primitiva tan pequeña, y a medida que iba creciendo vio las herejías y los cismas hacer irrupción, y renovar la primera caída del hombre por el orgullo y la desobediencia; vio la frialdad, la corrupción y la malicia de un número infinito de cristianos; la mentira y la malicia de todos los doctores orgullosos, los sacrilegios de todos los sacerdotes viciosos, las funestas consecuencias de todos estos actos, la abominación y la desolación en el reino de Dios en el santuario de esta ingrata humanidad, que Él quería rescatar con su sangre al precio de padecimientos indecibles….

En medio de todas esas apariciones, yo veía a Satanás moverse bajo diversas formas horribles, que representaban diferentes especies de pecados. Estas figuras diabólicas arrastraban, a los ojos de Jesús, una multitud de hombres, por cuya redención entraba en el camino doloroso de la cruz. Al principio vi rara vez la serpiente, después la vi aparecer con una corona en la cabeza: su estatura era gigantesca, su fuerza parecía desmedida, y llevaba contra Jesús innumerables legiones de todos los tiempos, de todas las razas. En medio de esas legiones furiosas, de las cuales algunas me parecían compuestas de ciegos, Jesús estaba herido como si realmente hubiera sentido sus golpes; en extremo vacilante, tan pronto se levantaba como se caía, y la serpiente, en medio de esa multitud que gritaba sin cesar contra Jesús, batía acá y allá con su cola, y desollaba a todos lo que derribaba.

Entonces me fue revelado que estos enemigos del Salvador eran los que maltrataban a Jesucristo realmente presente en el Santísimo Sacramento. Reconocí entre ellos todas las especies de profanadores de la Sagrada Eucaristía. Yo vi con horror todos esos ultrajes desde la irreverencia, la negligencia, la omisión, hasta el desprecio, el abuso y el sacrilegio; desde la adhesión a los ídolos del mundo, a las tinieblas y a la falsa ciencia, hasta el error, la incredulidad, el fanatismo y la persecución. Vi entre esos hombres, ciegos, paralíticos, sordos, mudos y aun niños. Ciegos que no querían ver la verdad, paralíticos que no querían andar con ella, sordos que no querían oír sus avisos y amenazas; mudos que no querían combatir por ella con la espada de la palabra, niños perdidos por causa de padres o maestros mundanos y olvidados de Dios, mantenidos con deseos terrestres, llenos de una vana sabiduría y alejados de las cosas divinas. Vi con espanto muchos sacerdotes, algunos mirándose como llenos de piedad y de fe, maltratar también a Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Yo vi a muchos que creían y enseñaban la presencia de Dios vivo en el Santísimo Sacramento, pero olvidaban y descuidaban el Palacio, el Trono, lugar de Dios vivo, es decir, la Iglesia, el altar, la custodia, los ornamentos, en fin, todo lo que sirve al uso y a la decoración de la Iglesia de Dios. Todo se perdía en el polvo y el culto divino estaba si no profanado interiormente, a lo menos deshonrado en el exterior. Todo eso no era el fruto de una pobreza verdadera, sino de la indiferencia, de la pereza, de la preocupación de vanos intereses terrestres, y algunas veces del egoísmo y de la muerte interior.
Aunque hablara un año entero, no podría contar todas las afrentas hechas a Jesús en el Santísimo Sacramento, que supe de esta manera. Vi a los autores de ellas asaltar al Señor, herirle con diversas armas, según la diversidad de sus ofensas. Vi cristianos irreverentes de todos los siglos, sacerdotes ligeros o sacrílegos, una multitud de comuniones tibias o indignas. ¡Qué espectáculo tan doloroso! Yo veía la Iglesia, como el cuerpo de Jesús, y una multitud de hombres que se separaban de la Iglesia, rasgaban y arrancaban pedazos enteros de su carne viva. Jesús los miraba con ternura, y gemía de verlos perderse.”

No nos dejemos pues influir por ese espíritu que desvirtúa la Última Cena para justificar la mundanalización y desacralización de la sagrada liturgia, el culto y la reverencia debida al Santísimo Sacramento y que tanto hizo sufrir a Nuestro Señor en el huerto de los olivos. No, no se pareció a una alegre cena de amigos informal, sino “que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa”.



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“POR QUE PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE” LC 1,37

EN EL AMOR DE MARÍA REINA DE LOS CORAZONES, LA GLORIA PARA LA DIVINA TRINIDAD:
AL PADRE CREADOR, EL PODER; AL HIJO SALVADOR, EL HONOR; AL ESPÍRITU SANTIFICADOR, LA MAJESTAD.
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN. AMÉN. AMÉN.

ADOREMOS A LA TRINIDAD SANTA CON LOS COROS ANGÉLICOS EN SAN MIGUEL JEFE DE LA MILICIA CELESTIAL; CON LA IGLESIA CELESTE, EN SAN JOSÉ; CON LA IGLESIA PURGANTE Y CON LA IGLESIA MILITANTE. POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN. AMÉN. AMÉN.

EN EL CORAZÓN DE MAMITA MARÍA LA BENDICIÓN DE DIOS TODOPODEROSO
PADRE+ HIJO+ Y ESPÍRITU SANTO+,
DESCIENDAN SOBRE TI Y LOS TUYOS Y LOS ACOMPAÑE SIEMPRE HASTA LA ETERNIDAD.
AMÉN. AMÉN. AMÉN.



FUENTE: benitezpatricio.wordpress.com/


EL FALSO ECUMENISMO.

Profecía de la beata Ana Catalina Emmerich

Vi, bajo una imagen de varios jardines formando un círculo alrededor mío, la relaciones del Papa con los obispos. Vi al Papa mismo sobre su trono, colocado como en un jardín. Vi en diversos jardines, los derechos y los poderes de estos obispos, bajo forma de plantas, flores y frutos, y vi relaciones, corrientes, influencias, como hilos o rayos yendo de la sede de Roma a los jardines. Vi sobre la tierra, en estos jardines, la autoridad espiritual del momento: vi en el aire, encima de ellos, la cercanía de nuevos obispos. Así, por ejemplo, vi en el aire (en el futuro), encima del jardín donde se encontraba el severo superior (el obispo de entonces, severo porque era firme en la fe), un nuevo obispo mitrado, la mitra y todo lo demás. Vi alrededor de él protestantes que querían hacerle descender en el jardín, pero no con las condiciones que el Papa había exigido. (AA.III.128)

Ellos buscaban infiltrarse por toda clase de medios: desordenaban ciertas partes del jardín donde plantaban malas semillas. Les vi tanto en un lugar, tanto en otro, cultivar, o dejar en baldío, demoler y no quitar los escombros, etc. todo estaba lleno de trampas y de ruinas. Les vi interceptar y desviar las vías que iban al Papa. (AAA.III.128)

Vi a continuación que cuando ellos introducían el obispo de la manera que se habían propuesto, él era intruso, introducido contra la voluntad del Papa y que no poseía legítimamente la autoridad espiritual. (AA.III.128)

Vi, por lo que creo, casi todos los obispos del mundo, pero un pequeño número solamente perfectamente sano. (AA.III.136)

Vi todo lo que respecta al protestantismo tomar cada vez más poder, y la religión caer en decadencia completa. (AA.III.137)

Había en Roma, incluso entre los prelados, muchas personas de sentimientos poco católicos que trabajaban para el éxito de este asunto (la fusión de las iglesias).

Vi también en Alemania a eclesiásticos mundanos y protestantes iluminados manifestar deseos y formar un plan para la fusión de las confesiones religiosas y para la supresión de la autoridad papal. (AA.III.179)

¡... y este plan tenía, en Roma misma, a sus promotores entre los prelados! (AA.III.179)

Ellos construían una gran iglesia, extraña y extravagante; todo el mundo tenía que entrar en ella para unirse y poseer allí los mismos derechos; evangélicos, católicos, sectas de todo tipo: lo que debía ser una verdadera comunión de los profanos donde no habría más que un pastor y un rebaño. Tenía que haber también un Papa pero que no poseyera nada y fuera asalariado. Todo estaba preparado de antemano y muchas cosas estaban ya hechas: pero en el lugar del altar, no había más que desolación y abominación. (AA.III.188)


FUENTE: capillacatolica.org

VISIONES Y REVELACIONES COMPLETAS. Ana Catalina Emmerick.

NECESIDAD DE ROGAR POR LAS BENDITAS ALMAS.


Esta noche he estado en el Purgatorio. Me parecía que era conducida a un abismo profundo. Había allí un gran espacio. Causa lástima ver cuán triste están las pobres almas en aquel lugar. Pero en su semblante hay algo que revela la alegría de sus corazones cuando consideran la misericordia del Señor. Ví también a la Madre de Dios en un magnífico trono, tan hermosa cual nunca la había visto. Diga usted (Ana Catalina se dirige al Deán Rensing, que estaba presente) a los fieles en el confesionario, que rueguen fervorosamente por las almas del Purgatorio, que ellas, muy agradecidas, de seguro rogarán mucho por sus bienhechores. La oración por las almas es muy agradable a Dios, pues por este medio se les anticipa el gozar de la presencia de Dios.


La mayor parte de los hombres están allí expiando la indiferencia con que miran ordinariamente los pecados veniales; esto les impide practicar actos de bondad, de mansedumbre y de conseguir victorias sobre sí mismos. La relación de las almas del Purgatorio con la tierra es tan delicada que con sólo desear su bien y aliviarlas y consolarlas desde la tierra, reciben ellas gran consuelo. ¡Cuánto bien hace aquél que constantemente está haciendo actos de vencimiento de sí mismo, en favor de ellas,deseando vivamente ayudarlas!


SALEN DOS SACERDOTES DEL PURGATORIO.


He tenido un placer muy grande, aunque muy breve, que me ha llenado de consuelo. He visto que durante este tiempo pascual muchos grandes pecadores volvieron a Dios y que muchas almas salen del Purgatorio. He visto el lugar de purificación y he notado un aire de indecible contento en los rostros de esas almas como signo de su próxima liberación. Fué para mi causa de gran alegría verlas libres de sus tormentos. Así he reconocido las almas de dos sacerdotes que fueron admitidas ya en el cielo. Tuvieron que sufrir muchos años, el uno a causa de su negligencia en cumplir las obligaciones de su estado en las pequeñas cosas; el otro, por su inclinación a burlas y chanzas.

VISIONES Y REVELACIONES COMPLETAS. Ana Catalina Emmerick.

EL VALOR DE LA ORACIÓN.


Hallábame en un espacio inmenso y luminoso, y a medida que me fijaba en le horizonte, aquel espacio se dilataba más y más. Me fue mostrado el valor de las diferentes oraciones en la presencia de Dios. Todas ellas estaban señaladas en grandes tablas blancas y parecían divididas en cuatro clases. Unas oraciones habían sido escritas con magníficos caracteres de oro; otras con letras color de plata; otras con letras oscuras, y las últimas negras: éstas habían sido luego borradas con una raya. Todo lo miraba yo con alegría; pero temiendo no ser digna de entender el significado, apenas me atrevía a preguntárselo a mi guía.
 
"Lo que está señalado con letras de oro, me dijo, es la oración de aquéllos que tienen intención de hacer sus obras buenas en unidad con los méritos de Jesucristo, renovando con frecuencia esta intención; los cuales están prontos también a obedecer sus mandatos y a imitar sus ejemplos. Lo que está señalado con letras de plata, es la oración de los que no piensan unir sus obras con los méritos de Cristo, pero son piadosos y oran con sencillez de corazón. Lo escrito con letras oscuras, es la oración de aquellos que aunque no están tranquilos si no se confiesan y comulgan con frecuencia y rezan todos los días ciertas oraciones, sin embargo, son tibios y hacen sus obras sólo por costumbre. Finalmente, lo escrito con letras negras y luego borrado, es la oración de aquellos que ponen toda su confianza en las oraciones vocales y en las buenas obras que creen practicar; pero no cumplen los mandamientos, ni hacen violencia a sus pasiones desordenadas. Esta oración no tiene valor alguno en la presencia de Dios; por eso está borrada. De la misma manera están borradas las buenas obras de aquéllos que se afanan mucho en hacer el bien, pero sólo tienen presente, al hacerlo, su propia honra y provecho temporal".


DIVERSAS ENSEÑANZAS SOBRE LA ORACIÓN.
 
Dios no resiste a esta oración (se refiere a la oración hecha con los brazos en cruz), pues su Hijo único ha perseverado orando así hasta su muerte.


Desde niña he tenido la costumbre de orar todas las noches pidiéndo el divino auxilio en todos los casos desastrosos, como caídas, incendios, y después he visto muchas representaciones de aquellos peligros que eran felizmente conjurados. Cuando por ventura omitía esta oración, no dejaba entonces de ver o de oír alguna desgracia; de lo cual deduzco no solamente la necesidad de esta oración espiritual, sino también la utilidad de comunicar a los demás esta convicción mía, a fin de que se muevan a esta obra de caridad, que consiste en que rueguen por el prójimo aquéllos que no ven, como yo veo, los efectos de esta oración.
 
 
DE LA MANERA DE ORAR.
 
Es verdad que el enemigo trata de impedir al hombre que haga oración, y cuanto más devota es esta oración, mayor empeño pone él en combatirlo. Sobre este punto me fue mostrada una vez esta semejanza: hallábame en una hermosa iglesia y vi a tres mujeres que hacían oración. Detrás de ellas había una figura horrible, la cual empezó a halagar a la primera de las mujeres, que no tardó en dormirse. Se acercó luego a la segunda con el mismo intento; pero no pudo conseguirlo del todo. Habiéndose llegado a la tercera, la golpeó y maltrató tanto que tuve gran compasión de ella. Pregunté a mi guía qué significaba aquella visión y él me respondió que era un símbolo de la oración. La primera mujer había empezado a orar sin fervor ni gravedad y por esto la durmió luego el demonio; la segunda era mejor que la primera, pero también tibia; la tercera era buena y su oración muy fervorosa, por lo cual la tentación fue más violenta, pero felizmente la rechazó.

Es oración especialmente agradable a Dios la que se hace por los demás y sobre todo por las almas del Purgatorio. Rogando, pues, por ellas pone uno su oración a buen rédito.

VISIONES Y REVELACIONES COMPLETAS. Ana Catalina Emmerick.

RECIBE OTRAS ENSEÑANZAS SOBRE EL PODER SACERDOTAL.

 
Mi Esposo me mostraba que desde su concepción hasta su muerte no había dejado de padecer, de expiar y de satisfacer, todo lo cual ví en representaciones claras de su santa vida. He visto también que por medio de la oración y del ofrecimiento de nuestros trabajos en favor del prójimo, pueden convertirse en la hora de la muerte y salvarse muchas almas que en la tierra no han trabajado nada.

Ví también que los apóstoles fueron enviados a la mayor parte de la tierra para que destruyeran el poder de Satanás y difundieran por doquiera las bendiciones del cielo, y que las comarcas donde ellos trabajaron eran las más infestadas por el enemigo; pero que Jesús, con satisfacción perfecta, ha adquirido esa potestad y la ha establecido perfectamente en los sacerdotes, que han recibido y que en adelante reciban el Espíritu Santo. Me fue mostrado que este don de arrancar al mundo del poder de Satanás mediante virtud y bendición sacerdotal está significado en las palabras: "SOIS LA SAL DE LA TIERRA", y que por esta razón, precisamente, se pone sal en el agua para bendecirla.


HABLA DE LA BENDICIÓN Y DE LAS COSAS BENDITAS.


Es muy triste la negligencia de los sacerdotes en nuestros días, respecto de las bendiciones... No parece sino que ignoran muchas veces lo que son las bendiciones. Gran número de ellos apenas creen en su virtud y se averguenzan de ellas como de ceremonias anticuadas y supersticiosas. Otros usan de este poder y gracia, que Jesucristo les ha conferido, sin atención y como de paso. Cuando ellos no me bendicen, Dios me suele bendecir; pero como el mismo Dios ha instituído el sacerdocio y le ha otorgado la potestad de bendecir, casi desfallezco por el deseo de recibir las bendiciones. En la Iglesia todo forma un solo cuerpo: cuando a alguno de sus miembros se le rehusa algún bien, se siente desfallecido.

VISIONES DEL PODER SACERDOTAL. (Ana Catalina Emmerick).

VE LA POTESTAD DE BENDECIR EN LOS SACERDOTES.

Vi muchas cosas acerca de la imposición de las manos,del efecto de las bendiciones y de la acción de la mano a lo lejos; todo lo cual me fué explicado por el ejemplo de la vara de Eliseo. La razón por la cual los sacerdotes de hoy día sólo raras veces bendicen y sanan, me fué explicada en un ejemplo, que también deriva de la semejanza simbólica en que se fundan tales efectos. Vi tres escultores que imprimían figuras en la cera. Uno de ellos tenía buena cera blanca y era muy hábil, pero estaba muy pagado de sí mismo: no tenía en sí la imagen de Cristo, y su intento resultó vano. Otro tenía cera pálida; era indolente y terco, y nada consiguió. El tercero era inhábil, trabajaba muy torpemente en cera común, pero lo hacía con aplicación y sencillez: su trabajo fué bueno y la figura verdadera, si bien resultó con rasgos imperfectos. Así los sacerdotes elegantes, elocuentes y sabios, según el mundo, no hacen nada, mientras que otros, pobres, sencillos, continúan ejecitando la potestad de bendecir y sanar que hay en el sacerdocio.

LOS DEDOS CONSAGRADOS.

Los dedos de los sacerdotes serán conocidos en el Purgatorio y aún en el Infierno y arderán con un fuego especial. Todos los conocerán y vituperarán.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís