FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE - INSPIRADORA Y APOSTOL DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.


Monja francesa


Sus visiones de Cristo, en las que le reveló su compasivo y sangrante corazón, fomentaron la devoción católica del Sagrado Corazón. Fue beatificada en 1864 y canonizada en 1920. Su festividad se celebra el 17 de octubre.


Artículo de la web Corazones.Org

Santa Margarita María nació el 25 de julio de 1647, en Janots, Borgoña. Fue la quinta de 7 hijos de un notario acomodado.
A los cuatro años Margarita hizo una promesa al Señor. Sintiéndose inspirada rezó: "O Dios Mío, os consagro mi pureza y hago voto de perpetua castidad." Aunque ella misma confesó mas tarde que no entendía lo que significaba las palabras "voto" o "castidad."
Cuando tenia 8 años, murió su padre. Ingresaron a la niña en la escuela de las Clarisas Pobres de Charolles. Desde el primer momento, se sintió atraída por la vida de las religiosas en quienes la piedad de Margarita produjo tan buena impresión, que le permitieron hacer la Primera Comunión a los 9 años, lo cual no se acostumbraba en aquella época. Dos años después, Margarita contrajo una dolorosa enfermedad reumática que la obligó a guardar cama hasta los 15 años. Por este motivo tuvo que regresar a su casa.


Hija de la Virgen María
Ya de regreso, Margarita, que estaba muy enferma, y sin tener un remedio seguro, buscó alivio en la Virgen Santísima. Le hizo una promesa de que si Ella le devolvía la salud se haría una de sus hijas. Apenas hizo la promesa, recobró la salud. Dice Sta. Margarita: "Recibí la salud, y una nueva protección de esta Señora la cual se declaró dueña de mi Corazón, que mirándome como suya, me gobernaba como consagrada a Ella, me reprendía mis faltas y me enseñaba a hacer la voluntad de Dios."
Además de la salud, esta promesa logró en Margarita un profundo sentido de unión con la Virgen, quién, desde ese momento, empezó a dirigir toda su vida. Pero no sin dificultades. "Apenas comencé a gozar de plena salud", recordará mas tarde Margarita, " me fui tras la vanidad y afecto de las criaturas, halagándome que la condescendiente ternura que por mi sentían mi madre y mis hermanos me dejara en libertad para algunas ligeras diversiones y para consagrar a ellas todo el tiempo que deseara..."
La Virgen la reprende severamente cuando la veía dispuesta a sucumbir en la terrible lucha que sostenía en su interior. Estando en una ocasión rezando el rosario sentada, se le presentó la Virgen ante ella y le dijo "Hija mía, me admiro de que me sirvas con tanta negligencia." Y causaron tal impresión estas palabras en la vida de Margarita, que le sirvieron de aviso para toda su vida.
Pero la Virgen es también ternura y consuelo. Un día le dijo a Margarita: "Nada temas; tu serás mi verdadera hija, y yo seré siempre tu buena Madre.
Santa Margarita María hizo voto a la Virgen de ayunar todos los sábados y de rezar el oficio de su Inmaculada Concepción. Viendo su deseo de radical entrega, La Stma. Virgen le ayuda a alcanzar su meta.


El Santísimo Sacramento
Las cosas en la casa de Margarita no iban muy bien. Desde la muerte de su padre, se había instalado en su casa dos parientes y una de las hermanas de su papá, quienes habían relegado a segundo término a la mamá de Margarita y habían tomado en sus manos el gobierno de la casa. Y así no tenían autoridad alguna, ni Margarita ni su mamá en la casa. Era una guerra continua ya que todo estaba bajo llave, de tal modo, que ellas no podían hacer nada sin el permiso de sus parientes.
Margarita entonces empezó a dirigir todos sus afectos, su dicha y su consolación en el Santísimo Sacramento del altar. Pero ni siquiera esto le fue posible libremente, ya que la Iglesia de su pueblo quedaba a gran distancia y Margarita no podía salir de la casa sin el permiso de sus familiares. En repetidas ocasiones un familiar le daba permiso y otro se lo negaba.
Pero si Margarita sufría por su situación, era mas todavía el sufrimiento que le causaba al ver la condición de su madre. Ella, enferma con una erisipela en su cabeza que le producía una hinchazón e inflamación muy peligrosas, se veía continuamente cerca de la muerte. Y por cuanto mas rogaba Margarita a sus parientes para que ayudasen a su mamá, ellos, sin mucho interés, buscaron tan solo un cirujano que la vio una sola vez. Este después de hacerla sangrar por un rato, les dijo a todos que solo un milagro podría salvar a la mamá de Margarita. Viendo el descuido hacia su madre en medio de su estado crítico, Margarita, en su angustia, acudió al mismo Señor. Y en oración le pidió que El mismo fuese el remedio para su pobre madre y que le enseñase a ella, qué tenia que hacer.
Pronto se haría imperiosa la necesidad de esa fortaleza especial que pedía. En cuanto regresó a la casa, encontró que estaba reventada la mejilla de su mamá con una llaga casi tan ancha como la palma de una mano, y de ella salía un hedor insoportable. Venciendo su natural repugnancia a las heridas, Margarita curaba todos los días la llaga de su mamá, teniendo varias veces que cortar mucha de su carne podrida. Durante todo el tiempo de la enfermedad, Margarita apenas dormía y comía muy escasamente. Pero no dejaba de dirigirse al Señor y le decía con frecuencia, "Mi Soberano Maestro, si Vos no lo quisieras, no sucedería esto, pero os doy gracias de haberlo permitido para hacerme semejante a Vos."
Y así iba creciendo en Margarita un gran amor a la oración y al Santísimo Sacramento. Ella se lamentaba, pues sentía que no sabía como orar, y fue el mismo Señor quien le enseñaba. El la movía a arrodillarse ante El y pedirle perdón por todas sus ofensas y después de adorarlo, era el mismo Señor quien se le presentaba en El misterio que El quería que ella meditase. Y consumido en El, crecía en ella el deseo de solo amarlo cada vez mas.
Cuando su madre y sus parientes empezaron a hablarle de matrimonio, la joven Margarita no podía sino sentir temor, pues no quería en nada ir en contra de aquel voto de entrega exclusiva a Dios que una vez había pronunciado. Pero era grande la presión ya que no le faltaban pretendientes que querían empujarle a perder su castidad. Por otro lado, su madre le insistía. Llorando ella le decía a Margarita que no tenía mas esperanzas para salir de la miseria en que se hallaban mas que en el matrimonio de Margarita, teniendo el consuelo de poder retirarse con ella tan pronto como estuviera colocada en el mundo. Todo esto fue muy duro para Margarita, quien sufría horriblemente. El demonio la tentaba continuamente, diciéndole que si ella se hacía religiosa, esta pena mataría a su mamá. Mas por otra parte la llamada de Margarita a ser religiosa y el horror a la impureza no cesaban de influenciarle y tenía, por gracia de Dios, continuamente delante de sus ojos, su voto, al que sentía que si llegase a faltar, sería castigada con horribles tormentos.
Pero, la ternura hacia su madre comenzó a sobreponerse con la idea de que, siendo aún niña cuando hizo el voto, y no comprendiendo lo que era, bien podría obtener dispensas. Comenzó pues Margarita a mirar al mundo y a arreglarse para ser del agrado de los que la buscaban. Procuraba divertirse lo mas que podía. Pero durante todo el tiempo en que estaba en estos juegos y pasatiempos, continuamente el Señor la llamaba a su Corazón. Cuando por fin ella se apartaba un poco para recogerse, el Señor le hacía severas reprensiones ante las cuales sufría horriblemente. Dice Sta. Margarita: "Me lanzaba Jesús flechas tan ardientes, que traspasaban mi corazón y lo consumían dejándome como transida de dolor. Pasando esto, volvía a mis resistencias y vanidades"
En una ocasión Jesús le dijo: "Te he elegido por esposa y nos prometimos fidelidad cuando hiciste el voto de castidad. Soy yo quien te motivo a hacerlo, antes de que el mundo tuviera parte en tu corazón... Y después te confié al cuidado de mi Santa Madre, para que te formase según mis designios.
Finalmente el Divino Maestro se le aparece todo desfigurado, cual estaba en Su flagelación y le dice: "¿Y bien querrás gozar de este placer?- Yo no gocé jamás de ninguno, y me entregué a todo género de amarguras por tu amor y por ganar tu corazón- Querrás ahora disputármelo?". Comprendió ella que era su vanidad la que había reducido al Señor a tal estado. Que estaba ella perdiendo un tiempo tan precioso, del cual se le perdería una cuenta rigurosa a la hora de su muerte. Y con esta gracia extraordinaria, revivió en ella el deseo de la vida religiosa con tal ardor, que resolvió abrazarla a costa de cualquier sacrificio, aunque pasarían cinco años antes de poder realizarlo.



INGRESO EN EL CONVENTO DE LA VISITACION
Cuando sus parientes por fin se dieron cuenta de la firmeza de Margarita, la enviaron a la casa de unos de sus tíos que tenían una hija religiosa de la Orden de las Ursulinas. Pero Margarita no sentía que era ahí donde el Señor la quería y además sentía en su corazón una voz que le decía, "No es ahí donde te quiero, sino en Santa María." Una vez, viendo ella un cuadro de San Francisco de Sales, le pareció que le dirigía una mirada tan paternalmente amorosa, llamándola a ser su hija. Sintió que debía ella ser de la orden que este santo había fundado junto con Santa Juana de Chantal: las Visitandinas. Además, sentía mucha atracción hacia esta orden porque llevaba el nombre de María Santísima: Las Visitantinas, en honor al misterio de la Visitación.

Después de mucha dificultades en convencer a sus parientes de que ella quería entrar en el convento de la Visitación, por fin logró Margarita lo que tanto deseaba, y eligió a Paray. En cuanto entró al locutorio del convento de Paray, oyó en su corazón un voz:, "Aquí es donde te quiero." Su hermano le regaló la dote y Margarita ingresó en el Convento de la Visitación de Paray-le-Monial el 20 de junio de 1671.
Transcurridos dos meses de postulantado, tomó el santo hábito el 25 de agosto de 1671. Dijo entonces: "Mi divino Maestro me dio a entender que estábamos en días de nuestros desposorios, los cuales le daban un nuevo imperio sobre mi; en seguida me dio a conocer que, a imitación de los amantes apasionados, no me daría a gustar, durante este tiempo, sino lo que había de mas dulce en la suavidad de las caricias de su amor".
La joven novicia se mostró humilde, obediente, sencilla y franca en el noviciado. Según el testimonio de una de sus connovicias, edificó a toda la comunidad "por su caridad para con sus hermanas, a las que jamás dijo una sola palabra que pudiese molestarles, y por la paciencia con que soportó las duras reprimendas y humillaciones a las que fue sometida con frecuencia". En efecto, el noviciado de la santa no fue fácil. Por ejemplo, por mas que le pidiese su superiora, le era imposible a Margarita practicar la meditación discursiva. Ella cuenta, "Por mas esfuerzos que hacía yo por practicar el método que me enseñaban, acababa siempre por volver al método de mi Divino Maestro, aunque no quisiese." Este le causaba mucho dolor ya que su mayor deseo era de obedecer a su Superiora.
También hubo otra situación que fue causa de gran abnegación para Margarita. Se trata de una natural repugnancia que tenía toda la familia de Margarita hacia el queso. Era tanta la aversión que tenían al queso, que el hermano de Margarita le pidió expresamente a las hermanas que no le obligasen a Margarita jamás el tener que comerlo. Pero ya en el convento, se dio todo lo opuesto. Margarita, por obediencia tenía que comer queso. Al principio no podía por las nauseas que le daban y salía corriendo. Pero le suplicaba a su Señor que le ayudase ya que ella no quería ser diferente de las demás en nada. Con gran esfuerzo de su parte, Margarita logró comer queso. Cosa que ofreció como sacrificio por mas de diez años.
Otra dificultad para Margarita fue el hecho de su propia vida tan sobrenatural. Pues sus superiores le indicaban que esas formas de espiritualidad no iban con el espíritu de la Visitación. Miraban con recelo sus experiencias como sujetas a la ilusión y al engaño. Y así dudaban sus superioras el permitir que Margarita hiciese sus votos de profesión y le mandaron que le pidiese al Señor que la hiciese útil a la santa religión por la práctica exacta de todas las observancias. Esto Margarita lo llevó al Señor y el le respondió:
"Di a tu Superiora que te haré más útil a la religión de lo que ella piensa; pero de una manera que aún no es conocida sino por Mi. Y en adelante adaptaré mis gracias al espíritu de la regla, a la voluntad de tus superioras y a tu debilidad, de suerte que has de tener por sospechoso cuanto te separe de la práctica exacta de la regla, la cual quiero que prefieras a todo. Además, me contento de que antepongas a la mía, la voluntad de tus superiores, cuando te prohíben ejecutar lo que te hubiere mandado. Déjales hacer cuanto quisieren de ti: Yo sabré hallar el medio de cumplir mis designios, aun por vías que parezcan opuestas y contrarias. No me reservo sino el dirigir tu interior y especialmente tu corazón, pues habiendo establecido en él, el imperio de mi puro amor, jamás le cederé a ningún otro."
El Señor no enseñó que la voluntad divina se pueda relegar a favor de la autoridad humana. Mas bien el Señor enseñó a Margarita que la obediencia a sus superioras es, en efecto, el medio mas seguro para acatar Su divina voluntad. Ya que aun siendo sus superioras limitadas, la obediencia lograría que la voluntad divina triunfe a pesar de todo. El Señor promete que si ella obedece a sus superioras... "yo sabré hallar el medio de cumplir mis designios"
La Madre Superiora quedó contenta con la respuesta del Señor recibida por Margarita y a esta se le abren las puertas para hacer su voto de profesión el 6 de noviembre, de 1672. El Señor por su parte cumplió plenamente su promesa, pues El se encargó de trabajar fuertemente en purificar y transformar su corazón en un corazón semejante al suyo.
El sacerdote al celebrar su profesión dijo: "Jesucristo te iluminará. Ve delante por las sendas del justo, como la aurora resplandeciente...!"
Escribió Santa Margarita ese día por la tarde: "Yo vil y miserable criatura, prometo a mi Dios someterme y sacrificarme a todo lo que pida de mi; inmolando mi corazón al cumplimiento de todo lo que sea de su agrado, sin reserva de otro interés mas que de su mayor Gloria y puro amor, al cual consagro y entrego todo mi ser y todos mis momentos.



TRES ARMAS PARA LA LUCHA

Margarita recibió del Señor tres armas necesarias en la lucha que debía emprender para lograr la purificación y transformación.


La primera arma:

Una conciencia delicada y un profundo odio y dolor ante la mas pequeña falta.

Una vez le dijo el Señor cuando había Margarita cometido una falta:
"Sabed que soy un Maestro santo, y enseño la santidad. Soy puro, y no puedo sufrir la más pequeña mancha. Por lo tanto, es preciso que andes en mi presencia con simplicidad de corazón en intención recta y pura. Pues no puedo sufrir el menor desvío, y te daré a conocer que si el exceso de mi amor me ha movido a ser tu Maestro para enseñarte y formarte en mi manera y según mis designios, no puedo soportar las almas tibias y cobardes, y que si soy manso para sufrir tus flaquezas, no seré menos severo y exacto en corregir tus infidelidades."
Y así confiesa Margarita que nada era mas doloroso para ella que ver a Jesús incomodado contra ella, aunque fuese de forma muy poca. Y en comparación a este dolor, nada le parecía los demás dolores, correcciones y mortificaciones y por tanto, acudía inmediatamente a pedir penitencia a su superiora cuando cometía una falta, pues sabía que Jesús solo se contentaba con las penitencias impuestas por la obediencia.

Esta arma se fundamenta en su gran deseo de amar.

La segunda arma: La santa obediencia.
Lo que más severamente le reprendía Jesús a Margarita eran sus faltas en la obediencia, ya sea a sus superiores o a su regla. La menor réplica a los superiores con señales de incomodidad o repugnancia le es insoportable al Señor en un alma religiosa. Una vez corrigiéndola le decía:
"Te engañas creyendo que puedes agradarme con esa clase de acciones y mortificaciones en las cuales la voluntad propia, hecha ya su elección, más bien que someterse, consigue doblegar la voluntad de las superioras. ¡Oh! yo rechazo todo eso como fruto corrompido por el propio querer, el cual en un alma religiosa me causa horror, y me gustaría mas verla gozando de todas sus pequeñas comodidades por obediencia, que martirizándose con austeridades y ayunos por voluntad propia."


La tercera arma: Su Santa Cruz.
La Cruz es el mas precioso de todos sus regalos. Un día después que ella recibió la comunión, se hizo presente ante los ojos de ella una gran cruz, cuya extremidad no podía ver; estaba la cruz toda cubierta de flores. Y el Señor le dijo:
"He ahí el lecho de mis castas esposas, donde te haré gustar las delicias de mi amor; poco a poco irán cayendo esas flores, y solo te quedarán las espinas, ocultas ahora a causa de tu flaqueza, las cuales te harán sentir tan vivamente sus punzadas, que tendrás necesidad de toda la fuerza de mi amor para soportar el sufrimiento."

Era de esta forma intensa y purificadora que el Señor obraba sus designios en el corazón de Margarita. El, para desatar cada vez mas de su alma el afecto a las cosas de esta tierra y sobre todo a si misma, quiso permitir que viniesen sobre ella continuas humillaciones y desprecios. Pero no dejaba por ello el Señor de suplirle todas la gracias necesarias.
En otra ocasión le dijo el Señor: "Has de querer como si no quisieras, debiendo ser tus delicias agradarme a mí. No debes buscar nada fuera de mí pues de lo contrario injuriarías a mi poder y me ofenderías gravemente, ya que yo quiero ser solo todo para ti."
Al día siguiente de su profesión destinaron a Margarita a la enfermería, como auxiliar de la enfermera, Sor Catalina Marest, excelente religiosa, aunque de temperamento activo, diligente y eficiente. Margarita en cambio era callada, lenta y juiciosa. Recordándose ella después de su paso por la enfermería, escribía: "Solo Dios sabe lo que tuve que sufrir allí." Y no eran exageradas sus palabras pues había recibido un sin numero de insultos y desengaños durante ese tiempo.
Jesús le comunicó una parte de sus terribles angustias en Getsemaní y la quiere víctima inmolada. Ella le dice a Jesús: "Nada quiero sino tu Amor y tu Cruz, y esto me basta para ser Buena Religiosa, que es lo que deseo."


REVELACIONES DEL CORAZON DE JESUS

El profundo significado del corazón está revelado en la Biblia extensivamente.

Ver también: "corazones" en el Catecismo.


Primera revelación
El 27 de diciembre de 1673, día de San Juan el Apóstol, Margarita María, que tenía solo 14 meses de profesa y 26 años de edad, estaba como de costumbre arrodillada ante el Señor en el Santísimo Sacramento expuesto en la capilla. Era el momento de la primera gran revelación del Señor. Ella lo cuenta así:
"Estando yo delante del Santísimo Sacramento me encontré toda penetrada por Su divina presencia. El Señor me hizo reposar por muy largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado.


El me dijo:
"Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía."
"Luego," continúa Margarita, "me pidió el corazón, el cual yo le suplicaba tomara y lo cual hizo, poniéndome entonces en el suyo adorable, desde el cual me lo hizo ver como un pequeño átomo que se consumía en el horno encendido del suyo, de donde lo sacó como llama encendida en forma de corazón, poniéndolo a continuación en el lugar de donde lo había tomado, diciéndome al propio tiempo: "He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus mas vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará. De tal forma te marcaré con la Sangre de mi Cruz, que te reportará más humillaciones que consuelos. Y como prueba de que la gracia que te acabo de conceder no es nada imaginario, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará para siempre su dolor y, si hasta el presente solo has tomado el nombre de esclava mía, ahora te doy el de discípula muy amada de mi Sagrado Corazón."
Después de este favor tan grande, Margarita quedó por muchos días como abrasada toda y embriagada y tan fuera de si que podía hablar y comer solamente haciéndose una gran violencia. Ni siquiera podía compartir lo sucedido con su superiora lo cual tenia gran deseo de hacer. Tampoco podía dormir, pues la llaga, cuyo dolor le era tan grato, engendraba en ella tan vivos ardores, que la consumía y la abrasaba toda.
A partir de la primera revelación, Margarita sufriría todos los primeros viernes de mes una reproducción de la misteriosa llaga del costado, cosa que le sucedería hasta su muerte. Estos eran los momentos particularmente elegidos por el Señor para manifestarle lo que quería de ella y para descubrirle los secretos de su amable Corazón.
Entre estas visitas le decía el Señor, "Busco una víctima para mi Corazón, que quiera sacrificarse como hostia de inmolación en el cumplimiento de mis designios."En su gran humildad, Margarita le presentó varias almas que, según ella corresponderían más fielmente. Pero el Señor le respondió que era ella a quien había escogido. Esto no era sino ocasión de confusión para Margarita pues su temor era que llegasen a atribuir a ella las gracias que del Señor recibía.


Segunda revelación
Unos dos o tres meses después de la primera aparición, se produjo la segunda gran revelación. Escribe Margarita:
"El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, mas brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior...
...la cual significaba que, desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir, desde que se formó el Sagrado Corazón, quedó plantado en el la cruz, quedando lleno, desde el primer momento, de todas las amarguras que debían producirle las humillaciones, la pobreza, el dolor, y el menosprecio que su Sagrada Humanidad iba a sufrir durante todo el curso de su vida y en Su Santa Pasión."
"Me hizo ver, " continúa Margarita, "que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación, y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en el, su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desordenados. Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa, a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción."
En esta segunda gran revelación, Nuestro Señor empezó a descubrir sus intenciones y formular sus promesas. La imagen del Sagrado Corazón de Cristo es el símbolo de su ardiente amor hacia nosotros, el cual había entregado sin condiciones, y el Señor quería que esta imagen se expusiese en las casas o llevarse sobre el pecho en forma de Medalla, ofreciendo así promesas de gracias y bendiciones a quienes lo veneraban. Pero por el momento Margarita no podía decir nada de lo que había visto pues no había llegado la hora. Estas revelaciones tendrían que pasar primero por muchos exámenes y sufrir mucha oposición. Y aún había mucho más que Jesús quiera revelar.


Tercera revelación
En lo que probablemente era el primer viernes de junio de 1674, fiesta de Corpus Christi, tuvo Margarita la tercera gran revelación.
Una vez entre otras, escribe Sta. Margarita, "que se hallaba expuesto el Santísimo Sacramento, después de sentirme retirada en mi interior por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, Jesucristo mi Amado se presentó delante de mi todo resplandeciente de Gloria, con sus cinco llagas brillantes, como cinco soles y despidiendo de su sagrada humanidad rayos de luz de todas partes pero sobre todo de su adorable pecho, que parecía un horno encendido; y, habiéndose abierto, me descubrió su amante y amable Corazón."

Entonces Jesús le explicó las maravillas de su puro amor y hasta que exceso había llegado su amor para con los hombres de quienes no recibía sino ingratitudes. Esta aparición es mas brillante que las demás. Amante apasionado, se queja del desamor de los suyos y así divino mendigo, nos tiende la mano el Señor para solicitar nuestro amor.


Le dirige las siguientes peticiones:

º Comulgarás tantas veces cuanto la obediencia quiera permitírmelo

º Jueves a viernes haré que participes de aquella mortal tristeza que Yo quise sentir en el huerto de los olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía mas difícil de sufrir que la muerte.

º Por acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis congojas, te levantaré de once a doce de la noche para postrarte durante una hora conmigo; el rostro en el suelo, tanto para calmar la cólera divina, pidiendo misericordia para los pecadores, como para suavizar, en cierto modo, la amargura que sentí al ser abandonado por mis apóstoles, obligándome a echarles en cara el no haber podido velar una hora conmigo...
"Una vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, se presentó Jesucristo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas que se presentaban como otro tanto soles, saliendo llamaradas de todas partes de Su Sagrada Humanidad, pero sobre todo de su adorable pecho que, parecía un horno encendido. Habiéndose abierto, me descubrió su amabilísimo y amante Corazón, que era el vivo manantial de las llamas. Entonces fue cuando me descubrió las inexplicables maravillas de su puro amor con que había amado hasta el exceso a los hombres, recibiendo solamente de ellos ingratitudes y desconocimiento.
"Eso," le dice Jesús a Margarita, "fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor, tendría por poco todo lo que hice por ellos y, de poder ser, aún habría querido hacer más. Mas sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud de todo cuanto te sea dado conforme a tus posibilidades."
Ante estas palabras, Margarita solo podía expresarle al Señor su impotencia, Él le replicó: "Toma, ahí tienes con qué suplir cuanto te falte." Y del Corazón abierto de Jesús, salió una llamarada tan ardiente que pensó que la iba a consumir, pues quedó muy penetrada y no podía ella aguantarlo, por lo que le pidió que tuviese compasión de su debilidad. El le respondió:
"Yo seré tu fortaleza, nada temas, solo has de estar atenta a mi voz y a lo que exija de ti con el fin de prepararte para la realización de mis designios."
Entonces el Señor le describió a Margarita exáctamente de que forma se iba a realizar la práctica de la devoción a Su Corazón, junto con su propósito, que era la reparación. Finalmente, Jesús mismo le avisa sobre las tentaciones que el demonio levantará para hacerla caer.
"Primeramente me recibirás en el Santísimo Sacramento tanto como la obediencia tenga a bien permitírtelo; algunas mortificaciones y humillaciones por ello habrán de producirse y que recibirás como gajes de mi amor. Comulgarás, además, todos los primeros viernes de mes, y en la noche del jueves al viernes, te haré participe de la mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos, cuya tristeza te reducirá, sin que logres comprenderlo, a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Para acompañarme en la humilde plegaria que elevé entonces a mi Padre, en medio de todas tus angustias, te levantarás entre las once y las doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con la cara en el suelo, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de algún modo la amargura que sentía por el abandono de mis apóstoles, lo cual me llevó a reprocharles que no habían podido velar una hora conmigo. Durante esa hora harás lo que te diga. Pero, oye hija mía, no creas a la ligera todo espíritu, ni te fíes, porque Satanás está rabiando por engañarte. Por eso, no hagas nada sin permiso de los que te guían, a fin de que, contando con la autoridad de la obediencia, él no pueda engañarte, ya que no tiene poder alguno sobre los obedientes."


AGUDAS PRUEBAS
Después de la aparición, Margarita sintiéndose que estaba ella fuera de si, y no sabiendo donde estaba, le faltaron las fuerzas y cayó desmayada. Sus hermanas, viéndola en tal aspecto, la levantaron y la cargaron donde la Madre Superiora. Ella viendo que Margarita no podía hablar, ni aun sostenerse, arrodillada ante sus pies, la mortificó y la humilló con todas sus fuerzas. Y cuando Margarita le respondió a su pregunta de lo sucedido, contándole todo cuanto había pasado, recargó sobre ella nuevas humillaciones y no le concedió nada de cuanto decía que el Señor le mandaba hacer, mas bien lo acogió con despreció.
El fuego que devoraba a Margarita por dentro a causa de las revelaciones, le ocasionó una fiebre continua. Ante esta misteriosa enfermedad, la Madre Superiora no podía sino sentir miedo y por tanto le dijo a Margarita: "Pida a Dios su curación, de esta forma sabré si todo viene del Espíritu del Señor."
Margarita, obedeciendo a esta orden, le expuso todo cuanto le pedía su Superiora al Señor, el cual no tardó en recobrarle por completo su salud por las manos de la Virgen Santísima. Y así consiguió Margarita el poder cumplir lo que Dios le pedía.
Pero viendo la Madre Superiora que continuaban las visiones, y no sabiendo que más hacer para asegurarse de su veracidad, decide consultar a los teólogos. Ella creyó que debía obligarla a romper el profundo silencio que hasta entonces había observado, con el fin de hablar del asunto con personas de doctrina. Compareció pues Margarita ante estos personajes, y haciéndose gran violencia para sobrepasar su extremada timidez, les contó todo lo sucedido. Más Dios permitió que algunos de los consultados no conocieran la verdad de las revelaciones. Condenaron el gran atractivo que tenía Margarita por la oración y la tildaron de visionaria, prohibiéndole detenerse en sus inspiraciones. Hasta uno de ellos llegó a aconsejar: "procuren que esta hija se alimente bastante y todo irá mejor."
"Se me empezó a decir," cuenta Margarita, "que el diablo era el autor de cuanto sucedía en mi, y que me perdería si no ponía muy en guardia en contra de sus engaños e ilusiones."
Para Margarita esto fue motivo de gran sufrimiento. No por razón del rechazo o porque pensaban mal de ella, sino por el conflicto interno que le causaba. Llegó a pensar que ella estaba en el error pero por mas que trataba de resistir las atracciones de Dios no lo lograba. Se sentía profundamente abandonada, puesto que se le aseguraba que no la guiaba el Espíritu de Dios, y sin embargo, no lo podía resistir.
Cada vez era mayor la oposición aun dentro del convento contra Margarita. Había significativos movimientos de cabeza, miradas reprobatorias y muecas. Algunas pensaban que una visionaria venía a ser como la personificación de todo un escuadrón de demonios, un peligro evidente y una gran amenaza para todas. Llegó hasta tal punto que las hermanas empezaban a rociarla con agua bendita cuando pasaba.


TRIUNFO
El Señor le había prometido a Margarita que su obra triunfaría a pesar de todos los obstáculos. Esta promesa empezó a cumplirse cuando, a primeros días de febrero de 1675, le envío al jesuita Padre Claudio Colombiere. En cuanto este santo sacerdote habló con Margarita, pudo ver su santidad y creyó en sus revelaciones, lo cual comunicó inmediatamente a la Madre Superiora. Ante el juicio del Padre Claudio, quién era reconocido por su sabiduría y santidad, la Madre Superiora pudo por fin descansar y le ordenó a Margarita que le contase todo al Padre Colombiere.


Cuarta revelación

Fue bajo esta nueva aceptación que se dio la cuarta y ultima revelación que se puede considerar como la más importante. El Señor quería establecer en la Iglesia una fiesta litúrgica en honor del Sagrado Corazón de Jesús.
Sucedió esta revelación en el curso de la octava del Corpus Christi del año 1675, o sea entre el 13 y el 20 de junio. Cuenta Margarita:

Estando ante el Santísimo Sacramento un día de su octava, y queriendo tributarle amor por Su tan gran amor, me dijo el Señor:

"No puedes tributarme ninguno mayor que haciendo lo que tantas veces te he pedido ya." Entonces el Señor le descubrió su Corazón y le dijo "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombre y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares. También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute."


El Padre Colombiere le ordenó a Margarita a que cumpliese plenamente la voluntad del Señor. Y que también escribiese todo cuanto le había revelado. Margarita obedeció a todo lo que se le pidió pues su mas grande deseo era que se llegase a cumplir el designio del Señor.


Pasarían mas de diez años antes que se llegase a instituir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el monasterio de la Visitación. Serian diez años muy duros para Margarita. La Madre Superiora, que por fin llego a creer en ella, fue trasladada a otro monasterio. Pero antes de irse ordena a Margarita a que relatara ante toda la comunidad todo cuanto el Señor le había revelado. Ella accedió solo en nombre de la santa obediencia y les comunicó a todas lo que el Señor le había revelado incluyendo los castigos que El haría caer sobre la comunidad y sobre ellas. Y cuando todos enfurecidos empezaron a hablarle duramente, Margarita se mantuvo callada, aguantando en humildad todo cuanto le decían. Al siguiente día, la mayoría de las monjas sintiéndose culpables de lo que habían hecho, acudían a la confesión. Margarita entonces oyó que el Señor le decía que ese día por fin llegaba la paz de nuevo al monasterio y que por su gran sufrimiento, Su Divina Justicia había sido aplacada.


En contra de su voluntad, Margarita fue asignada como maestra de novicias y asistente a la superiora. Esto llegó a ser parte del plan del Señor para que por fin se empezara a abrazar la devoción del Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo Margarita nunca llegó a ver durante su vida en la tierra el pleno reconocimiento de esta devoción.

En la tarde del 17 de octubre del 1690, habiendo Margarita previamente indicado esta fecha como el día de su muerte, encomendó su alma a su Señor, quien ella había amado con todo su corazón. Muere entre 7 y 8PM. Tenía 43 años de edad y 18 años de profesión religiosa.

Pasaron solamente tres años después de su muerte cuando el Papa Inocencio XIII empezó un movimiento que abriría las puertas a esta devoción. Proclamó una bula papal dando indulgencias a todos los monasterios Visitantinos, que resultó en la institución de la fiesta del Sagrado Corazón en la mayoría de los conventos. En 1765, el Papa Clemente XIII introdujo la fiesta en Roma, y en 1856 el Papa Pío IX extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia. Finalmente, en 1920, Margarita fue elevada a los altares por el Papa Benedicto XV.


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Recomiendo este PDF (siguendo enlace sobre laimagen) que amplía más sobre Santa Margarita Alacoque y su vínculo con el Sagrado Corazón de Jesús.




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PROMESAS DE NUESTRO SEÑOR TAL COMO SE LAS REVELO A SANTA MARGARITA MARÍA

(buscabiografias.com)

En varias oportunidades, Cristo, dirigiéndose a Santa Margarita María, prometió ciertas gracias a los que practican una verdadera devoción a su Divino Corazón: honrándolo, amándolo y glorificándolo.

He aquí estas promesas, tal como las recibió Margarita María.

- Que todos los que se entreguen y consagren a Él, no perecerán jamás.

- Que como Él es la fuente de todas las bendiciones, las difundirá en abundancia en todos los lugares en que sea expuesta y honrada la imagen de su Divino Corazón.

- Que reunirá las familias divididas, protegerá y asistirá a las que estén en dificultades y que se dirijan a Él con confianza.

- Que derramará la suave unción de su ardiente caridad sobre todas las comunidades que lo honren y se pongan bajo su especial protección: que apartará todos los golpes de la Justicia Divina, cuando hayan perdido la dignidad de hijos de Dios.

La quinta promesa , se refiere a los apóstoles del culto a su Sagrado Corazón: "Mi divino Maestro me dijo que los que trabajen en la salvación de las almas, trabajarán con éxito y sabrán tocar los corazones más empedernidos, si ellos mismos tienen una tierna devoción a su Divino Corazón y si trabajan en propagar y establecer su culto."

La sexta y última promesa, es la que llamaron la Gran Promesa: "Te prometo - declara Jesús a su confidente - en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor omnipotente concederá a los que comulguen los 9 primeros viernes seguidos la gracia de la penitencia final, no morirán en mi desgracia y sin recibir sus sacramentos, mi Divino Corazón será su lugar seguro asilo en el último momento."


ORACIÓN

¡Oh Bienaventurada Margarita María! depositaria venturosa del tesoro de los cielos, el Corazón Divino de Jesús, permite que, considerándote mi hermana, en este incomparable amor, te ruegue me des con generosidad, la parte que me corresponde en esa mansión de infinita caridad. Confidente de Jesús, acércame tú al Sagrario de su pecho herido; Esposa de predilección, enséñame a sufrir por la dilatación de aquel reinado cuya causa te confió el Maestro. Apóstol del Sagrado Corazón, consígueme que se realicen conmigo las promesas que en beneficio de su gloria, te hizo ochenta y siete veces el Amado; Discípula regalada del Divino Corazón, enséñame la ciencia de conocerlo como lo conociste tú, en el perfecto olvido de mí mismo y de la tierra. Víctima del Corazón de Jesús Sacramentado, toma el mío, y ocúltalo en la llaga donde tú viviste, compartiendo ahí las agonías del Cautivo del amor, de Jesús-Eucaristía. El, te dijo, hermana muy amada, que dispusieras en la eternidad del cielo, de este otro cielo, el de su Corazón Sacramentado; ¡Oh Margarita María! entrégamelo, pues, para consumirme en ese incendio, dámelo para llevarlo como vida redentora a los pobres pecadores y como glorificación de ese mismo Corazón Divino a las almas de los justos. ¡Ah, sí! compartamos, hermana mía el mismo sacrificio, el mismo apostolado, el mismo paraíso del Corazón Divino de Jesús: venga a nos su reino.
 
 

ANA CATALINA EMMERICK - GRAN MÍSTICA DE PROFUNDAS REVELACIONES.



Beatificada el 3 de Octubre, 2004

Mística alemana 1774-1824

Religiosa agustina.


Ana Catalina Emmerich (1774-1824), conocida en su tiempo como "la vidente de Dülmen", fue una de las visionarias más ampliamente discutidas del siglo XIX.

Alma víctima, ofreció enormes sufrimientos viviendo la Pasión de Nuestro Señor. Dios le concedió muchos dones místicos, entre ellos, visiones, estigmatización, locución, éxtasis, etc.

En los últimos años de su vida se sustentaba solamente de la Santa Eucaristía.

Fue exclaustrada a la fuerza por la invasión napoleónica. Inválida y estigmatizada, vivió la pasión de Jesucristo.




Artículo de la web capillacatolica.org

El 8 de septiembre de 1774, nació Anne Katherine Emmerick en una humilde granja del pueblo de Flamske en Coesfeld, cerca de Dülmen. Fue bautizada ese mismo día en la diócesis de Münster, Westphalia, al nordeste de Alemania.

Anna Catalina, una niña despierta y muy vivaz, aunque siempre delicada de salud, nació y creció en medio de la pobreza. Poseía el uso de razón desde su nacimiento y podía entender latín litúrgico desde el primer día que acudió a Misa. Desde los cuatro años recibió frecuentes visitas y visiones celestiales. Ana Catalina conversaba familiarmente con el Niño Jesús y vivía estas experiencias místicas tan habituales desde su niñez y con tanta normalidad que, en su inocencia infantil, creía que todos los demás niños también las experimentaban.

Su familia era muy humilde y piadosa, se dedicaba a las labores del campo, tareas que también Ana Catalina tuvo que ejercer desde los doce años, para más tarde trabajar como costurera y de ese modo ayudar económicamente en su hogar y ahorrar algo de dinero, pues su deseo era, desde muy joven, ingresar en un convento, para lo cual, entonces, se precisaba entregar una dote a la congregación. 

Sin embargo, sus padres decidieron que su hija estudiara y la llevaron a un organista para que le enseñara música. Su madre le llevaba alimento en los recreos, viendo que Ana Catalina pasaba necesidades; pero la familia del organista era también muy pobre y Ana Catalina les entregaba su comida, los escasos ahorros para la dote que había conseguido como costurera y por un tiempo fue además sirvienta en la casa parroquial, ayudando en las tareas del hogar de la familia del organista por unos años.

A pesar de la precaria situación económica y la oposición de su familia de nueve hermanos, a los 28 años de edad en 1802 ingresó en el humilde monasterio de las Agustinas de Agnetenberg, en Dülmen, el cual carecía de la biblioteca más básica. Allí padeció la incomprensión de las monjas a causa de su vida mística y del hecho de haber ingresado sin dote. Su ascetismo y sobretodo sus éxtasis producidos mientras trabajaba o durante la oración, tanto en su celda como en el oratorio, su celo religioso y sus extrañas dolencias, creaban malestar a la comunidad que, al no comprenderla, la tachaban de privilegiada y la trataban con cierto desprecio. Sin embargo, esta fue la época más feliz de su vida y cumplía sus tareas con alegría por el hecho de que, además la tuvieran de menos.

Durante los procesos de exclaustración de 1813, tras la invasión napoleónica de Alemania, la supresión de conventos decretada por Jerónimo Bonaparte, Rey de Westphalia, dispersó a las monjas; Anne Katherine fue recogida por caridad en la casa particular de una pobre viuda, en Dülmen. Ana Catalina predijo la caída de Napoleón unos doce años antes de que sucediera y así, de algún modo que encierra cierto misterio, se lo hizo llegar al Papa. 

Su vida transcurrió sembrada de continuas enfermedades, agravadas al quedarse postrada en cama, inválida tras un accidente en 1813. Fue en casa de la viuda donde recibió los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo durante la Pasión: los de las manos y pies, la herida de la lanza, Corona de Espinas e incluso una cruz sobre su pecho; signos externos que ella trataba inútilmente de ocultar. Sufría y rezaba mucho por las almas de Purgatorio, a quienes veía con frecuencia; además, por la salvación de los pecadores. Sólo mucho tiempo después se supo que las sábanas empapadas del sudor producido por el sufrimiento físico y espiritual de la hermana Ana Catalina, se helaban literalmente sobre su cuerpo por el viento que, en las frías noche de la Europa Central, se colaba por las rendijas de las paredes. 

Durante toda su vida fue adornada de muchos otros dones místicos: locución o éxtasis entre otros; visiones de la historia de la Salvación, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento; de la Virgen María y la vida pública de Jesús; las visiones de la primitiva Iglesia naciente y las futuras sobre la Iglesia; así como de la vida después de la muerte: experimentó la vida de la Iglesia triunfante (en el cielo), la Iglesia purgante (en el purgatorio) además de la Iglesia militante (sobre la tierra). De está época son conocidas sus visiones sobre los acontecimientos de estos últimos siglos de la historia, como la caída del Muro de Berlín o el Concilio Vaticano II.

Ana Catalina poseía un sobrenatural conocimiento para con los pobres y enfermos que se le acercaban buscando ayuda y consuelo en la que llamaban la “brillante hermanita”; el sufrimiento de los demás le causaba gran compasión muy fácilmente y, conociendo de antemano sus enfermedades, les recomendaba remedios infalibles.

Desde ese mismo año hasta el final de su vida, su único sustento fue la Sagrada Comunión y agua. Este extremo fue tres veces exhaustivamente investigado por la diócesis, la policía bonapartista y las autoridades. En 1818 una comisión episcopal, encabezada por el famoso Vicario General Overberg, la investigó por primera vez junto a tres médicos que la examinaron escrupulosamente, con el objeto de no dar lugar a críticas por parte de los enemigos de la Iglesia. Los exámenes dieron como resultado la veracidad de los estigmas y la santa vida espiritual de la hermana Ana Catalina. El Señor, entonces premió su heroicidad y paciencia, con la cicatrización y curación de los estigmas de las manos y los pies y el alivio de las demás señales externas. Más en el Viernes Santo de ese mismo año se le volvieron a manifestar sangrantes.

En 1819, "la piadosa Beguina", como también la conocía el pueblo que la quería, se encontraba prácticamente en el umbral de la muerte. No contentos con las escrupulosas investigaciones anteriores, Ana Catalina fue encerrada en contra de su voluntad por orden gubernamental. Permaneció en otra habitación aislada de todos y vigilada estrictamente día y noche durante unos veinte días, teniendo que sufrir insultos y amenazas, tratando de obligarle a declarar que sus dones divinos constituían un fraude. Finalmente no consiguieron encontrar en ella nada sospechoso y demoraron la publicación de sus resultados. En vista de la presión ejercida por el pueblo y las autoridades eclesiales, la comisión del Gobierno viendo que Ana Catalina se negaba a declarar culpabilidad alguna, dieron por concluido apresuradamente que todo era un engaño.

Desde entonces la vida de Anna Katherina Emmerick fue un permanente sufrimiento expiatorio: carga sobre sí los sufrimientos de otros y se ofrece a Nuestro Señor como alma víctima por la conversión de los pecadores, cuyas miserias ella conocía aún cuando estuviesen muy lejos. Sufría y se ofrecía asimismo en reparación por tantas ofensas, sacrilegios y desprecios a la Iglesia y a los sacramentos. Ella vivió tiempos muy decadentes que la atormentaban. La impiedad invadía pueblos y naciones enteras de tal modo que la Fe parecía haberse extinguido, sucumbiendo la Iglesia ante la revolución reinante.

Desde el 18 de febrero de 1818 hasta el 6 de abril de 1823 vivió místicamente y día a día la predicación y Pasión de Jesús, que trató de describir en su dialecto del alemán, ofreciendo innumerables y grandes sufrimientos. Los escritos de Ana Catalina Emmerich constituyen un rico tesoro de sus visiones cotidianas, que ella misma encontraba inefables. Han llegado hasta nosotros gracias a Klemens Brentano, un notable poeta alemán, famosointelectual y reconocido escritor, requerido por mandato divino para transcribir las visiones de Ana Catalina Emmerich, para el bien de innumerables almas. Esta revelación del Señor se la comunicó ella misma nada más verlo en su primera visita; una visita que le habían insinuado unos terceros y que, tras conocer datos sobre la vida de la mística, realizó con curiosidad e interés.

Permaneciendo día a día, al pie de la cama de la enferma, traducía del dialecto de Westphalia que ella hablaba, los relatos de la vidente, transcribía sus palabras y le traía de nuevo los escritos volviendo a leérselos para comprobar la fidelidad del relato. Se cuenta que Ana Catalina era Analfabeta y que por esa causa no podía escribir ni leer lo que Bretano transcribía de sus palabras. A medida que el escritor iba viviendo con ella los relatos y viendo la paciencia de la religiosa enferma, ante sus indescriptibles sufrimientos, su humildad y pureza, Klemens fue recuperando la fe de su infancia. "No hallé en su fisonomía ni en su persona el menor rastro de tensión ni exaltación" - afirmó tras conocer a la que él respetaba como a la novia escogida de Jesucristo - "Todo lo que dice es breve, simple, coherente y a la vez lleno de profundidad, amor y vida".

A Brentano sólo le dio tiempo a ordenar un índice de las diferentes visiones y la edición en 1833 de "La amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo conforme a las Meditaciones de Anne Katherine Emmerick": uno de los libros más conocidos y singulares de la mística alemana, de más de doscientas páginas, el cual es tan singular como lo fue su vida y que, ya por entonces, su publicación constituyó un acontecimiento mundial. La muerte sorprendió al transcriptor preparando las visiones de "La Vida de la Santísima Virgen María" publicado en 1852 en Munich y los "Diarios", un material muy voluminoso que también ha sido compilado y publicado por distintos especialistas. 

El relato de la Pasión tal y como ella la ve, comienza con la Última Cena y concluye con la Resurrección. El estilo del libro es muy directo, con gran fuerza, debida a una prosa muy sobria, sin dar lugar a los comentarios; su lectura engancha de tal modo que no se puede abandonar hasta el final. Dividido en escenas muy breves, que bien podrían asemejarse a óleos llenos de expresión, narra la Pasión de Jesucristo desde la Oración en el Huerto a través de minuciosas descripciones concretas de personas, lugares y acontecimientos, expresadas muy vivamente, por lo que resulta comprensible que este libro haya servido de gran ayuda e inspiración para el católico director y actor de cine Mel Gibson, a la hora de hacer su película "La Pasión de Cristo". Cuenta el mismo Gibson que se encontraba rezando en su despacho tratando de ser iluminado sobre el guíon de su película, cuando este libro de Ana Catalina se desprendió de la librería y cayó sobre su regazo, como una señal del cielo.

La veracidad de lo que vio Ana Catalina a todo lo largo de su vida, ha servido de punto de partida para realizar numerosas investigaciones arqueológicas. Con sus visiones en la mano se descubrió Reynolds, los restos de la ciudad de Ur de Caldea. La recientemente descubierta morada de la Virgen en Éfeso resultó ser también tal como ella la había descrito. Del mismo modo se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusalén, que Ana Catalina vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepción de María, dogma que no sería proclamado por la Iglesia hasta treinta años después de la muerte de esta vidente.

Ana Catalina Emmerich escuchó del mismo Jesucristo que el regalo de sus revelaciones del pasado, presente y el futuro en visión mística, era mayor que el poseído por nadie jamás en la historia.

El lunes 9 de febrero de 1824, en la localidad de Dulmen, su alma se liberó de su cuerpo consumido por las enfermedades y las penitencias. Su cuerpo se encontró incorrupto a casi dos meses de su fallecimiento; la tumba había sido abierta con autorización, tras los rumores que corrían de que sus restos mortales habían sido hurtados. En 1892 el obispo de Münster introdujo la causa de beatificación y fue declarada Venerable a finales del siglo XIX.Proceso de beatificación reabierto en 1972. En el año 2001 se declaró la heroicidad de sus virtudes (Venerable) anunciando el Vaticano que pronto sería beatificada.

Ana Catalina ha sido recientemente beatificada, el 3 de octubre de 2004 por Su santidad Juan Pablo II en la Basílica de Roma ante más de mil peregrinos que acudieron a la ceremonia. El prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal José Saraiva Martins, al leer el pasado julio el decreto de reconocimiento del milagro, que abrió las puertas a la canonización de Catalina Emmerich, constató ante Juan Pablo II:

«Llevó consigo los estigmas de la Pasión del Señor y recibió carismas extraordinarios que empleó para consuelo de numerosos visitantes. Desde el lecho desarrolló un gran y fructífero apostolado. La vida de Anne Katherine Emmerick está caracterizada por una profunda unión con Cristo y una «ardiente» devoción a la Virgen María. Servir a la obra de la salvación por medio de la fe y del amor es el aspecto en que la futura beata puede servir de modelo a los fieles de hoy.»


El postulador de la causa de beatificación, Andrea Ambrosi, explicó ante los micrófonos de «Radio Vaticana»: 


«La vida claustral fue bastante dura porque las otras canónigas no dejaban de subrayar su baja condición social y por su salud, que comenzó a declinar rápidamente. Desde pequeña padecía cierto raquitismo que, entre las paredes del convento se acentuó tanto que durante años permaneció en cama. A partir del final de 1812, desde el momento en que en ella ya se manifestaban los dones sobrenaturales, se añadió aquel fenómeno constituido por la aparición de los estigmas. Al principio hizo de todo para ocultarlos, pero después el caso fue conocido y toda la gente quería verla, pero no sólo por el hecho externo de los estigmas, sino también por su gran bondad y por un don que tenía, que era el de penetrar las almas que más sufrían, las más laceradas, llevándoles la paz. Vivía en perfecta sintonía con el misterio de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús. Sus estigmas son el testimonio clarísimo de su unión existencial con Jesús. Su disponibilidad al sufrimiento no tenía otro fundamento que su amor hacia el Crucifijo y su preocupación por el prójimo.

Después de su muerte, estaba tan viva su fama de santidad que entre toda la población y también entre el clero se dio un vivo deseo de promover su causa de beatificación. Pero también surgieron dificultades por los difíciles momentos históricos y religiosos que atravesaba entonces Alemania y por la falta de claridad de los escritos de Sor Ana Catalina, textos incluso en el límite de un catolicismo poco “ortodoxo”, motivo por el cual el entonces Santo Oficio intervino varias veces para bloquear la causa y pedir nuevos pareceres de teólogos. En cuanto se aclaró qué añadidos en los escritos eran del escritor Bretano, la causa emprendió un camino más veloz.»

Palabras de Próspero Gueranger, abad de Solesmes (1860) - en proceso de canonización - en relación a las visiones de la Bienaventurada Ana Catalina Emmerich, declaró:
«¿Qué diremos si el ordenador de semejante drama es una sencilla campesina del corazón de Europa, sin ninguna idea de las costumbres de Oriente, las cuales, sin apartarse un ápice, describe y pinta, superando el pincel de un artista y la ciencia de un arqueólogo?»

Lina Murr Nehmé, ortodoxa libanesa, historiadora, que ha escrito numerosos libros en el campo de la historia, del arte y la exégesis, y recientemente una nueva versión de «La amarga Pasión de Cristo», declara a Zenit sobre Ana Catalina:

«Su mensaje esencial es ecuménico y quienes la acusan de ser sectaria no la conocen. Para ella, los hombres y las mujeres no son buenos o malos en función de su religión o ideas, sino por motivo de sus actos. Por ejemplo, describe a Pilatos y a los grandes sacerdotes judíos con la misma severidad, pero utiliza un tono muy diferente cuando habla de la mujer de Pilatos, o de los judíos, o de los romanos compadecidos que mostraban gestos de misericordia hacia esta persona que, para ellos, no era ni Dios, ni el Mesías, sino un simple condenado.

Es verdad que en «La Amarga Pasión» escribe acusaciones sobre todo contra los judíos, pero es porque narra una tragedia que tuvo lugar en tierra judía. Cuando narra tragedias que han tenido lugar en tierras paganas, acusa a los paganos. De hecho, es lógico: la muchedumbre, con algunas excepciones, en general es perseguidora, y la escena de la Pasión lo demuestra con fuerza. 

Anne Katherine ha vivido el Evangelio y está en el cielo. Como ortodoxa, me dí cuenta de que contaba cosas, que en su mayoría eran lógicas, me vi obligada, por honestidad, a darme cuenta de que estaba equivocada mi visión tan negativa del papado, del Antiguo Testamento, de Moisés, de los profetas y de los judíos de la Antigüedad. He investigado en la Biblia, y me vi obligada a reconocer que lo que decía de los judíos y de sus profetas era exacto desde el punto de vista evangélico. Me parece ridículo que se acuse a Anne Katherine de antisemitismo, cuando obliga al lector más hostil, a los judíos, a rehabilitarles en lo que tienen de más sagrado y a amarles. 

Me hablaron de ella sacerdotes franceses cuando era joven. Me prestaron el libro sobre la Pasión. Lo abrí y lo cerré inmediatamente: «Es un camelo», pensé. Pero diez años después, al querer escribir un libro sobre Cristo, me dí cuenta de que, aparte de la Biblia y de Flavio Josefo, prácticamente no había otros escritos de esa época que hablaran de esa sociedad. La mayoría, por desgracia, han desaparecido. Y como me habían dicho que Anne Katherine ofrecía información histórica y arqueológica, que después se demostraría exacta, compré sus libros para poder contar con pistas que yo después podría verificar o descalificar con mis investigaciones. Lo que escribo se lo debo a las investigaciones que he realizado para ver si lo que decía era verdadero. 

Ante todo hay que situar a Anne Katherinne en su Orden Religiosa, la de los Agustinos, que fue también la Orden de Martín Lutero y de Erasmo. Es una coincidencia curiosa, pues Anne Katherine es su antítesis, sobre todo la antítesis de Erasmo. Anne Katherine, como Erasmo, tuvo una influencia decisiva en la Europa de su época con sus escritos. Pero Erasmo se dedicaba a criticar; Anne Katherine hacía lo contrario. De hecho, ella fue víctima del espíritu de burla y de hostilidad que él había sembrado. Si hubiera vivido uno o dos siglos antes que él, no se habría necesitado tanto tiempo para canonizarla a causa de sus visiones, como lo prueba el ejemplo de santa Catalina de Siena, cuyos textos son todavía menos «fáciles» que los de Anne Katherine Emmerick. Pero, ¿por qué sólo criticamos a los santos? ¿Qué se podría decir de Erasmo?

Nos preguntamos por qué una mujer, Anne Katherine, ha recibido esta ciencia que tantos hombres habrían querido tener. Quizá porque, como decía san Pablo, la fuerza de Dios se manifiesta en los débiles. Si los ricos le abandonan, Dios llamará a los pobres. Si los hombres le abandonan, Dios escogerá a mujeres para darles lecciones, como hizo después de la Pasión, cuando envió a las mujeres a anunciar la Resurrección a los discípulos.

Anne Katherine era eso que los hombres situados en puestos elevados, amantes del nuevo arte pagano, consideraban como lo más despreciable: una campesina analfabeta, una religiosa expulsada de su convento, una enferma. De este modo nos damos cuenta de cómo la igualdad que nos han llevado a reclamar es ficticia: ¿qué igualdad podía exigir Anne Katherine, si no tenía la fuerza para mover la cesta de ropa mojada que ponían sobre su cama, porque nadie la quería? Y sin embargo, Klemens Brentano, una de las estrellas literarias de su época, la consideraba infinitamente superior a él. Hoy sentimos la necesidad de arrodillarnos ante ella, y no ante sus perseguidores.

Hay que reconocer la valentía de Juan Pablo II y de su Iglesia, que han reconocido la santidad de Anne KatherineEmmerick; en una época en la que basta decir que uno no la desprecia, para ser despreciado.» 

Su Santidad Juan Pablo II, dirigiéndose a los fieles congregados el 3 de octubre de 2004, durante la beatificación de Ana Catalina, declaró:

«La beata Ana Catalina Emmerich mostró y experimentó en su propia piel «la amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo». El hecho de que, de hija de pobres campesinos que insistentemente buscaba la cercanía de Dios, se convirtiera en la famosa «mística de Münster» es una obra de la Gracia divina. A su pobreza material se contrapone su rica vida interior. Igual que la paciencia para soportar sus debilidades físicas, nos impresiona la fuerza del carácter de la nueva beata y su firmeza en la fe.

Esta fuerza la recibió ella de la Santa Eucaristía. De este modo su ejemplo abrió a la completa pasión amorosa hacia Jesucristo, los corazones de los hombres pobres y ricos, de las personas cultas y humildes. Aún hoy comunica a todos el mensaje salvífico: «Gracias a sus heridas hemos sido curados» (Cf. 1 P 2, 24).


Sus visiones fueron descritas por Clemens María Brentano, poeta y novelista del Romanticismo alemán. En la página recomendada se encuentra un resumen de estas visiones.

MARÍA VALTORTA - VOCACIÓN DE ESCUCHAR A CRISTO Y A MARÍA.





María Valtorta, mística italiana que nos dejó relatos de la vida de Jesús y María en la tierra, a través de su poema escrito en varios tomos: El Poema de El Hombre-Dios.

Lo notable es que estos relatos le fueron dictados por el propio Cristo, o por la misma Madre de Dios, o por visiones celestiales que la acompañaron durante largos años de su vida, siendo que María reconoce que nada puso ella de todo lo escrito, todo le fue dictado o mostrado en visiones.



María Valtorta nació el 14 de marzo de 1897 en Caserta (sur de Italia), transcurrió su vida en varias ciudades de la Italia septentrional. Desde niña experimentó hacia Cristo un reclamo casi profético: acompañarlo en el dolor, voluntariamente acogido y generosamente ofrecido. Siguiendo su ejemplo, asoció al dolor el amor hasta el punto de que se identificaran en una cosa sola. Y, a través de los sufrimientos, que ciertamente no eran un fin anhelado en la edad de los sueños y las esperanzas, cumplió en la madurez su vocación de donarse por completo.

Hija única de un oficial del ejército y de una ex profesora de francés, María era inteligente, sensible, volitiva, generosa, propensa a la cultura, tendente a una profunda espiritualidad. Su padre era bueno y afable; su madre, sin embargo, tan despótica, que obstaculizó y reprimió incluso sus más legítimas aspiraciones. A causa de ella, que dos veces truncó su incipiente interés sentimental, María no se casó, ni pudo gozar plenamente del vínculo afectivo con su padre ni cursar los estudios más adecuados a su personalidad ni ser libre en su práctica religiosa.

En 1904, a los siete años de edad, pasó al Instituto de las Religiosas Marcelinas, para iniciar allí los estudios elementales, distinguiéndose de inmediato como la “primera de la clase por la inteligencia, don de Dios”. En 1907 pasó a la escuela estatal, asistiendo contemporáneamente, por exigencia de su madre, a las lecciones de francés dadas por un grupo de religiosas expulsadas de Francia. 

Gracias a las religiosas francesas, en 1908 pudo recibir su Primera Comunión. Con gran dolor por su parte, el padre no asistió porque la madre había juzgado inútil su presencia. En 1909, por el despotismo de su madre y por la timidez de su padre debió dejar su casa para entrar en un internado (el Colegio Bianconi de las Hermanas de la Caridad de María Santísima Niña). Permaneció allí hasta 1913. 

Su carácter “generoso, firme, fuerte, fiel” mereció el sobrenombre de “valtortino”; su amor al estudio, al orden, a la obediencia le procuró ser citada como “alumna modelo”. Una vez más su madre se interpuso en su vida, y obligó a María a que estudiase Tecnología, aún cuando ella no tenía cualidades para las matemáticas. No superó las pruebas en ciencias exactas, por lo cual no tuvo más remedio que recuperar el tiempo perdido con todas sus fuerzas y terminar el programa clásico, consiguiendo el diploma. 

En 1913 su familia se trasladó a Florencia. Allí María conoció a Roberto, de hermosa presencia, rico y doctorado en literatura. Era muy bueno, serio y afable. Se quisieron mucho, “con un amor silencioso, paciente y respetuoso”. Pero inexorablemente la madre tronchó, en su nacimiento, aquel tierno sentimiento. Suerte que le cupo nueve años después, cuando se encontró con otro joven llamado Mario, “un joven cuya madre había muerto”. Al principio María trató con él para servirle de “luz”, de “guía”, para que “llegase a ser un buen hombre, y un valiente oficial”. Para María “amar era tan necesario como el respirar”, pero había de ir a Dios “después de haber visto cuán efímeros son los cariños humanos”. 

En 1916, “en un período tremendo, de desesperación y de ansias”, el Señor volvió a llamarla por medio de un sueño, que permaneció “vivo” en María durante toda la vida. En el sueño, María es socorrida por Jesús, cuyas palabras de admonición y de piedad, unidas a un gesto de absolución y de bendición, fueron para ella “un lavado que la purificó completamente”. Se despertó “con el alma iluminada por algo que no era terrenal”. 

En 1917 María entró en las filas de las enfermeras samaritanas, y durante dieciocho meses prodigó sus cuidados en el hospital militar de Florencia. Pidió que se le confiasen los soldados y no los oficiales porque “había ido a servir a los que sufren, no por alardes o para buscar marido”. Ejercitando la caridad se sintió obligada “dulcemente a acercarse cada vez más a Dios”. 

El gesto de su gradual inmolación partió de un golpe violento que sufrió el 17 de marzo de 1920. Iba con su madre por la calle “cuando un rapaz delincuente le pegó en los riñones con una barra de hierro, que había arrancado de una cama. Con todas sus fuerzas le dio un terrible golpe”. Permaneció en cama tres meses y fue como comenzar a saborear su futura y completa enfermedad. 

En ocasión de visitar a su tía Clotilde, “una mujer muy culta”, el Señor se sirvió de un libro para darle otro “impulso fuerte”. El Santo de Antonio Fogazzaro fue la novela que “imprimió en su corazón una señal, indeleble, una señal por demás buena”. 

María Valtorta experimentó en manera más sensible ciertas percepciones psíquicas, que ya en los años precedentes había advertido bajo la forma de “premoniciones” o de “otros hechos extraños”. Se trataba, en particular, de la sensación “como de que sus dedos se alargaban, se hicieran larguísimos hilos lanzados al espacio, y que estos hilos se fueran uniendo a otros iguales” que salían de otras personas, como con deseo de unirse entre sí. 

En septiembre de 1924, la familia Valtorta se trasladó definitivamente a Viareggio, en donde ocuparon una “casita” recién comprada. Allí, María continuó llevando una vida retirada, fuera de “alguna salida al mar o al bosque” y de las que hiciera “a comprar lo necesario para cada día”, lo que le permitía hacer visitas a Jesús Sacramentado, sin atraerse las iras de la madre. Había empezado para ella “una nueva etapa en su vida, en la que crecía más en Dios”. 

Atraída por el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, cuyo libro Historia de un Alma, leyó con sumo gusto. El 28 de enero de 1925 se ofreció como víctima al Amor Misericordioso, renovando después “cada día” este acto de ofrecimiento. A partir de ese momento creció sin medida su amor por Jesús, hasta llegar a sentir su presencia en sus propias palabras y en sus propias acciones. Llevada del ansia de servir a Dios, quiso entrar en la Compañía de San Pablo, pero tuvo que contentarse con desarrollar “un apostolado humilde, escondido, conocido sólo por Dios, fortalecido más por el sufrir que por el obrar”. Pero, a partir de 1929, cuando entró en la Acción Católica como delegada de cultura de los jóvenes, pudo darse abiertamente al bien de las almas, trabajando con entusiasmo y dando conferencias que atraían numerosos oyentes “aún entre los no practicantes”. 

En tanto venía madurando en ella la fuerte decisión de ofrecerse como víctima a la Justicia Divina, a lo cual se preparaba “con una vida que crecía cada vez más en pureza y mortificación”. Ya “de tiempo atrás” había “hecho los votos de virginidad, pobreza y obediencia”. Cumplió su nuevo acto de ofrecimiento el 1° de julio de 1931. Mas los sufrimientos físicos y espirituales no cedieron un sólo momento. 

El 4 de enero de 1933 fue el último día que María, caminando con extrema fatiga, pudo salir de casa. Y desde el 1° de abril de 1934 no se levantó ya más del lecho, dando inicio en un “intenso transporte de amor”, a su larga y penosa enfermedad. Se convirtió “en el instrumento de las manos de Dios”. Su misión era la de “sufrir, expiar y amar”. 

Escribió sin interrupción desde 1943 hasta 1947, y con intermitencias en los años siguientes hasta 1951. Usaba los cuadernos que el Padre Migliorini le seguía proporcionando, en los cuales escribía fluidamente de su propio puño con una pluma estilográfica. Aun en las fases agudas de su enfermedad y, a veces, entre dolores atroces, no dictó nunca, para no ser reemplazada ni siquiera en el acto de escribir. Ella misma había fabricado una carpeta que apoyaba sobre sus rodillas, de modo que sirviera de soporte al cuaderno.

La enfermedad crónica y la intensa actividad como escritora no impidieron que María Valtorta, que quiso permenecer ignorada durante su vida, siguiera los acontecimientos del mundo, recibiera visitas de personas conocidas, escribiera cartas y se dedicara a labores femeninas (sin contar con sus plegarias y penitencias, de las cuales fue testigo Marta Diciotti, asistente providencial y fiel compañera desde 1935).

Mas una vez terminada su misión de escritora, comenzó a entrar en un estado de dulce apatía, de misteriosa incomunicabilidad, que se fue acentuando a medida que pasaban los años, como si cada vez más la absorbiera una contemplación interior que, sin embargo, no alteraba su aspecto exterior. Sin recobrarse nunca -exceptuando algunos momentos de lucidez llenos de significado-, terminó sus días, en la casa de Viareggio, el 12 de octubre de 1961.

Descansa en Florencia, en una capilla que da al antiguo claustro de la Basílica de la Santísima Anunciación.

María Valtorta escribió de una vez, sin un esquema preparatorio y sin rehacer sus escritos, más o menos quince mil páginas de cuaderno. Esta notable producción literaria está publicada en quince volúmenes además de la Autobiografía. De ellos, diez encierran la obra mayor y cinco las obras menores.



La obra mayor es El Evangelio como me ha sido revelado. En sus diez volúmenes narra el nacimiento y la infancia de María y de su hijo Jesús, los tres años de la vida pública de Jesús, su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión al Cielo, Pentecostés, los albores de la Iglesia y la Asunción de María. Describe paisajes, ambientes, personas y acontecimientos con el brío de una representación. Delinea caracteres y situaciones con habilidad introspectiva. Expone alegrías y dramas con el sentimiento de quien es partícipe de ellos realmente. Explica circunstancias históricas, ritos, costumbres, características ambientales y culturales sagradas y profanas, con datos y detalles que los especialistas exentos de prejuicios consideran irreprochables. Y, sobre todo, expone, a través de la extensa narración de la vida terrenal de Cristo, toda la doctrina del cristianismo que la Iglesia Católica nos transmite.


FUENTES: es.mariavaltorta.com // revelacionesmarianas.com diosjesustehabla.com/mariavaltorta/home_valtorta_.htm

CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA - BIOGRAFÍA DE LA AUTORA DEL LIBRO RECOMENDADO "A MIS SACERDOTES".




Venerable Concepción (Conchita) Cabrera de Armida
1862 - 1937
Fundadora de las Obras de la Cruz
México

Esposa, madre, viuda, abuela, fundadora... y por indulgencia de Pio X, murió canónicamente como religiosa en los brazos de sus hijos.

Por la profundidad de sus escritos, Conchita es reconocida como gran mística del siglo XX. Profundizó la espiritualidad de la Cruz, necesaria para una verdadera entrega a Dios por Jesús en el poder del Espíritu Santo. Profetizó un nuevo pentecostés que ocurrirá por la santificación de los sacerdotes.
En sus escritos "A mis sacerdotes", Jesús guía a los sacerdotes a la santidad en unión con El.
Conchita recibió la gracia de la encarnación mística.  Su causa de beatificación está avanzada.

Lema: Jesús, Salvador de los hombres, ¡Sálvalos! (corazones.org)

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UN TESTIMONIO DE SANTIDAD SEGLAR

-Artículo de la web Oremos Juntos-


En apariencia su vida es como la de tantas otras. El sendero trillado de la familia fue su camino. Hija, novia, esposa, madre, viuda. El hogar fue el marco de su existencia.

Fue también el velo que ocultó su misión extraordinaria. Si algo la distingue es su amor siempre creciente a la Eucaristía y su deseo de agradar a Jesús aun a costa de sacrificios.

María de la Concepción Cabrera Arias, a la que el Espíritu Santo colmó de sus carismas, nació en San Luis Potosí, México, el día 8 de diciembre del año 1862. Sus padres, Octaviano Cabrera Lacavex y Clara Arias Rivera, eran esposos ricos y excelentes cristianos, que la imbuyeron de una buena educación religiosa, intelectual y social.

Conchita fue una niña como hay muchas. Nada especial. "Me gustaba jugar… a cosas de hombres", comenta y confiesa:

"Desobedecía a mis padres, les pegaba a mis hermanos, me robaba el dulce y la fruta". Siendo aún niña, a los 10 años, recibió la primera Comunión, que fue el alimento de su alma todos los días.
Fue novia de Francisco Armida y juntó en forma admirable el amor de Dios con el amor de su prometido. Al mismo tiempo aumentó su preocupación apostólica por la formación catequética que impartía a los hijos de los empleados de su casa y los enseñaba a leer y escribir.

A los catorce años, su primer baile y su único novio. Ocho años de noviazgo limpio y candoroso, lleno de cariño para el que fue su marido.

"A mí nunca me inquietó el noviazgo en el sentido de que me impidiera ser menos de Dios. Se me hacía tan fácil juntar las dos cosas. Al acostarme, ya cuando estaba sola, pensaba en Pancho y después en la Eucaristía que era mi delicia. Todos los días iba a comulgar y después a verlo pasar. El recuerdo de Pancho no me impedía mis oraciones, me adornaba y componía sólo para gustarle a él, iba a los teatros y a los bailes con el único fin de verlo. Todo lo demás no me importaba".

A los veintidós años contrajo matrimonio con Francisco Armida, el 8 de noviembre de 1884, y amó fielmente a su esposo del que tuvo nueve hijos, a los que educó según las leyes de Dios y de la Iglesia, dándoles ejemplo de entrega a Dios, a la Iglesia y a la familia.

Conchita fue esposa solícita y fiel, madre abnegada y entregada a los deberes del hogar durante los diecisiete años de matrimonio. Llevaba una vida social, acompañando a su marido a los bailes de "La Lonja", a los teatros y tertulias.

Y en medio de esa vida el Señor la llama cada vez con más apremio.  La Eucaristía es su vida.
"Tu misión será salvar almas" -escucha- y ella no entiende; piensa que se trata de su marido, sus hijos, familiares y el servicio doméstico.

Crece su anhelo de ser toda de Dios. ¿Cómo se ama a Dios?, pregunta a las primeras religiosas que conoce. Y comienza su estrecha intimidad y asidua familiaridad con el Señor, frecuentes comunicaciones y gracias extraordinarias de unión con Él.
La familia Armida Cabrera se instaló y radicó en la ciudad de México a partir del año 1895. La vida conyugal aumentó en Conchita la sed de Dios y el ardor apostólico. Todavía en vida de su marido, es instrumento de Dios para iniciar las dos primeras Obras de la Cruz: El Apostolado y las Religiosas de la Cruz. Y Conchita no aparece para nada, permanece en la oscuridad.

Me das más gloria en el estado en que te tengo (casada) que en el claustro", le dice el Señor. Y también: "Te casaste para mis altos fines … para tu santificación y la de otras almas … para ejemplo de muchos que creen incompatible el matrimonio con la santidad… y por otras razones altísimas que Yo me reservo".
Cuando tenía 36 años de edad, meses antes del nacimiento de su noveno hijo, Conchita misma escribió: "Llevo en mí tres vidas, a la cual más fuertes: la vida de familia con sus multiplicadas penas de mil clases, es decir, la vida de madre; la vida de las Obras de la Cruz con todas sus penas y peso que a veces me aplasta y parece que no puedo más; y la vida del espíritu o interior, que es la más pesada, con sus altos y bajos, sus tempestades y luchas, su luz y sus tinieblas. ¡Bendito sea Dios por todo!".

El año 1901, después de diecisiete años de matrimonio, habiendo quedado viuda a los 39 años de edad, hizo voto de perfecta castidad que guardó hasta la muerte. Viven ocho de sus hijos. Se dedica a ellos totalmente. Hay temporadas de grandes apremios económicos. Padece graves enfermedades. Sufre penas y tribulaciones terribles.
Mientras cumplía con sus oficios de madre, secundando la vocación religiosa de dos de sus hijos, desarrolló gran actividad apostólica en favor de los pobres y los enfermos y diligentemente cultivó su vida interior fortaleciendo la oración y las prácticas ascéticas.

Y continúa su camino hacia Dios. La apoyan sus directores espirituales: El Padre Félix de Jesús Rougier y varios obispos.
Editó muchos libros de temas piadosos, también escribió sobre su progreso espiritual, sobre sus fenómenos místicos y sobre su múltiple actividad.
Suscitó y favoreció muchas obras apostólicas llamadas Obras de la Cruz, en cuanto que están cimentadas y arraigadas en la Cruz de Cristo; efectivamente a los que participan en ellas, se les exige un particular espíritu de sacrificio para expiar las penas de los pecados y para alcanzar la santificación del mundo.

Las Obras que la Sra. Concepción Cabrera de Armida fomentó son:
1)El Apostolado de la Cruz, que impulsa a los que quieren santificar todos los actos de su vida.
2)La Congregación de las Hermanas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, cuyo principal propósito es, mediante una vida de continuo sacrificio y de adoración al Santísimo Sacramento, expiar las injurias inferidas al Corazón de Jesús.
3)La Alianza de Amor con el Corazón de Jesús, para los laicos que se esfuerzan en cultivar en el mundo el espíritu de las Religiosas de la Cruz.
4)La Liga Apostólica, que trata de reunir a los sacerdotes diocesanos que participan de las Obras de la Cruz.
5)La Congregación de Misioneros del Espíritu Santo, fundada por el Padre Félix de Jesús Rougier.


Además de estas cinco obras fundadas, que son las principales, Conchita suscitó también otras obras tocantes a la santificación de las almas.

María de la Concepción puso el fundamento de tan gran fervor apostólico en la imitación constante de Cristo, que debe ser amado, servido y siempre más generosa y perfectamente glorificado.
Desde su juventud mostró el deseo de vivir para Dios y unirse estrechamente con El, y se adhirió a la voluntad divina aún en las dificultades y en las enfermedades morales y espirituales.
En las Obras, escritos y apostolado testificó su fe profunda y viva, que nutrió con la oración, con la liturgia, con la piedad hacia la Santísima Trinidad, al Verbo Encarnado, a la Pasión de Jesús y principalmente a la Eucaristía, al Espíritu Santo y a la Virgen María.
Confió en Dios y en su providencia. Amó al Señor con todo su corazón, con toda su mente, con todas sus fuerzas y vivió íntimamente unida a Él, huyendo del pecado y haciendo diligentemente su voluntad.


Del amor de Dios manaba el amor al prójimo.
Hizo bien a todos, principalmente a los familiares y a los pobres, y siempre estuvo dispuesta a ser indulgente con aquellos que la habían ofendido o que fueron impedimento a su actividad. Siguió las mociones del Espíritu Santo y en Él se apoyaba para comunicar el ardor apostólico que llevaba a los que la rodeaban.
Sobresalía por la prudencia en sus relaciones con los prójimos, en las penitencias y en el ejercicio de los carismas. Ejercitó la justicia con Dios, con su familia y con los prójimos.

Fue sencilla, humilde, dueña de sí misma, fuerte, paciente y serena en las angustias, en las dificultades, en las enfermedades, desprendida de los bienes terrenales que poseía abundantemente.
Conservó perfectamente la castidad, castigó su cuerpo, obedeció a las leyes de Dios y de la Iglesia y también de los superiores aún en circunstancias difíciles.
Con mucha confianza en el amor misericordioso de Dios, Conchita entró en la eternidad el día 3 del mes de marzo del año 1937, asistida por sus familiares y muchos hijos e hijas espirituales.

La Fama de Santidad con la que brilló durante su vida, con el paso del tiempo fue creciendo; por lo que el Arzobispo de México inició la Causa de beatificación y canonización con el Proceso Ordinario instruido en los años 1956-1959, al que se añadió el Proceso Rogatorial de San Luis Potosí.
El 11 de mayo de 1982 se promulgó el decreto de la Introducción de la Causa y durante los años 1982-1984 se instruyó el Proceso Apostólico en la misma Curia arzobispal de la Ciudad de México. La autoridad y valor de estos Procesos fue aprobada por la Congregación para los Santos por decreto promulgado el 27 de febrero de 1986.
Hecha la Posición, se hizo la pregunta según las normas: "si la Sierva de Dios había ejercitado las virtudes en modo heroico o no". El 2 de marzo de 1999 se tuvo el Congreso Peculiar de los Teólogos Consultores con buen resultado. Los Padres Cardenales y Obispos después, en la Sesión Ordinaria del día 19 de octubre siguiente, siendo Ponente el Eminentísimo Señor Cardenal Alfonso López Trujillo, declararon que "la Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera había observado las virtudes teologales, las cardinales y las anexas a éstas en forma heroica".
Finalmente, hecha una cuidadosa relación de todas estas cosas al Sumo Pontífice Juan Pablo II, por el suscrito Prefecto, Su Santidad, recibiendo y teniendo por válidos los votos de la Congregación para las Causas de los Santos, mandó que se redactara el decreto sobre las virtudes heroicas de la Sierva de Dios.

Y declaró solemnemente:

            "Que en este caso y para el efecto de que se trata, constan las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo y también de las virtudes cardinales de Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza y las anexas a ellas, en grado heroico, de la Sierva de Dios Concepción Cabrera viuda de Armida, Madre de familia".

El Sumo Pontífice mandó que este decreto se haga de derecho público y se consigne en las actas de la Congregación para las Causas de los Santos. Dado en Roma, el 20 de diciembre de 1999.

El documento Vaticano de reconocimiento habla de Conchita como una esposa que "mientras cumplía con sus oficios de madre, secundando la vocación religiosa de dos de ellos, desarrolló una amplia actividad apostólica suscitando y favoreciendo el crecimiento de dos congregaciones religiosas, dos obras laicales y una fraternidad sacerdotal. Al mismo tiempo, diligentemente cultivó su vida interior. Editó muchos libros (actualmente casi un millón de copias en diversas lenguas), escribió sobre su progreso espiritual, sus fenómenos místicos y sobre su múltiple actividad apostólica".
Luis María Martínez, Arzobispo de México y su director espiritual en los últimos doce años de su vida decía de ella:

"Es una gran mística a la altura de las más grandes que ha tenido la Iglesia".
Para comprobarlo basta consultar la obra publicada  por el padre Juan Gutiérrez,"Concepción Cabrera de Armida, Cruz de Jesús" que pone en manos de los lectores casi la totalidad de los sesenta y seis volúmenes que forman el Diario Espiritual de Conchita.

¡Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos!
Con esta invocación, que frecuentemente repetía con fervor, la Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera viuda de Armida manifestaba su solicitud por la salvación de las almas y por el Reino de Dios, por cuya construcción se esforzó mediante la santidad de su vida y sus numerosas obras apostólicas, que engendró y nutrió para la Cruz con su doctrina y con su ejemplo y mediante un total empeño de consagrarse a Jesús crucificado y también para la santificación del mundo.
A la luz del llamado universal a la santidad (LG 39-41) los laicos han visto con claridad nuevos horizontes de plenitud cristiana.
Es así que "el laicado en particular está llamado hoy a dar ante el mundo entero el testimonio de una santidad espléndida".
Conchita pasó por el mundo con sencillez y alegría entre los suyos, entregada totalmente a Dios, en el secreto de su alma habitada por el Espíritu Santo vivió una intensa irradiación apostólica con amplios horizontes de Iglesia.
Conchita vivió toda su vida en México. Conchita realizó todas las vocaciones de la mujer: novia, esposa, madre, viuda, abuela, bisabuela y aún por indulto especial de Pío X, sin abandonar nunca su ámbito familiar, murió canónicamente religiosa, entre los brazos de sus hijos.
Se dirige a todas las categorías del Pueblo de Dios: a los laicos, a los sacerdotes y a los obispos, a los religiosos y a todos los que llevan una vida consagrada. Por la profundidad de sus escritos, Conchita es émula de una Catalina de Siena o de una Teresa de Avila.
Conchita: "un caso único en la mística de hoy", "un alma bellísima, muy sencilla, fascinante a los ojos de Dios y de los hombres", "una mujer misteriosa y cercana".

Esposa y madre de nueve hijos, escritora mística, fundadora de las Obras de la Cruz, alma privilegiada, de un heroismo excepcional, portadora de un mensaje para toda la Iglesia y todos los hombres de hoy.
Conchita ha dejado sesenta y seis volúmenes manuscritos, una obra tan amplia como la de Tomás de Aquino, un trabajo inmenso, un Diario espiritual que encierra tesoros de enseñanzas, de luz.

Oración

Padre Celestial, concédeme por tu bondad la gracia de . . . . , que confiadamente te pido por intercesión de la Venerable Concepción Cabrera de Armida, laica y mística. Glorifica en la tierra a tu Sierva y haz que a la luz de su vida aumente el número de laicos, religiosos y sacerdotes transformados en tu Hijo Jesucristo, Sacerdote y Víctima, para mayor gloria de la Trinidad, santidad de la Iglesia y construcción del Reino de Dios. Amén.



VIDEO.

(Primero de varios videos)


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís