FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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EN UN MUNDO DESCREÍDO, EL DIABLO TRABAJA MEJOR



Más de 6.000 personas adoran a Lucifer en España, y en Italia, uno de cada diez jóvenes podría caer en una secta 


Por: Mar Velasco

Según expertos el país que sufre más violentamente el satanismo es Italia. Manuel Guerra, el mayor experto de la Iglesia española en este tema, asegura que más de 6.000 personas adoran a Lucifer en este país y ha catalogado hasta 54 grupos diabólicos. La zona de mayor actividad es Levante y las grandes urbes como Barcelona o Madrid.

En una encuesta llevada a cabo recientemente, uno de cada diez adolescentes italianos corre el riesgo de caer en manos de una secta satánica. Muchos de los jóvenes entrevistados han declarado que si Satán les diera poder y dinero no tendrían problema ninguno en aliarse con él. Lo ha explicado en «Famiglia Cristiana» el profesor Tonino Cantelmi, psiquiatra y presidente de la Asociación de Psicólogos y Psiquiatras Católicos: «Se sienten atraídos y fascinados por la rebelión y la anarquía, por la práctica del sexo, el consumo desmedido de alcohol y la atracción de la droga. Hay algo muy importante, y es que el satanismo no es ausencia de valores -si fuera así sería mucho más fácil combatirlo- sino un contravalor, la afirmación y el triunfo del valor moral del mal, por desgracia algo profundamente atractivo en los tiempos que corren», explica.

Cuando la fe es sólo fachada

En cuanto al componente religioso, según el profesor Cantelmi, el factor principal es el de rebelión a la religiosidad católica, la mayoría de las veces recibida de los propios padres. Y a veces ni siquiera eso: «Hoy la fe católica se vive a menudo sólo como fachada. La expansión de los grupos satánicos es más una consecuencia de la falta de valores fuertes: los padres han renunciado a su papel de padres y formadores», sostiene. Cuando se habla de satanismo, viene enseguida a la cabeza la terrible cadena de homicidios, misas negras y rituales satánicos. El más conocido en Italia es el caso de las «Bestias de Satanás», de la zona de Varese, una secta satánica que acabó en 1998 con la vida de dos de sus miembros, Chiara Marino, a la que consideraban la «encarnación de la Virgen María» y a su amigo Fabio, por defenderla. Tenían 16 años.

Michele Tollis es el padre Fabio, víctima de su propia red: «Mi hijo tocaba por los bares. Al principio sólo hacía música “metal”, pero el problema llegó cuando empezó a frecuentar el pub Midnight. Comenzó a componer letras de tipo satánico, vestía de negro y llevaba símbolos extraños, pero a mí eso no me preocupaba. Pensé que era el típico síntoma de adolescente rebelde. Además, era buen estudiante, nada problemático», asegura. Una noche, tras una discusión, los líderes de la secta se los llevaron a un bosque y los asesinaron brutalmente. «Fui demasiado ingenuo. Tendría que haber estado más atento al ambiente que frecuentaba mi hijo. Cuando ya nada tenía remedio pasé un día por el Midnight y vi que tenían un altar con la figura de Satanás pisando a un hombre. Tenía que haber mirado antes, y no limitarme a ir a buscarlo allí algunos días. Sólo en la fe he encontrado la fuerza suficiente para salir adelante después de todo aquello. Y me ha ayudado especialmente la figura del Padre Pío, al que he encomendado a mi hijo y a mi familia, que gracias a Dios permanece unida», reconoce.

«Satanás es muy astuto»

El padre José Antonio Sayés, profesor en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), autor de la obra «El demonio ¿realidad o mito?», asegura que el demonio existe, aunque muchos sacerdotes no crean en él: «Hay una corriente secularizadora en la teología que nace en los años sesenta, que realmente piensa que todo esto se debe a un lenguaje mítico que hoy en día no podemos aceptar en un mundo secularizado. En un mundo que no necesita a Dios, hablar del demonio sería hablar de algo que el hombre moderno no puede aceptar. Y el sacerdote tiene complejo, miedo a hablar de ello, y también una tremenda ignorancia. Yo, por ejemplo, durante mis años de formación nunca recibí una clase de teología sobre el demonio. Ni en el seminario ni en la Universidad Gregoriana, la de los buenos tiempos que yo conocí. Y he escrito un libro sobre el demonio, porque yo mismo quería tener clara la cuestión», sostiene.

Sin embargo, según el padre Sayés, resulta que curioso que precisamente hoy el mundo moderno esté más inclinado a hablar del demonio que nunca: «Y eso es porque ya ha tocado fondo y empieza a tener miedo. Cuando el hombre se aleja de Dios, le entra miedo. Ve que no se puede dominar el mal y empieza realmente a interesarse sobre este tema. Hay numerosas sectas satánicas en Italia, por ejemplo, en Turín, donde el arzobispo ha tenido que nombrar a cuatro nuevos exorcistas porque hay unas 40.000 personas involucradas en sectas satánicas», explica.

Insiste en que al demonio, si se vive en paz, no hay que tenerle miedo: «Una persona que sea cristiana, que reza diariamente, que acude a los sacramentos, a la eucaristía y la penitencia, no tiene nada que temer. Creyendo en Cristo no es posible el miedo. Él vino a destruir las obras del diablo y tiene conciencia de que con su muerte, con la obediencia al Padre, que le ha llevado hasta la Cruz, vence al “Príncipe de este mundo”. Contamos con la gracia de Cristo que nace de su misterio pascual para vencer el pecado, para vencer al demonio, para vencer la muerte», explica.

«Al demonio se le puede vencer, pero hay que tener los ojos abiertos», continúa. «Decía Baudelaire, que la mayor astucia del demonio es hacernos creer que no existe porque así trabaja mejor. No hace muchas posesiones diabólicas, porque en un mundo descreído como el nuestro, eso llevaría a la gente a creer en él. Si hay una posesión diabólica, por ejemplo, de un joven en la universidad y lo ve todo el mundo, nace un interrogante para todos los estudiantes. El demonio es más astuto: prefiere convencer a los sacerdotes de la que la oración no es tan importante, provocar la división dentro de la fe. Y lo está haciendo bastante bien», concluye.

Pero no todo está perdido. Como dice el profesor Cantelmi, de las sectas satánicas se puede salir: «Todo el que quiera liberarse de esta trampa, debe saber que, además de recibir un apoyo espiritual, debe confiarse a un apoyo psicológico, social y legal, a toda una red de protección. Y no está solo. Siempre habrá gente que le va a ayudar».


 FUENTE:  http://es.catholic.net 
  Original de www.revistaecclesia.info 

QUIEN DICE PADRE NUESTRO ...


         Nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical dice San Agustín



La Oración que nos enseñó el Señor según San Agustín

Carta a Proba 130,12, 22-13,24

Quien dice, por ejemplo: Como mostraste tu santidad a las naciones, muéstranos así tu gloria y saca veraces a tus profetas, ¿qué otra cosa dice sino: Santificado sea tu nombre?

Quien dice: Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve, ¿qué otra cosa dice sino: Venga a nosotros tu reino?

Quien dice: Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine, ¿qué otra cosa dice sino: hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo?

Quien dice: No me des riqueza ni pobreza, ¿qué otra cosa dice sino: El pan nuestro de cada día dánosle hoy?

Quien dice: Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes, o bien: Señor, si soy culpable, si hay crímenes en mis manos, si he causado daño a mi amigo, ¿qué otra cosa dice sino: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores?

Quien dice: Líbrame de mi enemigo, Dios mío, protégeme de mis agresores, ¿qué otra cosa dice sino: Líbranos del mal?

Y, si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical. Por eso, hay libertad de decir estas cosas en la oración con unas u otras palabras, pero no debe haber libertad para decir cosas distintas.

Esto es, sin duda alguna, lo que debemos pedir en la oración, tanto para nosotros como para los nuestros, como también para los extraños e incluso para nuestros mismos enemigos, y, aunque roguemos por unos y otros de modo distinto, según las diversas necesidades y los diversos grados de familiaridad, procuremos, sin embargo, que en nuestro corazón nazca y crezca el amor hacia todos.

Aquí tienes explicado, a mi juicio, no sólo las cualidades que debe tener tu oración, sino también lo que debes pedir en ella, todo lo cual no soy yo quien te lo ha enseñado, sino aquel que se dignó ser maestro de todos.

Hemos de buscar la vida dichosa y hemos de pedir a Dios que nos la conceda. En qué consiste esta felicidad son muchos los que lo han discutido, y sus sentencias son muy numerosas. Pero nosotros, ¿qué necesidad tenemos de acudir a tantos autores y a tan numerosas opiniones? En las divinas Escrituras se nos dice de modo breve y veraz: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Para que podamos formar parte de este pueblo, llegar a contemplar a Dios y vivir con él eternamente, el Apóstol nos dice: Esa orden tiene por objeto el amor, que brota del corazón limpio, de la buena conciencia y de la fe sincera.

Al citar estas tres propiedades, se habla de la conciencia recta aludiendo a la esperanza. Por tanto, la fe, la esperanza y la caridad conducen hasta Dios al que ora, es decir, a quien cree, espera y desea, al tiempo que descubre en la oración dominical lo que debe pedir al Señor.


Padre Nuestro que estás en el cielo. De verb. Dom. serm. 27

¡Cuánta gracia encierra esta primera palabra! No te atrevías a levantar la vista al cielo y de pronto recibes la gracia de Cristo. De un mal siervo te has convertido en un buen hijo; y esto, no por tu propia virtud, sino por la gracia de Jesucristo. Y aquí no hay arrogancia, sino fe; hacer público lo que has recibido no es soberbia, sino devoción. Por tanto, levanta tus ojos al Padre, que te engendró por el bautismo y te redimió por medio de su Hijo. Llámalo Padre, puesto que eres su hijo, pero no quieras atribuirte nada de esto: solamente Dios es Padre de Jesucristo en particular; respecto de nosotros es Padre en común, porque sólo ha engendrado a Jesucristo y a nosotros nos ha creado. Y por tanto, dice San Mateo (6,9): "Padre nuestro", y añade: "que estás en los cielos"; esto es, en aquellos cielos de quienes dice el salmista ( Sal 18,2): "Los cielos publican la gloria de Dios"; el cielo está en donde ya no hay culpa y donde no hay ningún temor de muerte.


Venga a nosotros tu Reino. In Enchirid., cap. 25 et 116

La oración dominical contiene siete peticiones, según el evangelista San Mateo; pero el evangelista San Lucas no pone siete peticiones, sino cinco; y no difiere del primero, sin embargo, sino en que aquellas siete peticiones las comprende en estas cinco, en obsequio a la brevedad. En efecto, el nombre de Dios es santificado por medio del Espíritu Santo y el Reino de Dios vendrá en la resurrección. Manifestando, pues, San Lucas, que la tercera petición es como una repetición de las dos primeras, quiso hacernos comprender mejor omitiéndola; y en seguida añadió las otras tres, hablando primero del pan cotidiano, y diciendo: "El pan nuestro de cada día dánosle hoy”.


Danos hoy el Pan de cada día. De verb. Dom., serm. 28

En el texto griego se dice epioúsion, esto es, sobre toda sustancia. No es éste el pan que alimenta el cuerpo, sino aquel pan de vida eterna que fortalece la sustancia de nuestra alma. El latino llama, pues, cotidiano al que el griego llama pan que ha de venir 1. Si este pan es cotidiano ¿por qué se le toma al cabo del año como acostumbraban a hacerlo los griegos de oriente? Toma todos los días lo que todos los días aprovecha, y vive de tal modo, que todos los días merezcas recibirlo. La muerte del Señor significa la remisión de los pecados. El que tiene una herida busca el remedio de ella; estamos heridos los que vivimos en el pecado; y la medicina es el Sacramento celestial y venerable. Si todos los días lo recibes, todos los días son hoy para ti. Jesucristo resucita para ti todos los días; luego hoy es cuando Jesucristo resucita.


Perdona nuestra deuda. De verb. Dom., serm. 28

¿Cuál es nuestra deuda sino el pecado? Luego, si no hubieras recibido nada, no deberías al que te prestó; por tanto, eres pecador, porque tuviste  dinero, con el que has nacido rico, hecho a imagen y semejanza de Dios, pero perdiste lo que tenías. Así, mientras deseas conservar tu orgullo, pierdes el tesoro de la humildad y recibiste del demonio la deuda que no era necesaria; el enemigo tenía tu resguardo, pero el Señor lo crucificó, y lo borró con su sangre. Puede el Señor defendernos contra las asechanzas del enemigo, que engendra la culpa, puesto que perdonó el pecado y pagó nuestras deudas. Por esto sigue: "Y no nos dejes caer en la tentación"; esta es, la tentación que no podemos vencer; pero quiere que, como atletas, suframos la tentación que la condición humana pueda resistir.

FUENTE: www.padrepatricio.com/

PUNTOS ESENCIALES DEL MINISTERIO SACERDOTAL


Frente a tantas incertidumbres y a tanto cansancio, también en el ejercicio del ministerio sacerdotal -observó el Papa- es urgente recobrar un juicio claro y unívoco sobre el primado absoluto de la gracia divina.

La misión de cada presbítero dependerá, también y sobre todo, de la conciencia de la realidad sacramental de su nuevo ser.


Audiencia del Papa Benedicto XVI, Julio del 2009


San Juan María Vianney, el santo cura de Ars, en el 150 aniversario de su muerte:

En la existencia del santo se destaca ante todo, dijo Benedicto XVI, "su identificación total con su ministerio. Le gustaba decir que un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede dar a una parroquia".

"En realidad, considerando el binomio identidad-misión-explicó el pontífice- cada sacerdote puede advertir la necesidad de la progresiva asimilación a Cristo que le garantiza la fidelidad y la fecundidad del testimonio evangélico. Así, en la vida del sacerdote, el anuncio misionero y el culto son inseparables, como lo son la identidad sacramental y la misión evangelizadora". "Por otra parte, podríamos decir que el fin de la misión de todo presbítero es ‘cultual’: para que todos los hombres se ofrezcan a Dios como hostia viva, santa y agradable, recibiendo la caridad que están llamados a dar abundantemente unos a otros.

El amor al prójimo, la atención a la justicia y a los pobres, no son solamente el tema de una moral social, sino más bien la expresión de una concepción sacramental de la moralidad cristiana, porque a través del ministerio de los presbíteros se cumple el sacrificio espiritual de los fieles, en unión con Cristo, el único mediador: es el sacrificio que ofrecen los presbíteros de forma incruenta y sacramental en espera de la nueva venida del Señor".

"Frente a tantas incertidumbres y a tanto cansancio, también en el ejercicio del ministerio sacerdotal -observó el Papa- es urgente recobrar un juicio claro y unívoco sobre el primado absoluto de la gracia divina. La misión de cada presbítero dependerá, también y sobre todo, de la conciencia de la realidad sacramental de su nuevo ser. De la certidumbre de su identidad, que no está construida de forma artificial y humana, sino gratuita y divinamente donada, dependerá su entusiasmo por la misión".

"Al recibir un don de gracia tan extraordinario con su consagración, los presbíteros se convierten en testigos permanentes de su encuentro con Cristo" y "pueden desempeñar plenamente su misión mediante el anuncio de la Palabra y la administración de los sacramentos".

"Después del Concilio Vaticano II -señaló Benedicto XVI- aquí y allá se ha tenido la impresión de que en la misión de los sacerdotes en nuestra época hubiera cosas más urgentes; algunos pensaban que en primer lugar había que construir una sociedad nueva".

Pero "los dos elementos esenciales del ministerio sacerdotal" son siempre "anuncio y poder", afirmó el pontífice, recordando que Cristo envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio y les dio el poder de expulsar a los demonios. "Anuncio y poder", es decir "palabra y sacramento, son los pilares del servicio sacerdotal, más allá de sus múltiples configuraciones".

"Cuando no se tiene en cuenta el díptico consagración-misión, es muy difícil comprender la identidad del presbítero y su misión en la Iglesia", advirtió el Santo Padre. "Durante este año sacerdotal recemos por todos los sacerdotes. La oración es el primer deber, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes y el alma de la auténtica pastoral vocacional".

"La escasez numérica de ordenaciones sacerdotales en algunos países no debe desanimarnos, sino al contrario, movernos a multiplicar los espacios de silencio y escucha de la Palabra, a dedicar más atención a la dirección espiritual y al sacramento de la confesión para que la voz de Dios, que sigue siempre llamando y confirmando, sea escuchada y seguida por tantos jóvenes".


FUENTE: padrepatricio.com


EL CAMINO DE LA CONVERSIÓN - COMENTARIO DEL PADRE FRANCISCO VERAR



Comentario del Padre Francisco Verar al mensaje del 25 de marzo de 2015

Orar y luchar contra las tentaciones

El Padre Francisco Verar nos comparte su reflexión del Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz dado el 25 de marzo de 2015 en Medjugorje:

«Queridos hijos, también hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado. Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo. Sean fuertes en la oración y con la cruz en las manos, oren para que el mal no los utilice y no venza en ustedes. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»


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Mensaje 25 de marzo de 2015

Queridos hijos! También hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado.

Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo. Sean fuertes en la oración y con la cruz en las manos, oren para que el mal no los utilice y no venza en ustedes. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado.”


CONTRA LOS QUE ESCUPEN A LOS SACERDOTES - Video






Muchas veces se habla contra la Iglesia Católica y los sacerdotes. Este video original de Apologetacatólico, que ha sido bellamente posproducido por la gente de Gloria.Tv, aclara bastante que clase de Iglesia tenemos en realidad, cómo es un verdadero sacerdote católico, y quienes mienten para vender su basura que osan llamar "periodismo", cuando en realidad ofenden a quienes practican legítimamente esa profesión.

youtube.com/user/MegaFloyd66/


¿TIENEN MÉRITOS LAS BUENAS OBRAS DE ALGUIEN QUE ESTÁ EN PECADO MORTAL?





* * *

Lo mismo que sucede con tantas otras palabras, también con el término "mérito" puede suceder que no captamos su sentido dentro de una respuesta redactada con cierto nivel de profundidad o altura. La misma palabra "gracia" por ejemplo se puede entender mal de muchas maneras, y alguien podría pensar erróneamente que cuando decimos que se pierde la gracia santificante estamos diciendo que esa persona ya no es amada de Dios o que Dios ya no la mira con benevolencia. Ese tipo de malos entendidos suceden.

Estoy seguro que muchas personas entienden la palabra "mérito" como "lo que sirve de algo" y por eso piensan que cuando se llega a la conclusión de que las obras hechas en pecado mortal no tienen mérito sobrenatural lo que se debería deducir de ahí es que da lo mismo obrar bien que obrar mal. Es casi inevitable que la gente sienta que la frase "no tienen mérito" equivale a "no importa lo que hagan."

¿Qué quiere decir "mérito sobrenatural"? Muchas personas sencillamente no prestan atención al adjetivo "sobrenatural" y se quedan entonces sólo con una noción genérica de "mérito" que, como ya se explicó, significa popularmente si algo vale o no la pena. Pero la palabra "sobrenatural" es fundamental en esa expresión. La Iglesia usa el término "sobrenatural" para referirse a aquellas cosas que de suyo están más allá del alcance de nuestras propias capacidades, es decir, más allá de nuestra "naturaleza."

Hay muchas, realmente muchas cosas buenas que están dentro del alcance de nuestra naturaleza: no sólo el bien que hacemos a las personas que amamos y nos aman sino también el bien que hacemos por filantropía, es decir, por una especie de solidaridad con nuestra propia especie. Que una madre se esfuerce por dar la mejor alimentación, cuidado y educación a unos hijos es algo muy grande y muy bello pero no necesariamente algo que tiene valor más allá de la naturaleza humana porque es propio de nuestra naturaleza que los padres sientan enorme ternura y generosidad en todo lo que concierne a sus hijos. Lo que un muchacho hace por ayudar económicamente a su novia, lo que un amigo hace por sus amigos, lo que alguien logra con esmero por una recompensa o buen pago, lo que surge de nuestra simpatía por una causa noble... todo eso es bello y grande a su manera pero está completamente dentro de nuestra naturaleza. Hay en todo ello mérito pero no es mérito que podamos llamar "sobrenatural" sino "mérito natural" o puramente "humano."

Lo "sobrenatural" en cambio se observa básicamente en la motivación última, la razón por la que uno obra. Si perdono a mi enemigo por un cálculo político que estoy haciendo no es lo mismo que si lo perdono porque conozco el poder del perdón de Dios y deseo irradiar ese mismo amor a quien sé que podría traicionarme de nuevo.

Uno ve que lo sobrenatural no es un barniz que se le pone a algunas cosas o acciones como si fuera una medalla. Lo sobrenatural es fruto de la acción de Dios mismo renovando nuestro ser desde su más profunda intimidad. Esa acción llega a nosotros con la donación y efusión del Espíritu Santo, que proclama a Cristo como Señor de todo lo que somos, decimos y hacemos. Desde la raíz de nuestro ser somos renovados por esa acción que se llama "gracia santificante."

Por eso no puede haber vida sobrenatural si no hay proclamación coherente, en vida, obras y palabras, del reinado de Cristo en toda nuestra vida. O Cristo es Señor o no es Señor de nuestra existencia. O le hemos entregado sin condiciones el timón de nuestra vida, o no. Por supuesto, que aun habiendo entregado ese timón puede haber faltas pero una cosa son esas faltas que no nos separan fundamental ni esencialmente del plan de Dios (caso de los pecados veniales) y otra cosa es lo que sucede cuando ponemos por delante nuestras condiciones como cuando se dice: "Que Dios no me pida que deje tal o cual pecado porque no veo mi vida sin eso que estoy haciendo o viviendo." Por supuesto, quien habla así está mostrando que aquello que pone como condición pesa más que la opción radical por Cristo como Señor de la vida. No es el fin del mundo pero por favor no digamos que tenemos a Cristo como Señor si tenemos condiciones de pecado que anteponemos a Cristo.

Algunas personas creen que estas reflexiones valen solo para ciertos pecados. Por ejemplo, si una persona cada semana roba otro poco más del presupuesto destinado para ayudar a las personas sin techo, y los domingos levanta sus manos en alabanza al Señor y le dice que va a sonreír a todos los ancianos del pueblo, la mayoría de nosotros sentiría que eso es puro teatro estéril y que todas sus sonrisas son una hipocresía. Pero si esa misma persona vive en adulterio o con una segunda pareja ya nos parece que ese otro tipo de pecado tiene una especie de "estatuto especial" que hace que debamos "respetar" (en el sentido de dejar que cada quien lleve su vida privada como le parezca) y que cualquier opinión sería "juzgar" y que por consiguiente el bien que se haga en este otro caso sí tiene valor y mérito.

La Biblia es distinta. La Biblia no tiene pecados con estatuto especial. No importa si las cosas son privadas o públicas. Ni si están conectadas con nuestra afectividad, nuestro dinero o nuestro temperamento. Si antepones algo a Cristo no puedes decir que Cristo es tu Señor. Y si no cabe decir que Cristo es tu Señor no cabe afirmar que esté viva la obra de la gracia en tu corazón. y por eso no cabe hablar de vida sobrenatural ni de mérito sobrenatural; y destaco aquí el adjetivo: SOBRENATURAL.

Es bueno aclarar una vez más que las obras buenas sin mérito sobrenatural no es que se pierdan sencillamente. Como enseñan varios santos, y entre ellos Santa Catalina de Siena, este tipo de obras disponen para la gracia, sobre todo: la gracia de la conversión (para no caer en el cinismo) y la gracia de confiar en que hay perdón (para no caer en la desesperación). Así que todos, incluso quienes se pueden saber objetivamente separados de la plena comunión con Dios y la Iglesia, somos llamados a buscar y realizar el bien lo mejor que podamos: a unos servirá para crecer en la gracia divina; a otros, para disponerse cada vez mejor para recibirla.


FUENTE: fraynelson.com/respuestas

LA AVENTURA DE LA SANTIDAD -


¿Qué es un Santo?

Las características de aquellos que por su vida, sus obras y su Amor a Dios son ahora Santos

Ser santo es participar de la santidad de Dios. Jesucristo es el Santo de los santos y el Espíritu Santo es el Santificador.

Todos fuimos creados por Dios para ser santos, en la tierra y entonces plenamente en la eternidad en el cielo. Perdimos la vida de gracia por el pecado, pero Jesucristo nos reconcilió con el Padre por medio de la Cruz. Por el bautismo recibimos los méritos de Cristo y somos liberados del pecado e injertados en Cristo para ser Hijos de Dios y participar de su santidad. San Pablo usa la palabra "santos" para referirse a los fieles (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1)

Quien persevera en la santidad se salvará para la vida eterna. Dios quiere que todos se salven (1Tm 2,4), pero no todos se abren a la gracia que santifica. Para salvarse es necesario renunciar al pecado y seguir a Cristo con fe. Por eso San Pablo nos exhorta: "Hermanos: Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor" (Hb. 12,14). La única verdadera desgracia es no ser santos. Veneración de los santos Los primeros santos venerados fueron los discípulos de Jesús y los mártires (los que murieron por Cristo). Mas tarde también se incluyó a los confesores (se les llama así porque con su vida "confesaron" su fe), las vírgenes y otros cristianos que demostraron amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia y vivieron con virtud heroica.

Con el tiempo creció el número de los reconocidos como santos y se dieron abusos y exageraciones, por lo que la Iglesia instituyó un proceso para estudiar cuidadosamente la santidad. Este proceso, que culmina con la "canonización", es guiado por el Espíritu Santo según la promesa de Jesucristo a la Iglesia de guiarla siempre (Cf.Jn 14:26, Mt 16:18). Podemos estar seguros que quien es canonizado es verdaderamente santo.

La Iglesia no puede contar la cantidad de santos en el cielo ya son innumerables (por eso celebra la fiesta de todos los santos). Solo se consideran para canonización unos pocos que han vivido la santidad en grado heroico.

La canonización es para el bien de nosotros en la tierra y en nada beneficia a los santos que ya gozan de la visión beatífica (ven a Dios cara a cara). Los santos en el cielo son nuestros hermanos mayores que nos ayudan con su ejemplo e intercesión hasta llegar a reunirnos con ellos. La devoción a los santos es una expresión de la doctrina de la Comunión de los Santos que enseña que la muerte no rompe los lazos que unen a los cristianos en Cristo.

Los Protestantes rechazaron la devoción a los santos por no comprender la doctrina de la comunión de los santos. El Concilio de Trento (1545-63) reafirmó la doctrina católica.


Los santos interceden por nosotros.

En virtud de que están en Cristo y gozan de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión nunca reemplaza la oración directa a Dios, quién puede conceder nuestros ruegos sin la mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así participen de su amor. Dios ha querido constituirnos una gran familia, cada miembro haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten. Los santos son modelos. Debemos imitar la virtud heroica de los santos. Ellos nos enseñan a interpretar el Evangelio evitando así acomodarlo a nuestra mediocridad y a las desviaciones de la cultura. Por ejemplo, al ver como los santos aman la Eucaristía, a la Virgen y a los pobres, podemos entender hasta donde puede llegar el amor en un corazón que se abre a la gracia. Al venerar a los santos damos gloria a Dios de quien proceden todas las gracias.



Frases sobre la Santidad

  • Sed santos como el Padre celestial es santo. Jesucristo (Mt. 5,48)
  • Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación. San Pablo (1 Tes 4,3; Ef 1,4)
  • Los que enseñen a otros la santidad brillarán como estrellas por toda la eternidad. Profeta Daniel
  • ¡Quiero ser santo! Santo Domingo Savio
  • La santidad consiste en estar siempre alegres. San Juan Bosco
  • La aventura de la santidad comienza con un «sí» a Dios. Juan Pablo II
  • Los santos no son personas que nunca han cometido errores o pecados, sino quienes se arrepienten y se reconcilian. Benedicto XVI
  • Todo cristiano debe ser un verdadero cristiano, un perfecto cristiano. ¿Y cómo se llama la vida perfecta de un cristiano? Se llama “santidad”. Por ello, todo cristiano debe ser santo. Pablo VI
  • La santidad se encuentra en el camino que nos abre cada uno de nuestros días, en que se ofrecen a nosotros, con atractivo desigual, los deberes de nuestra vida cotidiana. San Francisco de Sales
  • Siento el deseo, la necesidad de hacerme santo; nunca me hubiera imaginado yo que pudiese llegar a serlo con tanta facilidad; pero ahora que he visto que se puede lograrlo estando alegre, quiero absolutamente hacerme santo. Santo Domingo Savio
  • Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo se ha de unir una firme resolución. San Alfonso María de Ligorio
  • Quiero ser santa, pero no a medias, sino completamente. Santa Teresita del Niño Jesús
  • La santidad es accesible a todos y es“el camino mejor de todos que hay que recorrer. Don Pascual Chávez, sdb
  • El secreto de la santidad consiste en no cansarnos nunca de estar empezando siempre. P. Rey
  • El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, sino ser santo. A.W. Tozer
  • En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Santa Teresita de Lisieux
  • La ciencia de los santos es la voluntad de Dios. Kiko Argüeyo
  • La marca de un santo no es la perfección, sino la consagración. Un santo no es un hombre sin faltas, es un hombre que se ha dado sin reservas a Dios. W. T. Richardson
  • Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres. Santo Domingo Savio
  • La santidad consiste en la disposición del corazón. Santa Teresa de Lisieux
  • La santidad es muy sencilla, dejarse confiada y amorosamente en brazos de Dios, queriendo y haciendo lo que creemos que Él quiere. Madre Maravillas de Jesús
  • Los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles. Madre Maravillas de Jesús
  • La santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación para todos, "para usted y para mí". Santa Madre Teresa de Calcuta
  • No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Tomás de Kempis
  • Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse santos. Padre Raniero Cantalamessa, ofm cap 
  • Solo hay una desgracia: no ser santo. Léon Bloy
  • Un santo triste es un triste santo. San Francisco de Sales 


VIDEO

LA AVENTURA DE LA SANTIDAD. Por el Padre René Grimaldi.


FUENTE (Textos): encuentra.com // quierosersanto.com/


"¡ESCUCHA, OH DIOS! EN MI VIDA NO HE HABLADO NI UNA SOLA VEZ CONTIGO", ...



«Me han dicho siempre que Tú no existes»


La conmovedora oración de un soldado soviético convertido antes de morir en la batalla


El predicador del Papa, el padre Raniero Cantalamessa, cuenta el testimonio de un joven soldado ruso, al que cuando murió en la II Guerra Mundial encontraron una preciosa oración en el bolsillo de su chaqueta.


Por Javier Lozano

Una de las esencias del comunismo que se ha evidenciado de manera más clara allá donde esta ideología totalitaria se ha puesto en práctica ha sido la de intentar arrancar el alma a la persona,intentar arrebatarle su ser espiritual para que pase a ser únicamente un número, un ente al servicio de los intereses del partido o del estado. China, Corea del Norte o la URSS son algunos ejemplos de ellos.

La URSS fue un claro ejemplo de ello e intentó eliminar la religión y la fe de su pueblo. Su radical programa de ateísmo ha dejado un país muy mermado espiritualmente, con mucha gente que no conoce a Dios y que no encuentra un sentido a su vida. Sin embargo, el comunismo no pudo vencer y son numerosos los ejemplos de conversión en medio de la persecución y de la perseverancia en una fe inquebrantable que ningún partido ni ningún cuerpo de inteligencia pudo borrar.

La persecución alimenta la fe y así quedó acreditado. En la URSS florecieron vocaciones en medio de una educación ateísta y anticristiana e incluso en ocasiones las autoridades soviéticas no pudieron frenar la religiosidad popular del pueblo.

Esto mismo ocurrió con miles de jóvenes soldados rusos durante la II Guerra Mundial. Pese a que habían sido educados en el ateísmo soviético muchos de ellos se encomendaban a laVirgen de Kazán y otros tantos aunque no habían oído hablar de Dios, encontraban la fe en medio de la batalla. Cómo ocurría esto sólo Dios lo sabe.

De hecho, el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa durante una homilía recordó una preciosa historia sobre uno de estos jóvenes soldados rusos durante la II Guerra Mundial.

Contaba el fraile capuchino como introducción a esta historia que “la fe no exime a los creyentes de la angustia de tener que morir, pero la alivia con la esperanza. El prefacio de la misa de mañana dice: ‘si nos entristece la certeza de tener que morir, nos consuela la esperanza de la inmortalidad futura’.

De este modo, enmarca este “conmovedor testimonio” en la Rusia soviética y cuenta como en 1972 se publicó en una revista clandestina la oración encontrada en el bolsillo de la chaqueta del soldado Aleksander Zacepa.

Lo hallaron muerto pero la oración había sido escrita pocas horas antes de la batalla en la que perdió la vida durante la guerra. Había sido preparado por Dios para este momento.

El joven soldado se dirige a un Dios que no conocía, del que no le habían hablado. Pero en medio de la muerte lo había descubierto y aún sabiendo que su vida estaba en juego confesaba ya no tener miedo a morir pues había descubierto precisamente dónde estaba la verdadera vida.

Esta es la oración íntegra hallada en el bolsillo de Aleksander Zacepa:

¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he hablado ni una sola vez contigo,
pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta.
Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes...
Y yo, como un idiota, lo he creído.

Nunca he contemplado tus obras,
pero esta noche he visto desde el cráter de una granada el cielo lleno de estrellas
y he quedado fascinado por su resplandor.
En ese instante he comprendido qué terrible es el engaño...

No sé, oh dios, si me darás tu mano,
pero te digo que Tú me entiendes...
¿No es algo raro que en medio de un espantoso infierno
se me haya aparecido la luz y te haya descubierto?

No tengo nada más que decirte.
Me siento feliz, pues te he conocido.
A medianoche tenemos que atacar,
pero no tengo miedo,
Tú nos ves.

¡Han dado la señal!
Me tengo que ir.
¡Qué bien se estaba contigo!
Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura:
quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta.
Y si bien hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya,
¿me dejarás entrar?

Pero, ¿qué me pasa? ¿Lloro?
Dios mío, mira lo que me ha pasado.
Sólo ahora he comenzado a ver con claridad...
Dios mío, me voy... Será difícil regresar.
Qué raro, ahora la muerte no me da miedo".


EL PROTAGONISMO MATA EL APOSTOLADO


Se impone un discernimiento, dado que este tema es más delicado. ¿Qué considerar como protagonismo? 

Sería "aquella forma de actuar y aquel talante que mueve al sujeto a realizar las diversas tareas pastorales y de apostolado con el único fin de aparecer delante de los demás como bueno y justo, o buscando la gratificación fácil del aplauso y del reconocimiento de los demás".

Suele ser una tentación clara y evidente: lucirse, figurar, acaparar. Esta tentación induce a buscar tareas y apostolados que lucen y que se realizan a los ojos de todos: difícilmente se sentirá a gusto realizando actividades escondidas y humildes, sean las que sean, sino que se escabullirá o las dejará apartadas.

Se molestará y tomará muy mal que se busquen más personas que colaboren porque sentirá que entran en su "territorio". Es persona que suele orar poco, pero siempre está en la sacristía perdiendo el tiempo y disponiendo sobre todo... o sentado en el despacho parroquial acaparando al sacerdote. Va de católico "de toda la vida", pero sólo vive con un barniz muy superficial. Usa el apostolado como plataforma, en cierto modo social, para que se le reconozca de algún modo.

Esta tentación es distinta a la humildad de realizar el apostolado o las tareas pastorales por puro amor de Jesucristo, aunque se realicen delante de los demás, y distinta de la actitud sana del que quiere que el ministerio encomendado salga a flote aunque le exija más trabajo y todo lo tenga que realizar él solo.

El que cede al protagonismo no busca la gloria de Jesucristo, sino su propia gloria; no busca alabar y servir a Dios, sino que lo alaben a él o ella. Y cuando los motivos del querer y del actuar no son rectos, destruye de raíz todo germen bueno que se pudiese contener en aquel “apostolado de lucimiento y vanidad”. "El que se gloríe, que se gloríe en el Señor" (1Cor 1,31).

El protagonismo provoca reacciones de rechazo en la comunidad cristiana, y provoca rivalidades y envidias. Es una tentación muy peligrosa para una comunidad: crea bandos y partidismos.

Por eso, todo aquel que trabaja en favor del Evangelio colaborando con el ministerio pastoral y realizando el apostolado que le es propio, deberá siempre revisar el cómo de su apostolado y deberá purificar constantemente sus motivaciones, purificar el corazón, para no buscarse a sí mismo sino buscar en todo el rostro del Señor. Así se ejercerá todo trabajo por el Evangelio desde la sencillez, la humildad y la alabanza del Señor, y el bien sembrado, la semilla de la Palabra esparcida, dará fruto, que crecerá hasta la vida eterna.

"No hagáis nada por rivalidad o vanagloria; sed, por el contrario, humildes, y considerad a los demás como superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios intereses, sino el interés de los demás" (Flp 2,3-4).

ESE MOMENTO ÚNICO E IRREPETIBLE


Por José Antonio Fortea 
Sacerdote y teólogo especializado en demonología.
 
El momento de la muerte es el minuto en el que algunos se esperan encontrar en el no-ser y se encuentran con el Ser. Es el momento en el que uno tras ver, desearía encontrar el camino de vuelta para rehacer las cosas. Pero es el momento en el que ya no hay ningún camino de vuelta. Es el momento en el que el tiempo se ha acabado de forma total: ya no hay más tiempo terreno. Lo que haya de ser, será en el más allá, en el tiempo que depende de lo que hicimos en los años terrenos. Es el momento en el que uno sólo escucha una voz, la de Dios. De pronto, la única voz que importa es la de Dios. De pronto, todo depende de Dios. Sobre la tierra uno ha podido olvidarse de Dios, darle la espalda, bromear sobre Él, faltarle al respeto, incluso blasfemar. Y, repentinamente, Él está allí y todo depende de Él. Instantáneamente, uno comprende el significado de la palabra ABSOLUTO de un modo impensable en la tierra.


FUENTE: blogdelpadrefortea.blogspot.com

MENSAJE DE UN SACERDOTE EN NAVIDAD - EL CUMPLEAÑOS DE TODO CRISTIANO

 
Por Pedro García,
misionero claretiano
 
El de Jesús, ante todo.

El chiquitín ha venido en medio de la noche callada. En un silencio total. En una soledad absoluta. Sólo su joven Madre y el bueno de José, a la luz de una lámpara de aceite, contemplan la carita celestial del recién nacido. En medio de tanta pobreza y humildad, están gozando como no ha disfrutado hasta ahora nadie en el mundo. -¡Mi niño!, grita María mientras le estampa enajenada su primer beso... -¡Qué lindo, qué bello!, exclama extasiado José. Entre tanto --vamos a hablar así--, Dios no se aguanta más. Tiene prisa por anunciar a todos el nacimiento de su Hijo hecho hombre, y manda a sus ángeles que lo pregonen bien. Se avanza un ángel y desvela a los pastores, mientras les grita con alborozo:

- ¡Os anuncio una gran alegría! ¡Os ha nacido en Belén un salvador!

Se rasgan entonces los cielos, aparece todo un ejército de la milicia celestial, que van cantando por el firmamento estrellado:

- ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres amados de Dios!...

A este Jesús, le felicitamos de corazón: -¡Cumpleaños feliz! ¡Por muchos años!

¡Por años y por siglos eternos!...

Hasta aquí, todos de acuerdo, ¿no es así?

Pero, ¿es verdad que nos podemos felicitar también nosotros, y que nos felicitamos de hecho nuestro propio cumpleaños?... Dos antiguos Doctores de la Iglesia, y de los más grandes, como son Ambrosio y León Magno, lo expresaron de la manera más elocuente y precisa.

San Ambrosio exclama en su Liturgia de Navidad:

-¡Hoy celebramos el nacimiento de nuestra salvación! ¡Hoy hemos nacido todos los salvados!... Tiende su mirada más allá de la Iglesia, y felicita al mundo entero: -Hoy en Cristo, oh Dios, haces renacer a todo el mundo.

Y el Papa San León Magno, con su elegancia de siempre, dice también:

- ¿Sólo el nacimiento del Redentor? ¡También nuestro propio nacimiento! El nacimiento de Cristo es el nacimiento de todo el pueblo cristiano. Cada uno de los cristianos nace en este nacimiento de hoy.

Tiene razón la Iglesia al cantar en uno de los prefacios de Navidad: -De una humanidad vieja nace un pueblo nuevo y joven...

Porque el Hijo de Dios, al hacerse hombre, nos hace a todos los hombres hijos de Dios. El nacimiento de Jesucristo en Belén, es nuestro propio nacimiento a la vida celestial. Es nuestro cumpleaños también. ¡La enhorabuena a todos!...

Una felicitación de la que no es excluido nadie, desde el momento que todos somos llamados a la salvación. Ese mismo Papa de la antigüedad y Doctor de la Iglesia, San León Magno, felicita a todos con un párrafo que es célebre:

- ¡Felicitaciones, carísimos, porque ha nacido el Salvador! No cabe la tristeza cuando nace la vida. Si eres santo, ¡alégrate!, porque tienes encima tu premio.

Si eres pecador, ¡alégrate!, porque se te ofrece el perdón. Si eres un pagano todavía, ¡alégrate!, porque eres llamado a la vida de Dios.

Una familia cristiana de Viena, a mitades del siglo dieciocho, celebró la Navidad de una manera singular. Aquel matrimonio tan bello recibía cada hijo como el mayor regalo de Dios. Apenas la esposa sentía los primeros síntomas, el esposo sacaba del armario los cirios de los niños anteriores y quedaban prendidos durante todo el rato que se prolongaba la función augusta del alumbramiento. Los cirios correspondían a los ángeles custodios de los hijos, que velaban este momento solemne. Cuando había llegado el bebé, se apagaban los cirios y se guardaban hasta que viniese otro vástago al hogar. En esta Navidad se prendieron nueve cirios. El primero se había hecho bastante corto, pues había alumbrado la estancia muchas veces anteriormente. El más alto, el prendido ahora por primera vez, correspondía a Clemente, el niño que venía entre las alegrías navideñas, bautizado a las pocas horas, y conocido hoy en la Iglesia como San Clemente María Hofbauer...

Este niño, que iba a ser un gran santo, es el símbolo de una realidad que se repite tantas veces en las familias cristianas. Con nuestra venida al mundo en el seno de la Iglesia, al recibir el Bautismo, repetimos todo el hecho de Belén. Cristo nace en un nuevo cristiano. Jesús y nosotros celebramos nuestro cumpleaños en el mismo día... 
 
 
 FUENTE: diosbendice.org


REFLEXIONES PARA SACERDOTES EN TIEMPO DE ADVIENTO Y DE NAVIDAD.


Comparto con nuestros lectores dos cartas pastorales originadas en nuestro hermano país México en el año 2009 y en el año 2013 respectivamente, cuyos mensajes profundizan en la misión objetiva del sacerdote. En aquel año 2009, durante el Año Sacerdotal y en este año 2013, Año del la Pastoral Litúrgica. Ambas cartas tratan de cómo el sacerdote puede, mediante la celebración del Nacimiento del Salvador, obtener la promesa del Señor de ser los brazos de Dios y abrazar, no solo este acontecimiento especial, sino abrazar su misión en la tierra de renovar las esperanzas de salvación de todas las alma y de ser mensajeros puros de las palabras celestiales como siervos de Dios por Él elegidos.


CARTA DE ADVIENTO.


"Carta a mis Hermanos Sacerdotes"



Por Mons. Jonás Guerrero Corona
Obispo Auxiliar de México
Año 2009


NAVIDAD: ESPERANZA SACERDOTAL

Hermanos sacerdotes:
“El Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Rm 15, 13). El tiempo del Adviento y la perspectiva de la Navidad animan a toda la Iglesia a mantenerse despierta en la invocación de su Señor que viene: ¡Maranathá! La certeza del Dios-con-nosotros es, sin duda, la garantía interior que nos mueve para entregarnos siempre con más generosidad al ministerio que hemos recibido. En este Año Sacerdotal, el actual tiempo litúrgico es por demás propicio para renovar nuestra esperanza en el Señor Jesús y para dejar que el Espíritu Santo dinamice, desde nuestra entrega amorosa a Cristo y a su Iglesia, el ministerio que desempeñamos en favor de nuestros hermanos, tan necesitados de una palabra de ánimo.

1. Cristo, nuestra esperanza. En realidad, sólo Cristo es nuestra esperanza (cf. 1Tm 1, 1). Sólo a Él debemos mirar constantemente para que de la contemplación de su rostro brote el impulso que nos hace caminar con la frente en alto hacia el futuro. Estos tiempos litúrgicos nos mueven a reconocer dos facetas en las que Cristo es nuestra esperanza. Por una parte, porque hacia Él se dirige toda la historia de la humanidad. En Él se encuentra el faro de nuestro reposo eterno y, lo aclamamos como juez poderoso y misericordioso que entrega a cada hombre su recompensa en razón de las obras de misericordia que ha realizado en su vida. Por eso no desfallecemos cuando el mundo contesta incluso, agresivamente nuestra vida de caridad y, por eso deseamos valorar cada vaso de agua que entregamos al sediento, cada prenda que damos al desnudo, cada gesto de aliento que brindamos al decaído, porque en todo ello sabemos que llevamos a cabo la hermosa vocación cristiana de vivir en el amor y, lo hacemos reconociendo a Cristo presente en nuestros hermanos, los hombres. Esta certeza debe renovarnos interiormente para calibrar nuestra respuesta, siempre con mayor generosidad y libertad. Pero en este tiempo aclamamos al Señor en su primera venida, la que nos permitió reconocer la cercanía de Dios en nuestras vidas y su oferta de salvación. Delante del Niño Dios en el pesebre volvemos a sentir el gozo característico de la esperanza (cf. Rm 12, 12) y, la convicción interior de que la esperanza no puede desilusionarnos (cf. Rm 5, 5).

2. El sacerdote, hombre de esperanza. El sacerdote, como todo cristiano, está llamado a vivir la virtud de la esperanza como uno de los ejes de su espiritualidad. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “la virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la esperanza de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad” (n. 1818). En este sentido, la esperanza corresponde plenamente al espíritu evangélico, que convierte en aquellos que se han despojado de las vanidades del mundo en receptáculos disponibles para la acción de la gracia divina, lo cual se convierte en un cántico de alabanza al Dios misericordioso.

3. Un ministerio de esperanza.
Nuestro tiempo, en particular, requiere de testigos de la esperanza y, una de las facetas de nuestro ministerio sacerdotal debe ser precisamente impregnar la vida de los fieles de esperanza. Hay muchas razones humanas para el desaliento. Pero siempre hay una razón superior para la esperanza. Cuando la violencia nos amenaza, cuando el mercantilismo hedonista nos asfixia, cuando las rupturas familiares y sociales nos desmoronan y cuando el individualismo nos repliega al rincón de nuestros caprichos, la paz, la reconciliación, la libertad y el amor son la única verdadera esperanza que hemos de brindar al mundo. Es verdad que no podemos ignorar las dificultades, particularmente duras en nuestra cultura, tanto por las abundantes exigencias del ministerio como por las incomprensiones e incluso persecuciones que lo acompañan. Pero hoy más que nunca es necesario vestirnos de la armadura de la justicia, para poder brindar esperanza a nuestros hermanos. En nuestro ministerio hay una original referencia comunitaria: hemos de vivir la esperanza y hemos de comunicar esperanza. Pablo lo decía:“Nuestra esperanza respecto a ustedes está firmemente establecida, sabiendo que como son copartícipes de los sufrimientos, así también lo son de la consolación” (2 Co 1, 7). Es momento de buscar la esperanza como una realidad común. “No se llega a la esperanza única a la que hemos sido llamados, si no se corre hacia ella con el alma unida a los demás” (S. Gregorio Magno, Regla Pastoral, III, 22). Es verdad que atendemos realidades muy diversas y, que requerimos de una gran flexibilidad, sobre todo en el prisma multicolor de nuestra ciudad. Más que nunca se aplica aquí aquel comentario que San Juan de Ávila hacía dirigiéndose a los párrocos: “Menester es mucha prudencia para saber llevar a tanta diversidad de gentes y, aplicar a cada uno su medicina según a cada uno conviene” (Escritos Sacerdotales, Católica, Madrid 2000, 175). Pero sin duda una medicina que hoy todos necesitamos es la esperanza. Todos los recursos de nuestro ministerio tienen una dimensión de esperanza, a fin de que cada ministro del Evangelio seamos BUENA NUEVApara: las familias, los alejados, los jóvenes y los pobres de nuestra Arquidiócesis; ellos esperan de nosotros el anuncio de la Palabra que no pasa, la administración de los Sacramentos de la Vida Eterna, la animación de la comunión y la caridad sobre la que hemos de ser juzgados en el último día.

4. Spes nostra, Salve! La figura de María, mujer de Adviento, es también en este caso un referente obligado. Es ella quien esperó en su seno el nacimiento del salvador y, debido a ello, es por excelencia la mujer de la esperanza. La disponibilidad total a la Palabra de Dios —realización eficaz de la esperanza— se expresó en el “Fiat!” del que misteriosamente Dios quiso hacer depender nuestra redención. También ella, después del misterio Pascual, perseveró con los apóstoles en la oración implorando el Espíritu que habría de conducir a la Iglesia hacia la verdad completa. Bajo su protección ponemos los esfuerzos y la cotidiana entrega generosa de nuestros sacerdotes.
(...)



CARTA DE NAVIDAD.

Mensaje de Navidad y Año Nuevo a los sacerdotes y diáconos de esta Diócesis

Seminario Conciliar de Querétaro, Qro., lunes 16 de diciembre de 2013
Año Jubilar Diocesano – Año den la Pastoral Litúrgica


Por Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo de Querétaro
Queridos hermanos sacerdotes,estimados diáconos:

“Ven, Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón” (Antífona de comunión de la I feria de la III Semana de adviento). Con estas palabras que la Iglesia dirige a su Señor en la liturgia de este día, quiero iniciar este sencillo mensaje que dirijo a cada uno de ustedes en la cercanía de las fiestas navideñas, pues reflejan el sentido más genuino y atentico de la Navidad. El deseo que la presencia de Cristo, príncipe de la paz, alegre nuestro corazón, nuestra vida y nuestro ministerio, no es sólo un sentimiento que brota en este momento de mi corazón, es el deseo que quiere transformarse en una súplica a Dios, de manera que cada uno de ustedes se encuentre en la noche de navidad con Jesús, el Niño de Belén, y en él, la plenitud de sus alegrías y de sus gozos personales y ministeriales.

Me complace poder encontrarme con cada uno de ustedes en esta convivencia fraterna y sacerdotal, y juntos así, prepararnos a la celebración gozosa de la venida de nuestro Salvador Jesucristo. Pues Él, es origen permanente y siempre nuevo de la salvación, es el misterio principal del que deriva el misterio de la Iglesia, su Cuerpo y su Esposa, llamada a ser signo e instrumento de redención. Cristo sigue dando vida a su Iglesia por medio de la obra confiada a los Apóstoles y a sus Sucesores. Y en este tiempo propicio de la historia lo confía a cada uno de nosotros.

A lo largo de este año que estamos apunto de terminar, hemos sido testigos de una serie de acontecimientos que nos han marcado, particularmente la elección del papa Francisco, quien con claridad y parresia nos llama a vivir nuestro ministerio con alegría y con fidelidad, de manera que seamos testigos insignes, en medio de nuestro pueblo, de la unción que hemos recibido con el “oleo de la alegría” (cf. Homilía de la Misa Crismal 2013). Es por ello que esta mañana deseo agradecer a cada uno de ustedes su entrega generosa, la cual día con día realizan en las comunidades cristianas, dispersas en nuestra querida Diócesis. Créanme que no se los digo por hacerles un cumplido, lo expreso porque reconozco que en ustedes está la presencia gozosa del Espíritu que los lanza a llevar el mensaje del Evangelio; de verdad valoro su trabajo y su esfuerzo. Considero que como presbiterio existe una grande riqueza humana y sacerdotal en cada uno de ustedes; la variedad de carismas y ministerios me ha dado una muestra clara de que es posible trabajar juntos por un mismo objetivo y por una misma misión. Sin embargo, es preciso que no descuidemos y olvidemos la necesidad de estar unidos, de valorar la comunidad presbiterio. Por el contrario, nos veremos aislados y poco favorecidos en la comunión. Es importante que cada uno de nosotros nos sintamos parte de esta comunidad, que en ella fortalezcamos nuestras debilidades, compartamos nuestros esfuerzos, pero sobretodo tomemos fuerzas para vivir en la fidelidad a Cristo y a nuestro ministerio. Ustedes saben que estos tiempos no son tiempos fáciles, es necesario vivir unidos para poder fortalecernos.

“El presbiterio es el lugar privilegiado en donde el sacerdote debe poder encontrar los medios específicos de santificación; aquí mismo debe ser ayudado a superar los límites y debilidades propios de la naturaleza humana, especialmente aquellos problemas que hoy día se sienten con particular intensidad” (cf. Directorio para la vida y ministerio de los presbíteros, 27).

Otro acontecimiento que ha marcado la vida de nuestra Iglesia, ha sido sin duda el año de la fe, el cual buscó ser una oportunidad para fortalecer nuestro compromiso bautismal, y tomar conciencia de la necesidad de vivir unidos a Cristo, el único que sacia nuestras esperanzas y nos impulsa a llevar el mensaje del evangelio. Cristo, queridos sacerdotes y diáconos, en esta Navidad nos enseñará cómo hacernos pequeños y cercanos a los hombres y mujeres y puedan ellos así, encontrarse con su amor y con su redención. Dejemos que él nos siga enseñando cómo.

Finalmente, no quiero terminar este sencillo mensaje sin dejar de mencionar el papel y la fuerza que ha tomado en cada uno de nosotros la celebración jubilar por los 150 años de nuestra Diócesis; este acontecimiento sin duda, no se ve aislado de todo el proceso evangelizador y misionero que nuestra Iglesia vive y donde cada uno de nosotros somos pieza clave. De manera especial en la misión. Nuestro Plan de Pastoral nos anima y nos lanza a seguir haciendo efectiva la obra de Dios en medio de su pueblo, especialmente en el año de la Pastoral Litúrgica que estamos viviendo. Que este año que se avecina de fiesta y celebración sea verdaderamente un tiempo de gracia y salvación.

Termino con las palabras del Papa Francisco que dirigió a los sacerdotes en la Misa Crismal de este año: “Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido” (cf. Homilía Misa Crismal 2013).

¡¡¡Feliz Navidad y Año Nuevo. Muchas felicidades!!!


FUENTES: -vicariadepastoral.org.mx/
-diocesisqro.org/


SE HA PERDIDO LA MÍSTICA DE LA NAVIDAD - MONSEÑOR JOSE DOMINGO ULLOA

José Domingo Ulloa Mendieta (nacido en  Chitré, Provincia de Herrera, 24 de diciembre de 1956) es un arzobispo católico panameño.

Nacido en la ciudad panameña de Chitré de la provincia de Herrera en el año 1956. Es el tercer hijo del matrimonio formado por Dagoberto y Clodomira Ulloa Mendieta. Años más tarde entró en el Seminario Diocesano donde realizó sus estudios eclesiásticos, siendo ordenado sacerdote el día 17 de diciembre del año 1983 por el obispo diocesano Mons. José María Carrizo Villarreal en la Catedral de San Juan Bautista de Chitré. Tras su ordenación inició su ministerio sacerdotal trabajando en su diócesis natal. En el año 1987, ingresó en la Orden de San Agustín (O.S.A), haciendo sus votos religiosos el 28 de agosto de 1991.

Durante el paso de los años, el día 26 de febrero de 2004, el papa Juan Pablo II lo nombró como Obispo titular de la diócesis titular argelina de Naratcata y también Obispo auxiliar de laArquidiócesis de Panamá, cuya consagración episcopal tuvo lugar el 17 de abril de ese mismo año en la Catedral Metropolitana de Santa María La Antigua y a manos del arzobispo Mons. .

El 18 de febrero del año 2010, el papa Benedicto XVI lo nombró en sucesión de José Dimas Cedeño Delgado como nuevo Arzobispo de Panamá.



Veamos a nuestro Monseñor Jose Domingo Ulloa en esta reciente entrevista realizada por el periodista de la estación radial RPC, Omar Ortíz, hablar acerca de cómo los panameños asumen el sentido de la Navidad, ofreciendo sus puntos de vista principalmente sobre el consumismo que se eleva durante esta fecha, admitiendo que el ciudadano panameño no prevee para el futuro. Adicional, como tema de mucho seguimiento en la nación panameña, Monseñor Ulloa comenta del próximo torneo electoral que elegirá a líderes que nos representarán en diversas instituciones políticas gubernamentales. Como siempre,  Monseñor Ulloa incluye reflexiones muy ciertas para la conciencia ciudadana y habla respecto a la brecha en entre ricos y pobres entre una economía florenciente que vive Panamá.

Finalmente, el arzobispo ofrece al público su saludo navideño haciendo la invitación a participar de las actividades de la Iglesia Católica de Panamá en estas fechas de Navidad y fin de año.


EN ESTA NAVIDAD, PARA TODOS LOS SACERDOTES A TRAVÉS DEL DIVINO NIÑO JESUS

¡Mi Dulce y Divino Niño Jesús:

Se cuánto amas a tus Sacerdotes, se cúanto dolor te causan sus pecados, se cuánto poder les has dado. Y también se que un solo Sacerdote transformado en Tí, puede más que todo el infierno junto!

!Mi amado Niño Jesús en esta Navidad te suplico transformes a todos los Sacerdotes en Tí!


Narcisa Olayvar , autora del blog Sacerdote Eterno


((Haga clic sobre la imagen para ver la postal en alta resolución))




MENSAJES DEL PADRE PÍO A UN ALMA



El Padre Pío, durante su vida, se aparecía a muchos por bilocación. Después de su muerte continúa manifestándose a ciertas personas.

Últimamente se ha aparecido a un alma privilegiada.

El Padre Pío estaba rodeado por una luz maravillosa, en medio de flores y circundado de Ángeles. Sus llagas eran luminosas, pero sobre todo la llaga del costado. Sobre el pecho tenía una Cruz, pero sin Crucificado. El Crucificado era el mismo Padre Pío.

En seguida, le trasmitió un MENSAJE que dice así:



Querido hermano… escribe

¡No tengas miedo! ¡Soy el Padre Pío!

¡Viva eternamente Cristo, Rey y Señor de todo el universo!

Desde el trono de mi gloria, te hago llegar mi palabra, mientras estás en el mar tempestuoso de la vida humana, que se debate y nada en el estiércol de toda clase de inmundicias.

Yo, Padre Pío, amante de Jesús Crucificado, copia viviente de su vida crucificada, tengo el permiso de comunicarte todo lo que me sucedió apenas expirado.

El Omnipotente Dios; justísimo y amabilísimo, permitió que mi alma permaneciese todavía tres días en el globo terráqueo, a los píes del Tabernáculo, para reparar todas las irreverencias que se habían cometido en el lugar santo de Dios, a causa de mi presencia atendiendo la gente.

El haber quedado tres días a los pies del Tabernáculo no significa pérdida de la santidad que la infinita bondad de Dios tuvo a bien concederme.

En el momento de mi tránsito, comprendí a la luz de Dios, la necesidad de un acto completo de reparación por todas las almas que, durante tantos años, cometieron por mi causa muchas faltas de reverencia delante del Santísimo. Sacramento..

El alma enamorada de Dios, conociendo a la luz del Sol Eterno que se aproxima la belleza de Dios, se precipita por si misma a dar al Señor el último testimonio de amor y reparación. Por lo tanto no hay que maravillarse por aquellos tres días de reparación. Al mismo tiempo fui hallado digno de ser semejante a Cristo hasta en el ingreso en la fulgente gloria que me esperaba. ¿No permaneció Cristo tres días y tres noches en el sepulcro? El cuerpo virginal de nuestra dulcísima Madre Inmaculada, ¿acaso no quedó en la tierra tres días y tres noches? Inescrutables designios de Dios que la razón humana no puede comprender!

Durante ese tiempo, el alma Santísima de Jesús gozaba de la gloria beatífica de la Divinidad en el seno de su Padre Celestial; en cambio para mí, los tres días pasados al pie del Tabernáculo fueron bastante penosos.

Después, el alma emprendió su vuelo, deteniéndose en las mansiones de la gloria para contemplar toda la grandeza de un Dios Omnipotente. Luego franqueé el último umbral donde el alma abismada, contempla todos los arcanos que se gozan en el Paraíso.

No hablo del gran premio que he merecido por tantos sufrimientos soportados en la tierra, pues, si me fuera posible, hubiera preferido quedarme en la tierra para sufrir hasta el fin del mundo para reparar por la gran Majestad de Dios tan ultrajada y para poder salvar todavía más almas.

¡Oh almas negligentes.. .valorad vuestra existencia! ¡Haced de ella un gran tesoro para la vida eterna!

Pero mi misión continuará todavía.. No permaneceré inactivo. Acompañaré a las almas que me fueron queridas y vigilaré a las que vacilen en la Fe. Estaré con vosotros mientras así lo disponga la Divina Voluntad.

¡Invocadme en vuestros momentos penosos, en el tempestuoso valle de lágrimas! Os ayudaré y os asistiré para que no vacile vuestra Fe y deis gloria al Señor que os ha creado de la nada.

En el Cielo estoy en constante coloquio con Dios para salvar las almas, pero especialmente recurro a la Reina del Cielo y de la tierra junto a Nuestra Señora, desempeño mi misión… Es tiempo de gran corrupción en el mundo, pero es también tiempo de gran Misericordia por parte de Dios, que sigue esperando que sean utilizados sus méritos infinitos.



* * * * 

“Te he dicho que hice mi Purgatorio al pie del Tabernáculo. Esta ha sido la voluntad del Señor. Habría podido hacerlo más prolongado y de distinto modo.

Mi Purgatorio lo hice en vida sobre la tierra, signado con las llagas de Jesús Crucificado y con el alma continuamente en penosa congoja, semejante a la que padeció Jesús en la Cruz en su dolorosa agonía. He podido vivir tanto, gracias a la asistencia que me proporcionaba el Señor.

¿Quieres saber cuál es mi gloria? Sólo puedes formarte de ello una pálida idea.

Hay gozos paradisíacos que se descubren siempre de nuevo, y uno queda siempre extasiado..: Pero no hay para todos la misma gloria… El alma que ha amado más, que ha sufrido más y que se mantuvo en la verdadera pureza, esa alma es capaz de saborear mucho mejor el misterio incomparable de la Celestial Jerusalén.

Yo me hallo junto a mi querido Padre Francisco, rodeado de Querubines y Serafines que entonan el himno del amor y de la gloria.

En el mundo se vive sin Fe, o tal vez con Fe lánguida..

Los que están más cerca del Señor Podrían trabajar más y embellecer su alma con jugos vitales..

¡Dichosas las almas que, como industriosas abejas, llegan a alcanzar la meta celestial con la corona bien formada sobre su cabeza!

Mientras tanto, en el mundo sólo se piensa en gozar y se peca mucho. Hay amenazas por parte de Dios que se van a cumplir inexorablemente!! Toda la Corte celestial adora a la Omnipotencia Divina y le suplica que se aplaque. Por eso mismo… rogad todos y ofreced sacrificios!”



“Todos dicen: ¡Ha muerto el P. Pío ! ¡Ha muerto el Padre Pío!

Mas ¿cómo puede llamarse “muerto” al que ha alcanzado la verdadera vida, la eternidad?

El alma inmortal abandona sus despojos mortales, o sea el cuerpo, para gozar de la verdadera felicidad.

Muertos son los que viven alejados de Dios, sin vivir la verdadera vida, esto es; la gracia divina. El alma muerta a la gracia, viviendo en las tinieblas, tiene su cuerpo como un cadáver ambulante, sin consistencia esencial. Toda la vida que anima al cuerpo es la sustancia real emanada de la vida del alma. De ahí que el título de muerte”, para los seguidores de Cristo, es absurdo. Se debería llamar “tránsito” “viaje a la casa paterna”.

En el mundo se viaja mucho, llevando e! alma en el frágil vaso que la contiene. De ahí arrancan las facultades intelectuales operantes, producidas por el alma.

¡Ay de aquellos que no conocen bien lo que significa pasar de la tierra a la eternidad!

Se experimenta un gran miedo porque no se vive de la realidad vital. Por esto, se da mucha importancia a la humanidad, viviendo a medias.

¡Amad la verdadera vida que os conduce a Cristo! ¡la carne debe servir de instrumento para atesorar méritos con miras al viaje que conduce a las bodas eternas! “¡Nada de miedos!” El que sepa viajar, encontrará su triunfo…! El triunfo de haber custodiado bien el tesoro del alma inmortal en unos despojos mortales, terrestres, llamados “cuerpo”, el cual también resucitará resplandeciente al final, para gozar de la felicidad celestial. Cuanto más frenemos el cuerpo, mortificando sus fuertes pasiones y manteniéndolo en la pureza, tanto más nos servirá para obrar el bien y tanto más brillará en la feliz eternidad.

La muerte no es tal para los que hayan vivido la vida de Cristo, sino que es vida. El alma es el centro vital de todo el ser humano. Apenas deja, el cuerpo, se lanza como flecha hacia Dios, Fuente de vida para iniciar la vida sin fin… Siendo así, las almas en gracia de Dios no deben experimentar ninguna especie de terror al aproximarse la hora suprema de su encuentro con el Creador”.



* .* * *

“Muchas personas me han tenido por áspero… irascible..

¡He aquí el motivo! ¡Cuántas luchas intimas debí entablar contra el amigo del orgullo, que a veces me molestaba fuertemente y, en ciertas circunstancias propicias, me hacía obrar diversamente!

¡Pero no debemos juzgar con facilidad a un alma que humildemente ama, sirve y se sacrifica para la gloria de Dios.

“Querido hermano en Cristo y con Cristo! Te recomiendo ocuparte actualmente de cómo poder honrar siempre más a la gran Madre de Dios y Madre nuestra.

Si estuvieses en el cielo y vieras todo lo impuro que hay en el corazón del hombre, y cómo el hombre quisiera desbaratar los planes de Dios manifestados en la Redención humana por medio de María Inmaculada, tú desearías precipitarte, si te fuese posible, sobre la tierra, para manifestar al mundo la verdad infalible del Verbo Encarnado en el seno purísimo de la Virgen María, por obra y virtud del Espíritu Santo.

Sin embargo, sabiendo tú todo lo que hay en el mundo no puedes llegar a comprenderlo plenamente, por no encontrarte en el eterno esplendor de Dios.

¡Cuánta consternación y aún miedo, para expresarme de un modo humano, no deja en nosotros la Infinita Justicia de Dios, dispuesta a actuar al ver vilipendiada y ultrajada su Infinita Majestad!

Tú, querido hermano, querrías comprender cómo los Bienaventurados pueden gozar y al mismo tiempo sentir consternación y miedo: vete sabiendo que, siendo nosotros felices en el Cielo, nos vemos obligados a valernos de modos terrenos para hacernos comprender mejor.

¿No fue necesario que se humanizara el Verbo de Dios, Jesús, para salvar a la humanidad? Por lo tanto, no es nada extraño que nosotros nos manifestemos tristes y doloridos, y que podamos estar horrorizados ante la terrible desventura que afectará a toda la humanidad, contaminada con la culpa y sin posibilidad de salvación.

Los ángeles, aun siendo puros espíritus, cuando se aparecen, ¿no tornan acaso formas humanas? Todo es posible para Dios, cuando El lo quiere.

La manifestación dolorosa debe aparecer en proporción con la redención de un Dios Omnipotente, de tal modo que el hombre tome conciencia del horror que despierta en Dios su presencia tenebrosa.

Cuando el cielo está sereno y brilla el sol, el hombre se siente feliz de poder obrar cómodamente, sin encontrar obstáculos; pero cuando el cielo se presenta oscuro y amenaza con una lluvia torrencial, entonces sí que el hombre toma precauciones de defensa. . . siempre y cuando lo quiera.

¡Cuántas manifestaciones nefandas de libertinaje inmoral!

Los malvados, queriendo encubrir su corrupción, pretenden ofuscar o anular los atributos de Dios en la creación y Redención del hombre caído y luego depravado con tantas infamias.

El mundo camina en tinieblas!. No hay medio de escape! Debería ser castigado y reducido a la nada, con más razón que Sodoma y Gomorra!

No tardéis en destilar sobre las almas un poco de luz del cielo! Pero antes que nada, esta luz deberían recibirla las almas consagradas… aseglaradas…, que pretenden cambiar el Maná Celestial por las bellotas de los animales inmundos!



¿Qué sucederá en el mundo? Nuestra felicidad del Cielo está invadida por gemidos angustiosos, por cuanto todos tenemos en la tierra seres humanos que nos pertenecen.

¡Apresúrate! ¡No te detengas en reflexiones! Escribe. . . habla. . – sacude los corazones que quieren sumergirse en el barro!!!

Son, ante todo, nuestros Hermanos Consagrados los que hacen amargo el “Pan de la Vida”, por cuanto comienzan a corromper su conducta.

¡Qué trágica perspectiva!… ¡Qué Babilonia de visiones!… La hora es gravísima y serán ellos los primeros en ser envueltos en la tormenta, por cuanto a causa de ellos ocurre tanto mal en el mundo.


Pon en práctica tu programa: 

lº Manifestar al mundo el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María;

2º Proclamar que las almas consagradas al no querer seguir las normas de la pureza y de la continencia virginal, no son dignas de permanecer en el servicio de Dios junto a los Santos Tabernáculos.

Hace falta mucha oración, un poco de penitencia, mayor unión con Jesús Eucaristía, mayor dedicación al desagravio. Se necesitan víctimas de reparación,almas Hostias, almas puras. El sufrimiento de las almas puras penetra en los Cielos.

¡Que no duerman los fieles! Preocúpense de los intereses del Creador, eviten los pasatiempos inútiles la televisión prolongada!

¡Privaciones. .. penitencia. . . celo por la gloria de Dios!!


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“Te propongo todavía manifestar al mundo dos problemas importantes que tanto se valorizan en la Gloria Beatífica, en la cual nos encontramos. Si nos fuera dado bajar a la tierra, estaríamos dispuestos a volver a ella, para hacer méritos y llenar, cada uno de nosotros, aquellos huecos grandes y pequeños pasados inútilmente en tiempos perdidos.

Dios ha creado a los hombres, no para disiparse en el tiempo, sino para salvarse y santificarse por medio del tiempo, empleándolo para la Patria Celestial que los espera a todos.

Es la pérdida del tiempo pasado inútilmente en el pecado, lo que gradualmente arrastra al infierno. Este es el primer problema: evitar la pérdida del tiempo.

El segundo es, inculcar la necesidad de vivir en la presencia de Dios. ¡Qué importante es vivir en la presencia de Dios!

El mismo Señor dijo a Abrahán al constituirlo padre de grandes generaciones:

“¡Anda en mi presencia y sé perfecto!”

José, hijo de Jacob, invitado a cometer el mal en casa de Putifar, se rehusó a ello enérgicamente diciendo: ¿Cómo puedo yo cometer una mala acción en la presencia de mi Dios? – A consecuencia de ésto fue calumniado y recluido en una cárcel.

Pero el Señor estaba con José y lo premió, haciéndolo grato al director de la cárcel, quien le confió los demás presos que quedaron todos a sus órdenes.

Además, el Señor le premió dándole el don de profecía y así salió de la cárcel y fue constituido virrey de Egipto.

La casta Susana, invitada a pecar, al pensamiento de “¡Dios me ve!”, pronunció su “no” rotundo. Los tentadores, burlados, inventaron una calumnia y la condenaron a muerte.

El Señor quiso premiarla, y mandó al Profeta Daniel para descubrir la calumnia. Fueron condenados los acusadores de Susana y ella fue liberada de aquella inefable calumnia que debía conducirla al martirio.

¡Problemas importantísimos son éstos de los últimos tiempos, tan pecaminosos y tan llenos de escándalos! Se vive como si Dios no existiese y aquellos que conocen la existencia divina intentan huir de la mirada de Dios, a fin de ahorrarse preocupaciones en la justificación de su conducta extraviada.

Muchas almas se hartan de conocer y saber lo que yo he dicho o hecho en San Juan Rotondo, pero no logran decidirse sobre una base firme y convincente.»



“Te recomiendo insistir para hacer progresar el amor y la preocupación hacia aquel acto supremo del infinito amor que prodigó Jesús dándose a Sí mismo todo entero y sin límites a las almas.

¡Que se sienta esta gratitud hacia Jesús Eucaristía y que se ponga en práctica! El Tabernáculo es la fuente de la vida; es sostén, paz, ayuda y consuelo de las almas fatigadas!

¡Se debe ir a Jesús con verdadera fe y no por rutina como para olvidarlo cuanto antes! ‘Vivir de la fe, de aquella fe viva que eleva las almas a las cosas sublimes, en vez de sumergirse demasiado en la tierra!.

El mundo es un lugar de tránsito. Se debe saber luchar para desprenderse de las cosas fugaces.

Si las almas no se acercan con frecuencia al Fuego Eucarístico, permanecen frías, sin aliento, tibias, sin méritos. Y ¿qué consuelo puede recibir Jesús de esas almas que no tienen la fuerza de volar sobre todo lo creado?

Debemos vivir firmes en la convicción práctica de nuestra obligación de amar y servir al Señor.

¡Oh, si las almas conociesen bien y apreciasen el gran don de Dios que se quedó viviente en la tierra, cómo vivirían la vida de otro modo!

Del Tabernáculo se sacan todos los tesoros: el alma se santifica y vive transformada en Dios. Si no se experimenta hambre y sed de Dios Vivo, se vive una vida vacía, obscura, que no hace ningún progreso.”



“Se me atribuyen milagros, profecías, bilocaciones, estigmatizaciones, etc. Pero yo no fui otra cosa que un indigno instrumento del Señor. Sin la lluvia que cae del cielo la tierra no produce más que cardos y espinas.

En cierto modo, Jesús debe servirse de algún alma para demostrar al mundo su existencia y su omnipotencia. A muchas almas ha dado el Señor abundantes gracias, pero después se las retiró porque Él quiere ser correspondido. La semilla debe germinar… el terreno debe ser fértil. Solamente se necesita acoger a Dios que llama a la puerta y, si no se le abre generosamente para recibir su visita.. . pasa de largo … no se detiene a hospedarse. Exige cierta disposición que es un deber. El resto lo hace Él y sabe hacerlo bien.

Mas el alma que busca y desea la visita de Dios, tiene que apartarse del bullicio del mundo.

El buen Dios me encontró a mí….. solitario y en oración. Llamó a la puerta de mi corazón y yo lo acogí, pensando que era un deber el hospedar al Señor que me había creado.

Amar a Dios es el mayor deber de la vida, y yo lo comprendí desde niño, como lo comprenden aún muchos niños, todavía no emponzoñados por el mundo.

¡Son las familias las que tienen la puerta cerrada a ¡a luz del sol!

¡Son las familias que malgastan tiempo junto al televisor, en presencia de sus pequeñuelos! Esperan con ansia los programas interesantes sin preocuparse de los niños, que van asimilando tanto veneno en sus inocentes corazoncitos… y por esto el Señor pasa de largo!

¡Así es el tiempo presente: el paso de Dios, sin darle la oportunidad de detenerse!

Y después… ¡pobres familias que de un hogar hacen un foco de rebelión!

Yo, por la gracia de Dios, he cumplido mi jornada y creo haber cumplido con mi deber en dar al Amor todo lo que Él por amor, me ha dado a mí a lo largo de su Calvario.

¡Si supiéramos cómo resulta cien veces centuplicado por Dios todo acto, aún el más mínimo, hecho por su amor! A todos los miles de personas que acudieron a verme en San Juan Rotondo, sin reparar en incomodidades y sacrificios, les pregunto:

¿Habéis cambiado de conducta? ¿Qué frutos habéis sacado de haberos acercado a un pobre siervo de Dios? Si todos hubieseis cambiado, habríais llevado la luz al mundo. Vuestros contactos conmigo han dado escasos frutos, pues de otro modo el mundo no empeoraría constantemente.

Reflexionad: Si la semilla enterrada en el surco no muere, no echa raíces; si el hombre no muere a todas lasinclinaciones de la carne, no puede tener vida.

El hombre y la mujer, en el paraíso terrestre, no supieron luchar ni vencer en la lucha diabólica del orgullo y cayeron vencidos en las garras de Satanás. Su pecado pasó a todas las generaciones hasta el fin del mundo, y de ahí que la lucha siempre revive en el hombre, como consecuencia del pecado. Como un padre desnaturalizado, llevando una vida escandalosa, corrompe a sus propios hijos con su mal ejemplo, así Adán pervirtió al mundo.

Lo que en estos momentos te estoy anunciando, tú, querido hermano, puedes libremente referirlo, ya que es urgente que la humanidad sea sacudida y despierte. Que no duerma en el pantano de la culpa; que reconozca la omnipotencia de Dios tres veces Santo, y que de su corazón mane leche y miel en vez de odio.

Los castigos, se los procura el hombre con sus actos de rebelión contra el Dios Altísimo. El hombre, abandonado a sí mismo por parte de Dios, se encamina hacia el abismo de toda clase de perdición.”


* *

“Escribe también esto:

No se comprende bastante la importancia del alma cuando debe comparecer ante la Infinita Majestad de un Dios Juez.

Aún algunos Santos, aunque de excelsa santidad, han demorado por unos instantes su entrada en la gloria eterna a causa de algunas cositas que parecen nada a los ojos de los hombres.

¡Cada alma debe corresponder a los talentos dados por el Señor!

Te dejo oh hermano, este legado: El Crucifijo, la Eucaristía, el Corazón Inmaculado de María y las almas que hay que salvar !!!”


FUENTE: /benitezpatricio.wordpress.com/


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís