FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

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SACERDOTE, ¿QUIÉN ERES TU? Padre Julio María Scozzaro


Condiciones para seguir a Jesucristo


Jesús, el Maestro, da claras indicaciones para ser sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9, 23); “Si quieres ser perfecto ve y vende lo que tienes y dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en los Cielos: luego ven y sígueme” (Mt 19, 21); “El que ama a su padre y a su madre más que a Mí, no es digno de Mí, el que ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de Mí” (Mt 10,37-38); “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8,22).

Son palabras muy fuertes para el Sacerdote, pero por otro lado, Jesús nos llama a un seguimiento total. No se puede seguir a Jesús solamente en los retazos de tiempo, porque Jesús pide al Sacerdote completa correspondencia a sus invitaciones. No se contenta con el vago pensamiento diario, no, sino que pide vivir en unión con El durante todo el día. Estas exigencias Jesús las prospecta para todos, ¿pero a los Sacerdotes les pide más? ¡LO PIDE TODO! El Sacerdote no puede ser distinto de su misión, de otra manera sería Sacerdote en el tiempo libre, como si fuera un trabajo cualquiera o un oficio.

Jesús, al Sacerdote, ha entregado todo de Sí mismo, ¡no es justo que el Sacerdote no le dé todo de sí a Jesús! Llegar a ser Sacerdote por amor a Jesús significa tratar de identificarse con El.

Por lo tanto, basta tomar el Evangelio, leerlo y leerlo, meditarlo y meditarlo para tener una visión clara e inequívoca de la figura de Jesús. No pueden haber compromisos con Jesús: o se lo acepta todo o se lo pide todo.

La mediocridad jamás ha dado gozo al Señor, porque si cada Sacerdote quiere puede llegar a ser una luz que ilumine en las tinieblas. Es la falta de un profundo conocimiento de Jesús, lo que impide a muchísimos Sacerdotes imitar a Jesús. Pero si Él es el modelo de los Sacerdotes, ¿acaso no es obligación y necesidad profundizar continuamente lo que Él ha dicho y ha hecho?

Para seguir a Jesús hace falta renunciar a los familiares, parientes y amigos. “Si alguno quiere venir Conmigo y no está dispuesto a renunciar a su padre y a su madre, amigos, hermanos y hermanas e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo Mío (Lc 14, 26). Él lo ha dicho, que no se puede poner a nadie antes de Él. En efecto, el verdadero amor se mide con la renuncia. La renuncia cuesta y se practica solo si hay amor. Es difícil pensar y amar simultáneamente a Dios y al mundo, porque el mundo ama lo que Dios prohíbe y Dios enseña lo que el mundo desprecia. No se puede servir a dos señores, especialmente cuando se vive dos doctrinas opuestas: o sigue al uno o sigue al otro.

Ciertamente, cuanto más uno se aleja de aquello que es atraído por los sentidos, más es atraído y transformado por el Espíritu de Dios. ¿Y qué maravilla realiza Dios en el alma que con fortaleza se separa del mundo para seguirlo en el abandono total? Y la separación de los vínculos carnales conlleva la formación de una nueva familia espiritual, grata a Dios y sostenida por su Gracia.

La castidad del Sacerdote tiene que brillar como la luz que irradia del sol. Jesús, la castidad personificada, ha dicho claramente y perentoriamente a sus representantes los Sacerdotes: “Algunos no se casan porque nacieron incapacitados para ello; otros porque los hombres los incapacitaron y otros no eligen casarse por causa del Reino de los Cielos. Quien puede poner esto en práctica, que lo haga” (Mt 19, 12).

“El vínculo que el celibato tiene con la Ordenación Sagrada, configura al Sacerdote a Jesucristo Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia como Esposa de Jesucristo, quiere ser amada por el Sacerdote de un modo total y exclusivo, como Cristo Cabeza y Esposo la ha amado. El celibato sacerdotal es entonces un don de Cristo a su iglesia y expresa el servicio del Sacerdote a su iglesia, en y con el Señor”, explica la Encíclica “Pastores dabo vobis” (29)

El Sacerdote que quiere seguir a Cristo de cerca, más aún, que quiere ser una sola cosa con El, debe amar la cruz. No tanto aceptar o llevar, sino amar la cruz. Si se conforma con una unión débil o esencial-cuanto sea suficiente- con Jesús, entonces ya es bueno llevar la cruz, pero si el Sacerdote contempla la cruz levantada sobre el Calvario y se convence que solo por medio de ella se salva las almas, entonces por ella se abrazará y besará su propia cruz. Cuando se ama la cruz ya nada se teme, antes bien, todas las contrariedades sirven para obtener Gracias y conversiones. ¿Cuántas cruces entonces surgirán?

Cuántas podrán llevar en los hombros Calumnias, contradicciones, envidias, y condenas, sufrimientos por parte de los amigos, persecuciones del mundo, incomprensiones de los Superiores, sufrimientos de todas partes, pero todo concurre a tu purificación, oh Sacerdote, para obtener Gracias incalculables.

Jesús propone la cruz, no la impone. Ciertamente, la indica como condición para estar fuertemente unidos a Él, y transformados en El. Pero un Sacerdote que no ama la cruz es como una abeja que no busca el néctar de las flores… O como un pez que rechaza el agua.

La llamada de Jesús es radical, envuelve a toda la persona del Sacerdote y nada podrá tener de sí, sin que no sea dado y vivido para Jesús. El Maestro Divino propone a los Sacerdotes un programa de entrega absoluta e incondicionada, un programa de valentía, para permanecer fuertes y serenos frente a las incomprensiones del mundo. “Todos os odiaran por causa mía, pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará… Así pues, no les tengáis miedo, porque no hay nada oculto que no haya de manifestarse, ni nada secreto que no haya de saberse… No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, porque no pueden quitar el alma; temed más bien al que puede destruir el alma y el cuerpo en el fuego eterno” (Mt 10, 22.26.28.). Jesús cuando llama a los Apóstoles, indica inmediatamente que tienen que dejar a los peces y utilizar las redes solamente para ser pescadores de hombres. Los primeros Apóstoles eran pescadores de peces, y alguien amaba mucho pescar, pero Jesús confirmó: “Serás pescador de hombres” (Lc 5, 10).

Los Apóstoles pensaban ser maestros en la pesca, pero Jesús para hacer comprender que solamente por medio de Él se lleva a cabo una buena obra o una buena pesca, los sorprendía clamorosamente dando siempre las indicaciones justas para hacer una pesca grande, a pesar de que unas horas antes no habían pescado nada: “Hechad la red del lado derecho de la barca y encontraréis” (Jn 21, 6); “Rema lago adentro y echad vuestras redes para pescar” (Lc 5, 4).

Jesús pide al Sacerdote que lo siga como el Cristo de Dios: “Si alguien quiere venir en pos de Mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga” (Mt 16, 24). Jesús camina delante, Él ha trazado el recorrido con su Sangre, para hacer más fácil el camino a sus Apóstoles.

Seguir y ser de Jesús, significa dejarlo todo, seguirlo con docilidad y humildad porque Él es la verdadera Luz que ilumina en donde existe oscuridad, como aconteció con Bartimeo el ciego: “¿Qué quiere que te haga?”. Contestó el ciego: “Señor, que yo vea”. Jesús le dijo: “Ve, tu fe te ha salvado. Y enseguida comenzó a ver y se puso a seguirlo por el camino (Mc 10, 51-52).

Sí, la vida de Jesús está llena de humildad y de servicio: “Si uno quiere ser el primero, que sea el último y siervo de todos” (Mc 9, 35); “El que es mayor entre vosotros que sea vuestro servidor” (Mt 23, 11); “Quien se enaltece será humillado, y quien se humille será enaltecido” (Mt 23, 12); “El que acoge a este niño en mi nombre a Mí me acoge, y el que me acoge a Mí, acoge al que me ha enviado, porque el más pequeño de entre vosotros es el más importante” (Lc 9, 48). Pero no basta tener estos sentimientos de pequeñez, hace falta convencerse de que es solamente Gracia de Dios el buen éxito de una buena obra y “cuando habréis hecho todo lo que os he ordenado, decid “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer” ( Lc 17, 10).

La humildad tiene que dar vida a la espiritualidad del Sacerdote, al igual que la sangre da vida a la persona. El orgullo es la raíz de todos los males. Cada pecado es egoísmo, pero en su raíz se ha manifestado con el orgullo. “La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres, ambos detestan la injusticia… ¿De qué se enorgullece el que es polvo y ceniza, si ya en vida su vientre es podredumbre?... Principio de la soberbia e apartarse del Señor, tener alejado el corazón de su Creador” (Eclo 1, 7-12).

La vida de Jesús es un camino que quiere ir al encuentro de muchos que van por otros caminos que conducen a otros sitios. Pero Jesús espera a todos y permanece abierto a todos. “Quien no está contra vosotros, está con vosotros” (Lc 9, 50). Seguirlo a Él conlleva a la renuncia del propio egoísmo, del orgullo, más aún, hace falta ser como niños porque “de ellos es el Reino de los Cielos” (Mc 10, 14).

Otra condición es la de renunciar a la riqueza. El Sacerdote de Jesús tiene que contentarse con lo que tiene, si tiene poco. Si en cambio posee más de lo que su configuración a Cristo indica, ¿no es una contradicción? “Ve, y vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el Cielo; luego ven y sígueme” (Mc, 10, 21).Hoy lastimosamente se quiere seguir a Jesús, pero no a ese Jesús del Evangelio -el histórico-, sino a otro que es inventado por los “sabios” del mundo para satisfacer los placeres carnales, para poner a callar la propia conciencia no limpia.

Cada hombre nace, vive y muere, por lo cual dejará todas las cosas, también los huesos en el ataúd, sepultado en el cementerio. También el Sacerdote dejará todas las cosas, ¡pero él no debería poseer todas aquellas cosas! Porque él ha decidido seguir a Jesús pobre, Aquí está el escándalo del cual los fieles no tienen culpa. Hace más escándalo un Sacerdote que posee más de lo necesario para vivir, que el ladrón que roba todo lo que puede robar. Es la mentalidad de la gente: ¡procura cambiarla!

La pobreza Jesús la amó de tal manera, que la hizo su fiel compañera. “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3). Desde Belén al Calvario está de por medio una vida muy pobre, hecha de renuncias, sacrificios e ilimitada paciencia. Tener el corazón desapegado de todo es posible si se tiene paciencia consigo mismo. Si se tiene el dominio de la propia persona. La verdadera virtud que abraza a todas las otras es la paciencia, y de esta virtud se reconoce al Santo. Un Sacerdote sin paciencia no es discípulo de Cristo.

Por esto se insiste en la necesidad de seguir de cerca a Jesús. Seguir a Jesús significa hacer lo que Él ha hecho, ser como Él, vivir como Él ha vivido, orando y tratando de buscar al Padre como Él lo hizo, entregando amor y expresando dulzura como Él, teniendo mucha paciencia con todos como Él, siendo humildes y amando el ocultamiento como Él, aceptando y amando la Cruz, siendo hombre de oración como Él. Jesús oraba siempre, más aún, gozaba ininterrumpidamente de la Visión Beatífica. Antes de realizar una acción importante permanecía toda la noche orando.

Este el Sacerdote eterno: Jesús, el Hombre-Dios.


SACERDOTE ¿QUIÉN ERES TU? Padre Julio María Scozzaro

EL SACERDOTE Y LA SANTA MISA

"Todas las obras buenas juntas, no valen nada ante el Santo Sacrificio de la Misa, porque ellas son obras del hombre; mientras que la Misa es obra de Dios".  Esto decía el Santo Cura de Ars. Porque la Santa Misa es la renovación real del Sacrificio de la muerte de Jesús en la Cruz y por esto se detiene la Justicia Divina de lanzar los castigos que merece el mundo. La Santa Misa es el acto de oración más grato a Dios Padre y San Felipe Neri dice:  "Con la oración pedimos a Dios las Gracias, y en la Santa Misa le obligamos a que nos las dé".  San Pedro Julian Eymard sostiene que :  "La Santa Misa es el acto más Santo de la religión, más glorioso a Dios, más provechoso para nuestra alma".

¿Qué piensa de ti la gente, cuando te ve celebrar la Santa Misa distraído, sin devoción y sin amor?  San Alfonso María de Ligorio te dice:  "Creo que pondrían más atención en una recitación en una comedia que en la celebración de la Misa.  Algunos se liberan de ella en cuestión de cuarto de hora, cosa que es realmente grave, desde el momento en que se hace en tan corto tiempo la celebración necesariamente se ve maltratada en las palabras y en el rito, sin devoción y dignidad, por no hablar del grave escándalo que se da a los fieles.  ¡En efecto haría falta derramar lágrimas y lágrimas de sangre!".

Es verdad, los fieles al ver con cuánta superficialidad algunos Sacerdotes tratan el misterio Eucarístico, ellos también pierden el amor y la devoción hacia El. ¿Tal vez no se haya suficientemente meditado acerca de lso frutos sublimes que  brotan de la celebración o participación de una Santa Misa?  Ante todo, hace falta participación devota, porque los frutos llegan solamente si se "vive" la Santa Misa.

En cada Santa Misa las Gracias que se pueden obtener son infinitas, porque la Santa Misa tiene un valor infinito.

En la Santa Misa  se recibe el Cuerpo y la Sangre de Jesús, esto es, quien come la Eucaristía introduce en sí la Sangre de Cristo, ¡por lo cual se tendrá la Sangre de Jesús en las propias venas!  ¡Cuántos frutos a través de la Santa Misa!

-  Se tiene la asistencia del Espíritu Santo, que es el mismo Espíritu de Jesús.

-  Son borrados os pecados veniales.

-  Se da a las Almas del Purgatorio inmenso alivio en sus penas.

-  Dios da bendiciones particulares.

-  Se prepara un grado mayor de Gloria para degustarlo en el Cielo.

-  La tendencia hacia el mal disminuye.

-  Se tiene mas fuerza para vencer las tentaciones.

-  Se tiene una capacidad superior para perdonar a los demás.

-   Se amará con más entusiasmo.

-  Es disminuido el amor propio, fuente de toda maldad.

-  Aumenta el Amor Divino, el Amor de Jesús en el alma.

-  Nos unimos mas fácilmente a Jesús.

-  Se tiene más luz Divina, que aleja las miserias humanas.

-  Ciertamente las Gracias serán más abundantes, en relación con la participación interior del Sacerdote en la Santa Misa.  Más es Santo el Sacerdote y más Gracias se obtiene para todos los fieles presentes, ausentes y para aquellos que están lejos.  Sí, el Sacerdote es el que decide si Dios debe dar inmensas Gracias o pocas.

El Sacerdote devoto tiene que imitar lo que hace sobre el Altar esto es lo que hace mientras celebra la Santa Misa.

Si el Sacerdote hace la Eucaristía, él es el hombre de la Eucaristía y tiene que imitar lo que hace.  El Sacerdote produce la Eucaristía, ella sale de él, y por lo tanto de su persona tiene que salir solamente humildad, paciencia, dulzura, caridad...No puede haber incoherencia entre Jesús y el Sacerdote en la Santa Misa.  Por lo tanto tú también tienes que revivir la Pasión y Muerte de Jesús en la Santa Misa, aunque místicamente.

El sacerdote hace presente a Jesús en un trozo de pan, ¿y no tiene que imitar aquello que trata?  esto es, tiene que vivir, asimilar las virtudes propias de la Eucaristía:  humildad, dulzura, obediencia, paciencia, pobreza de Jesús eucarístico.  Dios se aniquila a Sí mismo en la Eucaristía, se hace pedacitos de pan o fragmentos  ¡Y luego considera la perseverancia de Jesús:  desde hace dos mil años permanece la Eucaristía!  Sí, la Eucaristía es un abismo de humillación.

La Eucaristía hace falta adorarla, porque a través de ella nos llenamos de dulzura para llevarla a todos y la dulzura es un acto de caridad.  También se recibe fuerza para luchar con el propio yo, los demonios y el mundo corrupto.

El Sacerdote eucarístico, sincero y santo, conoce ayunos y mortificaciones, larga y profunda oración delante de la Eucaristía, vigilias, soledad y meditación.  Basta leer la vida del Santo Cura de Ars para comprender lo que es la vida eucarística.

El Concilio Vaticano II es muy claro cuando habla de la función Sacerdotal y de la Santa Misa:  "En su calidad de Ministros de las cosas Sagradas, y sobre todo en el Sacrificio de la Misa, los Presbíteros actúan de un modo especial en la Persona de Cristo, el cual se ha ofrecido como Víctima para santificar a los hombres; están por lo tanto invitados a imitar lo que tratan, en el sentido de que, al celebrar el misterio de la muerte del Señor, tienen que tratar de mortificar los propios miembros de los vicios, de las concupiscencias" (PO III, 13c)

Tú, Sacerdote, eres en la Santa Misa, el verdadero sacrificador, pero en la Hostia Consagrada que presentas al Padre, ¿eres sacrificador o también víctima unido a Jesús sacerdote y Víctima?  Si amas poco a Jesús, esta pregunta te deja indiferente, y más bien te perturba o te indispone.  "Ninguna otra acción realizada por los fieles cristianos es tan santa y tan divina como este tremendo misterio", dice el Concilio de Trento.  Y santo Tomás de Aquino dice:  "Todos los frutos de la Pasión del Señor están encerrados en la celebración de este misterio".  Sobre todo en la Misa "si pedís algo al Padre en mi Nombre El os dará" (Jn 16, 23).  "Cada vez que el Sacrificio de la Cruz, en el cual Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado, es celebrado sobre el Altar, se renueva la obra de nuestra redención".  Afirma el Vaticano II (LG I, 3).

El Sacerdote  "ejerce su Sagrada función sobre todo en el culto eucarístico, donde, actuando en la Persona de Cristo y proclamando su misterio, une los votos de los fieles al sacrificio de su Cabeza; y en le Sacrificio de la Misa hacen presente y aplican hasta la Venida del Señor el único Sacrificio de la Nueva Alianza, este es el Sacrificio de Cristo que se ofreció al Padre por siempre como Víctima Inmaculada" (LG 28).

Apenas el Sacerdote pronuncia las palabras de la consagración, Jesús se hace presente sobre el altar, sin considerar si el Sacerdote es bueno o malo.  Jesús no mira al Sacerdote, pero obedece a las palabras de la consagración, sin mirar la apariencia.  Al Sacerdote sacrílego, imperfecto o indecoroso, Jesús obedece igual y es el Hijo de Dios que obedece a un hijo de hombre.  La obediencia de Jesús en la Eucaristía es asombrosa.  También el Sacerdote debe ser obediente hasta la muerte del propio yo.  Al igual que Jesús.

Hay fieles que experimentan indignación al ver el maltrato con el cual algunos Sacerdotes ordinariamente  celebran la Misa.  La falta de respeto de un Sacerdote cuando celebra la Santa Misa engendra desorientación y escándalo en los presentes.  San Juan de Avila dice:  "¡Qué cuenta más grande deberá rendir a Dios este Sacerdote por ésta y tantas Misas mal celebradas!"

Mientras que una Misa celebrada con devoción infunde devoción a los demás.

"La Iglesia se preocupa vivamente de que los fieles no asistan como extraños o mudos espectadores a este Misterio de fe, sino que a través de una comprensión plena de los ritos y de las oraciones, participen en la acción sagrada conscientemente, plenamente y activamente; de que sean instruidos en la Palabra de Dios; de que se alimenten en el Banquete del Cuerpo del Señor; rindan gracias a Dios; ofrezcan la Hostia Inmaculada, no solamente a través de las manos del Sacerdote, sino junto con El, y aprendan a ofrecerse a sí mismos y día a día por medio de Cristo Mediador", precisa el Vaticano II (SC II, 48).

Solo con la Santa Misa podemos rendir convenientemente gracias a Dios de sus dones, por esto San Ireneo escribe:  "Con este fin a sido instituido el Sacrificio de la Misa, para que nosotros rindiéramos gracias a Dios".  No hay otra oración mejor para dar adecuadamente gracias a la Santísima Trinidad, por los beneficios que derrama sobre la humanidad.

Tú, Sacerdote, en la Santa Misa ofreces al Padre el Cuerpo de su Santo Hijo muerto en la Cruz; desgarrado, con manos y pies traspasados, envuelto en su Sangre preciosa.  ¿Te parece poco todo esto?  ¡Ah, si se comprendiera un poco lo que significa ofrecer a Dios Padre al Hijo muerto en la Cruz en cada Santa Misa!

Sacerdote, tú sabes que la Santa Misa es el mismo sacrificio del Calvario.  En la Santa Misa Cristo es ofrecido por ti sobre el Altar, en memoria y renovación del sacrificio del Calvario.  cada día, al celebrar la Santa Misa, tú renuevas la Pasión y Muerte de Jesús en la Cruz.  La Santa Misa no es solamente memoria del sacrificio de la Cruz, sino es el mismo sacrificio de la Cruz;  idéntico el Oferente, idéntica la Victima, es decir Jesús mismo, Dios encarnado:  "En efecto, se trata de una sola e idéntica Víctima... Diverso el modo de ofrecerse".

"La celebración de la Misa, escribe G. Herolt, vale tanto como la muerte de Cristo en la Cruz".  Reflexiona Sacerdote, que la Víctima que vas a sacrificar en la Santa Misa es el mismo Señor que ha dado su Vida por ti.

¿No te conmueves pensando en las escenas en las  que Jesús fue traicionado por un amigo, abandonado por aquellos en los que había puesto su confianza, atado como un delincuente, encadenado, encarcelado, flagelado, escupido, insultado, coronado de espinas, expuesto al desprecio de todos, considerado como un hombre sin dignidad y al final crucificado?  Ahora bien, en la Santa Misa delante de Dios Padre vuelve a presentarse las mismas escenas de la Pasión y Muerte de Jesús.  En cada Santa Misa Jesús sufre, está clavado en la Cruz y muere místicamente, y Dios Padre concede como hace dos mil años, el perdón e infinitas Gracias.  ¿Quién, en esta vida podrá comprender el valor de la Santa Misa?  Más aún:  ¿Quién ama y celebra con profundo recogimiento la Santa Misa?

Acerca de la preparación y de la acción de gracias a la Santa Misa, sigue diciendo San Alfonso María de Ligorio:  "Qué Misa devota podrá celebrar ese Sacerdote que lo hace sin prepararse, pasando directamente de los quehaceres y discursos profanos al Altar, sin un mínimo de concentración y devoción?  Debería hacer oración mental para prepararse y acercarse menos indigno a este Sacrificio.  Y luego, ¡qué pena ver a muchos Sacerdotes, terminada la Misa ponerse a charlar de cosas inútiles!  Y sin embargo, como enseñan muchos doctores autores, al perdurar las especies sacramentales, tanto más frutos espirituales se pueden conseguir, cuantos más son los actos con que se dispone a recibirlos.  Cada Sacerdote debería dedicar al menos media hora de acción de gracias después de la Misa".


San Francisco de Asís se consideró indigno de acceder al Sacerdocio y no quiso ser ordenado, pero incitaba fuertemente a los Sacerdotes al desapego de los bienes de este mundo:  "¡Considerad, Sacerdotes, vuestra dignidad!  Cómo el Señor os honró más que a nadie, confiado a vosotros la celebración de los Santos Misterios, de modo que vosotros podéis amadlo y honradlo.  ¡Grave culpa sería la vuestra si,en le momento en el cual estrecháis en las manos a Cristo, pensáis en otra cosa!

Sacerdote, ahora Jesús te repite con dulzura:  "Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 16).  Sí, ayuda a Jesús a llevar a su redil a muchas ovejas descarriadas, perdidas, detrás de las cosas del mundo y distraídas en lo que se refiere al final de la vida:  el Paraíso.

Comprométete seriamente para que verdaderamente en tu pecho lata solamente el Corazón de Jesús, ese Corazón que es manso y humilde, porque ama continuamente.




SACERDOTE QUIÉN ERES TU? Padre Julio María Scozzaro.

EL SACERDOTE:  EL HOMBRE QUE REZA



Jesús ha sido hombre de oración, y sin embargo El no tenía necesidad de ir al Padre para tener luz o para obtener Gracias, puesto que todo lo poseía plenamente en Sí por la unión que tenía de la Divinidad con la Humanidad.  El inocente, Dios, no necesitaba nada, Señor del Cielo y de la Tierra ha sido el modelo de oración.  Toda su vida fluye en medio del amor y de la oración.  "Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como Yo he hecho con vosotros" (Jn 13, 15).

La oración es el hilo conductor que te tiene unido a Jesús y a la Virgen.  Si es hilo finísimo o es una cuerda muy gruesa:  esto depende del tipo de oración que haces.  Si rezas poco estás unido con un hilo muy fino; si rezas mucho estás unido a Jesús con una cuerda gruesa y nadie te podrá sacar del Corazón de Jesús.  Si tu jornada transcurre en unión continua con Jesús y María ya no estás unido con la cuerda, sino estás transformado en Ellos.  En la oración elevas la mente a Dios para agradecerle, adorarle, alabarle y hablarle.  Te pones en diálogo con la Palabra; te llenas de su Espíritu; te dejas transformar por su Amor.

Elevas la mente a El para conocerlo siempre más como Padre bueno y Misericordioso y tener  una relación confidencial, precisamente como tiene que ser entre un padre y un hijo que se aman intensamente.  Cada vez que elevas la mente hacia El, tú piensas, amas y actúas como El. Si tú que eres Sacerdote no rezas, ¿quién rezará?
Si no estás unido a Jesús a través de la oración ¿de qué manera piensas unirte a El? ¿Con las actividades sociales, con los encuentros espirituales o las peregrinaciones?  Todo esto viene después de la oración, ¡porque sin la oración las obras son exclusivamente humanas!  Al igual que "por el fruto se conoce al árbol" (Mt 12, 33).  Así de tus obras y de tus palabras se conoce tu VIDA INTERIOR y tu espiritualidad.

La oración es como el fundamento o la base de un inmenso rascacielos.  Para que el rascacielos sea firme, hace falta bases fuertes, que lo sostengan .

Enrique Bordeaux ha escrito:

"Oh Sacerdote:  Tú eres un hombre, pero no eres de los hombres.

Tienes que vivir como Angel, pero tienes que permanecer entre los hombres.

Para amar a Dios tienes que amar a los hombres.

Por ti Dios se volvió Hombre y el hombre se vuelve Dios.

Sin tí, Dios permanece Dios y el hombre permanece hombre.

Si tú perdonas, Dios está obligado a perdonar.

Tú das vida donde antes había muerte.

Tú, pobre, indefenso, inútil, pequeño hombre, eres el puente más extraño y más bello que existe en el mundo, con un brazo apegado a la tierra y un brazo orientado hacia el infinito.  Esto ere tú, oh Sacerdote"

El Sacerdote es pues el hombre mas buscado y mas incomprendido, y cuando no reza o reza poco por los muchos compromisos pastorales que lo absorben, actúa más como hombre débil que como hombre de Dios.  Es la oración la que transforma el alma, al igual que la Ordenación Sacerdotal ha grabado ese carácter indeleble, que te ha hecho sagrado.  ¿Por qué tiene que orar el Sacerdote?  Y yo pregunto:  ¿por qué tiene que respirar una persona?  ¿Podría estar con vida si no respira?  No,será necesario poco tiempo para dejar de vivir.  La oración es para el Sacerdote como la respiración para las personas, son dos cosas indispensables; porque sin oración se muere espiritualmente y se lleva a la muerte a muchísimas otras almas; sin respirar se muere corporalmente.  Toda persona tiene que orar, pero el Sacerdote tiene que ser el hombre que reza.

El Sacerdote que no reza o reza poco, es como una persona que está  agonizando: se vuelve apático, negligente y ensimismado, sin fuerzas para reaccionar frente al mal, porque el corazón está latiendo los últimos golpes y la respiración está dejando al cuerpo.  Así es el Sacerdote que no permanece cada día delante del Santísimo Sacramento en humilde y devota oración.  ¿Qué puede hacerte más grande Sacerdote si no es ponerte en oración y adorar a Jesús, hablar con Dios y decirle a El de todo y de todos?  No tengo respuestas, o mejor dicho, el dolor de mi corazón me prohibe escribirlo.  ¿Y qué dolor sentirá el tiernísimo Corazón Divino de Jesús, que se conmovía hasta llegar a llorar cuando veía a las personas privadas de buenos guías "y eran como ovejas sin Pastor" (Mc 6, 34)?

¿Qué entiendo yo por orar?  Dejo que responda el Maestro, Aquel que es: "Hay que orar siempre sin desfallecer" (Lc 18, 1).  Aquí Jesús hablaba en general, esto es, para todos aquellos que lo siguen.  ¿Pero cuánto más estas palabras están dirigidas a los Sacerdotes, que tienen la tarea de conducir las almas hacia la salvación?

Es verdad, por varias razones no se logra orar bien.  ¿Pero se ha permanecido allí, donde antes se oraba con facilidad?  No lograr orar bien no significa que hay que abandonara la oración.  Hay que tratar de buscar con atención la causa de la tibieza.  San Juan de La Cruz sostiene que la mayoría de las veces proviene de los apetitos voluntarios (deseos carnales).  El afirma que los apetitos voluntarios "cansan al alma y la angustian; la atormentan y la afligen; la oscurecen y la ciegan; la ensucian y la manchan; la debilitan y la entibian". Y añade que el alma para alcanzar la unión con Dios, tiene que estar privada de todos los apetitos, por más mínimos que sean.  Por lo tanto, la mayoría de las veces el fervor no hay, porque el alma se encuentra en una especie de agonía espiritual.

No hay que orar solamente cuando se es movido por el fervor interior, sino cuando se está en la aridez.  Ciertamente, quien se encuentra muy avanzado en el camino del Espíritu, podrá tener unas arideces espirituales provocados directamente por Dios, y son arideces benditas.  Pero cuando se conoce que la causa proviene de la tibieza, enfermedad o pecados, se deberá hacer actos interiores de fe en estas circunstancias, como comienzo de la oración, para poner en movimiento el corazón, y así amar a Aquel que es el Amor.

Récese así:

"JESUS YO TE AMO, YO CREO EN TI, MI DIOS Y MI TODO.  ESTOY SEGURO QUE AHORA ME VES Y ME ESCUCHAS, A PESAR DE QUE YO PIENSE TAN POCO EN TI.  ATRAE MI CORAZON HACIA TI, CAMBIALO Y HAZLO PURO Y BUENO.  TE OFREZCO MIS DEBILIDADES, LAS FRAGILIDADES, EL DESCUIDO, PERO TU TENME SIEMPRE EN TU CORAZON, DAME TU AMOR Y TU GRACIA.  HAZ QUE YO TE SIENTA EN MI ALMA.  AYUDAME A DESPOJARME DE TODAS LAS MISERIAS HUMANAS, PARA QUE MI CORAZON SEA SOLAMENTE TUYO, MI BIEN Y MI AMOR.  FACILITA MI ENCUENTRO CONTIGO.  VEN A MI, DAME TU ESPIRITU.  TENGO NECESIDAD DE TI PORQUE SIN TI ESTOY LLENO DE MI, Y ESTOY VACIO DE TU AMOR DIVINO·".

La mayoría de las veces, la oración es descuidada porque el alma está perturbada, inquiera y angustiada.  ¿Cómo es que acontece esto?  Cuando el alma se pon e en contacto con la brea, se queda sucia y fea.  La brea son los pecados mortales, pero también los pecados veniales en las almas espirituales.  Con el pecado mortal el alma pierde la Gracia, la serenidad y el gozo.  Procura remover la tierra que se encuentra bajo las aguas de un lago muy limpio, y verás que el agua perderá transparencia y se convertirá en barro.  Cundo se cometen pecados, el  alma es privada de su Dios, está como muerta espiritualmente y no tiene fuerza o deseo de orar.  ¿Permanecer delante del Santísimo Sacramento en adoración?  Es un milagro en esas condiciones.  Solamente quien es dueño de sí mismo y tiene fuerte voluntad, logra permanecer en fuerte oración cuando no hay disposición para orar.  Por esto, el camino hacia la unión transformadora en Dios pasa por las purificaciones activas y pasivas.  Mientras el alma es más purificada, más estará unida a Jesús y la oración fluirá con mucha facilidad.  De este modo, toda la jornada se convertirá en oración ininterrumpida.  para que se dé esto hace falta una cosa:  EL DESEO.

Querer llenarse de Dios, vivir para dar máxima gloria a Dios, aspirar a una santidad insuperable, negarse a sí mismo y sacrificarse para quitar del corazón todos los intereses terrenales y ser libres para volar hacia arriba, llevados siempre por el Espíritu Santo.

Además del deseo, hace falta fortificar la oración, abrir el corazón a Jesús, ser sencillos como El porque El conoce ya todo, aun antes de que uno lo mencione.  Tener fe inmensa en Él, confiar ciegamente en el, que es Dios y Señor ´Todopoderoso; permanecer en su Corazón, que es descanso y gozo difícil de imaginar, porque Jesús es la Bondad infinita y su Amor Misericordioso quiere salvar a todos.  Tener la seguridad de la ayuda de Jesús y orar con la convicción de conseguir todo lo que se pide.  No puede faltar esta seguridad en quien reza (que es fe pura) porque de otra manera el tiempo de espera para conseguir Gracias podría ser muy largo. Jesús ha prometido estar muy atento a las oraciones que se le dirigen:  "Todo lo que pedís con fe en vuestra oración lo obtendréis" (Mt 21, 22); "Si pedís algo a mi Padre en mi Nombre, Él os lo dará" (Jn 16, 23).  Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los Cielos" (Mt 18, 19); "Por vuestra falta de fe; porque os aseguro, si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte:  desplázate allá, y se desplazará, y nada os será imposible" (Mt 17, 20);  "¨Todo es posible para quien cree" (Mc 9, 23);  "Por eso os digo, todo cuanto pidáis en le oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis si tenéis fe" (Mc 11, 24);  "Por eso Yo os digo:  Pedid y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.  Porque todo el que pide recibe; el que busca halla; y al que llama, se le abrirá" (Lc 11, 9-10).

¡El poder de la oración!  Esta es la clave para conseguirlo todo. Pero sucede que a veces se pide muchas Gracias sin orar suficientemente.  ¿Quién tiene que enseñar con el ejemplo y las palabras a orar?  El Sacerdote.  Pero es sobre todo el Sacerdote quien tiene que pedir continuamente Gracias para aquellos que son confiados a él.  El Sacerdote cada día tiene que orar para ser perseverante y santificarse, por los fieles y todas las necesidades del mundo.  Es el nuevo Moisés, y como él tiene que permanecer con los brazos elevados e invocar ayudas y Gracias para los fieles, para aquellos que guían y por el mundo entero.

Quiero transcribir un hermosísimo episodio bíblico, en le que la fe y la dulce insistencia de Moisés hicieron renunciar a Dios de su propósito de castigar a los israelitas, porque lo habían traicionado:  "¿Por qué, Señor, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que Tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte?  ¿Van a poder decir los egipcios: por malicia los ha sacado, para matarlos en las montañas y para exterminarlos de la faz de la tierra?  Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo.  Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a los cuales juraste por Ti mismo:  Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; toda esta tierra que os tengo prometida, la daré a vuestros descendientes, y ellos la poseerán como herencia para siempre.  Y el Señor renunció a lanzar el castigo que había amenazado dar a su pueblo" (Ex 32, 11-14). El pueblo merecía un fuerte castigo porque hacía lo contrario de lo que Dios pedía, y por esto era merecedor del castigo.  Eran las palabras humildes de Moisés y su corazón puro quien detuvo el castigo que merecían los judíos.  Y dios en otra situación semejante dijo a Moisés:  "Haré esto que me acabas de pedir, pues has hallado Gracia a mis ojos, y Yo te conozco por tu nombre" (Ex 33, 17).  Era suficiente que Moisés orara para que Dios renunciara a castigar al pueblo pecador.

¿Y Abraham, el otro mediador que trató de encontrar solamente a diez justos en una ciudad para que Dios no la castigara?  En efecto, si tan solo hubiera habido diez justos, Dios hubiese perdonado a la ciudad de Sodoma y Gomorra aceptando la propuesta de Abraham. "Tampoco haría destrucción, en consideración de los diez" (Gn 18, 32).  Pero no había dicha cantidad de justos...

Dios no castiga si no que perdona a los malos por consideración hacia su siervo y fiel amigo.  "Y ahora tomad siete becerros y siete carneros, presentaos a mi siervo Job y ofrecedlos en holocausto por vosotros.  Mi siervo Job intercederá por vosotros" (Job 42, 8).

¿Y cuántas veces Dios ha perdonado y perdona a los pecadores por consideración a un alma víctima que sufre, se sacrifica y expía por los demás? Ahora: ¿cuanto más podrá el Sacerdote que es semejante a Jesús?  EL PODER DEL SACERDOTE ES TAN ILIMITADO, que ninguna mente humana puede comprenderlo.  Pero si el Sacerdote no reza y no habla con Dios al igual que Moisés; no tiene la fe de Abraham y nada puede obtener; y no es justo como Job y no anula las culpas de los enemigos;  ¡nada, absolutamente nada vale delante de Dios su vida!  Es una afirmación muy fuerte, pero es la verdad, porque se consigue solamente si uno se lo merece, de otra manera Dios no concede.  LAS ALMAS SE COMPRAN Y LAS GRACIAS SE ARRANCAN.

El científico Enrique Medi, devoto e hijo espiritual del Padre Pío de Pietrelcina, en una conferencia que tenía por título:  "Esta es nuestra Fe", ha dicho sin medios términos, el 11 de febrero de 1970 en Prato:  "Todos nosotros queremos ver ante todo al Sacerdote santo, al Sacerdote sabio, al Sacerdote sencillo, al Sacerdote crucificado cada día por el amor a las almas y por el ardor de los corazones.  Sacerdote, tú eres nuestra fe, tú eres nuestra luz, ay si la llama se apaga, ay si la sal de la tierra pierde su sabor.  El Sacerdote es el joven de Dios, El Sacerdote es el astronauta de Dios.

Acuérdate oh siervo de Dios, que tú no eres como los demás.  El día en el cual el Espíritu Santo ha grabado sobre ti un carácter eterno has dejado de ser un hombre común.  Tú, Sacerdote de Dios que tienes que llevar por el camino de la salvación a los hombres, piensa en tus infinitas responsabilidades.

Si tú, Sacerdote, eres santo, eres grande, eres humilde, eres sacrificado, mueres cada día consumido por el Amor del Divino Espíritu y por el encanto de María, la juventud se salvará.

Se habla de muchas cosas desde los púlpitos durante la Misa, de muchas cosas que a nosotros no nos interesan nada.  Siempre problemas sociales, los ricos, los pobres, pero todos somos tan inmensamente pobres, estamos todos inmensamente afligidos, todos estamos privados de Ti, oh Padre nuestro que estás en los Cielos.

Nosotros queremos una riqueza, Sacerdote: tu corazón, tu amor, tu fe, tu Iglesia, tu crucifijo, tu Rosario, queremos la oración,  QUEREMOS QUE NOS HABLES DE DIOS.  El mundo hoy va hacia la ruina, a la masacre, hacia la muerte, porque al negar a Dios ha perdido la esperanza de la vida.  De esto tenemos necesidad nosotros.  HABLANOS DE DIOS".

SACERDOTE, ¿QUIÉN ERES TU? P. Julio María Scozzaro.

SACERDOTE Y VICTIMA

Entre los propósitos de todo Sacerdote deben pedir principalmente estos: "Quiero ser Santo y víctima de amor, para la gloria de Dios y la salvación de todos los pecadores; bálsamo para los enfermos y los que sufren; pan ácimo para ofrecer a todos los necesitados. Ser Sacerdote sin límite alguno, sin decir ni una sola vez no a Jesús. Entregarme siempre con amor. Estos son ya mis compromisos".

El Sacerdote actúa en la Persona de Cristo, porque ha recibido sus poderes. En la Ordenación, el Sacerdote ha sido asemejado a Cristo. Si es Cristo cuando administra los Sacramentos, lo es también en la totalidad de su existencia. Es Cristo Sacerdote, y tiene que ser necesariamente Cristo víctima. El Sacerdote puede rechazar esta identidad, pero vivirá parcialmente su Sacerdocio. Quien se abandona en Jesús y quiere transformarse en El, no desea otra cosa que hacer la Voluntad de Dios y revivir en todo su cuerpo y en su persona, lo que ha experimentado Jesús. "COMO ME HAN PERSEGUIDO A MÍ, ASÍ OS PERSEGUIRÁN A VOSOTROS" (Jn 15, 20), en el sentido que cuanto más Jesús esté presente en el alma más penas y pruebas tendrá; éstas son las señales de que se está imitando seriamente a Jesucristo.

Significa compartir con Jesús sus mismos sufrimientos, porque de otra manera El afirma: "AY DE LOS HOMBRES CUANDO HABLAN BIEN DE USTEDES" (Lc. 6, 26). La transformación en El implica el compartir las penas y persecuciones, para después, en el Paraíso, gozar con Él de la Gloria eterna. Pero los perseguidos por el Nombre de Cristo están sobre todo llenos de gozo: "INSULTADOS, BENDECIMOS; PERSEGUIDOS, SOPORTAMOS; CALUMNIADOS, CONFORTAMOS" (1 Cor 4, 12-13)., San Francisco de Asís en el momento de mayor tribulación se decía a sí mismo: "ES TANTO EL BIEN QUE ME ESPERA, QUE TODA PENA ES PARA MÍ GOZO". Los verdaderos seguidores de Jesucristo tienen que vivir la última sorprendente y consoladora bienaventuranza: "DICHOSOS SERÉIS CUANDO OS INJURIEN Y OS PERSIGAN Y DIGAN CON MENTIRA CONTRA VOSOTROS TODA CLASE DE CALUMNIAS POR MI CAUSA. ALEGRAOS Y REGOCIJAOS, PORQUE SERÁ GRANDE VUESTRA RECOMPENSA EN LOS CIELOS, PUES ASÍ PERSIGUIERON A LOS PROFETAS ANTERIORES A VOSOTROS" (Mt 5, 11-12). En cambio, los falsos seguidores de Cristo son aquellos que persiguen a los buenos con persecusiones y calumnias, nacidas solo y exclusivamente de la envidia.

LA ENVIDA ciertamente es el origen de todos los males. Por la envidia los buenos sufren persecuciones en silencio, y los malvados por la envidia obran en las tinieblas.

Toda la Vida de Jesús ha transcurrido en medio del sufrimiento, de la incomprensión, de la persecución, de la envidia y de la maldad ajena. El Víacrucis de Jesús ha durado toda su vida, y no solamente en la Semana Santa. Baste leer con atención el Evangelio para comprender cuáles serían los estados de ánimo de Jesús, los sufrimientos de debía llevar en el Corazón. Durante 30 años sufrió en silencio al ver la indiferencia del pueblo elegido, que no quería amar a su Padre, como lo había dicho el profeta. En los tres años de Vida pública se dedicó completamente a llevar por todo el territorio de Palestina, su mensaje de Amor, Misericordia, caridad y perdón; para enseñar que quien ama a Dios ama al prójimo y lo ayuda; para curar a los lisiados, enfermos, ciegos, leprosos, dar vida a los muertos y realizar incalculables milagros. Pero Palestina no lo reconoció (Jn 1, 10) como el Mesías y lo clavó en la Cruz. Han sido tres años de amarguras, incomprensiones, sufrimientos interiores difíciles de imaginar, humillaciones de quien El -el inocente- había beneficiado y curado. Sí, la Vida pública de Jesús ha sido impregnada de sufrimientos interiores, que nadie podrá jamás mínimamente entender. Jesús ha aceptado todas las humillaciones, ha besado los sufrimientos, ha tomado todo el mal sobre sí, ha expiado en la Cruz por todos los pecadores. Ahora bien, este Jesús a sido Sacerdote y Víctima.

Todo Sacerdote está llamado a ser víctima, no ciertamente de la misma manera que Jesús, pero víctima seriamente. Tiene que estar listo para soportar en silencio críticas y persecuciones; aceptar incomprensiones por parte de los hermanos, de los amigos o de los Superiores; perdonar a aquellos que se lanzaron contra él; orar cada día de un modo especial por aquel que no le acepta y no le comprende; permanecer en la paz cuando es ignorado; olvidar prontamente el mal de quien le ofende; amar a todos y amar con el Corazón de Jesús. El verdadero Sacerdote de Jesús tiene que sufrir con valor, callar con firmeza y ofrecerlo todo a Jesús con inmenso amor por la salvación de la humanidad.

El Sacerdote no tiene que preocuparse acerca del tipo de sufrimientos que podrían llegarle, o cuáles puede aceptar y cuáles no, sino que tiene que abandonarse completamente a Jesús y dejar que El haga. Jesús es tan bueno que no permite pruebas más allá de la capacidad de la persona. Pero, si falta esta disposición en el Sacerdote, no podrá jamas convertirse en otro Jesús, el Maestro. ¿Cómo se llega a ello? El primer medio es la meditación. Cada día no puede faltar el Sacerdote la meditación, para conocerse a sí mismo, para destruir a su propio yo, para tener mayores propósitos orientados a la santidad y será muy fácil caminar en el camino doloroso, en el camino de los Santos, porque ya ha sido bañado en la Preciosísima Sangre de Jesús.

¡Ser Sacerdote, qué responsabilidad delante de Dios! Es sencillo hablar de una Ordenación Sacerdotal, pero si se comprendiera lo que significa llegar a ser Sacerdote, nadie quisiera llegar a serlo, porque la responsabilidad delante de Dios es inmensa. Pero, la Gracia Sacramental da al Sacerdote la asistencia adecuada para trabajar serenamente en la viña del Señor.

Tú, Sacerdote has sido escogido por Dios desde toda la eternidad: "NO ME HABÉIS VOSOTROS ELEGIDO, FUI YO MISMO QUIEN OS ELEGÍ" (Jn 15, 16). Estas palabras Jesús las repite a todos, a cada Sacerdote y a cada elegido.

Cada Sacerdote conoce según la propia unión con Jesús y la propia transformación en El, lo que significa y lo que conlleva ser Sacerdote Cada Sacerdote tiene conciencia de su delicadísima misión, y por esto se ha hecho Sacerdote. PERO EL SACERDOTE NECESITA DE LA ORACIÓN DE LA COMUNIDAD, SOBRE TODO CUANDO ES GUÍA DE UNA COMUNIDAD NUMEROSA.

Muchas veces el Sacerdote es perturbado por múltiples actividades y compromisos de la Parroquia. Pero la perturbación no es una buena señal, porque vivir en Jesús, de Jesús y para Jesús significa abandonarse en El. "NO ANDÉIS PREOCUPADOS POR VUESTRA VIDA, QUÉ VAIS A COMER, O A BEBER PARA SUSTENTAROS, O CON QUÉ VESTIDO VAIS A CUBRIR VUESTRO CUERPO. ¿NO VALE MÁS LA VIDA QUE EL ALIMENTO, Y EL CUERPO QUE EL VESTIDO?...ASÍ QUE NO ANDÉIS PREOCUPADOS DICIENDO: ¿QUE COMEREMOS? ¿QUÉ BEBEREMOS? ¿CON QUÉ NOS VESTIREMOS? ESAS SON LAS COSAS QUE INQUIETAN A LOS PAGANOS. YA SABE VUESTRO PADRE CELESTIAL LO QUE NECESITÁIS. BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODAS ESAS COSAS SE OS DARÁN POR AÑADIDURA" (Mt 7, 12).

Esta es la regla de oro. "POR TANTO, YA COMÁIS, YA BEBÁIS O HAGÁIS CUALQUIER COSA, HACERLO TODO PARA GLORIA DE DIOS" (1 Cor 10, 31).

Escribe una Sierva de Dios: "SIN DUDA ALGUNA EL SACERDOTE PUEDE CONSAGRAR, ABSOLVER Y SACRIFICAR, PERO TODO ES DADO A MEDIDA DE SU AMOR Y DE SU PUREZA. TODO, ES DECIR: AQUEL DIVINO EFLUVIO DE GRACIAS DIVINAS ESPECIALES PARA EL SACERDOCIO, ESE PODER DE AMOR SOBRE LAS ALMAS PARA LLEVARLAS A DIOS, ESA AUTORIDAD SOBRE LOS ESPÍRITUS MALIGNOS PARA PONERLOS EN FUGA, ESAS LUCES ADMIRABLES PARA DISCERNIR LA LLAMADA DE CADA ALMA, LOS DESIGNIOS DE DIOS SOBRE ELLA, EL CAMINO POR EL CUAL HAY QUE CONDUCIRLA, ESE VALOR PARA SOSTENER LAS FATIGAS DEL APOSTOLADO, O EL RIGOR DE LAS PERSECUCIONES, ESA ELOCUENCIA PARA DEFENDER LA VERDAD, ESA FUERZA PARA PERMANECER CASTOS, ESOS PRIVILEGIOS, ESOS DONES, ESAS GRACIAS DESTINADAS POR DIOS AL SACERDOCIO".

Sacerdote, quién eres tú? Padre Julio Maria Scozzaro.

EL SACERDOTE, HIJO PREDILECTO DE MARÍA.

La Virgen ha hablado de los Sacerdotes a un Sacerdote para que se difunda en el mundo la devoción a la Reina, Corredentora y Abogada del mundo. A ti te ha dirigido y a todos los Sacerdotes-sus hijos predilectos-estas palabras, que tienen sabor de Cielo: "Cada día que pasa te quiero siempre más unido a mi Corazón, lejos de los acontecimientos humanos, que mucho trastorna al mundo y perturban a mi Iglesia, para estar solamente conmigo.  Te quiero en oración junto a mí.  Camina en la sencillez y en el total abandono: Jamás se perturbe tu corazón. Tienes que permanecer siempre pobre, sencillo, humilde; tienes que sentirte como mi niño, el más pequeño.  Yo estaré contigo, no temas. Déjate guiar por mí, permanece siempre en mi Corazón. 

Entrégame todas las dificultades que encuentras, todos los dolores y los abandonos que experimentas. Nada consuela tanto ami Corazón Inmaculado y Adolorido como un sufrimiento que por amor me es ofrecido por parte de mis hijos Sacerdotes.  Jesús también ha querido ofrecer al Padre todos sus sufrimientos junto conmigo.  Es así que, ofreciendo a mi Hijo libremente al Padre, he llegado a ser la verdadera CORREDENTORA.

Que estos hijos míos me ofrezcan todos los sufrimientos, todas las incomprensiones, y todas sus dificultades. Es el mejor regalo que pueden hacerme, porque de esta manera me permiten realizar en este tiempo vuestro, la tarea de Madre y de Corredentora.  Salvaré a muchas almas redimidas por Jesús y ahora muy alejadas, porque mis hijos, conmigo, pagarán por ellas...".

"Estos son momentos muy importantes y graves que exigen de parte de mis Sacerdotes mucha, mucha oración.  La oración de mis Sacerdotes es necesaria para la salvación del mundo.

Permaneced unidos en la oración. Así vosotros dais fuerza a mi maternal obra de intercesión y de reparación; suplicad al Padre y al Hijo el Don del Espíritu Santo que dulcemente transformará toda vuestra vida; sed de gran ayuda a muchos de vuestros hermanos e hijos predilectos míos, a los que ¨Satanás especialmente hoy acecha, hiere y engaña.  Permaneced unidos en la hermandad.

Creced siempre más en el amor entre vosotros.  Superad las insidias de mi adversario que trata de llevaros a la división, poniendo obstáculos a vuestra comprensión fraternal y a vuestra mutua caridad, que yo quiero que sea vivida por vosotros de una manera perfecta.

Por esto os invito a la pequeñez, a la humildad, a la docilidad, a la sencillez.  Sed mis apóstoles, difundid por doquier la única Luz de Cristo.

Que la Santa Misa sea celebrada bien, que sea vivida por mis Sacerdotes.  La Liturgia de las Horas tiene que ser para vosotros un llamado para consagrarme cada momento de vuestra jornada.

El Rosario tiene que ser un momento de conversación conmigo: oh, tenéis que habladme y escuchadme, porque yo os hablo dulcemente, como hace la mamá con sus niños. Pero también cada acción de vuestra jornada puede convertirse en oración. Esto acontece cuando dejáis gritar al Espíritu en vosotros, que hoy también gime con gemidos indecibles, invocando a Dios como Padre,  Buscad al Padre, llamadlo Papito, queredlo como Papá de vosotros y de todos mis hijos.

Debéis ser pequeños para llegar a ser dóciles instrumentos para mi plan y para atraer sobre vosotros la complacencia de mi Hijo Jesús.  ¡CUANTO OS AMA JESÚS, hijos míos predilectos!  Os ama precisamente porque queréis ser pequeños, pobres, sencillos, humildes. Debéis ser pequeños para enfrentar a Satanás que logra seducir por el orgullo y la soberbia.  Os pido que correspondáis a mi acción con vuestra docilidad interior y exterior.

¡Cuántos de vosotros huís y abandonáis mi Iglesia!  Unos dejan a la Iglesia para seguir al mundo; otros permanecen en la Iglesia, y por agradar al mundo la abandonan con el alma y con el corazón.

La Iglesia no es amada por parte de muchos de vosotros. El Vicario de mi Hijo se encuentra en un abandono que cada vez se hace más grande.

Los Obispos unidos con el Papa sienten en el alma la espina de esta soledad:  Son siempre más criticados, cuestionados y abandonados por sus Sacerdotes.

SACERDOTES, HIJOS PREDILECTOS.  ¿POR QUE TRAICIONÁIS TODAVIA? ¿POR QUE TODAVIA PERSISTIS EN VUESTRA TRAICIÓN?  ¡POR QUE NO VOLVEIS? Con la consagración a mi Corazón Inmaculado, me habéis confiado vuestro Sacerdocio.  Lo habéis puesto a mi cuidado.

Debéis dejaros formar por mí.  Os quiero humildes, silenciosos, recogidos, ardientes de amor hacia Jesús y las almas. Solamente así llegareis a ser grandes ante mis ojos.  Os quiero llenos de confianza, abandonados a mí, sin preocupaciones humanas.  Os quiero mortificados en los sentidos, perseverantes en la oración, reunidos alrededor de Jesús Eucaristía, como lámparas vivientes de amor.  Os quiero siempre más puros; así vosotros finalmente me podréis ver.  Me veréis con los ojos del alma, si cerráis los ojos del cuerpo a la vanidad de este mundo".

ADVERTENCIAS DEL MAS ALLA A LA IGLESIA CONTEMPORANEA. Padre Arnold Renz.

DESCUIDO DE LAS ORACIONES.

V: Pensaba, ahora ya soy sacerdote. He conseguido mi propósito. Al principio, puede decirse que he cumplido bien con mis obligaciones sacerdotales. Pero de pronto, me resultó demasiado monótono. EMPECÉ POR DESCUIDAR LA ORACIÓN DEL CELIBATO. Al principio no he rezado ya toda la oración. Poco a poco, cuando había tenido un día muy ocupado, o que por lo menos así me parecía, no he rezado toda la oración, o la he aplazado. Y de pronto la cuestión había llegado a...¡No quiero hablar más!

E. ¡Di la verdad, Verdi, en nombre de Jesucristo, en honor de Dios! ¡Di la verdad sobre tu vida para que sirva de advertencia a los sacerdotes!

V: Llegué a un punto, en que pensé, ¡Ah! Esas oraciones tan aburridas del breviario; me quitan muchísimo tiempo. Pero hubiera sido mejor que no hubiera pensado en eso, porque (con una voz desgraciada), al no rezar la oración del breviario fue mi perdición. Cuando dejé de rezarlo fui cayendo sucesivamente en el pecado. Pero cuando caí en el pecado de la deshonestidad, como es natural, ya no he leído la misa con devoción. Y siguió toda una cadena de reacciones. Cuando ya no leía la misa con devoción, ya no estaba en estado de gracia. Toda la Biblia, y todo lo que en ella se dice, era un reproche para mí. También eran una advertencia para mí los diez mandamientos, porque en el verdadero sentido, ya no vivía según ellos. Porque había sido para mí una advertencia, tampoco quería realizar la enseñanza de los niños bien y en toda su profundidad. ¿Cómo hubiera podido instruirlos sobre lo bueno, si ya no seguía yo ese camino? Por eso tengo que decir...¡Pero no quiero hablar!

E: ¡En nombre de Jesucristo, en nombre del Santísimo Sacramento del Altar, di la verdad y solamente la verdad sobre la vida de los sacerdotes!

V: Por eso tengo que decir a esos modernistas y humanistas o como se llamen ahora en estos tiempos, les va, o les irá, lo mismo que a mí. ¿Cómo pueden predicar a los niños y a los laicos algo, que ellos mismos no siguen en su vida? Tendrían que mentir. (gime). No quiero...

E: ¡Di la verdad y solamente la verdad en nombre de Jesucristo, en nombre de la Santísima Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, del Santísimo Sacramento del Altar...en honor de Dios!

V: Los corazones de muchos se han convertido en verdaderos antros de asesinos. Si todavía no lo son ahora, ya están infectados. ¿PERO CÓMO ES POSIBLE QUE UNA MANZANA, EN LA QUE YA VIVE Y EXISTE UN GUSANO, PUEDA SEGUIR SIENDO UNA MANZANA SABROSA, E INTEGRA, Y EXHALAR, A LA LARGA, SU AGRADABLE AROMA? Eso solo puede hacerlo un sacerdote que vive virtuosamente y que es virtuoso. Si los sacerdotes de hoy en día viviesen virtuosamente ante el mundo y ante la juventud, tendríais un mundo mil veces mejor del que tenéis hoy en día. ¿Cómo puedo yo difundir lo bueno, si no lo tengo en mi mismo? ¿Cómo puedo predicar sobre el Espíritu Santo, si soy feliz si no lo oigo...?

E: Di la verdad, Verdi Garandieu, la verdad en nombre de Jesucristo!

SACERDOTE, ¿QUIÉN ERES TU? (padre Julio María Scozzaro).

Son incisivas las palabras de la Imitación de Cristo para ti, Sacerdote: "Deberías tener una pureza angelical y la santidad de Juan Bautista para que seas digno de recibir y administrar el Sacramento de la Eucaristía. ¡Maravilloso misterio y sublime dignidad de los Sacerdotes, a quienes es dado lo que a los Ángeles no es concedido! Tienes que creer más en Dios Todopoderoso en este sublime Sacramento de la Eucaristía, que a tus sentidos y a cualquier otro signo sensible. Reflexiona y mira qué compromiso te ha sido confiado con la imposición de las manos del Obispo. He aquí, tú has llegado a ser Sacerdote y consagrado para celebrar, trata de ofrecer a Dios el sacrificio fiel y devotamente, en el tiempo debido, y MUÉSTRATE IRREPRENSIBLE. Con el Sacerdocio no has aliviado tu carga, te has atado a un estrecho vínculo de disciplina, OBLIGÁNDOTE A UNA MAYOR PERFECCIÓN DE SANTIDAD".

Es cuanto nos recuerda el Concilio Vaticano II: "Los Sacerdotes están obligados especialmente a tender a la perfección puesto que ellos han recibido una nueva consagración a Dios a través de la Ordenación-, son elevados a la condición de instrumentos vivos de Cristo Eterno Sacerdote, para proseguir en el tiempo su obra adminable" (P.O. 12).

El modelo de tu vida y la persona que más conoces y amas, no puede ser otro sino Jesús. ¿Qué hacer para imitar a Este sublime modelo? Como han hecho los Santos. Cada Sacerdote copia a Jesús en sí mismo según su propia generosidad. El patrono de los Sacerdotes no es San Pedro, ni San Pablo y ni siquiera San Antonio de Padua, sino un Sacerdote muy pobre y muy sencillo: San Juan María Vianney (el Santo Cura de Ars). ¿Por que? La respuesta la dio él mismo a un Hermano que se lamentaba por la poca eficacia de su Ministerio:

"¿Tú has orado, suplicado, gemido y suspirado? ¿Has hecho ayuno? ¿Te has despertado, te has acostado en el suelo, te has dado la disciplina (azotes en tu cuerpo)? Mientras no hayas llegado a esto no creas haberlo hecho todo"

Todo pasa, querido Sacerdote, solo Dios permanece, y este Dios es tu Padre. Si has incentivado la unión con El, no temas, porque es Padre bueno y te abraza como si nada hubiera sucedido.

SACERDOTE, Quién eres tu? (Padre Julio Maria Scozzaro).

EL SACERDOTE TIENE QUE BRILLAR EN MEDIO DE LOS HOMBRES POR HONESTIDAD, LEALTAD, SINCERIDAD, PUNTUALIDAD, CORTESÍA, RECTITUD Y TODAS LAS OTRAS VIRTUDES HUMANAS. Si el Sacerdote no muestra estas cualidades jamás será un "pescador de hombres" (Mt 4,19), no ayudará a Jesús a salvar las almas, sino que probablemente las arruinará.

Ciertamente, el aspecto trágico de la infidelidad de un Sacerdote, es que lleva tras de sí a muchas almas al precipicio de la perdición. COMO UN SANTO SACERDOTE SANTIFICA A TODAS LAS ALMAS, ASÍ, AL CONTRARIO, UN SACERDOTE INFIEL LLEVA CONSIGO A MUCHOS LEJOS DE JESÚS Y TAL VEZ A LA PERDICIÓN ETERNA.

El amigo del Santo Cura de Ars, el venerable Padre Chevrier, decía a los Teólogos que estaba formando para el Sacerdocio: " El Sacerdote tiene que ser otro Cristo. Pensando que el pesebre tiene que ser HUMILDE Y POBRE,, y más será tal y más gloria dará a Dios y será útil al prójimo: El tiene que ser UN HOMBRE DESPOJADO DE TODO.

Al recordar el Calvario tiene que pensar en inmolarse a sí mismo para dar la vida. El Sacerdote tiene que ser UN HOMBRE CRUCIFICADO.

Pensando en el Tabernáculo tiene que acordarse que tiene que entregarse continuamente a sí mismo a los demás, tiene que llegar a ser un buen pan para las almas: El Sacerdote tiene que ser UN HOMBRE COMIDO".

En efecto, se el Sacerdote es otro Cristo, para vivir dignamente su sublime vocación, tiene que obrar y amar como lo ha hecho Jesús. No hay alternativa a la cuestión: Con Jesús o contra El.

Las almas quieren ser ayudadas, no como quiere el mundo, sino como quiere Jesús, y tú eres otro Cristo. Grande eres Sacerdote Y TODOS DEBERÍAN VENERARTE, PERO MUCHOS YA NO LO HACEN, ¿TAL VEZ RECIBIERON MALOS EJEMPLOS DE TI?

Al Sacerdote se le cree cuando imita a Jesús y pone en práctica sus enseñanzas. "Yo os aseguro, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12,24).

HACE FALTA PRIMERAMENTE MORIR A SI MISMO, ABANDONAR EL AMOR PROPIO,DEJAR DETRÁS DE SI LAS PROPIAS OPINIONES, LAS MANERAS PERSONALES DE VER LA REALIDAD SOBRENATURAL Y TODO LO QUE ESTE DE IMPEDIMENTO PARA HACER SURGIR PLENAMENTE EN EL PROPIO CORAZÓN EL AMOR DE DIOS. ES NECESARIO NEGARSE A SI MISMO.

EL SACERDOTE ES OTRO CRISTO. Padre Julio María Scozzaro.

Nadie sobre esta tierra podrá penetrar el misterio grandioso de la dignidad del Sacerdote. La mayor parte de los fieles no han pensado en la gloria sublime con la que ha sido investido un Sacerdote en su Ordenación. Por este motivo son pocas las personas que veneran al Sacerdote por su grandeza, y muchas están listas a condenarlos, si cometen una mínima equivocación. Pero el Sacerdote sigue siendo un hombre, con sus limitaciones y defectos, que ciertamente serán mínimos si lleva una vida evangélica y penitente acompañada por una fuerte oración.

DE LOS MUCHOS SACERDOTES SANTOS QUE VIVEN OCULTOS, EN EL SILENCIO, EN LA CONTINUA Y DULCE UNION CON JESUS Y LA VIRGEN CASI NO SE HABLA DE ELLOS, MIENTRAS QUE HACEN NOTICIA AQUELLOS QUE SE COMPORTAN COMO JUDAS,QUE ESTABA CON JESUS Y AL MISMO TIEMPO LO TRAICIONABA Y PREPARABA SU MUERTE. HOY TAMBIEN JESUS ES TRAICIONADO POR NUEVOS JUDAS, PERO HAY QUE DEJAR A DIOS EL JUICIO. A NOSOTROS NOS CORRESPONDE SOLAMENTE ORAR E INVOCAR LA INFINITA MISERICORDIA DE DIOS.

Con respecto a los Sascerdotes santos, es verdad, estos buenos Sacerdotes huyen de los aplausos, tienen un concepto muy bajo de si mismos y no quieren que se hable de ellos, pero en realidad el mundo corrupto no quiere hablar de ellos porque son ejemplos que reprochan sus conciencias malvadas y pérfidas. Estos Sacerdotes son anacrónicos, esto es, considerados fuera de moda por el mundo corrupto, porque este mundo inmoral quiere que el Sacerdote siga la moda, y ya no a Jesucristo. ¿Pero cómo será posible que un Sacerdote siga la moda de este mundo y se considere Sacerdote de Jesucristo?

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís