FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

"A MIS SACERDOTES" De Concepción Cabrera de Armida. CAPITULO X: Jesús quiere una reacción en el clero por el Espíritu Santo y la Oración.

Mensajes de Nuestro Señor

Jesucristo a sus Hijos Los Predilectos. 


(“A mis Sacerdotes” de Concepción Cabrera de Armida) 


X



Jesús quiere una reacción en el clero por el Espíritu Santo y la Oración. 


Quiero una reacción viva, palpitante, potente y poderosa del clero, por el Espíritu Santo; quiero renovar el fervor en corazones dormidos; quiero extinguir la impureza, el lucro, la avaricia, la codicia, el mundo en fín, que se ha infiltrado en muchos corazones de los míos. Este cúmulo de vicios en los corazones de los que me pertenecen hace que se entibie su fe, y que vivan arrastrando su vocación sacerdotal. 

Y ¿Cuál es el remedio? El Espíritu Santo en general, pero en particular, su remedio está en la oración, en esas horas de trato intimo Conmigo en las que Yo derramo mis luces con más abundancia, en las que me acerco a los corazones y les comunico mi Espíritu, y los conforto, y los ilustro, y los enciendo, y les facilito con mi amor el camino del deber, el espinoso sendero que deben recorrer sacrificándose. 

Un sacerdote ya no se pertenece; es otro Yo y tiene que ser todo para todos; pero ha de santificarse primero, que nadie da lo que no tiene, y solo el Santificador santifica. 

Por consiguiente, si quiere ser santo como es su deber ineludible, debe estar poseído, impregnado, del Espíritu Santo; porque si este divino espíritu es indispensable para dar la vida de la gracia a cualquier alma, para las almas de los sacerdotes debe ser Él su aliento y vida. 

Si son Jesús los sacerdotes ¿cómo no han de tener el espíritu de Jesús? Y ¿cuál es éste, sino el Espíritu Santo? Sus desalientos, sus tentaciones, su tibieza y hasta sus caídas vienen del descuido punible que muchos tienen para la oración; porque viven aturdidos en las cosas del mundo, o por el cúmulo de ocupaciones buscadas que les estorban; porque rebajan su dignidad por su familiaridad por personas de quienes debieran hacerse respetar; por no huir de las ocasiones; por dar lugar a las vanidades humanas; por su falta de mortificación interior y exterior; por ver como secundarios sus sagrados deberes, como el Oficio Divino, etc., sintiéndolos como pesada carga. Pero todo les viene por su disipación, falta de oración y unión Conmigo; y esta falta tiene su raíz ¡ay! En la falta de amor, que es lo que más contrista mi corazón. 

Necesita ahora más que nunca el Clero del calor de sus Pastores, del cuidado de sus almas, de procurarles retiros y ejercicios, y atracción paternal en todos los sentidos. 

Satanás hace su cosecha con pecados ocultos, con ocasiones peligrosas, con finos lazos de hipocresía traidora: las almas de los sacerdotes son su manjar más codiciado. 

Que las almas oren y se sacrifiquen en mi unión por esa parte escogida que mucho necesita, en estos momentos críticos, de oraciones y penitencias, de gracias especiales que se comprar con dolor. 

He querido dar a mi Clero una lección de amor; he querido herir en lo más íntimo el fondo del corazón de los míos. Y si no, ve quienes están sufriendo en esta prueba por la que cruza mi Iglesia; mis sacerdotes y religiosos. Y es que quiero purificarlos, acrisolar su virtud; porque si mucho me hieren las ofensas ocultas, pero patentes a mis ojos, de los que debieran ser solo míos. 

Claro está que los buenos pagan por los malos, que hay almas inocentes que sufren las consecuencias de las que no lo son, pero estas precisamente puras y limpias, son las que están comprando gracias y apresurando el tiempo de la libertad y de la paz. 

Los Obispos tienen que cargar las culpas de sus hijos, cómo Yo tengo que cargar las culpas de los míos. Purgarán sus deficiencias culpables los que las tengan –Obispos y sacerdotes- y se purificarán con sus penas el triunfo de la Iglesia y la santificación de los suyos. 

No crean que todo es castigo en ésta época desoladora de la Iglesia, que mucho es prueba para acrisolar la fe y la unión de los corazones. 

Había mucha tierra en muchos de los que yo amo, y este sacudimiento general, será saludable. Tampoco este sacudimiento general, será saludable. Tampoco crean que Yo no veo los sufrimientos, ni escucho las plegarias, pero tengo mis tiempos, y estoy haciendo reaccionar a muchos corazones dormidos. 

El triunfo vendrá por el Verbo, por el Espíritu Santo en el Padre, por medio de María. Que todos esperen confiados y serenos, la hora de Dios”.


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"A los sacerdotes, hijos  predilectos de la Virgen Santísima"


Tengo necesidad de todo vuestro sufrimiento, es el arma más preciosa y eficaz para usar en la batalla mía"

Advertencias Del Mas Alla a La Iglesia Contemporánea. (Padre Arnold Renz).

LUCHA CONTRA EL INFIERNO CONJURACIÓN DEL MALO.

El Papa Pablo VI ha dicho de forma insistente en la audiencia general del 15 de noviembre de 1972: "¡Amados!  ¿Qué es lo que necesita más urgentemente la Iglesia hoy en día! Nuestra respuesta no debe asombraros ni pareceros simple, o hasta supersticiosa e irreal: UNA DE LAS MAYORES NECESIDADES DE NUESTRA IGLESIA ES LA DEFENSA CONTRA ESE MALO, QUE LLAMAMOS DEMONIO".  El Santo Padre explica a continuación detalladamente la existencia, la efectividad y la defensa contra Satanás.  ¡Qué poder tenemos nosotros, los cristianos, contra el Malo! Solamente tenemos que utilizarlo por medio del llamado exorcismo.



ORACIÓN DE SANTA TERESITA.

¡Oh Jesús! Eterno Supremo Sacerdote, guarda a tu sacerdote al abrigo de tu santísimo Corazón, donde nadie le pueda dañar: Conserva inmaculada sus manos consagradas, que tocan diariamente tu sagrado Cuerpo.Conserva limpio y puro su corazón, que esta sellado con la sublime señal de tu glorioso sacerdocio. Has que crezca en el amor y la fidelidad hacia Ti y protégelo contra el contagio del mundo. Concédele, con el poder de la transformación del pan y del vino, también el poder de la transformación de los corazones. Concede muchos frutos a su trabajo y dale, en su día la corona de la vida eterna. Amén.




UN EXORCISMO POTENTE Y CORTO.

¡Retroceded, espíritus malignos, en nombre de la Santísima Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! ¡No veáis, no oigáis, no deslumbréis, no induzcáis en tentación, no dañéis, no atéis, soltad las ataduras! El Señor, nuestro Dios, os ordena; Marcháos y no volváis, en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




LAS ALMAS CAEN EN EL INFIERNO COMO COPOS DE NIEVE, PORQUE FALTA EL EJEMPLO DE LOS SACERDOTES.

E:  ¡La verdad y solamente la verdad, Verdi!  ¡En nombre de Jesús, que se vaya todo lo que proviene del Enemigo Malo!

V: Solamente tendrían que predicar siempre así... y decir la misa de forma que solamente El de ahí arriba (señala hacia lo alto) sea alabado y sea honrado. Lo otro ya se les añadiría...predican demasiado de la vida diaria y de pequeñeces.  Y con eso se olvidan de lo primero y lo más alto, que es la imitación de Cristo, en la que -como ya he dicho- también están la expiación y la renuncia, y en primer lugar, la expiación por los demás. Si se hiciese así, no se perderían miles de almas, que ahora se pierden en masa y que caen como copos de nieve sobre nosotros en el infierno, como ya lo ha hecho decir la Alta (señala hacia arriba) por medio de almas privilegiadas.


CONFIDENCIAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Monseñor Ottavio Michelini)






LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS.

Hijo, te he dicho repetidamente que Yo soy el Amor, donde hay amor estoy Yo.
Yo Soy el Amor Infinito, Eterno, Increado, venido a la tierra a reconciliar y por consiguiente reunir con Dios a la humanidad arrancada del odio.

El amor por su naturaleza tiende a la unión, como el odio por su naturaleza tiende a la división. Nosotros somos Tres, pero el Amor Infinito nos une íntimamente en Uno solo, en una sola naturaleza, esencia y voluntad. El amor me ha llevado a Mí, Verbo eterno de Dios hecho carne, a inmolarme a fin de que se diese a todo hombre la posibilidad de unirse en Mí a Dios, y formar Conmigo una sola cosa, como Yo soy una sola cosa con mi Padre que me ha enviado.

Hijo, desde hace más de cien años el Materialismo como sombra oscura y densa, envuelve buena parte de la humanidad.

Él ha ofuscado también en mi Cuerpo Místico, esto en el alma de muchos fieles y sacerdotes, el dogma de la Comunión de los Santos que es una realidad espiritual grandiosa, viva, verdadera y operante en Cielo y tierra.

No hay términos aptos para explicar su grandeza, potencia y actuación vibrante de amor y de vida.  No hay palabras en vuestro lenguaje, aptas para hacer comprender el invisible, misterioso intercambio que encuentra su centro en mi Corazón misericordioso.

Pocas son las almas que han comprendido, y pocos son también los sacerdotes que, además de creer abstractamente, viven activamente en esta Comunión con los bienaventurados comprensores del Paraíso, con las almas en espera en el Purgatorio y con los hermanos militantes en la tierra.
La muerte, contrariamente a los prejuicios con respecto a ella, no pone fin a la actividad de las almas. La muerte que, con palabra más precisa deberiais llamar "tránsito", es un pasar del tiempo a la eternidad, que no es poner fin a la actividad del alma, sea en el bien, sea en el mal.

LA FAMILIA DE DIOS.

En cualquier familia ordenada en el amor, cada miembro que la constituye, concurre al bien común en un intercambio de bienes dados y recibidos en una comunión armoniosa.

En un grado con mucho superior, así es en la gran Familia de todos los hijos de Dios: militantes en la tierra, en espera en el Purgatorio y bienaventurados en el Paraíso.

Por tanto es necesario, con el fin de volver cada vez más rica de frutos divinos la fe en esta Realidad divina y humana, brotada de mi inmolación en la Cruz, tener sobre ella ideas precisas.

Se debe:

1) Creer firmemente en le dogma de la Comunión de los Santos.

2) Cuando se habla de la familia de los hijos de Dios, los sacerdotes deben dejar bien claro que a esta familia pertenecen los peregrinos en la tierra, las almas en espera en el Purgatorio y los justos del Paraíso, esto es los santos.

3) Los sacerdotes (muchos de los cuales ponen el acento casi exclusivamente en las cuestiones sociales en favor de los hermanos militantes, deplorando con razón las injusticias perpetradas) olvidan casi siempre las injusticias más graves hechas en perjuicio de los hermanos que están en el Purgatorio.

Para tal gravísima omisión se necesita o no creer en el Purgatorio o no creer en el tremendo sufrimiento al que las almas purgantes están sometidas.

La necesidad de ayuda de las almas en espera es bastante más grande que la de la criatura humana que más sufre en la tierra.

El deber en fin de caridad y de justicia hacia las almas en pena es mas acuciante para vosotros en cuanto que, no raras veces, hay allí almas purgantes que sufren por culpa de vuestros malos ejemplos, porque habéis sido cómplices con ellas en el mal o en cualquier forma ocasión de pecado.

Si la fe no es operante, no es fe.


ORACIÓN DE MONSEÑOR OCTTAVIO MICHELINI


SOY UN HOMBRE PECADOR

Te creo, oh Jesús mío, Uno, con el Padre y con el Espíritu Santo en la Unidad de naturaleza, esencia y de voluntad y en la Trinidad de personas.

Jesús, dame una correspondencia sensibilísima e inmediata, generosa, valerosa y perseverante.

Jesús, tómame de la mano y arrástrame donde, como y cuando quieras Tú. Sé en mí fermento de transformación sobrenatural, de purificación, día y noche pero especialmente en la Santa Misa.

Jesús mío, ¡acéptame como soy para volverme como Tu quisieras que yo fuera! Enséñame tus caminos y condúceme por ellos. Jesús, sé Tú quien dirija mis pasos en la realización de tu Voluntad.

Revélame, oh Señor, tus pensamientos y tus deseos, y ayúdame a ponerlos en práctica en la vida de cada día. Sé Tú, oh Jesús, en mí en el creer y en esperar, en amar y confiar; se Tú en mí en el callar y aceptar, en el sufrir y ofrecer. Sé Tú en mí en el rezar y adorar, en el hablar, en el vivir en mí.

Jesús mío, auméntame sin límites la fe, la esperanza, la caridad; acrecienta ilimitadamente la sabiduría, la justicia y la fortaleza, la piedad, el temor de Dios y la templanza.

Jesús, dame sin medida la seguridad y la confianza, la humildad y el arrepentimiento, el abandono y el espirita de mortificación y de obediencia, de pobreza y de pureza. Revive en mí, o Jesús, tu paciencia y mansedumbre, tu clemencia.

Jesús mío, ten piedad de mí: soy un hombre pecador.

INICIO DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011



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Discurso de Benedicto XVI en Cibeles. JMJ 2011


Alocución del Papa Benedicto XVI en Cibeles tras la proclamación del Evangelio en la fiesta y liturgia de acogida de los jóvenes de la JMJ 2011 Madrid (18 de agosto de 2011) 
Autor: S.S Benedicto XVI | Fuente: www.revistaecclesia.com


Queridos amigos:


Agradezco las cariñosas palabras que me han dirigido los jóvenes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que estáis aquí congregados, jóvenes de Oceanía, África, América, Asia y Europa; y también a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y oíros más de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.

En la lectura que se ha proclamado antes, hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nos acercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados. El Maestro que habla, además, no enseña lo que ha aprendido de otros, sino lo que Él mismo es, el único que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es Él quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida auténtica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir. El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas.

Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí.

Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestro entusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia.

Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos.

Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos.

Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación. Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con Él y amarle. Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él, damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?

Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros.

Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir «sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz.

Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida.

Muchas gracias.




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CELIBATO: ANTOLOGÍA DE TEXTOS (CASTIDAD) -Primera parte-

VIVIR EL CELIBATO: SÍMBOLO
DE FIDELIDAD AL EVANGELIO. 

ANTOLOGÍA DE TEXTOS: CASTIDAD

1. «Jesús se inclina a los pies de los Apóstoles, para lavarlos. En este gesto quiere expresar la necesidad de la pureza especial que debe reinar en los corazones de quienes se acercan a la Última Cena. Es la pureza que sólo Él puede traer a los corazones. Y, por esto, fueron vanas las protestas de Simón Pedro para que el Señor no le lavase los pies, vanas las palabras de sus explicaciones. El Señor, y sólo el Señor, puede realizar en ti, Pedro, esa pureza con la que debe resplandecer tu corazón en su banquete. El Señor, y sólo el Señor, puede lavar los pies y purificar las conciencias humanas, porque para esto es necesaria la fuerza de la redención, esto es, la fuerza del sacrificio que transforma al hombre desde dentro. Para esto es necesario el sello del Cordero de Dios, grabado en el corazón del hombre como un beso misterioso del amor.

»Inútilmente, pues, te opones, Pedro, y en vano presentas tus razones al Maestro. El Señor responde a tu corazón impulsivo: Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora; lo sabrás después (Jn 13, 7). Y cuando sigues protestando, Pedro, el Señor te dice: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo (Jn 13, 8).

»La pureza es condición para la comunión con el Señor.

»Es la condición de esta comunión y de esa humildad y disponibilidad para servir a los demás, de las que nos da ejemplo el Señor mismo, cuando se inclina a los pies de sus discípulos, para lavarlos como un siervo» (Juan Pablo II, Hom. 3-IV-1980).

La castidad es indispensable para amar a Dios —amor que se pone especialmente de manifiesto en la Sagrada Comunión— y para hacer realidad el ideal cristiano de servicio a Dios y a los demás. De esta virtud se derivan la alegría y la fortaleza para este servicio, y agranda la capacidad de amar del corazón humano.

El Espíritu Santo ejerce, además, una acción especial en el alma que vive con delicadeza esta virtud.

2. La impureza provoca insensibilidad en el corazón, aburguesamiento, egoísmo y, con frecuencia, violencia y crueldad. San Gregorio señala, entre otros efectos de la lujuria, «la ceguera de espíritu, la inconsideración, la precipitación, el egoísmo, el odio a Dios, el apegamiento a este mundo, el disgusto hacia la vida futura» (Moralia, 31, 45). La impureza incapacita para amar y crea el clima propicio para que se den en la persona todos los vicios y deslealtades. «Ciertamente, la caridad teologal se nos muestra como la virtud más alta; pero la castidad resulta el medio sine qua non, una condición imprescindible para lograr ese diálogo íntimo con Dios; y cuando no se guarda, si no se lucha, se acaba ciego; no se ve nada, porque el hombre animal no puede percibir las cosas que son del Espíritu de Dios (1 Cor 2, 14)» (J. Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 175).

3. Siempre ha enseñado la Iglesia que, con la ayuda de la gracia, se puede vivir esta virtud en todos los momentos y circunstancias de la vida.

La castidad exige una conquista diaria, porque no se adquiere de una vez para siempre y puede haber épocas en que la lucha sea más intensa y haya que acudir con más frecuencia a Dios. Para conquistarla, el cristiano, además de poner los medios humanos necesarios en cada caso (quitar la ocasión, guarda de los sentidos, etc.), ha de recurrir a los medios sobrenaturales, sin los cuales no sería posible: «a la oración, a los sacramentos de la Penitencia y de la Sagrada Eucaristía, y a una devoción ardiente hacia la Santísima Madre de Dios» (Pío XII, Enc. Sacra virginitas).

Otros medios que pueden ayudar a vivir y a acrecentar esta virtud son: evitar la ociosidad, la moderación en la comida y bebida, guardar la vista, cuidar los detalles de pudor y de modestia, evitar las conversaciones sobre cosas impuras, desechar la lectura de libros, revistas o diarios inconvenientes, no acudir a espectáculos que desdicen de un cristiano, huir de las ocasiones, vivir muy bien la sinceridad en la dirección espiritual, olvidarse de sí mismo, etc.

La castidad está muy relacionada con la humildad. La lujuria es uno de los muchos frutos que produce la soberbia.

4. El Señor pide a veces la renuncia a un amor humano en el matrimonio, para tener el corazón libre de ataduras y vivir para Dios y para que el corazón no tenga más ataduras que las del amor a Dios. Todas las posibilidades de amar, que el corazón posee, se reservan para Dios, y para los demás en Dios. Es en Él donde el corazón encuentra su plenitud y su perfección, sin que exista la mediación del amor terreno.

La vocación a un celibato apostólico —por amor al reino de los cielos (cfr. Mt 19, 12)— es una gracia especialísima de Dios, «señal de un amor sin reservas, estímulo de una caridad abierta a todos. Una existencia así., es y debe ser un significativo ejemplo de vida, que tiene como motor y fuerza el amor, en el que el hombre expresa su exclusiva grandeza» (Pablo VI, Enc. Sacerdotalis coelibatus).


Citas de la Sagrada Escritura

1. Pureza de corazón

Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.Mt 22, 37.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mt 5, 8.

Dame, hijo mío, tu corazón, y pon tus ojos en mis caminos. Prov 23, 26.

2. El celibato apostólico

En verdad os digo, ninguno hay que haya dejado casa o padre, o hermanos o esposa o hijos, por amor del Reino de Dios, que no reciba mucho más en este siglo y en el venidero la vida eterna. Lc 18, 29-30.

3. Valor de esta virtud

Pues habéis de saber que ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es como adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios. Ef 5, 5.

Fuisteis comprados a gran precio. Glorificad, pues, a Dios y llevadle en vuestro cuerpo.1 Cor 6, 20.

No tiene precio la mujer casta. Eclo 26, 20.

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor. 1 Cor 6, 13.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? 1 Cor 6, 15.

Huid de la fornicación. ¿Por ventura no sabéis que vuestros cuerpos son miembros del Espíritu Santo? 1 Cor 6, 18-19.

No queráis cegaros: ni los fornicarios. ni los adúlteros, ni los impúdicos. han de poseer el reino de Dios. 1 Cor 6, 9-10.

Bien manifiestas son las obras de la carne: adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria [.], sobre las cuales os prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen no alcanzarán el reino de Dios. Gál 5, 19-21.

En orden a los cobardes [.] y deshonestos [.], su suerte será en el lago que arde con fuego y azufre. Apoc 21, 8.

4. Amar la castidad

Por lo cual, ceñíos los lomos de vuestra mente y, viviendo sobriamente, tened vuestra esperanza completamente puesta en la gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo. 1 Pdr 1, 43.

No fornicarás [.]. No desearás la mujer de tu prójimo. Ex 20, 14-17.

La fornicación y toda especie de impureza [.] ni aun se nombre entre vosotros, como corresponde a santos. Ef 5, 3.

Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación; que sepa cada uno usar de su propio cuerpo santa y honestamente. 1 Tes 4, 3-4.

Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No fornicarás. Yo os digo más: cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo hacia ella, ya pecó en su corazón. Mt 5, 27-28.

Bien manifiestas son las obras de la carne; las cuales son: adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria [.]. Gál 5, 19.

Haced morir en vosotros la fornicación, la impureza, la lascivia, los malos deseos [.]. Lejos de vuestra boca toda palabra torpe. Col 3, 5-8.

Quien desechare a su mujer y tomare otra, comete adulterio. Y si la mujer se aparta de su marido y toma otro es adúltera. Mc 10, 11-12; Mt 19, 9.

Selección de textos

Pureza de corazón y santidad

El fin último de nuestro camino es el reino de Dios; pero nuestro blanco, nuestro objetivo inmediato es la pureza del corazón. Sin ella es imposible alcanzar ese fin (Casiano, Colaciones, 1, 4).

Oísteis que fue dicho a los antiguos: No adulterarás. Pues yo os digo que todo aquel que pusiese los ojos en una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón con ella. La justicia menor prohíbe cometer adulterio mediante la unión de los cuerpos; mas la justicia más perfecta del reino de los cielos prohíbe cometerlo en el corazón. Y quien no comete adulterio en el corazón, mucho más fácilmente cuida de no cometerlo con el cuerpo (San Agustín, Sobre el Sermón de la Montaña, 1, 23).

No se alcanza de golpe la perfección por sólo desprenderse y renunciar a todas las riquezas y despreciar los honores, si no se añade esta caridad que el Apóstol describe en sus diversos aspectos. En efecto, ella consiste en la pureza de corazón. Porque el no actuar con frivolidad, ni buscar el propio interés, ni alegrarse con la injusticia, ni tener en cuenta el mal, y todo lo demás, ¿qué otra cosa es sino ofrecer continuamente a Dios un corazón perfecto y purísimo, y guardarlo intacto de toda conmoción de las pasiones? (Casiano, Première Conference, 6-7. En Sources chrétiennes, 42, Le Cerf, 1955, p. 84).

No es pequeño el corazón del hombre capaz de abarcar tantas cosas. Si no es pequeño y si puede abarcar tantas cosas, se puede preparar en él un camino al Señor y trazar una senda derecha por donde camine la Palabra, la Sabiduría de Dios. Prepara un camino al Señor por medio de una buena conciencia, allana la senda para que el Verbo de Dios marche por ti sin tropiezos y te conceda el conocimiento de sus misterios y de su venida (Orígenes, Hom. 21 sobre S. Lucas).

Sin la santa pureza no se puede contemplar a Dios

¿Quieres ver a Dios? Escúchalo: bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. En primer lugar piensa en la pureza de tu corazón; lo que veas en él que desagrada a Dios, quítalo (San Agustín, Sermón sobre la Ascensión del Señor, 2).

¿Y qué cosa más cercana al hombre que su corazón? Allá, en el interior, es donde me han descubierto todos los que me han encontrado. Porque lo exterior es lo propio de la vista. Mis obras son reales y, sin embargo, son frágiles y pasajeras; mientras que yo, su Creador, habito en lo más profundo de los corazones puros (Anónimo del siglo XIII,Meditación sobre la Pasión y Resurrección de Cristo, 38: PL 184, 766).

Ninguna virtud es tan necesaria como ésta (la castidad) para ver a Dios (San Juan Crisóstomo, Hom. sobre S. Mateo, 15).

Con toda razón se promete a los limpios de corazón la bienaventuranza de la visión divina. Nunca una vida manchada podrá contemplar el esplendor de la luz verdadera, pues aquello mismo que constituirá el gozo de las almas limpias será el castigo de las que estén manchadas (San León Magno. Sermón 95, sobre las bienaventuranzas).

Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado (San Gregorio de Nisa, Hom. 6, sobre las bienaventuranzas).

Los placeres de la carne, como crueles tiranos, después de envilecer al alma en la impureza, la inhabilitan para toda obra buena (San Ambrosio, Trat. sobre las vírgenes,I, 3).

Aunque los ciegos no vean, no por eso deja de brillar la luz del sol [.].

El hombre debe tener un alma pura como un brillante espejo. Una vez que la herrumbre empaña el espejo, el hombre no puede contemplar en él el nítido reflejo de su rostro. Del mismo modo, cuando el pecado se introduce en el hombre, imposibilita a éste para ver a Dios [.] (San Teófilo de Antioquía, Primer discurso a Autólico, 2, 7).

La pureza, íntimamente relacionada con la humildad

No es suficiente el ayuno corporal para conquistar y conservar la castidad perfecta. Contra este espíritu impuro ha de proceder la contrición del corazón, junto con la oración y la reflexión constante de las Escrituras. Hay que unir, además, el conocimiento de las cosas del espíritu y el trabajo, que tienen la propiedad de reprimir la inconstancia y veleidad del corazón. Y, sobre todo, es preciso haber echado sólidos cimientos de humildad (Casiano, Instituciones, 6, 1).

Así como es imposible obtener la pureza si no nos cimentamos antes en la humildad, del mismo modo nadie puede llegar a la fuente de la verdadera ciencia si el vicio de la impureza permanece arraigado en el fondo del alma (Casiano, Instituciones, 6, 18).

El que es casto en su cuerpo, no se gloríe de ello: sepa que de otro le viene la perseverancia en este don (San Clemente, Epíst. a los Corintios, 38, 2).

El sentimiento de altivez que podría producir en nosotros la guarda de una falsa pureza, si descuidáramos la humildad, sería peor que muchos pecados e ignominias. Y cualquiera que fuere el posible grado de perfección en este aspecto, esa soberbia sería causa de que perdiésemos todo el merecimiento de nuestra castidad (Casiano,Colaciones, 4, 16).

Necesaria para ser apóstol

La docilidad de los Magos a esta estrella nos invita a imitar su obediencia y nos impulsa, en la medida de nuestras posibilidades, a servir a esta gracia que llama a todos los hombres a Cristo. En efecto, quien lleva una vida recta e inmaculada dentro de la Iglesia, y gusta de los bienes de arriba más que de los bienes terrenos (cfr. Col 3, 2), se asemeja, de algún modo, a una luz celeste. Mientras conserva en sí mismo el resplandor de una vida santa, enseña a muchos, lo mismo que una estrella, el camino que conduce a Dios (San León Magno, Sermón 3 para la Epifanía, 1, 2, 3, 5: PL 54, 244).

[.] sin ser (la pureza) la única ni la primera (virtud), sin embargo actúa en la vida cristiana como la sal que preserva de la corrupción, y constituye la piedra de toque para el alma apostólica (J. Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 175).

Comparo esta virtud a unas alas que nos permiten transmitir los mandatos, la doctrina de Dios, por todos los ambientes de la tierra, sin temor a quedar enlodados. Las alas —también las de esas aves majestuosas que se remontan donde no alcanzan las nubes— pesan, y mucho. Pero si faltasen, no habría vuelo (J. Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 177).

Es consecuencia del amor

La pureza es exigencia del amor. Es la dimensión de su verdad interior en el corazón del hombre (Juan Pablo II, Aud. gen. 3-XII-1980).

Donde no hay amor de Dios, reina la concupiscencia (San Agustín, Enguiridio, 117).

(Si el pecado original rompió la armonía de nuestras facultades), la continencia nos recompone; nos vuelve a llevar a esa unidad que perdimos (San Agustín, Confesiones,10, 29).

La santa pureza no es ni la única ni la principal virtud cristiana: es, sin embargo, indispensable para perseverar en el esfuerzo diario de nuestra santificación y, si no se guarda, no cabe la dedicación al apostolado. La pureza es consecuencia del amor con el que hemos entregado al Señor el alma y el cuerpo, las potencias y los sentidos. No es negación, es afirmación gozosa (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 5).

LAMENTOS DIVINOS. PALABRAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. (Cuarta parte).




LA VIRGEN MADRE 

"Bienaventurados los puros de corazón", dije un día en la tierra. Pero el mundo, mi enemigo, no quiere saber nada: se revuelca en el fango y se lanza contra todo lo que se refiere a la pureza. 

Mentes malsanas, hoy más que en otros tiempos, han tomado como blanco la pureza virginal de mi Madre, poniéndola al nivel de otras mujeres. 

¡Qué insulto para la Reina del Cielo y ¡qué dolor me causa! 

También mi Padre Adoptivo, el castísimo José, es tocado por esta diabólica honda de fango. 

Mi Madre fue purísima antes del parto. El Profeta Isaías profetizó, siglos atrás, que Yo nacería de una Virgen. Fue purísima después del parto y lo testimonia la Tradición auténtica de la Iglesia, confirmada por la sana Cristiandad, por los Concilios y por el Magisterio de los Papas. Lo testimonia también y especialmente la respuesta dada a Gabriel que le anunció su maternidad: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?". Lo que significa que no pensaba conocerlo, porque si hubiera querido vivir la vida común de otras mujeres no le habría dado al Ángel aquella respuesta, sino que habría dicho sin duda: "Acepto ser madre". Mi Madre fue purísima, Terreno elegido y preparado para hacer que Yo nazca, Lirio de los valles. Me daba la leche, Hombre-Dios; estaba ininterrumpidamente en intimidad con el Rey de la Gloria y sus pensamientos siempre estaban dirigidos al Cielo y no a la tierra. 

Los Ángeles aleteaban sobre la casa de Nazaret, adorándome y bendiciendo a la Madre de un Dios hecho Hombre, decisión de la Santísima Trinidad para ser la Reina de las vírgenes y la Virgen por excelencia. 

Si en el mundo tengo una armada de almas vírgenes, que se han unido a Mí, con voto, almas que aún con las consecuencias del pecado original son Ángeles de carne, ¿por qué dudar de la perenne virginidad de mi Madre que fue dispensada de la culpa original, obra de arte de la Omnipotencia de Dios, enriquecida por un océano de Gracia, Criatura excelentísima que eclipsa las virtudes de las almas elegidas. Faro luminoso de la humanidad, esplendorosa más que el sol en el firmamento. 



SAN JOSÉ HABLA DE SU ESPOSA 

"Desato mi lengua para defender la pureza virginal de María, la Esposa que Dios me ha dado". 

"Fui escogido para ser un apoyo para Jesús y María; pero yo, hasta que ocupé dicho puesto que Dios me dio, sentía una humillación continua e íntima al estar junto a Jesús, Hijo de Dios hecho Hombre, y a María, espejo de pureza y de candor, tanto que cuando la miraba estaba como obligado a bajar la mirada, sintiéndome indigno de estar junto a ellos. La custodiaba celosamente, como se puede custodiar una perla preciosa y delicada, de gran valor". 

"Fui escogido por Dios y en vista de dicha decisión fui inspirado desde joven para mantener mi pureza virginal castísima, hasta mi último aliento. Este fue un misterio que revelé solo a mi Esposa elegida, María". 

"No sentí ningún temor, por mi virginidad, al ver que yo había sido escogido como su Esposo, porque sólo con acercarme a ella, el perfume interior que emanaba de su pureza me inundaba el alma de una alegría casta". 

"Nos comprendimos plenamente sin intercambiar ninguna palabra, porque el misterio sublime que nos unía de manera celestial no nos hacía sentir la necesidad de exteriorizarlo, sino de callarlo". 

"Son mentirosas e infernales aquellas lenguas de aquellos que quieren obscurecer a mi dulce y casta Esposa María, la Madre de un Dios, Tabernáculo vivo del Divino Nazareno". 

"A una planta delicada se la cuida de todo lo que le puede hacer daño y se la cultiva con una atención particular. Imaginad por lo tanto con cuales cuidados la llenaba a la castísima María para que nadie la molestara". 

"Su vida en la casa de Nazaret fue obra del Amor divino; a los ojos de los hombres fue un secreto tan profundo que nadie ha podido imaginar nunca. ¡Eh aquí la casa de Nazaret, rodeada por el escondimiento, por la más profunda humildad, por la más completa pobreza! ¡Pero aún estando alejada de todo, aquella casa poseía todo... poseía a Dios!". 

"¡Mundo que te agitas, en vez de lanzar tus flechas contra la Virgen, mi Esposa, imita las virtudes y el candor! ¡Aprende a amarla, venerarla y no a destruirla más! ¡Agradece al Eterno Dios que te ha dado una Madre tan santa para salvarte!". 


LA OBRA DE MARÍA VALTORTA: un complemento al Evangelio.


Palabras de Jesús a Mons. Ottavio Michelini

No temas, estoy Yo para conducirte. Ve hacia adelante, no retrocedas y no te preocupes. Han rechazado mi Evangelio, han distorsionado mi verdad, no han creído a las almas víctimas, a las que he hablado. En sus palabras he puesto el sello de mi gracia; han resistido a todo.

He dictado a María Valtorta, alma víctima, una obra maravillosa. Yo soy el autor de esta obra. Tú mismo te has dado cuenta de las rabiosas reacciones de Satanás.

Tú has comprobado la resistencia que muchos sacerdotes oponen a esta obra que si fuera, no digo leída, sino estudiada y meditada llevaría un bien grandísimo a muchas almas. Ella es fuente de seria y sólida cultura.

Pero frente a esta obra, a la que está reservado un gran éxito en la Iglesia renovada, se prefiere la basura de tantas revistas y de libros de presuntuosos teólogos.

Te bendigo como siempre. Ámame mucho.

22 de enero de 1976

(...) Entre estos sacerdotes, está X. Me es querido por su deseo de perfección, y también por su amor por aquella Obra maravillosa que el mundo ignora, que los soberbios rechazan y que los humildes aman: el “Poema del Hombre-Dios”.

Es obra querida por la Sabiduría y Providencia divinas para los tiempos nuevos; es fuente de agua viva y pura.

Soy Yo, la Palabra viviente y eterna, que me he dado nuevamente en alimento a las almas que amo. Yo soy Luz, y la luz no se confunde y mucho menos se funde con las tinieblas. Donde Yo entro, las tinieblas se disuelven para dar lugar a la luz.

Donde no hay vida hay muerte, y la muerte es podredumbre. Hay una podredumbre espiritual no menos nauseabunda que la putrefacción orgánica de los cuerpos en descomposición. Yo, verdad y vida, agua viva y luz del mundo, ¿cómo podría morar en almas corrompidas por las concupiscencias de la carne y del espíritu?

También esto, hijo, prueba que quien no ha sentido en el "Poema" el sabor de lo divino, el perfume de lo sobrenatural, tiene el alma obstruida y oscurecida.

Hay obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que una vez más todavía alegan esa prudencia, para ellos causa de tantas imprudencias. Se refugian dentro, y no saben que están dentro del fortín del demonio. La prudencia es virtud, y la virtud no tiene náusea de lo Divino.

Hijo mío, ¡qué bajo hemos llegado! Que sepa Don X.. que cada vez que ha releído el "Poema del Hombre-Dios" me ha dado alegría por todos aquellos que me han negado esa alegría.


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Testimonio desde la ciencia: Dr. Vittorio Tredici, geólogo y mineralogista, Italia (1952) 
"Quiero subrayar la precisión inexplicable del conocimiento del autor en cuanto a Palestina en sus aspectos panorámicos, topográficos, geológicos y mineralógicos."

Testimonio desde la historia: Jean Aulagnier, reconocido especialista en calendarios de la antigüedad escribió en 1995 un libro sobre la obra de Valtorta: "Habiendo establecido una cronología científica de todos los eventos y ocurrencias en la obra de María Valtorta, Yo solo puedo decir que continúa siendo inexplicable de otra forma fuera de intervención divina".

Testimonios desde la teología y la Biblia:

Arzobispo Alfonso Carinci, Secretario de la Congregación de Ritos Sagrados (1946): "No hay nada contrario al Evangelio. Mas bien, este trabajo es un buen complemento al Evangelio, contribuye a una mejor comprensión de su significado".

Padre Agostino Bea S.J., rector del Instituto Bíblico Pontificio y consejero al Santo Oficio, 1952 (después fue Cardenal), director espiritual del Papa Pio XII: "He leido en manuscrito mecanografiado muchos de los libros escritos por María Valtorta... En cuanto a exégesis, no encontré ningún error en las partes que yo examiné".

Padre Gabriel Allegre, ofm, reconocido traductor de la Biblia al Chino, Macao/Hong-Kong (1970). 
"El dedo de Dios está aquí". En cuanto a justificación teológica para un libro tan convincente, tan carismático, tan extraordinario, aun desde el punto de vista meramente humano, como lo es "El Evangelio como me ha sido revelado" de Maria Valtorta, encuéntrelo en La Primera Epístola de San Pablo a los Corintios 14,6" 

Padre Dreyfus, de la Escuela Francesa de Biblia y Arqueología, Jerusalén (1986) .
"Yo estuve grandemente impresionado al encontrar en la obra de María Valtorta los nombres de seis o siete pueblos que están ausentes del Antiguo y Nuevo Testamento. Estos nombres solo son conocidos por unos pocos especialistas, y por medio de fuentes fuera de la Biblia... [...] Ahora, ¿como pudo ella saber esos nombres, si no por las revelaciones que ella dijo tener?

Padre Gabriel M. Roschini, OSM. Profesor del instituto pontificio "Marianum" de Roma, mariólogo altamente reconocido por la Iglesia, escribióLa Virgen María en los Escritos de María Valtorta, disponible en castellano del Centro Editoriale Valtortiano. La edición contiene un agradecimiento del Papa Pablo VI. Según Roschini "...los escritos, editados y por editar, de María Valtorta han sido para mí una auténtica revelación. Ningún otro escrito mariano ni siquiera la totalidad de los escritos marianos leídos y estudiados por mí fueron capaces de darme de la Obra Maestra de Dios (la Virgen) una idea tan clara, tan viva, tan completa, tan luminosa y fascinante: lo sencillo junto a lo sublime".

Padre Corrado Berti, OSM. (1911-1980+), profesor de dogmática y teología sacramental del instituto pontificio "Marianum" de Rome, consultor en el Concilio Vat II. El Padre Berti supervisó la segunda edición crítica en italiano de "El Evangelio como me ha sido revelado". También contribuyó extensas anotaciones para dicha edición, la cual es la base para todas las traducciones de la obra.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís