FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

ALGUNOS ESCRITOS ACERCA DE EL DEMONIO.

DOCTRINA

Demonio: Nombre general de los espíritus malignos, ángeles caídos (expulsados del cielo). El jefe de estos ángeles rebeldes es Lucifer o Satanás (Mat 25).

"Si alguno dice que el diablo no fue primero un ángel bueno hecho por Dios, y que su naturaleza no fue obra de Dios, sino que dice que emergió de las tinieblas y que no tiene autor alguno de sí, sino que él miso es el principio y la sustancia del mal, como dijeron Maniqueo y Prisciliano, sea anatema. (Concilio de Braga, 561; Denzinger 237).

"Creemos que el diablo se hizo malo no por naturaleza, sino por albedrío." (IV Concilio de Letrán, 1215, Denzinger 427).

"La muerte de Cristo y Su resurrección han encadenado al demonio. Todo aquél que es mordido por un perro encadenado, no puede culpar a nadie más sino a sí mismo por haberse acercado a él." -San Agustín.

“Toda la vida humana, la individual y colectiva, se presenta como una lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas”.(Concilio Vat II, Gaudium et Spes #13) 
“A través de toda la Historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que, iniciada en los orígenes del mundo, dudará, como dice el Señor, hasta el día final”. (Ibid, #37)


Acerca de los demonios

Los demonios residen en el infierno y no gozan de los beneficios de la redención de Cristo. Los demonios, sin embargo, no perdieron su capacidad racional, sino que la utilizan para el mal. Dios les permite ejercitar influencia limitada en las criaturas y las cosas. 

El demonio no es una fábula como algunos, para su desgracia, piensan. Su existencia real ha sido siempre enseñada por la Iglesia en su magisterio ordinario. Desmentir la existencia del demonio es negar la revelación divina que nos advierte sobre nuestro enemigo y sus tácticas. 


Jesucristo vino para vencer al demonio y liberarnos de su dominio que se extendía por todo el mundo sin que pudiésemos por nuestra cuenta salvarnos.

Jesucristo vence al demonio definitivamente en la Cruz. La actividad del demonio en la tierra sin embargo continuará hasta el fin de los tiempos. La parusía manifestará plenamente la victoria del Señor con el establecimiento de su Reino y el absoluto sometimiento de todos sus enemigos. Mientras tanto Dios permite que vivamos en batalla espiritual en la cual se revela la disposición de los corazones y nos da oportunidad de glorificar a Dios siendo fieles en las pruebas. Ahora debemos decidir a que reino vamos a pertenecer, al de Cristo o al de Satanás. Si perseveramos fieles a Jesús a través de las pruebas y sufrimientos, el demonio no podrá atraparnos.

Tenemos en la Iglesia todos los medios para alcanzar la gracia ganada por Jesucristo en la Cruz. Dios es todopoderoso y, si estamos en comunión con El, no debemos temer al enemigo. Mas bien debemos temer el separarnos de Dios pues sin su gracia estaríamos perdidos. 

Todos los santos lucharon con valentía contra el demonio pues los sostenía la fe. Sus vidas son modelos que nos demuestran como vivir en el poder de Jesucristo la vida nueva. 


El catecismo de la Iglesia Católica sobre el demonio:

2850   La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: "No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno" (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el "nosotros", en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la Economía de la salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en "comunión con los santos".

2851   En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El "diablo" ["dia-bolos"] es aquél que "se atraviesa" en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo.

2852   "Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8, 44), "Satanás, el seductor del mundo entero" (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota, toda la creación entera será "liberada del pecado y de la muerte".[136] "Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno" (1 Jn 5, 18-19):

El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os guarda contra las astucias del diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al demonio. "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" (Rm 8, 31).

2853   La victoria sobre el "príncipe de este mundo" (Jn 14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido "echado abajo" (Jn 12, 31).[138] "El se lanza en persecución de la Mujer", pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, "llena de gracia" del Espíritu Santo es librada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). "Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos" (Ap 12, 17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 17.20), ya que su Venida nos librará del Maligno.

2854   Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquel que "tiene las llaves de la Muerte y del Hades" (Ap 1, 18), "el Dueño de todo, Aquel que es, que era y que ha de venir" (Ap 1, 8): Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.


¿Creó Dios a los demonios?

Dios no creó demonios sino ángeles, espíritus puros, dotados con gracia santificante, muy hermosos y capaces de bondad. Dios dotó a todos los ángeles con libertad para escoger el bien y el mal. Lucifer y sus seguidores, por orgullo, pecaron, quisieron separarse de Dios y se llenaron de maldad. Es así que se les negó la visión beatífica. 

¿De dónde vino esta maldad? La maldad es causada por una opción libre de separarse de Dios. Es una carencia, una ruina.

Por ejemplo, cuando un carro choca se queda dañado. El daño no es una creación sino la ruina del carro. Los demonios fueron creados como los demás ángeles. Se transformaron en demonios por su pecado. Se pervirtieron sus poderes angelicales los cuales usan para el mal.

Dios sabía que algunos ángeles se rebelarían pero los creó porque Dios toma la libertad en serio, hasta sus últimas consecuencias. Pero igualmente el bien tiene y tendrá consecuencias. Si solamente pudiésemos hacer el bien no seríamos libres y no tendría mérito.


Armas contra Satanás

Dios nos da en la Iglesia todas las armas para vencer al demonio.

Juan Pablo II, 17 feb. 2002 (1er domingo de cuaresma)

Exortó a la vigilancia «para reaccionar con prontitud a todo ataque de la tentación». 

Habló de las armas del cristiano «para afrontar el diario combate contra las sugerencias del mal: la oración, los sacramentos, la penitencia, la escucha atenta de la Palabra de Dios, la vigilancia y el ayuno». 

Estos medios ascéticos, inspirados por el mismo ejemplo de Cristo, siguen siendo indispensables hoy, pues «el demonio, "príncipe de este mundo", continúa todavía hoy con su acción falaz». 

El Papa pidió entusiasmo en «el camino penitencial de la Cuaresma para estar preparados a vencer toda seducción de Satanás y llegar a Pascua en la alegría del espíritu».

Recurrimos también a los sacramentales. Entre ellos agua, aceite y sal exorcizadas. Estos se utilizan en los exorcismos según las fórmulas del Ritual Romano.


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LUCIFER, CREADO COMO ÁNGEL DE LUZ Y BELLEZA

En la Biblia

La Biblia nos indica el estado privilegiado que tenía Lucifer y la razón de su caída:

Por haberse estirado en su altura levantando su copa hasta las nubes, y haberse engreído su corazón por su grandeza (Eze 31)

Tu esplendor ha caído en el Seol...¿Cómo has caído desde el cielo, brillante estrella, hijo de la Aurora?...Te decías en tu corazón: el cielo escalaré, encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono...Subiré a las alturas de las nubes, seré igual al Altísimo (Isa 14)

Tú eras el dechado de la perfección, lleno de sabiduría y de espléndida belleza. En el Edén, jardín de Dios, vivías. Innumerables piedras preciosas adornaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, carbunclo y esmeralda; de oro era el borde de tu manto, de oro las incrustaduras, todo a punto desde el día en que fuiste creado. Como un querubín protector yo te había puesto en el monte santo de Dios. Eras perfecto en tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que apareció en ti la iniquidad. Con el progreso de tu tráfico te llenaste de violencia y pecados; y yo te he arrojado del monte de Dios y te he exterminado, oh querubín protector, de entre las brasas ardientes. Tu corazón se había engreído por tu belleza. Tu sabiduría estaba corrompida por tu esplendor. Y Yo te he derribado en tierra y te he presentado como espectáculo a los reyes (Eze 28)


EL PECADO DE LUCIFER

...no sea que llevado del orgullo venga a caer en la misma condenación en que cayó el diablo (I Tim 3)

El que obra la justicia es justo; quien peca es del Diablo, porque el Diablo es pecador desde el principio (I Juan 3)

Dios no perdonó a los ángeles pecadores, sino que, precipitados en el infierno, los entregó a las prisiones tenebrosas en espera del juicio (II Ped 2)

Dios creó al hombre para la incorrupción y le hizo a imagen de Su propio ser. Mas por la envidia del diablo entró la muerte al mundo y la experimentan los que le pertenecen (Sabi 2)

El Señor ha reservado en eterna prisión, en el fondo de las tinieblas, para el juicio del gran día, a los ángeles que no conservaron su dignidad sino que perdieron su propia mansión (Judas)

Por haberse estirado en su altura levantando su copa hasta las nubes, y haberse engreído su corazón por su grandeza, Yo le he entregado en manos del príncipe de las naciones para que proceda con él conforme a su maldad; le he desechado (Eze 31)

Tu esplendor ha caído al Seol...¿Cómo has caído desde el cielo, brillante estrella, hijo de la Aurora?...Te decías en tu corazón: el cielo escalaré, encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono; en el monte de la asamblea me sentaré, en lo último del Norte. Subiré a las alturas de las nubes, seré igual al Altísimo (Isa 14)

Eras perfecto en tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que apareció en ti la iniquidad. Con el progreso de tu tráfico te llenaste de violencia y pecados; y yo te he arrojado del monte de Dios y te he exterminado, oh querubín protector, de entre las brasas ardientes. Tu corazón se había engreído por tu belleza. Tu sabiduría estaba corrompida por tu esplendor (Eze 28)


LA EXPULSIÓN DE LUCIFER DE LA PRESENCIA DE DIOS

Yo veía a Satanás cayendo del cielo como un rayo (Luc 10)

Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra (Apoc 12)

El Diablo ha descendido hacia vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo (Apoc 12)

Dios no perdonó a los ángeles pecadores, sino que, precipitados en el infierno, los entregó a las prisiones tenebrosas en espera del juicio (II Ped 2)

El diablo fue arrojado al estanque de fuego y de azufre, donde están la Bestia y el Falso Profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Apoc 20)

El Señor ha reservado en eterna prisión, en el fondo de las tinieblas, para el juicio del gran día, a los ángeles que no conservaron su dignidad sino que perdieron su propia mansión (Judas)

Tu esplendor ha caído al Seol...¿Cómo has caído desde el cielo, brillante estrella, hijo de la Aurora?...Te decías en tu corazón: el cielo escalaré, encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono...Subiré a las alturas de las nubes, seré igual al Altísimo (Isa 14)

Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. El Dragón y sus ángeles combatieron, pero no pudieron prevalecer y no hubo puesto para ellos en el cielo. Y fue precipitado el gran Dragón, la serpiente antigua, que se llama “Diablo” y “Satanás”, el seductor del mundo entero, y sus ángeles fueron precipitados con él (Apoc 12)

Eras perfecto en tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que apareció en ti la iniquidad. Con el progreso de tu tráfico te llenaste de violencia y pecados; y yo te he arrojado del monte de Dios y te he exterminado, oh querubín protector, de entre las brasas ardientes. Tu corazón se había engreído por tu belleza. Tu sabiduría estaba corrompida por tu esplendor. Y Yo te he derribado en tierra y te he presentado como espectáculo a los reyes (Eze 28).



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Cardenal Cottier:

«La Iglesia debe hablar del demonio»

18 enero 2006 (ZENIT.org).-

Publicamos la introducción del cardenal Georges Marie Martin Cottier OP --escrita siendo aún Teólogo de la Casa Pontifica-- al libro «Presidente degli esorcisti – Esperienze e delucidazioni di Don Grabriele Amorth» («Presidente de los exorcistas – Experiencias y aclaraciones de Gabriel Amorth»), recién publicado por «Edizioni Carismatici Francescani» (www.dioesiste.org).

El padre Gabriel Amorth es exorcista de la diócesis de Roma, fundador y presidente honorario de la Asociación Internacional de Exorcistas.

La Iglesia debe hablar del demonio. Pecando, el ángel caído no ha perdido todo el poder que tenía, según el plan de Dios, en el gobierno del mundo.

Ahora utiliza este poder para el mal. El Evangelio de Juan le llama: «el príncipe de este mundo» (Jn 12,31) y en la primera carta también de Juan se

lee: «El mundo entero yace en poder del Maligno» (1 Jn 5,19). Pablo habla de nuestra batalla contra las potencias espirituales (Cf. Ef. 6,10-17). Podemos también remitirnos al Apocalipsis.

Tenemos que combatir contra fuerzas del mal no sólo humanas, sino sobrehumanas en su origen e inspiración: basta con pensar en Auschwitz, en las masacres de pueblos enteros, en todos los horrendos crímenes que se cometen, en los escándalos de los que son víctimas los pequeños y los inocentes, en el éxito de las ideologías de muerte, etc.

Es oportuno recordar algunos principios. El mal del pecado es realizado por una voluntad libre. Sólo Dios puede penetrar en el corazón profundo de la persona; el demonio no tiene el poder de entrar en este sagrario. Actúa sólo en el exterior, sobre la imaginación y sobre los afectos de raíz sensible.

Además su acción está limitada por el permiso de Dios omnipotente.

El diablo actúa generalmente a través de la tentación y el engaño, es mentiroso (Cf. Jn 8,44). Puede engañar, inducir al error, ilusionar y, probablemente más que suscitar, puede secundar los vicios y los gérmenes de vicios que están en nosotros.

En los Evangelios sinópticos, la primera aparición del demonio es la tentación en el desierto, cuando somete a varias incursiones a Jesús (Cf. Mt

4,11 y Lc 4,1-13). Este hecho es de gran importancia.

Jesús curaba enfermedades y patologías. Se refieren en conjunto al demonio, porque todos los desórdenes que afligen a la humanidad son reducibles al pecado, del que el demonio es instigador. Entre los milagros de Jesús hay liberaciones de posesiones diabólicas, en el sentido preciso.

Vemos en particular en San Lucas que Jesús manda a los demonios que le reconocen como el Mesías.

El demonio es mucho más peligroso como tentador que a través de signos extraordinarios o manifestaciones exteriores asombrosas, porque el mal más grave es el pecado. No por casualidad en la oración del Señor pedimos: No nos dejes caer en la tentación. Contra el pecado el cristiano puede luchar victoriosamente con la oración, la prudencia, en la humildad conociendo la fragilidad de la libertad humana, con el recurso a los sacramentos, ante todo la Reconciliación y la Eucaristía. Debe también pedir al Espíritu Santo el don de discernimiento, sabiendo que los dones del Espíritu Santo se reciben con la gracia del Bautismo.

Santo Tomás y San Juan de la Cruz afirman que tenemos tres tentadores: el demonio, el mundo (lo reconocemos ciertamente en nuestra sociedad) y nosotros mismos, o sea, el amor propio. San Juan de la Cruz sostiene que el tentador más peligroso somos nosotros mismos porque nos engañamos solos.

Frente al engaño, es deseable en los fieles católicos un conocimiento cada vez más profundo de la doctrina cristiana. Se debe promover el apostolado por el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, de extraordinaria utilidad para combatir la ignorancia. El demonio tal vez es instigador de esta ignorancia: distrae al hombre de Dios, y es una gran pérdida que se puede contener promoviendo un adecuado apostolado en los medios de comunicación social, en particular televisivos, considerando la cantidad de tiempo que muchas personas gastan siguiendo los programas de televisión, a menudo de contenidos culturalmente inconsistentes o inmorales.

También contra los hombres de Iglesia se desencadena la acción del diablo: en 1972 el Sumo Pontífice Pablo VI habló del «humo de Satanás introducido en el templo de Dios», aludiendo a los pecados de los cristianos, a la desvalorización de la moralidad de las costumbres y a las decadencias (consideremos la historia de las Órdenes y de las Congregaciones religiosas, en las cuales se ha notado siempre la exigencia de reformas para reaccionar a la decadencia), a la cesión en las tentaciones en la búsqueda de la carrera, del dinero y de la riqueza en las cuales pueden incurrir los propios miembros del clero, cometiendo pecados que provocan escándalo.

El exorcista puede ser un Buen Samaritano –pero no es el Buen Samaritano— pues el pecado es una realidad más grave. Un pecador que permanece asentado en su pecado es más desdichado que un poseído. La conversión del corazón es la más bella victoria sobre la influencia de Satanás, contra la cual el Sacramento de la Reconciliación tiene una importancia absolutamente central, porque en el misterio de la Redención Dios nos ha liberado del pecado, y nos regala, cuando hemos caído, el reencuentro de Su amistad.

Los Sacramentos tienen en verdad una prioridad sobre los sacramentales, categoría en la que se incluyen los exorcismos, que son pedidos por la Iglesia pero en orden no prioritario. Si no se considera este planteamiento, subsiste el riesgo de turbar a los fieles. No se puede considerar el exorcismo como la única defensa contra la acción del demonio, sino como un medio espiritual necesario donde se ha constatado la existencia de casos específicos de posesión diabólica.

Parece que los poseídos sean más numerosos en los países paganos, donde el Evangelio no ha sido difundido y donde están más extendidas las prácticas mágicas. En otros lugares un elemento cultural perdura allí donde los cristianos conservan una tendencia indulgente respecto a antiguas formas de superstición.

Además hay que considerar que presuntos casos de posesión pueden ser explicados por la medicina actual y la psiquiatría, y que la solución a determinados fenómenos puede consistir en un buen tratamiento psiquiátrico.

Cuando se manifiesta en la práctica un caso difícil es necesario ponerse en contacto con un psicólogo y un exorcista; es aconsejable valerse de psiquiatras de formación católica.

En el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum se ha instituido recientemente un curso sobre estas temáticas. Sobre ellas parece oportuna una formación adecuada en los seminarios, en una dimensión de equilibrio y sabiduría, evitando excesos y constricciones.

Cardenal Georges Cottier, O.P. Pro-teólogo de la Casa Pontificia

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

TIPOS DE HUMILDAD Y DE ORGULLO por San Gregorio Magno




Hay dos clases de humildad, así como hay dos clases de orgullo: la primera clase de orgullo consiste en despreciar a su hermano, en no tenerlo en cuenta, como si no fuese nada, y en creerse superior a él. Si no procedemos de inmediato a vigilarnos estrictamente, caeremos poco a poco en la segunda especie que consiste en exaltarse ante Dios mismo y atribuirse sus buenas obras a sí mismo y no a Dios. En verdad, hermanos, yo conocí a uno que había caído en ese miserable estado. Al principio, cuando un hermano le decía algo, él lo despreciaba y decía: "¿Quién es ese? No hay en el mundo como Zósimo y sus discípulos". Después se puso a despreciar también a éstos diciendo: "No hay como Macario", y poco después "¿Quién es Macario? No hay como Basilio y Gregorio". Pero enseguida comenzó a despreciarlos también: "¿Quiénes son Basilio y Gregorio?, decía. "No hay como Pedro y Pablo". Ciertamente hermano, le dije, pronto despreciarás a Pedro y a Pablo. Créanme, poco tiempo después comenzó a decir: "¿Quién es Pedro y quién es Pablo?. No hay como la Santísima Trinidad". Finalmente se levantó contra el mismo Dios y esa fue su ruina. Por esta razón, hermanos, debemos luchar contra la primera clase de orgullo, para no caer poco a poco en el orgullo total.

Existe también un orgullo mundano y un orgullo monástico. El mundano consiste en creerse más que su hermano porque se es más rico, más hermoso, mejor vestido o más noble que él. Cuando veamos que nos gloriamos en esas cosas, o bien de que nuestro monasterio sea el más grande o el más rico o el más numeroso, sepamos que todavía estamos en el orgullo mundano.

Lo mismo sucede cuando nos vanagloriamos de cualidades naturales: por ejemplo de tener una voz bella o salmodiar bien, o de ser hábil o de trabajar y servir correctamente. Estos motivos son más elevados que los primeros, aunque todavía se trata de orgullo mundano.

El orgullo monástico consiste en gloriarse de sus vigilias, de sus ayunos, de su piedad, de sus observancias, de su celo, así como en humillarse por vanidad. Todo esto es orgullo monástico. Si no podemos evitar el enorgullecernos, conviene que este orgullo recaiga sobre cosas monásticas y no mundanas.

Hemos explicado, entonces, cuál es la primera especie de orgullo y cuál es la segunda; también hemos definido el orgullo mundano y el orgullo monástico. Mostremos ahora cuáles son las dos especies de humildad.

La primera consiste en considerar a su hermano como más inteligente que uno mismo y superior en todo; es decir, como decía un santo: "colocarse por debajo de todos", la segunda especie de humildad consiste en atribuir a Dios las buenas obras. Esa es la perfecta humildad de los santos. 

Ella nace naturalmente en el alma como consecuencia de la práctica de los mandamientos. En efecto, miremos hermanos los árboles cargados de frutos: son los frutos los que doblegan y hacen bajar las ramas. Al contrario, la rama que no tiene frutos se yergue en el espacio y crece derecha. Incluso hay cierto árboles cuyas ramas no dan frutos mientras se mantienen erguidas hacia el cielo, pero si se les cuelga una piedra para guiarlas hacia abajo, entonces dan fruto. Lo mismo sucede con el alma: cuando se humilla da fruto y cuanto más produce, más se humilla. Porque cuanto más se acerca a Dios, más pecadora se ve.


San Gregorio Magno




Recuerdo que un día hablábamos de la humildad y un hombre distinguido de Gaza, al oírnos decir que cuanto más nos acercamos a Dios, más pecadores nos vemos estaba asombrado y decía: "¿Cómo es posible?" No comprendía y pedía una explicación. "Distinguido Señor, le pregunté, dígame, ¿quién piensa que es usted en la ciudad?" "Un gran personaje, me respondió, el primero de la ciudad". Si va a Cesárea, ¿por quién se tendrá allí? Por inferior a los grandes de ese lugar: ¿y si va a Antioquía? Me tendré por extranjero; ¿y en Constantinopla, junto al Emperador? Por un miserable. Así es, le dije. así sucede a los santos: cuanto más se acercan a Dios, se ven más pecadores. Cuando Abrahám vio al Señor se llamó tierra y ceniza (Gn 18, 27). Isaías decía: Oh, qué miserable e impuro soy (Is 6, 5). De la misma manera cuando Daniel estaba en la fosa de los leones al llegar Habacuc con la comida y decirle: Toma la comida que Dios te envía, ¿qué dijo Daniel? El Señor se ha acordado de mí (Dan 14, 36-37). ¿Se dan cuenta, qué humildad tenía en su corazón? Estaba en la fosa, en medio de los leones que no le hacían ningún daño, y esto no solo una primera vez sino una segunda también (cf. Dan 6 y 14), y a pesar de todo eso se admiraba y decía: El Señor se ha acordado de mí.


¡Fíjense en la humildad de los santos, en la disposición de su corazón! Aun siendo enviados por Dios para socorrer a los hombres rechazaban y huían de los honores por humildad. Si se echa un harapo sobre un hombre vestido de seda, va a tratar de evitarlo para no ensuciar su precioso vestido. Igualmente los santos revestidos de virtudes huyen de la gloria humana por temor de ser manchados. Por el contrario, los que desean la gloria se asemejan a un hombre desnudo que no cesa de buscar un trozo de tela o de cualquier otra cosa con la cual cubrir su indecencia. Así el que está desprovisto de virtudes busca la gloria de los hombres. (…) Todos los santos, en general, han adquirido esa humildad, como lo hemos visto, por la práctica de los mandamientos. Cómo es ella o cómo nace en el alma, nadie lo puede expresar por palabras a quien no lo haya aprendido por experiencia. Nadie podría trasmitir a otros con simples palabras.


Un día abba Zósimo hablaba acerca de la humildad, y un sofista que se encontraba allí, oyendo sus palabras, quiso saber el sentido exacto: "Dime, le dijo, ¿cómo puedes creerte pecador? ¿No sabes que eres santo, que posees virtudes? ¡Bien ves que practicas los mandamientos! ¿Cómo, en esas condiciones, te puedes creer pecador"?. El anciano, no encontrando una respuesta para darle le dijo: "No sé cómo decírtelo, ¡pero es así! El sofista le insistía para que le diera una explicación. Pero el anciano, no encontrando cómo exponerle la cuestión, se puso a decir con santa simplicidad: "¡No me atormentes!; yo sé que es así". Viendo que el anciano no sabia que responder le dije: "¿No es acaso como sucede en la sofística y en la medicina? Cuando conocemos bien esas artes y las ponemos en práctica, vamos adquiriendo, poco a poco, por ese ejercicio mismo, una suerte de hábitos de médico o de sofista. Nadie podría decir ni sabría explicar cómo le vino ese hábito. Como dije, poco a poco e inconscientemente, el alma lo adquiere por el ejercicio de su arte. Lo mismo podemos pensar acerca de la humildad: de la práctica de los mandamientos nace una disposición de humildad, que no se puede explicar con palabras". (…)


Los Padres han dicho qué es lo que la obtiene. En el libro de los Ancianos se cuenta que un hermano le preguntó a un anciano: "¿Que es la humildad?". El anciano respondió: "La humildad es una obra grande y divina. El camino de la humildad son los trabajos corporales realizados 'con sabiduría'; el tenerse por inferior a todos, y orar a Dios sin cesar". Ese es el camino de la humildad, pero la humildad misma es divina e incomprensible.


Pero, ¿por qué se dice que los trabajos corporales llevan al alma a la humildad? ¿Cómo pueden los trabajos corporales ser virtud del alma? Ya hemos dicho más arriba que tenerse por inferior a todos se opone a la primera clase de orgullo. ¿Cómo podría el que se pone por debajo de todos creerse más grande que su hermano, o exaltarse en cualquier cosa o acusar o despreciar a alguien? Lo mismo acerca de la oración continua. Es claro que ella se opone a la segunda clase de orgullo. Porque es evidente que el hombre humilde y piadoso, sabiendo que nada bueno se puede hacer en su alma sin el auxilio y la protección de Dios, jamás cesa de invocarlo para que tenga misericordia de él. Y el que ora a Dios sin cesar sabe cuál es la fuente de cualquier obra buena que realice y no podría en consecuencia sentir orgullo ni atribuirlo a sus propias fuerzas.


¿Por qué se dice, entonces, que también los trabajos corporales procuran humildad? ¿Qué influencia puede tener el trabajo del cuerpo sobre una disposición del alma? Se lo voy a decir. Cuando el alma se apartó del precepto para caer en el pecado, la desdichada fue entregada, según dice San Gregorio, a la concupiscencia y a la total libertad del error. Amó los bienes corporales y, en cierta manera, fue hecha una sola cosa con el cuerpo, transformándose toda ella en carne, según lo escrito: Mi espíritu no permanecerá en esos hombres, pues son de carne (Gn 6, 3). De este modo, la desgraciada alma sufre con el cuerpo; ella queda afectada en si misma por todo lo que el cuerpo hace. Por eso el anciano dice que incluso el trabajo corporal lleva a la humildad. De hecho, las disposiciones del alma son las mismas en el hombre sano que en el enfermo; en el que tiene hambre que en el satisfecho. No son las mismas en un hombre montado a caballo que en el que está montado en un asno; en el que está sentado en un trono, que en el que está sentado en la tierra; en el que está muy bien vestido, que en el que está vestido miserablemente. Por lo tanto, el trabajo humilla el cuerpo, y cuando el cuerpo es humillado también el alma lo es con él, de tal manera que el anciano tenía razón al decir que incluso el trabajo corporal conduce a la humildad. (…) El anciano ha hecho bien en decir que los trabajos corporales también conducen a la humildad. Que el Dios de bondad nos conceda la gracia de la humildad que libra al hombre de grandes males y lo protege de grandes tentaciones.


San Gregorio Magno

FUENTE: catolicidad.blogspot.com

MENSAJES DE JESÚS EL BUEN PASTOR -MENSAJES RECIENTES- PARTE 13.





¡CUIDAOS DE LAS SECTAS, PORQUE MUCHAS ESTARÁN AL SERVICIO DE MI ADVERSARIO!
DICIEMBRE 28 DE 2011 1:30 P.M.
 
LLAMADO URGENTE DE MARÍA SANTIFICADORA A LOS HIJOS DE DIOS

Hijitos de mi corazón, que la paz de Dios esté con todos vosotros.

Mi corazón de madre de la humanidad está compungido, por la pérdida de tantas almas; ¿cómo será cuando la purificación esté en su fase crucial?. MI adversario muy pronto se anunciará, ya está listo para empezar a falsificar la obra de mi Hijo. Muchos lo aclamarán y hablarán de él, como el mesías esperado; los gobernantes de las grandes potencias le servirán y rendirán culto al gran engañador; el show del engaño se difundirá por toda la creación; la inmensa mayoría de la humanidad se dejará guiar por las enseñanzas del ser de iniquidad.

En su reinado todo estará a su disposición y aquel que no se someta a su doctrina será perseguido, martirizado o muerto. Rebaño de mi Hijo, pedid mi santa protección a todo instante y yo vuestra madre, os protegeré, solo permitiré lo que mi Padre disponga para vuestra purificación.

El año que está por comenzar dará inicio como ya os lo dije a la segunda fase de la purificación; la creación y sus criaturas comenzarán a ser transformadas y purificadas, para que pueda renacer la nueva creación con las nuevas criaturas. Os alerto hijitos míos, para que no vayáis a caer en las trampas de mi adversario, pues hay todo un plan montado, que hará que muchos caigan sutilmente. Cuidaos de las sectas, porque muchas estarán al servicio de mi adversario; van a desplegarse por el mundo entero, repartiendo de puerta en puerta la nueva biblia de Jerusalén, y en muchos casos recogiendo la Santa Palabra de Dios de vuestras casas, para remplazarla por la biblia de mi adversario. ¡Tened pues mucho cuidado y no entreguéis vuestras biblias, por la falsa palabra de mi adversario!. Estad alerta y vigilantes, porque mi adversario es astuto y se valdrá de todos los medios, para hacer perder al rebaño de mi Hijo.

Hijitos de mi corazón, que mi Santo Rosario sea vuestra protección; llevad en vuestro cuello mi camándula, para que oréis en los momentos de peligro; leed la Santa Palabra de Dios y meditadla, para que no seáis engañados por las sectas; sed muy perseverantes en la oración, para que permanezcáis bajo nuestra protección. La tierra ya está inundada de demonios que buscan apartaros de Dios; por eso orad con mi Santo Rosario cuando sintáis los ataques y decid cuando estéis en peligro inminente: Ave María Purísima, sin pecado concebida María Santísima y las fuerzas del mal huirán de vosotros.

El llamado Nuevo Orden Mundial, está al servicio de mi adversario, su finalidad es tener el control de toda la humanidad; cuidado con dejaos marcar con el sello de la bestia, es preferible la muerte, por eso no os podéis apartar de nuestro lado; acordaos de lo que dice la Santa Palabra de Dios: El que quiera salvar su vida la perderá, más el que la pierda por Dios la encontrará, porque sin Dios no sois nada. El sello de mi adversario ya comenzó a implantarse en la población de muchos países; no perdáis vosotros la cabeza, confiad en mi Padre y tened fe y Él, os cuidará y proveerá.

Los ángeles caídos llamados por vosotros extraterrestres, muy pronto se aparecerán en diferentes lugares, anunciando la paz y preparando el camino para la aparición del Anticristo; no los escuchéis, ya sabéis su procedencia; estos seres que dicen ser iluminados darán mensajes que muchos creerán como mensajes del cielo. Os aviso pues hijitos míos, para que no prestéis atención a estos seres que dicen ser de luz, porque lo que buscan es robaros el alma.

Escasez, escasez, escasez, se aproxima; no dejéis todo para lo último, la tierra muy pronto sólo dará malos frutos, es parte de su purificación y la purificación vuestra; por lo tanto, guardad alimentos no perecederos desde ya, para que podáis tener provisiones para los días de hambruna que se aproximan. Almacenad mucha agua, pues los cambios que sufrirá vuestro sistema solar y vuestro planeta harán que el agua escasee; en muchos lugares no se podrá beber por la radiación y la contaminación que caerán del cielo. Preparaos pues hijitos míos, para las pruebas que están por comenzar. Que la paz de Dios inunde vuestros corazones y mi protección maternal os ampare siempre. Vuestra Madre que os ama. María Santificadora.

Dad a conocer mis mensajes, hijitos de mi corazón.


¡PUEBLO DE DIOS, YA TODO ESTÁ CONSUMADO! 

DICIEMBRE 19 DE 2011 8:45 A.M.

Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria a Dios, que la paz del Altísimo, este con todos vosotros, heredad de mi Padre.

LLAMADO DE SAN MIGUEL AL PUEBLO DE DIOS

Hermanos, soy vuestro hermano Miguel, y hoy quiero deciros, que todo está por cumplirse conforme a la voluntad de mi Padre. Estáis en el no tiempo, la justicia divina está a punto de desencadenarse sobre todas las criaturas y la creación; ¿quién podrá resistirla?. ¡Ay de vosotros mortales, porque la justicia de Dios es recta e inexorable y viene a restablecer el orden y el derecho en todos los confines de la tierra!.

Ya se acercan los jinetes de la justicia divina, vienen a derramar sus copas con toda clase de pruebas; alistaos pueblo de Dios, porque la hora ha llegado; estad listos para el combate espiritual, estad listos para que os unáis en oración a los ejércitos de mi Padre.

Hermanos, ya estoy en medio de vosotros con todo el ejército de mi Padre, bajo la dirección de nuestra Señora y Reina; pedid nuestra protección y gustosos os la daremos. Los años que están por llegar serán de purificación, por eso preparaos para los acontecimientos que están por desatarse; os digo, que toda la creación y las criaturas serán purificadas, puestas a prueba y pasadas por el horno de la tribulación. El que se aparte de Dios perecerá, porque sin Dios no sois nada. Acordaos de lo que os viene diciendo nuestra Señora: Estáis en los tiempos en que la prioridad debe ser la oración y el recogimiento.

Os anuncio que los días de paz están por terminar, disfrutad de estos últimos días que mi Padre os regala, para que compartáis en familia; alabad la gloria de Dios y su misericordia, dad gracias al Dios de la vida, porque es eterno su amor. Todo está a punto de ser transformado, grandes cambios sufrirá vuestro mundo, que jamás mortal alguno había llegado a ver. Pueblo de Dios, ya todo está consumado. Muy pronto las aves os darán una señal, el universo entero comenzará un nuevo ciclo y todo cuanto conocéis cambiará.

Esta creación pasará, junto con esta generación pecadora, el fuego de la justicia divina todo lo transformará y unos nuevos cielos, una nueva tierra y una nueva generación, serán el deleite de mi Padre. La paz, el amor y la vida en el Espíritu, anunciarán el tiempo de Dios. No perdáis pues hermanos el poco tiempo que os queda, por ir en busca de vanidades; aprovechad estos últimos días, para que os preparéis para la gran batalla espiritual; ¡despertad de vuestro letargo espiritual, pueblo de Dios!; permaneced unidos en oración y en obediencia a la voluntad de mi Padre; acatad las instrucciones que os daremos, para que caminéis tomados de la mano de nuestra Señora y Reina María y podáis llegar seguros a las puertas de la Jerusalén Celestial.

Reconciliaos lo más pronto posible con la Trinidad Santa, porque cuando las trompetas de la justicia divina terminen de sonar ya no habrá marcha atrás. Aprovechad la última oportunidad de misericordia que mi Padre os dará, para que salvéis vuestras almas; que no os coja el llamado de mi Padre, sin estar preparados, para que no os lamentéis; por eso apresuraos a poner en orden vuestras cuentas, para que cuando llegue el Justo Juez, podáis ser justificados y no tengáis de qué lamentaros. La hora se acerca, el despertar de conciencias está tocando a la puerta de vuestras almas; velad y orad, porque todo está por comenzar.

Invocad mi protección a todo instante y decid: Oh San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia Celestial, sé mi custodio de noche y de día y junto con mi Madre María y mi Ángel de la Guarda, intercede por mí, para que pueda sobrellevar estos días de purificación; aceptándolo y ofreciéndolo todo por la salvación de mi alma, la de mi familia y el mundo entero. Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo, que se haga la santa voluntad de Dios, por los siglos de los siglos. Amén. 

Soy vuestro hermano, Miguel Arcángel. Gloria a Dios, aleluya, aleluya, Aleluya, y paz a los hombres de buena voluntad.


EL SILENCIO DE LA CREACIÓN LLAMA AL RECOGIMIENTO Y A LA ORACIÓN

DICIEMBRE 06 DE 2011 1:50 P.M.

LLAMADO DE MARÍA SANTIFICADORA A LA HUMANIDAD

ALTO DE GUARNE (ANT.)

Hijitos de mi corazón, que la paz de Dios esté con todos vosotros. 

El silencio de la creación llama al recogimiento y a la oración, los días de la purificación están cerca; no temáis, permaneced unidos en oración a Dios y a vuestra Madre y os aseguro que ni uno solo de vuestros cabellos se os perderá. Hijitos míos, alabad la gloria de Dios y pedid por el reinado de nuestros dos corazones; muy pronto la maldad y el pecado desaparecerán, para dar paso a una nueva vida, donde la gloria de Dios estará con vosotros; no os entristezcáis ante los acontecimientos que están por suceder, antes debéis de alegraos, porque unos nuevos cielos y una nueva tierra os espera; la paz, el gozo y el amor de nuestros dos corazones aguarda por vosotros; os digo, que vuestros sufrimientos y mortificaciones son nada comparados con la gloria que os espera. Permaneced firmes en las pruebas y ofreced vuestras penas de cada día, por la salvación vuestra, la de vuestros familiares, y por todos los pecadores del mundo entero.

Hijitos míos, es tiempo de perdón, no abriguéis rencor alguno con vuestros hermanos; amad y perdonad y la fuerza del amor y el perdón, os llevarán seguros a las puertas de la Jerusalén Celestial. Acordaos que jamás se oyó decir, que alguno hubiera acudido a Mí, sin mi ayuda recibir; si por mí fuera os llevaría a todos al cielo, pero qué tristeza siento al saber que tantos, la inmensa mayoría, le dirá no al Dios de la vida y el amor.

Hijitos de mi corazón, los días de la prueba están cerca, agrupaos en torno a vuestra Madre que tanto os ama y vela por cada uno de vosotros, mis amadísimos niños; rezad mi Santo Rosario y os daré mi protección, mi rosario será vuestro escudo; después de cada decena decid estas jaculatorias que os doy, para estos tiempos de purificación.

Oh María Madre mía, sé nuestro amparo y protección en estos días de purificación. Corazones de Jesús y de María, dadnos la salvación y llevadnos a la gloria del Padre. Amén.

Pequeñitos míos, os quiero regalar también una oración de consagración al Padre Celestial, para que la hagáis todos los días y pidáis su santa protección en los días de la prueba.

Oh Padre Celestial, amadísimo Señor del cielo y de la tierra, Rey de Reyes y Señor de Señores. Dios de los ejércitos. Me consagro a ti, que todo se haga en mí, conforme tu voluntad. Dadme tu santa protección y bendice mi familia, mi hogar, mi país, mi ciudad, mi trabajo y todo mi ser. Padre amado, no tengas en cuenta mis pecados, mírame con ojos de misericordia y dame la gracia de permanecer firme y leal a ti, en las pruebas que se avecinan. Que tu santa bendición permanezca en mí, y en los míos, para que junto a nuestra Madre María, podamos gozar de tu salvación, por los siglos de los siglos. Amén.

Ánimo, pequeñitos míos, todo saldrá conforme a la voluntad de mi Padre; uníos a mí, y a los Ángeles, para que juntos alabemos la gloria de Dios.

Que la bendición del Padre os proteja.
Que la bendición del Hijo os libere.
Que la bendición del Espíritu de Dios os santifique. Y mi santa intercesión os acompañe siempre. Vuestra Madre, María Santificadora.



¡AGRADECED A MI PADRE POR ESTOS DÍAS, CONTEMPLAD SU OBRA Y TODAS SUS MARAVILLAS, PORQUE MUY PRONTO TODO CAMBIARÁ Y LA CREACIÓN YA NO SERÁ LA MISMA!

NOVIEMBRE 30 DE 2011 – 1:50 P.M.

SANTUARIO MARÍA SANTIFICADORA – ALTO DE GUARNE ANTIOQUIA

Hijitos de mi corazón, que mi protección maternal os acompañe siempre.

Hijitos, grandes acontecimientos se darán en el cielo antes de la venida de mi Hijo; estad muy pendientes de las señales que empezarán a verse; esta humanidad sigue adormecida espiritualmente y sigue negándose a escuchar la voz de Dios. Sólo el aviso de mi Padre despertará las conciencias de su pueblo y lo preparará para los días de purificación.

La cruz gloriosa muy pronto aparecerá y estará precedida por un fenómeno cósmico, que abrirá los cielos y os mostrará la gloria de Dios. Preparaos pues hijitos míos, para la llegada del aviso, que despertará vuestras almas y las dispondrá para el regreso triunfal de mi Hijo.

Agradeced a mi Padre por estos días, contemplad su obra y todas sus maravillas, porque muy pronto todo cambiará y la creación ya no será la misma. Después del aviso y milagro, todo comenzará a ser transformado; la soberbia de los malvados traerá la guerra y con ella la muerte y la desolación. La creación de mi Padre en un valle de lágrimas se convertirá, la paz se derrumbará y los hombres marcharán a la guerra. La muerte se hará sentir por todos lados y millones de cadáveres enlutarán la tierra.

Los hombres enloquecerán, el odio y la intolerancia se apoderarán de la inmensa mayoría de la humanidad y la sangre como ríos por las calles rodará. ¡Oh, cuánto dolor padecerán mis pobres hijos!; ayes se escucharán por doquier, los padres venderán a sus hijos por un poco de alimento y muchos inocentes serán mártires. Todo será llanto y desolación, la alegría de otros tiempos en el pasado ha quedado; la tierra se estremecerá, el universo se consternará y los hombres como locos, entre sí, se destruirán; los planes de muchos en sueños se quedaron, millones mueren por el hambre, la guerra y la intolerancia.

Mi adversario ha cegado la mente de los hombres y los ha puesto en contra; el hambre los enloquece y las naciones entran en guerra, ya no hay paz; no salgáis a las calles, porque la muerte ronda; orad, orad, orad, para que la ira de Dios sea aplacada; uníos a vuestra Madre en oración y dejaos guiar por Mí, para que podáis sobrevivir a estos días que se os avecinan.

Tened confianza, amor, caridad, esperanza, perseverancia y mucha fe, para que podáis alcanzar la corona de la vida.

Que la bendición del Padre os proteja. Que la bendición de mi Hijo
os libere. Que la bendición del Santo Espíritu de Dios os santifique y mi protección maternal os ampare siempre. Vuestra Madre, María Santificadora.

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad.


¡ORACIÓN A LA MEDALLA MILAGROSA!

(Dictada por la Santísima Virgen Milagrosa, para estos tiempos de purificación. Armadura Espiritual)

Noviembre 27 de 2011 – 2:50 p.m.

Oh Medalla de María Milagrosa, sé mi escudo y protección contra todo dardo incendiario del maligno. Que mi ser físico y espiritual a través de tu medalla, permanezcan unidos a ti, Madre Milagrosa.

Que tu santa medalla me libre de todo mal y peligro; que tu santa medalla me proteja de toda enfermedad, pestes y virus; que al invocar tu santa plegaria: Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a ti, sea yo, mi familia y seres queridos, protegidos de toda calamidad y muerte imprevista.

Oh medalla milagrosa, protege mi hogar y bienes materiales de todo desastre natural, protege mi vida espiritual y todo mi ser; ampárame madre mía, con el escudo protector de tu medalla; dichoso aquel que la lleva puesta como coraza en su cuerpo y en su alma, porque tu protección estará con él de noche y de día. Gracias Madre Mía, por tu coraza espiritual, que aleja de mí, al invisible espíritu del mal

Oh medalla de María Milagrosa, en los momentos de peligro: Cuídame
Oh medalla de María Milagrosa, de las pestes y enfermedades: Cúrame
Oh medalla de María Milagrosa, del enemigo de mi alma: defiéndeme
Oh medalla de María Milagrosa, de los desastres naturales e imprevistos mi hogar y bienes materiales: Protege.

Y en la hora de mi muerte, que la luz de tu medalla milagrosa, me guíe a la gloria eterna. Amén.

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, con tan hermosa belleza, a ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón, mírame con compasión, no me dejes Madre mía; mi corazón a tus plantas pongo bendita María, para que a Jesús lo ofrezcas junto con el alma mía. Amén.


¡AY DE AQUELLOS QUE DICEN: VENGO DE PARTE DEL SEÑOR, PERO LE SIRVEN ES A MI ADVERSARIO!

Noviembre 25 de 2011 8:40 a.m.

LLAMADO URGENTE DE JESÚS EL BUEN PASTOR A LOS BRUJOS, HECHICEROS, ESPIRITISTAS, SANTEROS Y DEMÁS PRACTICANTES DEL OCULTISMO

Hijos míos, ovejas de mi grey, que mi paz esté con vosotros.

Ay de aquellos que dicen: Vengo de parte del Señor, pero le sirven es a mi adversario. Os digo, que si no os arrepentís de corazón y os apartáis de vuestro mal proceder, muy pronto recibiréis vuestra paga. A los hombres podéis engañar, pero a Mí, no podéis engañarme; os aseguro que si no cambiáis con mi aviso, vuestras almas se perderán eternamente. Arrepentíos de una vez, para que podáis alcanzar misericordia, porque en verdad os digo, que muchos no resistiréis a mi pequeño juicio.

Exhorto a todos aquellos que practican el ocultismo en cualquiera de sus formas; recapacitad y volved a Mí, o de lo contrario, conoceréis el rigor de mi justicia. Ay de aquellos que conjuran las imágenes que me representan a Mí, a mi Madre, a mis Arcángeles, Ángeles y almas bienaventuradas, para engañar y hacer el mal a sus hermanos; os digo, que si no os arrepentís y reparáis todo el mal que habéis hecho, el fuego eterno será vuestra paga. Acodaos de lo que le pasó al rey Baltasar por profanar mis utensilios sagrados, lo mismo os pasará a vosotros si no cambiáis vuestra conducta; seréis contados, pesados, medidos y entregados al carcelero para que paguéis eternamente vuestras culpas (Daniel 5, 25).

Detesto vuestra hipocresía y malas acciones, no sigáis atando mis imágenes, ni sigáis atando con vuestros rezos y conjuros a mis ovejas, para que no tengáis de qué lamentaros mañana. Soy el Dios de la misericordia y el perdón, pero también soy el Dios de la justicia, el Justo Juez, que no permitirá que sigáis atando con vuestras hechicerías y conjuros a mi pueblo y lo más grave, utilizando mi Santo Nombre, para cometer vuestras detestables acciones.

Acordaos: A mayor pecado, mayor misericordia, si volvéis a Mí, con corazones contritos y humillados; hay más alegría en el cielo no por 99 justos, sino por un pecador que se convierta. Salid de la oscuridad y dejaos guiar por Mí, que soy la Luz del Mundo, que quiere sacaros de las tinieblas y llevaros a la gloria eterna; salid pues de vuestros sepulcros, para que podáis ver la luz de la vida que soy Yo. De nuevo os digo, recapacitad hijos de la oscuridad, acogeos a mi misericordia y hallaréis perdón y no se os volverá a recordar vuestro pecado. Reconciliaos conmigo y confesad vuestras faltas ante mis ministros; arrepentíos y apartaos de vuestro mal proceder y os daré mi perdón, así como lo hice con María de Magdala y con otros tantos que como vosotros andaban en tinieblas, pero se arrepintieron y alcanzaron la luz de la salvación eterna. Apresuraos, porque la noche de mi justicia está cerca. Soy Jesús de Nazareth, el Buen Pastor de todos los tiempos.

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad.

VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO Y A MARÍA SANTÍSIMA. (Parte 5).

Visitas al Santísimo, a la Virgen y a San José correspondientes a cada día del mes por San Alfonso María Ligorio.


VISITA 14ª

Visita al Santísimo

Oración preparatoria, p. 53.

Amabilísimo Jesús, oigo que desde el Sagrario en que estáis, nos decís: Este es mi descanso para siempre; aquí tendré mi habitación, pues la escogí. Pues si Vos escogisteis vuestra morada en el Altar, quedándoos con nosotros en el Santísimo Sacramento, y por el amor que nos tenéis halláis aquí vuestro reposo, razón es también que nuestros corazones habiten siempre con Vos por amor, y tengan aquí todas sus delicias y descanso.

¡Felices vosotras, almas amantes, que no halláis en el mundo más grato reposo que el estar cerca de vuestro Jesús Sacramentado! ¡Y dichoso yo, Señor mío, si de hoy en adelante no tuviese delicia mayor que permanecer en vuestra presencia, o pensar siempre en Vos, que en el Santísimo Sacramento siempre estáis pensando en mí y en mi bien!

¡Ah, Señor mío!, ¿por qué perdí tantos años en que no os amaba? Años míos infelices, os maldigo y bendigo a Vos, ¡oh paciencia infinita de mi Dios!, que tanto tiempo me habéis sufrido, siendo, como era, ingrato a vuestro amor.

Mas con ser tan ingrato me esperasteis...¿Por qué, Dios mío, por qué? Para que vencido algún día de vuestro amor y misericordia, me entregase del todo a Vos. No quiero, Señor, resistir más; no quiero más ser desagradecido.

Justo es que os consagre a lo menos este tiempo (poco o mucho) que me resta de vida. Espero, Señor, que me ayudaréis para ser enteramente vuestro. Si me favorecisteis cuando de Vos huía y despreciaba vuestro amor, ¿cuánto más me favoreceréis ahora, que os busco y deseo amaros? Dadme pues, la gracia de amaros, ¡oh, Dios digno de infinito amor!

Os amo con todo mi corazón, os amo sobre todas las cosas, os amo más que a mi mismo, más que a mi vida. Me arrepiento de haberos ofendido, bondad infinita; perdonadme, y junto con el perdon, concededme la gracia de que os ame hasta la muerte en esta vida, y por toda la eternidad en la otra.

Mostrad con vuestro poder, ¡oh, Dios omnipotente!, este prodigio en el mundo: que un alma tan ingrata como la mía se transforme en una de las más amantes vuestras. Otorgádmelo por vuestros merecimientos, Jesús mío. Así lo deseo; así propongo practicarlo toda mi vida; y Vos, que me inspiráis este deseo, dadme fuerzas para cumplirlo.

Jaculatoria.— Gracias os doy, Jesús mío, por haberme esperado hasta ahora.

Comunión espiritual, p. 41.

Visita a María Santísima

Nadie se salva –dice San Germán, hablando con María Santísima- sino por Vos; nadie se libra de sus males sino por Vos; a nadie se conceden gracias sino por vuestra intercesión.” De suerte, Señora y esperanza mía, que si no me ayudáis, perdido soy; y no podré llegar a bendeciros en la Gloria. Pero creo, Señora, lo que dicen los Santos, que no abandonáis a quien recurre a Vos; y que sólo se pierde quien a Vos no acude. Yo miserable, recurro a Vos, y en Vos pongo todas mis esperanzas.

Jaculatoria.— Esta es mi confianza, ésta la razón toda de la esperanza mía (San Bernardo).

Oración a María Santísima, p. 58.

Visita al Patriarca San José

Si la voz de María bastó para santificar al Bautista y llenar del Espíritu Santo a Isabel, ¿a qué santidad tan elevada no subiría la bellísima alma de José, conversando por espacio de tantos años con la Madre Dios? Y si María es la dispensadora de todas las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no enriquecería de ellas a su castísimo Esposo?

Amado San José, Vos que fuisteis tan distinguido y privilegiado en la participación de las grandezas de María, alcanzadme que también yo conozca sus virtudes para imitarlas y sus esclarecidos privilegios para honrarla y amarla con todas mis fuerzas.

Jaculatoria.— Alcanzadme la gracia de amar, servir e imitar a María Santísima.

Oración a San José, p. 61.


VISITA 15ª

Visita al Santísimo

Oración preparatoria, p. 53.

Decía el V. P. Francisco Olimpo, Teatino, no haber cosa en la tierra que más vivamente encienda el fuego del divino amor en los corazones de los hombres que el Santísimo Sacramento del Altar.

Por eso el Señor se mostró a Santa Catalina de Siena, en el Santísimo Sacramento, como una hoguera de amor, de la cual salían torrentes de divinas llamas, que se esparcían por toda la tierra; quedando atónita la Santa al considerar cómo podían los hombres vivir sin abrasarse de amor en medio de tanto amor divino para con ellos.

Jesús mío haced que arda por Vos; haced que no piense, ni suspire, ni desee, ni busque cosa laguna fuera de Vos. ¡Dichoso yo si este vuestro santo fuego me inflamase, y, el paso que se fuesen consumiendo mis años, fueran felizmente destruyéndose en mí todos los afectos terrenos!

¡Oh, Verbo divino; oh, Jesús mío!, os veo enteramente sacrificado, aniquilado y destruido por mi amor en ese Altar. Justo es, pues, que así como Vos, víctima de amor, os sacrificáis por mí, yo del todo me consagré a Vos. Sí, Dios mío y supremo Señor, os sacrifico hoy toda mi alma, toda mi voluntad, mi vida toda y a mí mismo.

Uno este mi pobre sacrificio con el sacrificio infinito que de sí mismo os hizo, ¡oh, Eterno Padre!, vuestro Hijo Jesús, Salvador mío, una vez en el ara de la Cruz, y que tantas veces os renueva diariamente en los altares. Aceptadlo, pues, por los méritos de Jesús, y dadme gracia para repetirlo todos los días de mi vida, y para morir sacrificándome enteramente por honra vuestra.

Deseo la gracia, a tantos mártires concedida, de morir por vuestro amor. Mas, si no soy digno de tal merced, concededme a lo menos que os sacrifique mi vida, con toda mi voluntad, abrazando la muerte que de Vos me fuere enviada. Señor, anhelo esta gracia; quiero morir con la voluntad de honraros y complaceros, y desde ahora os sacrifico mi vida, y os ofrezco mi muerte, sea cual fuere y cuando quiera que venga.

Jaculatoria.— Oh Corazón de mi amable Salvador, haced que arda y siempre crezca en mí vuestro amor.

Comunión espiritual, p. 41.


Visita a María Santísima

Permetidme, dulcísima Señora mía, que os llame con vuestro San Bernardo: Toda la razón de mi esperanza, y que os diga con San Juan Damasceno: En Vos he puesto toda mi confianza. Vos me alcanzaréis el perdón de mis pecados, la perseverancia hasta la muerte, y el ser libertado del Purgatorio. Todos cuantos se salvan obtienen por Vos la salvación: de suerte que Vos, ¡oh María!, me habéis de salvar . Quien tú quisieres, se salvará. Quered, pues, salvarme y me salvaré; y como Vos salváis a todos los que os invocan, os invocaré diciendo:

Jaculatoria.— ¡Oh, salvación de los que os invocan, salvadme! (San Buenaventura).

Oración a María Santísima, p. 58.

Visita al Patriarca San José

Pasó José –dice San Lucas (2, 4)- desde Nazaret a la ciudad de David, llamada Belén; y María dio a luz a su Hijo unigénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre.” Considera aquí la pena de José aquella noche en que nació el Verbo encarnado, viéndose, con María, echados de Belén, y obligados a guarecerse en un establo.

¡Oh, Santo Patriarca!, por la aflicción que experimentasteis viendo al recién nacido Niño tan pobre, sin fuego y sin abrigo, os ruego que me alcancéis un verdadero dolor de mis pecados, con los cuales fui, or mi desgracia, causa de las lágrimas y de los padecimientos de Jesús.

Jaculatoria.— Haced, Santo mío, que imite la pobreza del Niño Jesús.

Oración a San José, p. 61


VISITA 16ª

Visita al Santísimo

Oración preparatoria, p. 53

Oh, si los hombres recurriesen siempre al Santísimo Sacramento, para buscar remedio a sus males! Por cierto que no serían tan miserables como son. Lloraba Jeremías, diciendo: ¿Acaso no hay resina (o bálsamo) en Galaad; o no hay aquí médico? Galaad, monte de la Arabia, rico en ungüentos aromáticos, es, como nota Beda, figura de Jesucristo, el cual tiene dispuestos en este Sacramento todos los remedios de nuestros males.

¿Por qué, pues, hijos de Adán (parece que nos dice el Redentor), os quejáis de vuestros males, cuando tenéis en este Sacramento el médico y el remedio de todos ellos? Venid a Mí todos...y yo os aliviaré.

Diré, pues, con las hermanas de Lázaro: Ved que está enfermo el que amáis. Señor, yo soy aquel miserable a quien amáis; tengo el alma llena de llagas, por los pecados que he cometido. Vengo a Vos, divino médico mío, a que me sanéis; y si queréis, podéis sanarme. Sanad, pues, mi alma; porque pequé contra Vos.

Atraedme del todo a Vos, Jesús mío dulcísimo, con los amabilísimos atractivos de vuestro amor. En más estimo estar unido a Vos, que ser dueño de toda la tierra, y no deseo en este mundo otra cosa que amaros. Poco tengo que ofreceros; pero si pudiese poseer todos los reinos del mundo, quisiéralos solamente para renunciarlos todos por amor vuestro.

Os entrego, pues, cuanto poseo: parientes, comodidades, gustos y hasta los consuelos espirituales; os entrego mi libertad y mi voluntad. Quiero daros todo mi amor. Os amo, bondad infinita, os amo más que a mí mismo, y espero amaros eternamente.

Jaculatoria.— Jesús mío, me entrego a Vos; recibidme.

Comunión espiritual, p. 41.

Visita a María Santísima

Dijisteis Señora mía, a Santa Brígida: Si el hombre verdaderamente arrepentido de cuanto hubiere pecado se vuelve a mí, yo estoy pronta a acogerle. No miro la multitud de sus culpas, sino el espíritu con que viene: ni me desdeño de curar y sanar sus llagas; porque me llaman, y soy verdaderamente, Madre de misericordia. Y ya que podéis y deseáis sanarme, A vos recurro, celestial Remediadora: sanad las llagas de mi alma.

Jaculatoria.— ¡Oh, María, tened piedad de mí!

Oración a María Santísima, p. 58.

Visita al Patriarca San José

Considera cuál fue el amor y la ternura de José al mirar con sus propios ojos al Hijo de Dios hecho Niño, oyendo al mismo tiempo a los ángeles, que cantaban alrededor de su recién nacido Señor.

Afortunado Patriarca, por aquel consuelo que experimentasteis al ver por vez primera a Jesús Niño tan bello y graciosos, alcanzadme la dicha de que yo también le ame con vivo amor en la tierra, para ir después un día a gozar con Él en el Paraíso.

Jaculatoria.— Concededme, bendito José, constante amor a Jesús y a María.

Oración a San José, p. 61.


VISTA 17ª

Visita al Santísimo

Oración preparatoria, p. 53.

No saben la almas amantes hallar mayor contento que estar en presencia de las personas que aman. Si amamos, pues, mucho a Jesucristo, estemos aquí en su presencia. Jesús en el Sacramento nos ve y nos oye, ¿y no le diremos nada?

Consolémonos con su compañía; gocémonos de su gloria y del amor que le tienen tantas almas enamoradas del Santísimo Sacramento; deseemos que todos amen a Jesús Sacramentado y le consagren sus corazones; consagrémosle siquiera nosotros todo nuestro afecto, y sea Él nuestro único amor, nuestro deseo único.

El P. Salesio, de la Compañía de Jesús, sentíase consoladísimo sólo al oír hablar del Santísmo Sacramento, y nunca se saciaba de visitarle; si le llamaban a la portería, si volvía a su aposento, si andaba por la casa, procuraba siempre con tales ocasiones menudear las visitas a su amado Señor; y así se notó que apenas pasaba hora del día en que no visitase, mereciendo en fin morir a manos de los herejes en defensa de la verdad del Sacramento.

¡Oh, si yo tuviese también la dicha de morir por tan hermosa causa como es defender la verdad de este misterio, por el cual, amabilísimo Jesús, nos disteis a conocer el tiernísimo amor que nos profesabais! Pues ya que Vos, Señor mío, tantos milagros hacéis en este Sacramento, haced todavía otro prodigio más, atrayéndome del todo a Vos.

Me queréis enteramente para Vos, y bien lo merecéis. Dadme, pues, fuerzas para amaros con todo mi afecto. Los bienes del mundo dadlos a quien os plazca, que yo los renuncio todos. Lo que quiero, y por lo que únicamente suspiro, es por vuestro amor. Esto solo os pido y siempre os lo pediré. Os amo, Jesús mío; que así sea siempre.

Jaculatoria.— Jesús mío, ¿cuándo os amaré de veras?

Comunión espiritual, p. 41.

Visita a María Santísima

Cuánto me complace, Reina mía dulcísima, este hermoso nombre con que os invocan vuestros devotos: Mater amábilis! Porque Vos, Señora mía, sois sumamente amable y por vuestra hermosura se enamoró de Vos el mismo Señor vuestro: El Rey deseó tu belleza. Dice San Buenaventura que vuestro nombre es tan amable para los que os aman, que sólo al pronunciarle u oírle pronunciar, sienten que se inflama y acrecienta en ellos el deseo de amaros.¡Oh dulce!, ¡oh piadosa!, ¡oh amabilísima María! ¡No es posible nombraros sin que se encienda y recree el afecto de quien os ama!

Justo es, pues, Madre mía amabilísima, que os ame yo. Mas no me contento sólo con amaros, sino que deseo, ahora en la tierra y después en el Cielo, ser, después de Dios, el que más os ame. Y si tal deseo es harto atrevido, cúlpese a vuestra amabilidad, y al especial amor que me habéis demostrado; que si fueseis menos amable, menos desearía yo amaros.

Aceptad, pues, ¡oh Señora!, este mi deseo. Y como prueba de uqe lo aceptáis, alcanzadme de Dios este amor que os pido, ya que tanto complace a Dios el amor que todos os tenemos.

Jaculatoria.— ¡Madre mía amabilísima, os amo mucho!

Oración a María Santísima, p. 58.

Visita al Patriarca San José

Mandó a Herodes que fuesen degollados todos los ninños del término de Belén. Mas Dios quiso librar por entonces a su Hijo de la muerte, y envió un Ángel para avisar a José que tomase al Niño y asu Madre y huyesen a Egipto. Y al punto José emprende aquel viaje largo y penoso.

Santo protector mío, por vuestra pronta y continua obediencia a la voluntad de Dios, alcanzadme la gracia de obedecer puntualmente los preceptos divinos, y que en el viaje de esta vida no pierda jamás la compañía de Jesús y María.

Jaculatoria.— ¡Dichosos los que a Dios obedecen: nunca se extraviarán!

Oración a San José, p. 61.

LA VIRIL CASTIDAD Y EL CELIBATO DEL SACERDOTE.

Por Alfonso Junco



Muchas incomprensiones y ligerezas suelen decirse acerca de la cuestión trascendental del Celibato de los Sacerdotes. Vamos a examinarla concisamente, con objetividad de hombres laicos que, exentos por ello de interés o compromiso personal, no tenemos otro propósito que entender y justificar las cosas.

Por libre y voluntaria determinación, el Sacerdote católico renuncia a sus derechos de paternidad humana, para entregarse íntegramente a su paternidad espiritual; para engendrar y nutrir almas, con fervor absorbente y exclusivo, sin las trabas de los cuidados domésticos; para ensanchar, exenta de fronteras, su solicitud paternal, de suerte que todos puedan llamarle por antonomasia Padre.

Sacrificio heroico. ¿Qué es lo que lo inspira y lo sustenta? 

En lugar primerísimo, el ejemplo sublime de Jesús, célibe perfecto. También su palabra en loa de la virginidad. (S. Mateo, Cap. XIX, 11/12). Asimismo el ejemplo y la declaración reiterada y categórica de San Pablo sobre la supremacía espiritual del celibato (Primera carta a los Corintios, Cap. VII). Y virgen es Juan, el discípulo predilecto. Y la Madre de Dios condensa en sí todos los aromas de la pureza, y hace propio el nombre genérico, y los siglos la conocen y aclaman por la Virgen. .

Pero ¿cómo podremos estimar y sentir estas cosas si todo lo vemos con mirada carnal y andamos sumergidos en el lodo? Muchos, asfixiados en sus mezquinos horizontes, declaran que la castidad es absurda e imposible. Más fácil resulta declararla así que intentarla virilmente. Y aquí cabría recordar una palabra del propio Jesús: "NO arrojéis margaritas a los puercos".

Quienes no conocen ni tratan a los sacerdotes, quienes a todos los engloban, desde lejos y a ciegas, bajo un nombre cargado para ellos de prestigios tenebrosos y fantasmales: el clero, ésos son los que se alarman del peligro y truenan contra las costumbres eclesiásticas, queriendo por remedio que se casen los sacerdotes (como si el estado civil diera virtud y no estuviéramos hartos de maridos adúlteros y licenciosos).

Quienes conocemos y tratamos a los sacerdotes, sabemos cómo son en su inmensa mayoría abnegados y rectos, y cómo muchos tocan las cimas del heroísmo y la santidad. Y podemos suscribir el testimonio insospechable de Renán, que precisamente en el Seminario aprendió la, castidad de que más tarde se gloriaba. "Según mi propia experiencia, lo que se dice de las costumbres clericales carece de todo fundamento, Yo he pasado trece años de mi vida en manos de sacerdotes y no he visto ni la sombra de un escándalo; no he conocido más que buenos sacerdotes".

(Souvenirs d'enfance et de Jeunesse. 111).
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Bien podía clamar Lacordaire desde la egregia cátedra de Nuestra Señora de París. "Somos fuertes porque poseemos esta virtud, y bien saben lo que hacen aquellos que atacan el celibato eclesiástico, aureola del sacerdocio cristiano. Las sectas heréticas lo han abolido entre ellas; es el termómetro de la herejía: a cada grado de error corresponde un grado, si no de desprecio, al menos de disminución de esta virtud celeste".

No mutilación, sino plenitud.

Descendamos a lo que todo hombre de razón puede entender. ¿Os figuráis nada más tristemente risible que un ministro buscando novia, o embebido con ella en coloquios y arrumacos, escenitas de celos, pleitos y reconciliaciones? ¿No quedarán así mermadísimos la seriedad, el vigor, la fecundidad de su ministerio? 

¿Y el ministro papá, pendiente de la señora y de los niños, con obligación de proveer al sustento de todos? O habrá de trabajar en cosas profanas para sostener a los suyos, y entonces el ministerio quedará postergado o anulado, o bien se dedicará íntegramente al servicio religioso y entonces pesará sobra los fieles la carga económica de toda la familia ministerial.

Y en cualquier caso, no podrá ser más de lo que son los ministros sinceros y honrados: un hombre estimable y bueno, como puede serlo un buen católico laico, que dedique parte de su tiempo a labores benéficas o apostólicas. Pero la pasión por Dios, el ímpetu exclusivo por Dios, el glorioso desasimiento de todas las criaturas, el heroico asistir a enfermos contagiosos o a soldados en batalla, el lanzarse a misiones con abandono de todo y peligro de la vida ¿dónde estará?. ¿Se habrá casado el ministro para desamparar a su familia, o la cargará consigo a los rincones del Africa salvaje?..

No: no puede sostenerse, ante un examen desinteresado e imparcial, que en el sacerdote sea mejor el matrimonio que el celibato. Ilustres escritores profanos lo han reconocido. Ya lo confesaba el francés Michelet; ya entre nosotros López Velarde, en una página de "El minutero"; ya lo proclamaba Víctor Hugo en Los trabajadores del mar: "Las religiones que prescriben el celibato a sus sacerdotes saben bien lo que hacen. Nada destruye tanto el sello sacerdotal como amar a una mujer". (3a. parte, libro III, Cap. II). 

Y, si se me permite un toque humorístico en tema tan grave, recordaré que en el Evangelio se afirma que "no se puede servir a dos señores". Pues si no se puede servir a dos señores, ¿qué será el querer servir al mismo tiempo al Señor... y a la señora? .

Cristo expresamente pide, a los escogidos que quieren seguirle más de cerca, que dejen sus bienes, que o abandonen todo, que tomen su cruz y que lo sigan. Pide un amor exclusivo y total, un "corazón indiviso", como escribe San Pablo. Y ¿cómo no ha de ser así para el amor divino, si para el amor humano lo exigimos, según canta la copla? "Corazones partidos yo no los quiero; cuando yo doy el mío lo doy entero".

En suma. La Iglesia Católica, al implantar el celibato para los que libremente lo eligen al elegir el sacerdocio, no es sólo santa, a imitación de Jesús: es también sabia. Y si espiritualmente se mira la excelsitud y grandeza del ministerio, el celibato sacerdotal no es mutilación, sino plenitud.
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Lo que dice el Concilio.

.El cristianismo es siempre nuevo, pero nunca novelero. Y se ha desatado ahora una racha de novelerías, que con grave ignorancia o ligereza se achacan al Concilio Vaticano II. Pero si va uno a la fuente, como se debe ir, encuentra que el Concilio nada dispone sobre aquello, o expresamente dispone lo contrario de lo que se le atribuye. .¿Qué dice sobre el celibato sacerdotal?, ¿Es cierto, como se propaló terca y ruidosamente por los periódicos, que el Concilio deja esto en suspenso o lo pone en términos borrosos? Nada de eso. He aquí su dictamen categórico: .

"El celibato, que primero sólo se recomendaba a los sacerdotes, fue luego impuesto por ley en la Iglesia Latina... Esta legislación, por lo que atañe a quienes se destinan al presbiterado, LA APRUEBA Y CONFIRMA DE NUEVO ESTE SACROSANTO CONCILIO"..

Así textualmente consta en el Decreto sobre el ministerio de los presbíteros, número 16, donde se dice, con belleza profunda, que "el celibato está en múltiple armonía con el sacerdocio", y se exponen conceptos como los que siguen:

"La perfecta y perpetua continencia por amor del reino de los cielos, recomendada por Cristo Señor, aceptada de buen grado y laudablemente guardada en el decurso del tiempo y aun en nuestros días por no pocos fieles, ha sido siempre altamente estimada por la Iglesia, de manera especial para la vida sacerdotal. Ella es, en efecto, signo y estímulo al propio tiempo, de la caridad pastoral, y fuente particular de fecundidad espiritual en el mundo"... .

En consecuencia: 

"Exhorta este sagrado Concilio a todos los presbíteros que, confiados en la gracia de Dios, aceptaron el sagrado celibato por libre voluntad a ejemplo de Cristo, a que, abrazándolo magnánimamente y de todo corazón y perseverando fielmente en este estado, reconozcan ese preclaro don que les ha sido hecho por el Padre y tan claramente es exaltado por el Señor". .

Nada de actitudes negativas o ambiguas; afirmación resuelta y luminosa. Pero se aluda a las mundanas objeciones:

"Y cuanto más imposible se reputa por no pocos hombres la perfecta continencia en el mundo del tiempo actual, tanto más humilde y perseverantemente pedirán los presbíteros, a una con la Iglesia, la gracia de la fidelidad, que nunca se niega a los que la piden, empleando, a par, todos los subsidios sobrenaturales y naturales, que están al alcance de todos. No dejen de seguir, señaladamente, las normas ascéticas que están probadas por la experiencia de la Iglesia..."..

Finalmente, no ya a los sacerdotes sino a todos los cristianos nos pide el Concilio la sobrenatural estimación y el invencible afecto a esta virtud celeste:
"Ruega, por ende, este sacrosanto Concilio no sólo a los sacerdotes, sino también a todos los fieles, que amen de corazón este precioso don del celibato sacerdotal..."

LA VIRIL CASTIDAD. .

Y aquí es donde parece oportuno que enfoquemos, ya en su aspecto más amplío y general, este problema palpitante: la castidad varonil. Demasiado sé que en la hora de hoy, mientras no zambullimos en el fango como en una piscina, puede sonar a estrafalario hablar de castidad varonil; mas precisamente por eso hay que hablar, franca, directa, masculinamente. .

¡La viril castidad! Virtud de hombres. No de cobardes, no de apocados, no de enfermizos, no de rutinarios, virtud de hombres, que comprenden cuan cargada de experimentadísimo saber está aquella ecuación del victorioso mariscal Foch: "Victoria: igual a: Voluntad". .

Mas para poner el peso todo de la voluntad en esta batalla y traducir la guerra en victoria, es forzoso ganar primero el entendimiento. Deshacer prejuicios lanzados por la pereza, la concupiscencia, el interés vergonzante: "La castidad se dice en triples objeciones: es antinatural; la castidad es nociva a la salud; la castidad es imposible". .

Hay que barrer, con chorros de luz, toda esta sombra de conspiración, y, seguros de que la pureza es un ideal no sólo hermoso, sino natural, salutífero, vigorizante, trocado en práctica por muchas almas limpias, entrar de lleno en la pelea, y aplicar a la salvaguarda y conquista de la pureza, todo el brío, toda la sagacidad, todo el tesón y toda la alegría.

Siempre he creído que la fe es una castidad. Y creo también que la castidad es una fe. Sin fe en ella, sin la certidumbre y el ímpetu propios de la fe, la castidad será ilusoria o precaria. Hay que enraizar esta certeza, y luego, echarla a florecer en actos. .

Nosotros, los varones, exigimos pureza en la mujer. No estamos todavía tan prostituidos como para aceptar en la hermana, en la novia, en la esposa, en la hija, el deshonor. Y si somos, con plena justicia, exigentes, y no pensamos que en la mujer sea antinatural, ni nociva, ni imposible la pureza ¿por qué ha de serlo en el hombre? Del mismo barro estamos hechos y nuestros organismos son recíprocos. .

Cierto es que ruge más bronco el huracán en el hombre y exige mucho más brava resistencia. Cierto que la caída de la mujer tiene repercusiones infinitamente más subversivas y dramáticas en el hogar y en la sociedad. Pero la moral es una para todos; el decálogo rige para mujeres y varones por igual.

Y, para el cristiano, esa norma igual es firme y diáfana. Continencia absoluta en el célibe; fidelidad perfecta en el casado. Y, dentro del matrimonio, nada que artificialmente frustre el designio de la naturaleza: la vida que puede venir. .

Norma austera y sagrada. Norma de salud y pujanza en lo personal y en lo social. Norma que defiende precisamente los fueros y propósitos de la naturaleza, vivificándolos y enriqueciéndolos de savia sobrenatural. .

Ni antinatural, ni nociva, ni imposible... .

Fisiológicamente, la dualidad de sexos se encamina a la perpetuación de la especie. Esta es su razón directa, patente, indubitable. Los animales, que no pueden alcanzar las cumbres humanas, pero tampoco sus abyectas degeneraciones, aquí nos dan lección, obedeciendo la ley natural. Toda acción que burle el fecundo propósito de la naturaleza, va contra la naturaleza. Y, para el hombre, la perpetuación de la especie sólo es digna, legítima, cumplidora de su sentido no únicamente animal sino moral, en la santidad del matrimonio. ¿Por qué? Porque el vástago humano necesita, aparte el cuidado físico - mayor y más prolongado que en las especies inferiores -, el desarrollo intelectual, la formación del carácter, el apercibimiento del espíritu, la educación en suma, que de manera natural también, pide y requiere la acción conjunta del padre y de la madre: fuerza y dulzura, sostén exterior y delicadeza íntima , abrazados por firme vínculo en la unidad del hogar. Por eso es la orfandad una de las desgracias más hondas, y contra ella hay que elevar asilos o instituciones que remeden y traten de suplir el hogar insustituible. Pero ¿hay cosa más antinatural, más viciosa, más enemiga de lo que exigen la razón y el bien, que dejar al hijo huérfano en vida de los padres, o porque ellos se aparten para nuevas uniones, o porque los lleve la concupiscencia a regar vástagos al azar, con descuido de sus primarias obligaciones paternas? .

Quiere, pues, la pureza, que se respeten las normas de nuestra naturaleza fisiológica y de nuestra naturaleza racional.
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¿Lo que acata esas leyes naturales, será nocivo a la salud? .

La razón, la experiencia, la ciencia, claman que no. Es, en cambio, patente el estrago que en la salud consuman los descarríos sexuales. Agotamientos prematuros, desajustes nerviosos, enfermedades inmundas, lacras hereditarias. ¿Y no sabe a estólido sarcasmo, que se invoque la salud para defender tal catástrofe de la salud? 

Pero, sin llegar al extremo, ¿no nos consta, por experiencias cotidianas, que la continencia es parte esencial en el buen entrenamiento del pugilista, del torero, del atleta, del deportista?, ¿Qué quiere esto decir sino que la incontinencia es enemigo del vigor, y la continencia su aliada?

¿No sabemos, otro dato a la vista cómo el hombre suele imponer forzada abstención a animales que intenta precisamente llevar y lleva así a un máximo desarrollo y crecimientos.

Es que el licor de la vida no tiene por único objeto comunicarla, sino también fortalecerla y aumentarla en el organismo propio. Si la actividad exterior se limita por la sobriedad o se suprime por la abstención, aquella vital substancia se aprovecha en lo personal, e "intensifica nuestras actividades fisiológicas, mentales y espirituales". Estas últimas son palabras de un sabio, el insigne doctor Alexis Carrel, en su libro "L'homme, cet inconnu". Y ésta y otras verdades convergentes, son conocidas y proclamadas por todos los positivamente serios hombres de ciencia, cuyos testimonios sería fácil tarea entretejer. 

¿A qué se debe el hecho, notorio hoy día como a lo largo de muchos siglos, del nervio físico y mental, de la longevidad fecunda tan frecuente en monjas y religiosos, sino a una vida sobria y ordenada que tiene por primordial cimiento la castidad? 

Y luego decir que lo que va de acuerdo con las leyes de la naturaleza, que lo que favorece y vigoriza la salud, no es ni podría ser imposible. Difícil, sí, Difícil como todo lo excelso. Como todo lo que en el hombre intenta domeñar el apetito e imponer el señorío de la razón. Difícil aquí, singularmente, por lo universal e imperativo de la propensión que tiende al desbocamiento; difícil, por la errónea mentalidad que en esto prevalece y actúa con fuerza de atmósfera social; difícil, finalmente, porque en torno nuestro todo conspira hipócrita o descaradamente contra la pureza, en vez de tender a preservarla, fortalecería y educarla. .

Nos incumbe, por tanto, enderezar nuestro juicio, robustecer nuestro propósito, y trabajar después, en lo personal y en lo social, en el orden de las ideas y en el orden de las costumbres, por todo lo que respete, salvaguarde, corrobore, estimule la pureza. 

Atletismo espiritual.Claro que si el pensamiento se ensucia a la continua, si los ojos van tras la imagen provocadora y el espectáculo lascivo, si conversaciones y lecturas mueven la imaginación y familiarizan en la torpeza, si los bailes suscitan y exacerban inclinaciones inconfesables, si en todo y por todo la sensualidad reina y se cultiva y desboca, nadie podrá súbitamente pararse a la mitad del resbaladero. El que no quiero caer, no se entrega a la pendiente. Quien se arroja a la catarata que se despeña, no podrá remontarla. .

Pero quien pone los medios, logra el fin. Quien vigila sus sentidos, quien aparta lo que mancha o perturba, quien selecciona y orienta sus pláticas, lecturas, amistades y actividades hacia la generosidad y la limpieza; quien llena su vida de ocupaciones y aspiraciones superiores, letras, arte, ciencia, apostolado; quien emprende, en suma, la educación de la castidad, vence en su empeño. 

La pureza es perfectamente posible. La pureza es un hecho, pero un hecho glorioso que requiere hombría. No en balde nuestro egregio castellano la llama, en su plenitud, "entereza".

Decretar imposible lo que no se tiene la virilidad de acometer, es subterfugio de cobardes. Imposibles parecen las proezas de fuerza y agilidad en los atletas. Pero el triunfo que presenciamos es la coronación de un esforzado, tesonero, severísimo entrenamiento. Sin éste, el atletismo es imposible. Y la castidad es atletismo espiritual.

En conclusión: virtud perfectamente natural, perfectamente salutífero, perfectamente posible, es la pureza. Fuente de bienestar y poderío en el organismo personal y en el organismo social, hay que buscarla y defenderla con ímpetu viril, con ágil talento, con jubilosa fe.

El derrotismo es aquí, como en todo, causa de abajamiento y postración. Quien ha luchado bravamente, sabe que el triunfo es tan alcanzable como hermoso. Sabe que la victoria de hoy prepara y facilita la victoria de mañana. Y que esa sucesión de victorias, vuelta costumbre y ley, tonifica el espíritu y el cuerpo, y da a la totalidad del hombre como a la totalidad colectiva, pujanza, elevación y plenitud.

La aventura cristiana.

.Esforcémonos en nuestra propia purificación y en la purificación de la atmósfera social. No es alarma de espantadizos mojigatos: la ola de fango crece de tal modo y anega tales praderas, que aun los más despreocupados despiertan ya y recapacitan. Todos tenemos sitio que nos reclama con apremio en esta campaña. Nos toca defender el sonriente decoro de nuestras mujeres y la santidad de nuestros hogares, que han sido gloria y dulzura de México aun en medio de sus ásperos cataclismos. Nos toca, singularmente a nosotros, varones católicos, hablar con el ejemplo.

No hay, sin ejemplo, salvadora eficacia. No hay apostolado fecundo sin pureza. Mirad: Sólo de la pureza de María pudo Cristo nacer; sólo la pureza es divinamente fecunda. Nuestra moral es austera, varonil, exigente. Pero somos y debemos ser, sarmientos pegados a la Vid. Y de ella brota el Vino que da, a raudales, la fortaleza que exige. Repudiar lo mediocre, amar lo heroico, pedir sublimidades: propia definición de juventud; propia definición de cristianismo.

Por eso el cristianismo es joven siempre. Y hoy, que fango pagano hierve y crece con nueva furia en torno nuestro, tócanos redoblar el ímpetu y vivir esa juventud plenariamente. Saber, y sentir, y proclamar con obras, que no somos cristianos para llevar vida fácil, sino vida egregia. Y que el cristianismo es hoy, como en su primera aparición, acometimiento y aventura; no asunto de rutina, sino de hazaña; no empresa de burgueses, sino de apóstoles.

FUENTE: catolicidad-catolicidad.blogspot.com/

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís