FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

ENTREGA ESPECIAL - MINISTROS EXTRAORDINARIOS - INSTRUCCIÓN REDEMPTIONIS SACRAMENTUM - Parte 4-


MINISTROS EXTRAORDINARIOS 

DE LA SAGRADA COMUNION (NO DE LA EUCARISTIA ESTE TERMINO ES MAL EMPLEADO. DETENGAMOS LOS A SACRILEGIOS Y ABUSOS LITURGICOS)

1 TITO 1: 9-13; Gal 5, 19-21 (El que vive de la carne y del mundo no acepta la verdad)

Para saber bien el tipo de conducta, y forma de celebrar la misa y la importancia de la Fe se recomienda leer directamente del Vaticano (Santa Sede) algunos documentos.  Desde este momento desarrollaremos el documento 3 del sumario.

XXX.  Redemptionis Sacramentum y Varietates legitimae de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


INSTRUCCIÓN
REDEMPTIONIS SACRAMENTUM

Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar
acerca de la Santísima Eucaristía



PROEMIO


[1.] El Sacramento de la Redención, que la Madre Iglesia confiesa con firme fe y recibe con alegría, celebra y adora con veneración, en la santísima Eucaristía,[1] anuncia la muerte de Jesucristo y proclama su resurrección, hasta que Él vuelva en gloria,[2] como Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey del universo, y entregue al Padre omnipotente, de majestad infinita, el reino de la verdad y la vida.[3]

[2.] La doctrina de la Iglesia sobre la santísima Eucaristía ha sido expuesta con sumo cuidado y la máxima autoridad, a lo largo de los siglos, en los escritos de los Concilios y de los Sumos Pontífices, puesto que en la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, que es Cristo, nuestra Pascua,[4] fuente y cumbre de toda la vida cristiana,[5] y cuya fuerza alienta a la Iglesia desde los inicios.[6] Recientemente, en la Carta Encíclica «Ecclesia de Eucharistia», el Sumo Pontífice Juan Pablo II ha expuesto de nuevo algunos principios sobre esta materia, de gran importancia eclesial para nuestra época.[7]

Para que también en los tiempos actuales, tan gran misterio sea debidamente protegido por la Iglesia, especialmente en la celebración de la sagrada Liturgia, el Sumo Pontífice mandó a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos[8] que, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe, preparara esta Instrucción, en la que se trataran algunas cuestiones referentes a la disciplina del sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, lo que en esta Instrucción se expone, debe ser leído en continuidad con la mencionada Carta Encíclica «Ecclesia de Eucharistia».

Sin embargo, la intención no es tanto preparar un compendio de normas sobre la santísima Eucaristía sino más bien retomar, con esta Instrucción, algunos elementos de la normativa litúrgica anteriormente enunciada y establecida, que continúan siendo válidos, para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas[9] e indicar otras que aclaren y completen las precedentes, explicándolas a los Obispos, y también a los presbíteros, diáconos y a todos los fieles laicos, para que cada uno, conforme al propio oficio y a las propias posibilidades, las puedan poner en práctica.

[3.] Las normas que se contienen en esta Instrucción se refieren a cuestiones litúrgicas concernientes al Rito romano y, con las debidas salvedades, también a los otros Ritos de la Iglesia latina, aprobados por el derecho.

[4.] «No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo Sacrificio del altar».[10] Sin embargo, «no faltan sombras».[11] Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse.

[5.] La observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la intención del corazón. La mera observancia externa de las normas, como resulta evidente, es contraria a la esencia de la sagrada Liturgia, con la que Cristo quiere congregar a su Iglesia, y con ella formar «un sólo cuerpo y un sólo espíritu».[12] Por esto la acción externa debe estar iluminada por la fe y la caridad, que nos unen con Cristo y los unos a los otros, y suscitan en nosotros la caridad hacia los pobres y necesitados. Las palabras y los ritos litúrgicos son expresión fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de Cristo y nos enseñan a tener los mismos sentimientos que él;[13] conformando nuestra mente con sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. Cuanto se dice en esta Instrucción, intenta conducir a esta conformación de nuestros sentimientos con los sentimientos de Cristo, expresados en las palabras y ritos de la Liturgia.

[6.] Los abusos, sin embargo, «contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento».[14] De esta forma, también se impide que puedan «los fieles revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron».[15] Conviene que todos los fieles tengan y realicen aquellos sentimientos que han recibido por la pasión salvadora del Hijo Unigénito, que manifiesta la majestad de Dios, ya que están ante la fuerza, la divinidad y el esplendor de la bondad de Dios[16], especialmente presente en el sacramento de la Eucaristía.[17]

[7.] No es extraño que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad. Pero Dios nos ha concedido, en Cristo, no una falsa libertad para hacer lo que queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo.[18] Esto es válido no sólo para los preceptos que provienen directamente de Dios, sino también, según la valoración conveniente de cada norma, para las leyes promulgadas por la Iglesia. Por ello, todos deben ajustarse a las disposiciones establecidas por la legítima autoridad eclesiástica.

[8.] Además, se advierte con gran tristeza la existencia de «iniciativas ecuménicas que, aún siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe». Sin embargo, «la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones». Por lo que conviene corregir algunas cosas y definirlas con precisión, para que también en esto «la Eucaristía siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio».[19]

[9.] Finalmente, los abusos se fundamentan con frecuencia en la ignorancia, ya que casi siempre se rechaza aquello de lo que no se comprende su sentido más profundo y su antigüedad. Por eso, con su raíz en la misma Sagrada Escritura, «las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu, y de ella reciben su significado las acciones y los signos».[20] Por lo que se refiere a los signos visibles «que usa la sagrada Liturgia, han sido escogidos por Cristo o por la Iglesia para significar las realidades divinas invisibles».[21] Justamente, la estructura y la forma de las celebraciones sagradas según cada uno de los Ritos, sea de la tradición de Oriente sea de la de Occidente, concuerdan con la Iglesia Universal y con las costumbres universalmente aceptadas por la constante tradición apostólica,[22] que la Iglesia entrega, con solicitud y fidelidad, a las generaciones futuras. Todo esto es sabiamente custodiado y protegido por las normas litúrgicas.

[10.] La misma Iglesia no tiene ninguna potestad sobre aquello que ha sido establecido por Cristo, y que constituye la parte inmutable de la Liturgia.[23] Pero si se rompiera este vínculo que los sacramentos tienen con el mismo Cristo, que los ha instituido, y con los acontecimientos en los que la Iglesia ha sido fundada,[24] nada aprovecharía a los fieles, sino que podría dañarles gravemente. De hecho, la sagrada Liturgia está estrechamente ligada con los principios doctrinales,[25] por lo que el uso de textos y ritos que no han sido aprobados lleva a que disminuya o desaparezca el nexo necesario entre la lex orandi y la lex credendi.[26]

[11.] El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande «para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal».[27]Quien actúa contra esto, cediendo a sus propias inspiraciones, aunque sea sacerdote, atenta contra la unidad substancial del Rito romano, que se debe cuidar con decisión,[28] y realiza acciones que de ningún modo corresponden con el hambre y la sed del Dios vivo, que el pueblo de nuestros tiempos experimenta, ni a un auténtico celo pastoral, ni sirve a la adecuada renovación litúrgica, sino que más bien defrauda el patrimonio y la herencia de los fieles. Los actos arbitrarios no benefician la verdadera renovación,[29] sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la acción litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina. Además, introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la comunión con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios.[30] De estos actos arbitrarios se deriva incertidumbre en la doctrina, duda y escándalo para el pueblo de Dios y, casi inevitablemente, una violenta repugnancia que confunde y aflige con fuerza a muchos fieles en nuestros tiempos, en que frecuentemente la vida cristiana sufre el ambiente, muy difícil, de la «secularización».[31]

[12.] Por otra parte, todos los fieles cristianos gozan del derecho de celebrar una liturgia verdadera, y especialmente la celebración de la santa Misa, que sea tal como la Iglesia ha querido y establecido, como está prescrito en los libros litúrgicos y en las otras leyes y normas. Además, el pueblo católico tiene derecho a que se celebre por él, de forma íntegra, el santo sacrificio de la Misa, conforme a toda la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. Finalmente, la comunidad católica tiene derecho a que de tal modo se realice para ella la celebración de la santísima Eucaristía, que aparezca verdaderamente como sacramento de unidad, excluyendo absolutamente todos los defectos y gestos que puedan manifestar divisiones y facciones en la Iglesia.[32]

[13.] Todas las normas y recomendaciones expuestas en esta Instrucción, de diversas maneras, están en conexión con el oficio de la Iglesia, a quien corresponde velar por la adecuada y digna celebración de este gran misterio. De los diversos grados con que cada una de las normas se unen con la norma suprema de todo el derecho eclesiástico, que es el cuidado para la salvación de las almas, trata el último capítulo de la presente Instrucción.[33]



CAPÍTULO I

LA ORDENACIÓN DE LA SAGRADA LITURGIA

[14.] «La ordenación de la sagrada Liturgia es de la competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; ésta reside en la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el Obispo».[34]

[15.] El Romano Pontífice, «Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra... tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente»,[35] aún comunicando con los pastores y los fieles.

[16.] Compete a la Sede Apostólica ordenar la sagrada Liturgia de la Iglesia universal, editar los libros litúrgicos, revisar sus traducciones a lenguas vernáculas y vigilar para que las normas litúrgicas, especialmente aquellas que regulan la celebración del santo Sacrificio de la Misa, se cumplan fielmente en todas partes.[36]

[17.] «La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos trata lo que corresponde a la Sede Apostólica, salvo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, respecto a la ordenación y promoción de la sagrada liturgia, en primer lugar de los sacramentos. Fomenta y tutela la disciplina de los sacramentos, especialmente en lo referente a su celebración válida y lícita». Finalmente, «vigila atentamente para que se observen con exactitud las disposiciones litúrgicas, se prevengan sus abusos y se erradiquen donde se encuentren».[37] En esta materia, conforme a la tradición de toda la Iglesia, destaca el cuidado de la celebración de la santa Misa y del culto que se tributa a la Eucaristía fuera de la Misa.

[18.] Los fieles tienen derecho a que la autoridad eclesiástica regule la sagrada Liturgia de forma plena y eficaz, para que nunca sea considerada la liturgia como «propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios».[38]


1. EL OBISPO DIOCESANO, GRAN SACERDOTE DE SU GREY

[19.] El Obispo diocesano, primer administrador de los misterios de Dios en la Iglesia particular que le ha sido encomendada, es el moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica.[39]Pues «el Obispo, por estar revestido de la plenitud del sacramento del Orden, es "el administrador de la gracia del supremo sacerdocio"[40], sobre todo en la Eucaristía, que él mismo celebra o procura que sea celebrada[41], y mediante la cual la Iglesia vive y crece continuamente».[42]

[20.] La principal manifestación de la Iglesia tiene lugar cada vez que se celebra la Misa, especialmente en la iglesia catedral, «con la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios, [...] en una misma oración, junto al único altar, donde preside el Obispo» rodeado por su presbiterio, los diáconos y ministros.[43] Además, «toda legítima celebración de la Eucaristía es dirigida por el Obispo, a quien ha sido confiado el oficio de ofrecer a la Divina Majestad el culto de la religión cristiana y de reglamentarlo en conformidad con los preceptos del Señor y las leyes de la Iglesia, precisadas más concretamente para su diócesis según su criterio».[44]

[21.] En efecto, «al Obispo diocesano, en la Iglesia a él confiada y dentro de los límites de su competencia, le corresponde dar normas obligatorias para todos, sobre materia litúrgica».[45] Sin embargo, el Obispo debe tener siempre presente que no se quite la libertad prevista en las normas de los libros litúrgicos, adaptando la celebración, de modo inteligente, sea a la iglesia, sea al grupo de fieles, sea a las circunstancias pastorales, para que todo el rito sagrado universal esté verdaderamente acomodado al carácter de los fieles.[46]

[22.] El Obispo rige la Iglesia particular que le ha sido encomendada[47] y a él corresponde regular, dirigir, estimular y algunas veces también reprender[48], cumpliendo el ministerio sagrado que ha recibido por la ordenación episcopal,[49] para edificar su grey en la verdad y en la santidad.[50] Explique el auténtico sentido de los ritos y de los textos litúrgicos y eduque en el espíritu de la sagrada Liturgia a los presbíteros, diáconos y fieles laicos,[51] para que todos sean conducidos a una celebración activa y fructuosa de la Eucaristía,[52] y cuide igualmente para que todo el cuerpo de la Iglesia, con el mismo espíritu, en la unidad de la caridad, pueda progresar en la diócesis, en la nación, en el mundo.[53]

[23.] Los fieles «deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia a Jesucristo, y como Jesucristo al Padre, para que todas las cosas se armonicen en la unidad y crezcan para gloria de Dios».[54]Todos, incluso los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y todas las asociaciones o movimientos eclesiales de cualquier genero, están sometidos a la autoridad del Obispo diocesano en todo lo que se refiere a la liturgia,[55] salvo las legítimas concesiones del derecho. Por lo tanto, compete al Obispo diocesano el derecho y el deber de visitar y vigilar la liturgia en las iglesias y oratorios situados en su territorio, también aquellos que sean fundados o dirigidos por los citados institutos religiosos, si los fieles acuden a ellos de forma habitual.[56]

[24.] El pueblo cristiano, por su parte, tiene derecho a que el Obispo diocesano vigile para que no se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica, especialmente en el ministerio de la palabra, en la celebración de los sacramentos y sacramentales, en el culto a Dios y a los santos.[57]

[25.] Las comisiones, consejos o comités, instituidos por el Obispo, para que contribuyan a «promover la acción litúrgica, la música y el arte sacro en su diócesis», deben actuar según el juicio y normas del Obispo, bajo su autoridad y contando con su confirmación; así cumplirán su tarea adecuadamente[58] y se mantendrá en la diócesis el gobierno efectivo del Obispo. De estos organismos, de otros institutos y de cualquier otra iniciativa en materia litúrgica, después de cierto tiempo, resulta urgente que los Obispos indaguen si hasta el momento ha sido fructuosa[59] su actividad, y valoren atentamente cuáles correcciones o mejoras se deben introducir en su estructura y en su actividad,[60] para que encuentren nueva vitalidad. Se tenga siempre presente que los expertos deben ser elegidos entre aquellos que sean firmes en la fe católica y verdaderamente preparados en las disciplinas teológicas y culturales.


2. LA CONFERENCIA DE OBISPOS

[26.] Esto vale también para las comisiones de la misma materia, que, vivamente deseadas por el Concilio,[61] son instituidas por la Conferencia de Obispos y de la cual es necesario que sean miembros los Obispos, distinguiéndose con claridad de los ayudantes peritos. Cuando el número de los miembros de la Conferencia de Obispos no sea suficiente para que se elijan de entre ellos, sin dificultad, y se instituya la comisión litúrgica, nómbrese un consejo o grupo de expertos que, en cuanto sea posible y siempre bajo la presidencia de un Obispo, desempeñen estas tareas; evitando, sin embargo, el nombre de «comisión litúrgica».

[27.] La interrupción de todos los experimentos sobre la celebración de la santa Misa, ha sido notificada por la Santa Sede ya desde el año 1970[62] y nuevamente se repitió, para recordarlo, en el año 1988.[63] Por lo tanto, cada Obispo y la misma Conferencia no tienen ninguna facultad para permitir experimentos sobre los textos litúrgicos o sobre otras cosas que se indican en los libros litúrgicos. Para que se puedan realizar en el futuro tales experimentos, se requiere el permiso de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que lo concederá por escrito, previa petición de la Conferencia de Obispos. Pero esto no se concederá sin una causa grave. Por lo que se refiere a la enculturación en materia litúrgica, se deben observar, estricta e íntegramente, las normas especiales establecidas.[64]

[28.] Todas las normas referentes a la liturgia, que la Conferencia de Obispos determine para su territorio, conforme a las normas del derecho, se deben someter a la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal.[65]


3. LOS PRESBÍTEROS

[29.] Los presbíteros, como colaboradores fieles, diligentes y necesarios, del orden Episcopal,[66]llamados para servir al Pueblo de Dios, constituyen un único presbiterio[67] con su Obispo, aunque dedicados a diversas funciones. «En cada una de las congregaciones locales de fieles representan al Obispo, con el que están confiada y animosamente unidos, y toman sobre sí una parte de la carga y solicitud pastoral y la ejercen en el diario trabajo». Y, «por esta participación en el sacerdocio y en la misión, los presbíteros reconozcan verdaderamente al Obispo como a padre suyo y obedézcanle reverentemente».[68] Además, «preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procuren cooperar en el trabajo pastoral de toda la diócesis e incluso de toda la Iglesia».[69]

[30.] Grande es el ministerio «que en la celebración eucarística tienen principalmente los sacerdotes, a quienes compete presidirla in persona Christi, dando un testimonio y un servicio de comunión, no sólo a la comunidad que participa directamente en la celebración, sino también a la Iglesia universal, a la cual la Eucaristía hace siempre referencia. Por desgracia, es de lamentar que, sobre todo a partir de los años de la reforma litúrgica después del Concilio Vaticano II, por un malentendido sentido de creatividad y de adaptación, no hayan faltado abusos, que para muchos han sido causa de malestar».[70]

[31.] Coherentemente con lo que prometieron en el rito de la sagrada Ordenación y cada año renuevan dentro de la Misal Crismal, los presbíteros presidan «con piedad y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación».[71] No vacíen el propio ministerio de su significado profundo, deformando de manera arbitraria la celebración litúrgica, ya sea con cambios, con mutilaciones o con añadidos.[72]En efecto, dice San Ambrosio: «No en si, [...] sino en nosotros es herida la Iglesia. Por lo tanto, tengamos cuidado para que nuestras caídas no hieran la Iglesia».[73] Es decir, que no sea ofendida la Iglesia de Dios por los sacerdotes, que tan solemnemente se han ofrecido, ellos mismos, al ministerio. Al contrario, bajo la autoridad del Obispo vigilen fielmente para que no sean realizadas por otros estas deformaciones.

[32.] «Esfuércese el párroco para que la santísima Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial de fieles; trabaje para que los fieles se alimenten con la celebración piadosa de los sacramentos, de modo peculiar con la recepción frecuente de la santísima Eucaristía y de la penitencia; procure moverles a la oración, también en el seno de las familias, y a la participación consciente y activa en la sagrada liturgia, que, bajo la autoridad del Obispo diocesano, debe moderar el párroco en su parroquia, con la obligación de vigilar para que no se introduzcan abusos».[74] Aunque es oportuno que las celebraciones litúrgicas, especialmente la santa Misa, sean preparadas de manera eficaz, siendo ayudado por algunos fieles, sin embargo, de ningún modo debe ceder aquellas cosas que son propias de su ministerio, en esta materia.

[33.] Por último, todos «los presbíteros procuren cultivar convenientemente la ciencia y el arte litúrgicos, a fin de que por su ministerio litúrgico las comunidades cristianas que se les han encomendado alaben cada día con más perfección a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo».[75]Sobre todo, deben estar imbuidos de la admiración y el estupor que la celebración del misterio pascual, en la Eucaristía, produce en los corazones de los fieles.[76]


4. LOS DIÁCONOS

[34.] Los diáconos, «que reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio»[77], hombres de buena fama[78], deben actuar de tal manera, con la ayuda de Dios, que sean conocidos como verdaderos discípulos[79] de aquel «que no ha venido a ser servido sino a servir»[80] y estuvo en medio de sus discípulos «como el que sirve».[81] Y fortalecidos con el don del mismo Espíritu Santo, por la imposición de las manos, sirven al pueblo de Dios en comunión con el Obispo y su presbiterio.[82] Por tanto, tengan al Obispo como padre, y a él y a los presbíteros, préstenles ayuda «en el ministerio de la palabra, del altar y de la caridad».[83]

[35.] No dejen nunca de «vivir el misterio de la fe con alma limpia[84], como dice el Apóstol, y proclamar esta fe, de palabra y de obra, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia»,[85]sirviendo fielmente y con humildad, con todo el corazón, en la sagrada Liturgia que es fuente y cumbre de toda la vida eclesial, «para que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el Bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el Sacrificio y coman la cena del Señor».[86] Por tanto, todos los diáconos, por su parte, empléense en esto, para que la sagrada Liturgia sea celebrada conforme a las normas de los libros litúrgicos debidamente aprobados.

MENSAJES DE MEDJUGORJE - 25 de noviembre de 2013 -


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje


Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.

Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)


25 de noviembre de 2013


Queridos hijos! Hoy los invito a todos a la oración. Abran profundamente la puerta del corazón, hijitos, a la oración, a la oración con el corazón, y entonces el Todopoderoso podrá obrar en vuestra libertad y comenzará la conversión. La fe llegará a ser tan firme que podrán decir con todo el corazón: ‘mi Dios, mi todo`. Comprenderán, hijitos, que aquí en la Tierra todo es pasajero. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”




LA CONVERSIÓN DE JOHN WAYNE EN EL LECHO DE MUERTE


El 11 de junio de 1979 murió el legendario John Wayne, una de las más grandes estrellas de Hollywood. A los pocos días, se supo que había abrazado el catolicismo en su lecho de muerte. Muchos quisieron desautorizar esa noticia, y la duda permaneció durante algunos años. Tiempo después, cuando las aguas volvieron a su cauce, dos personas muy cercanas al actor contaron lo sucedido: Su nieto, el sacerdote Matthew Muñoz, y su hijo, el también actor Patrick Wayne.

El sacerdote, que vive actualmente en California, recordó que la primera esposa del actor –y su abuela- Josefina Wayne Sáez fue el principal instrumento que Dios utilizó para evangelizar a la estrella del cine. De origen dominicano, Josefina “tuvo una maravillosa influencia sobre la vida de mi abuelo, y lo introdujo en el mundo católico”.

John Wayne se casó con Josefina Sáez en el año 1933. Tuvieron cuatro hijos; la menor de ellos, Melinda, es la madre del Padre Muñoz. John se divorció de Josefina años más tarde. Por su fe católica, la joven decidió no volver a casarse hasta la muerte de su ex marido, por cuya conversión rezó siempre a Dios.

Fr. Matthew Muñoz tenía 14 años cuando su abuelo murió de cáncer. Siempre recuerda que Wayne tuvo un gran aprecio por las enseñanzas cristianas. “Desde temprana edad, mi abuelo tuvo un gran sentido de lo que era moralmente correcto. Se crió en un mundo regido por principios cristianos y una especie de ‘fe bíblica’ que, creo, tuvo un fuerte impacto sobre él”. También recuerda que “pasado el tiempo, mi abuelo fue involucrándose en la recaudación de fondos para los pobres y para las labores sociales de la Iglesia que organizaba siempre mi abuela, y después de un tiempo, notó que la visión caricaturesca que le habían infundido sobre los católicos no se correspondía con la realidad”.

De hecho, sus siete hijos y sus 21 nietos fueron bautizados en la Iglesia católica. Y su amistad con el director católico John Ford, que le lanzó a la fama con la película La diligencia (1939) se notó con el paso del tiempo.

Según explica el sacerdote, en la conversión de Wayne jugó también un papel clave el Arzobispo de Panamá, Mons. Tomas Clavel, con quien compartía una estrecha amistad. Fue él quien “fue formando, poco a poco, conversación a conversación, a mi abuelo, hasta que un día le dijo: ‘De acuerdo, estoy preparado’. Deseaba ser bautizado y convertirse en católico”. Para nosotros “fue maravilloso verle alcanzar la Fe y dejar ese testimonio a nuestra familia”.

Sin embargo, el conocido actor no se atrevía a dar el paso. Intuía el revuelo que se podría formar en Hollywood. Y decidió esperar. Se definía “católico cardíaco”, porque lo era ya en su corazón, pero se veía incapaz de dar el paso. Más de una vez afirmó su deseo de “convertirme el día antes de morir”. Y eso fue exactamente lo que sucedió.

Su hijo Patrick, que actuó con él en varias películas (entre ellas, Centauros del desierto, 1956), recuerda lo que sucedió el último día de la vida de su padre:

“Cuando estaba muriéndose en el hospital todavía no había sido bautizado. (…) Los últimos diez días los pasó en coma. El sábado por la noche, dos días antes de morir, salió del coma cuando mis hermanos Michael, Toni y Aissa estaban presentes. En el rato que estuvo despierto dijo otra vez que quería convertirse, pero al poco tiempo entró de nuevo en coma. El lunes, yo estaba con él y vi que se estaba poniendo peor. Sonó el teléfono. Era el capellán católico que quería pasar a verlo. Colgué. Aunque mi papá estaba todavía dormido, le dije sin esperar respuesta: "Papá, el capellán quiere verte". Entonces le oí decir: "Okay." Me quedé atónito, pero llamé al capellán, que apareció en menos de media hora. Con él todavía dormido, le dije: "Papá, el capellán está aquí", y otra vez dijo: "Okay". Entonces se despertó. Abandoné el cuarto durante unos minutos. Desde fuera pude oír el murmullo de su conversación. Cuando el capellán salió, me dijo que mi papá había sido bautizado. Esa misma tarde falleció”.

En una entrevista concedida a la prensa, Fr. Matthew Muñoz contaba: “Cuando éramos pequeños íbamos a su casa y sencillamente pasábamos el rato con el abuelo, jugábamos y nos divertíamos. Una imagen muy diferente de la que tenía la mayoría de la gente de él”.


FUENTE: catolicidad.com

LA MEDALLA MILAGROSA CAMBIO LA VIDA DE UN SACERDOTE JESUITA ESCÉPTICO


Está en los preliminares de su beatificación.

El padre John A. Hardon, jesuita, no se cansa de repetir un milagro que le cambió la vida. Él era escéptico respecto a la Medalla Milagrosa cuando un sacerdote vicentino le fue a dar una charla a los jesuitas recién ordenados. No le prestó demasiada atención, pero un año después, trabajando en un hospital, se le ocurrió probarla, ¡y la medalla Milagrosa funcionó!


El Padre Hardon falleció en el 2000. Le fue concedido el título de Siervo de Dios y se iniciaron los trámites para su beatificación. A continuación se muestra de una charla padre Hardon ha dado varias veces.

El padre Hardon dice:

Una de las experiencias más memorables que he tenido fue con la Medalla Milagrosa. Me cambió la vida.

En el otoño de 1948, un año después de mi ordenación, yo estaba en lo que llamamos la Tercera Prueba. Este es el tercer año de noviciado antes de tomar los votos perpetuos.


LA CHARLA DEL SACERDOTE VICENTINO

En octubre de ese año, un sacerdote vicentino vino a hablar con nosotros, jóvenes sacerdotes jesuitas. Nos animó a obtener facilidades, como se les llama, para inscribir a las personas en la Cofradía de la Medalla Milagrosa. Entre otras cosas, dijo:

“Padres, las Medalla Milagrosa funciona. Muchos milagros han sido realizadas por la Virgen a través de la Medalla Milagrosa.”

No me quedé impresionado por lo que el sacerdote vicentino estaba diciendo. No soy el tipo de persona que usa medallas y ciertamente no tenía la Medalla Milagrosa. Pero me dije a mí mismo: “No cuesta nada.”

Así que puse mi nombre para conseguir un folleto de cuatro páginas de los Padres Paúles, con la fórmula para bendecir las Medallas Milagrosa y reclutar personas para la Cofradía de la Medalla Milagrosa. Unas dos semanas más tarde, recibí el folleto con la consagración y el enrolamiento, lo puse en mi agenda y me olvidé de él.


EN EL HOSPITAL UN AÑO DESPUÉS

En febrero del siguiente año, fui enviado para ayudar al capellán del Hospital de San Alejo, en Cleveland, Ohio. Yo iba a estar allí para ayudar al capellán regular durante dos semanas.

Cada mañana yo recibía una lista de todos los pacientes ingresados en el hospital ese día. Había tantos católicos admitidos que no podía visitar a todos tan pronto llegaran.

Entre los pacientes ingresados ??había de un niño de unos nueve años de edad. Había andado en trineo a caballo cuesta abajo, perdió el control del trineo y se encontró con un árbol de frente. Se fracturó el cráneo y los rayos X mostraron que había sufrido graves daños cerebrales.


EN LA HABITACIÓN DEL NIÑO ENFERMO

Cuando por fin llegué a visitar su habitación en el hospital, él había estado en coma durante diez días, no hablaba, no había movimientos voluntarios del cuerpo. Su estado era tal que la única duda era si iba a vivir. No había duda del diagnostico de daño cerebral permanente e inoperable.

Después de bendecir al niño y consolar a sus padres, yo estaba a punto de salir de su habitación en el hospital. Pero entonces, un pensamiento vino a mi mente:

“Ese sacerdote vicentino. Él dijo: ‘la Medalla Milagrosa funciona’. ¡Esta será una prueba de sus supuestos poderes milagrosos!”

Yo no tenía la Medalla Milagrosa conmigo. Y a todo el mundo que pregunté en el hospital tampoco tenía una. Pero yo insistí, y, finalmente, una de las hermanas de enfermería en el turno de noche encontró una Medalla Milagrosa.

Lo que descubrí fue que no se necesita bendecir la medalla, hay que ponerla en el cuello de una persona en una cadena o cinta. Así que la hermana enfermera encontró una cinta azul para la medalla, que me hizo sentir tonto. ¿Qué estaba haciendo con las medallas y las cintas azules?.


LE PONE LA MEDALLA AL NIÑO, LO CONSAGRA Y SE CURA

Sin embargo, yo bendije la medalla y tenía el folleto que me había enviado el padre para la consagración de una persona a la Cofradía de la Medalla Milagrosa. Me puse a recitar las palabras de la consagración. Tan pronto como terminé la oración para inscribir al niño en la Cofradía, él abrió los ojos por primera vez en dos semanas. Vio a su madre y le dijo: “Mamá, quiero un helado.” Le habían dado sólo la alimentación intravenosa.

Luego procedió a hablar con su padre y su madre. Después de unos minutos de estupefacto silencio, fue llamado un médico. El médico examina al niño y dice a los padres que le pueden dar algo de comer.

Al día siguiente comenzaron una serie de ensayos sobre la condición del niño. Los rayos X mostraron que el daño cerebral se había ido.

Luego aún más pruebas. Después de tres días, cuando todos los exámenes mostraron que hubo una restauración completa de la salud, el niño fue dado de alta del hospital.


ESTA EXPERIENCIA CAMBIÓ SU VIDA

Esta experiencia ha cambiado mucho mi vida, no he sido el mismo desde entonces. Mi fe en Dios, y en su poder para hacer milagros, se fortaleció indescriptiblemente.

Desde entonces, por supuesto, he estado promoviendo la devoción a la Virgen y el uso de la Medalla Milagrosa. Las maravillas que realiza, siempre que creamos, son extraordinarias.

En la enseñanza de teología a través de los años, he dado muchos semestres sobre la teología de los milagros. Y tengo un manuscrito de un libro no publicado: “La Historia y Teología de los Milagros”. Mi esperanza es publicar el manuscrito en un futuro próximo.


FUENTE: forosdelavirgen.org // The Real Presence, Signos de estos Tiempos

FIESTA DE CRISTO REY -24 DE NOVIEMBRE-





Celebración: Domingo 24 de Noviembre.

La celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.


La fiesta

Cristo Rey anuncia la Verdad y esa Verdad es la luz que ilumina el camino amoroso que Él ha trazado, con su Vía Crucis, hacia el Reino de Dios. "Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Así como el demonio tentó a Eva con engaños y mentiras para que fuera desterrada, ahora Dios mismo se hace hombre y devuelve a la humanidad la posibilidad de regresar al Reino, cuando cual cordero se sacrifica amorosamente en la cruz.

Esta fiesta celebra a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo que como pastor guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina.

La posibilidad de alcanzar el Reino de Dios fue establecida por Jesucristo, al dejarnos el Espíritu Santo que nos concede las gracias necesarias para lograr la Santidad y transformar el mundo en el amor. Ésa es la misión que le dejo Jesús a la Iglesia al establecer su Reino.

Se puede pensar que solo se llegará al Reino de Dios luego de pasar por la muerte pero la verdad es que el Reino ya está instalado en el mundo a través de la Iglesia que peregrina al Reino Celestial. Justamente con la obra de Jesucristo, las dos realidades de la Iglesia -peregrina y celestial- se enlazan de manera definitiva, y así se fortalece el peregrinaje con la oración de los peregrinos y la gracia que reciben por medio de los sacramentos. "Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Todos los que se encuentran con el Señor, escuchan su llamado a la Santidad y emprenden ese camino se convierten en miembros del Reino de Dios.

"Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tu me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos si están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. ...No te pido que los retires del mundo, sino que los guarde del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad." (Jn 17, 9-11.15-17)

Ésta es la oración que recita Jesús antes de ser entregado y manifiesta su deseo de que el Padre nos guarde y proteja. En esta oración llena de amor hacia nosotros, Jesús pide al Padre para que lleguemos a la vida divina por la cual se ha sacrificado: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros." Y pide que a pesar de estar en el mundo vivamos bajo la luz de la verdad de la Palabra de Dios.

Así Jesucristo es el Rey y el Pastor del Reino de Dios, que sacándonos de las tinieblas, nos guía y cuida en nuestro camino hacia la comunión plena con Dios Amor.


¿Por qué Jesucristo es Rey?

Desde la antigüedad se ha llamado Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, en razón al supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que:
  • reina en las inteligencias de los hombres porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad;
  • reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobles propósitos;
  • reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús.

Sin embargo, profundizando en el tema, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey, ya que del Padre recibió la potestad, el honor y el reino; además, siendo Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

Ahora bien, que Cristo es Rey lo confirman muchos pasajes de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento. Esta doctrina fue seguida por la Iglesia –reino de Cristo sobre la tierra- con el propósito celebrar y glorificar durante el ciclo anual de la liturgia, a su autor y fundador como a soberano Señor y Rey de los reyes.

En el Antiguo Testamento, por ejemplo, adjudican el título de rey a aquel que deberá nacer de la estirpe de Jacob; el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra.

Además, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: "Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra".

Por último, aquellas palabras de Zacarías donde predice al "Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino", había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas, ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

En el Nuevo Testamento, esta misma doctrina sobre Cristo Rey se halla presente desde el momento de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen, por el cual ella fue advertida que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David, y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin.

El mismo Cristo, luego, dará testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey y públicamente confirmó que es Rey, y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, bastante olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador, ya que con su preciosa sangre, como de Cordero Inmaculado y sin tacha, fuimos redimidos del pecado. No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande; hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo.


Campo de la realeza de Cristo

a) En lo espiritual

Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efecto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esa vana imaginación y esperanza. Asimismo, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales características, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz.

b) En lo temporal

Se cometería un grave error el negársele a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal manera que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo, mientras él vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, despreciando la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.



ORACIONES

Oracion

¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal
Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado
Ejerce sobre mí todos tus derechos
Renuevo las promesas de mi bautismo, 
renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; 
y prometo vivir como buen cristiano
Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, 
el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia
Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras 
para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza
y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.



Oración: Que viva mi Cristo

Que viva mi Cristo, que viva mi Rey
que impere doquiera triunfante su ley,
que impere doquiera triunfante su ley.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!
Mexicanos un Padre tenemos
que nos dio de la patria la unión
a ese Padre gozosos cantemos,
empuñando con fe su pendón.
Él formó con voz hacedora
cuanto existe debajo del sol;
de la inercia y la nada incolora
formó luz en candente arrebol.
Nuestra Patria, la Patria querida,
que arrulló nuestra cuna al nacer
a Él le debe cuanto es en la vida
sobretodo el que sepa creer.
Del Anáhuac inculto y sangriento,
en arranque sublime de amor,
formó un pueblo, al calor de su aliento
que lo aclama con fe y con valor.
Su realeza proclame doquiera
este pueblo que en el Tepeyac,
tiene enhiesta su blanca bandera,
a sus padres la rica heredad.
Es vano que cruel enemigo
Nuestro Cristo pretenda humillar.
De este Rey llevarán el castigo
Los que intenten su nombre ultrajar.


FUENTE: aciprensa.com

LAS LETANÍAS LAURETANAS

Letanías lauretanas

Texto en latín
Texto en español
Kyrie eleison
Señor, ten piedad de nosotros
Christe eleison
Cristo, ten piedad de nosotros
Christe audinos
Cristo, óyenos
Christe exaudinos
Cristo, escúchanos
Pater de coelis, miserere nobis
Dios, Padre Celestial, ten piedad de nosotros
Filii, Redemptor Mundi, miserere nobis
Dios Hijo, Redentor del Mundo, ten piedad de nosotros
Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros
Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros
Sancta Maria, ora pro nobis
Santa María, ruega por nosotros
Sancta Mater Dei, ora pro nobis
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros
Sancta Virgo virginum, ora pro nobis
Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros
Mater Christi, ora pro nobis
Madre de Cristo, ruega por nosotros
Mater Ecclesiae, ora pro nobis
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros
Mater Divinae Gratiae, ora pro nobis
Madre de la Divina Gracia, ruega por nosotros
Mater purissima, ora pro nobis
Madre purísima, ruega por nosotros
Mater castissima, ora pro nobis
Madre castísima, ruega por nosotros
Mater inviolata, ora pro nobis
Madre virginal, ruega por nosotros
Mater intemerata, ora pro nobis
Madre sin mancha, ruega por nosotros
Mater inmaculata, ora pro nobis
Madre inmaculada, ruega por nosotros
Mater amabilis, ora pro nobis
Madre amable, ruega por nosotros
Mater admirabilis, ora pro nobis
Madre admirable, ruega por nosotros
Mater boni consilii, ora pro nobis
Madre del buen consejo, ruega por nosotros
Mater Creatoris, ora pro nobis
Madre del Creador, ruega por nosotros
Mater Salvatoris, ora pro nobis
Madre del Salvador, ruega por nosotros
Virgo prudentissima, ora pro nobis
Virgen prudentísima, ruega por nosotros
Virgo veneranda, ora pro nobis
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros
Virgo predicanda, ora pro nobis
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros
Virgo potens, ora pro nobis
Virgen poderosa, ruega por nosotros
Virgo clemens, ora pro nobis
Virgen clemente, ruega por nosotros
Virgo fidelis, ora pro nobis
Virgen fiel, ruega por nosotros
Speculum Iustitiae, ora pro nobis
Espejo de justicia, ruega por nosotros
Sede sapientae, ora pro nobis
Trono de sabiduría, ruega por nosotros
Causa nostrae letitiae, ora pro nobis
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros
Vas spirituale, ora pro nobis
Vaso espiritual, ruega por nosotros
Vas honorabile, ora pro nobis
Vaso de honor, ruega por nosotros
Vas insigne debotionis, ora pro nobis
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros
Rosa Mystica, ora pro nobis
Rosa Mística, ruega por nosotros
Turris davidica, ora pro nobis
Torre de David, ruega por nosotros
Turris eburnea, ora pro nobis
Torre de marfil, ruega por nosotros
Domus aurea, ora pro nobis
Casa de oro, ruega por nosotros
Foederis arca, ora pro nobis
Arca de la Alianza, ruega por nosotros
Ianua Coeli, ora pro nobis
Puerta del Cielo, ruega por nosotros
Stella matutina, ora pro nobis
Estrella de la mañana, ruega por nosotros
Salux infirmorum, ora pro nobis
Salud de los enfermos, ruega por nosotros
Refugium peccatorum, ora pro nobis
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros
Consolatrix afflictorum, ora pro nobis
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros
Auxilium christianorum, ora pro nobis
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros
Regina angelorum, ora pro nobis
Reina de los ángeles, ruega por nosotros
Regina patriarcarum, ora pro nobis
Reina de los patriarcas, ruega por nosotros
Regina profetarum, ora pro nobis
Reina de los profetas, ruega por nosotros
Regina apostolorum, ora pro nobis
Reina de los apóstoles, ruega por nosotros
Regina martirum, ora pro nobis
Reina de los mártires, ruega por nosotros
Regina confessorum, ora pro nobis
Reina de los confesores, ruega por nosotros
Regina virginum, ora pro nobis
Reina de las vírgenes, ruega por nosotros
Regina sanctorum omnium, ora pro nobis
Reina de todos los santos, ruega por nosotros
Regina sine labe originale concepta, ora pro nobis
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros
Regina in coelum assumpta, ora pro nobis
Reina asumpta al cielo, ruega por nosotros
Regina Sacratissimi Rosarii, ora pro nobis
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros
Regina familiarum, ora pro nobis
Reina de las familias, ruega por nosotros
Regina pacis, ora pro nobis
Reina de la paz, ruega por nosotros
Regina Mundi, ora pro nobis
Reina del mundo, ruega por nosotros
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor
Agnus Dei qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor
  Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros
Las letanías se concluyen con las siguientes oraciones:
Texto en latín
Texto en español
Sub tumm praesidium configimus, Sancta Dei Genetrix: nostras deprecationes ne despicias in necesitatibus, sed a periculis cunctis liber nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.
Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita.
Ora pro nobis, Sancta Dei Genetris: Ut digni efficiamur promissionibus Christi.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios: para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oremus: Gratiam tuam quaesemus, Domine, mentibus nostris infude: ut, qui Angelo nuntiante, Christi Filii tui encarnationem cognovimus, per Passionem eius et Crucem ad resurrectionis gloriam perducamur. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.
Oremos: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.



LAS LETANÍAS LAURETANAS:
ORIGEN, ESTRUCTURA Y SIGNIFICACIÓN

Por Ramón de la Campa Carmona

Definición y significación de letanía

En la tradición cristiana se llama letanía a una plegaria responsorial, usada en los servicios litúrgicos públicos y en el marco de la devoción privada, que consiste en una serie de peticiones o invocaciones agrupadas en torno al mismo sujeto o tema sagrado a las cuales se contesta con una respuesta normalmente invariable, como kyrie eleison, miserere nobis u ora pro nobis, que van dirigidas a Dios, a María o a los santos.

Esta fórmula oracional tiene un importante trasfondo psicológico. Cuando hablamos de alguien que realmente apreciamos gustamos de enumerar sus buenas cualidades y excelencias. Cuando verdaderamente amamos y admiramos a una persona tenemos necesidad de contar a los demás las cosas maravillosas de ella. Ésta es, ni más ni menos, la idea básica que subyace en las letanías.

Al margen de usos paganos, podemos rastrearla en la Escritura, como en el Salmo CXXXV, en el que a cada motivo de alabanza a Dios por sus maravillas se añade la respuesta:“porque es eterna su misericordia”, o en el Cántico de los tres mancebos en el horno (DanielIII, 52-88), en el que a cada invitación a la creación a bendecir a Dios se responde: “a Él gloria y alabanza por los siglos”.

Un origen judío positivo de la oración litánica cristiana ha de buscarse en el Shemoneh Esrehdel culto sinagogal, las dieciocho bendiciones en las que se enumeraba las diferentes categorías sociales de personas y de intenciones por las cuales se oraba. Influencia de este rito parece implícita en las siguientes palabras de San Pablo: “ante todo te ruego que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los constituidos en dignidad, a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y grato ante Dios, nuestro Salvador” (I Timoteo II, 1-3).

Normalmente las de nuestra tradición occidental católica siguen el mismo modelo o patrón. Empiezan con el trisagio o Kyrie eleison. Esta aclamación o invocación litúrgica, que se encuentra en los profetas (como en Isaías XXXIII, 2 o Baruch III) y en el Evangelio (MateoXV, 22; XX, 30, o Lucas XVII, 13), es la utilizada por los enfermos, desgraciados o menesterosos para implorar la misericordia del Señor, siendo adoptada por las primitivas comunidades cristianas. Es tan antigua y venerable que se ha conservado en griego aún en los ritos latinos, la lengua primitiva de la liturgia hasta el siglo III.

A continuación, se invoca a las tres Personas de la Trinidad pidiéndoles misericordia, y siguen las invocaciones, que componen el cuerpo central de la letanía, rogando al que esta oración va dirigida, describiéndolo de diversos modos en orden a cantar su excelencia y ejemplaridad. A cada invocación se responde con una misma respuesta, que otorga el carácter responsorial a esta plegaria; si va dirigida a Dios suele ser miserere nobis y si a la Virgen o los santos, ora pro nobis.

A veces, en las letanías más solemnes y en las dirigidas a Dios, se introduce una serie de peticiones después de las invocaciones, trayendo a colación las maravillas de la salvación, a las que se suele responder te rogamus audi nos, y pidiendo el auxilio divino ante peligros físicos o espirituales, normalmente con la respuesta libera nos Domine.

Después de las invocaciones y peticiones, a modo de conclusión, se añaden tres invocaciones al Agnus Dei, seguidas de un versículo como qui tollis peccata mundi con una respuesta colectiva, finalizando con una oración colecta presidencial que recoge los principales sentimientos desarrollados en la letanía.

Este tipo de oración está destinado para la petición o súplica, sobre todo en tiempos de públicas calamidades o en momentos de especial importancia: bautismo, ordenación sacerdotal, consagración de un templo… No olvidemos que etimológicamente la palabraletanía procede del griego litáneia, que significa “oración de súplica”, del verbo litaneúo, “pedir con encarecimiento, implorar, suplicar, conjurar”.
Origen y difusión de las letanías

La reiterativa repetición del Kyrie eleison fue probablemente la fórmula litánica original, pues se puede rastrear su uso en Oriente y en Occidente desde muy temprano. Entre los griegos se encuentra documentado el uso de letanías en San Juan Crisóstomo (+407), Eustracio (siglo VI), Simeón de Tesalónica (d. 1429) y Codino (siglo XV), y se especializó en una plegaria procesional, un modo de oración conectado con las procesiones, hasta denominar la procesión misma, como encontramos en Malalas (siglo IX), Jorge Cedreno (siglo XI) y Miguel Glycas (siglo XII).

Letanías con la invocación de los santos ya se empleaban en tiempos de San Gregorio Taumaturgo (+ post 270) y de San Basilio el Grande (+379), ignorándose cuándo o por quién fueron compuestas. El texto más antiguo conservado de invocación colectiva de bienaventurados es uno griego de Asia Menor del año 400 aproximadamente.

En el V Concilio de Constantinopla, celebrado en el 536, se sancionó el uso de cantarlas en la procesión menor de los ceroferarios, coristas, diáconos y sacerdotes por el nártex, costumbre que todavía hoy perdura al acabar las grandes vísperas antes de las fiestas del Señor y en los entierros, y recibe el nombre de ectene o letanía del diácono. Es esencialmente la plegaria por toda la Iglesia encontrada en todas las antiguas liturgias orientales. A las invocaciones del diácono la asamblea responde Kyrie eleison. Se distingue de la letanía de la misa por las invocaciones a la Virgen y a los santos y por la más frecuente repetición del Kyrie eleison.

En los ritos orientales podemos encontrar otras muchas letanías en uso en la actualidad. En la liturgia eucarística, hacia el fin de la liturgia de la Palabra, el diácono invita a la plegaria: él formula las peticiones a las que se responde Kyrie eleison; cuando los catecúmenos han partido, el diácono invita a los fieles a la oración por la paz y prosperidad del mundo, por la Santa, Católica y Apostólica Iglesia, por los obispos y sacerdotes, por los enfermos, por los que se han extraviado, etc., respondiéndose a cada súplica: Kyrie eleison, Te rogamos Señor, Escúchanos Señor, etc.

En la Misa Romana, en 1969, se ha restaurado esta oración responsorial con el título deOración Universal u Oración de los Fieles, que sólo se había conservado en los Oficios del Viernes Santo. Los Kyries con que concluye el acto penitencial son también restos de una letanía. En el Rito Ambrosiano de Milán, los domingos de cuaresma se recitan dos letanías en lugar del Gloria in excelsis.

En Occidente, el I Sínodo de Orleáns (511) prescribe para toda la Galia las letanías para los tres días precedentes a la Ascensión. En el Sínodo de Gerunda del 517 se proveen dos triduos de letanías: uno (de jueves a sábado), en la semana posterior a Pentecostés con ayuno, y otro, desde el uno de noviembre.

En la misma área galicana, el II Concilio de Vaison del 529, formado por doce obispos, se decretó por primera vez: “sea observada esa bella costumbre de todas las provincias del Este y de Italia de cantar con gran efecto y compunción el Kyrie eleison en la Misa, en los Maitines y en las Vísperas, porque es un canto tan dulce y agradable que aunque continuara día y noche sin interrupción, nunca produciría disgusto o hastío”.

El Sínodo de París del 573 ordenó letanías al principio de la cuaresma, y el V Concilio de Toledo en el 636 decretó que fueran observadas en el reino visigodo durante tres días desde el catorce de diciembre.

La primera mención referente a la Iglesia de Roma se remonta al 555, al pontificado de Pelagio I, pero implica que se refería a una práctica ya establecida anteriormente. El número de repeticiones y de invocaciones dependía originariamente del celebrante. Esta letanía estaba prescrita en el Breviario Romano preconciliar como Preces Feriales y en el Breviario Monástico para cada Hora (Regla de San Benito IX, 17). Como el Kyrie y otras peticiones eran pronunciadas una sola vez o con más frecuencia, las letanías se denominaban: planæ, ternæ,quinæ, septenæ.

La Letanía de los Santos es la más antigua conservada, que se documenta, por supuesto no en la misma forma que conocemos, en el siglo IV. Su estructura básica actual en dos partes (invocaciones a Dios, a la Virgen y a los santos y peticiones específicas: deprecaciones, intercesiones, súplicas) parece datar del siglo VII, incrementándose la lista de personajes enumerados a partir del siglo VIII. En 1601 el historiador Cardenal Baronio registró ochenta formas en uso.

Las seis Grandes Letanías aprobadas para la pública recitación, impresas en el Enchiridion de Indulgencias, son la citada de los Santos, la Lauretana (1587), las del Santísimo Nombre de Jesús (1886), la del Sagrado Corazón (1891), las de San José (compuestas por el Cardenal Alejo María Lépicier a petición del Papa San Pío X Sarto y aprobadas en 1909), y la de la Preciosa Sangre (1960).


Letanías y procesiones

Cuando empezaron a desarrollarse manifestaciones públicas de devoción, una vez garantizada la paz a la Iglesia en el siglo IV, empiezan a menudear las procesiones, sobre todo en los días que los paganos consideraban sagrados, haciéndose muy populares en la Edad Media. Estas procesiones se llamaban letanías, por su uso imprescindible, y en ellas se llevaban iconos y otros emblemas religiosos. En Roma, el Papa y todo el pueblo en Cuaresma y en las principales fiestas se trasladaba procesionalmente a una iglesia señalada: es el culto estacional.

Ocasiones extraordinarias eran las de las rogativas. En el 590, cuando una epidemia de peste asolaba Roma, provocada por una crecida del Río Tíber, el Papa San Gregorio I Magno organizó una letanía llamada Septiforme, también denominada Letanía Mayor, que no debe confundirse con la letanía septena de la Vigilia de Pascua. Quizás importó esta costumbre de las procesiones de rogativas de Bizancio, donde vivió unos años.

En la víspera del día señalado, exhortó al pueblo a una oración ferviente y estableció el orden que debía observar la procesión: el clero debía partir de San Giovanni Battista, los hombres de San Marcello al Corso, los monjes de Santi Giovanni e Paolo al Celio, las solteras de Santi Cosma e Damiano al Foro, las casadas de San Stefano Rotondo, las viudas de San Vitale, y los pobres y niños de Santa Cecilia al Trastevere, encontrándose todos en Santa María la Mayor.

A esto se añade la Letanía Mayor o Romana, que se celebraba el veinticinco de abril, festividad de San Marcos, día en que los paganos celebraban el festival de Robigalia, cuyo principal acto era la procesión, que partía de San Lorenzo in Lucina y se encaminaba a San Valentín Extramuros y después al Puente Milvio; de allí, en vez de volver por la camino claudiano, como los paganos hacían, giraba a la izquierda hacia el Vaticano, hacía estación en una cruz de la que no se conoce su ubicación exacta y entraba en la Basílica de San Pedro atravesando su atrio. En el 747 el Sínodo de Cloveshoe las ordenó al modo de la Iglesia Romana, y estos días son todavía conocidos en la Iglesia Anglicana como Días de Rogativas.

La Letanía Menor o Galicana, en los Días de Rogativas antes de la Ascensión, fue introducida en el 477 por San Mamerto, Obispo de Vienne, con motivo de los terremotos y otras calamidades que sucedían. Fue prescrita para la Galia Franca en el 511 por el Canon XXVIIdel Concilio de Orleáns. En Roma fue introducida por el Papa León III en el 799.

En el Rito Ambrosiano era celebrada lunes, miércoles y viernes después de la Ascensión. En la Península Ibérica existía una letanía similar desde el jueves al sábado de la octava de Pentecostés, otra, del uno al tres de noviembre, ordenada por el Concilio de Gerunda del 517, y una tercera en diciembre, prescrita por el Concilio de Toledo del 638. En Inglaterra la Letanía de los Días de Rogativas (Gang-Days) era practicada desde tiempos muy tempranos. En Alemania fue ordenada por el Sínodo de Maguncia en el 813.

La popularidad de las letanías por su uso procesional, difundido en Europa por los monjes irlandeses, hizo que surgieran muchas modalidades en la Edad Media: dirigidas al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a la Preciosa Sangre, a la Santísima Virgen, a la Inmaculada Concepción, a cada uno de los santos honrados en los diferentes territorios, por los Ánimas del Purgatorio, etc.

En las liturgias protestantes se conservaron las letanías mayores con la omisión, como es natural, de las invocaciones a los santos y de las peticiones por el Papa y por los difuntos, aunque no gozaron de mucha simpatía, hasta que fueran rechazadas casi sin excepción donde el calvinismo tuvo mayor influencia que el luteranismo.


Algo de historia

Tienen su origen en las que cantaban los fieles en su peregrinación a la Casa de Loreto en el siglo XVI. En la Archidiócesis de Ancona, región de Las Marcas, era entonces el más importante santuario mariano italiano. Según la tradición, alberga la casa de Nazaret donde la Virgen recibió el anuncio de su maternidad divina y donde vivió la Sagrada Familia, que fue transportada milagrosamente el doce de mayo de 1291 hasta un pequeño poblado llamado Tersatto, en Croacia, y a Loreto la noche del nueve al diez de diciembre de 1294. Podemos documentar el uso de letanías marianas en Loreto en los años 1531, 1547, 1554 y sucesivos. El Papa Paulo III Farnese (1534-1549) instituyó en este santuario mariano una schola de niños “ad laudes beatae Virginis decantandas”. El texto actual tiene como primer antecedente el recogido en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de París de finales del siglo XII (Mss., Paris, Nat. Lat. 5267).

Originalmente su estructura era la siguiente: se comenzaba con las invocaciones procedentes de las Letanías de los Santos (Sancta Maria, Sancta Dei Genitrix, Sancta Virgo virginum), luego María es alabada como Mater, a continuación como Magistra, grupo de elogios desaparecido en la actual recensión, después como Virgo, y se añaden una serie de títulos simbólicos de raigambre bíblica, para terminar con la apoteosis de María como Regina.

Las adiciones, omisiones y los cambios del texto original han alterado la formulación primitiva y han oscurecido en gran medida las conexiones lógicas y poéticas del esquema original. Los diversos títulos provienen de textos litúrgicos y autores eclesiásticos, pudiéndonos remontar al himno Akáthistos de la tradición oriental (siglo IV), que fue traducido por primera vez al latín en Venecia en torno al año 800.

Aunque durante el siglo XVII fueron materia de sermones y escritos ascéticos, hay una gran laguna de documentación concerniente al origen, crecimiento y desarrollo de las Letanías Lauretanas en la forma que hoy las conocemos. Algunos eruditos declararon honradamente que nada sabían de su origen e historia; otros, en cambio, las remontaban a la traslación de la Santa Casa (1204); otros las retrotraían al Papa Sergio I (687), al Papa San Gregorio I Magno (590), o, incluso, a los tiempos más tempranos de la Iglesia.

La primera edición de este texto de las Letanías consideradas como “Loretanas” se halla en un libro de oraciones impreso en Dilligen en 1558. A partir de 1572 se suceden las ediciones en los textos relacionados con la Santa Casa. Aunque San Pío V Ghislieri, en su reforma postridentina de los libros litúrgicos, por Motu proprio Superni Omnipotentis de veinte de marzo de 1571, publicado en cinco de abril, las suprimió al desaprobar todos los formularios de Oficios de la Virgen existentes y sustituirlos por uno oficial, en el que no aparecían, se siguieron usando.

Para la costumbre de cantar las letanías en honor de la Virgen los sábados, se elaboró en Loreto un nuevo texto, inspirado directamente en los textos de las Escrituras aplicados a María en la liturgia de la Iglesia. Fueron musicalizadas por el franciscano conventual Costanzo Porta (+1601), Maestro de Coro de la Basílica Lauretana, publicadas en Venecia en 1575. Es la primera noticia de unas letanías marianas puestas en música. Al año siguiente, 1576, estas letanías bíblicas fueron publicadas en dos devocionarios diferentes para uso de peregrinos.

El cinco de febrero de 1578 el Arcediano de Loreto Giulio Candiotti envió al Papa Gregorio XIII Boncompagni los Laudi o lettanie moderne della santísima Vergine, cavate dalla sacra Scrittura, con las partituras de Porta, para la extensión de su uso a San Pedro y a otras iglesias, a lo que éste contestó que, aunque eran dignas de alabanza, no consideraba oportuno introducirlas en Roma o en el uso de la Iglesia universal con la autoridad pontificia, después de haber sido suprimidas otras similares existentes en los viejos oficios parvos de la Virgen. Con todo, concluyó que la letanía debía ser cantada en Loreto como una devoción propia del santuario, y que si otros deseaban adoptarla podían hacerlo por el cauce de la devoción privada.

Habiendo fracasado esta tentativa de sanción oficial, estas letanías bíblicas empezaron a perder su vigencia y fueron una vez más rescatadas las Lauretanas, como se demuestra en el manual de peregrinos publicado por G. Angelita en el mismo 1578, en el que las bíblicas son omitidas y aparecen las otras con la denominación: Letanie che si cantano nella Santa Casa di Loreto ogni Sabbato et feste della Madonna. Eran cantadas, como dice el P. Orazio Turselino, por una Capilla de Cantores, con asistencia de los Capitulares y personas notables.

A pesar de todo esto, en una reedición de este manual en 1584 también se incluyen las letanías bíblicas, aunque en un segundo plano, con el título: Altre letanie che si cantano. Esto demuestra que por un tiempo estuvieron ambos formularios litánicos en uso. En ediciones siguientes del devocionario citado así como de otros, las letanías bíblicas aparecen con el lacónico título de Litaniae ex S. Scriptura depromptae, hasta desaparecer completamente en el siglo XVII.

Gracias a estos devocionarios las letanías lauretanas fueron de nuevo promocionadas, hasta alcanzar incluso Roma. Así el citado Gregorio XIII concedió indulgencias el uno de marzo de 1584 a los miembros de la Archicofradía del Rosario que asistían al canto de las Letanías los sábados y festividades marianas, y el Papa Sixto V Peretti, que tuvo una singular devoción a Loreto, por el Breve Reddituri de once de julio de 1587 dio una aprobación formal y recomendó el uso entre los fieles de estas letanías y de las del Santo Nombre de Jesús.

Su prestigio y difusión en el texto por nosotros conocido se consolidó a partir, sobre todo, del DecretoQuoniam multi de la Sagrada Congregación de la Inquisición de seis de septiembre de 1601, a través del cual el Papa Clemente VIII Aldobrandini prohibió todas las letanías, ante su proliferación –de las que se puede constatar que estaban en uso al menos sesenta formularios-, muchas de escasa calidad e incluso de ingenua heterodoxia, salvo las contenidas en los libros litúrgicos y las que se rezaban en Loreto, que se extendieron a toda la Iglesia Latina, reservándose la Santa Sede la adición de alguna invocación distinta a dicha letanía.

Urbano VIII Barberini, en 1631, por decreto de la Sagrada Congregación de Ritos volvió a sancionar el uso de las letanías lauretanas. Este decreto fue de rápida aplicación con dos excepciones: las Letanías Venecianas, que siguieron usándose en la Basílica Ducal de San Marcos hasta decaer su práctica con la caída de la República Veneciana en 1820, y las Letanías Peruanas, cuyo uso se dispone en 1592 y se indulgencia en la Bula De salute Dominici gregis del tres de diciembre de 1605 del Papa Paulo V Borghese.

En Roma las Letanías Lauretanas fueron introducidas en la Basílica Patriarcal de Santa María la Mayor por el Cardenal jesuita Francisco Toledo en 1597, y el Papa Paulo V Borghese ordenó en 1613 que fueran allí cantadas por la mañana y por la tarde los sábados y vigilias y fiestas de la Virgen. De aquí fueron extendiéndose a las demás iglesias romanas.

Los dominicos ordenaron en el Capítulo General de Bolonia de 1615 que fueran recitadas en todos los conventos de su Orden después del Oficio Divino los sábados, al final de la acostumbrada Salve Regina.

Como conclusión del Rosario se rezan al menos desde el primer tercio del siglo XVII, pues el Maestro General de la Orden de Predicadores, el P. Ricci, mandó que se añadieran la Salve Regina y las Letanías en 1626, y, sobre todo, desde que León XIII Pecci, en la Encíclica Supremi apostolatus de 1883, indicó que durante el mes de octubre, que a partir de entonces se consagró a esta práctica mariana, se rezase en las Parroquias el rosario “añadiendo las letanías lauretanas”.


Estructura y adiciones de las Letanías Lauretanas

Con respecto al texto primitivo, se detectan omisiones: tenían quince títulos más, tales como Nuestra Señora de la Humildad, Madre de la Merced, Templo del Espíritu Santo, Puerta de la Redención o Reina de los Discípulos. En el texto aprobado, eran cincuenta invocaciones, y aunque en 1631 un Decreto y en 1664 una bula del Papa Alejandro VII Chigi reiteraron la prohibición de añadir nuevas invocaciones, éstas fueron aumentando con autorización de la Santa Sede. Vamos a tratar sólo de las incorporadas para uso universal.

La invocación Auxilium christianorum se ha atribuido tradicionalmente al Papa San Pío V Ghislieri tras la Batalla de Lepanto (1571). Lo cierto es que es una variante de las letanías manuscritas por Fra Giovanni da Falerona en 1524, en que aparecen las invocaciones Advocata christianorum, Refugium desperatorum yAuxilium peccatorum, que cristalizarían en Refugium peccatorum y la antes citada, y que aparece ya en la edición de las lauretanas impresa en 1558.

La invocación Regina sacratissimi Rosarii aparece impresa en el Breviario Dominicano de 1614, y fue permitida a las Cofradías del Rosario por Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de 1675. Es notoria la vinculación de las Letanías al rezo del Santo Rosario, sobre todo a partir de la prescripción ya citada de añadir las Letanías en el rezo del mes de octubre, por lo que se extiende este título a la Iglesia universal por Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de diez de diciembre de 1883.

En el siglo XVII, muchas congregaciones religiosas pidieron introducir el título especial con que veneraban a la Virgen, lo que se les concedió. Tenemos el caso, por ejemplo, de los carmelitas el veinticuatro de julio de 1683.

No fueron ajenas las Letanías a la polémica concepcionista. Así, el Papa Clemente XIII Rezzonico, a petición del Rey Felipe IV, concedió para los dominios hispánicos la introducción del elogio Mater inmaculata después de Mater intemerata el doce de septiembre de 1767. Fue también concedida por el Papa Beato Pío IX Mastai-Ferretti al Obispo de Mechlin en 1846, hasta que, tras la definición dogmática de 1854, acabó por extenderse a toda la Iglesia.

En cuanto a la otra invocación inmaculista: Regina sine labe concepta, mucho más precisa, fue solicitada por muchos obispos bajo el pontificado de Gregorio XVI Cappellari, entre ellos todos los franceses, extendiéndose las concesiones de la Sagrada Congregación de Ritos entre 1839 y 1847. El Beato Pío IX citado, a partir de la citada definición dogmática inmaculista de 1854, extendió esta concesión a la Iglesia Universal en 1863. Igualmente, el Papa Pío XII Pacelli, después de la declaración dogmática asuncionista de 1950, añade la invocación: Regina in coelum assumpta.

El nombrado León XIII Pecci aprobó también la inserción de la invocación Mater boni consilii el veintidós de abril de 1903, que como Mater veri consilii estaba incluida en las Letanías Venecianas.

El Papa Benedicto XV della Chiesa, mediante una Carta al Cardenal Gasparri de cinco de mayo de 1917, en pleno fragor de la Guerra Europea, añadió Regina pacis para terminar las letanías.

La invocación Mater Ecclesiae fue introducida por el Papa Pablo VI Montini al término de la III Sesión del Concilio Vaticano II, concomitante con su discurso del veintiuno de noviembre de 1964, en el que proclamaba a María Madre de la Iglesia, título ratificado por el Papa Juan Pablo II Wojtyla en 1980.

La más reciente incorporación fue el treinta y uno de diciembre de 1995, en que el citado Juan Pablo II le añadió, con motivo del Año de la Familia, la invocación Regina familiae, como la penúltima.

Las Letanías Lauretanas están estructuradas en su versión definitiva de la siguiente manera:

a) Invocaciones a la Santísima Trinidad, comunes a todas las letanías.

b) Santidad de María: las tres invocaciones introductorias subrayan la santidad de María como persona (Santa María), en su papel de Madre de Dios (Santa Madre de Dios) y en su vocación a la virginidad (Santa Virgen de las Vírgenes).

c) Maternidad de María: doce invocaciones atienden a destacar las varias facetas de María como Madre; algunas hacen referencia a sobre quien ejerce la maternidad (al principio de la serie: Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, Madre de la Divina Gracia y al final: Madre del Creador, Madre del Salvador), y otras, las intermedias, caracterizan por medio de adjetivos la maternidad de María, que causa admiración (Madre purísima, Madre castísima, Madre virginal, Madre sin corrupción, Madre amable, Madre admirable,Madre del buen consejo).

d) Virginidad de María: estas seis invocaciones no solamente exaltan el valor de la entrega de su virginidad (Virgen prudentísima, Virgen digna de veneración, Virgen digna de alabanza), sino también su eficacia salvadora (Virgen poderosa, Virgen clemente, Virgen fiel).

e) Símbolos de María: son trece invocaciones, generalmente inspiradas en el Antiguo Testamento y aplicadas a la Virgen para resaltar sus virtudes y su eminente papel en la Historia de la Salvación (Espejo de justicia, Trono de sabiduría, Causa de nuestra alegría, Vaso espiritual, Vaso venerable, Vaso insigne de devoción, Rosa mística, Torre de David, Torre de Marfil, Casa de Oro, Arca de la Alianza, Puerta del Cielo,Estrella de la Mañana).

f) Intercesión de María: es un grupo de cuatro invocaciones que alaban la misión de María como abogada en lo espiritual y en lo temporal de la humanidad (Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consoladora de los Afligidos, Auxilio de los cristianos).

g) Realeza de María: la última serie está compuesta de trece invocaciones referidas a María como Reina por su maternidad divina y por su papel de Nueva Eva, enfatizando las ocho primeras su lugar eminente sobre toda la creación y las últimas cinco la personal ejemplaridad de la Virgen (Reina de los Ángeles,Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de losConfesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos, Reina concebida sin pecado original, Reina Asunta al Cielo, Reina del Santísimo Rosario, Reina de las Familias, Reina de la Paz).

h) Preces finales: Son las acostumbradas en todas las preces litánicas: los tres Agnus Dei, el Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix y la oración conclusiva, en este caso mariana.


Una devoción vigente

Terminemos, a modo de conclusión, con las palabras del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia. Principios y orientaciones, publicado en el 2002 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que en el nº 203 dice lo siguiente sobre las letanías marianas:

“Entre las formas de oración a la Virgen, recomendadas por el Magisterio, están las Letanías. Consisten en una prolongada serie de invocaciones dirigidas a la Virgen, que, al sucederse una a otra de manera uniforme, crean un flujo de oración caracterizado por una insistente alabanza-súplica. Las invocaciones, generalmente muy breves, constan de dos partes: la primera de alabanza (‘Virgo Clemens’), la segunda de súplica (‘ora pro nobis’).

En los libros litúrgicos del Rito Romano hay dos formularios de letanías: Las Letanías lauretanas, por las que los Romanos Pontífices han mostrado siempre su estima; las Letanías para el rito de coronación de una imagen de la Virgen María, que en algunas ocasiones pueden constituir una alternativa válida al formulario lauretano.

No sería útil, desde el punto de vista pastoral, una proliferación de formularios de letanías; por otra parte, una limitación excesiva no tendría suficientemente en cuenta las riquezas de algunas Iglesias locales o familias religiosas. Por ello, la Congregación para el Culto Divino ha exhortado a ‘tomar en consideración otros formularios antiguos o nuevos en uso en las Iglesias locales o Institutos religiosos, que resulten notables por su solidez estructural y la belleza de sus invocaciones’. Esta exhortación se refiere, evidentemente, a ámbitos locales o comunitarios bien precisos.

Como consecuencia de la prescripción del Papa León XIII de concluir, durante el mes de Octubre, la recitación del Rosario con el canto de las Letanías lauretanas, se creó en muchos fieles la convicción errónea de que las Letanías eran como una especie de apéndice del Rosario. En realidad, las Letanías son un acto de culto por sí mismas: pueden ser el elemento fundamental de un homenaje a la Virgen, pueden ser un canto procesional, formar parte de una celebración de la Palabra de Dios o de otras estructuras cultuales”.


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FUENTE: liturgia.mforos.com

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