FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

MARÍA, LA MAS HUMILDE Y LA LLENA DE GRACIA.

Cada vez que hago la señal de la Cruz, me consagro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo soy consciente de la especialidad y de la grandeza de la Virgen María.

 Para mi esta consagración incluye también a la Virgen María porque Ella es hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo. Ella está en el centro de la Santísima Trinidad!


"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. LXXX: El amor y el Espíritu Sánto


Mensajes de Nuestro Señor
 Jesucristo a sus hijos predilectos.







LXXX




EL AMOR Y EL ESPÍRITU SANTO 










"Yo necesité solo una cosa para establecer mi Iglesia en la tierra sobre un fundamento indestructible.  ¿Y cuál fué?  -El amor, sólo el amor; porque mi Iglesia debía fundarse  y crecer en el amor y por el amor, que es su corazón, sus arterias, su alma y su vida: el Amor, es decir, el Espíritu santo todo amor.

Por eso hice aquellas preguntas memorables que se recordarán en todo los siglos, al que iba a ser Jefe supremo de mi Iglesia amada y que repercuten aún el el corazón de todos los Papas. "¿Me amas más que éstos?" Y asegurado mi Corazón de Dios-hombre de ese amor, entregué las almas al Pastor por excelencia que me representa en la tierra; entregué, por decirlo así, al amor, mis amores, es decir, las almas.

¡Qué ternura tiene mi Corazón para con las almas todas! Pero hay que ahondar cómo esa pregunta ternísima que hice a San Pedro de si me amaba para entregarle al mundo redimido, no se dirigía tan solo al primer Pastor de las almas, sino también a todos los obispos y sacerdotes.

Con la Iglesia, Me entregué a Mí mismo, y en Mí, a todos los sacerdotes que la componen, desde el primero hasta el último.  Y el Papa extiende sus facultades, envueltas en amor paternal, a sus ovejas predilectas y amadas, a sus sacerdotes, que forman Conmigo y con él, un solo Jesús, Salvador de las almas.

Tres veces me aseguré de ese amor; porque sólo un alma-amor es digna de representarme, de llevar la fecundidad del Padre-Amor, la semejanza del Verbo-Amor, y de mi Espíritu Amor. Y todo este conjunto de amor une en la unidad de la Trinidad, infaliblemente, a la Cabeza de mi Iglesia militante, y en él a todos sus delegados. Todos ellos son Yo en distintas escalas y jerarquías. Porque mi Padre en el Papa me ve a Mí; y en la unidad de la Iglesia, ve a todos los sacerdotes en Mí: un solo Jesús, un solo Pastor, un solo Sacerdote, un único Salvador.

Es hermoso y divino este engrane y encadenamiento íntimo y único en el mundo de mi Iglesia amada. Y por lo divino de ella nada ni nadie es capaz de conmoverla ni de bambolearla,ni de desarticular su estructura, ni de romper su unidad. Es divino su origen, divina su fecundidad; y el hombre-Dios que habita en ella la defiende, la ampara, la sostiene, la glorifica.

Mientras sostenga a la Iglesia el amor en mi Cabeza y en sus miembros, mientras su Pastor sea Amor (que lo será siempre por la asistencia íntima del Espíritu Santo), pasará por todas las tempestades, perfidias, cismas y guerras del infierno; pero bogará sobre todos los mares de sectas y de falsas doctrinas sin conmoverse, sin hundirse.

Yo soy su Piloto; y por eso, pasarán los siglos, y llegará mi Iglesia tan pura, tan santa, tan Madre, tan todo amor y caridad, como salió de mis manos, hasta tocar las playas del cielo.

No importan las traiciones y persecuciones hasta de los suyos (que son las que más me duelen); ella proseguirá majestuosa su marcha entre mil tormentas, que sólo han servido, sirven y servirán para darle más brillo y glorificarla.

¿Quién contra Dios? Las generaciones pasan, las persecuciones se derrumban, los cismas caen, las luchas se desvanecen, y sólo mi Iglesia, hermosa y pura, santa e incomparable, llegará al fin, tan perfecta e inconmovible como la formé, apoyada en el amor que no se muda porque es divino, por el ser de unidad que la caracteriza, impregnada de amor y sólo esparciendo amor.

Ha llegado el tiempo de exaltar en el mundo al Espíritu Santo, alma de esa Iglesia tan amada, en donde esa Persona divina se derrama con profusión en todos sus actos. Esta última etapa del mundo quiero que se le consagre muy especialmente a este Santo Espíritu, que no obra sino  por el amor. Comenzó a regir a la Iglesia en su principio por tres actos de humilde amor en San Pedro; y quiero que en estos últimos tiempos se acentúe ese amor santo en todos los corazones, amando a la Trinidad; pero especialmente lo quiero en el corazón de mis sacerdotes. Es su turno, es su época, es el final amoroso de mi iglesia para todo el universo.

Por eso vuelvo a pedir que el mundo se consagre al Espíritu Santo muy especialmente, comenzando por todos los miembros de la Iglesia, a ese Espíritu que me anima, a esa tercera Persona de la Santísima Trinidad, que enlaza y unifica a la Trinidad misma, que consuma la vida de Dios; porque Dios es amor y el Espíritu Santo es el alma, es el gran motor divino de la Iglesia, su energía, su corazón, su latido, porque es el Amor.

Y el amor, la caridad, se ha resfriado en el mundo, y éste es el origen de todos los males que lamenta.  Ese  amor divino, único, se le inutiliza, se le neutraliza, se le falsifica, se le suplanta con falsos amores, con mundo y materia, que lo han alejado de los corazones. Y es preciso que vuelva, que triunfe, que cante la victoria de su Dueño y convierta almas y regenere corazones y generaciones.

Pero ¿cuál tiene que ser el principio sólido, verdadero y duradero de esta conmoción universal? ¿Por dónde debe comenzar? -Por mis sacerdotes en su transformación en Mí; esa transformación no es otra cosa que amor, y amor puro y aquilatado; porque es unión, porque acerca a la Trinidad y asimila a Dios.

Yo aseguro que si los sacerdotes todos a una, en la unidad de la Trinidad, emprenden este gran impulso santificador y divino, Satanás quedará derrocado, y la Iglesia purificada en sus sacerdotes; será éste un consuelo para la Santa Sede y un grande obsequio para mi Corazón.

Pero ¿quién facilitará esto? Sólo el Espíritu Santo contrarrestará lo material con lo divino, sólo la Persona del Amor comunicará amor; entonces todo se salvará.

Que mis sacerdotes todos, con la mano en el pecho, me contesten a la pregunta que le hice a San Pedro - "¿Me amas más que éstos?" - y que responda su corazón y se arrojen confiados al Espíritu Santo, que está pronto a derramarse en los corazones que más ama y en los que anhela explayar sus carismas, bendiciones y dones con profusión.

¡Cuánto le deben mis sacerdotes al Espíritu Santo! Pues que le prueben su gratitud, consagrándole diócesis, parroquias y templos; pero sobre todo, sus corazones, transformados en su consumación en Mí, y en Mí y por Mí, en el Padre.

Deben mis sacerdotes amar al Padre y al Verbo con el mismo amor con que el Padre y el Verbo se aman; con el mismo  Espíritu Santo. Deben amar a la Iglesia, a su vocación sacerdotal y a las almas también con el Espíritu Santo. El Corazón de María, nido purísimo del Espíritu Santo, los conducirá a Él, y con Él, su transformación en Mí será completa, será perfecta, y quedará complacido y satisfecho mi anhelo de consumarlos por fin en la unidad de la Trinidad".


ORACIONES SACERDOTALES -


Oración del Apóstol (s.XIV)

Cristo, no tiene manos,
tiene solamente nuestras manos
para hacer el trabajo de hoy.
Cristo no tiene pies,
tiene solamente nuestros pies
para guiar a los hombres en sus sendas.
Cristo, no tiene labios,
tiene solamente nuestros labios
para hablar a los hombres de sí.
Cristo no tiene medios,
tiene solamente nuestra ayuda
para llevar a los hombres a sí.
Nosotros somos la única Biblia,
que los pueblos leen aún;
somos el último mensaje de Dios
escrito en obras y palabras.



PLEGARIA PARA PEDIR POR LOS SACERDOTES

Señor Jesús, te pido por tus sacerdotes. Que cuando estén clavados en la cruz del confesionario, pongas en ellos tu corona de luz en vez de tu corona de espinas.

Que cuando, día a día, te traigan al pan convertido en tu cuerpo, ello no se les vuelva rutina, sino diario milagro.

Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú nos entregas.

Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de tus últimos tres años y cuando viejos, sigan sintiendo que «Dios alegra su juventud».

Que espíritu viviente en carne y hueso, sean como Tú, profundamente humanos y perfectamente divinos.

Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario, estés Tú, como Cirineo, para llevarles la cruz y volvérselas gozo.

¡Y que nunca falte quien de la vida por ellos, así como Tú la diste por nosotros!



Oración al Espíritu Santo por los sacerdotes 
(para pedir la renovación de los dones recibidos del Espíritu Santo)

¡Oh Espíritu Santo! En este día Te pido que vuelvas a inundar el alma de Tu SACERDOTE ..... como en el día de su ordenación. 

Que vuelva él a sentir el gozo, la felicidad, la emoción tan grande de ese día. 

Que nunca deje de sentir lo que sintió ese primer día, que nunca se vaya a convertir su vida en una rutina, que cada día amanezca con el mismo celo y la misma voluntad de servirte, sirviendo a los demás. 

Haz que dé siempre buen ejemplo sin provocar envidias, haz que los que se acerquen a él sientan que se acercaron a Ti y que por medio de él tocaste sus vidas.

Dale la humildad de reconocer que no somos nada, ni somos dignos de nada pero que por medio de Tu misericordia y por medio de Tu amor nos das todo sin merecerlo, y que lo único que nos queda es aceptarlo y pasar cada instante de nuestras vidas agradeciéndotelo. 

Fortalece sus puntos débiles que son donde Tú manifiestas Tu gloria y sostén sus puntos fuertes, y que sepa reconocer con humildad y con verdad que lo bueno que hay en él, no es más que un reflejo de Ti mismo. No permitas que satanás obstaculice su camino, que cuando lleguen las tentaciones tenga la fuerza para vencerlas al instante, que nunca llegue a ofenderte con la ayuda de Tu gracia. Que sepa reconocer al demonio cuando se le llegue a presentar disfrazado y que sepa ahuyentarlo con el nombre de Jesús y de María. 

Tu pueblo, Señor, necesita que él y todos Tus sacerdotes sean santos y totalmente entregados a Tu servicio. Ayúdalos porque lo que Tú les pides es muy difícil y sin Ti nada podrán hacer. 

Tú sabes todo lo que deseo pedir y no puedo expresar y lo tomas en cuenta. 

También Te pido por todas las intenciones que él tenga en su corazón. Que sus sueños, sus anhelos y sus deseos siempre estén de acuerdo con Tu voluntad.
No permitas que conozca la tristeza, que su alegría interior sea tan grande que no haya nada que la pueda destruir ni afectar. 

Tú sabes que mi intención es la de pedir por él ahora y siempre con la esperanza de que escuches mis pobres oraciones. 

Gracias por todo lo que nos das y esperamos un día, por medio de Tu amor, Tu perdón, y Tu misericordia, llegar a gozar contigo por toda la eternidad en el cielo. Así sea. 



Oración por los seminaristas

sábado, abril 06, 2013 

Señor, Jesucristo,
Pastor bueno,
tú que conoces a todas tus ovejas y sabes
cómo llegar al corazón del hombre,
abre la mente y el corazón de los que buscan
y esperan una palabra de verdad para su vida;
hazles sentir que sólo en ti
pueden encontrar plena luz;
da valor a los que saben dónde encontrar la verdad,
pero temen que tu llamada sea demasiado exigente;
sacude el alma de los que quieran seguirte
en el ministerio sacerdotal,
pero no saben vencer las dudas y los miedos,
y acaban por escuchar otras voces.
Tú que eres la Palabra que ilumina
y sostiene los corazones,
suscita en aquellos a quienes llamas
valor para dar la respuesta de amor:
"¡Heme aquí, envíame!"



SÚPLICAS A JESÚS SACRAMENTADO A FAVOR DEL CLERO


A nuestro Santísimo Padre,

Envuélvelo en tu gracia, Señor.

A los Cardenales y Delegados,

Envíales tu luz, Señor.

A los Sacerdotes Párrocos,

Dales acierto, Señor.

A los Vicarios y Colaboradores,

Guíalos, Señor.

A los Sacerdotes Misioneros,

Protégelos, Señor.

A los Sacerdotes predicadores,

Ilumínalos, Señor.

A los Sacerdotes Directores de almas,

Instrúyelos, Señor.

A los Sacerdotes Religiosos,

Hazlos perfectos, Señor.

A los Sacerdotes de Seminarios,

Dales tu ciencia, Señor.

A los Sacerdotes en peligro,

Líbralos, Señor.

A los Sacerdotes tentados,

Dales el triunfo, Señor.

A los Sacerdotes en pecado,

Dales tu gracia, Señor.

A los Sacerdotes celosos,

Ayúdales, Señor.

A los Sacerdotes pobres,

Socórrelos, Señor.

A los Sacerdotes débiles,

Fortalécelos, Señor.
A los Sacerdotes turbados,

Dales la paz, Señor.

A los Sacerdotes aislados,

Acompáñalos, Señor.

A los Sacerdotes atados a las cosas de la tierra,

Rompe sus cadenas, Señor.

A los Sacerdotes enfermos,

Sánalos, Señor.

A los Sacerdotes ancianos,

Sostenlos, Señor.

A los Sacerdotes difuntos,

Dales la gloria, Señor.

De toda la Iglesia militante y purgante,

Apiádate, Señor.



ORACIÓN

¡Oh Jesús, Sacerdote eterno! Guarda a tus Sacerdotes bajo la protección de tu Sagrado Corazón, donde nada pueda mancillarlos; guarda inmaculadas sus manos ungidas que tocan cada día tu Sagrado Cuerpo; guarda inmaculados sus labios diariamente teñidos con tu preciosa Sangre; guarda puros y despejados de todo afecto terrenal sus corazones, que Tú has sellado con la sublime marca del sacerdocio.

Que tu santo amor los rodee y los preserve del contagio del mundo. Bendice sus tareas apostólicas con abundantes frutos y haz que las almas confiadas a su celo y dirección sean su alegría en la tierra, y su hermosa e inmarcesible corona en el cielo. Amén.


(Recítese ante el Santísimo expuesto o ante el Sagrario, para que el Señor dé a su Iglesia abundantes Sacerdotes Santos).



LA ESCALA ESPIRITUAL SAN CLÍMACO - PARTE 4 -


"LA ESCALERA DEL DIVINO ASCENSO"
DE SAN JUAN CLÍMACO


(Con anotaciones de Fr. Luis de Granada)


 Capitulo VII:

Escalón séptimo, del llanto causador de la verdadera alegría.

Llanto según Dios es tristeza del alma y sentimiento del corazón afligido, el cual busca con grandisimo ardor lo que desea, y sino lo alcanza, búscalo con sumo trabajo, y va en pos de ello buscándolo con solicitud y tristeza. Pude también definirse así. Llanto es estímulo de ror, hincado por la santa tristeza en nuestro corazón para guardar de él, el cual despoja el alma de toda pasión y afición en que se puede enlazar. compunción es perpetua tormento de la conciencia, la cual mediante el humilde conocimiento de sí mismo refrigera el ardor y fuego del corazón. Compunción es olvido de sí mismo; porque por esta hubo alguno que se olvidó de comer su pan. Penitencia es voluntaria y alegre renunciación de toda consolación corporal.

La continencia y el silencio son virtudes propias de los que aprovechan en este llanto; y el no airarse y olvidarse de las injurias, de los que ya han aprovechado en él; mas de los perfectos y consumados en esto es profunda humildad del animo, deseo de ignominias, hambre voluntaria de molestias y trabajos, no condenar los que pecan, tener compasión de sus necesidades según los que pudiéremos, y mas aun de los que pudiéremos. Los primeros son dignos de ser aceptados, los segundos son dignos de ser alabados; mas aquellos son bienaventurados, que tienen hambre de aflicciones ignominias[64]: porque ellos serán hartos de aquel manjar que nunca harta.

Tú que alcanzaste la virtud del llanto, procura guardarla con todas tus fuerzas: porque sino esta muy fuertemente arraigada en el alma, suele irse y desaparecer. Y especialmente la hacen huir los desasosiegos, deleites y cuidados de las cosas de esta vida; mas sobre todo el mucho hablar y chocarrear del todo lo deshace, así como el fuego a la cera.

Atrevimiento parece lo que diré; pero no deja de tener en su manera verdad. Mas eficaz es algunas veces que el Bautismo; porque aquel lava los pecados pasados, y este preserva de los venideros, dando virtud y grande espíritu para evitarlos. Y la gracia de aquel perdemos después que en la niñez le recibimos; mas con este nos volvemos a renovar; el cual si no fuera dado a los hombres por especial don de Dios, muy pocos fueran los que se salvarán.

La tristeza y los gemidos llaman a Dios, y las lagrimas del temor llevan la embajada; mas las que proceden del amor, dicen que nuestras oraciones fueron oídas y recibidas del Señor. Así como ninguna cosa tanto arma con la humildad como el llanto; así una de las cosas que mas le contradicen es la risa desvergonzada y secular. O continente, trabaja con todas tus fuerzas por conservar esta bienaventurada y alegre tristeza de la santa compunción, y nunca ceses de trabajar en ella, hasta que purificado ya del amor de las cosas terrenas, te levante a lo alto, y te represente a Cristo.

No dejes de considerar è imprimir fuertemente en lo intimo de tu corazón aquel abismo del fuego eterno, aquellos crueles ministros, aquel severo y espantoso juez, que entonces a ningún malo perdonará, y aquel infinito caos y oscuridad del fuego infernal, y aquellas terribles cuevas y mazmorras profundas, y aquellos espantosos despeñaderos y descendidas, y aquellas horribles imágenes y figuras de los que allí están: para que si en nuestra alma han quedado algunos incentivos de lujuria, ahogados con este temor, den lugar a la limpia y perpetua castidad, y con la gracia del llanto resplandezca mas que la misma luz.

Persevera en la oración temblando, no de otra manera que el reo que está delante del juez; para que así con el habito interior como exterior mitigues la ira del Señor; porque no desprecia el alma que está como viuda y opresa llorando delante de él, importunando y fatigando con trabajos al que no los puede padecer.

Si alguno ha alcanzado las lagrimas interiores del alma, cualquier lugar le es oportuno y conveniente para llorar; mas el que tiene lagrimas exteriores, debe buscar lugares y modos convenientes para este ejercicio. Porque así como el tesoro secreto está mas guardado y mas seguro de ladrones que el que está en la plaza; así también lo está el tesoro de las gracias espirituales.

No seas semejante tú que lloras, a los que entierran los muertos; los cuales hoy lloran y mañana comen y beben sobre ellos, celebrando sus endechas; sino procura ser como los que están condenados por sentencia a cavar en las minas de los metales, que cada hora son azotados y maltratados de los que presiden sobre ellos. El que ahora llora, y luego se desmanda en riquezas y deleites, es semejante al que apedrea un perro goloso con pedazos de pan, que aunque parezca que le persigue y despide de sí, en hecho de verdad lo detiene consigo. Porque este tal parece que con el llanto despide de sí los deleites; mas no despide de verdad.

Procura siempre andar con un semblante triste; pero ese sea con modestia; porque no parezca esto ostentación de santidad. Y trabaja siempre estar atento y cuidadoso sobre la guarda de tu corazón: porque los demonios no menos temen la tristeza verdadera, que los ladrones al perro. No pensemos hermanos que somos llamados a fiestas y boda, sino a que lloramos a nosotros mismos. Algunos de los que lloran, trabajan en aquel bienaventurado tiempo por no pensar nada, en lo cual hacen mal: porque no entienden que las lagrimas que proceden sin pensamiento y atención del alma, son brutas è impropias a la criatura racional. Porque las lagrimas necesariamente han de proceder de alguna consideración y pensamiento; y el padre de esta consideración es el animo racional.

Cuando te acuestas en la cama, esta postura que en ella tienes, te sea figura del que está muerto en la sepultura: y de esta manera dormirás menos. Y cuando estuvieres comiendo a la mesa, acuérdate de la miserable suerte en que te has de ver cuando seas manjar de gusanos: y de esta manera mortificarás el apetito de los regalos. Y asimismo cuando bebieres, no te olvides de aquella encendida sed que los malos padecen entre las llamas del infierno: y así podrás mejor hacer fuerza a la naturaleza.

Cuando nuestro Padre espiritual nos ejercita con injurias, amenazas è ignominias, acordémonos de la terrible sentencia y maldición del juez eterno: y de esta manera con mansedumbre y paciencia, como un cuchillo de dos filos, degollaremos la tristeza que de allí se suele seguir. Poco a poco, según que se escribe en Job[65], crece y mengua la mar: y así con paciencia y perseverancia poco a poco van creciendo estos ejercicios de virtudes en nosotros.

Duerma contigo todas las noches la memoria del fuego eterno, y contigo también despierte: y de esta manera no tendrá señorío sobre tí la pereza al tiempo del levantar a cantar los salmos. Finalmente, hasta la misma vestidura procura que sea tal, que ella también te convide a llorar; pues ves que por esta causa se visten de luto los que lloran los muertos.

Sino lloras, llora porque no lloras: y si lloras, conoce que tienes razón de llorar; pues por tus pecados caíste de un tal alto y quieto estado, en un estado tan bajo y tan miserable. Aquel igual y rectísimo juez suele en nuestras lagrimas tener respeto a la condición de nuestra naturaleza, como la hace en todas las otras cosas: y así vi yo muy pequeñas gotas de estas derramarse con trabajo, a manera de sangre: y vi otras veces correr fuentes de ella sin trabajo: y estimé en mas la grandeza del dolor de los que lloraban, que la abundancia de sus lagrimas: y así pienso que lo estimó Dios.

No conviene a los que lloran, en cuanto tales, ocuparse en sutiles y profundas cuestiones de Teología, las cuales pertenecen a otro oficio y estado mas alto; porque esta especulación suele ser impeditiva del llanto. Porque el Teólogo es comparado al que está asentado magistralmente sobre el trono de la cátedra, empleándose en altas y grandes materias: mas el que llora es comparado al que está asentado en un muladar sobre un cilicio, haciendo penitencia de sus pecados: y por causa de esta desproporción pienso que aquel gran David, que sin duda fue doctor sapientísimo, respondió a los que le pedían cantares, diciendo[66]: Cómo cantaremos los cantares del Señor en tierra ajena? Como si dijera: Cuando estamos atentos a la consideración de nuestros vicios y miserias, no estamos para cantar el cántico de las divinas alabanzas.

Así como las criaturas unas veces se mueven de sí mismas, y otras veces reciben el movimiento de otras; así también acaece esto en la compunción: por donde cuando nos acaece que sin procurarlo ni trabajar por ello nos viene un grande llanto y compunción, aceptemos esto de buena gana, y aprovechémonos de ello; pues el Señor se nos entró por las puertas sin ser llamado, ofreciéndonos misericordiosamente esta esponja de la divina tristeza, este refrigerio de lagrimas piadosas, con la cuales se borre la escritura de nuestros pecados. Y por esto trabaja por conservar esta gracia con la lumbre de los ojos, hasta que ella se vaya de su gana; porque mucho mejor es la virtud de esta compunción, que la de aquella que nosotros alcanzamos por nuestro estudio y trabajo.

No ha alcanzado la gracia del llanto el que llora cuando quiere, sino aquel que llora las cosas que quiere: ni aun tampoco este, sino el que llora como Dios quiere. Algunas veces se mezclan las engañosas lagrimas de la vanagloria con las lagrimas que son de Dios; lo cual entonces virtuosa y prudentemente conoceremos, cuando viéremos que juntamente lloramos y tenemos malos propósitos en nuestro corazón.

La compunción, propiamente hablando, es un dolor del animo que carece de toda soberbia, y que no admite alguna consolación, pensando todas las horas en la resolución y termino de la vida, y esperando como una agua fresca la consolación de Dios, con que suele visitar a los Monjes humildes. Los que con todas sus fuerzas trabajaron por alcanzar este piadoso llanto, suelen comúnmente aborrecer su vida, como materia perpetua de dolores y trabajos; y así también aborrecen su propio cuerpo como a verdadero enemigo.

Cuando en aquellos que parece que lloran según Dios, vieres por otra parte obras o palabras de ira, o de soberbia, ten por cierto que las tales lagrimas no nacen de esta saludable compunción. Porque qué conveniencia tienen entre sí la luz y las tinieblas? Natural cosa es a la falsa y adultera compunción engendrar soberbia; mas la que es virtuosa y loable pare grande consolación. Así como el fuego enciende y consume las pajas, así las lagrimas castas consumen todas las suciedades visibles è invisibles de nuestras animas.

Determinación es de los Padres, que es muy oscura y dificultosísima de averiguar la razón y valor de las lagrimas, especialmente en los que comienzan: porque dicen proceder ellas de muchas y diversas ocasiones; conviene saber, de la condición natural del hombre, de Dios, de aflicciones y trabajos bien o mal sufridos, de la vanagloria, de fornicación, de amor, de la memoria de la muerte, y de otras muchas causas: por donde examinadas con el temor de Dios todas estas lagrimas, para ver las que nos conviene abrazar o desechar, trabajemos por alcanzar aquellas que proceden de la memoria de nuestra muerte y resolución, que son limpísimas y libres de toda engañosa sospecha; porque no hay en ellas olor de secreta soberbia; mas antes hay mortificación de ella, y aprovechamiento en el amor de Dios, y aborrecimiento del pecado, y una hermosísima y felicísima quietud, libre de todo estruendo y perturbación.

No es cosa nueva ni maravillosa que los que lloran algunas veces comiencen en buenas lagrimas y acaben en malas: mas comenzar en malas, o en naturales lagrimas, y acabar en buenas, cosa es esta singular y dignísima de alabanza. Y esta proposición entienden muy bien los que son mas inclinados a vanagloria: porque estos sabrán por experiencia cuan trabajosa cosa sea enderezar puramente a gloria de Dios lo que el amor natural de la honra tan poderosamente llama y procura para sí.

No quieras luego a los principios fiarte de la abundancia de tus lagrimas: así como no se debe fiar nadie del vino recién salido del lagar. No hay quien no conozca ser muy provechosas todas las lagrimas que derramamos según Dios; mas cuales y cuanto sean a su provecho, al tiempo de nuestra partida se sabrá.

El que continuamente llorando aprovecha en el camino de Dios, cada día tiene espirituales fiestas y banquetes: mas el que continuamente se anda en fiestas y banquetes corporales, después lo pagará en llanto perpetuo. Así como los reos no tienen en la cárcel alegría; así tampoco los Monjes tienen verdadera solemnidad en esta vida: y por ventura por esta causa aquel santo amador del llanto suspirando decía[67]: Saca, Señor, mi alma de la cárcel, para que se alegre ya en tu inefable luz.

Procura de estar dentro de tu corazón como un alto Rey, asentado en la silla de la humildad, mandando a la risa que se vaya, y váyase: y al dulce llanto que se venga, y venga: y a tu siervo[68] (o por mejor decir tirano, que es tu cuerpo) mandándole que haga lo que tú quisieres y hágalo. Si alguno trabaja por vestirse de este bienaventurado y gracioso llanto, como de una ropa de fiesta, este sabrá muy bien cual sea la espiritual risa y alegría del alma. Quién será aquel tan dichoso que aya gastado todo el tiempo de su vida tan piadosa y religiosamente en la conservación de la vida Monástica, que jamás se le aya pasado ni día, ni hora, ni momento que no aya gastado en servicio de Dios y obras religiosas, pensando siempre con mucha atención no ser posible recobrar el tiempo pasado, y gozar dos veces de un mismo día en esta vida? Bienaventurado aquel que levanta sus ojos a contemplar aquellas celestiales è intelectuales virtudes, que son los Ángeles: mas también lo será aquel, y aun estará muy lejos de caer, que riega siempre sus mejillas con lluvia de aguas vivas; y aun es cierto que por este estado pasan los hombres a aquel primero, que es de tanta felicidad.

Vi yo algunos pobre mendigos muy importunos, los cuales con algunos donaires que dijeron, inclinaron los corazones a los Reyes misericordia: y vi también algunos pobres necesitados de virtudes, los cuales, no con donaires, no palabras graciosas , sino humildes y significadoras de dolor y de confusión, arrancadas de la intimo del corazón , importunando y perseverando , vencieron aquella invisible naturaleza, la inclinaron piedad. El que se ensoberbeces con la gracia de sus lagrimas, y condena los que no las tienen, es semejante al que recibiendo armas del Emperador contra sus enemigos, usó de ella contra sí.

No tiene Dios, hermanos, necesidad de nuestras lagrimas, ni quiere que el hombre llore puramente por la angustia de su corazón, sino por la grandeza del amor que debe tener Dios, acompañado con alegría de corazón. Quita el pecado parte, y luego serán ociosas las lagrimas que por estos ojos sensibles se derraman: pues no es necesario cauterio donde no hay llagas podridas. No había lagrimas en Adán antes del pecado; como tampoco las habrá después de la general resurrección, destruido el pecado; porque entonces huirá el dolor, la tristeza y el gemido.

Vi en algunos este piadoso llanto, y vilo también en otros porque carecían de él; los cuales, aunque en hecho de verdad no carecían de él, pero así se lamentaban como si carecieran , y con esta hermosas castidad de su alma estaban mas seguros de los ladrones de la vanagloria: y estos son aquellos de quienes esta escrito[69]: El Señor hace ciegos los sabios. Porque algunas veces suelen estas lágrimas levantar los que son mas livianos: por lo cual le son quitadas por divina dispensación, para que viéndose privados de ella, las busquen con mayor diligencia, y se conozcan por miserables, y se aflijan con gemidos, dolor, y confusión de los ánimos las cuales cosas suplen seguramente la falta de las lagrimas, aunque ellos por su provecho no lo entiendan.

Hallaremos algunas veces, si diligentemente lo miramos, que los demonios pretenden hacer en nosotros una cosa para reír; conviene saber, que después de muy hartos nos resuelven en lagrimas, y cuando estamos ayunos nos secan las fuentes de los ojos, para que engañados con esto nos entreguemos a los deleites de la gula, madre de todos los vicios: viendo que cuando estamos mas hartos, estamos, al parecer, mas devotos. A los cuales en ninguna manera conviene obedecer, sino antes contradecir.

Considerando yo atentamente la naturaleza de esta sagrada compunción, me maravillo mucho de ver como lo que por una parte se llama llanto y tristeza, tiene juntamente consigo anejo gozo y alegría, así como el panal la miel. Pues qué se nos da entender con esto, sino tener por ciento que así como esta es una grande maravilla, así también es una grande misericordia y obra de Dios? porque entonces está dentro de nuestra alma un dulce deleite, con el cual Dios secretamente consuela los tristes y desconsolados por su amor.


Único

Prosigue los material del llanto

Mas porque no nos falte ocasión de este eficasísimo llanto y saludable dolor, quiero contar Aquí una dolorosa historia para edificación de las animas. Un Religioso que miraba en este lugar , llamado Estefano, deseo mucho la vida quieta y solitaria; el cual después de haber ejercitándose en los trabajos de la vida Monástica muchos años, y alcanzando gracia de lagrimas y de ayunos, con otros muchos privilegios de virtudes, edificó un celda la raíz del monté donde Elías en los tiempos pasados vio aquella divina y sagrada visión, Este Padre de tan Religiosa vida, deseando aun mayor rigor y trabajo de penitencia, pasóse de ahí otro lugar, llamado Siles, que era de los Monjes Anacoretas que viven en soledad. Y después de haber vivido con grandisimo rigor en esta manera de vida, por estar aquel lugar apartado de toda humana consolación, y fuera de todo camino, y desviado setenta millas de poblado: al fin de la vida vínose de allí, deseando morar en la primera celda de aquel sagrado monte. Tenía él allí dos discípulos muy Religiosos, de la tierra de la Palestina, que tenían en guarda la sobredicha celda. y después de haber vivido unos pocos días en ella, cayó en una enfermedad de que murió. Un día pues antes de su muerte súbitamente quedó atónito y pasmado: y teniendo los ojos abiertos miraba la una parte del lecho y la otra, y como si estuvieran allí algunos pidieran cuenta, respondía el en presencia de todos los que allí estaban, diciendo algunas veces: Así es cierto: mas por eso ayuné tantos años . Otras veces decía: No es así cierto mantis, no hice eso. Otras decía: Así es verdad, así es, mas lloré y serví tantas veces los prójimos por eso. Y otra vez decía: Verdaderamente me acusáis, así es, y no tengo que decir, sino que hay en Dios misericordia. Y era por cierto espectáculo horrible y temeroso ver aquel invisible y riguroso juicio, en el cual, lo que es aun mas para temer, le hacían cargo de los que no había hecho. Miserable de mi! que será de mi! pues aquel tan grande seguidor de soledad y quietud, en algunos de sus pecados decía que no tenía que responder; el cual había cuarenta años que era Monje, y había alcanzado la gracia de las lagrimas? Ay de mí! ay de mí! Donde estaba allí aquella voz del Profeta Ezequiel con que pudiera responder[70]: en aquel cualquier día que el pecador se convirtiere de su maldad, no tendré mas memoria de ella? Y aquella que dice[71]: En lo que te hallare, en eso te juzgaré, dice el Señor. Nada de esto pudo responder. Porque causa? Sea gloria aquel Señor que lo solo lo sabe. Algunos hubo que de verdad me afirmaron, que estando este Padre en el yermo, daba de comer un león pardo con su mano. Y siendo tal, partió de esta vida pidiéndole tan estrecha cuenta, dejándonos inciertos cual fuese su juicio, cual su termino, y cual la sentencia y determinación de su causa.

Así como la viuda después de perdido su marido, si le queda solo un hijo, descansa toda sobre él, y no tiene otro consuelo después de Dios: así el alma después de haber caído y perdido Dios por el pecado, uno de los mayores consuelos que le queda para el tiempo de su partida, son las y abstinencia. Las tales animas no requiebran curiosamente la voz cuando cantan los salmos; porque estas cosas interrumpen y partan el llanto. y si estupor este medio lo piensas alcanzar, ten por cierto que está muy lejos de tí.

Porque el llanto es un dolor cierto y fijo del animo, acompañado con fervor de espíritu; el cual es precursor de aquella beatísima quietud y tranquilidad que se halla en Dios: y en muchos este llanto aparejó el alma para Dios, y la limpió y consumió en ella todas las espinas y malezas de los vicios.

Un varón de Dios ejercitado en esta virtud me contó de sí, diciendo: Determinando yo muchas veces de trabar guerra cruel contra la vanagloria, contra la ira, y contra la gula, la virtud el llanto dentro de mí mismo secretamente me decía: No te ensalces con vanagloria, porque me iré de tí. Lo mismo me decía también en las otras tentaciones. A lo cual yo respondía: Nunca te seré desobediente hasta que me presentes Cristo.

La grandeza del llanto merece consolación , la limpieza del corazón merece lumbre de entendimiento: y esta lumbre es una secreta operación de Dios, entendida sin entenderse y vista sin verse. Esto es: lumbre iluminación es una secreta obra de Dios en el alma, mediante la cual se le da un sobrenatural conocimiento de la verdad; y dícese que es conocida sin conocerse, porque siente el hombre la eficacia de ella en su ánima, mas no sabe cierto de donde le viene; según aquello que está escrito[72]: El espíritu donde quiere sopla, y oyes su voz; mas no sabes de donde viene, donde va. Y asimismo se escribe en Job[73]: Si viniere a mí, no le veré: y si se fuere, tampoco lo entenderé.

Consolación es refrigerio del animo afligido, la cual en medio de los dolores alegra el alma dulcemente: así como se alegra en niño cuando después de haber perdido de vista a su madre la torna ver: el cual ríe y llora juntamente. Porque costumbre es de nuestro Señor cuando ve las animas afligidas y derribadas de la consideración de sus pecados, y peligros, y tentaciones, recrearlas con nuevo espíritu y aliento, y convertir las lagrimas de tristeza en lagrimas de paz y alegría.

Las lagrimas quitan el temor de la muerte, y después que un temor echó fuera otro temor, luego una clara luz de alegría viene sobre el alma, y tras de esta alegría se sigue luego la flor de la caridad; porque con estos tales dones crece esta nobilísima virtud, y juntamente con la experiencia de verse el hombre de esta manera esforzado, alegrado, y visitado de Dios; lo cual en ella es un grande incentivo de amor.

Mas con todo esto te aviso que no te fíes luego de cualquier gozo, aunque sea interior; mas antes algunas veces lo aparta de tí, como indigno, con la mano de la humildad; porque si eres fácil de recibirlo por ventura recibirás al lobo en lugar del pastor: que es al gozo del demonio por el de Dios.

No quieras apresuradamente correr a la contemplación en tiempo que no es para eso conveniente (que es cuando el es toda y obligación en que estas te llama otros ejercicio) para que después esa misma contemplación (tomada en su tiempo) perpetuamente se junte contigo con castísimo vinculo de matrimonio.

El niño cuando el principio comienza conocer su padre, recibe grande alegría cuando lo ve; mas si el por alguna causa se le ausenta, y después vuelve a él, hinchase de alegría, por ver quien tanto deseaba: y de tristeza, acordándose de cuanto tiempo careció de aquella honesta y hermosa compañía. Pues así también al alma devota se alegra con la dulce presencia y experiencia de Dios, y se entristece cuando le falta. Mas cuando después esta le es restituida, gózaze porque cobró el bien deseado; y entristécese porque ve que lo puede perder otra vez por el pecado.

También la madre del niño algunas veces de industria se esconde; y alegrase si lo ve andar solicito buscándola: y con este dolor le provoca uno nunca apartarse de ella, y quererla mas. Pues de esta manera lo hace aquella eterna sabiduría con el alma devota; de la cual algunas veces por cierta dispensación, sin culpa suya, se aparta; y viéndola entristecida y congojada por pensar que perdió esta presencia por su culpa, alégrese de verla de esta manera solicita, y visitándola después suavemente, enséñala andar de allí adelante mas cuidadosa, y poner mas cobro en esta gracia. El que tiene oídos para oír, oiga, dice el Señor[74].

El que está sentenciado muerte poco se le dará por salir vistas, ni por ordenar los andamios para ver fiestas: así también el que está todo entregado al llanto, poco de le dará por los deleites, por las ofensas que le hagan. El llanto es un cierto y perseverante dolor del alma penitente, el cual añade cada día tristezas, y dolores, que los padece la mujer que pare. Por lo cual dijo muy bien un Santo Doctor: Algunos veo estar llorando : mas si aquellas sus lagrimas saliesen de su corazón, no se moverían tan presto risa.

Justo y Santo es el Señor: el cual así como consuela los buenos solitarios y amadores de la quietud, así también consuela a los buenos súbditos amigos de obediencia. Y el que no vive como debe en cualquiera de estos dos estados, téngase por privado de esta gracia. Ten cuidado cuando estás en lo mas profundo del llanto, de ojear de tí aquel perverso can que te representa a Dios cruel y riguroso; porque si bien lo consideras, ese mismo te lo pinta muy blando y misericordioso cuando te solicita al mal.

El ejercicio de las buenas obras causa la frecuencia y continuación hace habito, y da gusto en ellas: y el que este grado de virtud ha llegado, dificultosamente cae de ella. por lo cual dijo un Doctor que comúnmente no suelen caer los perfectos súbitamente cuando caen, sino poco, descuidándose y aflojando en el fervor.

Aunque ayas subido un altísimo grado de vida, todavía lo debes tener por sospechoso, si no acompañas con tristeza y dolor. Porque conviene con duda, y es muy necesario que los que después de aquel saludable lavatorio ensuciamos nuestras animas, sacudamos la pez de nuestras manos con este fuego, ayudándonos juntamente a esto la misericordia de Dios. Vi yo en algunos el postrer donde podía llegar esta gracia del llanto; los cuales tenían tan herido y traspasado su corazón con el cuchillo del dolor, que venían echar sangre por la boca: y viendo, acordóseme del Profeta que dice[75]: Fui herido así como heno, y el corazón se me secó.

Las lagrimas que engendran el temor del divino juicio hacen al hombre temeroso, y diligente, y guardador de sí mismo: mas las que proceden de la caridad, cuando no ha llegado su perfección, son fáciles de perder, por vanagloria, por negligencia, por disolución, por demasiada seguridad, si aquel divino fuego no encendiera nuestro corazón y nos hiciere obrar con grande fervor: porque con esta manera de obrar crece la caridad. y no carece de admiración ver como lo que de su naturaleza es mas bajo, tiempos hace ventaja lo que es mas alto; conviene saber, las lagrimas del temor las del amor imperfecto.

Hay algunas maneras de vicios que secan las fuentes de las lagrimas (como son vicios de carne, juegos, risas, convites, y parlerías) y hay otras que perecen mayores males; conviene saber; los vicios espirituales (como es la soberbia, la ambición y deseo de propia alabanza) por los cuales los pecados suele muchas veces caer el hombre en vicios sucios y bestiales. Y así por la primera manera de vicios vino Lot[76] cometer incesto con sus propias hijas, provocado de los deleites de la gula y lujuria; mas por la segunda vinieron caer los Ángeles del cielo.

Grande es la astucia de nuestros enemigos, los cuales hacen que la fuentes de las virtudes sean fuentes de vicios, y las que son materia de humildad lo sean de soberbia, incitándonos usar mal de las virtudes principales (que son madres de las otras) presumiendo vanamente de ella, jactándonos y gloriándonos de ella, y haciendo de los beneficios de Dios (que eran incentivos de humildad y caridad) motivos de soberbia, vanagloria, estimación de nosotros y desprecio de los otros.

Suele la figura y disposición de los lugares mover a compunción: como son las celdas y Monasterios pobres, y puestos entre montes y breñas en lugares solitarios. De lo cual tenemos ejemplo en Elías, en San Juan Bautista, y en nuestro Salvador[77], que sin necesidad suya, por ejemplo nuestro se apartaba a los montes a orar[78]. He visto también que algunas veces en medio de las plazas y desasosiegos de las ciudades suelen acompañarnos las lagrimas; lo cual puede ser que hagan los demonios, porque viendo como no recibimos daño del estruendo y desasosiego del mundo, no temamos permanecer en él.

Una palabra basta algunas veces para perder el llanto que en mucho tiempo se recogió: y sería gran maravilla si una sola bastase para restituir lo que otra destruyó. Lo cual nos debe ser aviso para que pongamos grande cobro en lo que con tanta dificultad se alcanza, y con tanta facilidad se pierde. No seremos acusados, o hermanos, al tiempo de la cuenta por no haber hecho milagros, o por no haber tratado altas materias de Teología, ni tampoco por no haber llegado a la alteza de la contemplación; sino si por ventura no lloramos, o no nos dolemos de todo corazón después de haber pecado.

[64]Matt. 5

[65]Job. 38

[66]Psalm. 136

[67]Psalm. 141

[68]Matt. 8

[69]Luc. 8

[70]Ezech. 18

[71]Ezech. ibi.

[72]Joann. 3

[73]Job. 9

[74]Luc. 8

[75]Psalm. 101

[76]Genes. 19

[77]Matt. 14

[78]Luc. 6



Capitulo VIII:

Escalón octavo, de la perfecta mortificación de la ira, y de la mansedumbre.

Así como el fuego se apaga con el agua, así con las lagrimas se apaga la llama de la ira y del furor. Y por esto será cosa conveniente que habiendo tratado ya del llanto, tratemos ahora de la mortificación de la ira, que es efecto que se sigue de esta causa.

Mortificación perfecta de la ira es un insaciable deseo de desprecios è ignominias: así como por el contrario, la ambición es un apetito insaciable de honras y alabanzas. De manera que así como la ira es apetito de venganza; así la perfecta mortificación de la ira es victoria y señorío de la naturaleza, no haciendo caso, ni dándose nada por las injurias: la cual virtud se alcanza con grandes sudores y batallas. Mansedumbre es un estado constante è inmóvil del alma, que persevera de una misma manera entre loas vituperios y alabanza, entre la buena fama y la mala.

El principio de la mortificación de la ira consiste en cerrar la boca estando el corazón turbado: el medio, en tener también quieto el corazón con muy pequeño sentimiento de las injurias; y el fin, en tener una estable y fija tranquilidad en medio de los encuentros y soplos de los espíritus malos. Ira es deseo de hacer mal a quien nos ofendió. Furia es un arrebatado fuego y movimiento del corazón, que dura poco. Amargura de corazón es una desabrida pasión y movimiento de nuestro animo. Furor es un arrebatado fuego y movimiento del corazón, que dura poco. Amargura de corazón es una desabrida pasión y movimiento de nuestro animo. Furor es una acelerada pasión del animo, que descompone y desordena todo el hombre dentro y fuera de sí.

Así como en saliendo el sol huyen las tinieblas, así en comenzando a cundir y extenderse el suavísimo olor de la humildad, se destierra todo el furor y amargura del corazón. Algunos siendo muy sujetos a esta pasión, son muy negligentes para curarla: y no entienden la Escritura que dice[79]: En el momento de la ira está la perdición de su caída.

Así como la piedra del molino muele mas trigo en un momento que a mano se podría moler en un día, así esta furiosa pasión en un momento puede hacer mas daño que otras en mucho espacio. Así vemos también que un fuego soplado de grandes vientos hace mayor daño cuando se suelta en el campo, que otro pequeño aunque dure mas espacio. Por lo cual conviene poner gran recaudo en esta tan desaforada pasión.

También quiero que no ignoréis, hermanos míos, que algunas veces los demonios a cierto tiempo astutamente se esconden y nos dejan de tentar, para que nos descuidemos y hagamos negligentes con el ocio y falsa seguridad; para que habituándonos a esta manera de vida floja y descuidada, venga después a ser incurable nuestro mal.

Así como una piedra llena de esquinas, si se envuelve y refriega con otras piedras, viene a embotarse, y a despuntarse, y a perder aquella aspereza y filos que tenia; así también el hombre airado y áspero, si se junta con otros hombres ásperos, y vive en compañía de ellos, ha de parar en una de dos cosas; porque con el uso y ejercicio del sufrir vendrá a amansarse, y despuntarse, y perder los filos y aspereza de la ira; o si no, a lo menos buscando el remedio con huir las ocasiones del mal, esta huida le será espejo en que vea mas claro su flaqueza, y gane con esto humildad de corazón.

Furioso es un linaje de endemoniado voluntario, el cual tomado de la pasión del furor, contra su voluntad cae y se hace pedazos. Y digo contra su voluntad; porque el furor de la pasión, cuanto disminuye el uso de la razón, tanto impide la libertad de la voluntad. Ninguna cosa conviene menos a los penitentes que el furor de a ira; porque la conversión ha de ser acompañada con suma humildad: y este furor es grandisimo argumento de soberbia.

Si es cierto que el termino de la suprema humildad es no alterarse teniendo presente al que nos ofendió, sino antes amarlo con sosegado y quieto corazón; así también es cierto que el termino del furor será, si estando solos nos embravecemos con palabras, y gesto furioso contra aquel que nos ofendió.

Si es cierto que el termino de la suprema humildad es no alterarse teniendo presente al que nos ofendió, sino antes amarlo con sosegado y quieto corazón; así también es cierto que el termino del furor será, si estando solos nos embravecemos con palabras, y gesto furioso contra aquel que nos ofendió.

Si con verdad se dice que el Espíritu Santo es paz del alma[80], y la ira es la perturbación de ella; con razón también se dirá que una de las cosas que mas cierran la puerta al Espíritu Santo, y mas presto le hacen huir después de venido es esta pasión.

Como sean muchos y crueles los hijos de la ira, uno de ellos (aunque adultero y malo) ocasionalmente vino a ser provechoso. Porque vi algunos que habiéndose embravecido con la pasión de la ira, y vomitando la causa del furor que de muchos días tenían en sus entrañas concebida, acaeció curarse con que el que los había ofendido (entendida la causa de su indignación) los aplacó con penitencia, humildad, y satisfacción. Y de esta manera lo que el furor avía dañado, la virtud de la humildad y mansedumbre lo remedió, conforme a aquello que está escrito[81]: El varón airado levanta las contiendas; y el sufrido las apaga después de levantadas. Y en otro lugar[82]: La respuesta blanda amansa la ira; y las palabras duras despiertan el furor.

Vi también algunos que mostrando de fuera una aparente longanimidad y mansedumbre, tenían arraigada la memoria de la injuria en lo intimo de su corazón; los cuales tuve por peores que los que manifiestamente eran furiosos; pues así oscurecían la paloma blanca de la simplicidad y mansedumbre con esta maliciosa disimulación. Así que con suma diligencia y cuidado conviene armarnos contra esa serpiente de la ira; pues también ella tiene por ayudadora nuestra misma naturaleza, así como la serpiente de la lujuria.

Vi algunos que por estar inflamados con el furor de la ira, de puro enojo dejaban de comer; los cuales ninguna otra cosa hacían con esa desaforada abstinencia, sino añadir un veneno a otro veneno. Vi también a otros que viéndose tomados de esta pasión, tomaron de Aquí ocasión para entregarse a los deleites de la gula, por tomar con esto la consolación que no podían con la venganza; lo cual no fue otra cosa que de un despeñadero caer en otro. Y vi también a otros mas prudentes, que como sabios Médicos templaron lo uno con lo otro, tomando la refección mas moderada; ayudándose de esta natural consolación, juntamente con la razón, para despedir de sí la pasión. De donde sacaron mucho fruto para saberse de ahí adelante regir, y no entregarse a la ira. También el canto y melodía moderada de los salmos amansan el furor; como lo hacia la música de David cuando era atormentado Saúl[83]. Asimismo el deseo y gusto de las consolaciones divinas destierra del animo toda amargura y furor; así como también destierra las consolaciones y deleites sensuales; porque no menos aprovecha este gusto celestial contra el furor de la ira, que contra los deleites de la carne; de los cuales muchas veces aun el furioso no quiere gozar por conservarse en su pasión. Conviene también para esto que tengamos repartidos y ordenados nuestros tiempos, y determinado lo que en cada uno de ellos debemos hacer; para que así no halle lugar en nosotros la ociosidad y hastío de las cosas espirituales, con que se da la entrada al enemigo.

Estando yo un tiempo por cierto respeto junto a la celda de unos solitarios, oí que estaban entre sí altercando como picazas con gran furor y saña, embraveciéndose contra cierta persona que los avía ofendido, y riñendo con ella como si la tuvieran presente. A los cuales yo amonesté fiel y caritativamente, que no viviesen mas en soledad, si no querían de hombres hacerse demonios, encrueleciéndose y pudriéndose entre sí con semejantes pasiones.

Vi también otros, amigos de comer y beber, y de regalos; los cuales por otra parte parecían blandos, amorosos, y mansos de condición (como algunas veces suele acaecer a los tales) con lo cual habían alcanzado nombre de santidad. A los cuales yo por el contrario aconsejé que se pasasen a la soledad (la cual suele como con una navaja cortar todas las ocasiones de estos deleites y regalos) sino querían de criaturas racionales hacerse brutos, dándose a vicios que son propios de ellos.

Otros vi mas miserables que estos, que ni cabían en la compañía, ni en la soledad; a los cuales aconsejé que en ninguna manera se gobernasen por sí mismos; y a los Maestros de ellos benignamente amonesté que condescendiesen con ellos, dejándolos a tiempos en la compañía, y a tiempos en la soledad, y ocupándolos ya en unos ejercicios ya en otros; con tal condición, que ellos, abajada la cerviz. en todo y por todo obedeciesen a su gobernador.

El que es amigo de deleites hace daño a sí, y (cuando mucho) puede hacerlo a otro con su mal ejemplo; mas el furioso y airado, a manera de lobo, muchas veces perturba toda la manada, y revuelve toda una comunidad, hiriendo y mordiendo muchas animas. Grave cosa es estar turbado el corazón con el furor de la ira, según que se quejaba el Profeta, cuando decía[84]: Turbáronse con el furor mis ojos. Pero mas grave cosa es cuando a la turbación del corazón se añade la aspereza de las palabras[85]. Y sobre todo muy mas grave cosa es, y muy contraria a toda la monástica, y Angélica, y divina querer satisfacer con las manos al furor.

Si quieres quitar la paja del ojo del otro, o te parece a tí que la quieres quitar, no la quites con una viga en la mano, sino con otro instrumento mas delicado. Quiero decir: No quieras curar el vicio del otro con palabras injuriosas, y movimientos feos, sino con blandura y mansa reprehensión, Porque el Apóstol no dijo a su hijo Timoteo: Azota, ni hiere; sino: Arguye, ruega, y reprehende con toda paciencia y doctrina[86]. Y si fuere necesario castigo de manos, sea eso pocas veces: y aun no lo debes hacer por tí, sino por mano ajena.

Si atentamente miramos, hallaremos algunos que siendo muy sujetos a la pasión de la ira, son por otra parte muy dados a ayunos, y vigilias, y al recogimiento de la soledad; lo cual hace el demonio con grandísima astucia, a fin de que so color de penitencia y llanto los hace dar a estos ejercicios desordenadamente, para que así los melancolicen y acrecienten la materia del furor.

Si un lobo, como ya dijimos, ayudado del demonio, basta para revolver y destrozar todo un rebaño; también un Religioso muy discreto, como un vaso de óleo, ayudado del Ángel bueno, mudará la furia de la tempestad en serena tranquilidad, y pondrá el navío en salvo; y sendo de esta manera ejemplo y dechado de todos recibirá de Dios tan gran corona por esta pacificación, cuan gran castigo recibirá el otro por aquella perturbación.

El principio de este bienaventurado sufrimiento consiste en sufrir ignominias con dolor y amargura del alma; el medio en sufrirlas sin esta tristeza y amargura; y el fin en tenerlas por suma gloria y alabanza. Gózate tú en el primer grado, y alégrate mucho mas en el segundo; mas tente por dichoso y bienaventurado en el tercero; pues te alegras en el Señor.

Noté una vez una cosa miserable en los que están sujetos a la ira; la cual les procedía de una secreta soberbia de sí mismos. Porque habiéndose alguna vez airado, venían después a airarse de puro corrimiento, por verse vencidos de la ir; y maravilléme mucho de ver como estos enmendaban una caída, con otra caída; y tuve lástima de ellos, viendo como perseguían un pecado con otro pecado; y espantéme tanto de ver tan grande astucia en los demonios, que faltó poco para desesperar de mi remedio.

Si alguno viéndose cada día vencer de la soberbia, de la malicia è hipocresía, desea tomar las armas de la mansedumbre y de la paciencia contra estos vicios; este tal trabaje por entrar en la oficina de algún Monasterio, como quien entra en una casa de un batan o de una lavandería; y si perfectamente quiere ser curado, busque la compañía de los Religiosos mas riguroso y mas ásperos que hallare; para que siendo allí vejado y probado con injurias, y trabajos, y disciplinas, y pisado y acoceado de sus Prelados, quede su alma como un paño batanado y limpio de todas las inmundicias de pecados que tenia. Y no es mucho decir que las injurias y oprobios son como un laboratorio espiritual para las almas; pues aun el lenguaje común recibe que cuando hemos injuriado a uno, decimos que lo hemos muy bien enjabonado.

Una es la mortificación de la ira que procede del dolor y penitencia de los principiantes; y otra es la de los perfectos; porque la primera está atada con la virtud de las lagrimas como con un freno; mas estotra está como una serpiente degollada con un grandisimo cuchillo; que es con la tranquilidad del alma, que como Reyna y señora tiene sojuzgadas todas las pasiones.

Vi yo una vez tres Monjes que habían sido ofendidos è injuriados; de los cuales el uno reprimía la ira del corazón con el silencio de las palabras; el otro alegrábase con la ocasión que se le había dado de merecimiento, aunque se dolía de la culpa del ofensor; mas el otro no considerando otra cosa mas que el daño de su próximo, derramaba muchas lagrimas; y así era muy dulce espectáculo mirar estos tres santos obreros; al uno de los cuales movía el temor de Dios; al otro el deseo del galardón; y al otro solamente la sincera y perfecta caridad.

Así como la calentura de los cuerpos enfermos, siendo una, no procede de una sola causa, sino de muchas y diversas; así el ardor y el movimiento de la ira (y por ventura también el de las otras pasiones) procederá también de muchas causas. Y por esto no será razón señalar una sola regla para cosas tan varias.. Por lo cual doy por consejo, que cada uno ordene la medicina conforme la disposición y diligencia del enfermo. Y según esto, el primero remedio será que trabaje cada uno por entender la causa de su pasión; y conocida la causa ponga el cuchillo la raíz, y busque el remedio, así de Dios, como de los hombres; esto es del magisterio de los valores espirituales.

Pues según esto, los que desean juntamente con nosotros filosofar en esta materia, entren en una intelectual audiencia, semejante la que usa en el siglo, donde suelen los jueces examinar y sentenciar los reos; y ahí procuren inquirir las causas y efectos de estas pasiones, y el remedio de ella. Sea pues atado este tirano con las cuerdas de la mansedumbre, y azorado con el azote de la longanimidad; sea por la caridad presentado ante el tribunal de la razón, y puesto cuestión de tormento, le sean hechas estas preguntas: Dinos, loco y torpísimo tirano, los nombres de los padres que te engendraron, y los de tus malvados hijos y hijas, y también los de aquellos que te destruyen y matan. Preguntando él de esta manera, responderá así: Muchos son los que me engendran, y no es uno solo mi padre. Mis madres son vanagloria, codicia, gula, y algunas veces la fornicación. El padre que me engendró se llama fausto. Mis hijas son memoria de las injurias, enemistas, porfía y malquerencia. Los adversarios que ahora me tienen preso, son la mansedumbre, y la mortificación de la ira: y la que esta puesta en la celada contra mí, es la humildad. Mas quien sea el padre de esta, preguntadlo a ella en su lugar.

[79]Isai. 44

[80]Galat. 5

[81]Prov. 15

[82]Prov. ibi.

[83]1 Reg. 16

[84]Psalm. 6

[85]D. Aug. lib. I. de Serm. Dom. in Mont. cap. 3

[86]2 Tim. 4


SAN NICOLAS DE FLUE




San Nicolás de Flue
Ermitaño
(1417-1487)


San Nicolás de Flüe, más conocido como Hermano Klaus, es santo muy popular en Suiza. Pío XII lo proclamó Patrono de esa nación, en donde se celebra su fiesta el 25 de septiembre. Nació en 1417 en Flüe, cerca de Sachseln.


Suiza en los siglos XIV y XV está empapada de corrientes espirituales que son propicias para la ascesis y para las visiones. Y no solamente se dan entre los clérigos o en los claustros de los monasterios; han trascendido también al laicado y en cualquier esquina o iglesia puede uno toparse con gente que transmita experiencias sobrenaturales habidas en la intimidad de la oración.

Nicolás de Flue es un santo suizo y de esta época. Soporta sobre su figura, no legendaria sino bien probada por la historia, la dignidad nacional tanto por parte de los protestantes como de los católicos, dada la curiosa complejidad que desde siglos lleva consigo el pueblo suizo, aunque ciertamente unos y otros lo tienen como personaje emblemático por distintos motivos; los que se llaman reformadores lo miran desde la cara política y los católicos añaden el matiz espiritual.

Nació en el 1417, justo el año en que termina el Cisma de Occidente con la elección de Martín V como Papa por el concilio de Constanza. En familia de católicos campesinos, se ocupa de los trabajos del campo, pero es asiduo a la oración y practica el ayuno como cosa habitual cuatro días por semana. Se casa cuando tiene treinta años con Dorotea Wyss. La unidad familiar dura veinte años, tienen 10 hijos, uno de ellos llega a frecuentar la universidad y el mayor consigue ser presidente de la Confederación. Siendo Nicolás un hombre de paz, tuvo que intervenir en tres guerra, en la de liberación de Nüremberg, en la vieja de Zurich y en la de Turgovia contra Segismundo.

En el año 1467 da comienzo la parte de su vida que, aunque llena de contradicciones, es la forja de su santidad y de su fecundidad política. Veámosla. Tiene cincuenta años y con el permiso de su esposa y de sus hijos se retira a vivir como eremita en la garganta de Ranft. Vive entregado a la meditación preferentemente de la Pasión del Señor que contempla siguiendo los distintos episodios, como hicieron Juan Ruysbroeck y Enrique Suso. Obtiene un alto y profundo conocimiento de la Santísima Trinidad. Hace notable penitencia y practica riguroso ayuno. La celda que le han construido los paisanos solo dispone de una ventana para ver los oficios del sacerdote y otra para contemplar la naturaleza de Unterwald. El obispo de Constanza va a bendecir el lugar que se convierte en centro de peregrinación. El contenido será el culto a la Eucaristía y el motivo el hecho milagroso del ayuno absoluto y prolongado de Nicolás. No prueba bocado en veinte años; sólo ingiere la Eucaristía y una vez come porque lo manda su obispo para probar su obediencia, humildad y el carácter sobrenatural del ayuno. Aquí tiene visiones sobrenaturales y de aquí arranca su energía y acierto para enfocar los asuntos políticos que darán a Suiza estabilidad y forma de gobierno peculiar.

El místico pacificador y salvador de la patria suiza fue juez y consejero en su cantón; también Diputado en la Dieta federal en 1462 y rechazó la jefatura del Estado. En 1473 propicia y consigue se firme el tratado de paz perpetua con Austria. En la Dieta de Stans del 1478 evita la guerra civil, consiguiendo el milagro de la reconciliación. Su obra política no fue sólo coyuntural, sino que hizo técnicamente posible la realidad de la patria común suiza.

Se cierra su vida con una enfermedad cargada de dolor y de sufrimiento que lleva con paciencia tan grande como su pobreza. Después de recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, muere el 21 de marzo de 1487.

Desde el siglo XVI tanto los protestantes como los católicos requieren su patronazgo; unos por sus recomendaciones de mantenerse dentro de las fronteras, por los razonamientos que les ayudan a lo mezclarse en políticas extranjeras y por la cuasi prohibición de mostrar interés por la política europea; los otros, por ser un gran político que saca su genio de la condición de santo y fiel.

Sea como sea, Nicolás supo articular, unir y compaginar de un modo asombrosamente original lo que a la mayoría de los mortales nos parece un imposible contradictorio: Cuidó con esmero las cosas de la tierra y amó intensamente las del cielo; fue un hombre con una actividad incansablemente eficaz, sin dejar de ser contemplativo; es a la vez casado y eremita; resulta al mismo tiempo el primer político y el más grande santo; tiene la extraña sabiduría que valora lo poco nuestro y la inmensidad de lo divino.

Los católicos comenzaron en el 1591 el proceso de canonización que no llega a promulgarse -un dato contradictorio más- hasta el 1947 por el papa Pío XII, el mismo día de la Ascensión. Han pasado más de 350 años y es que la santidad, antes de ser oficialmente reconocida, está supeditada a las contingencias históricas.


FUENTE: santopedia.com

DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - LA MALDICIÓN -


Padre Gabriele Amorth / Exorcista oficial de la Diócesis de Roma



«Al diablo le gusta adueñarse de los que ocupan cargos políticos»


El exorcista oficial de la diócesis de Roma, el padre Gabriele Amorth, cree que «todo el mundo es vulnerable a la acción de Satanás» «Hasta Madre Teresa fue exorcizada en sus últimos años», afirma. 

No tema. Si vive usted cerca de Dios, está a salvo. Si no, lea las recomendaciones del exorcista de Roma.

El padre Gabriele Amorth es el exorcista oficial de la diócesis de Roma.

En su «consulta» cuelgan imágenes del Padre Pío, de Juan Pablo II y de Cándido Amantini, su preceptor. No aparece nada inquietante a la vista: ni olor a azufre ni potros para atar a los poseídos. «A los que vienen a verme les aconsejo que primero vayan al médico o al psicólogo. En la mayoría de los casos hay una base física o psicológica para explicar sus sufrimientos. Los psiquiatras me envían los casos incurables. No hay rivalidad. El psiquiatra establece si es una enfermedad; el exorcista, si hay una maldición», explica el padre Gabriele Amorth, exorcista oficial de la diócesis del Papa, a la revista «María Mensajera».


Rugidos y sollozos

El interior de la iglesia de la Inmaculada Concepción está débilmente iluminado. El sacerdote entra, acompañado por tres diáconos, a una sala contigua; allí les esperan tres ayudantes: tres señoras de cierta edad y aspecto jovial. La puerta se cierra y, poco después, empieza a oírse un murmullo; de vez en cuando se aprecia la voz del padre Amorth. De repente, un grito obscenamente intenso. El murmullo se hace más alto. Otro grito: «¡Maledetto!» («¡Maldito!»). Es una voz de mujer. Al cabo de un rato, una de las mujeres sale y se lava las manos. Sonríe, como si en la habitación a sus espaldas no ocurriera nada, no se oyeran gritos, rugidos salvajes y sollozos. «¡Yo te maldigo!», se oye también; luego otra vez al padre Amorth preguntando: «¿Cuál es tu nombre?». Un lamento gutural se transforma en un grito agudo. «¡Dime tu nombre! ¿Es Asgaroth?».

En la sala de espera aguarda Tonino con sus padres. Viven en un barrio humilde de Roma y tienen un problema: los muebles de su casa se mueven. «Ocurre por la noche, y se ven sombras de encapuchados», dice su madre. Su marido y su hijo Tonino permanecen en silencio. «Pasen, por favor», les dice Don Gabriele. A sus espaldas se ve una pequeña sala con un viejo sillón, unas sillas y, en el centro, una camilla. A su alrededor ya están sentadas las tres ayudantes con sus rosarios en la mano. Hablan de las rebajas, tan tranquilas. Junto a ellas, tres diáconos jóvenes y fornidos. «Lo primero que hago es preguntarle al demonio cuál es su nombre. A menudo no quiere decirlo, pues se vuelve más vulnerable. No hay que hacerle nunca preguntas estúpidas, como si la Roma ganará al Lacio. Sólo preguntas directamente relacionadas con la curación del poseído. Así, que, primero el nombre; luego el día de entrada en el cuerpo, los motivos y quién lo envía», explica el exorcista.

Tonino ya está tumbado en la camilla. Una mujer sostiene la cabeza y uno de los diáconos le coge la mano. Los padres permanecen de pie. El exorcista rocía al joven con agua bendita. «Renuncia, Tonino, al satanismo, a la brujería, a los demonios, a los echadores de cartas...», comienza. Tonino lleva pendientes en las orejas: dos puntas de acero. Don Gabriele traza varias veces la señal de la cruz sobre la frente del joven, luego lo golpea con la yema de los dedos. «¿Cómo te llamas?», pregunta, y acerca su oreja a los labios de Tonino. No hay respuesta.

A Tonino se le ve inquieto. Esto no mola nada, ni siquiera a un chaval de 17 años del extrarradio de la capital italiana. «Con la ayuda de don Cándido, con la ayuda de Juan Pablo II, con la ayuda de la Inmaculada Virgen María... libera a Tonino», repite una y otra vez el Padre Amorth mientras golpea la frente del joven. El chico suda, arruga el rostro como si algo empezara a dolerle, agita las piernas. «Libera a Tonino, libera a Tonino...». Su cuerpo empieza a rebelarse, el torso se comba hacia arriba. La ayudante más robusta se sienta sobre sus muslos. Otra sostiene una servilleta por si el joven empieza a escupir o vomitar. 


El ambiente empieza a cargarse.

Pero Tonino no escupe, sólo cierra los ojos con fuerza durante un momento, y todo termina. Los presentes rezan un Avemaría. Tonino también, para alivio de sus padres y los religiosos presentes. «Bueno, ¿te sientes mejor?», pregunta el exorcista. Tonino asiente. «Un exorcista puede ayudarte, pero sólo tú puedes sanarte. Tienes que rezar todos los días», le aconseja el padre Amorth, y le entrega una lista de diez oraciones. «¿Y qué hacemos con los muebles que se mueven, padre?», pregunta la madre de Tonino. «El agua bendita suele ser de ayuda. Un par de gotas en cada rincón de la casa», responde. La mujer sostiene con fuerza la mano del Padre Amorth; luego le da 20 euros. «Para los pobres», dice el Padre: su labor es gratuita.


«No estoy a salvo»

«No, por supuesto que no estoy a salvo del diablo. Todo el mundo es vulnerable», aclara el sacerdote. Incluso Madre Teresa fue exorcizada en sus últimos años. Y otros santos también. El diablo es muy inteligente. Ha conservado la inteligencia del ángel que fue», agrega. «Puede ser, por ejemplo, que alguien de su trabajo sienta envidia de usted y le lance una maldición. Usted enfermará. El origen del 90 por ciento de los casos que trato es, precisamente, una maldición. El resto se debe a la pertenencia a sectas satánicas, a haber tomado parte en sesiones de espiritismo o practicar la magia. Si usted vive en consonancia con Dios, al diablo le resultará mucho más difícil llevar a cabo la posesión», continúa.

«El Papa apoya a los exorcistas», añade. «Sin embargo, las sectas satánicas proliferan», se lamenta. Y con semblante serio, agrega: «El diablo trabaja en todas partes. Está en Fátima, en Lourdes... Y con toda seguridad también actúa en el Vaticano, en el centro mismo del cristianismo».



70.000 exorcismos

Sigue llevando la sotana con 33 botones. El padre Amorth es uno de los mayores expertos en el diablo. A sus 82 años de edad ha realizado más de 70.000 exorcismos. «Ojalá no tuviese vecinos tan quisquillosos. Todo sería más sencillo... Se quejaban de alteración al orden público..., de los gritos..., claro. Pero es que en los casos más difíciles son inevitables... Por suerte, un amigo me ha dejado un local. Tengo también cinco o seis ayudantes, por si alguien se pone violento. Además, allí sí que pueden gritar». Habla, claro, de los poseídos por el diablo. Para el padre Amorth, Satanás no es una metáfora. «Soy el único exorcista que trabaja siete días a la semana, desde la mañana hasta la tarde, incluidas Nochebuena y Semana Santa», asegura. Todos los martes y viernes a partir de las nueve de la mañana aguarda en su consulta. Y no le falta trabajo: «¿Ve mi agenda? Está llena para los próximos dos meses». 


«Hitler y Stalin estaban poseídos por Satanás»

El padre Gabriele Amorth ya se dedicaba a luchar contra el mal antes de hacerse exorcista. Combatió a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. A los 18 años se unió a los partisanos. Su nombre de guerra era Alberto. Tras la caída del régimen fascista, Giulio Andreotti intentó llevarlo a la política, pero al final decidió hacerse sacerdote.

«Por supuesto que existe el mal en la política, incluso es frecuente. Al diablo le gusta adueñarse de aquellos que ocupan cargos de responsabilidad, empresarios, políticos... Hitler y Stalin estuvieron poseídos. ¿Por qué lo sé? Porque mataron a millones de personas. El Evangelio dice: "Por los frutos los conoceréis". Desgraciadamente, un exorcismo no habría bastado con ellos, pues estaban convencidos de lo que hacían. No se puede decir que fuera una posesión en el sentido estricto de la palabra, más bien se trataba de una aceptación total y voluntaria de las sugerencias del diablo», aclara.

El padre asegura que, tras 70.000 casos, no es capaz de reconocer a un demonio de un vistazo. 


www.larazon.es 12 d e Junio del 2008


RECORDANDO A SAN JUAN BOSCO - PARTE 1 -


Reflexiones sobre la misión y la identidad del sacerdote


Roberto Spataro
Director del Studium Theologicum Salesianum en Jerusalén


¡Excelencia! ¡Sepa que don Bosco es sacerdote en el altar, sacerdote en el confesionario, sacerdote en medio a sus jóvenes, y como es sacerdote en Torino, así es sacerdote en Florencia, sacerdote en la casa del pobre, sacerdote en el palacio del Rey y de los ministros!1.


CON ESTAS PALABRAS SINCERAS Y VALIENTES2, don Bosco emprende su conversación con Bettino Ricasoli, Presidente del Consejo de los Ministros del Reino de Italia, en diciembre de 1866, cuando fue oficiosamente encargado de apoyar la misión diplomática confiada al comendador Michelangelo Tonello para llegar a un acuerdo entre el estado italiano y la Santa Sede a propósito de las numerosas sedes episcopales vacantes, en pleno proceso del Resurgimiento.

Aquellas expresiones –que entre otras le vale la sincera admiración y la benevolencia de Ricasoli– expresa el amor de San Juan Bosco por su voca-


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           1 G.B. LEMOYNE, Memorie biografiche del venerabile don Giovanni Bosco. Edición extracomercial, vol. VIII, Torino, 1912, p. 534. Las Memorie biografiche, en diecinueve volúmenes, recogen una imponente documentación sobre la vida de don Bosco, trazando un informe casi diario. De ningún otro santo tenemos a disposición una fuente así de abundante y detallada. A las objeciones sobre su valor histórico responde exhaustivamente E. CERIA, Lettera sulla storicità delle “Memorie biografiche”, pro manuscripto, Torino 1953. Estudios, impecables desde el punto de vista de la metodología histórica, que reconstruyen la vida, la obra y el pensamiento de don Bosco son aquellos de P. STELLA, Don Bosco nella storia della religiosità cattolica, Zürich-Roma, cuyos tres volúmenes aparecieron en 1968, 1969 y 1988, y aquellos más recientes y profundos de P. BRAIDO, Don Bosco prete dei giovani nel secolo delle libertà, voll. I-II, Roma, 2003. 2 Un comentario articulado a esta expresión adoptada por don Bosco está en E. CERIA, Don Bosco con Dio. Edizione extracommerciale 1988, Roma pp. 316-333.



ción sacerdotal. Es entonces oportuno, recoger algunos elementos de la “teología sacerdotal” de don Bosco, observando el modo con el cual interpretó y practicó el ministerio sacerdotal, en este año delicado, por deseo y disposición del Santo Padre, al sacerdote. Don Bosco, como es universal y afectuosamente llamado, es una de las figuras más luminosas de la santidad sacerdotal contemporánea y la vivencia de los santos es uno de los lugares teológicos que frecuentemente Benedicto XVI valoriza3. No casualmente el inicio del año sacerdotal coincide con la muerte del Santo Cura de Ars, no solo propuesto a la imitación de los sacerdotes, sino indicado también como clave hermenéutica del mismo misterio del sacerdocio ministerial.

La santidad presbiteral de don Bosco parece contener un elemento de originalidad que vale la pena tomar y profundizar. Es ésta la opinión de un notable teólogo contemporáneo que, en una entrevista, a la pregunta sobre quiénes serían algunos santos portadores de novedad en la Iglesia de nuestros tiempos, declaraba:

Me gusta recordar a aquel que se ha anticipado al Concilio [Vaticano II] en un siglo: don Bosco. Él es ya proféticamente un nuevo modelo de santidad por su obra, que está en contraste con el modo de pensar y de creer de sus contemporáneos4.

A partir de estas consideraciones, propondré dos reflexiones: la primera buscará tomar la peculiar novedad de la santidad presbiteral de don Bosco, la segunda, a su vez, indagará sobre la perenne fuente de la excelencia de


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3 Nos parece que Benedicto XVI, cuya visión teológica muchas veces está emparentada con la de Urs von Balthasar, ha acogido también este aspecto del pensamiento balthasariano que considera la vivencia cristiana, en la forma de la espiritualidad, de la mística, de la santidad, un lugar teológico. “La agiografía [... tiene] una tarea teológica. Esta última requiere [...] una especie de fenomenología sobrenatural, que partiendo de lo alto estudie las grandes misiones suscitadas por Dios en la tierra. La cosa más importante en el gran santo es su misión, el nuevo carisma donado por el Espíritu a la Iglesia”: H.U. VON BALTHASAR, Sorelle nello Spirito. Teresa di Lisieux e Elisabetta di Digione, Jaca Book, Milano 1991, p. 28. Sobre el tema de la relación entre santidad y teología cf. A. RASPANTI, I santi: una sfida alla teologia. Appunti di riflessione, in PATH 6 (2007/2), pp. 365-390. 4 P.M.D. CHENU, en Avvenire, 22 de Febrero de 1984. Le hacía eco, algún año después, un periodista de vena anticlerical y no demasiado benévolo, generalmente, con el mismo don Bosco, del cual, sin embargo, dice: “proponía ya en el Piamonte de mitad del ochocientos una figura de sacerdote muy diversa [...] Los sacerdotes de su oratorio vivían en medio a los jóvenes destinados a los más humildes oficios, se arremangaban la sotana para jugar con ellos, y a esto don Bosco preparaba a los jóvenes aspirantes al sacerdocio. Su obispo se negó, por ello, a consagrarlos. Se trataba, de hecho, de una novedad inaudita”. S. QUINZIO, L’Espresso, 21 de octubre de 1990. Recordando a san Juan Bosco–––233


su vida sacerdotal. En el desenvolvimiento de mis reflexiones pondré en confrontación la experiencia de don Bosco con algunas situaciones del contexto cultural y eclesial contemporáneo.




1. Un sacerdote educador


Don Bosco dedicó toda su misión a un deber específico: la educación de los jóvenes. Por este motivo, en ocasión del primer Centenario de su transitus, el Venerable Juan Pablo II le atribuyó el título de “Padre y maestro de la juventud”. Este rasgo de su personalidad no tiene necesidad de ulteriores explicaciones. Es universalmente conocido: don Bosco es por antonomasia el santo de los jóvenes5.

Don Bosco pertenece a una amplio escuadrón de religiosos y religiosas que, en el transcurso de la historia moderna y contemporánea, han fundado instituciones educativas. Pero en don Bosco se encuentra una nota del todo particular, si no exclusiva: la asociación de la educación a la santidad. 

Ella fue puesta en evidencia en la Iuvenum Patris.

Don Bosco realiza su santidad personal en la educación, vivida con celo y corazón apostólico, y que simultáneamente sabe proponerla como meta concreta de su pedagogía. Precisamente tal intercambio entre educación y santidad es un aspecto característico de su figura: es educador santo, se inspira en un modelo santo —Francisco de Sales— es discípulo de un maestro espiritual santo —José Cafasso— y entre sus jóvenes sabe formar un alumno santo: Domingo Savio6.

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5 Es placentero, además de muy significativo, el episodio traído por el biógrafo, remontado a los años de la adolescencia de Juan Bosco, cuándo él, encontrando un sacerdote, celante, pero de comportamiento austero y desinteresado, comentaba: “-Si yo fuera sacerdote, quisiera hacer diversamente: me acercaría a los niños, los llamaría alrededor mío, quisiera amarlos, hacerme amar por ellos, decirles buenas palabras, darles buenos consejos y consagrarme todo por su salud eterna. ¡Qué feliz sería si pudiera conversar un poco con mi párroco! Este consuelo lo tuvo don Calosso: ¿con otros no puedo tener más?

Especialmente con la madre desahogaba estos pensamientos; y Margarita, que conocía el corazón del hijo y era mujer capaz de apreciar sentimientos similares: -¡Y qué quieres hacer! Le decía [...] No te digo que te equivocas: es más, te doy la razón; pero ¿qué cosa quieres hacer?

-¡Yo! Oh, verás: si logro hacerme sacerdote, quiero consagrar toda mi vida por los niños: no me verán serio sino que seré siempre yo el primero en hablar con ellos”: LEMOYNE, Memorie biografiche, vol. I, S. Benigno Canavese, 1898, pp. 227s.

6 JUAN PABLO II, Iuvenum Patris 5, 31 de enero de 1988, en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/1988/documents/hf_jp-ii_let_19880131_iuvenum-patris_sp.html,

acceso el 13 de abril de 2010. “El sistema educativo” de don Bosco, parece ser algo más



Don Bosco construye su proyecto personal de santidad educativa introduciendo en ellos sus energías interiores de sacerdote diocesano, fundador de una nueva Familia religiosa, y la laboriosidad de su ministerio. El decreto conciliar Presbyterorum Ordinis asegura que la santidad sacerdotal se realiza en el ejercicio del servicio ministerial7. El misterio sacerdotal de don Bosco se catalizó en la acción educativa, concebida como una expresión elevada y sintética de los munera confiados a un sacerdote. El sacerdote es, de hecho, un educador en cuanto maestro que desarrolla su munus docendi, en cuanto guía autorizada que practica el munus regendi, en cuanto mistagogo que explica el munus sanctificandi para corroborar con la gracia sacramental el desarrollo de la personalidad humana y cristiana de los fieles sobre los que toma el cuidado.

Don Bosco, a pesar de que jamás fue formalmente un profesor, ha ejercitado una intensísima actividad formativa, como predicador incansable, catequista eficaz y escritor fecundísimo8. Ha sido un apóstol de la confesión y un sostenedor de la Comunión frecuente9, además de maestro de oración10.

Ha guiado a los jóvenes a través de las instituciones educativas por él fundadas, animadas y dirigidas, a través de la práctica de la dirección espiritual11.

Adolescentes y jóvenes fueron los destinatarios de esta interpretación “educativa” del ministerio sacerdotal.

Don Bosco muestra a cada sacerdote que la educación se coloca en el corazón mismo de su ministerio y que la dedicación a la misión educacional es un camino eficaz, si no privilegiado, para conseguir la propia perfec-


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que una teología o una pedagogía teológica. Tal sistema tiende –como decía el Card. Alimonda [Arzobispo de Torino desde 1883] – a divinizar el mundo; es, en otros términos, en su alma más profunda, una espiritualidad”: STELLA, Don Bosco nella storia della religiosità cattolica, II, p. 474.


7 “Pues ellos [los presbíteros] se ordenan a la perfección de la vida por las mismas acciones sagradas que realizan cada día, como por todo su ministerio” (PO, 12). “Los presbíteros conseguirán propiamente la santidad ejerciendo sincera e infatigablemente en el Espíritu de Cristo su triple función” (PO, 13). 8 Cf. CERIA, Don Bosco con Dio, pp. 172-190, y D. BERTETTO, San Giovanni Bosco maestro e guida del sacerdote, Colle don Bosco (Asti), 1954, pp. 210-269.

9 Cf. CERIA, Don Bosco con Dio, pp. 161-171, y BERTETTO, San Giovanni Bosco, pp. 102- 209. 10 Don Bosco fue el autor de un manual de instrucción religiosa y de oración para los jóvenes, Il Giovane Provveduto, que ¡sólo en 1875 había llegado ya a su cuatrigésima segunda edición! Cf. CENTRO STUDI DON BOSCO – UNIVERSITÀ PONTIFICIA SALESIANA, Giovanni Bosco. Opere edite, ristampa anastatica. Vol. XXVI, Roma 1977, pp. 3-184.

11 Cf. CERIA, Don Bosco con Dio, pp. 229-263. Recordando a san Juan Bosco–––235


ción espiritual. En otras palabras: subsiste una circularidad virtuosa entre el empeño educativo del sacerdote y su santificación.

El actual Pontífice denuncia, con tono preocupado, el avance de una “emergencia educativa”. El contenido de una Carta dirigida a los fieles de su diócesis es aplicable a gran parte del mundo, en esta época de rápida globalización de modelos de pensamiento y de vida, vehiculizados, sobre todo, por la difusión de los medios de comunicación social y personal. Esto es cuanto escribe Benedicto XVI:


Educar jamás ha sido fácil, y hoy parece cada vez más difícil [...] no sólo están en juego las responsabilidades personales de los adultos o de los jóvenes, que ciertamente existen y no deben ocultarse, sino también un clima generalizado, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y del bien; en definitiva, de la bondad de la vida. Entonces, se hace difícil transmitir de una generación a otra algo válido y cierto, reglas de comportamiento, objetivos creíbles en torno a los cuales construir la propia vida

[...]. Cuando vacilan los cimientos y fallan las certezas esenciales, la necesidad de esos valores vuelve a sentirse de modo urgente; así, en concreto, hoy aumenta la exigencia de una educación que sea verdaderamente tal12.

La Iglesia, compañera de la humanidad en camino, comparte “alegrías y dolores”, “esperanzas y angustias”, y, entonces, no puede no sentirse, hoy, profundamente interpelada por esta “emergencia educativa”. Los sacerdotes, que de la comunidad cristiana son leaders acreditados, no podrán eximirse de dar prioridad a este deber que representa, como fue dicho, una dimensión transversal al propio ministerio. Se repropone significativo, el llamado a la santidad de don Bosco, sacerdote-educador.

La actualidad de don Bosco sacerdote-educador se impone también por otro aspecto: su método educativo, el “sistema preventivo”. Aunque no haya sido él el “inventor”, don Bosco lo ha asumido como criterio de su praxis educativa, ha mostrado todas sus potencialidades, ha experimentado su suceso y también lo ha parcialmente teorizado en algunos de sus breves escritos de pedagogía13.


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12 BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI a la Diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21 de enero de 2008, en http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2008/documents/hf_benxvi_let_20080121_educazione_sp.html, acceso el 13 de abril de 2010.

13 Los principales escritos en los cuales don Bosco expone su método pedagógico no son tratados doctrinales. Se trata de un opúsculo, titulado “El sistema preventivo en la educa236–––


Puede decirse que el rasgo peculiar de su creatividad se vincula a la praxis educadora que llamó “sistema preventivo”. Este representa, en cierto modo, la síntesis de la sabiduría pedagógica y constituye el mensaje profético que legó a los suyos y a toda la Iglesia, y que ha merecido la atención y el reconocimiento de numerosos educadores y estudiosos de pedagogía. La palabra “preventivo” que emplea, hay que tomarla, más que en su acepción lingüística estricta, en la riqueza de las características peculiares del arte de educar del Santo. Ante todo, es preciso recordar la voluntad de prevenir la aparición de experiencias negativas, que podrían comprometer las energías del joven u obligarle a largos y penosos esfuerzos de recuperación.


No obstante, en dicha palabra se significan también, vividas con intensidad peculiar, intuiciones profundas, opciones precisas y criterios metodológicos concretos; por ejemplo: el arte de educar en positivo, proponiendo el bien en vivencias adecuadas y envolventes, capaces de atraer por su nobleza y hermosura, el arte de hacer que los jóvenes crezcan desde dentro, apoyándose en su libertad interior, venciendo condicionamientos y formalismos exteriores; el arte de ganar el corazón de los jóvenes, de modo que caminen con alegría y satisfacción hacia el bien, corrigiendo desviaciones y preparándose para el mañana por medio de una sólida formación de su carácter14.


El “sistema preventivo” de don Bosco, sintéticamente descrito por la Iuvenum Patris, está en profunda sintonía con el personalismo antropocéntrico que todavía constituye, aunque entre las miles contradicciones modernas,el “zócalo duro” de los valores compartidos o al menos compartibles en esta época de fragmentación cultural y de relativismo ético. Gran


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ción de la juventud”, y de una carta, comúnmente llamada “Carta desde Roma”. Para la edición crítica de uno y otra cf.: G. BOSCO, Il sistema preventivo nella educazione della gioventù, Introduzione e testi critici a cura di P. Braido, Roma 1985; P. BRAIDO, La lettera di don Bosco da Roma del 10 Maggio 1884, Roma 1984. Una exposición sistemática de la pedagogía “donbosquiana” (¡se nos conceda el neologismo!) es dada por P. BRAIDO, Prevenire non reprimere. Il sistema educativo di don Bosco, Roma 1999, y STELLA, Don Bosco nella storia della religiosità cattolica, II, pp. 441-474. En lo referente al “sistema preventivo” antes de la síntesis trabajada por don Bosco cf. P. BRAIDO, Breve storia del “sistema preventivo”, Roma 1993. El uso de las comillas para “sistema preventivo” está motivado por el hecho de que, en realidad, más que de un sistema se trata de una praxis, hecha objeto sólo en un segundo momento, de una reflexión que toma, sí, algunos principios inspiradores, sin lograr jamás agotar la frescura, la vivacidad, la atracción de esta experiencia.

14 JUAN PABLO II, Iuvenum Patris 8, en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/ letters/1988/documents/hf_jp-ii_let_19880131_iuvenum-patris_sp.html, acceso el 13 de abril de 2010.


resonancia ha tenido un reciente congreso internacional, significativamente intitulado “Sistema Preventivo y Derechos humanos”15. Si, de hecho, los “derechos humanos” aparecen como terreno común de visiones de la vida muy diversas sobre los cuales entablar diálogos y construir la convivencia humana, el “sistema preventivo” de don Bosco ofrece una articulada instrumentalización pedagógica apta para su defensa y promoción. La experiencia de la Familia salesiana fundada por don Bosco y en vital expansión, activada en contextos culturales y religiosos dispares, desde hace más de ciento cincuenta años confirma su validez.


Los sacerdotes de este primer escorzo del tercer milenio viven a menudo en ambientes culturales a evangelizar o reevangelizar. El “sistema preventivo” de don Bosco propone la mediación de la educación como camino eficaz para el anuncio del Evangelio. Se trata, evidentemente, de mucho más que de instrucción. El sistema preventivo es, de hecho, una síntesis de “razón y fe” o, como decía don Bosco, “razón y religión”. Es la traducción pedagógica integral, tan urgente en una época en la cual la presentación del Evangelio es preparada y acompañada de otra operación: restituir confianza a la potencia del logos perdido en tiempos del “pensamiento débil” y del nihilismo, reconstruir la conciencia de una “naturaleza humana” portadora de valores no negociables en un mundo en el cual el dominio de la técnica, muchas veces funcional a intereses económicos ocultos, quisiera reducirla a res manipulable.


Don Bosco, sacerdote que tenía en la mira, como sabía decir con el lenguaje religioso del ochocientos, “la salvación de las almas”, experimenta y propone el sistema preventivo en el cual la “razón” es uno de los tres pilares, con la “religión” y la “afectuosidad”. ¿Qué se entiende por razón?


El término “razón” destaca, según la visión auténtica del humanismo cristiano, el valor de la persona, de la conciencia, de la naturaleza humana, de la cultura, del mundo del trabajo y del vivir social, o sea, el amplio cuadro de valores que es como el equipo que necesita el hombre en su vida familiar, civil y política [... ] Resumiendo, la “razón”, en la que Don Bosco cree como don de Dios y quehacer indeclinable del educador, señala los valores del bien, los objetivos que hay que alcanzar y los medios y modos que hay que emplear. La “razón” invita a los jóvenes a una relación de participación en los valores captados y compartidos. La define también como “racionalidad”, por la cabida que debe tener la comprensión, el diálogo y la

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15 Para toda la documentación inherente a este evento cf. http://www.donboscohumanrights.

org/dh/j/, acceso el 9 de enero de 2010.


paciencia inalterable en que se realiza el nada fácil ejercicio de la racionalidad. 


Por esto, evidentemente, supone la visión de una antropología actualizada y completa, libre de reducciones ideológicas. El educador moderno debe saber leer con atención los signos de los tiempos, a fin de individuar los valores emergentes que atraen a los jóvenes: la paz, la libertad, la justicia, la comunión y participación, la promoción de la mujer, la solidaridad, el desarrollo, las necesidades ecológicas16.



Benedicto XVI ha hecho de la amistad entre fe y razón una de las llamadas de su altísimo Magisterio. La “razón” del “sistema preventivo” de don Bosco, integrada y perfeccionada por la “religión”, recuerda justamente el logos del cual el Santo Padre a menudo habla, un concepto amplio y confiado de la razón humana: amplio porque no está limitado a los espacios de la llamada razón empírica-científica, sino que está abierto a las cuestiones fundamentales e irrenunciables del vivir humano; confiado, porque si acoge las inspiraciones de la fe cristiana, es propulsora de una civilización que reconoce la dignidad de la persona humana, la intangibilidad de sus derechos y la conciencia de sus deberes. Y don Bosco, que despertaba la simpatía y, a menudo, el apoyo material y moral hasta de los anticlericales de su época, decía que el objetivo final de su propuesta educativa era hacer de cada muchacho “un buen cristiano y un honesto ciudadano”.


Cada sacerdote tiene en el corazón la acogida, la difusión del Evangelio y la transformación de la cultura según los valores del Cristianismo. Es una operación que jamás en la bimilenaria historia de la Iglesia resultó fácil o inmune de fracaso. Hoy los desafíos parecen multiplicarse. El “sistema preventivo” de don Bosco –esto es de un sacerdote santo que tiene, por lo tanto, un mensaje perenne que ofrecer a la Iglesia porque fue suscitado por el Espíritu Santo– es todavía muy actual: conjuga, a través de la mediación de la educación, fe y cultura.

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EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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