FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

APOSTACÍA O MARTIRIO -




Después de la verificación del Sínodo Extraordinario sobre «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización» recientemente pasado, que ha tenido a la Iglesia en vilo, habrá un año para su reinicio en el mismo mes del 2015.

En los más amplios sectores de bautizados no comprometidos hay un total desconocimiento de lo que se ha puesto en juego, y quienes viven alejados de la práctica de la fe, están muy de acuerdo en que las posturas rupturistas con el depósito de la Fe, irrumpan de una vez en la Iglesia de Cristo.

Se advierte en los fieles comprometidos perplejidad y confusión. Traicionados por el miedo, la mayoría de los fieles practicantes callan, se apresuran a calificar de imposible la salvación del mundo.

Es más, la Iglesia entera está siendo empujada a ceder, y «ceder es peor que callar, porque es abandonar el campo. No debemos ceder ni un ápice en nuestros derechos, ni un ápice en el terreno de los hechos (…) porque el terreno que se abandona se reconquista con gran dificultad» (P. Angel Ayala, S.J., Formación de selectos).


El mismo pueblo cristiano

«pierde la fe y se aleja de la Iglesia cuando la fe misma es lesionada, es decir, cuando es justamente el fundamento de la fe lo que está siendo falsificado y destruido. Por eso en la Iglesia Católica la confusión doctrinal es absolutamente escandalosa e inadmisible» (Iraburu, Infidelidades en la Iglesia).
La virtud del valor es necesaria para todo bautizado que quiera salvar el mundo, especialmente en esta hora, llamada la «hora de los laicos», que no es la hora de un cristianismo conformista.

Es hora de una lucha valiente. Por una parte vemos cómo en muchos países, nuestros hermanos cristianos se encuentran frente al dilema de apostatar o ser mártires.

El martirio de los que quieren vivir completamente su fe en medio de una sociedad corrompida y perversa, en la que abunda la especie de personas que tiene como deporte despellejar al prójimo, poner zancadillas al triunfo de los demás, apoderarse injustamente de sus bienes. En fin, hacer todo el mal posible a quien no se puede defender.

También aquel martirio ocasionado por «las actitudes inquisitoriales» al interior de la Iglesia Católica misma en contra de quienes quieren mantenerse fieles al depósito de la fe: como el calvario inacabable de las ramas masculina y femenina de los Franciscanos de la Inmaculada, o la marginación y persecución (léase destitución) del Obispo de Ciudad del Este, o la presión ejercida en los últimos meses en contra de tantos seglares calificados de «integristas».

No se percatan los perseguidores, de que todo ello lo están realizando con la persona misma de Jesús, quien recibe esos insultos, esas amenazas, esas canalladas.

Traigamos a colación el caso de Saulo –luego convertido en apóstol San Pablo. Judío conservador, cierra los ojos a la predicación de Cristo, desprecia a sus seguidores, los odia hasta el punto de buscarlos en todo lugar, a fin de detenerlos y ajusticiarlos.

Pero, a la fuerza, va a entender el misterio de Cristo. A punto de llegar a Damasco, le ciega una misteriosa luz que le derriba de su caballo. Lo interesante es que escucha una voz arrebatadora que se dirige a él en exclusiva, y que le dice escuetamente: «Yo soy Jesús a quien tú persigues» (Act 26, 15-17).

Sólo entonces comprenderá la unión inseparable que existe entre Jesús y cualquiera de los miembros de su Cuerpo, y que cuando se persigue a sus discípulos, esa persecución la considera Cristo como realizada en contra de su persona misma.

Una verdad básica en el Cristianismo, y, que el mismo Jesús la desarrollará gráficamente en su descripción del Juicio Final. Todas las buenas obras, las ayudas, las colaboraciones, las donaciones que hice y hago a cualquier mortal, aunque sea un desconocido, es obra que practico a favor de Jesús; y, al contrario, cuanta injuria, desprecio, robo, maltrato, persecución o negación de ayuda al «más pequeño de los hermanos de Jesús», Él lo considera como verificada a su misma persona.

Consecuentemente Jesús ha de sentir repugnancia de los cristianos viscosos que como una víbora tratan de dañar con su lengua o con su brazo, o con su poder al prójimo; no los puede tolerar, ni perdonar, porque están cometiendo un pecado contra Dios, contra su Espíritu, al no querer admitir la indignidad de sus actos.

También a mí, o a Usted, cuando tratamos mal de pensamiento, palabra u obra a cualquier prójimo o con letal indiferencia, nos dirá Jesús: «Dime, por qué me persigues a Mí, a Jesús, tu Maestro y Redentor».


FUENTE: agendum-contra.blogspot.com/

LA LECCIÓN SOBRE EL MATRIMONIO DE PABLO VI -


Un libro del cardenal Tettamanzi explica la espiritualidad conyugal según el papa beato.


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Con ocasión del Sínodo de los obispos dedicado a la realidad del matrimonio y de la familia en el contexto actual, el cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo emérito de Milán, ha publicado un libro, “Paolo VI, profezie sulla famiglia. Per una spiritualità coniugale” (Ancora), en el que quiere recordar las enseñanzas sobre el matrimonio y la familia del papa Giovanni Battista Montini.

Pablo VI afrontó a menudo el tema del matrimonio y de la familia, tanto antes de su elección al pontificado como después, señalando el elemento principal en la “espiritualidad”, es decir, como explica el cardenal Tettamanzi, en la “'vida según el Espíritu' típica de cuantos celebran y viven el matrimonio 'en el Señor’, como gracia y exigencia del sacramento de Cristo y de la Iglesia”.

La espiritualidad conyugal está fundada en el sacramento del matrimonio, y en esta perspectiva se puede comprender cómo las indicaciones del papa “no se reducen simplemente a llamamientos ascéticos, en el sentido más superficial del término, es decir, a la invitación a empeñar la propia buena voluntad en un ‘esfuerzo’ moral y espiritual”, sino que traduzcan más bien “a nivel de vida vivida la nueva realidad sobrenatural 'impresa' en los esposos por el sacramento del matrimonio: el don gratuito de Dio está en el origen de la posibilidad y de la necesidad de la vida espiritual de los esposos y de la familia cristiana”.

En este contexto, Pablo VI se expresa según la categoría de la “vocación”: “hay una llamada a la santidad conyugal, a la cual la pareja puede y debe dar respuesta”, “y es una llamada que pasa a través del sacramento del matrimonio, como gesto personal de Jesucristo”.

El contenido de la santificación conyugal es deducido por el papa desde la realidad central de la vida de la pareja, la realidad del amor. Pablo VI plantea de hecho todo el discurso moral y espiritual en referencia al amor conyugal. “No estamos frente a dos realidades separadas entre sí y distintas: el amor y la vida, que demandan estar unidas – aclara el cardenal Tettamanzi –; estamos frente a la única realidad del amor, en su doble e inseparable significado, el unitivo y el procreativo”.

De la misma forma, Pablo VI insiste en “volver a encontrar inseparablemente ligados entre sí los aspectos naturales y humanos y los aspectos sobrenaturales y cristianos”. En este sentido, se habla de espiritualidad de la encarnación: “precisamente en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se da la síntesis indestructible entre el orden de la creación y el orden de la redención. Y, en consecuencia, entre los valores humanos y los valores cristianos del amor conyugal”.

Otro punto calificador del magisterio del papa Montini es “su constante llamamiento a la esperanza, como virtud fundamental de la pareja y de la familia cristiana en camino hacia la perfección”, “una esperanza fundada en la continua presencia de Dios en Jesucristo dentro de las vicisitudes del matrimonio y la familia”, “sobre la obra de Dios en nuestra historia contemporánea”.

El texto del cardenal Tettamanzi cita varias obras de Pablo VI, entre ellas la Carta pastoral “Para la familia cristiana”, escrita con ocasión de la Cuaresma de 1960, en la época de su episcopado en Milán. Es el texto más amplio y más orgánico que el arzobispo reservó al tema, y en él destacan la atención a la “espiritualidad conyugal” y al deber de la corrección y del perdón, y la insistencia en la necesidad de permanecer siempre en camino hacia la perfección, porque la familia es “escuela y gimnasio de perfección a alcanzar”.

Se recuerda después la alocución de Pablo VI al Centro Italiano Femenino del 12 de febrero de 1966, que parte del hecho de la “trascendente relación con Dios” que es propia del matrimonio y de la familia, que “no son obra del hombre solo, una construcción humana producida u dominada en su ser íntimo por las condiciones históricas y ambientales, y mutables como éstas”, sino “obra de Dios”, respondiendo a “un designio esencial, que Él mismo trazó y que está por encima de las mudables condiciones de los tiempos, perdurando inmutable a través de éstos. Es Dios quien por medio de ellos quiere hacer al hombre partícipe de sus prerrogativas más altas: de su amor por los hombres y de su facultad creadora de vida”.


El documento magisterial más importante de todo el pontificado de Pablo VI en tema de moral conyugal es obviamente la encíclicaHumanae vitae (25 julio 1968), ampliamente analizada por el cardenal Tettamanzi, que subraya cómo a casi cincuenta años de su publicación, el texto sigue estando rodeado “del silencio, de la indiferencia, de la burla, de la crítica, del rechazo por parte de tantas personas”, aunque “el dato más peligroso y preocupante respecto a la encíclica es el desconocimiento de su contenido real”, que trata de la recta regulación de la natalidad.

El texto termina con la transcripción de varias homilías con ocasión de bodas de parientes y amigos de Giovanni Battista Montini, que abarcan un periodo de tiempo que va de 1922 a 1961 y muestran una vez más “la singular consideración que Montini reserva, con motivo de la fe y de la sacralidad del rito, a la belleza sobrehumana y la gracia fascinante de las bodas cristianas y, al mismo tiempo, a la típica y comprometida misión que el sacramento confía a los esposos por el bien de la Iglesia y de la propia sociedad humana”.


FUENTE: aleteia.org

NOVENA EN SUFRAGIO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO -


(Para rezar por los difuntos en cualquier época del año y en especial del 24 de Octubre al 1 de Noviembre).


PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA

Por la señal de la santa cruz, etc. 




Acto de contrición 

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido. Y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén. 



Oración al Padre Eterno 

Padre celestial, Padre amorosísimo, que para salvar las Almas quisiste que tu Hijo unigénito, tomando carne humana en las entrañas de una Virgen purísima, se sujetase a la vida más pobre y mortificada, y derramase su Sangre en la cruz por nuestro amor: Compadécete, de las benditas almas del Purgatorio y líbralas de sus horrorosas llamas. Compadécete también de la mía, y líbrala de la esclavitud del vicio. Y si tu Justicia divina pide satisfacción por las culpas cometidas, yo te ofrezco todas las obras buenas que haga en este Novenario. De ningún valor son, es verdad; pero yo las uno con los méritos infinitos de tu Hijo divino, con los dolores de su Madre santísima, y con las virtudes heroicas de cuantos justos han existido en la tierra. Míranos, vivos y difuntos, con compasión, y haz que celebremos un día tus misericordias en el eterno descanso de la gloria. Amén. 


MEDITACIÓN PROPIA DEL DÍA 

(Día: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9)



ORACIÓN FINAL

Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito.

Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio. Amén. 


Dales, Señor el descanso eterno
y brille para ellas la Luz que no tiene fin. 
Que descansen en paz.
Amén. 


Que las almas de todos los fieles difuntos,
por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén. 
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. 
San José, ruega por nosotros.




MEDITACIÓN DÍA PRIMERO 

Existencia del Purgatorio 

Punto Primero. - Es un artículo de fe que las almas de los que mueren con alguna culpa venial, o sin haber satisfecho plenamente a la Justicia divina por los pecados ya perdonados, están detenidas en un lugar de expiación que llamamos Purgatorio. Así lo enseña la santa Madre Iglesia, columna infalible de la verdad: así lo confirma la más antigua y constante tradición de todos los siglos; así lo aseguran unánimemente los santos Padres griegos y latinos, Tertuliano, San Cirilo, San Cipriano, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio, San Agustín, y tantos otros; así lo han definido los sagrados Concilios de Roma, de Cartago, de Florencia, de Letrán y de Trento, dirigidos por el Espíritu Santo. Y aunque la Iglesia no lo enseñase así ¿no lo dice bastante la razón natural?

Supongamos que sale de este mundo un alma con algún pecado venial; ¿qué hará Dios de ella? ¿La arrojará al infierno, y siendo su hija y esposa amadísima la confundirá con los réprobos y espíritus infernales? Eso repugna a la Justicia y Bondad divinas. ¿La introducirá en el cielo? Eso se opone igualmente a la santidad y pureza infinita del Creador; pues sólo aquel cuyas manos son inocentes, y cuyo corazón está limpio, subirá al monte del Señor. Nada manchado puede entrar en aquel reino purísimo. ¿Qué hará, pues, Dios de aquella alma? Ya nos lo dice por Malaquías:La pondré como en un crisol, esto es, en un lugar de penas y tormentos, de donde no saldrá hasta que haya plenamente satisfecho a la Justicia divina.

¿Crees tú esto, cristiano? Creas o no creas, te burles o no te burles de ello, la cosa es, y será así. Negar el Purgatorio, sólo poner en duda deliberadamente su existencia, es ya pecado grave. ¿Crees tú esta verdad, y con esa indiferencia miras tan horribles penas? ¿Crees en el Purgatorio, y con tus culpas sigues amontonando leña para arder en el más terrible fuego?

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. - Es también un artículo de fe que nosotros podemos aliviar a aquellas almas afligidísimas. Sí; en virtud de la Comunión de los Santos, hay plena comunicación de bienes espirituales entre los Bienaventurados que triunfan en el cielo, los cristianos que militamos en la tierra, y las almas que sufren en el Purgatorio. En virtud de esta comunicación de bienes, podemos con mucha facilidad, y mérito nuestro, bajar al Purgatorio con nuestros sufragios, y a imitación de Jesucristo, después de su muerte, librar a aquellas almas, y alegrar al cielo con un nuevo grado de gloria accidental, procurando nuevos príncipes y moradores a aquella patria felicísima.

!Oh admirable disposición de la Sabiduría divina! ¡Oh, que dicha y felicidad la nuestra! Viéndose Dios obligado a castigar a aquellas sus hijas muy amadas, busca medianeros que intercedan por ellas, a fin de conciliar así el rigor de la Justicia con la ternura de Misericordia infinita. Y nosotros somos estos dichosos medianeros y corredentores; de nosotros depende la suerte de aquellas pobres almas.

Haz, pues, cristiano, con fervor este santo novenario. No faltes a él ningún día; ¿quién sabe si abrirás el cielo a alguno de tus parientes y amigos ya difuntos? ¿Y serás tan duro e insensible que le niegues este pequeño sacrificio, pudiéndoles hacer ese gran favor a tan poca costa? 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria



MEDITACIÓN DIA SEGUNDO 

Sobre la pena de sentido en general 

Punto Primero. - Ven, mortal; tú, que vives como si después de esta vida no te quedase nada que temer, ni que esperar: ven; penetra con el espíritu en aquellos horrendos calabozos donde la Justicia divina acrisola las almas de los que mueren con algún pecado venial; mira si, fuera del infierno, pueden darse penas mayores, ni aun semejantes a las que allí se padecen.

Considera todos los dolores que han sufrido los enfermos en todos los hospitales y lugares del mundo; ¿igualarían todos ellos a los dolores que padece un alma en el Purgatorio? No, dice San Agustín; pues éstos exceden a todo cuanto se puede sentir, ver o imaginar en este mundo.

Añadamos a todos estos males los suplicios y tormentos que la crueldad de los Nerones, Dioclecianos, Decios y demás perseguidores de la Iglesia inventó contra los cristianos, ¿igualarían al Purgatorio? Tampoco, dice San Anselmo, pues la menor pena de aquel lugar de expiación es más terrible que el mayor tormento que se pueda imaginar en este mundo.

Entonces, ¿qué penas serán aquéllas? Son tales, dice San Cirilo de Jerusalén, que cualquiera de aquellas almas querría más ser atormentada hasta el día del juicio con cuantos dolores y penas han padecido los hombres desde Adán hasta la hora presente, que no estar un solo día en el Purgatorio sufriendo lo que allí se padece. Pues todos los tormentos y penas que se han sufrido en este mundo, comparados con los que sufre un alma en el Purgatorio, pueden tenerse por consuelo y alivio. 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo - ¿Y quiénes son esas Almas tan horriblemente atormentadas en el Purgatorio? Este es un tema profundo para hacernos reflexionar. Son obra maestra de la mano del Omnipotente, y vivas imágenes de su divinidad; son amigas, hijas y esposas del Señor; ¡y no obstante, son severamente purificadas! Dios las amó desde toda la eternidad, las redimió con la sangre de sus venas, ahora las ama con un amor infinito, como que están en su gracia y amistad divina: ¡y no obstante sufren penas imponderables!

El Purgatorio. ¡Qué claramente nos manifiesta la justicia y santidad de Dios! ¡Cuánto horror debe inspirarnos al pecado! Porque si con tanto rigor trata Dios a sus almas amadas por faltas ligeras, ¿cómo seremos tratados nosotros, pecadores; nosotros, que vivimos tantas veces abandonados al arbitrio de las pasiones?

Si con el árbol verde hacen esto, con el seco ¿qué harán? Si el hijo y heredero del cielo es castigado por faltas que a muchos parecen virtudes, ¿cómo seremos castigado nosotros, pecadores y enemigos de Dios, por nuestros vicios y pecados tan horrendos y abominables? Pensémoslo bien, y enmendemos nuestras vidas.

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DIA TERCERO 

Sobre el fuego del Purgatorio 

Punto Primero. - Considera, amado cristiano, el tormento que causa a las almas el fuego abrasador del Purgatorio. Si el fuego de este mundo, creado para servicio del hombre, y efecto de la bondad divina, es ya el más terrible de todos los elementos; si es ya tal su virtud, que consume bosques, abrasa edificios, calcina mármoles durísimos, hace saltar piedras y murallas, derrite metales y ocasiona terribles estragos, ¿qué será el fuego del Purgatorio, encendido por un Dios santísimo y justísimo, para con él demostrar el odio infinito que tiene al pecado?

Es tal, dice San Agustín, que el fuego de este mundo, comparado con él, no es más que pintado.

Ahora bien; si tener el dedo en la llama de una vela sería para nosotros insoportable dolor, ¿qué tormento será para aquellas almas sepultadas en un fuego que es, dicen Santo Tomás y San Gregorio, igual en todo, menos en la duración, al del infierno?

Sí; escuchémoslo bien, almas tibias, y estremezcámonos: Con el mismo fuego se purifica el elegido y arde el condenado; con la única diferencia, que aquél saldrá cuando haya satisfecho por sus culpas, y éste arderá allí eternamente. ¿Y continuamos nosotros en nuestra tibieza? 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. - Consideremos cuáles son las faltas por las que Dios, infinitamente bueno y misericordioso, castiga a sus amadísimas Esposas con tanto rigor, y veremos que son faltas leves, y a veces un solo pecado venial. Qué mal tan grave debe ser éste delante de Dios, cuando es tan severamente castigado en el Purgatorio!

En efecto; el pecado venial es leve, si se lo compara con el mortal, pero en sí es un mal mayor que la ruina de todos los imperios y que la destrucción del universo: es un mal tan espantoso, que excede en malicia a todas las desgracias y calamidades del mundo: es un mal tan grande, que si cometiéndolo pudiésemos convertir a todos los pecadores, sacar a todos los condenados del infierno, librar a todas las almas del Purgatorio, aun entonces no deberíamos cometerlo, pues todos estos bienes no igualarían la malicia del pecado más leve: porque aquellos son males de la criatura, y éste es un mal y una ofensa hecha al mismo Creador. ¿Podemos oír esto sin horrorizarnos y sin cambiar de conducta?

Pero ¿qué es nuestra vida, sino una serie ininterrumpida de pecados? ¡Pecados cometidos con los ojos, con los oídos, con la lengua, con las manos, con todos los sentidos! !Cuántas culpas por la ignorancia crasa y olvido voluntario de nuestras obligaciones! ¡Cuántas indiscreciones por la distracción de nuestro espíritu; por la violencia de nuestro genio; por la temeridad de nuestros juicios; por la malicia de nuestras sospechas! ¡Cuántas faltas por no querer mortificarnos, ni sujetarnos a otro, por nuestra ligereza en el hablar!

Lloremos, nuestra ceguera; y a la claridad del fuego es­pantoso del Purgatorio, comprendamos por último qué gran mal es cometer un pecado venial.

Si, es un mal tan grande; ¡y nosotros, lejos de llorarlo, lo cometemos sin escrúpulo a manera de juego, pasatiempo y diversión! 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DÍA CUARTO 

Sobre la pena de daño 

Punto Primero. - Por horrorosos que sean los tormentos que padecen las Animas en el Purgatorio, por espantosas que sean las llamas en que se abrasan, no igualarán jamás la pena vivísima que sienten al verse privadas de la vista clara de Dios.

En efecto; aquéllas constituyen la pena de sentido; ésta, la de daño; aquéllas son limitadas; ésta, infinita; aquéllas privan a las Almas de un bien accidental, cual es el deleite; por ésta, carecen de un bien esencial a la bienaventuranza, en el cual consiste la felicidad del hombre, y es la posesión beatífica de Dios.

Ahora no comprenderemos esta pena; pero ella es atroz, incomprensible, infinita.

¡Pobres Animas! Ustedes conocen a Dios, no con un conocimiento oscuro, como nosotros, sino con una luz clara y perfectísima; ven que es el centro de vuestra felicidad, que contiene todas las perfecciones posibles, y en grado infinito; saben que si cayera en el infierno una sola gota de aquel océano infinito de delicias que en sí encierra, bastaría para extinguir aquellas llamas y hacer del infierno el paraíso más delicioso.

Comprenden todo esto perfectísimamente, y así se lanzan ustedes hacia aquel Bien infinito con más fuerza que una enorme piedra separada de la montaña se precipita a lo profundo del valle; ¡y no obstante, no lo pueden abrazar ni poseer? ¡Qué pena! ¡Qué gran tormento! 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. - Si tan horrible pena sienten las Animas, viéndose privadas del hermosísimo rostro de Dios, ¿cuál debería ser nuestro desconsuelo como pecadores, si vivimos privados de su gracia y amistad?

Las almas benditas del Purgatorio no poseen aún a Dios, es verdad; pero están seguras de poseerlo un día, porque son amigas, hijas y esposas suyas muy queridas. Pero hay mucho que saben que viviendo como viven, no poseerán jamás a Dios. Saben que, desde el momento que se rebelaron contra El perdieron su gracia, y con ella la rica herencia de la gloria. ¿Cómo dicen: Padre nuestro, que estás en los cielos?

¡Cuántos se engañan! Dios ya no es su padre, ni su señor ni su rey. Ojalá no nos encontremos nosotros en tal situación.

Y si así fuera, deberíamos hacer una buena confesión para recuperar la amistad divina, y poder estar en paz, sabiendo que el Señor será nuestro deleite para siempre. 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DIA QUINTO 

Remordimiento de un Anima en el Purgatorio 

Imaginemos hoy una persona que haya llevado en este mundo una vida semejante a la nuestra: que haya vivido tibia, inmortificada, distraída en los ejercicios de piedad como nosotros, sin tener horror más que al pecado mortal y al infierno, en el mejor de los casos. Supongamos, no obstante, que haya tenido la dicha de hacer una buena confesión, morir en gracia e ir al Purgatorio. ¿Qué pensará en medio de aquellas penas y tormentos? Seguramente dos pensamientos la afligirán enormemente. 

Primer Pensamiento. - Pude librarme de estas penas, y no quise. ¡Yo mismo he encendido estas llamas! ¡Yo soy la causa de estas penas! Dios no hace más que ejecutar la sentencia que yo en el mundo pronuncié contra mí mismo.

¡Cuántos medios me proporcionó Dios para evitarme esto! Caricias, amenazas, beneficios, todo lo había agotado; gracias singularísimas de inspiraciones, buenos ejemplos, libros piadosos, padres vigilantes, confesores celosos, maestros y predicadores fervorosos, remordimientos continuos, todo lo había empleado.

Pero, ¡qué locura tan grande la mía! ¡Por no privarme de un frívolo pasatiempo, por ir a bailes, por divertirme o jugar con tal compañía, por no abstenerme de una mirada, de un vil gusto, de una vana complacencia, por hablar de los defectos del prójimo, me sujeté voluntariamente a tantas penas y tormentos! Me lo decían todos los años, me lo predicaban y repetían: ¡pero yo no hacía caso!...

¡Dichoso San Pablo, primer ermitaño; dichosas Gertrudis, Escolástica, y tantos otros Santos que, habiendo satisfecho a la Justicia divina en el mundo, subieron al cielo sin pasar por el Purgatorio! ¡Yo podía hacer lo que ellos hicieron, pero no quise! ¡Locuras mundanas, conversaciones frívolas, pasatiempos, vanidad, qué caro me cuestan ahora! Podría fácilmente haber evitado todo eso y no lo hice. Y sólo porque no quise. 

Medita un poco sobre lo dicho. 

El Segundo Pensamiento que aflige al alma tibia que vivió como nosotros vivimos, es este: Yo querría librarme ahora del Purgatorio, y no puedo. ¡Si pudiera yo ahora volver al mundo!, dirá cada una de aquellas Almas, ¡con qué gusto me sepultaría en los desiertos con los Hilariones y Arsenios! Haría penitencias más espantosas que las de un Ignacio en la cueva de Manresa, que las de un Simeón Estilita y de un San Pedro de Alcántara; pasaría noches enteras en oración, como los Antonios, Basilios y Jerónimos; me arrojaría en estanques helados y me revolcaría entre espinas, como los Benitos y los Franciscos; etc.

Pero, en realidad no era necesario nada de esto; con mucho menos podrían haber evitado esas llamas. Sin hacer más que lo que debían hacer cada día, pero haciéndolo con perfección, evitaban todo esto. Sí; los mismos Sacramentos, pero recibidos con mejores disposiciones; las mismas misas, pero oídas con más recogimiento y atención; las mismas devociones, pero practicadas con más fervor; las mismas mortificaciones, ayunos y obras de misericordia, pero hechas con menos ostentación, únicamente por agradar á Dios, no sólo les hubieran librado de todas esas penas, sino también asegurado a ellas y a muchas otras almas la posesión del reino de los cielos.

Pero ahora sus deseos son inútiles: ya no es tiempo de merecer: ha llegado para ellas aquella noche intimada por San Juan, en la que nadie puede hacer obra alguna meritoria: ahora es necesario padecer, y sufrir penas inexplicables, y sufrirlas sin mérito alguno. ¡Y yo lo he querido! ¡Pude fácilmente evitar estos tormentos, y no quise! ¡Quisiera poder evitarlos ahora, y no puedo!

¡Dichosos nosotros que oímos esto! Tenemos tiempo todavía: aún no llegó para nosotros aquella noche tenebrosa. ¿Y seguiremos perdiendo el tiempo, y los días tan preciosos? ¿No tomaremos la seria resolución de confesarnos bien y de enmendar nuestra vida? 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DIA SEXTO 

Paciencia y resignación de las benditas Almas del purgatorio 

Punto Primero. - Es Verdad que las almas del Purgatorio padecen imponderables penas, y sin mérito: pero las padecen con una paciencia y resignación admirables. Conocen a Dios con luz perfectísima, lo aman con amor purísimo, y desean ardentísimamente poseerlo: pero al ver sus faltas, bendicen y adoran la mano justa y amorosa que las castiga.

¡Y con cuánta más resignación que los hermanos de José, exclaman: Merito haec patimur! Con mucha razón padecemos, Señor; pues cuando pecamos no temimos tu poder y tu justicia, frustramos los designios de tu amor y de tu sabiduría, despreciamos tu majestad y tu grandeza, y ofendimos tus perfecciones infinitas. Justo es que padezcamos.

Hombres sin conocimiento de la verdadera religión fueron agradecidos a sus bienhechores; Faraón hizo a José virrey de Egipto porque le interpretó un sueño misterioso. Asuero elevó a Mardoqueo a los primeros empleos de Persia porque le descubrió una conspiración; hasta los osos y los leones y otras fieras salvajes agradecidas defendieron a sus bienhechores; y nosotros, creados a tu imagen, redimidas con tu Sangre, honradas y exaltadas con tantos dones de la gracia, ingratos te abandonamos en vida. Sí; purifícanos en este fuego; ¡por ásperas que sean nuestras penas, bendeciremos y ensalzaremos tu justicia y misericordia infinitas. “Justo eres, Señor, y son rectos todos tus juicios”.

Todavía más: es tanta la fealdad del pecado, por leve que sea, que si Dios abriera a esas almas las puertas del cielo, no se atreverían a entrar en él, manchadas como están; sino que suplicarían al Señor las dejara purificarse primero en aquellas llamas. Igual que una joven escogida por esposa de un gran monarca si el día de las bodas apareciese una llaga horrible en su rostro, no se atrevería a presentarse en la Corte, y suplicaría al Rey que difiriese las bodas hasta que estuviera perfectamente curada.

¿Oh pecado, por leve que parezcas, qué tan grave mal eres que las mismas almas preferirían los horrores del Purgatorio antes que entrar en el cielo con la menor sombra de tu mancha! 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. – Miremos ahora en nosotros si puede darse incoherencia mayor que la nuestra... Nos reconocemos merecedores de horribles penas por parte de la Justicia divina, debido a los enormes pecados que cometimos en la vida pasada, y debido a las innumerables faltas en que al presente caemos todos los días; reconocemos, además, que no basta confesarse, ya que la absolución borra sí la culpa, pero no quita toda la pena, y por esto sabemos que es preciso satisfacer a la Justicia divina o en éste, o en el otro mundo; y sin embargo, jamás nos preocupamos por hacer penitencia.

Ahora podríamos expiar nuestras culpas fácilmente, y con gran mérito nuestro: una confesión bien hecha, una misa bien oída, un trabajo sufrido con paciencia, una ligera mortificación, una limosna, una indulgencia, un Vía Crucis hecho con devoción, podría evitarnos espantosos suplicios: y nosotros todo lo descuidamos, todo lo dejamos para la otra vida.

¿Acaso Hemos olvidado lo horribles que son y cuánto tiempo duran aquellos tormentos? ¿No sabemos que, según afirman ciertos autores, fundados en revelaciones muy respetables, varias de aquellas almas han estado siglos enteros en el Purgatorio, y otras estarán allí hasta el día del juicio final?

¡Qué gran insensatez la nuestra! Las Almas, dice San Cirilo de Jerusalén, querrían mejor sufrir hasta el fin del mundo todos los tormentos de esta vida, que pasar una sola hora en el Purgatorio; y nosotros queremos más arder siglos enteros en el Purgatorio, que mortificarnos en esta vida un solo momento. ¡Qué gran absurdo! 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DIA SÉPTIMO 

Descuido de los mortales en aliviar a las Almas del Purgatorio 

Punto Primero. - ¡Pobres almas! ¡Están padeciendo tormentos y penas inexplicables: no pueden merecer, ni esperar alivio sino de los vivos; y éstos, nosotros, ingratos, no cuidamos de ellas! Tienen ellas en el mundo tantos hermanos, parientes y amigos, y no hallan, como José, un Rubén piadoso que las saque de aquella profunda cisterna. Sus tinieblas son más dolorosas que la ceguedad de Tobías, y no encuentran un Rafael que les dé la vista deseada, para contemplar el rostro hermosísimo de Dios. Se abrasan en más ardiente sed que el criado de Abraham, y no hallan una solícita Rebeca que se la alivie. Son infinitamente más desgraciadas que el caminante de Jericó y el paralítico del Evangelio. Pero no encuentran un samaritano u otra persona compasiva que las consuele.

¡Pobres almas! ¡Qué gran tormento es para ustedes este olvido de los mortales! ¡Podrían tan fácilmente aliviarlas y libertarlas del Purgatorio; bastaría una misa, una Comunión y un Vía Crucis, una indulgencia que aplicasen; y nadie se preocupa de ofrecerlas por ustedes!

¿Y quiénes son esos ingratos? ¡Son sus mismos parientes y amigos, sus mismos hijos!. Ellos se alimentan y recrean con los bienes o posibilidades que ustedes les dejaron, y ahora, como desconocidos, no se acuerdan ya de ustedes.

¡Pobres almas! Con mucha más razón que David pueden ustedes decir: si alguien que no hubiese nunca recibido ningún favor de mi parte, si un enemigo me tratara así por doloroso que me fuera, podría soportarlo con paciencia: ¡pero tú, hijo mío, hermano, pariente, amigo, que me debes tantos beneficios; tú, hijo mío, por quien pasé tantos dolores y noches tan malas; tú, esposo; tú, esposa mía, que tantas pruebas recibiste de mi amor, siendo objeto de mis desvelos y blanco de mis incesantes favores: que tú me trates así; que, descuidando los sufragios que tanto te encargué me dejes en este fuego, sin querer socorrerme! ¡Ésta sí que es una ingratitud y crueldad superior a todo lo que podemos pensar! 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. - ¡Pobres almas! Pero más pobres e infelices seremos nosotros, si no las socorremos. Acuérdate, nos gritan los difuntos a nosotros, de cómo he sido yo juzgado: porque así mismo lo serás tú: A mí ayer; a ti hoy. Tú también serás del número de los difuntos, y tal vez muy pronto. Y por rico y poderoso que seas, ¿qué sacarás de este mundo? Lo que nosotros sacamos, y nada más: las obras. Si son buenas, ¡qué consuelo! Si malas, ¡qué desesperación! Como tú hayas hecho con nosotros, harán contigo.

¿Lo oyes? Si ahora eres duro e insensible con las benditas Almas del Purgatorio, duros e insensibles serán contigo los mortales, cuando tú hayas dejado de existir. Y no es éste el parecer de un sabio; es el oráculo de la Sabiduría infinita, que nos dice en San Mateo: Con la misma medida con que midiereis, seréis medidos. Sí; del mismo modo que nos hubiésemos portado con las almas de nuestros prójimos, se portarán los mortales también con nosotros. ¡Ay de aquel que no hubiese practicado misericordia, porque le espera, dice el apóstol Santiago, un juicio sin misericordia. ¿Y no tiemblas tú, insensible para con los difuntos? Si lleno de indignación, el Juez supremo arroja al infierno al que niega la limosna a un pobre, que tal vez era enemigo de Dios por el pecado, ¿con cuánta justicia y rigor condenará al que niegue a sus amadísimas esposas los sufragios de los bienes que les pertenecían? 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DIA OCTAVO 

Cómo recompensará el Señor a los devotos de las benditas Ánimas 

Punto Primero. - Supongamos que, movidos por estas meditaciones, hacemos una sincera y completa confesión, y ganando la indulgencia plenaria de este santo novenario, sacamos un alma del Purgatorio.

¡Qué grande será nuestra dicha! Si perseveramos, ¡qué gran retribución recibiremos en el cielo! Si los reyes de la tierra, siendo miserables mortales, recompensan con tanta generosidad al que libra a uno de sus súbditos de un gran peligro, o expone su vida sirviendo generosamente a los apestados, ¿cómo será el premio que dará el Señor al que libre a una o más almas de las llamas del Purgatorio?

Hagamos esta comparación: Padres y madres, si un hijo de ustedes cayese en un río o en un fuego, y alguien lo rescatara y se los devolviese vivo, ¿cómo lo agradecerían? Si ustedes fueran ricos y potentados, y esa persona fuera pobre, ¿cómo lo premiarían?

Ahora bien: ¿qué comparación puede haber entre el cariño del padre más amoroso con el amor que Dios profesa a aquellas almas, que son sus hijas amadas? ¿Qué son todos los peligros y males de este mundo, comparados con las penas del Purgatorio? ¿Y qué comparación puede haber entre el poder y la generosidad de un miserable mortal y el poder y la generosidad infinitos de Dios, que promete un inmenso premio de gloria por la visita hecha a un preso, a un enfermo, o por un vaso de agua dado a un pobre por su amor?

¡Cristianos! No dudemos decir que se ve como asegurada nuestra salvación, si logramos sacar una sola alma del Purgatorio. Sabiendo esto, ¿no haremos lo posible para lograrlo? 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. - No pensemos que estas sean sólo unas reflexiones piadosas; es una promesa formal de Jesucristo, Verdad Eterna, que no puede faltar a su palabra. ¿No nos dice en el sagrado Evangelio: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia?Fundado en estas palabras infalibles, dice San Gregorio: "Yo no sé que se haya condenado ninguno que haya usado de misericordia con el prójimo".

Dios quiere mucho a las almas; todo cuanto se hace por ellas, lo mira, agradece y premia como si a El mismo se le hiciera; En verdad os digo que todo cuanto habéis hecho con uno de esos pequeños hermanos míos, lo habéis hecho conmigo. Qué dichosos somos los cristianos; si socorremos a las pobres Ánimas del Purgatorio, un día nos dirá nuestro generosísimo Juez: “venid, benditos de mi Padre. Aquellas pobres almas tenían hambre, y vosotros comulgando las habéis alimentado con el pan de vida de mi sacratísimo Cuerpo; morían de sed, y asistiendo o haciendo celebrar misas, les habéis dado a beber mi Sangre preciosísima; estaban desnudas, y con vuestras oraciones y sufragios las habéis vestido con una estola de inmortalidad; gemían en la más triste prisión, y con vuestros méritos e indulgencias las habéis sacado de ella”.

"Y no es precisamente a las Ánimas a quienes habéis hecho estos favores; a Mí me los habéis hecho: Conmigo lo hicisteis: pues todo cuanto hicisteis por ellas, Yo lo miro por tan propio como si lo hubieseis hecho por Mí mismo. Por tanto, venid, benditos de mi Padre, a recibir la corona de gloria que os está preparada en el cielo".

¿No quisiéramos, cristianos, lograr semejante dicha? Está en nuestras manos. 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 



MEDITACIÓN DIA NOVENO 

Agradecimiento de las benditas Ánimas para con sus devotos 

Punto Primero. – Llegamos hoy al día feliz; hoy, con las Comuniones y sufragios que los fieles han ofrecido al Señor, no sólo en ésta, sino en tantas otras iglesias, muchas de aquellas almas, ayer tan afligidas y desgraciadas, han pasado a ser dichosos habitantes y príncipes felices de la Corte celestial. Ya ven cara a cara la Hermosura y Majestad infinita; ya poseen a Dios, que contiene en sí cuanto hay de amable, de grande, delicioso y perfecto. Su entendimiento ya no puede experimentar ni más alegría, ni más suavidad, ni más dicha.

Si pudiésemos entrar hoy en aquella dichosa patria y contemplar el paso de aquellos Bienaventurados! ¡Qué alegría, qué abrazos se dan tan afectuosos! ¡Qué cánticos entonan en acción de gracias al Dios de las misericordias y a los generosos cristianos que las han sacado del Purgatorio! ¡Cómo dan por bien empleadas las penas que en este mundo padecieron!

¡Con qué alegría está diciendo cada una de ellas: Dichosas confesiones y comuniones; dichosas las misas que oía, las limosnas, oraciones, penitencias y obras buenas que yo practicaba; dichosas las burlas y escarnios que yo sufría por ser practicante! !Y con qué generosidad pagas, Señor, hasta los sacrificios más pequeños e insignificantes que hice por tu amor!

¿No quisiéramos nosotros tener nosotros la misma suerte?

Entonces luchemos contra las pasiones; que sin luchar no se alcanza la victoria; sin pena, no hay felicidad. 

Medita un poco sobre lo dicho. 

Punto Segundo. - !Y qué dicha, cristiano, la tuya, si has logrado librar del Purgatorio a alguna de aquellas almas! El cielo debe a tus sufragios el nuevo regocijo y la nueva gloria accidental que ahora experimenta. Y aquellas almas dichosas te deben la libertad, y con ella la posesión de una felicidad infinita. ¿Cómo no suplicarán fervorosamente a Dios por ti? ¿Cómo no van a socorrerte en cualquier necesidad que te encuentres? ¿Qué empeño pondrán en conseguirte las gracias necesarias para vencer las tentaciones, adquirir las virtudes y triunfar de los vicios?

Y si alguna vez te vieres en peligro de pecar y de caer en el infierno, ¡con cuánto celo esas almas dirán al Señor: ¿Vas a permitir, oh Dios, que se pierda eternamente un cristiano que me ha librado a mí de tan horribles penas? ¿No prometiste que alcanzarían misericordia los que la tuvieran con el prójimo? ¿Consentirías ahora que cayese en el infierno aquel que con sufragios me abrió las puertas del cielo?

¡Dichoso cristiano, cuántos envidian tu dicha! Persevera, y tienes segura la palma de la gloria. 

Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena. 


Padrenuestro, Avemaría y Gloria


FUENTE: santisimavirgen.com.ar


SEXUALIDAD - (El cuerpo no es para ser esclavo de las pasiones) -


Sinopsis: 

El sexo no existe en nosotros para que nos rindamos al placer, ni para que lo veamos como un fin en sí mismo, convirtiéndonos en verdaderos paganos adoradores de lo pasajero.

Rev. 18 de febrero de 2008

El cuerpo de las personas no es para ser el esclavo de las pasiones, sino para el servicio de Dios.

"¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que está en ustedes? Ya no se pertenecen a sí mismos. Ustedes han sido comprados a un precio muy alto; procuren, pues, que sus cuerpos sirvan a la gloria de Dios." (1 Co 6, 19-20)

Eso es exactamente lo contrario a lo que proponen los adeptos de los "derechos sexuales y reproductivos", por eso no se puede ser cristiano y fiel de esa religión laica al mismo tiempo, pues es tratar de servir a dos amos ( Jos 24, 15; Lc 16, 13). Dios no quiere ni lujuria ni desenfreno. Un gran teólogo del siglo XX escribió:

"La experiencia y la tradición son muy firmes en esto: es imposible tener una vida espiritual seria si se concede al cuerpo todo lo que reclama" (CONGAR, Yves. Sobre el Espíritu Santo, Editorial Sígueme, Salamanca, 2003, página 55)


Enseña la Iglesia:


"9. La persona es, sin duda, capaz de un tipo de amor superior: no el de concupiscencia, que sólo ve objetos con los cuales satisfacer sus propios apetitos, sino el de amistad y entrega, capaz de conocer y amar a las personas por sí mismas. Un amor capaz de generosidad, a semejanza del amor de Dios: se ama al otro porque se le reconoce como digno de ser amado. Un amor que genera la comunión entre personas, ya que cada uno considera el bien del otro como propio. Es el don de sí hecho a quien se ama, en lo que se descubre, y se actualiza la propia bondad, mediante la comunión de personas y donde se aprende el valor de amar y ser amado." (SEXUALIDAD HUMANA: VERDAD Y SIGNIFICADO Orientaciones educativas en familia, PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA)



El mandato es:

"...nada de lujuria ni desenfreno... al contrario, revestíos de Jesucristo, el Señor, y no busqueis satisfacer los bajos instintos" (Rm 13, 13)

No lo dudes, la carne conduce a la muerte.

"No se engañen, nadie se burla de Dios: al final cada uno cosechará lo que ha sembrado. El que siembra en la carne, y en la propia, cosechará de la carne corrupción y muerte. El que siembra en el espíritu, cosechará del espíritu la vida eterna." (Gal 6, 7-8)


DEBES eliminar la lujuria de tu vida: "El cuerpo no es para la lujuria, sino para el Señor, y el Señor, para el cuerpo" (1 Co 6, 13). "Huid de la lujuria" dice más adelante (1 Co 6, 18)

"Por tanto, hagan morir en ustedes lo que es “terrenal”, es decir, libertinaje, impureza, pasión desordenada, malos deseos y el amor al dinero, que es una manera de servir a los ídolos. Tales cosas atraen los castigos de Dios." (Col 3, 5)


La Biblia no prohibe el placer sexual, sino el desenfreno.

Si crees en Jesús no proclames la "realización de los derechos sexuales", porque "la voluntad de Dios es que se hagan santos y que rehúyan la libertad sexual" (1 Te 4, 3).

"Porque ten
ed entendido que ningún lujurioso, impuro o avaro -que es lo mismo que un idólatra- ha de heredar el Reino de Cristo y de Dios." (Ef 5, 5)

¿Es que tienes dudas de que el Señor te quiere completo? ¡Evita hasta los malos pensamientos, no te resistas a Jesús! (Mt 5, 28).

"El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que resiste al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Jn 3, 36).

Los medios de comunicación no hacen sino vender la idea de que el sexo libre es un valor, destruyendo la dignidad del cuerpo y conduciendo a la caída a los jóvenes cuyos padres dejan la educación en manos del colegio y de la televisión (Mt 18, 7). La vida según la carne es causa de perdición (Rm 8, 13), la verdadera vida está en otra parte, pues el cuerpo es santuario del Espíritu Santo (1Co 6, 19-20).

Dice el libro del Eclesiástico:

"La pasión que quema como un fuego ardiente no se apagará antes de ser satisfecha. El hombre que comete la impureza en su cuerpo no se detendrá hasta que ese fuego lo devore. Para el hombre impúdico cualquier satisfacción es buena, no se calmará hasta que muera." (Eclo 23, 1)

Ese es el problema de las pasiones. Llevan a que nos sometamos a ser devorados por ellas.

"Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual." (Rm 12, 1)


"Por tanto, destruid todo lo que hay de terrenal en vuestro cuerpo: la lujuria, la impureza, las pasiones, los apetitos desordenados y la avaricia que es una idolatría; acciones por las que sobreviene la ira divina sobre los rebeldes y que practicabais en vuestra vida pasada." (Col 3, 5-7)


Sobre la masturbación, por ejemplo, explica el catecismo:

"2352 Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. "Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado". "El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine". Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de "la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero". Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral."

Todo el mundo quiere tener una vida espiritual pero a su modo, y cree una sexualidad sin barreras no choca contra Dios, siendo que declaramos en el Padrenuestro que queremos hacer la voluntad de Dios y no la nuestra (Mt 6, 10). Los hijos de Dios son los que hacen su voluntad (Jn 9, 31), y ella es que que cada uno sepa poseer su cuerpo con santidad y honor (1 Ts 4, 4) y que debemos ser santos incluso en nuestros pensamientos (Mt 5, 28; 1 Pe 4, 18).

"¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo!¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne. Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él.¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo.¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo." (1 Co 6, 15-20)

El Señor nos ha entregado muchas cosas, todas ellas para avanzar hacia El y hacernos dignos de contemplar Su Rostro, lo que significa vernos a cara con el Señor, lo que es imposible si no estamos vestidos con plena dignidad para Quien Todo lo Ve, ¿un alma manchada puede acercarse al Señor? ¡Claro que no! No tengamos dudas: estamos llamados a ser santos.

"Como hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia, más bien, así como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo." (1 Pe 1, 14-26)


FUENTE: buscadoresdelreino.com

PEQUEÑO MANUAL DE INDULGENCIAS PARA USO DE LOS FIELES - Parte 5 -


-Extracto-

LIBER
CIUDAD DEL VATICANO


Cuanto sigue ha sido extraído del Enchiridion Indulgentiarum o Manual de Indulgencias, publicado en el Acta Apostolicae Sedis, el 29 de julio de 1968.

*****


Indulgencia parcial.

52. Sancta Maria, succurre miseris (Santa Maria, socorre a los necesitados)

Santa Maria, socorre a los necesitados, ayuda a los débiles, conforta a los afligidos, ruega por el pueblo, intercede por el clero, interviene en auxilio de las piadosas mujeres, que sientan tu protección todos aquellos que te honran.


Indulgencia parcial.

53. Sancti Apostoli Petre et Paule (Santos Apóstoles Pedro y Pablo)

Santos Apóstoles Pedro y Pablo, interceded por nosotros. Protege, oh Señor, a tu pueblo y defiende siempre a aquellos que confían en el patrocinio de los santos Apóstoles Pedro y Pablo. Por

Cristo Señor Nuestro. Amén.


Indulgencia parcial.

54. Sanctorum cultus (El culto de los Santos)

Se concede indulgencia parcial al fiel que, en la fiesta de un Santo, recita en su honor la relativa oración del Misal u otra aprobada por la legítima Autoridad.


55. Signum Crucis (El signo de la cruz)

Se concede indulgencia parcial al fiel que devotamente haga la señal de la cruz, diciendo las palabras de costumbre: En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


56. Stationalium Ecclesiarum Urbis visitatio (Visita de las Iglesias Estacionales de Roma)

Se concede indulgencia parcial al fiel que, en los días del año designados en el Misal Romano, visite devotamente una de las Iglesias Estacionales de Roma. La indulgencia será plenaria si el fiel participa en las sacras funciones que en esa Iglesia se cumplan, a la mañana o a la tarde.


57. Sub tuum præsidium (Bajo tu protección)

Bajo tu protección venimos a refugiarnos, Santa Madre de Dios. No rechaces las plegarias que te dirigimos en las necesidades y líbranos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita. Se concede indulgencia parcial.


58. Synodus Dioecesana (Sínodo Diocesano) Se concede una vez indulgencia plenaria al fiel que, durante el tiempo del Sínodo Diocesano, visita piadosamente la iglesia destinada a las sesiones y allí recita un Padrenuestro y un Credo.


59. Tantum Ergo

Tan augusto Sacramento
Honremos postrados ya;
Y el Antiguo Testamento
Ceda al nuevo su lugar.

Supla la fe el argumento
Del defecto de los sentidos
Al Padre y al Engendrado
De su sustancia y fulgor
Honor eterno sea dado
Alabanza y bendición
Al que es de ambos aspirado
Igual sea la adoración.

Les diste Señor el pan venido del Cielo
Que en sí contiene todas las delicias.

Oremos: Oh Dios, que en este admirable Sacramento nos has dejado la memoria de tu Pasión, concédenos adorar el santo misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre, para sentir siempre en nosotros el fruto de Tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel que piadosamente recite estas estrofas. La indulgencia será plenaria el Jueves Santo y en la fiesta del Corpus Domini, si tal recitado se hace en forma solemne.


60. Te Deum

Se concede indulgencia parcial al fiel que recite el himno Te Deum . La indulgencia será plenaria si el himno es recitado públicamente en el último día del año.


61. Veni, Creator

Se concede indulgencia parcial al fiel que recite devotamente el himno Veni, Creator. La indulgencia será plenaria en el primer día del año y en la fiesta de Pentecostés, si el himno es recitado públicamente.


62. Veni, Sancte Spiritus (Ven, Espíritu Santo)

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, envía tu Espíritu y todo será creado y renovarás la faz de la tierra.


Indulgencia parcial.

63. Viæ Crucis Exercitium (Ejercicio del Vía Crucis)

Se concede indulgencia plenaria al fiel que cumpla el piadoso ejercicio del Vía Crucis. El piadoso ejercicio del Vía Crucis renueva el recuerdo de los dolores que el divino Redentor sufrió en el trayecto desde el pretorio de Pilatos, donde fue condenado a muerte, hasta el monte Calvario, donde por nuestra salvación, murió en la cruz.

Para obtener la indulgencia plenaria deben cumplirse las siguientes normas: el piadoso ejercicio debe ser cumplido ante las estaciones del Vía Crucis, legítimamente erigidas.

Para la realización del Vía Crucis son necesarias catorce cruces, a las cuales se suelen agregar útilmente agregar cuadros o imágenes que representan las estaciones de Jerusalén.

Según la costumbre más difundida, el piadoso ejercicio consta de catorce devotas lecturas, a las cuales se unen algunas oraciones vocales. No obstante, para el cumplimiento del piadoso ejercicio se requiere sólo una meditación de la Pasión y Muerte del Señor, sin que sea necesario hacer una particular consideración sobre cada uno de los misterios de las estaciones.

Es necesario desplazarse de una estación a la otra. Si el piadoso ejercicio se cumple públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede hacerse con orden, es suficiente con que se mueva de una estación a la otra quien dirige el pío ejercicio, mientras los otros quedan en su sitio.

Los “impedidos” podrán alcanzar la misma indulgencia dedicando al menos media hora a piadosas lecturas y meditaciones de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Entre los pueblos orientales, donde no exista el uso de este piadoso ejercicio, los Patriarcas podrán establecer para alcanzar esta indulgencia, otro ejercicio piadoso en memoria de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.


64. Visita, quæsumus Domine (Visita, te rogamos Señor)

Visita, te rogamos Señor, esta casa y arroja de ella todas las insidias del enemigo. Que tus santos ángeles en ella moren para custodiarnos en la paz y tu bendición esté siempre con nosotros. Por Cristo Señor Nuestro. Amén.

Se concede indulgencia parcial.



65. Visitatio Ecclesiæ Paroecialis (Visita a la Iglesia Parroquial)

Se concede indulgencia plenaria al fiel que piadosamente visite la iglesia parroquial: en la fiesta del Titular el día 2 de agosto, fecha en que se obtiene la indulgencia de la “Porziuncula”

Ambas indulgencias pueden ser alcanzadas o en el día arriba indicado, o en otro día establecido por el Ordinario, según la utilidad de los fieles.

La Iglesia Catedral y eventualmente la Iglesia concatredral, aunque no sean parroquiales, o las iglesias cuasi-parroquiales, gozan de las mismas indulgencias.

En la piadosa visita, de conformidad con la Norma 16 de la Constitución Apostólica, el fiel debe recitar un Padrenuestro y un Credo.


66. Visitatio Ecclesiæ vel altares die consecrationis (Visita de una iglesia o de un altar en el día de la consagración)

Se concede indulgencia plenaria al fiel que piadosamente visite una iglesia o un altar en el día de su consagración y allí recite un Padrenuestro y un Credo.


67. Visitatio Ecclesiæ vel oratorii in Commemoratione omnium fidelium defunctorum (Visita de una iglesia o un Oratorio en la Conmemoración de todos los fieles difuntos)

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del Purgatorio, a los fieles que en el día en que se celebra la Conmemoración de todos los fieles difuntos, visiten piadosamente una iglesia o un oratorio público, o también semi-público para aquellos que legítimamente lo usen.

Esta indulgencia se puede alcanzar en el día arriba establecido o, con consentimiento del Ordinario, el Domingo precedente o subsiguiente, o también en la fiesta de Todos los Santos.

En la piadosa visita, en conformidad con la Norma 16 de la Constitución Apostólica, el fiel debe recitar un Padrenuestro y un Credo.


68. Visitatio Ecclesiæ vel oratorii Religiosorum die festo Sancti Fundatoris (Visita de una iglesia o un Oratorio de Religiosos en la fiesta del Santo Fundador).

Se concede indulgencia plenaria al fiel que piadosamente visite una iglesia o un oratorio de Religiosos en la fiesta de su Santo Fundador y allí recite un Padrenuestro y un Credo.


69. Visitatio pastorales (Visita Pastoral)

Se concede indulgencia parcial al fiel que piadosamente visite una iglesia o un oratorio público o semipúblico mientras allí se realiza la visita pastoral y se concede una vez la indulgencia plenaria a quien, durante la visita pastoral, asiste a una función presidida por el Visitador.



70. Votorum baptismalium renovatio (Renovación de las promesas bautismales)

Se concede indulgencia parcial al fiel que renueve las promesas bautismales con cualquier fórmula. La indulgencia será plenaria si la renovación es hecha en la celebración de la Vigilia Pascual, o en el aniversario del propio bautismo.

FIN.

SERVIDORES TRAS LAS HUELLAS DE FRANCISCO DE ASIS


- Escuela Parroquial de Acólitos y Monaguillos San Francisco de Asis.




Fue el 18 de Julio, durante la ordenación del nuevo párroco de la comunidad Pasionista de Arraiján, el sacerdote Jorge E. Rodrigez, cuando pude ver a un joven, formaba parte de la procesión de entrada y estaba junto a un grupo de monaguillos.  Poco tiempo después por referencia de un joven seminarista, supe su nombre, Derek Bartlett Green. Adicional, que dirigía, en un caso excepcional,  una escuela dedicada a la instrucción de monaguillos. 

En esta ocasión, presento una pequeña entrevista que le realizara vía facebook - https://www.facebook.com/DerekBartl - y esto fue lo que nos respondió acerca de su vida y su semillero de vocaciones. 

"Te agradezco tu interés en publicar en este blog sacerdote-eterno que en realidad es dedicado al sacerdocio y casualmente de los monaguillos salen muchísimos sacerdotes; es un semillero de vocaciones. ¡Todo para la gloria del Señor! " - El joven Derek se muestra atento y complacido al cuestionario y nos brinda sus palabras de agradecimiento. 



Derek A. Bartlett Green Rector de la Escuela
Parroquial de Acólitos y Monaguillos San Francisco de Asis


S. E. ¿Quiénes han tenido gran influencia en tu vida como católico?

Derek - Mis abuelas quienes han inculcado mi fe al rezo del santo Rosario y la devoción a la Santísima Virgen María, mi párroco Fray Fernando López Uribe (QEPD) quien fuese mi mentor y guía espiritual una inscripción para mí.



S. E. ¿Qué edad tienes y en que colegio estudias?

Derek - Tengo 16 años. Estoy en el XI grado del Centro Educativo Victoriano Lorenzo en Las Lomas, David, Chiriquí.



S. E. ¿Cuál es tu parroquia?

Derek - Mi parroquia es Nuestra Señora del Carmen y está bajo la orden de frailes menores y se ubica en la Diócesis de David.



S. E. ¿Cómo nació en ti la idea de una escuela para monaguillos?

Derek - Después de mi consagración como Acólito surge la idea de crear una escuela para la formación de monaguillos, ya que desde que inicie el ministerio me interesaba el incrementar el número de servidores del altar en la parroquia, utilizando el ministerio del monaguillo como semillero de vacaciones.



S. E. ¿Cómo se llama la escuela y cuantos candidatos hay actualmente?

Derek - Somos la Escuela Parroquial de Acólitos y Monaguillos San Francisco de Asís, son 7 monaguillos en formación y un Acólito y mi persona el Rector. En total 9.



S. E. ¿Cuáles son los requisitos para ser monaguillo?

Derek - En los estatutos de la EPAMSFA los requisitos para ser monaguillo debes solicitar voluntariamente ingresar a la escuela con la autorización del padre de familia y ya habiendo tenido el sacramento del Bautismo.



S. E. ¿Tienes como guía en esta escuela de monaguillos a algún sacerdote o alguna autoridad eclesiástica superior?

Derek - Fray Luis Enrique Saldaña guerra OFM (Orden de Frailes Menores)



S. E. ¿Desde qué edad se acepta un aspirante y hasta que edad se puede ser monaguillo?

Derek - Aceptamos desde los 9 o 10 años. Hasta los 18 años



S. E. ¿Puede ser monaguillo una niña o una señora?

Derek - Claro que sí, las niñas pueden servir en el altar, el ministerio del monaguillo no es sólo para hombres es abierto siempre y cuando la joven tenga una vida de testimonio, es lícito hasta los 18 años en el caso de las niñas.



S. E. ¿Las etapas por las que pasa el monaguillo se distinguen por la forma y color del vestido?

Derek - La EPAMSFA se divide en 2 rangos o monasterio monaguillo de 10 a 15 años (sotana roja y roquete) y Acólito de 15 en adelante (alba y cíngulo?)



S. E. ¿Qué mensaje tienes para los jóvenes o qué invitación les harías para que participen y estén activos en la vida de la Iglesia y así ser luz para el mundo?

Derek - Invito a todos esos jóvenes a seguir a Jesús de una manera diferente, desde el lugar en donde Cristo, a través de un pedazo de pan y un poco de vino baja y los convierte en su Cuerpo y su Sangre, te invito a ser custodio de la Eucaristía a ser ostentorio viviente, que hacía como San Tarsicio mártir seas capaz de transmitir tu fe a los hermanos, no tengas miedo de decirle si al Señor, el está a la puerta y llama y espera tu respuesta. Para ser monaguillo no tienes que ser sacerdote o religiosa, Jesús tiene una vocación para ti y te aseguro que dentro de una escuela de monaguillos te será más fácil descubrirlo, ánimo! Jesús te ama.



EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís