FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

MILAGROS QUE OCURREN DURANTE LA SANTA MISA





MENSAJE DE LA VIRGEN A CATALINA RIVAS: REVELACIÓN SOBRE LA EUCARISTÍA. ... Si uno come de este pan, vivirá para siempre... Juan 6,51.


Jesucristo hoy te dice: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Juan 6:51

Lo que ocurre durante la Santa Misa es invisible a los ojos de los hombres, pero es tan tangible como lo debe ser nuestra fe en Dios. Y son los ojos de nuestra fe los que deben ver lo que Dios nos enseña hoy: aprender a vivir la Misa, por sus propios consejos y los de su Madre. Catalina Rivas nos comparte su testimonio donde ve y le es explicado lo que se vive en la misa a nivel espiritual [...]


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PROFECÍAS DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE LAS APOSTASÍAS EN LA IGLESIA


Las Tres Campanadas escritas antes de morir

Son muchos los hombres de Dios que han levantado sus voces para señalar las herejías, apostasías y malas conductas dentro de la Iglesia, sobre las que Benedicto XVI fue muy duro pidiendo a la grey católica que oraran por él para protegerlo de la “inmundicia” dentro de la iglesia, y Francisco ha sugerido situaciones parecidas. Pero un santo moderno, el Fundador del Opus Dei, San Josémaría Escrivá de Balaguer, envió tres cartas a los fieles de la Prelatura que hoy tienen tanta actualidad como en 1972-1974, cuando las escribió, previniendo a sus hijos de las dificultades dentro de la Iglesia.


A estas tres cartas escritas poco antes de su muerte se las conoce por las Tres Campanadas. No estaban destinadas al público en general, sino para uso restringido de los miembros de la Obra, aunque su contenido se fue dado a conocer poco a poco a través de la predicación y formación interna de la Obra. No es ningún secreto, pero en ellas San Josemaría ponía en guardia a todos sus hijos del peligro que corría la Iglesia con la infiltración de una serie de corrientes que afectaban claramente a la doctrina.

Solamente se conocen públicamente dos de ellas, pero todas son conocidas por la Autoridad competente en la Iglesia, ya que se incorporaron como documento en el Proceso de Canonización. Existe aceptación por parte de la Autoridad Máxima de la Iglesia de estas opiniones del Fundador del Opus Dei como legítimas, que más allá de ser opiniones, son una denuncia de los abusos que se llevaron a cabo en el postconcilio. Muchas de estas denuncias van más allá del peligro ya anunciado en su día por Pablo VI.

Para su discernimiento este documento que tiene 40 años.


CRISTIANOS CONTRACORRIENTE Y A PRUEBA

Tiempo de prueba son siempre los días que el cristiano ha de pasar en esta tierra. Tiempo destinado, por la misericordia de Dios, para acrisolar nuestra fe y preparar nuestra alma para la vida eterna.

Tiempo de dura prueba es el que atravesamos nosotros ahora, cuando la Iglesia misma parece como si estuviese influida por las cosas malas del mundo, por ese deslizamiento que todo lo subvierte, que todo lo cuartea, sofocando el sentido sobrenatural de la vida cristiana.

Llevo años advirtiéndoos de los síntomas y de las causas de esta fiebre contagiosa que se ha introducido en la Iglesia, y que está poniendo en peligro la salvación de tantas almas…

Convenceos, y suscitad en los demás el convencimiento, de que los cristianos hemos de navegar contra corriente. No os dejéis llevar por falsas ilusiones. Pensadlo bien: contra corriente anduvo Jesús, contra corriente fueron Pedro y los otros primeros, y cuantos —a lo largo de los siglos— han querido ser constantes discípulos del Maestro. Tened, pues, la firme persuasión de que no es la doctrina de Jesús la que se debe adaptar a los tiempos, sino que son los tiempos los que han de abrirse a la luz del Salvador. Hoy, en la Iglesia, parece imperar el criterio contrario: y son fácilmente verificables los frutos ácidos de ese deslizamiento. Desde dentro y desde arriba se permite el acceso del diablo a la viña del Señor, por las, puertas que le abren, con increíble ligereza, quienes deberían ser los custodios celosos…

Es hora, pues, de rezar mucho y con amor, y de pedir al Señor que quiera poner fin al tiempo de la prueba.

No podemos dejar de insistir. No buscamos nada para cada uno de nosotros, por interés personal; buscamos la santidad, que es buscar a Dios. Y Él espera que se lo recordemos con insistencia. Se están causando voluntariamente heridas en su Cuerpo, que va a ser muy difícil restañar. Nos dirigimos a la Trinidad Beatísima, Dios Uno y Trino, para que se digne acortar cuanto antes esta época de prueba. Lo suplicamos por la mediación del Corazón Dulcísimo de María; por la intercesión de San José, nuestro Padre y Señor, Patrono de la Iglesia universal, a quien tanto amamos y veneramos; por la intercesión de todos los Ángeles y Santos, cuyo culto algunos intentan extirpar de la Iglesia Santa…


LA CONFUSIÓN DENTRO DE LA IGLESIA

Resulta muy penoso observar que —cuando más urge al mundo una clara predicación— abunden eclesiásticos que ceden, ante los ídolos que fabrica el paganismo, y abandonan la lucha interior, tratando de justificar la propia infidelidad con falsos y engañosos motivos. Lo malo es que se quedan dentro de la Iglesia oficialmente, provocando la agitación. Por eso, es muy necesario que aumente el número de discípulos de Jesucristo que sientan la importancia de entregar la vida, día a día, por la salvación de las almas, decididos a no retroceder ante las exigencias de su vocación a la santidad…

La lucha interior —en lo poco de cada día— es asiento firme que nos prepara para esta otra vertiente del combate cristiano, que implica el cumplimiento en la tierra del mandato divino de ir y enseñar su verdad a todas las gentes y bautizarlas (cfr. Matth. XXVIII, 19), con el único bautismo en el que se nos confiere la nueva vida de hijos de Dios por la gracia.

Mi dolor es que esta lucha en estos años se hace más dura, precisamente por la confusión y por el deslizamiento que se tolera dentro de la Iglesia, al haberse cedido ante planteamientos y actitudes incompatibles con la enseñanza que ha predicado Jesucristo, y que la Iglesia ha custodiado durante siglos. Éste, hijos míos, es el gran dolor de vuestro Padre. Éste, el peso del que yo deseo que todos participéis, como hijos de Dios que sois. Resulta muy cómodo —y muy cobarde— ausentarse, callarse, diluidos en una ambigua actitud, alimentada por silencios culpables, para no complicarse la vida. Estos momentos son ocasión de urgente santidad, llamada al humilde heroísmo para perseverar en la buena doctrina, conscientes de nuestra responsabilidad de ser sal y luz.

Hemos de resistir a la disgregación, cuidando sobrenaturalmente nuestra propia entrega y sembrando sin desmayos, con decisión, con serenidad y con fortaleza, la doctrina y el espíritu de Jesucristo.


POCAS VOCES SE ALZAN

Considerad que hay muy pocas voces que se alcen con valentía, para frenar esta disgregación. Se habla de unidad y se deja que los lobos dispersen el rebaño; se habla de paz, y se introducen en la Iglesia —aun desde organismos centrales— las categorías marxistas de la lucha de clases o el análisis materialista de los fenómenos sociales; se habla de emancipar a la Iglesia de todo poder temporal, y no se regatean los gestos de condescendencia con los poderosos que oprimen las conciencias; se habla de espiritualizar la vida cristiana y se permite desacralizar el culto y la administración de los Sacramentos, sin que ninguna autoridad corte firmemente los abusos —a veces auténticos sacrilegios— en materia litúrgica; se habla de respetar la dignidad de la persona humana, y se discrimina a los fieles, con criterios utilizados para las divisiones políticas.

Toda esa ambigüedad es camino abierto, para que el diablo cause fácilmente sus estragos, más cuando se ve que es corriente —en todas las categorías del clero— que muchos no prediquen a Jesucristo y, en cambio, parlotean siempre de asuntos políticos, sociales —dicen—, etc., ajenos a su vocación y a su misión sacerdotal, convirtiéndose en instrumentos de parte y logrando que no pocos abandonen la Iglesia…

No se puede imponer por la fuerza la verdad de Cristo, pero tampoco podemos permitir que, con la violencia de los hechos, nos dominen como ciertos y justos, criterios que son una patente deserción del mensaje de Jesucristo: esta violencia se comete por algunos, impunemente, dentro de la Iglesia. Sería una deslealtad y una falta de fraternidad con el pueblo fiel, no resistir al presuntuoso orgullo de unos pocos que han maleado ya a tantos, sobre todo en el ambiente eclesiástico y religioso.

Comprended que no exagero. Pensad en la violencia que sufren los niños: desde negarles o retrasarles el bautismo arbitrariamente, hasta ofrecerles como pan del alma catecismos llenos de herejías o de diabólicas omisiones; o en la que se actúa con la juventud, cuando —¡para atraerla!— se presentan principios morales equivocados, que destrozan las conciencias y pudren las costumbres. Violencia se hace, también diabólica, cuando se manipulan los textos de la Sagrada Escritura y se llevan al altar en ediciones equívocas, que cuentan con aprobaciones oficiales. Y no podemos dejar de ver el brutal atropello que se impone a los fieles, y en los fieles al mismo Jesucristo, cuando se oculta el carácter de sacrificio de la Santa Misa o cuando el dinero de las colectas se malgasta en propagar ideas ajenas al enseñamiento de Jesucristo. Hijos, míos, nunca se ha hablado tanto de justicia en la Iglesia y, a la vez, nunca se ha empleado tanta injusta opresión con las conciencias…

Nos sentimos obligados a resistir a estos nuevos modernistas —progresistas se llaman ellos mismos, cuando de hecho son retrógrados, porque tratan de resucitar las herejías de los tiempos pasados—, que ponen todo en discusión, desde el punto de vista exegético, histórico, dogmático, defendiendo opiniones erróneas que tocan las verdades fundamentales de la fe, sin que nadie con autoridad pública pare y condene reciamente sus propagandas. Y si algún pastor habla decididamente, se encuentra con la sorpresa —amarga sorpresa— de no ser suficientemente apoyado por quienes deberían sostenerlo: y esto provoca la indecisión, la tendencia a no comprometerse con determinaciones claras y sin equívocos.

Parece como si algunos se empeñaran en no recordar que, a lo largo de toda la historia, los que guían el rebaño han tenido que asumir la defensa de la fe con entereza, pensando en el juicio de Dios y en el bien de las almas, y no en el halago de los hombres. No faltaría hoy quien tachara a San Pablo de extremista cuando decía a Tito cómo debería tratar a los que pervertían la verdad cristiana con falsas doctrinas: increpa illos dure, ut sani sint in fide(Tit. I, 13); repréndelos con dureza —le escribía el Apóstol—, para que se mantengan sanos en la fe. Es de justicia y de caridad, obrar así.

Ahora, sin embargo, se facilita la agitación con un silencio que clama al cielo, cuando no se coloca a los saboteadores de la fe en puntos neurálgicos, desde los que pueden sembrar la confusión «con aprobación eclesiástica». Ahí están tantos nuevos catecismos y programas de «enseñanza religiosa» testimoniando la verdad de lo que afirmo.



PREVENIDOS Y PIDIENDO AL SEÑOR

Hijos de mi alma, pidamos a Nuestro Señor que ponga término a esta dura prueba…

No podemos dormirnos, ni tomarnos vacaciones, porque el diablo no tiene vacaciones nunca y ahora se demuestra bien activo. Satanás sigue su triste labor, incansable, induciendo al mal e invadiendo el mundo de indiferencia: de manera que muchas gentes que hubieran reaccionado, ya no reaccionan, se encogen de hombros o ni siquiera perciben la gravedad de la situación; poco a poco, se han ido acostumbrando.

Esta carta es como una tercera invitación, en menos de un año, para urgir vuestras almas con las exigencias de la vocación nuestra, en medio de la dura prueba que soporta la Iglesia…

Os escribo para que estéis prevenidos ante los asaltos del diablo, que ataca a la hora undécima quizá, casi al fin de este caminar de aquí abajo…

No olvidéis el particular empeño que pone en estos tiempos el demonio, para lograr que los fieles se separen de la fe y de las buenas costumbres cristianas, procurando que pierdan hasta el sentido del pecado con un falso ecumenismo como excusa. Deseamos, tanto como el que más lo desee, la unión de los cristianos: y aun la de todos los que, de alguna manera, buscan a Dios. Pero la realidad demuestra que en esos conciliábulos, unos afirman que sí y —sobre el mismo tema— otros lo contrario. Cuando —a pesar de esto— aseguran que van de acuerdo, lo único cierto es que todos se equivocan. Y de esa comedia, con la que mutuamente se engañan, lo menos malo que suele producirse es la indiferencia: un triste estado de ánimo, en el que no se nota inclinación por la verdad, ni repugnancia por la mentira. Se ha llegado así al confusionismo: y se aniquila el celo apostólico, que nos mueve a salvar la propia alma y las de los demás, defendiendo con decisión la doctrina sin atacar a las personas…

Se escucha como un colosal non serviam! (Ierem. 11, 20) en la vida personal, en la vida familiar, en los ambientes de trabajo y en la vida pública. Las tres concupiscencias (cfr. 1 Ioann. 11, 16) son como tres fuerzas gigantescas que han desencadenado un vértigo imponente de lujuria, de engreimiento orgulloso de la criatura en sus propias fuerzas, y de afán de riquezas. Toda una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales…

En una palabra: el mal viene, en general, de aquellos medios eclesiásticos que constituyen como una fortaleza de clérigos mundanizados. Son individuos que han perdido, con la fe, la esperanza: sacerdotes que apenas rezan, teólogos —así se denominan ellos, pero contradicen hasta las verdades más elementales de la revelación— descreídos y arrogantes, profesores de religión que explican porquerías, pastores mudos, agitadores de sacristías y de conventos, que contagian las conciencias con sus tendencias patológicas, escritores de catecismos heréticos, activistas políticos.

Hay, por desgracia, toda una fauna inquieta, que ha crecido en esta época a la sombra de la falta de autoridad y de la falta de convicciones, y al amparo de algunos gobernantes, que no se han atrevido a frenar públicamente a quienes causaban tantos destrozos en la viña del Señor.

Hemos tenido que soportar —y cómo me duele el alma al recoger esto— toda una lamentable cabalgata de tipos que, bajo la máscara de profetas de tiempos nuevos, procuraban ocultar, aunque no lo consiguieran del todo, el rostro del hereje, del fanático, del hombre carnal o del resentido orgulloso…

El cinismo intenta con desfachatez justificar —e incluso alabar— como manifestación de autenticidad, la apostasía y las defecciones. No ha sido raro, además, que después de clamorosos abandonos, tales desaprensivos desleales continuaran con encargos de enseñanza de religión en centros católicos o pontificando desde organismos para-eclesiásticos, que tanto han proliferado recientemente.

Me sobran datos bien concretos, para documentar que no exagero: desdichadamente no me refiero a casos aislados. Más aún, de algunas de esas organizaciones salen ideas nocivas, errores, que se propagan entre el pueblo, y se imponen después a la autoridad eclesiástica como si fueran movimientos de opinión de la base…

Por desgracia, se observan también en la Iglesia sitios —cátedras de teología, catequesis, predicación— que deberían alumbrar como focos de luz, y se aprovechan —en cambio— para despachar una visión de la Iglesia y de sus fines totalmente adulterados. Hijos míos, es un grave pecado contra el Espíritu Santo, porque precisamente el Paráclito vivifica con su gracia y sus dones a la Iglesia (Catecismo Mayor de San Pío X, n. 143), establece allí el reinado de la verdad y del amor, y la asiste para que lleve con seguridad a sus hijos por el camino del cielo (ibid.).

Confundir a la Iglesia con una asamblea de fines más o menos humanitarios, ¿no significa ir contra el Espíritu Santo? Ir contra el Espíritu Santo es hacer circular, o permitir que circulen sin denunciar sus falsedades, catecismos heréticos o textos de religión que corrompen las conciencias de los niños, con enseñanzas dañosas y graves omisiones…

Errores y desviaciones, debilidades y dejaciones he dicho ya: y ahora —como siempre— el mal se envuelve diabólicamente en paños de virtud y de autoridad: y así resulta más fácil que se fortalezca y que produzca más daño. Porque aparecen gentes con una falsa religiosidad, saturada de fanatismo, que se oponen desde dentro a la Iglesia de Jesucristo, dogmática y jurídica, haciendo resaltar —con increíble desorden, cambiando por los del Estado los fines de la Iglesia— lo político antes que lo religioso.

Todo coopera al desprestigio general de la autoridad eclesiástica y a que no se corrijan con oportunidad y energía los desórdenes: los desatinos heréticos, la inestabilidad, la confusión, la anarquía en asuntos de fe y de moral, de liturgia y de disciplina. A esta situación la llaman algunos —defendiéndola— aggiornamento, cuando es relajación y menoscabo del espíritu cristiano, que trae como consecuencia inmediata —entre otros efectos— la desaparición de la piedad, la carencia de vocaciones sacerdotales o religiosas, el apartar a los fieles en general — ya lo dije— de las prácticas espirituales. Y, por tanto, menos trabajo en servicio de las almas, al paso que los eclesiásticos —al verse ineficaces— se muestran desgraciados y abandonan el proselitismo, porque piensan que procurarán también la infelicidad a otros…


EL MODERNISMO DENUNCIADO POR SAN PIO X

No se relee sin gran dolor lo que San Pío X describió en su encíclica Pascendi, cuando exponía las características del modernismo, que en ese documento definía como compendio de todas las herejías. Todo aquello que entonces el Magisterio universal de la Iglesia intentó atajar con penetrante visión y energía sobrenatural, aparecía ya con su enorme gravedad, pero era todavía un mal relativamente limitado a algunos sectores. En nuestros días ese mismo mal —idéntico en su inspiración de raíz y con frecuencia en sus formulaciones— ha resurgido violento y agresivo, con el nombre de neomodernismo, y en proporciones prácticamente universales. Aquella enfermedad mortal, antes localizada en unos pocos ambientes malsanos, y contenida dentro de esas fronteras por prudentes medidas de la Santa Sede, ha alcanzado aspectos de epidemia generalizada. Su extensión ha facilitado su virulencia y la manifestación de efectos monstruosos en cantidad y en calidad, que quizá ni siquiera hubiésemos podido imaginar ante los primeros brotes del modernismo.

Lo que inicialmente se mostraba sólo, aunque ya fuese muy grave, como la reducción de las Verdades dogmáticas a la simple experiencia subjetiva, conservando algún matiz espiritual, se ha degradado aún más: las hondas exigencias del alma —y aun las de la misma gracia divina— quedan disueltas en la horizontalidad sin relieve de lo mundano: identificando el amor de Dios con las aspiraciones o deseos más inmediatos del hombre-masa, sometido a los determinismos de la planificación materialista y atea, y a la de los instintos animales.

La soberbia de la vida (I Ioann. II, 16) presenta su vanidad total en la exteriorización de la concupiscencia de los ojos, ambición de poder y de bienes terrenos, sin mesura; y de la concupiscencia de la carne, sensualidad sin freno y degradación libertina. Es como la descomposición entera de un cuerpo, después de haber perdido el alma…

Si, para combatir eficazmente los males del modernismo, San Pío X —como de modo análogo había hecho antes León XIII— señalaba, entre los más importantes remedios que urgía poner, el fiel seguimiento de la filosofía y de la teología de Santo Tomás, es patente que ahora se impone como nunca el estricto cumplimiento de esa disposición. Con el Motu proprio Doctoris Angelici, San Pío X traducía, en normas disciplinares concretas, lo que había sido una constante recomendación de sus antecesores en la Sede de Pedro, desde el año 1325.

No me parece ocioso transcribir aquí algunas de las afirmaciones de ese documento pontificio:

se deben conservar santa e inviolablemente los principios filosóficos establecidos por Santo Tomás, a partir de los cuales se aprende la ciencia de las cosas creadas de manera congruente con la Fe, se refutan los errores de cualquier época, se puede distinguir con certeza lo que sólo a Dios pertenece y no se puede atribuir a nadie más, se ilustra con toda claridad la diversidad y la analogía existente entre Dios y sus obras.

Y añade:

por lo demás, hablando en general, estos principios de Santo Tomás no encierran otra cosa más que lo que ya habían descubierto los más importantes filósofos y Doctores de la Iglesia, meditando y argumentando sobre el conocimiento humano, sobre la naturaleza de Dios y de las cosas, sobre el orden moral y la consecución del fin último. Con un ingenio casi angélico, desarrolló y acrecentó toda esta cantidad de sabiduría recibida de los que le habían precedido, la empleó para presentar la doctrina sagrada a la mente humana, para ilustrarla y para darle firmeza.

Los puntos más importantes de la filosofía de Santo Tomás no deben ser considerados como algo opinable, que se pueda discutir, sino que son como los fundamentos en los que se asienta toda la ciencia de lo natural y lo divino. Si se rechazan estos fundamentos o se los pervierte, se seguirá necesariamente que quienes estudian las ciencias sagradas ni siquiera podrán captar el significado de las palabras, con las que el Magisterio de la Iglesia expone los dogmas revelados por Dios. Por eso quisimos advertir a quienes se dedican a enseñar la filosofía y la sagrada teología, que si se apartan de las huellas de Santo Tomás, principalmente en cuestiones de metafísica, será con gran detrimento.

Así, entre otras determinaciones, San Pío X exhortaba:

pondrán en esto un particular empeño los profesores de filosofía cristiana y de sagrada teología, que deben tener siempre presente que no se les ha dado facultad de enseñar, para que expongan a sus alumnos las opiniones personales que tengan acerca de su asignatura, sino para que expongan las doctrinas plenamente aprobadas por la Iglesia. Concretamente, en lo que se refiere a la sagrada teología, es Nuestro deseo que su estudio se lleve a cabo siempre a la luz de la filosofía que hemos citado.

¡Cuánto dolor se hubiese ahorrado a la Iglesia y cuánto daño se hubiese evitado a las almas, con la fiel obediencia a esos mandatos de San Pío X! Pido ahora a mis hijas y a mis hijos, precisamente en este año en el que se conmemora el VII centenario de la muerte del Doctor Angélico, que sigan delicadamente esas indicaciones de la Iglesia en el estudio y en la enseñanza de la doctrina filosófica y teológica, seguros de que también así contribuiremos a que, por la misericordia divina, las aguas vuelvan a su cauce…


FUENTE: Material preparado por http://forosdelavirgen.org en base a “Las Campanadas” de San José María Escrivá de Balaguer, Signos de estos Tiempos


PROMESAS DE LA VIRGEN MARÍA A QUIEN RECE Y A QUIÉN LLEVE CONSIGO EL SANTO ROSARIO


Beneficios y Bendiciones del Santo Rosario


La Santísima Virgen María le dio a Santo Domingo de Guzmán – fundador de la Orden de los Predicadores, más conocidos como Dominicos -, el Santo Rosario en una aparición, y le pidió que realizara la divulgación del mismo.


La Santísima Virgen María le dio a Santo Domingo de Guzmán – fundador de la Orden de los Predicadores, más conocidos como Dominicos -, el Santo Rosario en una aparición, y le pidió que realizara la divulgación del mismo.

soldados y rosario


Empecemos por él provecho que da el Rosario. Son bien conocidos los Beneficios de rezar el Rosario y las Bendiciones que trae, estas son:


BENEFICIOS DEL ROSARIO

Nos eleva gradualmente al perfecto conocimiento Jesucristo.
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Purifica nuestras almas del pecado.
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Nos permite vencer a todos nuestros enemigos.
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Nos facilita la práctica de las virtudes.
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Nos abrasa en amor de Jesucristo.
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Nos enriquece con gracias y méritos.
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Nos proporciona con qué pagar todas nuestras deudas con Dios y con los hombres, y finalmente, nos consigue de Dios toda clase de gracias



BENDICIONES DEL ROSARIO

Los pecadores obtienen el perdón.
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Las almas sedientas se sacian.
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Los que están atados ven sus lazos deshechos.
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Los que lloran hallan alegría.
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Los que son tentados hallan tranquilidad.
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Los pobres son socorridos.
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Los religiosos son reformados.
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Los ignorantes son instruidos.
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Los vivos vencen la decadencia espiritual.
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Los muertos alcanzan la misericordia por vía de sufragios.



15 PROMESAS DE LA VIRGEN A LOS QUE RECEN EL ROSARIO

El Rosario es una verdadera fuente de gracias. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por su conducto, ya que fue por ella que nos llegó la salvación.

Así que la Virgen María le hizo 15 Promesas a Santo Domingo de Guzmán y luego a Alano de la Rupe a quienes recen el Rosario:

1 – A todos los que recen devotamente mi Rosario, prometo mi protección especial y muy grandes gracias.
2 – El que persevere en el rezo de mi Rosario recibirá alguna gracia insigne.
3 El Rosario será una defensa muy poderosa contra el infierno; destruirá los vicios, librará del pecado, disipará las herejías.
4 – El Rosario hará florecer las virtudes y las buenas obras y obtendrá a las almas las más abundantes misericordias divinas; sustituirá en los corazones el amor del mundo con el amor de Dios y los elevará al deseo de los bienes celestiales y eternos. ¡Cuántas almas se santificarán por este medio!
5 – El que se confíe en mí con el Rosario no perecerá.
6 – El que rece devotamente mi Rosario, meditando sus misterios, no se verá oprimido por la desgracia. Si es pecador, se convertirá; si es justo, crecerá en gracia y tendrá la recompensa de la vida eterna.
7 – Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos de la Iglesia.
8 – Los que recen mi Rosario encontrarán durante su vida y en la hora de la muerte la luz de Dios, la plenitud de sus gracias y participarán de los méritos de los bienaventurados.
9 – Libraré muy prontamente del purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
10 – Los verdaderos hijos de mi Rosario gozarán de una gran gloria en el cielo.
11 – Lo que pidáis mediante mi Rosario, lo obtendréis.
12 – Los que propaguen mi Rosario serán socorridos por mí en todas sus necesidades.
13 – He obtenido de mi Hijo que todos los miembros de la Cofradía del Rosario tengan por hermanos durante la vida y en la hora de la muerte a los santos del cielo.
14 – Los que rezan fielmente mi Rosario son todos mis hijos muy amados, hermanos y hermanas de Jesucristo.
15 – La devoción a mi Rosario es una gran señal de predestinación.



20 PROMESAS DE LA VIRGEN A QUIENES LLEVEN CONSIGO EL SANTO ROSARIO

No solo la Santísima Virgen promete gracias a quien rece el Santo Rosario, sino también a quien lo lleve permanentemente consigo:

1 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los llevaré hasta Mi Hijo.
2 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los ayudaré en sus empresas.
3 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, aprenderán a amar la Palabra y la Palabra los hará libres. Ya no serán esclavos.
4 Todos los que lleven piadosamente el Rosario, amarán a Mi Hijo más y más.
5 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un conocimiento más profundo de Mi Hijo en sus vidas diarias.
6 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un deseo profundo de vestir con decencia para no perder la Virtud de la modestia.
7 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, crecerán en la virtud de la castidad.
8 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán una conciencia más profunda de sus pecados y tratarán sinceramente de enmendar sus vidas.
9 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un profundo deseo de difundir el mensaje de Fátima.
10 – Sobre todos que lleven piadosamente el Rosario, derramaré las gracias de las que soy medianera.
11 – Todos que lleven piadosamente el Rosario, serán llenados de un profundo deseo de rezarlo y meditar sobre los misterios.
12 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán paz en sus vidas diarias.
13 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, serán reconfortados en momentos de tristeza.
14 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, se les concederá el poder de tomar decisiones sabias a través del Espíritu Santo.
15 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los llenaré de un profundo deseo de llevar el Escapulario café del Monte Carmelo.
16 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, venerarán Mi Inmaculado Corazón y el sagrado Corazón de Mi Hijo Jesús.
17 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, no tomarán el nombre de Dios en vano.
18 – Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán una profunda compasión por Cristo crucificado y crecerán en su amor por El.
19 – Muchos de los que lleven piadosamente el Rosario, serán sanados de enfermedades físicas, mentales y emocionales; así que llevadlo a los enfermos y moribundos.
20 – Las familias que lleven piadosamente el Rosario, tendrán paz en sus hogares.


FUENTE: http://forosdelavirgen.org/

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMÍDA. CAP. XC: FE, CONFIANZA Y GRATITUD.


Mensajes de Nuestro Señor Jesucristo
a Sus Hijos Predilectos








XC


 FE, CONFIANZA Y GRATITUD









"Antes de hacer algún bien en la tierra, siempre acostumbraba darle gracias a mi Padre de quien aquel favor y todos los beneficios vienen al mundo. Nunca excluí a mi Padre, y no digo de mi interior, -que esto para Mi hubiera sido imposible-, pero ni aun exteriormente, pues siempre refería a El toda la gloria, porque sólo Él es Bueno, Santo y Perfecto.

Y ¿qué quise con esto enseñar a mis sacerdotes que me representarían en la tierra, que estaban llamados a transformarse en Mí, a ser otros Yo en el trato con las almas, aliviando sus penas, curando sus llagas, consolándolas y levantándolas siempre?

Quise enseñarles tres virtudes capitales para poder hacer el bien y para glorificar a mi Padre: la fe, la confianza y la gratitud.  Tres elementos indispensables para atraer sobre sí mismos y sobre las almas los favores del  cielo. Así es que mis sacerdotes están obligados por su estado sacerdotal a pedir con fe viva, con esa fe que traspone las montañas, con fe sin vacilaciones, segura e impertérrita.


Están obligados a la confianza ciega y sincera en mi Divinidad. Nunca obra ordinariamente la Divinidad en un alma sin la cooperación de la fe, de la esperanza amorosa; y mientras más honda y potente es la fe, mas seguro es el éxito, más se compromete a Dios, que nada niega al que le pide con fe, al que lo llama con la confianza que da el amor.

Y la gratitud debe, en su fondo al menos y a imitación mía, adelantarse a la fe y a la confianza.

Si se fijan en mi Evangelio -en muchos pasajes, por no decir que en todos- brilla en Mí, como radiante faro que se adelanta y que domina, la gratitud hacia mi Padre.

Y ¡cómo no! se le debe tanto, ¡todo lo que es un Dios! ¿Cómo, digo, no ha de estar mi Corazón impregnado, saturado de inmensa, de imborrable y de infinita gratitud?  Le debo la vida divina, pues que me engendró eternamente, y la vida humana por el Espíritu Santo, que es su Espíritu. Por eso no lo olvidé ni un instante en la tierra; y al necesitar de la Divinidad -una misma en el Padre y en el Verbo- al llamarla en mi favor par usar de Ella, como Hijo ternísimo en cuanto hombre y reconocerlo como a Padre, le rendía adoración en el fondo de mi alma, y en mi exterior también, y me adelantaba como hombre a darle gracias, antes de recibir el beneficio, antes de emplear su omnipotencia, antes de usar de la Divinidad, y resucitando muertos, ya arrojando demonios, ya curando y obrando grandes prodigios en los cuerpos y conversiones divinas y sobrenaturales en las almas.

Sobre todo, en la Institución de la Eucaristía, en el paroxismo de mi amor, en aquella hora feliz para la humanidad en la que hice efectiva la transubstanciación y dejé mi Cuerpo en el pan y mi Sangre en el vino, quise, muy señaladamente, mirar al Padre y darle gracias anticipadas por el misterio que se iba a efectuar, de quedarme en la tierra encerrado en la Eucaristía.

Di gracias antes de consumar la unión única con el hombre, derivada de la unidad de Dios en su amor de predilección infinita y he dejado en la liturgia, como deber en el sacerdote, que antes de consagrar, al mirar al Padre, con aquella mirada pura y santa que ya he explicado, dé gracias con toda su alma, se derrita en gratitud hacia el Padre, antes de la consagración de las especies.

!Adelantar la gratitud ¡Oh, si eso hicieran las almas presa de amor hacia mi Padre, como lo estaba mi corazón!

Y todo esto no lo hice al acaso, sino con un fin de caridad, como siempre; con el santo fin de enseñar a mis sacerdotes,que serían otros Yo, la manera práctica, a la vez que divina e íntima, de complacer a mi Padre.

Deben mis sacerdotes asemejarse a mi Corazón en su manera íntima de sentir, sobre todo, respecto de mi Padre celestial, una sola cosa Conmigo y con el Espíritu Santo.  Asimilados a Mí en su fe, en su confianza y en su gratitud, con estas tres cualidades, todo lo que pidan mis sacerdotes se les concederá. Si son otros Yo, si están transformados en Mí, harán en mi nombre cosas mayores de las que Yo hice. Pero deben ser otros Yo, y adelantarse en su gratitud, siempre, siempre; que esto es adelantar la fe, sancionar la fe en una esperanza cierta, con una ilimitada confianza, que nace del amor.

Y ¿saben por qué adelantaba Yo la gratitud hacia Dios, por qué quiero que mis sacerdotes hagan suya esta hermosa práctica? -Para expiar la poca gratitud de las almas cuando reciben mis beneficios.  ¡Qué contados son los que guardan en su alma el recuerdo de mis favores!  ¡Qué difícil para tantos corazones egoístas guardar gratitud al Dios a quien todo se lo deben! 

Por eso, para expiar esa indiferencia glacial de mis beneficios, doy gracias al Padre todos los días y en todas las misas de la tierra, por conducto de mis sacerdotes; adelanto a la Majestad infinita mis acciones de gratitud, y levanto mi alma y mis ojos, en ellos, hacia el cielo, reparando las ingratitudes del mundo y -¿quién lo creyera? también ¡ay! las de los que se llaman Míos...

Porque también hay, entre mis sacerdotes, ingratos: también hay quien no tan sólo olvide, sino aun quien rechace mis favores. Y por ellos también agradecí a mi Padre por adelantado los beneficios futuros para ellos, las delicadezas sin nombre, los favores ocultos, las distinciones y predilecciones no correspondidas.



Y por eso mis actos de gratitud constantes en la Misa, en el acto más solemne de la tierra; ese acto de continua gratitud que no quise dejar de hacer por el mérito infinito que contiene, para suplir, primero, las ingratitudes de mis sacerdotes y religiosos; y después, las de todas las almas, que ni aprecian en su valor ni agradecen los beneficios de Dios.

Yo nada hice en la tierra que no tuviera extensión universal, un fin santo de caridad en bien de la humanidad entera. Soy el Redentor, soy el Reparador, soy la Víctima santa que voluntariamente se inmola, para cubrir las deficiencias y suplir las faltas de gratitud en la tierra.

Y el adelantarse a dar gracias, no es con el fin de comprometer, por decirlo así, a mi Padre, para hacer el favor; es para mostrarle el acto de fe que cree en su Poder; de esperanza o de confianza que está cierta de conseguir de la Bondad infinita lo que pide, de amor, porque la gratitud es amor, es reverencia, es adoración y encierra muchas virtudes.

Me quejo de muchos sacerdotes porque estos actos de gratitud en la Misa los hacen maquinalmente, sin penetrarse de su grandeza, de su solemnidad, y de su fin. Me quejo, porque apenas se dan cuenta, por su prisa y apresuramiento, de lo que dicen y de lo que hacen, y pierden de vista a mi Padre, y atropelladamente celebran la Misa y no piensan ni reflexionan ni agradecen lo que Yo obro por su medio en la sublimidad del sacrificio, en lo grandioso del acto salvador, glorificador y expiatorio, que hacen en mi nombre.

Por eso les llamo la atención sobre ciertos puntos esenciales y descuidados que me lastiman. Hay mucha ingratitud en el mundo; es el defecto capital de los corazones, y lo ha sido siempre. De aquellos leprosos del Evangelio sólo uno manifestó gratitud a mis beneficios. Y en mis sacerdotes, también hay ingratitud, y mucha en muchos, y hay que ponen un hasta aquí en este punto tan doloroso para mi Corazón amante.

Y no sólo quiero esta acción de gracias a mi Padre por el beneficio sin precio que va a operarse en el altar; quiero Yo, en mis sacerdotes transformados en Mí, esa acción de gracias en todos los actos principales de su vida y de su ministerio. Y a mi imitación, cuando el Espíritu Santo les inspire algún beneficio, que sobrenaturalicen sus actos y hagan que Yo en ellos, y a mi Padre en Mí, derramemos por su conducto esos favores.

Que entonces dan gracias anticipadas con fe viva, esperanza cierta, caridad ardiente, y aguarden la hora de Dios, que sin duda llegará por medio del que me representa, del sacerdote otro Yo, transformado en Mí.

Eso pido hoy, gratitud, que como digo, muy poca hay en el mundo, y es de todo punto necesaria en los míos, para que haya el equilibrio de la caridad.


Cosas Extraordinarias en la Vida de San Francisco de Asís (4 de octubre)


Uno de los santos más influyentes de la historia.


Francisco de Asís fue un hombre que asombró e inspiró a la Iglesia por llevar el evangelio, literalmente, no en un sentido fundamentalista estrecho, sino a todo lo que Jesús dijo e hizo, con alegría sin límites y sin un sentido de auto-importancia.




Es quizás uno de los santos históricos más revolucionarios y más admirados, que se expresó básicamente en su vda y obras y no en sus escritos, ya que de esto hizo poco.


SU VIDA ANTES DE LA CONVERSIÓN

En 1182, Pietro Bernardone regresó de un viaje a Francia para descubrir que su esposa había dado a luz a un hijo. Lejos de estar excitado o pedir disculpas porque había estado fuera, Pietro estaba furioso porque ella lo había bautizado Giovanni como Juan el Bautista.

Lo último que quería Pietro era que su hijo fuera un hombre de Dios; quería un hombre de negocios, un comerciante de telas como él, y en particular quería un hijo que reflejara su enamoramiento con Francia. Así que cambió el nombre de su hijo por Francesco – que es el equivalente de llamarlo francés.

Francisco disfrutó de una muy rica y fácil vida debido a la riqueza de su padre y la permisividad. Desde el principio todo el mundo amaba a Francisco. Él estaba constantemente feliz, encantador, y un líder nato. Si era exigente, la gente lo excusaba. Si estaba enfermo, la gente se hacía cargo de él. Si él era tan soñador que le iba mal en la escuela, a nadie le importaba. Nadie trató de controlarle o enseñarle.

Cuando creció, Francisco se convirtió en el líder de un grupo de jóvenes que pasaban sus noches en fiestas salvajes. Tomás de Celano, su biógrafo que lo conocía bien, dijo:
“Por lo demás, un joven exquisito, que atrajo a sí mismo todo un séquito de jóvenes adictos al mal y acostumbrados al vicio”.

Francisco mismo dijo: “Yo vivía en el pecado” durante ese tiempo.

Francisco cumplió cada esperanza de Pietro – incluso enamorarse de Francia. Amaba las canciones de Francia, el romance de Francia, y especialmente los trovadores aventureros de Francia que vagaban por Europa.

Y a pesar de su sueño, Francisco también era bueno en los negocios. Pero Francisco quería más que la riqueza. Sino la santidad.

Francisco quiso ser un noble, un caballero. La batalla era el mejor lugar para ganar la gloria y el prestigio que anhelaba. Él consiguió su primera oportunidad cuando Asís declaró la guerra a su enemigo de toda la vida, la cercana ciudad de Perugia.

La mayor parte de las tropas de Asís fueron masacradas en la lucha. Sólo aquellos lo suficientemente ricos como para esperar a ser rescatados fueron hechos prisioneros.

Fue encadenado en un duro, oscuro calabozo. Todas los cuentos dicen que nunca perdió su manera feliz en ese lugar horrible. Finalmente, después de un año en la cárcel fue rescatado. Extrañamente, la experiencia no le pareció cambiar. Se entregó a las fiestas con mucha alegría.

La experiencia no cambió lo que quería de la vida, o sea: Gloria. Por último, un llamamiento a caballeros para la Cuarta Cruzada le dio la oportunidad de su sueño.Pero antes de irse Francisco tenía que tener una armadura y un caballo – no había problema porque era el hijo de un padre rico. Y no cualquier armadura quería sino una decorada con oro con una magnífica capa.

Pero Francisco no llegó más lejos que el viaje de un día de Asís. Allí tuvo un sueño en el que Dios le dijo que hacía todo mal y le dijo que regresara a casa. Y lo hizo.

El chico que quería nada más que ser querido fue humillado, fue llamado cobarde por el pueblo y causó estragos a su padre por el dinero gastado en la armadura .


LA CONVERSIÓN DE FRANCISCO

La conversión Francisco no sucedió durante la noche. Dios lo había esperado durante veinte y cinco años. Francisco comenzó a pasar más tiempo en oración. Se fue a una cueva y lloró por sus pecados. A veces Dios lo abrumó con alegría.

Un día, mientras viajaba por el campo, Francisco, el hombre que amaba la belleza, que era tan exigente con la comida, que odiaba la deformidad, se encontró cara a cara con un leproso. Repelido por la apariencia y el olor del leproso, Francisco, sin embargo, saltó de su caballo y besó la mano del leproso. Con su beso le fue devuelta la paz y Francis se llenó de alegría. Cuando él se marchaba, se dio la vuelta para una última mirada, y vio que el leproso había desaparecido. Él siempre consideró como una prueba de Dios, que había pasado.

Su búsqueda de la conversión lo llevó a laantigua iglesia de San Damián. Mientras oraba allí, oyó a Cristo en la cruz hablar con él, “Francisco, repara mi iglesia.”

Francisco supone que esto significaba la iglesia, el edificio en ruinas. Tomó la tela de la tienda de su padre y la vendió para obtener dinero para reparar la iglesia.Su padre vio esto como un acto de robo – y puso junto la cobardía de Francisco, la pérdida de dinero, y su creciente desinterés por el dinero, haciendo a Francisco parecer más como un loco que su hijo. Pietro arrastró a Francisco ante el obispo y en frente de todo el pueblo exigió que Francisco devolviera el dinero y renunciara a todos los derechos de heredero.

El obispo fue muy amable con Francisco; él le dijo que regresara el dinero y dijo que Dios proveería. Eso fue todo los que Francisco necesitaba oír. Él no sólo devolvió el dinero, sino que se despojó de toda su ropa – la ropa que su padre le había dado – hasta llevar sólo un cilicio.

En frente de la multitud que se había reunido, dijo,
“Pietro Bernardone ya no es mi padre. A partir de ahora puedo decir con total libertad, ‘Padre nuestro que estás en los cielos.”

Usando nada más que trapos desechados, se fue al bosque helado y cantaba. Y cuando los ladrones lo golpearon y tomaron sus vestidos, salió de la zanja y se fue a cantar de nuevo. A partir de entonces Francisco no tenía nada … y todo.


LA VIDA E IDEAS RELIGIOSAS DE SAN FRANCISCO

Francisco se volvió a lo que él consideraba el llamado de Dios. Rogó a las piedras y reconstruyó la iglesia de San Damián con sus propias manos, sin darse cuenta de que era la Iglesia con mayúsculas que Dios quería reparar.

El escándalo y la avaricia estaban operando en la Iglesia desde el interior, mientras que las herejías fuera florecían apelando a los anhelos de algo diferente.

Pronto Francisco comenzó a predicar. Nunca fue sacerdote, aunque más tarde fue ordenado diácono.
Francisco no era un reformador; predicó acerca de regresar a Dios y la obediencia a la Iglesia. Francisco debe haber sabido acerca de la decadencia en la Iglesia, pero él siempre mostró a la Iglesia y a su gente su máximo respeto. Cuando alguien le habló de un sacerdote que vivía abiertamente con una mujer y le preguntó si eso significaba que la misa estaba contaminada, Francisco se fue al sacerdote, se arrodilló ante él y le besó las manos, porque esas manos las habían consagrado Dios.

Lentamente llegaron compañeros hasta Francisco, personas que querían seguir su vida de dormir a la intemperie, rogando por basura para comer … y amar a Dios.

Con compañeros, Francisco sabía que ahora tenía que darle algún tipo de sentido a esta vida, por lo que abrió la Biblia en tres lugares.
Leyó el llamado al joven rico de vender todos sus bienes y dalo a los pobres, la orden a los apóstoles que no llevaran nada en su viaje, y la exigencia de tomar la cruz de cada día.

“Esta es nuestra regla”, dijo Francisco, tan simple y tan aparentemente imposible, como eso. Iba a hacer lo que creía posible, vivir según el Evangelio. Francisco tomó estos llamados tan literalmente que corrió después de que un ladrón robara su capucha y le ofreció su túnica.

Francisco nunca quiso fundar una orden religiosa, este pensamiento le sonaba demasiado militar. Pensó en lo que estaba haciendo como la expresión de la fraternidad de Dios.

Sus compañeros vinieron de todas las clases sociales,desde los campos y pueblos, la nobleza y la gente común, las universidades, la Iglesia y la clase mercantil. Francisco practicaba la verdadera igualdad, mostrando el honor, el respeto y el amor a cada persona tanto si eran mendigo o el papa.
La hermandad de Francisco incluyó a toda la creación de Dios. Mucho se ha escrito sobre el amor de Francisco a la naturaleza pero su relación era más profunda que eso. Francisco realmente sentía que la naturaleza, todas las creaciones de Dios, eran parte de su hermandad. El gorrión era tanto su hermano como el Papa.

En una historia famosa, Francisco predicó a cientos de aves sobre ser agradecidos a Dios por sus ropas maravillosas, por su independencia, y por el cuidado de Dios. La historia nos dice que las aves se detuvieron mientras caminaba entre ellas, sólo volando cuando dijo que podían irse.

Otra historia famosa implica un lobo que había estado comiendo seres humanos. Francisco intervino cuando el pueblo quería matar al lobo y habló al lobo de no matar de nuevo. El lobo se convirtió en favorito de la gente del pueblo que se aseguró de que él siempre tuviera mucho para comer.

Francisco y sus compañeros salieron a predicar de dos en dos. En un primer momento, los oyentes eran comprensiblemente hostiles a estos hombres en harapos que trataban de hablar del amor de Dios. La gente incluso corría de ellos por miedo a que los capturara esta extraña locura.

Y tenían razón. Porque pronto esta misma gente se dio cuenta que estos mendigos descalzos parecían llenos de alegría constante. Celebraban la vida. Y la gente tenía que preguntarse a sí misma: ¿Podría la propia nada hacerlo feliz? Pronto los que los habían expuklsado con lodo y piedras, les saludaban con campanas y sonrisas.

Francisco no trató de abolir la pobreza, intentó santificarla. Cuando sus hermanos se reunían con alguien más pobre que ellos, ellos ansiosamente les daban la manga de su hábito a la persona.

Trabajaban para todas las necesidades y sólo suplicaban si tenían que hacerlo. Pero Francisco no quiso dejarlos aceptar dinero. Les dijo de tratar a las monedas como si fueran piedras en el camino.

Cuando el obispo mostró horror ante la dura vida de los frailes, Francisco dijo: “Si tuviéramos alguna posesiones deberíamos necesitar armas y leyes para defenderlas”.

También, Francisco razonó, ¿qué podrían hacerle a un hombre que es dueño de nada? No se puede matar de hambre a un hombre que ayuna, no se puede robar a alguien que no tiene dinero, no se puede arruinar a alguien que odia el prestigio. Eran verdaderamente libres.

Francisco era un hombre de acción. Su simplicidad de la vida se extendió a las ideas y los hechos. Si había una manera simple, no importa lo imposible que pareciera, Francisco la pacticaría.

Así que cuando Francisco quiso la aprobación de su hermandad, se fue directo a Roma para ver al Papa Inocencio III.

Puedes imaginar lo que el Papa pensó cuando este mendigo se acercó a él. Él no los consideró. Pero cuando tuvo un sueño que este pequeño hombre en harapos levantó la inclinación de la basílica de Letrán,rápidamente llamó Francisco y le dio permiso para predicar.

Otro ejemplo de su franqueza llegó cuando decidió ir a Siria para convertir a los musulmanes, mientras que la quinta cruzada se estaba librando. En el medio de una batalla, Francisco decidió hacer lo más sencillo e ir directamente al sultán para hacer la paz.
Cuando él y su compañero fueron capturados, el verdadero milagro fue que no murieran. En su lugar Francisco fue llevado al sultán que estaba encantado por Francisco y su predicación. Él le dijo a Francisco: “Me gustaría convertirme a su religión, que es un hermosa. Pero ambos seríamos asesinados”

Francisco encontró la persecución y el martirio, no entre los musulmanes, sino entre sus propios hermanos. Cuando regresó a Italia, estuvo en una hermandad que había crecido a 5.000 miembros en diez años. La presión vino de fuera para controlar este gran movimiento, para que se ajustaran a las normas de los demás. Su sueño de radical de la pobreza era demasiado duro, decía la gente.

Finalmente renunció a la autoridad en su orden y probablemente no estaba demasiado molesto por eso. Ahora no era más que otro hermano, como siempre había querido.


LOS AÑOS FINALES

Los años finales de Francisco estuvieron llenos de sufrimiento, así como de humillación.

Orando para compartir la pasión de Cristo tuvo una visión, donde recibió los estigmas, las marcas de los clavos y de la lanza que Cristo sufrió en su propio cuerpo.

Los años de la pobreza y vagabundeo habían hecho a Francisco un enfermo. Cuando empezó a quedar ciego, el Papa ordenó que sus ojos fueran operados. Esto significó la cauterización de la cara con un hierro caliente.

Francisco habló con el “Hermano Fuego”:

“Hermano Fuego, el Altísimo te ha hecho fuerte y hermoso y útil. Se cortés a mí ahora en esta hora, porque yo siempre te he amado, y templa el calor para que lo pueda soportar”.

Y Francisco informó que el hermano fuego había sido tan amable que no sintió nada en absoluto.

¿Cómo Francisco respondió a la ceguera y al sufrimiento? Ahí fue cuando escribió su bello Cántico del Sol que expresa su hermandad con la creación para alabar a Dios.

Francisco nunca se recuperó de esta enfermedad. Murió el 4 de octubre 1226 a la edad de 45 años.
Al final cantó el Salmo 141 “Alabado seas, Señor, por nuestra hermana la muerte”, y le preguntó a su superior para quitarse la ropa cuando llegara la última hora y expirar desnudo sobre la tierra, a imitación de su Señor.

Francisco de Asís era tan pobre para poder ser como Cristo. Reconoció la creación como una manifestación más de la belleza de Dios. 

Hizo gran penitencia (disculpando al “Hermano cuerpo”, más adelante en la vida) para que fuera totalmente disciplinado por la voluntad de Dios.

Su pobreza tenía una hermana, la humildad, por la que se refería en total dependencia del buen Dios.
Todo esto era el corazón de su espiritualidad:vivir la vida evangélica, resumida en la caridad de Jesús y perfectamente expresado en la Eucaristía.

Francisco es considerado el fundador de todas las órdenes de franciscanos y el santo patrono de los ecologistas, comerciantes, animales e Italia.


FUENTE: Material preparado y publicado por la web forosdelavirgen.org


MIL MÁXIMAS DE DON BOSCO - ENTREGA 13

MIL MÁXIMAS DE DON BOSCO






PROVIDENCIA

759 ¡Somos insignificantes!. Es conveniente dejar todo en las manos del Señor. Él, que lo permite todo, sabrá destruir los perversos designios de los perseguidores. Entre tanto, recemos y no temamos. (VI, 691).

760 Evitad, al oir la Palabra Divina, las sugestiones del demonio, que os engaña diciendo: "esto lo dice por fulano, aquello por zutano". (BAC. 673).

761 La Divina Providencia se encargará de tomar a su debido tiempo la defensa de los inocentes. (II, 536).

762 Hagamos nosotros todo lo que esté a nuestro alcance y el Padre de la Divina Misericordia suplirá lo que falte. (II,
534).

763 Dios no abandona a ninguno; quien a Él recurre con el corazón limpio del pecado y con la oración bien hecha, obtendrá todo lo que necesite. (V, 160).

764 Contentémonos con poco, dejemos lo bello y lo cómodo, y seremos bien vistos y ayudados por la Divina Providencia (IV, 473).

765 Cuando sepamos ahorrar aún el centavo, no desperdiciando sin necesidad o inútilmente, la Divina Providencia estará dispuesta a ayudarnos. (V, 671).

766 Pongámonos en las manos de Dios con toda confianza, recemos y todo saldrá bien. (V, 850).

767 Tengo la siguiente norma para todas mis empresas. Primero busco el bien que redunde a la mayor gloria de Dios y a la salvación de las almas; y luego, sigo adelante con seguridad; el Señor nunca dejará faltar su divina asistencia.
(VI, 586).

768 Me consta por experiencia que en las dificultades y persecuciones, cuanto más faltan los medios humanos, tanto más ayuda Dios. (VII, 319).

769 Si nosotros comenzamos a atesorar y guardar, la Providencia nos vuelve las espaldas. (X, 99).

770 Confío siempre ilimitadamente en la Divina Providencia, que quiere ser respaldada por nuestros esfuerzos. (XI, 55).

771 El Señor en las grandes necesidades proporciona grandes ayudas. (XIII, 626).

772 Me preguntáis ¿qué hay que hacer para conseguir la ayuda de la Divina Providencia?. Dios mismo lo dice: "Dad y se os dará, la fe sin buenas obras es una cosa muerta". (XVII, 893).

PRUDENCIA

773 Sé severo contigo mismo y benévolo en juzgar a los demás. (P.M.5).

774 Sed prudentes al juzgar. (IV, 439).

775 Reguláos siempre, de tal manera, que en cualquier momento que llegue la muerte, os encuentre preparados. (XII, 608).

776 No se tome ninguna resolución sin haber pedido antes consejo. (XI, 300).

777 Cuando estéis excitados no toméis ninguna resolución. (XI, 515).

778 No existe ninguna ventaja material que pudiera compensar un solo daño moral. (V, 556).

779 Los defectos ajenos hay que soportarlos, aunque fueran en nuestro perjuicio. (XIII, 880).

780 ¿Sabes lo que te hace falta para salvar tu alma?. Un poco de buena voluntad. (P.M.41).

781 En las cosas de gran importancia, como sería la elección de estado, consultad siempre al Confesor. El Señor dice que el que lo oye, escucha la voz del mismo Dios. (III, 94).

782 No tengas por amigo a quien te alabe. (III, 617).

783 Olvida los favores hechos, pero no los recibidos. (III, 617).

784 Trata de aprender aquellas cosas de las cuales no tengas que arrepentirte en tu vejez. (VII, 581).

785 El superior debe tener tres cualidades especiales: 1º. Siempre dispuesto a perdonar; 2º Parco en castigar; 3º. Pronto en olvidar. (VIII, 446).

786 Para evitar rivalidades y hostilidades debo tener el método que siempre he seguido hasta el presente: hacer sin hablar. (IX, 391).

787 Creedme que es una gran fortuna aprender con experiencias ajenas. Tener que aprender por experiencia propia es una desgracia. (XII, 365).

788 Las innovaciones deben introducirse poco a poco, casi insensiblemente. (XII, 385).

789 El pasado debe ser maestro del futuro. (XII, 800).

790 Usemos la prudencia de la serpiente tratando de salvar almas, sosteniendo inviolablemente los buenos principios, respetando y respaldando a las personas. (XIII, 618).

791 El hombre honesto, cuando no se le cree, debe guardar silencio riguroso. (XIV, 175).

792 Solamente en caso de inmoralidad deben ser inexorables los superiores. Es mejor correr el riesgo de alejar de la Casa a un inocente, que retener a un escandaloso. (XVII, 112).

793 Somos hombres y tenemos que obrar humanamente. (XVII, 201).

794 Recordad que no basta saber las cosas, sino hay que practicarlas. (XVII, 630).

795 Preocupáos de lo que el Señor podrá pensar de vosotros y no de aquello que, ya sea en bien, ya sea en mal, digan de vosotros los hombres. (XVIII, 329).

796 Si queremos que prosperen nuestros intereses espirituales y materiales, hagamos primeramente prosperar los intereses de Dios... con nuestras limosnas. (XVIII, 509).


PUREZA

797 Cuando un sacerdote vive casto y puro, llega a ser dueño de los corazones y es venerado por todos los fieles. (IX, 387).

798 Toda virtud en los niños es un precioso adorno que los hace amados de Dios y de los hombres. Pero la reina de todas las virtudes, la virtud angélica, la santa pureza, es un tesoro de tal precio, que los niños que la poseen serán semejantes a los ángeles del cielo. (BAC. 675).

799 La pureza es un diamante de gran valor; si ponéis un tesoro a la vista de un ladrón, corréis el riesgo de ser asaltados. (BAC. 676).

800 Los limpios de corazón verán a Dios. Por puros de corazón se entiende a los que si por desgracia pecaron, se levantan enseguida. (XVIII, 19).

801 Comenzad pronto a practicar la virtud y os aseguro que siempre tendréis el corazón alegre y contento, y conoceréis cuán dulce y suave es servir al Señor. (BAC. 670).

802 Para conservar la castidad es necesario trabajar y rezar. Si, oración y mortificación. (XII,468).

803 La virtud de la pureza es tan preciosa y tan agradable a Dios Ntro. Señor, que jamás ha dejado sin protección especial en todos los tiempos y circunstancias a los que la practican. (VII, 824).

804 La castidad es el adorno más bello del cristiano. (X, 1088).

805 El ocio y la castidad no pueden andar nunca juntos. (XIII, 801).

806 La castidad debe ser centro de todas nuestras acciones. (XII, 224).

807 Observando la pureza estáis seguros de caminar por el camino recto. Todas vuestras acciones, hasta las más pequeñas, serán agradables a Dios, de todas recabaréis inmensos méritos y estaréis ciertos de llegar al premio inmortal de la Patria Celestial,al pleno goce de Dios. (XII,224)

808 Si amáis esta virtud tan delicada, tan gentil, de la pureza, "seréis como los ángeles del cielo". Amando esta virtud tendréis el santo temor de Dios, la paz en el corazón; ya no habrá congojas ni remordimientos, sino un gran atractivo por las cosas que miran al servicio de Dios y disposición para sufrir todo por Él. (XII, 224).

809 La pureza debe ser el centro de todas nuestras acciones. En los tiempos presentes es necesaria una modestia a toda prueba y una gran castidad. (XII, 224).

810 Creo que se puede aplicar a la virtud de la pureza la frase de la Escritura: "Todos los bienes me vinieron con ella".
Teniéndola, se tendrán todas las demás virtudes. Las atrae a todas. No teniéndola se esfumarán todas las demás, como si no existieran, (XII, 224).

811 Rogad ardientemente al Señor que os conceda la virtud de la pureza y os la conserve, pues, teniéndola, no necesitaréis preocuparos más. Con la observancia de la pureza os vendrán del cielo todos los bienes y todos los consuelos. (XII, 224).

812 Reúne con frecuencia a los maestros, asis tentes, jefes de grupo y de paseo, y diles a todos que se esfuercen por impedir las conversaciones peligrosas, alejar todo escrito, estampas, "hic scientis est", y cualquier cosa que ponga en peligro la reina de las virtudes: la pureza. Den buenos consejos, usen la caridad con los chicos; conociendo algún muchacho peligroso para los compañeros, que te lo digan pronto y empléense las diligencias requeridas. (VII, 525).

813 Por ningún motivo se acepten muchachos expulsados de otro colegio, o que de cualquier modo conste que son de malas costumbres. Si a pesar de las debidas precauciones sucediera que entrara alguno de éstos, asígnenle inmediatamente un compañero seguro que no lo abandone jamás. Y si falta, avísale una vez con severidad, y si re incide, aléjalo del colegio. (XII, 526).

814 Esforzáos para alejar cualquier pensamiento que pudiera, aún remotamente, empañar la virtud de la pureza. Lo que más ayuda a conservarla íntegramente es la obediencia a Dios, porque estas dos virtudes, obediencia y pureza, se complementan la una con la otra, pues, conservando la exacta obediencia, se conserva también el inestimable tesoro de la pureza (XII, 224).

815 Nunca serás bastante severo en las cosas que ayudan a conservar la moralidad. (I, 153-4).

816 Recuerden los Directores que son responsables de la reputación de ellos mismos, de los hermanos y de los jóvenes. Los niños por ser pequeños no hablan, pero encontrándose después con los familiares platican y aumentan tal vez, hechos, con detrimento de nuestra buena fama y de la gloria de Dios. Ciertos actos inocentes de afecto hacia los jovencitos pueden ser empleados por el Superior, pero no por otros. (XVI, 416-7).

817 A todos les he estrictamente recomendado y vuelto a recomendar en la presencia de Dios y en la presencia de los hombres, el deber de cuidar la castidad de los Salesianos y de los que en cualquier modo o por cualquier concepto nos confía la Divina Providencia. (XVII, 268).
818 Ni por burla, ni por broma, ni por ninguna otra razón o pretexto, se pronuncien palabras que muevan a risa o resten estima o benevolencia hacia personas de otro sexo. Léase y hágase entender bien el significado de estas expresiones y dése explicaciones en distintas oportunidades. (XVII, 269).

819 Debes darte cuenta de modo particular qué relaciones morales existen entre maestros y asistentes, entre sí y con los alumnos a ellos confiados. (XVII, 260).

820 Nuestros oídos los hemos consagrado enteramente a Dios; así pues no escuches al que murmura o siembra descontento; desecha toda ma licia en tus conversaciones, y huye de las reuniones en donde el hablar, aunque no sea malo, sea ligero. (XII, 452).


MENSAJES DE MEDJUGORJE - 25 de Septiembre, 2 de Octubre


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje 

Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.

Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.

(http://www.medjugorje.ws)


Mensaje, 2 de octubre de 2015  - Mensagem dada a vidente Mirjana

Queridos hijos, aquí estoy entre vosotros para alentaros, para llenaros con mi amor y para invitaros nuevamente a ser testigos del amor de mi Hijo. Muchos de mis hijos no tienen esperanza, no tienen paz, no tienen amor. Ellos están buscando a mi Hijo, pero no saben cómo ni dónde encontrarlo. Mi Hijo les abre a ellos sus brazos, y vosotros ayudadlos a que lleguen a Su abrazo. Hijos míos, por eso debéis orar por el amor. Debéis orar mucho, mucho para que tengáis siempre más amor, porque el amor vence la muerte y hace que la vida perdure. Apóstoles de mi amor, hijos míos, con un corazón simple y sincero uníos siempre en oración por más lejos que estéis unos de otros. Animaos mutuamente en el crecimiento espiritual, como yo os animo a vosotros. Yo velo por vosotros y estoy junto a vosotros siempre que pensáis en mí. Orad también por vuestros pastores, por aquellos que han renunciado a todo por mi Hijo y por vosotros. Amadlos y orad por ellos. El Padre Celestial escucha vuestras oraciones. Os doy las gracias. ”


Mensaje 25 de septiembre de 2015 

Queridos hijos! También hoy oro al Espíritu Santo para que llene sus corazones con una fe firme. La oración y la fe llenarán su corazón de amor y de alegría, y ustedes serán una señal para aquellos que están lejos de Dios. Hijitos, exhórtense unos a otros a la oración con el corazón, para que la oración llene su vida, y ustedes, hijitos, cada día serán, sobre todo, testigos del servicio a Dios en la adoración y al prójimo en la necesidad. Yo estoy con ustedes e intercedo por todos ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís