FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

"CAMINAR CON LOS PADRES DE LA IGLESIA" - ENTREGA 3




Lecturas espirituales para el crecimiento en la fe

Con notas biográficas, comentarios de textos, índice de autores y tabla de lecturas para tiempos litúrgicos.

A los Delegados de la Palabra de Dios, catequistas, coordinadores y líderes comunitarios católicos de Nicaragua.

Equipo Teyocoyani
Acción Ecuménica para la Capacitación y Reflexión Teológica.
De la Rotonda de Metrocentro 150 mts. abajo
Teléfono 2786438 e-mail: teyocoya@tmx.com.ni

Diagramación: Elida Herrera

Ilustraciones: Hermanitas de Jesús

Con licencia eclesiástica
de Mons. David Zywiec O.F.M. Cap.


En las fuentes de la palabra de Dios


Las Sagradas Escrituras nos manifiestan los misterios de Dios
Del Tratado de San Hipólito, presbítero, Contra la herejía de Noeto.

Lectura bíblica: Jn 1, 1-18
San Hipólito (¿-235)

Desconocemos lugar y fecha de su nacimiento, aunque sabemos que fue discípulo de San Ireneo y compuso sus escritos entre los años 200 y 235 d.C. Es uno de los teólogos más antiguos de la Iglesia; fue presbítero en Roma y se opuso en asuntos doctrinales al Papa Calixto (217- 222), a quien reprochaba excesiva indulgencia con los pecadores. Una comunidad rebelde lo eligió Obispo de Roma en contra de Calixto y la división se mantuvo durante los pontificados de Urbano y Ponciano, hasta que el emperador Máximino (235-238) deportó a Hipólito junto con Ponciano a Cerdeña, “la isla de la muerte”, donde ambos, condenados a trabajos forzados, renunciaron al papado y se reconciliaron. Hoy se lesvenera juntamente como mártires.


Comentario
Este pasaje de San Hipólito nos introduce de lleno en el misterio del Dios creador, visible en la historia humana por medio de su Hijo Jesucristo y que nos recrea por el Espíritu Santo. Para conocer a Dios debemos familiarizamos con la Sagrada Escritura y por eso una de las principales
tareas de nuestra vida cristiana es profundizar en su conocimiento. “La Iglesia –nos dice el Concilio Vaticano II- ha venerado siempre las Escrituras como al cuerpo mismo de Cristo” (DV 21), porque a través de ella recibimos el sacramento de su palabra de vida.


Hay un único Dios, hermanos, que sólo puede ser conocido a través de las Escrituras santas. Por ello debemos esforzarnos por penetrar en todas las cosas que nos anuncian las divinas Escrituras y
procurar profundizar en lo que nos enseñan. Debemos conocer al Padre como él desea ser conocido, debemos glorificar al Hijo como el Padre desea que lo glorifiquemos, debemos recibir al Espíritu Santo como el Padre desea dárnoslo. En todo debemos proceder no según nuestro capricho ni según nuestros propios sentimientos ni haciendo violencia a los deseos de Dios, sino según los caminos que el mismo Señor nos ha dado a conocer en las santas Escrituras.

Cuando sólo existía Dios y nada había aún que existiera con él, el Señor quiso crear el mundo. Lo creó por su inteligencia, por su voluntad y por su palabra; y el mundo llegó a la existencia tal como él lo quiso y cuando él lo quiso. Nos basta, por tanto, saber que, al principio, nada existía junto a Dios, nada había fuera de él. Pero Dios, siendo único, era también múltiple. Porque con él estaba su sabiduría, su razón, su poder y su consejo; todo esto estaba en él, y él era todas estas cosas. Y, cuando quiso y como quiso, y en el tiempo por él mismo fijado de antemano, manifestó al mundo su Palabra, por quien fueron hechas todas las cosas.

Y como Dios contenía en sí mismo a la Palabra, aunque ella fuera invisible para el mundo creado, cuando Dios hizo oír su voz, la Palabra se hizo entonces visible; así, de la luz que es el Padre salió la luz que es el Hijo, y la imagen del Señor fue como reproducida en el ser de la criatura; de esta manera el que al principio era sólo visible para el Padre empezó a ser visible también para el mundo, para que éste, al contemplarlo, pudiera alcanzar la salvación.

El sentido de todo esto es que, al entrar en el mundo, la Palabra quiso aparecer como Hijo de Dios; pues, en efecto, todas las cosas fueron hechas por el Hijo, pero él es engendrado Únicamente por el Padre. 

Dios dio la ley y los profetas, impulsando a éstos a hablar movidos por el Espíritu Santo, para que, habiendo recibido la inspiración del poder del Padre, anunciaran su consejo y su voluntad.

La Palabra, pues, se hizo visible, como dice San Juan. Y repitió en resumen todo lo que dijeron los profetas, demostrando así que es realmente la Palabra por quien fueron hechas todas las cosas. Dice: 

Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Y más adelante: El mundo empezó por ella a existir; pero el mundo no la reconoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.


La palabra de Dios, fuente inagotable
de conocimiento y de vida

Del Comentario de San Efrén, diácono, sobre el Diatessaron
Lectura bíblica: Rm 11, 33-34; 1 Cor 2, 10 San Efrén (306-373)

De su inmensa obra teológica apenas nos quedan escasos fragmentos: escribió comentarios a todos los libros de la Sagrada Escritura y abundantes himnos litúrgicos. Poeta y teólogo, fue por excelencia el maestro de la Iglesia siria, de manera que se le llamó “profeta de los Sirios” y “arpa del Espíritu Santo”. Cuenta San Jerónimo que sus escritos se leían en las reuniones eucarísticas después de la Sagrada Escritura. Nació en Nísibis, al norte de Mesopotamia (hoy Irak) y se bautizó a los 18 años; pasó un tiempo dedicado a la oración entre los monjes del desierto y luego el obispo Jaime le ordenó de diácono, poniéndolo a cargo de su escuela teológica. Toda su vida se dedicó a la formación cristiana de adultos; murió en Edesa, donde fue consejero del obispo de aquella ciudad.

En 1920 el Papa Benedicto XV le declaró Doctor de la Iglesia, constituyéndolo así en maestro de la Iglesia universal.

Comentario

Hay quienes, tras leer por encima las Sagradas Escrituras o apenas conocer unos cuantos pasajes de memoria, pretenden no encontrar ya nada nuevo en ellas. San Efrén nos muestra aquí la actitud interior con que tendríamos que acercarnos a la Biblia: llenos de espíritu de humilde y perseverante búsqueda, con asombro ante sus maravillas y gratitud por sus enseñanzas e iluminaciones.


¿Quién hay capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le guste. Escondió en su palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrara su reflexión.


La palabra de Dios es el árbol de vida que te ofrece el fruto bendito desde cualquiera de sus lados, como aquella roca que se abrió en el desierto y manó de todos lados una bebida espiritual. Comieron –dice el Apóstol- el mismo manjar espiritual y bebieron la misma bebida espiritual.

Aquel, pues, que llegue a alcanzar alguna parte del tesoro de esta palabra no crea que en ella se halla solamente lo que él ha hallado, sino que ha de pensar que, de las muchas cosas que hay en ella, esto es lo único que ha podido alcanzar. Ni por el hecho de que esta sola parte ha podido llegar a ser entendida por él, tenga esta palabra por pobre y estéril y la desprecie, sino que, considerando que no puede abarcarla toda, dé gracias por la riqueza que encierra. Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar. El sediento se alegra cuando bebe y no se entristece porque no puede agotar la fuente.

La fuente ha de vencer tu sed, pero tu sed no ha de vencer la fuente, porque, si tu sed queda saciada sin que se agote la fuente, cuando vuelvas a tener sed podrás de nuevo beber de ella; en cambio, si al saciarse tu sed se secara también la fuente, tu victoria sería en perjuicio tuyo.

Da gracias por lo que has recibido y no te entristezcas por la abundancia sobrante. Lo que has recibido y conseguido es tu parte, lo que ha quedado es tu herencia. Lo que, por tu debilidad, no puedes recibir en un determinado momento lo podrás recibir en otra ocasión, si perseveras. Ni te esfuerces avaramente por tomar de un solo sorbo lo que no puede ser sorbido de una vez, ni te desmotives por pereza de lo que puedes ir tomando poco a poco.


Jesucristo es la Palabra viva del Padre

De las Instrucciones de San Columbano, abad
Lectura bíblica: Jn 7, 37-39 San Columbano (540-615)

Nació en Irlanda hacia el año 540 y murió en Italia en el 615. Fue monje misionero enamorado de la Biblia y en su madurez fundó una serie de monasterios en Francia, que irradiaron cultura y espiritualidad. Se opuso a la corrupción de la corte y del clero de Borgoña y enfrentó la oposición de los obispos franceses, viéndose obligado a recurrir al Papa Gregorio I. El rey Teodorico II lo echó de su territorio en 610, teniendo que huir hacia Suiza, donde misionó a una tribu germánica aún pagana. Forzado nuevamente a abandonar su territorio de misión, se encaminó hacia Italia, donde entre los años 612 y 614 fundó su último monasterio en Bobbio. San Columbano fue maestro en la fe de una Europa que, tras la caída del imperio romano, había retrocedido a la barbarie.

Comentario
Esta página exhorta a un amor ferviente y apasionado por Jesucristo, fuente y pan de vida. Amor que cuanto más recibe, más anhela y desea. Amor que nunca se sacia y siempre está dispuesto a crecer. “Hemos de desear siempre, hemos de buscar y amar siempre a aquel que es la Palabra de Dios”.

Escuchen, amados hermanos, mis palabras; escúchenlas bien, como si se tratara de algo que les es muy necesario; vengan a saciar su sed con el agua de la fuente divina de la que les voy a hablar; deseen este agua y no dejen que su sed se acabe; beban y no se crean nunca saciados; nos está llamando el que es fuente viva, el que es la fuente misma de la vida nos dice: El que tenga sed que venga a mí, y que beba.

Entiendan bien de qué bebida se trata: escuchen lo que, por medio de Jeremías, les dice aquel que es la misma fuente: Me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas -oráculo del Señor-. El mismo Señor, nuestro Dios Jesucristo, es la fuente de la vida, por ello nos invita a sí como a una fuente para que bebamos de él. Bebe de él quien lo ama, bebe de él quien se alimenta con su palabra, quien lo ama debidamente, quien sinceramente lo desea, bebe de él quien se inflama en el amor de la sabiduría.

Consideren de dónde brota esta fuente: brota de aquel mismo lugar de donde descendió nuestro pan; porque uno mismo es nuestro pan y nuestra fuente, el Hijo único, nuestro Dios, Cristo el Señor, de quien estamos siempre hambrientos. Aunque nos alimentemos de él por el amor, aunque lo devoremos por el deseo, continuemos hambrientos deseándolo.

Bebamos de él como si se tratara de una fuente, bebámoslo con un amor que nos parezca siempre capaz de crecer, bebámoslo con toda la fuerza de nuestros deseos y deleitémonos con la suavidad de su dulzura.

Pues el Señor es suave y es dulce; aunque lo hayamos comido y lo hayamos bebido, no dejemos de estar hambrientos y sedientos de él, pues este manjar jamás es totalmente comido, ni esta bebida jamás es agotada; aunque se le coma, jamás se consume; aunque se le beba, jamás se le agota, porque nuestro manjar es eterno y nuestra fuente perenne y siempre deliciosa. Por eso dice el profeta: Los que estén sedientos, vengan a la fuente, pues esta fuente es la fuente de los sedientos, no la de los que se sienten saturados; por ello, a aquellos que tienen hambre -que son aquellos mismos a quienes en otro lugar proclaman dichosos- los llama a sí y convoca a aquellos que nunca han quedado saciados de beber, sino que cuanto más beben, más sedientos se sienten.

Por eso, hermanos, hemos de desear siempre, hemos de buscar y amar siempre a aquel que es la Palabra de Dios, fuente de sabiduría, que tiene su asiento en las alturas, en quien, como dice el Apóstol, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia y que no cesa de llamar a los que están sedientos de esta bebida.

Si estás sediento, bebe de esta fuente de vida; si tienes hambre, come de este pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este pan y sed de esta fuente; estos hambrientos y sedientos, por mucho que coman y beban, siempre buscan saciar aún más plenamente su hambre y su sed.

Sin duda debe ser muy dulce aquel manjar y aquella bebida que por mucho que se coma y que se beba continúa aún deseándose y cuyo gusto no deja de excitar el hambre y la sed. Por ello dice el profeta rey: Gusten y vean qué dulce, qué bueno es el Señor.


Cómo leer y estudiar las Escrituras

De los Libros de las Sentencias de San Isidoro, obispo
Lectura bíblica: Pro 1, 20 – 2, 5 San Isidoro (560-636)

Nació en España y llegó a ser Arzobispo de Sevilla; fue una de las figuras más destacadas de su época y autor de muchísimos libros. Convocó y presidió varios concilios provinciales, de los que surgieron sabias orientaciones para la vida de la Iglesia.

Comentario
Esta densa página nos ofrece todo un sabio método de lectura bíblica: en primer lugar, aplicarnos a conocer y entender los textos sagrados; luego, meditarlos desde el corazón, buscando captar con todo nuestro ser su mensaje, y, por último, poner por obra sus enseñanzas. ¿De qué nos serviría leer y estudiar la Biblia, si no la ponemos en práctica? Tan sólo practicándola, podemos finalmente entenderla; necesitamos también “orarla”, pues sin el auxilio de Dios, su palabra permanece estéril.


La oración nos purifica, la lectura (de la Escritura) nos instruye; ambas cosas son buenas, si podemos practicarlas; si no podemos, hay que preferir la oración a la lectura.

El que quiera estar siempre unido a Dios debe orar y leer (la Escritura) con frecuencia. En efecto, cuando oramos, hablamos nosotros a Dios; cuando leemos, es Dios quien nos habla a nosotros.

De la lectura y la meditación deriva todo provecho. Con la lectura aprendemos aquello que ignoramos, con la meditación lo conservamos.

Una doble utilidad nos proporciona la lectura de la Sagrada Escritura: instruye nuestra mente y, además, nos aparta de las vanidades del mundo y nos conduce al amor de Dios.

Un doble objetivo hay que buscar en la lectura: en primer lugar, cómo hay que entender la Sagrada Escritura; en segundo lugar, cómo hay que predicarla a los demás con provecho y dignidad. Por esto, lo primero ha de ser el interés por entender lo que uno lee, para así estar en condiciones de comunicar lo que ha aprendido.

El lector prudente estará dispuesto a cumplir lo que lee, más que a saberlo, porque es menor la responsabilidad del que ignora a dónde se ha de dirigir, que la del que, sabiéndolo, no lo hace. Así como, al leer, nos esforzamos en saber, así también debemos poner por obra las cosas buenas que hemos aprendido leyendo.

Nadie puede conocer el sentido de la Sagrada Escritura si no se familiariza con ella, tal como está escrito: Conquístala, y te hará noble; abrázala, y te hará rico.

Cuanto más constante sea el trato con la palabra divina, más abundante será la comprensión de la misma; como la tierra, que, cuanto más se cultiva, tanto más fruto produce. Algunos tienen dotes naturales de inteligencia, pero descuidan la lectura sagrada; y así, por no dedicarse, se pierden todo
lo que hubieran aprendido si se hubiesen dedicado a la lectura. Otros, en cambio, tienen el deseo de saber, pero se ven obligados a luchar con sus pocas luces naturales; éstos, con todo, por su constancia en la lectura, llegan a saber lo que aquellos otros, por su flojera, no conocen.

Así como el que tiene una inteligencia retardada recibe el premio de su buena intención y de su esfuerzo, así también el que desprecia los dones de inteligencia que Dios le ha otorgado se hace reo de culpa, por no apreciar debidamente el don de Dios y haberlo dejado inactivo por flojera.

La doctrina, sin la ayuda de la gracia, aunque resuene en los oídos, nunca penetra el corazón; hace ruido por fuera, pero en nada aprovecha interiormente. En cambio, cuando la gracia de Dios toca interiormente el alma y le abre la inteligencia, entonces es cuando la palabra de Dios pasa desde los oídos a lo más íntimo del corazón.

HERMANA GLENDA - LETANÍAS A LA VIRGEN -







Señor ten piedad
Cristo ten piedad
Señor ten piedad
Cristo óyenos
Cristo escúchanos


Dios padre, dios hijo redentor del mundo

Dios espíritu santo trino
Y de la santa un solo dios
Ten piedad de nosotros.


Santa María
Ruega por nosotros
Madre de dios
Ruega por nosotros
Arca de la alianza
Ruega por nosotros
Hija de Sion
Ruega por nosotros

Side de la alianza
Ruega por nosotros
Llena eres de gracia ruega por nosotros
Mujer vestida de sol
Ruega por nosotros
Madre de Jesús
Ruega por nosotros

Virgen esposa y madre
Ruega por nosotros
Esposa de las bodas mesiánicas
Ruega por nosotros
Madre de los discípulos
Ruega por nosotros
Imagen de la iglesia
Ruega por nosotros


Madre de la paz
Ruega por nosotros
Madre de la sabiduría
Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría
Ruega por nosotros
Mediadora de todas las gracias
Ruega por nosotros


Salud de los enfermos
Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores
Ruega por nosotros
Consoladora de los tristes
Ruega por nosotros
Auxilio de las cristianos
Ruega por nosotros

Cordero de dios
Que quitas el pecado del mundo
Ten piedad de nosotros
Amen amen


Ten piedad de nosotros


CRISTO ES EL ALFA Y OMEGA ETERNO Y TOTAL 5 [RECOPILACIÓN]

Tomado de conocereisdeverdad.org

Christus heri et hodie, principium et finis, alpha et omega... «Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos» (Misal romano, preparación del cirio pascual).

El Verbo eterno, al hacerse hombre, entró en el mundo y lo acogió para redimirlo. Por tanto, el mundo no sólo está marcado por la terrible herencia del pecado; es, ante todo, un mundo salvado por Cristo, el Hijo de Dios, crucificado y resucitado. Jesús es el Redentor del mundo, el Señor de la historia. Eius sunt tempora et saecula: suyos son los años y los siglos. Por eso creemos que, al entrar en el tercer milenio junto con Cristo, cooperaremos en la transformación del mundo redimido por él. Mundus creatus, mundus redemptus.

Desgraciadamente, la humanidad cede a la influencia del mal de muchos modos. Sin embargo, impulsada por la gracia, se levanta continuamente, y camina hacia el bien guiada por la fuerza de la redención. Camina hacia Cristo, según el proyecto de Dios Padre.

«Jesucristo es el principio y el fin, el alfa y la omega. Suyo es el tiempo y la eternidad»




Pentecostés, punto de partida de la misión de la Iglesia

Imagen tomada de ubugingo.com
La tarde del día de su resurrección, Jesús, apareciéndose a los discípulos, «sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”» (Jn 20, 22). El Espíritu Santo se posó sobre los Apóstoles con mayor fuerza aún el día de Pentecostés: «De repente un ruido del cielo –se lee en los Hechos de los Apóstoles–, como el de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno» (2, 2-3).

El Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, revistiéndolos de una fuerza que los hizo audaces para anunciar sin miedo: «¡Cristo ha muerto y ha resucitado!». Libres de todo temor comenzaron a hablar con franqueza (cf. Hch 2, 29; 4, 13; 4, 29.31). De pescadores atemorizados se convirtieron en heraldos valientes del Evangelio. Tampoco sus enemigos lograron entender cómo hombres «sin instrucción ni cultura» (cf. Hch 4, 13) fueran capaces de demostrar tanto valor y de soportar las contrariedades, los sufrimientos y las persecuciones con alegría. Nada podía detenerlos. A los que intentaban reducirlos al silencio respondían: «Nosotros no podemos dejar de contar lo que hemos visto y oído» (Hch 4, 20). Así nació la Iglesia, que desde el día de Pentecostés no ha dejado de extender la Buena Noticia«hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8).

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

TODO ME HABLA DE TI - 16



En este video presento a las aves de granja de mis vecinos que suelen visitar la parte trasera de mi pequeño jardín. Fue un día de lluvia, y como claramente se ven en los clip, estos pollos y las gallinas se quedaron apenas bajo unas pencas de palma decorativa a esperar el fin de la lluvia .... 

Narcisa

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 38-42 - JULIO 17 DE 2016


Padre Jorge Estrada Rodrigues,
Párroco Iglesia San Nicolás de Bari

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42


En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”. 

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.


Palabra del Señor.

ARRAIJANEÑOS VIAJAN A CRACOVIA PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD





Cuatro jóvenes de Arraiján viajaron hoy a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2016, que se realizará en Cracovia (Polonia) desde el 26 hasta el 31 de Julio, 



Peregrinos de la Parroquia San Nicolás de Bari.

1.Wilfredo De León

Templo San Nicolás de Bari
Arraiján
Pastoral juvenil Dejando Huellas.


2. Angel Pérez
Templo San Martin de Porres
Burunga
Catequista de confirmación


3. Jessie Ábrego

Templo San Martin de Porres de Burunga
Catequista de confirmación
Pastoral juvenil San Martín de Porres


4. Romario Hernández

Templo santa Gemma Galgani
Nuevo Chorrillo
Pastoral juvenil Maranatha
Monaguillos

En nombre del blog Sacerdote Eterno (autora y editor) deseamos felicitar a los 4 jóvenes que representan a mi comunidad católica de Arraiján y en general, a la delegación panameña. Ruego al Señor que los colme de gracias  y bendiciones para que sean llevados a cumplir con sus metas que el Señor les pide. Siento alegría por ellos. 


EL HIMNO AKATHISTOS


ACATISTO (del griego «que no está sentado»): Himno cantado de pie.

El Akathistos a la Madre de Dios es el primer y más conocido de los acatistos. Durante el año litúrgico, entre los católicos, el himno acatisto se canta solemnemente el quinto sábado de Cuaresma. Entre los ortodoxos las estrofas del acatisto se distribuyen en los cuatro primeros viernes de Cuaresma. El quinto sábado de la Gran Cuaresma (viernes por la tarde en la liturgia) en todas las iglesias ortodoxas se canta el himno «acatisto» entero por la gloria de la Madre de Dios, pidiéndole protección y fuerza a los fieles para terminar bien la carrera del ayuno.


El himno acatisto se repite en muchas otras ocasiones, su uso se recomienda a la piedad de los clérigos, de los monjes y de los fieles. Se le considera como obra maestra literaria y teológica que presenta bajo la forma de una oración, la fe común y universal de la Iglesia primitiva acerca de la Virgen María.


Las dos primeras estrofas son una meditación sobre los Evangelios de la Infancia, desde el relato de la Anunciación hasta el encuentro con Simeón. Las dos últimas estrofas despliegan el misterio de la maternidad de María, Virgen y Madre.





Por ti, oh Madre de Dios, vencedora en la lucha, entonamos los tuyos este canto de triunfo y también damos gracias al que te ha protegido de ser presa del mal; pero Tú, fuerte como nadie, nos librarás de todos los peligros, y así aclamaremos: ¡Salve, Virgen y Esposa! El Ángel bajó de los Cielos trayendo un encargo: decir “Ave” a la Madre de Dios. Viéndote en Ella hecho hombre, Señor, extasiado, con gozo a la Madre exclamó: Salve, por Ti resplandece la dicha; Salve, por Ti el dolor se termina; Salve, socorro de Adán el caído; Salve, rescate del llanto de Eva. Salve, ideal encumbrado a la mente humana; Salve, abismo profundo que el Ángel admira; Salve, Tú misma resultas el Trono del Rey; Salve, Tú llevas a Aquél que todo sostiene. Salve, oh Estrella que al Sol se adelanta; Salve, oh Seno en el cual Dios se encarna; Salve, por Ti la creación se renueva; Salve, por Ti el Creador se hace Niño. Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa. Bien sabe María que es Virgen intacta; por eso, serena, responde a Gabriel: “Tu extraño mensaje resulta un enigma en mi alma: predices el raro embarazo de un vientre de Virgen, exclamando: Aleluya”.

Buscaba María luz para el misterio, insistiendo al enviado divino: “¿Acaso mi seno de Virgen podrá dar como fruto ese Niño? ¿Cómo? ¡Dímelo!” Y él, reverente, así la aclamó:

Salve, iniciada en el alto designio; Salve, oh prueba de arcano misterio; Salve, prodigio primero de Cristo; Salve, oh compendio que ofrece Jesús. Salve, pendiente de gracia que baja el Eterno; Salve, subida que llevas los hombres al Cielo; Salve, portento que cantan los ángeles buenos; Salve, espanto sentido por todo el infierno. Salve, la Luz inefable alumbraste; Salve, el “cómo” a ninguno enseñaste; Salve, la ciencia del docto trasciendes; Salve, al fiel iluminas la mente. Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa. El poder del Altísimo la cubrió con su Sombra, y fue Madre la Virgen sin dejar su inocencia; y este seno que estaba sin fruto vino a ser como un campo muy fértil para todo el que quiera cosechar salvación cantando: Aleluya.

El Señor en su vientre, con premura, María, caminó y saludó a Isabel; y el pequeño que la anciana llevaba en su seno escuchó esa voz virginal, exultó y saltando de gozo a la Madre aclamaba: Salve, oh brote del Tronco no extinto; Salve, oh campo de fruto tan bueno; Salve, al buen Arador tú cultivas; Salve, das vida al Autor de la vida. Salve, Tú campo cargado de misericordia; Salve, Tú mesa que sirve perdón abundante; Salve, Tú eres un parque sin fin de delicias; Salve, Tú das a los fieles refugio y descanso; Salve, incienso de grata plegaria; Salve, rescate que a todos redime; Salve, sonrisa de Dios hacia el hombre; Salve, respuesta del hombre hacia Dios. Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

Con el alma agitada el turbado José no alcanza a salir de su gran desconcierto. Sin embargo, sabiéndote pura, imagina que hubo esponsales secretos, oh Purísima. Pero al ver que eras Madre por obra del Espíritu Santo, Aleluya.

Los pastores oyeron el angélico himno al Señor que hecho carne se muestre. Corriendo a mirar al Pastor lo ven, Corderito inocente, mamar de la Virgen y elevan a Ella su canto: Salve, al Cordero y Pastor engendraste; Salve, redil para el nuevo rebaño; Salve, barrera que frena las fieras; Salve, del Cielo nos abres la puerta. Salve, por Ti con la Tierra se alegran los Cielos; Salve, por Ti con los Cielos festeja la Tierra; Salve, Palabra incesante en los predicadores; Salve, Ardor indomable en el alma del mártir. Salve, firmísima base del credo; Salve, oh signo Lucero de gracia; Salve, por Ti es desnudado el infierno; Salve, por Ti nos vestimos de gloria. Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa. Vieron unos magos la estrella brillante que hacia Dios pasaba. Su fulgor siguieron, y así, aferrados a esta antorcha de luz con ella encontraron al Dueño, al Señor, y alcanzando al Dios inasible felices lo aclaman: Aleluya.

Contemplaron los magos caldeos en las manos de la Madre Virgen al que al hombre plasmó con sus manos. Sabiendo que era el Señor, a pesar de su aspecto de siervo, presurosos le ofrecen sus dones, diciendo a la Madre bendita:

Salve, oh Madre del Astro perenne;

Salve, Aurora del místico Día; Salve, al error le destruyes la fragua; Salve, tu brillo conduce al Dios Trino.

Salve, arrojaste del trono al mortal enemigo; Salve, a Cristo nos das, el Señor y el Amigo; Salve, rescate de bárbaras idolatrías;

Salve, defensa que libra de toda inmundicia.

Salve, Tú extingues el culto del fuego; Salve, Tú apagas las llamas del vicio; Salve, Señal de la Sabiduría;

Salve, Alegría de todos los pueblos.

Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

De regreso para Babilonia, se hicieron los magos heraldos, portadores de Dios. Así se cumplió el vaticinio, y a todos hablaban, oh Cristo, de Ti, sin pensar en Herodes, el necio, incapaz de cantar: Aleluya.

Irradiando en Egipto la verdad luminosa, del error disipaste la sombra: a tu paso, oh Señor, sacudidos por fuerza divina cayeron los ídolos; y los hombres, salvados de ellos, a la Madre de Dios aclamaban:

Salve, desquite del género humano; Salve, derrota final del infierno;

Salve, aplastaste al error que se arrastra; Salve, descubres al ídolo el fraude.

Salve, Tú, mar que engulliste al soberbio tirano; Salve, Tú, roca que viertes al Agua de Vida; Salve, columna de fuego que guías de noche; Salve, amparo del mundo más amplio que nube;

Salve, oh nuevo Maná para el pueblo; Salve, nos sirves la Santa Comida; Salve, oh tierra por Dios prometida; Salve, Vertiente de leche y de miel.

Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

Pronto ya para irse de este mundo cambiante, engañoso, Simeón te acogió como Niño en sus brazos, pero en Ti descubrió al Absoluto, a Dios, y admiró estupefacto la oculta sapiencia, exclamando: Aleluya.

Aleluya, Aleluya, Aleluya.



Una nueva creación exhibió el Creador al mostrarse a nosotros, que de Él procedimos: germinó en un seno de Virgen, y al salir, lo dejó como antes, intacto; para que, viendo el prodigio, a la Madre cantáramos:

Salve, oh Flor que jamás se marchita; Salve, oh Premio a la santa pureza; Salve, preanuncias la forma futura; Salve, la vida del Cielo nos muestras.

Salve, magnífica Planta que nutre a los fieles; Salve, bello Árbol umbroso que a todos cobija; Salve, en tu Seno portaste a Quien guía al errante; Salve, Tú diste a luz a Quien libra al esclavo.

Salve, al Juez recto tus ojos suavizan; Salve, perdón para todo extraviado; Salve, al desnudo de ánimo vistes; Salve, Bondad que serena en la angustia.

Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

Por tal parto admirable elevados, nos sentimos salir de este mundo y lo ojos indagan al Cielo. Para eso aparece en la tierra, humilde, en humana presencia, el Altísimo: para guiar a la cima a aquellos que alegres lo aclaman: Aleluya.

Aleluya, Aleluya, Aleluya.



Todo entero quedó en esta tierra, sin dejar de estar siempre en el Cielo el Verbo de Dios. Él no está circunscripto. No hubo un cambio de sitio sino que fue un abajarse divino. Nació de la Virgen repleta de Dios. Por eso Ella escucha estas cosas:

Salve, Sitial del que excede el espacio; Salve, Acceso del sacro misterio; Salve, Anuncio ambiguo al impío; Salve, clarísimo Honor del los fieles.

Salve, oh Trono más santo que los Querubines; Salve, oh Sede más bella que los serafines; Salve, oh Tú que reúnes grandezas opuestas; Salve, oh Tú que a la vez eres Virgen y Madre.

Salve, por Ti fue anulada la culpa; Salve, por Ti el paraíso fue abierto; Salve, oh Llave del Reino de Cristo; Salve, oh Promesa de bienes eternos.

Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

En el mundo celeste se asombraron los ángeles por el acto sublime de tu Encarnación divina: que ese Dios tan excelso se haya hecho accesible, humano, para andar con nosotros y por todos oírse aclamar: Aleluya.

Aleluya, Aleluya, Aleluya.


Oradores brillantes como el pez enmudecieron ante Ti, Gestadora de Dios; no son por nada capaces de decir en qué forma Tú siempre eres Virgen aún después de ser Madre. Mas nosotros, admirando el misterio cantamos con fe:

Salve, Sagrario de eterna Sapiencia; Salve, tesoro de la Providencia; Salve, al sabio lo dejas sin luces; Salve, al docto bien mudo lo dejas.

Salve, por Ti se perdieron sutiles doctores; Salve, por Ti decayeron falaces autores; Salve, Tú enredas las tramas de todo sofista; Salve, Tú llenas las redes de los pescadores.

Salve, nos alzas de toda ignorancia; Salve, nos haces bien ricos de ciencia; Salve, Navío que salva al que quiera; Salve, buen Puerto para el que zozobra.

Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

Por salvar lo creado el Artífice Santo del cosmos hasta aquí descendió por bondad. Como Dios, era nuestro Pastor; pero quiso, al venir a nosotros, hacerse Cordero: como humano llamó a los humanos, como Dios nos escucha decirle: Aleluya.

Aleluya, Aleluya, Aleluya.



Madre Virgen Tú eres fuerza de la vírgenes y de cuantos acuden a Ti: tal te hizo el Señor de la Tierra y el Cielo, ¡oh Purísima! al tomar de Ti carne en tu Seno; y enseña a que en tu honor oh Purísima, todos cantemos:

Salve, Pilar de la santa pureza; Salve, Sendero que va hacia la dicha; Salve, Primicia de nueva progenie; Salve, gentil Mediadora de gracias.

Salve, Tú regeneraste al caído en el fango; Salve, Tú hiciste santo al que obró como necio; Salve, oh Tú que anulaste al gran seductor; Salve, oh Tú que nos das al Autor de los castos.

Salve, Mansión de un sin par desposorio; Salve, Tú entregas el fiel al Señor; Salve, Nodriza del alma que es virgen; Salve, Tú das al Esposo las almas.

Salve, Virgen y Esposa, Salve, Virgen y Esposa.

Se hace vano, oh Señor, el intento de igualar en un canto la riqueza de todas tus gracias. Aunque hiciéramos himnos numerosos cual granos de arena, Rey Santo, más serían los dones que diste al que canta: Aleluya.

A María los ojos contemplan como antorcha encendida para el que anda en las sombras. Ella en todos enciende la llama divina y guía a la ciencia del Verbo, brillado en las mentes; y así, todos, con himnos la ensalzan:



Salve, Reflejo del Astro divino; Salve, oh Rayo de Luz de lo Alto; Salve, Fulgor que las mentes aclaras; Salve, Fragor que aterró al enemigo.

Salve, Tú eres la fuente de una Luz brillante; Salve, Tú eres el río del Agua Abundante;

Salve, en Ti se refleja la antigua Piscina;

Salve, Tú limpias las manchas de nuestros pecados.

Salve, oh Fuente que limpias el alma; Salve, oh Copa que brinda Alegría; Salve, fragancia del Crisma de Cristo; Salve, oh Vida del Santo Banquete.

Salve, Virgen y Esposa; Salve, Virgen y Esposa.

Al querer perdonarnos la deuda que de antiguo pesaba, a los hombres llegó el Redentor; se dignó acudir en persona y vivir con nosotros, indignos de gracia. Hizo trizas la antigua sentencia y todos lo aclaman: Aleluya.

Con un himno a tu parto la creación te celebra como Templo viviente, ¡Oh Madre de Dios! El Señor, el que todo en su mano contiene, hizo escala en tu seno; te hizo toda santa y gloriosa, y nos mueve a cantarte:

Salve, oh Tienda del Verbo divino; Salve, oh Santa mayor que el Santuario; Salve, oh Arca de Espíritu Santo; Salve, oh Tesoro inexhausto de Vida;

Salve, Diadema preciosa de los reyes santos; Salve, Orgullo fundado del fiel sacerdote; Salve, Bastión invencible de toda la Iglesia; Salve, Muralla segura que guarda a su Pueblo.

Salve, por Ti conseguimos trofeos; Salve, por Ti se rindió el enemigo; Salve, Remedio que sana mi cuerpo; Salve, Salud de mi alma que espera.

Salve, Virgen y Esposa, Salve, Virgen y Esposa.

Madre digna de laudes, Gestadora del Verbo, el más Santo entre todos los Santos. Nuestra ofrenda recibe en el canto; y a todos líbranos del eterno castigo, a quienes cantamos:

Aleluya, Aleluya, Aleluya.


FUENTES: http://es.mariedenazareth.com    // 
youtube.com/user/MrChristianpaul11

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís