FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

¿POR QUÉ SER SACERDOTE? - VIDEOS TESTIMONIALES SOBRE LA VOCACIÓN AL SACERDOCIO





El 5 de octubre la Oficina de Vocaciones de la Diócesis de Phoenix en Estados Unidos lanzó el primero de una serie de videos cortos titulados Sacerdote, con los que se busca alentar a las familias hispanas a abrirse a las vocaciones al sacerdocio.

Los videos, que contienen los perfiles de diversos presbíteros en cada etapa de su vida ministerial, serán estrenados cada día por las siguientes dos semanas.

Los tres primeros videos ya fueron lanzados a través del siguiente canal de YouTube: youtube.com/mifecatolica.

Según el P. Pablo Sullivan, director de la Oficina de Vocaciones, “la importancia de la apertura en las familias hispanas a las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa es crítica para la vitalidad de la Iglesia”.

“Esta serie de videos ayudará a compartir las buenas noticias sobre lo que Dios hace en la vida y las familias de los sacerdotes y seminaristas. Rezo para que lleve a otros a mirarse a sí mismos y sus familias, y considerar el impacto que Dios desea hacer por medio de ellos", agregó el P. Sillivan.













... Continuará.

aciprensa.com

MALES QUE AQUEJAN A LA SOCIEDAD DE HOY -



Munilla: «Es imperdonable que el martirio de
los cristianos no dé en nosotros frutos de conversión»

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, tiene claro cuáles son los males que aquejan a la sociedad de hoy, también a los católicos. En su opinión, existe una relación directa entre la "dictadura del relativismo" que denunciaba Benedicto XVI y la "globalización de la indiferencia" de la que habla Francisco.

En una entrevista para la web Primeros Cristianos, el prelado vasco denuncia la tentación que existe hoy de "encerrarse en una burbuja narcisista" y también pide a los católicos de Occidente a "convertirse" al observar el martirio que sufren sus hermanos.


-¿Cuál debe ser la actitud de los cristianos ante sus hermanos perseguidos a causa de su fe?

-A la hora de responder esa pregunta, lo primero que nos viene a la mente es la importancia de hacer oír nuestra voz para denunciar la falta de libertad religiosa, o la de comprometernos en nuestra ayuda solidaria. Pero permitidme que señale otro aspecto al que pocas veces hacemos referencia: Ante la persecución de los cristianos, lo primero que me viene a la mente es la frase del Señor a aquellas mujeres que lloraban por él: “Hijas de Jerusalén; no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. (…) Porque si en el leño verde hace esto, ¿en el seco qué se hará?” (Lc 23, 28-31).

Bajo la perspectiva que nos dan estas palabras del Evangelio, creo que sería un error el mirar a los hermanos perseguidos con un mero sentimiento de compasión, como quien contempla algo que a él no le incumbe; cuando en realidad, nuestra situación de secularización en Occidente, es todavía mucho más preocupante.

Baste recordar la conocida expresión de San Agustín: “De dos maneras ataca el mundo a los seguidores de Cristo: los halaga para seducirlos o los atemoriza para doblegarlos”. Nuestro peligro está en ser seducidos por el espíritu mundano, lo cual nos aleja del martirio de nuestros hermanos de Oriente o de África. Por lo tanto, pienso que nuestra actitud ante la persecución de nuestros hermanos debe de ser, ante todo y sobre todo, la de sentirnos llamados a la conversión. Sería imperdonable que su martirio no diese en nosotros frutos de conversión.


-El Papa Francisco ha hablado en más de una ocasión de la “globalización de la indiferencia", ¿cómo nos afecta a los cristianos?

-La insistencia del Papa Benedicto XVI a la hora de denunciar el relativismo, la tiene el Papa Francisco a la hora de denunciar la indiferencia. Y, en efecto, la indiferencia es hija del relativismo (y madre de él, al mismo tiempo). Como dice el refrán, “siembra vientos y recogerás tempestades”: si no existe una verdad objetiva a la que servir, la tentación es la de encerrarse en una burbuja narcisista.

Y a esto hay que añadir un matiz: al igual que Benedicto XVI habló de la “dictadura del relativismo”, en nuestros días asistimos al “absolutismo de la indiferencia”, que se revuelve, como si de la “niña del exorcista” se tratase, ante el testimonio de los santos y contra la palabra profética de la Iglesia. Existe una “pinza” entre los fundamentalismos y la indiferencia-relativismo, en medio de la cual está teniendo lugar el martirio de los cristianos.


-¿Qué ejemplo podemos tomar los cristianos de hoy de los primeros cristianos?

-En los primeros siglos de la Iglesia, la mayoría de los primeros cristianos pertenecían a las clases sociales más pobres. Ellos eran los que estaban más libres del espíritu mundano. Los ricos y los intelectuales, en un primer momento, estuvieron demasiado apoyados en sus falsas seguridades para poder acoger la llamada a la conversión.

Bajo esta misma lógica, observamos que en el momento presente, la Iglesias con más pujanza en el orbe católico son las de África y las de Asia (quizás también las de algunos lugares de Hispanoamérica). Creo que debemos de estar muy abiertos a acoger el testimonio de la frescura de su fe, sin permitir que sean los sectores más secularizados e incapaces de transmitir la fe a las nuevas generaciones, los que pretendan definir o reflejar el rostro de la Iglesia del futuro. La Iglesia no es ni debe de ser eurocéntrica.


-Estamos al final del Año de la Misericordia, ¿algún consejo para este sprint final?

-El momento final del Jubileo de la Misericordia coincide con este mes de noviembre, tradicionalmente dedicado a la oración por los difuntos. Una oportunidad de oro para enfatizar la última obra de misericordia corporal (“enterrar a los muertos”), así como la última obra de misericordia espiritual (“orar por los vivos y difuntos”).

Creo que sería maravilloso que en estos últimos días del Año Jubilar nos centrásemos en aplicar la indulgencia plenaria por nuestros difuntos, tal y como la doctrina de la Iglesia nos aconseja, en virtud del misterio de la comunión de los santos. Nuestro deber de ser misericordiosos no termina con el fin de la vida de nuestro prójimo, sino que se extiende más allá de la muerte.


-Usted es un experto en comunicación. ¿Cómo debe adaptarse el mensaje de Cristo a este nuevo escenario?

-Buen comunicador es el que hace que la Verdad resulte apasionante… Por ello, lo primero es que creamos firmemente en la gran potencialidad del Evangelio para ser “comunicado”. Lo principal a la hora de comunicar es tener una verdad que transmitir. Frente a quienes piensan que la “comunicación” es la habilidad de vender humo, es necesario que nosotros nos centremos más en el contenido del mensaje que en el formato. Lo cual no quiere decir que no tengamos que hacer un esfuerzo en las formas; pero eso sí, nunca al precio de supeditar el fondo a la forma.

Santo Tomás de Aquino dice en la Suma Teológica que “el bien es difusivo, por sí mismo”. Pienso que lo mismo ocurre con la verdad: la verdad es difusiva por sí misma. Tal vez la Iglesia no sea la mejor comunicadora, pero, sin duda, es la que tiene el mejor mensaje. Iremos aprendiendo poco a poco a ser buenos comunicadores, es decir, a transmitir la Verdad de forma apasionante.


FUENTE: religionenlibertad.com

EL ROSARIO EN LATÍN CON CANTO GREGORIANO - SANTO ROSARIO EN LATINO -





CORTO - CUÁNDO LOS LOBOS RUGEN -




Cuando los lobos rugen es el corto producido por Gonzalo J. Seco que recrea la muerte de monseñor Narciso de Esténaga, obispo de Ciudad Real, asesinado el 22 de agosto de 1936 por milicianos del Frente Popular al comienzo de la guerra civil española.



ORIGINALIDAD DEL SACERDOCIO, DEL SACRIFICIO Y DEL CULTO CRISTIANO -

Severino María Alonso 

Jueves, 4 de junio de 2009

Jesús está ahora en su situación última -escatológica- y ha alcanzado su condición definitiva. En virtud de la resurrección gloriosa, ha llegado a ser de verdad y totalmente Cristo y Señor, porque ha quedado del todo consagrado y ha entrado en estado de señorío1. Toda la vida terrena de Jesús fue un proceso y un camino hacia esta definitiva consumación. Jesús se fue consagrando a sí mismo y se fue dejando consagrar -ungir- por el Espíritu, en la medida en que se iba realizando su Sacrificio. Lo más característico de esta consagración total, lo que hace que su sacrificio sea enteramente único, es que Jesús no ofrece al Padre cosas o animales, víctimas y holocaustos, sino que se ofrece a sí mismo2. Frente al sacerdocio levítico y frente al sacerdocio-sacrifi­cio-culto de las otras religiones, el sacerdocio-sacrificio-culto de Cristo reviste una absoluta novedad y originalidad. No se parece a ninguno de ellos y se distingue esencialmente de todos los demás.

Los autores del Nuevo Testamento, exceptuando al de la epístola a los Hebreos, no llaman nunca sacerdote a Cristo. Tampoco, por supuesto, llaman nunca sacerdotes a los apóstoles o ministros del Evangelio. Este silencio, que ha escandalizado o desconcertado a algunos, es un silencio deliberado y significativo, más elocuente que todas las palabras. Porque es una manera de afirmar y de expresar claramente la distinción y hasta la ruptura con el sacerdocio pagano e incluso con el sacerdocio levítico, de la Antigua Alianza. Cristo no proviene de la tribu de Leví, sino de la tribu de Judá "de la que consta que nadie sirvió nunca al altar" (cf Heb 7, 13-14). Cristo es de verdad sacerdotey ofreció un culto verdadero. Pero según una concepción de sacerdocio y de culto enteramente diversa de la habitual hasta entonces y de la que se tiene todavía hoy fuera del cristianismo. Frente a la noción ritual y ceremonial del Antiguo Testamento, el sacerdocio de Cristo es real y existen­cial, porque abarca toda su persona, todo su ser y toda su existencia.

El sacerdocio de Cristo no es ritual, sino verdadero y existencial. Porque lo que Cristo ofrece no es un rito o una ceremonia, sino su propia vida, su debilidad humana, su miedo a la muerte y al fracaso, su tristeza, sus lágrimas, su obediencia; en una palabra, toda su misma existencia. "No con la sangre de machos cabrío y de toros, sino con su propia sangre" (Heb 9, 12). "Cristo se ofreció a sí mismo" (Heb 9, 14; 7, 9). Lo que Cristo ofreció fue su asimilación total a sus hermanos los hombres, excepto en el pecado, pero hasta en la tentación (ib. 4, 15), en el miedo a la muerte (ib. 5, 7-8), en el peregrinar en medio de pruebas y contradicciones (ib. 12, 1-3). Cristo asumió de verdad y enteramente la condición humana, con todas las consecuencias, con sus situaciones y limitaciones dolorosas, para vivirlas él mismo y darles un nuevo sentido. Asumió incluso la tentación y la muerte (ib. 2, 17-18). Lo cultual queda plenamente integrado en la existencia. De este modo, se suprime para siempre la habitual distinción y la distancia que siempre había existido entre sacerdote y víctima, entre vida y culto3. La oblación y, por eso, la realización del Sacerdocio de Cristo consiste en el drama de su propia existencia anonadada y deshecha: en su kénosis total, en el vaciamiento de sí mismo, cuyo momento cumbre es la misma encarnación y, después, la muerte en cruz. En esto consiste la novedad y la originalidad inigualable del Sacerdocio y del Sacrificio de Cristo.

"El establecimiento de Cristo Sacerdote, afirma con razón un escriturista, supone un cambio radical en la manera de concebir el sacerdocio"4. Y el mismo autor añade: "Desde este punto de vista, hay que evitar decir que el autor de la epístola (a los Hebreos) utiliza la metáfora cuando aplica a Cristo el título de 'sumo sacerdote' y a la pasión glorificadora de Cristo el nombre de 'sacrificio'. Su perspectiva es exactamente la contraria: es en el Antiguo Testamento donde el sacerdocio y el sacrificio se tomaban en sentido metafórico, ya que se aplicaban a una figura simbólica, mientras que en el misterio de Cristo estos términos obtuvieron finalmente su sentido real, con una plenitud insuperable"5.

La Comisión Teológica Internacional redactó y aprobó, en 1970, unas tesis sobre el sacerdocio católico. De ellas, quiero destacar ahora la segunda y la tercera: "En la Nueva Alianza, no hay más Sacerdocio que el de Cristo. Este Sacerdocio es cumplimiento y superación de todos los sacerdocios antiguos. Solamente Cristo realizó el sacrificio perfecto en la ofrenda de sí mismo a la voluntad del Padre. Por tanto, el ministerio episcopal y presbite­ral es sacerdotal en cuanto que hace presente el servicio de Cristo en la proclamación eficaz del mensaje evangélico, en la reunión y dirección de la comunidad cristiana, en la remisión de los pecados y en la celebración eucarística en la que se actualiza de manera singular el único sacrificio de Cristo"6.

En consecuencia, el sacerdote de la Nueva Alianza debe saberse entera y totalmente sacerdote: existencialmente sacerdote. Debe, pues, vivirse a sí mismo en total autodonación al Padre y a los hermanos, prolongando, re-viviendo y re-presentado sacramentalmente la autodonación sacrificial de Cristo. El sacerdote es un cristiano, llamado por especial vocación divina, ungido y consagrado por Dios, mediante el sacramento del orden, es decir, configurado realmente con Cristo en su condición sacerdotal, para poder, de este modo, hacer visiblemente presente en la Iglesia su mismo y único Sacerdocio. 

El sacrificio-culto será de verdad cristiano, cuando la persona creyente haga ofrenda y donación de sí misma, y no sólo ni principalmente de sus cosas. Los "sacrificios espiritua­les, agradables a Dios por mediación de Jesucristo" (1 Pe 2, 5), la adoración del Padre "en espíritu y en verdad" (cf Jn 4, 23), y el verdadero culto consisten en la propia vida, en la entrega personal a Dios, en la misma existencia (cf Rom 12, 1).

Cfr Flp 2, 9-11; Rom 1, 4: 14, 9; He­ch 2, 36; etc.
Cfr Heb 7, 27; 9, 14; etc.

Cf Heb 7, 29; 9, 12.14.25; 1O, 18; etc.
A. Vanhoye, S.I., Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo según el Nuevo Testamento, Salamanca, 1984, p. 175.

Id., ibíd., pp. 218-219.

Comisión Teológica Internacional, El sacerdocio católico. Do­cumentos, Madrid, 1983, p.19. [Comisión Teológica internacional, Documentos 1969-1996, BAC (587), Madrid, 1998, p. 15].

FUENTE: 

RECÍBEME (SOY TUYO) - Hermano Isaiah





LA ESCALA ESPIRITUAL SAN CLÍMACO - PARTE 20


"LA ESCALERA DEL DIVINO ASCENSO"
DE SAN JUAN CLÍMACO





"Escala al Paraíso"
(Scala Paradisi, o Escala Espiritual)
Juan Clímaco.

Basada en la edición del Obispo Alejandro (Mileant)
Corrección e introducción: Rolando Castillo



Vigésimo Segundo Escalón: del Orgullo.

1. El orgullo es una negación de Dios, una invención de los demonios, el desprecio de los hombres, la madre del enjuiciamiento al prójimo, el rechazo de las alabanzas, un indicio de esterilidad, el alejamiento de la ayuda divina, el precursor del desorden del espíritu, el agente de las caídas, una disposición a la epilepsia, la fuente de la cólera, la entrada a la hipocresía, el apoyo de los demonios, el guardián de los pecados, el agente de la ausencia de misericordia, la ignorancia de la compasión, un inquisidor amargo, un juez inhumano, un adversario de Dios, la raíz de la blasfemia.

2. El comienzo del orgullo es la vanagloria consumada; su estado intermedio es el desprecio por el prójimo, la impúdica ostentación de sus propios trabajos, la complacencia en la alabanzas, el odio a los reproches; y la consumación es el renunciamiento a la ayuda divina, la exaltación de sus' propios esfuerzos. Todas ellas son costumbres diabólicas.

3. Los que no queremos caer en esta fosa, escuchemos esto: a menudo, esta pasión encuentra su alimento en la acción de gracias, pues desde el principio posee la desvergüenza de aconsejarnos negar a Dios. Vi personas que, con la boca, daban gracias a Dios, pero interiormente se glorificaban a sí mismas. Tenemos un testimonio de ello en el fariseo que decía solamente con palabras: "Oh Dios, te doy gracias" (Lc 18:11).

4. Allí donde sobrevino una caída, el orgullo ya se había dirigido, pues uno es índice del otro.

5. Un hombre venerable me dijo: "Supongamos que existieran doce pasiones deshonrosas; si amas una de ellas — y me refiero al orgullo — deliberadamente, ocupará el lugar de las otras once."

6. El monje soberbio contradice con vehemencia; pero el humilde ni siquiera se opone con la mirada.

7. El ciprés no se inclina hacia el suelo para que sus ramas corran por él; el monje con el corazón soberbio no lo hace más para adquirir obediencia.

8. El hombre de corazón soberbio tiene sed de mando; de otra manera, en efecto, no puede, o mejor aún, no quiere, perderse a sí mismo enteramente.

9. "Dios resiste a los orgullosos" (St 4:6), ¿Quién, pues, podría tenerles piedad? "Yahvé abomina al de corazón altivo" (Pr 16:5). ¿Quién podría volver puro a un hombre semejante?

10. Lo que corrige a los orgullosos es la caída; quien los aguijonea es un demonio; el efecto de esa actitud hacia Dios es el desorden espiritual. En los dos primeros casos, a menudo el hombre puede ser curado por hombres; pero el último es humanamente incurable.

11. Aquel que rechaza la reprimenda manifiesta su pasión; quien la acepta se libera de esa atadura.

12. Si esta única pasión, sin el concurso de ninguna otra, pudo hacer caer del cielo, podemos preguntarnos si no sería posible ascender al cielo, por medio de la humildad solamente, sin la ayuda de ninguna otra virtud.

13. El orgullo es la pérdida de todas nuestras riquezas y de todos nuestros afanes. "Claman, mas no hay salvador" (Sal 17:42), sin ninguna duda porque lo hicieron con orgullo. "Se volvieron hacia el Señor, pero él no los escuchó" (íbid.), seguramente porque no cortan de raíz las faltas contra las cuales imploran auxilio.

14. Un anciano dotado de un gran conocimiento espiritual reprendió a un hermano orgulloso; pero éste, en su ceguera, le respondió: "Perdóname, Padre, no soy orgulloso." El tan sabio anciano le dijo: "¿Qué mejor indicio de esta pasión podías darnos mi pequeño, que responder: "No soy orgulloso'?"

15. A tales hombres conviene enteramente la práctica de la sumisión, una vida más rigurosa y más humillante y la lectura de tratados de virtud sobrenatural de los Padres. Pero, incluso entonces, sólo existirá una pequeña esperanza de salvación para esos enfermos.

16. Es ridículo enorgullecerse de un adorno prestado; pero la locura máxima es hacer ostentación de los dones de Dios. ¡Enorgullécete solamente de las ventajas que poseías antes de nacer! Pero todo aquello que te acaeció después de tu nacimiento, incluso tu mismo nacimiento, te lo ha dado Dios. Solamente te pertenecen las virtudes que alcanzaste sin la ayuda de tu intelecto. Pero tu intelecto te lo ha dado Dios. Todas las victorias que ganaste sin la cooperación de tu cuerpo, solamente ésas son el resultado de tus esfuerzos. Pero tu propio cuerpo es obra de Dios y no tuya.

17. No estés tranquilo antes de haber recibido tu sentencia, pensando en el invitado que ha entrado ya en la sala de bodas, y échalo a las tinieblas exteriores, atado de pies y manos (cf. Mt 22:13).

18. ¡No levantes altivo la cabeza, tú que eres tierra! Pues muchos que eran santos e inmateriales fueron expulsados del cielo.

19. Cuando el demonio ocupa su lugar en aquellos que trabajan para sí, se les aparece tanto durante el sueño, como cuando están despiertos, bajo la apariencia de un ángel santo o de algún mártir y les revela misterios o los gratifica con carismas para que estos desdichados, seducidos de esta manera, pierdan completamente la razón.

20. Incluso si miles de personas murieran por Cristo, no podríamos pagar toda nuestra deuda. Pues una es la sangre de El y otra la sangre de los servidores; quiero decir en cuanto a la dignidad, no en cuanto a la sustancia.

21 Constantemente debemos escrutar y examinar la vida de los Padres, esos iluminados que nos precedieron; y descubriremos que no seguimos de ninguna manera las huellas de su manera de vivir tan rigurosa, y que no mantuvimos con santidad la profesión monástica, sino que continuarnos llevando una vida completamente mundana.

El monje verdadero es un ojo interior al que nada distrae, cuyos sentidos corporales están inmóviles.

El monje es quien llama a sus enemigos al combate como bestias salvajes y quien los provoca cuando huyen.

El monje es quien se encuentra continuamente fuera de sí mismo y se entristece por permanecer en la vida.

Para el monje, las virtudes llegan a ser tan naturales como para otro los placeres.

Al monje, una luz indefectible le ilumina el ojo del corazón.

El monje es quien sumergió y ahogó cualquier espíritu malvado en el abismo de la humildad.

22. Olvidar nuestras faltas es obra del orgullo; en efecto, su recuerdo procura humildad.

23. El orgullo es una pobreza extrema del alma que imagina que es rica y toma las tinieblas por luz. Esta pasión impura no sólo traba cualquier progreso, sino incluso nos precipita desde las alturas de la virtud.

24. El orgulloso es una granada que está podrida en su interior, aunque reluce exteriormente de belleza.

25. El monje orgulloso no necesita del demonio; él ha llegado a ser para sí mismo un demonio y un enemigo.

26. Las tinieblas no son compatibles con la luz y el orgullo no puede conciliarse con las virtudes.

27. En el corazón de los orgullosos germinan palabras de blasfemia, pero en el alma de los humildes se alzan contemplaciones celestiales.

28. El ladrón se oculta del sol y el orgulloso desprecia a los mansos.

29. La mayor parte de los orgullosos, y no sé cómo se hace esto, se ignoran a sí mismos y creen que han llegado a ser impasibles; sólo a la hora de la muerte descubren su pobreza.

30. Quien ha sido capturado por el orgullo necesita ayuda de Dios, pues "vano es el socorro del hombre" (Sal 107:13).

31. Sorprendí a ese seductor insensato, cuando acababa de penetrar en mi corazón, llevado sobre la espalda de su madre, la vanagloria. Luego de haberlos encadenado con las ataduras de la obediencia y flagelado con el látigo de la humildad, les pregunté cómo habían penetrado en mí. Por medio del látigo obtuve de ellos esta respuesta: "No tenemos ni comienzo ni nacimiento; somos, efectivamente, el principio y la generación de todas las pasiones. La contrición del corazón, fruto de la obediencia, es nuestro enemigo declarado; no podemos soportar que alguien, no importa quién, nos dé órdenes; por eso, caímos del cielo aunque ejercíamos nuestra autoridad en él.

En una palabra, somos los creadores de todo lo que se opone a la humildad; pues todo lo que la favorece a ella está en contra de nosotros. Si incluso en el cielo teníamos tanto poder, ¿a dónde podrías huir de nuestra presencia? Acompañamos a menudo, en los que están humillados, la obediencia, la ausencia de cólera, la mansedumbre y el servicio al prójimo. Nuestros vástagos son los pecados de los hombres espirituales: la cólera, la maledicencia, la acritud, el rencor, la irascibilidad, los gritos, las blasfemias, la hipocresía, el odio, la envidia, el hábito de manejarse a sí mismo, la contradicción, la desobediencia.

Sólo existe una cosa contra la cual no podemos emprender nada y te la decimos, presionados por tus golpes: si no cesas de reprenderte sinceramente ante el Señor, nos encontrarás tan débiles como una tela de araña. Pues, tú lo ves, el caballo del orgullo es la vanagloria; está montado sobre ella. Pero la santa humildad y la reprobación de sí mismo se burlan tanto del caballo como del jinete, cantando alegremente el himno de la victoria: 'Canto a Yahvé pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y carro' (Ex 15, 1), en el abismo de la humildad."

Quien supere, si es posible superarlo, el vigésimo segundo escalón estará lleno de fuerza.


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís