FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

¿SABÍAS QUE SAN JUAN PABLO II PIDIÓ RETOMAR LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL?


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Y tiene que ver con los ataques contra la vida humana que hoy se presentan ante la mujer

La Oración al Arcángel Miguel fue compuesta por el Papa León XIII, después de que él tuvo una visión de la batalla entre la “mujer vestida de sol” y el gran dragón que intentó devorar a su hijo al nacer, indicada en el libro de Apocalipsis, capítulo 12

En 1886, el Papa decretó que esta oración fuese recitada al final de la Santa Misa por toda la Iglesia universal

Esta práctica de invocación a San Miguel Arcángel se celebró hasta que ocurrió el Concilio Vaticano II, cuyo mandato de recitar esta oración al finalizar la misa fue revocado, aunque igual los fieles podían continuar con esta devoción pero de manera privada
San Juan Pablo II y la oración a San Miguel Arcángel

En 1994, durante el Año Internacional de la Familia, el Papa San Juan Pablo II pidió a todos los católicos que rezaran esta oración diariamente. Él advirtió que el destino de la humanidad estaba en grave peligro

A pesar de que San Juan Pablo II no ordenó que la oración fuese pronunciada después de la Santa Misa, exhortó a todos los católicos a rezarla juntos para superar las fuerzas de la oscuridad y el mal en el mundo.

La Mujer vestida de Sol

En su mensaje durante la oración del Ángelus, dado en la Plaza de San Pedro, el domingo 24 de abril de 1994, poco antes de la Conferencia de las Naciones Unidas en El Cairo, San Juan Pablo II habló de “la mujer vestida de sol”, de la que se hacía mención en la visión apocalíptica de San Juan, con el dragón a punto de devorar a su hijo recién nacido (Ap. 12,1-4)

El Santo Padre dijo en aquel entonces que en nuestro tiempo “todas las amenazas acumuladas a la vida” son colocadas ante la Mujer, y nosotros debemos dirigirnos a la “Mujer vestida de sol” para superar todas estas trampas”.

Este mensaje animó al pueblo católico para que nuevamente invocaran a San Miguel Arcángel a través de la oración que el Papa León XIII había compuesto.

“Que la oración nos fortalezca para la batalla espiritual de la que se nos dice en la Carta a los Efesios: Fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio”. (Efesios 6,10-11)

“Esta es la misma batalla a la que El Libro de la Revelaciones [Apocalipsis] hace mención, recordando ante nuestros ojos la imagen de San Miguel Arcángel (cf. Apocalipsis 12,7)”.

“El Papa León XIII sin duda tenía una visión muy vívida de esta escena cuando, al final del siglo pasado, introdujo una oración especial a San Miguel Árcangel en toda la Iglesia. Incluso si esta oración ya no se recita al final de cada misa, nosotros podemos recordar este llamado a la lucha espiritual y recitarla para obtener ayuda en la batalla contra las fuerzas de la oscuridad y en contra del enemigo malo”.


Oración a San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímale Dios pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con tu divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén


FUENTE: es.aleteia.org/

EL ORIGEN DEL SACERDOCIO CRISTIANO

Por: Francisco Varo

Nadie es sacerdote a título propio sino que participa del sacerdocio de Cristo


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Entrevista, que se hizo con motivo del año sacerdotal convocado por Benedicto XVI, al profesor Francisco Varo, Doctor en Filología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca, en Teología por la Universidad de Navarra y experto en Sagrada Escritura, para preguntarle acerca del origen del sacerdocio cristiano.


¿CÓMO SE EXPLICA QUE JESÚS NUNCA SE REFIRIERA A SÍ MISMO COMO “SACERDOTE”?

El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.

Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote.

El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.

Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.


PERO JESÚS, ¿REALIZÓ TAREAS PROPIAMENTE SACERDOTALES?

Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios culmina en el sacrificio de la Cruz.

Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén.

La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.


¿SE EMPEZÓ A HABLAR DE “SACERDOTES” YA DESDE LOS COMIENZOS DE LA IGLESIA?

En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.

De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.

No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.


¿CUÁL ES ESE “SENTIDO NUEVO” DEL SACERDOCIO CRISTIANO?

Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando San Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.

En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.

Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.

Se puede afirmar, por tanto, que en la primtiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son "sacerdotes" a título propio -ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un "sacerdocio" a su aire, con su sello personal-, sino que participan del sacerdocio de Cristo.


FUENTE; www.es.catholic.net/


"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. XCVIII: Madre


Mensajes de Nuestro Señor
 Jesucristo a sus hijos predilectos.







XCVIII




Madre








"Yo tengo en mucho el calor de una madre, y por eso a la Iglesia la hice Madre, y por eso, en Ella, les di a todos los cristianos a María también por madre, para que tuvieran un seno que los calentara, un regazo que los sostuviera. Y por eso tuve Madre en la tierra, y por eso morí a su lado y la hice Madre, en San Juan, de todo el mundo. Pero al dirigirme a Ella y decirle: "He aquí a tu hijo", dejaba en su Corazón-después de haber estado en él la vocación sacerdotal- a todos mis sacerdotes, representados por San Juan.

Esa fue mi intención, aun en los mismos espasmos de mi agonía.  ¿Cómo olvidar a lo que tanto amaba?  ¿Cómo no pensar en dejarles a mis sacerdotes -después de dejarme a Mí mismo en ellos-- a lo que mas amaba, a lo que ellos debían más amar, al Corazón más tierno y delicado y puro y santo en la tierra, a María, para que fuera su consuelo, su sostén, su calor, su Madre, el canal mismo por donde les vendrían todas las gracias?

¡Imposible dejarlos huérfanos! Y ése fue para mí un gran consuelo entre los tormentos atroces que padecí en la cruz. Dejaba amparados a mis sacerdotes; les dejaba una Mediadora entre el cielo y la tierra; les dejaba en Ella la pureza que debían beber, la blancura con que debían blanquearse, el Corazón que mas me amaba y que vería en ellos no a otros, no a hombres solos, sino a Mi en ellos, al Dios hombre en ellos, a su Hijo mismo, reproducido en ellos ,a Mí en ellos.

Y por eso mi Iglesia tiene calor; porque es Madre y porque tiene por Madre a María. Por eso tiene Mediadora y en Ella un alma pura que suplique, alegre y consuele y endulce los sacrificios y los calvarios de los sacerdotes; que los auxilie siempre, que los sostenga en sus debilidades, que cuide de su felicidad, que los cure, que los levante, acaricie y lleve al cielo.

Después de Mí, María debe ser todo para el sacerdote. Ella es la que prepara a las almas sacerdotales para recibir la gracia sin precio de la transformación, que continuamente se opera en el altar; Ella cuida la semilla santa que el Espíritu Santo pone en el corazón del sacerdote; Ella cultiva en esas almas al Lirio de los Valles eternos, y alimenta y hace crecer a Jesús y desarrollarse en las almas de los sacerdotes, y los cuida, y los vela, y los defiende, y está cuidadosa de que no lastimen su Tesoro. Y Ella le comunica pureza al sacerdote y envuelve a Jesús en la atmósfera perfumada de su cándido amor.

Y así, formado los rasgos de Jesús, uno a uno, en el corazón de los sacerdotes que se presten a ello,le ayuda al Espíritu Santo con sus cuidados maternales a la perfecta transformación en Mí.

¡Oh, y qué indispensable es María para la transformación de los sacerdotes en Mí!  Y Ella más que nadie quiere que los sacerdotes alcancen esta gracia; y como sabe que la encarnación mística es la gracia más eficaz para transformar a los sacerdotes en Mí, toma una parte activa e impetratoria para conseguir que cada sacerdote sea otro Jesús. Claro está que María no puede hacer que la Encarnación real del Divino Verbo en su seno --que Ella sólo tuvo-- se opere en los sacerdotes --¡herejía sería pensarlo!--; pero sí el reflejo de esa misma Encarnación, místicamente reproducida en el alma pura del sacerdote, un trasunto fiel aunque lejanísimo de la Encarnación real, que transforma al sacerdote en Mí.

Pero por eso también María es mártir del sacerdote, la Madre del dolor, cuando ve, palpa y siente en su pecho las dagas de los pecados de los sacerdotes. Ella se empeña en reproducir las facciones de Jesús, la fisonomía de Jesús, el interior sobre todo de Jesús, dibujándolo,  retratándolo en cada sacerdote.  ¡Y cuántas veces las manchas más cenagosas vienen a borrar esa imagen bendita que Ella con tanto cuidado, amor y reverencia pusiera ahí.

Y no lodo, como en muchas ocasiones pasa; pero si tierra y polvo de mundo y de rastreas pasiones vienen a nublar aquel perfil de Jesús aquella bendita imagen, repito, en la que no sólo Ella, sino el mismo Padre celestial se mirarían complacidos.

¡Oh, si estas reflexiones, no por místicas menos reales, se hicieran los sacerdotes, de qué distinto modo se portarían y con qué docilidad, constancia y empeño se dejarían hacer de María, retratándome primero y llegando después a la transformación perfecta y consumada de cada sacerdote en Mí!

Cuando esto se realiza, María acaba su obra y se goza en ella por ver reproducido a su Hijo Divino, por contemplar a Jesús, que esto debe ser cada sacerdote. Y ésa ha sido, en la mente eterna de la Trinidad, el ideal que se forjó al formar su Iglesia: continuar la reproducción del Jefe de esa Iglesia, de su Cabeza, primero en el Papa, después en cada sacerdote, de manera que todos sean uno en Mí, en la unidad de la Trinidad.

Por eso María tiene en la Iglesia tan importante papel, el papel de madre, porque comunica a cada sacerdote el germen eterno del Padre que esta en el Verbo, y que por el Espíritu Santo se hace fecundo en cada alma sacerdotal, para formar en ella a Jesús Hostia, a Jesús Víctima, a Jesús Salvador, a Jesús Sacerdote.

No es María una Madre inactiva, no es sólo como una imagen a quien se debe honrar; es una Madre, Madre activa y sin descanso; que si tuvo el insigne privilegio de Corredentora, también lo tiene de salvadora, ayudando al Espíritu Santo en su acción, prestando continuamente sus servicios a las almas, pero muy especialmente a las de los sacerdotes.

Pude muy bien decir a Magdalena: "He ahí a tu Madre"; pero me dirigí a San Juan, porque representaba a mis sacerdotes, como Apóstol. Y ademas, como virgen, como puro, como mi ideal para los sacerdotes futuros; todos limpios, todos fieles, todos a mi lado en los suplicios, en las burlas, en la muerte; todos amorosos, ¡todos con María!

Y San Juan amparó a María y de Ella bebió la Iglesia mi vida: los recuerdos de mi infancia, de mi adolescencia, de los treinta años que fuí todo para María y José.

Ella amamantó con sus confidencias a mis Apóstoles y ami naciente Iglesia; María les reveló los secretos de mi Corazón, los ideales de mi alma, y los afirmó en la fe, en la esperanza y en el amor. En su Corazón bebieron la fuerza divina los primeros mártires y Ella ha sido siempre la defensora, la libertadora de mi Iglesia, y por su medio se han convertido innumerables almas. Siempre que la Iglesia necesita de auxilio recurre a María, y Ella ha sido siempre salvadora y libertadora, y ha triunfado de Satanás y amparado con su sombra a la Santa Iglesia.

Por eso los sacerdotes más que nadie están muy obligados a esa Madre bendita que tanto ha hecho por ellos y que los lleva en las niñas de sus ojos.
¡En cuántas épocas, María --hasta visiblemente- ha venido a la tierra a defender a la Iglesia y a salvar por su medio a las almas!

María en el cielo no está inactiva, no desatiende la tierra, las almas, ni menos las almas que le son de una manera más íntima sus predilectas: las almas de los sacerdotes. Diariamente está a su lado a la hora solemne del sacrificio del altar y Ella también, Conmigo y en mi unión, anhela que esa hora bendita se perpetúe --por la transformación de los sacerdotes--, que sea continua para verme a Mí siempre en ellos.

¡Qué dicha para la religión católica, apostólica, romana el tener Madre, y a mi misma Madre por Madre!  ¡Ninguna otra falsa religión que no sea mi Iglesia única y verdadera tiene madre!

Por eso son tan frías, tan vacías, porque les falta el calor amoroso que sólo puede dar una madre.

Y ¿lo diré? por eso amo tanto la gracia de la encarnación mística, porque siento en las almas el reflejo de ese calor, de esa seguridad, de esa firmeza y ternura, ese sacrificio y olvido propio y fidelidad que sólo pueden tener las madres.  Y por eso quiero desarrollar esa gracia en el corazón de los sacerdotes, para asegurar su fidelidad, su heroísmo y sentir en ellos algo de las fibras fecundas del amor de mi Padre, cuya Paternidad han recibido de Él.

Quiero con esa gracia infundirles --transformados en Mí-- mi amor a mi Padre, el amor de mi Padre a Mí, que traen consigo la fecundidad para que esa gracia germine en sus almas sacerdotales, para llevarlos con estos sentimientos, por el Espíritu Santo, a formar la unidad en la Trinidad por este doble amor: del Padre a Mí, de Mí al Padre, ligado consumado, por el Espíritu Santo, en la unidad de la Trinidad.

Y no está mal que Yo quiera completar este doble amor en el Espíritu Santo con el amor maternal de las encarnaciones místicas; porque precisamente este amor que produce la encarnación mística no es extraño, ni es un amor distinto, sino el amor mismo del Padre en su fecundación en María, cuyo reflejo está en la encarnación mística.

Mis misterios se enlazan; pero todos van a parar, a concretarse, a simplificarse, a unirse, en la unidad de la Trinidad.  Y María es la criatura más cercana y más unida a esa santísima, divina e indisoluble Trinidad, Trinidad en las Personas, que son distintas, pero unidad en la substancia y esencia".



VIDA SACERDOTAL - ORACIONES PARA SACERDOTES


Oraciones por las vocaciones sacerdotales


Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Señor Nuestro Jesucristo, Tú dijiste a tus Apóstoles: "la mies es mucha pero los obreros pocos; rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su campo". Humildemente te suplicamos que envíes a tu Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Te lo pedimos por la intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, y por la de nuestros Santos Patronos y Protectores, que con su vida y merecimientos santificaron nuestro suelo. Amén.


Ofrecimiento diario de sí mismo por las vocaciones sacerdotales

Oh Jesús, Salvador mío, Tú que confiaste a los sacerdotes, -y solamente a ellos-, el poder de celebrar la Eucaristía, fin principal de su ordenación sacerdotal, perdonar los pecados, administrar otros Sacramentos, predicar con autoridad la Palabra de Dios y dirigir a los demás fieles a mirar y a subir hacia Ti, por medio de tu Santísima Madre, te ofrezco para la santificación de los sacerdotes y seminaristas, durante este día, todas mis oraciones, trabajos y alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor, sacerdotes verdaderamente santos que, inflamados del fuego de Tu amor, no procuren otra cosa que Tu gloria y la salvación de aquellos a los que Tú encomendaste. Amén.

Voy a rezar en particular por esos muchachos que conozco, que tal vez puedan recibir la vocación sacerdotal, y responder a la llamada de Dios: Mira Jesús, tu Iglesia y el mundo necesitan hombres generosos que se entreguen a Ti para ser apóstoles tuyos. Elige.a los que quieras; llama y da la valentía de dejarlo todo y seguirte para ser sembradores de tu doctrina de amor y portadores de tu salvación. Amén.


Oración para los padres de familia.

Oh Dios, Tú me has concedido estos hijos. Sé que gran parte de las vocaciones surgen en familias cristianas, atraídas por la vida ejemplar de sacerdotes fieles. Elige a alguno de mis hijos para que sea sacerdote. Sé que la Iglesia los necesita para proseguir la misión de tu Hijo Jesús. Ayúdame a no ahorrar ningún medio para que cuaje en alguno de ellos tu llamada, y el resto lo confío a tu Espíritu. Guárdalos en tu amor, guíalos y protégelos. Amén.


Oración para el Seminario.

Señor Jesucristo, que fuiste el primero que se preocupó de la formación sacerdotal de los Apóstoles, para después enviarlos a predicar (cf. Mc 3, 13), siguiendo tus huellas; te pedimos, para que las vocaciones arraiguen, que los profesores del Seminario sean sacerdotes íntimamente unidos a Ti, de vida ejemplar, hombres de fe y llenos de amor a la Iglesia. Amén.


FUENTE: www.vidasacerdotal.org/

20 MANERAS DE PROMOVER VOCACIONES EN SU PARROQUIA Y ESCUELAS


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1. Que los feligreses reciten públicamente la oración diocesana de las vocaciones durante las Misas del domingo y las Misas de todos los días.

2. Proporcionen oportunidades para que los feligreses puedan participar en la Adoración Eucarística durante ciertos días, pidiendo oraciones por las vocaciones.

3. Envíen tarjetas de felicitación a cada uno de los seminaristas de la diócesis al comienzo de un nuevo semestre, las vacaciones, épocas de exámenes, cumpleaños, y ordenaciones, etc.

4. Patrocinen concursos para diseñar carteles y escribir ensayos que se enfocan en temas relacionados con las vocaciones, exhiban los resultados.

5. Anime entrevistar a párrocos, sacerdotes, hermanas religiosas, hermanos religiosos, diáconos y personas consagradas para el periódico escolar o boletín de anuncios de la parroquia, enfocando especialmente como fue que discernieron su llamada vocacional.

6. Creen una página Web de su parroquia y /o escuela con información sobre las vocaciones.

7. Organicen una Noche de Apreciación para los monaguillos que sirven en el altar y que uno de los sacerdotes participe en el evento para que pueda hacer una presentación a los servidores.

8. Antes de comenzar las reuniones de cualquier ministerio o grupo, pónganse de acuerdo para reunirse un poco más temprano para rezar juntos una década del rosario por un sacerdote o seminarista específico.

9. Creen un collage de fotos de sacerdotes, hermanos religiosos y hermanas religiosas que han sido parte de su comunidad.

10. Incluyan en cada nivel y grado de la educación religiosa lecciones yprogramaspara la educación sobre las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Cada grado puede hacer un proyecto especial y los informes se pueden combinar como parte de un folleto de recursos.

11. Tengan la oración de las vocaciones impresas en imanes para el refrigerador y distribúyanlas entre los feligreses.

12. Averigüen cual es la fecha de ordenación de los sacerdotes de la parroquia y celebren dentro de la parroquia y la escuela.

13. Promuevan la vida de los Santos de diversas maneras, por ejemplo, en el boletín de anuncios de la parroquia, en carteles, en una bibliografía, etc.

14. Lleven a un grupo de la parroquia o la escuela para asistir a la ordenación de un sacerdote diocesano o de un diácono. En el calendario vocacional hay que verificar las fechas de las ordenaciones próximas.

15. Inviten a un sacerdote, diácono o hermana religiosa a cenar para conversar sobre las vocaciones en torno a la mesa familiar.

16. Promuevan un Desayuno en Comunidad después de la Misa, donde el orador hablará sobre el tema de las vocaciones.

17. Inviten al Director de Vocaciones a la parroquia por un fin de semana, para que pueda hablar sobre las vocaciones durante las Misas y pueda cenar con familias de la parroquia.

18. Soliciten a 31 voluntarios feligreses, en nombre de su parroquia y s comité, para rezar el rosario o asistir a la Misa uno de todos los 31 días del mes dedicado a las vocaciones.

19. Celebren las fiestas de los Santos, tales como asistiendo a la Misa en la Fiesta de Santa Teresa de Lisieux, patrona de los misioneros y patrona de muchas vocaciones.

20. Proporcione y distribuya oraciones de intercesión para las vocaciones durante la Oración de los Fieles en la Misa.


(Traducido por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos)

FUENTE: www.usccb.org

¿POR QUÉ PROMOVER LA VOCACIÓN SACERDOTAL?


Por: Pbro. Luis Santiago Flores Lucio


Que todos los sacerdotes con el ejemplo de su propia vida, atraigan el ánimo de los adolescentes al sacerdocio.


Padre Raul Oses, sacerdote panameño, dando bendición
a un diácono previa a la bendición del Obispo
.

Porque el Señor quiso que hubiese pastores hasta el fin de los siglos: "Jesucristo, Pastor eterno, edificó la santa Iglesia enviando a sus Apóstoles lo mismo que Él fue enviado por el Padre, y quiso que los sucesores de aquellos, los obispos, fuesen pastores en su Iglesia hasta la consumación de los siglos" (LG 18); "de entre los mismos fieles instituyó a algunos por ministros, que en la sociedad de los creyentes poseyeran la sagrada potestad del orden" (PO 2); sin sacerdotes no hay Eucaristía; y sin Eucaristía no hay Iglesia.

Sin sacerdotes no se evangeliza desde la autoridad que los Apóstoles transmitieron a sus sucesores: "Sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato de Jesús "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes" (Mt 28,19) y "Haced esto en conmemoración mía" (Lc 22,19)" (PDV 1)

Porque Dios, por libre iniciativa, a tiempo y a destiempo, en toda ocasión y momento, sigue llamando a jóvenes al ministerio sacerdotal, incluso en las más adversas situaciones eclesiales: el Pueblo de Dios "cree firmemente que nunca faltarán del todo los ministros sagrados en la Iglesia... Aunque en algunas regiones haya escasez de clero, sin embargo, la acción del Padre, nunca cesará en la Iglesia" (PDV 1).

Vivimos en la confianza total en Dios Padre que, por su Hijo, envía el Espíritu Santo para seguir derramando su gracia en los bautizados, de manera que algunos sean orientados al ministerio sacerdotal. El cumplimiento de la promesa de Jesucristo de estar con nosotros hasta el fin de los tiempos (cfr. Mt 28,20) nos garantiza que su Iglesia, con sus sacerdotes, no perecerá. Si ha sobrevivido a tantas persecuciones y a tantos momentos históricos de crisis interna, ¿no sobrevivirá hoy? Sí, seguro que los poderes de este mundo no podrán contra ella; pero es igualmente cierto que hemos de favorecer la respuesta de los jóvenes que han sido llamados al ministerio, para que otras muchas personas alcancen la salvación.

Porque la Iglesia es consciente de su deber de colaborar con el Plan de Dios que sigue llamando a jóvenes al ministerio sacerdotal.

Su colaboración debe ser lo más atenta, constante, fecunda y creativa posible para suscitar y acoger esas vocaciones: la confianza en la fidelidad de Dios que no abandona nunca a sus elegidos "va unida en la Iglesia a la grave responsabilidad de cooperar con la acción de Dios que llama, a la vez, contribuir y mantener las condiciones en las cuales la buena semilla, sembrada por Dios, pueda echar raíces y dar fruto abundante" (PDV 1).

Porque la Iglesia no puede dejar de cumplir el mandato del Señor de rogar al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (cfr. Mt 9, 38), ni de dirigir a los jóvenes de hoy la propuesta vocacional, nítida y valiente, testimonial y sincera, ayudándoles a discernir la verdad de la llamada de Dios para que responda con generosidad (cfr. PDV 1), en disponibilidad total a su voluntad a modo de María: "He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra" (Lc 1, 36).

Porque así está mandado por el Concilio Vaticano II, en especial a los propios sacerdotes:

"El deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo ante todo con una vida plenamente cristiana...

Demuestren todos los sacerdotes el celo apostólico sobre todo en el fomento de las vocaciones y, con el ejemplo de su propia vida humilde y laboriosa, llevada con alegría, y el de una caridad sacerdotal mutua y una unión fraterna en el trabajo, atraigan el ánimo de los adolescentes al sacerdocio" (OT 2).

"Pongan los presbíteros empeño sumo en manifestar ante los ojos de los fieles, por el ministerio de la palabra y por el propio testimonio de su vida, la excelencia y necesidad del sacerdocio; y aquellos jóvenes o adultos a quienes juzgaren prudentemente idóneos para tan grande ministerio, ayúdenlos, sin miramiento, a que se preparen debidamente..." (PO 11).


FUENTE: www.es.catholic.net/


PROMOVIENDO LAS VOCACIONES SACERDOTALES SANTAS Y PERSEVERANTES


QUE HAYAN MÁS SACERDOTES QUE CUMPLAN CABALMENTE CON LA MISIÓN DE DIOS HIJO


Por tu obra perfecta Señor, rogamos desde el blog Sacerdote Eterno que nos des más santos sacerdotes. Cúbrelos con tu luz y que cumplan su misión, llenos de sabiduría.








EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís