FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

EL CRUCIFIJO EN EL CENTRO DEL ALTAR EN LA MISA "HACIA EL PUEBLO"



Desde tiempos remotos, la Iglesia estableció signos sensibles que ayudaran a los fieles a elevar el alma a Dios. El Concilio de Trento, refiriéndose en particular a la Santa Misa, motivó esta costumbre recordando que “Como la naturaleza humana es tal que sin los apoyos externos no puede fácilmente levantarse a la meditación de las cosas divinas, por eso la piadosa madre Iglesia instituyó determinados ritos [...] con el fin de encarecer la majestad de tan grande sacrificio [la Eucaristía] e introducir las mentes de los fieles, por estos signos visibles de religión y piedad, a la contemplación de las altísimas realidades que en este sacrificio están ocultas” (DS 1746).

Uno de los signos más antiguos consiste en volverse hacia oriente para rezar. Oriente es símbolo de Cristo, el Sol de justicia. “Erik Peterson ha demostrado la estrecha conexión entre la oración hacia oriente y la cruz, conexión evidente como muy tarde en el periodo constantiniano. [...] Entre los cristianos se difundió la costumbre de indicar la dirección de la oración con una cruz sobre la pared oriental en el ábside de las basílicas, pero también en las habitaciones privadas, por ejemplo, de monjes y eremitas” (U.M. Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p. 32).

“Si se nos pregunta hacia dónde miraban el sacerdote y los fieles durante la oración, la respuesta debe ser: ¡a lo alto, hacia el ábside! La comunidad orante durante la oración no miraba, de hecho, adelante al altar o a la cátedra, sino que elevaba a lo alto las manos y los ojos. Así el ábside llegó a ser el elemento más importante de la decoración de la iglesia, en el momento más íntimo y santo de la actuación litúrgica, la oración” (S. Heid, «Gebetshaltung und Ostung in frühchristlicher Zeit», Rivista di Archeologia Cristiana 82 [2006], p. 369). Cuando, por tanto, se encuentra representado en el ábside Cristo entre los apóstoles y los mártires, no se trata sólo de una representación, sino más bien de una epifanía ante la comunidad orante. La comunidad entonces “elevaba las manos y los ojos 'al cielo'”, miraba concretamente a Cristo en el mosaico absidial y hablaba con él, le rezaba. Evidentemente, Cristo estaba así directamente presente en la imagen. Dado que el ábside era el punto de convergencia de la mirada orante, el arte proporcionaba lo que el orante necesitaba: el Cielo, desde el que el Hijo de Dios se mostraba a la comunidad como desde una tribuna” (Ibíd., p. 370).

Por tanto, “rezar y orar para los cristianos de la antigüedad tardía formaba un todo. El orante quería no sólo hablar, sino esperaba también ver. Si en el ábside se mostraba de modo maravilloso una cruz celeste o a Cristo en su gloria celeste, entonces por eso mismo el orante que miraba hacia lo alto podía ver exactamente esto: que el cielo se abría para él y que Cristo se le mostraba” (Ibíd., p. 374).

El Crucifijo en el centro del altar en la Misa “hacia el pueblo”

De los anteriores apuntes históricos, se deduce que la liturgia no se comprende verdaderamente si se la imagina principalmente como un diálogo entre el sacerdote y la asamblea. No podemos aquí entrar en los detalles: nos limitamos a decir que la celebración de la Santa Misa “hacia el pueblo” es un concepto que entró a formar parte de la mentalidad cristiana sólo en la época moderna, como lo han demostrado estudios serios y lo reafirmó Benedicto XVI: “La idea de que sacerdote y pueblo en la oración deberían mirarse recíprocamente nació sólo en la época moderna y es completamente extraña a la cristiandad antigua. De hecho, sacerdote y pueblo no dirigen uno al otro su oración, sino que juntos la dirigen al único Señor” (Teología de la Liturgia, Ciudad del Vaticano 2010, pp. 7-8).

A pesar de que el Vaticano II nunca tocó este aspecto, en 1964 la Instrucción Inter Oecumenici, emanada del Consilium encargado de llevar a cabo la reforma litúrgica querida por el Concilio, en el n. 91 prescribió: “Es bueno que el altar mayor se separe de la pared para poder girar fácilmente alrededor y celebrar versus populum”. Desde aquel momento, la posición del sacerdote “hacia el pueblo”, aún no siendo obligatoria, se convirtió en la forma más común de celebrar Misa. Estando así las cosas, Joseph Ratzinger propuso, también en estos casos, no perder el significado antiguo de oración “orientada” y sugirió superar las dificultades poniendo en el centro del altar el signo de Cristo crucificado (cf. Teología de la Liturgia, p. 88). Uniéndome a esta propuesta, añadí a mi vez la sugerencia de que las dimensiones del signo deben ser tales que lo hagan bien visible, so pena de poca eficacia (cf. M. Gagliardi, Introduzione al Mistero eucaristico, Roma 2007, p. 371).

La visibilidad de la cruz del altar está presupuesta por el Ordenamiento General del Misal Romano: “Igualmente, sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado” (n. 308). No se precisa, sin embargo, si la cruz debe estar necesariamente en el centro. Aquí intervienen por tanto motivaciones de orden teológico y pastoral, que en el estrecho espacio a nuestra disposición no podemos exponer. Nos limitamos a concluir citando de nuevo a Ratzinger: “En la oración no es necesario, es más, no es ni siquiera conveniente mirarse mutuamente; mucho menos al recibir la comunión. [...] En una aplicación exagerada y malentendida de la 'celebración de cara al pueblo', de hecho, se han quitado como norma general – incluso en la basílica de San Pedro en Roma – las Cruces del centro de los altares, para no obstaculizar la vista entre el celebrante y el pueblo. Pero la Cruz sobre el altar no es impedimento a la visión, sino más bien un punto de referencia común. Es una 'iconostasis' que permanece abierta, que no impide el recíproco ponerse en comunión, sino que hace de mediadora y que sin embargo significa para todos esa imagen que concentra y unifica nuestras miradas. Osaría incluso proponer la tesis de que la Cruz sobre el altar no es obstáculo, sino condición preliminar para la celebración versus populum. Con ello volvería a estar nuevamente clara también la distinción entre la liturgia de la Palabra y la plegaria eucarística. Mientras en la primera se trata de anuncio y por tanto de una inmediata relación recíproca, en la segunda se trata de adoración comunitaria en la que todos nosotros seguimos estando bajo la invitación: ¡Conversi ad Dominum – dirijámonos al Señor; convirtámonos al Señor!” (Teología de la Liturgia, p. 536).


FUENTE: www.vatican.va

"MIREN LA HOSTIA, ME VERÁN HUMILLADO POR USTEDES"


Jesús explica al Padre Pío cuál es el verdadero “inmenso poder” en la Iglesia

imagen http://images.statuscope.co

En uno de los cuadernos del diario obtenido durante la primera persecución sufrida a manos de hombres de Iglesia, entre el final de los años 20 y el inicio de los años 30, Jesús le explica al fraile de Pietrelcina qué es la misa. Una página publicada por Francobaldo Chiocci y Luciano Cirri en Padre Pío, historia de una víctima sobre la que deberían reflexionar los reformadores y sus tristes epígonos:

“Piensen que el sacerdote que me llama tiene entre sus manos un poder que ni siquiera he concedido a mi madre; reflexionen que si, en lugar de un sacristán, sirvieran al sacerdote los más excelsos serafines, no serían suficiente dignos de estar cerca de él. (…) ¿Es digno entonces estar en la misa pensando en otra cosa que no sea yo?

(…) Consideren el altar no por lo que hicieron los hombres, sino por aquello que vale, dada mi presencia mística, pero real. (…) Miren la Hostia, me verán humillado por ustedes; miren el Cáliz en el que mi sangre devuelve a la tierra en toda clase de bendiciones. Ofrecerme, ofrecerme al Padre, por eso Yo vuelvo a ustedes. (…) Si les dicen: ‘Vamos a Palestina a conocer los lugares santos donde Jesús ha vivido y ha muerto’, vuestro corazón susurraría, ¿es verdad?

Y, sin embargo, el altar sobre el cual desciendo ahora es más que Palestina, porque de ella me fui hace veinte siglos y en el altar vuelvo cada día vivo, verdadero, real, aunque escondido, pero soy Yo, precisamente Yo que palpito entre las manos de mi ministro, Yo vuelvo a ustedes, no simbólicamente, no, sino verdaderamente; se lo digo ahora; verdaderamente (…). ¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los cuales el último, el Altar, es la suma del primero y el segundo; son tres lugares, pero uno sólo es Aquel que encontrarán.

(…) Traigan sus corazones al corporal santo que sostiene mi cuerpo; sumérjanse en ese Cáliz divino que contiene sangre. Es ahí que el Amor abrazará al Creador, al Redentor, su víctima a sus espíritus; es ahí que celebrarán mi gloria en la humillación infinita de mí mismo. Venir al Altar, mírenme, piensen intensamente en mí (…)”.


Por A. Gnocchi, M. Palmaro, L’Ultima Messa di P. Pio, pp. 73-74


FUENTE: es.aleteia.org



LA CUARESMA ES UN GRAN CAMPO DE BATALLA CONTRA EL MALIGNO


Una amenaza frontal a lo demoníaco.
La Cuaresma es un tiempo para ejercitarnos en la verdadera libertad luchando contra las tentaciones.


En la Cuaresma los textos que se leen en misa y la prédica de los sacerdotes están dirigidos a practicar las herramientas que nos permiten luchar y vencer las tentaciones.


LAS MENTIRAS DEL MALIGNO SE DESVANECEN ANTE LA PRESENCIA DIVINA

Los creyentes saben que el diablo es un mentiroso desde que Juan enseña,

“El fue un asesino desde el principio, y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla según su propia naturaleza, porque es mentiroso y padre de mentira” (Juan 8:44).

Exorcistas y sus equipos han sido testigos de que cuando el poder del rito romano inflige tormento a un demonio por lo que debe huir, el Señor, o su madre, o un santo o ángel puede obligarle a ofrecer alguna información que sea verdadera.

La verdad es contraria a su naturaleza, pero el Espíritu de la Verdad puede forzar al espíritu de mentira para ofrecer una verdadera declaración que a veces ayuda al exorcista.
Exorcistas han escuchado declaraciones ofrecidas por un demonio atormentado como “Deja de esos cuentos” cuando se oraba un rosario de intercesión por la víctima, o “¡El agua me quema!” cuando el agua bendita se rocía sobre la víctima, o “¡Oh, no, la mujer ya está aquí!” cuando se invoca a María.



A LOS DEMONIOS NO LES GUSTA LA CUARESMA

Sobre la temporada de Cuaresma se ha escuchado de un demonio,
“¡No me gusta el tiempo de Cuaresma! ¡La gente hace lo que siempre debe hacer y lo odio! “

¿Por qué es la temporada de Cuaresma una amenaza para el mundo de los demonios?

Lo que es evidente durante el ministerio del exorcismo es que los demonios son extremadamente legalistas y muy conscientes de la auténtica autoridad, la obediencia y el poder del amor de Dios.

Ellos son los más amenazados por la autoridad de Dios operando a través de la Iglesia Católica, especialmente a través de sus ministros ordenados, los sacerdotes. Se ven amenazados también por la obediencia de la fe, que protege al sacerdote exorcista y al equipo, puesto que funcionan en obediencia a su obispo.

Lo más llamativo es la forma en que los demonios son amenazados por la caridad del sacerdote y la fe de su equipo para la liberación de la víctima.

La Cuaresma amenaza al reino demoníaco por :
La autoridad magisterial de la Iglesia que nos enseña a dejar el pecado y vivir el Evangelio.
El reino de satanás está amenazada por la obediencia de la fe manifestada públicamente por la recepción de las cenizas nos recuerdan las últimas cuatro cosas: muerte, juicio, infierno y cielo.
El plan de satanás es frustrado cuando volvemos a la confesión sacramental, de manera que nos restituye a la comunión con Dios y la Iglesia.
El ayuno cuaresmal nos da el poder para resistir las tentaciones al agudizar el discernimiento de los espíritus.
Las devociones cuaresmales: estaciones de la Cruz, misiones parroquiales y la Adoración frecuente al Santísimo Sacramento amenazan a satanás por el aumento de la fe, la esperanza y el amor entre nosotros.
La limosna cuaresmal y obras de sacrificio ayudan a recuperar el Reino de Dios en los pobres y necesitados, amenazando el orgullo de satanás.



TIEMPO DE LUCHA CONTRA LAS TENTACIONES

Durante la Cuaresma, la Iglesia invita a caminar en una peregrinación de penitencia, reparación y conversión del corazón. La gracia viene durante y después de experimentar las tentaciones en el desierto de la Cuaresma.

Jesús con decisión rechaza todas estas tentaciones y reafirma su voluntad inquebrantable de seguir el camino trazado por el Padre, y sin ningún tipo de compromiso con el pecado o la lógica del mundo.

Ten en cuenta también que Jesús no dialoga con satanás, como lo hizo Eva en el paraíso terrenal. Jesús sabe bien que no puede dialogar con satanás. satanás es muy astuto. Por esta razón, Jesús, en vez de dialogar con satanás como Eva lo hizo, decide refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra.
Recordemos esto: en el momento de la tentación, en nuestras tentaciones, no debemos discutir con satanás, sino siempre defenderemos con la Palabra de Dios. Y esto nos salvará.

Estamos llamados a participar en la “buena batalla” de la que San Pablo enseña. La Cuaresma es un momento en que nuestra armadura espiritual (Efesios 6) debe reforzarse para que podamos alegrarnos más plenamente en la victoria de la cruz que se realiza el domingo de Pascua. Como Cristo, debemos ser probados por el bien de la alegría de la auténtica libertad cristiana.


EN QUE CONSISTE LA VERDADERA LIBERTAD

En su clásico espiritual, “Transformación en Cristo”, Dietrich Von Hildebrand articula la verdadera libertad como Cristo quiere:
La verdadera libertad es una consecuencia de nuestra transformación en Cristo
El egoísmo impide el logro de la verdadera libertad
Los sentimientos de inferioridad disminuyen la libertad
La preocupación por el respeto humano disminuye la libertad
Laverdadera libertad se juzga por la norma de Cristo
Una visión de nosotros mismos como espectador limita nuestra libertad
La independencia intelectual o espiritual compulsiva disminuye la libertad
La verdadera libertad se distingue claramente entre las normas humanas y los mandamientos divinos
El rencor disminuye la verdadera libertad
La autoindulgencia es una forma de falta de libertad
Relajación espiritual también inhibe la verdadera libertad


COMO REFORZAR LA VERDADERA LIBERTAD EN CUARESMA

“Cristo nos liberó para ser libres. Manténganse, pues, firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud” (Gálatas 5:1). En nuestro camino cuaresmal de la fe cuando somos tentados en el desierto, como Cristo lo fue, retengamos a la palabra de Dios, “en todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó.” (Romanos 8:37).

Satanás es derrotado por el poder infinito del amor divino manifestado en la cruz.
Las armas del exorcista incluyen: el crucifijo bendecido (icono de amor obediente), la biblia, el agua bendita, las oraciones, la autoridad de la Iglesia articulada en el rito romano, y el infinito amor del Sagrado Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento.


En el desierto de la Cuaresma, cada católico puede tomar estas armas del discipulado que impiden el mal:

Orar ante un crucifijo, llevar un crucifijo, venerar Sus Santas Llagas
Meditar en la Biblia: volver a leer los Evangelios
Recibir el amor del Sagrado Corazón a través de la frecuente Comunión y Adoración
Hacer un llamado al Santo Nombre de Jesús todo el día
Acompañar María en los misterios dolorosos del Rosario
Oran las Estaciones de la Cruz, sobre todo cuando la tentación del pecado
Sacrificadamente dar su tiempo, talento y tesoro, sobre todo a los más necesitados espiritual y materialmente.

Renunciar al mal y arrepentirse del vicio, nada es de Dios
Luchar por virtud, el autocontrol y la sencillez de vida

Debemos ejercitar el don de la fe, la esperanza y el amor por la oración en Cuaresma, la penitencia y la limosna. Nuestra transformación en Cristo se fortalece con nuestras observancias cuaresmales y por eso la Cuaresma es una amenaza para el reino de las tinieblas.


FUENTE: forosdelavirgen.org

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. XCIX: YO VENCÍ

Mensajes de Nuestro Señor

Jesucristo a sus hijos predilectos.









XCIX

YO VENCÍ









"Épocas difíciles se le preparan a mi Iglesia y necesito de campeones esforzados que más la amen y defiendan de sus enemigos.  Esos enemigos serán de muchas clases, unos al descubierto y otros solapadamente, misteriosamente, pero infiltrarán el veneno con astucia satánica, envenenarán conciencias y corazones. De muy hondo conmoverán los cimientos de la fe, lucharán contra mi Iglesia y la dividirán; pero Yo vencí al mundo y si mis sacerdotes son otros Yo, también lo vencerán, y es preciso activar su transformación en Mí, para que en ellos otros Yo, se estrellen los batallones enemigos y mi Iglesia se salve.

Mis sacerdotes tienen que estudiar mi vida exterior, pero deben internarse más y más en mi vida interior de unión íntima con el Padre y con el Espíritu Santo de quien recibía, como Dios hombre, fortalezas.

La vida interior es la que une, la que diviniza, la que salva; la vida unitiva con el que es la Vida, es la vida verdadera, la que da frutos de vida eterna.  Y los sacerdotes, no tan sólo deben defender a sus personas de los errores y de la corriente devastadora de los enemigos de la Iglesia, sino que también tienen la sagrada obligación de salvar a las almas; y nada más a propósito para salvarlas como ser otros Yo, por su perfecta transformación en Mí.

Necesitan mis sacerdotes ser puros como Yo, ser pacientes, sufridos, misericordiosos y santos para vencer al mundo. Pero la fortaleza la recibía Yo del Espíritu Santo, al cual deben acudir mis sacerdotes,hoy más que nunca, por María, para resistir inconmovibles todas las asechanzas del enemigo.

Satanás vislumbra esa evolución santa y divina en mis sacerdotes; él ve venir, sin saber cómo, algo muy grande contra el infierno que debe aplastarlo; siente en su negrura que se le va a destronar de muchos corazones engañados y secuestrados por él; ya se conmueve al presentir en el mundo mi presencia renovada y palpitante en mis sacerdotes, y se apresta a la lucha y se infiltra hasta en algunos de los míos, para su mayor venganza.

Ha extendido sus redes y su libertinaje en los cuerpos y en las almas por la soberbia y con una sensualidad terrible, hace ver como natural lo prohibido, arranca el pudor, la vergüenza,la fe, empaña, desdora y desorienta las  conciencias. Pero él ve venir la revancha y teme la guerra que el Espíritu Santo, su antagonista, va a presentarle en lo que mas le duele, en los sacerdotes santos.

Va a procurar Satanás, en sus luchas, cismas, desobediencias, oscuridades y preplejidades, "llevar el agua a su molino", pero quedará burlado; y si tendrá que sufrir la Iglesia, la coronará el triunfo y derrocará al demonio y al infierno.

Pero Yo vencí al mundo en la Cruz; y mis sacerdotes, si son fieles en el Calvario, si se sostienen en sus martirios, si se unen en la caridad, si se transforman en Mí, su Cabeza, cantarán victoria; porque el infierno no prevalecerá contra los que forman mi Iglesia y la sostienen con la vida del Espíritu Santo.

Necesito, no una santidad general, sino particular y sólida, basada en la fe, en la esperanza y en el amor, en cada uno de mis sacerdotes. No pido perfecciones en globo, sino que quiero particularizar la santidad en cada corazón sacerdotal, en su perfecta transformación en Mí.

Por todo lo que antecede y que el infierno inquieto y temeroso prepara, comprenderán que no sólo es buena, sino indispensable y necesaria la perfecta transformación en Mí de cada sacerdote y de  todos, de manera que sean un solo Sacerdote en Mí, para salvar a mi Iglesia y a las almas.

Los dos espíritus, el bueno y el malo, se van a enfrentar; y mis sacerdotes van a luchar en mayor o menor escala ya exterior, ya interiormente y de muchos modos. Pero Conmigo y en mi unión ¿qué pueden temer? La lucha será más o menos ardua, intensa y duradera; pero el Espíritu Santo triunfará y la Iglesia, gloriosa y pura, entonará acciones de gracias a mi Padre Celestial. Claro está que habrá sus víctimas; pero felices víctimas, unidas a la Víctima sin mancha, que borra todos los pecados del mundo.
Por tanto, esa transformación de los sacerdotes en Mí no es una mera devoción, repito, no es sólo un grado de perfección más; es una imperiosa necesidad en estos tiempos para prepararse a la lucha, para poder aplastar a Satanás en sus tenebrosas sectas, en sus conspiraciones contra la Iglesia; necesitan  los sacerdotes reforzarse con el Espíritu Santo por María; necesitan la fortaleza de lo alto para sostenerse dignamente en sus puestos; necesitan la luz de verdad, de vida, de calor del Padre amado.

Y todo esto lo conseguirán en su transformación en Mí, Crucificado sí, pero resucitado también, y vuelto en ellos a la tierra para redimir a las almas, perfeccionarlas y sacarlas de lo material, espiritualizarlas y por el Espíritu Santo salvarlas.

Que mis sacerdotes blindados en Mí, con las virtudes teologales por armas, se preparen a la lucha mas o menos cercana y sepan dar pruebas de su valor heroico, de su energía invencible, de su constancia perseverante, de su amor invulnerable a la Iglesia.

Yo vencí al mundo, repito, y ellos lo vencerán con el Espíritu Santo, con María, con la Cruz, y glorificarán al Padre que es y debe ser el principio y el final del sacerdote transformado en Mí.

¡Cómo quisiera incendiar con el fuego santo el corazón de todos mis sacerdotes!,  ¡con ese ardiente celo que consume mi pecho cuando veo amagada mi iglesia y a Satanás preparando sus golpes para asestarla!  ¡Cómo quisiera poseer en lo más íntimo cada alma sacerdotal y comunicarle mis sentimientos, el amor a mi Padre y a las almas!...

¡Yo me dajaría crucificar de nuevo, si esto pudiera ser, con tal de transformar a cada sacerdote en Mí!   ¡Cómo busco su corazón que, poseyéndolo, poseería su amor, sería dueño de disponer de ellos a mi placer, sin obstáculos ni resistencias!  Y lo mismo ansía mi Padre que quiere ver no a muchos sacerdotes dispersos y aun disgregados, sino a un solo Sacerdote en Mí, a un solo Sacerdote en el Papa, con un solo juicio, parecer y querer.

Pues esto persigo con estas confidencias: llegar a esa unidad, única que puede salvar; todos en Mí y Yo en ellos en mi Padre, con el Espíritu Santo, fundiéndonos con toda la Iglesia y con todas las almas en la unidad de la Trinidad".

ENCUENTRO NACIONAL DE RENOVACIÓN JUVENIL - REPRESENTACIÓN






Imágenes de una parte del grupo que representó a todas las capillas de la Parroquia San Nicolás de Bari de Arraiján en la versión número 38  ENCUENTRO DE RENOVACIÓN JUVENIL, llevado a cabo entre el 2 y 5 de Febrero, pasados en la ciudad de Chitré, Provincia de Herrera.

Fotos: Narcisa Olayvar

ASÍ DESAFIABA SAN JUAN BOSCO AL DIABLO

Desde vejaciones hasta burlas. Una dura batalla entre el santo y Satanás

San Juan Bosco y el demonio. Se cuentan innumerables episodios en los que don Bosco enfrentó a Satanás: encuentros, luchas, exorcismos.


Resultado de imagen de san juan bosco


1 – Carluccio y la Virgen Auxiliadora

Carluccio, el hijo de un hombre honesto era “alumno” de don Bosco. Al chico, 15 años, le transmitió la devoción. Cuando el joven se enfermó, el sacerdote estaba fuera de la ciudad y no pudo confesarlo. La enfermedad se agravó y Carluccio murió.

Llegó don Bosco; la familia en luto le contó cómo se había apagado su Carluccio. Don Bosco se acercó al joven fallecido y comenzó a llamarlo: “¡Carluccio! ¡Carluccio!…”. El muerto abrió los ojos y se sentó en la cama. “¡Oh, don Bosco, lo estuve llamando mucho tiempo porque quería confesarme bien. Me confesé confusamente con otro sacerdote y no logré confesarme bien”.

Don Bosco hizo salir a todos un momento de la habitación. Le dijo a Carluccio. “Pobrecito, ¿qué te ha sucedido?”.

“Mire, – respondió el muchacho – apenas salió el alma de mi cuerpo, se encontró con Cristo Juez, pero María Auxiliadora le rogó a su Hijo suspender un poco el juicio. Yo estaba aterrorizado. Veía a un lado un abismo inmenso de fuego”. Demonios por todas partes. “Fue entonces que María Auxiliadora, ahí presente, le dijo a los demonios: “No lo toquen, no ha sido juzgado”.

En ese momento Carluccio recordó haber oído la voz de don Bosco y haber recuperado la conciencia. Don Bosco, tras haber puesto al corriente a los familiares que regresaron a la habitación, le dijo finalmenete al joven: “Carluccio, prefieres estar aún en este mundo de tentaciones y peligros, o irte a los brazos de María Auxiliadora?”. El joven respondió: “Prefiero irme a los brazos de María Auxiliadora”. Entonces – continuó el santo – vete en paz y ruega a la Virgen por nosotros”. Se dejó caer sobre la almohada y murió.


2 – Las burlas del diablo

Leemos en la vida de don Bosco que el diablo, rabioso porque el santo se robaba las almas, buscaba de todas las formas obstaculizarlo. Satanás retumbaba en el desván, parecía que cayeran piedras con estruendo infernal.

Mientras el santo extendía en la mesa la Regla de los Salesianos, ese animal le derramaba la tinta en el manuscrito. Cuando estaba abrumado por el sueño, le quitaba las mantas de la cama, burlándose. A menudo, bajo el aspecto de tigre, y otras fieras feroces, o monstruos horrendos, le levantaba la cama.


3 – La bendición

En Roma, el 3 de abril de 1880 le llevaron a don Bosco a una endemoniada, para que la bendijera.

Durante la bendición parecía que el demonio estuviera ahogando a su pobre víctima. El maligno dijo que se llamaba “Petrus” y que desde hacía dos años que habitaba en esa persona.

“¿Qué haces aquí?” – le preguntó don Bosco.

“Soy el guardián de Santa” (así llamaba a la poseída)

“¿Dónde estabas antes?”

“En el aire. Ustedes tienen que luchar mucho contra mí”.

“¿Por qué no quieres salir? ¿No ves que aumentas tus penas, tu mal?”

“Yo quiero el mal”.

El exorcismo solemne no fue posible, pues le faltaba a don Bosco el permiso del cardenal vicario, que no estaba en Roma. Un señor que no creía en el demonio, al ver la escena y oyendo las palabras de la endemoniada, se convenció de la existencia del diablo (esorcismo.altervista.org).


4 – La marquesa víctima de una posesión

Don Bosco se había ido a celebrar misa en la casa de la marquesa de Comillas, cuando se presentó una poseída que, al verlo, se lanzó al suelo como desmayándose, sacando espuma por la boca, debatiéndose y contorsionándose como una serpiente. Él le decía que invocara a María, ésta en cambio gritaba: “¡No, no quiero salir! ¡No quiero partir!”.

Como la desgraciada se llamaba María, don Bosco la llamaba: “María, toma esta medalla”; pero ella no daba muestras de entender. Finalmente, don Bosco la bendijo. Se levantó la joven, tomó la medalla que don Bosco le ofreció, la besó, entró en la iglesia y oyó la misa. Parecía curada: de hecho desayunó tranquilamente, y todo esto en presencia de muchas personas. Aquellos que la acompañaban, decían que no la habían visto así de tranquila desde hacía mucho tiempo y estaban sorprendidos. Y volvió consolada a casa.


5 – Las molestias del oso

Don Bosco sufría graves sensaciones diabólicas cada vez que estaba por emprender alguna obra importante para mayor gloria de Dios. Una mañana uno le preguntó si por la noche había descansado, él respondió: “No mucho, porque me molestó un animalejo feo, bajo la forma de un oso, el cual se puso en mi cama, e intentó ahogarme”. Este hecho no sucedió una sola vez: y don Bosco decía claramente cómo eran las molestias infernales.

La noche en la que don Bosco terminó de escribir las primeras Reglas de la Pía Sociedad Salesiana, fruto de mucha oración, meditación y trabajo, mientras escribía la frase de conclusión: “Ad maiorem Dei Gloriam”, apareció el diablo, se movió la mesa, se cayó el tintero, mientras se oían gritos tan extraños que podían infundir profundo terror; y finalmente se quedó todo tan sucio que el manuscrito ya no era legible, y don Bosco tuvo que empezar de nuevo su trabajo.


6 – La opresión en su estómago

El 12 de febrero de 1862 don Bosco contó: “La noche del seis o siete de este mes me había apenas acostado, y ya empezaba a adormecerme, cuando siento que me agarran por los hombros y me sacuden tan fuerte que me asusté mucho. “¿Quién eres?” me puse a gritar, encendí la luz, y me vestí, miré la cama, y en todos los rincones de la habitación, para ver si estaba escondido alguien, y era la causa de esa broma. Pero no encontré a nadie. Miré la puerta de mi habitación y estaba cerrada. Miré igualmente la puerta de la biblioteca; todo estaba cerrado y tranquilo”.

Don Bosco luego recordó haber vuelto a la cama. “Me había apenas adormecido, cuando sentí otra sacudida que me perturbó. Quería tocar el timbre y llamar. “Pero no”, me dije, “no quiero molestar a nadie”, y entonces me puse a dormir boca arriba; cuando sentí en el estómago un peso enorme que me oprimía, casi impidiéndome respirar. No pude evitar gritar: “¿Qué pasa?” y solté un puñetazo: pero no toqué nada. Me puse del otro lado, y volvió esa opresión. En ese miserable estado pasé toda esa noche”.


7 – TOC.. TOC… TOC…

El 5 de febrero de 1862 don Bosco contó: “La otra noche fui a la habitación y vi la mesita de noche bailar y golpear: toc, toc, toc… “Oh, esta es buena” me dije, y me acerqué y le pregunté: “¿Qué quieres?” y ésta continuaba: toc, toc, toc. Me pasé por la habitación y callaba; me acercaba, y ésta bailaba y golpeaba. Les aseguro que si yo hubiera escuchado esta historia que he visto, no la habría creído. ¿No les parece estar oyendo las historias de las brujas que nos contaba la abuela?”.


8 – La cola del diablo

El 17 de febrero de 1862: “Ayer por la noche me acosté, cuando sentí que me pasaba por la frente un frío pincel, manipulado ligeramente. Entonces me quité el gorro de dormir, pero esa mano misteriosa me pasaba el pincel por la nariz y la boca molestando, haciendo que no pudiera dormir y cerrar ojo ni un solo instante. Eso me sucedió otras veces, es más, en lugar de una pluma, me pareció que fuera una cola tan apestosa, que me despertaba sobresaltado”. 


9 – La mujer afligida

En 1872 en Mathi Toriense había una cierta Maria Sopetti, que sufría vejaciones diabólicas. Fue informado mons. Gastaldi, quien sugirió que la bendijera don Bosco. La mujer fue a Turín el 30 de noviembre. Cuando llegó el momento de entrar, comenzó a gritar: “No, no …” cien veces. Finalmente entró y con muchos esfuerzos se le forzó a arrodillarse.

Don Bosco le dio la bendición. Ésta, mientras tanto, se llevó las manos a las orejas para no oír, e intentó hacer locuras y caras raras porque se sentía sofocada.

Se puso a gruñir como un cerdo y a maullar como un gato.

Con increíbles esfuerzos se logró que besara la medalla de María Auxiliadora. Terminada la bendición, se calmó enseguida.

Salió de la habitación, y se le vio tranquila. Don Bosco le aseguró que, cuando fuera a Lanzo, pasaría a verla en Mathi, o al menos preguntaría por ella. Le dijo que besara a menudo la medalla de María Auxiliadora y rezara el Ave María, que el Señor le daba con tales vejaciones un medio para hacer muchos méritos. Siguió de vez en cuando yendo con don Bosco y el 2 de enero de 1883 estaba casi completamente libre.


FUENTE: es.aleteia.org

Satanistas, volved a Dios


Resultado de imagen de padre jose antonio fortea

Vamos ahora a hablar del genero de hombres más desgraciados de todos cuantos hay sobre el mundo. Nada hay más espantoso que el que alguien sabiendo que existe el demonio, le adore. Es muchísimo mejor la suerte del ateo, pues al menos éste si creyera en la existencia del mundo espiritual, adoraría al Creador. Pero el servidor del mal sabe que existe este mundo espiritual y, aún así, elige recibir un poco de bien ahora, a cambio de su suerte eterna.

Y digo “un poco de bien ahora” porque es muy poco lo que el demonio da. Ya aquí en la tierra, los servidores del Maligno sufren las consecuencias del pecado: ira, tristeza, rabia, melancolía, odio, intranquilidad, continua ambición no satisfecha, continua hambre de más placeres. Y el demonio les concede poco, casi nada. Con ellos no es generoso ni en la tierra. Podría darles más, pero no quiere que gocen ni sus súbditos. Está dotado de sentimientos sádicos y no es bueno ni para con los suyos. Lo que sí que les suele inculcar en sus mentes es que les ha concedido lo que le han pedido. Pero es una idea irreal que él les mete en sus cabezas.

Recuerdo una mujer que vendió su alma al Diablo, me dijo: he vendido mi alma, sí, pero mire, tengo cuarenta años y parece que sigo en los dieciocho. La miré y callé, la realidad era terrible, físicamente estaba espantosa, más ella creía seguir gozando de una eterna juventud. Los que entregan su alma por gozar del sexo, no obtendrán más en ese campo que otros de su misma edad. Quizá el demonio tentará más a alguien para que se les entregue y tener contento a ese súbdito suyo. Pero las actuaciones del demonio sólo son por vía de tentación y allí acaba su poder. Contra alguien virtuoso, la tentación se estrella como contra una roca.

En fin, las personas entregadas al demonio deben saber que Dios creo todo y tiene pleno poder, incluso para reducir a la nada a todas las fuerzas del infierno.

Eso si, la persona debe arrepentirse de todo corazón de haber seguido el mal camino y volverse con todas sus fuerzas hacia el buen camino. Haya cometido los pecados que haya cometido, Dios que es un Padre le perdonará si se arrepiente y se esfuerza por cumplir los Diez Mandamientos. 

La persona tendrá que orar mucho, repetir actos de arrepentimiento y de amor a Dios y confesar sus pecados a un sacerdote y recibir por la absolución la limpieza de su alma. Ahora bien, desde el momento en que uno renuncia al Diablo y ama a Dios y quiere obedecerle cueste lo que cueste, desde ese momento uno se ha escapado de las manos del demonio.

El demonio tratará de obsesionarle con la idea de que, puesto que se ha entregado al Diablo, ya no hay posibilidad de marcha atrás. Pero eso no es cierto. Aunque uno haya firmado un contrato firmado con la propia sangre, el contrato queda en papel mojado desde el momento en que uno se arrepiento y vuelve a Dios. Con la libertad uno puede hacer muchas cosas, pero lo único que no se puede hacer es renunciar a la libertad. Y eso el demonio lo sabe

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís