FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

VIDA CONSAGRADA - UNA PLEGARIA DÍA Y NOCHE -


Día y noche rezando por los sacerdotes

Resultado de imagen de Seminario Mayor de Moncada religiosas


Las Oblatas de Cristo Sacerdote de Moncada.

El pasado 15 de junio, la Iglesia ha celebrado la Jornada Pro Orantibus. Un día dedicado a orar por las personas consagradas contemplativas y una ocasión “para dar gracias a Dios por esta forma de consagración, para expresar nuestra estima y para dar a conocer esta vocación tan necesaria y hermosa en la Iglesia y para la vida del mundo”, indica la Conferencia Episcopal Española en su mensaje publicado con ocasión de esta jornada.

El lema de este año, ‘Evangelizamos orando’, está en sintonía con el impulso evangelizador del papa Francisco en la exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’ y remite a lo esencial de la vida contemplativa que es la oración.

A escasos metros del Seminario Mayor de Moncada un pequeño campanario con una cruz recuerda que el monasterio de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote no para. Y es que, a pesar de la tranquilidad y el silencio que reinan en su interior, la oración no cesa. Las Oblatas, fieles a su carisma, rezan continuamente por la santificación de los sacerdotes. Una plegaria que se mantiene día y noche gracias a los turnos que hacen las 17 religiosas que viven allí. Sea la hora que sea, una de ellas eleva delante del Sagrario su oración por ellos.


FUENTE: paraula.org

ADVERTENCIAS DEL MAS ALLÁ A LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA.

Parte 27

Por el Padre Arnold Renz


¿Está Cristo presente todavía en todos los Tabernáculos?


E:  ¡Di la verdad, di lo que la Santísima Virgen quiere decir, solamente toda la verdad!

J: ...hasta en el coro podemos regodearnos, hasta delante del tabernáculo.  Porque ya no es en todos los tabernáculos donde...No quiero decir eso, no quiero decir eso (gruñe fuertemente)

E:  ¡Di la verdad, tienes que decírnosla, Judas Iscaríote, por orden de la Santa Virgen!  ¡Lucifer no tiene derecho a molestarte!

J:  En el cielo deploran que la hostia consagrada no se encuentre ya en todos los tabernáculos.

E:  ¿Por qué no?  ¡Di la verdad en nombre de...!

J:  Cuando, durante la misa, el sacerdote ya no cree en las palabras de la consagración y no tiene la intención de consagrar, entonces la hostia no está consagrada. Entonces se trata solamente de pan, como lo dicen los protestantes y las sectas. A la mayor parte de los sacerdotes les importa "un pito", no hacen otra cosa que lo que el pueblo manda.  Quieren ser adorados en su modernismo y en su presunción, que casi les sale de los poros de su cabeza (gruñe).

E: ¡Di la verdad y solamente la verdad, di lo que tienes que decir en nombre de la Santísima Virgen, Judas Iscaríote!

J:  Lo mas triste de todo para Los de allí arriba, (señala en lo alto), es que la gente cree recibir a Cristo en la hostia... y solamente es pan. Efectivamente, ya no es Cristo. Eso representa para ellos una pérdida de gracias, y por lo tanto se salen fácilmente del buen camino. Sus propios sacerdotes los engañan

E:  ¡Di la verdad, Judas Iscariote,en nombre de...!

J:   Tengo que decir que ellos (señala hacia arriba) no quieren, no quieren que se empleen hostias morenas. Solamente se toleran en casos de extrema necesidad. Normalmente, hay que emplear preferentemente el pan blanco, ya por el hecho de que Jesús es la inocencia personificada (respira fatigosamente).

E:  ¡Continúa, Judas Iscariote,dí ahora todo lo que tienes que decir de parte de la Santísima Virgen! ¡Lucifer no debe molestarte de ninguna forma, debe marcharse al infierno, que es donde pertenece! ¡Judas Iscaríote, continúa hablando, en nombre de...!

J:  Cuando el Papa aparece sobre su podio -quiere decir en su balcón, en el que tiene la costumbre de hablar- si pudiera decir todo lo que debiera y quisiera decir, sin estar influenciado, entonces los hombres volverían atrás. Entonces, todavía sería a tiempo, pero precisamente eso es lo que se impide. Si pudiese, una sola vez más salir y decir lo que quisiera, pero sería...(murmura).

E:  ¡Di la verdad de parte de la Santísima Virgen, en nombre...!

J:  Lo harían callarse si rabiase libremente. Sabe que no puede dar un paso en falso.  en esta situación, quisiera poder morirse. Pero sabe perfectamente que debe mantenerse hasta el fin.  Tiene que vivir su martirio como un verdadero discípulo de la cruz de Cristo.  Tiene que vivir la pasión hasta el fin, que quiera o no.  El Papa tiene que pasar por la misma prensa por la que ha pasado Jesús, no en la misma medida, pero a pesar de todo, tiene que pasar por ella.

E:  ¡Continúa, Judas Iscariote, di solamente lo que la Santísima Virgen te encarga decir!  ¡Lucifer no tiene que molestarte, tiene que dejarte hablar, en nombre de...!

J:  No se cree que el Cielo anuncia por almas privilegiadas, lo que Ella (señala hacia lo alto) encarga de anunciar a las almas privilegiadas, en nombre de Jesucristo, o cuando el propio Jesús aparece, no se cree. Jesús y su Santa Madre han dicho ya suficientemente, que ahora todo está podrido en la iglesia, pero precisamente, los obispos no lo creen. Ya que los lugares de peregrinaje, tanto los recientes, como los más recientes, ya no están reconocidos. Lourdes y Fátima, etc. todavía se cree a la ligera, por eso ya no hay gracias suficientes, puesto que los mismos sacerdotes ya no leen la buena misa.  Hay...(se calla).

E: ¡Di la verdad, Judas Iscariote, en nombre de...!

J:  Allí hay ya ciertos sacerdotes, que quisieran leer una misa de invención -como podría decirse- y eliminar a los otros sacerdotes. Fátima se encontrará pronto en el primer lugar, y pronto será Lourdes...

E:  ¡Di la verdad, por orden de la Santísima Virgen!  ¡Lucifer no debe molestarte ni impedirte hablar!

J: ...próximamente Lourdes no estará mucho más atrás. Por otra parte, muchos católicos ya no van a Lourdes, porque encuentran que está pasado de moda honrar a la Santa Virgen o ir de peregrinación.

E:  ¡Por orden de la Santa Virgen, continúa diciendo la verdad, di todo lo que tienes que decir ahora, lo que la Santa Virgen te encarga decir!


"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. CI: "PARA QUE SEAN CONSUMADOS EN LA UNIDAD"

Mensajes de Nuestro Señor Jesucristo a sus hijos predilectos.


CI


"La caridad, la caridad, la unión, es lo que anhela de los sacerdotes el Sacerdote Eterno, el Corazón amante del Dios-Hombre.

El demonio tiende a desunir para debilitar, y el Espíritu Santo a unir, a estrechar los lazos paternales, filiales, fraternales, de cuyo desmembramiento vienen tantos males a mi Iglesia. Si Yo soy la unidad en la Trinidad ¿por qué mis Pastores y sacerdotes entre si no tienen una sola alma, un solo parecer por mi gloria, un solo corazón en mi Corazón?

Cuando elegí a mis sacerdotes de entre los demás hombres, rogué muy especialmente por ellos antes de morir, y mi impetración al Padre no ha concluído ni concluirá hasta el fin del mundo.

Yo me ofrecí de Víctima por ellos muy especialmente y sólo les pedí que perseveraran en mi amor, y mi amor es unitivo; y si quiero que los hombres se amen unos a otros, ¿cómo no querer ante todo que los sacerdotes se amen entre sí y que en ese grupo escogido y de elección no tenga Yo que lamentar odios, discolerías,envidias, diferencias y oposiciones de pareceres y afectos; todas esas miserias que enfrían, que entibian, que separan los corazones?

Y si éste es un tremendo mal para mi Iglesia, que puede llegar hasta el cisma, para mi Corazón es lo más doloroso, lo que más lamento, puesto que se apartan de Mi gran mandamiento, de aquel "amaos los unos a los otros"; porque Yo quería, al pronunciar estas palabras, que fueran particularmente para mis sacerdotes que son humanos y que no están exentos de las pasiones humanas.

Y si dije que conocerían que eran míos si se amaban los unos a los otros, cuando las almas vean esos resfriamientos de afectos, esa falta de calor entre sí, el mundo se escandalizará y no los tendrá por míos.

Yo insisto e insistiré siempre en esa unidad de la Trinidad, en esa unidad por la caridad que es el amor, que es la unión por medio del Espíritu Santo.

Es muy natural el que Yo tenga que lamentar --y también la Iglesia-- esa división entre los míos que causa muy grandes males cuya extensión sólo Yo sé medir.  Esto es descender al nivel del mundo, y mis sacerdotes no, no son del mundo, no deben ser de él, no pueden seguir sus máximas, no deben contaminarse con el mundo.  ¡Y en el mundo hay tanta maldad, tanta tierra, pasiones y vicios de los que mis sacerdotes deberán estar tan alejados!

Yo mismo le hago patente a mi Padre que mis sacerdotes no son del mundo, sino míos, que no los ha de arrastrar el mundo, que ese enemigo del alma no entrará en los corazones sacerdotales.  Y mundo son las divisiones, las desavenencias, los respetos humanos, las envidias, el buscarse a si mismos y el alejamiento de corazón a corazón.

El Papa, los Cardenales, los Pastores y los sacerdotes, toda la jerarquía eclesiástica, forma un solo bloque divino, una piedra en Pedro, una roca en donde las olas del mundo y de los enemigos se estrellarán. Pero ese bloque debe ser uno, no debe desmembrarse, y de ahí su fuerza divina contra todo el infierno. Y es que está resguardado por la unidad del conjunto, por unidad de la Trinidad.Pues no quiero que esa masa compacta se desmorone en lo más mínimo; que esa unión de espíritus y de corazones en un mismo Corazón, en el mío, tenga sus deficiencias.

¡Si supieran lo que es la vanidad, lo que encierra la unidad, lo que puede la unidad en la Trinidad y en mi Iglesia!  ¡Amo tanto la unidad!  ¿Y saben por qué? porque la unidad es Dios, la unidad es el amor y todo lo que se aparte de la unidad, de la unión, del amor, no es mío.  ¡Y hay tantos engaños que Yo lamento en este punto!...

No es posible, siendo humanos, que todos los criterios sean uno; pero la fe sí es una;la obediencia al Papa es una; la doctrina del Evangelio es una; el amor es uno y la Trinidad es una que a todos abraza, que a todos unifica, que a todos enlaza por el Espíritu Santo y que a todos premia, transformados en Mí.

Yo formo el centro de mi Iglesia y soy uno con el Papa, uno en cada Cardenal y Obispo, uno en cada sacerdote. Todos en el eterno Sacerdote, con un solo corazón y una sola alma y una única voluntad en mi Padre, en la unidad de la Trinidad.

Es necesaria, en México especialmente, la unión, una reacción, no tan sólo exterior, sino interior, que es lo que espero, lo que anhelo, lo que ansío; reacción de fondo y no de superficie, propósitos santos, humildes y confiados a mi gran misericordia.

Todo lo hago bien;y si castigo, es para perdonar; y si martirizo, es  para coronar.

Quiero una gran promesa de amor en el Amor mismo, en el Espíritu Santo por María. Soy el Amor, soy la Bondad, soy la Misericordia, soy el Salvador que ha dado a su México una lección de amor para que mi Iglesia florezca y reine limpia de polvo, lozana y nueva, con sus sacerdotes  transformados en Mí.

¡Unión, unión! Esa unidad que es mi esencia y que persigo en mis Obispos y sacerdotes en todo el mundo.

No desoigo jamás los clamores de los míos, pero necesitaba la Iglesia de México una sangría; necesitaba expiaciones y martirios; pero mi Corazón está aquí, mis miradas están aquí y a la Iglesia Mexicana la llevo en mi alma con todos los suyos, a quienes amo con ternura de madre.

Pero quiero su bien; quiero barrer de ella lo vano;quiero apartar el trigo de la paja; quiero renovarla hasta sus cimientos, inyectándole más amor, unión, caridad, entregándola pura y limpia, por María, al Espíritu Santo, quien reinará en esta Nación de María que es mi predilecta.

Era muy triste para Mí dejarla rodar sin detenerla, sin limpiarla, sin devolverle su brillo antes de devolverle su libertad que vendrá, vendrá a su tiempo, pues como he dicho, mis castigos y mis pruebas son misericordias.

Sólo obligado por el pecador, castigo en la otra vida; aquí, hasta mis castigos aparentes son bondades y mis pruebas, caridad ardentísima.

Reaccionará mi Iglesia con sus Pastores y sacerdotes transformados en Mí; y la alegría y el fruto divino será mayor que el mal, y el triunfo coronará los martirios, los esfuerzos, los sacrificios, y seré Yo mismo en mis sacerdotes la mayor recompensa"










ORACIONES POR LOS SACERDOTES.




...POR LAS VOCACIONES

Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas
Señor Nuestro Jesucristo, Tú dijiste a tus Apóstoles: "la mies es mucha pero los obreros pocos; rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su campo". Humildemente te suplicamos que envíes a tu Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Te lo pedimos por la intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, y por la de nuestros Santos Patronos y Protectores, que con su vida y merecimientos santificaron nuestro suelo. Amén.

Ofrecimiento diario de sí mismo por las vocaciones sacerdotales
Oh Jesús, Salvador mío, Tú que confiaste a los sacerdotes, -y solamente a ellos-, el poder de celebrar la Eucaristía, fin principal de su ordenación sacerdotal, perdonar los pecados, administrar otros Sacramentos, predicar con autoridad la Palabra de Dios y dirigir a los demás fieles a mirar y a subir hacia Ti, por medio de tu Santísima Madre, te ofrezco para la santificación de los sacerdotes y seminaristas, durante este día, todas mis oraciones, trabajos y alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor, sacerdotes verdaderamente santos que, inflamados del fuego de Tu amor, no procuren otra cosa que Tu gloria y la salvación de aquellos a los que Tú encomendaste. Amén.

Voy a rezar en particular por esos muchachos que conozco, que tal vez puedan recibir la vocación sacerdotal, y responder a la llamada de Dios: Mira Jesús, tu Iglesia y el mundo necesitan hombres generosos que se entreguen a Ti para ser apóstoles tuyos. Elige.a los que quieras; llama y da la valentía de dejarlo todo y seguirte para ser sembradores de tu doctrina de amor y portadores de tu salvación. Amén.

Oración para los padres de familia.
Oh Dios, Tú me has concedido estos hijos. Sé que gran parte de las vocaciones surgen en familias cristianas, atraídas por la vida ejemplar de sacerdotes fieles. Elige a alguno de mis hijos para que sea sacerdote. Sé que la Iglesia los necesita para proseguir la misión de tu Hijo Jesús. Ayúdame a no ahorrar ningún medio para que cuaje en alguno de ellos tu llamada, y el resto lo confío a tu Espíritu. Guárdalos en tu amor, guíalos y protégelos. Amén.

Oración para el Seminario.
Señor Jesucristo, que fuiste el primero que se preocupó de la formación sacerdotal de los Apóstoles, para después enviarlos a predicar (cf. Mc 3, 13), siguiendo tus huellas; te pedimos, para que las vocaciones arraiguen, que los profesores del Seminario sean sacerdotes íntimamente unidos a Ti, de vida ejemplar, hombres de fe y llenos de amor a la Iglesia. Amén.


...POR LA SANTIDAD.

Oración para pedir la santidad de los sacerdotes
Oh Redentor Nuestro, acepta vivir en los sacerdotes, transfórmalos en Ti. Hazlos por tu gracia ministros de tu misericordia, obra a través suyo, y haz que, imitando fielmente tus virtudes, se revistan en todo de Ti, y actúen en Tu nombre y con la fuerza de tu Espíritu. Contempla, Señor Jesucristo, cuántos son todavía los que duermen en las tinieblas del error, cuántas son las ovejas que caminan al borde del precipicio. Dirige tu mirada a tantas y tantos pobres, hambrientos y débiles, que lloran en medio de su soledad. Vuelve Tú a nosotros por medio de tus sacerdotes. Muéstrate en ellos y, obrando a través suyo, recorre el mundo de nuevo, enseñando, perdonando, santificando y renovando los lazos de amor entre tu Corazón divino y nuestros pobres corazones. Amén.

Preces para pedir sacerdotes santos

V. Para conseguir el perdón de los pecados,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que no nos falte la Sagrada Eucaristía,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que prediquen a Cristo, y a éste crucificado,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que den testimonio de la Verdad,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que los niños conserven la Gracia,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que la juventud conozca y siga a Cristo,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que los mayores conformen sus vidas según la Ley de Dios,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que tengamos hogares cristianos,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que en nuestros pueblos se viva la unión y la caridad cristiana,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que los enfermos reciban los auxilios espirituales,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros,
R. Señor, danos sacerdotes santos.
Santa María, Madre de la Iglesia, Reina de los Apóstoles, alcánzanos del Señor muchos y santos sacerdotes. Así sea.

PREDILECTAS DE LA AUTORA

Un  sacerdocio que no conoce el Rosario es un sacerdocio estéril.

Hay sacerdotes que jamás rezan el Rosario, no tienen ninguna relación con el Rosario, le tienen prácticamente como un rechazo, viven en una religión estéril que es sacramental pero estéril porque no tiene maternidad.

De: La Virgen María (Marino Restrepo)
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A Nosotros como católicos  por el enemigo tan feroz que tenemos, por ser la amenaza del diablo que somos, tenemos que estar protegidos de una manera sobrenatural, muy importante, demasiado especial y por eso Dios nos dio el Rosario, por eso tenemos el Rosario.
El Rosario es una cerca, cada Ave María es un palito de esa cerca. Cada misterio es una puerta que se cierra al abismo y se abre a la Santa Ciudad de Luz cada puerta de cada misterio.

De: La Virgen María (Marino Restrepo)
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Las tradiciones Sagradas son sagradas, son una fuerza, un poder grande contra el maligno y todo su ejercito.
EN EL EVANGELIO COMO ME HA SIDO REVELADO  de María Valtorta, en ocasiones en que Jesús salia con los discípulos a predicar a otros pueblos y que la Virgen se quedaría, ella siempre se arrodillaba para recibir la bendición de su Hijo. Jesús le decía entonces a las santas mujeres que quedaban con María: "Mi Madre les enseñará todo, hagan como Ella".

La Virgen siempre uso velo y siempre se arrodilló para recibir Su bendición.
La Palabra de Dios es eterna y si queremos serle fiel y vivir en el eterno presente de Dios vivamos estas Sagradas tradiciones que nos dejó Jesús y Su Santísima Madre.

De: sacerdote-eterno
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EL TABERNÁCULO DEBE SER DIGNO DEL QUE EN ÉL RESIDE

J: El tabernáculo debería estar en el centro, ¿Qué es eso de que cuando se entra en una Iglesia moderna, se esté obligado primero a buscar donde está el Tabernáculo? No se sabe si está delante, detrás o a un lado. En muchos lugares se construyen ahora tabernáculos, en los que no se sabe de qué se trata, si se trata de la cueva de un zorro (fuerte risa mal intencionada)...

E: ¡Di la verdad y solamente la verdad por orden de la Santísima Virgen, Judas Iscariote!


J: ¡Un Tabernáculo - ¿me oís? - debe ser dorado. Quiero decir, que ni siquiera el oro ni las piedras más preciosas podría contener lo que él contiene. Y ni siquiera sería digno de lo que alberga. Es una vergüenza, tenemos que decir hasta nosotros, los de ahí abajo, es una vergüenza ver la clase de Iglesias y de tabernáculos que el pueblo construye.

De: Advertencias del Mas Allá a la Iglesia Contemporánea.

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Dice el demonio: de cierta forma estoy obligado a decir, tengo que decir esto: "las mujeres DEBEN llevar velo pero ya hace tiempo que no lo llevan por un querer del infierno".

De: LA EUCARISTÍA Y LO QUE DICEN LOS DEMONIOS, Padre Carlos Cancelado.


EL DISTINTIVO CLERICAL



Por Elvio Teodoro Aguirre
      Sacerdote salesiano

POR GRACIA DE DIOS soy sacerdote desde el 27 de marzo (Jueves Santo)de 1975. Una de mis experiencias sacerdotales se refiere al uso permanente del distintivo clerical. En los primeros años de sacerdocio no lo quise usar por una falsa humildad, queriendo pasar desapercibido en la sociedad. En esos primeros años el ver a algunos sacerdotes y religiosos por las calles con sus hábitos religiosos y el distintivo clerical, siempre me llamó positivamente la atención: me causaba una profunda alegría y veneración hacia esas personas consagradas porque me hablaban de Dios. Mejor dicho, me hacían ver a Dios. Fue madurando en mí la convicción de la necesidad de usar en forma permanente el distintivo clerical y así lo hice desde el 1983. Los siete años sin el uso permanente del distintivo clerical me parecen años perdidos y procuraré explicar el porqué. Ante todo debo confesar que me fue muy difícil el comenzar a usar en forma permanente el distintivo clerical por la vergüenza que sentía entre mis hermanos sacerdotes y religiosos. Sabía que esto sería para mí motivo de discriminación y crítica... y burla; no así entre la gente y entre los jóvenes. Recuerdo en esos primeros años al subir a los buses y por las calles recibía muestras de aprobación y aprecio: “le felicito padre”. Cuántas veces no me han cobrado el boleto en transportes públicos porque me veían sacerdote

Narraré algunos hechos que me llamaron la atención.

Hacia fines de febrero de 1990 iba de peregrinación en tren de París a Lourdes, en la medida que nos íbamos acercando a la meta los coches iban quedando vacíos y así me vi solo en mi compartimento. En la ciudad antes de llegar a Tarbes, sube una joven, abre la puerta del compartimento donde me encuentro solo y, al ver a un sacerdote, entra y se sienta delante de mí. Me di cuenta de que quería entablar conversación conmigo. Me pregunta sobre la hora, hablamos de temas intrascendentes para luego terminar en temas religiosos. Al descender y despedirnos cordialmente, me dice: “Padre, le prometo volver a la Iglesia”. Estaba en la estación de autobuses buses cuando un drogadicto que hacía huir a la gente se me acerca y me besa la mano y se retira del lugar.

El sacerdote no puede perder tiempo, en todo tiempo y lugar, particularmente por las calles tiene que llamar la atención hacia Dios, tiene que predicar: con la palabra y con la presencia silenciosa hecha signo viviente ante el mundo con el distintivo religioso y clerical.

El distintivo clerical, ¿me aleja de la gente o me acerca? ¿acorta la distancia? Esta experiencia mía de tantos años me dice que el distintivo clerical, “me separa del mundo pero me acerca a las almas”, acortando la distancia sin necesidad de presentación personal. Me separa del mundo para ponerme en el mundo de Dios que busca el corazón del hombre, que desde lo más profundo grita: “Queremos ver a Jesús”. 

El distintivo religioso y clerical es un signo que grita, ¿a quién? Grita en una doble dirección: ante todo a mí, sacerdote, que me exige ser otro Cristo en todas partes, particularmente en los ambientes más secularizados, por mi forma de caminar, de mirar, de hablar a la gente... 

Es además un signo para el mundo a quien grita fuerte por las calles: ¡Dios existe!, ¡No os olvidéis de Dios!, ¡Dios no puede ser arrinconado en lo íntimo de la conciencia!... 

Sí, quiero llamar la atención en todas partes, no quiero perder mi tiempo, quiero irradiar a Cristo. Me arrepiento y pido perdón a Dios por los siete primeros años de sacerdocio, perdidos inútilmente por no usar en forma permanente el distintivo sacerdotal.

¿ES ANTICUADO USAR EL CONFESIONARIO?




Lo que el derecho canónico dice sobre dónde, cuándo y cómo celebrar el sacramento de la reconciliación

¿Quién no tiene pecados? ¡Nadie! Hay que ser humildes y reconocer nuestra condición de pecadores (Jn 8, 7). Quien diga, por ejemplo, “no tengo ningún pecado”, o “¿de qué me confieso?” o “no necesito el perdón de Dios”, se engaña (1 Jn 1,8).

Resultado de imagen de confesionarioPara los católicos es una necesidad recurrir al sacramento de la confesión pues “la confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que alguien consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia…” (Canon 960); por tanto no encaja pensar “yo me confieso directamente con Dios”.


¿Cuándo confesarnos?

La Iglesia pide que los fieles se confiesen, como mínimo, una vez al año, y con mayor razón si hay algún pecado mortal o grave (Can, 989). Y esto no es opcional. Quien niega su pecado, niega el poder, la misericordia y la voluntad de Dios de perdonar los pecados a través del ministerio de la Iglesia.

Es Jesucristo el único que tiene la potestad de perdonar los pecados, pero este poder fue transmitido por Jesús a sus apóstoles: “A quien perdonéis los pecados, le quedan perdonados” (Jn 20,22-23).


¿Cómo confesarse?

“En el sacramento de la penitencia, los fieles que confiesan sus pecados a un ministro legítimo, arrepentidos de ellos y con propósito de enmienda, obtienen de Dios el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, mediante la absolución dada por el mismo ministro, y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron al pecar” (Can,959).

Es necesario anotar que antes del arrepentimiento de los pecados se debe tener conciencia de los pecados cometidos, por esto es importante el examen de conciencia. Y recordar también que después de la absolución es importante cumplir con la penitencia, que incluye la reparación de los pecados cometidos.


¿Dónde confesarse?

Hay un dicho que dice “hay un lugar para cada cosa y cada cosa debe estar en su lugar”; y esto aplica también en la vida eclesial. En los templos parroquiales, catedrales, basílicas, santuarios, etc., hay lugares importantes e imprescindibles por su función. Uno de estos lugares suele ser el confesionario.

Un confesionario es un mueble en el que hay un asiento para el confesor, quien estará separado del fiel por un tabique en el que hay una ventanilla o rejilla, con o sin una cortinilla, para el diálogo. Del otro lado del tabique hay un reclinatorio donde se arrodilla el penitente.

Ese habitáculo es el lugar privilegiado e indicado para administrar “ordinariamente” el sacramento de la confesión. La Iglesia lo dice claramente: “No se deben oír confesiones fuera del confesionario, si no es por justa causa” (Can, 964, 3).

De manera pues que usar el confesionario nunca quedará obsoleto; tanto es verdad que el Papa confiesa y se confiesa en un confesionario. Además en la Basílica de San Pedro, como en las demás basílicas patriarcales de Roma, sólo se confiesa en los confesionarios; que sirva esto de referencia o ejemplo a seguir.

Sin embargo hay circunstancias que obligan excepcionalmente a prescindir del confesionario: un moribundo en su lecho de muerte, un preso en la cárcel, en la calle en peligro de muerte, etcétera.

Otra de las excepciones es cuando, en un día señalado y a una hora determinada (por ejemplo, en Cuaresma, Semana Santa o en vista de numerosas primeras comuniones, etc.), varios sacerdotes llegan a un templo parroquial para ayudar al párroco a confesar; como, obviamente, no hay confesionarios para todos los sacerdotes, algunos de estos tendrán que confesar fuera de ellos.

Confesar a alguien fuera del confesionario, en caso extremo y de manera excepcional, tendrá que ser a petición de quien se confiesa y no por iniciativa del confesor, quien deberá preferir el confesionario. Si el fiel exige confesarse fuera del confesionario hay que acceder a su petición; es preferible esto a que no se confiese. Eso sí, hay que tener en cuenta que una excepción no se debe convertir en norma.

Y los confesionarios tienen su simbología. Los confesionarios, como parecen pequeñas iglesias, son símbolo de la Iglesia o del hogar paterno-divino que acoge al fiel que regresa arrepentido; son símbolo de que la Iglesia es la casa donde se acoge al fiel penitente para reconciliarlo con Dios.

A quien no entienda la importancia del confesionario puede resultarle útil reflexionar sobre por qué incluso Freud excluyó el “cara a cara” en sus prácticas de psicoanálisis con el fin de favorecer la espontaneidad y la tranquilidad del paciente.

Hoy día el diseño de confesionario ha cambiado. Ahora es más como una doble y amplia cabina (como una mini oficina) que ofrece alguna comodidad (aire acondicionado, calefacción, iluminación, muebles cómodos); algunos de estos ofrecen a quien se confiesa la opción de quitar o no la rejilla o la cortinilla.

Ahora bien, no hay que confundir el sacramento de la confesión con la dirección espiritual donde la persona dialoga con el sacerdote cara a cara. Y esta dirección tendrá siempre lugar fuera del confesionario.

¿Por qué la Iglesia exige el uso del confesionario? 

La multisecular experiencia pastoral de laIglesia, especialmente desde el Concilio de Trento (siglo XVI), ha sugerido y consolidado, con el paso del tiempo, la creación de este espacio específico de reconciliación.

Este espacio está pensado no solo para proteger la dignidad de la acción sacramental y la buena fama tanto del sacerdote como de quien se confiesa, sino también para favorecer la imparcialidad del sacerdote y la objetividad, sin condicionamientos, del fiel.

La estructura del confesionario facilita la conversación privada pues el sacerdote no tiene por qué conocer o ver al penitente; y la facilita pues la rejilla que existe entre el sacerdote y el fiel sirve para salvaguardar la necesaria discreción y también, obviamente, para garantizar el derecho que tienen todos los fieles a confesar sus pecados sin que tengan que revelar necesariamente su identidad personal.

Es por esto que ningún confesor (ni siquiera el Papa) puede obligar al penitente a que se identifique o dé la cara como condición para absolverle.

La confesión como juicio y como sacramento lo único que exige es la acusación verbal de los pecados y la consecuente absolución igualmente verbal (palabras que sean directamente perceptibles). Es por esto que no se exige que el sacerdote y el penitente se vean.

El confesionario evita el peligro de comprometer emocional y afectivamente a las personas implicadas, lo cual puede llegar a enturbiar el carácter sobrenatural de algo que es sagrado y serio.

FUENTE: es.aleteia.org

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís