FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

¿QUIÉN ES UN SACERDOTE?


7 caracteristicas de un hombre de Dios según San Alberto Hurtado


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San Alberto Hurtado, un sacerdote chileno, fue un hombre de convicciones, firme en la fe y en su vocación. Su historia de vida no está exenta de luchas y sacrificios por alcanzar la santidad en una sociedad corrompida por el dinero y el éxito profesional. Era un hombre de oración. Siempre se acercaba a Jesús sacramentado para contarle sus penas y alegrías. Así fue como, poco a poco, se fue dejando permear por el amor de Cristo hasta el punto de entregarle su vida en el rostro de los más pobres. Antes de morir, en su última predicación, nos dejó un hermoso texto en el cual encontramos algunas características del sacerdote escritas por él mismo.Aquí les dejo de manera breve las palabras de este gran santo, dirigidas sobre todo para quienes buscan hacer la voluntad de Dios a través de la vocación a la vida consagrada.



El sacerdote…

1. «¡No es un ángel!»

Eso está más que claro. A veces vivimos en la cultura de la exigencia. Queremos que todo sea perfecto en las personas. Pero, ¡todos tenemos flaquezas! Exigimos del sacerdote alegría 100%, disponibilidad 24/7, entrega total, etc. El sacerdote es una persona como nosotros, que siente pena y alegría, que se cansa, que lucha por combatir sus imperfecciones. No es un ángel. También trabaja en mejorar sus defectos, en cambiar las cosas negativas que hay en él, en crecer humana y espiritualmente. Es bueno esperar mucho de un sacerdote, pero debemos saber que también es un hombre. Respetarlo como es, aceptarlo con sus dones e imperfecciones. Ayudarlo, colaborar con él. Dice San Alberto Hurtado que «… es un mediador entre Dios y el pueblo en lo que concierne a las realidades divinas». Fácil sería que fuese un santo, listo para irse al cielo, pero no es así, tiene imperfecciones como tú y yo. Lo bueno es que trabaja arduamente por mejorar y superarse, sabe que este es el camino hacia la perfección.


«(… ) otras tantas veces me ha dicho: “Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad”. “Y me complazco en soportar por Cristo debilidades, injurias, necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte”» (2 Corintios 12, 9-10).


2. «Experimenta hambre, frío, peso de la edad…»
Es una dura realidad, aunque muchos no lo crean. El prejuicio general es que al sacerdote no le falta nada, vive como rey, pero los que tenemos contacto con muchos sacerdotes sabemos que la realidad dice algo diferente. Son muchos los sacerdotes que pasan hambre y frío en el mundo. A muchos les falta el pan, el agua, o las condiciones básicas de higiene. Piensen en los lugares inhóspitos donde la Iglesia llega: África, India, Camboya, zonas apartadas de Brasil, Bolivia, Egipto, Siria, Indonesia, etc. Siempre pensamos en países occidentalizados, pero. ¿dónde están aquellos que viven en zonas apartadas y en constante conflicto? Ellos dan su vida a causa del Evangelio y muy pocos lo valoran. Al llegar la vejez siguen en su ministerio, fieles a la llamada de Dios. Sacerdotes viejitos caminan aún por las calles dejando el buen olor de Cristo. A veces viven solos, sin nadie más que la casa parroquial. Y, ¿se quejan? ¡Jamás! Valoremos como católicos al sacerdote recordando a nuestros hermanos que viven en malas condiciones de vida y siguen luchando por construir el Reino de Dios en la tierra.


«Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepárate para la prueba; orienta bien tu corazón, mantente firme, y en tiempo de adversidad no te inquietes. únete a Él y no te aleje… acepta lo que te venga, y sé paciente en dolores y humillaciones… Confía en Él pues vendrá en tu ayuda…» (Eclesiástico 2, 1-4.6).


3. «Carga pasiones, y la del pecado»

Ya hablamos que el sacerdote también es humano y tiene imperfecciones, y por supuesto carga con ellas. Pero no es una carga agobiante porque tiene presente las palabras de Jesús: «mi yugo es suave y mi carga ligera». Todos cargamos nuestra propia cruz. Una cruz de infidelidades y pecados. A veces podemos encontrar a sacerdotes que son propensos a la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula o la pereza. Son conscientes de su debilidad y trabajan en ello. Pero no pensemos que es algo agobiante, Dios cuando llama da la gracia para vivir conforme a la vocación que hemos recibido de él mismo. El sacerdote es feliz en su vocación, pero esto no quita que también peque. Es el primero que confía en la efectividad del sacramento que Cristo mismo imparte a través de él: la confesión. Sí, se confiesa también. Acude como un buen católico a otro sacerdote para confesarse y pedir la gracia de Dios, la reconciliación con el Padre. Así pues, el sacerdote predica y practica.


«Ahora, en cambio, liberados del pecado y convertidos en siervos de Dios, tienen como fruto la plena consagración a él y como resultado final la vida eterna. En efecto, el pago del pecado es la muerte, mientras que Dios nos ofrece como don la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor» (Romanos 6, 22-23).


4. «Su santidad, si se puede hablar de ella, es en marcha: un esfuerzo, un combate»

Todos buscamos la santidad de vida. El sacerdote también. Para ellos la santidad es el camino que abre las puertas a la comunión con los demás. Si uno ve a un sacerdote santo, le dan ganas de ser santo también. Es una cadena, un santo engendra a otro santo, porque el ejemplo arrastra. Aquella santidad sacerdotal está en marcha, como bien dice San Alberto, o sea que es una lucha constante. El combate espiritual es para todos parejo, no en igual medida ciertamente, pero para todos es una lucha. Día a día. Es un combate que requiere esfuerzo personal. Darlo todo en la cancha, como se dice. Abrir el corazón y decirle al Señor: «Éste soy yo, Señor. Tú me conoces bien, sabes qué hay aquí dentro, te pido me ayudes a dejarme iluminar por tí, a enfocarme más en el amor que tú me tienes desde la eternidad». Si el sacerdote lucha y anima al Pueblo de Dios a luchar contra sus pasiones, contra el mal, es porque tiene claro las palabras del Salmo 50, 19: «Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado, Tú Señor, no lo desprecias».


«Nuestra lucha no es contra adversarios de carne y hueso… sino contra los que dominan este mundo de tinieblas… Por eso deben empuñar las armas que Dios les ofrece, para que puedan resistir en los momentos adversos y superar todas las dificultades sin ceder terreno» (Efesios 6, 12-13).


5. «Viene de Dios, pero sacado de entre nosotros»

Antes de ser sacerdote era un hombre común y corriente que vivía entre nosotros, estudiaba con nosotros, trabajaba con nosotros. Jugábamos con ellos, les conocimos de niños. Pero un buen día Dios los llamó a dejarlo todo, a cargar su cruz y a seguirlo a dónde Él fuera. El sacerdote tiene una historia de vida, tiene familia, sueños, sentimientos, etc. Es como nosotros, también sufre y se alegra. Dios le ha sacado de entre nosotros para invitarle a entregarse a Él y a los demás con un amor universal. Quizá ya no en su propia ciudad, en otros casos bastante lejos de su país, pero el sacerdote no olvida su origen, no debe olvidarlo. También extraña a su familia, sufre cuando ellos sufren; pero en todo esto sabe que allí está el Señor que le ha llamado y ha prometido darle el ciento por uno, cuidando de su familia, otorgándole día a día la fuerza necesaria para perseverar en el camino sacerdotal.


«Todo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios en favor de los hombres… Está en grado de ser comprensivo con los ignorantes y los extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas…» (Hebreos 5, 1-2).


6. «Cuando él ora, oramos con él»

Todos los domingos en la “Oración Universal”, «el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres» (Ordenación Gral. del Misal Romano 45). El carácter intercesor está muy arraigado en el corazón de la Iglesia y sobre todo en el corazón sacerdotal. Podemos decir, con certeza, que cuando el sacerdote ora, todos oramos con él. Piensen cuántas misas a diario se celebran en el mundo, y en todas ellas está presente la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. ¡Y todos los bautizados formamos parte de este Cuerpo! Que no nos quepa la menor duda de que todos los sacerdotes del mundo a diario nos encomiendan en la Santa Misa, pidiendo por la conversión de los pecadores y la salvación del mundo entero.


«Te ruego ante todo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y todos los que tienen autoridad, para que podamos gozar de una vida tranquila y apacible, plenamente religiosa y digna. Esto es bueno y grato a los ojos de Dios… que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2, 14).


7. «No es un superhombre»
No es un superhéroe ni un superhombre, pero ¡vaya que ayuda! Nos trae todos los días a Jesús en la Eucaristía, ¡lo tiene en sus manos! Además, acerca a muchos al Evangelio y al camino recto, sale en busca de la oveja perdida y la trae de vuelta al rebaño, perdona los pecados en nombre de Dios, lleva luz donde hay oscuridad, ayuda a que la semilla de la fe crezca en nuestros corazones, nos guía, nos ama, nos corrige e instruye. El sacerdote no será un superhombre, pero es un auténtico hermano, un buen amigo, un gran padre y un fiel hijo de la Iglesia. Nunca olvidemos pedirle al Señor por nuestros hermanos sacerdotes de todo el mundo para que les ilumine el camino, les de perseverancia y un corazón sacerdotal auténtico, en fin, que les haga instrumentos de su amor y misericordia en medio del mundo de hoy.


«No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero… como no pertenecen al mundo, porque yo los elegí y los saqué de él, por eso el mundo los odia. Recuerden que dije: “Ningún siervo es superior a su señor”»(Juan 15, 16.19-20).


Podemos concluir con las mismas palabras de San Alberto Hurtado:


«Los cristianos sabemos que hay un solo sacerdote (Cristo) en quien reside la plenitud del sacerdocio. Pero Él sabe que nosotros necesitamos signos palpables y ¿qué signos más palpables que las personas humanas?. Y por eso, Él que se dejó ver y tocar por los habitantes de Palestina, ha querido continuarse en todos los puntos del espacio y del tiempo por sacerdotes, hombres sujetos a un hombre; a quienes los cristianos miren como los ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios».


La frases han sido sacadas de: La última homilía del Padre Hurtado en las bodas de plata sacerdotales de don Manuel Larraín. Publicado por Fundación Padre Hurtado. Santiago, Chile. 2004.

¿QUÉ ES CRUCIFICAR LA CARNE?

Preguntas y respuestas

Hola Padre, me da gusto saludarlo. Padre una pregunta: ¿Qué significa crucificar nuestra carne en la cruz de Cristo? Gracias. -- J.A.F.

* * *

Significa varias cosas, según entiendo a partir de diversos autores.

1. Lo primero es estar en guardia contra la tentación de construirnos "paraísos." Como he comentado en otras ocasiones, según el relato del Génesis, sabemos que Adán y Eva fueron sacados del paraíso terrenal pero la serpiente quedó allá. Con este sencillo detalle la Biblia nos enseña que al final nos hace daño todo intento de volver al paraíso--que en la práctica se nota en nuestra tendencia a buscar o construir lugares que regalen de placer nuestros sentidos. Con mucha facilidd y demasiada frecuencia sucede que la abundancia de mimo y placer conducen a sensualidad, gula, lujuria, y también: egoísmo, vanidad y dureza de corazón.

2. Es necesario entonces "educar" nuestra carne, en dos sentidos: no podemos darnos gusto en todo y necesitamos una disciplina para lograr lo mejor de nosotros mismos. El esfuerzo debe ser a la vez evitando el exceso de placer y animándonos en el esfuerzo de cultivar aquellas virtudes que precisamente porque son arduas son también más escasas y por ello más necesarias. Esta fase implica vencer la pereza y avanzar en la perseverancia, la constancia en el bien, el entrenamiento necesario para las batallas que sin duda han de llegar.

3. La mención de la Cruz en aquello de "crucificar nuestra carne" es esencial, por supuesto. La crucifixión de nuestra carne no empieza cuando nosotros sufrimos sino cuando abrimos los ojos con viva atención y profundo amor a la carne crucificada de nuestro Salvador. Sabernos así amados produce a la vez gratitud y dolor. ¿Serías capaz de ver a tu mejor amigo, o a tu papá o tu mamá, sufriendo horrorosamente solo por salvar tu vida? ¿No es verdad que sentirías amor, agradecimiento pero también dolor solidario y profundo? Eso es lo que un cristiano sincero siente ante la Cruz y ante el Crucificado. Un cristiano así formado no hace del dolor un propósito que busca sino una realidad con la que se encuentra allí donde encontró a su Amado Cristo, es decir, en la Cruz. Sin esta experiencia, todo lo que se haga espiritualmente como penitencia se queda corto en la intención.

4. Una vez que la persona se ha enamorado del amor dulce pero tan duro y real de la Cruz de Cristo, va sintiendo en sí mismo la necesidad de unirse a ese dolor, de distintas maneras, sobre todo dos: como reparación por tantas ofeensas que recibe el Corazón de Cristo, y como herramienta de combate que suplica con intenso ardor por la conversión de los pecadores. Es aquí donde encontramos a los santos penitentes, que se unen de un modo firme y constante con la Cruz, deseosos de ser uno solo con el Redentror. No es que quieran reemplazar a Cristo, como quitándolo de su lugar, que es absolutamente único, sino que quieren estar ahí, unidos por amor que brota de Cristo y da su fruto en los verdaderos cristianos.

5. La culminación de todo este itinerario de amor es el deseo mismo de morir por Él, es decir, dar la vida por su gloria, por su Evangelio y por su Iglesia. Multitud de santos han conocido las llamas del santo deseo del martirio, que en ocasiones llega a su culminación con el sacrificio, y en otras ocasiones queda simplemente como deseo quemante que sin embargo perfecciona y eleva el alma.


FUENTE: fraynelson.com

LA ESCALA ESPIRITUAL SAN CLÍMACO - PARTE 22


"LA ESCALERA DEL DIVINO ASCENSO"
DE SAN JUAN CLÍMACO





"Escala al Paraíso"
(Scala Paradisi, o Escala Espiritual)
Juan Clímaco.

Basada en la edición del Obispo Alejandro (Mileant)
Corrección e introducción: Rolando Castillo


Vigésimo Cuarto Escalón: de la Simplicidad.


1. La luz de la aurora precede al sol y la antesala de toda humildad es la dulzura. Escuchemos, pues, a la luz decirnos en qué orden los dispuso: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11:29). También, antes de contemplar el sol, debemos ser iluminados por la aurora; entonces, podemos sostener la vista del sol. Pues es imposible, completamente imposible, mirar el sol antes de conocer primero esta luz, como nos lo enseña el lugar respectivo de cada una de las dos virtudes, en la Palabra del Señor.

2. La dulzura es un estado inmutable del intelecto, que permanece siempre igual tanto en los honores como en las humillaciones.

3. Cuando estamos atormentados por el prójimo, la dulzura nos hace rezar por él sin ser sensibles y sinceramente.

4. La dulzura es una roca que domina el mar de la irascibilidad y contra la cual se estrellan todas las olas que rompen allí, sin que ella se conmueva jamás.

5. La dulzura es el sostén de la paciencia; la entrada, o mejor, la madre, de la caridad, el fundamento de la discreción; en efecto, está escrito: "Conduce en la justicia a los humildes" (Sal 24:9). Procura el perdón de los pecados, da confianza en la oración, es la residencia del Espíritu Santo: "¿En quién voy a fijarme? En el dulce y humilde" (Is 66:2).

6. La dulzura es la colaboradora de la obediencia, es la guía de la comunidad fraterna, el freno del furioso, el obstáculo del colérico, una fuente de alegría, la imitación de Cristo, una cualidad propia de los ángeles, la traba de los demonios, un escudo contra la amargura.

7. En los corazones dulces reposa el Señor; pero el alma agitada es el asiento del diablo.

8. Los mansos recibirán en herencia la tierra (cf. Mt 5:4) o mejor aún, dominarán sobre ella; pero los hombres violentos serán expulsados de su tierra.

9. Un alma dulce es el trono de la simplicidad; el espíritu colérico produce la maldad.

10. El alma apacible está plena de palabras de sabiduría pues "conduce en la justicia a los humildes" o, mejor, en el discernimiento.

11. El alma recta es la compañera de la humildad; el alma llena de maldad es hija del orgullo.

12. El alma de los mansos está plena de ciencia; el espíritu colérico habita entre las tinieblas y la ignorancia.

13. Un hombre encolerizado y un bribón se encontraron; era imposible descubrir una palabra sincera en su conversación. Si pusieras al desnudo el corazón del primero, encontrarías en él la locura; mira en el alma del segundo y verás allí la maldad.

14. La simplicidad es un hábito del alma que excluye todo artificio y la inmuniza contra la malevolencia.

15. La ausencia de malicia es un estado feliz del alma exenta de toda segunda intención.

16. La primera prerrogativa de la infancia es una simplicidad exenta de artificio; en todo el tiempo que la conservó, Adán no vio la desnudez de su alma y la indecencia de su carne.

17. Bella y bienaventurada es la simplicidad que algunos poseen por naturaleza, pero lo es menos que aquella que, a fuerza de penas y sudores, pudo injertarse sobre un tallo perjudicial. La primera está al abrigo de muchos artificios y pasiones; pero la segunda procura una humildad muy profunda y una extrema dulzura. La primera casi no merece recompensa; pero la de la segunda, será infinita.

18. Todos los que deseamos conseguir el favor del Señor, acerquémonos a Él como discípulo del maestro, con toda simplicidad, sin hipocresía, sin maldad ni artificio ni complicaciones. En efecto, Él mismo es simple y sin complejidad y quiere que las almas que se le acercan sean simples e inocentes. Pues la simplicidad no se encontrará jamás separada de la humildad.

19. El malo es un falso vidente que cree poder sorprender las intenciones ocultas en las palabras y las disposiciones del corazón a través de las actitudes exteriores.

20. He observado que algunas almas rectas aprendieron maldad al estar en contacto con los malvados y me sorprendía que pudieran perder tan rápidamente su propiedad natural y su excelencia. Pero a esas almas les resulta tan fácil perder la gracia como a las malvadas les resulta difícil corregirse. Sin embargo, el verdadero exilio, la obediencia y el prestar atención a las palabras, a menudo tienen una gran eficacia y curan maravillosamente a los incurables.

21. Si la ciencia ensoberbece en la mayoría de los casos (cf. 1 Co 8:1), la falta de instrucción y la ignorancia ¿no podrían, a la inversa, traer aparejada la humildad? Sin embargo, algunos, aunque escasos, se enorgullecen de su ausencia de saber.

22. Pablo, el Simple, tres veces bendito, es un ejemplo sorprendente y un modelo perfecto de la bienaventurada simplicidad. Absolutamente nadie vio jamás tal progreso en tan poco tiempo ni tuvo conocimiento de ello ni podrá verlo jamás.

23. El monje con el corazón simple es una bestia de carga que razona y que descarga el fardo sobre su conductor. Un animal no resiste a aquel que lo ata; un alma recta obra de la misma manera con su superior: lo sigue dócilmente adonde quiere conducirla; aunque la enviara al matadero, no sabría resistir.

24. La ausencia de maldad es la pureza natural de un alma que se comporta en toda ocasión según el modo como fue creada.

25. La rectitud es un pensamiento sin complicaciones, un carácter leal, un lenguaje franco y sin disfraz.

26. Dios es Amor y también Rectitud. Por eso, al dirigirse al corazón puro, el sabio dice, en el Cantar de los Cantares: "¡Con qué razón eres amado!" (Ct 1:4); y David afirma también: "Bueno y recto es Yahvé" (Sal 24:8); y de aquellos que llevan su nombre, dice que serán salvados: "Es el salvador de los de recto corazón" (Sal 7:11). E incluso: "Es justo Yahvé y lo justo ama y los rectos contemplarán su rostro" (Sal 11:7).

27. La malignidad es una perversión de la rectitud, un pensamiento tortuoso, una falsa complacencia, falsos juramentos, palabras capciosas, un corazón impenetrable, un abismo de artificio, la mentira convertida en hábito, el orgullo que ha llegado a ser natural, un enemigo de la humildad, una simulación de la penitencia, repulsión por la compunción, odio por la confesión, atadura a su propio sentido, una fuente de caídas, lo opuesto a la elevación, una sonrisa burlona ante las ofensas, una gravedad simulada, una falsa piedad, una vida diabólica.

28. El hombre malo es semejante al Diablo y es su amigo; el Señor nos enseñó a llamar al Diablo así, como dijo el evangelista (Mt 6:13): "Líbranos del mal" (o del Malo).

29. La malignidad es una ciencia diabólica o mejor aún una perversión que, como no posee la verdad, espera engañar a todo el mundo.

30. La hipocresía es una contradicción entre la actitud del cuerpo y la del alma, plena de todo tipo de pensamiento con doble intención.

31. Huyamos del precipicio de la hipocresía y del abismo de la duplicidad, escuchando estas palabras: "Serán extirpados los malvados" (Sal 36:9). "Pues aridecen presto como el heno, cual la hierba tierna se marchitan" (Sal 36:2), ya que de tal naturaleza son los pastos de los demonios.

32. Es difícil para los ricos entrar en el Reino (cf. Mt 9:23) y es igualmente difícil para los sabios entrar en la simplicidad.

33. A menudo una caída vuelve sensatos a los débiles, confiriéndoles, a pesar de sí mismos, ausencia de malicia y salvación.

34. Esfuérzate por perder tu propia sabiduría; al hacerlo encontrarás la salvación y el camino directo hacia Jesús, Nuestro Señor. Amén

LOS SUEÑOS DE SAN JUAN BOSCO - PARTE 61 -



LA MUERTE, EL JUICIO, EL PARAÍSO


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SUEÑO 66.—AÑO DE 1868.

(M. B. Tomo IX, págs. 156-157)

Deseo que cuanto les voy a decir —continuó el [Santo] la misma noche en que comenzara ¡a narración del sueño anterior—, que cuanto les voy a contar quede entre nosotros. Les ruego que nada escriban sobre esto, ni que hablen de ello fuera de casa, pues no son cosas que se han de tomar a broma, como algunos podrían hacer; no quiero pensar que serían capaces de originar inconvenientes que sirvieran de disgusto a [San] Juan Don Bosco. A vosotros os cuento estas cosas con toda confianza porque son mis queridos hijos y por eso las deben escuchar como dichaspor un padre.

He aquí el primero de los sueños que yo quise pasar por alto y que me veo obligado a contarles:


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Desde los primeros días de la Semana Santa comencé a tener unos sueños que ocuparon mi imaginación y me molestaron durante varias noches. Estos sueños me producían además un gran cansancio, de forma que a la mañana siguiente de haber soñado me sentía tan falto de fuerzas como si hubiera pasado trabajando las horas del descanso, sintiéndome al mismo tiempo turbado e inquieto.


La primera noche soñé que había muerto. La segunda, que estaba en el juicio de Dios, dispuesto a dar cuenta de mis obras al Señor; pero en aquel momento me desperté y comprobé que estaba aún vivo y que, por tanto, disponía deun poco de tiempo todavía para prepararme mejor a una santa muerte. La tercera noche soñé que me encontraba en el Paraíso, donde me pareció estar muy bien y gozando mucho. Al despertarme por la mañana desapareció una tan agradable ilusión; pero me sentía resuelto a ganarme, a costa de cualquier sacrificio, el reino eterno que había contemplado mientras dormía.


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Hasta aquí se trata de cosas que no tienen importancia para vosotros ni de significado alguno que les pueda interesar. Se va uno a descansar preocupado por una idea, y es natural que, durante el sueño, se reproduzcan escenas relacionadas con las cosas en las cuales se ha estado pensando.

MENSAJES DE MEJUGORJE - 25 de Octubre


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje

Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.


Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)



Mensaje, 25 de octubre de 2018


“Queridos hijos! Ustedes tienen la gran gracia de ser llamados a una vida nueva a través de los mensajes que les doy. Hijitos, este es un tiempo de gracia, un tiempo y un llamado a la conversión, para ustedes y las generaciones futuras. Por eso los invito, hijitos, oren más y abran su corazón a mi Hijo Jesús. Yo estoy con ustedes, los amo a todos y los bendigo con mi bendición maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”




SAN PABLO DE LA CRUZ -


Fundador de los Padres y Hermanas pasionistas


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Fiesta: 19 de Octubre

Nació en Ovada (Liguria) el año 1694; de joven ayudó a su padre en el oficio de mercader. Movido por el deseo de perfección, renunció a todo y se dedicó al servicio de los pobres y los enfermos, juntándosele después varios compañeros. Ordenado sacerdote, trabajó con intensidad creciente por el bien de las almas, estableciendo casas de la Congregación que él había fundado, ejerciendo la actividad apostólica y mortificándose con duras penitencias. Murió en Roma el día 18 de octubre del año 1775. -Del Oficio de Lectura


Vida de San Pablo de la Cruz

Pablo Danei Massari nació en Ovada, Italia, el 3 de enero de 1694; más tarde se trasladó a Castellazzo-Bormida, no lejos de su pueblo natal. Su madre le enseñó a encontrar en la Pasión de Cristo la fuerza para superar las pruebas. Le recordaba del crucifijo cada vez que experimentaba algún sufrimiento. Enamorado de Jesús Crucificado desde su infancia, quiso entregarle toda su vida.

Su padre le leía las vidas de Santos y esto lo animaba mucho a ser mejor. Aquel buen hombre le avisaba también acerca de lo peligroso y dañino que es juntarse con malas compañías. Así lo libró de muchos males.

A los 15 años, un inspirado sermón cambió su vida. Su tema era la frase de Jesús: "Si no se convierten y no hacen penitencia, todos perecerán". Para Pablo fue el momento que el llama "conversión". Hizo una confesión general y desde aquel día empezó a una vida de penitencia muy rigurosa. Dormía en el suelo, ayunaba, dedicaba varias horas de la noche a rezar y a leer libros santos. Luego organizó con algunos de sus compañeros una asociación de jóvenes para ayudar a los demás con sus palabras y buenos ejemplos a ser mejores. Varios de esos muchachos se hicieron religiosos después. Durante una grave enfermedad, la visión del infierno le horrorizó.

Hacia 1715-1716, deseoso de servir a Cristo, se alistó en el ejército en Venecia. Quería defender el cristianismo de los turcos que amenazaban a Europa. Pero, mientras adoraba el Santísimo Sacramento en una iglesia, comprendió que no era aquella su vocación. Abandonó el camino militar, sirvió algunos meses en una familia y regresó a casa. Aunque un tío sacerdote le dejaba una herencia para que se casara, Pablo renunció. Rechazó también unos negocios muy prometedores que le ofrecían y se quedó por varios años en la casa de sus padres dedicado a la oración, a la meditación y a practicar la caridad hacia los pobres.



Hacer memoria del Crucificado

La Virgen María se le apareció y le dió a conocer el hábito, el emblema y el estilo de vida de una comunidad religiosa, que giraría siempre en torno a Jesucristo Crucificado. Pablo presentó estos mensajes al obispo de Alejandría, Mons. Gattinara y a su director espiritual. Previo el juicio de confesores prudentes, el obispo le revistió del hábito de la Pasión el 22 de noviembre de 1720. Se pasó 40 días en una habitación junta a la sacristía de la iglesia de San Carlos, en Castellazzo para redactar los Reglamentos de la futura comunidad a quienes llamaba "Los Pobres de Jesús". Vivía todo este tiempo a pan y agua y durmiendo en un lecho de paja. Sus experiencias y el estado de su espíritu durante aquella "cuarentena" se han conservado con el nombre de "Diario Espiritual". 

Concluida la experiencia, el obispo le autorizó a vivir en la ermita de San Esteban de Castellazzo y a realizar apostolado como laico, ayudando a los sacerdotes a dar clases de catecismo y dando misiones. En el verano de 1721 viajó a Roma, con el deseo de obtener del Papa una audiencia, a fin le explicarle las luces recibidas sobre una futura Congregación. Los oficiales de la residencia Papal no le dejaron entrar por parecerles un aventurero más.


Votos y Fracasos

En la basílica de Santa María la Mayor de Roma, ante la Virgen "Salus Populi Romani", hizo voto de consagrarse a promover la memoria de la Pasión de Jesucristo. 

De regreso a su pueblo se detuvo un poco en Orbetello, en la ermita de la Anunciación de Monte Argentario. En Castellazzo se le asoció su hermano Juan Bautista y se fueron a hacer vida eremítica en Monte Argentario. Después, invitados por Mons. Pignatelli, estuvieron en la ermita de Nuestra Señora de la Cadena en Gaeta. Mons. Cavallieri los recibió un tiempo en Troia y volvieron a Gaeta, pero esta vez fueron al santuario de la Virgen de la Civita, en Itri.

Fracasaban una y otra vez los intentos de fundar una comunidad. Para ser predicadores de la Pasión necesitaban acceder al sacerdocio por lo que viajaron a Roma. En el hospital de San Gallicano atendieron a los enfermos mientras estudiaban teología. El Papa los saludó en el Celio, junto a la iglesia llamada 'La Navicella' y les permitió oralmente fundar en Monte Argentario. Una vez ordenados sacerdotes en 1727, los dos hermanos abandonaron Roma para marchar a Monte Argentario.

Los primeros candidatos que se presentaron pidiendo ser admitidos en la nueva Congregación encontraron demasiado duro el Reglamento y se retiraron. Mientras tanto San Pablo de la Cruz y un compañero suyo viajaban por los pueblos predicando misiones y obteniendo muchas conversiones.


Comienzos de la Comunidad de los Pasionistas

El Papa Benedicto XIV aprobó los Reglamentos pero suavizándolos un poco. Entonces empezaron a llegar novicios y pronto tuvo tres casas de religiosos pasionistas.

En todas las ciudades y pueblos a donde llegaba predicaba acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Le gustaba utilizar símbolos que ayudasen a expresar la pasión. A veces se presentaba con una corona de espinas en la cabeza, siempre llevaba en la mano una cruz. Con los brazos extendidos, el santo hablaba de los sufrimientos de Nuestro Señor en forma que conmovía aun a los más duros e indiferentes. A veces, cuando el público no demostraba conversión, se azotaba violentamente delante de todos, por los pecados del pueblo, de modo que hacía llorar hasta a los soldados y a los bandoleros.

Un oficial que asistió a algunos de sus sermones decía: "Yo he estado en muchas batallas, sin sentir el mínimo miedo al oír el estallido de los cañones. Pero cuando este padre predica me hace temblar de pies a cabeza". Es que Dios le había dado la eficacia de la palabra y el Espíritu Santo le concedía la gracia de conmover los corazones.

En los sermones era duro para no dejar que los pecadores vivieran en paz con sus vicios y pecados, pero luego en la confesión era comprensivo y amable, invitándolos a hacer buenos propósitos, animándolos a cambiar de vida, y aconsejándoles medios prácticos para perseverar siendo buenos cristianos, y portándose bien.


Dones extraordinarios

Dios colmó a San Pablo de la Cruz con dones extraordinarios. A muchas personas les anunció cosas que les iban a suceder. Curó a innumerables enfermos. Estando a grandes distancias, de pronto se aparecía a alguno para darle algún aviso de importancia y desaparecía inmediatamente. Rechazaba toda muestra de veneración que quisieran darle pero las gentes se apretujaban junto a él y hasta le quitaban pedacitos de su sotana para llevarlos como reliquias y recuerdos.

Con su hermano Juan Bautista trabajaron siempre juntos predicando misiones, enseñando catecismo y atendiendo pobres. Como ambos eran sacerdotes, se confesaban el uno con el otro y se corregían en todo lo necesario. Pablo sufrió mucho la muerte de su hermano en 1765.

Aunque desde 1747 San Pablo fue siempre superior general, no dejó de predicar ni de escribir cartas como director espiritual. El Instituto tropezó con oposiciones dentro de un sector de la lglesia y la fundación de varios conventos se suspendió hasta que una comisión pontificia dictaminó en favor de los Pasionistas.


Religiosas pasionistas. 

San Pablo de la Cruz fundó la comunidad de las Hermanas Pasionistas que se dedican también a amar y hacer amar la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Una campesina, Lucía Burlini, le habló de las "palomas del Calvario", símbolo de unas almas con el mismo espíritu contemplativo que los religiosos. Aunque Pablo tardó casi cuarenta años en realizar esta idea, en 1771 nacieron las Pasionistas de clausura en Corneto, Tarquinia. Al frente puso a Ma.Crucificada Constantini, benedictina, que con permiso de Clemente XIV pasó al nuevo monasterio. 


Últimos años

En 1772 sintiéndose muy enfermo mandó pedir al Papa su bendición para morir en paz. Pero el Sumo Pontífice le respondió que la Iglesia necesitaba que viviera unos años más. Entonces se mejoró y vivió otros tres años.

Después de la supresión de la Compañía de Jesús, Clemente XIV llevó a los Padres de la Misión a la iglesia de San Andrés del Quirinal y concedió a Pablo de la Cruz la casa y la basílica de los Ss. Juan y Pablo. En ella, junto al Coliseo, vivió los últimos años de su vida; allí recibió las visitas de Clemente XIV, en 1774, y de Pío V1 en 1775. Y allí falleció unos meses más tarde, el 18 de octubre de 1775, a la edad de ochenta años.

Sus reliquias se conservan en la capilla que se inauguró en 1880.

En 1867 fue declarado santo.


FUENTE: www.corazones.org

ORACIONES POR LOS SACERDOTES -


Oración por sacerdotes

Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, escucha mi humilde oración en nombre de tus sacerdotes. Dales una fe profunda, una esperanza firme y brillante y un amor ardiente que crezca en el curso de su vida sacerdotal. En su soledad, confórtalos. En sus tristezas, fortalécelos. En sus frustraciones, señálales que es a través del sufrimiento que el alma se purifica, y muéstrales que son necesarios para la Iglesia, que son necesarios para las almas, y ante todo que son necesarios para la obra de la Redención.

Amada Virgen María, Madre de los sacerdotes, acoge en tu corazón a tus hijos que están cerca de Ti a causa de su ordenación sacerdotal y por el poder que han recibido para llevar a cabo la obra de Cristo en un mundo que los necesita tanto. Se Su consuelo, Se su alegría, Se su fortaleza, y sobre todo ayúdales a vivir y defender los ideales del celibato consagrado.

AMEN

John J. Cardinal Carberry de St. Louis



Señor Jesús, Tú has escogido tus sacerdotes entre nosotros

Y los has enviado a proclamar tu palabra y actuar en Tu nombre.
Por ese regalo tan grande a Tu iglesia, te alabamos y te damos gracias.
Te pedimos que los llenes con el fuego de tu amor,
Para que en su ministerio ellos puedan revelar Tu presencia en la Iglesia.
Ya que ellos son tus instrumentos aquí en la tierra, te pedimos
Que tu poder brille a través de sus debilidades.
En sus aflicciones, que nunca se sientan aplastados;
En sus dudas, nunca desalentados
En sus tentaciones, nunca destruidos
En las persecuciones, nunca abandonados.
Inspíralos a través de la oración a vivir cada día
El misterio de tu muerte y resurrección.
En los momentos de debilidades envíales Tu Espíritu
Y ayúdales a alabar a tu Padre Celestial y a orar por los pobres pecadores.
A través del mismo Espíritu Santo, pon tus palabras en sus labios y tu amor en sus corazones
Para llevar la Buena Nueva a los pobres y sanar los corazones heridos.
Que el regalo de María, Tu Madre,
Al discípulo amado, sea Tu regalo a cada sacerdote.
Concédeles que Ella, que Te formó en su imagen humana,
Los forme en Tu Imagen Divina
Por el poder de Tu espíritu, para la gloria de Dios Padre, Amén.
O María concebida sin pecado original, rogad por nosotros que recurrimos a voz.



Oh Jesús

Yo rezo por tus sacerdotes que son fieles y fervientes
Por tus sacerdotes que son infieles y tibios
Por tus sacerdotes trabajando aquí o en distantes campos de misión
Por tus sacerdotes acosados por la tentación
Por tus sacerdotes desolados y solo
Por tus sacerdotes muy jóvenes
Por tus sacerdotes moribundos
Por las almas de tus sacerdotes en el purgatorio
Pero sobre todo, te encomiendo los sacerdotes más queridos por mí
El sacerdote que me bautizó
El sacerdote que me absolvió de mis pecados
El sacerdote a cuyas misas yo asistí y que me dio Tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión
El sacerdote que me instruyó y me educó
Por todos los sacerdotes a quienes estoy en deuda por alguna u otra razón, (especialmente por….)
Oh Jesús, guárdalos cerca de tu corazón,
Y bendícelos abundantemente en el tiempo y en la eternidad. Amén.


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís