FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

CARTA DE RENUNCIA COMO MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA SANTA COMUNIÓN


Sábado, 06 de febrero 2016


Estimado Reverendo padre Sur…,

Renuncia como Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión

Por favor acepte esta carta como renuncia a mi cargo como Ministro Extraordinario de la Santa Comunión, con efecto inmediato. Confío en que el gran número de ministros extraordinarios designados en nuestra parroquia durante los últimos dos años proporcionará una cobertura adecuada para la posición que dejo.

Mi decisión de renunciar, antes de que termine mi compromiso en 18 meses, se debe a una larga y cuidadosa consideración de todos los factores teológicos y prácticos sobre la Sagrada Comunión, y que voy a explicar a continuación. Me gustaría hacer hincapié sobre mi relación con los líderes del ME (Ministerio de Eucaristía) y los colegas ministros, ha sido siempre armoniosas, y aparte de 4 feligreses que todavía pueden sentirse molestos conmigo por haberles negado la Santa Comunión por no decir ‘Amén’ en el momento justo, creo que mi amistad con los miembros de la familia de la Iglesia de la Sagrada Familia, permanece sólida e intacta.

Mi decisión se reduce a un descubrimiento más profundo de la Sagrada Tradición perteneciente a las sagradas especies. El deseo de ser obediente a las enseñanzas de nuestros Padres de la Iglesia y a los sucesores de San Pedro a lo largo de los siglos, me llevaron a este humilde momento en mi viaje espiritual. Estoy convencido de que los laicos como yo, no están de manera alguna en la posición de manejar y suministrar la Santa Eucaristía. Voy a presentar Escritura, Tradición y las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, en particular, Santo Tomás de Aquino, para apoyar mi argumento.

Hace unos 12 meses, tenía curiosidad por descubrir la forma preferida prescrita por la Iglesia a lo largo de los siglos para recibir la Santa Eucaristía. Estaba decidido ir hacia atrás, a los antecedentes, tanto como fuera posible, así que empecé mi estudio sobre documentos de la Iglesia. Estaba ampliamente satisfecho, que en el Catecismo del Concilio de Trento, se menciona que la forma preferida era recibirla la Comunión de rodillas y en la lengua. Curiosamente, también descubrí desde el Catecismo que la Iglesia siempre haprohibido a los laicos tocar las Sagradas Especies. La administración de la Santa Eucaristía a los fieles siempre ha sido reservada a las manos consagradas de los sacerdotes (que actúan ‘in persona Christi’, ‘en la persona de Cristo’), mientras que a los laicos siempre se les ha prohibido tocar el Santísimo Sacramento.

El pasaje clave es la siguiente: “A fin de salvaguardar en todo lo posible la dignidad de sacramento tan augusto, no sólo es el poder de su administración conferido exclusivamente a sacerdotes, pero la Iglesia también ha prohibido a las personas no consagradas, a menos que por algún caso de gran necesidad se requiera su intervención, de atreverse a manipular o tocar los vasos sagrados, la ropa u otros instrumentos necesarios para la Consagración. Los sacerdotes mismos y el resto de los fieles pueden por lo tanto comprender cuán grande debe ser la piedad y la santidad de los que se acercan a consagrar, administran o reciben la Eucaristía”. (Catecismo del Concilio de Trento).

De acuerdo con el Catecismo del Concilio de Trento, esta práctica de preservar la dignidad del Sacramento, limitando su manejo exclusivamente a sacerdotes, se remonta a los tiempos apostólicos (el énfasis es del autor):

“Debe ser enseñado, entonces, que solo a los sacerdotes se les ha dado el poder de consagrar y administrar a los fieles la Santa Eucaristía. Que esta ha sido la práctica invariable de la Iglesia, que los fieles deben recibir el Sacramento de los sacerdotes, y que los sacerdotes oficiantes deben comunicar a sí mismos, como se ha explicado por el santo Concilio de Trento, que también se ha demostrado que esta práctica, procede de la tradición Apostólica, y debe ser religiosamente conservada, especialmente porque Cristo el Señor nos ha dejado un ilustre ejemplo de la misma, después de haber consagrado Su Propio Cuerpo más sagrado, y lo ha dado a los Apóstoles con Sus Propias Manos”. (Catecismo del Concilio de Trento)

El Catecismo de Trento afirma que el poder de consagrar y administrar la Santa Eucaristía está reservado exclusivamente a un sacerdote válidamente ordenado (con la excepción de alguna emergencia, como se muestra arriba, que me referiré en detalle más adelante), y esta práctica es parte de la Tradición Apostólica, y va todo el camino de vuelta a la misma Cena del Señor. Como estamos de acuerdo, fue en el aposento alto cuando nuestro Señor instituyó el Sacramento de la Eucaristía y el Sacerdocio, lo que explica por qué sólo un sacerdote puede auto-comunicarse, de acuerdo con los apóstoles.

Esta práctica ha sido imitada por muchos Santos Padres a lo largo de la historia de la Iglesia. Por ejemplo, “No hay nada que pertenezca más a la Iglesia y no hay nada que Jesucristo quisiera tener más estrechamente reservado para sus pastores que la dispensación de los sacramentos que Él instituyó.” (Papa Gregorio XVI, Commissum Divinitus, 1835). Muy pocos obispos prestan hoy la menor atención a la amonestación de San Juan Pablo II en su carta Dominicae Cenae del 24 de febrero de 1980: “Tocar las sagradas especies y distribuirlas con sus propias manos es un privilegio de los ordenados”.


Los decretos de los consejos anteriores en la historia de la Iglesia fueron aún más decisivos en sus palabras:

Consejo de Zaragoza (380 A.C.): puso en marcha la excomunión a los que se atrevieron a tratar a la Santísima Eucaristía como si estuvieran en un tiempo de persecución, un tiempo en el que incluso los laicos se encontrarían en la necesidad de tocar las Sagradas Especies con sus manos. (SAENZ DE AGUIRRE, Notitia Concilorum Hispaniae, Salamanca, 1686, pág. 495);
San Eutiquiano, Papa de 275 a 283 D.C., para que los laicos no toquen las sagradas especies con sus manos, les prohibió llevar el Santísimo Sacramento a los enfermos: “Nullus praesumat tradere communionem laico vel femminae anuncio deferendum infirmo” (Que ninguno se atreva a consignar la Sagrada Comunión a un hombre o una mujer para que la lleven a los enfermos) (PL V, coll.163-168) laico; y
El Consejo de Rouen (alrededor del año 650): prohibió al ministro de la Eucaristía colocar las sagradas especies en la mano de los comulgantes laicos. ‘El que lo haga, habrá transgredido estas normas, desprecia a Dios Todopoderoso y, al hacerlo, se han deshonrado a sí mismos y deben ser retirados del altar’. (PG, vol. X, coll. 1099-1100).

Los más grandes teólogos de la Iglesia también han afirmado que la dispensación de la Santa Eucaristía está reservada exclusivamente para los sacerdotes cuyas manos son consagradas para este fin. “Los laicos están oficialmente incapacitados para dispensar cualquier sacramento y el hecho de que puedan bautizar en caso de necesidad, se debe a la dispensación Divina, con el fin de que nadie quede privado de la regeneración espiritual.” (Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia). En otras palabras, Santo Tomás enseña que el único Sacramento, que un laico como yo puede administrar, es el Bautismo, y sólo en el caso de necesidad. No hay tal cosa como una pequeña instancia diseñada para la distribución de la Eucaristía. El gran doctor explica el por qué: “La dispensación del cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote por tres razones: En primer lugar, porque el consagra en la persona de Cristo, así como Cristo consagró su cuerpo en la cena, por lo que Él dio su cuerpo a otros para ser comido. En consecuencia, así como la consagración del cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote, así también le pertenece su distribución. Segundo porque el sacerdote es el intermediario designado entre Dios y el pueblo, por lo que le pertenece a él ofrecer los dones del pueblo a Dios, por lo que él es el indicado para entregar los regalos consagrados a la gente. En tercer lugar, porque por reverencia hacia este sacramento, nada lo toca, excepto lo que es consagrado; por lo tanto, el corporal y el cáliz son consagrados, y del mismo modo las manos del sacerdote, que pueden tocar este sacramento. Por ello, no es lícito que cualquier otra persona lo toque, excepto por necesidad, por ejemplo, si fuera a caer sobre el suelo, o bien en algún otro caso de emergencia”.

Como puede verse, es ilegal que un laico toque la Eucaristía o la distribuya, excepto en un grave caso de necesidad. Tradicionalmente, estas circunstancias graves incluyen: recogerla si se hubiera caído al suelo, si se enfrenta una persecución y no hay ningún sacerdote o diácono alrededor, y para todos los ermitaños que viven en el desierto (San Basilio el Grande, Doctor de la Iglesia, c. 369 DC). Incluso el documento post conciliar, emitido el 29 de enero de 1973, Immensae caritatis, por la Sagrada Congregación para el Culto Divino, también indica claramente que la designación y el uso de Ministros Extraordinarios se limite a casos realmente necesarios.

Cuando miro la Sagrada Escritura, hay numerosos pasajes que me convencieron de que el indigno manejo del Santísimo Sacramento trae graves consecuencias. “Así, pues, quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues el hombre a sí mismo y entonces coma del pan y beba del cáliz;” pues el que sin discernir come y bebe el cuerpo del Señor, se come y bebe su propia condenación. Por esto hay entre vosotros muchos flacos y débiles, y muchos dormidos.” (1Cor 11, 27-30). Durante la época del rey David, cuando Uzza tocó el arca de la alianza que era un privilegio exclusivo de los levitas, la ira de Dios se encendió contra él y cayó muerto (cf. 2 Sam. 6, 6-7). Esto me recuerda al Catecismo del Concilio de Trento: “Nunca hay que olvidar que los Sacramentos, a pesar de que no pueden perder la eficacia divina inherente a ellos, traen la muerte y de la destrucción eterna de aquel que se atreve administrarlos indignamente.”

En el Nuevo Testamento, leemos que la bendita Virgen, al aceptar la misión de ser la madre de nuestro Señor, y llevarlo en su vientre durante nueve meses, es tan justamente honrada hasta el punto en que todas las generaciones la llamarán bienaventurada; si el bendito Bautista tembló y no se atrevió a tocar la santa cabeza de Jesús en el Jordán; si la tumba en la que yacía desde hace algún tiempo es tan venerada, y el sudario que cubría su cuerpo crucificado es venerado como una reliquia, entonces cuan santa, justa y digna debe ser la persona que toca al Señor con sus manos, lo recibe en su corazón y boca, y lo ofrece a otros para ser recibido.

El mensaje de la Escritura y la Tradición sagrada es claro: el manejo y la distribución de la Santa Eucaristía es un ministerio reservado para las manos consagradas de los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad. Sugiero fuertemente que la mayoría de las parroquias en el mundo, incluyendo la nuestra, donde se están experimentando tales circunstancias graves y abrumadoras, que demandan que la Eucaristía sea administrada por los laicos, no sean colocados en una posición tan contraria a la Tradición. Claramente, no hay más que mirar los frutos de esta práctica para ver que su introducción ha causado un gran daño. Como consecuencia directa de este ministerio laico, que no tiene precedentes históricos en lo absoluto, junto con permitir a los fieles a recibir la comunión en la mano, la fe en la Presencia Real ha caído en picada, las funciones sacerdotales están confundidas, la reverencia y el respeto por la Santa Eucaristía están en fuerte descenso, y los miembros seleccionados de los fieles se están en la situación de potencial sacrilegio.

Para aquellos que sostienen que la Misa se ​​prolongaría indebidamente si no hubiera ministros extraordinarios laicos de la Santa Comunión (por lo tanto, calificándolo como una necesidad grave), se les puede pedir una relación de la cantidad de tiempo que pasan cada semana viendo televisión, navegando en Facebook y contemplando sus celulares. También se les podría recordar que el tiempo adicional puede ser muy provechoso para la acción de gracias por el gran don de la Eucaristía.

Objetivamente, yo sabía que tenía que alejarme del ministerio, en obediencia a la verdad y el dictado de mi conciencia. Sin embargo, me quedé allí por un poco más de tiempo, porque me dije que estaba sirviendo a la gente, especialmente a la gente que no puede salir de su hogar. “Necesito que todos lleven a Jesús a las casas donde la gente no puede salir porque yo estoy demasiado ocupado” así nos decía el sacerdote durante nuestra sesión de formación, de hecho estamos viviendo en tiempos extraños en los que sacerdotes se dedican a actividades que los laicos podrían llevar a cabo, mientras que los laicos comprometen su trabajo de llevar la Comunión a los enfermos, es totalmente extraño, una personificación de montaje de la ética de la Iglesia en la actualidad. Con los años he administrado el Santísimo Sacramento a los enfermos, los postrados en cama, santos de 80 años que besan mis manos cada vez que digo adiós, a la señora que acaba de sobrevivir la cirugía del cerebro, la mujer de edad avanzada en los hogar de ancianos, y sí, a mi propia abuela cuando ella llegaba a su fin. Escuché sus historias, y sufrí cuando me iban a contar la misma historia de nuevo la próxima semana debido a los recuerdos que se desvanecen. Contenía las lágrimas cuando sus familiares me decían que la Eucaristía era todo lo que mantenía viva a su madre la semana que falleció. Por mucho que me dije a mí mismo que esta disposición es probablemente la mejor lo que la Iglesia tiene para ofrecerles, sabía que si yo hubiera estado en su condición, yo hubiera querido un sacerdote, ordenado en el ORDEN SAGRADO, que me diera la comodidad de Nuestro Señor Jesús, que se consagró a sí mismo a tal efecto, con la autoridad investida en él por la Iglesia Católica Romana, el Cuerpo Místico de Nuestro Señor.

Suyo en Cristo,

Norman Chia


Traducción de Cecilia González-Paredes



FUENTE: dominusestblog.wordpress.com 

CONFESIONES DE LOS DEMONIOS DURANTE EXORCISMOS CON EL PADRE WILSON SALAZAR


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Dice el demonio: odio terriblemente a esos tontos que se confiesan tan seguido, que me acaban mi reino, y después van a recibir a ese Crucificado con tanta devoción, los odio cuando se arrodillan a rendir culto a ese Cristo como Dios, los odio cuando se postran a recibirlo y adorarlo haciéndoles reverencias y venias como a Dios.

Los odio, no puedo nada contra esos malditos gusanos, postrados ante su Dios. Los odio porque me acaban y le hacen daño a mi ejercito, los odio cuando cierran sus ojos y piensan en ese Dios y abren su boca para recibirlo, no puedo mirarlos, son invensibles de rodillas y postrados sin tocarlo, con sus cochinas manos, no puedo nada contra esos malditos adoradores…


Comentario de P.G . *El código de derecho canónico, canon 213 estipula el derecho de los fieles de recibir la comunión de rodillas y en la boca.

MOTIVOS PARA RECIBIR LA COMUNIÓN EN LA LENGUA Y DE RODILLAS


Por Mons. Athanasius Schneider


Conferencia de Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astana, Kazajistán, y Obispo titular de Celerina


La auténtica renovación y reforma de la vida de la Iglesia tiene que empezar por la renovación de la liturgia, es decir mediante la profundización de la devoción y el temor de Dios en los ritos litúrgicos. Tal renovación de la sagrada liturgia es la expresión más importante del “aggiornamento“, que el Beato Papa Juan XXIII tanto deseaba. San Josemaría Escrivá explicó la palabra “Aggiornamento” muy correctamente de esta manera: “[A]ggiornamento significa sobre todo la fidelidad. . . . la fidelidad delicada, operativa y constante [ … ] es la mejor defensa contra la vejez del espíritu, la aridez del corazón y la inflexibilidad mental. . . . Sería por lo menos superficial pensar que el aggiornamento consiste principalmente en el cambio” (Conversaciones con Mons.Escrivá de Balaguer, ed. José Luis Illanes, Madrid 2012, pp 152-153). Por tanto, el Concilio Vaticano II dedicó su primer documento a la sagrada liturgia. Entre los principios de la reforma de la liturgia se pueden señalar los tres siguientes:

Que los ritos puedan expresar más claramente su orientación a Dios, al Cielo y a la contemplación (Sacrosanctum Concilium, 2 y 8).

Que la santidad de los textos y los ritos pueda expresarse con mayor claridad (Sacrosanctum Concilium, 21).

Que no debería haber innovaciones, a menos que se conecten orgánicamente con la formas existentes y a menos que traigan auténtica utilidad espiritual (Sacrosanctum Concilium, 23).

La manera en que los fieles reciban la Sagrada Comunión muestra si la Sagrada Comunión es para ellos no sólo la realidad más sagrada, sino la más amada y ven en ella a la Persona más sagrada. La recepción del Cuerpo de Cristo exige, por tanto, fe profunda y pureza de corazón, y al mismo tiempo gestos inequívocos de adoración. Esta fue la característica constante de los Católicos de todas las edades, comenzando por los primeros Cristianos, desde los Cristianos en la época de la Padres de la Iglesia hasta los tiempos de nuestros abuelos y padres. Incluso en los primeros siglos, cuando en algunos lugares la Sagrada Hostia era depositada por el sacerdote en la palma de la mano derecha, o en un tela blanca que cubría la mano derecha de las mujeres, no se permitía a los fieles durante la Santa Misa tocar el pan consagrado con sus dedos. El Espíritu Santo guió a la Iglesia instruyéndola más profundamente sobre la manera de tratar la santa humanidad de Cristo en la Santa Comunión. La Iglesia Romana en el siglo 6 º distribuye la sagrada Hostia directamente en la boca, tal como se testifica en una obra del Papa Gregorio Magno (cf. Dial., 3). En la Edad Media los fieles comenzaron a recibir el Cuerpo de Cristo de rodillas, en una expresión más clara exteriormente de adoración (cf. San Columbano, Regula coenobialis, 9).

En nuestros tiempos, y ya pasaron 40 años, hay una profunda herida en el Cuerpo Místico de Cristo. Esta profunda herida es la práctica moderna de la comunión en la mano, una práctica que difiere esencialmente del rito análogo de los primeros siglos, como se ha descrito anteriormente. Este práctica moderna es la herida más profunda del Cuerpo místico de Cristo, porque se dan en ella las siguientes cuatro deplorables manifestaciones:

Un minimalismo sorprendente en los gestos de adoración y reverencia. En general, en la práctica moderna de la Comunión en la mano hay casi una ausencia de todo signo de adoración.

Un gesto igual a como uno trata a los alimentos comunes, es decir: recoger con los propios dedos la Sagrada Hostia en la palma de la mano izquierda y llevarla uno mismo a la boca. La práctica habitual de tal gesto provoca en un no pequeño número de fieles, y sobre todo en niños y adolescentes, la percepción de que en la Sagrada Hostia no está presente la Divina Persona de Cristo, sino más bien un símbolo religioso, puesto que tratan la Sagrada Hostia exteriormente de igual manera como tratan un alimento común: tocándolo con sus propios dedos y poniendo la comida con los dedos en la propia boca.

La pérdida de numerosos fragmentos de la Santísima Hostia: a menudo caen pequeños fragmentos en el espacio entre el ministro y el comulgante por falta de uso de la bandeja de la Comunión. A menudo, quedan fragmentos de la Sagrada Hostia en la palma y en los dedos de la persona que recibe la comunión y luego se caen. A menudo estos numerosos fragmentos caen al suelo donde son pisoteados por la gente sin darse cuenta siquiera de los fragmentos.

El robo cada vez mayor de las Sagradas Hostias, puesto que la forma de recibirla directamente con la propia mano facilita enormemente el robo.

No hay nada en la Iglesia y en esta tierra, que sea tan sagrado, tan divino, tan vivo y tan personal como la Santa Comunión, ya que es el mismo Señor Eucarístico. Y tales cuatros cosas deplorables suceden con Él. La práctica moderna de la Comunión en la mano nunca ha existido en esta forma concreta. No es comprensible que muchas personas en la Iglesia no reconozcan esta herida, consideren este asunto como algo secundario, y que incluso se pregunten por qué uno habla de este tema. Y lo que es aún más incomprensible: muchos en la Iglesia incluso defienden y difunden esta práctica de la Comunión.




Ha sido constante la creencia y práctica de la Iglesia de que Cristo, realmente presente bajo las especies del pan, tiene que recibir Divina adoración, tanto interna como externamente. Tal acto de adoración es referenciado en la Sagrada Escritura con la palabra griega “proskynesis” (προσκύνησις). Nuestro Señor Jesucristo rechazó las tentaciones del demonio y proclamó el primer deber de todas las criaturas : “Al Señor tu Dios adorarás” (Mt 4:10). El evangelista utiliza aquí la palabra “proskynesis“. En la Biblia, el acto de adoración a Dios era realizado exteriormente de la siguiente manera: de rodillas e inclinando la cabeza hacia la tierra o con postración. Tal acto de adoración lo llevó a cabo el mismo Jesús, su Santísima e Inmaculada Madre, la Virgen María, y San José, cuando como cada año visitaron el Templo de Jerusalén. En este forma de “proskynesis” fue venerado el Cuerpo de Cristo, el Dios encarnado: en primer lugar por los tres reyes magos (Mt 2:11); las numerosas personas que fueron sanadas por Jesús realizaron también este acto exterior de adoración (cf. Mt8:02, 9:18, 15:25), las mujeres que vieron al Señor resucitado en la mañana de Pascua cayeron en presencia de su cuerpo glorioso y lo adoraron (Mt 28:9), la Apóstoles lo adoraron postrándose cuando vieron el cuerpo de Cristo ascendiendo al Cielo (Mt 28:17; Lc 24:52), los ángeles y todos los santos redimidos y glorificados en la Jerusalén celestial se postran delante adorando la humanidad glorificada de Cristo, simbolizado en el “Cordero” (Ap 4:10).

Este gesto simboliza que es Cristo en la persona del sacerdote quien está alimentando a los fieles. Además, este gesto simboliza la actitud de humildad y el espíritu de infancia espiritual, que el mismo Jesús exige de todos los que quieran recibir el reino de Dios (Mt. 18:03). Durante la Santa Comunión la Hostia Santa es el reino celestial real, porque está Cristo mismo, en cuyo Cuerpo mora la Divinidad (cf. Col 2:9). Por lo tanto el gesto exterior más apropiado para recibir el reino de Dios como un niño, es hacerse pequeño, arrodillarse y permitir ser alimentado como un niño pequeño, abriendo la boca. Sin duda el rito de recibir el Cuerpo Divino de Cristo en la Santa Comunión de rodillas y en la lengua fue elaborado durante varios siglos en la Iglesia con la guía del Espíritu Santo, el Espíritu de santidad y piedad. La abolición de los gestos explícitos de adoración durante la Santa Comunión, que es la abolición de arrodillarse y la abolición del gesto inspirado bíblicamente de la recepción del Cuerpo de Cristo como un niño en la lengua, estoy seguro que no traerá un un florecimiento más fuerte de la fe ni de la devoción eucarística. Las siguientes palabras del Concilio Ecuménico de Trento permanecen siempre válidas y siguen siendo muy actuales en nuestros días:


“No queda, pues, motivo alguno de duda en que todos los fieles cristianos hayan de venerar a este santísimo Sacramento, y prestarle, según la costumbre siempre recibida en la Iglesia católica, el culto de latría que se debe al mismo Dios. Ni se le debe tributar menos adoración con el pretexto de que fue instituido por Cristo nuestro Señor para recibirlo; pues creemos que está presente en él aquel mismo Dios de quien el Padre Eterno, introduciéndole en el mundo, dice: Adórenle todos los Angeles de Dios (Heb 1:6)”. Concilio de Trento. Decreto sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Cap. 5



Razones teológicas y litúrgicas para recibir la comunión de rodillas y en la boca

1

La sagrada Hostia es lo más sagrado y grande en esta tierra, porque se trata del Señor Mismo. En consecuencia, debe administrarse de forma que al recibir la Sagrada Comunión se garantice con la mayor seguridad posible contra la pérdida incluso de los más pequeños fragmentos de la hostia consagrada, así como contra el robo de la misma. Además el rito de la Comunión debe expresar de la manera más evidente posible su aspecto sagrado y sublime, debiendo distinguirse claramente del gesto de tomar un alimento profano. Estas exigencias se expresan sin lugar a dudas con el rito de recibir la comunión de rodillas y dejar ser “alimentados” por el sacerdote, que significa permitir que la hostia consagrada puede ponerse en la lengua. Por el contrario, la forma moderna de recibir la hostia consagrada en la palma de la mano, y después ponerla uno mismo en la boca, es más similar a la manera de tomar los alimentos profano (esto difiere esencialmente de un rito similar en la Iglesia Antigua). Tales escenas pueden observarse a menudo en recepciones con “buffet” o en la distribución de dulces en las guarderías.

2

El aspecto interior por sí solo no es suficiente en el culto a Dios, porque Dios se hizo hombre, se convirtió en visible. Una adoración exclusiva o predominantemente interior de la hostia consagrada durante la Comunión con la exclusión del aspecto exterior no es encarnacional. Tal adoración eucarística es “platónica”, es protestante y en última instancia gnóstica. El hombre es esencialmente también visible y corporal. En consecuencia, la adoración del Cuerpo eucarístico de Cristo debe ser necesariamente también exterior y corporal. Tal adoración es adecuada a la dignidad del hombre, aunque el más importante de tales cultos sigue siendo el aspecto interior. Ambos aspectos son inseparables uno del otro.

3

El cuerpo humano entero y cada una de sus partes es un templo del Espíritu Santo. Por lo tanto no es correcto contrastar la mano con la lengua. Uno no debe decir: “La mano es más digna que la lengua”, o al contrario.

4

Quién comete los pecados no es la lengua o la mano, sino la persona. El pecado comienza en los pensamientos y es imputado a la voluntad. Por lo tanto, es incorrecto decir: “Uno peca más con la lengua que con la mano”. La lengua sigue siendo inocente, porque la persona es la que peca con sus facultades del intelecto y de la voluntad.

5

El simbolismo de la boca expresa de una manera más convincente el contenido espiritual y religioso: el beso como una imagen del acto interior y espiritualizado del amor (cf. Cantar de los Cantares; Sal 84:11: “La justicia y la paz se besarán”), pero sobre todo el beso litúrgico o el “santo beso fraterno” (cf. 1 Cor 16:20, etc.) La palabra “adoración” se deriva del latín “os ad os” (de boca en boca). La palabra procede de la boca: se trata de una imagen para la procesión de la PALABRA ETERNA DE DIOS. Jesús sopló de su boca el Espíritu Santo (cf. Jn 20,27).

6

Las palabras “Tomad y comed” (en griego “labete” [ λάβετε ]), Mt 26:26, deben ser traducidas correctamente “Recibid (aceptar) y comed”. Estas palabras fueron dirigidas inmediatamente a los Apóstoles, los sacerdotes de la Nueva Alianza, y no a la totalidad de los fieles. De lo contrario, las palabras “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19), se estarían dirigiendo a la totalidad de los fieles, lo que implicaría que participarían en el sacerdocio ministerial. Por otra parte, la palabra del griego “Lambanein” (λαμβάνειν) no significa el tocar con la mano, sino el acto de la recepción. Esta palabra “lambanein” se encuentra, por ejemplo, en las siguientes expresiones: “recibid el Espíritu de la verdad” (Jn14:17), “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 22), etc. En la recepción de la Sagrada Comunión, la cuestión no es si “tomar o tocar con la mano”, la cuestión es acerca de un profundo acontecimiento espiritual: “que se permita recibir” el sacramento de la Eucaristía con el corazón, con el alma, y también, evidentemente, con el cuerpo y esto convenientemente por la lengua y de rodillas.

7

El Señor resucitado no permitió que su cuerpo glorioso fuera tocado por todo el mundo de forma indiscriminada (“No te acerques a mí”, “No me toques”, Jn20:17). Sin embargo Él permitió que el Apóstol Tomás, por lo tanto, un sacerdote de la Nueva Alianza, tocara su cuerpo glorioso, y se podría decir su Cuerpo eucarístico (cf. Jn 20,27).

8

En el caso de la práctica de la Comunión en la lengua, una práctica que dura más de un milenio (ya ocurría desde los tiempos del Papa Gregorio el Grande), y en el caso de la Iglesias orientales católicas y de todas las Iglesias ortodoxas y las antiguas Iglesias orientales, donde la Sagrada Comunión se pone en la boca y a menudo incluso con una cuchara, no hay se conocen casos de decesos a causa de infección. Desde el punto de vista higiénico la mano tiene más bacterias que la lengua.

9

Cuando hoy en día uno recibe a una persona importante o venerable, se le atiende con toda una serie de detalles de manera escrupulosa, a nadie se le ocurriría decir: “Uno puede saludar a esta persona con las manos sucias sin lavar o sin signos claros de respeto” (por ejemplo, un rey o un presidente). ¿No es Nuestro Señor, presente bajo las especies de la pequeña hostia, más importante que un presidente o un rey? ¿No se debería en el caso de la recepción del Señor bajo las especies de la hostia tomarse medidas aún más detalladas y escrupulosas que en el caso de recibir a un rey o un Presidente y tratar a sus personas?

10

En el caso de la Comunión en la mano el mismo fiel pone la hostia sagrada en su lengua, en última instancia, también en este caso tenemos la Comunión en la lengua. La diferencia está en lo siguiente: en el caso de la comunión con la lengua es el sacerdote, representando a Cristo en este sagrado momento, quien pone la hostia sagrada en la lengua de los fieles. En el caso de la Comunión en la mano, sin embargo, es el mismo fiel, que pone la sagrada Hostia en su propia lengua.

11

El gesto de “poner la hostia uno mismo en la lengua” expresa sin duda menos el aspecto de la recepción en comparación con el gesto de “permitir que la hostia sea puesta por otra persona”. Este último gesto expresa de una manera muy impresionante la actitud de hacerse niño ante la grandeza de Dios, que está presente en la hostia consagrada. Este gesto expresa también la verdad: “a menos que os hagáis como niños … “ (Mt 18:03 ), y se podría decir : “a menos que sean como lactantes”, pues la Sagrada Escritura dice: “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2-3). En última instancia, la “leche espiritual ” es Cristo mismo, y especialmente Cristo en la comida eucarística. Los bebés reciben alimentos sólo por la boca, el adulto, sin embargo, usa sus manos para llevar su alimento a la boca. Las siguientes palabras podrían ser aplicada a la Santa Comunión: “como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma.”. (Salmo 131:2). En efecto, Jesús no ha dicho: “a menos que os hagáis como adultos …”, sino todo lo contrario.

12

Cuando es el caso de lo más Sagrado, del Señor mismo, entonces tiene que ser válido este principio: “atrévete cuanto puedas a alabarle como merece”(“Quantum potes, aude tantum”, secuencia Lauda Sion de Santo Tomás de Aquino). Por lo tanto, aquí tiene que ser válido al máximo, y no el mínimo, tanto del interior como en la reverencia exterior. La pequeñez de la sagrada Hostia no justifica el tratamiento en el momento de la Santa Comunión con gestos minimalistas de adoración y sacralidad.


Razones pastorales para el retorno general de la comunión en la lengua y de rodillas

1

El rito actual de la Comunión en la mano nunca se ha practicado en la Iglesia Católica, ya que la llamada Comunión en la mano en la Iglesia Antigua difería sustancialmente del uso actual, que fue inventado por los calvinistas y que ni siquiera los luteranos aceptaron, los cuales incluso hasta en nuestros días mantienen el rito tradicional de la lengua y de rodillas.

2

El rito de los primeros siglos era de la siguiente manera: el pan consagrado se ponía en el palma de la mano derecha, luego los fieles se inclinaban profundamente (similar a lo que hoy es el gesto “Metanoia” [μετἀνοια] en el rito bizantino) y tomaban la comunión directamente con la boca sin tocar el pan consagrado con los dedos. Era de alguna manera una Comunión por boca, porque los fieles no ponían ellos mismos la comunión en la boca con sus dedos. Por otra parte, los fieles podían recoger con la lengua desde la palma de su mano los fragmentos sueltos del pan consagrado para que ninguno de los fragmentos pudiera perderse. Las mujeres recibían el pan consagrado sobre una tela blanca, llamada “dominicale”.

3

En el rito actual, declarado erróneamente como un rito de la Iglesia antigua, los fieles reciben la hostia no en la derecha sino en la mano izquierda y luego se toma la hostia con los dedos y se pone la Comunión en la boca. Esta manera fue inventada por los calvinistas ya en el siglo 17. Desde el punto de vista del gesto tal rito más bien es como una forma de auto-Comunión e igual que la forma de tomar alimentos comunes.

4

El Papa Pablo VI, dando la posibilidad de un indulto para la Comunión en la mano (cf. Instrucción “Memoriale Domini” de 29 de mayo de 1969), pidió sin embargo que el rito tradicional se conservase en toda la Iglesia: “Este modo de distribuir a la santa comunión [el tradicional], considerando en su conjunto el estado actual de la Iglesia, debe ser conservado”. Además: en el mismo documento la Santa Sede exhorta con vehemencia a los obispos, sacerdotes y fieles a observar diligentemente la ley vigente y confirma una vez más el derecho a recibir la Sagrada Comunión de la manera tradicional (véase ibid.) . Ya durante el Concilio Vaticano II el Siervo de Dios Papa Pablo VI declaró en su encíclica “Mysterium fidei” de 1965 , que no debe ser cambiado el rito de la Santa Comunión con referencia a una costumbre de la Iglesia antigua : “Ni se debe olvidar que antiguamente los fieles, ya se encontrasen bajo la violencia de la persecución, ya por amor de la vida monástica viviesen en la soledad, solían alimentarse diariamente con la Eucaristía, tomando la sagrada Comunión aun con sus propias manos, cuando estaba ausente el sacerdote o el diácono. No decimos esto, sin embargo, para que se cambie el modo de custodiar la Eucaristía o de recibir la santa comunión, establecido después por las leyes eclesiásticas y todavía hoy vigente, sino sólo para congratularnos de la única fe de la Iglesia, que permanece siempre la misma.” (nn. 62-63). Algunos años antes el Siervo de Dios Papa Pío XII, en el mismo sentido, advirtió en contra de cambiar los actuales ritos eucarísticos y costumbres reverentes: “Así como ningún católico sensato puede rechazar las fórmulas de la doctrina cristiana compuestas y decretadas con grande utilidad por la Iglesia, inspirada y asistida por el Espíritu Santo, en épocas recientes, para volver a las fórmulas de los antiguos concilios, ni puede repudiar las leyes vigentes para retornar a las prescripciones de las antiguas fuentes del Derecho canónico; así, cuando se trata de la sagrada liturgia, no resultaría animado de un celo recto e inteligente quien deseara volver a los antiguos ritos y usos, repudiando las nuevas normas introducidas por disposición de la divina Providencia y por la modificación de las circunstancias. Tal manera de pensar y de obrar hace revivir, efectivamente, el excesivo e insano arqueologismo despertado por el ilegítimo concilio de Pistoya, y se esfuerza por resucitar los múltiples errores que un día provocaron aquel conciliábulo y los que de él se siguieron, con gran daño de las almas, y que la Iglesia, guarda vigilante del «depósito de la fe» que le ha sido confiado por su divino Fundador, justamente condenó[53]. En efecto, deplorables propósitos e iniciativas tienden a paralizar la acción santificadora con la cual la sagrada liturgia dirige al Padre saludablemente a sus hijos de adopción.” (Encíclica “Mediator Dei”, nn .81-83).

5

Las razones de Pablo VI a favor del rito tradicional de la Comunión hoy más válidas que nunca:


La creencia sobre la Presencia Real de Cristo en el misterio eucarístico era mucho más profunda en toda la iglesia (cf. ibid.).


La urgencia de una mayor reverencia exterior (cf. ibíd.).


El sentimiento de humildad hacia este sacramento en quien lo recibe (cf.ibid.).


Se trata de una tradición de muchos siglos (cf. ib.).


Se garantiza de una manera más eficaz la solemnidad y la dignidad del momento de la distribución de la comunión (cf. ibíd.).


Se evita de una manera más eficaz el peligro de profanación de las sagradas especies (cf. ib.).


Por la manera tradicional se conserva de una manera más diligente al cuidado de la Iglesia de que ningún fragmento del pan consagrado pueda perderse (cf. ibíd.).

6

Los recelos del Papa Pablo VI se han cumplido de manera indiscutible en base a la experiencia de la comunión en la mano en los últimos 40 años:


La disminución de la reverencia hacia el Santísimo Sacramento del Altar (cf. ibíd.).


Las profanaciones del mismo sacramento (cf. ibíd.).


La alteración de la recta doctrina y la fe eucarística (cf. ibíd.).

7

Las condiciones en las que el Papa Pablo VI concedió la posibilidad de un indulto no han sido observadas o cumplidas, y en general la situación general que inspiraron dichas condiciones generales son hoy bastante peores. Pablo VI requería evitar cualquier peligro (cf. ib.):


El peligro de la caída de la reverencia.


La insinuación de opiniones erróneas sobre la Sagrada Eucaristía


Otras cosas impropias.

8

Por otra parte, el Papa Pablo VI esperaba que la nueva forma del rito de la Comunión traería un aumento de la fe y de la piedad de los fieles (cf. ibíd.). Esta expectativa, sin embargo, se ve contradicha hoy en día por los hechos a causa de la Comunión en la mano.

9

En vista de los peligros reales y teniendo en cuenta la opinión negativa de la mayoría del episcopado católico, que fue consultado sobre este tema en 1968, la Instrucción “Memoriale Domini” indicaba que Pablo VI pensaba que el rito tradicional de administrar la Comunión no debía cambiarse (cf. ibíd.).

10

El rito actual de la Comunión en la mano, que nunca perteneció al patrimonio litúrgico de la Iglesia Católica (porque fue inventado por los calvinistas y difiere sustancialmente del rito en los primeros siglos de la Iglesia), ha causado y sigue causando un daño de dimensiones verdaderamente preocupantes, es decir: dañando la verdadera fe eucarística, la reverencia y el cuidado con el Fragmentos eucarísticos en el límite de lo soportable.

11

La Eucaristía es el culmen y la fuente de toda la vida de la Iglesia (Vaticano II), la Iglesia vive de la Eucaristía (Encíclica y testamento del Beato Juan Pablo II) y la Eucaristía es por consiguiente el corazón mismo de la Iglesia. La verdadera crisis de la Iglesia de hoy se revela en la manera en que esta fuente y este corazón se tratan concretamente. Sin embargo, a causa de la Comunión en la mano y de pie, el Santísimo se trata con un verdadero minimalismo de reverencia exterior y sacralidad, y por otra parte, el pan consagrado, el más precioso tesoro de la Iglesia, se expone con una asombrosa falta de cuidado a una enorme pérdida de fragmentos eucarísticos y al cada vez mayor robo con fines sacrílegos. estos son hechos que nadie de buena fe puede negar.

12



La propia crisis de la Iglesia de hoy es en realidad una crisis de la Eucaristía y más concretamente una crisis causada de manera decisiva por la comunión en la mano, una crisis pronosticada por Pablo VI y demostrada hoy en día por los hechos. Una auténtica reforma de la Iglesia y una nueva evangelización real seguirán siendo menos eficaces si no curamos la enfermedad principal, que es la crisis general Eucarística y más concretamente la crisis provocada por el rito de la Comunión en la mano. La enfermedad se cura más eficazmente no con la cura de los síntomas, sino con la cura de la causa concreta. Se habla sin duda de una manera general y teórica sobre la necesidad de un mayor respeto y cuidado del pan consagrado. Sin embargo, mientras permanezca la causa concreta de la irreverencia y de la dejadez generalizada, es decir, la comunión en mano, los discursos y los programas necesarios de una reforma y de una nueva evangelización no tendrán un gran efecto en el ámbito de la fe y de la piedad eucarística, que es el corazón de la la vida de la Iglesia.

13

El más pequeño, el más frágil, el más indefenso hoy en día en la Iglesia es el Señor eucarístico bajo las especies eucarísticas en el momento de la distribución de la Sagrada Comunión. ¿No sería una demanda más lógica de la fe y del amor hacia el Señor eucarístico y una medida pastoral más necesaria prever que podría haber una manera más sagrada y más segura de distribuir la comunión con el fin de defender al Señor en la Eucaristía, que es el más frágil y al mismo tiempo el más sagrado? Esa manera más sagrado y más segura es el rito de la Comunión en la lengua y de rodillas, que ha dado abundantes frutos durante más de mil años, como recordó el Papa Pablo VI y también su sucesores, sobre todo el Papa Benedicto XVI.

14

Se pueden aducir razones pastorales a favor de continuar con la práctica de la Comunión en la mano, como por ejemplo el derecho de los fieles a elegir. Este derecho, sin embargo, viola -teniendo en cuenta las proporciones generales de la práctica- el derecho que tiene Jesús Eucarístico, es decir, el derecho a la mayor sacralidad y reverencia posibles. En este sentido se trata del derecho del más frágil en la Iglesia. Todas las razones en favor de la continuación de la práctica de la Comunión en la mano pierden su peso al enfrentar la gravedad de la situación del minimalismo de reverencia y sacralidad, el peligro evidente de la falta de cuidado y la pérdida de fragmentos y del creciente robo de las hostias consagradas. La continuación de la utilización del indulto de la Comunión en la mano no puede decirse que sea una necesidad pastoral, ya que daña la fe y la piedad de los fieles y daña los derechos del Señor Eucarístico mismo

15

Grandes santos que reformaron la Iglesia y verdaderas almas apostólicas en la historia de la Iglesia dijeron: el progreso espiritual de una época de la Iglesia se mide por la forma de reverencia y la devoción hacia el Sacramento del Altar. Santo Tomás de Aquino ha expresado esta verdad muy sucintamente: “Sic nos Tu visita, sicut Te colimus” (Santo Tomás de Aquino, himno “Sacris solemniis”): ¡Señor, visítenos en la medida en que te veneramos! Esto es válido también para nuestros días: el Señor visitará a Su Iglesia hoy en día con gracias especiales de una auténtica renovación, tan deseada por el Beato Juan XXIII y los Padres del Concilio Vaticano II, en la medida en que es amado y también venerado de manera visible sobre todo en el momento de la distribución de la Sagrada Comunión.


15 diciembre 2013, Hong Kong
Seminario de Formación Litúrgica 2013-2014

PADRE CARLOS CANCELADO - MARÍA, ME AYUDA A CRECER.





EXTRACTO

La anunciación

¿Qué contiene el Ave María para mí? Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad llamada Nazaret de Galilea a una mujer comprometida con un hombre llamado José de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel a Esta y le dijo:

Alégrate, llena de Gracia el Señor está contigo.

No estoy de acuerdo con la palabra “Alégrate”, lo han cambiado para entender pero para mí debe dejarse la palabra Dios te Salve María que significa Dios te saluda, María.

Alégrate no, porque ella era alegre, no era triste, ella tenía el fruto del Espíritu Santo.

La palabra “Salve”: saludaban al César

“Salve Cesar”
 La estaba saludando Dios como emperatriz, como una gran mujer.

Dios te Salve María, llena eres de gracia,

No tenía pecado, no tenía mancha alguna. El Señor está, no,

el Señor es contigo, no está. Dios mismo aclara que ella es concebida sin pecado, que es llena de gracia, no le falta nada. Ella tiene totalmente voluntad divina. Ella vino a la tierra y no la perdió. Su voluntad humana sometida a la voluntad divina hizo que jamás se inclinara al pecado. Todos fueron actos divinos de Dios lo que la Virgen hizo en esta tierra.

Como llena eres de gracia inmediatamente el ángel le dice

El Señor es contigo, no está. Ejemplo: el padre Carlos está enfermo significa que es un tiempo y que va a pasar pero el otro ejemplo es: el padre Carlos es enfermo en vez de está, es eterno. El Señor es contigo, nunca Dios había abandonado a la Virgen. En la divina voluntad que ella cumplió Dios moraba en ella aunque el verbo no se había encarnado, Dios ya estaba en ella, no había separación. Sigue el ángel diciendo

Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.

María se queda muy conmovida y se preguntaba qué significaba aquel saludo. Como es posible que Dios me salude así. Pero el ángel le dijo,

No temas María porque has encontrado gracia delante de Dios concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo que le pondrás el nombre de Jesús. Sera grande y justamente será Hijo del Altísimo.

Puede un ángel que Dios hablar cosas que Dios no quiera?  No, porque los ángeles que quedaron en el cielo ya viven bajo la voluntad de Dios. No pueden decir una mentira porque entonces dejarían de ser ángeles. María entonces le dijo al ángel como puede ser esto si yo permanezco virgen y decidí ser virgen. Miren cuánto ama la Virgen la pureza. La pureza es lo más apreciado por Dios y lo más odiado por Satanás. Por eso en estos tiempos somos tan impuros; a hasta a los niños se les está dañando la pureza.



ORACIÓN


Padre Santo,
Tú has querido que el misterio de Salvación
que realizó tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor,
fuera prolongado en hombres configurados
con su sacerdocio.

Haz que en toda la Iglesia se despierte el deseo
de que muchos sean llamados a tu servicio.

Qué los sacerdotes sean ejemplo por una vida santa
Que la vida consagrada sea testigo de su inefable amor.
Que las familias sean escuela de discernimiento.

Padre, haz de tu Iglesia un seno fecundo
por la acción del Espíritu Santo
en el que muchos escuchen tu llamada al sacerdocio.
Que nuestros seminarios sean lugares de encuentro
y comunión en el corazón de la Iglesia
para la formación de pastores según tu corazón. 

Amén.

EL SORPRENDENTE PODER ESPIRITUAL DE LAS CAMPANAS DE LA IGLESIA


Las campanas no llaman solamente a las personas a orar, también tienen una relevancia espiritual que no es tan conocida.


CHURCH BELLS

En las ciudades más antiguas, en especial en el casco antiguo, las campanas suenan a cada hora desde el campanario de la iglesia o catedral local.

A veces es difícil escucharlas dentro del trajín del tráfico, pero cuando visitamos una parroquia rural las campanas pueden escucharse a kilómetros a la redonda.

Las campanas de las iglesias nos acompañan desde el siglo V y eran de uso común en la Edad Media. Se usaban especialmente en las comunidades monásticas para llamar a los monjes a reunirse para orar en la capilla ya que, a lo largo del día, se encontraban en varios lugares del monasterio.

Más tarde, la costumbre se extendió cada vez más entre iglesias parroquiales y las campanas se usaron para llamar al pueblo a la celebración de la Eucaristía, además de para la recitación del Ángelus durante el día.

Sin embargo, las campanas también tienen un gran poder espiritual. Cuando se instala una campana nueva en una iglesia, tradicionalmente es “bautizada” o “consagrada” por el obispo o sacerdote local.

Las ceremonias antiguas imitaban la del bautismo y la ceremonia actual sigue requiriendo del uso de agua bendita.

Las campanas también reciben un nombre en honor de un santo patrón particular, aunque muchas se nombran en honor de la Santísima Virgen María.

El Ritual Romano contiene una bendición muy solemne de campanas de iglesia y habla del simbolismo espiritual y el poder sacramental que estas campanas poseen ahora.


Dios, que decretó por medio del santo Moisés, tu siervo y legislador, que se crearan e hicieran sonar trompetas de plata en el momento del sacrificio, para recordar al pueblo a través de sus claros tonos que se preparen para tu adoración y se reúnan para su celebración. Concédenos, te imploramos, que esta campana, destinada para tu santa Iglesia, sea santificada por el Espíritu Santo a través de nuestro humilde ministerio, de forma que cuando repique y taña, los fieles sean invitados a la casa de Dios y la recompensa eterna.

Que la fe y la piedad del pueblo crezcan cada vez más fuertes siempre que escuche su melodioso repique. Que su sonido aleje a todo espíritu maligno; que se desvanezcan trueno y rayo, granizo y tormenta; que el poder de tu mano someta a los malignos poderes del aire, que tiemblen con el sonido de esta campana y huyan acto seguido ante la visión de la santa cruz grabada en ella.

Que Nuestro Señor nos conceda esto, Él que venció a la muerte en la cruz y que ahora reina en la gloria de Dios Padre, en la unidad del Padre y del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Atención a cómo el sacerdote llama al poder de Dios a alejar a los “espíritus malignos” además del “trueno (…) rayo, granizo y tormenta” a través del sonido de estas campanas. La bendición continúa con una oración final que, de nuevo, evoca el peso espiritual que reciben las campanas.

Oh, Cristo, todopoderoso gobernante, como una vez calmaste la tormenta en el mar al despertar en la barca del sueño de tu naturaleza humana, así acudas ahora con tu benigna ayuda a las necesidades de tu pueblo, y derrames sobre esta campana el rocío del Espíritu Santo.

Siempre que suene, huya el enemigo del bien, que el pueblo cristiano escuche la llamada a la fe, que aterrorice al imperio de Satán, que tu pueblo se fortalezca al ser llamado a unirse al Señor y que el Espíritu Santo esté con los fieles igual que se deleitaba de estar con David cuando tocaba su arpa.

Y al igual que una vez el trueno en el aire ahuyentó una horda de enemigos, cuando Samuel sacrificaba un cordero lactante como holocausto al Rey eterno, así cuando el repique de esta campana resuene en las nubes traiga una legión de ángeles que vigile la asamblea de tu Iglesia, los primeros frutos de los fieles y aspiren a tu protección eterna en su cuerpo y espíritu.

Pedimos esto a través de ti, Señor Jesucristo, que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.

¿Qué te parece esa última línea? El sacerdote ruega que “cuando el repique de esta campana resuene en las nubes traiga una legión de ángeles que vigile la asamblea de tu Iglesia”. ¡Estas campanas no son en absoluto ordinarias!

Así que, la próxima vez que escuches una campana de iglesia, recuerda el poder espiritual que tiene y ofrece una breve oración a Dios, dándole gracias por las muchas bendiciones en tu vida.


FUENTE: es.aleteia.org

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís