FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

LA VICTORIOSA REINA DEL MUNDO - Revelación a Sor María Natalia Magdolna


III

MENSAJES A LOS SACERDOTES

Sacrifíquense y recen por las almas”

Una noche, Jesús me dijo lo siguiente, dirigiéndose a los sacerdotes: “Vine al mundo por el bien de las almas. Es su vocación y su deber salvarlas. Si ustedes permanecen en Mí y en mi amor, saldrán victoriosos”.

Luego se volteó hacia mí y me dijo: “Esposa mía, que padeces Conmigo, esta noche unos sacerdotes me van a ofender gravemente. Por los méritos de tu sacrificio libraré a algunos de ellos de sus pecados, pero ¿quién hará sacrificios por los otros? Moriría por ellos de nuevo, cada vez que ellos infieren sus heridas mortales a mi Corazón”.

Yo sufrí junto con Jesús por esas almas. Aceptaría todos los sufrimientos del mundo si pudiera evitar un pecado grave que ofendiera a mi Jesús. Le dije:

–Mi querido Jesús, estoy dispuesta a hacer cualquier sacrificio.

Él contestó:

–Flagélate hoy; así puedo librar a mis extraviados sacerdotes del pecado y acogerlos de nuevo en mi Corazón.

En ese tiempo mis superioras me dispensaron de la oración comunitaria a causa de las gracias extraordinarias que ellas veían tan claramente en mí, y así pude hacer en secreto lo que Jesús me pedía.

Jesús se queja de los sacerdotes

En 1944 el Señor me dijo: “Quiero enviar un mensaje al Santo Padre para que reafirme la práctica del ayuno del viernes, porque, debido a esto, muchos sacerdotes me ofenden. Ni los hombres ni las almas a Mí consagradas están dispensadas de la abnegación. Mi Iglesia debe saber que, al disminuir el espíritu de renuncia, aumentan los pecados”.

Después de la santa Comunión el Señor me mostró cómo un sacerdote cae en el pecado por falta de espíritu de mortificación. Vi a un sacerdote sentado a una rica mesa. El Señor le sugirió que no tomara el postre, puesto que ya había comido bastante. Él dudó un momento, luego rechazó la inspiración, con este pensamiento: “¿Abnegación, por qué?” El paso siguiente fue la pereza, luego vino la relajación, sus pensamientos se hicieron siempre más mundanos y el pecado entró a través de sus ojos. Entonces entró la muerte en su alma, y empezaron las dudas acerca de la presencia real en la Eucaristía. Finalmente dejó el sacerdocio y se volvió ateo. Fue especialmente doloroso para Jesús que por mucho tiempo ese sacerdote ofreciera indignamente el santo Sacrificio.

En otra ocasión, para consolarme, Jesús me dijo que es un gran placer para Él bajar al altar cuando un sacerdote lo llama con clara conciencia de sus actos. De estos sacerdotes santos me dijo: “Son mi deleite, mi orgullo, mi consuelo y mi esperanza”.

El amor a la cruz

El Señor me dijo:

–Hay solamente unas cuantas almas sacerdotales que aman la cruz. Muchos de ellos no quieren ni oír hablar del sufrimiento y la abnegación. Esto es porque ni siquiera Me piden tener amor por el sufrimiento. Los sacerdotes deben pedir diario el amor a la cruz para ellos mismos y también para las almas a ellos encomendadas. Si hicieran esto, se les daría la gracia del amor al sufrimiento, llegaría a serles agradable y podrían hacer actos heroicos. Yo aniquilaría en ellos todo lo que pudiera matar el amor y aumentaría en ellos el amor a la cruz. Les daría el don del amor pobre y humilde. Recibirían la gracia mística de poder enterarse de los secretos especiales de mi Corazón. Me gustaría darles a conocer esta gracia especial en este tiempo en que se aproximan los sufrimientos de mis escogidos.


En una ocasión Jesús me enseñó esta oración:

Señor mío, dame la gracia de amar
sufriendo como Tú lo hiciste.

Dame la gracia de llevar mi cruz
como Tú lo hiciste.

Señor mío, dame la gracia de poder siempre
reconocer y cumplir tu voluntad
y permanecer siempre unido a Ti,
glorificándote en todo lo que haga.

María, Madre de Jesús y Madre mía,
enséñame a amar sufriendo. Amén.


La Victoriosa Reina del mundo



Revelación a SOR MARÍA NATALIA MAGDOLNA




Sor María Natalia de las Hermanas de santa Ma. Magdalena nació en 1901 cerca de Pozsony, en la actual Eslovaquia. Sus padres eran artesanos de origen alemán. De joven aprendió el húngaro y el alemán, y más tarde el francés. Recibió los mensajes en húngaro. Su vida está llena de acontecimientos históricos y políticos ya que vivió casi todo este siglo. Murió el 24 de abril de 1992, en olor de santidad.

Desde temprana edad percibió claramente su vocación religiosa y a los diecisiete años entró al convento de Pozsony. A los treinta y tres, sus superioras la enviaron a Bélgica de donde volvió al poco tiempo porque se enfermó y la regresaron a Hungría, su patria, donde vivió en los conventos de Budapest y Keeskemet.

En Hungría empezó a tener locuciones interiores y visiones sobre el destino de Hungría y del mundo, aunque ya de niña había tenido fuertes experiencias místicas. Estos mensajes son un llamado a la reparación de los pecados, a la enmienda y a la devoción al Corazón Inmaculado de María como la Victoriosa Reina del Mundo. La mayoría de estos mensajes los escribió entre los años 1939 y 1943.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Sor Natalia aconsejó al Papa Pío XII que no fuera a Castelgandolfo, su residencia de verano, porque sería bombardeada, como de hecho lo fue.

Sor Natalia tuvo que transmitir unos mensajes muy duros a la jerarquía católica de Hungría: que repartieran sus riquezas a los pobres, que dejaran sus palacios y que comenzaran a hacer penitencia. Para muchos este llamado no sólo era una locura sino un absurdo. Sólo unos cuantos hicieron caso al llamado del “Apostolado de la Enmienda”. Sólo después de la guerra, cuando el cardenal Mindszenty en 1945 fue elegido Primado de Hungría, empezó el movimiento de reparación en forma seria. Él quiso la construcción de una capilla en Budapest y concedió el permiso para la fundación de una nueva orden de religiosas, cuya única finalidad sería el hacer reparación y penitencia por los pecados de la nación. Pero desgraciadamente era demasiado tarde y la capilla no se alcanzó a terminar. Las autoridades comunistas no sólo prohibieron la fundación de la nueva orden, sino que dispersaron aquellas ya existentes.

El terror contra el pueblo húngaro fue tres veces más severo que en los países satélites vecinos. El ejército rojo hizo mártires por miles, entre ellos el obispo Apor de Gyor, quien trató de defender a su rebaño, en su mayoría mujeres que buscaban refugio en las iglesias para evitar ser violadas.

Sin embargo el ejército rojo fue indulgente en comparación con los traidores comunistas húngaros, especialmente su líder Matías Rákosi. Esta figura cruel envió a miles de intelectuales al patíbulo y su furia se dirigió principalmente contra la Iglesia Católica. Confiscó todas sus escuelas, dispersó las órdenes religiosas y ocupó sus conventos y monasterios. Todo el mundo se enteró de la trágica suerte del Primado de Hungría, el cardenal Joseph Mindszenty, quien luchó valientemente contra la tiranía roja. Después de haber sido encarcelado durante la Segunda Guerra Mundial por los nazis alemanes por ayudar a los judíos, ahora los rojos lo arrestaron bajo falsas acusaciones y lo sometieron a las más humillantes torturas. Cuando su voluntad de hierro se dobló por as drogas que le administraban, lo sometieron a un juicio de burla. Su rebaño se asustó y se dispersó lentamente al ver vencido al pastor. Sor Natalia compartió la suerte de sus hermanas religiosas y tuvo que vivir escondida, pero su vida mística continuó y bajo la guía de su nuevo director espiritual, en 1981 comenzó a escribir de nuevo su diario.

Tenemos en nuestras manos un tesoro místico de incalculable valor, a la altura de cualquiera de los grandes tesoros de las místicas cristianas, santa Catalina de Siena, santa Gertrudis, santa Teresa de Jesús y santa Margarita María de Alacoque. Encontramos mensajes, enseñanzas y avisos dirigidos a todos y especialmente a los sacerdotes que estamos viviendo este final de siglo. Necesitamos esta guía en un tiempo en el que los pilares tradicionales están tambaleándose y hay confusión hasta entre los mismos consagrados.

Este libro se basa en el diario y otros mensajes que Sor Natalia ha dado a varias personas. Sor Natalia ofreció su vida por los sacerdotes cuando entró al convento. El Señor aceptó su ofrenda: ella ha soportado sufrimientos increíbles, tanto en su cuerpo como en su alma, pues Jesús ha compartido con ella su cruz, el dolor que Él siente por los sacerdotes tibios y también su gozo por los buenos y leales. Ella se identificó completamente con Jesús. Jesús se regocijó y sufrió en ella como él mismo dijo: “Por mis amados hijos sacerdotes”.


Stephen Foglein


INFORME OFICIAL DE UN PROFESOR DE TEOLOGÍA

(21 de enero de 1943)

El informe fue hecho por el padre Jeno Krasznay, STD, un renombrado teólogo europeo de esa época. El profesor Krasznay nació en 1909 en Esztergom, Hungría. Fue ordenado en 1932. Primero sirvió en la Diócesis de Veszprem. Entre 1936 y 1943 trabajó como maestro de religión en una escuela secundaria. Luego fue nombrado auxiliar del obispo Istvan Hasz. Junto a este obispo emigró a Suiza en 1945. Allí se dedicó a atender a los refugiados húngaros.

El padre Krasznay le dio dirección espiritual a Sor Natalia en 1939 y de nuevo en 1943. Después de un cuidadoso estudio, expuso un informe oficial a sus superiores. Citamos a continuación partes de dicho informe:

“Conocí a Sor Natalia durante un retiro que di en el convento de las Hermanas del Buen Pastor de santa Ma. Magdalena en Keeskemet. Con dudas y miedo de sí misma me habló de sus experiencias místicas, las que recibía con frecuencia durante sus oraciones y los sufrimientos que seguían a estas experiencias. Oyendo sus relatos, me pareció claro que ella estaba recibiendo unas gracias extraordinarias. Desde entonces –con el permiso de mis superiores- me mantuve en contacto con Sor Natalia por carta y visitándola una o dos veces al año para darle consejo espiritual.

En vista de sus miedos e inseguridad durante los últimos dos años me cuestionaba: ¿Son sus experiencias reales o no? ¿Está su vida realmente permeada por la actividad mística de Dios? ¿Vienen realmente de Dios las mortificaciones a las cuales se somete a sí misma, por ella y por los demás?

Para obtener una respuesta a mis preguntas, la he sometido a pruebas duras de obediencia. Ella siguió mis indicaciones con obediencia ciega. Bajo orden mía, ella trató de evitar las voces y las visiones. Usé los siguientes recursos para poder hacer un juicio apropiado sobre su vida de oración mística:

–Consulté con unos sacerdotes jesuitas.

–Leí literatura sobre el tema, especialmente la vida de santa Teresa de Jesús.
–Estudié cuidadosamente sus respuestas a mis preguntas y contrapreguntas.
–Consulté con sus superioras.

Estudié psicología anormal, especialmente Die Fulle der Gnaden (La plenitud de la gracia) de Poulain. Por medio de este cuidadoso estudio, la vida espiritual de Sor Natalia gradualmente se me aclaró. Observé las siguientes características en ella: era muy sensible y estaba luchando con dudas que se repetían cada cierto tiempo. Por mucho tiempo no comprendía este fenómeno, pues para mí era difícil relacionar esto con las gracias extraordinarias de las cuales ella hablaba. No obstante, descubrí que este fenómeno viene de la fragilidad humana que a menudo acompaña a las almas en el camino hacia la unión mística.

Más aún, noté que Sor Natalia ya había avanzado mucho en este camino. Noté las señales de virtudes heroicas en ella; entre las más destacadas estaba la voluntad de obedecer y una genuina sinceridad. Después de mi larga observación y cuidadoso estudio llegué a la conclusión de que las experiencias místicas que ella sinceramente me describía eran en verdad reales, que ella verdaderamente recibía esas visiones y mensajes. En el convento ha tenido que sufrir serias pruebas y aflicciones de parte de algunas de sus Hermanas. Ha soportado estas pruebas con una fe firme. Muchas de sus hermanas religiosas me dijeron que ellas no hubieran podido soportar las pruebas por las que pasó Sor Natalia.

Sor Natalia recibió su primera gran revelación después de ciertas experiencias introductorias, en noviembre de 1941, de acuerdo a sus notas escritas antes de agosto de 1942 y entregadas al padre Biro, jesuita, ya fallecido.

En una forma mística, Sor Natalia recibió información acerca de decisiones secretas y planes que solamente conocían unos cuantos hombres en Budapest en esa época.

Por tanto afirmo que ¡estoy totalmente convencido de que en el caso de Sor Natalia vemos la obra sobrenatural de Nuestro Señor Jesucristo!”


Índice del libro

1.- La misión de Sor Natalia
2.- Experiencias místicas
3.- Mensajes a los Sacerdotes
4.- Enseñanzas de Jesús a Sor Natalia
5.- La Victoriosa Reina del mundo
6.- Mensajes acerca de la reparación
7.- La purificación y el destino del mundo
8.- Designios de Dios para el futuro del mundo
9.- Ofrenda de amor
10.- Las dos grandes Novenas a los Sagrados Corazones de Jesús y de María
11.- Mensajes más recientes

FOTOS RARA VEZ VISTAS DE LOS VIDENTES DE FÁTIMA, LUCÍA, JACINTA, FRANCISCO


Estas fotos desvelan la humildad de los pastorcitos detrás de las visiones proféticas de Fátima


- en la web es.aleteia.org -

El 13 de mayo de 1917, tres niños pastores, Lucía, Jacinta y Francisco, vieron a una hermosa señora que les pidió que regresaran al mismo valle, Cova da Iria, los días 13 de los próximos seis meses. Recibieron muchos mensajes y visiones de Nuestra Señora y, el 13 de octubre, una gran multitud de personas presenció el “milagro del sol”, que fue registrado incluso en el periódico local.

El contenido de aquellas visiones se consideró sorprendentemente profético y muchas personas de todo el mundo se han sentido atraídas a Dios a través de la renovada devoción del Inmaculado Corazón de María, que promovían estas visiones.

Aquí podéis ver unas fotografías poco difundidas de estos niños y que ponen de manifiesto la realidad de que Dios prefiere obrar a través de los débiles y modestos de la sociedad para comunicar sus mensajes.



FUENTE: es.aleteia.org/ 

EL SACERDOCIO SEGÚN EL SANTO CURA DE ARS


Resultado de imagen para corazon del santo cura de ars

el sacerdote San Juan María Bautista Vianney

Escrito por Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital

De la mano del Papa Benedicto XVI en su carta de convocatoria del Año Sacerdotal en el 150 aniversario de la muerte del Cura de Ars


1.- La grandeza del sacerdote 

El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”. Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…”.


Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote…¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo”. Estas afirmaciones, nacidas del corazón sacerdotal del santo párroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Parecía sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: “Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor… Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes… Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias… El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros”.


2.- Al servicio de la conversión

Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación: “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.


El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.


3.- Identificación con Jesucristo.

En primer lugar, su total identificación con el propio ministerio. En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su obra salvífica era y es expresión de su “Yo filial”, que está ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisión a su voluntad. De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación.


El Cura de Ars emprendió en seguida esta humilde y paciente tarea de armonizar su vida como ministro con la santidad del ministerio confiado, “viviendo” incluso materialmente en su Iglesia parroquial: “En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa… Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar”, se lee en su primera biografía.


4.- Sacramento de presencia y de servicio al pueblo a él confiado.

El Santo Cura de Ars también supo “hacerse presente” en todo el territorio de su parroquia: visitaba sistemáticamente a los enfermos y a las familias; organizaba misiones populares y fiestas patronales; recogía y administraba dinero para sus obras de caridad y para las misiones; adornaba la iglesia y la dotaba de paramentos sacerdotales; se ocupaba de las niñas huérfanas de la “Providence” (un Instituto que fundó) y de sus formadoras; se interesaba por la educación de los niños; fundaba hermandades y llamaba a los laicos a colaborar con él.

Cuerpo incorrupto del Santo Cura de Ars


5.- En colaboración corresponsable con los laicos.

Su ejemplo me lleva a poner de relieve los ámbitos de colaboración en los que se debe dar cada vez más cabida a los laicos, con los que los presbíteros forman un único pueblo sacerdotal y entre los cuales, en virtud del sacerdocio ministerial, están puestos “para llevar a todos a la unidad del amor: ‘amándose mutuamente con amor fraterno, rivalizando en la estima mutua’ (Rm 12, 10)”. En este contexto, hay que tener en cuenta la encarecida recomendación del Concilio Vaticano II a los presbíteros de “reconocer sinceramente y promover la dignidad de los laicos y la función que tienen como propia en la misión de la Iglesia… Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo fraternalmente en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos”.


6.- El ejemplo de la propia vida y del fervor del sacerdote.

El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía. “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars. “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”. Y les persuadía: “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…”. “Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis”. Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que “no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración… Contemplaba la hostia con amor”. Les decía: “Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios”. Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: “La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!”. Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: “¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!”.


7.- Del altar al confesionario: los dos ámbitos más privilegiados.

Esta identificación personal con el Sacrificio de la Cruz lo llevaba –con una sola moción interior– del altar al confesonario. Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesión no era ni más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pues el vendaval revolucionario había arrasado desde hacía tiempo la práctica religiosa. Pero él intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un “círculo virtuoso”.


Con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesonario hasta 16 horas al día. Se comentaba que Ars se había convertido en “el gran hospital de las almas”. Su primer biógrafo afirma: “La gracia que conseguía [para que los pecadores se convirtiesen] era tan abundante que salía en su búsqueda sin dejarles un momento de tregua”. En este mismo sentido, el Santo Cura de Ars decía: “No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él”. “Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes”.


8.- Testimoniar y transmitir el amor misericordioso de Dios.

El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor: Deus caritas est (1 Jn 4, 8).


Con la Palabra y con los Sacramentos de su Jesús, Juan María Vianney edificaba a su pueblo, aunque a veces se agitaba interiormente porque no se sentía a la altura, hasta el punto de pensar muchas veces en abandonar las responsabilidades del ministerio parroquial para el que se sentía indigno. Sin embargo, con un sentido de la obediencia ejemplar, permaneció siempre en su puesto, porque lo consumía el celo apostólico por la salvación de las almas. Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: “La mayor desgracia para nosotros los párrocos –deploraba el Santo– es que el alma se endurezca”; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas.


9.- El valor y el sentido de la mortificación.

Dominaba su cuerpo con vigilias y ayunos para evitar que opusiera resistencia a su alma sacerdotal. Y se mortificaba voluntariamente en favor de las almas que le habían sido confiadas y para unirse a la expiación de tantos pecados oídos en confesión. A un hermano sacerdote, le explicaba: “Le diré cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo hago yo por ellos”.


Más allá de las penitencias concretas que el Cura de Ars hacía, el núcleo de su enseñanza sigue siendo en cualquier caso válido para todos: las almas cuestan la sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el “alto precio” de la redención.


10.- La primacía y la fecundidad de los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia.

La identificación sin reservas con este “nuevo estilo de vida” caracterizó la dedicación al ministerio del Cura de Ars. El Papa Juan XXIII en la Carta encíclica Sacerdotii nostra primordia, publicada en 1959, en el primer centenario de la muerte de san Juan María Vianney, presentaba su fisonomía ascética refiriéndose particularmente a los tres consejos evangélicos, considerados como necesarios también para los presbíteros: “Y, si para alcanzar esta santidad de vida, no se impone al sacerdote, en virtud del estado clerical, la práctica de los consejos evangélicos, ciertamente que a él, y a todos los discípulos del Señor, se le presenta como el camino real de la santificación cristiana”.


El Cura de Ars supo vivir los “consejos evangélicos” de acuerdo a su condición de presbítero. En efecto, su pobreza no fue la de un religioso o un monje, sino la que se pide a un sacerdote: a pesar de manejar mucho dinero (ya que los peregrinos más pudientes se interesaban por sus obras de caridad), era consciente de que todo era para su iglesia, sus pobres, sus huérfanos, sus niñas de la “Providence”, sus familias más necesitadas. Por eso “era rico para dar a los otros y era muy pobre para sí mismo”. Y explicaba: “Mi secreto es simple: dar todo y no conservar nada”. Cuando se encontraba con las manos vacías, decía contento a los pobres que le pedían: “Hoy soy pobre como vosotros, soy uno de vosotros”. Así, al final de su vida, pudo decir con absoluta serenidad: “No tengo nada… Ahora el buen Dios me puede llamar cuando quiera”.


También su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente con sus manos la Eucaristía y contemplarla con todo su corazón arrebatado y con el mismo entusiasmo la distribuye a sus fieles. Decían de él que “la castidad brillaba en su mirada”, y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado.


También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse “a llorar su pobre vida, en soledad”. Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: “No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido”. Consideraba que la regla de oro para una vida obediente era: “Hacer sólo aquello que puede ser ofrecido al buen Dios”.


11.- La comunión eclesial en la vida sacerdotal.

Quisiera añadir además, en línea con la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis del Papa Juan Pablo II, que el ministerio ordenado tiene una radical “forma comunitaria” y sólo puede ser desempeñado en la comunión de los presbíteros con su Obispo. Es necesario que esta comunión entre los sacerdotes y con el propio Obispo, basada en el sacramento del Orden y manifestada en la concelebración eucarística, se traduzca en diversas formas concretas de fraternidad sacerdotal efectiva y afectiva.


12.- La importancia del celibato sacerdotal.

Sólo así los sacerdotes sabrán vivir en plenitud el don del celibato y serán capaces de hacer florecer comunidades cristianas en las cuales se repitan los prodigios de la primera predicación del Evangelio.


13.- El amor y la devoción mariana del sacerdote.

La celebración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney (1859) viene inmediatamente después de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había hecho notar: “Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle. Él mismo sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática de 1854”.

El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que “Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre”.

Jesús de las Heras Muela

FUENTE: www.revistaecclesia.com/ 

JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, UN SACERDOTE SANTO DEL SIGLO XX



Resultado de imagen para cuadro de san jose maria escriva de balaguerJosemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José y Dolores. Tuvo cinco hermanos: Carmen (1899-1957), Santiago (1919-1994) y otras tres hermanas menores que él, que murieron cuando eran niñas. El matrimonio Escrivá dio a sus hijos una profunda educación cristiana.

En 1915 quebró el negocio del padre, comerciante de tejidos, y la familia hubo de trasladarse a Logroño, donde el padre encontró otro trabajo. En esa ciudad, Josemaría, después de ver unas huellas en la nieve de los pies descalzos de un religioso, intuye que Dios desea algo de él, aunque no sabe exactamente qué es. Piensa que podrá descubrirlo más fácilmente si se hace sacerdote, y comienza a prepararse primero en Logroño y más tarde en el seminario de Zaragoza.

Siguiendo un consejo de su padre, en la Universidad de Zaragoza estudia también la carrera civil de Derecho como alumno libre. D. José Escrivá muere en 1924, y Josemaría queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio primero en una parroquia rural y luego en Zaragoza.

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para obtener el doctorado en Derecho. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, Dios le hace ver lo que espera de él, y funda el Opus Dei. Desde ese día trabaja con todas sus fuerzas en el desarrollo de la fundación que Dios le pide, al tiempo que continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años, que le pone diariamente en contacto con la enfermedad y la pobreza en hospitales y barriadas populares de Madrid.

Al estallar la guerra civil, en 1936, Josemaría Escrivá se encuentra en Madrid. La persecución religiosa le obliga a refugiarse en diferentes lugares. Ejerce su ministerio sacerdotal clandestinamente, hasta que logra salir de Madrid. Después de una travesía por los Pirineos hasta el sur de Francia, se traslada a Burgos.

Cuando acaba la guerra, en 1939, regresa a Madrid. En los años siguientes dirige numerosos ejercicios espirituales para laicos, para sacerdotes y para religiosos. En el mismo año 1939 termina sus estudios de doctorado en Derecho.

En 1946 fija su residencia en Roma. Obtiene el doctorado en Teología por la Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos Congregaciones vaticanas, miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología y prelado de honor de Su Santidad. Sigue con atención los preparativos y las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965), y mantiene un trato intenso con muchos de los padres conciliares.

Desde Roma viaja en numerosas ocasiones a distintos países de Europa, para impulsar el establecimiento y la consolidación del trabajo apostólico del Opus Dei. Con el mismo objeto, entre 1970 y 1975 hace largos viajes por México, la Península Ibérica, América del Sur y Guatemala, donde además tiene reuniones de catequesis con grupos numerosos de hombres y mujeres.

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Varios miles de personas, entre ellas numerosos obispos de distintos países —en conjunto, un tercio del episcopado mundial—, solicitan a la Santa Sede la apertura de su causa de canonización.

El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo proclama santo diez años después, el 6 de octubre de 2002, en la plaza de San Pedro, en Roma, ante una gran multitud. «Siguiendo sus huellas», dijo en esa ocasión el Papa en su homilía, «difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad».

FUENTE: www.vidasacerdotal.org - (Opusdei.es) 

SE MANTIENEN EN UN INSTANTE DE FUERTE BATALLA ENTRE EL BIEN Y EL MAL (Cfr. Gn 3,6)..


El bien avanza discretamente y el mal se abalanza sobre todo y contra todo


MENSAJE DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
A LUZ DE MARÍA

19 DE ENERO DEL 2020

Amado Pueblo de Dios:

CON GRATITUD HACIA LA TRINIDAD SACROSANTA, LES LLAMO A NO ESPERAR PARA LA CONVERSIÓN.

Nuestra Reina y Madre de todo lo creado, les invita a dar el paso, ¡YA!

Miro a los demonios enfrentarse al hombre, propiciar fracasos, desilusiones, tocando el ego humano para llevarles a perder la paz, la Fe, la confianza y dejarles en la desesperanza, con la finalidad de que se sientan abandonados de Nuestro Rey y Señor Jesucristo.

Se mantienen en un instante de fuerte batalla entre el bien y el mal (Cfr. Gn 3,6). El bien avanza discretamente y el mal se abalanza sobre todo y contra todo, arrollando a su paso cuanto puede ser un impedimento para sus planes nefastos, eleva la voz, dejó de ser quien se arrastra, ahora es quien divisa a lo lejos sus presas y les ataca cuando les mira frágiles en algún aspecto espiritual.

Pueblo de Dios, viven en el mundo, pero no son del mundo (Cfr. I Jn 2,15) y esto lo olvidan con gran facilidad, sobre todo cuando padecen algún desaliento espiritual, actúan como quienes son del mundo, olvidando que, al formar parte del Cuerpo Místico de Nuestro Rey y Señor Jesucristo, deben obrar y actuar con decoro, aunque el dolor les invada.

NO SE HAN ADENTRADO EN LA DESOLACIÓN, POR ELLO TIENEN QUE SER FUERTES, CRIATURAS DE FE, CUMPLIDORES DE LA VOLUNTAD DIVINA Y NO TITUBEAR PARA QUE LOGREN MANTENER LA CONTINUIDAD EN EL LLAMADO QUE CADA UNO TIENE: SER DIGNOS HIJOS DEL REY (Cfr. Jn 1, 12-13).

La tierra tiembla fuertemente llevando a la humanidad a sentirse temerosa y por ello a mirar hacia lo alto, en busca de una respuesta que la tiene el mismo hombre dentro de sí, ante la lejanía que mantiene con la Trinidad Sacrosanta.

Como generación deben orar y llevar a la práctica la oración, recibir el Cuerpo y Sangre de Nuestro Rey y Señor Jesucristo y llevar a la práctica esa Comunión, de lo contrario, los actos no dan frutos, los actos son esparcidos en terreno árido y la criatura humana no dará frutos de Vida Eterna. Para ello, previamente tienen que prepararse, arrepentirse debidamente de los males cometidos y hacer firme propósito de enmienda para que no caigan nuevamente en los mismos actos pecaminosos.

Como Pueblo de Dios, conocen bien que el soberbio y orgulloso Satanás lucha contra ustedes y no lo advierten (Cfr. I Ped 5,8-9), ya que trabaja en los mínimos detalles, en los que son imperceptibles para ustedes y de esa forma, lastimándoles el “ego”, llega a cumplir su cometido y ustedes no lo reconocen. Pueblo de Dios, la arrogancia espiritual, la soberbia espiritual, es el mayor mal de los hijos de Nuestro Rey y Señor Jesucristo y será este mal, el que llevará a parte de esta humanidad a desertar, por no reconocer sus equivocaciones y por no colocar frente a cada uno la caridad con el semejante y el Amor fraterno (Cfr. I Jn 2,26; Rom 12,16; Prov 8,13).

No busquen a Nuestro Rey y Señor Jesucristo en caminos que Él no les ha marcado para encontrarlo rectamente. El hombre curioso, el que desea alcanzar lo desconocido, encontrará una cruz más pesada, una carga que no llevaba y titubeará, se tambaleará, hasta que sea una criatura que a través de los méritos sea digno de la Misericordia Divina.

El Pueblo de Dios tiene que reforzarse y aumentar la Fe, buscar la unidad y no separarse de los humildes, porque vienen cantidad de criaturas que aparentan gran sapiencia y darán grandes discursos, les presentarán con elocuencia novedades para cada aspecto de la vida, pero ellos son mensajeros de Satanás que han sido enviados para alejarles del verdadero camino que conduce a la Vida Eterna.

No hay métodos para alcanzar la santidad, es el trabajo continuo, arduo, el esfuerzo para ser más humildes y así lograr ser visto con Misericordia por Dios. No es el altivo sino el humilde, no es el que humilla sino el que se entrega con humildad, no es el que niega el perdón sino el que perdona con humildad, no es el que aplasta al prójimo sino el que se levanta y acoge con amor al prójimo, no es el docto sino el que por humilde es iluminado por el Santo Espíritu Divino, el que alcanzará Misericordia de Dios.

Pueblo de Dios, no tienen que esperar, conviértanse, no acojan falsos ídolos mundanos, no caigan en la tentación, SEAN FIELES EN ESTE MOMENTO MÁS QUE EN OTROS MOMENTOS.

PUEBLO DE DIOS, FUERON IMPACIENTES Y SE QUEJABAN DE QUE NO LLEGABAN LOS ACONTECIMIENTOS ANUNCIADOS, AHORA SEAN PERSEVERANTES Y NO SE DERRUMBEN, QUE LA FUERZA DE LOS ACONTECIMIENTOS LES HARÁ DESPERTAR.

Oren Pueblo de Dios, oren por la perseverancia.

Oren, Pueblo de Dios, oren por la Fe.

Oren, Pueblo de Dios, oren por la unidad.

Continúen con fidelidad al verdadero Magisterio de la Iglesia de Nuestro Rey y Señor Jesucristo, ¡sean fieles!

Dirán: en este día hace sol y nos calienta, y llegará la lluvia sin que lo esperen, dirán: poseemos agua y disfrutémosla, y llegará la contaminación sin que lo esperen, en este lugar no hay enfermedades y las pestes alcanzarán grandes extensiones, correrán por el aire y esto se los he mencionado, correrán, se esparcirán por el aire a través de los aviones. EL TERRORISMO NO ACTÚA SOLO EN TIERRA, SINO EN EL AIRE.

Pueblo de Dios, oren el Santo Rosario y clamen a Nuestra Reina y Madre que les mantenga de Su Mano, y ustedes no se alejen de Nuestra Reina y Madre, manténganse en Manos Divinas para que no los lleven a desviarse las novedades que les sorprenderán.

DARÁN FRUTOS, AUNQUE PAREZCA QUE NO, SI PERMANECEN SIENDO FIELES A NUESTRO REY Y SEÑOR JESUCRISTO.

Pueblo de Dios, no les invada la soledad, son amados de la Trinidad Sacrosanta, no les invada la soledad son amados de Nuestra Reina y Madre, que no les invada la soledad, les protegemos y acompañamos, invóquennos, hijos de Dios, les miramos constantemente.

Sean fuertes, permanezcan firmes, no son desamparados, vivan la verdadera vida, vivan POR Y PARA DIOS.

¡NO TEMAN, NO TEMAN, NO TEMAN!
SON LA NIÑA DE LOS OJOS DE DIOS.

¡FUERZA, PUEBLO DE DIOS!

¿QUIÉN ES COMO DIOS?
NADIE COMO DIOS.

San Miguel Arcángel

AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA

COMENTARIO DE LUZ DE MARÍA


FUENTE: angelicapajares.wordpress.com 

LOS REGALOS DEL PAPA Y EL ABORTO

El Papa Francisco ha regalado hoy cinco documentos suyos al Presidente argentino Alberto Fernández.

En ellos todos ellos habla del aborto. Aquí las citas.


Evangelii gaudium

Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, «toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre».176

Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o «modernizaciones». No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?


Laudato sí

Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social 97.



Gaudete et exsultate

También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte84. No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.

La nota 84 dice:

Cf. La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, según el magisterio constante de la Iglesia, ha enseñado que el ser humano «es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las etapas de su existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte», y que su vida debe ser cuidada «desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural» (Documento de Aparecida, 29 junio 2007, 388, 464).



Amoris laetitia

Sin embargo, «numerosos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro. Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo. ¡Esto es vergonzoso! […] ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos humanos o de los derechos del niño, si luego castigamos a los niños por los errores de los adultos?» 179. Si un niño llega al mundo en circunstancias no deseadas, los padres, u otros miembros de la familia, deben hacer todo lo posible por aceptarlo como don de Dios y por asumir la responsabilidad de acogerlo con apertura y cariño. Porque «cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres» 180. El don de un nuevo hijo, que el Señor confía a papá y mamá, comienza con la acogida, prosigue con la custodia a lo largo de la vida terrena y tiene como destino final el gozo de la vida eterna. Una mirada serena hacia el cumplimiento último de la persona humana, hará a los padres todavía más conscientes del precioso don que les ha sido confiado. En efecto, a ellos les ha concedido Dios elegir el nombre con el que él llamará cada uno de sus hijos por toda la eternidad 181.

El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida. La maternidad surge de una «particular potencialidad del organismo femenino, que con peculiaridad creadora sirve a la concepción y a la generación del ser humano» 183. Cada mujer participa del «misterio de la creación, que se renueva en la generación humana» 184. Es como dice el Salmo: «Tú me has tejido en el seno materno» (Sal 139, 13). Cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1, 5). Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador. Pensemos cuánto vale ese embrión desde el instante en que es concebido. Hay que mirarlo con esos ojos de amor del Padre, que mira más allá de toda apariencia.

Con los avances de las ciencias hoy se puede saber de antemano qué color de cabellos tendrá el niño y qué enfermedades podrá sufrir en el futuro, porque todas las características somáticas de esa persona están inscritas en su código genético ya en el estado embrionario. Pero sólo el Padre que lo creó lo conoce en plenitud. Sólo él conoce lo más valioso, lo más importante, porque él sabe quién es ese niño, cuál es su identidad más honda. La madre que lo lleva en su seno necesita pedir luz a Dios para poder conocer en profundidad a su propio hijo y para esperarlo tal cual es. Algunos padres sienten que su niño no llega en el mejor momento. Les hace falta pedirle al Señor que los sane y los fortalezca para aceptar plenamente a ese hijo, para que puedan esperarlo de corazón. Es importante que ese niño se sienta esperado. Él no es un complemento o una solución para una inquietud personal. Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio. Entonces, no es importante si esa nueva vida te servirá o no, si tiene características que te agradan o no, si responde o no a tus proyectos y a tus sueños. Porque «los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible […] Se ama a un hijo porque es hijo, no porque es hermoso o porque es de una o de otra manera; no, porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo» 186. El amor de los padres es instrumento del amor del Padre Dios que espera con ternura el nacimiento de todo niño, lo acepta sin condiciones y lo acoge gratuitamente.

A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: Cuida tu alegría, que nada te quite el gozo interior de la maternidad. Ese niño merece tu alegría. No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo. Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte, y alaba como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su sierva» (Lc 1, 46-48). Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño.

La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa, y quiero alentar a quienes no pueden tener hijos a que sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar. Nunca se arrepentirán de haber sido generosos. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Es importante insistir en que la legislación pueda facilitar los trámites de adopción, sobre todo en los casos de hijos no deseados, en orden a prevenir el aborto o el abandono. Los que asumen el desafío de adoptar y acogen a una persona de manera incondicional y gratuita, se convierten en mediaciones de ese amor de Dios que dice: «Aunque tu madre te olvidase, yo jamás te olvidaría» (Is 49, 15).


Christus vivit

Todavía son «más numerosos en el mundo los jóvenes que padecen formas de marginación y exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas. Recordamos la difícil situación de adolescentes y jóvenes que quedan embarazadas y la plaga del aborto, así como la difusión del VIH, las varias formas de adicción (drogas, juegos de azar, pornografía, etc.) y la situación de los niños y jóvenes de la calle, que no tienen casa ni familia ni recursos económicos»30. Cuando además son mujeres, estas situaciones de marginación se vuelven doblemente dolorosas y difíciles.



OTRAS INTERVENCIONES DE FRANCISCO SOBRE EL TEMA

Discurso a los obispos en la Catedral de San Mateo Apóstol, Washington D.C.
Miércoles 23 de septiembre de 2015.
Viaje a Cuba y EE.UU., 19-28.IX.15

Las víctimas inocentes del aborto, los niños que mueren de hambre o bajo las bombas, los inmigrantes se ahogan en busca de un mañana, los ancianos o los enfermos, de los que se quiere prescindir, las víctimas del terrorismo, de las guerras, de la violencia y del tráfico de drogas, el medio ambiente devastado por una relación predatoria del hombre con la naturaleza, en todo esto está siempre en juego el don de Dios, del que somos administradores nobles, pero no amos. No es lícito por tanto eludir dichas cuestiones o silenciarlas. No menos importante es el anuncio del Evangelio de la familia que, en el próximo Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, tendré ocasión de proclamar con fuerza junto a ustedes y a toda la Iglesia.



Indulgencia en el Jubileo extraordinario de la Misericordia

1 de septiembre de 2015

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza. El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre.


Vuelo de regreso a Roma. Miércoles 17 de febrero de 2016.

Viaje apostólico del Papa Francisco a México (12-18.II.16)

Paloma García Ovejero – «Cope»

Santo Padre, desde hace algunas semanas hay mucha preocupación en diversos países latinoamericanos, pero también en Europa, por el virus «Zika». El riesgo mayor sería para las mujeres embarazadas –hay angustia– Algunas autoridades han propuesto el aborto o evitar el embarazo. En este caso, ¿la Iglesia puede tomar en consideración el concepto de «mal menor»?

Papa Francisco

El aborto no es un «mal menor». Es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto. Sobre el «mal menor»: evitar el embarazo es un caso –hablamos en términos de conflicto entre el quinto y el sexto mandamiento. Pablo vi, el grande, en una situación difícil en África permitió a las monjas usar anticonceptivos para casos de violencia. No hay que confundir el mal de evitar el embarazo, por sí solo, con el aborto. El aborto no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra –en el mejor de los casos– o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer. Es un mal en sí mismo, pero no es un mal religioso al inicio: no, es un mal humano. Y, evidentemente, como es un mal humano –como todo asesinato– es condenado. En cambio, evitar el embarazo no es un mal absoluto. En ciertos casos, como en este que he mencionado de Pablo VI, era claro. También yo exhortaría a los médicos a que hagan de todo para encontrar también las vacunas contra estos dos mosquitos que contagian esta enfermedad. Sobre esto se debe trabajar.



Carta Apostólica Misericordia et misera (20 de noviembre de 2016)

En virtud de esta exigencia, para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar14, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.



Congreso “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”

Sábado, 25 de mayo de 2019.

Buenos días y bienvenidos. Saludo al cardenal Farrell y le agradezco sus palabras de presentación. Saludo a los participantes en la conferencia internacional “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”, organizada por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y por la Fundación “Il cuore in una goccia”, una de las realidades que trabajan todos los días en el mundo para acoger a los niños que nacerían en condiciones de extrema fragilidad. Niños que, en algunos casos, la cultura del descarte define “incompatibles con la vida” y así condenados a muerte.

Pero ningún ser humano puede ser incompatible con la vida, ni por su edad, ni por su salud, ni por la calidad de su existencia. Todo niño que se anuncia en el seno de una mujer es un don que cambia la historia de una familia: de un padre y una madre, de los abuelos y de los hermanos. Y este niño necesita ser acogido, amado y cuidado. ¡Siempre! También cuando lloran, así [aplausos]. Quizás alguien piense: “Pero, hace ruido… vamos a llevárnoslo”. No: esta es la música que todos tenemos que escuchar. Y diré que escuchó el aplauso y se dio cuenta de que eran para él. Siempre debemos escuchar, incluso cuando el niño nos molesta un poco; incluso en la iglesia: ¡que los niños lloren en la iglesia! Alaban a Dios. Nunca, nunca ahuyenten a un niño porque llora. Gracias por el testimonio. (…)

Desafortunadamente, la cultura hoy dominante no promueve este enfoque: a nivel social, el miedo y la hostilidad hacia la discapacidad a menudo llevan a la elección del aborto, configurándolo como una práctica de “prevención”. Pero la enseñanza de la Iglesia sobre este punto es clara: la vida humana es sagrada e inviolable y el uso del diagnóstico prenatal con fines selectivos debe ser desalentado, porque es la expresión de una mentalidad eugénica inhumana, que sustrae a las familias la posibilidad de aceptar, abrazar y amar a sus hijos más débiles. A veces escuchamos: “Vosotros los católicos no aceptáis el aborto, es el problema de vuestra fe”. No: es un problema pre-religioso. La fe no tiene nada que ver. Viene después, pero no tiene nada que ver: es un problema humano. Es un problema pre-religioso. No carguemos a la fe con algo que no le pertenece desde el principio. Es un problema humano. Dos frases solamente nos ayudarán a entender esto: dos preguntas. Primera pregunta: ¿es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿es permisible alquilar un sicario para resolver un problema? La respuesta es vuestra. Este es el punto. No buscar en lo religioso algo que concierne a lo humano. No es lícito. Jamás eliminar una vida humana o alquilar a un sicario para resolver un problema.

El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias. Más bien, es el miedo a la enfermedad y la soledad lo que hace que los padres vacilen. Las dificultades prácticas, humanas y espirituales son innegables, pero precisamente por esta razón son urgentes y necesarias acciones pastorales más incisivas para sostener a los que tendrán hijos enfermos. Es decir, es necesario crear espacios, lugares y “redes de amor” a los que las parejas puedan recurrir, así como dedicar tiempo a acompañar a estas familias. Me acuerdo de una historia que supe en mi otra diócesis. Había una niña Down de 15 años que se quedó embarazada y sus padres fueron al juez para pedirle permiso para abortar. El juez, un hombre justo en serio, lo estudió y dijo: “Quiero interrogar a la niña”. “Pero es Down, no entiende…” “No, no, que venga”. La niña de 15 años fue, se sentó allí, comenzó a hablar con el juez y él le dijo: “¿Sabes lo qué te pasa?” “Sí, estoy enferma…” “Ah, y ¿cómo es tu enfermedad?” “Me dijeron que tengo un animal adentro que se come mi estómago, y para eso tienen que hacer una operación” “No… no tienes un gusano que se come tu estómago. ¿Sabes lo que tienes ahí? ¡Un niño!” Y la chica Down dijo: “¡Oh, qué bien!”. Así, pues, el juez no autorizó el aborto. La madre lo quiere. Pasan los años. Nació una niña. Estudió, creció, se hizo abogado. Esa niña, desde que supo su historia porque se la contaron, siempre que era su cumpleaños llamaba al juez para darle las gracias por el don de su nacimiento. Las cosas de la vida. El juez murió y ella ahora se ha convertido en promotora de justicia. ¡Pero mira qué bonito! El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias.


FUENTE: https://algunasrespuestas.wordpress.com/

DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - El valor del sacrificio


La gratitud de las almas

En el año 1827, en París, ocurrió un hecho que quedaría inscripto en el gran compendio Marveilles du Purgatoire junto a muchos otros que han mostrado esa gratitud que las benditas almas tienen hacia sus libertadores. Esta es una de las formas en que han querido ayudar a una persona que cumplió con una obra de caridad tan poco recordada hoy...

Resultado de imagen para flame
Las benditas almas del Purgatorio muestran de diferentes formas su gratitud hacia quien las ha liberado. Si recordamos que el sufrimiento más leve que se experimenta en ese lugar es enormemente mayor que el más terrible de los que se viven en la tierra, podremos darnos una idea de la deuda que se crea entre el alma liberada y su libertador. En esta oportunidad relataremos un hecho relacionado con el agradecimiento material de las almas, pero debemos recordar que siempre serán mayores los dones espirituales que nos vienen a dar, porque comprometen gracias muy superiores, y nos ayudan en nuestra salvación eterna, que es muchísimo más valiosa que los bienes de este mundo. El siguiente relato fue escrito por el Abad Postel, traductor de la obra del P. Rossignoli. Tuvo lugar en París, nos cuenta, en el año 1827, y está inserto como el número 27 de Merveilles du Purgatoire.

Una pobre sirvienta, que se había hecho una buena cristiana en su villa natal, había adoptado la piadosa práctica de mandar decir una misa cada mes por las almas sufrientes. Sus empleadores la llevaron con ellos a la capital, pero aún con el cambio ella nunca fue negligente en su compromiso, y continuó su obra de caridad hacia las benditas almas. E incluso incorporó como regla de vida el asistir al Divino Sacrificio, y unir sus oraciones a las del sacerdote, especialmente por las almas que estaban más cerca de completar su expiación. Esta era su intención ordinaria.

Dios pronto la probó con una larga enfermedad, que no sólo le ocasionaba un cruel sufrimiento, sino también le causó la pérdida de su empleo y el gasto de sus últimos recursos, y el día en que estuvo lista para dejar el hospital, se encontró con que apenas le alcanzaba el dinero para terminar de pagar.

Después de rezar una ferviente oración al Cielo, llena de confianza, fue a buscar alguna solución a su problema. Se le dijo que tal vez encontraría empleo en la casa de cierta familia, al final de la ciudad. Ella fue, y como tenía que pasar frente a la Iglesia de San Eustaquio, entró. La vista del sacerdote en el altar le recordó que ese mes había olvidado su usual Misa por los muertos, y que éste era el mismo día en que durante años ella había acostumbrado hacer su buena obra. Si ella disponía en esto su último franco, no le quedaría nada, ni siquiera para satisfacer su hambre. Tuvo entonces una lucha interior entre la devoción y la prudencia humana. Y la devoción ganó. "Después de todo", se dijo a sí misma, "el buen Dios sabe que es por Él, y ¡no me desamparará!". Entrando en la sacristía, hizo su ofrecimiento por la Misa, a la cual asistió con su usual fervor.

Unos pocos momentos después, continuó su camino, llena de ansiedad como se podrá comprender. Absolutamente destituida de bienes, ¿qué iba a hacer si no obtenía el empleo? Estaba todavía ocupada en estos pensamientos cuando un pálido joven de delgada figura y distinguido aspecto se le acercó y le dijo: "¿Estás buscando un trabajo?". "Sí, señor". "Bien, ve a tal calle y número, a la casa de Madam L. Pienso que la satisfarás y que tu también estarás satisfecha allí". Habiendo dicho estas palabras, desapareció en medio de la multitud que por allí pasaba, sin esperar recibir el agradecimiento de la pobre muchacha.

Ella encontró la calle, reconoció el número, y ascendió a los apartamentos. Una sirvienta salió cargando un equipaje bajo su brazo y pronunciando quejas. "¿Está Madame aquí?", preguntó la recién llegada. "Puede estar y puede no estar", replicó la otra. "A mí qué me importa? Madame abrirá la puerta ella misma si le place; yo no me preocuparé más por eso. Adieu!". Y dicho esto descendió la escalera.

La pobre muchacha tocó la campana con mano temblorosa, y una dulce voz la invitó a entrar. Se encontró entonces en la presencia de una anciana de apariencia venerable, que quiso saber qué la había traído hasta aquí.

"Madame", dijo la chica, "he sabido esta mañana que usted necesita una sirvienta, y vine a ofrecer mis servicios. Se me ha asegurado que me recibiría amablemente". "Oh, mi querida niña, lo que me dice es muy extraordinario. Esta mañana yo no tenía necesidad de una; fue sólo en la última media hora que tuve que echar a una insolente doméstica, y no hay otra alma en el mundo además de mí que supiera esto. ¿Quién te envió, pues?". "Fue un caballero, Madame; un joven caballero que encontré en la calle, que me paró con este propósito, y yo agradecí a Dios por esto, porque me es absolutamente necesario encontrar un lugar hoy, ya que no tengo ni un centavo en mi bolsillo".

La anciana no podía entender quién era la persona, y se había perdido en conjeturas, cuando la sirvienta, elevando sus ojos sobre el mueble del pequeño salón de entrada, percibió un portarretratos. "Espere, Madame", dijo inmediatamente, "no se preocupe usted más; esa es la imagen exacta del joven hombre que me habló. Es por él que he venido".

A estas palabras la dama profirió un sonoro gemido y pareció perder la conciencia. Le hizo repetir a la joven la historia de su devoción a las almas del Purgatorio, de la Misa matinal, y de su encuentro con el extraño, y luego se arrojó al cuello de la muchacha, la abrazó y llena de lágrimas le dijo: "Tú no serás mi sirvienta desde este momento; tú eres mi hija. Es mi hijo, mi único hijo al que viste. Murió hace dos años, y te debe su liberación, por lo que Dios lo envió para traerte aquí. No puedo dudarlo. Seas, entonces, bendita, y rezaremos continuamente a partir de ahora por todos los que sufren antes de entrar en la bienaventuranza eterna".

http://siemprejamas.tripod.com

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís