FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

SAN JUAN I. PONTÍFICE Y MÁRTIR. DEFENSOR DE LA FE.

Martirologio Romano: San Juan I, papa y mártir, que, habiendo sido enviado por el rey arriano Teodorico en embajada al emperador Justino de Constantinopla, fue el primer pontífice romano que ofreció la Víctima Pascual en aquella Iglesia, pero a su regreso, detenido de manera indigna y aherrojado en la cárcel por el mismo Teodorico, pereció como víctima por Cristo Señor, en Ravena, en la Flaminia († 526).



E
ra italiano, de Toscana. En 523 fue elegido Sumo Pontífice. En Italia gobernaba el rey Teodorico que apoyaba la herejía de los arrianos. Y sucedió que el emperador Justino de Constantinopla decretó cerrar todos los templos de los arrianos de esa ciudad y prohibió que los que pertenecían a la herejía arriana ocuparan empleos públicos (los arrianos niegan que Jesucristo es Dios y esto es algo muy grave y contrario a la religión Católica). El rey Teodorico obligó entonces al Papa a que fuera a Constantinopla y tratar de obtener que el emperador Justino quitara las leyes que habían dado contra los arrianos. Pero Juan no tenía ningún interés en que apoyaran a los herejes. Y así lo comprendió la gente de esa gran ciudad.

Más de 15,000 fieles salieron en Constantinopla a recibir al Papa Juan, con velas encendidas en las manos, y estandartes. Y lo hicieron presidir muy solemnemente las fiestas de Navidad. Y claro está que el emperador Justino, aunque les devolvió algunas iglesias a los arrianos, no permitió que ninguno de estos herejes ocupara puestos públicos.

Y Teodorico se encendió en furiosa rabia, y al llegar el Santo Padre a Ravena (la ciudad donde el rey vivía) lo hizo encarcelar y fueron tan crueles los malos tratos que en la cárcel recibió, que al poco tiempo murió. Junto con el Papa fueron martirizados también sus dos grandes consejeros, Boecio y Símaco.

Y dicen los historiadores que el rey Teodorico sintió tan grande remordimiento por haber hecho morir a San Juan Primero, que en adelante lo veía hasta en los pescados que le servían en el almuerzo.


FUENTE: es.catholic.net 

DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO - Los tres niveles del Paraíso


Santa Francisca Romana, Modelo de madre, esposa y religiosa, convivió toda su vida con ángeles que se hacían permanentemente visibles para auxiliarla en su santificación.

A los doce años era ya una criatura extraordinaria. Después, lo maravilloso rodea su vida. Era la santa, según decían los romanos. ¡Qué asombro causaba ver a aquella mujer nobilísima, sin rival en Roma por sus riquezas y el esplendor de su casa, vestida con sencilla túnica de lana, sin acordarse del oro, de las sedas, de los adornos y joyas que su marido, Lorenzo de Ponciani, había reunido para ella en cantidad fabulosa!

Un día las gentes la vieron, estupefactas, guiando por las avenidas del Foro, donde sus antepasados habían arrastrado brocados y púrpuras, un asnillo cargado con un haz de leña y un fardo de ropa. No faltó quien la creyó loca, ni tampoco quien juzgase estos actos hijos de un espíritu avaricioso y mezquino. Iba en busca de los desgraciados, a las buhardillas sórdidas donde los enfermos aguardaban la luz de su sonrisa, a los zaquizamís donde se amontonaban los niños de caras pálidas y hambrientas. Esta era toda su ambición: mitigar el dolor, aliviar la pobreza. Y es que ella sabía lo que era sufrir.

El rey de Nápoles había tomado a Roma. Su casa fue saqueada, sus bienes confiscados, desterrado su marido, y su hijo llevado de rehén. Mientras tanto, ella alababa a Dios, y Dios se lo devolvió todo mejorado, como al patriarca de Hus. Así el matrimonio iba puliendo aquella alma. Santa Francisca había hecho propósito de no casarse; pero su confesor aconsejóla que no se resistiese a las instancias de sus padres. Se casó, y todo en su vida vino a probar que había hecho bien. Ama de casa, supo poner en ella una seriedad cristiana y una serena alegría. A sus domésticas llamábalas hermanas, y como a hermanas las trataba.

La maternidad fue para ella una grande alegría, y no dudó consagrarle los más profundos afectos de su alma. Crió a sus hijos con su propia leche, enseñóles el temor de Dios, y ellos fueron dignos de tal madre.

La temprana muerte de su hijo Evangelista fue uno de los grandes goces de su vida. Fue una muerte extraordinaria: "Veo - decía el joven - a San Antonio y San Onofre, que vienen a buscarme para conducirme al Cielo".

Una vez Evangelista vino a verla en su oratorio, y le dijo: "Dentro de poco mi hermana Inés vendrá a reunirse conmigo. Todos te dejamos; pero aquí tienes a mi compañero, que de ahora en adelante será el tuyo: es un arcángel que el Señor te envía, y que ya no te abandonará". Desde aquel momento Francisca pudo leer y trabajar de día y de noche, porque el arcángel era para ella una luz visible, que tan pronto aparecía a su derecha como a su izquierda.

Un día, un sacerdote que la criticaba de exagerada e indiscreta, dióle a comulgar una hostia no consagrada. Conocióla ella, quejóse, y el sacerdote confesó su falta.

Una de las ventajas que le trajo el matrimonio fue el llegar a conocer a una hermana de su marido, llamada Vannoza. Vannoza se hizo su cooperadora, su amiga, su confidente. Juntas iban de puerta en puerta a pedir para los pobres, juntas hacían sus oraciones dentro de casa, y juntas se las veía fuera de ella. En su vida exterior se separaban muy poco; en su vida interior, nunca. Como divina que era, esta intimidad recibió una sanción divina. Un día las dos mujeres, a la sombra de un árbol del jardín, hablaban del modo de santificar sus vidas en ejercicios para los cuales necesitaban licencia de sus maridos. Era en tiempo de primavera, y, sin embargo, el árbol que las cobijaba, en vez de echar flores, dio frutos: hermosas peras maduras cayeron a los pies de las dos mujeres, que las llevaron a sus maridos para confirmarles en el propósito de no poner obstáculo a sus piadosos proyectos.

Pero Francisca veía que en Roma había otras damas de rancio linaje muy distintas de su amiga Vannoza. El pesar le mordía el corazón al verlas entregadas a las frivolidades y ligerezas de la Roma corrompida, en que alboreaba el Renacimiento. En sus éxtasis frecuentes, largos, a veces de dos o tres días, no cesaba de pedir a Dios le indicase un medio "de salvar la flor de la pureza en aquellas mujeres, semejantes a las moscas incautas que caen en la tela tejida por la araña". Y al dejar los coloquios divinos, del fondo de su alma brotaba una voz que le decía: "Ve, trabaja, reúnelas, infúndelas tu espíritu, el espíritu de Benito el patriarca, espíritu de paz, de oración y de trabajo". Así nació la Congregación de las Oblatas de San Benito.

El primer monasterio, en la Torre de Spechi, se ve todavía en Roma, decorado con todos los encantos del primitivo arte italiano, ennoblecido aún por la virtud de las hijas de la santa fundadora.

Francisca no entró en un principio, porque todavía la ataban al mundo los lazos del matrimonio; pero cuando éstos se rompieron, presentóse en Torre de Spechi vestida con un hábito de penitencia y de rodillas, delante de todas aquellas mujeres, transformadas por su caridad, les suplicó que, aunque pecadora, tuviesen a bien admitirla en su compañía. Ellas la abrazaron, y llenas de gozo la recibieron como hijas a su madre. Ella daba el ejemplo en todo. Era la más obediente, la más humilde, la más mortificada y la más piadosa. Desde que vivía en su palacio, la obediencia había sido para ella una preocupación continua.

En toda Roma era bien conocida esta anécdota edificante: Rezaba una vez Francisca el Oficio parvo, que era su devoción favorita, cuando, al empezar una estrofa, oyó dos golpes en la puerta. Era un pobre. Ella corrió, puso unas monedas en las manos del mendigo, y volvió a entrar en su habitación. Apenas se había arrodillado para empezar de nuevo la estrofa, cuando oyó una voz: "¡Francisca, Francisca!". Era Ponciani, que la llamaba. Nuevamente interrumpió su rezo. Otras dos veces la llamaron aún, y otras dos veces dejó la estrofa sin concluir. Al volver por quinta vez a su cuarto, encontró aquellos versos escritos con letras de oro por un calígrafo celestial.

Uno de los aspectos de esta santa mujer, modelo de casadas, de viudas y de monjas, fue el de vidente. Para ella, vivir fue ver. Su vida en este mundo no fue más que la corteza ligera y transparente de la vida que vivía en el otro. Fue una apariencia. Cuando decimos que desde este mundo vio el otro con una transparencia extraña, tal vez no hablemos con exactitud; pues más que en éste, estaba en el otro. Por eso en sus visiones nos ha pintado como nadie los misterios del más allá.

Vio el infierno, con su fuego negro, con sus jerarquías, funciones y suplicios. Conocía toda la estrategia usual de los demonios para hacer caer a un alma; cómo la debilitan y, una vez débil, la atacan con la desconfianza, para inspirarla luego el orgullo, al cual se entrega tanto más fácilmente cuanto mayor es su flaqueza; cómo la asedian después los espíritus de la carne, y luego los del dinero, para terminar en poder de los de la idolatría, que concluyen lo que los otros comenzaron.

Es una profunda psicología la que se encierra en esta gradación admirable.

Vio también el purgatorio, con su fuego claro, de matiz rojizo, con sus diversas moradas de dolor, y, como el Dante, su contemporáneo, llevada de la mano misma de Dios, penetró en el paraíso.

Esta visión celeste es más rica de detalles: primero está el cielo estrellado, cuyos mundos, mayores que la tierra, flotan a enormes distancias; después, el cristalino, más brillante todavía, y finalmente el empíreo, que es el más sublime.

Su visión más alta fue la del Ser antes de la creación de los ángeles. Era un círculo espléndido e inmenso, que sólo en sí mismo descansaba. Bajo el círculo infinito, el desierto de la nada, y dentro de él una como columna deslumbrante en que se reflejaba la divinidad. Allí, unos caracteres; principio sin principio y fin sin fin.

Luego aparecieron los ángeles a semejanza de copos de nieve que cubren las montañas. Y Cristo dijo a la vidente:

"Yo soy la profundidad del poder divino. Yo he creado el cielo, la tierra, los ríos y los mares. Yo soy la sabiduría divina. Soy la altura y la profundidad; soy la esfera inmensa, la altura del amor, la caridad inestimable. Por mi obediencia, fundada en la humanidad, he redimido al género humano".

TRATADO DEL PURGATORIO - PARTE 5 (Final)

DE CATALINA DE GÉNOVA

Al parecer, Santa Catalina no escribió de su mano ninguna de las obras que se le atribuyen, sino que éstas son recopilaciones hechas por amigos y discípulos suyos.




(Ver parte 4 aquí)

25. Yo veo que las almas del purgatorio entienden estar sujetas a dos operaciones. La primera es que padecen voluntariamente aquellas penas, conscientes de que Dios ha tenido con ellas mucha misericordia, teniendo en cuenta lo que merecían, siendo Dios quien es. Si su inmensa bondad no atemperase con la misericordia la justicia, que se satisface con la sangre de Jesucristo, un solo pecado hubiera merecido mil infiernos perpetuos. Y por eso padecen esa pena con tanto voluntad, que no quisieran les fuera reducida ni en un gramo, tan convencidos están de que la merecen justamente, y de que está bien dispuesta. Así que, en cuanto a la voluntad, tanto se pueden quejar de Dios como si estuvieran en la vida eterna.

La otra operación es la del gozo que experimentan al ver la ordenación de Dios, dispuesta con tanto amor y misericordia hacia las almas. Y estas dos visiones las imprime Dios en aquellas mentes en un instante. Ellas, como están en gracia, pueden entenderlas según su capacidad; y ello les da un gran contentamiento que no viene a faltarles nunca, sino que va acrecentándose a medida que se acercan a Dios.

Y estas visiones no las tienen las almas en sí mismas, ni por sus propias fuerzas, sino que las ven en Dios, en el cual tienen su atención mucho más fija que en las penas que están padeciendo, y de las que no hacen mayor caso. Y la razón es que por mínima que sea la visión que se tenga de Dios, ella excede a toda pena o gozo que el hombre pueda captar; y aunque exceda, no le quita sin embargo nada en absoluto de ese contentamiento.

26. Esta forma purificadora que veo en las almas del purgatorio, es la misma que estoy sintiendo yo en mi mente, sobre todo desde hace dos años; y cada día la siento, y cada vez más claramente. Veo que mi alma está en su cuerpo como en un purgatorio, de modo semejante al verdadero purgatorio, en la medida, sin embargo, en que el cuerpo lo pueda soportar sin morir; y esto siempre va creciendo hasta la muerte.

Yo veo al espíritu abstraído de todas aquellas cosas, incluso de las espirituales, que le podrían dar alimento, como sería alegría y consolación. Y es que ya no está en disposición de gustar alguna cosa espiritual, ni por voluntad, ni por inteligencia, ni por memoria, de modo que pueda decir: «me da más contento esto que aquello otro».

27. Mi interior se encuentra de tal modo asediado, que todas aquellas cosas que mantenían la vida espiritual y corporal le han sido quitadas poco a poco. Al serle quitadas ha conocido que no eran sino unas ayudas, y al reconocerlas como tales, de tal modo las va menospreciando que todas ellas se van desvaneciendo, sin que nada las retenga. Y es que el espíritu tiene ya en sí el instinto de quitar todo lo que pueda impedir su perfección, y está dispuesto a obrar con tal crueldad que se dejaría poner en el infierno con tal de conseguir su intento.

Y así va quitándole al hombre interior todas las cosas que podrían alimentarle, y lo asedia tan sutilmente que no le deja pasar la más mínima imperfección, sin que al punto sea descubierta y aborrecida.

Y ese mismo asedio hace que mi espíritu tampoco pueda soportar que aquellas personas que me son próximas, y que van al parecer hacia la perfección, se sustenten en criatura alguna. Cuando los veo cebados en cosas que yo he menospreciado ya, no puedo sino apartarme para no verlo, y más aún cuando son personas especialmente próximas a mí.

28. El hombre exterior, por su parte, se ve tan desasistido por el espíritu, que ya no encuentra cosa sobre la tierra que pueda recrearle, según su instinto humano. Ya no le queda otra confortación que Dios, que va obrando todo esto por amor y con gran misericordia para satisfacer su justicia. Y entender que esto es así le da una gran alegría y una gran paz.

Sin embargo, no por esto sale de su prisión, ni tampoco lo intenta, hasta que Dios haga lo que sea necesario. Su alegría está en que Dios esté satisfecho, y nada le 13 sería más penoso que salir fuera de la ordenación de Dios, tan justa la ve, y tan misericordiosa.

Todas estas cosas las veo y las toco, pero no sé encontrar las palabras convenientes para expresar lo que querría decir. Lo que yo he dicho, lo siento obrar dentro de mí espiritualmente.

29. La prisión en la cual me parece estar es el mundo, y la cadena que a él me sujeta es el cuerpo. Y el alma, iluminada por la gracia, es la que conoce la importancia de estar privado, o al menos retardado, por algún impedimento que no le permite conseguir su fin. Ella es tan delicada, y recibe ciertamente tal dignidad de Dios por la gracia, que viene a hacerse semejante y participante de Él, que la hace una cosa consigo por la participación de su bondad.

Y así como es imposible que venga Dios a sufrir alguna pena, así les sucede a aquellas almas que se aproximan a Él, y tanto más cuanto más se le aproximan, pues más participan de sus propiedades. Ahora bien, el retardo que el alma sufre le causa una pena, y esta pena y retardo le hacen disconforme de aquella propiedad que ella tiene por naturaleza.

Y no pudiendo gozar de ella, siendo de ella capaz, sufre una pena tan grande cuanto en ella es grande el conocimiento y el amor de Dios. Y cuanto está más sin pecado, más le conoce y estima, y el impedimento se hace más cruel, sobre todo porque el alma permanece toda ella recogida en Dios y, al no tener ningún impedimento externo, conoce sin error.

30. Así como el hombre que se deja matar antes que ofender a Dios, siente el morir y le da sufrimiento, pero la luz de Dios le da un celo seguro que le hace estimar el honor de Dios más que la muerte corporal; así el alma que conoce la ordenación de Dios, tiene más en cuenta esa ordenación que todos los tormentos, por terribles que puedan ser, interiores o exteriores. Y esto es así porque Dios, por el que se hacen estas obras, excede a toda cosa que pueda imaginarse o sentirse.

Todas estas cosas que he ido exponiendo, el alma no las ve, ni de ellas habla, ni conoce de ellas con propiedad o daño; sino que las conoce en un instante, y no las ve en sí misma, porque aquella atención que Dios le da de sí mismo, por pequeña que sea, de tal modo absorbe al alma que excede a todas las cosas, de las que ya no hace caso. En fin, Dios hace perder aquello que es del hombre, y en el purgatorio lo purifica.

Fin de la entrega

TRATADO DEL PURGATORIO - PARTE 4

DE CATALINA DE GÉNOVA

Al parecer, Santa Catalina no escribió de su mano ninguna de las obras que se le atribuyen, sino que éstas son recopilaciones hechas por amigos y discípulos suyos.





19. El alma ha sido creada con toda la perfección de que ella era capaz, viviendo según la ordenación de Dios, sin contaminarse de mancha alguna de pecado. Pero una vez que ella se ha contaminado por el pecado original, y después por los pecados actuales, pierde sus dones y la gracia, queda muerta, y no puede ser resucitada sino por Dios.

Ya resucitada por el bautismo, queda en ella la mala inclinación, que la inclina y conduce, si ella no se resiste, al pecado actual, y vuelve así a morir. Dios vuelve a resucitarla con otra gracia especial, pero ella queda tan ensuciada y convertida hacia sí misma, que para volverla a su primer estado, a aquel en el que Dios la creó, serán precisas todas estas operaciones divinas, sin las que el alma nunca podría volver a la perfección del estado primero, en el que Dios la creó.

Y cuando esta alma se halla en trance de recuperar su primer estado, es tal la inflamación de su deseo para transformarse en Dios, que ése es su purgatorio. Y no es que ella vea el purgatorio como purgatorio, sino que aquella inclinación encendida e impedida es lo que resulta para ella purgatorio.

Este último estado del amor es el que hace esta obra sin el hombre, porque se encuentran en el alma tantas imperfecciones ocultas, que si el hombre las viese, se hundiría en la desesperación. Pero este último estado del amor las va consumando todas, y Dios le muestra ésta su operación divina, la cual es la que causa en ella aquel fuego de amor que le va consumando todas aquellas imperfecciones que deben ser eliminadas.


20. Aquello que el hombre juzga como perfección, ante Dios es deficiencia. En efecto, todas aquellas cosas que el hombre realiza, según como él las ve, las siente, las entiende y las quiere, incluso aquéllas que tienen apariencia de perfección, todas ellas están manchadas. Para que esas obras sean completamente perfectas, es necesario que dichas operaciones sean realizadas en nosotros sin nosotros, y que la operación divina sea en Dios sin el hombre.

Y éstas tales operaciones son aquéllas que Dios, Él solo, hace en esa última operación del amor puro y limpio. Y son estas obras para el alma tan penetrantes e inflamadas que el cuerpo, que está con ella, parece que está enrabiado, como si estuviese puesto en un gran fuego, que no le dejase nunca estar tranquilo, hasta la muerte.

Verdad es que el amor de Dios, que redunda en el alma, según entiendo, le da un gozo tan grande que no se puede expresar; pero este contentamiento, al menos a las almas que están en el purgatorio, no les quita su parte de pena. Y es aquel amor, que está como retardado, el que causa esa pena; una pena que es tanto más cruel cuanto es más perfecto el amor de que Dios la hace capaz. Así pues, gozan las almas del purgatorio de un contento grandísimo, y sufren al mismo tiempo una grandísima pena; y una cosa no impide la otra.

21. Si las almas del purgatorio pudieran purificarse por la sola contrición, en un instante pagarían la totalidad de su deuda. En efecto, el ímpetu de su contrición es grande, por la clara luz que les hace ver la importancia de aquel impedimento. Pero éste ha de ser pagado íntegramente, y Dios no lo condona ni en una mínima parte, pues así viene exigido por su justicia.

Por parte del alma, ésta no tiene ya elección propia, y ya no alcanza a ver sino lo que Dios quiere; y no quiere tampoco ver más, sino lo que así está establecido.

22. Y esas almas, si los que están en el mundo ofrecen alguna limosna para que disminuya el tiempo de su prueba, no están en condiciones de volverse hacia ellas con afecto, sino que dejan en todo hacer a Dios, el cual responde como quiere. Si ellas pudieran volverse, esto sería un apego desordenado, que les quitaría del querer divino, lo que para ellas sería un infierno.

Están, pues, las almas del purgatorio completamente abandonadas a todo lo que Dios les dé, sea de gozo o de pena; y ya nunca más pueden volverse hacia sí  mismas, tan profundamente están las almas transformadas en la voluntad de Dios, y lo que ésta disponga eso es lo que les contenta.

23. Y si fuera presentada ante Dios un alma que aún tuviera una hora por purgar, se le infligiría con ello un gran daño, todavía más cruel que el purgatorio, pues no podría soportar aquella suprema justicia y suma bondad. Y además sería algo inconveniente por parte de Dios.

Esta pena intolerable afligiría al alma cuando viese que la satisfacción suya ofrecida a Dios no era plena, aunque sólo le faltara un abrir y cerrar de ojos de purgación. En efecto, antes que estar en la presencia de Dios no del todo purificada, preferiría arrojarse al instante en mil infiernos, si pudiera tomar esta elección.

24. Ahora que veo claramente estas cosas en la luz divina, me vienen ganas de gritar con un grito tan fuerte, que pudiera espantar a todos los hombres del mundo, diciéndoles: ¡Oh, miserables! ¿por qué os dejáis cegar así por las cosas de este mundo, que para una necesidad tan importante, como en la que os habéis de encontrar, no tomáis previsión alguna? Estáis todos amparados bajo la esperanza de la misericordia de Dios, que ya dije es tan grande; pero ¿no veis que tanta bondad de Dios va a haceros juicio, por haber actuado contra su voluntad? Su bondad debería obligaros a hacer todo lo que Él quiere, pero no debe daros la esperanza de cometer el mal impunemente. La justicia de Dios no puede fallar, y es preciso que sea satisfecha de un modo u otro plenamente.

No te confíes, pues, diciendo: yo me confesaré y conseguiré después la indulgencia plenaria, y al momento me veré purificado de todos mis pecados. Piensa que esta confesión y contrición, que es precisa para recibir la indulgencia plenaria, es cosa tan difícil de conseguir que, si lo supieras, tú temblarías con gran temor, y estarías más cierto de no tenerla que de poderla conseguir.



MENSAJES DE MEJUGORJE - 25 de abril


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje

Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.


Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)


Mensaje 25 de abril de 2021


“¡Queridos hijos! Hoy los invito a dar testimonio de su fe en los colores de la primavera; que esta sea una fe de esperanza y valentía. Hijitos, que su fe no vacile ante ninguna situación, ni siquiera en este tiempo de prueba. Vayan valientemente con Cristo Resucitado hacia el Cielo, que es la meta de ustedes. Los acompaño por este camino de santidad y los pongo a todos en mi Corazón Inmaculado. Gracias por haber respondido a mi llamado.

MISA DE PASCUA EN LA CAPILLA BEATA LAURA MONTOYA EN NUEVA JERUSALEN DE BURUNGA


DOMINGO DE PASCUA 


El pasado domingo 4 de abril de 2021, Domingo de Pascua,  el padre Alexander Castillo celebró la solemne Eucaristía  de Domingo de Resurrección, en la que residentes de la comunidad de Nueva Jerusalén en Burunga de Arraiján recordaron  la vuelta a la vida de Jesús tras ser crucificado.


Alrededor de 30 humildes feligreses que viven en esta región de Burunga escucharon la proclamación del santo evangelio de Jesucristo durante la homilía, que pone fin la Semana Mayor.

 




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Certeza pascual

Este es el domingo en el que la promesa se convierte en certeza: "Cristo ha resucitado, ha resucitado de verdad". Así lo relata el Evangelio, que, en esta fiesta, que representa el momento más importante del año litúrgico, se proclama en latín y en griego. Como en otras celebraciones, las lecturas en español e inglés ayudaron a expresar el sentido de la universalidad de la Iglesia.




La Semana Santa es uno de los momentos más importantes para la religión católica, ya que habla de la muerte y resurrección de Jesucristo, pero el Domingo de Pascua enmarca uno de los sucesos más importantes para todos los creyentes de esta religión. 

El Domingo de Resurrección es el día que cierra el Tiempo Pascual, mismo que dura 50 días, mismo que inicia con el Domingo de Resurrección y termina en el Domingo de Pentecostés, quien murió crucificado durante la Semana Santa. 

Fue el mismo domingo cuando Jesús resucitó entre los muertos al tercer día para subir al cielo y estar a la derecha del padre, como marcan las sagradas escrituras, pero cuál es el significado del nombre. 

¿Qué significa Domingo de Pascua?

Como bien dice el nombre, también es conocido como Domingo de Resurrección, es el momento en el que el hijo de Dios se levanta, después de ser crucificado, tres días antes por los romanos, para cumplir con la profecía y subir al cielo, pero por qué se le dio ese nombre "Domingo de Pascua"

La raíz "pascua" significa paso, por lo que es el paso en el que Jesús demuestra que la fe puede llevar a los creyentes a vivir en la vida eterna junta  a sus seres querido en el reino de Dios. 

Se dice que mucha gente acudió a donde estaba enterrado Jesús el domingo, por lo que pudieron ver el milagro, además se dice que había muchos ángeles entorno a lo que era la tumba del hijo de María y José. 

Por qué se celebra 40 días después 

Se dice que el domingo es el día que asciende al cielo en presencia de sus discípulos, por lo que 40 días después la iglesia católica celebra la Ascensión, ya que se dice que Jesús subió al cielo en cuerpo y alma para crear un vínculo con Dios Padre. 



Fuentes: vaticannews.va / heraldodemexico.com

PADRE ROGER ARRIBASPLATA PRESIDE CELEBRACIÓN DE LA PASION DE JESUS EN LA CAPILLA SANTA ROSA DE LIMA EN ARRAIJÁN




En la capilla Santa Rosa de Lima ubicada Vista Alegre de Arraiján, comunidad de Loma Bonita, los fieles católicos celebraron la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, acto presidido por el padre pasionista Roger Arribasplata.


Durante la adoración, el padre Roger Arribasplata develó la Santa Cruz acompañado del canto de invitatorios “Miren el árbol de la Cruz” “Vengan y adoremos”… durante la cual los feligreses y la Iglesia acompañaron a Jesucristo durante su crucifixión.



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EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís