FRASES PARA SACERDOTES

Si cuando el sacerdote se viste para celebrar la Santa Misa todo el infierno tiembla y aúlla; qué no sucederá cuando se está celebrando?

¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE?




¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE? Este video cuenta con fragmentos del hermoso escrito del poeta argentino Hugo Wast: “Cuando se piensa”. ¿Cuál sería tu respuesta?

Cuando se piensa que ni ... puede hacer lo que un sacerdote.

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ORACIONES POR LOS SACERDOTES


Capturas








LA CASTIDAD DEL SACERDOTE COMO LA DE LOS ÁNGELES



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Queridos hermanos, el profesor de teología en una clase de espiritualidad comentando lo que San Ignacio de Loyola había dicho respecto a los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, comentaba respecto a la castidad: Todo lo que dijo San Ignacio sobre la castidad era que la castidad del sacerdote debía ser como la de los ángeles, pero claro, sobre esto habría que decir mucho, apostilló el profesor jesuita.

Pues no hay que decir nada más. Se ha dicho todo de una manera perfecta y sabia. Inmejorable tratado sobre la castidad escrito por San Ignacio: como la de los ángeles. No se puede decir mejor, ni más claro, ni ser más verdad. Tratado completo y exhaustivo, verdadero compendio de moral para el sacerdote y el candidato al sacerdocio. Todo lo que se diga de más de lo ya dicho va en detrimento de la verdad, con el peligro inminente de enturbiar tal verdad, oscureciéndola y desvirtuándola. Cuando el sacerdote no se enfrenta ante esta realidad de su pureza, cuando cuestiona este hermoso tratado de moral sexual, cuando intenta buscar reparos y aclaraciones, entonces ya ha entrado la duda en él, y con la duda la debilidad, y con la debilidad la propensión a pecar; y lo más terrible, la conformidad con la vida de pecado. La aceptación sin reparos de la castidad del sacerdote como la de los ángeles es el camino seguro e infalible para que así llegue a ser, para que el sacerdote viva santamente su pureza, con firmeza, con virilidad, con alegría y verdadero gozo, libre de las angustias de las tentaciones, con la sabiduría para evitar los envites del diablo que con preferencia ataca al sacerdote por este lado de la carne.

Nada más triste, despreciable y rechazable, a la vez que peligroso para las almas, que un sacerdote concupiscente, carnal, libidinoso, lujurioso. Un sacerdote que mire como los hombres, que hable como ellos, que vista como el mundo, que se comporte como uno más; un sacerdote que no se distinga de los demás. Uno más. No. El sacerdote no es uno más, no es un hombre más, es un sacerdote, es un ministro del Señor, es un reflejo suyo en la tierra. Los fieles tienen el derecho de ver en el sacerdote a Cristo, tienen el derecho a escuchar a Cristo que les habla cuando escuchan al sacerdote, tienen el derecho a sentirse cerca del Señor que les mira con amor y respeto, y no cerca de quien haciendo la veces de Cristo, le traiciona, traicionando a los fieles que han puesto su confianza en él. No, un sacerdote no puede estar lleno de sensualidad, en su mirar, vestir, comportarse, desenvolverse, pues es un sacerdote indigno.

Todo lo que rodea al sacerdote carnal es nauseabundo. Los fieles no ven sacerdotes en ellos, ven tan solo hombres nada más. Basta verlos en la santa misa, en la consagración, se ve que no sienten al Señor, no sienten la inmensidad infinita de su santidad y pureza. Un sacerdote impuro es un éxito del demonio. Cuántos se acercan a los fieles carnalmente, con miradas que no son las del Buen Pastor, con conversaciones ordinarias y vulgares. ¿Cómo pueden reflejar a Cristo? No lo reflejan, ni lo pretenden. No piensan como sacerdotes, sino como hombres.


La castidad como la de los ángeles.

Cuando el sacerdote, y el seminarista, asumen con pleno convencimiento que su castidad ha de ser como la de los ángeles, cuando entienden que ya no se puede decir nada más porque ya está todo dicho; cuando rechazan firmemente cualquier otra explicación sobre el tema, ya sea la rechazable educación afectivo sexual del sacerdote, entonces ya han empezado a vivir la castidad como el Cielo quiere que se viva en la tierra por parte de los sacerdotes. Ya están en el camino correcto y santo que les llevará a la castidad perfecta y perpetua, con la gracia de Dios.

La primera consecuencia de este santo camino es la confesión frecuente, cada semana. El sacerdote no ha de dejar bajo ningún concepto su confesión semanal; es más si es necesario debe alterar sus planes para no privarse de la confesión, hasta donde sea posible, evidentemente. Debe pensar en ella y esperar que llegue el día de confesarse. Debe prepararse para ella y estar atento en no banalizarla, ni restarle importancia. Es muy importante la acción de gracias tras la confesión, meditar en la acción del Espíritu Santo que cada semana inunda su alma, desear ese momento firmemente. Ha de ser constante en la confesión, perseverante, no dejarla por nada, poner todos los medios para tener segura la confesión.

La confesión frecuente será para el sacerdote el medio que le de la gracia para seguir adelante contra la lucha del maligno que no dejará escapar a tan preciada presa; le ayudará a evitar las tentaciones, la curiosidad, a ser más firme en su determinaciones, le ayudará a ser más metódico en sus asuntos y vida de piedad; entenderá la importancia del orden en su vida, tanto en su apostolado como en su vida de oración. Comprenderá que no puede dejar al azar sus cosas diarias, sino que, en la medida de lo posible, las tendrá organizadas y preparadas. El orden en la vida del sacerdote es el orden que desprecia el demonio, que busca del sacerdote la improvisación, lo casual, lo inmediato; quiere al sacerdote despreocupado, ligero en sus decisiones, poco firme y determinativo, es resumidas cuentas, el sacerdote frágil y maleable. La confesión frecuente corta todas estas debilidades y deficiencias y errores en la vida del sacerdote.

Con la confesión frecuente está el santo sacrifico de la Misa. Aquí el sacerdote encuentra de forma única y privilegiada la razón de su pureza perfectísima, a la que está obligado por la excelencia de tan alto misterio. El sacerdote debe vivir con gran delicadeza, atención, devoción, cuidado, todo lo relativo a la santa misa. Ha de ser el momento del día por excelencia del sacerdote. Ha de pensar en él, con mucha antelación antes de que llegue ese momento, para ser consciente que su vida es un caminar constante hacia el Calvario. Si el sacerdote tiene presente que ha de recorrer cada día este camino, el sacerdote está siguiendo al Señor y no le faltará el ángel cirineo que le ayudará en la carga pesada de cada día. Por ser fiel al Señor, Éste le recompensará con la alegría siempre renovada del santo sacrificio. La nota característica que el sacerdote está en el buen camino de la castidad como la de los ángeles es la alegría siempre nueva de su misa. Este es un síntoma infalible. La alegría siempre nueva, siempre distinta, siempre diferente al día anterior, siempre única, es el abrazo del Cristo Sumo y Eterno sacerdote a su hijo fiel. No dejaríamos de seguir hablando de la santa misa, pero con lo dicho es suficiente pincelada para el tema que abordamos de la castidad del sacerdote.

No puede faltar en la vida del sacerdote casto, la oración mental, la oración de recogimiento, contemplativa, diaria. Sin oración mental va a ser muy difícil, prácticamente imposible que el sacerdote viva la castidad, oficie santamente el santo sacrificio y se confiese con frecuencia. La oración de recogimiento es la base donde se asienta la obra de la castidad perfecta en la vida sacerdotal. Es el cimiento imprescindible sin el cual no se puede construir una vida de santidad, de castidad y de fidelidad sacerdotal al Señor. La oración mental es el encuentro diario con Dios Padre Creador, con Dios Hijo Redentor con Dios Espíritu santo Santificador. Es el momento privilegiado en que el alma del sacerdote se recoge en su intimidad y se presenta ante Dios para que obre en él según la voluntad divina. En estos momentos diarios, el sacerdote se deja hacer por Dios Padre, por Dios Hijo y por Dios Espíritu Santo. El sacerdote en presencia de Dios se dispone a escuchar lo que cada una de las tres Divinas Persona que decirle a él. Porque cada Una mira con predilección a quien es una obra predilecta de las Tres Divinas Personas. Es nada menos que el sacerdote, el reflejo del mismo Dios.

Todo sacerdote que quiera ser fiel a su ministerio ha de vivir la vida de ascetismo, ha de incorporar en su vida el sacrificio y la penitencia. Nadie como el sacerdote de Cristo ha de valorar la simplicidad en su vida, consciente del engaño del mundo, demonio y carne. El mismo seguimiento del Señor lleva al sacerdote a valorar sobremanera las privaciones voluntarias, ayunos, sacrificios, todo aquello que le ayuda a someter los sentidos y a hacer florecer la santa humildad. Ha de valorar el sacrifico de controlar los sentidos que con tanta facilidad se dispersan; dominar la mirada, evitar la curiosidad, rechazar pensamientos que no sean santos y puros. El sacerdote ha de ejercitarse en controlar sus sentidos y tener control sobre ellos sin rendirse ante la tentación de las ocasiones.

No puede permitir dejarse dominar por intereses, comportamientos, acciones que no sean propios del sacerdote. Ha de ser consciente en todo momento de su sacerdocio, pues los fieles buscan el sacerdote y no el hombre. Buscan al hombre de Dios que les aconseje en sus necesidades y consuele en sus preocupaciones. Por esta razón, los sacrificios y penitencias son auxilio privilegiado para el sacerdote para mantener su actitud sacerdotal en todo momento. También el sacrificio corporal del uso de cilicio o de la disciplina es un aliado santo para el sacerdote para vivir con alegría la santa pureza, uniéndose al dolor redentor de nuestro Señor Jesucristo.


Sacerdotes castos como los ángeles.

He aquí los fundamentos que tiene el sacerdote que hacer suyo el programa de moral sexual de San Ignacio de Loyola. Programa que como ya hemos indicado es lo más perfecto que se ha podido escribir del tema, y lo más completo. Es imposible quitar o añadir nada. Sabiduría divina la que destila el gran santo al dejarnos tan hermoso tratado sobre la castidad: como la de los ángeles.

Sólo añadir por último, algo no menos importante para el sacerdote: la vestidura eclesial. El sacerdote ha de vestir como tal. No puede vestir como el mundo, es un grandísimo error y se expone inútilmente y absurdamente a la tentación de la carne. ¡Si los sacerdotes entendieran la belleza de la sotana! Prenda traída por los ángeles para los sacerdotes, para ayudarles en su santidad y castidad.

Cuando decididamente el sacerdote está dispuesto a ser casto como los ángeles, y con firmeza, humildad y amor se propone vivir su sacerdocio tal como lo hemos expuesto, comprueba que es perfectísimamente posible vivir la castidad perfecta y perpetua. Cuando el sacerdote ha conseguido aunar en su vida, poco a poco, pero decididamente, todo lo anterior brota en él el deseo ferviente de castidad, y el sacerdote luchará contra todos los frentes que se le presenten con la mayor firmeza, a pesar de su debilidad.

Porque el sacerdote ya no es él, sino Cristo en él.

Ave María Purísima.

EL SACERDOTE: LA CASTIDAD POR EL REINO





La castidad de los sacerdotes y también la de los religiosos. Se trata de la entrega total de uno mismo, es hasta cierto punto una entrega total y un desapego de todo. En particular los religiosos con el voto de obediencia, pobreza y castidad damos todo a Jesús, damos todo a la Iglesia, y aunque esto quizá no tenga mucho sentido para nuestra sociedad de hoy cuando empezamos a hacer oración para discernir y entender experimentamos la cercanía de Dios.

Nos damos cuenta que cuando nos despojamos de las cosas, de nuestras pertenencias, hasta en cierto punto de las personas y las amistades estamos más abiertos y nuestro corazón está libre para poder servir a Dios y a las personas que nos encontramos por el camino. 

Nos abre espiritualmente y así podemos centrarnos totalmente en Dios. No en vano se dice de las religiosas que cuando ellas hacen los votos reciben un anillo porque ya son esposas de Cristo, se entregan totalmente a Cristo, como un esposo a su esposa, la esposa a su esposo.

En el caso de los sacerdotes y religiosos no funciona exactamente igual pero si es una entrega de nosotros mismos a la Iglesia, nos libra espiritualmente para estar con Dios y con los demás. Con el tiempo yo como religioso y sacerdote cuánto más descubro que es verdad, que es así en la medida que nos entreguemos,  recibimos más de Dios y podemos dar más a los otros. Entonces no es solamente una cuestión de sentido práctico de que así tendremos más sacerdotes, se trata de ser en mi caso, ser sacerdote y de entregarlo todo a la Iglesia, a Dios y a los demás. 

ESTO ES LO QUE ENSEÑA EL VATICANO EN SU POPULAR CURSO PARA EXORCISTAS




La formación de exorcistas está en auge.

Por ello, unos 250 sacerdotes procedentes de unos 50 países del mundo viajaron este mes a Roma para aprender a identificar una "posesión demoníaca" y conocer los rituales para expulsar a esos demonios, entre otras cuestiones.

Participaron en el curso de "Exorcismo y Oración de Liberación", un seminario que comenzó a impartir el Vaticano en 2005 y que, desde entonces, ha duplicado la cifra anual de asistentes, aparentemente por el crecimiento de la demanda mundial de este tipo de práctica.

Clérigos católicos de numerosos países han relatado a la prensa cómo han notado un aumento en el número de fieles que presentan signos de "posesión demoníaca".

El año pasado, el papa Francisco dijo a los sacerdotes que "no deberían dudar" en remitir los casos a los exorcistas cuando noten "perturbaciones espirituales genuinas".

En Italia, por ejemplo, se estima que medio millón de personas buscan sesiones de exorcismo cada año.

Algunas diócesis, como las de Sicilia y la de Chicago, han llegado incluso a desarrollar sus propios cursos para responder a la demanda creciente.

En varios países se ha incrementado la demanda de exorcismos.

El sacerdote estadounidense Gary Thomas, que practica exorcismos desde hace 12 años, afirma que a medida que la sociedad pasó a confiar más en las ciencias sociales se redujo el número de iglesias que tenían exorcistas.

Al mismo tiempo, la popularización del tarot y de la brujería incrementó la necesidad de sacerdotes capaces de realizar esta práctica, según dijo el clérigo italiano Benigno Padilla al portal Vatican News.

Exorcismo por celular

En 1999, la Iglesia católica realizó la primera actualización mayor de las reglas sobre el exorcismo desde 1614.

Como consecuencia, el padre Thomas trabaja con un grupo de médicos, psicólogos y psiquiatras -todos católicos practicantes- para investigar la causa del sufrimiento de una persona antes de diagnosticar un caso de "posesión demoníaca".

El curso del Vaticano incluye elementos de teología, psicología y antropología.

El temario abarca asuntos como la brujería en África, cómo diferenciar entre "posesión demoníaca" y enfermedad mental, así como una guía paso a paso para expulsar demonios.

También se abordan las nuevas tecnologías.

El cardenal albanés Ernest Simoni, uno de los instructores del seminario, explicó cómo cuando no puede acudir en persona a realizar un exorcismo, la llaman por celular para que lea las oraciones correspondientes en latín para ayudar a expulsar los demonios.

"Me llaman y hablamos. Así es cómo lo hago", explicó el religioso de 89 años de edad a la agencia Reuters.

"Este curso es útil porque prepara a los sacerdotes que ejecutan los exorcismos para que tengan una visión completa, multidisciplinaria de la situación", señaló el profesor Giuseppe Ferrari, uno de los organizares del curso impartido por el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum, una universidad avalada por el Vaticano.

Aparte de los sacerdotes, al seminario anual también pueden acudir laicos de ambos sexos, quienes reciben un certificado y pueden convertirse en "exorcistas auxiliares".

Esto les permite estar presentes en el rito, rezar y dar apoyo moral a quien ejecuta esta práctica.

Sin embargo, según explicó Ferrari, eso no les autoriza a expulsar a los demonios. Esa tarea está reservada para los clérigos.


FUENTE: bbc.com 

¿CÓMO OFRECER LOS PROPIOS DOLORES?

Preguntas y respuestas.

Padre, ¿cómo ofrecer los dolores? Yo siempre lo hago pero siempre tengo la duda de cómo hacerlo... -- L.M.G.

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Hay tres momentos:

1. No negamos lo que nos duele, perturba o incomoda. Reconocemos que el fastidio y el dolor están ahí pero nos serenamos. Evitamos el pánico, la queja excesiva, el traslado de nuestra impaciencia hacia otras personas en forma de agresividad o indiferencia.

2. Renunciamos de corazón a toda forma de blasfemia o cualquier otra tentación contra la fe, de la forma: "Dios se olvidó de mí; no le importo; en realidad nadie escucha al otro lado; pierdo mi tiempo rezando..." Al contrario, renovamos nuestra fe diciendo con amor el Credo y volviendo al ejemplo de Cristo y de sus mártires. Suplicamos el auxilio divino, diciéndole a menudo: "¡Señor, ten piedad! Tú prometiste que no seríamos probados más allá de nuestras fuerzas; dame pues esas fuerzas tuyas que son las únicas que pueden darme la victoria."

3. Ya más serenos y renovados, repetimos frases sencillas como: "Por amor a ti, Jesús" "Uno mi dolor a tu Cruz, Señor" "Como tu apóstol Pablo, completo en mí lo que falta a tu Pasión" "Esta hora te la ofrezco por las misiones" "Este dolor lo ofrezco por la conversión de los más endurecidos" Y así, con otros otros pensamientos semejantes.

Puedes encontrar más inspiración en este impactante testimonio.


Reproducción permitida, citando la fuente.
-Fr. Nelson Medina, OP


FUENTE: fraynelson.com

PADRE JOSÉ ANTONIO FORTEA

el exorcista más famoso de España y sus claves para luchar contra el demonio




Asegura que “el demonio nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad”.


El padre José Antonio Fortea, nacido en la provincia de Huesca en 1968, es considerado el exorcista más reconocido de España. Ordenado diácono y presbítero en 1994 en la diócesis de Alcalá de Henares, obtuvo una licenciatura en Teología en 1998 con su tesis “El exorcismo en la época actual” y, al poco tiempo después en la misma iglesia donde ejercía de párroco, comenzó a atender casos relativos a problemas de tipo demoníaco.

“Comencé a practicar exorcismos una vez que acabé mi tesis, porque no había ningún exorcista en España. Empecé a hacerlos no porque haya querido meterme en ese mundo, pues fue mi obispo quien me pidió que hiciera mi tesis en exorcismo. Yo no quería hacerlo en un principio, porque no era algo que me interesara. Pero no tuve opción. Y de ese modo empezaron a mandarme casos de posesión demoníaca”, recordó el religioso, quien agregó que durante sus casi 10 años en esta práctica recibía entre cinco y seis personas al día, aunque aclara que la mayoría de los casos no tenían nada que ver con posesiones diabólicas, por lo que cuando era necesario, remitía a estos pacientes a psicólogos o psiquiatras.

Con el tiempo, tras escribir varios libros de teología, algunos de los cuales se traducirían a más de ocho idiomas, el padre Fortea se especializaría en temas referentes a ángeles, demonios, posesión diabólica y exorcismo.

“Mi primer caso fue el de una buena señora llamada Marta, quien entraba en trance, sufría de violentas convulsiones, hablaba con una voz distinta en otra lengua y tenía aversión a lo sagrado. Fue muy extraño, aunque cuando me tocó atenderla no me inspiró miedo porque no era la primera vez que veía un acto de exorcismo. Antes, con el fallecido padre Gabriel Amorth (considerado el más famoso y el decano de los exorcistas), que en paz descanse, me tocó presenciar trece exorcismos. En esa oportunidad, con la señora Marta, me limité a orar a Dios, usando agua bendita, incienso bendecido, la santa cruz y el santo crisma. Eso era todo. No hice nada extraño más que orar, orar y orar, porque lo mejor es concentrarse en Dios. Es el mejor modo de debilitar a un demonio. Y después, casi al final, hay que hablarle directamente. Le hacía preguntas para saber con quién estaba hablando. De todos modos, un exorcismo nunca es igual a otro. He tenido casos que han acabado en media hora y otros en que hemos necesitado más de cinco años. Siempre suelen preguntarme si yo salía muy debilitado al acabar un exorcismo, y la verdad es que no. Al contrario, salía más aliviado de haber ayudado a esa persona posesa”, explicó el religioso en una entrevista concedida a la revista The Clinic.

El Padre José Antonio Fortea, en esa misma entrevista, confidenció que, por lo general, es durante la noche donde más comúnmente se manifiesta el diablo, cuando las personas ya están en sus respectivas casas. “La persona durante el día está trabajando o está con gente. Es lo mismo que las tentaciones, hay más por la noche que de día. Y no me refiero al sexo solamente. Hay momentos que se prestan más a la tentación. Y también es cierto que hay más casos de mujeres poseídas, aunque no tengo una teoría para explicar de por qué sucederá eso. También es evidente que algunas personas sufren posesiones porque ellas mismas se han puesto en peligro, practicando espiritismo, brujería, santería, vudú, o incluso llamando a entidades desconocidas, como en el reiki, el feng shui o incluso con el yoga. Si un maestro que dirige un grupo de yoga les dice que llamen a una determinada entidad espiritual, se corre peligro, ya que se puede invocar al maligno. Eso no es prudente. En el cristianismo sólo llamamos a espíritus que aparecen en la Biblia, como Rafael, Gabriel o Miguel, pero no invocamos a seres desconocidos porque nos obligue un maestro de yoga o de reiki. El consejo que hay que darle al mundo es que no se pongan en peligro ni con espiritismo, ni con magia, ni con supuestos ritos que les van a limpiar de cosas malas. Todo eso es demoníaco. Quien busca un santero sufrirá la influencia de los malos espíritus”.

La obra más conocida del Padre Fortea es, sin duda, “Summa dæmoniaca”, un tratado de demonología y un manual de exorcistas que analiza el mundo de los demonios, el estado de condenación, la relación de los espíritus caídos entre ellos mismos, con los ángeles, con los humanos y con Dios. En la segunda parte de esta obra se aborda todo lo relativo a los fenómenos demoníacos, las posesiones, los modos de realizar un exorcismo y los fenómenos poltergeist en las casas, así como otros sucesos más extraños e inusuales.

En su obra “Summa Daemoniaca”, el padre Fortea aborda varias cuestiones relativas a la lucha contra el demonio. Lo primero, según el religioso, es saber quién es exactamente el diablo, el mismo ser espiritual que en el Antiguo Testamento es conocido como “satán” -nombre que significa “adversario, enemigo, opositor”-, mientras que en el Nuevo Testamento es llamado como “diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar).

“También es conocido como lucifer, nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”, lo cual recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera. El demonio es un misterio. Un misterio de condenación, de odio, es el reverso de la eternidad. En cierto sentido satán sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión. Cuando me preguntan si hay un diablo o varios diablos, hay que decir que el jefe es solamente él, una entidad incorporal que vaga por el mundo”.

Con respecto a la palabra demonio, el Padre Fortea precisa que proviene del griego “daimon” (genio), término usado para designar a seres espirituales malignos. “Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales porque los demonios son seres espirituales que se han condenado, no aman a Dios. Y no todos son iguales. Hay unos demonios que pecan más de ira, de egolatría, de desesperación. Otros que son más despectivos. Y hay unos más malos que otros. Hay demonios rabiosos, irónicos, soberbios. Hay demonios en los que predomina la tristeza. Otros en los que prima un sentido del humor perverso. Hay demonios que se encierran en el mutismo. Hay demonios que sólo gritan. Algunos lloran y otros varían de estados de ánimo de día a día. Hay demonios mucho más inteligentes que otros. ¡Es que son muchos! La mentalidad del demonio es como la que aparece en la película “El exorcista”, tiene esa mirada. No cambian el color de los ojos, pero hay esa malicia, esa perversidad en sus palabras. En resumen, el demonio está en todas partes y se muestra con distintas personalidades. Nadie sabe la cifra exacta de demonios, pero hay muchos”.

El Padre Fortea precisa que todos los ángeles, al ser creados por Dios, “lo veían como una luz, le oían como una voz majestuosa y santa, pero su rostro seguía sin desvelarse. En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo. Las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales. Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud y otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

El Padre Fortea agrega que cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos. El demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

Consultado sobre la naturaleza del infierno, el sitio que según muchas religiones es el lugar donde habitan los demonios y después de la muerte son torturadas eternamente las almas de los pecadores, el Padre Fortea precisa que “el infierno no es una especie de lugar donde echas a los demonios y ya está. No es una cubeta para lanzar los cocodrilos y las serpientes. También los demonios son hijos de Dios, aunque se hayan alejado de su padre. Entonces, Dios es arquitecto del infierno en cuanto ha dispuesto una serie de leyes a las que tienen que someterse los demonios en el infierno para evitar que el infierno sea peor de lo que es. El infierno, gracias a Dios, es mejor”.

El religioso español explica que hay lugares específicos en el mundo donde se cree que ocurren más manifestaciones demoníacas, como, por ejemplo, algunas zonas del Caribe. “En Haití y Cuba hay más demonios porque se practica más brujería. Y uno se da cuenta porque requieren más exorcismos. Yo he hablado con mucha gente que ha viajado a Cuba, que me han dicho: padre, se nota un ambiente muy denso, muy denso, se nota la brujería en esta sociedad. En Haití, por ejemplo, todo el mundo cree en estas cosas: los políticos, las policías y los médicos. Es uno de los lugares donde hay unanimidad en que estos espíritus malignos existen.Por otra parte, hay otras muchas sociedades dadas al ateísmo, como los países escandinavos o España, pero donde hay muy poca brujería”.


El libre albedrío del ser humano y los demonios

Los demonios, según precisa el Padre Fortea, no pueden ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. “No saben lo que uno decidirá porque la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones. Los demonios pueden tentarnos, pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.


El Padre Fortea aclara que el tiempo en el que viven los demonios no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual. “El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un sólo segundo, ni un sólo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”.


El demonio, según explica el religioso, nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad. “Podemos ser tentados, pero al final hacemos lo que queremos. Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a cometer ni el más pequeño pecado. Si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración. La oración crea primero una barrera contra la tentación, pues nuestra voluntad y nuestra inteligencia se centran en Dios. Y si insistimos un poco más, el demonio no puede resistirla y huye”.

El exorcista español afirma también que de todos los cristianos que están en la Iglesia, al que más odia el demonio es al que se dedica a la ascesis (disciplina, ayuno, meditación, oración, sacrificios, etc. para alcanzar la virtud). “El demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas. El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios… El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada”.

El presbítero describe asimismo a la cruz como el objeto más temido por el maligno y sus legiones infernales. “Tras la muerte de Jesucristo en la cruz, todos y cada uno de los demonios estaban allí, rodeando la Cruz, contemplando con delectación su triunfo. La Pasión en la Cruz suponía la prueba palpable de que la Justicia Divina no era trasgredida en vano. Fue en ese momento cuando se hicieron plenamente conscientes todos los demonios de que su condenación no tendría indulto alguno por los siglos de los siglos. Por eso ellos de estar contemplando la Cruz con la alegría de su victoria maligna, pasaron a entender que para ellos sería para siempre el recuerdo terrible de la Justicia Divina. Y por eso por encima de todo, los demonios odian la imagen de la cruz, más que la imagen de la Santísima Virgen María o la imagen de cualquier otro santo o la representación de otro misterio sagrado”.

El padre Fortea, a este respecto, afirma que otros objetos que atormentan a los demonios son las reliquias de los santos, las imágenes religiosas bendecidas e incluso cualquier objeto cualquiera que puede tener un efecto espiritual. “En una ocasión no había agua durante un exorcismo y bendije el contenido de una botella de limonada, pero el efecto que producía era mucho menor. Al cabo de unos minutos ordené en el nombre de Jesús al demonio que me dijera por qué era eso así. Se resistió, pero al final dijo que el agua era símbolo de pureza y limpieza. Si bien, dijo que aquel otro líquido bendito también le producía algún efecto, pero menor”.

Finalmente, el Padre Fortea explica que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano. Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal. “Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto. También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre: ANTI-CRISTO. Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo. Cristo era un hombre, el Anticristo también. Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia. El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”.

En el año 2015, el padre José Antonio Fortea se doctoró en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis “Problemas teológicos de la práctica del exorcismo”. “Cuando volví de Roma, le dije a mi obispo que, existiendo ya exorcistas en la diócesis, podía ayudar más a la Iglesia escribiendo libros que practicando exorcismos”, relató el religioso, quien, aunque actualmente no ejerce como exorcista, sino que se dedica a escribir libros, es el rostro más visible de esta práctica en España.

Por ello, hoy es considerado una referencia en el universo de la demonología, conocimiento que ha volcado en distintos títulos que tratan sobre el tema del demonio, aunque su obra abarca otros campos de la Teología. Y como sus libros han sido publicados ya en ocho lenguas, hoy dedica gran parte de su tiempo a escribir libros teológicos y a dar conferencias por distintas partes del mundo. “Cuando pasen 200 años no quedará casi ninguna de las entrevistas que he concedido. Las web habrán desaparecido. Si queda algo de este pobre sacerdote, será la colección de libros que han intentado profundizar en el exorcismo. Porque las preguntas serán las mismas que nos hemos hecho desde que leemos las obras teológicas de Santo Tomás de Aquino o de San Ambrosio o de San Cirilo de Jerusalén”.

Consultado si, tras practicar cientos de exorcismos durante más de 10 años, todavía le tenía miedo al diablo, el Padre José Antonio Fortea respondió que “la verdad es que no le tengo miedo, porque tengo total confianza en Dios. Si existe el demonio, entonces existe Dios. Por eso no le temo”.


FUENTE: guioteca.com

MARÍA , MADRE Y MAESTRA DEL SACERDOTE


Por Padre J.M Rodríguez de la Rosa

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Porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso, cuyo nombre es santo. Lc. 1, 49.

Queridos hermanos, este es el tercer título que la Santísima Virgen alega para glorificar a Dios. Tuvo presente las maravillas que Dios había obrado en Ella, y los grandes beneficios que le había hecho desde el instante de su Concepción hasta entonces, especialmente el inconmensurable milagro de ser Virgen y Madre, y Madre de Dios. La Virgen, admirada de tantas grandezas obradas en Ella por Dios, lo alabó por ellas.

¿Cómo el sacerdote, a ejemplo de su divina Madre, no va a reconocer las maravillas que el mismo Dios ha obrado en él? Fue elegido desde el principio del principio; el mismo Dios fijó su mirada en él para que fuera futuro sacerdote de Jesucristo. Lo eligió, quiso que precisamente él, y no otro, fuese su sacerdote, Suyo, para Él; para que pudiera cantar las grandezas que Dios hizo en su alma, y así contagiar a otros, los alejados, los duros de corazón, los soberbios. Porque las grandezas de Dios en el sacerdote son, en particular, para atraer a las almas alejadas de su divina misericordia.

La Santísima Virgen alabó la omnipotencia de Dios, por las maravillas que hizo en Ella, y la santidad de su Nombre, porque con su omnipotencia las hizo y con su santidad quiso hacerlas, para que su nombre fuese santificado y glorificado por los siglos de los siglos.

Todo en el sacerdote ha de glorificar el nombre de Dios, por ello la santidad sacerdotal ha de relucir primorosamente en el sacerdote; todo en él ha de recordar la santidad del nombre de Jesús, ante el cual “toda rodilla se doble, en la tierra, en el cielo y en el infierno”. Así como Dios hizo cosas grandes en Ella, es decir, santidad y obras celestiales, así en el sacerdote, también, realiza obras grandes: de santidad y celestiales; pero de una forma distinta totalmente, claro está, pero, santas y celestiales. En el caso del sacerdote, Dios, va a pedir su colaboración, pues le ha dado todo lo necesario para que dé muestras de santidad y obre cosas extraordinarias; y si no se dan tales aspectos en el sacerdote, será por negligencia suya, no de Dios, que quiere obrar “maravillas” a través de su sacerdote.

Si el sacerdote no obra tales “maravillas” es culpas suya, Dios lo ha adornado con grandes dones y poder, para realizar en Su Nombre lo que el hombre no puede hacer. Cuánto puede consolar el sacerdote a las almas, cuánto sufrimiento puede aliviar, y enfermedades curar; cuántas almas turbadas encuentran en él la paz y el sosiego, cuántas dudas encuentran respuesta, e indecisiones, la firmeza. El indolente encuentra la fuerza para actuar y el impulsivo, la serenidad en el actuar. Y por encima de todo, la maravilla de las maravillas: las manos del sacerdote en el altar.

Si lo meditamos bien, nuestra vida sacerdotal debiera ser una constante alabanza al Dios por la grandeza que ha obrado en nosotros. Es verdad, la fragilidad del sacerdote enturbia esa alegría de alabanza, pero sólo momentáneamente. De su fragilidad, sale el sacerdote más reforzado para seguir cantando las alabanzas a Dios por las “maravillas” que ha obrado en él.

No va en contra de la humildad reconocer en uno mismo los dones de Dios. La Virgen María no actuó en contra de la humildad, Ella la humilde entre las humildes; reconoció toda la grandeza que Dios le había dado, y sólo a Él la atribuyó. Nada se guardó como propio merecimiento, o valía personal, sino solamente alabó la potencia y santidad de Dios.

El sacerdote ha de alzar su voz al unísono con la Santísima Virgen, y unidos a los “cuatro vivientes”, cantar: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que viene (Ap. 4, 8). Nos dice el Apocalipsis, que los vivientes daban gloria siempre y acción de gracias al que “está sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos”. Esta es la alabanza que sin cesar entona la Madre de Dios y Reina de Cielos y tierra. Esta debe ser la alabanza que debe entonar a lo largo de toda su vida el sacerdote de Dios, como uno de los “vivientes, como la mismísima Madre de Dios.

Ave María Purísima.


FUENTE: adelantelafe.com

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís