FRASES PARA SACERDOTES


Dice el demonio: de cierta forma estoy obligado a decir, tengo que decir esto: las mujeres deben llevar velo pero ya hace tiempo que no lo llevan por un querer del infierno.

De: La Eucaristía y lo que dicen los demonios. Padre Carlos Cancelado.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

ADVERTENCIAS DEL MAS ALLÁ A LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA

Parte 29

Por el Padre Arnold Renz

EL CELIBATO

J:  Y luego la confesión...y el celibato,  ¡Esta es otra de las cuestiones! Si un sacerdote vive en celibato, entonces todas las mujeres, y también los hombres, tienen mucha más confianza en él, que si estuviera casado, especialmente en la confesión.  Podría suceder que una de esas brujas (ríe irónicamente) interrogase a su marido de lo que éste o el otro ha confesado.  Le interesaría saber lo que éste o el otro ha dicho, sobre todo si corresponde a sus proyectos. Pero si el sacerdote vive y persevera en el celibato, y si imita la vida virginal de Cristo, entonces cualquier "asno" tendrá que reconocer o cualquier persona pensará: "Aquí puedo venir. Aquí puedo vaciar todo el saco. eso quedará entre nosotros dos y no saldrá a relucir.  Si son tan buenos que aceptan el celibato, entonces también son capaces de callarse".  Pero ya no piensan así con los que están casados, sino que piensan todo lo contrario: "Este se ha casado, lo que es señal de que no ha podido observar el celibato, por lo tanto, como quiere... (ríe insidiosamente). Como quiere, callarse, como quiere cerrar la boca, si ni siquiera es capaz de dominar su cuerpo".

E:  ¡Di la verdad, solamente la verdad, por orden de la Santa Virgen!

J:  Cristo quiere el celibato. No hay que apartarse de él ni una pulgada, no hay que variar ni una jota. Los que se han casado, tienen que volver, y arrepentirse de sus faltas... lo mejor de todo sería que cada uno de ellos se volviese atrás, y reconociese sus faltas, pero...precisamente...

E:  ¡Continúa diciendo lo que la Santa Virgen te encarga decir, Judas Iscariote!  ¡Lucifer no debe estorbarte, tiene que irse!  ¡Continúa, di lo que tienes que decir por orden de la Santa Virgen, y solamente la verdad!



A LOS SACERDOTES HIJOS PREDILECTOS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.

LOS LLAMO A TODOS


"¿Has visto cómo Yo misma pongo sobre tus pasos a los Sacerdotes llamados por Mí a consagrarse a mi Corazón Inmaculado?  Misión tuya, hijo, es el de reunirlos y el de confiarlos todos a Mí.

Hoy tienen mucha necesidad estos hijos míos de ser consolados y alentados. Por eso en estos encuentros Yo siempre estoy presente: el alma de estos hijos Míos gozara por ello y serán todos consolados.

Ha llegado el tiempo en que en la Iglesia Yo misma me manifestaré con señales cada vez más grandes. Mis lágrimas, derramadas en muchos lugares para atraer a todos al Corazón dolorido de la Madre.

Las lágrimas de una madre logran conmover hasta los corazones más duros. Ahora, mis lágrimas, incluso de sangre, dejan completamente indiferentes a tantos hijos míos.

Mis mensajes, que se multiplicarán con tanta mayor frecuencia, cuanto más la voz de mis Ministros se cierre al anuncio de la verdad.

A causa de la prevaricación de tantos Sacerdotes, muchos hijos míos hoy sufren una verdadera penuria espiritual de la palabra de Dios.

Las verdades más importantes para vuestra vida hoy no se anuncian ya: el Paraíso que os espera; la Cruz de mi Hijo que os salva; el pecado que hiere el Corazón de Jesús y el Mío; el infierno en que cada día caen innumerables almas; la urgente necesidad de la oración y la penitencia.

Cuanto mas se propaga el pecado como una pestilencia y lleva a la muerte a las almas, tanto menos se habla de él. Hoy también algunos Sacerdotes lo niegan.

Es misión mía materna dar el alimento a las almas de mis hijos; si se apaga la voz de los Ministros, cada vez más se abrirá el Corazón de la Madre.

Después de estas intervenciones mías ha llegado el momento en que Yo misma me haga personalmente presente y actúe en mi Iglesia, de la que soy Madre.

Quiero obrar a través de vosotros, Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado. Esto forma también parte de mi plan.

Ahora el Maligno, mi adversario desde el principio, está seduciendo a un gran número de Sacerdotes y actúa entre ellos y los reúne para formar un ejército contra mi Hijo, contra Mí misma y mi Iglesia.

Yo personalmente intervengo y llamo a alistarse en mi ejército a los Sacerdotes que quieran ser fieles.

Los llamo a todos a consagrarse a mi Corazón Inmaculado y a refugiarse en Mí.

La lucha será sobre todo entre Yo y la Serpiente antigua, a la que finalmente aplastaré la cabeza.

Por eso os pido ahora sólo aquellas cosas que, a vuestro modo humano de ver, parecen pequeñas e insignificantes.

Mientras cada día aumenta la propaganda, el clamor de los enemigos de Dios que consiguen conquistarlo todo, Yo os pido que respondáis con vuestra confianza y el total abandono, con la oración, con vuestro sufrimiento y vuestro silencio.

No obstante, cuando ofrezcáis a mi Corazón, en mis manos llegará a ser un arma terrible para combatir y vencer esta batalla.

Al orgulloso ejército de los soberbios que se rebelan contra Dios, Yo responderé con el ejército de mis hijos pequeños, humildes, despreciados y perseguidos.

Y, por medio de vosotros, la victoria será al final de la humilde "Sierva del Señor".






DE LA AUTORA


Para los que buscamos la santidad, la perfección.


Alma, sabias que un consagrado, una monja, un sacerdote es esposo de Nuestro Señor Jesús?  Si, si no lo sabías ya lo sabes. Entonces tratémoslos como lo que son: esposas del Rey.

Te das cuenta qué grandeza y qué honor es este?  A ellos ya se les ha dado en vida lo que nosotros tendremos después de esta vida, si Le somos fiel.

Debemos orar diariamente al Señor por ellos pues son los más atacados por el infierno ya que Le pertenecen a Él y como el demonio odia a Jesús, los odiará igual a ellos, quiere exterminarlos.

Alma como ves, un sacerdote (igual que nosotros los laicos) está en el mundo sin ser del mundo. Pero el sacerdote es tentado directamente por los ángeles caídos y nosotros por las almas malditas; hay una gran diferencia. Por eso Alma, ora y pide al Señor siempre, siempre por los sacerdotes. Hagamos la comunión de los santos suplicando por ellos al Padre, haciendo sacrificios, mortificaciones.

Alma, el sacerdote que le es fiel al Señor y que confía en Él (así como nuestro Padre Abrahám confío) podrá hacer las mismas cosas y más, que las que Jesús hizo durante esos benditos tres años de evangelización aquí en la tierra.

Ves ahora Alma porqué me duele tanto ver a una esposa del Hijo de Dios pasar sin identificación de lo que es?  Ves porqué lloro al ver que no se arrodillan al entrar a la casa de Dios?   De que algunos no quieren confesarte?   De que algunos huyen a dar una dirección espiritual?  Lloro por los que no son humildes, obedientes, silenciosos, pobres, castos. Porque según sea su vida diaria y según celebre la santa misa así es su espiritualidad, su entrega al Señor. Muchos de ellos no despiden ese perfume de Jesús, que deben despedir por ser esposas del Señor.

Alma sabemos que la Santa Misa que el sacerdote celebra es la ofrenda más grande y más poderosa que hay, es divina. Pero sabrás que también él debe ser hombre de oración, debería así como el santo cura de Ars, pasar horas frente al Santísimo.

Lloro al ver a sacerdotes vestidos como cualquier laico (cometen adulterio espiritual), en fiestas, de compras con compañía femenina como una simple pareja, aquellos que en su día libre no son sacerdotes, o gastando su tiempo organizando ferias, concursos, bingos, celebraciones que bien pueden organizar los laicos.


Sigamos Alma orando mucho para que el Señor nos envíe muchos y santos sacerdotes, por el crecimiento de las vocaciones sacerdotales ya que como casi no hay familias santas no hay vocaciones sacerdotales.
Alma los laicos somos en gran parte responsables por lo que le sucede a los sacerdotes porque no oramos lo suficiente por ellos que son el blanco de satanás. Pero como te dije anteriormente no solo pidamos por ellos con la oración sino también con la mortificación, buenas obras, muriendo a nosotros mismos, con súplicas y sacrificios.

SANTA MISA EN EL CENTRO COMERCIAL WESTLAND MALL


En esta entrada presento algunos momentos de la Eucaristía que se celebra en el centro comercial Westland de Vista Alegre de Arraiján el último domingo de mes.

En estas imágenes aparecen los padres Floro Ramirez, oficiando. Mientras que concelebran el padre Alirio Cepeda y el diácono Goardín Martinez. Los sacerdotes Paulinos invitan a todos aquellos visitantes y a la comunidad que no haya podido asistir a la Misa matutina de su respectiva Iglesia al acto de renovación de la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y a dar gracias por todos los favores recibidos. 









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Fotos y video: Narcisa Olayvar

NUEVOS INTEGRANTES MONAGUILLOS EN LA IGLESIA SAN NICOLÁS DE BARI

- Se trata de 4 niños de la comunidad que se integran al servicio del Altar - 



Durante el acto religioso dominical del 8 de Octubre celebrado en la Parroquia San Nicolás de Bari del distrito de Arraiján fueron presentados los nuevos integrantes del cuerpo de Monaguillos de esta Iglesia.


Tras ser seleccionados por haber culminado su proceso de formación, suben al Altar Doelis Gonsalez, Frank, Andres de León y Andres Gonzalez. Tres niños y una niña residentes de Arraiján cabecera.



Estos niños fueron instruidos por los coordinadores Julio Sánchez, David Marciaga y Josue Barcenas en un periodo de 4 meses donde les ofrecen enseñanzas para desempeñar esta importante función litúrgica en la que la comunidad se reúne para celebrar la Eucaristía y los Sacramentos.  

Que el Señor guarde a estos pequeños Monaguillos, semillas de sacerdotes y consagrados.








  





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 Fotos y videos: Cortesía

ADVERTENCIAS DEL MAS ALLA A LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA.

Parte 28

Por el Padre Arnold Renz


ERRORES SOBRE LA DIRECCIÓN DE LA IGLESIA



J:  Si todos los sacerdotes, sin excepción, reconociesen en un rayo de inteligencia donde está la Iglesia y cual es la situación general; estarían aterrorizados.  Se volverían inmediatamente, o por lo menos un gran número de entre ellos.  Pero no tienen este rayo de inteligencia, aunque crean que la Iglesia está guiada por el Espíritu Santo.

E:  ¡Di la verdad, por orden de la Santísima Virgen, y solamente la verdad!

J:   Estos sacerdotes se concentran sobre la nueva Iglesia. Consideran que, al fin y al cabo, ellos son la Iglesia, y que se puede modificar lo que les parezca bien, puesto que el Espíritu Santo está también en ellos. Pero de esa forma, olvidan que desobedecen al Papa, el jefe de la Iglesia, y que todo eso no proviene de él. Porque solamente por las palabras del Papa vendría la inspiración del Santo Espíritu, y no por las palabras que ellos quisieran reformar, y volver a su gusto (gruñe).

E: ¡Continúa Judas Iscariote, di por orden de la Santa Virgen lo que Ella te encarga decir, en nombre de...

J:  Naturalmente, lo que nosotros difundimos por medio de los cardenales, no viene de ninguna manera del Espíritu Santo.

E:  ¡Judas Iscariote, de la verdad, dí lo que la Santísima Virgen te encarga decir, continúa, en nombre de...!

J:  Algunos de ellos serán eliminados, como la hierba que perece -como se dice muy bien en el exorcismo- pero no todo será aniquilado.  Algunos comprenderán todavía...  Y los obispos -esto es también un hierro candente- los obispos...

E: ¡Di lo que tienes que decir por orden de la Santa Virgen!

J:  Yo he sido obispo. Si pudiera volverme atrás, yo haría mi tarea mejor, mil veces mejor. Los obispos...

E:  ¡Continúa por orden de la Santa Virgen!

J:  Sería mejor, que muchos obispos no fuesen obispos. Sería mejor, que fuesen de los más ínfimos laicos, en lugar de tener la palabra y llevar el báculo episcopal, porque para ellos, eso es más bien un camuflaje, y..

E:  ¡Di la verdad, en nombre de... di lo que tienes que decir de Su parte!

J:  ...llevan la máscara de lo bueno, pero debajo no hay más que gusanos y podredumbre.  Hasta para nosotros, es...

E:  ¡Di la verdad por orden de la Santísima Virgen, di lo que Ella quiere decirnos por tu mediación, Judas Iscariote, en nombre de...!

J:  Pero no quiero seguir hablando, no quiero hablar más.

E:  ¡Tienes que hablar por orden de la Santísima Virgen, y en nombre de...! ¡Lucifer no debe impedirte el que digas toda la verdad!

J:  Estoy harto... (murmura)

E:  ¡Di ahora la verdad en nombre de la Santa Virgen, y no lo que os gusta a vosotros!

J:  Tenemos que también decir esto. Tenemos que agregarlo para que haya un cuadro completo. Hay que subrayar como se relacionan las cosas, para que todos lleguen a comprenderlo. Pero ahora ya no quiero más, ya no quiero hablar más.

E:  ¡Di lo que tienes que decir de parte de la Santísima Virgen, llega hasta el final!

J:  No quiero hablar más, no quiero hablar más.

E:  ¡Lucifer no debe estorbarte!  ¡Continúa diciendo lo que la Santísima Virgen te encarga decir, en nombre de...!

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. CII: CÓMO SE REMEDIA LA FALTA DE UNIÓN.

Mensajes de Nuestro Señor Jesucristo a Sus hijos predilectos.


CII


Cómo se remedia la falta de unión



"¿Cómo se conjura esta falta de unión? --El día que mis Pastores y sacerdotes se transformen en Mí. ese día, con más razón y justicia, los súbditos me verán a Mí en los Pastores y en los Superiores; les será mas fácil acentuar esa vida de fe que deben tener siempre, al verme a Mí en los que mandan. Y los sacerdotes con los Pastores, y los Pastores y los sacerdotes entre sí, formarán un solo Jesús, se respetarán, se amarán y tendrán un solo corazón una única voluntad, por la unidad que tendrán en Mí y Conmigo, en mi adre y en el Espíritu Santo, es decir, por la unidad en la Trinidad.

Los Pastores me verán a Mí en los sacerdotes transformados en Mí y los sacerdotes me verán a Mí en sus Pastores, amándolos como si fueran Yo y obedeciéndolos como me obedecerían a Mí. Pero ya no solo con la fe que le exige esto; sino de hecho, visible y real, por la transformación de cada uno en Mí.

A la manera que en cada Hostia consagrada estoy Yo real y verdaderamente presente, y sólo quedan las especies; así quiero a todos mis sacerdotes Hostias, en el copón de mi Corazón; todos iguales, todos santos, todos puros, divinizados iguales, todos santos, todos puros, divinizados y poseídos del Espíritu Santo. Y más aún, todos uno, como Yo, que multiplicado en la Eucaristía, no dejo de ser uno solo en razón de mi unidad.

¡Qué unidad de las Hostias, en Mí, transformada la sustancia del pan en mi Cuerpo! Pues así quiero a mis sacerdotes; unos en mí sustancia y que desaparezca la criatura en el Creador, por la perfecta transformación en , y quede Yo en ellos, y obre exteriormente por su concurso, por ser Yo en ellos interiormente, para convertir y salvar.

Si uno de los míos están transformados en Mí y otros no lo están, aquellos deben ver a éstos con ojos de caridad y dulzura, corrigiendo, perdonando, aconsejando y hasta sufriendo en favor de los que no están transformados en Mí.

Entonces su papel es orar, orar al Padre, pedir, insistir y sacrificarse; porque a la oración unida al sacrificio todo se le concede.

Y ésta es la misión de los Pastores santos en favor de los suyos, como fue la mía. Y ésta es la misión de caridad que les obliga a los sacerdotes transformados en Mí, para con sus hermanos: misión de amor, de caridad aun en sus correcciones; siempre con un fin de amor ara salvarlos.

Otro punto importantísimo.
Si los sacerdotes tienen obligación de salvar a las almas, de ver por las almas y de sacrificarse por ellas, mayor deber tienen de impartir su ayuda en todos sentidos, oportuna e importúnamente, a los sacerdotes, sus hermanos, para su santificación.

Se ven casos, desgraciadamente, en que al árbol caído o por caerse se le abandona, se le desprecia aun se huye de él, sin tenderle la mano, sin un consejo, sin un aliento, sin evitarle ocasiones, como si fuera más que extraño y no tuvieran el deber de salvarlo. Si con todas las almas, repito, tienen os sacerdotes la obligación de impedir el mal, con cuánta mayor razón lo deben hacer con su misma familia sacerdotal, con los de su misma sangre, por decirlo así, con sus hermanos en el sacerdocio. ¡Hay tristes descuidos sobre el particular que Yo lamento!

Y no tan sólo a los Pastores les incumbe este deber de tender la mano a los sacerdotes caídos, por todos los medios que estén a su alcance; y si no tienen otros, por medio de la oración y de la penitencia, clamando al cielo hasta triunfar de Satanás y arrebatarle su presa, aunque el mundo ignore por quién se salvó aquella alma sacerdotal. Yo lo sabré.

Los prelados, los Párrocos y los Superiores en cualquier forma, se deben examinar y proponerse tener más cuidado y vigilancia, más solicitud y abnegación en este punto, cuando tengan siquiera sospechas de que hay algo no recto en alguno de los suyos, y eviten y corten las ocasiones. Y aquí de la prudencia divina más que de la humana, para arreglar con caridad estas cosas; hay que encubrirlas con amor, que es lo más discreto, lo más indulgente, lo que más ablanda los corazones.

Sin duda que --¡triste es para Mí decirlo!--no todos los sacerdotes querrán o procurarán transformarse en Mí, ni poner los medios porque implican sacrificio; y para estos casos los sacerdotes que son otros Yo deben hacer lo que he dicho: que el que pide, recibe y el que busca halla.

Y voy a descubrir una preciosa veta, un filón santo y explotable.

Siempre el Padre escucha a su Hijo; siempre lo atiende amoroso; siempre, obligado dulcemente por el amor a su Hijo, le concede lo que le pide hasta enviar al Espíritu Santo al mundo.

Pues bien, si mis sacerdotes son otros Yo, mi Padre me verá en ellos a Mí y entonces nada les negará de lo que le pidan. ¡Y, sobretodo, su petición debe ser la santificación y la salvación de los sacerdotes caídos, de los sacerdotes disipados, mundanos, tibios!

Los sacerdotes, como le decía a mi Padre, no son del mundo; supuesto lo cual, le pedí para ellos tantas y tantas gracias. Y para que desciendan sobre ellos, hay que arrancarlos del mundo, quitarles el mundo de sus corazones. ¡Y hay tantos modos de que el mundo entre casi sin sentirlo en el corazón de los sacerdotes, que no son, que no deben ser del mundo! Por esta hendidura se les va colocando Satanás para sensualizarlos y perderlos. y quitarles todo gusto y atractivo por lo divino.

¡El mundo, el mundo!... Si el mundo entra en el sacerdote, me retiro Yo, se retira el Espíritu Santo, contrario al mundo; y el Padre no ve ya en el sacerdote lo que le aseguré: "que no era del mundo". Y apartado de la Trinidad el sacerdote, ¿qué puede detenerlo hasta perderse? ¡Es muy delicado que el mundo entre en el corazón del sacerdote!  ¡Y entra tan quedamente, tan poco a poco, tan gota a gota, pero lo envenena al fin!

Por tanto, recomiendo encarecidamente a mis Pastores y sacerdotes su transformación en Mí y la caridad, como si fueran Yo mismo, para con mis sacerdotes amados; que compadezcan a los que no les preocupa su perfección y no ven en esta petición mía, sino exageraciones innecesarias para cumplir su misión y salvarse. Los habrá y más aún, habrá quien no crea, quien se oponga a esa perfección y santidad. Dirán que no todos son San Pablo; pero debieran serlo, porque todos mis  sacerdotes son vasos de elección, a todos les di la vocación de apóstoles y las gracias necesarias de estado para  llegar a una muy alta perfección.

Que no tuerzan mis designios sobre sus almas; que llenen su misión en la tierra; que sean perfectos como mi Padre Celestial es perfecto; porque son padres, porque han recibido la divina fecundación del Padre, porque no darán la medida que mi Padre anhela, ni tendrán atracción pura y santa para conquistar las almas, si no se transforman en Mí, por la purificación del pecado, por la práctica de las virtudes, por los dones gratuitos que regala el Espíritu Santo a quienes a Él se acercan, a los que anhelan cobijarse con su sombra y recibir su fecundación y poseerlo.

María se contrista por los sacerdotes tibios que no son otros Yo; y por esa Madre incomparable, les pido hoy una vez más y sin cansarme, a mis Pastores y a mis sacerdotes todos, todos, su perfecta y santa transformación en Mí, por el Espíritu Santo".









EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís