FRASES PARA SACERDOTES

"TODO LO QUE EL SACERDOTE VISTE, TIENE UNA BATALLA ESPIRITUAL". De: Marino Restrepo.

Una misa de campaña en medio de las bombas


Al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así como este Santo sacerdote quiero decir que primero sirvamos a Dios y después, a los hombres.

LA ESCALA ESPIRITUAL SAN CLÍMACO - PARTE 13 -


"LA ESCALERA DEL DIVINO ASCENSO"
DE SAN JUAN CLÍMACO




"Escala al Paraíso"
(Scala Paradisi, o Escala Espiritual)
Juan Clímaco.

Basada en la edición del Obispo Alejandro (Mileant)
Corrección e introducción: Rolando Castillo



Décimo Sexto Escalón: de la Avaricia y de la Pobreza.

1. Muchos doctos hombres ponen, después del tirano del cual tratamos, al espíritu de la avaricia, que tiene mil cabezas. Como no hay razón para que nosotros, pobres ignorantes, rompamos esa regla, hablaremos primero de esta enfermedad y luego de cómo remediarla.

2. La avaricia o codicia genera ídolos, es hija de la infidelidad, inventora de enfermedades, profeta de la vejez, generadora de la esterilidad de la tierra y del hambre por venir.

3. El avaro quebranta y escarnece al Evangelio. El caritativo reparte lo que tiene; pero el que dice reunir caridad y amor al dinero se engaña.

4. El que se aflige por sus pecados se olvida hasta de su propio cuerpo, y cuando la ocasión lo pide hasta lo castiga.

5. No digas que tú amasas dinero por amor a los pobres; recuerda aquella viuda que por dos pequeñas piezas compró el reino de los cielos.

7. El que ha vencido esta pasión ha llegado a la raíz de la inquietud; aquel que es cautivo de ella no logará jamás la oración pura.

8. El comienzo de la avaricia es pretender hacer limosna, y el fin es el odio a los pobres. Mientras adquiere riquezas el hombre es a veces misericordioso, pero cuando se ve rico aprieta las manos.

9. He visto a pobres de riquezas materiales, enriquecerse viviendo entre los pobres de espíritu.

10. El monje codicioso nunca está ocioso porque piensa constantemente en las palabras del Apóstol: "El que no trabaja no come" y "Estas manos ganaron de comer para mí y para todos los que me acompañan."

11. La pobreza destierra los cuidados, la seguridad en la vida, es cambiante y libre, puerta de la tristeza y guardián de los mandamientos.

12. El monje sin bienes es señor del mundo. Él ha confiado a Dios todas sus posesiones, y por la fe todo lo posee. No tiene necesidad de revelar a los hombres sus necesidades, todo lo que le ofrecen lo toma como proveniente de la mano de Dios.

13. El trabajador espiritual sin bienes es enemigo de todo apego, tiene sus cosas como si no fueran suyas, y cuando se retira a la soledad todo lo mirará como al estiércol. Pero el que se entristece por perder algo transitorio, no sabe aún de la verdadera desnudez.

14. El hombre sin posesiones es puro en su oración, pero el codicioso ora teniendo presente las cosas materiales.

15. Los que perseveran en la obediencia, están apartados de la codicia. Porque ¿qué cosa pueden poseer los que su propio cuerpo ofrecieron por amor a Dios?

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Sólo los afecta el que debe estar siempre pronto a mudar de lugar de residencia.

16. Yo he visto a monjes que alcanzaron la virtud de la paciencia por la ocasión que se les brindó al permanecer en un mismo lugar; pero tengo por más bienaventurados a los que por amor a Dios procuraron alcanzar esta virtud.

17. El que ha gustado de los bienes celestiales, fácilmente desprecia los de la tierra; mas el que no los ha probado alegrase con las posesiones terrenas.

18. El que de una manera desatinada pretende alcanzar la pobreza, sufre un doble daño: no goza de los bienes presentes y se privará de los futuros.

19. Cuidémonos., ¡Oh monjes! de no ser menos fieles y confiados que las aves, pues ellas viven, en efecto, sin afanarse y sin acumular nada.

20. Grande es aquel que por piedad renunció a lo que poseía, pero santo es el que renunció por propia voluntad. El primero recibirá cien veces más, sea en bienes temporales, sea en bienes espirituales; pero el otro recibirá la vida eterna por herencia.

21. Las olas jamás faltan en el mar, ni la ira y la tristeza en el corazón del avaro.

22. El que menosprecia los bienes materiales está libre de luchas y discordias, pero el avaro se batirá hasta la muerte por una aguja.

23. Una fe inquebrantable llega hasta las raíces, mas el recuerdo de la muerte nos hará negar nuestro propio cuerpo.

24. No hubo en Job ni rastro de amor a la riqueza, por eso al ser privado de todo, perseveró sin problemas.

25. El amor al dinero es raíz de todos los males. Las Escrituras dicen que engendra el odio, el hurto, la envidia, la muerte, las disputas, la enemistad, el rencor, la crueldad, la dureza del corazón.

26. Una chispa basta a veces para incendiar todo un bosque. Esta sola virtud (la pobreza) basta para desterrar todos los vicios mencionados. Y nace del amor a Dios y del recuerdo del juicio final.

27. Bien sabe el lector que la avaricia es la madre de muchos males, y que uno de sus hijos es la insensibilidad, porque logra que sus siervos, los avaros, sean duros como piedras ante las cosas de Dios.

Ya mencionamos que la madre de todos los vicios es la gula, y que sus hijas son la insensibilidad y la dureza de corazón; y habiendo ya tratado de aquélla y de la avaricia — que según definición de los padres ocupa el tercer lugar en la cadena de los ocho principales vicios —, hablaremos ahora de la insensibilidad, luego del sueño, de las vigilias y del temor, porque estas enfermedades suelen ser propias de los que comienzan a servir a Dios.


MENSAJES DE MEDJUGORJE - 2 de Diciembre de 2015



Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje 

Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.


Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)




Mensaje 2 de diciembre de 2015  - Mensagem dada a vidente Mirjana


“Queridos hijos, yo estoy siempre con vosotros, porque mi Hijo os ha confiado a mí. Y vosotros hijos míos, vosotros me necesitáis, me buscáis, venís a mí y alegráis mi Corazón materno. Yo tengo y siempre tendré amor para vosotros, para vosotros que sufrís y que ofrecéis vuestros dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor. Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y vosotros, mis hijos, su Iglesia. Por eso necesitamos orar mucho, orar y amar la Iglesia a la cual pertenecéis. Ahora la Iglesia está sufriendo y necesita apóstoles que, al amar la comunión, al testimoniar y dar, muestren los caminos de Dios. Necesita apóstoles que, viviendo la Eucaristía con el corazón, realicen grandes obras; necesita de vosotros, mis apóstoles del amor. Hijos míos, la Iglesia ha sido perseguida y traicionada desde sus inicios, pero ha crecido día a día. Es indestructible, porque mi Hijo le ha dado un corazón: la Eucaristía. La luz de Su Resurrección ha brillado y brillará sobre ella. ¡Por eso no temáis! Orad por vuestros pastores para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación. ¡Os doy las gracias! ”


MENSAJES DE MEDJUGORJE- 2 de Noviembre, 25 de Noviembre de 2015


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje 


Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.

Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)


Mensaje 25 de noviembre de 2015 

Queridos hijos! Hoy los llamo a todos: oren por mis intenciones. La paz está en peligro, por lo tanto, hijitos, oren y sean portadores de paz y esperanza en este mundo sin paz donde Satanás ataca y pone a prueba de todas las formas. Hijitos, sean fuertes en la oración y valientes en la fe. Yo estoy con ustedes e intercedo ante mi Hijo Jesús por todos ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”



Mensaje  2 de noviembre de 2015 - Mensagem dada a vidente Mirjana

“Queridos hijos, de nuevo quiero hablaros del amor. Os he reunido en torno a mí, en nombre de mi Hijo, según Su voluntad. Quiero que vuestra fe sea firme y que provenga del amor, porque mis hijos que comprenden el amor de mi Hijo, que lo siguen, viven en el amor y en la esperanza. Ellos han conocido el amor de Dios. Por eso, queridos hijos míos, orad, orad para poder amar más y para poder hacer actos de amor, porque la fe sin el amor, sin actos de amor, no es lo que busco de vosotros. Queridos hijos, esta no es la verdadera fe, esta es una falsa fe, esto es solo glorificarse a sí mismo. Mi Hijo busca el amor, los actos de amor, los gestos de amor y benevolencia. Yo oro y os pido también a vosotros orar y vivir el amor, porque quiero que mi Hijo, cuando mira los corazones de todos mis hijos, pueda reconocer y ver en ellos el amor y la benevolencia, no el odio ni la indiferencia. Queridos hijos, apóstoles de mi amor, no perdáis la esperanza, no perdáis la fuerza, vosotros podéis hacerlo. Yo os doy la fuerza y os bendigo, porque todas las cosas de esta tierra, que muchos hijos míos ponen desgraciadamente en el primer lugar, desaparecerán y permanecerán solo el amor y los gestos de amor que os abrirán la puerta del Reino de los Cielos. En esta puerta os esperaré, en esta puerta quiero ver y abrazar a todos mis hijos. Os doy las gracias. ”


LA SOTANA EN MI INFANCIA



 La sotana en mi infancia


Cuando pequeña nuestro sacerdote era el padre Leandro Uriarte (q. e.p.d.)
Era un sacerdote Español muy estricto en la catequesis con los niños y también al predicar el Evangelio desde aquel púlpito que estaba arriba subiendo una escalerita.

El padre Leandro cuando no estaba celebrando Misa revestido con su casulla, siempre usaba la sotana negra a donde fuera. Por eso yo siempre pensaba: “El padre es de Dios, es de la Iglesia, es diferente a todos los hombres”.

Lo mismo pensaba del padre Jesús de San Felieu (q.e.p.d.) quien reemplazó al padre Uriarte cuando tuvo que regresar a España, su país natal.

El padre de San Felieu (también Español) me administró los sacramentos de la Comunión, Confesión, y Matrimonio. Guardo un gran recuerdo y admiración por este sacerdote al cual siempre  veíamos con su sotana negra en todas partes, era muy activo.

Inspiraba respeto, admiración, tenacidad y yo seguía pensando que los sacerdotes eran hombres diferentes a los otros, había algo que me atraía y me hacía sentir esa admiración y respeto por aquel de la sotana negra. Estaba convencida que aquel que celebraba la Misa tenía la llave o la autoridad para todo lo de Dios, sabía que Lo representaba.

Claro que ahora de adulta sé que no todos los que la usan son santos o perfectamente fieles al Señor pero es lo que desean y lo que buscan, que es lo importante. Son soldados del Señor que se identifican con ese uniforme militar en primera fila de esta guerra espiritual y que cuando los vemos nos recuerdan a Dios, sabemos que Dios anda por allí y que el demonio huye al verlos vestidos asi.

 Satanás sabe que este es el hombre más poderoso sobre la tierra, el infierno huye y aulla cuando este hombre consagrado al Rey se empieza a revistir de Cristo con sus vestimentas sacerdotales para celebrar la Santa Misa pues los quema, conocen su poder. Y esto es casualmente lo que San Francisco le decía a sus monjes: “Id, y si es necesario usad las palabras”.

Aquellos hombres especiales y diferentes con vestido negro talar ( o por lo menos el cleryman o la camisa negra con cuello clerical) que irradiaban luz, que irradiaban esa fuerza misteriosa que nos hablaba de Dios con solo verlos pasar, son muy escasos hoy día ya que tristemente  desde mediado de los años 60 hacia acá, el demonio ha logrado junto con la cizaña por medio de la desobediencia privarnos de esa luz, de esa gracia.

No hay excusas, pero las razones son muchas: el modernismo, la nueva era, por el respeto humano, eso era en el pasado pero ahora no, etc.

No importan las razones, cada sacerdote responderá ante el Señor cuando los llame pues al que más se le da más se le exigirá.


¿POR QUÉ CONVIENE IR VESTIDO DE SACERDOTE?




El hábito eclesiástico es un signo de consagración para uno mismo, nos recuerda lo que somos, recuerda al mundo la existencia de Dios, hace bien a los creyentes que se alegran de ver ministros sagrados en la calle, supone una mortificación en tiempo caluroso.

El sacerdote al mirarse en el espejo o en una foto, y verse revestido de un hábito eclesiástico piensa: tú eres de Dios.

Bajo la sotana, el sacerdote viste como el común de los hombres. Pero revestido con su traje talar, su naturaleza humana queda cubierta por la consagración.

El que viste su hábito eclesiástico es como si dijera: el lote de mi heredad es el Señor.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro jersey, pantalones, calcetines y zapatos.

El hábito eclesiástico también es signo de pobreza que nos evita pensar en las modas del mundo. Es como si dijéramos al mundo: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

La vestimenta propia del sacerdote es la sotana. Pero el clériman también es un signo adecuado de consagración, manifestando esa separación entre lo profano y lo sagrado. Aunque el hábito eclesiástico propio del presbítero sea por excelencia la túnica talar, el clériman es un hábitus ecclesiasticus y todo lo que aquí se dice a favor de la sotana, se puede aplicar al clériman. En caso de que estas hojas las lea un religioso, evidentemente, lo dicho aquí de la sotana valdrá para su propio hábito religioso.


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¿POR QUÉ CONVIENE IR VESTIDO DE SACERDOTE?

Nos sorprenderíamos cuánta gente piensa en Dios, cuando en una ciudad populosa un sacerdote atraviesa las calles. Multiplicado por todos los días del año, el bien que hace vestir de clérigo es inmenso. Sin exagerar, al cabo de un año han reparado en él decenas de millares de personas. Y si un sacerdote anda por la calle recogido y en presencia de Dios, entonces se transforma en un instrumento para que los ángeles custodios les digan a sus protegidos: fijaos.

Un sacerdote con sotana por la calle es como un grito para los paganos. Un grito que les dice: ¡Dios existe! Ved aquí a uno de sus siervos. Por eso Satanás tiene tanto interés en que de la vía pública desaparezcan todos los signos que hacen referencia a Dios.

El amor reside en el corazón, no en el vestido. Pero el amor se desborda en multitud de detalles externos: uno de ellos es una vestidura de consagración.

Las vestiduras eclesiásticas son un constante recuerdo de la dignidad que nos ha sido conferida, del poder que ostentamos.

Alguien puede objetar que el hábito eclesiástico separa de los hermanos. Pero hay que recordar que el sacerdote es alguien segregado del resto de los hombres para el culto de Dios, para consagrarse a su servicio. Es la porción que Yahveh se ha separado para ejercer sus sagrados misterios.

Esos misterios sacrosantos son razón suficiente para que se te señale como en tiempos de Moisés se señaló un límite en torno al monte Sinaí porque era un monte santo. ¿Es acaso menos sagrado un sacerdote de Cristo que ese monte de la Antigua Ley?

El hábito eclesiástico ha sufrido modificaciones desde que comenzó a existir, pero siempre ha sido una tunica talaris a semejanza de aquellas que gloriosamente cubrieron a los doce primeros apóstoles.

Bien con un traje talar, bien con un clériman, vestimos como sacerdotes no porque nos apetezca o nos guste, sino porque nos lo pide la Iglesia. Ir vestidos como ministros de Dios es un modo de servirle.

Si eres un hombre que ha entregado su entera vida al Omnipotente como presbítero, ¿por qué no vestir como lo que eres?

Aunque en las tiendas diocesanas se vendan camisas de muy distintos colores, el color negro o el blanco (para lugares cálidos) son colores nobles y elegantes. Desgraciadamente son muchos los sacerdotes que visten combinaciones de prendas carentes de todo gusto. Van mal vestidos toda la vida y nadie se atreve a decírselo. Desde estas páginas, en nombre de Aquél a quien representan, les pido que vayan vestidos con dignidad y que no confundan el mal gusto con la pobreza.

¿Por qué el sacerdote no lleva una vestidura exactamente igual que la de Jesús? El que los sacerdotes no nos dejemos una barba y el pelo largo como el que la tradición atribuye a Jesús, y no llevemos una túnica y un manto como los que llevaban los judíos, creo que tiene una profunda razón teológica detrás. Llevamos un distintivo, un símbolo, que recuerda la túnica de nuestro Maestro. Pero esa túnica no trata de ser idéntica, ni lo intenta siquiera, para que se vea que nosotros somos meros continuadores suyos, pero que Él era único. Él era único, nosotros somos meros continuadores.



Algunas notas antes de proseguir


Historia de la vestidura eclesiástica

La historia de las vestiduras eclesiásticas que aquí aparece, y cuyo autor soy yo, se ofrece sin las notas a pie de página y sin el aparato de referencias que sería lógico en un trabajo académico. Se ha preferido hacer así, para ofrecer la esencia de toda la historia del traje clerical, sin necesidad de ofrecer todos y cada uno de los elementos menores que hubieran hecho mucho más extensa esta historia además de tener que detenerla una y otra vez ponderando cada uno de los detalles.

Jesús no vistió ninguna vestidura especial. Entra dentro de lo posible el que los sacerdotes judíos sí que tuvieran vestiduras clericales, pues constituían una casta. Pero, de acuerdo a lo que nos dicen las dos genealogías de los Evangelios, Jesús pertenecía al linaje de los reyes de Judá, no al de los descendientes de Leví. El Mesías no era un sacerdote del Antiguo Testamento. Además, Él comienza un nuevo sacerdocio.

Los Apóstoles, por tanto, tampoco llevaron ninguna prenda distintiva, ni tampoco sus sucesores. Obrar de otra manera, en medio de una persecución, hubiera sido una temeridad.

En las generaciones siguientes a que la Iglesia obtuviera su libertad, los clérigos siguieron llevando ropas que no les distinguían de los laicos. Si bien, en las celebraciones litúrgicas sí que iban revestidos con vestiduras especiales. Muy probablemente, los monjes sí que llevaban ropas que les distinguían como monjes.

Aunque el clero seguía vistiendo sin ropas especiales, poco a poco, en algunos lugares sí que se fue desarrollando un modo distintivo de vestir. En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban. La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes. Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.

Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar.

A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio. Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades.

El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne. Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad. Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema: cualquier mancha se ve con facilidad. Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.

Sin embargo, las dos tendencias que hoy día existen entre los que prefieren vestir de laicos y los que prefieren vestir como clérigos, son dos tendencias que las encontramos no ya desde la Edad Media, sino que es posible rastrearla desde la Edad Antigua.

Desde que el hábito eclesiástico se hizo obligatorio, encontramos a sacerdotes y aun obispos que han vestido como laicos, en más o en menos ocasiones. Insisto, incluso en la Edad Media.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla. Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos. Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito. Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas. Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito.

Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos. El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente. Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas. Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana. Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta.

Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica.

La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta. La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha. Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX. La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas. Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular. Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo. Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es el deseo de secularizar el hábito eclesiástico.

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla. Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento de del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época. Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados. Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero. Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras. Encima del chaleco, se llevaba una casaca. Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente. Hasta que en los años 70, apareció el clériman (también escrito clergyman). Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70.

Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias. La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular. Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva. Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos. Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorros que fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete. Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero.

El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante. Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa. Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta. Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron. En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo.

En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales. Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Dios del propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos. Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales. La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.


¿Es obligatorio para los clérigos la vestidura clerical?

Aunque aquí se manifiestan las razones para llevar los trajes clericales, el autor de estas líneas manifiesta la más completa comprensión hacia sus hermanos sacerdotes que no llevan esas vestiduras. Entiendo que mis ideas son difíciles de aceptar por todos aquellos que han sido formados desde el principio en seminarios en los que la idea esencial era de que lo importante es la cercanía con la gente y que, por tanto, todo signo de distinción conlleva separación, alejamiento y, por tanto, un mal cumplimiento del ministerio de ayuda al prójimo.

En este escrito, hablo de los argumentos a favor de los hábitos eclesiásticos, pero no me cuesta entender las razones contrarias a estos argumentos. Yo sostengo la postura aquí expuesta, simplemente porque que entre unas razones y otras, me convencen más las razones a favor del hábito eclesiástico. Pero no juzgo a los que portan ropas seculares habiendo tomado sobre sí un estado clerical. No juzgo, ni lo más mínimo, a los que se revisten de ropas laicales estando consagrados dentro del estado eclesiástico.

Creedme los que leéis estas líneas, no juzgo, no pienso mal, no digo en mi interior: qué sacerdote es éste tan mundano, qué secularizado está, que poco espiritual, qué desobediente. Si alguna vez he sentido la tentación de pensar eso –tentación-, me he contenido. Y si he consentido, me he arrepentido. Por el contrario, siempre pienso que cuando veo a alguien así, que ha sido formado en otra mentalidad. Ni juzgo, ni critico. Quede eso bien claro. He conocido a infinidad de buenos sacerdotes que no vestían de un modo clerical, sino como laicos. Y no sólo sacerdotes buenos, sino también inmejorables, verdaderos hombres de Dios, hombres santos que vistieron como laicos. Indudablemente, el modo en que hemos sido educados influye mucho el resto de nuestra vida.

Habiendo dejado claros mis pensamientos acerca de no juzgar, ante la pregunta si es obligatorio para los clérigos vestir de un modo eclesiástico: la respuesta es sí.

La ley de la Iglesia lo ordena. Y lo ordena con la autoridad recibida de Cristo. Cada clérigo debe vestir de acuerdo a las normas emanadas por su conferencia episcopal.

Pero independientemente de lo que diga la letra de las normas dados por cada conferencia episcopal, el espíritu de la ley universal, el espíritu de la norma dada desde hace más de un milenio, es que los clérigos vistan de un modo diferente al de los laicos.

La cuestión de cómo viste un clérigo no es una recomendación, sino que es una cuestión de obediencia al sentir de la Iglesia.

La razón esencial de esta norma, eso no hay que olvidarlo, es espiritual. Bueno también es recordar que, aun admitiéndose otras opciones aprobadas por la jerarquía, lo específico del traje clerical ha sido siempre el que se tratara de una túnica talar, en recuerdo de la túnica de Nuestro Señor Jesucristo y de sus Doce Apóstoles.



Detrás de las vestiduras hay toda una teología

La eterna cuestión acerca de cómo deben ir vestidos los clérigos, depende de qué consideramos que es el sacerdocio. En el fondo, detrás de esta cuestión sobre las vestiduras, hay todo un esquema teológico.

Unos consideran que el sacerdote debería ser un hombre normal, casado, con hijos y, preferiblemente, con un trabajo civil. De forma, que para ellos lo ideal sería que el sacerdote fuera un hombre normal con un trabajo secular, que se dedica a las cosas de la Iglesia en el fin de semana.

Frente a esta idea de un sacerdote del mundo, está la concepción del sacerdocio como consagración. El sacerdote que reza su breviario, que dedica tiempo generoso a la oración, que está dedicado al 100% a las cosas de Dios y de su Iglesia.

En el fondo, unos quieren un sacerdote que está en el mundo, es del mundo y es como todo el mundo, mientras que en la otra concepción el sacerdote está en el mundo sin ser del mundo.

Estas dos concepciones del sacerdocio son las que tienen su expresión en una u otra forma de vestir. Pero en el fondo, una visión del sacerdote es una visión bastante humana, en la que lo esencial es la caridad, la ayuda al prójimo. En la otra visión, el sacerdote ante todo es el hombre de Dios, el hombre que administra su gracia.

Aunque la raíz por la que unos defienden o atacan los trajes clericales, depende al final de qué es lo que consideramos que es la Iglesia, conviene considerar un detalle. Los protestantes, al principio, atacaron con saña todo tipo de vestidura que distinguiera a los pastores del resto de los creyentes. Durante muchas generaciones no hubo vestidura alguna entre sus pastores, pues se cargaron mucho las tintas en que esta costumbre era ajena a la Biblia. Pero hoy día, cuatro siglos después, la mayor parte de esas denominaciones han restaurado trajes eclesiásticos, al menos, para las ocasiones solemnes. Y, por supuesto, los trajes litúrgicos fueron restaurados mucho antes que los eclesiásticos.

La iglesia ortodoxa se separó y se mantuvo bastante incomunicada de la católica durante mil años. Y, sin embargo, el Espíritu Santo la llevó por el mismo camino que la Católica en este tema. Y no sólo eso, sino que incluso la hechura de sus vestiduras eclesiásticas es casi igual. Más sorprendente resulta que incluso en color coincida, y vayan de negro.


Algunas consideraciones antes de acabar

A la gente le gusta ver al policía vestido con su uniforme, al juez revestido con su toga, al médico con su bata. La autoridad de esas personas con autoridad no está conferida por las vestiduras. Pero las vestiduras, sin duda, son una gran ayuda. La realidad de este hecho va allá de lo que diga cualquier postura teológica.

La razón principal de que hayan de existir unas vestiduras clericales, radica en la necesidad de distinguir lo sagrado de lo profano. ¿Consideramos al sacerdote un hombre más, o un hombre sagrado? Si es un hombre más, aunque nos de buen ejemplo, aunque ayude a los demás, no es necesaria una vestidura clerical.

Si consideramos al sacerdote como el portador de unos poderes sacramentales dados por Jesucristo, como el portador de una autoridad sagrada sobre el Pueblo de Dios, como el hombre que se ha consagrado al 100% a Dios y que por tanto él mismo pasa a ser algo de Dios, entonces sí que es necesario distinguir a ese ser humano de lo profano.

Esta necesidad de distinguir entre lo sacrum y lo profanum es general. Por ejemplo, ¿cómo distinguimos una mesa normal de un altar? Por su hechura, por los materiales, por los signos distintivos que hemos colocado. ¿Cómo distinguimos una copa normal de un cáliz? ¿Cómo distinguimos una casa normal de la Casa de Dios? ¿Cómo distinguimos el aceite normal puesto en un envase, del Santo Crisma puesto en otro envase? En todos estos casos, lo sagrado de lo profano se distingue por los signos. Lo mismo sucede para distinguir entre la persona sagrada y el laico.

Otra cosa distinta es que no aceptemos que el sacerdote es una persona sagrada. Pero decir eso sería ir contra la enseñanza del mismo Dios en la Sagrada Escritura, donde en innumerables sitios indicó que los sacerdotes eran personas sagradas porque eran cosa suya. Y eso que hablaba del sacerdocio veterotestamentario que era inferior al del Nuevo Testamento. Pero, aun así, en el Antiguo Testamento indica con todo detalle cómo serán las vestiduras litúrgicas del sacerdote. Como se ve por la Biblia, a Dios no le da lo mismo el tema de las vestiduras.

¿Pero por qué no se indican vestiduras clericales para los levitas, sino sólo las cultuales? Eso se debe a que el levita fuera del Templo, era una persona normal con su familia, sus hijos y su trabajo. Del mismo modo que no vestimos con sotana a un diácono permanente, tampoco lo hizo Dios con los levitas. No tendría sentido que un diácono permanente trabajara como panadero y que llevara su sotana todo el día.

Pero hecha esta explicación, vemos que a Dios no sólo no le es indiferente el tema de las vestiduras eclesiásticas, sino que Él mismo determina todos y cada uno de los detalles de las vestiduras cultuales, incluso de los calzones: formas, colores, número de prendas, materiales de los que se harán. La idea de que todo esto le es indiferente a Dios, está directamente contradicha por la Palabra del Altísimo.

Pero, en definitiva, la pregunta de antes sigue resonando: ¿qué es el sacerdote? ¿Un mero animador de la comunidad? ¿Un mero trabajador de obras de caridad? ¿Un mero pastor en el sentido protestante? Si el poder del que dirige una comunidad, proviene de que ha sido elegido por votación por sus fieles, no es necesaria una distinción entre lo sagrado y lo profano. El párroco posee una autoridad sagrada que proviene no de sus fieles, sino de Cristo a través de su obispo.

Autoridad sagrada, porque por ejemplo un gobernante de una nación tiene un poder, una autoridad, pero no es sagrada. Se trata de una autoridad profana, secular, cuyos límites y condiciones vienen dadas por la voluntad popular y la Ley Natural.


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Los sacerdotes de la Iglesia Católica deben ir vestidos con clergyman y si lo prefieren con sotana. Por supuesto esto no deja de ser una formalidad, pero que tiene su sentido teológico e histórico.

Antes de nada hay que decir que la sotana es una vestimenta típica de los sacerdotes católicos. Es una pieza de tela, por lo general negra, que llega hasta los pies. Por la parte de las piernas es similar a una túnica, pero unida a la parte del torso, formando una pieza única. Tiene botones por la parte delantera, para que se pueda poner y quitar.

En la iglesia católica de rito latino la sotana es negra para sacerdotes, diáconos y, en ocasiones, seminaristas; mientras que para los obispos y algunos monseñores es morada; para los cardenales es roja y para el Papa blanca. Sin embargo, para uso habitual, los obispos y cardenales usan sotana negra, conservando sólo algunas partes de ella (los botones, bordes y el fajín) del color que les corresponde.

En algunos países de clima más cálido la Conferencia Episcopal ha aprobado el uso de la sotana blanca tanto para obispos y cardenales como para sacerdotes.

Argumentos a favor de su uso: “El hábito eclesiástico es un signo de consagración para uno mismo, nos recuerda lo que somos, recuerda al mundo la existencia de Dios, hace bien a los creyentes que se alegran de ver ministros sagrados en la calle, supone una mortificación en tiempo caluroso. El sacerdote al mirarse en el espejo o en una foto, y verse revestido de un hábito eclesiástico piensa: tú eres de Dios.

Bajo la sotana, el sacerdote viste como el común de los hombres. Pero revestido con su traje talar, su naturaleza humana queda cubierta por la consagración. El que viste su hábito eclesiástico es como si dijera: el lote de mi heredad es el Señor.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro jersey, pantalones, calcetines y zapatos. El hábito eclesiástico también es signo de pobreza que nos evita pensar en las modas del mundo. Es como si dijéramos al mundo: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

La vestimenta propia del sacerdote es la sotana. Pero el clériman también es un signo adecuado de consagración, manifestando esa separación entre lo profano y lo sagrado. Aunque el hábito eclesiástico propio del presbítero sea por excelencia la túnica talar, el clériman es un hábitus ecclesiasticus y todo lo que aquí se dice a favor de la sotana, se puede aplicar al clériman. En caso de que estas hojas las lea un religioso, evidentemente, lo dicho aquí de la sotana valdrá para su propio hábito religioso.

Nos sorprenderíamos cuánta gente piensa en Dios, cuando en una ciudad populosa un sacerdote atraviesa las calles. Multiplicado por todos los días del año, el bien que hace vestir de clérigo es inmenso. Sin exagerar, al cabo de un año han reparado en él decenas de millares de personas. Y si un sacerdote anda por la calle recogido y en presencia de Dios, entonces se transforma en un instrumento para que los ángeles custodios les digan a sus protegidos: fijaos.

Un sacerdote con sotana por la calle es como un grito para los paganos. Un grito que les dice: ¡Dios existe! Ved aquí a uno de sus siervos. Por eso Satanás tiene tanto interés en que de la vía pública desaparezcan todos los signos que hacen referencia a Dios. El amor reside en el corazón, no en el vestido. Pero el amor se desborda en multitud de detalles externos: uno de ellos es una vestidura de consagración.

Las vestiduras eclesiásticas son un constante recuerdo de la dignidad que nos ha sido conferida, del poder que ostentamos. Alguien puede objetar que el hábito eclesiástico separa de los hermanos. Pero hay que recordar que el sacerdote es alguien segregado del resto de los hombres para el culto de Dios, para consagrarse a su servicio. Es la porción que Yahveh se ha separado para ejercer sus sagrados misterios.

Esos misterios sacrosantos son razón suficiente para que se te señale como en tiempos de Moisés se señaló un límite en torno al monte Sinaí porque era un monte santo. ¿Es acaso menos sagrado un sacerdote de Cristo que ese monte de la Antigua Ley?

El hábito eclesiástico ha sufrido modificaciones desde que comenzó a existir, pero siempre ha sido una tunica talaris a semejanza de aquellas que gloriosamente cubrieron a los doce primeros apóstoles. Bien con un traje talar, bien con un clériman, vestimos como sacerdotes no porque nos apetezca o nos guste, sino porque nos lo pide la Iglesia. Ir vestidos como ministros de Dios es un modo de servirle.

Si eres un hombre que ha entregado su entera vida al Omnipotente como presbítero, ¿por qué no vestir como lo que eres?

"Da gracias continuas a Dios por ser hijo de la Iglesia, a ejemplo de tantas almas que nos han precedido en el feliz tránsito". (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

Aunque en las tiendas diocesanas se vendan camisas de muy distintos colores, el color negro o el blanco (para lugares cálidos) son colores nobles y elegantes. Desgraciadamente son muchos los sacerdotes que visten combinaciones de prendas carentes de todo gusto. Van mal vestidos toda la vida y nadie se atreve a decírselo. Desde estas páginas, en nombre de Aquél a quien representan, les pido que vayan vestidos con dignidad y que no confundan el mal gusto con la pobreza.

¿Por qué el sacerdote no lleva una vestidura exactamente igual que la de Jesús? El que los sacerdotes no nos dejemos una barba y el pelo largo como el que la tradición atribuye a Jesús, y no llevemos una túnica y un manto como los que llevaban los judíos, creo que tiene una profunda razón teológica detrás. Llevamos un distintivo, un símbolo, que recuerda la túnica de nuestro Maestro. Pero esa túnica no trata de ser idéntica, ni lo intenta siquiera, para que se vea que nosotros somos meros continuadores suyos, pero que Él era único. Él era único, nosotros somos meros continuadores”. Padre Fortea

Sres. Cardenales, Eminencias Reverendísimas - 2013


Aquí el testimonio de una Hermana católica consagrada – Oct. 2013 - Argentina 

Le cuento mi experiencia: desde que tengo hábito a diario en la calle me paran para pedirme oraciones, contarme algún problema, pedirme algún consejo, etc., también para agredirme verbalmente pero las más de las veces ha dado ocasión para entablar un diálogo. Recientemente, en esta semana, me imagino que será por el impulso del Papa Francisco a los jóvenes y la JMJ, me ha pasado que en las calles de Rosario (S.F.). las jóvenes me saludan: ¡Chau hermana! ¡Que Dios te bendiga hermana! Hermoso. Sobre todo los niños miran y preguntan y me ha dado pie para hacer una pequeña catequesis callejera. Alguna me ha confundido a gritos con el "Hada Madrina" pero luego ha comprendido la diferencia... Sinceramente cuando vestía de seglar no recuerdo que nadie espontáneamente se me haya acercado en referencia a Dios, a lo sumo para pedirme la hora o preguntarme por alguna dirección. En USA también he sido testigo ocular del testimonio de Padres que por llevar un traje sacerdotal le han pedido confesión de decenas de años sin hacerlo o ha sido ocasión para que les llamaran para absolver a un moribundo en accidente de tráfico, tiroteos...


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La belleza camino hacia Dios - Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. ??? Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficientes para sí mismos y para sus familiares es un derecho que a todos corresponde. Es este el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto, no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: “Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas”, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos. Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual “Gaudium et Spes”.


RECOPILACIONES: conocereisdeverdad.com/

¿POR QUÉ HAY QUE ARRODILLARSE DURANTE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA?


En el momento de la consagración, ¿se puede permanecer de pie?



He notado, en Misa, una tendencia. Quizás me equivoque, pero me parece que la actitud de arrodillarse en algunos momentos de la Misa se está perdiendo. Es algo que estoy viendo en varias iglesias: en el momento de la consagración, muchos permanecen de pie, alguno se sienta, unos pocos se arrodillan. Lo mismo después de la Comunión. ¿Es sólo una impresión mía? ¿Es algo aceptable? ¿O es un gesto litúrgico y debería respetarse (a menos que una persona no tenga impedimentos reales)? (Marco Filippi)



Responde Roberto Gulino, profesor de liturgia

Por desgracia no es sólo una impresión de nuestro amigo lector: a menudo se asiste, durante las liturgias eucarísticas, a una variedad de comportamientos que indican la poca conciencia de lo que hacemos más que la celebración de una acción sacramental comunitaria.

Hay quien durante el canto se calla (aunque conozca el texto y la melodía), quien prefiere recitar el Gloria, el Credo o el Padrenuestro susurrando – “Para rezar mejor, interiormente…”, eso dicen – o quien decide personalmente qué postura seguir y cuál evitar (“Sabe, padre, yo después de la comunión ya no me levanto hasta que salgo de la Iglesia, me quedo sentada, creo que es mejor estar en intimidad con Jesús …”).

Haciendo así, sin embargo, olvidamos – o muchas veces ni sabemos – que la naturaleza profunda y más íntima de la liturgia es precisamente ser oración de la Iglesia, es decir, del cuerpo místico de Cristo, que en el Espíritu Santo está siempre vuelto al Padre.

Esta esencia “eclesial” de la liturgia nos pide que participemos en la celebración con una atención comunitaria, rezando juntos con las mismas palabras y con los mismos gestos, insertándonos completamente en la oración de toda la comunidad que, con un solo corazón y una sola alma, celebra a su Señor.

Por eso, en una celebración litúrgica como la Misa, o en las demás acciones sacramentales – bautismo, confirmación, matrimonio, exequias… – “la actitud común del cuerpo, que deben observar todos los participantes, es signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana reunidos para la sagrada liturgia: manifiesta de hecho y favorece la intención y los sentimientos del alma de quienes participan” (Ordenamiento General del Misal Romano, n° 42).

Es necesario por tanto rezar juntos y realizar comunitariamente los mismos gestos como signo de comunión y para vivir la dimensión eclesial de la oración litúrgica (diversa de la oración personal).

Lo dicho hasta ahora vale también, y sobre todo, para la postura de rodillas: la Iglesia nos pide, a través de las indicaciones contenidas en el OGMR n° 43, arrodillarnos en el momento de la consagración. Estamos en el corazón de la plegaria eucarística: el pan y el vino se convierten – a través de la invocación del Espíritu Santo y las palabras de la institución – en el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús.

En este momento también nuestro cuerpo es invitado a expresar en la oración toda la adoración, el respeto y la reverencia por la grandeza del amor de Dios que se renueva en el don total de Cristo en la cruz y en su hacerse alimento por nosotros en su Cuerpo y su Sangre. Y frente a tanta grandeza, de rodillas, queremos expresar también nuestra pequeñez, nuestra humildad, nuestra necesidad de acoger Su Don para nuestra salvación.

Claramente no siempre es posible que todos se pongan de rodillas: baste pensar en motivos ligados a la edad, a problemas de salud o a circunstancias ligadas al lugar de la celebración (demasiado pequeño o demasiado lleno de gente)[El autor tampoco entra a valorar aquí casos en los que se han concedido excepciones singulares, como el Camino Neocatecumenal u otros, n.d.e.]


FUENTE: es.aleteia.org/


¿CÓMO DISTINGUIR ENTRE EL SANTO TEMOR DE DIOS Y LOS ESCRÚPULOS?




25. XI. MMX María Lourdes Quinn


Le dice el Buen Ladrón al otro malhechor crucificado con el Señor en el Evangelio de la Solemnidad de Cristo Rey [21.11.2010]: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio?” (Lc. 23, 40) Más debemos temer perder a Dios por nuestros pecados que la muerte física, y ese Buen Ladrón, alcanzado por la gracia divina, lo comprendió.

Explica el Bto. Papa Juan Pablo II: “Esté siempre vivo en vuestros corazones ‘el temor de Dios’. Este es el ‘principio de la sabiduría’ (cf. Sal 110 (111), 10). Y de la sabiduría nace el ‘amor’.” (Homilía del 12.10.1984) Sta. Catalina de Alejandría era muy inteligente, pero fue su temor de ofender a Dios lo que le llenó de sabiduría para poder confirmar su amor en el martirio. “El amor perfecto echa fuera el temor” (1 Jn. 4, 18), y por eso su amor de Dios le llenaba de paz, como a los primeros cristianos. “La Iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaría. Se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y crecía con el consuelo del Espíritu Santo.” (Hechos 9, 31)

En cambio, los escrúpulos: “Son como espinas, que no dejan al alma reposar y sosegar en Dios y gozar de la verdadera paz.” (S. Pedro de Alcántara, “Tratado de la oración y meditación”, II,3).


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Un lector Alberto, tras leer el post “10 mandamientos para los escrupulosos”escribe con una duda sobre los escrúpulos:

“…tuve relaciones sexuales [con diferentes mujeres] y ahora me viene la duda por saber si tuvieron un hijo y me da ganas de ir a preguntarles, pero … mi director espiritual que es mi confesor también me dice que no tengo que averiguar nada, pero a mí me da la idea de que si no pregunto puede haber un hijo mío dando vueltas y del cual no me responsabilizocometiendo un pecado grave y por lo tanto merecedor de infierno. ¿Es esto último un escrúpulo?

¿Cómo sé si es un escrúpulo? Vos definiste al escrúpulo como “la duda irrazonable sobre la moralidad de un acto hecho o por hacer”. En lo que yo entiendo, si tu definición es válida, yo sería escrupuloso porque no sé si un cierto acto por hacer, que sería no averiguar nada […], es moral o no.

Espero me respondas lo antes posible. Así puedo definir si mi problema son nada más que escrúpulos, con lo que me quedaría abandonarme en mi director espiritual.”

El post mencionado por Alberto incluye información sobre la escrupulosidad, que llena a uno de temor en vez de amor. En este enlace: “Los escrúpulos”, el P. Fortea explica lo que son. Quizás ayude, además, recordar que esto es lo que dice el “Catecismo de la Iglesia Católica” sobre lo que constituye un pecado mortal (por el cual se condena uno al Infierno) y un pecado venial:

“1857. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: ‘Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento’ (RP 17).”

“1862 Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.”

Su director espiritual le ayudará a discernir sus pecados y si es escrupuloso. Le hará mucho bien confiar en él, como recomienda S. Josemaría Escrivá: “¡Todavía los escrúpulos! Habla con sencillez y claridad a tu Director.Obedece… y no empequeñezcas el Corazón amorosísimo del Señor.” (“Camino”, n. 259). Añade el P. Jorge Loring, S.I., en “Para Salvarte”, edición 59, 56, 9:

“Deben buscarse [los escrupulosos] un sacerdote de su confianza, y dejarse dirigir por él. Ten en cuenta que el sacerdote es una persona preparada para estos temas, y además imparcial. Si él ve que eres culpable, te pide arrepentimiento y te perdona. Pero si él ve que son escrúpulos irresponsables, no los quiere fomentar. La solución está en que te fíes de lo que te dice el sacerdote, más de lo que tú sientas. Hay que dejar claro que los escrúpulos, generalmente, pueden curarse, si la persona escrupulosa es dócil a los consejos de su director espiritual” (V.M.O’Flaherty, S.I.: “Cómo curar escrúpulos”, I. Ed. Sal Terrae. Santander.1968)

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Amor y temor de Dios van mano a mano, y nos dice Sta. Teresa de Jesús: “Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios” (“Camino de perfección”, 40, 2) Debemos apoyarnos sobre ambos, como explica la Doctora de la Iglesia:

“Es fuego grande [el amor], no puede sino dar gran resplandor. Y si esto no hay, anden con gran recelo, crean que tienen bien que temer, procuren entender qué es, hagan oraciones, anden con humildad y supliquen al Señor no los traiga en tentación; que, cierto, a no haber esta señal, yo temo que andamos en ella. Mas andando con humildad, procurando saber la verdad, sujetas al confesor y tratando con él con verdad y llaneza, que, -como está dicho-, con lo que el demonio os pensare dar la muerte os da la vida, aunque más cocos e ilusiones os quiera hacer.

Mas si sentís este amor de Dios que tengo dicho y el temor que ahora diré,andad alegres y quietas, que por haceros turbar el alma para que no goce tan grandes bienes, os pondrá el demonio mil temores falsos y hará que otros os los pongan.

[…]Plega a Su Majestad nos le dé [el amor de Dios] antes que nos saque de esta vida, porque será gran cosa a la hora de la muerte ver que vamos a ser juzgadas de quien habemos amado sobre todas las cosas. Seguras podremos ir con el pleito de nuestras deudas. No será ir a tierra extraña, sino propia, pues es a la de quien tanto amamos y nos ama. Acordaos, hijas mías, aquí de la ganancia que trae este amor consigo y de la pérdida no le tener, que nos pone en manos del tentador, en manos tan crueles, manos tan enemigas de todo bien y tan amigas de todo mal.” (“Camino de perfección”, 40, 4-5, 8)

Que nos anime siempre lo que proclama la Ssma. Virgen María en su “Magnificat”:“Su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen.” (Lc. 1, 50)


Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Cómo cree que se puede saber si uno es escrupuloso? ¿Cómo es el santo temor de Dios diferente de los escrúpulos?

Siguiente post – S. Juan Berchmanns – “en cambio, éste no ha faltado en nada” (Lc. 23, 41)


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El Temor de Dios es un don del Espíritu Santo y no tiene nada que ver con el miedo o la repulsa. El temor de Dios parte de la admiración reverente de Aquello que nos sobrepasa de manera infinita.

Suelo poner el ejemplo de lo se siente cuando uno está al lado de una inmensa montaña. La mira y la admira y se siente diminuto frente a la mole de tierra y roca que tiene a unos metros suya. El temor de Dios es infinitamente veces superior.

Los escrúpulos son temores o miedos que parten de nuestra ignorancia o incapacidad de comprensión. Son casi inconsciente y se manifiestan alejándonos de Dios. Por eso hay que cuidar que no aniden en nuestro corazón.


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"Los escrúpulos"que el P. Fortea explica mejor que yo lo que son. Dice que el escrupuloso suele pensar que está pecando, cuando no lo está haciendo.

"La persona sufre de un constante y perturbardor miedo a pecar acompañado de ansiedad, se pregunta si está haciendo bien las confesiones. Las confesiones se vuelven minuciosas y largas con acusaciones de circunstancias que no vienen al caso, y al final acaban por no tranquilizar a la conciencia. Si los escrúpulos son muy intensos y duran años, entonces tienen una causa patológica y el confesor puede remitir al penitente a un psiquiatra. Pero fuera de los casos en que se dan estas dos características (años e intensidad) los escrúpulos son sufridos en algún momento dado de la vida por casi todas las personas que han comenzado el camino de perfección. Ya lo decía el Cura de Ars que cuando una persona se decide a seguir a Cristo con todas sus fuerzas, el demonio le tentará de escrúpulos durante un tiempo para hacerle desagradable el seguimiento del Evangelio".

El resto del artículo es muy interesante y da la esperanza de que pueden desaparecer de repente.

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El santo temor de Dios es un don del Espíritu Santo,y,por tanto su vivencia es positiva y hace crecer, desde la conversión, el arrepentimiento, la reconsideración de ciertas actitudes, desde la confianza.

El escrúpulo moral tiende a anular y reducir el horizonte vital de la persona, es un gesto de desconfianza al amor misericordioso de Dios anteponiendo el efecto pernicioso del pecado a la misericordia amorosa del Padre.


"Por sus frutos los reconoceréis".

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Citas del santo P. Pio de Pietrelcina, que se pasaba muchas veces más de 15 horas en el confesionario, confesando a la gente que acudía a él:

1) "Reza, ten fe y no te preocupes."

2) "Caminad sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu"

3) "La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios"

4) "Mantente siempre con alegría en paz con tu conciencia, dándote cuenta de que estás al servicio de un Padre infinitamente bueno, que, impulsado sólo por su ternura, desciende hasta su criatura para elevarla y transformarla en él, su Creador."

5) "La paz es la sencillez del corazón, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, un vínculo de amor. La paz significa el orden, la armonía en todo nuestro ser; significa la permanente aceptación serena que proviene de una buena conciencia; es la santa alegría del corazón donde Dios reina. La paz es el camino hacia la perfección; realmente sólo en la fe se puede encontrar la perfección. El demonio, que sabe muy bien todo esto; hace todo lo posible para que perdamos la paz."

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El temor de Dios no es miedo en el sentido de miedo a un tirano, sino más bien como el de un niño que ama mucho a su padre y teme separarse de él porque le quiere tanto, el de un alma enamorada que teme no poder estar con la persona que más ama.

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Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, doctor de la Iglesia Católia - Ms A, 2rº-vº

El misterio de la vocación - Sólo pretendo una cosa: comenzar a cantar lo que un día repetiré por toda la eternidad: «¡¡¡Las misericordias del Señor!!!» (Sl 88,1)...

Abriendo el Evangelio, mis ojos se encontraron con estas palabras: «Subió Jesús a una montaña y fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él» (San Marcos, cap. II, v. 13). He ahí el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y, sobre todo, el misterio de los privilegios que Jesús ha querido dispensar a mi alma... El no llama a los que son dignos, sino a los que él quiere, o, como dice san Pablo: «Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es, pues, cosa del que quiere o del que se afana, sino de Dios que es misericordioso» (Rm 9, 15-16).

Durante mucho tiempo me he preguntado por qué tenía Dios preferencias, por qué no recibían todas las almas las gracias en igual medida. Me extrañaba verle prodigar favores extraordinarios a los santos que le habían ofendido, como san Pablo o san Agustín, a los que forzaba, por así decirlo, a recibir sus gracias; y cuando leía la vida de aquellos santos a los que el Señor quiso acariciar desde la cuna hasta el sepulcro, retirando de su camino todos los obstáculos que pudieran impedirles elevarse hacia él... Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas... El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos...

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“Cuando Pedro, lleno de audacia, anda sobre el mar, sus pasos tiemblan, pero su afecto se refuerza...; sus pies se hunden, pero él se coge a la mano de Cristo. La fe le sostiene cuando percibe que las olas se abren; turbado por la tempestad, se asegura en su amor por el Salvador. Pedro camina sobre el mar movido más por su afecto que por sus pies... No mira donde pondrá sus pies; no ve más que el rastro de los pasos de aquel que ama. Desde la barca, donde estaba seguro, ha visto a su Maestro y, guiado por su amor, se pone en el mar. Ya no ve el mar, ve tan sólo a Jesús. San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia”. Sermón que se le atribuye, Apéndice nº 192; PL 39, 2100 †

"Para que las riquezas de la creación sean conservadas, valorizadas y puestas a disposición de todos, como don precioso de Dios a la humanidad". S.S. Benedicto XVI. Enero 01 del 2011 gracias por venir a visitarnos


Santa Faustina Kowalska (1905-1938),  religiosa

Diario, § 72 - «Dolido de su obstinación» - Jesús, Verdad eterna, vida nuestra, te suplico y mendigo tu misericordia para los pobres pecadores. Dulcísimo Corazón de mi Señor, lleno de piedad y misericordia inefable, te suplico para los pobres pecadores. Oh Corazón sacratísimo, fuente de misericordia cuyos rayos de gracias inconcebibles se extienden sobre todo el género humano, te lo suplico, da luz a los pobres pecadores. Oh Jesús, acuérdate de tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan las almas rescatadas con el precio de tu sangre santísima. Jesús, cuando contemplo el don de tu sangre, me gozo de su inestimable valor, porque una sola gota hubiera sido suficiente para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado sea un abismo de mal y de ingratitud, el precio que has pagado por nosotros es sin medida –y es por ello que cada alma puede confiar en la Pasión del Señor y poner toda su esperanza en su misericordia. Dios no negará a nadie su misericordia. El cielo y la tierra pueden cambiar, pero la misericordia del Señor jamás se agotará (cf Mt 24,35). Oh, cómo arde de gozo mi corazón cuando veo, oh mi Jesús, tu inconcebible bondad. Deseo hacer llegar a todos los pecadores a tus pies para que alaben tu amor infinito por siglos sin fin. †

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís