FRASES PARA SACERDOTES

"Ninguna mujer debe pisar el Altar".

(Las almas del Purgatorio a María Simma)

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

ORACIONES POR LOS SACERDOTES


Capturas








LA CASTIDAD DEL SACERDOTE COMO LA DE LOS ÁNGELES



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Queridos hermanos, el profesor de teología en una clase de espiritualidad comentando lo que San Ignacio de Loyola había dicho respecto a los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, comentaba respecto a la castidad: Todo lo que dijo San Ignacio sobre la castidad era que la castidad del sacerdote debía ser como la de los ángeles, pero claro, sobre esto habría que decir mucho, apostilló el profesor jesuita.

Pues no hay que decir nada más. Se ha dicho todo de una manera perfecta y sabia. Inmejorable tratado sobre la castidad escrito por San Ignacio: como la de los ángeles. No se puede decir mejor, ni más claro, ni ser más verdad. Tratado completo y exhaustivo, verdadero compendio de moral para el sacerdote y el candidato al sacerdocio. Todo lo que se diga de más de lo ya dicho va en detrimento de la verdad, con el peligro inminente de enturbiar tal verdad, oscureciéndola y desvirtuándola. Cuando el sacerdote no se enfrenta ante esta realidad de su pureza, cuando cuestiona este hermoso tratado de moral sexual, cuando intenta buscar reparos y aclaraciones, entonces ya ha entrado la duda en él, y con la duda la debilidad, y con la debilidad la propensión a pecar; y lo más terrible, la conformidad con la vida de pecado. La aceptación sin reparos de la castidad del sacerdote como la de los ángeles es el camino seguro e infalible para que así llegue a ser, para que el sacerdote viva santamente su pureza, con firmeza, con virilidad, con alegría y verdadero gozo, libre de las angustias de las tentaciones, con la sabiduría para evitar los envites del diablo que con preferencia ataca al sacerdote por este lado de la carne.

Nada más triste, despreciable y rechazable, a la vez que peligroso para las almas, que un sacerdote concupiscente, carnal, libidinoso, lujurioso. Un sacerdote que mire como los hombres, que hable como ellos, que vista como el mundo, que se comporte como uno más; un sacerdote que no se distinga de los demás. Uno más. No. El sacerdote no es uno más, no es un hombre más, es un sacerdote, es un ministro del Señor, es un reflejo suyo en la tierra. Los fieles tienen el derecho de ver en el sacerdote a Cristo, tienen el derecho a escuchar a Cristo que les habla cuando escuchan al sacerdote, tienen el derecho a sentirse cerca del Señor que les mira con amor y respeto, y no cerca de quien haciendo la veces de Cristo, le traiciona, traicionando a los fieles que han puesto su confianza en él. No, un sacerdote no puede estar lleno de sensualidad, en su mirar, vestir, comportarse, desenvolverse, pues es un sacerdote indigno.

Todo lo que rodea al sacerdote carnal es nauseabundo. Los fieles no ven sacerdotes en ellos, ven tan solo hombres nada más. Basta verlos en la santa misa, en la consagración, se ve que no sienten al Señor, no sienten la inmensidad infinita de su santidad y pureza. Un sacerdote impuro es un éxito del demonio. Cuántos se acercan a los fieles carnalmente, con miradas que no son las del Buen Pastor, con conversaciones ordinarias y vulgares. ¿Cómo pueden reflejar a Cristo? No lo reflejan, ni lo pretenden. No piensan como sacerdotes, sino como hombres.


La castidad como la de los ángeles.

Cuando el sacerdote, y el seminarista, asumen con pleno convencimiento que su castidad ha de ser como la de los ángeles, cuando entienden que ya no se puede decir nada más porque ya está todo dicho; cuando rechazan firmemente cualquier otra explicación sobre el tema, ya sea la rechazable educación afectivo sexual del sacerdote, entonces ya han empezado a vivir la castidad como el Cielo quiere que se viva en la tierra por parte de los sacerdotes. Ya están en el camino correcto y santo que les llevará a la castidad perfecta y perpetua, con la gracia de Dios.

La primera consecuencia de este santo camino es la confesión frecuente, cada semana. El sacerdote no ha de dejar bajo ningún concepto su confesión semanal; es más si es necesario debe alterar sus planes para no privarse de la confesión, hasta donde sea posible, evidentemente. Debe pensar en ella y esperar que llegue el día de confesarse. Debe prepararse para ella y estar atento en no banalizarla, ni restarle importancia. Es muy importante la acción de gracias tras la confesión, meditar en la acción del Espíritu Santo que cada semana inunda su alma, desear ese momento firmemente. Ha de ser constante en la confesión, perseverante, no dejarla por nada, poner todos los medios para tener segura la confesión.

La confesión frecuente será para el sacerdote el medio que le de la gracia para seguir adelante contra la lucha del maligno que no dejará escapar a tan preciada presa; le ayudará a evitar las tentaciones, la curiosidad, a ser más firme en su determinaciones, le ayudará a ser más metódico en sus asuntos y vida de piedad; entenderá la importancia del orden en su vida, tanto en su apostolado como en su vida de oración. Comprenderá que no puede dejar al azar sus cosas diarias, sino que, en la medida de lo posible, las tendrá organizadas y preparadas. El orden en la vida del sacerdote es el orden que desprecia el demonio, que busca del sacerdote la improvisación, lo casual, lo inmediato; quiere al sacerdote despreocupado, ligero en sus decisiones, poco firme y determinativo, es resumidas cuentas, el sacerdote frágil y maleable. La confesión frecuente corta todas estas debilidades y deficiencias y errores en la vida del sacerdote.

Con la confesión frecuente está el santo sacrifico de la Misa. Aquí el sacerdote encuentra de forma única y privilegiada la razón de su pureza perfectísima, a la que está obligado por la excelencia de tan alto misterio. El sacerdote debe vivir con gran delicadeza, atención, devoción, cuidado, todo lo relativo a la santa misa. Ha de ser el momento del día por excelencia del sacerdote. Ha de pensar en él, con mucha antelación antes de que llegue ese momento, para ser consciente que su vida es un caminar constante hacia el Calvario. Si el sacerdote tiene presente que ha de recorrer cada día este camino, el sacerdote está siguiendo al Señor y no le faltará el ángel cirineo que le ayudará en la carga pesada de cada día. Por ser fiel al Señor, Éste le recompensará con la alegría siempre renovada del santo sacrificio. La nota característica que el sacerdote está en el buen camino de la castidad como la de los ángeles es la alegría siempre nueva de su misa. Este es un síntoma infalible. La alegría siempre nueva, siempre distinta, siempre diferente al día anterior, siempre única, es el abrazo del Cristo Sumo y Eterno sacerdote a su hijo fiel. No dejaríamos de seguir hablando de la santa misa, pero con lo dicho es suficiente pincelada para el tema que abordamos de la castidad del sacerdote.

No puede faltar en la vida del sacerdote casto, la oración mental, la oración de recogimiento, contemplativa, diaria. Sin oración mental va a ser muy difícil, prácticamente imposible que el sacerdote viva la castidad, oficie santamente el santo sacrificio y se confiese con frecuencia. La oración de recogimiento es la base donde se asienta la obra de la castidad perfecta en la vida sacerdotal. Es el cimiento imprescindible sin el cual no se puede construir una vida de santidad, de castidad y de fidelidad sacerdotal al Señor. La oración mental es el encuentro diario con Dios Padre Creador, con Dios Hijo Redentor con Dios Espíritu santo Santificador. Es el momento privilegiado en que el alma del sacerdote se recoge en su intimidad y se presenta ante Dios para que obre en él según la voluntad divina. En estos momentos diarios, el sacerdote se deja hacer por Dios Padre, por Dios Hijo y por Dios Espíritu Santo. El sacerdote en presencia de Dios se dispone a escuchar lo que cada una de las tres Divinas Persona que decirle a él. Porque cada Una mira con predilección a quien es una obra predilecta de las Tres Divinas Personas. Es nada menos que el sacerdote, el reflejo del mismo Dios.

Todo sacerdote que quiera ser fiel a su ministerio ha de vivir la vida de ascetismo, ha de incorporar en su vida el sacrificio y la penitencia. Nadie como el sacerdote de Cristo ha de valorar la simplicidad en su vida, consciente del engaño del mundo, demonio y carne. El mismo seguimiento del Señor lleva al sacerdote a valorar sobremanera las privaciones voluntarias, ayunos, sacrificios, todo aquello que le ayuda a someter los sentidos y a hacer florecer la santa humildad. Ha de valorar el sacrifico de controlar los sentidos que con tanta facilidad se dispersan; dominar la mirada, evitar la curiosidad, rechazar pensamientos que no sean santos y puros. El sacerdote ha de ejercitarse en controlar sus sentidos y tener control sobre ellos sin rendirse ante la tentación de las ocasiones.

No puede permitir dejarse dominar por intereses, comportamientos, acciones que no sean propios del sacerdote. Ha de ser consciente en todo momento de su sacerdocio, pues los fieles buscan el sacerdote y no el hombre. Buscan al hombre de Dios que les aconseje en sus necesidades y consuele en sus preocupaciones. Por esta razón, los sacrificios y penitencias son auxilio privilegiado para el sacerdote para mantener su actitud sacerdotal en todo momento. También el sacrificio corporal del uso de cilicio o de la disciplina es un aliado santo para el sacerdote para vivir con alegría la santa pureza, uniéndose al dolor redentor de nuestro Señor Jesucristo.


Sacerdotes castos como los ángeles.

He aquí los fundamentos que tiene el sacerdote que hacer suyo el programa de moral sexual de San Ignacio de Loyola. Programa que como ya hemos indicado es lo más perfecto que se ha podido escribir del tema, y lo más completo. Es imposible quitar o añadir nada. Sabiduría divina la que destila el gran santo al dejarnos tan hermoso tratado sobre la castidad: como la de los ángeles.

Sólo añadir por último, algo no menos importante para el sacerdote: la vestidura eclesial. El sacerdote ha de vestir como tal. No puede vestir como el mundo, es un grandísimo error y se expone inútilmente y absurdamente a la tentación de la carne. ¡Si los sacerdotes entendieran la belleza de la sotana! Prenda traída por los ángeles para los sacerdotes, para ayudarles en su santidad y castidad.

Cuando decididamente el sacerdote está dispuesto a ser casto como los ángeles, y con firmeza, humildad y amor se propone vivir su sacerdocio tal como lo hemos expuesto, comprueba que es perfectísimamente posible vivir la castidad perfecta y perpetua. Cuando el sacerdote ha conseguido aunar en su vida, poco a poco, pero decididamente, todo lo anterior brota en él el deseo ferviente de castidad, y el sacerdote luchará contra todos los frentes que se le presenten con la mayor firmeza, a pesar de su debilidad.

Porque el sacerdote ya no es él, sino Cristo en él.

Ave María Purísima.

EL SACERDOTE: LA CASTIDAD POR EL REINO





La castidad de los sacerdotes y también la de los religiosos. Se trata de la entrega total de uno mismo, es hasta cierto punto una entrega total y un desapego de todo. En particular los religiosos con el voto de obediencia, pobreza y castidad damos todo a Jesús, damos todo a la Iglesia, y aunque esto quizá no tenga mucho sentido para nuestra sociedad de hoy cuando empezamos a hacer oración para discernir y entender experimentamos la cercanía de Dios.

Nos damos cuenta que cuando nos despojamos de las cosas, de nuestras pertenencias, hasta en cierto punto de las personas y las amistades estamos más abiertos y nuestro corazón está libre para poder servir a Dios y a las personas que nos encontramos por el camino. 

Nos abre espiritualmente y así podemos centrarnos totalmente en Dios. No en vano se dice de las religiosas que cuando ellas hacen los votos reciben un anillo porque ya son esposas de Cristo, se entregan totalmente a Cristo, como un esposo a su esposa, la esposa a su esposo.

En el caso de los sacerdotes y religiosos no funciona exactamente igual pero si es una entrega de nosotros mismos a la Iglesia, nos libra espiritualmente para estar con Dios y con los demás. Con el tiempo yo como religioso y sacerdote cuánto más descubro que es verdad, que es así en la medida que nos entreguemos,  recibimos más de Dios y podemos dar más a los otros. Entonces no es solamente una cuestión de sentido práctico de que así tendremos más sacerdotes, se trata de ser en mi caso, ser sacerdote y de entregarlo todo a la Iglesia, a Dios y a los demás. 

ESTO ES LO QUE ENSEÑA EL VATICANO EN SU POPULAR CURSO PARA EXORCISTAS




La formación de exorcistas está en auge.

Por ello, unos 250 sacerdotes procedentes de unos 50 países del mundo viajaron este mes a Roma para aprender a identificar una "posesión demoníaca" y conocer los rituales para expulsar a esos demonios, entre otras cuestiones.

Participaron en el curso de "Exorcismo y Oración de Liberación", un seminario que comenzó a impartir el Vaticano en 2005 y que, desde entonces, ha duplicado la cifra anual de asistentes, aparentemente por el crecimiento de la demanda mundial de este tipo de práctica.

Clérigos católicos de numerosos países han relatado a la prensa cómo han notado un aumento en el número de fieles que presentan signos de "posesión demoníaca".

El año pasado, el papa Francisco dijo a los sacerdotes que "no deberían dudar" en remitir los casos a los exorcistas cuando noten "perturbaciones espirituales genuinas".

En Italia, por ejemplo, se estima que medio millón de personas buscan sesiones de exorcismo cada año.

Algunas diócesis, como las de Sicilia y la de Chicago, han llegado incluso a desarrollar sus propios cursos para responder a la demanda creciente.

En varios países se ha incrementado la demanda de exorcismos.

El sacerdote estadounidense Gary Thomas, que practica exorcismos desde hace 12 años, afirma que a medida que la sociedad pasó a confiar más en las ciencias sociales se redujo el número de iglesias que tenían exorcistas.

Al mismo tiempo, la popularización del tarot y de la brujería incrementó la necesidad de sacerdotes capaces de realizar esta práctica, según dijo el clérigo italiano Benigno Padilla al portal Vatican News.

Exorcismo por celular

En 1999, la Iglesia católica realizó la primera actualización mayor de las reglas sobre el exorcismo desde 1614.

Como consecuencia, el padre Thomas trabaja con un grupo de médicos, psicólogos y psiquiatras -todos católicos practicantes- para investigar la causa del sufrimiento de una persona antes de diagnosticar un caso de "posesión demoníaca".

El curso del Vaticano incluye elementos de teología, psicología y antropología.

El temario abarca asuntos como la brujería en África, cómo diferenciar entre "posesión demoníaca" y enfermedad mental, así como una guía paso a paso para expulsar demonios.

También se abordan las nuevas tecnologías.

El cardenal albanés Ernest Simoni, uno de los instructores del seminario, explicó cómo cuando no puede acudir en persona a realizar un exorcismo, la llaman por celular para que lea las oraciones correspondientes en latín para ayudar a expulsar los demonios.

"Me llaman y hablamos. Así es cómo lo hago", explicó el religioso de 89 años de edad a la agencia Reuters.

"Este curso es útil porque prepara a los sacerdotes que ejecutan los exorcismos para que tengan una visión completa, multidisciplinaria de la situación", señaló el profesor Giuseppe Ferrari, uno de los organizares del curso impartido por el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum, una universidad avalada por el Vaticano.

Aparte de los sacerdotes, al seminario anual también pueden acudir laicos de ambos sexos, quienes reciben un certificado y pueden convertirse en "exorcistas auxiliares".

Esto les permite estar presentes en el rito, rezar y dar apoyo moral a quien ejecuta esta práctica.

Sin embargo, según explicó Ferrari, eso no les autoriza a expulsar a los demonios. Esa tarea está reservada para los clérigos.


FUENTE: bbc.com 

¿CÓMO OFRECER LOS PROPIOS DOLORES?

Preguntas y respuestas.

Padre, ¿cómo ofrecer los dolores? Yo siempre lo hago pero siempre tengo la duda de cómo hacerlo... -- L.M.G.

* * *

Hay tres momentos:

1. No negamos lo que nos duele, perturba o incomoda. Reconocemos que el fastidio y el dolor están ahí pero nos serenamos. Evitamos el pánico, la queja excesiva, el traslado de nuestra impaciencia hacia otras personas en forma de agresividad o indiferencia.

2. Renunciamos de corazón a toda forma de blasfemia o cualquier otra tentación contra la fe, de la forma: "Dios se olvidó de mí; no le importo; en realidad nadie escucha al otro lado; pierdo mi tiempo rezando..." Al contrario, renovamos nuestra fe diciendo con amor el Credo y volviendo al ejemplo de Cristo y de sus mártires. Suplicamos el auxilio divino, diciéndole a menudo: "¡Señor, ten piedad! Tú prometiste que no seríamos probados más allá de nuestras fuerzas; dame pues esas fuerzas tuyas que son las únicas que pueden darme la victoria."

3. Ya más serenos y renovados, repetimos frases sencillas como: "Por amor a ti, Jesús" "Uno mi dolor a tu Cruz, Señor" "Como tu apóstol Pablo, completo en mí lo que falta a tu Pasión" "Esta hora te la ofrezco por las misiones" "Este dolor lo ofrezco por la conversión de los más endurecidos" Y así, con otros otros pensamientos semejantes.

Puedes encontrar más inspiración en este impactante testimonio.


Reproducción permitida, citando la fuente.
-Fr. Nelson Medina, OP


FUENTE: fraynelson.com

PADRE JOSÉ ANTONIO FORTEA

el exorcista más famoso de España y sus claves para luchar contra el demonio




Asegura que “el demonio nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad”.


El padre José Antonio Fortea, nacido en la provincia de Huesca en 1968, es considerado el exorcista más reconocido de España. Ordenado diácono y presbítero en 1994 en la diócesis de Alcalá de Henares, obtuvo una licenciatura en Teología en 1998 con su tesis “El exorcismo en la época actual” y, al poco tiempo después en la misma iglesia donde ejercía de párroco, comenzó a atender casos relativos a problemas de tipo demoníaco.

“Comencé a practicar exorcismos una vez que acabé mi tesis, porque no había ningún exorcista en España. Empecé a hacerlos no porque haya querido meterme en ese mundo, pues fue mi obispo quien me pidió que hiciera mi tesis en exorcismo. Yo no quería hacerlo en un principio, porque no era algo que me interesara. Pero no tuve opción. Y de ese modo empezaron a mandarme casos de posesión demoníaca”, recordó el religioso, quien agregó que durante sus casi 10 años en esta práctica recibía entre cinco y seis personas al día, aunque aclara que la mayoría de los casos no tenían nada que ver con posesiones diabólicas, por lo que cuando era necesario, remitía a estos pacientes a psicólogos o psiquiatras.

Con el tiempo, tras escribir varios libros de teología, algunos de los cuales se traducirían a más de ocho idiomas, el padre Fortea se especializaría en temas referentes a ángeles, demonios, posesión diabólica y exorcismo.

“Mi primer caso fue el de una buena señora llamada Marta, quien entraba en trance, sufría de violentas convulsiones, hablaba con una voz distinta en otra lengua y tenía aversión a lo sagrado. Fue muy extraño, aunque cuando me tocó atenderla no me inspiró miedo porque no era la primera vez que veía un acto de exorcismo. Antes, con el fallecido padre Gabriel Amorth (considerado el más famoso y el decano de los exorcistas), que en paz descanse, me tocó presenciar trece exorcismos. En esa oportunidad, con la señora Marta, me limité a orar a Dios, usando agua bendita, incienso bendecido, la santa cruz y el santo crisma. Eso era todo. No hice nada extraño más que orar, orar y orar, porque lo mejor es concentrarse en Dios. Es el mejor modo de debilitar a un demonio. Y después, casi al final, hay que hablarle directamente. Le hacía preguntas para saber con quién estaba hablando. De todos modos, un exorcismo nunca es igual a otro. He tenido casos que han acabado en media hora y otros en que hemos necesitado más de cinco años. Siempre suelen preguntarme si yo salía muy debilitado al acabar un exorcismo, y la verdad es que no. Al contrario, salía más aliviado de haber ayudado a esa persona posesa”, explicó el religioso en una entrevista concedida a la revista The Clinic.

El Padre José Antonio Fortea, en esa misma entrevista, confidenció que, por lo general, es durante la noche donde más comúnmente se manifiesta el diablo, cuando las personas ya están en sus respectivas casas. “La persona durante el día está trabajando o está con gente. Es lo mismo que las tentaciones, hay más por la noche que de día. Y no me refiero al sexo solamente. Hay momentos que se prestan más a la tentación. Y también es cierto que hay más casos de mujeres poseídas, aunque no tengo una teoría para explicar de por qué sucederá eso. También es evidente que algunas personas sufren posesiones porque ellas mismas se han puesto en peligro, practicando espiritismo, brujería, santería, vudú, o incluso llamando a entidades desconocidas, como en el reiki, el feng shui o incluso con el yoga. Si un maestro que dirige un grupo de yoga les dice que llamen a una determinada entidad espiritual, se corre peligro, ya que se puede invocar al maligno. Eso no es prudente. En el cristianismo sólo llamamos a espíritus que aparecen en la Biblia, como Rafael, Gabriel o Miguel, pero no invocamos a seres desconocidos porque nos obligue un maestro de yoga o de reiki. El consejo que hay que darle al mundo es que no se pongan en peligro ni con espiritismo, ni con magia, ni con supuestos ritos que les van a limpiar de cosas malas. Todo eso es demoníaco. Quien busca un santero sufrirá la influencia de los malos espíritus”.

La obra más conocida del Padre Fortea es, sin duda, “Summa dæmoniaca”, un tratado de demonología y un manual de exorcistas que analiza el mundo de los demonios, el estado de condenación, la relación de los espíritus caídos entre ellos mismos, con los ángeles, con los humanos y con Dios. En la segunda parte de esta obra se aborda todo lo relativo a los fenómenos demoníacos, las posesiones, los modos de realizar un exorcismo y los fenómenos poltergeist en las casas, así como otros sucesos más extraños e inusuales.

En su obra “Summa Daemoniaca”, el padre Fortea aborda varias cuestiones relativas a la lucha contra el demonio. Lo primero, según el religioso, es saber quién es exactamente el diablo, el mismo ser espiritual que en el Antiguo Testamento es conocido como “satán” -nombre que significa “adversario, enemigo, opositor”-, mientras que en el Nuevo Testamento es llamado como “diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar).

“También es conocido como lucifer, nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”, lo cual recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera. El demonio es un misterio. Un misterio de condenación, de odio, es el reverso de la eternidad. En cierto sentido satán sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión. Cuando me preguntan si hay un diablo o varios diablos, hay que decir que el jefe es solamente él, una entidad incorporal que vaga por el mundo”.

Con respecto a la palabra demonio, el Padre Fortea precisa que proviene del griego “daimon” (genio), término usado para designar a seres espirituales malignos. “Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales porque los demonios son seres espirituales que se han condenado, no aman a Dios. Y no todos son iguales. Hay unos demonios que pecan más de ira, de egolatría, de desesperación. Otros que son más despectivos. Y hay unos más malos que otros. Hay demonios rabiosos, irónicos, soberbios. Hay demonios en los que predomina la tristeza. Otros en los que prima un sentido del humor perverso. Hay demonios que se encierran en el mutismo. Hay demonios que sólo gritan. Algunos lloran y otros varían de estados de ánimo de día a día. Hay demonios mucho más inteligentes que otros. ¡Es que son muchos! La mentalidad del demonio es como la que aparece en la película “El exorcista”, tiene esa mirada. No cambian el color de los ojos, pero hay esa malicia, esa perversidad en sus palabras. En resumen, el demonio está en todas partes y se muestra con distintas personalidades. Nadie sabe la cifra exacta de demonios, pero hay muchos”.

El Padre Fortea precisa que todos los ángeles, al ser creados por Dios, “lo veían como una luz, le oían como una voz majestuosa y santa, pero su rostro seguía sin desvelarse. En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo. Las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales. Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud y otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

El Padre Fortea agrega que cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos. El demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

Consultado sobre la naturaleza del infierno, el sitio que según muchas religiones es el lugar donde habitan los demonios y después de la muerte son torturadas eternamente las almas de los pecadores, el Padre Fortea precisa que “el infierno no es una especie de lugar donde echas a los demonios y ya está. No es una cubeta para lanzar los cocodrilos y las serpientes. También los demonios son hijos de Dios, aunque se hayan alejado de su padre. Entonces, Dios es arquitecto del infierno en cuanto ha dispuesto una serie de leyes a las que tienen que someterse los demonios en el infierno para evitar que el infierno sea peor de lo que es. El infierno, gracias a Dios, es mejor”.

El religioso español explica que hay lugares específicos en el mundo donde se cree que ocurren más manifestaciones demoníacas, como, por ejemplo, algunas zonas del Caribe. “En Haití y Cuba hay más demonios porque se practica más brujería. Y uno se da cuenta porque requieren más exorcismos. Yo he hablado con mucha gente que ha viajado a Cuba, que me han dicho: padre, se nota un ambiente muy denso, muy denso, se nota la brujería en esta sociedad. En Haití, por ejemplo, todo el mundo cree en estas cosas: los políticos, las policías y los médicos. Es uno de los lugares donde hay unanimidad en que estos espíritus malignos existen.Por otra parte, hay otras muchas sociedades dadas al ateísmo, como los países escandinavos o España, pero donde hay muy poca brujería”.


El libre albedrío del ser humano y los demonios

Los demonios, según precisa el Padre Fortea, no pueden ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. “No saben lo que uno decidirá porque la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones. Los demonios pueden tentarnos, pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.


El Padre Fortea aclara que el tiempo en el que viven los demonios no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual. “El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un sólo segundo, ni un sólo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”.


El demonio, según explica el religioso, nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad. “Podemos ser tentados, pero al final hacemos lo que queremos. Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a cometer ni el más pequeño pecado. Si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración. La oración crea primero una barrera contra la tentación, pues nuestra voluntad y nuestra inteligencia se centran en Dios. Y si insistimos un poco más, el demonio no puede resistirla y huye”.

El exorcista español afirma también que de todos los cristianos que están en la Iglesia, al que más odia el demonio es al que se dedica a la ascesis (disciplina, ayuno, meditación, oración, sacrificios, etc. para alcanzar la virtud). “El demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas. El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios… El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada”.

El presbítero describe asimismo a la cruz como el objeto más temido por el maligno y sus legiones infernales. “Tras la muerte de Jesucristo en la cruz, todos y cada uno de los demonios estaban allí, rodeando la Cruz, contemplando con delectación su triunfo. La Pasión en la Cruz suponía la prueba palpable de que la Justicia Divina no era trasgredida en vano. Fue en ese momento cuando se hicieron plenamente conscientes todos los demonios de que su condenación no tendría indulto alguno por los siglos de los siglos. Por eso ellos de estar contemplando la Cruz con la alegría de su victoria maligna, pasaron a entender que para ellos sería para siempre el recuerdo terrible de la Justicia Divina. Y por eso por encima de todo, los demonios odian la imagen de la cruz, más que la imagen de la Santísima Virgen María o la imagen de cualquier otro santo o la representación de otro misterio sagrado”.

El padre Fortea, a este respecto, afirma que otros objetos que atormentan a los demonios son las reliquias de los santos, las imágenes religiosas bendecidas e incluso cualquier objeto cualquiera que puede tener un efecto espiritual. “En una ocasión no había agua durante un exorcismo y bendije el contenido de una botella de limonada, pero el efecto que producía era mucho menor. Al cabo de unos minutos ordené en el nombre de Jesús al demonio que me dijera por qué era eso así. Se resistió, pero al final dijo que el agua era símbolo de pureza y limpieza. Si bien, dijo que aquel otro líquido bendito también le producía algún efecto, pero menor”.

Finalmente, el Padre Fortea explica que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano. Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal. “Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto. También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre: ANTI-CRISTO. Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo. Cristo era un hombre, el Anticristo también. Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia. El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”.

En el año 2015, el padre José Antonio Fortea se doctoró en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis “Problemas teológicos de la práctica del exorcismo”. “Cuando volví de Roma, le dije a mi obispo que, existiendo ya exorcistas en la diócesis, podía ayudar más a la Iglesia escribiendo libros que practicando exorcismos”, relató el religioso, quien, aunque actualmente no ejerce como exorcista, sino que se dedica a escribir libros, es el rostro más visible de esta práctica en España.

Por ello, hoy es considerado una referencia en el universo de la demonología, conocimiento que ha volcado en distintos títulos que tratan sobre el tema del demonio, aunque su obra abarca otros campos de la Teología. Y como sus libros han sido publicados ya en ocho lenguas, hoy dedica gran parte de su tiempo a escribir libros teológicos y a dar conferencias por distintas partes del mundo. “Cuando pasen 200 años no quedará casi ninguna de las entrevistas que he concedido. Las web habrán desaparecido. Si queda algo de este pobre sacerdote, será la colección de libros que han intentado profundizar en el exorcismo. Porque las preguntas serán las mismas que nos hemos hecho desde que leemos las obras teológicas de Santo Tomás de Aquino o de San Ambrosio o de San Cirilo de Jerusalén”.

Consultado si, tras practicar cientos de exorcismos durante más de 10 años, todavía le tenía miedo al diablo, el Padre José Antonio Fortea respondió que “la verdad es que no le tengo miedo, porque tengo total confianza en Dios. Si existe el demonio, entonces existe Dios. Por eso no le temo”.


FUENTE: guioteca.com

MARÍA , MADRE Y MAESTRA DEL SACERDOTE


Por Padre J.M Rodríguez de la Rosa

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Porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso, cuyo nombre es santo. Lc. 1, 49.

Queridos hermanos, este es el tercer título que la Santísima Virgen alega para glorificar a Dios. Tuvo presente las maravillas que Dios había obrado en Ella, y los grandes beneficios que le había hecho desde el instante de su Concepción hasta entonces, especialmente el inconmensurable milagro de ser Virgen y Madre, y Madre de Dios. La Virgen, admirada de tantas grandezas obradas en Ella por Dios, lo alabó por ellas.

¿Cómo el sacerdote, a ejemplo de su divina Madre, no va a reconocer las maravillas que el mismo Dios ha obrado en él? Fue elegido desde el principio del principio; el mismo Dios fijó su mirada en él para que fuera futuro sacerdote de Jesucristo. Lo eligió, quiso que precisamente él, y no otro, fuese su sacerdote, Suyo, para Él; para que pudiera cantar las grandezas que Dios hizo en su alma, y así contagiar a otros, los alejados, los duros de corazón, los soberbios. Porque las grandezas de Dios en el sacerdote son, en particular, para atraer a las almas alejadas de su divina misericordia.

La Santísima Virgen alabó la omnipotencia de Dios, por las maravillas que hizo en Ella, y la santidad de su Nombre, porque con su omnipotencia las hizo y con su santidad quiso hacerlas, para que su nombre fuese santificado y glorificado por los siglos de los siglos.

Todo en el sacerdote ha de glorificar el nombre de Dios, por ello la santidad sacerdotal ha de relucir primorosamente en el sacerdote; todo en él ha de recordar la santidad del nombre de Jesús, ante el cual “toda rodilla se doble, en la tierra, en el cielo y en el infierno”. Así como Dios hizo cosas grandes en Ella, es decir, santidad y obras celestiales, así en el sacerdote, también, realiza obras grandes: de santidad y celestiales; pero de una forma distinta totalmente, claro está, pero, santas y celestiales. En el caso del sacerdote, Dios, va a pedir su colaboración, pues le ha dado todo lo necesario para que dé muestras de santidad y obre cosas extraordinarias; y si no se dan tales aspectos en el sacerdote, será por negligencia suya, no de Dios, que quiere obrar “maravillas” a través de su sacerdote.

Si el sacerdote no obra tales “maravillas” es culpas suya, Dios lo ha adornado con grandes dones y poder, para realizar en Su Nombre lo que el hombre no puede hacer. Cuánto puede consolar el sacerdote a las almas, cuánto sufrimiento puede aliviar, y enfermedades curar; cuántas almas turbadas encuentran en él la paz y el sosiego, cuántas dudas encuentran respuesta, e indecisiones, la firmeza. El indolente encuentra la fuerza para actuar y el impulsivo, la serenidad en el actuar. Y por encima de todo, la maravilla de las maravillas: las manos del sacerdote en el altar.

Si lo meditamos bien, nuestra vida sacerdotal debiera ser una constante alabanza al Dios por la grandeza que ha obrado en nosotros. Es verdad, la fragilidad del sacerdote enturbia esa alegría de alabanza, pero sólo momentáneamente. De su fragilidad, sale el sacerdote más reforzado para seguir cantando las alabanzas a Dios por las “maravillas” que ha obrado en él.

No va en contra de la humildad reconocer en uno mismo los dones de Dios. La Virgen María no actuó en contra de la humildad, Ella la humilde entre las humildes; reconoció toda la grandeza que Dios le había dado, y sólo a Él la atribuyó. Nada se guardó como propio merecimiento, o valía personal, sino solamente alabó la potencia y santidad de Dios.

El sacerdote ha de alzar su voz al unísono con la Santísima Virgen, y unidos a los “cuatro vivientes”, cantar: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que viene (Ap. 4, 8). Nos dice el Apocalipsis, que los vivientes daban gloria siempre y acción de gracias al que “está sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos”. Esta es la alabanza que sin cesar entona la Madre de Dios y Reina de Cielos y tierra. Esta debe ser la alabanza que debe entonar a lo largo de toda su vida el sacerdote de Dios, como uno de los “vivientes, como la mismísima Madre de Dios.

Ave María Purísima.


FUENTE: adelantelafe.com

EL DEMONIO, HOY


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Pablo VI y el demonio

«¿Cómo se ha podido llegar a esta situación?». Ésta es la pregunta que se hacía el Papa Pablo VI, algunos años después de la clausura del Concilio Vaticano II, a la vista de los acontecimientos que sacudían a la Iglesia. «Se creía que, después del Concilio, el sol habría brillado sobre la historia de la Iglesia. Pero en lugar del sol, han aparecido las nubes, la tempestad, las tinieblas, la incertidumbre»

Para decirlo brevemente, Pablo VI tenía la sensación de que «el humo de Satanás ha entrado por alguna fisura en el templo de Dios». Así se expresaba Pablo VI sobre la crisis de la Iglesia el 29 de junio de 1972, noveno aniversario de su coronación. Algunos periódicos se mostraron sorprendidos por la declaración del Papa sobre la presencia de Satanás en la Iglesia. Otros periódicos se escandalizaron. ¿No estaba Pablo VI exhumando creencias medievales que se creían olvidadas para siempre?


Una de las grandes necesidades de la Iglesia contemporánea

Sin arredrarse ante estas críticas Pablo VI volvió sobre este tema candente cinco meses más tarde. Y lejos de contentarse con reafirmar la verdad sobre Satanás y su actividad, el Papa consagró una entera catequesis a la presencia activa de Satanás en la Iglesia (cfr Audiencia general, 15 de noviembre de 1972).

Desde el inicio, Pablo VI subrayó la dimensión universal del tema: «¿Cuáles son hoy afirma las necesidades más importantes de la Iglesia?». La respuesta del Papa es clara: «Una de las necesidades más grandes de la Iglesia es la de defenderse de ese mal al que llamamos el demonio».

Después, refiriéndose a algunas publicaciones recientes (en una de las cuales un profesor de exégesis invitaba a los cristianos a «liquidar al diablo»), Pablo VI afirmaba que «se separan de la enseñanza de la Biblia y de la Iglesia los que se niegan a reconocer la existencia del diablo, o los que lo consideran un principio autónomo que no tiene, como todas las criaturas, su origen en Dios; y también los que lo explican como una pseudorealidad, una invención del espíritu para personificar las causas desconocidas de nuestros males».

«Nosotros sabemos prosiguió Pablo VI- que este ser oscuro y perturbador existe verdaderamente y que está actuando de continuo con una astucia traidora. Es el enemigo oculto que siembra el error y la desgracia en la historia de la humanidad.»

Pablo VI se esforzó en señalar los indicios reveladores de la presencia activa del demonio en el mundo. Volveremos sobre este diagnóstico.


Lagunas en la teología y en la catequesis

El cardenal J. L. Suenens, antiguo arzobispo de BruxellesMalines, escribió al final de su libro Renouveau et Puissances des ténébres: «Acabando estas páginas, confieso que yo mismo me siento interpelado, ya que me doy cuenta de que a lo largo de mi ministerio pastoral no he subrayado bastante la realidad de las Potencias del mal que actúan en nuestro mundo contemporáneo y la necesidad del combate espiritual que se impone entre nosotros» (p. 113).

En otras palabras, existe una laguna en la enseñanza de la teología, en la catequesis y en la predicación. Y esta laguna solicita ser colmada. Estamos ante «una de las necesidades más grandes» de la Iglesia en el momento presente.

¿Quién lo habría previsto? La catequesis de Pablo VI sobre la existencia a influencia del demonio produjo un resentimiento inesperado por parte de la prensa. Una vez más, se acusó a la Cabeza de la Iglesia de retornar a creencias ya superadas por la ciencia. ¡El diablo está muerto y enterrado!

Raramente los periódicos se habían levantado con una vehemencia tan ácida contra el Soberano Pontífice. ¿Cómo explicar la violencia de estas reacciones?

Que periódicos hostiles a la fe cristiana ironicen sobre una enseñanza del Papa no suscita ninguna extrañeza. Es coherente con sus posiciones. Pero que al mismo tiempo se dejen llevar de la cólera, esto es lo que sorprende...

¿Cómo no presentir bajo estas reacciones la cólera del Maligno? En efecto, Satanás necesita el anonimato para poder actuar de manera eficaz. ¿Cuál no será su irritación, por tanto, cuando ve al Papa denunciar urbi et orbi sus artimañas en la Iglesia? Es la cólera del enemigo que se siente desenmascarado y que exhala su despecho a través de estos secuaces inconscientes.


El enemigo desenmascarado

Habría que retomar el capítulo de la demonología: esta consigna de Pablo VI tuvo una especie de precedente en la historia del papado contemporáneo. Era un día de diciembre de 1884 o de enero de 1885, en el Vaticano, en la capilla privada de León XIIII. Después de haber celebrado la misa, el Papa, según su costumbre, asistió a una segunda misa. Hacia el final, se le vio levantar la cabeza de repente y mirar fijamente hacia el altar, encima del tabernáculo. El rostro del Papa palideció y sus rasgos se tensaron.

Acabada la misa, León XIII se levantó y, todavía bajo los efectos de una intensa emoción, se dirigió hacia su estudio. Un prelado de los que le rodeaban le preguntó: «Santo Padre, ¿Se siente fatigado? ¿Necesita algo?». «No, respondió León XIII, no necesito nada... »

El Papa se encerró en su estudio. Media hora más tarde, hizo llamar al secretario de la Congregación de Ritos. Le dio una hoja, y le pidió que la hiciera imprimir y la enviara a los obispos de todo el mundo. ¿Cuál era el contenido de esta hoja? Era una oración al arcángel San Miguel, compuesta por el mismo León XIII. Una oración que los sacerdotes recitarían después de cada misa rezada, al pie del altar, después del Salve Regina ya prescrito por Pío IX:

Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la adversidad y las asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros malos espíritus que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

León XIII confió más tarde a uno de sus secretarios, Mons. Rinaldo Angeh, que durante la misa había visto una nube de demonios que se lanzaban contra la Ciudad Eterna para atacarla. De ahí su decisión de movilizar a San Miguel Arcángel y a las milicias del cielo para defender a la Iglesia contra Satanás y sus ejércitos, y más especialmente para la solución de lo que se llamaba «la Cuestión romana».

La oración a San Miguel fue suprimida en la reciente reforma litúrgica. Algunos piensan que, siendo tan adecuada para conservar entre los fieles y los sacerdotes la fe en la presencia activa de los ángeles buenos y de los malvados, podría ser reintroducida, o bien en la Liturgia de las Horas, o bien en la oración de los fieles en la misa. Como afirmaba Juan Pablo II el 24 de mayo de 1987, en el santuario de San Miguel Arcángel en el Monte Gargan: «el demonio sigue vivo y activo en el mundo». Las hostilidades no han cesado, los ejércitos de Satanás no han sido desmovilizados. Por lo tanto la oración continúa siendo necesaria.

El 20 de abril de 1884, poco tiempo antes de esta visión del mundo diabólico, León XIII había publicado una encíclica sobre la francmasonería que se inicia con consideraciones de envergadura cósmica. «Desde que, por la envidia del demonio, el género humano se separó miserablemente de Dios, a quien debía su llamada a la existencia y los dones sobrenaturales, los hombres se ha dividido en dos campos opuestos que no cesan de combatir: uno por la verdad y la virtud, el otro por aquello que es contrario a la virtud y a la verdad. »

Juan Pablo II ha hecho suya la consigna de su predecesor. En su enseñanza ha ido incluso más allá de Pablo VI. Mientras que éste no dedicó más que una catequesis del miércoles al problema del demonio, Juan Pablo II ha tratado este tema a lo largo de seis audiencias generales sucesivas. Y hay que añadir a esta enseñanza una peregrinación al santuario de San Miguel Arcángel en el Monte Gargan, el 24 de mayo de 1987, y un discurso sobre el demonio pronunciado el 4 de septiembre de 1988, con motivo de su viaje a Turín.


Las instituciones, instrumento de Satanás

En otras ocasiones, Juan Pablo II ha puesto en guardia a los fieles contra las insidias del diablo, como por ejemplo en su encuentro con 30.000 jóvenes en las islas Madeira (mayo de 1991) donde citó un pasaje significativo de su mensaje de 1985 para El año internacional de la juventud: «La táctica que Satanás ha aplicado, y que continúa aplicando, consiste en no revelarse, para que el mal que ha difundido desde los orígenes se desarrolle por la acción del hombre mismo, por los sistemas y las relaciones entre los hombres, entre las clases y entre las naciones, para que el mal se transforme cada vez más en un pecado 'estructural' y se pueda identificar cada vez menos como un pecado `personal'». Satanás actúa, pero actúa sobre todo en la sombra, para pasar desapercibido. Satanás actúa a través de los hombres y también a través de las instituciones.

¿Es posible imaginar el papel de Satanás en la preparación, lejana y cercana de las leyes que autorizan el aborto y la eutanasia? En un estudio actual sobre Satanás, Dom Alois Mager o.s.b., antiguo decano de la facultad de teología de Salzburgo, afirma que el mundo satánico se caracteriza por dos rasgos: la mentira y el asesinato. «La mentira aniquila la vida espiritual; el asesinato, la vida corporal... Aniquilar siempre, ésta es la táctica de las fuerzas satánicas». Ahora bien, Dios es Aquel que es y que da sin cesar la vida, el movimiento y la existencia (cfr Hch 17, 28).

creciente de dos Papas contemporáneos sobre Satanás y sus maquinaciones ¿no es altamente significativa? ¿No nos invita a una profundización en nuestra postura sobre el papel de Satanás en la historia, la historia grande de los pueblos y de la Iglesia y la historia pequeña de cada hombre en particular?


Un terreno minado

Sé muy bien que escribiendo estas páginas me aventuro en un terreno minado, rodeado de misterio. Primero por la materia tratada. Después por el escepticismo existente sobre el tema. Pocos cristianos parecen creer verdaderamente en la existencia personal de los demonios. Muchos parecen incluso rechazar esta verdad, no porque sea incierta, sino porque se nos dice «hoy en día la gente no la admitiría».

Otros, también irreverentes con la Revelación, compartirían con gusto la posición de este viejo señor que, al final de una agitada mesa redonda sobre la existencia del diablo, sugería que la cuestión fuese decidida... por un referéndum: «La mayoría decidirá si los demonios existen o no». ¡Como si la verdad dependiese del número de opiniones y no de su consistencia!

Algunos años antes de la intervención de Pablo VI, el cardenal Gabriel Marie Garrone denunciaba la conspiración del silencio sobre la existencia de los demonios: «Hoy en día apenas si se osa hablar. Reina sobre este tema una especie de conspiración del silencio. Y cuando este silencio se rompe es por personas que se hacen los entendidos o que plantean, con una temeridad sorprendente, la cuestión de la existencia del demonio. Ahora bien, la Iglesia posee sobre este punto una certeza que no se puede rechazar sin temeridad y que reposa sobre una enseñanza constante que tiene su fuente en el Evangelio y más allá. La existencia, la naturaleza, la acción del demonio constituyen un dominio profundamente misterioso en el que la única actitud sabia consistirá en aceptar las afirmaciones de la fe, sin pretender saber más de lo que la Revelación ha considerado bueno decirnos».

Y el cardenal concluye: «Negar la existencia y la acción del 'Maligno' equivale a ofrecerle un inicio de poder sobre nosotros. Es mejor, en esto como en el resto, pensar humildemente como la Iglesia, que colocarse, por una pretenciosa superioridad, fuera de la influencia benefactora de su verdad y de su ayuda».

Una decena de años más tarde, una vigorosa profesión de fe del obispo de Estrasburgo, Mons. Léon Arthur Elchinger, se hará eco de las consideraciones del cardenal GabrielMarie Garrone. Pondrá, como se suele decir, los punto sobre las «íes», desafiando de esta manera a cierta intelligentia.

«Creer en Lucifer, en el Maligno, en Satanás, en la acción entre nosotros del Espíritu del mal, del Demonio, del Príncipe de los demonios, significa pasar ante los ojos de muchos por ingenuo, simple, supersticioso. Pues bien, yo creo. Creo en su existencia, en su influencia, en su inteligencia sutil, en su capacidad suprema de disimulo, en su habilidad para introducirse por todas partes, en su capacidad consumada de llegar a hacer creer que no existe.

Sí, creo en su presencia entre nosotros, en su éxito, incluso dentro de grupos que se reúnen para luchar contra la autodestrucción de la sociedad y de la Iglesia. Él consigue que se ocupen en actividades completamente secundarias a incluso infantiles, en lamentaciones inútiles, en discusiones estériles, y durante este tiempo puede continuar su juego sin miedo a ser molestado» Y el prelado expone sus razones de orden sobrenatural primero y después de orden natural.

«Sí, creo en Lucifer y esto no es una prueba de estrechez de espíritu o de pesimismo. Creo porque los libros inspirados del Antiguo y del Nuevo Testamento nos hablan del combate que entabla contra aquellos a los que Dios ha prometido la herencia de su Reino. Creo porque, con un poco de imparcialidad y una mirada que no se cierre a la luz de lo Alto, se adivina, se constata cómo este combate continúa bajo nuestros ojos. Ciertamente, no se trata de materializar a Lucifer, de quedarnos en las representaciones de una piedad popular. Lucifer, el Príncipe del mal, actúa en el espíritu y en el corazón del hombre.

Finalmente, creo en Lucifer porque creo en Jesucristo que nos pone en guardia contra él y nos pide combatirlo con todas nuestras fuerzas si no queremos ser engañados sobre el sentido de la vida y del amor».


FUENTE: conelpapa.com 

12 COMBATES CUERPO A CUERPO DEL PADRE PIO DE PIETRELCINA CONTRA EL DEMONIO





12 Combates cuerpo a cuerpo del Padre Pío de Pietrelcina contra el demonio.

MENSAJES DE MEJUGORJE - 25 de Diciembre (2018)


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje

Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.

Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)


Mensaje 25 de diciembre de 2018


“Queridos hijos! Les traigo a mi hijo Jesús que es el Rey de la Paz. Él les da la paz y que esta paz no sea solo para ustedes, hijitos, sino llévenla a los demás en alegría y humildad. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes en este tiempo de gracia que Dios desea darles. Mi presencia aquí es un signo de amor, mientras estoy con ustedes, para protegerlos y guiarlos hacia la eternidad. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”


Mensaje 25 de diciembre de 2018 - Aparición anual a Jakov

En la última aparición diaria del 12 de setiembre de 1998, la Virgen le dijo a Jakov Colo que tendría una aparición cada año, el 25 de Diciembre. Así ha ocurrido también este año. La Virgen vino con el Niño Jesús en brazos. La aparición comenzó a las 13:38, y duró 9 minutos. La Virgen vino con el Niño Jesús en brazos. La Virgen dirigió el siguiente mensaje a través de Jakov:

“Queridos hijos, en este día de gracia los invito al amor. Hijitos, Dios los ama inmensamente y por eso, hijitos, llenos de confianza, sin mirar hacia atrás y sin temor, entréguenle completamente sus corazones para que Dios los colme de Su amor. No tengan temor de creer en Su amor y misericordia porque Su amor es más fuerte que cualquier debilidad y temor de ustedes. Por eso, hijos míos, llenos de amor en sus corazones, confíen en Jesús y exprésenle su Sí, porque Él es el único camino que los lleva al Padre Eterno. Gracias por haber respondido a mi llamado.


LOS SUEÑOS DE SAN JUAN BOSCO - PARTE 62 -


LA VID



SUEÑO 67.—AÑO DE 1868.

(M. B. Tomo IX, págs. 157-164)

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PRIMERA PARTE


La misma noche que [San] Juan Don Bosco contara a sus hijos del Oratorio los dos sueños precedentes que hemos ofrecido al lector bajo los títulos de: "El monstruo" y "La muerte, el juicio y el paraíso", el siervo de Dios prosiguió expresándose en estos términos:

Soñé, pues, por cuarta vez, lo que les voy a narrar.

******

La noche del jueves santo (9 de abril), apenas un leve sopor comenzó a invadirme, me pareció encontrarme bajo estos mismos pórticos, rodeado de nuestros sacerdotes, clérigos, asistentes y jóvenes. Después creí observar cómo vosotros desaparecían mientras que yo avanzaba un poco hacia el patio.

Me acompañaban [Beato] Miguel Don Rúa, Don Cagliero, Don Francesia, Don Savio, el jovencito Preti y un poco apartados José Buzzetti y Don Esteban Rumi, profesor del Seminario de Genova y gran amigo nuestro.

De pronto vi que el Oratorio actual cambió de aspecto asemejándose a nuestra casa tal como era en los primeros tiempos, cuando en ella vivían sólo mis acompañantes.

Tengan presente que el patio confinaba con amplios campos sin cultivar, completamente deshabitados que se extendían hasta los prados de la ciudadela, en los que los primeros jóvenes, jugaban frecuentemente.

Yo estaba debajo de las ventanas de mi habitación, en el mismo lugar ocupado hoy por el taller de carpintería y que entonces era un huerto.

Mientras estábamos sentados hablando de nuestras cosas y de la conducta de los jóvenes, he aquí que delante de esta pilastra (donde estaba apoyada la cátedra o tribuna desde la que hablaba el [Santo]) que sostiene la bomba y junto a la cual estaba la puerta de la Casa Pinardi, vimos brotar de la tierra una hermosísima vid, la misma que durante mucho tiempo estuvo en ese lugar.

Nosotros estábamos maravillados de la aparición de la vid después de tantos años y nos preguntábamos recíprocamente qué clase de fenómeno sería aquel.

Aquella planta crecía ante nuestros ojos elevándose de la tierra casi a la altura de un hombre. Cuando he aquí que comienza a extender sus sarmientos en número extraordinario por una parte y por otra y a cubrirse de pámpanos por doquier. En poco tiempo creció tanto que llegó a ocupar todo nuestro patio y mucho más. Lo más admirable era que sus sarmientos no apuntaban hacia arriba sino que seguían una dirección paralela a la del suelo formando un inmenso emparrado, quedando suspendida sin que hubiera nada que la sostuviera. Sus hojas eran verdes y hermosas y sus sarmientos de un vigor y lozanía verdaderamente sorprendentes; pronto aparecieron también hermosos racimos, que crecieron

[San] Juan Don Bosco y los que con él estaban, contemplaban maravillados todo aquello y se decían:
 —¿Cómo ha podido crecer esta vid en tan poco tiempo? ¿Cuál será la causa de este fenómeno?

Y el mismo [San] Juan Don Bosco dijo a los demás: —Esperemos a ver lo que sucede.

Yo seguía mirando con los ojos desmesuradamente abiertos y sin pestañear, cuando de pronto todos los granos de uva cayeron al suelo convirtiéndose en otros tantos jóvenes vivarachos y alegres que llenaron en un momento todo el patio del Oratorio y todo el espacio cubierto por la vid: aquellos muchachos saltaban, jugaban, gritaban, corrían por debajo de aquel singular emparrado, de forma que producía honda satisfacción el contemplarlos tan contentos. Allí estaban todos los jóvenes que estuvieron, están y estarán en el Oratorio, y en los demás colegios, pues a muchísimos de ellos ni los conocía.

Entonces, un personaje, que al principio no conocí —y vosotros sabéis que [San] Juan Don Bosco tiene siempre en sus sueños un guía—, apareció a mi lado contemplando él también a los muchachos. Pero de pronto un velo misterioso se extendió ante nosotros y dejamos de ver aquel agradable espectáculo.

Aquel velo, no mucho más alto que la viña, parecía adherido a los sarmientos de la vid en toda su longitud y bajaba al suelo a guisa de telón. Sólo se veía la parte superior de la vid, que parecía un amplio tapete verde.

Toda la alegría de los jóvenes había desaparecido en un momento trocándose en un melancólico silencio. —¡Mira!—, me dijo el guía señalándome la vid.

Me acerqué y vi aquélla hermosa vid que parecía cargada de uva cubierta nada más qué de hojas, sobre las cuales aparecían grabadas éstas palabras del Evangelio: Nihil invenit in ea!

Yo no sabía explicarme el significado de aquello y dije a aquel personaje: —¿Quién eres tú? ¿Qué significa esta vid?

El tal quitó el velo que había delante de la vid y debajo apareció solamente un cierto número de los muchísimos jóvenes que había visto antes, en gran parte desconocidos para mí.

—Estos son —añadió— los que teniendo mucha facilidad para hacer el bien no se proponen como fin el agradar al Señor, Son aquellos que hacen el bien para no desmerecer delante de sus compañeros. Los que observan con exactitud el reglamento de la casa, para librarse de las reprimendas y para no perder la estima de los superiorescon los cuales se muestran deferentes, pero sin sacar fruto alguno de sus exhortaciones y de los estímulos y cuidados de que serán objeto en esta casa. Su ideal es procurarse una posición honrosa y lucrativa en el mundo. No se preocupan de estudiar la propia vocación, desoyen la voz del Señor si les llama y al mismo tiempo disimulan sus intenciones temiendo algún daño. Son, en suma, los que hacen las cosas como a la fuerza, por eso sus obras de nada les sirven para la eternidad.

Esto dijo. ¡Oh, cuánto me disgustó ver en el número de aquellos a algunos a los cuales yo los creía muy buenos, amantes de nuestras cosas y sinceros!

Y el amigo añadió: —El mal no está todo aquí— y dejó caer el velo dejando al descubierto la parte superior de toda la vid. —Ahora, mira de nuevo— me dijo.

Miré aquellos sarmientos; entre las hojas había muchos racimos de uva que a primera vista me parecieron presagiar una buena vendimia. Y esto comenzaba a producirme honda satisfacción, pero al acercarme pude convencerme de que los racimos eran defectuosos y raquíticos; unos estaban cubiertos de una especie de moho, llenos de gusanos y de insectos que los devoraban; otros, habían sido picados por los pájaros y por las avispas; otros, estaban podridos y marchitos. Fijándome mucho me convencí de que nada de bueno se podía sacar de aquellos racimos; que lo único que hacían era impregnar el aire con el hedor fétido que de ellos emanaba.

Entonces el personaje levantó de nuevo el velo y: —¡Mira!—, exclamó. Y debajo de él apareció, no el número extraordinario de jóvenes que había visto al principio del sueño, sino muchísimos de ellos. Sus rostros, antes tan agradables, se habían tornado feos, torvos, llenos de asquerosas llagas. Paseaban encorvados, encogidos y melancólicos. Ninguno de ellos hablaba. Había allí algunos de los que estuvieron en esta casa y en los colegios, otros que actualmente están aquí presentes y muchísimos a los cuales yo no conocía. Todos estaban avergonzados sin atreverse a levantar la mirada.

Yo, los sacerdotes y algunos de los que me rodeaban estábamos atónitos, sin poder pronunciar palabra. Por fin pregunté a mi guía: —¿Cómo es esto? ¿Por qué estos jóvenes que al principio estaban tan contentos y tenían un aspecto tan agradable, se ven ahora tan tristes y con esos rostros tan desagradables? El guía contestó: —¡Estas son las consecuencias del pecado!

Los muchachos pasaban entretanto por delante de mí y el guía me dijo: —¡Obsérvalos detenidamente!

Hice lo que me había sido indicado y vi que todos llevaban escrito sobre la frente y en la mano el nombre de su pecado. Entre ellos reconocí a algunos que me llenaron de estupor. Siempre los había creído verdaderas flores de virtud y, en cambio, al presente veía que tenían el alma manchada con culpas gravísimas.

Mientras los jóvenes desfilaban, yo leía en sus frentes: Inmodestia, escándalo, malicia, soberbia, ocio, gula, envidia, ira, espíritu de venganza, blasfemia, irreligión, desobediencia, sacrilegio, hurto.

El guía me hizo observar:—No todos están ahora como los ves, pero llegarán a estarlo si no cambian de conducta. Muchos de estos pecados no son graves de por sí, pero son causa y principio de caídas terribles y de eterna perdición. Qui spernit módica, paulatim décidet. La gula engendra la impureza; el desprecio a los superiores conduce al menosprecio de los sacerdotes y de la Iglesia; y así sucesivamente.

Desconsolado a la vista de semejante espectáculo tomé la libreta, saqué el lápiz para anotar los nombres de los jóvenes que me eran conocidos y sus pecados o al menos la pasión dominante de cada uno, para avisarles e inducirles a que se corrigiesen. Pero el guía me tomó por el brazo y me preguntó: —¿Qué haces? —Voy a anotar los nombres que veo escritos en las frentes de esos muchachos, para poderles avisar y que se corrijan. —Eso no te está permitido— respondió el amigo —¿Por qué? —No faltan los medios para vivir libres de estas enfermedades. Tienen el reglamento: que lo observen; tienen a los superiores: que les obedezcan; tienen los Sacramentos, que los frecuenten. Tienen la confesión: que no la profanen callando pecados. Tienen la Sagrada Comunión: que no la reciban con el alma manchada por el pecado mortal. Que vigilen sus miradas, que huyan de los malos compañeros, que se abstengan de las malas lecturas y de las conversaciones inconvenientes, etcétera, etcétera.

Están en esta casa y el reglamento de la misma los puede salvar. Cuando oigan la campana, que obedezcan prontamente. Que no se valgan de subterfugios para engañar a los maestros y entregarse al ocio. Que no sacudan el yugo de los superiores, considerándolos como vigilantes importunos, como consejeros interesados, como enemigos, y que no canten victoria cuando consiguen encubrir sus faltas consiguiendo la impunidad de las mismas. Que sean respetuosos y que recen de buena gana en la iglesia y en los demás lugares destinados a la oración sin distraer a los demás ni charlar. Que en el estudio, estudien; que trabajen en el taller y que observen una compostura conveniente. Estudio, trabajo y oración: he aquí lo que los conservará buenos, etcétera.

A pesar de habérmelo prohibido, yo continué rogando insistentemente a mi guía que me dejase escribir los nombres. Y entonces él me arrebató resueltamente elcuaderno de las manos y lo arrojó al suelo diciendo: —Ya te he dicho que no hace falta que los escribas. Tus jóvenes, con la gracia de Dios y con la voz de la conciencia, pueden saber lo que tienen que hacer y lo que han de evitar. —Entonces —dije— ¿no puedo yo manifestarles nada de todo esto? Dime al menos lo que les debo decir; que avisos he de darles. —Podrás decirles, lo que recuerdes y desees.

Y dejó caer el velo y nuevamente apareció ante nuestros ojos la vid, cuyos sarmientos, casi desprovistos de hojas, ofrecían una hermosa uva coloreada y madura. Me acerqué, observé atentamente los racimos y vi que en realidad eran como me habían parecido a distancia. Daba gusto el contemplarlos, causando un verdadero placer a la vista. Esparcían alrededor una fragancia exquisita.

El amigo levantó inmediatamente el velo. Bajo aquel extenso emparrado había muchos de nuestros jóvenes que estuvieron, están y estarán con nosotros. Sus rostros eran muy bellos y todos estaban radiantes de felicidad. —Estos —me dijo el guía— son y serán aquellos que mediante tus solícitos cuidados producen y producirán buenos frutos, los que practican la virtud y te proporcionarán muchos consuelos.

Yo me alegré al oír esto; pero al mismo tiempo me sentí un poco afligido, porque dichos jóvenes no eran tantos como yo esperaba.

Mientras los contemplaba sonó la campana para el almuerzo y aquellos muchachos se marcharon. También los clérigos se dirigieron a sus obligaciones. Miré a mi alrededor y no vi a nadie. Hasta la vid con sus sarmientos y con sus racimos había desaparecido. Busqué al guía y no lo encontré. Entonces me desperté y pude descansar algo.

SEGUNDA PARTE: Continuará próxima entrega.

NAVIDAD ES SILENCIO DE DIOS


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La Navidad es un tiempo de mucho trabajo para casi todo el mundo. Mejor dicho, es un trabajo lograr que las personas descansen y realmente se relajen. Es un tiempo en el qué hay mucho movimiento suscitado por el consumismo pero muy poco espacio para la vida interior.

Actualmente, las personas viven más pensando en qué hacer para alcanzar el mayor placer. Es un placer a costa del cansancio, producto de la exageración en querer salir del propio corazón divagando por el borde superficial de las cosas.

Navidad es el llamado a preparar el pesebre en el corazón de cada uno para que el niño Jesús nazca en él. Es transformar ese lugar particular de nuestro ser en el centro de la adoración propia de todos nosotros, los cristianos, como es el maravilloso misterio del Nacimiento.

Nuestra Madre, en Medjugorje, constantemente nos invita a orar con el corazón para estar bien dispuestos a recibir ese gran tesoro que es su Hijo. Y a orar con el corazón se aprende orando.

Dios los bendiga y puedan lograr esa intimidad con el silencio, para descubrir La Paz a la que nos invita María, pues ella sabe que el silencio es la manifestación de Dios. Me refiero al “silencio de Dios” como la preparación para recibir el gran don de la Palabra encarnada que rompe ese silencio, por eso debe ser un silencio interpretado como nuestra disposición para que sea solo Dios el que irrumpa en nuestra vida.

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¿CÓMO NACIÓ LA TRADICIÓN DEL NACIMIENTO EN NAVIDAD?


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Ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. Para celebrar como merece este milagro, los católicos representan la historia de la natividad de Jesús a través de los portales de Belén

En el Evangelio según san Lucas (Luc 2,6-7), María deposita al niño Jesús en el pesebre o comedero de animales de un establo en el que José y ella habían encontrado refugio porque no había sitio para ellos en el albergue. Una palabra para pesebre en latín es ‘scripia’, donde se encuentra el origen de la palabra francesa ‘crèche’, la alemana ‘krippe’ o la inglesa ‘crib’. Por extensión, la palabra pesebre en estos idiomas designa al portal entero y se ha convertido en símbolo de la Navidad.

El portal de Belén rinde homenaje a la maternidad, a la infancia y a la vida. En francés, de hecho, la misma se utiliza para designar a las guarderías. Desde la historia de la Natividad en el Evangelio de Lucas hasta los portales de Belén contemporáneos, la tradición del Belén ha evolucionado mucho… La primera celebración de la noche de Navidad se sitúa en la iglesia de Santa María de Roma con las estatuas de la Virgen María, José, el asno y el buey, en el siglo VI.

FUENTE: aleteia.org/

EL PUDOR -



Editado de varias fuentes por P. Jordi Rivero

El pudor es un mecanismo instintivo, propio de la castidad, que protege con la vergüenza la intimidad sexual. Evita todo tipo de excesos y peligros morales en materia sexual.

-Es un muro protector de la pureza que ayuda a evitar excesos y peligros morales de todo tipo en materia sexual. Aunque el pudor es instintivo, también es necesario aprender ya desde pequeños para que se sepa apreciar y guiar correctamente. 

-El pudor protege la propia intimidad. No es casto el que trata de ignorar lo sexual sino el que comprende su propósito en los designios de Dios. El pudor es propio de la persona humana. Los animales no tienen pudor. Por eso hacen en público sus funciones más íntimas.

"Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en el pudor a niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana" Catecismo #2524

-El pudor no indica miedo irracional a exponer el cuerpo. Supone mas bien respeto a lo más personal del hombre.


El pudor se expresa en: la casa, el vestido y el lenguaje.

1-La casa es un lugar íntimo. Hay tiempos para compartir con otros, pero también hay tiempos para que la familia este reunida a solas para compartir desde el corazón con la confianza que no es propia tener con todo el mundo. 

2-El vestido. Se cubren las partes más íntimas, que no se comparten con cualquiera. Quien ama respeta y busca que se respete la intimidad. De ahí el celo que muestra el marido o el novio por la decencia en el vestir de su esposa o de su novia. -Pudor no es miedo al cuerpo desnudo, sino respeto a su gran dignidad. Da libertad para no ser dominado por la lujuria y protege también al prójimo. -Protegerse de la mirada intrusa. Salvaguarda el sexo del uso posesivo de los demás. No permite ser reducido a un objeto. Palpar algo es, en cierta medida, un acto de posesión. Ver es como tocar a distancia. Ofrecer a la mirada ajena las partes íntimas del cuerpo supone dejarse poseer en lo que tiene uno de más íntimo. Toda exhibición sugiere un acto de entrega. Hacerlo en público se asemeja a la prostitución.

3-El lenguaje. El pudor no permite expresarse para hacer «de dominio público» sus estados afectivos ni sus debilidades ante la tentación. Evita aquellos aspectos de vulgaridad, chabacanería y desorden que acompañan a ciertas expresiones sexuales.


San Pablo a los Corintios:

         Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. 
Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.

No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo! -1Corintios 6. 13c-15a. 17-20


FUENTE: corazones.org

DEBEMOS SER SENCILLOS, HUMILDES Y PUROS


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Debemos ser sencillos, humildes y puros

De la carta de san Francisco de Asís, dirigida a todos los fieles

La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno tan santo y tan glorioso, fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre diciendo: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz.

Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.

¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y al prójimo como a ti mismo! Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y con mente pura, ya que él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice: Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad. Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y verdad. Y dirijámosle, día y noche, nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos; porque debemos orar siempre sin desanimarnos.

Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.

No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrario debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana criatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que así obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de nuestro Señor Jesucristo.


Oración

Dios todopoderoso, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo.


FUENTE: corazones.org

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís