FRASES PARA SACERDOTES


San Pío de Pietrelcina solía repetir: “El mundo podría quedarse incluso sin sol, pero no sin la Santa Misa”. A los sacerdotes enseñaba a dividir el día en dos partes: la primera, dedicada a la preparación del divino sacrificio y la segunda como acción de gracias.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. XCIII: ADVERTENCIAS.


MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A SUS HIJOS PREDILECTOS.



XCIII



ADVERTENCIAS



"Un defecto de muchos de mis sacerdotes que trae consecuencias muy hondas, muy extensas en contra Mía, es el de no hacerse el cargo de las circunstancias, en muchos casos. La virtud de la previsión en una gran necesidad en los que tienen cargos sobre las almas.

No hay que querer meter en el molde estrecho de un duro criterio a los demás; y generalmente, los exigentes con otros son amplios para sí mismos; no tienen la misma medida para dar que para recibir, son estrechos en sus juicios, en los que muy a menudo hay soberbia.

¡La prudencia! y ¡cuánto necesitan de esta virtud cardinal muchos de mis sacerdotes!  ¡Y qué fácil es para muchos caracteres irse a los extremos, y pedir a las almas lo que no pueden dar, entrometerse en lo que no deben, pretender que todos den la misma medida y empeñarse en medirlos con el mismo rasero.

Los sacerdotes deben tener en cuenta las circunstancias de cada familia, de cada país, de cada clase social, de cada alma.

En lo tocante a la fe, a la doctrina, al Evangelio, no deben contemporizar ni quitar una sola tilde por respetos humanos, ni con culpables condescendencias; pero dentro de la prudencia divina deben pesar, medir y ampliar su criterio en lo lícito, para no ir a extremos que perjudican a la Iglesia y alejan a las almas de su seno.

Y toco este punto, porque hay más, mucho más de lo que se cree, y sólo Yo puedo medir las consecuencias que exterior e interiormente se lamentan en la Iglesia y en el campo de las almas. Parecen minuciosidades y no lo son; parecen cosas de poca importancia, y la tienen y mucha.

Por ejemplo: cuando no sigue, por poco caso o por capricho, las órdenes de los superiores, y alargan la Misa, sobre todo los días de precepto, más de lo mandado o indicado, motivo por el cual los fieles se van, se cansan y pierden el fruto del sacrificio.

Cuando no son puntuales en las misas de obligación y se están confesando entreteniendo, mientras el pueblo espera ya sin devoción y hasta con ira; y de la misma manera, la impuntualidad en el ejercicio del ministerio.

¡Cuánta responsabilidad tienen los sacerdotes que no se hacen el cargo de las circunstancias, que no tiene en cuenta las personas --los empleados, las sirvientas, por ejemplo-- que tienen contado su tiempo y que se marchan antes de cumplir con el precepto!

Y en todos estos descalabros, a más de cargar el sacerdote culpable con muchas de estas faltas, Yo soy principalmente el ofendido, y las murmuraciones mundanas caen sobre mi Iglesia y sus Pastores.

¡Si pudiera hacerles ver a mis sacerdotes la extensión que tienen estas faltas que parecen pequeñeces y que no lo son!

Y todo viene de no pesar las circunstancias generales y particulares, por no hacerse el cargo de lo que les rodea, por caprichos o criterios errados y por falta de obediencia a las órdenes de los superiores.

De eso --de la impuntualidad en el ejercicio del ministerio en muchos de mis sacerdotes-- habría mucho que decir, y Yo los quiero perfectos. Me complacería que estudiaran estos puntos y los enmendaran. Claro está que Yo no pido que los fieles gobiernen a los sacerdotes; pero sí exijo de los sacerdotes que vean y midan y pesen las circunstancias, y procuren, con su puntualidad, exactitud y caridad, no dar ocasión a que sufra detrimento mi Iglesia, ni a que les falten el respeto a ellos mismos.

¡Cuántas faltas hay en estos puntos y en otros muchos, en los que algunos sacerdotes abusan de su autoridad, haciendo esperar indefinidamente bautismos, confesiones, comuniones, etc.; con lo que la pobre gente sufre más de lo que se cree y de lo que se sabe!

Estas menudencias, al parecer, son de mucha importancia en el ejercicio del ministerio, en el cumplimiento de los deberes diarios del sacerdote.


Y ¿qué dijera Yo de tantas veces que por pereza, por olvido culpable, por pequeñas enfermedades, por temor a las molestias, etc., etc., dejan morir a los enfermos, perdiéndose quizá las almas? Esto es terrible para mi Corazón; y la inercia en este punto, en el de el celo por mi propia gloria ha muerto o está muy tibio, me contrista profundamente.

Los sacerdotes saben muy bien que las almas son mi delirio, que deben protegerlas con esmero y salvarlas; ¡con cuánta más razón cuando los llaman y ellas están en peligro! A un sacerdote que dé la vida por su deber, le doy la corona de los mártires. ¡Claro está que no exijo imprudencias, pero sí sacrificios; sí, prudente celo; sí, amor, amor, amor!  Y no es amor la tibieza y morosidad cuando se trata de salvar un alma; no es amor a Mí cuando supera el amor propio, el egoísmo, la comodidad, los pasatiempos y hasta la molicie en muchas ocasiones.

Hay muchas confusiones nacidas del amor propio entre la prudencia divina y la prudencia mundana. La primera es virtud; la segunda es vicio, defecto, egoísmo, amor propio, etc., etc.  Y hay que tener cuidado y clasificar muy claramente cuál prudencia los guía, cuál derrotero deben seguir, que hay muchos engaños con frecuencia culpables, y la rectitud y el amor divino son muy buenas balanzas, muy fieles para pesarlos y distinguirlos.

Pero, lo que simplifica, lo que anulará todos estos vicios y defectos en mis sacerdotes será su transformación en Mí. Siendo ellos otros Yo, obrarán como Yo, es decir, con perfección, con santo celo, con caridad divina, con santa y justa prudencia, atrayendo, suavizando, uniendo, clamando, ¡amando!  El amor es el puso de la caridad con el prójimo, que no mide, que no calcula, que hace que no se mire la criatura a sí misma, sino a Mí en todas las cosas; y sobre todas las cosas y por encima de todo la honra de la santa y adorable Trinidad.

Muy despacio tiene que examinarse mis  sacerdotes sobre estos puntos y otros que he tocado muy a lo vivo en estas confidencias, para su remedio; para el bien de ellos, para la honra de mi amada Iglesia.

Con mucho dolor deben arrepentirse los que tengan culpa y proponer reformas prácticas, no en globo, sino bien pormenorizadas, porque de otra manera todo quedaría en promesas.

Y ¿vieran qué sería para Mí un gran gusto?  El que cada sacerdote, muy humillado ante mi Padre celestial y muy arrepentido de sus culpas y faltas, hiciera una dolorosa confesión general, que lo pusiera ante mis ojos blanco como la nieve.

¡Si mi Sangre de tantos modos quiere limpiarlo!  ¡Si Yo tengo ilusión y gozo al querer presentarlo a mi Padre puro y santificado!  ¡Si para su transformación en Mí necesita imprescindiblemente conservarse limpio!  Y ¿qué mejor piscina para lavarse que el sacramento de la penitencia? En esto insisto mucho. Primero, una confesión general, humilde y santa: después, la frecuente confesión y el tener un Director, par ser guiados y corregidos, sostenidos y ayudados.

Ya ven a qué puntos prácticos he descendido; pero estas cosas son necesarias a mi amor y esta limpieza es indispensable para su transformación en Mí. Y si estos medios para purificar el corazón aconsejarían ellos a otros, ¿por qué no aplicárselos a sí mismos?

¡Bienaventurados los limpios de corazón!, y no sólo quiero que mis sacerdotes vean a Dios, sino que sean otros Yo mismo, en su transformación en Mí, que es más que conocerme: es penetrarme impregnados de lo divino, y endiosados con el mismo Dios.

Ya verán si para ser esto puede estar manchado voluntariamente el sacerdote. ¡Claro está que no! Miserias siempre tendrá; pero estas miserias sólo deben servirle para que no pierda de vista su origen terreno, para sostenerlo en el nivel de la humildad y para que sepa por experiencia propia compadecer a las almas.

Tengo en cuenta que la tierra tiende a la tierra; pero, aun esta tierra trabajada, puede purificarse, puede sublimarse, puede transformarse en lo posible, y sobrenaturalizarse el hombre con lo divino".



LA MATERNIDAD VERSUS PROMISCUIDAD




Hoy, que el sexo se ha convertido, casi en una obligación, un deber social, en cambio, el deseo reprimido, oculto, sobre todo para las mujeres jóvenes, es el de la maternidad. ¿Consecuencia? El abuso, la violencia y el suicidio en aumento.


L’Osservatore Romano

Durante muchos años, en las culturas occidentales el eros ha sido considerado el deseo prohibido y reprimido, y por tanto el más intenso, pero hoy muchas señales nos dicen que algo está cambiando al respecto. Hoy, que el sexo se ha convertido, al contrario, casi en una obligación, un deber social, el deseo reprimido, oculto, sobre todo para las mujeres jóvenes, es el de la maternidad.

Vemos sus primeros signos en las novelas anglosajonas dirigidas sobre todo a un público femenino, precisamente el género de textos que hace decenios había lanzado la moda de la libertad sexual de las mujeres. Ahora, en estos relatos aparecen los recién nacidos, llegados a menudo después de años de deseo insatisfecho, y muchas páginas están dedicadas a la descripción de la relación con niños y de la felicidad que deriva de ello a las madres.

En silencio, sin que nadie hable de ello, estamos viviendo una situación dramática: lo revela también la simple experiencia, típica de todos los que viven en los países “desarrollados”, de ver pocos niños por las calles o en las iglesias. De hecho, incluso en la familia, ya son raros los niños y, por tanto, se los disputa, y por doquier falta la contribución vivificante de su estupor, de su energía vital.

Un filme francés reciente —«17 muchachas», que se inspira en un hecho sucedido realmente en una pequeña localidad de Minnesota— logra comunicar con gran eficacia esta situación, proporcionando muchos elementos de reflexión.

En una escuela de estudios secundarios de una localidad, en plena decadencia económica y cultural, una muchacha de dieciséis años queda embarazada y, en vez de hablar de ello con su madre, siempre ausente y distraída, se confía con sus amigas y decide tener el niño para cambiar algo en su vida vacía de afectos y de estímulos, sin perspectivas. En rápida sucesión, dieciséis de sus coetáneas —el grupo de las amigas más íntimas— quedan embarazadas: por decisión propia, para vivir juntas un sueño, una utopía de vida común, en la que las muchachas, con sus niños, esperan vivir ayudándose unas a otras.

Ciertamente, en esta decisión —vivida con miedo y ceguera por los adultos, profesores y padres, que sólo saben repetir cansinas soluciones, como «pongamos un distribuidor de preservativos en la escuela»— se aprecia la voluntad de dar una respuesta al malestar juvenil, al nihilismo de una vida vacía, sin deseos: el sexo ya a disposición de todos, sin compromiso ni empeño, como se ve por el modo desenvuelto en que las muchachas logran obtener su finalidad procreadora, ya no es objeto de deseo. Son muchachas de las clases populares, con pocas ganas de estudiar y, por tanto, casi sin perspectivas de un futuro profesional, hijas de familias desintegradas o desgarradas por conflictos, para las cuales tener un hijo se transforma en el único deseo prohibido, en la única forma de protesta, pero al mismo tiempo de esperanza para el futuro: «Al menos con un hijo sabremos qué hacer» dice una, y otra le hace eco: «Tendré siempre alguien que me quiera».

Los niños, todos menos uno, nacerán, aunque no se formará la comuna, y serán las familias quienes afrontarán la emergencia. Familias que han recibido lo que hoy parece ser la única señal de alarma capaz de sacudirlas de una resignación pasiva con respecto al malestar de los hijos.

EI filme, que pone de relieve los claroscuros de una situación difícil y llena de contradicciones, es capaz de restituir —mostrando a las muchachas embarazadas que sienten con emoción cómo se mueve el niño, y ven con admirada maravilla cómo cambia su cuerpo— el misterio y el poder de la procreación, la contribución de energía y vitalidad que este milagro logra dar también a un grupo humano tan desesperado y vacío.


Lucetta Scaraffia


"LOS BEBES QUE SOBREVIVEN AL ABORTO SON ABANDONADOS HASTA QUE MUEREN"


Bajo el nombre de “Aspectos Médicos, Legales y Éticos del Infanticidio Neonatal”, se ha celebrado en la sede del Parlamento Europeo una Conferencia para denunciar la situación de los bebés que sobreviven al aborto, que en el mejor de los casos, son abandonados hasta que dejan de respirar.

El grupo de trabajo sobre Bioética y Dignidad Humana del Partido Popular Europeo (PPE) junto a la Red Europea “Ideas”, han sido los encargados de organizar esta Conferencia, presidida por numerosos expertos del ámbito de la medicina que han denunciado que “el infanticidio neonatal es una realidad tan poco abordada como cruel”.

Según ha informado Actuall, los ponentes explicaron durante la conferencia los hechos que definen esta práctica tan inhumana ytan silenciada en muchas ocasiones. “La muerte provocada de los recién nacidos que sobreviven a un aborto tardío conforma unarealidad terrible en Europa”, denunciaron los oradores.

Entre los expertos, podemos nombrar aldirector del Centro Europeo para la Ley y la Justicia, Grégor Puppinik y a laabogada ante la Corte de Estrasburgo, Claire de La Hougue, quienes detallaron todos los aspectos sobre su investigación titulada “Niños sobrevivientes al aborto y al infanticidio en Europa”, en el que explican el brutal maltrato al que son sometidos los niños que sobreviven al aborto. “Al bebé superviviente al aborto se le perpetra una eutanasia, o simplemente se le abandona en su agonía hasta que muere”, denunciaron los expertos.

En una entrevista concedida a Actuall, Gregor Puppinck señala que “en muchos países europeos se permite el aborto tras la semana 20 del embarazo, desentendiéndose de la evidencia científica que muestra cómo, ya desde las semanas 20-22, el bebé es capaz de respirar y sobrevivir fuera del vientre de su madre”.

“Siendo desde el primer momento la única intención la de acabar con la vida del no nacido, cuando los médicos y las enfermeras que perpetran el aborto se enfrentan a la situación de un bebé que sobrevive a esta práctica, por lo general le perpetran una eutanasia, o simplemente le abandonan en su agonía hasta que muere, sin procurarle ningún cuidado”, explica.

A la ponencia de los dos expertos, se sumaron diferentes vídeos con testimonios de médicos que habían participado en algún infanticidio, y que tras darse cuenta de lo que realmente suponía esa práctica, decidieron dejar de hacerlo.

“Investigar la situación de los niños nacidos vivos durante un aborto; reafirmar que todos los seres humanos nacidos vivos tienen el mismo derecho a la vida y al necesario y apropiadocuidado de su salud, sin discriminación por las circunstancias de su nacimiento; y recomendar a los Estados miembros que reconsideren en su legislación sobre el aborto lo referente al umbral de viabilidad de los seres humanos no nacidos”. Estas son las medidas que los miembros del Centro Europeo para la Ley y la Justicia piden que se lleven a cabo para que esta situación cambie.


FUENTE: www.infovaticana.com/

PERDONAR NO ES OLVIDAR, ES RECORDAR EN PAZ


Por: Juan Rafael Pacheco



Y es que el rencor mata, corroe, esclaviza, asfixia. No hay nada mejor en el mundo que perdonar.

Es que el rencor mata, corroe, esclaviza, asfixia.

No hay nada mejor en el mundo que perdonar. Lo repito, nada hay mejor que perdonar. Y si no, hagan la prueba. No se lleven que yo lo dije, no. Hagan la prueba.

¡Haz la prueba! Decídete y perdona al que te ofendió o te causó algún daño. Si crees que el otro piensa que fuiste tú quien tuvo la culpa, pues igual, simple y llanamente pídele perdón, y asunto arreglado. Total, lo importante es lograr la paz, la convivencia, el poder saludar y sonreír y conversar con quien hasta hace poco le volteabas la cara, o le gruñías, o le deseabas el mal, o lo ignorabas, y arriba de eso afirmabas que no, que tú no habías dejado de quererlo, pero que no querías tener nada que ver con esa persona.

El problema es ese. Que lo que dice el Señor es muy distinto. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Difícilmente tu propia persona te sea indiferente.

A los que tengan algún tipo de rencilla, les ruego encarecidamente dediquen unos minutos y presten atención a lo que les voy a contar. Léanlo también los que como yo estamos en paz con el mundo, para la gloria de Dios, que les será útil para llevar este mensaje a los peleones.
Jesús relata la historia de aquel rey que perdona una gran deuda a uno de sus servidores, y al salir del palacio, éste se encuentra a un compañero que le debía unos centavos, y lo hace meter preso hasta que le pague. Al enterarse el rey, le recriminó su injusticia enviándolo a la cárcel. Concluye Jesús diciendo que “lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

Entonces, te pregunto: De todas esas barbaridades que has cometido en tu vida, ¿recuerdas tan sólo una que Dios no te haya perdonado? ¿No? Y entonces, ¿quién eres tú para negarle tu perdón a alguien que mucho o poco te haya molestado, ofendido, irritado, perjudicado o llámese como sea lo que te haya hecho esa otra persona, y mucho peor si es un hermano?
No, mi querido amigo, no vale la pena vivir así. No hay tranquilidad. A mi me pasaba igual. Recuerdo una situación por la que viví, y a sabiendas de que a esa persona me la encontraba los domingos en misa, tenía la respuesta lista por si acaso se atrevía a saludarme: “¡Vade retro Satanás! ¡Retírate Satanás!” ¡Y eso se lo pensaba decir en plena iglesia!

Hoy, sin embargo, vivo tranquilo. A esa persona--¡y a tantas otras!--no tan sólo la perdoné, sino que le pedí perdón, porque estando ya en los caminos del Señor, me cuestioné seriamente si no habría sido yo quien la había ofendido. ¡Que bien se siente uno! Quise visitarla, y darle un abrazo, pero no quiso. Que pena. Siempre está presente en mis oraciones.
El perdón no borra lo sucedido. Lo hecho, hecho queda, y a menos que caigamos en Alzheimer, difícil es olvidar nuestra historia de vida. Pero qué distinto es recordar esos incidentes en paz. Ahí radica la gran diferencia. Perdonar no es olvidar, es recordar en paz.


Bendiciones y paz.

Hospitalidad Católica te ofrece un servicio fraterno de acompañamiento en torno a la Palabra de Dios, que te ayudará a mirar, enfrentar y sobrellevar aquello que estás viviendo a la luz del Evangelio, que es la LUZ y te permitirá mirar tu situación de una manera nueva, para que encuentres la fortaleza, el gozo, el consuelo y la paz que sólo Dios podrá darte.


FUENTE: es.catholic.net

ARREPENTIMIENTO Y REMORDIMIENTO: UN SILENCIOSO DIÁLOGO ENTRE SAN PEDRO Y JUDAS


La diferencia entre arrepentirse de verdad y desesperarse.



Diálogo silencioso entre san Pedro y Judas, el traidor:

Si tú, Judas, en vez de ahorcarte, hubieras buscado a Jesús para confesar tu cobardía, diciendo “cometí un gran crimen, pero estoy arrepentido, perdóname”. Jesús te habría perdonado.

Pausa.

Pedro se acordó entonces de la escena en el pretorio de Pilatos, el Jueves Santo…. Su negación. La mirada de reprimenda que Jesús le hizo cuando fue llevado de un juez al otro. De las lágrimas de arrepentimiento que no dejaban de correr por sus rostros, al punto de formar dos surcos…

Y continuó:

Judas, yo hice algo peor. Negué a nuestro Maestro. Lo negué tres veces. Soy más culpable que tú.

Y Pedro, aún con los ojos llenos de lágrimas, continuaría:

La diferencia es que yo lloré arrepentido. Y tú tuviste sólo remordimiento. Pensaste que no tenías perdón. ¿Por qué desconfiaste de la misericordia de Jesús? – (Fonte: P. Milleriot, jesuíta)


FUENTE: servicocatholicohispano.wordpress.com Del Boletín del sacerdote Pelágio. Por Blog Almas Castelos

AFAMADO EXORCISTA MUESTRA COMO MANEJAR LAS VEJACIONES DIABÓLICAS -

Muchas veces nos preguntamos por qué Dios permite que nos pasen determinados males y permite que el demonio nos tiente a nivel personal; incluso a las civilizaciones y a la humanidad entera. Y la respuesta es que son pruebas para que crezcamos en fe y santidad, ya sean como individuos asó como sociedad.

Somos nosotros quienes libremente debemos dar las repuestas a esos males y tentaciones; aferrándonos a Dios, como hizo Job, o renegando de él, lo que empeorará nuestra situación.

A nivel personal las tentaciones son los instrumentos principales por los que entran las vejaciones del demonio, y las instrucciones para evitarlas son claras y precisas de parte de la Iglesia.

Pero respecto a lo que sucede en la sociedad global la cosa es diferente porque no hay conciencia de la existencia del demonio por parte de los políticos, e incluso resistencia de lo Iglesia para identificar que ciertos movimientos son demoníacos.

El veterano exorcista Gabriele Amorth ha alzado su voz para decir que el Estado Islámico es satanas actuando.

Es el momento que los católicos empecemos a trasladar lo que sabemos para identificar y combatir al demonio a nivel personal, al plano de las sociedades globales y de la civilización occidental, sin tener miedo de definir a movimientos y grupos como brazos ejecutores de satánas.




LAS LECCIONES QUE SURGEN DE LAS BATALLAS

El Catecismo Católico cita a Orígenes:

“Dios no quiere imponer el bien, quiere seres libres […] En algo la tentación es buena. Todos, menos Dios, ignoran lo que nuestra alma ha recibido de Dios, incluso nosotros. Pero la tentación lo manifiesta para enseñarnos a conocernos, y así, descubrirnos nuestra miseria, y obligarnos a dar gracias por los bienes que la tentación nos ha manifestado (Orígenes, De oratione, 29, 15 y 17)”
Aprendemos lecciones valiosas por las batallas interiores que los discípulos de Cristo sufren para ganar el necesario conocimiento de uno mismo y de Dios. La herida del pecado original nos exige estar activos y vigilantes contra las obras del diablo que operan en y por el pecado. Si adoramos cualquier cosa distinta a la Santísima Trinidad (un pecado contra el primer mandamiento) nos volvemos vulnerables a un aumento de la influencia demoníaca.

La verdad es que muchos de nosotros hemos erigido ídolos en nuestras vidas que incluyen personas, lugares o cosas. Estos se convierten en más importantes que nuestra adoración y amor de Dios. La forma en que gastamos nuestro tiempo, talento o tesoro revela a qué o a quién apreciamos más en nuestra vida.


LOS TIPOS DE INFLUENCIAS DEMONÍACAS

La tentación y el pecado. Esta es la batalla espiritual común que purifica el alma. Aunque la tentación en sí no es pecado, cuando nos damos a las tentaciones nos convertimos en esclavos del pecado (Juan 8:34).

Opresión / Vejación. Estas pruebas están diseñadas para fortalecer la fe y aumentar la humildad y dependencia de Dios.

Obsesión. Este es un trastorno espiritual que requiere el ministerio de oración y reorientación a Dios a través de la práctica de la vida sacramental.

Posesión. Este trastorno espiritual es raro y requiere el rito del exorcismo para la liberación, seguido de una vida espiritual disciplinada. Se puede considerar una escuela de santidad.
Las diversas vejaciones diabólicas son verificables en la vida de los grandes santos y en la Tradición de la Iglesia. Por ejemplo, sabemos que las vidas de San Padre Pío, San Juan Vianney, Santa Gema Galgani y muchos otros incluyeron vejaciones diabólicas. Los santos han demostrado su amor y fidelidad a Dios por la paciencia y ofrenda del sufrimiento.


LAS CARACTERÍSTICAS DE LAS VEJACIONES DIABÓLICAS

Desgracias repentinas en el trabajo y en las relaciones con los demás

Desgracias físicas y personales que aíslan a una persona

Sufrimientos económicos y morales

Persecuciones inexplicables donde las personas buenas se vuelven contra la gente buena por un malentendido.

La lucha y la destrucción actuando en las familias, los matrimonios, los grandes grupos de personas, los movimientos en la Iglesia, las comunidades religiosas, parroquias.

Enfermedades físicas inexplicables y no diagnosticables

Ejemplos bíblicos: Libro de Job, 2 Cor. 12:7 (espina de San Pablo)
Muchos de nosotros hemos soportado la angustia de algún disgusto diabólico. Cómo respondemos a estas pruebas de fe nos levantará o nos hará caer. Si somos capaces de permanecer fieles y confiando en Dios, la gracia nos llevará a través del proceso. Si nos rebelamos contra Dios y huimos de Él nuestra condición empeorará.

¿Qué es necesario? Firmeza en la fe, en la esperanza y amor perseverante nos guiarán. El fortalecimiento de nuestra armadura espiritual es necesario para el crecimiento en la virtud. Un corazón confiado permanece dócil a la mano del alfarero divino que nos está moldeando en un vaso de santidad a través del fuego purificador.

Dios dispensa la medicina de pruebas espirituales que se pueden degustar como amargas. Pero sus prescripciones divinas ayudan a remediar los siete pecados capitales (orgullo, la ira, la codicia, la envidia, la pereza, la gula y la lujuria).

La gracia es siempre suficiente para ayudarnos a soportar las pruebas necesarias para ser victoriosos sobre aflicción demoníaca.


LO QUE EL CATECISMO NOS ENSEÑA PARA EVITAR EL MAL

Prudencia. La virtud de la prudencia dispone la razón práctica para discernir nuestro verdadero bien en todas las circunstancias y para elegir los medios adecuados para alcanzarla. Es considerada como la auriga de las virtudes (1806). Cultive la virtud de la prudencia.

Gracia: Sin la gracia de Dios, los hombres no sabrían cómo discernir (1889). Ore por la gracia y el carisma del discernimiento de espíritus.

La sabiduría divina. La ley moral es obra de la sabiduría divina. El significado bíblico se puede definir como la instrucción paterna (la pedagogía de Dios). Prescribe al hombre los caminos, las reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida; muestra los caminos del mal, que se apartan de Dios y de su amor (1950). Ore para el regalo de la sabiduría.

El Evangelio. La buena nueva de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura del hombre caído; combate y elimina los errores y males que brotan de la seducción, siempre amenazadora, del pecado. Purifica y eleva sin cesar las costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida, completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades espirituales de cada pueblo o edad. (2527). Tomar en serio la Palabra de Dios.



EL EXORCISTA GABRIELE AMORTH REVELA LA VERDADERA IDENTIDAD DEL ESTADO ISLÁMICO

El líder exorcista católico está llamando al Estado Islámico una manifestación de satanás en la Tierra.

El padre Gabriele Amorth, 90 años, fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas, está haciendo frente al grupo musulmán de rápida difusión en todo el mundo musulmán y que aterroriza Siria e Irak, diciendo que:

“El ISIS es Satanás”.
“Las cosas suceden primero en los reinos espirituales, entonces ellos se concretan en esta Tierra”.
“Sólo hay dos reinos espirituales: el Espíritu Santo y el espíritu demoníaco”.

Añadió que lo demoníaco entra

“porque el mal se disfraza de varias maneras: políticas, religiosas, culturales, y tiene una fuente de inspiración: el diablo”.

Amorth ha hecho luchando contra el diablo por un largo tiempo, muchos de esos años casi solo.

Hace veinticinco años, el número de exorcistas reconocidos oficialmente por el Vaticano era de aproximadamente una docena. Hoy en día, la Asociación Internacional de Exorcistas (IAE) cuenta con unos 300 miembros procedentes de 30 países diferentes y el grupo fundado por Amorth recibió el reconocimiento oficial en junio de 2014 con el estatus de entidad pontificia.

Hasta el siglo IV, los exorcismos eran una función ministerial estándar para los pastores locales, una práctica que todavía se encuentran en la Iglesia Ortodoxa. 

En ese momento, el Papa Inocencio, reaccionando contra los magos y fraudes que se aprovechaban de los fieles, decidió que los exorcismos podrían ser administrados sólo con la autorización del obispo.

Ha sido Amorth quien ha llamado a revitalizar la práctica del exorcismo en la Iglesia, haciéndose eco de las palabras de Jesús a sus discípulos en Marcos 16:17:

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios…”

Dijo Amorth, satanás
“sigue diciendo que el mundo está en su poder, y lo que dice es verdad. Bíblicamente hablando estamos en los últimos días y la bestia está trabajando furiosamente”.

Cuestionando el fracaso de Occidente para desafiar enérgicamente el avance de los islamistas, Amorth advirtió que ignorar la amenaza no es una opción a largo plazo.

“El mundo de la política, que hoy parece carecer de una respuesta frente a la masacre de los cristianos, también tendrá que luchar contra el ISIS”.

“Si avanza, como parece estar haciéndolo, nos debemos preguntar qué ha hecho Occidente a lo largo de las últimas décadas.”

Amorth ha estado dispuesto a ir en pos de satanás donde quiera que se encuentre, incluso dentro de la misma Iglesia.

En marzo de 2010, Amorth dijo al diario italiano La Repubblica:

“El diablo vive en el Vaticano y se pueden ver las consecuencias. Él puede permanecer oculto, o hablar en diferentes lenguas, o incluso parecer simpático. A veces se burla de mí. Pero yo soy un hombre feliz en su trabajo”

Agregó que la mala influencia de satanás es evidente en los rangos más altos de la jerarquía católica, con “cardenales que no creen en Jesús y obispos que están vinculados con el demonio.”


¿Por qué el latín es la lengua oficial de la Iglesia católica?


¿Y por qué Roma es su capital?

La Iglesia es universal, pero esta universalidad no es puramente geográfica al extenderse hasta los confines del mundo, sino que más bien dicha universalidad deriva de su vocación -dada por Dios- de acoger a todos los hombres en su seno porque su llamado (el de Dios) no excluye a persona alguna.

Y para que su mensaje fuera universal o católico, Dios se valió en un principio de la lengua y estructura del imperio romano, que para ese entonces era una realidad universal.

El latín era la lengua del imperio romano; la lengua que, desde Roma, se pretendió extender por los territorios conquistados.




Es más, es la lengua con la que de alguna manera Jesús entró en contacto porque el imperio romano llegó a Palestina.

Incluso con una buena probabilidad, en virtud de su inteligencia divina o su ciencia infusa, cabe pensar que Jesús manejara el latín, aunque su conocimiento hubiera podido ser un poco más que rudimentario.

Es lo que nos sugiere la conversación entre Jesús y el centurión romano que mencionan Mateo y Lucas; conversación en la que, con toda probabilidad, no hubo intérprete alguno, pues sólo aparecen como testigos de la misma sus discípulos y otras gentes de similar nivel cultural, no muy elevado.

Por lo anterior también es probable que Jesús utilizara esta lengua para hablar con Poncio Pilatos.

Si algunos del pueblo hablaban latín, ¿por qué no precisamente Jesús? Es muchísimo más probable y fácil que los territorios conquistados “hablaran” la lengua del imperio que los conquistadores hablaran la lengua de sus dominados.

Es improbable que el despótico gobernador o procurador romano Poncio Pilatos, alto funcionario de transición del gobierno de ocupación, se incomodara en aprender una de las lenguas del territorio dominado (arameo-hebreo), cuando tenía la misión de consolidar el imperio junto a su lengua en ese territorio.

Roma al extenderse alrededor del Mediterráneo, extendió e impuso toda su cultura, leyes, lengua, etc..

Y el latín era la lengua cooficial junto a otras (propias del lugar), aunque con carácter un poco menos preponderante con respecto al griego; pues el griego era la lengua de la gente importante, culta, de los ricos y la lengua del mundo laboral y comercial.

Creo que no es descabellado pensar que la divina providencia haya permitido que Jesucristo haya nacido, como lugar y momento histórico, en un territorio dominado por el imperio romano; admirable instrumento para la rápida expansión del cristianismo, sobre todo a partir del siglo IV.

Si el mundo occidental, al origen del cristianismo, hubiera sido una multiplicidad de pueblos y gobiernos totalmente divergentes y autónomos hubiera sido un obstáculo para la difusión del mensaje de Jesús a través de su Iglesia.

Después de Pentecostés, sus apóstoles parten a “conquistar” el mundo. Y, ¿con qué se encuentran? Se encuentran con un imperio bien unificado, compacto y organizado gracias en primer lugar a la lengua latina, sin excluir el griego.

Es en ese imperio donde establece el cristianismo, y es de él que la Iglesia adopta su forma terrenal: la organización, la estructura, el derecho, la lengua, etcétera.

Y Roma es también la misma capital o cuna de la Iglesia porque también es la ciudad en la cual murieron san Pedro y san Pablo, columnas de la Iglesia; ciudad que fue fecundada con la sangre de tantos mártires.

El latín era pues la lengua universal y la Iglesia se extendió, se consolidó y se fortaleció utilizando esta lengua.

De esta manera la Biblia, los documentos eclesiales y patrísticos, los concilios, los libros eran en esta lengua para llegar a los confines geográficos del mundo.

En efecto, la Iglesia, al abrazar a todas las naciones y al estar destinada por vocación divina a permanecer hasta la consumación de los siglos, exige por su misma naturaleza, una lengua profunda, inmutable y universal.

La Iglesia debe disponer de una lengua que le permita comunicarse oficialmente no solo entre los miembros de un mismo contexto histórico esparcidos por el mundo sino que también vincule a los cristianos de todas las épocas entre sí.

Y el latín es la lengua apropiada porque se necesita una lengua que sea punto de referencia para el conocimiento de los documentos institucionales y no desvirtuar el sentido de los textos pues entre otras ventajas del latín es la de ser una lengua muy, pero muy, precisa o concreta; incluso muy propicia para ahondar en las verdades teológicas.

Además el latín es, más ayer que hoy, la lengua común que permite que la liturgia o el culto sea el mismo en cualquier rincón del mundo. El latín es utilizado como lengua litúrgica oficial de la Iglesia católica de rito latino.

Y su condición de lengua “muerta”, en el sentido de que no está sujeta a evolución, le confiere particular utilidad para usos teológicos y litúrgicos, ya que es necesario que los significados de las palabras se mantengan estables.

De esta manera los textos que se emplean en estas disciplinas conservarán su significado y su sentido para lectores de todas las épocas.


FUENTE:  es.aleteia.org

LA PERSONALIDAD DEL DEMONIO, LO QUE LE AGRADA Y DESAGRADA


El demonio es un dios frustrado, que quiso ser pero no pudo, y por eso se ha transformado en una caricatura de Dios, dedicándose a hacer las cosas contrarias a las de Dios.



Un comportamiento típico del diablo durante el exorcismo es hablar acerca de la destrucción y la aniquilación. Todo lo que es bello, bueno, sano, puro y armonioso puede ser burlado y es atacado por él con furia para destruirlo.

Y usa varias tentaciones distintas en su afán destructivo: la promiscuidad, el culto de la Nueva Era, la separación de la familia, los excesos de todo tipo y sobre cualquier cosa, etc., aplicándolas no en la forma que un funcionario eficiente y sistemático lo haría, sino con la pasión de quien disfruta al hacerlo.


DESTRUCCIÓN DE LO BUENO

Particularmente es notable el odio del diablo contra el sacramento del matrimonio, los vínculos familiares y el afecto.

“Él reacciona muy violentamente cuando se bendice el matrimonio de dos personas casadas o si se les invita a renovar sus votos matrimoniales”, dice Bamonte. 

Francesco Bamonte pertenece a la joven Orden de los Siervos del Corazón Inmaculado de María y desde 2012 es Presidente de la Asociación Italiana de Exorcistas. Desde 2005 es profesor de la Universidad Pontificia Regina Apostolorum, en Roma, donde dirige el curso sobre Exorcismo y Oración de Liberación. A petición de varios obispos italianos y diócesis extranjeras, él instruye a los seminaristas sobre el tema de ocultismo y exorcismo y sus consiguientes problemas pastorales. Él también ayuda a los sacerdotes que son nombrados como exorcistas en su diócesis por el obispo.

Es muy común que hable de “destrucción y aniquilación”. Todo lo que es “bueno, bello, sano, puro y armonioso” se cubre con mofa por el demonio. Él amenaza con destruirlo todo. El odio especial de las fuerzas demoníacas se aplica al sacramento del matrimonio y de la familia. 

El sacerdote habla de un exorcismo en la que el demonio le dijo:

“No me gusta la forma en que las mujeres están vestidas. Usted debe desnudarse aún más por lo que su sexo debe ser prevalente y pueda destruir a más familias.”
En otros exorcismos, el demonio habló de una manera muy metafórica de los órganos sexuales como el “centro del mundo”.

El diablo responde con “furia”, si el matrimonio de una pareja es bendecida o si los jóvenes quieren ser castos hasta el matrimonio. El diablo maldice esas decisiones de pureza y castidad como “basura”, dice el padre Bamonte.


QUIERE QUE LO ADOREN COMO A DIOS

El demonio tiene muchas ínfulas y demandas, y en base a ellas actúa seduciendo con su poder en el mundo, que sabemos que es limitado:

“Una repetición en los exorcismos es la insistente demanda del demonio, que los hombres deben adorarle como si fuera Dios. El demonio no acepta ser creatura, se hace pasar a sí mismo por Dios, y él tiene interés de que la gente le ofrezca a él un culto que pertenece sólo a Dios. Durante el exorcismo, a menudo dice: ‘Oren para mí, pídanme a mí, yo soy dios, yo soy dios. Arrodíllate, cuando es invocado mi nombre. Soy todopoderoso. Llámame.’”


DISFRUTA CON EL MAL

Una característica sobresaliente de la “personalidad” del diablo es su “odio abismal”.

Él “disfruta con el mal en cualquier forma en que se produce.”

En un exorcismo, exclamó:

“Tomad este libro atroz del Apocalipsis que está escrito acerca de una mujer que da a luz. Yo siempre trato de comer a los niños ¿Sabes cómo…?”
Entonces el diablo describió con palabras aterradoras el asesinato en masa diario de miles de niños no nacidos que son asesinados por el aborto en el útero. También ilustró en todos los detalles, el abuso sexual atroz de los niños. 

Él siempre añade en sus declaraciones espantosas el horrible: “¡Cuánto me gusta eso!”, dice el padre Bamonte.

También dijo que él habló de cómo los jóvenes se destruyen con el uso de drogas o sobre los terroristas suicidas islámicos que se inmolan.


LOS PERVERTIDOS Y BURLADORES

“Es sorprendente, cómo él tuerce todo y vuelve boca abajo convirtiendo el mal en bien y el bien en mal. Cuando le ofrecí a él una reliquia, gritó: ‘¡Qué hedor!’ Es cómo él lo ve. No quiere decir Jesucristo, cuyo nombre nunca pronuncia por desprecio y odio.

Cuando le mostré un rosario, dijo ‘cadena maldita con la cruz en el extremo’. Cuando lo rocié con agua bendita a los poseídos, el diablo, protesta airadamente: ‘No me puedes lavar con esta agua, que apesta y quema’.

Cuando dije las palabras sobre un poseído ‘Bendice Señor a este hermano’ el diablo gruñió inmediatamente, ‘¡él será condenado, yo lo llevaré al infierno!’”

El exorcista continuó:

“Cuando llegué a las palabras, ‘inimìce fidei, hostis, umani generis, adducto mortis’ en el curso de una exoricismo, el demonio sentenció toda su devoción por el mal y para que el mal sea reconocido: ‘el poder del mal será nuestro altar en el que vamos a sacrificar la vida de tus malditos hijos e hijas en este altar, vamos a derramar la sangre de tus malditos hijos e hijas. Hay un dios para los que odian, y ese dios es mi dios’”


“EL ODIO DE LA GENTE ME ALIMENTA”

El diablo muestra su verdadera cara durante los exorcismos. Él se revela a sí mismo tal como es, como quien constantemente quiere dividir a la gente en contra de unos a otros. Él goza del odio entre las personas y anhela la malignidad humana,

“este es el alimento que me nutre y me fortalece”, le había contestado una vez, dijo Bamonte.

“Muchas veces”, dice el exorcista, “he oído al demonio en perfecto acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia que el mal es una decisión libre de un hombre.

Él también tuvo que admitir que él no puede hacer nada en contra de la voluntad del hombre, si él se opone a la gracia que lo apoya.
Él es, como lo explica claramente una y otra vez, el gran tentador que quiere tentar a la gente siempre: ‘Nuestro deber es tentar, siempre, a cualquier persona, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. Algunos son atrapados en nuestra red, algunos para siempre’”


EL DEMONIO PROMUEVE LA PROMISCUIDAD

Por su parte el Padre Jeremy Davies, de la diócesis de Westminster de la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales, dijo que las perversiones sexuales, así como las prácticas de moda de la Nueva Era pueden abrir la puerta a los espíritus malignos.

Fr. Davies fue nombrado exorcista de la Arquidiócesis de Westminster en 1986 después de un periodo de entrenamiento de cuatro meses en Roma. En 1993 fue co-fundador, con el italiano Padre Gabriele Amorth, de la Asociación Internacional de Exorcistas que ahora cuenta con cientos de miembros en todo el mundo.
Ofreciendo lo que podría ser una explicación para la explosión de la homosexualidad en los últimos años, el P. Davies dijo: “Entre las causas de la homosexualidad hay un factor demoníaco contagioso”.

Y continuó diciendo:

“La promiscuidad heterosexual es una perversión, y las relaciones sexuales, que pertenecen al santuario del amor conyugal, pueden convertirse en un camino no sólo para la enfermedad, sino también por los malos espíritus.

Algunas cosas muy desagradables deben ser mencionadas porque los jóvenes, sobre todo, son vulnerables y debemos hacer lo que podamos para protegerlos y advertirles”, dijo al Catholic Herald .

También dice que satanás es responsable por haber cegado a la mayoría de los humanistas seculares de los

“efectos deshumanizantes de la anticoncepción y el aborto y la fecundación in vitro, de los ‘matrimonios’ homosexuales, de la clonación humana y la vivisección de embriones humanos en la investigación científica.”

El humanismo secular extremo, o“cientificismo ateo”, al que compara con “el satanismo racional”, está llevando a Europa en un peligroso estado de apostasía.

“Sólo por una genuina decisión personal por Cristo y por la Iglesia, alguien puede separarse de ello”.

Fr. Davies, un graduado de Oxford y doctor en medicina, hizo estos comentarios hace años en su libro, titulado Exorcismo: Entendiendo el exorcismo en la Escritura y en la Práctica.


NUEVA ERA

Fr. Davies también advierte contra las denominadas prácticas de la Nueva Era y el ocultismo, así como los ejercicios de “sanación espiritual” derivados de las religiones orientales.
“Drogas blandas, yoga para la relajación, horóscopos sólo por diversión y así sucesivamente son más peligrosos que el extremo más fuerte, ya que son más engañosos y el espíritu maligno trata de hacer su entrada tan discretamente como sea posible”.

“Tengan cuidado con cualquier pretensión de mediar con energías ‘beneficiosas’ (por ejemplo, reiki), cualquiera de los cursos que prometen la paz que Cristo promete (por ejemplo Eneagramas), cualquier terapia alternativa con sus raíces en la religión del este (por ejemplo, la acupuntura).”

“No es necesario concurrir abiertamente a actividades ocultistas tales como sesiones de espiritismo y la brujería, donde hay invitaciones directas al diablo que él acepta con facilidad”.



LO QUE MÁS GUSTA Y MÁS DISGUSTA AL DEMONIO

El libro Catechesi di Satana, recoge la compilación que el padre Marcello Pellegrino Ernetti realizó sobre las palabras dichas por el mismo demonio, por boca de los posesos, durante exorcismos cuando se les ordenó en el nombre de Jesús que confesaran lo que le más le agrada y desagrada.

Las palabras de los demonios fueron registradas en grabadoras por los colaboradores del padre Ernetti. El valor y veracidad de este documento está corroborado por los testigos que estuvieron presentes en dichos exorcismos y confirman los testimonios.

Resumiendo, lo que más le desagrada es:
* La confesión, donde Cristo lava nuestras almas con su sangre preciosa.
* La Eucaristía, que nos alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Jesús.
* La adoración eucarística, donde continuamos la unión con Jesús.
* El amor a María y el rezo del rosario.
* Las apariciones de la Virgen, que nos llevan a la conversión.
* La obediencia al Papa, representante de Jesús en la tierra.
* La oración de las almas contemplativas.

Por el contrario, dice el padre Pellegrino, que lo que más le agrada es:
* La profanación de las hostias consagradas.
* El aborto, que es la matanza de niños inocentes.
* La droga, que hace alocarse a los jóvenes.
* El divorcio, que destruye a las familias.
* Las faldas cortas y los vestidos indecentes de las mujeres.
* Los eclesiásticos que niegan su existencia




EL PODER DE LA ORACIÓN Y DE LA SAGRADA LITURGIA

Ya en el 2000, el Padre Davies dijo al diario The Independent que los incidentes de posesión demoníaca están aumentando drásticamente junto con el aumento de las creencias y prácticas de la Nueva Era, la ignorancia de la Biblia y un crecimiento de la confusión espiritual.

“En el centro de esto está el hombre con cada vez mayor orgullo y autosuficiencia. El hombre tratando de construir un mundo mejor sin Dios, otra Torre de Babel”.

Y el Padre Bamonte, el actual exorcista de la diócesis de Roma, dice que la Iglesia tiene el arma del exorcismo, que demuestra la potencia inmediata de la oración.

“El exorcismo es una acción litúrgica y por lo tanto una oración de la Iglesia. El exorcista no hace nada en su propio nombre, sino todo en el nombre de Jesucristo y de la Iglesia. Cuando vemos lo mucho que este rito perturba al diablo y los demonios y lo derrota, entonces nos damos cuenta de todas las otras acciones litúrgicas de la Iglesia, la oración y la gracia que ellas obtienen en forma más potente. Eso realmente nos debe animar a orar, a hacer uso de la ad Sacramentos, visitar la Santa Misa”. 
“En un exorcismo, el demonio tuvo que admitir, ‘aparentemente obligado por Dios’ y decir: ‘Si ustedes vivieran de rodillas delante de él y le adoran y cantan alabanzas, como lo hacen los ángeles, no tendríamos todo el poder, el que ustedes nos dan sobre ustedes’“


EL EXORCISTA PADRE TEO DIRK KURT KRANZ HABLA SOBRE LA ESTRATEGIA DE SATANÁS

Por encima de la guerra de los hombres hay otra guerra, es la de las mentes esa es la guerra que yo quiero ganar, ha dicho Satanás en exorcismos.

En una entrevista de Rosa Maria Ordaz, el Exorcista padre Teo Dirk Kurt Kranz de Colombia, habla de un mundo sobrenatural donde el Espíritu Santo inspira y satanás controla a través de la mentira.





FUENTE; forosdelavirgen.org

CRISTO ES EL ALFA Y OMEGA ETERNO Y TOTAL 3 [RECOPILACIÓN]


Tomado de conocereisdeverdad.org

Christus heri et hodie, principium et finis, alpha et omega... «Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos» (Misal romano, preparación del cirio pascual).

El Verbo eterno, al hacerse hombre, entró en el mundo y lo acogió para redimirlo. Por tanto, el mundo no sólo está marcado por la terrible herencia del pecado; es, ante todo, un mundo salvado por Cristo, el Hijo de Dios, crucificado y resucitado. Jesús es el Redentor del mundo, el Señor de la historia. Eius sunt tempora et saecula: suyos son los años y los siglos. Por eso creemos que, al entrar en el tercer milenio junto con Cristo, cooperaremos en la transformación del mundo redimido por él. Mundus creatus, mundus redemptus.

Desgraciadamente, la humanidad cede a la influencia del mal de muchos modos. Sin embargo, impulsada por la gracia, se levanta continuamente, y camina hacia el bien guiada por la fuerza de la redención. Camina hacia Cristo, según el proyecto de Dios Padre.

«Jesucristo es el principio y el fin, el alfa y la omega. Suyo es el tiempo y la eternidad»




Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo
Rey de amor


El último domingo del año litúrgico es la fiesta solemne de Jesucristo, Rey del universo. Celebramos de esta manera como el colofón de la historia humana, que en Cristo tiene su punto omega. Verdaderamente, Cristo es el centro del cosmos y de la Historia. La Historia se cuenta antes de Cristo y después de Cristo, porque el acontecimiento de la Encarnación redentora ha marcado un antes y un después de este acontecimiento. Y Jesucristo es el final de la historia humana, porque en Él quedará recapitulado todo, y hacia Él confluirán todos los caminos de la Historia.

Jesucristo vivió con esta conciencia. Así leemos en el evangelio de San Juan: «¿Eres tú el rey de los judíos? -Tú lo has dicho, yo soy rey». Jesús tiene conciencia de ser rey, aunque no es un rey como los reyes de este mundo. Mi reino no es de este mundo. Él ha venido para ser testigo de la verdad, para enseñarnos el camino del amor verdadero, para conquistar nuestros corazones con la fuerza de su amor, que no supone violencia ni imposición, sino que convence a fuerza de amor.

«En el atardecer de la vida te examinarán del amor», nos recuerda san Juan de la Cruz, aludiendo al pasaje del Evangelio de este domingo. Seremos examinados de amor por el Rey del amor. Tuve hambre y me disteis de comer… ¿Cuándo? ¿Cómo? -Cada vez que lo hicisteis con uno de mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.El resumen de toda la vida cristiana es el amor. En este caso, el amor a nuestros hermanos necesitados, con los que Cristo se ha identificado. Por el misterio de la Encarnación, Jesucristo se ha unido de alguna manera con cada hombre. La Encarnación no termina en su humanidad santísima, sino que ha querido prolongarse en cada hombre que viene a este mundo, incorporándolo a ese gran cuerpo, que es su Iglesia.

Cristo se disfraza en el hermano hambriento, sediento, desnudo, para provocar nuestra misericordia hacia Él, en sus hermanos más pobres, de manera que también nosotros alcancemos misericordia. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. De esta manera, el amor cristiano encuentra su camino de ida y vuelta en Jesucristo. Primero, porque Él nos ha amado hasta el extremo, pero, además, porque Él ha colocado en nuestros corazones su amor, y nos lo reclama provocándonos desde el hermano necesitado. Él es verdadero Rey de amor, que al final de la Historia nos concederá la herencia del Reino, preparado por su Padre desde la creación del mundo para todos los elegidos. + Demetrio Fernández
obispo de Tarazona – España 2008.XI.23


Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

Realeza y realismo - Desde los supuestos humanos, Cristo no podía ser aclamado como rey. Le faltaba cuna, méritos políticos, heroísmos sociales, aclamación popular. Y de Jesucristo ni siquiera se aceptaba su sabiduría y liderazgo social, porque era conocido como el hijo de José y María, y vecino de Nazaret. Por eso el Señor se apresura a clarificar que su reino no es de este mundo. Con ello afirma su realeza y rechaza sospechadas pretensiones de gobierno político y de prevalencia o prestigio social. La realeza de Cristo se engarza esencialmente con su identidad divina y, por tanto, con los valores no aparentes sino reales, originarios y permanentes, radicales y definitivos. Así lo proclama el Señor: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad».

La realeza de Cristo nace de la Verdad infinita, goza de la capitalidad universal y está en el origen y en el fin de toda realidad. Cristo es la Verdad porque es Dios. La realidad, todo cuanto es, tiene su origen en Dios. Nada ni nadie tiene en sí mismo fuerza para ser ni para permanecer en la existencia recibida. La Verdad, origen de todo y referencia para todo y para todos, es la que da consistencia a toda sabiduría y verifica el bien en todas sus dimensiones. Dios es quien existe por sí mismo y da la existencia a todo, lo sostiene todo y lo ordena todo hacia la perfección en la plenitud del equilibrio definitivo. Es Dios quien lo rige todo con el mayor de los aciertos y con la más difícil de las estrategias. Dios reina con el amor que se vuelca incondicional y universalmente y, desde el amor infinito, ejerce el máximo respeto que, en el caso del ser humano, se plasma en el don de la libertad. Este don precioso, identifica y dignifica al hombre y le compromete en la corresponsabilidad sobre sí mismo en unión con Dios, creador y salvador suyo.

Las reflexiones precedentes nos llevan a concluir que la realeza de Dios, que está en el origen de todo y de todos, no se impone irremisiblemente a nadie. Se anuncia, se manifiesta, y nos invita a aceptarle. Cristo es la Palabra viva del Padre que nos da a conocer a Dios. Por eso dice: «Quien me ve a mí, ve al Padre». Ésta es la razón por la que el Señor, junto a la clarificación de la esencia de su realeza, clarifica también la identidad de quienes integran su pueblo: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

El texto evangélico nos enfrenta con la identidad esencial de Cristo y con la identidad vocacional nuestra. Aceptar la realeza de Jesús nos lleva al realismo más integral y fructífero. Ése es el camino. No olvidemos que Cristo dijo de sí mismo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».
Santiago García Aracil - obispo de Jaén - 2003 nov.


FÁTIMA Y LA VISIÓN DEL INFIERNO -





El viernes 13 de julio de 1917, Nuestra Señora se apareció en Fátima y les habló a los tres pequeños videntes. Nuestra Señora nunca sonrió. ¿Cómo podía sonreír, si en ese día les iba a dar a los niños la visión del Infierno?

Ella dijo: “Oren, oren mucho porque muchas almas se van al Infierno”. Nuestra Señora extendió sus manos y de repente los niños vieron un agujero en el suelo. Ese agujero, decía Lucía, era como un mar de fuego en el que se veían almas con forma humana, hombres y mujeres, consumiéndose en el fuego, gritando y llorando desconsoladamente. Lucía decía que los demonios tenían un aspecto horrible como de animales desconocidos. Los niños estaban tan horrorizados que Lucía gritó. Ella estaba tan atemorizada que pensó que moriría. María dijo a los niños:

“Ustedes han visto el Infierno a donde los pecadores van cuando no se arrepienten”.“Al decir estas palabras, abrió de nuevo las manos como en los dos meses anteriores. El reflejo (de luz que ellas irradiaban) parecía penetrar en la tierra y vimos un como mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fueran brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban – en el incendio llevadas por las llamas que salían de ellas mismas juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados – semejante a la caída de pavesas en los grandes incendios – pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros tizones en brasa”



NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA DIJO A LOS PASTORCITOS

Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, y especialmente cuando hagáis un sacrificio: “¡Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!”.

Al decir estas últimas palabras abrió de nuevo las manos como los meses anteriores. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego y sumergidos en este fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, de forma humana, que fluctuaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todo los lados, semejante a la caída de pavesas en grandes incendios, pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debía ser a la vista de eso que di un “ay” que dicen haber oído.)

Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros tizones en brasa. Asustados y como pidiendo socorro levantamos la vista a Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:

Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará pero si no dejan de ofender a Dios en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche alumbrada por una luz desconocida sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre, de la persecución de la Iglesia y del Santo Padre. Para impedir eso vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia: los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal el dogma de la fe se conservará siempre, etc. (Aquí comienza la tercer parte del secreto, escrita por Lucía entre el 22 de diciembre de 1943 y el 9 de enero de 1944.) Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí podéis decírselo.
Cuando recéis el rosario, decid después de cada misterio: “Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.”



MEDITACIÓN SOBRE EL INFIERNO Y LA ETERNIDAD

Un día llegamos con nuestras ovejas al lugar escogido para pastar, Jacinta se sentó pensativa en una piedra.
– Jacinta ven a jugar
– Hoy no quiero jugar
– ¿Por qué no quieres jugar?
– Porque estoy pensando así: aquella Señora nos dijo que rezásemos el Rosario e hiciésemos sacrificios por la conversión de los pecadores. Ahora cuando recemos el Rosario tenemos que rezar las avemarías completas y el Padrenuestro entero. ¿Y que sacrificios podemos hacer?
Francisco pensó enseguida en un buen sacrificio:
– Vamos a darle nuestra comida a las ovejas y así haremos el sacrifico de no comer.
En poco tiempo, habíamos repartido nuestro fiambre entre el rebaño. Y así pasamos un día de ayuno más riguroso que el de los austeros cartujos. Jacinta seguía pensativa, sentada en su piedra y preguntó:
– Aquella Señora también dijo que iban muchas almas al infierno. ¿Pero que es el infierno?
– Es una cueva de bichos y una hoguera muy grande (así me lo explicaba mi madre) y allá van los que cometen pecados y no se confiesan y permanecen allí siempre ardiendo.
– Y ¿nunca más salen de allí?
– No
– ¿Ni después de muchos años?
– No, el infierno nunca se termina.
– Y ¿el Cielo tampoco acaba?
– Quien va al Cielo nunca mas sale de ahí
– Y ¿Y el que va al infierno tampoco?
– ¿No ves que son eternos, que nunca se acaban?

Hicimos por primera vez en aquella ocasión, la meditación del infierno y de la eternidad. Tanto impresionó a Jacinta la eternidad que a veces jugando preguntaba:
– Pero, oye ¿después de muchos, muchos años, el infierno no se acaba?
Y otras veces:
– ¿Y los que allí están, en el infierno ardiendo, nunca se mueren? ¿Y no se convierten en ceniza? ¿Y si la gente reza mucho por los pecadores, el Señor los libra de ir allí? ¿Y con los sacrificios también? ¡Pobrecitos! Tenemos que rezar y hacer muchos sacrificios por ellos.
Después añadía
– ¡Que buena es aquella señora. Ya nos prometió llevarnos al Cielo!



PALABRAS DE LUCÍA

El Secreto recibido el 13 de julio de 1917 en Fátima consta de tres cosas distintas, de las cuales voy a revelar dos. La tercera ha sido enviada al Papa y reposa en los archivos del Vaticano.La primera fue, pues, la vista del Infierno.

Nuestra Señora nos mostró un grande mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergido en el fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas que fluctuaban transparentes y negras y bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos lados, parecidas al caer de las pavesas, en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes negros.

Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo. De no haber sido así, creo que hubiésemos de muerto de susto y de pavor!
Inmediatamente, levantamos los ojos a Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo, la devoción a mi Inmaculado Corazón.



PRESENCIA DE MARÍA EN EL MISTERIO DE LA LITURGIA - 4


Recopilación de conocereisdeverdad.org

«María, mi amadísima Madre, dame tu corazón tan bello, tan puro, tan inmaculado, tan lleno de amor y de humildad, para que pueda recibir a Jesús como tu lo hiciste e ir rápidamente a darlo a los demás». Beata Teresa de Calcuta.


¡María fue santa, María fue dichosa! Pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿Por qué? Porque María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo... Por tanto, amadísimos hermanos, prestad atención a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo (1 Co 12,27). ¿Cómo lo sois? Poned atención a lo que el mismo Cristo dice: “Estos son mi madre y mis hermanos “ ¿Cómo seréis madre de Cristo? “El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.



Devoción mariana y culto a las imágenes
Catequesis de Juan Pablo II (29-X-1997




1. Después de justificar doctrinalmente el culto a la santísima Virgen, el concilio Vaticano II exhorta a todos los fieles a fomentarlo: «El santo Concilio enseña expresamente esta doctrina católica. Al mismo tiempo, anima a todos los hijos de la Iglesia a que fomenten con generosidad el culto a la santísima Virgen, sobre todo el litúrgico. Han de sentir gran aprecio por las prácticas y ejercicios de piedad mariana recomendados por el Magisterio a lo largo de los siglos» (Lumen gentium, 67).

Con esta última afirmación, los padres conciliares, sin entrar en detalles, querían reafirmar la validez de algunas oraciones como el Rosario y el Ángelus, practicadas tradicionalmente por el pueblo cristiano y recomendadas a menudo por los Sumos Pontífices como medios eficaces para alimentar la vida de fe y la devoción a la Virgen.

2. El texto conciliar prosigue invitando a los creyentes a «observar religiosamente los decretos del pasado acerca del culto a las imágenes de Cristo, de la santísima Virgen y de los santos» (ib.)

Así vuelve a proponer las decisiones del segundo concilio de Nicea, celebrado en el año 787, que confirmó la legitimidad del culto a las imágenes sagradas, contra los iconoclastas, que las consideraban inadecuadas para representar a la divinidad (cf. Redemptoris Mater, 33).

«Definimos con toda exactitud y cuidado -declaran los padres de ese concilio- que de modo semejante a la imagen de la preciosa y vivificante cruz han de exponerse las sagradas y santas imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente, en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las paredes y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra la santa Madre de Dios, de los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables» (DS 600).

Recordando esa definición, la Lumen gentium quiso reafirmar la legitimidad y la validez de las imágenes sagradas frente a algunas tendencias orientadas a eliminarlas de las iglesias y santuarios, con el fin de concentrar toda su atención en Cristo.

3. El segundo concilio de Nicea no se limita a afirmar la legitimidad de las imágenes; también trata de explicar su utilidad para la piedad cristiana: «Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor» (DS 601).

Se trata de indicaciones que valen de modo especial para el culto a la Virgen. Las imágenes, los iconos y las estatuas de la Virgen, que se hallan en casas, en lugares públicos y en innumerables iglesias y capillas, ayudan a los fieles a invocar su constante presencia y su misericordioso patrocinio en las diversas circunstancias de la vida. Haciendo concreta y casi visible la ternura maternal de la Virgen, invitan a dirigirse a ella, a invocarla con confianza y a imitarla en su ejemplo de aceptación generosa de la voluntad divina.

Ninguna de las imágenes conocidas reproduce el rostro auténtico de María, como ya lo reconocía san Agustín (De Trinitate 8, 7); con todo, nos ayudan a entablar relaciones más vivas con ella. Por consiguiente, es preciso impulsar la costumbre de exponer las imágenes de María en los lugares de culto y en los demás edificios, para sentir su ayuda en las dificultades y la invitación a una vida cada vez más santa y fiel a Dios.

4. Para promover el recto uso de las imágenes sagradas, el concilio de Nicea recuerda que «el honor de la imagen se dirige al original, y el que venera una imagen, venera a la persona en ella representada» (DS 601).

Así, adorando en la imagen de Cristo a la Persona del Verbo encarnado, los fieles realizan un genuino acto de culto, que no tiene nada que ver con la idolatría.

De forma análoga, al venerar las representaciones de María, el creyente realiza un acto destinado en definitiva a honrar a la persona de la Madre de Jesús.

5. El Vaticano II, sin embargo, exhorta a los teólogos y predicadores a evitar tanto las exageraciones cuanto las actitudes minimalistas al considerar la singular dignidad de la Madre de Dios. Y añade: «Dedicándose al estudio de la sagrada Escritura, de los Santos Padres y doctores de la Iglesia, así como de las liturgias bajo la guía del Magisterio, han de iluminar adecuadamente las funciones y los privilegios de la santísima Virgen, que hacen siempre referencia a Cristo, origen de toda la verdad, santidad y piedad» (Lumen gentium, 67).

La fidelidad a la Escritura y a la Tradición, así como a los textos litúrgicos y al Magisterio garantiza la auténtica doctrina mariana. Su característica imprescindible es la referencia a Cristo, pues todo en María deriva de Cristo y está orientado a él.

6. El Concilio ofrece, también, a los creyentes algunos criterios para vivir de manera auténtica su relación filial con María: «Los fieles, además, deben recordar que la verdadera devoción no consiste ni en un sentimiento pasajero y sin frutos ni en una credulidad vacía. Al contrario, procede de la verdadera fe, que nos lleva a reconocer la grandeza de la Madre de Dios y nos anima a amar como hijos a nuestra Madre y a imitar sus virtudes» (ib.).

Con estas palabras los padres conciliares ponen en guardia contra la «credulidad vacía» y el predomino del sentimiento. Y sobre todo quieren reafirmar que la devoción mariana auténtica, al proceder de la fe y del amoroso reconocimiento de la dignidad de María, impulsa al afecto filial hacia ella y suscita el firme propósito de imitar sus virtudes.

[L´Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 31-X-1997]


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís