FRASES PARA SACERDOTES

Dios nos ha dado un espíritu de fortaleza. La fortaleza es la dignidad del ser humano que vive en la Voluntad de Dios, que es obediente a Dios.
Esa fortaleza es tan poderosa que los demonios no la pueden resistir. Un demonio jamás se le acercará a la fortaleza de una persona, porque la fortaleza viene de Dios. Esa fortaleza es luz, es una fuerza inmensa!

De: Marino Restrepo ( Audio, La voluntad de Dios en la obediencia).

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES -


Oración #1

Te damos gracias, Dios nuestro, por
tu llamada del Bautismo
a ser tu pueblo.

Te respondemos otra vez con nuestro "Sí".

Danos fidelidad para tu causa
y para nuestra vocación.

Renueva con un espíritu de
entusiasmo a todos los que
se dedican al servicio de
tu pueblo.

Da a nuestros jóvenes el deseo
de dedicarse a este servicio
en la vida religiosa, en el
sacerdocio, o como diáconos
y ministro laicos.

Llena sus corazones con tu
Espíritu de Sabiduría para
que proclamen tu evangelio,
y den testimonio de tu presencia
entre nosotros.
Amén.



Oración #2

Amadísimo y generoso Dios,
Eres Tú quien nos llama
por nuestro nombre y
nos pides que te sigamos.

Ayúdanos a crecer en el amor
y en el servicio a nuestra Iglesia.

Danos el entusiasmo
y la energía de tu Espíritu
para preparar su futuro.

Danos líderes llenos de fe
que abracen la misión de Cristo
en amor y en justicia.

Bendice la Iglesia de _______
con líderes de nuestras familias
que dediquen sus vidas
al servicio de su pueblo
como sacerdotes, religiosos,
diáconos y ministros laicos.

Inspíranos a conocerte mejor y
abre nuestros corazones
para oír tu llamada.
Amén.



Oración #3

Virgen de Guadalupe,
Evangelizadora de las Américas,
¡Madre de Dios, Madre de la Iglesia
y Madre Nuestra! Tú eres el orgullo
de nuestra gente. Jesús, tu Hijo, cambió
el agua en vino porque tú se lo pediste.
Te imploramos, Madre Misericordiosa,
que obtengas para nosotros todas las
gracias que necesitamos de tu Hijo.
Intercede ante Él para que bendiga a las
Américas con muchas vocaciones al
sacerdocio, a la vida religiosa, al
matrimonio cristiano y a la vida laical.
Madre de Dios, ruega por nosotros ahora
y siempre.
Amén



Oración #4

SEÑOR JESÚS,
te pedimos que envíes a tu pueblo
los servidores que necesita.
Escoge de nuestras parroquias,
de nuestros hogares,
de nuestras escuelas y universidades
una abundante cosecha
de ardientes apóstoles para tu Reino:
sacerdotes, religiosos, religiosas,
diáconos, misioneros y
apóstoles seglares;
y haz que los llamados por Ti
nunca pierdan conciencia de la
grandeza y necesidad de su vocación.

¡Oh!, Virgen María,
Madre de la Iglesia,
enseña a decir a todos los llamados
por el Señor,
un sí con alegría,
como el que tú dijiste en la Anunciación.



Oración #5

Oh Dios Todopoderoso y Eterno
en tu inagotable amor has provisto
ministros para tu Iglesia.
Concédenos en nuestros días
excelentes y adecuados sacerdotes
para que sirvan y santifiquen a tu pueblo.
Inspira una respuesta generosa y valiente
en los corazones de tu pueblo,
para así aumentar el número de
ordenaciones sacerdotales.
Confirma y sostén a aquellos
que se han comprometido
a llevar a cabo la obra de Cristo,
el Buen Pastor,
predicando el Evangelio y uniendo
a tu Santo pueblo
en uno solo en Cristo.
Esto te lo pedimos en el nombre
de Cristo nuestro Señor.
Amén.



Oración #6

Padre, tú llamas a cada uno de
nosotros por nombre y nos pides
que te sigamos.

Bendice a tu Iglesia y danos dedicados
y generosos líderes de nuestras familias
y amigos quienes puedan servir a
tu pueblo como religiosas, sacerdotes,
diáconos y ministros laicos.

Inspíranos mientras crecemos en tu
amor y abre nuestros corazones
para oír tu llamada.

Te lo pedimos en
nombre de Cristo.
Amén.



Oración #7

Padre, escucha las oraciones de tu pueblo,
y haz madurar la semilla que tú sembraste
en el campo de tu Iglesia.
Haz que mucha de tu gente escoja servirte
dedicándose al servicio
de sus hermanos y hermanas.
Elige ministros dignos de tus altares
y ardientes pero bondadosos servidores del Evangelio.
Que aquellos que siguen las huellas de Cristo, tú Hijo,
crezcan y provean por su forma de vida
una señal convincente de tu reino
para la Iglesia y todo el mundo.
Que todos los ministros de tu Iglesia
aumenten en números,
y sean persistentes en sus oraciones,
y que desempeñen su ministerio con generosidad e interés
por otros.
Padre, consérvalos fieles al llamado del Evangelio;
que el mundo vea en ellos
la imagen viviente de tu Hijo, Jesucristo,
quien es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.


FUENTE: www.usccb.org 

DEVOCIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA



(Documento compartido por el señor Jaime Vega que atentamente siempre me envía documentos y libros al correo electrónico, algunos de los cuales, como es el caso éste, comparto con los lectores del blog Sacerdote Eterno)




BREVE PRACTICA DE DEVOCIÓN PARA IMPLORAR LOS SOCORROS DE LA ADORABLE Y AMOROSA PROVIDENCIA DE NUESTRO DIOS, Y SEÑOR,
POR LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS ÁNGELES DE GUARDA.


CON LICENCIA.
Impresa en Murcia por la VIUDA de Teruel, año de 1795.

El Excelentísimo. Sr. Dr. D. Alonso Nuñez de Haro y Peralta, del Consejo de S. M. Arzobispo de México, concede ochenta días de Indulgencia por cada vez que se practicare esta Devoción, rogando a Dios por el aumento de nuestra Santa Fe, exaltación de la Santa Iglesia después de la devoción á Jesucristo nuestro Redentor, y a su Purísima Madre MARÍA Señora nuestra, ninguna es más útil, ni de mayor obligación que la que debemos profesar a nuestro Santo Ángel de Guarda.

Todos los bienes espirituales y temporales que Dios nos concede, los dispensa por mano de este Celestial Espíritu, a protección y custodia nos confiaron desde el instante mismo de nuestro nacimiento. Él desde este punto comienza a exercitar con nosotros los oficios más amorosos, más fieles y más interesantes a nuestra alma y nuestro cuerpo. Como nuestro custodio y compañero, sin apartarse jamás de nosotros, nos libra y nos defiende de los peligros: como verdadero amigo solicita nuestros intereses: como maestro nos enseña la ciencia de los Santos, nos amonesta, nos reprehende, excitando en nosotros pensamientos santos y saludables inspiraciones, ya presentándonos las ocasiones oportunas y los buenos ejemplos para bien obrar, y ya apartándonos de aquellos peligros en que conoce íbamos a caer funestamente.

Él es nuestro abogado para con el Eterno Padre, para con Jesucristo y MARÍA Santísima: es nuestro consolador en las tribulaciones: si pecamos, no nos desampara: si obramos bien nos alienta á seguir: defiende nuestra vida, y nos ampara á la hora de nuestra muerte. En una palabra, empeñado por el orden y mandato de nuestro Padre Dios en procurarnos la salud eterna, y aun los bienes temporales en cuanto conducen a aquella, cuida de nuestra felicidad, como si de ella La presencia de este soberano Espíritu, inseparable compañero nuestro, que no se aparta de nosotros y que nos sigue en cualquiera lugar y en toda horade día y de noche, en la calle, en casa, en el templo, debe infundirnos el más profundo y reverente respeto. En las ocasiones de pecar, y siempre que nos sentimos urgidos de alguna tentación, debe servirnos esta presencia de un poderoso motivo para no caer en culpa, diciéndonos á nosotros mismos: Y me atreveré yo á hacer delante de este Espíritu nobilísimo y puro, lo que no haría en presencia de un vil hombrecillo del mundo. Su valimiento para con Ellos, el amor, grande que nos tiene, su custodia y su protección, nos debe inspirar la confianza más firme en su patrocinio, recurriendo a él siempre, e invocándolo en todas Finalmente la santidad de este celestial Personaje, su ministerio, los servicios que continuamente nos hace, son poderosos motivos que piden de justicia el más cordial y agradecido reconocimiento, y que nos obligan á tributarle algún obsequio diario.

Ningún tributo le es más agradable que la adoración y devota veneración de la amorosa Providencia de nuestro Dios, que tantas veces nos ha prometido que nos concederá cuanto pidiéremos en nombre de Jesucristo, y que por su divina boca se queja sentidamente de que no le pidamos con confianza. Providencia tan amante y tan poderosa, que en muestra de su amor, de su poder y del cuidado que tiene de nosotros, nos destina para custodio y compañero no menos que un Espíritu bienaventurado, Príncipe de su Celestial Corte. Por tanto ninguna devoción es más útil que presentar por manos de nuestro Ángel de Guarda á esta Adorable Providencia nuestras súplicas y ruegos con la irme fe y segura confianza de que, sin que lo impidan nuestras culpas é indignidad, conseguiremos cuanto le pidiéremos (si conviene á nuestra salvación) sea lo que fuere, como pidamos con humildad, confianza y perseverancia.

Nuestros negocios y su feliz ó infeliz éxito dependen regularmente de la voluntad de aquellos que pueden hacernos bien, ó causarnos algún mal: consistiendo muchas veces su logro ya en el patrocinio, ya en los buenos oficios de un protector. Aun el importantísimo negocio de nuestra salvación está no pocas veces vinculado al ajeno socorro, á un buen consejo, a una reprehensión saludable.

Por esto debemos también tener una sólida devoción á los Santos Ángeles Custodios de nuestros próximos, implorando su poder y favor , para que inspiren á aquellos de quienes esperamos algún bien, pensamientos y deseos de hacérnoslo; y para que aparten de las personas de quienes tememos algún mal, la voluntad y la idea de dañarnos. El que escribe esto tiene repetidas y bien fundadas experiencias de los frutos y provechos de esta devoción.

Debemos también ocurrir confiados en las necesidades públicas al Ángel Custodio del lugar en que habitamos, ó de aquella Comunidad y Cuerpo que se halla afligido, necesitado; porque, como dice Santo Thomas, cada Reino, cada Ciudad, cada Religión tiene su Ángel Tutelar y Custodio.

Es muy justo que el devoto obsequio a los Santos Ángeles sea diario pues no hay día en que no tengamos necesidad, y no experimentemos el singular patrocinio de estos amorosísimos Custodios y compañeros. Pero para que nuestras ocupaciones no sirvan de excusa, o nos retraiga nuestra flojedad y tibieza, se ha reducido á una breve Práctica, que es la siguiente.

Levantando á Dios el corazón y hecho el Acto de Contrición , se rezará tres veces el Padre nuestro y Ave María en honor y reconocimiento de la sabia Amorosa Providencia de nuestro Dios, pidiendo que por medio e intercesión de los Santos Ángeles Custodios nos conceda lo que deseamos y se dirán las siguientes Oraciones.


O Dios, cuya Providencia jamás se engaña ni falta en sus disposiciones, humildemente te suplicamos que nos libres de todo mal, y nos concedas todos los bienes que necesitamos. Por Jesucristo tu Hijo, Señor nuestro, que contigo, y el Espíritu Santo vive y reina Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.


O Dios, que con inefable Providencia te dignas enviar tus Santos Ángeles para que nos guarden, concede a nuestros humildes ruegos que defendidos por su continua protección en la tierra, seamos compañeros suyos por toda la eternidad en la gloria. Por Jesucristo tu Hijo, Señor nuestro.




ORACIÓN
AL SANTO ÁNGEL
CUSTODIO. 

Fidelísimo compañero y Custodio mío, destinado por la Divina Providencia para mi guarda y tutela, Protector y Defensor mío, que nunca te apartas de mi lado, ¿qué gracias te daré yo por la fidelidad que te debo, por el amor que me profesas, y por los innumerables beneficios que cada instante estoy recibiendo de ti? Tú velas sobre mí cuando yo duermo: tú me consuelas cuando estoy triste: tú me alientas cuando estoy desmayado: tú apartas de mí los peligros presentes, me enseñas á precaver los futuros, me desvías de lo malo, me inclinas á lo bueno, me exhortas á penitencia cuando he caído, y me reconcilias con Dios. Mucho tiempo hace que estaría ardiendo en los Infiernos, si con tus ruegos no hubieras detenido la ira del Señor.

Suplícate que nunca desampares. Consuélame en las cosas adversas, modérame en las prósperas, líbrame en los peligros, ayúdame en las tentaciones para no dejarme vencer de ellas jamás.

Presenta ante los ojos de Dios mis oraciones, mis gemidos y todas las buenas obras que yo hiciere: consiguiéndome que desde esta vida sea trasladado en gracia á la vida eterna. Amén.



Se acabará rezando una Vez el Padre nuestro y Ave Marta, pidiendo a la amorosa Providencia de nuestro Dios y Señor, que por medio de los Santos Ángeles de Guarda ' inspire a aquellas personas de quienes en algún modo dependa nuestra salvación, y la felicidad de todos nuestros negocios, pensamientos útiles á nuestro bien y aparte todo pensamiento que pueda sernos nocivo de aquellos que en cualquiera manera pueden ser causa de nuestro daño espiritual o corporal.


15 CONSEJOS FINALES DEL PADRE LORING PARA JÓVENES SACERDOTES,

TRAS VIVIR MÁS DE 59 AÑOS COMO CURA.


El pasado 25 de enero se celebró una Eucaristía en sufragio por el alma del padre Jorge Loring, SJ. Se celebró en la Iglesia Santiago Apóstol de la ciudad de Cádiz (España), al cumplirse un mes de su fallecimiento.

El padre José Antonio Medina Pellegrini, presidió la celebración y comentó en la homilía las 15 normas que han orientado la vida sacerdotal del Padre Loring, y que así las dio a conocer al cumplir los 90 años titulándolas: “Consejos a un joven sacerdote`.

Transcribimos la homilía íntegra:

«Queridos hermanos: hace un mes, en el día de Navidad, partía hacia la casa del Padre Celestial, nuestro querido padre Jorge Loring. Por eso esta Misa a un mes de su partida, y es nuestro deseo y nuestra ilusión -por lo menos hasta que se cumple un año-, cada 25 encontrarnos en torno al altar para elevar nuestra oración, nuestra plegaria por él. 

»Y esto es, estrictamente, un acto de justicia, y por supuesto, un acto de caridad, porque es la manera de decirle gracias por tanto bien que le ha hecho a este pueblo, a esta ciudad, y a tantos hermanos que en distintos lugares del mundo, a través de sus libros y de su presencia, les llegó el mensaje de Jesucristo.
La Escritura nos dice que hay una oración que agrada especialmente a Dios, que toca lo más profundo de su corazón, y es la oración por nuestros difuntos. Porque encierra esto que venimos diciendo, la gratitud, el reconocimiento, la justicia y también manifiesta la esperanza certera de que con la muerte nada termina, sino que con la muerte empieza esa vida futura, mejor y más justa, “que Dios ha preparado para aquellos que le aman” (Cf. 1 Cor 32,9).

»Pensaba, rezaba, ¿qué compartirles en esta Misa al mes de la partida del padre Loring? Y pensé, y recé, ¿qué mejor que reseñar cuál fue la clave de su sacerdocio, de esta fidelidad de casi 60 años de vida sacerdotal? 

»Buscando entre sus escritos encontré un texto maravilloso. Un texto que escribió cuando cumplió 90 años, pensando en los sacerdotes jóvenes, y que él tituló: “Consejos a un joven sacerdote”. 

»Son 15 y los voy a leer literalmente. Yo les pido que los vayan escuchando, y al escucharlos, vayamos haciendo un retrato de su alma sacerdotal. Porque, en definitiva, lo que aquí aconsejaba a un joven sacerdote, es un proyecto ya vivido por él de entrega y fidelidad a Nuestro Señor. Y nos vamos a encontrar con esa pluma decidida, vehemente, fundamentada en la certeza. Él tuvo muy claro que “era un hombre sacado de entre los hombres para las cosas que miran a Dios” (Cf. Heb 5,11). Escuchamos al padre Loring.


»Al cumplir los noventa años deseo informarte, joven sacerdote, de algunas normas que han orientado mi vida:

1.- Me ordené a los 33 años, he cumplido los 90 y no me he arrepentido ni un minuto. Elegí bien. Si volviera a nacer elegiría lo mismo. 

2.- Valora tu vocación. El sacerdote es el mayor bienhechor de la humanidad, pues sólo él puede dar la vida eterna. 

3.- La autoestima es razonable; pero la vanidad, no. Ignorar los dones recibidos de Dios es ingratitud; pero envanecerse de ellos es ridículo, pues Dios pudo habérselos dado a otro y no a ti. Ya dijo San Pablo: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si los has recibido, ¿de qué te engríes? 

4.- Procura tener una buena cultura, sobre todo en las materias afines al sacerdocio. Pero no olvides que la virtud es más importante que la cultura. El Cura de Ars, con poca cultura, ha salvado más almas que muchos sacerdotes muy cultos. 

5.- El tiempo es para evangelizar, estudiar y orar. Nada más. Descansar sólo lo indispensable. 

6.- Cuida tu salud para estar apto a las exigencias de la evangelización. 

7.- Cuida tu imagen; no por vanidad mundana, sino para ayudar a que reciban tu mensaje. Si resultas repelente, el rechazo a tu persona arrastrará el rechazo a tu mensaje. 

8.- Es posible que alguna mujer se enamore de ti. Recházala con caridad, pero con firmeza. No te creas invencible. Todos podemos perder la cabeza. No serías el primero ni el último. Sé humilde y toma precauciones. 

9.- La codicia es peor que la lujuria. El dinero hace falta para evangelizar. Muchos instrumentos de evangelización cuestan dinero. Pero el apego al dinero puede apartarnos de Dios. 

10.- Sé fiel al MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA. Debemos dejarnos conducir por quien Dios ha puesto al timón de la Iglesia, y no por las opiniones de un marinero de cubierta. 

11.- Debemos procurar ser “otros Cristos” en la tierra: pasar haciendo el bien. Que todo el que se acerque a nosotros se aleje mejorado espiritualmente. 

12.- Y por supuesto, atiende a todos siempre con buena cara. Que nunca nadie pueda considerar que no lo has atendido bien. 

13.- Cuida mucho los juicios que emites de otros. Alguna persona se apartó de la Iglesia por lo que dijo de ella un sacerdote. Hay que combatir el error, pero sin despreciar a la persona equivocada. 

14.- Si te equivocas, reconócelo; y pide perdón si alguien se ha sentido herido por tu culpa.La soberbia en un sacerdote es funesta. La humildad resulta atractiva. 

15.- Que se te vea piadoso. Trata a la Eucaristía con todo respeto y devoción. El P. Ángel Peña, agustino recoleto, tiene un bonito libro titulado SACERDOTE PARA SIEMPRE, que termina con este consejo: ‘Sacerdote, celebra tu misa, como si fuera tu primera misa, como si fuera tu última misa, como si fuera tu única misa’.

»¿Hace falta decir algo más? Aquí está el alma de un santo sacerdote. Aquí está reflejada, en pinceladas muy concretas, la vivencia –como nos decía nuestro Obispo en la Misa Funeral del padre Loring, y lo reafirma su autoridad-, de un hombre de Dios. Ésta es la clave de la santidad sacerdotal. Y por eso, ese punto uno, ya no teniéndolo físicamente entre nosotros se convierte en un ejemplo infinito y admirable: “Me ordené a los 33 años, he cumplido los 90 y no me he arrepentido ni un minuto. Elegí bien. Si volviera a nacer elegiría lo mismo”. 

»Y hoy pensaba, voy a leer esto, pero… ¿cómo termino la homilía? He estado todo el día con las Carmelitas Descalzas dándoles un curso de formación y cuando me retiro la Madre Superiora me regala la estampa de recuerdo del padre Loring de sus 50 años como sacerdote (y aquí está el broche de oro de la homilía). Miren lo que le dijo a Jesús en esa Misa por sus 50 años el 15 de julio de 2004: “Jesucristo me ha ungido sacerdote para repartir Su Cuerpo, Su Palabra y Su Perdón”.

»Entonces en esta Eucaristía le decimos: ¡Gracias padre Jorge Loring, por todo lo que nos has enseñado, por todo lo que nos diste! Que ahora junto al Padre el Señor te dé el descanso eterno y que brille para ti la luz que no tiene fin. Que así sea».


FUENTE: religionenlibertad.com/

MENSAJES DE MEDJUGORJE - 25 de enero -


Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje

Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.

Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.

(http://www.medjugorje.ws)


25 de enero de 2014

Queridos hijos! Oren, oren, oren para que el reflejo de su oración influya en las personas que encuentren. Pongan en sus familias la Sagrada Escritura en un lugar visible y léanla para que esas palabras de paz fluyan en sus corazones. Oro con ustedes y por ustedes, hijitos, para que día tras día estén aún más abiertos a la voluntad de Dios. Gracias por haber respondido a mi llamado.


EL DIABLO HOY: ¡APÁRTATE SATANÁS! - Parte 3 -


Capítulo III.- El Príncipe de este Mundo
"Los testimonios patrísticos que presentan la entera vida cristiana como una lucha contra el demonio, son muy frecuentes, observa el padre François Vandenbrouche, o.s.b. Este tema está presente en la tradición. Se encuentran indicios desde San Jerónimo, San Agustín, Prudencio, hasta San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, San Ignacio de Loyola, Scupoli. La idea básica es que el hombre, a consecuencia del pecado original, permanece de algún modo bajo el imperio del diablo" mientras no está unido plenamente a Cristo.
"Bajo el imperio del demonio..." En muchas ocasiones, Jesús habla del "príncipe de este mundo" (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11), como de una potencia temible; destinada al fracaso, ciertamente, pero no sin haber logrado victorias parciales. Este "príncipe" se llama también Satanás, jefe de los demonios, como San Miguel Arcángel es el jefe de las legiones de los ángeles fieles.


¿Dos divinidades rivales?
¿Qué se debe entender exactamente por "príncipe de este mundo"? Este término puede prestarse a equívocos. Puede parecer que apoya la tesis según la cual habría habido en el origen del mundo dos principios fundamentales coeternos, iguales y antagonistas, el Bien y el Mal. La Iglesia, se sabe, ha condenado esta seductora gnosis dualista conocida bajo el nombre de maniqueísmo.
¿Cómo resolver la oposición aparente entre la condena del maniqueísmo que coloca a Satanás en el mismo plan que Dios, y las afirmaciones del Nuevo Testamento sobre el "príncipe de este mundo"?
En primer lugar es importante precisar el sentido de la palabra mundo. Este término no significa aquí ni el cosmos ni la humanidad, sino -como indica un exegeta, el padre Stanislas Lyonnet s.j.- "el conjunto de hombres que rechazan a Dios" del que Satanás es el jefe espiritual. El demonio es, por lo tanto, el príncipe de todos los hombres que rechazan someterse a Dios.
 Santo Tomás explica así la expresión "príncipe de este mundo": "Al diablo se le llama "príncipe d este mundo" en razón no de una dominación natural legítima, sino a causa de la usurpación de poder, en el sentido que los hombres carnales han despreciado a Dios para someterse al diablo. Como escribe San Pablo a los Corintios: "El Dios de este mundo ha oscurecido el entendimiento a los incrédulos (2 Co4,4)". Es por tanto el "príncipe de este mundo" en la medida en que es jefe de los hombres carnales, los cuales, según San Agustín, están extendidos por el mundo entero".
La palabra príncipe se debe tomar, por tanto, no en sentido propio, como si se tratase de una autoridad mundial, sino en sentido figurado.
En un artículo de la Summa theologiae Santo Tomás explica también por qué el diablo, en razón de su influencia, puede ser considerado como "la cabeza de todos los malvados". "No sólo la cabeza (de un cuerpo) ejerce una influencia interior sobre los miembros, sino que además los gobierna exteriormente dirigiendo su actividad hacia un fin. Se puede por lo tanto dar a alguno el nombre de cabeza o jefe en relación a una multitud o bien en los dos sentidos de influjo interior y gobierno exterior, y es lo que sucede con Cristo cuando decidimos que es la cabeza de la Iglesia; o bien solamente en el sentido de gobierno exterior: en este último sentido, todo príncipe o prelado es cabeza de la multitud que le está sometida. De esta manera el diablo es generalmente cabeza de todos los malvados porque, como se dice en Job (41, 25): "Es rey de todos los orgullosos"".


Caen bajo el dominio de Satanás
Hechas estas precisiones, Santo Tomás continúa: "Corresponde al jefe conducir a su propio fin a los que gobierna. Ahora bien, el fin que pretende el diablo, es que los hombres se separen de Dios. Y por esto, desde el principio, el diablo intentó separar a Adán y Eva de la obediencia a los preceptos de Dios".
"Cuando los hombres, cometiendo pecado, son conducido a ese fin, es decir, a la aversión contra Dios, caen bajo el régimen y el gobierno del diablo y éste puede ser llamado su cabeza".
 En la misma línea, San Agustín explicaba a los fieles de Hipona cómo su malvada conducta les hacía hijos del diablo: "Si tú imitas al diablo que, por su orgullo y su impiedad se ha elevado contra Dios, serás hijo del diablo. Lo llegarás a ser, no porque él te haya creado o engendrado, sino porque le imitas en su aversión a Dios".
Porque el diablo -precisa el santo Doctor- no ha hecho a nadie, no ha engendrado a nadie, no ha creado a nadie. Pero cualquiera que imita al diablo es como si hubiese nacido de él; se transforma en hijo del diablo por imitación.
Estas consideraciones dirigidas a la comunidad cristiana de Hipona, ¿no sirven también como advertencia para los hombres de hoy? ¿Cuántos se dan cuenta de que, dando deliberadamente la espalda a Dios y a su Ley, se transforman, moralmente, en hijos de las tinieblas, cuando poseían la vocación de ser hijos de la luz? Ellos siguen al "príncipe de este mundo"
Es un rasgo característico de los impíos...
Puede surgir ahora una cuestión relativa a las relaciones de los ángeles malvados entre ellos. ¿Existe una jerarquía entre los demonios? ¿Los ángeles menos ricamente dotados obedecen a los ángeles superiores? Rebeldes con Dios, ¿los ángeles pecadores se mostrarían respetuosos hacia sus jefes? En definitiva, ¿admitirían una autoridad? ¿Cómo explicar la concordia relativa que parece reinar en el mundo satánico?
La respuesta de Santo Tomás pone de relieve el rasgo característico del mundo satánico: el odio. "La concordia que lleva a algunos demonios a obedecer a otros no procede de su amistad mutua, sino de una maldad común que les hace odiar a los hombres y resistir a la justicia de Dios. Es un rasgo característicos de los hombres impíos, en efecto, unirse entre ellos, y, para lograr sus deseos malvados, someterse a aquellos que ven más poderosos y más fuertes". Se dirá que los ángeles malvados son oportunistas. Y es que también entre ellos "la unión hace la fuerza".
Un teólogo greco-ortodoxo contemporáneo, M. Panagiotis N. Trembelas de Atenas, subraya la necesidad de una exposición clara sobre la omnipotencia de Dios y sobre la potencia del mundo demoníaco. Señalar la presencia activa de Satanás no es disminuir a Dios. "Admitir al demonio no se opone a la dominación absoluta y a la omnipresencia de Dios... porque Dios no podría dejar de tener una autoridad plena y absoluta sobre el universo y sobre el mismo Satanás. Dios limita por otra parte la influencia y la acción de los espíritus malignos, de modo que estén al servicio de los designios y de los planes divinos."
"Si en el pasado la existencia de Satanás se encuentra ligada a mitos pueriles y repugnantes, no hay que rechazar al mismo tiempo la mentira y la verdad. Una verdadera investigación científica separa lo verdadero de lo falso y restaura la verdad en todos sus derechos".
"El origen cristiano de esta doctrina establece un baluarte infranqueable delate del dualismo idólatra. Para los Persas significa la existencia de dos principios distintos y personales en lucha el uno contra el otro; para los griegos y los germanos, por el contrario, insinuaba el triunfo del bien en un combate contra las tinieblas, en medio del caos".
Dios, Rey de los siglos y Señor de la historia y Satanás, príncipe de este mundo: no existe el peligro de ponerlos en el mismo plano para quienes se acerquen un poco a las profundidades liberadoras de la Revelación.
FUENTE: conoze.com

REVELACIONES A AGUSTÍN DEL DIVINO CORAZÓN - TOMO 3, parte 1-

 
EN LAS FUENTES DE MI DIVINO CORAZÓN
HALLARÉIS MENSAJES DE MISERICORDI



PRÓLOGO


Marzo 11/08 3:45 p.m.

Jesús dice:
Mis pequeños, pequeñas almas que estáis bebiendo en las  Fuentes de mi Divino Corazón, Corazón abierto para  todos vosotros caminantes peregrinos del Absoluto.
Corazón abierto para todos vosotros que deseáis vivir en  santidad.
Corazón abierto para todos vosotros que deseáis imitar  mis Sagradas virtudes.
Corazón abierto para todos vosotros que tenéis hambre y  sed de Mí.
Corazón abierto para todos vosotros que por misericordia  infinita estáis bebiendo de estas fuentes fidedignas al  Evangelio. De estas fuentes fidedignas al Magisterio de  la Santa Iglesia. De estas fuentes fidedignas que se  acoplan cabalmente al contenido de la Sagradas  Escrituras.
Agotad sorbo a sorbo su contenido hasta que os  refresquéis interiormente, hasta que la tierra árida de  vuestro corazón sea impregnada de mi copiosa lluvia,  lluvia que brota de mi Divino Costado, Costado presto  para daros asilo, para daros albergue, para daros refugio a  todas las almas de la tierra que deseen dejarse abrasar  por mis rayos fulgurantes de misericordia.
Rayos fulgurantes que se hallan en este libro.
Libro que es un gran tesoro proveniente del cielo.
Libro que os habla con ternura de Padre.
Libro que os habla con ternura de hermano.
Libro que os habla con ternura de un Dios bondadoso, de  un Dios misericordioso que os quiere salvar. Salvar de las ardides de satanás. Salvar de sus falsas  Seducciones. Salvar de los peñascos, suavemente  tapizados, para que caminéis en falso y os hundáis en el  precipicio del averno.
En este libro, amigos entrañables de mi Divino Corazón,  os hablo en el coloquio del amor, en el coloquio de la  ternura.
En el coloquio de la dulzura, porque sé que muchos de  vosotros necesitáis descubrirme. Necesitáis encontrarme,  necesitáis verme. Y hoy me dejo descubrir, me dejo  encontrar y me dejo ver a través de este libro, escrito con  la tinta de mi amor. Escrito con la tinta de mi  misericordia.
Escrito con la tinta de mi entrega plena hacia vosotros.
Vosotros pequeños navegantes de la alta mar, aquí  encontraréis aguas de reposo, aguas de paz que os da la  quietud a vuestro corazón, que os da el sosiego a vuestra  alma y que os da descanso a vuestro espíritu.
Mi Libro, en las Fuentes de mi Divino Corazón, es un  regalo que os doy a toda la humanidad del siglo XXI.
Humanidad que está saturada de violencia.
Saturada de ciencia y de tecnología.
Saturada de inconformismo religioso, inconformismo  religioso que lo lleva a la incredulidad.
Inconformismo religioso que lo lleva al ateísmo.
Inconformismo religioso que lo lleva al sincretismo.
Inconformismo religioso que lo lleva a buscar novedades.
Este regalo celestial ha llegado a vuestras manos porque  mi mirada de amor y de misericordia ha apuntado hacia  vosotros porque os amo tanto, que sería capaz de volver a  vivir el sufrimiento y la agonía de mi Sagrada Pasión.
Os amo tanto, que de nuevo me ofrecería como Víctima Divina para salvaros.
Os amo tanto, que de nuevo permitiría que me coronasen,  que me flagelasen, que me juzgasen injustamente y que  me vistiesen de loco, porque Soy el loco enamorado de  todos vosotros.
Porque Soy el loco enamorado que, en su invención de  amor, me he quedado con vosotros hasta la consumación  de los siglos, en el Misterio de la Sagrada Eucaristía.
Este regalo del cielo ha llegado a vuestras manos porque  estáis viviendo momentos difíciles. Porque los hombres  han cerrado sus oídos a mi voz, han cerrado sus  corazones a mi presencia, han perdido credibilidad en  mis sacerdotes.
Y mi creatividad de amor me ha inducido a comunicarme con vosotros a través de mi Libro de Oro adornado con perlas y brocados.
Libro que enternecerá vuestro corazón, haciéndolo susceptible a mi eterna presencia.
Libro que volcará vuestros pensamientos mundanales, en pensamientos de almas espirituales, almas hambrientas y sedientas de Mí.
Este libro renovará todo vuestro ser haciéndoos más angelicales, haciéndoos mis discípulos.
Discípulos de gran estatura espiritual porque en él me habéis descubierto como un Dios de amor.
Un Dios que os ama con gran ternura de Padre.
Un Dios que busca y quiere lo mejor para sus hijos.
 
Un Dios que os quiere arropar con su mirada.
Un Dios que os quiere hacer reyes en su Reinado.
Un Dios que os desea dar en herencia, bienes espirituales.
Un Dios que os tiene preparada una morada en el cielo.
Este libro sanará vuestros corazones heridos, porque cada palabra es bálsamo cicatrizante a vuestro dolor.
Cada palabra es suavidad a vuestra aspereza.
Cada palabra es tenue oleaje en vuestra tempestad.
Cada palabra es hálito Divino que os cubre, que os da serenidad, que os da armonía interior.
Este libro es medicina que os sanará en vuestra enfermedad espiritual, dándoos luz, dándoos vigor, dándoos nuevas fuerzas para que emprendáis vuelo hacia Mí.

Mis pequeños, escuchad mi voz a través de estas letras escritas por mis Sagradas Manos.
¿Cómo más queréis que os hable?
¿Cómo más queréis que os demuestre mi gran amor hacia vosotros?
¿Cómo más queréis que os diga, que mi Divino Corazón está impregnado de misericordia?
Misericordia que derramo sobre la faz de la tierra, porque no os quiero anclados, os quiero libres.
Porque no quiero que vuestro corazón esté afeado por el pecado; lo quiero limpio, limpio para que me permitáis entrar en él.
Limpio para que me permitáis vivir en él.
Limpio para que me permitáis unir mi Divino Corazón al vuestro.
¿Por qué despreciáis a mis instrumentos?
¿Por qué los juzgáis severamente?
¿Por qué racionalizáis mis designios Divinos en estas pequeñas almas escogidas por Mí?
¿Por qué dudáis de mi Sabiduría Divina?
Sabiduría que os doy como copiosa lluvia.
Sabiduría que os doy como puerta de oro para que entréis en el camino de la salvación.
Porque sois Tomases, Tomases que creen si me veis con vuestros ojos físicos.
Tomases que no alcanzan a medir mi amor desbordado por vosotros.
Tomases que ponen en duda y en tela de juicio mis Mensajes de Amor, mis Mensajes de Conversión, y mis Mensajes de Misericordia dados a toda la humanidad
Vuestras dudas hieren mi Divino Corazón.
Vuestras dudas ahondan las espinas de mi Corona.
Vuestras dudas flagelan mi Cuerpo Santísimo.
Vuestras dudas dislocan mis huesos.
Vuestras dudas agrandan mis heridas creando llagas en mis mismas llagas.
Vuestras dudas hacen que perdáis regalos del cielo, regalos que os doy en tiempos de deterioro moral, en tiempos de decadencia espiritual.
Regalos que os doy a apóstoles de los últimos tiempos para que prediquen a tiempo y a destiempo.
Para que prediquen con valentía y con coraje; para que con su celo, de salvar almas, asuman mis manifestaciones sobrenaturales hasta las últimas consecuencias.
Hijitos míos, aprovechad esta última Fuente de Misericordia, este último grito desesperado porque, aún, hay almas contumaces, almas de duro corazón en los que mi voz resuena como címbalo oxidado.

Aprovechad esta última fuente de misericordia, misericordia para toda la humanidad. Porque a todos los amo por igual.
Porque todos sois niños de mi predilección.
Porque todos sois coherederos de mi Reino. Coherederos de mi Reino que habéis sido creados a mi imagen y semejanza.
Coherederos de mi Reino que os espera un cielo nuevo y una tierra nueva.
Os quiero tomar, a cada uno, de vuestras manos y conduciros a las Fuentes de mi Divino Corazón para que saciéis vuestra sed de Mí.
 
Bebed de esta agua fresca.
Bebed de esta agua cristalina.
Bebed de esta agua celestial para que os sumerjáis en la profundidad del océano de mi misericordia y seáis salvos.
Salvos que ganaréis un lote en el cielo, una porción de mi Reino para que en unidad con mi Iglesia Triunfante Alabéis y Glorifiquéis la Grandeza de Vuestro Dios.
Dios con Corazón desbordado en Misericordia para todos vosotros.
Os amo, os llevo en mi Corazón y os ato a mi Divino Corazón para que permanezcáis en Mí y Yo en vosotros.


CAPÍTULO I


MENSAJES DE MISERICORDIA

Enero 6/08 10:00 a.m.

Jesús dice:

Sed instrumentos de paz, mas no de discordia.
Sed instrumentos de luz, mas no de oscuridad.
Sed instrumentos de humildad, mas no de soberbia.
Sed instrumentos de generosidad, mas no de avaricia.
Sed instrumentos de diligencia, mas no de pereza.
Sed instrumentos de silencio, mas no de palabrería.
Sed instrumentos de la verdad, mas no de la mentira.
Sed instrumentos de castidad, mas no de lujuria.
Sed instrumentos de mansedumbre, mas no de ira.
Sed instrumentos de vida interior, mas no de vida inútil
Sed instrumentos de Dios, mas no de las obras de las tinieblas.
Sed instrumentos de misericordia, porque los misericordiosos llegarán al cielo.
Sed instrumentos de caridad, porque la caridad borra multitud de pecados.
Sed instrumentos de amor, porque el amor es medicina para el enfermo.
Sed instrumentos de María en la tierra, porque ella es el camino que os conduce a Mí.
Sed instrumentos sedientos de mi Palabra, porque ella os da sabiduría.
Sed instrumentos de oración, porque la oración une vuestro corazón con mi Divino Corazón.
Sed instrumentos de Evangelización, para que acerquéis almas sedientas de beber en las Fuentes de mi Divino Corazón.



Enero 7/08 6:25 a.m.

Mirad mi Cruz, como el Corazón abierto de mi Padre que os espera.
Mirad mi Cruz, como una tienda de lona espaciosa para todas las almas que deseen llegar a Mí.
Mirad mi Cruz, a la dimensión de mis brazos extendidos al infinito.
Mirad mi Cruz, a la profundidad de mis llagas, llagas que sanan vuestras heridas, heridas producidas por el desamor, por la soledad, por la tristeza, por los egoísmos, egoísmos que os hacen individualistas y narcisistas.
Mirad mi Cruz, como el patíbulo de mi Misericordia, misericordia que os doy, si os acercáis a ella dejando atrás vuestros miedos, vuestro temor al sufrimiento, vuestro apego al acomodo, vuestra fobia a la austeridad.
Mirad mi Cruz, como el lugar fuerte de la compasión. En ella padezco vuestro sufrimiento.
En ella me duele vuestro dolor.
En ella lloro vuestro llanto.
En ella padezco el insomnio de vuestras noches sin dormir.
En ella tirito de frío en vuestras noches heladas y sin abrigo.
En ella me retuerzo de hambre porque no encontrasteis nada de comer.
En la Cruz he puesto mi Corazón puro, limpio, capaz de amar mucho sobre: vuestras miserias, vuestro barro, vuestras basuras.
Dejadme manchar, ensuciar, oler mal como vosotros. Para luego purificaros, lavaros, dejaros el aroma de mi Corazón bueno y limpio.
La Cruz es el lugar donde tiene cabida todo dolor:
Vuestro dolor físico que no tiene cura humana.
Vuestro dolor moral que se hunde bajo el peso del pecado.
Vuestro dolor psíquico que se siente hundido, sin sentido, sin saber dónde encontrar consuelo.
Vuestro dolor espiritual en donde aúllan los lobos de vuestro desierto.
Mi Cruz es mi Divino Corazón abierto, en donde todos tienen un sitio donde descansar.



Enero 7/08 9:25 a.m.

Jesús dice:
Alma que andáis corriendo de un lugar a otro, como huyendo de vosotros mismos, dejad vuestro corazón vacío, intranquilo, desasosegado y llegad a Mí para llenaros con mi amor, para devolveros la tranquilidad y el sosiego que vuestro corazón necesita.
Soy el Pastor que busca la oveja pérdida, encontrándola, la tomo en mis brazos y la llevo al aprisco de mi Divino Corazón para curarla y vendar sus heridas, heridas que son sanadas con el aceite bendito de mi perdón y de mi misericordia, misericordia derramada sobre toda alma que se deja encontrar por mi amor, amor que obliga a dejar la basura del pecado, a limpiar la suciedad del pecado, a sanar el corazón maltratado por el pecado, pecado que os esclaviza como a María Magdalena, hija pródiga que descubrió en mis ojos la pureza de un Ángel, la grandeza de un Dios y la bondad de un Padre Misericordioso. Ella supo hacer de su virginidad inocente, virginidad penitente. Ella pudo levantarse bella y hermosa de sus miserias. Ella supo liberarse de las amarras que la ataban.
Ella supo resucitar a una nueva vida, vida aún más profunda que la de su hermano Lázaro.
Ella pudo hacer de su vida milagro del amor y del perdón.
Ella dejó de recibir migajas de amor para recibir manjares de amor verdadero.
Ella encontraba en cada mañana la luz clara y resplandeciente.
Ella comprendió que el amor no es inventado por los hombres, que proviene de Dios, Dios que es amor.
Ella es testimonio vivo de que por muy hundidos que estéis en el pecado, en Mí, encontraréis la salida que es un camino abierto para encontrar en el Hijo de Dios lo que los hombres no os puede dar: un amor cierto.
Hijitos míos, quiero restaurar vuestro corazón deshecho por el pecado, quiero besaros y abrazaros porque vuestro pasado para Mí no cuenta, cuenta vuestro presente.
Quiero que unjáis mis pies con el nardo de vuestro arrepentimiento.
Quiero que os acerquéis a Mí, abriendo vuestras suciedades a la pureza, vuestras mentiras a la verdad, vuestros desamores al amor generoso, vuestro pecado a la gracia.
Deseo ser en vosotros el hombre que enamoró a María Magdalena del amor que plenifica, del amor que da libertad, del amor que da dignidad, del amor que da gracia, gracia que da salvación.


Enero 7/08 6:20 p.m. (Cuando estaba frente al Santísimo)

Jesús da la siguiente Oración: “Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, os amo con todo mi corazón, os adoro con todo mi espíritu, os glorifico con toda mi alma.
Deseo ser vuestro eterno enamorado.
Enamorado de tu eterna presencia en la Eucaristía.
Enamorado de tu hermosura sin igual.
Enamorado de vuestra misericordia infinita.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, rindo mi vida a vuestra Gran Majestad.
Rindo mi vida a Vuestra Divina Voluntad.
Rindo mi vida a vuestra incomparable dulzura, dulzura que elevará mi corazón hacia el Vuestro, uniéndolo en una relación de amistad profunda.

Divino Corazón de Jesús presente en la Sagrada Hostia, tomad el barro de mi vida y reconstruidla, como mi Divino Alfarero tomad mis enfermedades físicas y espirituales y sanadme como mi Médico Divino, tomad mis proyectos para que tracéis planes de amor como mi Arquitecto Divino.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, despertad en mí deseos de pureza, amor a la oración, espíritu de sacrificio y anhelos de santidad. Santidad que me impulse a rechazar las obras del mundo y a gustar de las obras del cielo.
Divino corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, haced de mi alma, alma eucarística, alma enamorada de Vuestra Real Presencia en vuestra invención de amor, amor que me atrape, amor que me cautive, amor que me desespere por estar siempre unido a vos.
Divino corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, aumentad los latidos de mi corazón convirtiéndolos en sinfonías celestiales, para el autor de mi vida, presente en la humilde apariencia del Pan Consagrado.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, haced que esté atento a vuestra voz, voz que me llame en el silencio de la noche para haceros compañía, para hablar de corazón a corazón extasiándonos con nuestras miradas, mirada que es un dulce arrullo para mi alma y sosiego para mi espíritu.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, robadme horas de mi sueño para encender mi corazón como una estrella fugaz y alumbrar en la oscuridad de la noche, noche que es dulcificada, noche que es engalanada, porque vuestra presencia me arrebata para el cielo.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, llevadme al Gólgota para con mis lágrimas sanar las heridas de Vuestro Cuerpo Santísimo, y reparar los pecados de todas las almas que os ultrajan.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, dejadme adorar vuestra Preciosa Sangre derramada en vuestra Sagrada Pasión en imploraros perdón por todos los sacrílegos de vuestro Milagro de Amor.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, haced de mi alma, alma reparadora que repare por los sacerdotes que indignamente os hacen descender del cielo y rogaros por estas almas que reavivan los dolores en Vuestro Cuerpo Sagrado.

Divino Corazón de Jesús, presente en la Sagrada Hostia, unidme al Corazón de los Ángeles del cielo para alabaros por vuestro derroche de amor, al quedaros con nosotros hasta la consumación de los siglos. Amén”.

LOS SUEÑOS DE SAN JUAN BOSCO - PARTE 40 -


LAS DIEZ COLINAS
SUEÑO 48.—AÑO DE 1864
 

(M. B. Tomo VIl, págs. 796-800) 


Se lee en el Libro de San Daniel Profeta —escribe Don Lemoyne— en el Capítulo I, versículo 17, que cuatro jóvenes de familias nobles que habían sido llevados esclavos de Jerusalén a Babilonia por el Rey Nabucodonosor, como permanecieran fieles a las leyes del Señor, pueris his dedit Deus scientiam et disciplinam in omni libro et sapientia; Danieli autem intelligentiam omnium visionum et somniorum. Daniel recibió de Dios la gracia de saber distinguir los sueños inspirados por el Señor de los que eran accidentales y fortuitos y de conocer lo que Dios quería decirle en ellos
 
Tal, y por el mismo motivo, fue, en gran parte al menos, la gracia que el cielo concedió a [San] Juan Don Bosco, con los sueños que hasta aquí hemos narrado; como también evidentemente, según nuestro parecer, con el que seguidamente vamos a exponer y que fue narrado por el [Santo] en la noche del 22 de octubre de 1864.

[San] Juan Don Bosco había soñado la noche precedente. Al mismo tiempo, un joven llamado C... E..., de Casal Monferrato, tuvo también el mismo sueño, pareciéndole que se encontraba con [San] Juan Don Bosco y que hablaba con él. Al levantarse estaba tan impresionado que fue a contar cuanto había soñado a su profesor, el cual le aconsejó que se entrevistara con el [Santo]. El joven obedeció inmediatamente y se encontró con [San] Juan Don Bosco que bajaba las escaleras en su busca para hacer lo mismo.

******

Le pareció encontrarse en un extensísimo valle ocupado por millares y millares de jovencitos; tantos eran, que el [Santo] no creyó nunca hubiese tantos muchachos en el mundo. Entre aquellos jóvenes vio a los que estuvieron y a los que están en la casa y a los que un día estarían en ella. Mezclados con ellos estaban los sacerdotes y los clérigos de la misma.

Una montaña altísima cerraba aquel valle por un lado. Mientras [San] Juan Don Bosco pensaba en lo que haría con aquellos muchachos, una voz le dijo:

--- ¿Ves aquella montaña? Pues bien, es necesario que tú y los tuyos ganen su cumbre.

Entonces, él dio orden a todas aquellas turbas de encaminarse al lugar indicado. Los jóvenes se pusieron en marcha y comenzaron a escalar la montaña a toda prisa. Los sacerdotes de la casa corrían delante animando a los muchachos a la subida, levantaban a los caídos y cargaban sobre sus espaldas a los que no podían proseguir a causa del cansancio. [San] Juan Don Bosco, con los puños de la sotana vueltos, trabajaba más que ninguno y tomando a los muchachos de dos en dos los lanzaba por el aire en dirección a la montaña, sobre la cual caían de pie, correteando después alegremente por una y otra parte.

Don Cagliero y Don Francesia recorrían las filas gritando:
— ¡Animo, adelante! ¡Adelante; ánimo!

En poco más de una hora aquellos numerosos grupos de jóvenes habían alcanzado la cumbre: [San] Juan Don Bosco también había ganado la meta.
— ¿Y ahora qué haremos?— dijo.

Y la voz añadió:
—Debes recorrer con tus jóvenes esas diez colinas que contemplas delante de tu vista, dispuestas una detrás de otra.

—Pero ¿cómo podremos soportar un viaje tan largo, con tantos jóvenes tan pequeños y tan delicados?
—El que no pueda servirse de sus pies, será transportado —se le respondió—.

Y he aquí que, en efecto, aparece por un extremo de la colina un magnífico carruaje. Tan hermoso era que resultaría imposible el describirlo, pero algo se puede decir. Tenía forma triangular y estaba dotado de tres ruedas que se movían en todas direcciones. De los tres ángulos partían tres astas que se unían en un punto sobre el mismo carruaje formando como la techumbre de un emparrado. Sobre el punto de unión se levantaba un magnífico estandarte en el que estaba escrita con caracteres cubitales, esta palabra: INOCENCIA. Una franja corría alrededor de todo el carruaje formando orla y en la cual aparecía la siguiente inscripción: Adjutorio Dei Altissimi Patris et Filii et Spiritus Sancti.

El vehículo, que resplandecía como el oro y que estaba guarnecido de piedras preciosas, avanzó llegando a colocarse en medio de los jóvenes. Después de recibida una orden, muchos niños subieron a él. Su número era de unos quinientos. ¡Apenas quinientos entre tantos millares y millares de jóvenes, eran inocentes!

Un vez ocupado el carro, [San] Juan Don Bosco pensaba por qué camino habría de dirigirse, cuando vio ante su vista una larga y cómoda senda, sembrada al mismo tiempo de espinas. De pronto aparecieron seis jóvenes que habían muerto en el Oratorio, vestidos de blanco y enarbolando una hermosísima bandera en la que se leía: POENUENTIA. Estos fueron a colocarse a la cabeza de todas aquellas falanges de muchachos que habían de continuar el viaje a pie.
Seguidamente se dio la señal de partida. Muchos sacerdotes se lanzaron al varal del carruaje, que comenzó a moverse tirado por ellos. Los seis jóvenes vestidos de blanco les siguieron. Detrás iba toda la muchedumbre de los muchachos. Acompañados de una música hermosísima indescriptible; los que iban en el carruaje entonaron el Laúdate, pueri, Dominum.

[San] Juan Don Bosco proseguía su camino como embriagado por aquella melodía de cielo, cuando se le ocurrió mirar hacia atrás para comprobar si todos los jóvenes le seguían. Pero ¡oh doloroso espectáculo! Muchos se habían quedado en el valle y otros muchos se habían vuelto atrás. Presa de indecible dolor decidió rehacer el camino ya hecho para persuadir a aquellos insensatos de que continuaran en la empresa y para ayudarlos a seguirlo. Pero se le prohibió terminantemente.
—Si no les ayudo, estos pobrecitos se perderán— exclamó lleno de dolor.

—Peor para ellos, —le fue respondido—. Fueron llamados como los demás y no quisieron seguirte. Conocen el camino que hay que recorrer y eso basta.

[San] Juan Don Bosco quiso replicar; rogó, insistió, pero todo fue inútil.

—También tú tienes que practicar la obediencia— le dijeron.

Y sin decir más, prosiguió su camino.

Aun no se había rehecho de este dolor, cuando sucedió otro lamentable incidente.

Muchos de los jóvenes que se encontraban en el carruaje, poco a poco, habían caído a tierra. De los quinientos apenas si quedaban ciento cincuenta bajo el estandarte de la inocencia.

A [San] Juan Don Bosco le parecía que el corazón le iba a estallar en el pecho por aquella insoportable angustia. Abrigaba, con todo, la esperanza de que aquello fuese solamente un sueño; hacía toda clase de esfuerzos para despertarse, pero cada vez se convencía más de que sé trataba de una terrible realidad. Tocaba las palmas y oía el ruido producido por sus manos: gemía y percibía sus gemidos resonando en la habitación; quería disipar aquella terrible pesadilla y no podía.

— ¡Ah, mis queridos jóvenes!— exclamó al llegar a este punto de la narración del sueño. Yo he visto y he reconocido a los que se quedaron en el valle; a los que volvieron atrás y a los que cayeron del carruaje. Los reconocí a todos. Pero no duden que haré toda suerte de esfuerzos a mi alcance para salvarlos. Muchos de Vosotros por mí invitados a que se confesaran, no respondieron a mi llamada. Por caridad, salven sus almas.

Muchos de los jovencitos que cayeron del carro fueron a colocarse poco a poco entre las filas de los que caminaban detrás de la segunda bandera.

Entretanto, la música del coche continuaba, siendo tan dulce, que el dolor de [San] 138

Juan Don Bosco fue desapareciendo.

Habíamos pasado ya siete colinas y al llegar a la octava, la muchedumbre de jóvenes llegó a un bellísimo poblado en el que se tomaron un poco de descanso. Las casas eran de una riqueza y de una belleza indescriptibles.

Al hablar a los jóvenes sobre aquel lugar, exclamó:

—Les diré con Santa Teresa lo que ella afirmó de las cosas del Paraíso: son cosas que si se habla de ellas pierden valor, porque son tan bellas que es inútil esforzarse en describirlas. Por tanto, sólo añadiré que las columnas de aquellas casas parecían de oro, de cristal y de diamante al mismo tiempo, de forma que producían una grata impresión, saciaban a la vista e infundían un gozo extraordinario. Los campos estaban repletos de árboles en cuyas ramas aparecían, al mismo tiempo, flores, yemas, frutos maduros y frutos verdes. Era un espectáculo encantador.

Los jovencitos se desparramaron por todas partes; atraídos unos por una cosa, otros por otra, y deseosos al mismo tiempo de probar aquellas frutas.

Fue en este poblado donde el joven de Cásale, del que hemos hablado, se encontró con [San] Juan Don Bosco, entablando con él un prolongado diálogo. Ambos recordaban después las preguntas y respuestas de la conversación que habían mantenido. ¡Singular combinación de dos sueños!

[San] Juan Don Bosco experimentó aquí otra extraña sorpresa. Vio de pronto a sus jóvenes como si se hubiesen tornado viejos; sin dientes, con el rostro lleno de arrugas, con los cabellos blancos; encorvados, caminando con dificultad, apoyados en bastones. El siervo de Dios estaba maravillado de aquella metamorfosis, pero la voz le dijo:

—Tú te maravillas; pero has de saber que no hace horas que saliste del valle, sino años y años. Ha sido la música la que ha hecho que el camino te pareciera corto. En prueba de lo que te digo, observa tu fisonomía y te convencerás de que te estoy diciendo la verdad.

Entonces a [San] Juan Don Bosco le fue presentado un espejo. Se miró en él y comprobó que su aspecto era el de un hombre anciano, de rostro cubierto de arrugas y de boca desdentada.

La comitiva, entretanto, volvió a ponerse en marcha y los jóvenes manifestaban deseos de cuando en cuando de detenerse para contemplar algunas cosas que eran para ellos completamente nuevas. Pero [San] Juan Don Bosco les decía:

—Adelante, adelante, no necesitamos de nada; no tenemos hambre, no tenemos sed, por tanto, prosigamos adelante.

Al fondo, en la lejanía, sobre la décima colina despuntaba una luz que iba siempre en aumento, como si saliese de una maravillosa puerta. Volvió a oírse nuevamente el canto, tan armonioso, que solamente en el Paraíso se puede oír y gustar una cosa igual. No era una música instrumental, sino más bien producida por voces humanas. Era algo imposible de describir, y tanto fue el júbilo que inundó el alma de [San] Juan Don Bosco, que se despertó encontrándose en el lecho.

******
He aquí la explicación que el [Santo] hizo del sueño. 139

—El valle es el mundo. La montaña, los obstáculos que impiden despegarnos de él. El carro, lo entienden. Los grupos de jóvenes a pie, son los que, perdida la inocencia, se arrepintieron de sus pecados.

[San] Juan Don Bosco añadió también que las diez colinas representaban los diez Mandamientos de la Ley de Dios, cuya observancia conduce a la vida eterna.

Después añadió que si había necesidad de ello estaba dispuesto a decir confidencialmente a algunos jóvenes el papel que desempeñaban en el sueño, si se quedaron en el valle o si se cayeron del carruaje.

Al bajar [San] Juan Don Bosco de la tribuna, el alumno Antonio Ferraris se acercó a él y le contó delante de nosotros, que oímos sus palabras, que en la noche anterior había soñado que se encontraba en compañía de su madre, la cual le había preguntado que si para la fiesta de Pascua iría a casa a pasar unos días de vacaciones, y que él había dicho que antes de dicha fecha habría volado al Paraíso... Después, confidencialmente dijo algunas palabras al oído de [San] Juan Don Bosco. Antonio Ferraris murió el 16 de marzo de 1865.

Nosotros —continúa Don Lemoyne— escribimos el sueño inmediatamente y la misma noche del 22 de octubre de 1864, le añadimos al final la siguiente apostilla: «Tengo la seguridad de que [San] Juan Don Bosco en sus explicaciones procuró velar lo que el sueño tiene de más sorprendente, al menos respecto a algunas circunstancias. La explicación de los diez Mandamientos no me satisface. La octava colina sobre la cual [San] Juan Don Bosco hace una parada y el contemplarse en el espejo tan anciano, creo que quiere indicar que el [Santo] moriría pasados los setenta años. El futuro hablará».
Este tiempo ha pasado y nosotros tenemos que ratificar nuestra opinión. El sueño indicaba a [San] Juan Don Bosco la duración de su vida. Confrontemos con éste el de la Rueda, que sólo pudimos conocer algunos años después.

Las vueltas de la rueda proceden por decenios: se avanza de una a otra colina de diez en diez años. Las colinas son diez, representando unos cien años que es el máximo de la vida del hombre.

En el primer decenio vemos a [San] Juan Don Bosco, aún niño, comenzando su misión entre sus compañeros de Bechi, dando así principio a su viaje; después comprobamos cómo recorre siete colinas, esto es, siete decenios, llegando, por tanto, a los setenta años de edad; sube a la octava colina y en ella descansa: contempla casas y campos maravillosos, o mejor dicho, su Pía Sociedad, que ha crecido y producido frutos por la bondad infinita de Dios. El camino a recorrer en la octava colina es aún largo y el [Santo] emprende la marcha; pero no llega a la novena colina porque se despierta antes. Y así finalizó su carrera en el octavo decenio, pues murió a los setenta y dos años y cinco meses de edad.

¿Qué opina el lector de todo esto? Añadiremos que la noche siguiente, habiéndonos preguntado [San] Juan Don Bosco a nosotros mismos, cuál era nuestro pensamiento sobre este sueño, le respondimos que nos parecía que no se refería solamente a los jóvenes, sino que también quería significar la dilatación de la Pía Sociedad por todo el mundo.

Pero ¿cómo? —Replicó uno de nuestros hermanos—; tenemos ya Colegios en Mirabello y en Lanzo y se abrirá algún otro más en el Piamonte. ¿Qué más quiere?

—Son muy diferentes los destinos anunciados por el sueño— dijimos.

Y [San] Juan Don Bosco aprobaba sonriente nuestra opinión.

DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO : CATÓLICOS EN EL MUNDO



El caso de los Cortes Mágicos" El amor de Dios presente con los católicos de Estados Unidos. 




"Una de las manifestaciones más maravillosas de la benevolencia de Dios durante los forcejeos de la Iglesia primitiva en los Estados Unidos" tal es la estimación impresionante del erudito estudioso Jesuita, Padre Joseph M. Finotti, acerca del extraordinario pero poco conocido drama espiritual que tuvo lugar hace unos 200 años cerca de Martinsburg, Virginia Oriental.
 
Y de hecho, en el año 1797, en una granja cerca del actual Middleway, Jefferson County, Virginia Oriental, una familia luterana se salvó de las persecuciones diabólicas por un sacerdote católico y entonces se instruyó en la religión católica por una misteriosa, invisible Voz del otro mundo que continuó durante diecisiete años iluminando, guiando, e inspirando a estos antiguos protestantes y sus amigos católicos para vivir como fervientes y ejemplares cristianos.
 
Frecuentemente durante esos años, esta Voz mística cuya "influencia siempre era beneficiosa," comunicó advertencias oportunas, profecías, y mensajes de caridad y misericordia para muchas personas, lo que produjo numerosas conversiones. Que tales fenómenos aparentemente milagrosos realmente tuvieron lugar nunca se ha cuestionado por los historiadores serios.
 
Según el erudito Profesor P. J. Mahon, en sus Ensayos y Triunfos de la Iglesia católica en América (Chicago, 1907), "ningún hecho está mejor sostenido". Las autoridades No-católicas también confirman la verdad de los eventos. En 1904 un artículo en La Virginia Oriental, Revista Histórica, admitió que "las personas no tenían ninguna duda de los hechos allí ocurridos". Y tan recientemente como 1941 la guía de turismo de Virginia Oriental de la Serie de Guía Americana compilada por el Programa de Escritores de la Administración de Proyecto de Trabajos dio casi una página entera a un informe objetivo del localmente famoso Misterio de los Cortes Mágicos.
 
Narraremos los principales incidentes de este fascinante y significantivo capítulo en la historia temprana de la Iglesia católica en los Estados Unidos, en la mayor parte con las mismas palabras con que fueron registradas por los testigos oculares y por los niños de los testigos en la valiosa colección de documentos del Padre J. M. Finotti titulada "El Misterio de los Cortes Mágicos" (Baltimore, 1879, 143p.).
 
La Sagrada Escritura nos enseña que "es honorable revelar y confesar los trabajos de Dios" (Tobias 12:7). Y es nuestra esperanza y oración que muchos católicos americanos - y no católicos también - puedan compartir la convicción del Padre Finotti de que esto que revuelve la narrativa histórica "dibuja nuestro corazón cerca de Dios; enseña lecciones de sabiduría sobrenatural; ¡el Dedo de Dios está Aquí! ... Aquí dentro yace la belleza de la historia".
 
Adán Livingston era un luterano honrado y trabajador que poseyó una considerable propiedad en el Condado de York, Pennsylvania. Debido a causas misteriosas, sin embargo, su propiedad empezó a disminuir de varias formas: su granero se quemó, y sus caballos y ganado murieron. Cuando estas pérdidas continuaron, Livingston y su familia decidieron mudarse.
 
Temprano en mil setecientos noventa, por lo tanto, con su segunda esposa y varios niños, él dejó Pennsylvania y emigró al más bajo extremo del encantador Valle de Shenandoah dónde se estableció en una propiedad grande del triángulo formado por Charlestown, Martinsburg, y Winchester todos los cuales estaban entonces en el estado de Virginia. Pero allí también las mismas fuerzas misteriosas continuaron afligiendo la casa de los Livingston. Allí también el ganado y los caballos se murieron. Ahora la misma casa en que Adán y su esposa y niños vivieron parecía estar obsesionada (se refiere a obsesión diabólica): por la noche se mantuvieron despiertos por los ruidos raros, tales como golpes fuertes y ruidos sordos como de caballos galopantes y carros. Pero incluso a la luz del día su mobiliario se golpearía de repente y su vajilla se quebraba contra el suelo por manos invisibles. Llamas cortas y gruesas de fuego rodaron fuera de las camas a través de los cuartos. A veces se vieron cabezas y piernas de pollos y gansos caer de repente. Pero de lejos la más sensacional de estas aflicciones diabólicas era el extrañamente persistente corte y recorte que atacó casi cada uno de los pedazos de tela y cuero en la propiedad de los Livingston. ¡Las hojas, los manteles, las camisas, los vestidos, los trajes e incluso el cuero de botas y sillas de montar, en uso o cerrados bajo llave en los armarios, fueron hábilmente rasgados y cortados en tiras crecientes por tijeras invisibles! El ruido de las tijeras que cortan alegremente se oyó indistintamente en muchas ocasiones por los miembros de la familia.
 
Una anciana señora en Martinsburg, deseando satisfacer su curiosidad, fue a visitar a los Livingstons, pero antes de entrar en la casa obsesionada se quitó cuidadosamente su nuevo sombrero de seda y lo envolvió en un pañuelo grande, para salvarlo de los cortes.
 
¡Al salir, sin embargo, encontró su nuevo sombrero cortado en cintas pequeñas!
 
La tortura mental del pobre anciano Sr. Livingston era aguda y se volvió hacia la Biblia para conseguir ayuda contra estos ataques que eran claramente diabólicos. Como el Padre Gallitzin después escribió, "el buen anciano, al leer en su Biblia que Cristo había dado a Sus ministros poder sobre los malos espíritus, viajó desde su casa hasta Winchester en Virginia, y habiendo, con lágrimas en sus ojos, relatado a su ministro la historia de su dolor, pérdidas y sufrimientos, rogó a él que fuera a su casa y ejerciera en su favor el poder que había recibido de Jesucristo. El sacerdote cándidamente confesó que él no tenía tal poder. El buen hombre concluyó por lo tanto racionalmente que ese Sacerdote no podría ser ministro de Cristo... y se dirigió a otras personas que se llamaban a sí mismas ministros de Cristo, algunos de los cuales le prometieron alivio. Vinieron, oraron y leyeron; pero oraron y leyeron en vano..."
 
Como resultado de tantas desilusiones, el Sr. Livingston casi llegó a la conclusión de que Cristo ya no tenía ningún verdadero ministro en la tierra.
 
¡Entonces en su desesperación fue a ver a algunos conjuradores y magos locales, uno de los cuales prometió desterrar el espíritu malo si pagaba una buena suma de antemano, pero se negó al trabajo cuando el viejo granjero sutilmente ofreció pagarle el doble de esa cantidad - después de que tuviera éxito!
 
¡Otros tres vinieron muy confiadamente de Winchester, pero giraron sobre sus talones cuando vieron girar rápidamente una gran piedra alrededor de la sala sin ningún apoyo por quince minutos!
 
Entonces una noche, el Sr. Livingston tuvo un sueño extraño. Vio una Iglesia bonita y en ella a un "ministro vestido con túnicas peculiares" y oyó una voz decirle: "Ése es el hombre que puede aliviarlo".
 
Decidió buscar esa misma mañana al ministro vestido con las túnicas. Se dirigió a la propiedad de una familia católica distinguida llamada McSherry. Tarde esa noche la Señora McSherry vio al Sr. Livingston, cuya granja estaba aproximadamente a cuatro millas, viniendo hacia su casa y se encontraron en la puerta. Cuando él pidió ver al sacerdote, ella le dijo que allí no había ningún sacerdote entonces, pero que uno "llevaría la iglesia" a una casa en Shepherdstown a la mañana del siguiente domingo.
 
El domingo siguiente, los McSherry se encontraron con el Sr. Livingston en la casa católica en Shepherdstown, y en cuanto el sacerdote, Padre Dennis Cahill de Hagerstown, apareció ante el altar vestido para la Misa, el anciano granjero luterano de repente estalló en lágrimas y exclamó:
 
"Ése es el mismo hombre que vi en mi sueño - ¡él es quien me aliviará"!
 
Cuando la Misa había terminado, se dirigió al sacerdote, le contó su triste historia y seriamente le pidió ayuda. Después de mucha persuasión, Fr. Cahill estuvo de acuerdo en visitar la casa obsesionada. El sacerdote interrogó a la familia Livingston entera, pero todos le contaron exactamente la misma historia.
 
Entonces consintió en decir algunas oraciones y asperger la casa con Agua Bendita. ¡Y cuando estaba saliendo, una suma de dinero que había desaparecido últimamente misteriosamente de un cajón cerrado con llave del granjero, apareció de repente por manos invisibles en el porsche entre los pies del sacerdote!
 
Ahora la casa de los Livingston se quedó callada durante varios días. Pero pronto los ruidos raros y los pavorosos cortes empezaron de nuevo. ¡Así que el Padre Cahill vino una segunda vez y celebró la Santa Misa en la casa, después de lo cual varias perturbaciones cesaron - para bien!
 
El viejo granjero luterano estaba tan profundamente agradecido por haber obtenido el alivio que le habían prometido, que toda su familia desde entonces decidió aceptar la religión católica.
 
En el otoño de 1797, un sacerdote joven muy notable fue enviado por sus superiores para investigar estos acontecimientos extraños a Cliptown: el Padre Demetrius A. "Smith" de 27 años, quién nació Príncipe "Mitri" Gallitzin, hijo de una condesa alemana y un príncipe-embajador ruso de la Emperatriz Catalina la Grande.
 
Más tarde, durante sus cuarenta años de servicio santo y heroico a Dios en Loretto, Pa., se haría famoso como el gran "Apóstol del Alleghenies". Aquí está su testimonio:
 
"Mi perspectiva al llegar a Virginia y permanecer allí tres meses, era investigar esos hechos extraordinarios en casa de los Livingston, de la que había oído hablar tanto... hechos que no podían predominar en mis creencias; pero me convertí pronto a una creencia llena de ellos. Ningún abogado en una corte de justicia ha examinado o interrogado testigos más estrictamente que como yo lo hice a todos aquéllos que pude procurar".
 
A través del poder divino de la Verdadera Iglesia de Cristo, los malos espíritus se desvanecieron y en su lugar quedó un Espíritu de Luz y Verdad cuya guía espiritual inspiradora provocó cambios profundos hacia el bien en las vidas de los Livingstons, los McSherrys y sus vecinos.
 
Una tarde, después de que se había hecho católico hacía varias semanas, el Sr. Livingston percibió una luz deslumbradora en una esquina de su cuarto y en un momento la casa entera se llenó de una luz casi cegadora. Y entonces el anciano hombre empezó a oír una Voz misteriosa que lo instruyó en los Sacramentos de Penitencia y la Santa Eucaristía. A menudo la Voz vendría y exclamaría:
 
"Quiero oraciones".
 
Esta Voz despertaba al Sr. y la Señora Livingston por la noche y les pedía que oraran mucho para obtener perseverancia y por los pecadores. A veces les hizo orar durante tres horas; ellos admitieron que no parecía estar más de unos minutos. Y convocaría a la familia entera de repente por las tardes con estas palabras:
 
"Vengan, tomen asiento".
 
Y entonces los instruía muy completamente en los varios dogmas de la religión católica. Hizo énfasis en que aunque ellos no pudieran ver a la persona que estaba hablándoles, siempre debían obedecer a la voz visible que era el sacerdote. Algunos de los niños jóvenes informaron haber visto al autor de la Voz. Ésta reveló al Sr. Livingston que había estado una vez en la carne como él, y que si perseveraba sabría quién era antes de su muerte. Pero él debe de haber llevado el secreto a la tumba cuando murió en 1820.
 
Después de que la Voz cantó tres veces muy bellamente en latín y en inglés los Livingstons naturalmente pensaron que su visitante misterioso había sido quizás un sacerdote. Y de hecho durante los próximos diecisiete años la Voz actuó como un sabio pero estricto director espiritual para las familias Livingston y McSherry. ¡Cuando sea que viniera - a veces acompañada por una luz brillante, diría":
 
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, tres grandes Nombres! ¡Ninguno es mayor en la tierra! ¡Ninguno es mayor en el Cielo"!
 
Una vez pidió que los Livingstons guardaran cuarenta días de ayuno con tres horas de oración cada día. También les ordenó guardar el cuatro de marzo cada año como un día santo especial, en acción de gracias por su conversión. Y fue en ese día, al final de los cuarenta días de ayuno, que el Sr. Livingston oyó cantar tan bellamente, como también en el Día de Todos los Muertos. La Voz les dijo que las almas en el Purgatorio estaban muy regocijadas ese día, ya que el mundo entero estaba orando para ellas.
 
Todas las noches la Voz uniría a la familia en sus oraciones, mientras decía el Rosario con ellos y les enseñaba cómo orar bien. También les explicó la Misa y declaró que
 
"Una Misa era más aceptable a Dios Omnipotente que todos los suspiros y lágrimas del mundo entero reunidos, porque era Dios, un puro Dios, ofrecido a Dios".
 
Enfatizó que una bendición es para nosotros tener a la Madre misericordiosa de Dios como nuestra Abogado y que ella tiene un gran poder en favor de los pobres pecadores. Y como la Señora Livingston, que había sido presbiteriana era algo terca respecto a honrar a la Virgen Santísima, la Voz insistió en que la segunda parte del Ave María dijeran:
 
"Santa, Santa, Santa María, Madre de Dios.."
 
Una vez cuando una de las muchachas Livingston fue a confesión y no mencionó cierto pecado por vergüenza, la Voz no sólo le dijo a la familia entera que ella no lo había mencionado, sino que además se lo recordó a la chica y la presionó para que lo confesara lo más pronto posible. Cuando el hijo del Sr. Livingston, Henry, alcanzó la edad, se negó a hacer el segado a menos que su padre le pagara sueldos regulares de cosecha. Pero muy pronto tuvo un dolor en su rodilla que se le inflamó e infectó tanto que fue confinado a la cama por dieciocho meses. Después de que él había sufrido esa cantidad de tiempo, la Voz anunció que "él había satisfecho la Justicia de Dios por su desobediencia y por haber desacatado a su padre," entonces el joven fue sanado. Debe haberle llegado esta severa lección al corazón, porque ha quedado registrado que él también vivió de aquí en adelante una vida muy santa.
 
 Por otro lado, el Padre Gallitzin escribió de algunos de los otros niños Livingston que "creo que ellos se preocupan muy poco por la Iglesia."
 
Era particularmente por las almas que sufren en el Purgatorio que la Voz instaba a los Livingstons y a los McSherrys a que oraran, prometiéndoles que estas almas, cuando fueran liberadas, intercederían por ellos ante el trono de Dios Omnipotente. La Voz dijo al Sr. Livingston que cada oración que ellos rezaban por las pobres almas era como un yeso fresco en una herida dolorosa. Y les dio varios ejemplos inolvidables de los sufrimientos del Purgatorio.
 
Un día, cuando el Sr. Livingston estaba trabajando en los campos con sus hijos, de repente se empezó a sentir mal, porque ellos le vieron ponerse mortalmente pálido y doblado. Cuando le ayudaron a caminar hasta la casa, él explicó que simplemente había oído a un alma del Purgatorio que gritaba por ayuda. Y después repitió a menudo que nunca podría olvidarse de ese chillido - ¡había sido tan terrible!
 
Una noche la Voz hizo levantarse a los Livingstons tres veces para orar por cierta alma en el Purgatorio. Y cuando una de las muchachas empezó a pensar que después de todo las almas podrían haberse salvado a sí mismas y que merecieron sus dolores y como fuera, todo era exagerado, de repente todos oyeron un voz chillando:
 
"¡Ayuda! ¡Ayuda!"
 
Cuando le preguntaron qué tipo de ayuda necesitaba, contestó:
 
"Oraciones - porque nosotros pasamos tormentos insoportables. Dénme algo - y se convencerán"!
 
Y en cuanto alzaron una camisa, una mano humana entera dejó una quemadura con su forma en ella, dejando los espacios entre los dedos sin chamuscar. Toda la familia vio a ambas, la llama y la mano.
 
En otra ocasión las letras IHS (Jesús) fueron claramente impresas a fuego con un color rojo profundo en un chaleco. Éstos objetos marcados preternaturalmente, así como algunas telas cortadas, se guardaron y las han visto muchas personas durante más de treinta años, aunque desgraciadamente fueron eventualmente perdidos o destruidos.
 
La Voz habló a menudo de los graves problemas que estaban pendiendo sobre del mundo, y le dijo al Sr. Livingston que informara a la Señora McSherry de que "ella no viviría para verlo, pero sus niños lo verían - guerra, pestilencia y hambre"! y agregó que aquéllos de la familia que permanecieran fieles a Dios no padecerían estos azotes y que sabrían cuando ellos estaban en el favor de Dios.
 
Y de hecho, durante la Guerra Civil, ninguno de los ocho hijos e hijas recibió la lesión más ligera, salvo un hijo que murió del exesivo esfuerzo en su trabajo en un hospital militar.
 
Cuando la Señora McSherry preguntó donde estaba el alma de su antiguo confesor, esperando oír que llevaba largo tiempo en el Cielo, ya que había sido un sacerdote muy santo antes de morir diecisiete años atrás, la Voz contestó:
 
"el Padre F. todavía está retenido en las llamas abrasadoras del Purgatorio, a causa de un poco de descuido en la dirección de una propiedad de huérfanos que tenía a su cargo. Él confió ésto a otra persona, y no vio que el lugar estaba pobremente atendido".
 
Temprano una mañana el Sr. Livingston fue a la propiedad de los McSherry y le dijo a la Señora McSherry que la Voz le había informado que su hermana, la Señora Mary Spalding, se había muerto a medianoche en Baltimore, y que estaba en el Purgatorio "por consentir demasiado a sus niños," y que debían ofrecerse Misas por su alma.
 
Varios días después llegó una carta de Baltimore que anunciaba la muerte de la Señora Spalding a la misma hora que lo mencionó la Voz. La Señora McSherry había ofrecido ochenta Misas por su hermana. Y un día cuando estaba caminando a casa de los Livingston con su marido, todas las puertas se abrieron para que ellos pasaran, sin que nadie las tocara. La Voz explicó que 
 
"la Señora Mary Spalding las había abierto".
 
La Señora McSherry tenía un hermano en la Universidad de Georgetown que estudiaba para el sacerdocio. A través del Sr. Livingston la Voz le informó que su hermano se había vuelto un blasfemo que abiertamente declaró que él no creía en la Presencia Real de Jesús en el Santísimo Sacramento ni en el poder de sacerdotes de perdonar los pecados. La Voz agregó que si él se muriera en ese estado mental abriría sus ojos en las llamas rabiosas entre los condenados. La Voz ordenó a sus hermanos y hermanas ir a verlo, caer de rodillas y decirle:
 
"En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ¿por qué no podrías creer que hay un Dios y que nada es difícil o imposible para Él y que le es tan fácil darnos Su Cuerpo Precioso y Sangre como sería darnos un vaso de agua fría?".
 
Pero él no regresó a Dios y, como la Voz predijo, murió en sus pecados. Se tiró de un caballo y murió con el cuello roto. Este triste evento ocurrió en Kentucky.
 
En una ocasión, cuando la familia del Sr. Livingston se congregó en un cuarto, vieron a un hombre en medio de ellos, supusieron que era un mendigo, puesto que vestía pobremente, estaba descalzo y el día era frío. El Sr. Livingston le ofreció ropa y zapatos que él aceptó pero dijo que no eran necesarios en el lugar del que él venía. Se quedó durante algún tiempo, instruyéndolos en la doctrina cristiana y hablando con ellos.
 
Les dijo; "Lutero y Calvino estan en el Infierno y cada alma que se ha perdido por su culpa es agregada a sus tormentos".
 
Cuando él dejó la casa, el Sr. Livingston pensó en mirarlo, para ver adónde se iba, ya que no lo habían visto cuando entró. Le vieron salir por la parte delantera de la casa y entonces desapareció.
 
Como era de esperar, estos eventos y revelaciones extraordinarios producían la conversión de muchos amigos y parientes de las dos familias favorecidas. De hecho, durante un invierno, se sabe que catorce personas se unieron a la Iglesia católica en la región circundante al "Lugar del Sacerdote," como empezó a llamarse a la propiedad de los Livingston. Y los católicos cercanos a Maryland y Virginia fueron inspirados a llevar mejores vidas, particularmente cuando vieron que los Livingstons y los McSherrys, bajo la guía de la Voz mística, se habían convertido en ardientes apóstoles laicos de Cristo.
 
El Sr. Livingston, antes de su conversión, soportó sus pérdidas con impaciencia, pero después de su conversión, nunca se quejó. En enero del 1800, cuando la esposa protestante de un católico algo flojo, el Sr. Joseph Minghini, cayó gravemente enferma, a la orden de la Voz, la Señora McSherry la visitó y la consoló. Después de que ellos repitieron un Acto de Contrición juntos, la mujer agonizante pareció ser verdaderamente penitente y lista para ver a un sacerdote. Pero su marido protestó que ella tenía sus propios predicadores y que no había ningún sacerdote dentro de cuarenta millas. Finalmente sin embargo, como la Voz había urgió y predijo, el Padre Gallitzin fue convocado y recibió a la Señora Minghini en la Iglesia. La Voz también había especificado que el mensajero se encontraría con el Padre Cahill y el Padre Gallitzin, pero que el último era el destinado para la mujer, "por ser de una naturaleza más apacible".
 
Unas semanas más tarde, en una carta al Obispo Carroll, el Padre Gallitzin describió la conversión como "milagrosa".
 
Cuando la Señora McSherry regresó a casa soñó que veía a un niño pequeño golpeando una gran piedra con un palo, después de lo cual la piedra se desmenuzó hasta hacerse polvo. A la mañana siguiente, la Voz le informó a través de los Livingstons que la Señora Minghini había muerto durante la noche y que sus pecados se habían desmenuzado, igual que la piedra, como resultado de su contrición sincera y la absolución del sacerdote.
 
Otro incidente llamativo, sin embargo, sirvió como una vívida advertencia contra esperar por una conversión de el lecho de muerte. La esposa protestante de un hombre católico en Winchester, estaba cerca de la muerte y pidió finalmente a un sacerdote. Se envió un mensajero a la propiedad de los McSherry y él encontró al sacerdote allí. ¡Pero cuando buscaron al caballo del sacerdote, Toro Viejo, en un pequeño campo cercano llamado Pastura Primaveral, donde había sido visto sólo unos momentos atrás, nadie pudo encontrarlo!
 
Después una considerable búsqueda y retraso, se ensilló a uno de los caballos del Sr. McSherry y el sacerdote partió. Poco tiempo después, oyeron a Toro Viejo relinchar y lo encontraron en el medio de Pastura Primaveral, para el asombro absoluto de las treinta personas que lo habían buscado en vano. Entonces la Voz le dijo al Sr. Livingston que el caballo había estado allí todo el tiempo pero había había estado invisible, porque la mujer aplazó su conversión hasta el último momento, y que ella se había muerto antes de que el sacerdote pudiera localizarla - como fue seguidamente corroborado - y que Dios Todopoderoso había permitido esto como una advertencia a los vivos para que no dependiesen del arrepentimiento en el lecho de muerte.
 
La Voz frecuentemente aconsejó a los Livingstons que oraran para conseguir perseverancia y que sólo existe una Iglesia, fuera de la cual no hay salvación.
 
Una noche de dura lluvia, un extraño vino a ver al Sr. McSherry y le pidió una noche de alojamiento. Era muy conveniente para la Señora McSherry ponerlo en el cuarto donde el Sacerdote normalmente dormía y donde se guardaban las vestiduras de la Iglesia y otras cosas por el estilo. Los dos lo reconocieron como un Predicador metodista. Después de retirarse a su cuarto, el Sr. y la Señora McSherry oyeron a alguien caminando vivamente en ese cuarto, como si fuera alguien calzado con pesadas botas. Se mantuvieron despiertos la noche entera, muy turbados. Por la mañana le preguntaron al extraño si él no había estado enfermo durante la noche; pero él contestó que no, que había dormido muy bien. El Sr. Livingston, entretanto, vino y les dijo que habían tenido una noche desagradable y que la pasaron despiertos. La Voz le había dicho que les dijera;
 
"Dios permitió que fuesen molestados para castigarlos por albergar al predicador - un ministro del diablo - en un lugar dónde se guardaban cosas sagradas."
 
En agosto de 1804, el Sr. McSherry estuvo cerca de morir de una severa enfermedad. Habiendo tenido alguna desagradable diferencia con el Padre Cahill, no había ido a confesar ni comulgar durante algún tiempo. Pero ahora la Voz le dijo al Sr. Livingston que fuera a ver al Sr. McSherry y a "su estimada colaboradora," como siempre llamó a la esposa (según el Padre Gallitzin), para decirles que el Sr. McSherry
 
"debía humillarse e ir a confesión. Tocar Cristo a través de la Iglesia y se curaría".
 
El hombre aparentemente agonizante mandó a llamar inmediatamente al Padre Cahill y esa misma noche, que su familia pensó que sería la última, él se confesó, recibió la Sagrada Comunión, hizo acción de gracias y entonces cayó en un sueño pacífico. A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y cuando su familia le vio caminando alrededor de la casa, algunos pensaron al principio que era un fantasma. Realmente, aunque todavía pálido y enflaquecido, estaba completamente curado. Y vivió hasta el 7 de septiembre de 1822.
 
La segunda esposa del Sr. Livingston, a pesar del hecho de que oyó la Voz con mayor frecuencia que cualquier otro, nunca se convirtió sinceramente. Ella solía decir que era el Judas de la familia, y constantemente intentó desautorizar o contradecir cualquier cosa que la Voz dijera.
 
Un jueves en la tarde en que quedó un poco de sopa con carne de la cena, ella decidió servirla el viernes y por consiguiente la guardó bajo llave en el sótano. ¡Pero a la mañana siguiente encontró la olla en que había dejado la sopa llena exactamente en la misma cantidad con agua sola! Y la Voz le dijo que lo había hecho porque "era más apropiado tomar agua que violar las reglas de la Iglesia"! La Señora Livingston misma le contó el suceso a la Señora McSherry.
 
También declaró que la Voz había dicho que "si no se sometía a las reglas de la Iglesia católica romana, abriría sus ojos en el Infierno".
 
La Voz también profetizó que ella se moriría en su propia casa y cuarto, y entonces cuando ella se enfermó, dejó la casa deliberadamente para demostrar el error de la Voz, y fue a vivir con una familia cuáquera cuya hija estaba muriendo. Esta muchacha le dijo a la Señora Livingston que quería un poco de ayuda espiritual pero no sabía exactamente qué era lo que necesitaba. La Voz informó a la Señora Livingston que era el Bautismo y la instó a que hiciera los arreglos. Después de que la muchacha murió sin ser bautizada, la Voz le dijo a la Señora Livingston que esto aparecería contra ella en el Día del Juicio. Y cuando estuvo cerca de la muerte, fue obligada por las circunstancias a rogar ser llevada a su casa, dónde se murió en su propio cuarto, así como la Voz había predicho.
 
Todo lo que la Voz predijo pasó tal como lo había anunciado. Una de las muchachas Livingston, Eva, se convirtió en una mujer muy santa. Sin embargo, una vez después de haber entrado en la Iglesia católica, fue a una reunión protestante y mientras estaba allí, fue movida a las lágrimas ante la vista de tantas personas que no conocían nada de la Verdadera Iglesia. Pero la Voz la reprobó por haber ido a la reunión, diciendo que ella "había cometido un gran pecado, puesto que las personas pensaron que se había afectado por lo que oyó - ya que no conocían sus pensamientos".
 
Eva Livingston pasó mucho tiempo con la anciana y devota Señora McSherry, y después de que ella se murió "en olor de santidad," la Voz declaró que "su alma no pasó siquiera por el Purgatorio."
 
La Señora McSherry, "la estimada colaboradora", tuvo al menos dos experiencias místicas notables. Un día se asustó al ver una cuna que contenía a su bebé William meciéndose violentamente sin que nadie la tocara. Más tarde la Voz le dijo a través del Sr. Livingston que "era el Diablo que estaba intentando destruir al niño, sabiendo que él habría de ser su enemigo algún día". Y de hecho ese niño se convirtió en el Reverendísimo William McSherry, uno de los Provinciales de la Sociedad de Jesús en los Estados Unidos.
 
Un domingo la Señora McSherry se quedó en casa con un niño enfermo mientras el resto de la familia se fue a la Iglesia. Cuando estaba orando por su niño en un cuarto de arriba, vio de repente a una hermosa persona de pie ante ella en una ligera nube, con una mano arriba y la otra abajo, y un clavo atravesando cada mano, que le dijo:
 
"Cualquier cosa que hagas por uno de Mis pequeños, la haces por Mí".
 
Ella no le contó a nadie sobre esta visión maravillosa, hasta que el sacerdote le informó que la Voz lo había descrito al Sr. Livingston. Una noche el anciano granjero bueno y su hija Charlotte estaban sentados juntos, cuando la Voz habló desde una brillante luz en una esquina del cuarto y le dijo a la muchacha que el Diablo había estado intentando tentarla todo el día y habría tenido éxito, si ella no hubiera estado teniendo en sus brazos todo el tiempo al bebé de un vecino, porque "la inocencia del bebé la había protegido."
 
Claro que en aquellos tiempos como hoy, muchas personas se negaron a creer lo que oyeron decir de estos eventos sobrenaturales.
 
Una vez, cuando el Sr. Livingston quiso advertir algunos conocimientos sobre su manera de vivir, la Voz dijo:
 
 "No: si ellos no oyen a la Iglesia, no oirán una Voz que viene desde la muerte".
 
Sin embargo, poco después de su conversión, el antiguo luterano fue a Baltimore para ver al Obispo Carroll y el sabio y cauto viejo "Padre Fundador" de la Iglesia católica en los Estados Unidos, después de un examen completo, declaró que "él pensó que el hombre había recibido su conocimiento antes".
 
No obstante, la Voz advirtió al Sr. Livingston que mucha gente no creerían estas cosas y que incluso algunos sacerdotes se reirían y no creerían y que cuando viera esto, no intentara convencerlos. El Sr. Livingston parece haberse vuelto especialmente consagrado al Padre Gallitzin, a quien visitó en Conewago cerca de Gettysburg sólo un año o dos después de entrar en la Iglesia católica. Se sabe que caminó hasta allí y regresó, y la Voz le dijo "que había estado con él todo el camino".
 
También se dice, aunque sin evidencia concluyente, que a través del Sr. Livingston la Voz descubrió al Padre Gallitzin algunos de sus futuros sufrimientos y le aconsejó sobre cómo llevarlos.
 
En todo caso es un hecho significativo que, según el Padre Gallitzin, "el Sr. Livingston quitó desde Virginia hasta el Condado de Bedford, Pennsylvania, aproximadamente veinte millas de aquí (Loretta), dónde murió en la primavera de 1820. Yo hacía Misa repetidamente en su casa. Él continuó, hasta el final, muy atento a sus deberes, pero no recibió los ritos de la Iglesia en su última enfermedad que se lo llevó demasiado rápido para permitirse el lujo de cualquier oportunidad de enviar a llamar a un sacerdote."
 
Permítannos acabar nuestra historia con este consejo sabio del Padre Joseph M. Finotti, S.J.:
 
"La narrativa de los Cortes Mágicos es para la edificación; dibuja nuestro corazón cerca de Dios, enseña lecciones de sabiduría sobrenatural. ¡Con la cabeza descubierta, entonces, los pies descalzos, y la frente humilde nos acercamos al lugar y reverentemente exclamamos - ¡El Dedo de Dios está aquí!"


* * * *

Una de las más grandes lecciones que esta historia confirma es la enseñanza infalible de la Iglesia católica de que no hay ninguna salvación fuera de ella. Por favor recuerde la declaración de la Señora Livingston que la Voz le dijo, "Si no se somete a las reglas de la Iglesia católica romana, abrirá sus ojos en el Infierno".
 
Las enseñanzas de la Iglesia, como la Voz confirmó, no sólo se aplica a la Señora Livingston, sino a todos los que desean salvarse.
 
Ore y trabaje para la salvación de almas.
 
Distribuya esta historia maravillosa de los Cortes Mágicos para que muchos otros puedan beneficiar con sus revelaciones.
 
 
FUENTE: siemprejamas.tripod.com/
 

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís