FRASES PARA SACERDOTES

"Ninguna mujer debe pisar el Altar".

(Las almas del Purgatorio a María Simma)

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

EL MUNDO DEBE UNA DISCULPA ...


El mundo le debe una disculpa a Benedicto XVI cuando criticó la falta de la razón en la fe del Islam


“No actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios”.

Estamos hoy en el 8 º aniversario, 12 de septiembre, del discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona en 2006, en el que citó al emperador cristiano Paleólogo que enfrentaba informes similares. Hoy lo que está haciendo el Estado Islámico es la muestra viva de su profecía.

Mientras escribo, los titulares y diversas fuentes de noticias están llenos de imágenes de algunas de las barbaridades más repugnantes que hemos visto desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Horribles imágenes de asesinatos en masa, crucifixiones, decapitaciones – incluso de niños pequeños – tortura y las violaciones en grupo sistemáticas; mujeres y niñas secuestradas en masa y vendidas como esclavas; miles expulsados de sus hogares por el terror, iglesias antiguas, monasterios y santuarios saqueados y quemados…

El mundo les debe al Papa Benedicto y al emperador Paleólogo una disculpa sobre su reacción a ese discurso.

Hoy en día, las noticias del ex-Irak están mostrando a cualquiera que tenga ojos para ver lo que el Corán leído textualmente produce en la acción realmente.

Pero la Europa moderna secularizada no lo hará porque no cree en los textos sagrados. Para un europeo pensar que alguien crea en la religión es un imposible. Ni siquiera reconocen una espada cuando les está presionando en el cuello. 

El Papa Benedicto XVI habló de una discusión, un diálogo, llevado a cabo – tal vez en 1391 en los cuarteles de invierno cerca de Ankara – por el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo sobre el tema del Islam, la amenaza que, en la forma deL Imperio otomano, era la fuerza que tenía delante.

El Papa Benedicto, que lo describió como “un persa culto sobre el cristianismo y el Islam”, dijo que Paleólogo aseveró,

“Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo, y allí encontrará solamente cosas malvadas e inhumanas, tales como su directiva de difundir por la espada la fe que él predicaba”.

El Papa señaló que el comentario fue hecho en algún momento “durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402″.

El Papa también señaló que el emperador habló con“brusquedad sorprendente, brusquedad que para nosotros es inaceptable”. Pero es evidente que el emperador era también un hombre en posición de hablar desde su experiencia personal.

Desde su discurso, el Papa Benedicto XVI ha escuchado las constantes acusaciones, repetidas sin cesar por la prensa occidental, que sus observaciones eran “ofensivas”, que su “metedura de pata” sobre el Islam, causó la violencia que siguió.

Pero ¿qué dijo? Llamó en voz baja a un retorno a la supremacía de la razón en el discurso religioso, y él cortésmente pidió a los musulmanes abjurar de la violencia.

Los medios de comunicación seculares occidentales petulantes, ocupados con sus ataques a uno de sus blancos favoritos, no citaron el resto del párrafo. Pero se puede encontrar la tesis no sólo en la conferencia del Papa Benedicto XVI, sino que es la respuesta verdadera del cristianismo a la violencia incontrolada del islamismo y a nuestro propio libertinaje: la razón y la fe, “Fides et ratio” y su colaboración armoniosa para crear un orden civil moral y justo.

“El emperador, después de haberse expresado un modo tan duro, va a explicar en detalle las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia es incompatible con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma”, dijo el Papa Benedicto XVI.

¿Cómo puede estar pasando esto en un mundo “globalizado”? ¿Qué le ha pasado a nuestra “aldea global”? ¿No ha tenido la modernidad, con todas sus comodidades y distracciones, el logro de civilizar y domesticar al mundo entero?


Él citó a Paleólogo:


“Dios… no goza con la sangre – y no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Quien quiere llevar a alguien a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, sin violencia ni amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a un brazo fuerte, o a armas de ningún tipo, o cualquier otro medio de amenaza de muerte…”

Cuando las imágenes procedentes del nuevo Estado Islámico, el nuevo “Califato”, nos aturden y abruman, las palabras de Benedicto XVI y Paleólogo suenan bien sensatas y humildes.

Frente a este resurgimiento moderno de la antigua amenaza de tales barbaridades, cada vez es más difícil para los intelectuales liberales occidentales continuar haciéndose eco de sus antiguos mantras. La dura verdad debe ser enfrentada con el tiempo, incluso por los más decididos; no todos en el mundo piensan de la misma manera, tiene los mismos valores, tiene los mismos objetivos. No todas las culturas tienen igual valor. No todos los hombres están igualmente correctos en lo que creen.

Hablando desde su exilio en la seguridad dudosa y quizás temporal de la norteña ciudad iraquí de Erbil, el arzobispo Amel Nona, el católico caldeo de Mosul, nos dijo sin rodeos, y sin las sutilezas requeridas por el público académico civilizado al Papa Benedicto XVI, que el tiempo para complacer nuestras fantasías liberales confortables ha terminado. Y dijo:

“Nuestros sufrimientos de hoy son el preludio de lo que ustedes, los europeos y los cristianos occidentales, también van a sufrir en el futuro cercano”


Y él nos advierte:


“También, ustedes están en peligro. Ustedes deben tomar decisiones fuertes y valientes, aun a costa de contradecir sus principios”.



FUENTE:  http://forosdelavirgen.org/ Life Site News, Signos de estos Tiempos


LA ESCALA ESPIRITUAL SAN CLÍMACO - PARTE 4 -


"LA ESCALERA DEL DIVINO ASCENSO"
DE SAN JUAN CLÍMACO


(Con anotaciones de Fr. Luis de Granada)

Capitulo VII:

Escalón séptimo, del llanto causador de la verdadera alegría.

Llanto según Dios es tristeza del alma y sentimiento del corazón afligido, el cual busca con grandisimo ardor lo que desea, y sino lo alcanza, búscalo con sumo trabajo, y va en pos de ello buscándolo con solicitud y tristeza. Pude también definirse así. Llanto es estímulo de ror, hincado por la santa tristeza en nuestro corazón para guardar de él, el cual despoja el alma de toda pasión y afición en que se puede enlazar. compunción es perpetua tormento de la conciencia, la cual mediante el humilde conocimiento de sí mismo refrigera el ardor y fuego del corazón. Compunción es olvido de sí mismo; porque por esta hubo alguno que se olvidó de comer su pan. Penitencia es voluntaria y alegre renunciación de toda consolación corporal.

La continencia y el silencio son virtudes propias de los que aprovechan en este llanto; y el no airarse y olvidarse de las injurias, de los que ya han aprovechado en él; mas de los perfectos y consumados en esto es profunda humildad del animo, deseo de ignominias, hambre voluntaria de molestias y trabajos, no condenar los que pecan, tener compasión de sus necesidades según los que pudiéremos, y mas aun de los que pudiéremos. Los primeros son dignos de ser aceptados, los segundos son dignos de ser alabados; mas aquellos son bienaventurados, que tienen hambre de aflicciones ignominias[64]: porque ellos serán hartos de aquel manjar que nunca harta.

Tú que alcanzaste la virtud del llanto, procura guardarla con todas tus fuerzas: porque sino esta muy fuertemente arraigada en el alma, suele irse y desaparecer. Y especialmente la hacen huir los desasosiegos, deleites y cuidados de las cosas de esta vida; mas sobre todo el mucho hablar y chocarrear del todo lo deshace, así como el fuego a la cera.

Atrevimiento parece lo que diré; pero no deja de tener en su manera verdad. Mas eficaz es algunas veces que el Bautismo; porque aquel lava los pecados pasados, y este preserva de los venideros, dando virtud y grande espíritu para evitarlos. Y la gracia de aquel perdemos después que en la niñez le recibimos; mas con este nos volvemos a renovar; el cual si no fuera dado a los hombres por especial don de Dios, muy pocos fueran los que se salvarán.

La tristeza y los gemidos llaman a Dios, y las lagrimas del temor llevan la embajada; mas las que proceden del amor, dicen que nuestras oraciones fueron oídas y recibidas del Señor. Así como ninguna cosa tanto arma con la humildad como el llanto; así una de las cosas que mas le contradicen es la risa desvergonzada y secular. O continente, trabaja con todas tus fuerzas por conservar esta bienaventurada y alegre tristeza de la santa compunción, y nunca ceses de trabajar en ella, hasta que purificado ya del amor de las cosas terrenas, te levante a lo alto, y te represente a Cristo.

No dejes de considerar è imprimir fuertemente en lo intimo de tu corazón aquel abismo del fuego eterno, aquellos crueles ministros, aquel severo y espantoso juez, que entonces a ningún malo perdonará, y aquel infinito caos y oscuridad del fuego infernal, y aquellas terribles cuevas y mazmorras profundas, y aquellos espantosos despeñaderos y descendidas, y aquellas horribles imágenes y figuras de los que allí están: para que si en nuestra alma han quedado algunos incentivos de lujuria, ahogados con este temor, den lugar a la limpia y perpetua castidad, y con la gracia del llanto resplandezca mas que la misma luz.

Persevera en la oración temblando, no de otra manera que el reo que está delante del juez; para que así con el habito interior como exterior mitigues la ira del Señor; porque no desprecia el alma que está como viuda y opresa llorando delante de él, importunando y fatigando con trabajos al que no los puede padecer.

Si alguno ha alcanzado las lagrimas interiores del alma, cualquier lugar le es oportuno y conveniente para llorar; mas el que tiene lagrimas exteriores, debe buscar lugares y modos convenientes para este ejercicio. Porque así como el tesoro secreto está mas guardado y mas seguro de ladrones que el que está en la plaza; así también lo está el tesoro de las gracias espirituales.

No seas semejante tú que lloras, a los que entierran los muertos; los cuales hoy lloran y mañana comen y beben sobre ellos, celebrando sus endechas; sino procura ser como los que están condenados por sentencia a cavar en las minas de los metales, que cada hora son azotados y maltratados de los que presiden sobre ellos. El que ahora llora, y luego se desmanda en riquezas y deleites, es semejante al que apedrea un perro goloso con pedazos de pan, que aunque parezca que le persigue y despide de sí, en hecho de verdad lo detiene consigo. Porque este tal parece que con el llanto despide de sí los deleites; mas no despide de verdad.

Procura siempre andar con un semblante triste; pero ese sea con modestia; porque no parezca esto ostentación de santidad. Y trabaja siempre estar atento y cuidadoso sobre la guarda de tu corazón: porque los demonios no menos temen la tristeza verdadera, que los ladrones al perro. No pensemos hermanos que somos llamados a fiestas y boda, sino a que lloramos a nosotros mismos. Algunos de los que lloran, trabajan en aquel bienaventurado tiempo por no pensar nada, en lo cual hacen mal: porque no entienden que las lagrimas que proceden sin pensamiento y atención del alma, son brutas è impropias a la criatura racional. Porque las lagrimas necesariamente han de proceder de alguna consideración y pensamiento; y el padre de esta consideración es el animo racional.

Cuando te acuestas en la cama, esta postura que en ella tienes, te sea figura del que está muerto en la sepultura: y de esta manera dormirás menos. Y cuando estuvieres comiendo a la mesa, acuérdate de la miserable suerte en que te has de ver cuando seas manjar de gusanos: y de esta manera mortificarás el apetito de los regalos. Y asimismo cuando bebieres, no te olvides de aquella encendida sed que los malos padecen entre las llamas del infierno: y así podrás mejor hacer fuerza a la naturaleza.

Cuando nuestro Padre espiritual nos ejercita con injurias, amenazas è ignominias, acordémonos de la terrible sentencia y maldición del juez eterno: y de esta manera con mansedumbre y paciencia, como un cuchillo de dos filos, degollaremos la tristeza que de allí se suele seguir. Poco a poco, según que se escribe en Job[65], crece y mengua la mar: y así con paciencia y perseverancia poco a poco van creciendo estos ejercicios de virtudes en nosotros.

Duerma contigo todas las noches la memoria del fuego eterno, y contigo también despierte: y de esta manera no tendrá señorío sobre tí la pereza al tiempo del levantar a cantar los salmos. Finalmente, hasta la misma vestidura procura que sea tal, que ella también te convide a llorar; pues ves que por esta causa se visten de luto los que lloran los muertos.

Sino lloras, llora porque no lloras: y si lloras, conoce que tienes razón de llorar; pues por tus pecados caíste de un tal alto y quieto estado, en un estado tan bajo y tan miserable. Aquel igual y rectísimo juez suele en nuestras lagrimas tener respeto a la condición de nuestra naturaleza, como la hace en todas las otras cosas: y así vi yo muy pequeñas gotas de estas derramarse con trabajo, a manera de sangre: y vi otras veces correr fuentes de ella sin trabajo: y estimé en mas la grandeza del dolor de los que lloraban, que la abundancia de sus lagrimas: y así pienso que lo estimó Dios.

No conviene a los que lloran, en cuanto tales, ocuparse en sutiles y profundas cuestiones de Teología, las cuales pertenecen a otro oficio y estado mas alto; porque esta especulación suele ser impeditiva del llanto. Porque el Teólogo es comparado al que está asentado magistralmente sobre el trono de la cátedra, empleándose en altas y grandes materias: mas el que llora es comparado al que está asentado en un muladar sobre un cilicio, haciendo penitencia de sus pecados: y por causa de esta desproporción pienso que aquel gran David, que sin duda fue doctor sapientísimo, respondió a los que le pedían cantares, diciendo[66]: Cómo cantaremos los cantares del Señor en tierra ajena? Como si dijera: Cuando estamos atentos a la consideración de nuestros vicios y miserias, no estamos para cantar el cántico de las divinas alabanzas.

Así como las criaturas unas veces se mueven de sí mismas, y otras veces reciben el movimiento de otras; así también acaece esto en la compunción: por donde cuando nos acaece que sin procurarlo ni trabajar por ello nos viene un grande llanto y compunción, aceptemos esto de buena gana, y aprovechémonos de ello; pues el Señor se nos entró por las puertas sin ser llamado, ofreciéndonos misericordiosamente esta esponja de la divina tristeza, este refrigerio de lagrimas piadosas, con la cuales se borre la escritura de nuestros pecados. Y por esto trabaja por conservar esta gracia con la lumbre de los ojos, hasta que ella se vaya de su gana; porque mucho mejor es la virtud de esta compunción, que la de aquella que nosotros alcanzamos por nuestro estudio y trabajo.

No ha alcanzado la gracia del llanto el que llora cuando quiere, sino aquel que llora las cosas que quiere: ni aun tampoco este, sino el que llora como Dios quiere. Algunas veces se mezclan las engañosas lagrimas de la vanagloria con las lagrimas que son de Dios; lo cual entonces virtuosa y prudentemente conoceremos, cuando viéremos que juntamente lloramos y tenemos malos propósitos en nuestro corazón.

La compunción, propiamente hablando, es un dolor del animo que carece de toda soberbia, y que no admite alguna consolación, pensando todas las horas en la resolución y termino de la vida, y esperando como una agua fresca la consolación de Dios, con que suele visitar a los Monjes humildes. Los que con todas sus fuerzas trabajaron por alcanzar este piadoso llanto, suelen comúnmente aborrecer su vida, como materia perpetua de dolores y trabajos; y así también aborrecen su propio cuerpo como a verdadero enemigo.

Cuando en aquellos que parece que lloran según Dios, vieres por otra parte obras o palabras de ira, o de soberbia, ten por cierto que las tales lagrimas no nacen de esta saludable compunción. Porque qué conveniencia tienen entre sí la luz y las tinieblas? Natural cosa es a la falsa y adultera compunción engendrar soberbia; mas la que es virtuosa y loable pare grande consolación. Así como el fuego enciende y consume las pajas, así las lagrimas castas consumen todas las suciedades visibles è invisibles de nuestras animas.

Determinación es de los Padres, que es muy oscura y dificultosísima de averiguar la razón y valor de las lagrimas, especialmente en los que comienzan: porque dicen proceder ellas de muchas y diversas ocasiones; conviene saber, de la condición natural del hombre, de Dios, de aflicciones y trabajos bien o mal sufridos, de la vanagloria, de fornicación, de amor, de la memoria de la muerte, y de otras muchas causas: por donde examinadas con el temor de Dios todas estas lagrimas, para ver las que nos conviene abrazar o desechar, trabajemos por alcanzar aquellas que proceden de la memoria de nuestra muerte y resolución, que son limpísimas y libres de toda engañosa sospecha; porque no hay en ellas olor de secreta soberbia; mas antes hay mortificación de ella, y aprovechamiento en el amor de Dios, y aborrecimiento del pecado, y una hermosísima y felicísima quietud, libre de todo estruendo y perturbación.

No es cosa nueva ni maravillosa que los que lloran algunas veces comiencen en buenas lagrimas y acaben en malas: mas comenzar en malas, o en naturales lagrimas, y acabar en buenas, cosa es esta singular y dignísima de alabanza. Y esta proposición entienden muy bien los que son mas inclinados a vanagloria: porque estos sabrán por experiencia cuan trabajosa cosa sea enderezar puramente a gloria de Dios lo que el amor natural de la honra tan poderosamente llama y procura para sí.

No quieras luego a los principios fiarte de la abundancia de tus lagrimas: así como no se debe fiar nadie del vino recién salido del lagar. No hay quien no conozca ser muy provechosas todas las lagrimas que derramamos según Dios; mas cuales y cuanto sean a su provecho, al tiempo de nuestra partida se sabrá.

El que continuamente llorando aprovecha en el camino de Dios, cada día tiene espirituales fiestas y banquetes: mas el que continuamente se anda en fiestas y banquetes corporales, después lo pagará en llanto perpetuo. Así como los reos no tienen en la cárcel alegría; así tampoco los Monjes tienen verdadera solemnidad en esta vida: y por ventura por esta causa aquel santo amador del llanto suspirando decía[67]: Saca, Señor, mi alma de la cárcel, para que se alegre ya en tu inefable luz.

Procura de estar dentro de tu corazón como un alto Rey, asentado en la silla de la humildad, mandando a la risa que se vaya, y váyase: y al dulce llanto que se venga, y venga: y a tu siervo[68] (o por mejor decir tirano, que es tu cuerpo) mandándole que haga lo que tú quisieres y hágalo. Si alguno trabaja por vestirse de este bienaventurado y gracioso llanto, como de una ropa de fiesta, este sabrá muy bien cual sea la espiritual risa y alegría del alma. Quién será aquel tan dichoso que aya gastado todo el tiempo de su vida tan piadosa y religiosamente en la conservación de la vida Monástica, que jamás se le aya pasado ni día, ni hora, ni momento que no aya gastado en servicio de Dios y obras religiosas, pensando siempre con mucha atención no ser posible recobrar el tiempo pasado, y gozar dos veces de un mismo día en esta vida? Bienaventurado aquel que levanta sus ojos a contemplar aquellas celestiales è intelectuales virtudes, que son los Ángeles: mas también lo será aquel, y aun estará muy lejos de caer, que riega siempre sus mejillas con lluvia de aguas vivas; y aun es cierto que por este estado pasan los hombres a aquel primero, que es de tanta felicidad.

Vi yo algunos pobre mendigos muy importunos, los cuales con algunos donaires que dijeron, inclinaron los corazones a los Reyes misericordia: y vi también algunos pobres necesitados de virtudes, los cuales, no con donaires, no palabras graciosas , sino humildes y significadoras de dolor y de confusión, arrancadas de la intimo del corazón , importunando y perseverando , vencieron aquella invisible naturaleza, la inclinaron piedad. El que se ensoberbeces con la gracia de sus lagrimas, y condena los que no las tienen, es semejante al que recibiendo armas del Emperador contra sus enemigos, usó de ella contra sí.

No tiene Dios, hermanos, necesidad de nuestras lagrimas, ni quiere que el hombre llore puramente por la angustia de su corazón, sino por la grandeza del amor que debe tener Dios, acompañado con alegría de corazón. Quita el pecado parte, y luego serán ociosas las lagrimas que por estos ojos sensibles se derraman: pues no es necesario cauterio donde no hay llagas podridas. No había lagrimas en Adán antes del pecado; como tampoco las habrá después de la general resurrección, destruido el pecado; porque entonces huirá el dolor, la tristeza y el gemido.

Vi en algunos este piadoso llanto, y vilo también en otros porque carecían de él; los cuales, aunque en hecho de verdad no carecían de él, pero así se lamentaban como si carecieran , y con esta hermosas castidad de su alma estaban mas seguros de los ladrones de la vanagloria: y estos son aquellos de quienes esta escrito[69]: El Señor hace ciegos los sabios. Porque algunas veces suelen estas lágrimas levantar los que son mas livianos: por lo cual le son quitadas por divina dispensación, para que viéndose privados de ella, las busquen con mayor diligencia, y se conozcan por miserables, y se aflijan con gemidos, dolor, y confusión de los ánimos las cuales cosas suplen seguramente la falta de las lagrimas, aunque ellos por su provecho no lo entiendan.

Hallaremos algunas veces, si diligentemente lo miramos, que los demonios pretenden hacer en nosotros una cosa para reír; conviene saber, que después de muy hartos nos resuelven en lagrimas, y cuando estamos ayunos nos secan las fuentes de los ojos, para que engañados con esto nos entreguemos a los deleites de la gula, madre de todos los vicios: viendo que cuando estamos mas hartos, estamos, al parecer, mas devotos. A los cuales en ninguna manera conviene obedecer, sino antes contradecir.

Considerando yo atentamente la naturaleza de esta sagrada compunción, me maravillo mucho de ver como lo que por una parte se llama llanto y tristeza, tiene juntamente consigo anejo gozo y alegría, así como el panal la miel. Pues qué se nos da entender con esto, sino tener por ciento que así como esta es una grande maravilla, así también es una grande misericordia y obra de Dios? porque entonces está dentro de nuestra alma un dulce deleite, con el cual Dios secretamente consuela los tristes y desconsolados por su amor.

Único

Prosigue los material del llanto

Mas porque no nos falte ocasión de este eficasísimo llanto y saludable dolor, quiero contar Aquí una dolorosa historia para edificación de las animas. Un Religioso que miraba en este lugar , llamado Estefano, deseo mucho la vida quieta y solitaria; el cual después de haber ejercitándose en los trabajos de la vida Monástica muchos años, y alcanzando gracia de lagrimas y de ayunos, con otros muchos privilegios de virtudes, edificó un celda la raíz del monté donde Elías en los tiempos pasados vio aquella divina y sagrada visión, Este Padre de tan Religiosa vida, deseando aun mayor rigor y trabajo de penitencia, pasóse de ahí otro lugar, llamado Siles, que era de los Monjes Anacoretas que viven en soledad. Y después de haber vivido con grandisimo rigor en esta manera de vida, por estar aquel lugar apartado de toda humana consolación, y fuera de todo camino, y desviado setenta millas de poblado: al fin de la vida vínose de allí, deseando morar en la primera celda de aquel sagrado monte. Tenía él allí dos discípulos muy Religiosos, de la tierra de la Palestina, que tenían en guarda la sobredicha celda. y después de haber vivido unos pocos días en ella, cayó en una enfermedad de que murió. Un día pues antes de su muerte súbitamente quedó atónito y pasmado: y teniendo los ojos abiertos miraba la una parte del lecho y la otra, y como si estuvieran allí algunos pidieran cuenta, respondía el en presencia de todos los que allí estaban, diciendo algunas veces: Así es cierto: mas por eso ayuné tantos años . Otras veces decía: No es así cierto mantis, no hice eso. Otras decía: Así es verdad, así es, mas lloré y serví tantas veces los prójimos por eso. Y otra vez decía: Verdaderamente me acusáis, así es, y no tengo que decir, sino que hay en Dios misericordia. Y era por cierto espectáculo horrible y temeroso ver aquel invisible y riguroso juicio, en el cual, lo que es aun mas para temer, le hacían cargo de los que no había hecho. Miserable de mi! que será de mi! pues aquel tan grande seguidor de soledad y quietud, en algunos de sus pecados decía que no tenía que responder; el cual había cuarenta años que era Monje, y había alcanzado la gracia de las lagrimas? Ay de mí! ay de mí! Donde estaba allí aquella voz del Profeta Ezequiel con que pudiera responder[70]: en aquel cualquier día que el pecador se convirtiere de su maldad, no tendré mas memoria de ella? Y aquella que dice[71]: En lo que te hallare, en eso te juzgaré, dice el Señor. Nada de esto pudo responder. Porque causa? Sea gloria aquel Señor que lo solo lo sabe. Algunos hubo que de verdad me afirmaron, que estando este Padre en el yermo, daba de comer un león pardo con su mano. Y siendo tal, partió de esta vida pidiéndole tan estrecha cuenta, dejándonos inciertos cual fuese su juicio, cual su termino, y cual la sentencia y determinación de su causa.

Así como la viuda después de perdido su marido, si le queda solo un hijo, descansa toda sobre él, y no tiene otro consuelo después de Dios: así el alma después de haber caído y perdido Dios por el pecado, uno de los mayores consuelos que le queda para el tiempo de su partida, son las y abstinencia. Las tales animas no requiebran curiosamente la voz cuando cantan los salmos; porque estas cosas interrumpen y partan el llanto. y si estupor este medio lo piensas alcanzar, ten por cierto que está muy lejos de tí.

Porque el llanto es un dolor cierto y fijo del animo, acompañado con fervor de espíritu; el cual es precursor de aquella beatísima quietud y tranquilidad que se halla en Dios: y en muchos este llanto aparejó el alma para Dios, y la limpió y consumió en ella todas las espinas y malezas de los vicios.

Un varón de Dios ejercitado en esta virtud me contó de sí, diciendo: Determinando yo muchas veces de trabar guerra cruel contra la vanagloria, contra la ira, y contra la gula, la virtud el llanto dentro de mí mismo secretamente me decía: No te ensalces con vanagloria, porque me iré de tí. Lo mismo me decía también en las otras tentaciones. A lo cual yo respondía: Nunca te seré desobediente hasta que me presentes Cristo.

La grandeza del llanto merece consolación , la limpieza del corazón merece lumbre de entendimiento: y esta lumbre es una secreta operación de Dios, entendida sin entenderse y vista sin verse. Esto es: lumbre iluminación es una secreta obra de Dios en el alma, mediante la cual se le da un sobrenatural conocimiento de la verdad; y dícese que es conocida sin conocerse, porque siente el hombre la eficacia de ella en su ánima, mas no sabe cierto de donde le viene; según aquello que está escrito[72]: El espíritu donde quiere sopla, y oyes su voz; mas no sabes de donde viene, donde va. Y asimismo se escribe en Job[73]: Si viniere a mí, no le veré: y si se fuere, tampoco lo entenderé.

Consolación es refrigerio del animo afligido, la cual en medio de los dolores alegra el alma dulcemente: así como se alegra en niño cuando después de haber perdido de vista a su madre la torna ver: el cual ríe y llora juntamente. Porque costumbre es de nuestro Señor cuando ve las animas afligidas y derribadas de la consideración de sus pecados, y peligros, y tentaciones, recrearlas con nuevo espíritu y aliento, y convertir las lagrimas de tristeza en lagrimas de paz y alegría.

Las lagrimas quitan el temor de la muerte, y después que un temor echó fuera otro temor, luego una clara luz de alegría viene sobre el alma, y tras de esta alegría se sigue luego la flor de la caridad; porque con estos tales dones crece esta nobilísima virtud, y juntamente con la experiencia de verse el hombre de esta manera esforzado, alegrado, y visitado de Dios; lo cual en ella es un grande incentivo de amor.

Mas con todo esto te aviso que no te fíes luego de cualquier gozo, aunque sea interior; mas antes algunas veces lo aparta de tí, como indigno, con la mano de la humildad; porque si eres fácil de recibirlo por ventura recibirás al lobo en lugar del pastor: que es al gozo del demonio por el de Dios.

No quieras apresuradamente correr a la contemplación en tiempo que no es para eso conveniente (que es cuando el es toda y obligación en que estas te llama otros ejercicio) para que después esa misma contemplación (tomada en su tiempo) perpetuamente se junte contigo con castísimo vinculo de matrimonio.

El niño cuando el principio comienza conocer su padre, recibe grande alegría cuando lo ve; mas si el por alguna causa se le ausenta, y después vuelve a él, hinchase de alegría, por ver quien tanto deseaba: y de tristeza, acordándose de cuanto tiempo careció de aquella honesta y hermosa compañía. Pues así también al alma devota se alegra con la dulce presencia y experiencia de Dios, y se entristece cuando le falta. Mas cuando después esta le es restituida, gózaze porque cobró el bien deseado; y entristécese porque ve que lo puede perder otra vez por el pecado.

También la madre del niño algunas veces de industria se esconde; y alegrase si lo ve andar solicito buscándola: y con este dolor le provoca uno nunca apartarse de ella, y quererla mas. Pues de esta manera lo hace aquella eterna sabiduría con el alma devota; de la cual algunas veces por cierta dispensación, sin culpa suya, se aparta; y viéndola entristecida y congojada por pensar que perdió esta presencia por su culpa, alégrese de verla de esta manera solicita, y visitándola después suavemente, enséñala andar de allí adelante mas cuidadosa, y poner mas cobro en esta gracia. El que tiene oídos para oír, oiga, dice el Señor[74].

El que está sentenciado muerte poco se le dará por salir vistas, ni por ordenar los andamios para ver fiestas: así también el que está todo entregado al llanto, poco de le dará por los deleites, por las ofensas que le hagan. El llanto es un cierto y perseverante dolor del alma penitente, el cual añade cada día tristezas, y dolores, que los padece la mujer que pare. Por lo cual dijo muy bien un Santo Doctor: Algunos veo estar llorando : mas si aquellas sus lagrimas saliesen de su corazón, no se moverían tan presto risa.

Justo y Santo es el Señor: el cual así como consuela los buenos solitarios y amadores de la quietud, así también consuela a los buenos súbditos amigos de obediencia. Y el que no vive como debe en cualquiera de estos dos estados, téngase por privado de esta gracia. Ten cuidado cuando estás en lo mas profundo del llanto, de ojear de tí aquel perverso can que te representa a Dios cruel y riguroso; porque si bien lo consideras, ese mismo te lo pinta muy blando y misericordioso cuando te solicita al mal.

El ejercicio de las buenas obras causa la frecuencia y continuación hace habito, y da gusto en ellas: y el que este grado de virtud ha llegado, dificultosamente cae de ella. por lo cual dijo un Doctor que comúnmente no suelen caer los perfectos súbitamente cuando caen, sino poco, descuidándose y aflojando en el fervor.

Aunque ayas subido un altísimo grado de vida, todavía lo debes tener por sospechoso, si no acompañas con tristeza y dolor. Porque conviene con duda, y es muy necesario que los que después de aquel saludable lavatorio ensuciamos nuestras animas, sacudamos la pez de nuestras manos con este fuego, ayudándonos juntamente a esto la misericordia de Dios. Vi yo en algunos el postrer donde podía llegar esta gracia del llanto; los cuales tenían tan herido y traspasado su corazón con el cuchillo del dolor, que venían echar sangre por la boca: y viendo, acordóseme del Profeta que dice[75]: Fui herido así como heno, y el corazón se me secó.

Las lagrimas que engendran el temor del divino juicio hacen al hombre temeroso, y diligente, y guardador de sí mismo: mas las que proceden de la caridad, cuando no ha llegado su perfección, son fáciles de perder, por vanagloria, por negligencia, por disolución, por demasiada seguridad, si aquel divino fuego no encendiera nuestro corazón y nos hiciere obrar con grande fervor: porque con esta manera de obrar crece la caridad. y no carece de admiración ver como lo que de su naturaleza es mas bajo, tiempos hace ventaja lo que es mas alto; conviene saber, las lagrimas del temor las del amor imperfecto.

Hay algunas maneras de vicios que secan las fuentes de las lagrimas (como son vicios de carne, juegos, risas, convites, y parlerías) y hay otras que perecen mayores males; conviene saber; los vicios espirituales (como es la soberbia, la ambición y deseo de propia alabanza) por los cuales los pecados suele muchas veces caer el hombre en vicios sucios y bestiales. Y así por la primera manera de vicios vino Lot[76] cometer incesto con sus propias hijas, provocado de los deleites de la gula y lujuria; mas por la segunda vinieron caer los Ángeles del cielo.

Grande es la astucia de nuestros enemigos, los cuales hacen que la fuentes de las virtudes sean fuentes de vicios, y las que son materia de humildad lo sean de soberbia, incitándonos usar mal de las virtudes principales (que son madres de las otras) presumiendo vanamente de ella, jactándonos y gloriándonos de ella, y haciendo de los beneficios de Dios (que eran incentivos de humildad y caridad) motivos de soberbia, vanagloria, estimación de nosotros y desprecio de los otros.

Suele la figura y disposición de los lugares mover a compunción: como son las celdas y Monasterios pobres, y puestos entre montes y breñas en lugares solitarios. De lo cual tenemos ejemplo en Elías, en San Juan Bautista, y en nuestro Salvador[77], que sin necesidad suya, por ejemplo nuestro se apartaba a los montes a orar[78]. He visto también que algunas veces en medio de las plazas y desasosiegos de las ciudades suelen acompañarnos las lagrimas; lo cual puede ser que hagan los demonios, porque viendo como no recibimos daño del estruendo y desasosiego del mundo, no temamos permanecer en él.

Una palabra basta algunas veces para perder el llanto que en mucho tiempo se recogió: y sería gran maravilla si una sola bastase para restituir lo que otra destruyó. Lo cual nos debe ser aviso para que pongamos grande cobro en lo que con tanta dificultad se alcanza, y con tanta facilidad se pierde. No seremos acusados, o hermanos, al tiempo de la cuenta por no haber hecho milagros, o por no haber tratado altas materias de Teología, ni tampoco por no haber llegado a la alteza de la contemplación; sino si por ventura no lloramos, o no nos dolemos de todo corazón después de haber pecado.

[64]Matt. 5

[65]Job. 38

[66]Psalm. 136

[67]Psalm. 141

[68]Matt. 8

[69]Luc. 8

[70]Ezech. 18

[71]Ezech. ibi.

[72]Joann. 3

[73]Job. 9

[74]Luc. 8

[75]Psalm. 101

[76]Genes. 19

[77]Matt. 14

[78]Luc. 6

HÁBITO Y CLERMAN - DE JOSE MARIA IRABURU - Parte 2 -


Hábito y clerman 




Reproduzco aquí, con algunos complementos, cuatro artículos que sobre el hábito y el clergyman publiqué los días 6, 8, 12 y 26 de septiembre de 2008 en www.religionenlibertad.com 






Identificación social

El vestir religioso o sacerdotal identifica de modo claro y permanente a la persona especialmente consagrada al servicio de Dios y de los hombres. Esto es evidente. Pero lo que importa afirmar es que esa identificación es sin duda positiva y valiosa. No solo la experiencia de la Iglesia así lo afirma, sino también los estudios modernos de psicología social. La bata blanca, por ejemplo, no dificulta la relación del médico
con sus pacientes, sino que la facilita. Analizaré más este punto al tratar de la teología del signo.

Pasemos, pues, ya a una tercera razón práctica.


El voto de la juventud

A comienzos del siglo XXI, sabemos con certeza que los Institutos religiosos y los Seminarios que mantienen el hábito y el clerman tienen muchísimas más vocaciones que aquellos otros que los han eliminado, secularizando deliberadamente su imagen en el vestir.

Si nos asomamos a los ámbitos de Iglesia que tienen más vocaciones, comprobamos que, siendo a veces entre sí muy diferentes, todos coinciden en que de un modo u otro identifican de modo evidente por el vestir a sus miembros religiosos o sacerdotes. Esto podrá alegrar a unos y entristecer a otros; pero lo que es evidente es que es así.

También viene a ser, simétricamente, una regla general significativa que entre los institutos religiosos que caminan aceleradamente hacia su extinción o los Seminarios diocesanos que no tienen vocaciones, suele ser norma común la secularización completa del vestir.

El dato, sin duda, es elocuente. Aunque también haya, es cierto, religiosos y Seminarios que conservan el hábito o el clerman y que no tienen vocaciones. Pero no es frecuente, al menos, no es una norma.

Dicho lo mismo en otras palabras: el voto de los jóvenes que aspiran a la vida sacerdotal o religiosa, masculina o femenina, actualmente se vuelca indudablemente en favor de los Seminarios y de los Institutos religiosos que mantienen la identificación social en el vestir. En las Iglesias diocesanas, por ejemplo, cada vez es más frecuente comprobar que son los sacerdotes jóvenes los más adictos al clerman.

También conviene señalar, en ese mismo sentido, que los Obispos, sobre todo los más jóvenes, van nombrando cada vez más para las funciones principales de la diócesis –Curia, Seminario, Delegaciones, etc.– asacerdotes que no solamente en lo fundamental, doctrina y vida, sino también en su vestimenta, se ajustan a la enseñanza y a la disciplina de la Iglesia.


El voto del Espíritu Santo

Acabo de aludir, entre las razones prácticas, al voto de los jóvenes de hoy. Y es un argumento que no debe ser ignorado. Pero ese mismo dato ha de ser considerado en una significación infinitamente más profunda.
Siendo el Espíritu Santo el único que puede suscitar vocaciones, y mantenerlas en la fidelidad perseverante, puede conocerse por datos ciertos que Él prefiere suscitar vocaciones religiosas y sacerdotales allí
donde se guarda la disciplina de la Iglesia en lo relativo al vestir de sacerdotes y religiosos.

En un tercer artículo, con el favor de Dios, he de tratar de las razones más profundas del hábito en el
sacerdote y el religioso.


III

Al examinar algunos puntos de la doctrina y normativa de la Iglesia sobre el hábito y el clerman, conviene
que recordemos algunas categorías teológicas importantes. Santo y sagrado

En la Biblia y en la tradición teológica de la Iglesia, «Dios» es el Santo. Y son sagradas aquellas «criaturas
» que en modo manifiesto han sido especialmente elegidas por el Santo para santificar a los hombres.

Ese modo, según digo, es manifiesto para los creyentes, ciertamente, pero en alguna medida, también para
los paganos.

Nuestro Señor Jesucristo, por tanto, es el único que une absolutamente santidad y sacralidad: es santo por
su divinidad y perfectamente sagrado por su encarnación. Más aún, Él es la fuente de toda sacralidad
cristiana.

En efecto, sagrado es el cuerpo místico de Cristo, la Iglesia («sacramento universal de salvación», Vat.II:
Lumen gentium 48; Ad gentes 1). Sagrado es el pan eucarístico. Los cristianos (su mismo nombre lo expresa), ya por el bautismo, son sagrados, ungidos, consagrados por Dios en Cristo. Y así tantas otras sacralidades cristianas: sagradas Escrituras, sacramentos, sagrados Concilios, vírgenes consagradas, templos, lugares sagrados, etc.

Ciertamente, la especial sacralidad está exigiendo especial santidad, por ejemplo, en los sacerdotes. Pero
no la implica de modo necesario: un ministro sagrado no deja de serlo si es un gran pecador. Eso sí, la Iglesia podrá suspenderle en el ejercicio de sus funciones sagradas.


El Vaticano II y lo sagrado

Dentro de la Iglesia, donde todo es sagrado (sacramento universal), se distinguen diversos grados de
sacralidad, y se reserva habitualmente el término sagrado a aquellas criaturas más directamente dedicadas por Dios a la santificación. Habiendo en los religiosos, por ejemplo, una sacralidad especialmente intensa, la Iglesia habla de vida consagrada para designar la vida religiosa, cuando en realidad, obviamente, toda vida cristiana es sagrada y consagrada.

Por tanto, el uso tradicional que la Iglesia hace de la terminología de lo sagrado tiene un fundamento real. En este caso, la especial consagración de los religiosos.

El Concilio Vaticano II, que emplea con frecuencia el lenguaje de lo sagrado, puede servirnos de modelo.

Fijándonos solo, por ejemplo, en la constitución Lumen gentium, comprobamos que el Concilio habla de la sagradaEscritura (14, 15, 24, 55), de la sagrada liturgia (50), del sagrado Concilio (1, 18, 20, 54, 67). Califica de sagrado el culto (50), el bautismo (42), la unción (7), la eucaristía (11), la comunión (11), la asamblea eucarística (15, 33), la comunidad cristiana sacerdotal (11), los religiosos y sus votos (44). Para el Concilio es especialmente sagrado todo lo referente al sacerdocio: el orden sacramental (11, 20, 26, 28, 31), el carácter (21), los Obispos, los pastores sagrados (30, 37), el ministerio (13, 21, 26, 31, 32), los ministros (32, 35), la potestad pastoral de regir (10, 18, 27, 28, 35, 37).


Lo sagrado tiende de suyo a ser visible

Lo sagrado participa de la economía sacramental de la gracia cristiana. Y el sacramento es signo visible de la gracia invisible que santifica a los hombres. Esta visibilidad sensible pertenece, pues, a la naturaleza
misma de lo sagrado, y por eso la Iglesia acentúa tanto este aspecto en su doctrina y en su disciplina (cf. Vaticano II, Sacrosanctum Concilium 7c, 33b, 59).

Así pues, lo sagrado existe en la Iglesia porque quiso Dios, el Santo, comunicarse a los hombres en modos manifiestos y sensibles, es decir, empleando la mediación de criaturas (sagradas Escrituras, sacramentos,
sagrada liturgia, Obispos, pastores sagrados, sagrados Concilios, etc.). Podría Dios haber organizado la economía de la gracia y de la salvación de otro modo.

Pero quiso santificar a los hombres empleando ese conjunto de mediaciones visibles que forman «el sacramento admirable de la Iglesia entera» (Sacr. Conc. 5b).


Secularización y secularismo

Cuando los Padres del Concilio Vaticano II empleaban con tanta frecuencia y naturalidad el vocabulariode lo sagrado, usaban simplemente el lenguaje católico de la Iglesia, y no imaginaban probablemente que el
huracán secularizante de los años postconciliares iba incluso a arrasar y proscribir toda la terminología de lo
sagrado, como si esta categoría teológica, bíblica y tradicional, fuera completamente ajena al cristianismo,
y como si toda sacralidad cristiana implicara una judaización, o más aún, una pagani-zación del cristianismo.

Los teólogos secularizantes y des-sacralizantes conceden a lo más –y no todos– una existencia cristiana de lo sagrado, pero siempre que sea exclusivamente interior, puramente invisible. Falsifican, pues, totalmente la teología natural y cristiana de lo sagrado.

Sus tesis, sin duda, contrarían tanto la religiosidad natural de los pueblos, como la religiosidad sobrenatural
cristiana instituida por nuestro Señor Jesucristo y sus Apóstoles. Sin embargo, esta falsa teología ha conseguido secularizar en no pocas partes de la Iglesia las misiones, la beneficencia, la misma liturgia, los templos, la moral, los colegios y Universidades, etc. Y por supuesto, ha procurado con especial interés y eficacia secularizar completamente la imagen del sacerdote y
del religioso.


Especial sacralidad del sacerdote y del religioso

Todos los cristianos, ya lo hemos dicho, son sagrados, es decir, consagrados por el bautismo, y forman un pueblo sagrado, un Templo de piedras vivas, que es en medio de las naciones sacramento universal de salvación.

Y dentro de ese pueblo, ha querido Dios intensificar de un modo especial la condición sagrada –es
decir, la especial potencia y dedicación para la santificación– tanto de los sacerdotes, como de los religiosos, aunque en modos diversos. En efecto, como enseña el Vaticano II, los sacerdotes ministros han sido «consagrados de un modo nuevo» por el sacramento del Orden («novo modo consecrati», Presbyterorum ordinis 12a). Y también los religiosos, por la profesión de sus sagrados votos, han recibido de Dios una nueva consagración («novo et peculiari titulo... intimius
consecratur», Lumen gentium 44a).


El hábito religioso y el traje eclesiástico

Pues bien, la Iglesia, al establecer sus normas sobre el vestir de religiosos y sacerdotes, considerándolos
como personas especialmente consagradas a Dios, sefundamenta muy principalmente –casi exclusivamente– en la gran conveniencia de significar sensiblemente su condición sagrada invisible. Por esa razón teológica, verdadera, profunda, importante, la Iglesia, fiel a la tradición de ya muchos siglos, quiere y manda con autoridad apostólica que por la misma vestimenta «se vea», se haga visible de modo patente, la
condición especialmente sagrada de sacerdotes y de religiosos. La Iglesia quiere que el signo sagrado en
sacerdotes y religiosos signifique visiblemente y cause lo que significa. Y esto lo quiere y ordena con tanto
mayor empeño cuanto que advierte con todo realismo que estamos «en una sociedad secularizada, donde tienden a desaparecer los signos externos de la realidades sagradas y sobrenaturales» (Direct. 66). Comprobemos esta voluntad de la Iglesia en los dos documentos
ya aludidos.

Religiosos.– La Iglesia afirma «la conveniencia de que el hábito de los religiosos y religiosas siga siendo, como quiere el Concilio, signo de su consagración (Perfectæ caritatis 17), y se distinga de alguna manera de las formas abiertamente seglares» (Evang. Test. 22). Lo mismo dice el Código: sea «signo de su consagración » (c. 669). Ahora bien, el signo, para ser significante, ha de ser visible. Si es invisible, si apenas
se distingue, se hace in-significante, y no causa los efectos que debería producir. Sacerdotes.– De modo semejante, la Iglesia quiere que «el presbítero, hombre de Dios, dispensador de Sus misterios, sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público. El presbítero debe ser reconocible sobre todo por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel – más aún, por todo hombre– su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia». Para ello, su modo de vestir «debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio» (Direct. 66).


... 


LA REGLA DE 5 PUNTOS DEL PADRE PIO -


La aconsejaba a quienes guiaba espiritualmente.

Los grandes místicos y santos que hacían milagros no siempre han vivido varios siglos antes que nosotros. Por ejemplo tenemos al Padre Pío que murió no hace todavía medio siglo.





Fueron muchos los milagros que se relatan del padre Pío y también sufrio muchas pruebas, incluso le llegaban desde dentro de la Iglesia.

Pero también este santo fue el guía espiritual de muchs almas, aconsejando cómo vivir una vida santa y así poder llegar a la cima celestial.

El padre Pío nos dejó una regla de 5 puntos, que incluso él mismo no le llamó así, pero la recomendaba a las almas que guiaba.



I. Confesión semanal

“La confesión es el baño del alma. Tienes que ir al menos una vez a la semana. No quiero que las almas se mantengan alejadas de la confesión más de una semana. Incluso una habitación limpia y no ocupada recoge polvo; regrese después de una semana y verá que se necesita quitar el polvo de nuevo”


II. Comunión diaria

“Es muy cierto, no somos dignos de tal regalo. Sin embargo, acercarse al Santísimo Sacramento en estado de pecado mortal es una cosa, y considerarse indigno es otra muy distinta. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Él es quien lo desea. Humillémonos y recibámoslo con un corazón contrito y lleno de amor”.


III. Examen de conciencia cada noche

Alguien le dijo al Padre Pio que pensaba que un examen de conciencia cada noche era inútil, porque él sabía lo que era el pecado, ya que lo cometió. Ante esto, el Padre Pío contestó:

“Eso es muy cierto. Pero cada comerciante experimentado en este mundo no sólo mantiene un seguimiento durante todo el día de si ha perdido o ganado en cada venta. Sino que por la noche, él hace la contabilidad del día para determinar lo que debe hacer al día siguiente. De ello se desprende que es indispensable hacer un riguroso examen de conciencia, breve pero lúcido, todas las noches”.


IV. Diaria Lectura espiritual

“El daño que viene a las almas de la falta de lectura de libros sagrados me hace estremecer…. Lo que el poder espiritual de la lectura tiene que dar lugar es a un cambio de rumbo, y hacer que incluso la gente del mundo entre en el camino de la perfección”.


V. Oración Mental dos veces al día

“Si no tiene éxito en meditar bien, no deje de hacer su deber. Si las distracciones son numerosas, no se desanime; haga la meditación de la paciencia, y todavía se beneficiará. Decida sobre la duración de su meditación, y no deje su lugar antes de terminar, incluso si tiene que ser crucificado. ¿Por qué se preocupa tanto porque no sabe cómo meditar como le gustaría? La meditación es un medio para llegar a Dios, no es un objetivo en sí mismo. La meditación tiene como objetivo el amor de Dios y al prójimo. Ame a Dios con toda su alma y sin reserva, y amará a su prójimo como a usted mismo, y usted tendrá la mitad cumplida de su meditación”.


FUENTE:  forosdelavirgen.org // Padre Jean OFM, Cap, Signos de estos Tiempos



LEYENDA DE SANTO DOMINGO Y EL SIMIO DEMONIACO -


Una demostración de cómo manejar los poderes del mal




La santidad a menudo brilla a través de historias que parecen poco realistas porque la santidad pertenece a una realidad superior. Por esta razón, las leyendas de los santos a menudo traen un elemento nuevo que permite que tales personas aparezcan claramente como ciudadanos de dos mundos.

Los Santos hacen el lado invisible de la santidad más visible, dando a estos héroes una dimensión que se eleva por encima de la humanidad y de la historia; la exageración piadosa de lo extraordinario de los siervos de Dios pone de relieve la razón por la que son santos de Dios.


Este es el caso de Santo Domingo.

El primer hecho de la vida de Domingo es un hecho fantástico: su madre tuvo un sueño de dar a luz a un perro con una antorcha que puso al mundo en llamas. En Calaruega, España, 1170, en realidad dio a luz a Domingo de Guzmán. Después de una carrera brillante estudiando en la Universidad de Palencia, Domingo fue ordenado sacerdote y nombrado canónigo por el obispo de Osma para ayudar en la reforma del capítulo de la catedral. La piedad de Domingo y devoción a la Regla de San Benito lo elevaron rápidamente a superior del capítulo, y al final fue llamado a salir de la soledad de su sala capitular para unirse al obispo en hablar en contra de la herejía albigense y la reforma de la Orden Cisterciense.

Tras el asesinato del legado papal por los albigenses en 1208, Inocencio III lanzó una cruzada contra los herejes. Domingo siguió la estela de las fuerzas del Papa, predicando y enseñando con todo su corazón. En 1215, él estableció una orden dedicada a la conversión de los albigenses y difundir la luz del Evangelio hasta los confines de la tierra bajo la regla de la oración y la penitencia: nació la Orden de Predicadores, la Orden Dominicana.

Es contada una leyenda de Santo Domingo, que sirve como un icono de la fortaleza de ánimo de santidad en contra de la fuerza del mal.

Una noche, Santo Domingo se sentó a escribir en lo profundo en el priorato de San Sixto. Era una noche fétida, con extrañas nubes y creciente sombras, pero aún así, Santo Domingo se sentó a escribir. Una sola vela temblorosa alumbraba su página y su sobria vigilia.

Ninguna premonición helaba los huesos de Santo Domingo, pero aún así una figura salió trotando hacia la luz de la vela.

Santo Domingo levantó los ojos para ver como un bulto peludo empujaba el globo brillante de la vela. Una gran forma se alzaba, cubierta de pelo grueso, con dientes temibles y feroces ojos brillantes, mientras las extremidades desgarbadas colgaban debajo de una espalda encorvada; era el diablo en forma de un mono.

Santo Domingo vio a este rival, tomó su pluma, y todavía se sentó a escribir. El mono desató un grito salvaje y golpeó las patas sobre las losas, batiendo su pecho, sacudiendo la celda con su rugido, mientras que una horrible canción salía de su boca terrible:

¿Estás tú aquí escribiendo cuando todos duermen? 
O vanidad de vanidad, 
Para conducir a los hombres a la locura, 
con enseñanzas idiotas. 


¡Mucho mejor sería para dormir!

Santo Domingo no levantó la cabeza y le pidió al diablo-simio, “Estad quieto”.

El mono rugía alrededor de la mesa, gruñendo y arañando, golpeando en la piedra, y pronunció otro verso vil:

¿Eres tú aquí una musa cuando todos duermen? 
oh, tú, de pocas luces Domingo, 
Tú haces abandono de los pobres y de los enfermos, 
porque es tu propio gusto.
¡Mucho mejor sería para dormir!

La meditación de Santo Domingo se mantuvo intacta. Levantó una mano y, regañando, dijo: “Estad quieto”.

El mono se quedó boquiabierto y golpeó las paredes y el suelo, rompiendo el silencio con su parloteo y su rima repugnante:

¿Estás tú aquí rezando cuando todos duermen? 
O escribiendo garabatos fariseos, 
¿Son tus oraciones de tal calidad 
que merecen la inmortalidad? 
¡Mucho mejor sería para dormir!

Santo Domingo no tenía miedo. En su lugar, puso su dedo en los labios y habló, “Estad quieto”.

El mono entonces llenó esa celda monacal con gritos que hacían estremecer cada piedra. Arriba y abajo de la habitación hacía rechinar los dientes de oreja a oreja.

Y lamentándose en voz alta Santo Domingo dijo: “Basta”.

El mono se congeló en su frenesí cuando Domingo lo mandó a tomar la vela en su mano.

“Tu nombre”, el prior pronunció con severidad, “era Lucifer antes de tu caída, y tú ahora darás luz y al menos serás de alguna utilidad”.

El Simio tembló bajo esta frase, y tomó la vela en sus garras, se puso de pie y se inclinó, como embrujado, dando luz sobre la obra de Santo Domingo, que escribió a gusto. El diablo estaba consternado; hora tras hora pasó sosteniendo en alto la luz mientras el santo escribía. Pero a medida que avanzaba la noche, el mono observaba la llama de la mecha y avanzando por la masa fundida de cera. Maldijo su suerte y deseó que el fuego quemara todo. Pero no hizo sonido, no se atrevió a desafiar la palabra de Domingo.

Entonces el calor comenzó a picar sus dedos. La llama estaba lamiendo su mano. Un aullido de dolor salió del mono con un grito de odio cuando el fuego corría por su brazo peludo. Se retorció y rodó sus ojos, consumiéndose con el fuego del infierno, de la cabeza a los pies. Una vez más el mono demostró su ira.

El santo respondió entonces: “¡Vete!”.

Santo Domingo tomó un palo y golpeó al mono en su espalda. Con golpes que resonaban como sobre una vejiga hinchada, Santo Domingo reprendió al mono, y con cada palabra, el fuego y el humo se encendieron más y cayeron sobre el mono reduciéndolo a nada más que un montón de cenizas malolientes.

Una campana saludó al sol, y el padre bendijo, cerró su libro y fue para la capilla en seguida. Pero a medida que iba, su mente se volvió hacia una verdad maravillosa: el demonio caído siempre debe servir a los siervos del Señor Dios de las Alturas.

Tal era la fe de Santo Domingo; una fe que le llevó a ser un humilde ayudante para los necesitados y un terror para los que le querían aterrorizar su vocación a la alabanza, para bendecir y predicar. A pesar de que tenía el poder de ordenar a las legiones del infierno, Domingo nunca ejerció ese poder de los corderos del cielo.

La leyenda de Santo Domingo y el Simio recuerda el mundo la fe que animó la vida de Santo Domingo, una fe que no surge de la autoestima, o incluso la auto-confianza, sino de una mansedumbre que respira con la fuerza del Espíritu Santo.


FUENTE: forosdelavirgen.org // Catholic Exchange, Signos de estos Tiempos


EJERCICIOS ESPIRITUALES SAN IGNACIO DE LOYOLA - PARTE 1 -


LIBRO DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES SAN IGNACIO DE LOYOLA

 Anotaciones para tomar alguna inteligencia en los ejercicios espirituales que se siguen, y para ayudarse, así el que los ha de dar, como el que los ha de recibir.



 1ª anotación. La primera anotación es, que por este nombre, cinericios espirituales, se entiende todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales; por la mesma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales.


2ª La segunda: es, que la persona que da a otro modo y orden para meditar o contemplar, debe narrar fielmente la historia de la tal contemplación o meditación, discurriendo solamente por los puntos con breve o sumaria declaración; porque la persona que contempla, tomando el fundamento verdadero de la historia, discurriendo y raciocinando por sí mismo, y hallando alguna cosa que haga un poco más declarar o sentir la historia, quier por la racionalización propia, quien sea en quinto el entendimiento es dilucidado por la virtud divina, es de más gusto y eructo espiritual, que si el que da los ejercicios hubiese mucho declarado y ampliado el sentido de la historia; porque no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gusta de las cosas internamente. 

3ª La tercera: como en todos los ejercicios siguientes espirituales usamos de los actos del entendimiento discurriendo y de los de la voluntad afectando; advertimos que en los actos de la voluntad, cuando hablamos vocalmente o mentalmente con Dios nuestro Señor o con sus santos, se requiere de nuestra parte mayor reverencia, que cuando usamos del entendimiento entendiendo.

4ª La cuarta: dado que para los ejercicios siguientes se toman cuatro semanas, por corresponder a cuatro partes en que se dividen los ejercicios; es a saber, a la primera, que es la consideración y contemplación de los pecados; la 2ª es la vida de Cristo nuestro Señor hasta el día de ramos inclusive; la 3ª la pasión de Cristo nuestro Señor; la 4ª la resurrección y ascensión, poniendo tres modos de orar: también, no se entienda que cada semana tenga de necesidad siete o ocho días en sí. Porque como ocurrido que en la primera semana unos son más tardos para hallar lo que buscan, es a saber, contrición, dolor, lágrimas por sus pecados; asimismo como unos sean más diligentes que otros, y más agitados o probados de diversos espíritus; requiérase algunas veces acortar la semana, y otras veces alargarla, y así en todas las otras semanas siguientes, buscando las cosas según la materia subjectar; pero poco más o menos se acabarán en treinta días. 


 5ª La quinta: al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene se sirva conforme a su santísima voluntad.


 6ª La sexta: el que da los ejercicios, cuando siente que al que se excitara no le vienen algunas mociones espirituales en su ánima, así como consolaciones o desolaciones, ni es agitado de varios espíritus; mucho le debe interrogar cerca los ejercicios, si los hace a sus tiempos destinados y cómo; asimismo de las adiciones, si con diligencia las hace, pidiendo particularmente de cada cosa estas. Habla de consolación y desolación, núm. [316] de adiciones, núm. [73].


 7ª La séptima: el que da los ejercicios, si ve al que los recibe, que está desolado y tentado, no se haya con él duro ni desabrido, mas blando y suave, dándole ánimo y fuerzas para adelante, y descubriéndose las astucias del enemigo de natura humana, y haciéndole preparar y disponer para la consolación ventura. 


8ª La octava: el que da los ejercicios, según la necesidad que sintiere en el que los recibe, cerca de las desolaciones y astucias del enemigo, y así de las consolaciones; podrá platicarle las reglas de la 1ª y 2ª semana, que son para conocer varios espíritus, núm. [313] y [328]. [9] 


9ª La novena: es de advertir, cuando el que se ejercita anda en los ejercicios de la primera semana, si es persona que en cosas espirituales no haya sido versado, y si es tentado grosera y abiertamente, así como mostrando impedimentos para ir adelante en servicio de Dios nuestro Señor, como son trabajos, vergüenza y temor por la honra del mundo, etc.; el que da los ejercicios no le platique las reglas de varios espíritus de la 2ª semana; porque cuanto le aprovecharán las de la primera semana, le dañarán las de la 2ª, por ser materia más sutil y más subida que podrá entender. [10]


 10ª La décima: cuando el que da los ejercicios siente al que los recibe, que es batido y tentado debajo de especie de bien, entonces es propio de platicarle sobre las reglas de la segunda semana ya dicha. Porque comúnmente el enemigo de natura humana tienta más debajo de especie de bien, puando la persona se ejercita en la vida iluminativa, que corresponde a los ejercicios de la 2ª semana, y no tanto en la vida purgativa, que corresponde a los ejercicios de la 1ª semana. [11]


11ª La undécima: al que toma ejercicios en la 1ª semana, aprovecha que no sepa cosa alguna de lo que ha de hacer en la 2ª semana; mas que así trabaje en la 1ª para alcanzar la cosa que busca, como si en la 2ª ninguna buena esperase hallar. 


12ª La duodécima: el que da los ejercicios, al que los recibe ha de advertir mucho, que como en cada uno de los cinco ejercicios o contemplaciones, que se harán cada día, ha de estar por una hora, así procure siempre que el ánimo quede harto en pensar que a estado una entera hora en el ejercicio, y antes más que menos. Porque el enemigo no poco suele procurar de hacer acortar la hora de la tal contemplación, meditación o oración.



MENSAJES DE MEDJUGORJE - 25 de Septiembre de 2014.




Mensajes de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorje 


Al inicio Nuestra Señora regularmente da sus mensajes sólo a los videntes, y a través de ellos a todos los fieles. A partir del 1 de marzo de 1984, Nuestra Señora comienza a entregar regularmente sus mensajes todos los jueves a la comunidad de parroquial de Medjugorje, y a través de ella, al resto del mundo. Puesto que algunas cosas que el Señor había deseado se cumplieron, como lo afirmó Nuestra Señora , a partir del 25 de enero de 1987, Nuestra Señora da sus mensajes a todo el mundo los 25 de cada mes Esto aún continúa.

Mirjana Dragicevic-Soldo, Ivanka Ivankovic-Elez y Jakov Colo tuvieron apariciones diarias hasta 1982, 1985, y 1998 respectivamente. Desde entonces, la Virgen se les aparece una vez al año y les da un mensaje. Debido a que el trabajo sobre los archivos está aún en curso, no estamos en condiciones de publicar los mensajes otorgados antes de 1995.


(http://www.medjugorje.ws)



Mensaje, 25 de septiembre de 2014  - Aparición a Mirjana


“Queridos hijos! También hoy los invito para que ustedes, del mismo modo, sean como las estrellas, que con su resplandor dan luz y belleza a los demás, para que se alegren. Hijitos, sean también ustedes resplandor, hermosura, alegría y paz, y especialmente oración para todos aquellos que están lejos de mi amor y del amor de mi Hijo Jesús. Hijitos, testimonien su fe y oración en alegría, en la alegría de la fe que está en sus corazones y oren por la paz que es un don precioso de Dios. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”



¿PUEDEN COMULGAR LOS DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR?

Los miembros de la Congregación de la Doctrina para la Fe, en una carta a todos los obispos del mundo de fecha octubre 14, 1994 dice:

"La creencia errónea que tiene una persona divorciada y vuelta a casar, de poder recibir la Eucaristía normalmente, presupone que la conciencia personal es tomada en cuenta en el análisis final, de que, basado en sus propias convicciones existió o no existió un matrimonio anterior y el valor de una nueva unión. Esta posición es inaceptable. El matrimonio, de hecho, porque es la imagen de la relación entre Cristo y su Iglesia así como un factor importante en la vida de la sociedad civil, es básicamente una realidad pública.

Con este documento la Santa Sede afirma la continua teología y disciplina de la Iglesia Católica, de que aquellos que se han divorciado y vuelto a casar sin un Decreto de Nulidad, para el primer matrimonio (indistintamente si fue realizado dentro o fuera de la Iglesia), se encuentran en una relación de adulterio, que no les permite arrepentirse honestamente, para recibir la absolución de sus pecados y recibir la Santa Comunión. Hasta que se resuelva la irregularidad matrimonial por el Tribunal de los Procesos Matrimoniales, u otros procedimientos que se aplican a los matrimonios de los no bautizados, no pueden acercarse a los Sacramentos de la Penitencia ni a la Eucaristía.

Como menciona el Papa Juan Pablo II en el documento de la Reconciliación y de la Eucaristía, la Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible (y esta participación en la Misa, adoración Eucarística, devociones y otros serán de gran ayuda espiritual para ellos) mientras trabajan para lograr la completa participación sacramental.

Sólo podrían acercarse a comulgar si, evitado el escándalo y recibida la absolución sacramental, se comprometen a vivir en plena continencia, ha dicho la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

En el discurso del Papa Juan Pablo II en la clausura del Sínodo celebrado en Roma en octubre de 1980, dijo que había que mantener la práctica de la Iglesia de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar. A no ser que cuando no puedan separarse, prometan vivir en total continencia, siempre que no sea motivo de escándalo. En todo caso, añade el Papa, deben perseverar en la oración para conseguir la gracia de la conversión y de la salvación . Sin embargo esto no lleva consigo el que no puedan bautizar a sus hijos. Hay que estudiar cada caso y ver qué posibilidades ofrecen de educar en católico a sus hijos .

Por otro lado las personas casadas sólo por civil y divorciadas pueden comulgar. El divorcio civil, no es un obstáculo para recibir la comunión. Por ser un acto civil, todo lo que hace, es lograr un acuerdo sobre los resultados civiles y legales del matrimonio (distribución de las propiedades, custodia de los hijos etc.).



FUENTE: aciprensa.com 


MIGUEL, GABRIEL, RAFAEL - ARCÁNGELES


Arcángeles, los únicos cuyos nombres constan en la Biblia, 29 de septiembre





Arcángeles


Martirologio Romano: Fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de San Miguel, en la vía Salaria, a seis miliarios de Roma, se celebran juntamente los tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura revela misiones singulares y que, sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, a él glorifican sin cesar.

Son los nombres con que se presentan en la Sagrada Escritura estos tres príncipes de la corte celestial.

Miguel aparece en defensa de los intereses divinos ante la rebelión de los ángeles malos; Gabriel, enviado por el Señor a diferentes misiones, anunció a la Virgen Maria el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su maternidad divina; Rafael acompañó al joven Tobías cuando cumplia un difícil encargo y se ocupó de solucionar difíciles asuntos de su esposa.

Actualmente, se habla mucho de los ángeles: se encuentran libros de todo tipo que tratan este tema; se venden "angelitos" de oro, plata o cuarzo; las personas se los cuelgan al cuello y comentan su importancia y sus nombres.

Hay que tener cuidado, pues se puede caer en dar a los ángeles atribuciones que no les corresponden y elevarlos a un lugar de semidioses, convertirlos en "amuletos" que hacen caer en la idolatría, o crear confusiones entre lo que son las inspiraciones del Espíritu Santo y los consejos de los ángeles.

Es verdad que los ángeles son muy importantes en la Iglesia y en la vida de todo católico, pero son criaturas de Dios, por lo que no se les puede igualar a Dios ni adorarlos como si fueran dioses. 

A pesar de que están de moda, por otro lado, es muy fácil que nos olvidemos de su existencia, por el ajetreo de la vida y principalmente, porque no los vemos. 

Este olvido puede hacernos desaprovechar muchas gracias que Dios ha destinado para nosotros a través de los ángeles. 

Por esta razón, la Iglesia ha fijado dos festividades para que, al menos dos días del año, nos acordemos de los ángeles y los arcángeles, nos alegremos y agradezcamos a Dios el que nos haya asignado un ángel custodio y aprovechemos estos días para pedir su ayuda. 


Misión de los ángeles

Los ángeles son seres espirituales creados por Dios por una libre decisión de su Voluntad divina. Son seres inmortales, dotados de inteligencia y voluntad. 

Debido a su naturaleza espiritual, los ángeles no pueden ser vistos ni captados por los sentidos. 

En algunas ocasiones muy especiales, con la intervención de Dios, se han visto y oído materialmente. La reacción de las personas al verlos u oírlos ha sido de asombro y de respeto. Por ejemplo, los profetas Daniel y Zacarías.

En el siglo IV, el arte religioso representó a los ángeles con forma de figura humana. En el siglo V, se le añadieron las alas, como símbolo de su prontitud en realizar la Voluntad divina y en trasladarse de un lugar a otro sin la menor dificultad. 

En la Biblia encontramos algunos motivos para que los ángeles sean representados como seres brillantes, de aspecto humano y alados. Por ejemplo, el profeta Daniel escribe que un "ser que parecía varón" -se refería al arcángel Gabriel- volando rápidamente, vino a él (Daniel 8, 15-16; 9,21). Y, en el libro del Apocalipsis, son frecuente las apariciones de ángeles que claman, tocan las trompetas, llevan mensajes o son portadores de copas e incensarios; otros que suben, bajan o vuelan; otros que están de pie en cada uno de los cuatro puntos cardinales de la tierra o junto al trono del Cordero, Cristo.

La misión de los ángeles es amar, servir y dar gloria a Dios, ser mensajeros y cuidar y ayudar a los hombres. Ellos están constantemente en la presencia de Dios, atentos a sus órdenes, orando, adorando, vigilando, cantando y alabando a Dios y pregonando sus perfecciones. Se puede decir que son mediadores, custodios, guardianes, protectores y ministros de la justicia divina.

La presencia y la acción de los ángeles aparece a lo largo del Antiguo Testamento, en muchos de sus libros sagrados. Aparece frecuentemente, también, en la vida y enseñanzas de Nuestro Señor, Jesucristo, en la Carta de san Pablo, en los Hechos de los Apóstoles y, principalmente, en el Apocalipsis.

Con la lectura de estos textos, podemos descubrir algo más acerca de los ángeles:
nos protegen, nos defienden físicamente y nos fortalecen al combatir las fuerzas del mal.
luchan con todo su poder por y con nosotros.



Como ejemplo, está la milagrosa liberación de San Pedro que pudo huir de la prisión ayudado por un ángel (Hechos 12, 7 y siguientes). También, aparece un ángel deteniendo el brazo de Abraham, para que no sacrificara a su hijo, Isaac.

Los ángeles nos comunican mensajes importantes del Señor en determinadas circunstancias de la vida. En momentos de dificultad, se les puede pedir luz para tomar una decisión, para solucionar un problema, actuar acertadamente y para descubrir la verdad.

Por ejemplo, tenemos las apariciones a la Virgen María, a San José y a Zacarías. Todos ellos recibieron mensajes de los ángeles.

Los ángeles cumplen, también, las sentencias de castigo del Señor, como el castigo a Herodes Agripa (Hechos de los Apóstoles) y la muerte de los primogénitos egipcios (Exódo 12, 29).

Los ángeles presentan nuestras oraciones al Señor y nos conducen a Él. Nos acompañan a lo largo de nuestra vida y nos conducirán, con toda bondad, después de nuestra muerte, hasta el trono de Dios para nuestro encuentro definitivo con Él. Este será el último servicio que nos presten pero el más importante. El arcángel Rafael dice a Tobías: "Cuando ustedes oraban, yo presentaba sus oraciones al Señor", (Tob 12, 12 - 16).

Ellos nos animan a ser buenos pues ven continuamente el rostro de Dios y también ven el nuestro. Debemos tener presentes las inspiraciones de los ángeles para saber obrar correctamente en todas las circunstancias de la vida. "Los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente", (Lucas 15, 10).

Jerarquía de los ángeles

Se suelen enumerar nueve coros u órdenes angélicos. Esta jerarquía se basa en los distintos nombres que se encuentran en la Biblia para referirse a ellos. Dentro de esta jerarquía, los superiores hacen participar a los inferiores de sus conocimientos. 
Cada tres coros de ángeles constituyen una jerarquía y todos ellos forman la corte celestial. 




Jerarquía Suprema:


   serafines
   querubines
   tronos


Jerarquía Media:
   dominaciones
   virtudes
  potestades

Jerarquía Inferior:
   principados
  arcángeles
  ángeles



Serafines: Son los "alabadores" de Dios. Serafín significa "amor ardiente". Los serafines alaban constantemente al Señor y proclaman su santidad. 
(Isaías 6, 17)

Querubines: Son los "guardianes" de las cosas de Dios. Aparecen como encargados de guardar el arca de la alianza y el camino que lleva al árbol de la vida. Entre dos querubines comunica Yahvé sus revelaciones. "Se sienta sobre querubines". 
(Génesis, Éxodo, en la visión de Ezequiel, 1, 4 y Carta a los Hebreos, 9,5).

Potestades, Virtudes, Tronos, Principados y Dominaciones: 

En la Biblia encontramos estos diversos nombres cuando se habla del mundo angélico. Hay quien interpreta los nombres de los ángeles como correspondientes a su grado de perfección. Para San Gregorio, los nombres de los ángeles se refieren a su ministerio: 


  1. los principados son los encargados de la repartición de los bienes espirituales
  2. las virtudes son los encargados de hacer los milagros
  3. las potestades son los que luchan contra las fuerzas adversas
  4. las dominaciones son los que participarán en el gobierno de las sociedades
  5. los tronos son los que están atentos a las razones del obrar divino.

Existe, también, una jerarquía basada en los distintos nombres que se encuentran en la Biblia para referirse a ellos. A los arcángeles les podríamos llamar los "asistentes de Dios". Son ángeles que están al servicio directo del Señor para cumplir misiones especiales.

Arcángel San Miguel: es el que arrojó del Cielo a Lucifer y a los ángeles que le seguían y quien mantiene la batalla contra Satanás y demás demonios para destruir su poder y ayudar a la Iglesia militante a obtener la victoria final. El nombre de Miguel significa "quien como Dios". Su conducta y fidelidad nos debe invitar a reconocer siempre el señoría e Jesús y buscar en todo momento la gloria de Dios.


Arcángel San Gabriel: en hebreo significa "Dios es fuerte", "Fortaleza de Dios". Aparece siempre como el mensajero de Yahvé para cumplir misiones especiales y como portador de buenas noticias. Anunció a Zacarías el nacimiento de Juan, el Bautista y a la Virgen María, la Encarnación del Hijo de Dios.


Arcángel San Rafael: su nombre quiere decir "medicina de Dios". Tiene un papel muy importante en la vida del profeta Tobías, al mostrarle el camino a seguir y lo que tenía que hacer. Tobías obedeció en todo al arcángel San Rafael, sin saber que era un mensajero de Dios. Él se encargó de presentar sus oraciones y obras buenas a Dios, dejándole como mensaje bendecir y alabar al Señor, hacer siempre el bien y no dejar de orar. Se le considera patrono de los viajeros por haber guiado a Tobías en sus viajes. Es patrono, también, de los médicos (de cuerpo y alma) por las curaciones que realizó en Tobit y Sara, el padre y la esposa de Tobías.

Los ángeles custodios

Dios ha asignado a cada hombre un ángel para protegerle y facilitarle el camino de la salvación mientras está en este mundo. Afirma sobre este tema San Jerónimo: "Grande es la dignidad de las almas, cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia".

En el Antiguo Testamento se puede observar como Dios se sirve de sus mensajeros para proteger a los hombres de la acción del demonio, para ayudar al justo o librarlo del peligro, como cuando a Elías lo alimentó un ángel, (1 Reyes, 19, 5).

En el Nuevo Testamento también se pueden observar muchos sucesos y ejemplos en los que aparecen estos seres: el mensaje a San José para que huyera a Egipto y los ángeles que sirvieron a Jesús, después de las Tentaciones en el desierto, entre otros ejemplos.

Se puede decir que los ángeles custodios son compañeros de viaje, que siempre estarán al lado de cada uno de nosotros, en las buenas y en las malas, sin separarse ni un solo momento. Está a nuestro lado mientras trabajamos, descansamos, cuando nos divertimos y cuando rezamos, cuando le pedimos ayuda y cuando le olvidamos. Y, lo más importante, es que no se aparta de nosotros ni siquiera cuando perdemos la gracia de Dios por el pecado. Nos presta auxilio para enfrentar de mejor ánimo las dificultades y tentaciones de la vida diaria.

Muchas veces se piensa en el ángel de la guarda como si fuera algo infantil. Pero, si pensamos que al crecer la persona se enfrentará a una vida con mayores tentaciones y dificultades, el ángel custodio será de gran ayuda.

Para que la relación de la persona con el ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con él, llamarle, tratarlo como el amigo que es. Así podrá convertirse en un fiel y poderoso aliado nuestro. 

Debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues además de que él nos guía y nos protege, está muy cerca de Dios y le puede decir directamente lo que queremos o necesitamos. 

Recordemos que los ángeles no pueden conocer nuestros pensamientos ni deseos íntimos si nosotros no se los hacemos saber de alguna manera, ya que sólo Dios sabe lo que hay dentro de nuestro corazón. Ellos, en cambio, sólo pueden conocer lo que queremos intuyéndolo por nuestras obras, palabras, gestos, etc.

También podemos pedirle favores especiales a los ángeles de la guarda de otras personas para que las protejan de determinados peligros o las guíen en situaciones difíciles.


¿Qué nos enseñan los ángeles?

Nos enseñan a:

  1. glorificar al Señor, proclamar su santidad y rendirle sus homenajes de adoración, de amor y de ininterrumpida alabanza.
  2. cumplir con exactitud y prontamente todas las órdenes que recibimos del señor y a cumplir su Voluntad sin discutir sus mandatos ni aplazando el cumplimiento de éstas.
  3. servir al prójimo, pues ellos están preocupados por nosotros y quieren ayudarnos en las diversas circunstancias que se nos presentan en la vida. Esto nos anima a compartir con nuestros hermanos penas y alegrías. 

¿Quiénes son los ángeles caídos?

Dios creó a los ángeles como espíritus puros, todos se encontraban en estado de gracia. Pero algunos, encabezados por Luzbel, el más bello de los ángeles, por su malicia y soberbia se negaron a adorar a Jesucristo, Dios hecho hombre, por sentirse seres superiores. Así, rechazaron eternamente a Dios con un acto inteligente y libre de su parte.

A Luzbel -también denominado Lucifer, Diablo o Satán- junto con los ángeles rebeldes que le siguieron -convertidos en demonios- fueron arrojados del Cielo al infierno. Quedaron confinados a un estado eterno de tormento en donde nunca más podrán ver a Dios. 

No cambiaron su naturaleza, siguen siendo seres espirituales y reales. 
Lucifer es el enemigo de Dios. Jesús le llama “el engañador”, “el padre de la mentira”. Su constante actividad en el mundo busca apartar a los hombres de Dios mediante engaños e invitaciones al mal. Quiere evitar que lo conozcan, que lo amen y que alcancen la felicidad eterna. Es un enemigo con el que se tiene que luchar para poder llegar al Cielo.

Los demonios se encuentran organizados en jerarquías, tal y como fueron creados en un principio, subordinados los inferiores a los superiores. 

Satanás y sus demonios comenzaron sus maléficas acciones con Adán y Eva y no se dan por vencidos en su labor. Aprovechan la inclinación del hombre hacia el mal por su naturaleza que quedó dañada después del pecado original. Son muy astutos, disfrazan el mal de bien. Su acción ordinaria en el hombre es la tentación. Por ello rezamos en el Padrenuestro: “...no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.”


¿Por qué creer en los ángeles?

Toda la Sagrada Escritura está llena de versículos y capítulos completos que hablan de los ángeles. Si creemos en la Sagrada Escritura, no podemos negar la existencia y la acción de los ángeles.

Además del testimonio de la Revelación, tenemos el de los Santos Padres de la Iglesia quienes nos dejaron bellas y sugestivas descripciones de los ángeles que fueron retomadas por Santo Tomás no sólo en el aspecto teológico sino en un dinamismo cristiano. La Iglesia ha definido dogma de fe la existencia de los ángeles. 

El culto a los ángeles de la guarda comenzó en la península Ibérica y después se propagó a otros países. Existe un libro acerca de esta devoción en Barcelona con fecha de 1494.

El Concilio IV de Letrán, en 1215, se señaló que Dios es creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles, de las criaturas espirituales y las corporales. Se señaló que a unas y a otras, las creó de la nada.

En 1870, debido al materialismo y racionalismo que imperante en esa época, el Concilio Vaticano I afirmó de nuevo la existencia de los ángeles.

Pablo VI volvió a poner de manifiesto la existencia de los ángeles en 1968, al formular el Credo.

En la reforma litúrgica de la Iglesia de 1969, quedó establecido el día 29 de septiembre para dar culto a los arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel y el día 2 de Octubre, para rendir culto a los ángeles custodios.


Oración a San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. 
Ayúdanos a luchar contra el mal.
Que Dios oiga tu voz y tú, como jefe del ejército del Cielo,
combate y vence a Satanás
y a todos los espíritus malos que andan por el mundo
deseando la ruina de las almas.
Amén.


Oración al Ángel de la Guarda

Ángel del Señor, que eres mi custodio,
Puesto que la Providencia soberana me encomendó a ti,
Ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname
en este día. 
Amén.

Ángel de la Guarda, dulce compañía
No me desampares, ni de noche ni de día,
hasta que me encuentre en los brazos de Jesús y de María.


FUENTE: es.catholic.net/


EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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San Francisco de Asís