FRASES PARA SACERDOTES

Dios nos ha dado un espíritu de fortaleza. La fortaleza es la dignidad del ser humano que vive en la Voluntad de Dios, que es obediente a Dios.
Esa fortaleza es tan poderosa que los demonios no la pueden resistir. Un demonio jamás se le acercará a la fortaleza de una persona, porque la fortaleza viene de Dios. Esa fortaleza es luz, es una fuerza inmensa!

De: Marino Restrepo ( Audio, La voluntad de Dios en la obediencia).

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

PEQUEÑO MANUAL DE INDULGENCIAS PARA USO DE LOS FIELES - Parte 3 -

-Extracto-

LIBER
CIUDAD DEL VATICANO

Cuanto sigue ha sido extraído del Enchiridion Indulgentiarum o Manual de Indulgencias, publicado en el Acta Apostolicae Sedis, el 29 de julio de 1968.


OTRAS CONCESIONES


16. Credo in Deum (Creo en Dios)

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo Nuestro Señor, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa Maria Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los Cielos; está sentado a la derecha del Padre; desde allí vendrá a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel que piadosamente recite el precedente símbolo de los Apóstoles, o símbolo Niceo-Constantinopolitano.


17. Crucis Adoratio (Adoración de la Cruz)

Se concede indulgencia plenaria al fiel que, en la solemne adoración litúrgica del Viernes Santo, participe en la adoración de la Cruz y la bese.

18. Defunctorum officium (Oficio de Difuntos)

Se concede Indulgencia parcial al fiel que devotamente recite las Loas o las Vísperas del Oficio de Difuntos.

19. De Profundis

Se concede Indulgencia parcial al fiel que piadosamente recite el salmo De Profundis (Salmo

20. Doctrina Christiana (Doctrina Cristiana)

Se concede Indulgencia parcial al fiel que imparte o recibe la enseñanza de la doctrina cristiana. Aquel que, en espíritu de fe y de caridad, imparte la enseñanza de la doctrina cristiana, puede conseguir la indulgencia parcial según la concesión de carácter general número 11. Con esta nueva concesión se confirma la indulgencia parcial para el que enseña y se la extiende al discípulo.

21. Domine, Deus Omnipotens (Señor, Dios Todopoderoso)

Señor, Dios Todopoderoso, que nos has hecho la gracia de comenzar un nuevo día, ayúdanos hoy con tu poder, para que en este día no cometamos ningún pecado y que nuestros pensamientos, palabras y obras sean siempre conformes a tu santa ley. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Indulgencia parcial.

22. En ego, o bone et dulcissime Iesu (Heme aquí, oh! mi amado y buen Jesús)

Heme aquí, oh! mi amado y buen Jesús, que postrado ante tu santísima presencia, te ruego con el fervor más vivo, que imprimas en mi corazón sentimientos de fe, de esperanza y de caridad, de dolor de mis pecados y propósito de no ofenderte más; mientras yo, con todo amor y toda compasión, voy contemplando tus cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Ti, oh mi amado y buen Jesús, el santo profeta David: “Han perforado mis manos y mis pies; puedo contar todos mis huesos” (Salmo 21, 17-18).

Se concede al fiel que piadosamente recita, luego de la comunión, la anterior plegaria delante de la imagen de Jesús crucificado, indulgencia plenaria en cada uno de los viernes de Cuaresma y de Pasión; e indulgencia parcial en todos los otros días del año.

23. Eucharisticus conventus (Congresos Eucarísticos)

Se concede indulgencia plenaria al fiel que participa devotamente en la solemne función eucarística que suele hacerse como conclusión de un Congreso Eucarístico.

24. Exaudi nos (Escucha nuestra plegaria)

Señor, Padre santo, Dios Todopoderoso y eterno, escucha nuestra plegaria; manda desde el Cielo a tu santo Ángel a custodiar, confortar, proteger, visitar y defender a los habitantes de esta casa. Por Cristo nuestro Señor. Amén. Indulgencia parcial.

25. Exercitia spiritualia (Ejercicios Espirituales)

Se concede indulgencia plenaria al fiel que participa de ejercicios espirituales, al menos por tres días enteros.

26. Iesu dulcissime (Jesús Dulcísimo - Acto de Reparación)

Jesús dulcísimo, cuyo inmenso amor por los hombres está pagado con tanta ingratitud y olvido, con descuido, con desprecio, he aquí que nosotros postrados ante Ti, entendemos reparar con particulares actos de honor tanta indigna frialdad y las injurias con las cuales, de todas partes es herido por los hombres tu amantísimo Corazón. Sabiendo que también nosotros otras veces nos manchamos de mucha indignidad y probando por ello grandísimo dolor, imploramos ante todo para nosotros Tu misericordia, prontos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros pecados, sino los de aquellos que, errantes y alejados de la vía de la salud, se niegan a seguirte como pastor y guía, obstinándose en su infidelidad o pisoteando las promesas del Bautismo, sacudiendo el suavísimo yugo de Tu ley.

Y mientras entendemos expiar todo el cúmulo de tan deplorables delitos, nos proponemos reparar cada uno en particular: la inmodestia y las fealdades de la vida y del vestir, las muchas insidias tendidas por la corruptela a las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las injurias de execración lanzadas contra Ti y contra tus Santos, los insultos arrojados contra tu Vicario y el orden sacerdotal, las negligencias y los horribles sacrilegios con los que es profanado el mismo sacramento del Amor Divino y, en fin, las culpas públicas de las naciones que hostilizan los derechos y el magisterio de la Iglesia por Ti fundada.

Oh! pudiésemos nosotros lavar con nuestra sangre estas afrentas!

En tanto, como reparación del honor divino conculcado, te presentamos –acompañándola con las expiaciones de la Virgen tu Madre, de todos los Santos y de las almas piadosas- aquella satisfacción que Tu mismo un día ofreciste sobre la Cruz al Padre y que cada día renuevas sobre los altares; prometiendo con todo el corazón querer reparar, por cuanto nos concierne y con la ayuda de tu gracia, los pecados cometidos por nosotros y por los otros y la indiferencia hacia un tan grande amor, con la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, la observancia perfecta de la ley evangélica, especialmente de la caridad y de impedir con todas nuestras fuerzas las injurias contra Ti y de atraer a cuantos podamos a tu camino.

Acoge, te rogamos, oh benignísimo Jesús, por intercesión de la santísima Virgen Maria

Reparadora, este voluntario obsequio de reparación y consérvanos fidelísimos en tu observancia y en tu servicio hasta la muerte con el gran don de la perseverancia, mediante el cual podremos un día llegar a aquella patria, donde Tu, con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel que recita piadosamente el anterior acto de reparación. La indulgencia será plenaria si este acto se recita públicamente en la fiesta del

Sagrado Corazón de Jesús.

27. Iesu dulcissime, Redemptor (Oh Jesús dulcísimo, oh Redentor – Acto de Consagración del género humano a Cristo Rey –

Oh Jesús dulcísimo, oh Redentor del género humano, míranos humildemente postrados ante Ti.

Nosotros somos tuyos y tuyos queremos permanecer; y para vivir más estrechamente unidos a Ti, he aquí que cada uno de nosotros, hoy espontáneamente se consagra a tu sacratísimo Corazón.

Desgraciadamente muchos no te conocieron nunca, o despreciando tus mandamientos, te repudiaron. Oh benignísimo Jesús, ten misericordia, atrayendo a tu sacratísimo Corazón a unos y a otros. Oh Señor, sé Rey no sólo de los fieles que no se apartaron nunca de Ti, sino también de aquellos hijos pródigos que te abandonaron. Haz que éstos, cuanto antes regresen a la casa paterna para no morir de miseria y de hambre. Sé el Rey de aquellos que viven en el engaño y en el error, separados de Ti por discordias. Llámalos al puerto de la verdad, a la unidad de la fe, para que en breve se haga un solo rebaño bajo un solo pastor.

Otorga, oh Señor, incolumidad y libertad segura a tu Iglesia, concede a todos los pueblos la tranquilidad del orden, haz que de una a otra parte de la tierra resuene esta única voz: Sea alabado aquel Corazón Divino, del cual viene nuestra salud; a El se eleven cánticos de gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel que recita piadosamente el anterior acto de consagración. La indulgencia será plenaria si este acto se recita públicamente en la fiesta de

Cristo Rey.

28. In articulo mortis (En peligro de muerte)

Al fiel en peligro de muerte que no pueda ser asistido por un sacerdote que le administre los sacramentos y le imparta la bendición apostólica con la correspondiente indulgencia plenaria, la Santa Madre Iglesia concede igualmente la indulgencia plenaria en peligro de muerte, siempre que esté debidamente dispuesto y haya recitado durante su vida cualquier plegaria. Para la obtención de tal indulgencia es recomendable el uso del crucifijo o de la cruz.

La condición “siempre que haya recitado durante su vida cualquier plegaria” suple en este caso las tres condiciones requeridas para la obtención de la indulgencia plenaria.

Esta indulgencia plenaria en peligro de muerte puede ser obtenida por el fiel que, en el mismo día haya alcanzado ya otra indulgencia plenaria.

29. Litaniæ (Letanías)

Están enriquecidas con indulgencia parcial las siguientes Letanías: del Santísimo Nombre de Jesús del Sacratísimo Corazón de Jesús de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de la Santísima Virgen Maria de San José y de los Santos

30. Magnificat

Se concede indulgencia parcial al fiel que recite piadosamente el cántico del Magnificat

31. Maria, Mater Gratiæ (María, Madre de la Gracia)

María, Madre de la Gracia, Madre de Misericordia, protégeme del enemigo y acógeme en la hora de la muerte. Indulgencia parcial.

32. Memorare, o piissima Virgo Maria (Acordaos, oh piadosísima Virgen Maria)

Acordaos, oh piadosísima Virgen Maria, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a tu patrocinio, implorado tu ayuda y pedido tu protección, haya sido abandonado de Vos.

Animado por esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre Virgen de las Vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, atrévome a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, oh Madre del Verbo, mis humildes súplicas, antes bien, inclina a ellas tus oídos y atiéndelas favorablemente. Amén.

Indulgencia parcial.


"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. Cap LXXIX: Los Anhelos de Jesús


Mensajes de Nuestro Señor Jesucristo 
a sus hijos los predilectos







 
LXXIX


LOS ANHELOS DE JESUS










“¡Si lo que pido es tan natural! Que no llame la atención ese santo anhelo de  mi alma, el de la consumación de la transformación en Mí de los sacerdotes, de esa unión transformante en Mí.

¡Si ya en cierto sentido estaban transformados! Es decir: al recibir las órdenes, mis sacerdotes reciben el germen de esa insigne gracia. Si se penetran las palabras y las oraciones de la ordenación sacerdotal, se verá cómo ahí comienza esa transformación del sacerdote, porque se le da el poder y de ser Yo mismo en las Misas, en las confesiones y demás sacramentos en donde me representan.

¿Acaso no son otros Yo los sacerdotes consagrados por mi Padre, por mi Iglesia y ungidos por el Espíritu Santo? No es una novedad que Yo pida esa transformación.

¿Y saben por qué la pido?  Porque muchos de mis sacerdotes la olvida; es decir, porque no la viven, no la tienen en cuenta, sino a lo más muy someramente, muy superficialmente, y solo en el ejercicio de su ministerio; ¡y muchas veces ni entonces!

Y Yo quiero que esa transformación se desarrolle íntimamente, profundamente, en cada uno de los corazones sacerdotales para que tenga su consumación en la unidad de la Trinidad. Quiero rehacer a muchos corazones hundidos de mis sacerdotes; quiero despertar a muchas almas adormecidas; quiero estremecer, hasta lo más hondo, las fibras amorosas de los corazones sacerdotales, para que respondan a mis anhelos de perfeccionarlos en la unidad; quiero penetrar con mis reclamos en los sentimientos resfriados de muchos modos por el contacto del mundo que los ha alejado de Mí.

Quiero volverlos  a mis brazos y estrecharlos contra mi Corazón y comunicarles fuego, luz, amor, vida! Todo esto quiero en estas confidencias secretas y de mi Corazón todo ternura y caridad.

Y vendrán, repito, volverán a mis brazos las ovejas descarriadas, las almas criminales y perjuras apartadas de Mí. Volverán los sacrílegos arrepentidos; vendrán a Mí los tibios e indiferentes; los ambiciosos y los avaros; los heridos y llagados de muchos modos; los perezosos y enviciados; los impuros y todos, todos; que a todos llamo.

Y purificados, arrepentidos y humillados, se arrojarán a mis pies; pero Yo los tomaré en mis brazos, los estrecharé contra mi lacerado Corazón y les daré el ósculo de paz, olvidaré su pasado y sustituiré al hombre viejo con Jesús, sumo y eterno Sacerdote.

¡Si Yo sólo quiero su bien y el de las almas! ¡Si Yo sólo ansío su transformación perfecta en Mí, porque los amo! ¡Si el amor, sólo el amor, que todo lo olvida y todo lo perdona, es el que me ha hecho vaciar mi pecho en su favor!

Un nuevo impulso de amor recibirá mi Iglesia y el Sumo Pontífice tendrá un gran consuelo al ver florecer con más vigor y lozanía las plantas que forman ese jardín, y se congratulará en sus triunfos y en sus secretas victorias.

Todos mis sacerdotes formarán entonces con él, más que nunca, una sola alma, un solo latido, un solo movimiento, un único Jesús con él, un solo Salvador, unificados más intensamente con el Pontificado y prontos, como Yo, a dar la vida por las almas, por la religión, sin cambiar jamás por jamás un ápice a su celestial  doctrina.

No quedará estéril, lo prometo, este impulso del cielo para mis sacerdotes, que se hará sentir más o menos tarde en todo el mundo; porque la unidad hace la fuerza, y la unidad en la Trinidad hace la divina fuerza, la consumación de esa restauración vital y santa, en la que todos mis sacerdotes serán uno con el Papa, uno con los Obispos, porque serán uno en Mí, Yo—con ellos y en ellos—en la Trinidad.

Y darán frutos de vida eterna en las almas, y darán gloria a Dios en los corazones, y el mundo reaccionará en la verdad, y el Espíritu Santo será el motor fecundo de esta restauración, no tan sólo de todas las cosas en Mí; sino, entre todas ellas, la principal, el punto cardinal de todas, la transformación de los sacerdotes en Mí.

Así la restauración será universal, no limitada a ciertos lugares o países; sino que, en donde esté un solo sacerdote, estaré Yo obrando, atrayendo, purificando y santificando.

Yo, que veo el futuro como presente, me siento ya en posesión de almas y países, extendiendo mi reinado en los corazones, representado fielmente por mis sacerdotes, no fríos ni tibios, no solos ni aislados, sino unidos a Mí todo luz, todo fuego, todo atractivo santo, todo virtud y amor.

Así que no se crea que me voy a concretar a que los sacerdotes de México se transformen en Mí, sino los de todo el mundo, que Yo basto y sobro para miles de mundos, si los hubiera.
Éste mundo necesita regenerarse, espiritualizarse; pero este es el único medio para llegar a ese fin; el de la transformación en el eterno, puro, único y santo Sacerdote y Salvador que quiere y promete volver a la tierra en sus sacerdotes, para hacer real y positiva esta nueva era de salvación y santificación del mundo.

El mismo Redentor, con sus méritos infinitos e inagotables, quiere redimir; porque la Redención no acaba en la cruz, en cierto sentido; allí adquirí los méritos, pero sus frutos santísimos y eficacísimos durarán en la Iglesia hasta el fin de los siglos.

Sin embargo, esos frutos están inutilizados para muchas almas, por falta de obreros santos en mi viña, por falta de celo, de sacrificios, de amor a esas almas.

Pero todo eso se remediará con los sacerdotes transformados en Mí, con mis virtudes y mi santidad, con mi Espíritu mismo, que los impulsará a más y más perfección, y con eso, a más estrecha unión Conmigo, a la consumación de su transformación en Mí.

La Trinidad espera ya los santos frutos de esa unidad de los sacerdotes en Mí, que es precisamente la transformación, porque la transformación unifica; y el fin de todo, el secreto de mi plan, éste es, el más alto, el más puro, el más santo y elevado en perfección; el de la unificación, una y única, en la unidad purísima., fecundísima y santísima, en la Trinidad.


Después de siglos y siglos que para Mí son como un día, quiero perfeccionar esto en mi Iglesia, llevarlo a la quinta esencia de su práctica y perfección, para que le dé a esa amada Iglesia la plenitud de su florecimiento y a las almas un cauce santísimo que las unifique y que las conduzca al cielo”.


"EL CURA DE ARS, SACERDOTE EJEMPLAR" - PARTE 1 -



EL CURA DE ARS, SACERDOTE EJEMPLAR

Nihil Obstat

P. Ignacio Reinares

Vicario Provincial del Perú

Agustino Recoleto


Imprimatur

Mons. José Carmelo Martínez

Obispo de Cajamarca (Perú)


ÁNGEL PEÑA O.A.R.
LIMA – PERÚ





REFERENCIAS
a las notas de pie de página 

P.O. se refiere al Proceso del Ordinario (obispo), realizado entre el 21 de noviembre de 1861 y el 6 de marzo de 1865. Las notas son tomadas del original francés.

Monnin hace referencia el padre Alfred Monnin en su libro Le curé d'Ars. El segundo tomo es de la edición Douniol de 1861 y el primero de la edición de Tequi, Paris, de 1909. Esprit es también del libro Esprit du curé d'Ars del padre Monnin en su edición de Tequi, París, 1975.

Al citar los Procesos apostólicos (Procès apostolique) in genere, continuatif, ne pereant, lo hacemos de acuerdo a la relación de los archivos parroquiales de Ars.

Al citar al padre Raymond, lo hacemos en referencia a su libro Vie de Monsieur Vianney, que está manuscrito en los archivos parroquiales de Ars.

Igualmente, al citar al padre Juan Francisco Renard lo hacemos con relación a su libro Monsieur le curé d'Ars, que está en los archivos del obispado de Belley según su redacción I ó II.

Lassagne, Memoria 3, 2 ó 1, hace referencia a la Memoria tercera, segunda o primera escrita por Catalina Lassagne y que tomamos de la edición Parole et silence del libro Le curé d'Ars au quotidien.

Trochu se refiere al libro de Francis Trochu, El cura de Ars, cuarta edición, Ed. Palabra, Madrid, 1986.

Nodet, se refiere al libro del padre Bernard Nodet La vie du curé d'Ars, sa pensée, son coeur, Ed. Xavier Mappus, Lión, 1958.





INTRODUCCIÓN

La vida del santo cura de Ars es una obra maravillosa de Dios. Él fue un ejemplo para todos, especialmente para los sacerdotes, de quienes es patrono y modelo. Se preocupó por la salvación de sus feligreses, que es y debe ser la primera y principal tarea de todo sacerdote con cura de almas. Él oraba y se disciplinaba por la conversión de sus fieles y de todos los pecadores del mundo entero. También oraba incesantemente por la salvación de las almas del purgatorio.

Los dos pilares fundamentales de su apostolado eran la confesión y la misa, recomendando a todos la confesión y comunión frecuentes.

Fue un sacerdote austero, preocupado por las necesidades de los demás, que oraba por la salud de los enfermos y liberaba a los oprimidos del maligno.

Para evitar llamar la atención, mandaba a los enfermos a hacer novenas a santa Filomena con el fin de que no hablaran de él como un santo que hacía milagros.

No fue brillante humanamente, ni en su porte exterior, ni en su predicación, ni en su inteligencia, pero fue un sacerdote santo y místico que arrastraba a las almas a Dios. Con sólo verlo celebrar la misa, muchos se convertían. Al confesarse con él, todos salían edificados; y en muchos casos hasta les decía cosas ocultas de su vida que nadie podía haberle manifestado y que sólo conocía por revelación sobrenatural de Dios.

Que su vida nos estimule a todos en el camino de la santidad para no dejarnos llevar de la rutina y de contentarnos con una vida cristiana de misa de domingo. Todos podemos y debemos ser santos, pues la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino un deber de todos (Tes 4,3; l Pe l,15-16; Ef 1,4).




PRIMERA PARTE

RESUMEN DE SU VIDA

1. AMBIENTE SOCIAL


La revolución francesa con todas sus nefastas consecuencias para la Iglesia y para los católicos marcó la historia de Francia e influyó directamente en los acontecimientos de la vida de nuestro santo. El 14 de julio de 1789, con la toma de la Bastilla, comienza simbólicamente la Revolución francesa que ya se había gestado años antes. Su lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad darían alas a los revolucionarios para cometer toda clase de excesos.

El dos de noviembre fueron confiscados los bienes de la Iglesia. El 19 de diciembre se pusieron a la venta todas las propiedades eclesiásticas. El 13 de febrero de 1790 quedaron abolidas todas las Órdenes religiosas. El 26 de noviembre de ese año se proclamó la Constitución civil del clero. Los sacerdotes debían jurar fidelidad a esta Constitución bajo pena de muerte. En ella se declaraba odio al rey, se aceptaba que los obispos serían elegidos por el poder político y se reconocía que el Papa no tenía autoridad ninguna en Francia, salvo en cuestiones teológicas, pero no prácticas

La Iglesia francesa se dividió en dos grupos: juramentados (que juraron fidelidad a la Constitución civil del clero) y no juramentados, obedientes al Papa o al poder civil. Los juramentados fueron siete obispos y casi la mitad de los sacerdotes. En Dardilly, el pueblo natal de nuestro santo, el párroco juramentó y lo mismo hizo su sucesor. Los Vianney dejaron de asistir a la iglesia y sólo asistieron a misas celebradas por algún sacerdote perseguido, que celebraba a escondidas en pajares, establos o graneros. Era de nuevo la Iglesia mártir de las catacumbas. En estas circunstancias, la casa de los Vianney se convirtió en lugar de acogida para los perseguidos, sacerdotes o laicos.

Por todas partes de Francia se prohibía el culto religioso, se suprimían los entierros religiosos y las imágenes sagradas eran destruidas. El 10 de noviembre de 1793 la catedral de Notre Dame de París fue convertida en templo de la diosa Razón. Miles y miles fueron asesinados. Sólo en la región de La Vandée masacraron a 120.000 por oponerse a las ideas revolucionarias. En 1799

Napoleón Bonaparte sube el poder por un golpe de Estado y pronto aparecen sus intenciones de querer someter a la Iglesia. Tomó prisionero al Papa Pío VI y lo llevó cautivo a Francia, donde falleció en Valence ese mismo año. Pío VII quiso hacer las paces y en 1801 firmó un Concordato. En él se hablaba de libertad religiosa, pero Napoleón añadió unos artículos orgánicos sin consentimiento del

Papa, donde al igual que en la Constitución civil del clero, sólo reservaba al Papa las cuestiones teológicas, nombrando una Comisión de Asuntos religiosos que debía ordenar todas las cuestiones prácticas de la Iglesia, incluidos los nombramientos de obispos. El Papa tuvo el gesto de coronarlo emperador en

París en 1804, pero él no cedió en sus aspiraciones absolutistas sobre la Iglesia.

En 1808 invadió los Estados Pontificios y el 16 de mayo de 1809 los anexionó al imperio francés. El Papa Pío VII lo excomulgó el 10 de junio de 1809, pero fue arrestado y deportado a Savona y después a Fontainebleau, donde permaneció hasta enero de 1814. Ese año los aliados de Europa derrotaron a Napoleón y entraron en París, obligándolo a abdicar, pero regresó triunfante después de haber estado Cien días recluido en la isla de Elba. Sin embargo, fue de nuevo derrotado el l8 de junio de 1815 en Waterloo e internado en la isla de santa Elena, donde murió 1821.



2. SUS PADRES

Pertenecían a familias cristianas que acogían a los pobres y perseguidos. Su abuelo Pedro Vianney había acogido en 1770 al que sería famoso santo, san Benito Labre (1748-1783), quien escribió a la familia una carta de agradecimiento desde Roma.

En la casa de los Vianney había por las noches alrededor de veinte pobres, a quienes se les daba sopa caliente y alojamiento nocturno. Nuestro santo acompañaba a los pobres al lugar donde iban a pasar la noche y cuidaba de que estuvieran bien abrigados. A continuación, llegaba a casa y limpiaba los restos que habían dejado1. Su hermana Margarita Vianney dice que él les calentaba sus vestidos y después les decía: “Tómenlos, que están bien calentitos”. Y les hacía rezar un padrenuestro y un avemaría2.

Sus padres tenían buena posición económica. Poseían doce hectáreas de cultivo y una hectárea de viña. Tuvieron seis hijos. El cuarto era Juan María. Su madre era muy piadosa y asistía a misa cada mañana con su hija mayor. Después, el pequeño Juan María será su compañero predilecto. Su madre por las mañanas despertaba a sus hijos y les hacía rezar y entregar a Dios su corazón3. Él dirá:

1 Lassagne, Memoria 3, p. 46.
2 Margarita Vianney, P.O., p. 1011.
3 Lassagne, Memoria 3, p. 45.


Después de Dios, todo se lo debo a mi madre. ¡Era tan buena! Jamás un hijo, que ha tenido la dicha de tener una buena madre, debería mirar y pensar en ella sin llorar4. Su padre también era buen cristiano, aunque no tan practicante.



3. SU INFANCIA

Juan María nació el 8 de mayo de 1786 y fue bautizado el mismo día como era costumbre, con el nombre del padrino y tío paterno Juan María Vianney. Desde muy pequeño dio muestras de ser muy religioso. Cuenta su hermana Margarita que, cuando tenía tres años, desapareció sin saber dónde estaba y lo encontró su madre, rezando de rodillas, entre dos vacas. Su madre lo reprendió y él prometió no volver a hacerlo.

Cuando tenía cinco o seis años hacía capillas o iglesias con arcilla. Al toque de las horas, decía la oración que nos había enseñado mi madre: “Dios sea bendito. Ánimo, alma mía, el tiempo pasa y llega la eternidad. Vivamos como debemos morir”. Y rezaba un avemaría... Cuando tocaban a misa, pedía que le guardaran el asno y las dos ovejas que cuidaba para asistir6. Años después recordará: Cuando iba a los campos, hacíamos procesiones y yo siempre hacía de sacerdote... Dirigía las oraciones, cantaba y hasta les predicaba. ¡Qué feliz era cuando iba a los campos y guardaba mi burro y mis ovejas!7.

Su madre le dio una pequeña imagen de madera de la Virgen María y exclamaba: ¡Cuánto amaba yo a aquella imagen! No podía separarme de ella ni de día ni de noche y no hubiera dormido tranquilo, si no la hubiese tenido a mi lado... La Santísima Virgen es mi mayor amor, la amaba antes de conocerla8.

Estuviese donde estuviese, saludaba a María al dar la hora y hacía la señal de la cruz rezando un avemaría. Al terminar se santiguaba de nuevo.

En 1793, en plena época del Terror, con sus siete años, iba al campo a cuidar los animales, colocaba su pequeña imagen en el tronco de un árbol, rodeándola de flores y musgo, y rezaba con fervor. A los ocho años comenzó a trabajar en el campo con los demás. Un día quiso competir con su hermano

Francisco, que era mayor, y terminó rendido de cansancio. Al día siguiente una

4 Toccanier, Proceso apostólico ne pereant, p. 253.
5 Margarita Vianney, P.O., p. 1011.
6 Ibídem.
7 Lassagne, Memoria 3, p. 47.
8 Juana María Chanay, P.O., p. 677.
9 Margarita Vianney, P.O., p. 1013.



religiosa de Lión le dio una imagencita de la Virgen dentro de un estuche.

Cuando fueron a trabajar al campo, Juan María la besó y la colocó delante de él tan lejos como pudo. Cuando llegaba donde estaba la imagen, la tomaba, la besaba y la colocaba otra vez más lejos. Y así lo hizo todo el día. Al llegar a casa, le dijo a mi madre: “Hoy la he invocado todo el día y me ha ayudado. He podido seguir a mi hermano y no me he cansado”10.

En 1795 aprendió a leer y algo de cálculo y escritura con algunas nociones de geografía e historia con un maestro llamado Dumas, que enseñaba en la época de invierno, cuando los niños no iban el campo. El maestro lo puso como ejemplo de comportamiento. Sus mismos padres decían a sus otros hermanos:

Vean cómo es obediente Juan María. Cuando le mandamos algo, lo hace inmediatamente11.



4. PRIMERA COMUNIÓN

En 1797 un sacerdote perseguido, el padre Groboz, pasó por Dardilly se alojó en su casa, confesándolo por primera vez. Él recordaba: Me confesó al pie de un gran reloj. Y cuando me preguntó cuánto tiempo hacía que me había confesado, yo le respondí: “Jamás”12. Las religiosas de san Carlos lo prepararon para la primera comunión, que hizo en 1799 a sus 13 años con otros 16 niños del pueblo. Hizo su primera comunión en Ecully, en casa del conde Pingeon13. Eran tiempos de persecución y por ello los niños llegaron por separado con su traje diario. Ante las ventanas de la casa colocaron grandes carros de hierba y heno y algunos campesinos fingían descargar, mientras adentro se celebraba la misa de primera comunión.

Dice Margarita: Mi hermano estaba tan contento que no quería salir del lugar donde había tenido la dicha de comulgar por primera vez15. Fue para él un día glorioso y, pasados muchos años, les enseñará a los niños de Ars el rosario de su primera comunión.

10 Margarita Vianney, P.O., p. 1011.
11 Ibídem.
12 Lassagne, Memoria 3, p. 48.
13 Margarita Vianney, P.O., p. 1011.
14 Lassagne, Memoria 3, p. 48.
15 P.O., p. 1018.


5. ESTUDIANTE

Su hermana Margarita nos manifiesta: Después de su primera comunión llevó una vida de piedad edificante y deseaba ser sacerdote, pero mi padre le respondía que eran muchos los gastos. Sin embargo, ante tanta insistencia le dio el consentimiento. Para que los gastos fueran menores, le propuso estudiar con el padre Balley, párroco de Ecully. Él estuvo de acuerdo y yo le llevaba todos los sábados lo que necesitaba para toda la semana. El padre Balley estaba contento con él16.

La gramática latina no le entraba. Oraba mucho al Espíritu santo, pero su cabeza parecía dura para el latín. Juan María, viendo que era incapaz de aprender como los otros, tomó una resolución heróica. Hizo voto de peregrinar a pie, mendigando a la ida y al regreso, al sepulcro de san Francisco de Regis (1597- 1640), al santuario de Louvesc para pedir ayuda y poder terminar sus estudios.

Era el año 1806. La distancia era de 100 Kms. Y una mañana se puso en camino después de oír misa y comulgar, pero en el camino nadie quiso ayudarlo ni alojarlo, pensando que era un desertor o un ladrón. Llevaba dinero, pero quería ser fiel a su voto de llegar mendigando. Tuvo que alimentarse de algunas hierbas y dormir al raso. Felizmente alguien le dio unos pedazos de pan y, agotado, llegó a la meta.

Oró con fervor ante la tumba del santo, quien le concedió la gracia en la medida justa y exacta, sólo lo suficiente para que pudiera terminar a duras penas.

En el santuario, el confesor le cambió el voto de mendigar para que pudiera comprarse con su dinero lo necesario para el viaje de vuelta, y así pudo también dar limosna a los pobres. Con esta experiencia dirá años más tarde: Jamás aconsejaría a nadie que hiciese voto de mendigar.

En 1807 fue confirmado con su hermana Margarita por el cardenal Fesch, arzobispo de Lión y tío del emperador Napoleón. Fue confirmado con el nombre de Juan María Bautista por haber escogido como patrono de su confirmación al santo precursor. De aquí en adelante firmará indistintamente como Juan María

Bautista o Juan Bautista María.

16 Margarita Vianney, P.O., p. 1019.

17 María Miard, Proceso apostólico continuativo, p. 837.


6. DESERTOR

En 1809 recibe la orden de incorporarse a filas. Se creía que por ser seminarista estaba exento, pero el caso es que el aviso llegó a Dardilly y de allí a Ecully donde vivía. Estaba destinado al frente de España.

Juan María iba a cumplir los 24 años y en estudios estaba al nivel de uno de quince. Parecía que sus esperanzas de ser sacerdote quedaban frustradas. Su padre quiso conseguir un sustituto de acuerdo a la ley vigente, pero el joven que había aceptado 3.000 francos, a los tres días se retractó y Juan María fue obligado a partir.

El 26 de octubre de 1809 llegó al cuartel como recluta. Malos recuerdos le quedaron de esos días por la mala conducta de sus compañeros y sus blasfemias. Después de dos días, enfermó gravemente y tuvo que ir al hospital general de Lión. Recordando aquellos días, dirá: No comí en la milicia más que un pan de munición.

Durante los quince días que estuvo en el hospital fueron a visitarlo el padre Balley y sus familiares. El día 12 de noviembre, al salir del hospital, debir con un contingente de soldados de Lión a Roanne para continuar sus ejercicios militares. Como estaba muy débil, los siguió en un coche. De nuevo recayó con fiebre alta y otra vez tuvo que ingresar al hospital de Roanne, donde fue atendido por las religiosas agustinas. Allí estuvo seis semanas.

El 5 de enero de 1810 el capitán de reclutas Blanchard le comunicó que, al día siguiente, debía salir con un destacamento hacia la frontera española, debiendo presentarse esa misma tarde para recoger la hoja de ruta. Salió del hospital antes de la hora y en el camino entró en una iglesia a rezar. Pero las horas se le pasaron sin enterarse y, cuando llegó a la puerta de la oficina, ya estaba cerrada. Al día siguiente, debía salir del hospital y unirse al destacamento, aunque no estaba totalmente restablecido. Él recuerda: Las religiosas se ofrecieron a ocultarme, pero les dije: “Hay que obedecer la ley”. Ellas me acompañaron hasta la puerta y, llorando, me despidieron.

Primero fue a la oficina de reclutamiento, pero su destacamento ya había partido y por ello le amenazaron con represalias. Le dieron la hoja de ruta para que los alcanzara y se puso en camino. Él dice: Tomé mi rosario y lo recé con un

18 Margarita Vianney, P.O., p. 1020.
19 Lassagne Catalina, Proceso apostólico in genere, p. 103.
20 Fray Atanasio, Proceso apostólico in genere, p. 196.
21 Padre Raymond, P.O., pp. 1436-1437.


fervor como nunca antes. Después de caminar mucho entré en un pequeño bosque. Estaba muy fatigado, me quité el saco y reposé unos momentos, poniéndome bajo la protección de la Virgen. De pronto, llegó un desconocido

que me dijo: “¿Qué haces aquí? Ven conmigo”. Él tomó mi saco que era pesado y yo lo seguí. Caminamos por largo tiempo a través del bosque y de las montañas durante la noche. Yo estaba muy cansado22.

El desconocido lo llevó a una choza de un tal Agustín Chambonière. Le dieron de comer y le dejaron dormir en la única cama que había en casa. Durmió profundamente y se restableció bastante. Durante dos días trabajó aserrando troncos de haya. Después tuvo que ir a buscar trabajo y se dirigió a Pont y luego a Robins, donde solicitó ser maestro de escuela. El alcalde de Nöes, Paul Fayot, lo alojó en casa de su prima Claudina Fayot, viuda de 38 años con 4 hijos. Para despistar, se convino en que se llamaría en adelante Jerónimo Vincent.

Al principio debía ocultarse en el establo durante el día y sólo en la noche salía a tomar aire y pasear. Durante las ocho primeras semanas le llevaban la comida dentro de un cubo de madera como se usaba para los animales. Él, por su parte, les hablaba a los de casa sobre Dios y les leía vidas de santos y, muy pronto, se ganó el corazón de todos los que lo conocieron. Al tranquilizarse la situación, comenzó a dar clases como maestro a los niños de Robins, aunque todavía no bajaba al pueblo de Nöes para la misa. Poco a poco se atrevió a ir entre semana y, cuando conoció al párroco, también lo hizo los domingos, comenzando también a trabajar en las duras tareas del campo para ayudar a la familia.

El 25 de marzo de 1810 el emperador publicó una amnistía con motivo de su próximo matrimonio (dos de abril) con la archiduquesa María Luisa de Haugsburgo. Esta gracia era para los desertores de las quintas de 1806 a 1810 y a él le correspondía. Para recibirla debía ponerse a disposición de las autoridades en los próximos tres meses. Él no se presentó, según le aconsejaron, y por tanto no recibió la amnistía.

A mediados de ese año 1810 la señora Fayot fue, por recomendación médica, a las aguas minerales de Charbonnières-les-Bains, muy cerca de su pueblo de Dardilly, y él le dio una carta para sus padres. Su padre estaba enojado por todos los disgustos que le daban las autoridades por tener un hijo desertor.

Felizmente la situación se arregló cuando su hermano menor François acepto reemplazarlo, pero había que arreglar papeles. Por fin todo se solucionó y pudo

22 Lassagne, Memoria 3, p. 51.
23 Jerónimo Fayot, P.O., p. 1317.


regresar a su casa a primeros de enero de 1811. Los habitantes de Robins y Nöes, que lo estimaban, le dieron algunos regalos y hasta le obsequiaron una sotana nueva para ver cómo le quedaría cuando fuera sacerdote, pues todos, al conocer su piedad y su deseo, pensaban que llegaría a serlo.

... 



ORACIONES PARA BENDECIR LA MESA Y LOS ALIMENTOS QUE SE VAN A COMER -



El cristiano, antes y después de comer, tanto si lo hace solo como si comparte los alimentos con otros hermanos, da gracias a Dios providente por los manjares que cada día recibe de su bondad. No deja de recordar, además, que el Señor Jesús unió el sacramento de la Eucaristía al rito de un banquete y que, una vez resucitado de entre los muertos, se manifestó a los discípulos al partir el pan.

El cristiano, cuando se sienta a la mesa, reconociendo en los manjares que le dan una señal de la bendición de Dios, no debe echar en olvido a los pobres que posiblemente carecen del sustento del que él, quizás, disfruta en abundancia. Por eso debe, con su sobriedad, subvenir en la medida que le sea posible a la necesidad de aquellos.


Señor Dios, que nuestra mesa sea lugar de intercambio fraterno, de afecto humano, de consuelo recíproco y de agradecimiento por todos tus dones. Tú estás presente entre nosotros porque eres el Amor, bendito por los siglos de los siglos.
Amén.


Señor, bendice estos alimentos que recibimos de tu generosidad. Da pan a los que tienen hambre y hambre de Dios a los que tienen pan.

Bendito seas, Señor por esta comida que vamos a compartir y que es signo de paz, de alegría y fraternidad. Amén.

Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a tomar. Haz que no les falte el pan a los que pasan hambre. Amén.

Bendice, Señor, a cuantos hoy comemos este pan; bendice a cuantos lo hicieron y a cuantos no lo tendrán. Amén

Bendícenos, Señor, y bendice los alimentos que vamos a tomar para mantenernos en tu santo servicio. Amén.

Bendícenos, Señor, y bendice nuestros alimentos. Bendice también a quienes nos los han preparado, y da pan a los que no lo tienen.

Bendice, Señor, a cuantos hoy comemos este pan Bendice a quienes lo hicieron y haz que juntos lo comamos en la mesa celestial.

Señor, bendice estos alimentos que recibimos de tu generosidad
Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor
Amén.

Bendícenos, Señor, a nosotros y bendice estos alimentos que vamos a tomar y haznos partícipes de la mesa celestial. Amen.

El Niño Jesús que nació en Belén Nos bendiga la comida y a nosotros también

V. Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar. Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.
V. El Rey de la Gloria nos haga partícipes de la mesa celestial.
R. Amén

Padre, siéntate con nosotros a la mesa.
bendícenos a todos y acompaña nuestro día.
Gracias Señor.

Vivimos contigo,
Disfrutamos contigo,
Comemos contigo.
Padre, rodéanos con tu espíritu
Y enséñanos a contagiar tu amor.

Señor Jesús,

Tú que eres nuestro Pan de Vida
te pedimos que derrames hoy tu bendición
sobre esta mesa y estos alimentos
que nos has querido dar en tu bondad.
Tú que naciste en una familia humilde y trabajadora,
que conociste la fatiga y la lucha por el sustento diario,
ayúdanos a confiar en la Providencia del Padre
para que seamos capaces de compartir
los bienes que nos regalas con quienes más lo necesitan.
Tú que te sentaste a la mesa de los pobres y de los pecadores,
danos el don de la hospitalidad,
para recibir en nuestras vidas a los más pequeños,
a los que tiene hambre y sed de justicia, de cariño y de paz.
Te damos gracias Señor por tantas bendiciones,
por confiarnos estos dones que habremos de recibir
en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre, tú hiciste todas las cosas que son buenas.
Que ahora, que compartimos estos dones de la creación, seamos conscientes de tu presencia constante en nuestras vidas.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.
Amén.

Padre, tu nos llamas a estar juntos en esta mesa y has proveído estos alimentos.
Que esta comida fortalezca nuestras mentes y cuerpos para que podamos hacer tu trabajo eficientemente.
Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.
Amén

Bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a recibir; bendice las manos que los prepararon, da otro tanto a los que nada tienen y concede tu paz y tu justicia a nuestra Patria. Amén.

Señor Dios, que nuestra mesa sea lugar de intercambio fraterno, de afecto humano, de consuelo recíproco y de agradecimiento por todos tus dones. Tú estás presente entre nosotros porque eres el Amor, bendito por los siglos de los siglos.
R. Amén.



ORACIÓN PARA BENDECIR LOS ALIMENTOS DEL PADRE PÍO

Oh Jesús, tú que provees y alimentas a las aves del aire, provee y aliméntanos también a nosotros, que no sabemos ni sembrar, ni segar ni recoger.

Ven, bendice nuestro alimento y dáselo también a los que no lo tienen. Amén



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Un restaurante de EE.UU. ofrece 15% de descuento
si los clientes oran en público por la comida


Un gesto espontáneo de un restaurante que es muy bien recibido.

En la ciudad de Wiston-Salem, en Carolina del Norte, EE.UU, un restaurante da 15% de descuento en la factura a quienes oren en público antes de comer, según su sitio en Facebook y según el documento gráfico de este artículo.

El propio restaurante no había publicitado esto, sino que lo hacía cada vez que veía a alguno orando antes de comer, pero fue tal la sorpresa de los clientes que oraban antes de comer, cuando recibían la cuenta, que lo comenzó a promocionar en Facebook.

Después de un recibo que mostraba un descuento del 15 por ciento por “Orar en público”, se hizo famoso que un restaurante de Winston-Salem,da el descuento todo el tiempo para los clientes que oren por sus comidas.

El mensaje de Facebook del recibo de Mary’s Gourmet Diner rápidamente recibió miles de ‘me gusta’ y el restaurante llevó a su propia página la explicación:

“Sí, si le vemos a usted en oración, usted obtiene 15% de descuento en su factura”.

Jordan Smith, la mujer que tomó la foto que fue compartida en la página de Facebook de una estación de radio cristiana de Orlando, dijo que estaba “definitivamente sorprendida” por el descuento de de 15 por ciento.

Smith dijo a HLN televisión que ella y otras tres personas en su mesa

“hablaron de lo maravilloso que es y que cosa divertida lo que hacen los dueños del negocio”.

Ella dijo que su grupo en el restaurante, simplemente,

“oró por nuestra comida y la camarera llegó a la final de la comida, y dijo: ‘Para que lo sepan, les dimos un descuento del 15% por la oración’”.

Smith dijo que nunca había visto ni oído hablar de un descuento por “Orar en público” antes. Señaló que las miles de me gusta en Facebook fueron una sorpresa.

“Con honestidad lo puse en mi página de Facebook y ha sido muy divertido ver adónde se ha ido la repercusión”, dijo Smith.

En su propia página de Facebook, de María’s Gourmet Diner ha colocado:

“¡Gracias! Nos vendrían bien algunas de las bendiciones! ¡¡¡¡¡¡”

María’s Gourmet Diner está en la Trade Street y se llamaba antes, “Breakfast of Course”.

Muy interesante y loable, y aquí adjuntamos una serie de oraciones para las comidas, porque es bien sabido que es una costumbre en desuso que los cristianos oren dando gracias por los alimentos.

Oraciones en la mesa para cada tiempo litúrgico

Oraciones para cada día de la semana en la mesa

Oraciones para después de comer

Oraciones para bendecir la mesa y los alimentos que se van a comer

La oración de los Redentoristas para bendecir la mesa para cada día del mes


Fuentes: Charlotte CBS Local, Signos de estos Tiempos

FUENTE: forosdelavirgen.org/


¿CÓMO DETECTAR A UN FALSO SACERDOTE?


Por "Hermanos sacerdotes contactos del p Daniel Gagnon, omi"


Lobos con piel de oveja

Lo primero que debemos tener en cuenta es que, como todos los estafadores, la mayoría de los falsos sacerdotes suelen ser simpáticos, convincentes y hábiles; aparentan ser buenas personas con la finalidad de cumplir su cometido: obtener dinero de forma fácil, valiéndose de la buena fe de la gente. Por lo general ofrecen sus servicios mediante referencias o tarjetas de presentación que ellos mismos distribuyen en gran cantidad, manifestando una gran disponibilidad y ofreciendo todas las facilidades posibles.


Su campo de acción

Suelen aparecer en momentos difíciles de la vida; por ejemplo, cuando los fieles se encuentran afectados por la pérdida de un ser querido. También se acercan a aquellas personas a las que en su parroquia les fue negado un servicio religioso, por existir alguna irregularidad o por no querer cumplir con los requisitos que se les piden para la celebración de un sacramento, o a quienes quieren hacerlo fuera de los lineamientos establecidos por la Iglesia, como realizar un casamiento en la playa o en un salón de fiestas. No debemos olvidar que los sacerdotes católicos tienen prohibido casar, bautizar y en general, oficiar misas fuera de la parroquia o en un templo público reconocido, salvo cuando se trata de una Misa de cuerpo presente en la capilla de un velatorio público o de la Misa de una comunidad más grande en ocasiones significativas como la festividad de la Virgen de Guadalupe: en fábricas, vecindades o vecinos de toda una calle. Los falsos sacerdotes también acostumbran visitar algunas casas o empresas, donde solicitan donativos para alguna casa hogar, orfanato o asilo inexistentes. En algunos casos también llegan a ofrecer sus servicios a los propios sacerdotes para ayudarlos en su fiesta parroquial o en Semana Santa.


La invalidez de los sacramentos

Los falsos sacerdotes encuentran una mina de oro en aquellas personas que desean casarse por segunda, tercera o cuarta vez, sin haber recibido la declaración de nulidad de sacramento de su primer Matrimonio, o que buscan tener la celebración de algún sacramento en la playa, yate, jardín, salón de fiestas, etc. En estos casos, sus servicios llegan a estar acompañado de un “paquete completo de fiesta” que incluye: celebración del sacramento, carpas, sillas e incluso el banquete. Algunas de las personas que lo solicitan están conscientes de que el sacramento que van a recibir también es falso, pero otras no lo saben y suelen llevarse una gran sorpresa cuando se percatan de que el acta de Matrimonio o de Bautismo no tiene validez ante la Iglesia Católica.


¿Quiénes son los falsos sacerdotes?

Un gran porcentaje de ellos se compone de personas que estudiaron para servir a la Iglesia a través del ministerio sacerdotal, pero que por razones diversas fueron expulsadas del Seminario. Otros fueron sacristanes en algún momento de su vida y otros más simplemente vieron la oportunidad de obtener dinero fácil a costa de la buena fe de las personas. Todos ellos conocen las partes de las celebraciones litúrgicas e incluso llegan a engañar a los verdaderos sacerdotes.


Medidas preventivas

1. Acudir a nuestra parroquia para que nos orienten sobre los requisitos necesarios para la celebración de los sacramentos.

2. En caso de la pérdida de un familiar, acudir a la parroquia más cercana al velatorio o a nuestra propia parroquia para solicitar los servicios correspondientes. En algunos casos los responsables de los velatorios están en complicidad con los falsos sacerdotes, pues suelen darles una comisión.

3. Nunca aceptar a los sacerdotes que se dan a conocer con tarjetas de presentación o que ofrecen servicios a domicilio o por medio de “paquetes completos”.

4. Exigir al sacerdote la credencial expedida por la diócesis correspondiente.(...)

5. Recordar que si no es posible encontrar un sacerdote católico más vale no tener la celebración en ese momento, porque las misas o sacramentos que los falsos sacerdotes celebran son una burla a la fe de los fieles, ya que no tienen ninguna validez.


LA ESCALA ESPIRITUAL SAN CLÍMACO - PARTE 3 -


"LA ESCALERA DEL DIVINO ASCENSO"
DE SAN JUAN CLÍMACO


(Con anotaciones de Fr. Luis de Granada)



Capitulo V:

Escalón quinto, de la penitencia.

Penitencia es una manera de renovación del Santo Bautismo. Penitencia es comprador de humildad. Penitencia es repudio perpetuo de consolación corporal. Penitencia es un corazón descuidado de sí mismo por el continuo cuidado de satisfacer Dios, el cual siempre se está acusando y condenando. Penitencia es hija de la esperanza, y destierro de la desesperación. Penitencia es reo libre de confusión, por la esperanza que tiene en Dios. Penitencia es reconciliación del Señor, mediante las buenas obras contrarias los pecados. Penitencia es purificación de la conciencia. Penitencia es sufrimiento voluntario de todas las cosas que nos pueden dar pena. Penitencia es oficial de trabajos y tormentos propios. Penitencia es una fuerte aflicción del vientre, y una vehemente aflicción y dolor del alma.

Todos los que habéis ofendido Dios, venid de todas partes, y juntaos, y oíd, y contaros he cuan grandes cosas para edificación vuestra descubrió Dios mi alma. Pongamos en el primero y mas honrado lugar de esta narración las obras penitenciales de aquellos venerables trabajadores que voluntariamente tomaron estado y habito de siervos amenguados. Oigamos, miremos, y obremos los que fuera de nuestra esperanza caímos, conforme lo que viéremos en este dechado. Levantaos y asentaos los que por la culpa de vuestras maldades estáis caídos, y oíd atentamente todas mis palabras, inclinad vuestros oídos los que deseáis por verdadera conversión volveros Dios.

Pues como oyese yo, pobre y falto de virtud, que era grande y muy extraño el estado y humildad de aquellos santos penitentes que moraban en aquel Monasterio apartado, que se llamaba Cárcel, de que arriba hicimos mención, el cual estaba cerca del otro Monasterio mas principal, rogué aquel santo Padre me hiciese llevar allá, para ver lo que allí pasaba. Concedióme l esto benignamente, no queriendo entristecer mi alma en alguna cosa.

Pues como yo viniese al Monasterio, por mejor decir, la Religión de los que lloran, vi ciertamente, si es licito decir, cosas que el ojo del negligente no vio, y la oreja del descuidado no oyó, y en el corazón del perezoso no cupieron: vi, digo, palabras, ejercicios, y cosas poderosas para hacer fuerza Dios, y para inclinar su clemencia con gran presteza. Porque algunos de aquellos santos reos vi estar las noches enteras al sereno velando hasta la mañana. Y cuando eran combatidos y cargados de sueño, hacían fuerza la naturaleza, sin querer tomar descanso; antes se reprehendían y injuriaban sí mismos; y así también despertaban los otros sus compañeros, mirando al cielo dolorosamente, y pidiendo de allí el socorro con gemidos y clamores.

Otros vi que estaban en la oración atadas las manos atrás, manera de presos y reos, inclinando hacia la tierra sus rostros amarillos, decían voces que no eran dignos de levantar los ojos al cielo, ni hablar con Dios en la oración, por la confusión de su conciencia; diciendo que no hallaban ni de qué ni como hacer oración, y así ofrecían Dios sus animas calladas y enmudecidas, llenas de tinieblas y confusión, Otros vi que estaban asentados en el suelo, cubiertos de ceniza y de cilicio, escondido el rostro entre las rodillas, dando en tierra con la frente. Otros vi estar siempre hiriéndose en los pechos, los cuales parecía que arrancaban el alma del cuerpo con grandes suspiros. Entre estos había algunos que rociaban el suelo con lagrimas, y otros que miserablemente se lamentaban porque no las tenían. Muchos de ellos daban grandes alarido sobre sus animas (como se suele hacer sobre los cuerpos de los muertos) no pudiendo sufrir el angustia de su espíritu.

Otros había que bramaban en lo intimo de su corazón, reteniendo dentro de sí el sonido de los gemidos: y algunas veces no pudiendo contenerse, súbitamente reventaban dando voces. Vi allí algunos que en la figura del cuerpo, y en los pensamientos, y en las obras parecía que estaban como alienados y atónitos, y hechos como mármoles por la grandeza del dolor, cubiertos de tinieblas, y vueltos casi insensibles para todas las cosas de esta vida; los cuales habían ya sumido sus animas en el abismo de la humildad, y secado las lagrimas de los ojos con el fuego de la tristeza. Otros vi estar allí asentados en tierra, tristes, abajados los ojos, y meneando muchas veces las cabezas, y arrancado gemidos y bramidos, manera de leones, de lo intimo de su corazón.

Entre estos había algunos que llenos de esperanza, buscando la perfecta remisión de sus pecados, hacían oración. Otros con una inefable humildad se tenían por indignos de perdón, diciendo que no eran bastantes para dar cuenta de sí Dios. Unos había que pedían ser Aquí atormentados, porque en la otra vida hallasen misericordia: y otros había que cargados y quebrantados con el peso de la conciencia, decían que les bastaría ser librados de los tormentos eternos, aunque no gozasen del Reino de Dios, si esto fuera posible.

Vi allí muchas animas humildes y contritas, y con el grande peso de la penitencia inclinadas y abajadas al suelo, las cuales hablaban y decían tales palabras Dios, que pudieran con ellas mover compasión aun las mismas piedras; porque de esta manera, puestos los ojos en tierra, decían: Sabemos muy bien, sabemos que de todos los tormentos y penas somos merecedores, y con mucha razón; porque no somos bastantes para satisfacer por la muchedumbre de nuestras deudas, aunque juntásemos todo el mundo que rogase por nosotros. Y por tanto solo esto pedimos, solo esto oramos, por solo esto con toda la atención de nuestro animo, Señor, te suplicamos que no nos arguyas en tu furor, ni nos castigues con tu ira, ni nos atormentes conforme las justísimas leyes de tu juicio, sino mas blanda y misericordiosamente. Porque ya nos contentaríamos con quedar libres de aquella espantosa y terrible amenaza tuya, y de aquellos tormentos ocultos y nunca vistos ni oídos; porque no osamos pedirte que del todo seamos libres de trabajos y penas. Porque con que rostro, o con qué animo nos atreveremos a esto, habiendo quebrantado nuestra profesión, y ensuciándola después de aquel primero y misericordiosísimo perdón?

Allí por cierto, o dulcísimos amigos, allí veréis las palabras de David puestas por obra [52]: veréis unos hombres cargados de tribulaciones y miserias, y encorvados continuamente, andar tristes todos los días, echando hedor de los cuerpos ya medio podridos con el mal tratamiento que les hacían: los cuales como vivían sin cuidado de su propia carne, a veces se olvidaban de comer su pan, y otras lo juntaban con ceniza, y mezclaban el agua con gemidos. Los huesos se le habían pegado a la piel, y ellos se habían secado como heno. No oiréis entre ellos otras palabras sino estas: Ay, ay miserable de mí! miserable de mí! justamente, justamente. Perdona, Señor: perdona Señor. Y otros decían: Apiádate, apiádate, Señor. Muchos de ellos veréis allí que tenían las lenguas sacadas a fuera, a manera de perros sedientos: otros que se estaban atormentando y quemando al resistidero del sol; y otros por el contrario, que se afligían con muy recio frió. 

Otros había que gustaban un poquitico de agua por no secarse de sed, y con solo esto se contentaban, sin beber todo lo que les era necesario. Otros asimismo comían un poquito de pan, y arrojaban lo demás, diciendo que no eran merecedores de comer manjar de hombres, pues habían vivido como bestias.

Entre tales ejercicios qué lugar podía tener allí la risa, la palabra ociosa, la ira? el furor? Apenas sabían si entre los hombres había ira; en tanta manera el oficio de llorar había apagado en ellos la llama del furor. Dónde estaba allí la porfía? dónde el alegría desordenada? dónde la vana confianza? dónde el regalo y cuidado del cuerpo? dónde siquiera un humo de vanagloria? dónde la esperanza de deleites? dónde la memoria del vino? dónde el comer de las frutas? y el regalo de la olla cocida? y el apetito y deleites de la gula? De todas estas cosas no había allí memoria ni esperanza. Mas por ventura acongojábalos el cuidado de alguna cosa terrena? Mas por ventura entendían en juzgar allí los hechos de los hombres? Nada de esto hallaréis allí; sino todo su estudio era llamar al Señor, y sola la voz de la oración entre ellos se oía.

Unos había que hiriendo fuertemente los pechos, como si ya estuvieran las mismas puertas del cielo, decían al Señor: Ábrenos, piadoso juez, la puerta: ábrenos, ya que nosotros con nuestros pecados la cerramos. Otro decía: Muéstranos, Señor, tu rostro, y seremos salvos. Otro decía: Aparece, Señor, estos pobrecillos que están en tinieblas de muerte. Otro decía: Presto, Señor, seamos prevenidos con vuestras misericordias; porque estamos muy empobrecidos. Algunos otros decían: Por ventura el Señor tendrá por bien enviar su luz sobre nosotros? por ventura nuestra alma ha llegado ya acabar de pagar esta deuda intolerable? Por ventura volverá el Señor otra vez tener contentamiento de nosotros, le oiremos alguna vez decir los que están presos: Salid libres; y los que están asentados en el infierno de las tinieblas: Recibid luz?

Tenían la muerte siempre ante los ojos, y unos otros preguntaban y decían: Qué os parece que será, hermano? qué fin será el nuestro? qué sentencia será aquella? Por ventura nuestra oración ha podido llegar ya ante la presencia del Señor, ha sido con razón desechada y confundida de él? Y si llegó él, qué tanto pudo? cuánto le aplacó? cuánto aprovechó? cuánto obró? porque salida de cuerpos y labios tan sucios, poca fuerza había ella de tener. Por ventura los Ángeles de nuestra guarda habrán ya acercándose nosotros, están todavía lejos? Pues si ellos no se nos acercan inútil y sin fruto será todo nuestro trabajo; porque no tendrá nuestra oración ni virtud de confianza, ni alas de limpieza con que pueda llegar Dios, si los Ángeles que tiene cargo de nosotros no lo toman y se la ofrecen.

Algunas veces se preguntaban unos otros, y decían: Por ventura aprovechamos algo, hermanos? por ventura alcanzaremos lo que pedimos? por ventura nos recibirá el Señor, y nos recogerá en su seno como antes? A esto respondían los otros: Quien sabe, hermanos, como dijeron los Ninivitas 53], si el Señor revocará su sentencia, y alzará la mano de su azote de nosotros? Nosotros lo menos no dejemos de hacer lo que es de nuestra parte: si él nos abriere la puerta, bien está; y si no, bendito sea él que justamente nos la cerró. Nosotros perseveremos llamando hasta el fin de nuestra vida, para que vencido él con nuestraperseverancia, nos abra la puerta de su misericordia: porque benigno es y misericordioso. Con estas y otras semejantes palabras se despertaban incitaban al trabajo, diciendo: Corramos, hermanos, corramos; porque necesario es correr, y mucho correr; pues caímos de aquel tan alto estado de nuestra compañía. Corramos, hermanos, y no perdónenos esta sucia y mala carne, sino crucifiquémosla, pues ella primero nos crucificó. Esto es lo que aquellos bienaventurados decían y hacían.

Tenían hechos callos en las rodillas del continuo uso de la oración, los ojos estaban desfallecidos y hundidos dentro de sus cuencas, y los pelos de las cejas caídos. Las mejillas tenían embermejecidas y quemadas con el ardor de las lagrimas hervientes que por ellas corrían. Las caras estaban flacas y amarillas, y como de muertos. Los pechos tenían lastimados con los golpes que en ellos se daban; y algunos les salía la saliva de la boca mezclada con sangre. Dónde estaba allí el regalo de la cama, y la curiosidad de las vestiduras? Todo estaba roto, y sucio, y cubierto de piojos y pobreza. Qué comparación hay entre estos trabajos y los de aquellos que son Aquí atormentados de los demonios, de aquellos que lloran sobre los muertos, de los que viven en destierro, la pena de los parricidas y malhechores? Todos estos tormentos que contra su voluntad padecen los hombres, son muy pequeños, comparados con las penas voluntarias que estos santos padecían. Mas píos, hermanos, que no tengáis por fabuloso esto que Aquí decimos.

Rogaban estos santos varones algunas veces aquel gran juez, al pastor digo, del Monasterio (que era un Ángel entre hombres) que les mandase echar cadenas de hierro al cuello y las manos, y los metiese de pies en un cepo, y no los sacase de allí hasta que los llevase la sepultura.

Mas cuando se llegaba ya la muerte, era cosa terrible y lastimera verlo que allí pasaba; porque cuando veían uno estar ya para espirar, mientras tenía el juicio entero, se ponían los otros al derredor de él llorando, y con un habito y figura miserable, y muy mas tristes palabras meneaban las cabezas, y preguntaban al que partía, diciéndole: Qué es eso, hermano? cómo se hace contigo? qué dices? qué esperas? qué sospechas? alcanzaste lo que con tanto trabajo buscabas? llegaste donde deseabas? has conseguido tu esperanza? tienes firme confianza en Dios; estás aun todavía vacilando? alcanzaste verdadera libertad de espíritu? sentiste por ventura alguna luz en tu corazón; estás aun todavía lleno de tinieblas y confusión? ha sonado en tus oídos aquella voz de alegría que pedía David [54]; por ventura te parece que oyes la otra que dice: Vayan los pecadores al infierno [55]: , Atado de pies y manos echadle en las tinieblas exteriores: , Sea quitado el malo, para que no vea la gloria de Dios [56]? Qué dices, hermano? Dinos, roigámoste, para que por este medio podamos conjeturar lo que nos está aparejado: porque tu plazo ya es llegado, y nunca lo volverás mas recobrar; pero nuestra causa está pendiente.


A esto respondían unos, diciendo[57]: Bendito sea el Señor, que no permitió que cayésemos en los dientes de nuestros enemigos. Otros gimiendo, decían: Por ventura pasará nuestra alma el agua intolerable, y el encuentro de los espíritus de este aire? Lo cual decían ellos, considerando cuan incierto sea, y cuan terrible, y cuan para temer aquel divino juicio. Otros mas tristemente respondían, diciendo: Ay de aquella alma que no guardó su profesión entera y limpia; porque en esta hora entenderá lo que le está aparejado.

Pues como yo viese y oyese estas cosas, poco faltó para no caer en alguna grande desesperación, poniendo los ojos en mi regalo y negligencia, y comparándola con la aflicción de aquellos santos. Pues cual era, si pensáis, la figura y manera del lugar donde estaban. Toda era oscura, hedionda, sucia, y desgraciada: y finalmente tal merecía bien el nombre que tenía la Cárcel. De manera que la figura sola del lugar era maestra de lagrimas y de perfecta penitencia quien quiera que la mirase.

Mas sin duda las cosas que otros parecen dificultosas y imposibles, se hacen fáciles y agradables los que se acuerdan de como cayeron de la virtud y riquezas espirituales que poseían. Porque el alma que despojaba de la primera vestidura de la caridad, cayó de la esperanza que tenía de alcanzar aquella bienaventurada paz y tranquilidad, y perdió el sello de la castidad, y fue despojada de las riquezas de la gracia, y de la divina consolación, y quebrantó aquel asiento que con Dios tenía capitulado, y secó aquella hermosísima fuente de lagrimas; cuando se acuerda de tan grandes pérdidas como estas, es herida y compungida con tan extraño dolor, que no solo recibe con toda alegría y esfuerzo estos trabajos que dijimos, mas aun procura crucificarse y despedazarse con la violencia de estos ejercicios, si en ella queda alguna centella viva de verdadero temor y amor de Dios.

Y tales eran por cierto las animas de estos bienaventurados: los cuales revolviendo en su corazón la alteza de la virtud y estado de donde habían caído, Acordámonos, decían, de la felicidad de aquellos días antiguos, y de aquel fervor de espíritu con que servíamos a Dios. Y así clamaban al Señor, diciendo [58]: Dónde están aquellas antiguas misericordias tuyas, las cuales tan de verdad tuviste por bien mostrar a nuestras animas? Acuérdate, Señor, de la mengua y trabajo de tus siervos. Otro con el santo Job decía [59]: Quién me pusiese ahora en aquel estado en que yo viví los primeros días, en los cuales me guardaba Dios, cuando resplandecía la candela de su luz sobre mi corazón, y con ella andaba yo entre tinieblas! De esta manera trayendo a la memoria sus antiguas virtudes y ejercicios, lloraban como unos niños, diciendo: Dónde está aquella pureza de oración? dónde aquella confianza con que iba acompañada? dónde aquellas dulces lagrimas que ahora se nos han vuelto en amargura? dónde la esperanza de aquélla purísima y perfectísima castidad, y de aquella beatísima quietud que esperábamos alcanzar? dónde aquélla fe y lealtad para con nuestro pastor? dónde aquélla oración que hacíamos tan eficaz y tan poderosa? Perecieron todas estas cosas, y como si nunca fueran vistas, desfallecieron. Y diciendo estas cosas con grandes lamentaciones y gemidos, unos rogaban al Señor que entregase sus cuerpos todos los trabajos, para que fuesen atormentados en esta vida: otros que les diese algunas grandes enfermedades: otros que los privase de la vista de los ojos, y que quedasen hechos un espectáculo miserable todos; otros que viniesen ser toda la vida contrahechos y mendigos, con tal que fuesen librados de los tormentos eternos.
Único. Prosigue la materia de la penitencia, dando muchos documentos de ella.

Yo, Padres míos, no sé como me dejé estar muchos días entre aquellos santos penitentes; y arrebatado y suspenso en la admiración de cosas tan grandes, no me podía contener. Mas volviendo al propósito de donde salí, después de haber estado treinta días en aquel lugar, volvíme con un corazón casi para reventar al principal Monasterio; y aquel gran Padre; el cual como vio mi rostro tan demudado, y casi como atónito, entendiendo él la causa de esta mudanza, díjome:

Qué es esto Padre Juan? Viste las batallas de los que trabajan? Al aquel yo dije: Vi Padre; vi, y quedé espantado, y tengo por mas dichosos los que sí se lloran después de haber caído, que los que nunca cayeron, y no se lloran sí; pues aquellos sus caídas les fueron ocasión de una segurísima y beatísima resurrección. Así es por cierto, dijo él; y añadió mas aquella sancta y verdadera lengua.

Estaba aquí, habrá diez años, un Religioso muy solicito y diligente, y tan grande trabajador , que como yo le viese andar con tanto fervor, comencé haber miedo la envidia del demonio, y temer no tropezase en alguna piedra el que tan ligeramente corría: lo cual suele acaecer los que caminan aprisa. Y así fue como yo lo temía. Veis Aquí pues donde se viene mí, y desnúdame su herida, busca el emplasto, pide cauterio, y angustiase grandemente. y veo que el Medico no quería tratarle rigurosamente, porque la culpa era digna de misericordia, echóse en el suelo, y tomóle los pies, y regándolos con muchas lagrimas pidió que le condenase aquella cárcel, diciendo que era imposible dejar de ir ella. Para qué mas palabras? Finalmente acabó con su fuerza que la clemencia del Medico se convirtiese en dureza: que es cosa desacostumbrada y mucho para maravillar en los enfermos. Corre pues este lugar, y añádase por compañero de los que lloraban, y hácese participante de su tristeza, y herido gravemente en el corazón con el cuchillo del dolor, el cual había afilado el amor de Dios, tan grande pena recibió por haberle ofendido, que ocho días después que allí estuvo dic el espíritu al Señor. Al cual yo como merecedor de toda honra traje este Monasterio, y lo sepulté en el cementerio de los Padres. Y no faltó quien el Señor descubrió que aun no se había levantado de mis viles y sucios pies, cuando el misericordioso Señor le había perdonado. Lo cual no es mucho de maravillar; porque tomando él en su corazón aquella misma fe, esperanza y caridad de la pública pecadora, con las mismas lágrimas regó mis viles pies; con las cuales también alcanzó este mismo perdón este mismo perdón. Ya me ha acaecido ver en este mundo algunas animas sucias, que servían los amores del mundo casi hasta perder el seso; las cuales tomando ocasión de penitencia de la experiencia de este amor, trasladaron todo su amor en Dios, y abrazándole con una insaciable caridad, alcanzaron perdón de sus pecados, como aquella quien fue dicho [60]: Perdónansele muchos pecados, porque amó mucho.

Bien sé, admirables Padres, que algunos habrá quien estas cosas sobredichas parezcan increíbles, y oras dificultosas de creer, y otros que sean ocasión de desesperación; mas al varón fuerte estas cosas mas son estimulo y saetas de fuego que enciende el fervor encendido en su corazón. Otros habrá que aunque no se enciendan tanto como estos, por no ser tales como ellos, mas con todo eso conociendo Aquí su flaqueza, y confundiéndose, y avergonzándose con este ejemplo, alcanzarán el segundo lugar después de estos, y quizá los igualarán.

Mas el varón negligente no oiga estas cosas que hemos dicho; porque por ventura no deje de hacer eso poco que hace con demasiada desconfianza, y se cumpla en él lo que el Señor dijo [61]: Al que no tiene (conviene saber con alegría y prontitud de animo) eso poco que tiene le quitarán. Verdad es que los tales no solo de aquí, mas de cuantas cosas pueden toman ocasión para favorecer su negligencia.

Sepamos todos los que hemos caído en el lago de la maldad, que nunca de ahí saldremos sino sumiéremos en el abismo de la humildad, que es propio de los penitentes. Mas Aquí es de notar que una es la humildad triste de los que lloran, y otra la de los que pecan, cuando los reprehende su conciencia; y otra es la que obra Dios en el alma de los varones perfectos, que es una rica y alegre humildad. Y no curemos de explicar con palabras esta tercera manera de humildad; porque en vano trabajaremos: mas de la segunda manera de humildad suele ser indicio de sufrimiento, y la paciencia en las injurias. Algunas veces las lagrimas dan motivo la presunción que nos tiene y tiranice; y no es esto de maravillar por la ocasión que tiene en este don.

De las caídas de los hombres, y de los juicios de Dios que en esta parte hay, nadie podrá dar entera razón; porque esta materia excede toda la facultad de nuestro entendimiento. Porque algunas caídas vienen por negligencia nuestra, otras por desamparo de Dios (que con una maravillosa y sabía dispensación permite caer el hombre; como permitió caer al Príncipe de los Apóstoles) y otras hay también que vienen por castigo de Dios, merecido por nuestros pecados: mas un Padre me afirmó que las caídas que vienen por aquella piadosa providencia de Dios, en poco tiempo se restauran; porque no permitirá él que perseveremos mucho tiempo en el mal que para nuestro provecho permitió.

Todos los que caímos, trabajemos ante todas las cosas por resistir al espíritu de la tristeza desordenada; porque esta suele acudir al tiempo de la oración para impedirla, privándola de aquella nuestra primera confianza: no te turbes si cada día caes y te levantas; sino persevera varonilmente, porque el Ángel de la Guarda tendrá respecto eso, y mirará tu paciencia. Cuando la llaga está fresca y corriendo sangre, fácil es el remedio; mas la que está ya vieja y casi afistulada dificultosísimamente sana; y esto no sin gran trabajo, ni sin cauterio, hierro, y fuego. Muchas llagas hay que el tiempo hace incurables; mas Dios ninguna cosa es imposible. Antes de la caída nos hacen los demonios Dios, muy piadoso; y después de ella muy duro y riguroso.

No obedezcas al que después de la caída, haciendo tú penitencia, y ocupándote en buenas obras, por pequeñas que sean, te dice que es nada todo cuanto haces por razón de la culpa pasada: porque muchas veces acaeció que algunos pequeños servicios y presentes bastaron para mitigar la ira grande del juez; y así las buenas obras por pequeñas que sean, aplacan Dios, especialmente cuando proceden de gran caridad y humildad de corazón. El que de verdad se aflige y castiga por sus pecados, todos los días que no llora tiene perdidos, aunque en ellos por ventura haga algunas buenas obras; porque su principal intento es hacer penitencia. Ninguno de los que se afligen con lagrimas de penitencia piense luego que estará seguro al fin de la vida; porque lo que está incierto nadie lo puede tener por cierto. Concédeme, Señor, dice el Profeta [62], que sea yo refrigerado; (conviene saber, con el testimonio de la buena conciencia) antes de esta vida parta. Este testimonio está donde está el Espíritu Santo, y donde está una profunda y perfecta humildad; de lo cual nadie puede tener cierta seguridad. Mas los que sin estas dos virtudes salen de esta vida, no se engañen; porque todavía tienen que lastar.

Los que sirven al mundo no mueren con esta consolación que los buenos tienen; mas algunos hay que ejercitándose en limosna y obras de piedad, conocen el provecho de esto al fin de la jornada. El que entiende en llorar y hacer penitencia de sus pecados, debe andar tan ocupado en este negocio, que no tenga ojos para ver las lagrimas, ni las caídas, ni los negocios de otros. El perro que es mordido de alguna fiera, suele embravecerse contra ella ferocísimamente con el dolor de la herida; y así suele el verdadero penitente embravecerse contra su propia carne y contra el demonio que le hirieron: y de Aquí suele nacer el mal tratamiento y odio santo contra sí mismo.

Miremos no nos acaezca que el dejar de reprehendernos la conciencia no proceda mas de falsa confianza que de la propia inocencia. Uno de los grandes indicios que hay de estar sueltas ya las deudas, es tenerse el hombre siempre por deudor. Ni por eso es razón desconfiar porque ninguna cosa hay mayor ni igual que la misericordia de Dios; Por lo cual con sus propias manos se mata el que desespera. También es señal de diligente y solicita penitencia, si de verdad nos tuviéremos por merecedores de todas las tribulaciones que nos vinieren, así visibles como invisibles, y de muchas mas.

Después que Moisés vio Dios en la zarza, volvió Egipto (que es las tinieblas del mundo) entender en los ladrillos y obras de Faraón; mas después de esto volvió la zarza que había dejado, por mejor decir, al monte de Dios. Asimismo aquel grande Job de rico se hizo pobre; mas después de empobrecido le fueron dobladas las riquezas. Quien entendiere el misterio que Aquí está encerrado nunca jamás desesperará. La caída de los que han sido negligentes después de su llamamiento, muy peligrosa es ; porque enflaquece la esperanza de alcanzar aquella quietísima tranquilidad y paz que se halla en Dios, donde tiran todos nuestros intentos. Mas los tales por muy bien librados se tendrían, si se viesen salidos de la hoya en que cayeron.

Mira diligentemente y considera que no siempre volvemos al lugar de do salimos por el camino que salimos, sino veces por otro mas corto. Vi yo dos Religiosos que en un mismo tiempo, y una misma manera caminaban; de los cuales el uno ( aunque era viejo) trabajaba mucho; mas el otro ( que era un discípulo) llegó mas presto que él, y entró primero en el monumento de la humildad; la cual llamo monumento, porque por ella desea el verdadero humilde ser sepultado, aniquilado, y no conocido en los corazones de los hombres. Y la causa de haber este llegado mas presto, fue porque eso que hacia, hacía con mayor fervor, pureza, y diligencia. Guardémonos todos, y especialmente los que caímos, no vengamos dar en el error de Orígenes; el cual dijo que el día del juicio nuestro Señor por su misericordia había de salvar no solo los buenos, pero también los malos es muy agradable; con el cual error derogó Orígenes no solo la verdad divina, mas la rectitud de su justicia. En mi meditación ( por hablar mas claro) en mi penitencia, es razón que arda el fuego de la oración, el cual queme todo lo que fuera contrario. Finalmente por concluir esta materia, si deseas hacer verdadera penitencia, séante ejemplo y dechado, y forma de verdadera penitencia aquellos santos reos de que antes hicimos mención. Y esto te excusará el trabajo de leer muchos libros, hasta que amanezca en tu casa la luz de Cristo hijo de Dios, el cual resucité tu alma con la perfecta y estudiosa penitencia.


Anotaciones sobre el capitulo precedente, del V.P. maestro Fr. Luis de Granada

Aquí puedes muy ver, Cristiano Lector, de la manera que hacen penitencia aquellos quien Dios infundió espíritu de verdadera y perfecta penitencia, y abrió los ojos con su divina luz para ver la hermosura del mismo Dios, la fealdad del pecado, el engaño del demonio, la vanidad del mundo, el rigor del juicio divino, el terror de las penas del infierno, la excelencia de la virtud, con todo lo demás. Porque del conocimiento que Dios en el alma infunde de estas cosas, nace este grande sentimiento y penitencia.

Y aunque esto por una parte parezca increíble, considerada la flaqueza humana; por otra parte no lo es, considerada la virtud divina, y el espíritu de la penitencia verdadera. Porque si la caridad pertenece realmente y con efecto amar Dios sobre lo que se puede amar; y dolerse del pecado sobre todo lo que se puede doler (por perderse por él Dios, que así como es el mayor bien de los bienes, así perder él es el mayor mal de los males) qué mucho es tener tan grande sentimiento por un tan grande mal como este es, para quien conoce lo que es? Porque si vemos cada día los extremos que hacen algunas mujeres por muertes de sus maridos, y algunas madres por la de sus hijos, y otros por otras cosas, por las cuales vienen caer en la cama, y aun morir de pena, y veces a matarse con sus propias manos; que maravilla es que un alma que con lumbre del cielo entiende cuanto mayor bien le era Dios que todos estos bienes, y cuanto más perdió en perder este bien que en la pérdida de todos ellos, haga todos estos extremos ( si así se pueden llamar) por la pérdida de tan grande bien? Qué mucho es hacerse mas por lo que es mejor y mas amado, que por lo que tanto menos es, y menos amado? Nuestra negligencia hace parecer increíbles estas penitencias; porque de ellas de suyo no lo son.

Por Aquí también conocerás cuales sean las penitencias que hacen hoy día los Cristianos; pues tan lejos están de parecerse con estas, ni en la fuerza del dolor, ni en el rigor de la satisfacción. Mas no por eso debe nadie desconfiar y desmayar del todo viendo esto. Porque los santos en todas las cosas fueron extremados y aventajados todos los otros hombres, así en la alteza de la vida, como en la perfección de la penitencia. Por donde así como no desmayamos leyendo sus vidas; así tampoco lo debemos hacer leyendo sus penitencias; porque así como no estamos obligados de necesidad imitarlos en la perfección de lo uno, así tampoco en la de lo otro.

Mas con todo esto utilísimamente se nos proponen sus ejemplos y vidas, y el rigor de sus penitencias, para tres efectos muy principales. El primero, para que por Aquí veamos la virtud de la gracia, que en sujetos tan flacos obró tan grandes maravillas; y que así también las obraría en nosotros si nos dispusiésemos para ello. El segundo, para que nos encendamos y despertamos hacer algo de lo que en ellos vemos; pues aunque seamos flacos y para poco no nos faltaría el mismo favor ni el mismo Señor que ellos no faltó. El tercero, para que ya que no llegamos esto, lo menos siquiera nos confundamos, humillemos, y avergoncemos de ver lo que somos, y lo que hacemos, comparado con lo que ellos hicieron. La cual consideración destierra de nuestra alma toda vana hinchazón y soberbia, y acarrea la humildad, fundamento de todas las virtudes. El cual provecho es tan grande, que le falta poco para llegar al segundo; como en este mismo capitulo está dicho. Este es el fruto que debemos sacar setas lecturas, y para esto se nos proponen, y no para desmayar ni desconfiar leyéndolas.


[52]Psalm. 101


[53]Jona. 3


[54]Psalm. 50


[55]Psalm. 9


[56]Matth. 22


[57]Psalm. 123


[58]Psalm. 88


[59]Job. 29


[60]Luc. 7


[61]Luc. 19


[62]Psalm. 38



Capitulo VI:

Escalón sexto, de la memoria de la muerte.


Así como antes de la palabra precede la consideración; así antes del llanto la memoria de la muerte y de los pecados. Por lo cual guardaremos esta orden, que antes del llanto trataremos de la memoria de la muerte. Memoria de la muerte es muerte cotidiana; que es morir cada día. Memoria de la muerte es perpetuo gemido en todas las obras. Temor de la muerte es propiedad natural que nos vino por el pecado de la desobediencia. Temor vehemente de la muerte es indicio grande de no estar aun los pecados del todo perdonados. Esta manera de temor no tuvo Cristo; aunque receló la muerte, para significar en esto la condición de la naturaleza que había tomado.

Así como entre todos los manjares es muy necesario y provechoso el pan, así entre todas las maneras ahora acabamos de contar. Porque los justos de esta calidad, cada día añaden temor, y nunca cesan de esto, hasta que la misma virtud de los huesos viene consumirse; como lo significó el Profeta cuando dijo[63]: Por la continua voz de mis gemidos se me vinieron pegar los huesos la piel.

Y tengamos por cierto que este es también don de Dios como los otros; pues vemos que muchas veces pasando por las sepulturas y cuerpos de muertos, estamos duros insensibles; y otras veces estando fuera de esto, nos compungimos y enternecemos.

El que está muerto todas las cosas, este de verdad tuvo memoria de la muerte; mas el que aun todavía está demasiadamente aficionado las criaturas, no entiende fielmente en su provecho; pues el mismo se ensalza con su afición.

No quieras descubrir todos con palabras el amor que les tienes, sino ruega Dios que él secretamente se lo muestre; porque esta otra manera faltarte ha tiempo para esta significación, y también para el estudio de la compunción.

No te engañes, obrero loco, pensando que puedes reparar la perdida de un tiempo con otro; porque no basta el día de hoy para descargar perfectamente las deudas de hoy. Muy bien dijo un sabio que no se podía vivir un día bien vivido, sino pensando que es el postrero. Y los que mas es de maravillar, aun hasta los Gentiles sintieron que la suma de toda la filosofía era la meditación y ejercicio de la muerte.


[63]Psalm. 101



EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís