FRASES PARA SACERDOTES

"Ninguna mujer debe pisar el Altar".

(Las almas del Purgatorio a María Simma)

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

LA CASTIDAD (meditación por Marino Restrepo)


La castidad es la virtud que “robustece la voluntad para resistir las concupiscencias desordenadas muy vehementes” (1)

Dicho en otras palabras, es la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual según los principios de la ley natural, de la ley de Dios y del respeto hacia el otro. Es el hábito de usar del sexo correctamente, moderando y ordenando las apetencias sexuales para que sean razonables. La lujuria es el goce desordenado de las mismas, separándolas de las finalidades de la procreación y de la unión dentro del matrimonio, (único ámbito lícito de la sexualidad según la ley de Dios).

Por medio de la castidad, (hija de la templanza y de la fortaleza), la persona adquiere dominio de su sexualidad, integrándola a una personalidad sana, equilibrada y madura y la prepara para el amor. La castidad no es la negación de lo sexual sino el dominio de sí, de la capacidad de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo al desarrollo de la persona. Supone un esfuerzo que fortalece el carácter y la voluntad, entrena a la persona en el sacrificio y el renunciamiento y forma su personalidad en el sentido del deber, purificando el amor y elevándolo, aumentando la energía física y moral y dando mayor rendimiento a la persona en el deporte, en el trabajo y en el estudio, preparándolo para el amor conyugal.

Es un trabajo eminentemente personal, e implica una educación desde la niñez a la cual toda persona tiene derecho. En la vida hay que entrenarse a hacer esfuerzos cuando no hace falta para saber esforzarse cuando haga falta. El que no aprende a privarse de lo lícito, no sabrá privarse de lo ilícito cuando le sea necesario. Le faltará carácter, porque no habrá entrenado su espíritu para el combate. “La maduración psicológica es un trabajo de toda la vida. Consiste en forjar una voluntad capaz de aferrarse al bien a pesar de las grandes dificultades. Así como los padres se preocupan de ayudar a sus hijos a lograr esta maduración, también el novio debe ayudar a su novia, (y viceversa), y el esposo a su esposa. El trabajo sobre la castidad es esencial para ello; porque es una de las principales fuentes de tentaciones para el hombre; consecuentemente es uno de los principales terrenos donde se ejercita el dominio de sí. Quien no trabaja en esto no sólo es un impuro sino que puede llegar a ser un hombre o una mujer despersonalizados, sin carácter”. (2) “Ya vimos en su momento los planes de Dios respecto al hombre y a la mujer. Una vez creados a su imagen y semejanza, hombre y mujer, y de unirlos en matrimonio, les da un encargo preciso: “Creced y multiplicaos” (Gén,1,28) revelándose así el sentido, la finalidad, el por qué de la sexualidad humana. De la unión marital, del amor humano, nacen todas las generaciones humanas. Este es el dato no solo biológico, real, histórico, sino también revelado. Las cosas son así, desde el hombre – desde la naturaleza- y desde Dios. Todo bautizado está llamado a la castidad. La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí – obra que dura toda la vida y está orientada al don de sí mismo- que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.” (3)
La castidad, (ayudada desde la infancia por la educación de las virtudes menores de la modestia y del pudor en el lenguaje, en la vestimenta y en los usos y costumbres de la vida diaria), tiene que ver con lo que se lee, con lo que se ve, con lo que se habla, con lo que se enseña, con lo que se corrige y lo que no, siéndonos necesaria en todos los estados de la vida.

Los solteros están llamados a practicar la castidad en la continencia mutua, rechazando cualquier placer sexual desordenado y consentido, defendiendo y educando el propio corazón, ayudándose y cumpliendo el sexto mandamiento: “No cometer actos impuros” y el noveno: “No codiciar la mujer de tu prójimo”. Los novios especialmente deben abstenerse de las relaciones prematrimoniales como una preparación para lograr la madurez y la castidad en el matrimonio. Deben a su vez hablar profunda y seriamente estos temas durante el noviazgo, para que el matrimonio después no sea una guerra.
“Me dirás: Estos mandamientos están en sexto y noveno lugar, ¿Son tan importantes?. Te contesto: Es verdad que están en el sexto y noveno lugar por razón de la gravedad de los mismos. Es más grave la apostasía y la blasfemia que la impureza. Pero también hay que leer los mandamientos de abajo para arriba, no atendiendo a la gravedad moral sino al sustento, o al cimiento de los más importantes. Los mandamientos que están ubicados numéricamente después son los que sostienen a los principales. No se da el orden sobrenatural sin el orden natural. No se dan, o se dan muertas, las virtudes teologales sin las morales”. (4)

Este combate tiene una raíz de error profunda, como lo explica muy bien en las “Cartas del diablo a su sobrino” el experimentado diablo a su inexperto sobrino para perder a las almas: “Gran parte de la resistencia moderna a la castidad procede de la creencia de que los hombres son “propietarios” de sus cuerpos… Es como si un infante a quien su padre ha colocado, por cariño, como gobernador de una gran provincia, bajo el mando de sabios consejeros, llegase a imaginar que realmente son suyas las ciudades, los bosques y los maizales, del mismo modo que son suyos los ladrillos del suelo de su cuarto.” (5) Contrariamente a este concepto, la Iglesia enseña que los hombres son templos del Espíritu Santo y deben tratarlo como tal. “La educadora natural de la castidad debiera ser la familia. Pero la legislación del divorcio ha contribuido a debilitar el vínculo matrimonial y su consistencia social, alentando de hecho las conductas de infidelidad. Los jóvenes y hasta los niños son iniciados e impulsados a comportamientos eróticos o sexuales prematuros y perversos. La familia ha visto disminuida su autoridad y su capacidad formativa y educativa de las nuevas generaciones por múltiples factores: laboral, social, económico, legal, (recortes de la patria potestad y adelanto de la mayoría de edad), escolar, cultural. Los educadores sexuales son hoy, de hecho, los medios de comunicación y hasta la escuela, (laica y atea desde 1884 por la ley 1420 del gobierno de Roca), que quiere convencer a los padres de que ellos no saben lo necesario para enseñar a sus hijos y que deben delegar el ejercicio de ese derecho natural e inalienable.

En cuestiones sexuales la adolescencia y preadolescencia son las edades de la curiosidad, más que de la pasión, y mucho menos del amor verdadero, que es el generoso, el amor que es capaz de olvidarse de sí mismo para pensar y buscar el bien del otro. El resultado de esto es que las relaciones prematrimoniales entre adolescentes no son actos de amor, sino la mayor parte de las veces de curiosidad y de instrumentación del otro a la búsqueda de sí mismo, en la que está embarcado el adolescente y el joven debido a su edad y al proceso de descubrimiento de sí mismo. Son también actos de irresponsabilidad respecto de su propio cuerpo, y del hijo que ya son capaces de engendrar, pero aún no son capaces de recibir ni de educar ni de sostener y sustentar. El que peca contra uno solo de los mandamientos está, en realidad, pecando contra todos… Así, por ejemplo, la joven que permite que se inflame la pasión de su novio, contribuye a encenderla y por fin condesciende. Así el novio que induce a su novia a mantener relaciones sexuales prematrimoniales pretextando que debe darle una prueba de amor. Faltan directamente contra la virtud de la castidad y contra el sexto mandamiento, pero también faltan, indirectamente, contra los demás mandamientos y virtudes.

Pecan contra la piedad familiar porque generan enormes sufrimientos a sus padres y familiares, pecan contra el quinto mandamiento porque incitan a otros al pecado mortal, pecan contra la justicia porque arriesgan de traer al mundo una criatura cuyo derecho natural de tener una familia estable con padre y madre no se respetará etc. “ (6) “A veces, las relaciones prematrimoniales dan amargos frutos, a largo plazo, dentro del matrimonio. Cuando surgen las tensiones y conflictos de pareja, las relaciones sexuales mantenidas antes del matrimonio pueden ser fuente de rencores o reproches. Unas veces puede ser ella la que le reprocha a él que le haya exigido la prueba de amor antes de tiempo. Otras veces puede ser él quien reprocha a ella que se le entregó para atarlo. Con los años, las semillas de mentira o de insinceridad que se mezclaron con el trigo del noviazgo, crecen como cizaña que infecta la amistad matrimonial y puede llegar a sofocarla.

Las relaciones sexuales entre adolescentes, a veces púberes, tienen lugar por curiosidad más que por pasión, ni que digamos por amor altruista. Otras veces el motivo es de orden social, “para hacer lo que todos” o “para no ser el único que aún no lo hizo”. Hay, a esa edad, un uso o instrumentación del otro y de su cuerpo. Y no siempre lo que se averigua movido por la curiosidad, contribuye a hacer feliz. La promesa del conocimiento funciona aquí como tentación, a semejanza de la tentación del paraíso… la desilusión y las frustraciones de este tipo se mantienen en secreto, mientras que la propaganda para inducir a los jóvenes a las relaciones prematrimoniales, se bocinea. Los pedazos se recogen en secreto o se barren bajo la alfombra. Para los que están habituados a recoger los pedazos y enterrar a los muertos, el mítico: “está bien con tal de que sea por amor”, haría reír si no fuese porque hace llorar. Y lo más triste es que ese mito lo repiten en forma irresponsable algunos padres, muchos educadores, religiosas y hasta sacerdotes en el confesionario. No hay peores ciegos que los que no quieren ver. Y éstos arrastran consigo a la fosa a los que guían y pretenden conducir”. ( 7)

Los casados. Las personas casadas también están llamadas a vivir la castidad matrimonial usando correctamente el sexo con su propio cónyuge, rechazando placeres sexuales individuales y con personas distintas del propio cónyuge. “El estado matrimonial no significa una patente de libre curso para relaciones egoístas de lujuria de una parte o de ambas. El matrimonio debe precisamente contribuir, por la gracia del sacramento, a curar la herida de la concupiscencia en la naturaleza. Siendo el hombre el que padece más fuertemente el embate del deseo sexual y más expuesto está a la lujuria, (tanto en el noviazgo como en el matrimonio), es la mujer la llamada a ayudarlo a lograr el autodominio que lo hace verdaderamente hombre, y le permite integrar su personalidad de varón mediante la virtud de la castidad. La regulación de la natalidad representa uno de los aspectos de la paternidad y la maternidad responsables. La legitimidad de las intenciones de los esposos no justifica el recurso a medios moralmente reprobables, (la esterilización directa, la contracepción). Aquí tiene su lugar la virtud de la castidad matrimonial que, dominando la pasión, libra de la lujuria y profundiza aún más la amistad matrimonial.” ( 8)

La práctica de la castidad nos hará falta como entrenamiento ya que, en casos extremos de la vida tal vez nos tocará vivir situaciones que nos serán impuestas, como una enfermedad o accidente de un cónyuge que lo confine a una silla de ruedas y el otro deba permanecerle fiel en total abstinencia, por un viaje por motivos de trabajo en el caso de un marino, años de cárcel etc.

En los consagrados la virginidad o celibato apostólico es la manera de dedicarse a Dios sólo con el corazón indiviso, como la perla y una de las mayores glorias de la Iglesia Católica, por parte de quienes están dispuestos a ofrecerlo en favor de una entrega superior a Jesucristo y a su misión en la Iglesia. Este lenguaje no puede someterse al común de los mortales ya que Nuestro Señor Jesucristo anunció en el Evangelio que sólo que unos pocos lo entenderían. “Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender que entienda.” (Mat 19,11). Estamos hablando de una instancia superior de la vida. El voto de castidad nace de la entrega voluntaria a Dios y dedicarse a extender Su Reino con un corazón indiviso. Es un amor que implica servir a los hijos de Dios y no a los propios. La castidad le dará una comunión más plena con Él, le asemejará a Cristo célibe. y su amor se potenciará liberándolo de los problemas que trae aparejado la formación de una familia. Por ejemplo, la renuncia a tantos compromisos, hasta del sustento material de los suyos. Si las preocupaciones desvelan a los padres, esto demuestra la cantidad de tiempo y preocupaciones que absorberían al sacerdote y religiosas y que tendrían que quitárselo al rebaño que Dios les ha encargado. Los consagrados por lo tanto tienen mayor responsabilidad para velar por su castidad. Todo su estilo de vida debe ser guiado especialmente por la prudencia para no exponerse a tentaciones cuyas caídas tendrán mayores consecuencias morales y de escándalo, ya que su consagración a Dios es pública.

San Agustín (siglo IV) tuvo en su juventud una dependencia desordenada con una mujer con la que convivía. El amor a la mujer con quien tuvo un hijo era natural, sólo que ilegítimo porque vivía en concubinato. Mientras la lujuria lo tenía preso, era simplemente Agustín, pero potencialmente también era “San” Agustín. Una vez que venció el llamado de la carne y respondió al llamado que Dios le hizo a una vida superior, se convirtió en el santo que todos conocemos.

“El amor cristiano tiene dos vocaciones, dos llamadas de Dios: uno a la vida consagrada y el otro al matrimonio. En la vida consagrada la sexualidad no se expresa genitalmente, sino que permanece como fuente de energía afectiva al servicio del amor a Dios y al prójimo, que se expresa en el apostolado y el servicio. Este amor engendra nuevas vidas en el sentido espiritual, pues a través del testimonio evangélico logra ganar nuevas almas para Cristo y Su Iglesia. En la vida matrimonial nuestra sexualidad sí se expresa genitalmente, además de espiritualmente, ya que los valores inherentes a ella son la expresión y renovación del amor conyugal, así como la transmisión generosa de la vida humana, vida que luego debe ser educada con esmero por los padres para que alcance la madurez humana y cristiana…De todo ello se deduce que la castidad no es simplemente una virtud
“privada”, sino que tiene evidentes implicaciones sociales. Si en una sociedad no se vive la castidad, antes y dentro del matrimonio, entonces aumentarán las fornicaciones, los adulterios, la anticoncepción, el aborto y, en consecuencia, los casos de enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA, los corazones rotos (para los cuales no hay ningún preservativo que sirva, aunque a decir verdad, ninguno sirve tampoco para proteger del SIDA) así como niños sin papás.

El SIDA y las demás enfermedades de transmisión sexual, además de las secuelas de sufrimiento y muerte, traen consigo un enorme gasto social y económico (por supuesto a ningún enfermo se le debe dejar de atender). Los niños sin papás pueden llegar a convertirse con más facilidad en drogadictos y pandilleros. Más sufrimientos y más gastos (por supuesto, a los drogadictos y a los pandilleros también hay que ayudarlos).” (9).

Conocemos una anécdota ilustrativa sobre lo que acabamos de decir. Un campesino que encontró un huevo de cóndor en la montaña. Lo llevó a su casa y lo puso en el nido de las gallinas que estaban cluecas. Una vez nacidos los pollitos, el pichón de cóndor se criaba entre ellos, pero cada vez que veía volar aves a gran altura, el pichón de cóndor sentía una nostalgia infinita. Su genética le decía que había sido creado para volar a grandes alturas y no como las gallinas…

Esto explica que, cuando se nos lleva a pensar que hemos sido creados nada más que para tener sexo desde la adolescencia sin parar y hasta el hartazgo, se nos está tratando como a los pollitos, nacidos para dar apenas saltitos, y no como a los cóndores, nacidos para volara grandes alturas. El amor humano es noble, lícito y maravilloso pero dentro del marco pensado por Dios.

Hoy los jóvenes nos transmiten en su mayoría esa añoranza del haber podido volar a grandes alturas como habían sido llamados y a lo cual tenían derecho. Así como al cóndor se lo impidió el estar dentro del gallinero,la revolución anticristiana les corta las alas a millones y ahora, (con la educación sexual integral obligatoria en las escuelas), desde la infancia.

Paradójicamente la Iglesia, que es la única que acusa los malos comportamientos de la sociedad, luego se ocupa Ella sola de recoger los saldos que el pecado ha dejado en el alma y en el cuerpo de las personas y las cuida, pero primero les advirtió que no correspondía el comportamiento.


Notas

(1) “Teología de la perfección cristiana”. Rvdo P. Royo Marín. Editorial BAC. Pág 608.
(2) “Los hizo varón y mujer”. Miguel Angel Fuentes. V.E. Ediciones V. Encarnado. Pág 17.
(3) “Educar la conciencia”. José Luis Abérasturi y Martínez. Ediciones palabra. Pág.185.
4) “Pureza y juventud”. Monseñor Tihamér Toth. Ediciones Gladius. Pág.6.
(5) “Cartas del diablo a su sobrino”. C.S Lewis. Editorial Andrés Bello. Pág. 106
(6) “El lazo se rompió y volamos”. Horacio Bojorge. Editorial Lumen. Pág. 43.
(7) “El lazo se rompió y volamos”. Horacio Bojorge. Editorial Lumen. Pág.39
(8) “El lazo se rompió y volamos”. Horacio Bojorge. Editorial Lumen. Pág.42
9) “La castidad como virtud social”. Adolfo Castañeda.



VIDEO

La castidad meditada por Marino Restrepo.




El que no es casto vive disminuido como persona. La impureza crea en el hombre un corazón sarcástico. La impureza disminuye al hombre totalmente. Es natural ser casto, no es natural ser impuro. 

En el caso de ministerio sacerdotal con más razón debe ser casto porque entonces la vida espiritual no puede tener flor, no puede florecer si no hay pureza. Si el sacerdote no tiene castidad, entonces es un sacerdocio humano, institucional que no produce los frutos que el Espíritu quiere producir en esa unción sacerdotal y especialmente, las almas no van a recibir ese don que el sacerdote va a servir. 

En el don de la castidad y en el voto de la castidad se encuentra la fortaleza más grande del instrumento material porque para yo vivir con el Señor en esa fidelidad y tener esa fortaleza de poder dirigir un rebaño, yo tengo que ser la persona que más integridad tiene. Yo tengo que ser el más fuerte para poder dirigir a los débiles.

Para uno poder realmente estar integrado dentro de esta batalla espiritual contra la impureza le toca ser puro, esa es la única forma.

La más grave realidad del sacerdocio y la razón por la cual se pierde la pureza se pierde el voto de castidad es por la relación que tienen con el mundo material.  Miren ustedes que el amor al dinero y la tecnología, el amor a tantas cosas materiales que se ofrecen en el mundo de hoy, que pueden tentar a un sacerdote, disminuyen la persona y si está apegado a esos elementos poco a poco se va desmoronando también su castidad. A medida que se va enamorando de las cosas materiales también se va enamorando de si mismo en una forma enfermiza incorrecta. Termina enamorándose también de los seres humanos en una forma equivocada porque comienzan a tener esa vida placentera de poseer, de consumir, de disfrutar, de buscar placer y esto, igualmente, disminuye progresivamente a la persona  y la va llevando a un mundo ávido de apetitos. Por eso el sacerdocio se va acabando y de ahí vienen los escándalos y todas las tragedias que vivimos en nuestra Iglesia hoy. 


FUENTE:

hservicocatholicohispano.wordpress.com  // youtube.com/user/rfgb12


ANGUSTIAS DE LOS MORIBUNDOS QUE DESCUIDARON SU SALVACIÓN



San Alfonso María de Ligorio

-ESTE ARTÍCULO PUEDE LLEGAR A SALVAR TU ALMA ETERNAMENTE ¡NO DEJES DE LEERLO!-

Para sorprender a Jesucristo los Fariseos en lo que hablase, y acusarle después, enviaron a preguntarle un día, si era o no era lícito pagar el tributo al César. A lo cual el Señor, conociendo su refinada malicia, respondió: “¿De quién es esa imagen grabada en la moneda? Del César respondierónle los enviados. Pues dad al César lo que es del César -replicó Jesucristo, y a Dios lo que es de Dios”.

Con estas palabras quiso enseñarnos, que debemos dar a los hombres lo que les es debido: pero que quería para sí todo el amor de nuestro corazón, puesto que para esto nos creó, y por esta misma causa nos impuso el precepto de amar a Dios sobre todas las cosas: Diliges Dominum Deum tuum ex toto corde tuo. ¡Ay de aquél, que vea a la hora de la muerte, que ha amado a las criaturas y sus gustos, y ha descuidado amar a Dios! Porque enmedio de las angustias que entonces le cercarán, buscará la paz y no la hallará: Angustia superveniente, requirent pacem, et not erit, (Ezech. VII, 25). Y ¿cuáles serán estas angustias que le han de cercar y atormentar? Escuchadlas: entonces dirá el infeliz moribundo:

Podía haberme hecho santo y no lo hice. Punto 1º

¡Ah, tuviese yo ahora tiempo de enmendar mi error! Punto 2º

Pero éste ya no es tiempo de remediarlo… Punto 3º


PUNTO 1
PODÍA HABERME HECHO SANTO Y NO LO HICE

1. Como los santos en toda su vida no piensan en otra cosa que en dar gusto a Dios y hacerse santos, esperan con gran confianza la muerte, que los libra de las miserias y de los peligros de la vida presente, y los une perfectamente con Dios. Pero, el que no piensa sino en satisfacer sus propios apetitos, y en vivir cómodamente, sin encomendarse a Dios, y sin acordarse de la cuenta que debe darle un día, ¿cómo ha de poder esperar la muerte con tranquilidad? ¡Qué dignos de compasión son los pecadores! Ellos lanzan de sí la idea de la muerte cuando la tienen cerca, y solamente piensan en vivir alegremente como si nunca hubiesen de morir; no tienen presente que a cada uno ha de llegar su fin: Finis venit, venit finis (Ezech. VII, 2). Y cuando éste llegare, cada cual cogerá aquello que sembró, como dice San Pablo: Quœ enim seminaverit homo, hœc et metet… (Gal. VI, 8 ). El que hubiere sembrado obras santas, cogerá premios y vida eterna: y el que hubiese sembrado obras malas, cogerá castigos y eterna muerte.

2. La primera cosa que se representará al moribundo, cuando se le anuncie la proximidad de la muerte, será la escena de la vida pasada, y entonces verá las cosas de una manera muy distinta de aquellas en las que veía cuando gozaba de buena salud. Aquellas venganzas que le parecían lícitas; aquéllos escándalos de que hacía poco caso; aquella libertad de hablar de cosas deshonestas o contra la fama del prójimo; aquellos placeres que tenía por inocentes; aquellas injusticias que creía eran permitidas, se le manifestarán entonces pecados y ofensas graves contra Dios, como lo eran realmente. Los hombres que cierran los ojos a la luz para no verla mientras viven, han de ver a pesar suyo a la hora de la muerte todo el mal que han hecho: Tunc aparientur oculi cæcorum (Isa. XXXV, 5). A la luz de la muerte verá el pecador y se irritará, como dice el real Profeta : Peccator videbit et irascetur (Psal. CXI, 10). Verá todos los desórdenes de su vida pasada; los sacramentos que despreció: las confesiones que hizo sin dolor y sin propósito de la enmienda; los contratos hechos contra el grito de la conciencia; las injusticias cometidas contra el prójimo en sus bienes, o en su reputación; las bufonadas deshonestas; los odios inveterados, y los pensamientos de venganza. Verá los ejemplos que pudo imitar, dados por las personas temerosas de Dios, y de los cuales se burló, calificando de hipocresía o de necedad los ejercicios de religión y de piedad. Verá las inspiraciones de Dios que despreció, cuando le llamaba por medio de los doctores y maestros espirituales, y tantas resoluciones y promesas que hizo y dejó de cumplir.

3. Verá especialmente, las depravadas máximas que siguió durante su vida, por ejemplo: es necesario conservar el honor, sin cuidado del honor de Dios: es preciso gozar cuando se presente la ocasión; sin reparar en que quizá estos goces eran otras tantas ofensas contra el Creador. ¿Qué papel hace en el mundo el pobre que no tiene dinero? Como si fuera mejor amontonar oro y perder su alma. ¿Qué hemos de hacer? puestos en el mundo, es menester que nos dejemos ver en él como la sociedad exige. De esta manera hablan los hombres mundanos mientras disfrutan de buena salud: pero mudan de lenguaje a la hora de la muerte, y reconocen la verdad de aquella máxima de Jesucristo: ¿De qué sirve al hombre el ganar todo el mundo, si pierde su alma? (Matth. XVI, 26). En aquella hora fatal dirá el enfermo: ¡Ay de mí, que tuve tanto tiempo para arreglar los negocios de mi conciencia, y me encuentro al final de mi vida sin haberlos arreglado! ¿Qué trabajo me hubiese costado dejar aquella mala inclinación, haberme confesado cada semana, y haberme evitado las ocasiones de pecar? Y aún cuando esto me hubiese costado alguna incomodidad, ¿no debía yo haberla soportado para salvar mi alma? Pero ¡gran Dios! los pensamientos de tales moribundos que tienen turbada el alma, son muy semejantes a los de los réprobos, que tienen en el Infierno el dolor inútil de haber pecado porque la culpa fue la causa de su perdición.

4. Entonces no consuelan las diversiones pasadas, ni la pompa que ya no existe, ni las venganzas ejecutadas contra los rivales. Todas las cosas convertidas a la hora de la muerte en espadas, que traspasarán el corazón del pecador, como dice David: Virum injustum mala capient in interitu.(Psal. CXXXIX; 12). Mientras se goza de salud, desean los amantes del mundo banquetes, bailes, juegos y diversiones; pero a la hora de la muerte, todas estas alegrías se convertirán en llanto y tristeza, como dice Santiago: Risus vester in luctum convertetur, et guardium in mærorem.(Jac. IV, 9). Y por desgracia vemos que sucede esto muya a menudo. Enferma gravemente aquel joven brillante, que mantenía la conversación con sus agudezas, chistes y obscenidades. Sus amigos van a visitarle, y le encuentran terriblemente triste y afligido. Ya no se chancea, ni se ríe, ni habla; y si pronuncia algunas palabras, sólo manifiesta en ellas terror y desesperación. Entonces sus amigos: le dicen ¿qué tristeza se ha apoderado de tí? Es preciso estar tranquilo, porque esta disposición no vale nada. ¿Y cómo ha de estar tranquilo el infeliz enfermo, cuya conciencia está llena de pecados y de remordimientos, y que ve llegar el momento en que ha de dar cuenta a Dios de toda su vida pasada, cuando tiene tantos motivos de temer una sentencia de reprobación? Entonces exclamará: ¡Cuán necio he sido! Si yo hubiese amado a Dios, no me hallaría al presente cercado de angustias. Si yo tuviese tiempo de remediar mis desórdenes pasados, ¡cómo lo haría al presente!



PUNTO 2
¡AH, SI TUVIESE YO AHORA TIEMPO DE ENMENDAR MI ERROR!

5. ¡Ah, si tuviese tiempo de enmendar mi error! ¡Qué no haría yo ahora! Así hablará el mundano moribundo. Pero ¿cuándo pensará el desgraciado de este modo? Cundo se acabe el aceite de la lámpara de su vida y se mire a la puerta de la eternidad. Una de las mayores angustias que experimentan entonces los mundanos es considerar el mal uso que hicieron del tiempo, cuando en vez de atesorar méritos para el Paraíso, solamente los acumularon para el Infierno. ¡Si tuviese tiempo! Vas buscando tiempo después de que perdiste tantas noches jugando, tantos años dando gusto a tus sentidos, y tantas semanas maquinando venganzas, sin pensar un instante en tu pobre alma. 

Ya no hay tiempo para ti, porque perdiste todo el que se te concedió: Tempus non erit amplius (Apoc. X, 6) ¿No te habían avisado ya los predicadores, que estuvieses preparado para la hora de la muerte, porque te sorprendería cuando menos pensases? Estad siempre prevenidos, dice Jesucristo por San Lucas (XII, 40), porque vendrá el Hijo de Dios a la hora que menos penséis. Con razón le dirá Dios entonces: Tu despreciaste mis amonestaciones, y perdiste el tiempo que mi bondad te concedía para merecer. Ahora ya no hay tiempo. Oye como el sacerdote que te asiste, intima ya que salgas de este mundo: Sal alma cristiana, de este mundo ¿Y a dónde ha de ir? A la eternidad. La muerte no respeta ni a los pobres ni a los monarcas; y cuando llega, no espera un momento, como dice el santo Job, por estas palabras: Tiene señalados los términos de su vida, más allá de los cuales no podrá pasar (Job. XIV, 5).

6. ¡Qué terror tendrá el moribundo al oír estas palabras, haciendo en su mente esta reflexión: Esta mañana estoy vivo y esta tarde estaré muerto. Hoy estoy en esta casa y mañana estaré en la sepultura. ¿Pero mi alma donde estará? Crecerá su espanto cuando vea preparar la candela, y oiga que el confesor dice a sus deudos, que salgan de aquel aposento y no entren más; se aumentará aún desmedidamente cuando el confesor le ponga el Crucifijo en las manos y le diga: Abrazaos con Jesucristo y no penséis ya en el mundo. El enfermo toma el Crucifijo y le besa; y entretanto tiembla de pensar en las muchas injurias que le ha hecho, de las cuales quisiera ahora tener un verdadero arrepentimiento: pero ve que el que tiene no es sincero, sino forzado por el miedo de la muerte que ve presente. Y San Agustín dice, que “aquél que es abandonado por el pecado antes que él le haya dejado, no le detesta libremente, sino movido de la necesidad”.

7. El engaño común de los hombres mundanos es, parecerles grandes las cosas de la tierra mientras viven, y pequeñas las del Cielo, como remotas e inciertas. Las tribulaciones les parecen insufribles y los pecados graves, cosas despreciables. Estos miserables están como si se hallasen encerrados en una habitación llena de humo, que les impide distinguir los objetos. Más a la hora de la muerte se desvanecen estas tinieblas y el alma comienza a ver las cosas como son en realidad. Entonces todo lo de este mundo aparece como es: vanidad, ilusión y mentira; y las cosas eternas se manifiestan con toda su grandeza. El Juicio, el Infierno y la Eternidad, de que no hacían caso durante su vida, se dejarán ver a la hora de la muerte como cosas las más importantes, y a medida de que comiencen a manifestarse tal cual son, crecerán los temores y el espanto de los moribundos. Porque, cuanto más se acerca la sentencia del Juez, tanto más se teme la condenación eterna. Entonces pues, el enfermo exclamará sollozando: ¡Cuán desconsolado muero! ¡Ay de mí! ¡Si yo hubiese sabido la muerte desgraciada que me esperaba! ¿Con que no lo sabías? Obligación tenías de haber previsto este caso, puesto que no ignorabas, que a una mala vida, no puede seguir una buena muerte, como nos dice la Escritura, y repiten a menudo los predicadores.



PUNTO 3
A LA HORA DE LA MUERTE NO QUEDA TIEMPO DE REMEDIAR EL ERROR

8. A la hora de la muerte ya no les queda tiempo a los moribundos para remediar los desórdenes de la vida pasada; y esto sucede por dos razones 1ª Porque este tiempo es muy breve; pues, además de que en los días en que comienza y se agrava la enfermedad, no se piensa en otra cosa que en los médicos, en los remedios y en el testamento, los parientes, los amigos y hasta los médicos, no hacen otra cosa que engañar al enfermo, dándole esperanzas que no morirá de aquella enfermedad. Por esto el enfermo, alucinado por ellos, no se persuade de que la muerte está próxima. ¿Cuando, pues comenzará a creer que se muere? Cuando comienza a morirse. Y esta es la segunda razón de que aquel tiempo no es apto para mirar por el alma. Porque entonces está tan enferma ésta como el cuerpo. Los afanes, el trastorno de la cabeza, las vanas conversaciones, asaltan de tal modo al enfermo, que le inhabilitan para detestar verdadera y sinceramente los pecados cometidos, buscan remedios eficaces contra los desórdenes de la mala vida pasada, y para tranquilizar su conciencia. La sola noticia de que se muere, le aterra tanto, que le tratorna enteramente.

9. Cuando uno padece un fuerte dolor de cabeza, que le ha impedido el sueño dos o tres noches, no puede dictar una carta de ceremonia; ¿cómo ha de poder arreglar a la hora de la muerte una conciencia embrollada, con tantas ofensas cometidas contra Dios por el espacio de treinta o cuarenta años, un enfermo que no siente ni comprende, y tiene una confusión de ideas que le espantan? Entonces se verificará lo que dice el Evangelio: Viene la noche de la muerte cuando nadie puede hacer nada. Entonces sentirá que le dicen interiormente: No quiero que en adelante cuides de mi hacienda. Esto es: ya no puedes cuidar de tu alma, cuya administración se te confió. Llegado que haya el día del exterminio… habra disturbio sobre disturbio (Ezech. VII, 25 et 26).

10. Solemos decir de algunos, que llevaron mala vida; pero que después hicieron una buena muerte arrepintiéndose y detestando sus pecados. Pero San Agustín dice que “A los moribundos no les mueve el dolor de los pecados cometidos, sino el miedo de la muerte”: Morientes non deliciti pænitentia, sed mortis urgentis admonitio compellit. (Serm. XXXVI). Y el mismo Santo añade: “El moribundo no teme al pecado, sino al fuego del Infierno: Non metuit peccare, sed ardere. Y en efecto ¿aborrecerá a la hora de la muerte aquellos mismos objetos que tanto amó hasta entonces? Quizá los amará más; porque los objetos amados, solemos amarlos más cuando tememos perderlos. El famoso maestro de San Bruno murió dando señales de penitencia; pero después, estando en el ataúd, dijo que se había condenado. Si hasta los santos se quejan de que tienen la cabeza tan débil a la hora de la muerte, que no pueden pensar en Dios ni hacer oración, ¿cómo podrá hacerla el que no hizo nada en toda su vida? Sin embargo, si los oímos hablar nos inclinamos a creer, que tienen un verdadero dolor de los pecados de su vida pasada; es difícil*, empero, que le tengan. El demonio, por medio de sus ilusiones, puede aparentar en ellos un verdadero dolor o el deseo de tenerle, mas suele engañarnos. Hasta de un corazón empedernido pueden salir las expresiones siguientes: Yo me arrepiento; tengo dolor; siento con todo mi corazón, y otras semejantes. A veces se confiesan, hacen actos de contrición, y reciben todos los sacramentos. Sin embargo, yo pregunto si se han salvado por esto. Dios sabe como se hicieron aquellas confesiones, y como se hicieron aquellos sacramentos. ¡Oh! ha muerto muy resignado, suele decirse. Y ¿qué quiere decir que ha muerto resignado? También parece que va resignado a la muerte el reo que camina al suplicio. Y ¿porqué? porque no puede escapar entre los alguaciles y soldados que le conducen maniatado.

11. ¡Oh momento terrible, del cual depende la eternidad! ¡Oh momentum, a quo pendet æternitas! Este es el que hacía temblar a los santos a la hora de la muerte, y les obligaba a exclamar: ¡Oh Dios mío! ¿En dónde estaré en pocas horas? Porque, como escribe San Gregorio, hasta el alma del justo se turba a las veces con el terror del castigo: Nonnumquam, terror vindicatœ etiam justi anima turbatur. (San Greg. Mor. XXIV). ¿Qué será, pues, de la persona que hizo poco caso de Dios, cuando vea que se prepara el suplicio en el cual debe ser sacrificado? (Job. XXI, 20). Verá el impío con sus propios ojos la ruina de su alma, y beberá el furor del Todopoderoso, esto es, comenzará desde este momento a experimentar la cólera divina. El Viático que deberá recibir, la Extremaunción que se le administrará, el Crucifijo que le pondrán en sus manos, las oraciones o recomendación del alma que recitará el sacerdote, el cirio bendito ardiendo, serán el suplicio preparado por la justicia divina. Cuando el moribundo vea éste lúgubre aparato, un sudor frío correrá por sus miembros, y no podrá ni hablar, ni moverse, ni respirar. Sentirá que se acerca más y más el momento fatal; verá su alma manchada por los pecados; el juez que le espera, y el Infierno que se abre bajo sus plantas. Y enmedio de estas tinieblas y de esta turbación, se hundirá en el abismo de la eternidad.
12. Utinam saperent, et intelligerent, ac novissima providerent. ¡Ojalá que tuviesen sabiduría e inteligencia, y previesen sus postrimerías! (Deut. XXXII, 29). Con estas palabras oyentes míos, nos amonesta el Espíritu Santo, a prepararnos y fortificarnos contra las angustias terribles que nos esperan en aquella última hora. Arreglemos, pues desde éste instante, la cuenta que hemos de dar a Dios; porque no podemos de otro modo arreglarla de manera que aseguremos la salvación de nuestra alma.

¡Jesús mío crucificado! no quiero esperar que llegue la hora de la muerte para abrazaros, sino que os abrazo desde ahora. Os amo más que a todas las cosas, y, por lo mismo, me arrepiento con todo el corazón de haberos ofendido y despreciado a Vos, que sois bondad infinita. Yo propongo amaros siempre, ayudado de vuestra gracia, y espero no ofenderos en adelante. Ayudadme, Dios mío, por los méritos de vuestra pasión sacrosanta, para que siempre os ame hasta disfrutar con Vos el cielo, la gloria eterna.


* "Es difícil", dice el santo. Pero no es imposible. La norma es que como se vive se muere. Pero hay excepciones. Hay unos que en el último momento llegan a realizar un contrición perfecta, esto es arrepentirse por verdadero amor a Dios y otros también a confesarse sinceramente contritos. Ciertamente alcanzarán a salvarse. Lo sabemos por revelaciones privadas, ¡pero qué inconsciente es quien espera ser la excepción de la norma!. ¿Cómo se puede calificar al insensato que deja para el final de su vida el arrepentimiento y la conversión, y en ello confía su destino eterno poniéndose en gravísimo riesgo de condenarse? ¿Tendrá tiempo? ¿Y si lo tiene, sus disposiciones serán sinceras? ¡Cuántas muertes accidentales o inminentes impiden al alma prepararse! Por ello el católico debe vivir siempre sin pecado, en gracia santificante, acudiendo para ello al Confesionario con frecuencia y cumpliendo con las debidas condiciones para que esas confesiones sean válidas.



FUENTE: catolicidad.com

SAN FELIPE NERI -





San Felipe Neri
1515-1595

Apóstol de Roma 
26 de Mayo


Patrón de educadores y humoristas.
Fundador del oratorio en Roma
Algunos dichos de San Felipe
Confesor de San Camilo de Lelis. Ayudó aSan Francisco Carssiolo Lectura del oficio en su día


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El hombre busca la felicidad, pero nada de este mundo puede dársela. La felicidad es el fruto sobrenatural de la presencia de Dios en el alma. Es la felicidad de los santos. Ellos la viven en las mas adversas circunstancias y nada ni nadie se las puede quitar. San Felipe Neri ilustra admirablemente la felicidad de la santidad. Dispuesto a todo por Cristo, logró maravillas en su vida y la gloria del cielo. 

Nació en Florencia, Italia, en 1515, uno de cuatro hijos del notario Francesco y Lucretia Neri. Muy pronto perdieron a su madre pero la segunda esposa de su padre fue para ellos una verdadera madre.

Desde pequeño Felipe era afable, obediente y amante de la oración. En su juventud le gustaba visitar a los padre dominicos del Monasterio de San Marco y según su propio testimonio estos padres le inspiraron a la virtud.

A los 17 años lo enviaron a San Germano, cerca de Monte Casino, como aprendiz de Romolo, un mercante primo de su padre. Su estancia ahí no fue muy prolongarla, ya que al poco tiempo tuvo Felipe la experiencia mística que él llamaría, más tarde, su "conversión" y, desde ese momento, dejaron de interesarle los negocios. Partió a Roma, sin dinero y sin ningún proyecto, confiado únicamente en la Providencia. En la Ciudad Eterna se hospedó en la casa de un aduanero florentino llamado Galeotto Caccia. quien le cedió una buhardilla y le dio lo necesario para comer a cambio de que educase a sus hijos, los cuales -según el testimonio de su propia madre y de una tía -se portaban como ángeles bajo la dirección del santo.. Felipe no necesitaba gran cosa, ya que sólo se alimentaba una vez al día y su dieta se reducía a pan, aceitunas y agua. En su habitación no había más que la cama, una silla, unos cuantos libros y una cuerda para colgar la ropa.

Fuera del tiempo que consagraba a la enseñanza, Felipe vivió como un anacoreta, los dos primeros años que pasó en Roma, entregado día y noche a la oración. Fue ese un período de preparación interior, en el que se fortaleció su vida espiritual y se confirmó en su deseo de servir a Dios. Al cabo de esos dos años, Felipe hizo sus estudios de filosofía y teología en la Sapienza y en Sant'Agostino. Era muy devoto al estudio, sin embargo le costaba concentrarse en ellos porque su mente se absorbía en el amor de Dios, especialmente al contemplar el crucifijo. El comprendía que Jesús, fuente de toda la sabiduría de la filosofía y teología le llenaba el alma en el silencio de la oración. A los tres años de estudio, cuando el tesón y el éxito con que había trabajado abrían ante él una brillante carrera, Felipe abandonó súbitamente los estudios. Movido probablemente por una inspiración divina, vendió lamayor parte de sus libro y se consagró al apostolado.

La vida religiosa del pueblo de Roma dejaba mucho que desear, graves abusos abundaban en la Iglesia; todo el mundo lo reconocía pero muy poco se hacía para remediarlo. En el Colegio cardenalicio gobernaban los Medici, de suerte que muchos cardenales se comportaban más bien como príncipesseculares que como eclesiásticos. El renacimiento de los estudios clásicoshabía sustituido los ideales cristianos por los paganos, con el consiguiente debilitamiento de la fe y el descenso del nivel moral. El clero había caído en la indiferencia, cuando no en la corrupción; la mayoría de los sacerdotes nocelebraba la misa sino rara vez, dejaba arruinarse las iglesias y sedesentendía del cuidado espiritual de los fieles. El pueblo, por ende, se había alejado de Dios. La obra de San Felipe habría de consistir en reevangelizar la ciudad de Roma y lo hizo con tal éxito, que un día se le llamaría "el Apóstol de Roma".

Los comienzos fueron modestos. Felipe iba a la calle o al mercado y empezaba a conversar con las gentes. particularmente con los empleados de los bancos y las tiendas del barrio de Sant'Angelo. Corno era muy simpático y tenía unbuen sentido del humor, no le costaba trabajo entablar conversación, en el curso de la cual dejaba caer alguna palabra oportuna acerca del amor de Dios o del estado espiritual de sus interlocutores. Así fue logrando, poco a poco, que numerosas personas cambiasen de vida. El santo acostumbraba saludar a sus amigos con estas palabras: "Y bien, hermanos, ¿cuándo vamos a empezar a ser mejores?" Si éstos le preguntaban qué debían hacer para mejorar, el santo los llevaba consigo a cuidar a los enfermos de los hospitales y a visitar las siete iglesias, que era una de su devociones favoritas.

Felipe consagraba el día entero al apostolado; pero al atardecer, se retiraba a la soledad para entrar en profunda oración y, con frecuencia, pasaba la noche en el pórtico de alguna iglesia, o en las catacumbas de San Sebastián, junto a la Vía Appia. Se hallaba ahí, precisamente, la víspera se Pentecostés de 1544,pidiendo los dones del Espíritu Santo, cuando vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintióposeído por un amor de Dios tan enorme, que parecía ahogarle; cayó al suelo, corno derribado y exclamó con acento de dolor: ¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!" Cuando recuperó plenamente la conciencia, descubrió que su pecho estaba hinchado, teniendo un bulto del tamaño de un puño; pero jamás-le causó dolor alguno. A partir de entonces, San Felipe experimentaba tales accesos de amor de Dios, que todo su cuerpo se estremecía. A menudo tenía que descubrirse el pecho para aliviar un poco el ardor que lo consumía; y rogaba a Dios que mitigase sus consuelos para no morir de gozo. Tan fuertes era las palpitaciones de su corazón que otros podían oirlas y sentir sus palpitaciones, especialmente años mas tarde, cuando como sacerdote, celebraba La Santa Misa, confesaba o predicaba. Había también un resplandor celestial que desde su corazón emanaba calor. Tras su muerte, la autopsia del cadáver del santo reveló que tenía dos costillas rotas y que éstas se habían arqueado para dejar más sitio al corazón.

San Felipe, habiendo recibido tanto, se entregaba plenamente a las obras corporales de misericordia. En 1548, con la ayuda del P. Persiano Rossa, su confesor, que vivía en San Girolamo della Carita y unos 15 laicos, San Felipe fundó la Cofradía de la Santísima Trinidad, conocida como la cofradía de los pobres, que se reunía para los ejercicios espirituales en la iglesia de San Salvatore in Campo. Dicha cofradía, que se encargaba de socorrer a los peregrinos necesitados, ayudó a San Felipe a difundir la devoción de las cuarenta horas (adoración Eucarística), durante las cuales solía dar breves reflexiones llenas de amor que conmovían a todos. Dios bendijo el trabajo de la cofradía y que pronto fundó el célebre hospital de Santa Trinita dei Pellegrini; en el año jubilar de 1575, los miembros de la cofradía atendieron ahí a 145,000 peregrinos y se encargaron, más tarde, de cuidar a los pobres durante la convalescencia. Así pues, a los treinta y cuatro años de edad, San Felipe había hecho ya grandes cosas.


Sacerdote

Su confesor estaba persuadido de que Felipe haría cosas todavía mayores si recibía la ordenación sacerdotal. Aunque el santo se resistía a ello, por humildad, acabó por seguir el consejo de su confesor. El 23 de mayo de 1551 recibió las órdenes sagradas. Tenía 36 años. Fue a vivir con el P. Rossa y otros sacerdotes a San Girolamo della Carita. A partir de ese momento, ejerció el apostolado sobre todo en el confesonario, en el que se sentaba desde la madrugada hasta mediodía, algunas veces hasta las horas de la tarde, para atender a una multitud de penitentes de toda edad y condición social. El santo tenía el poder de leer el pensamiento de sus penitentes y logró numerosas conversiones. Con paciencia analizaba cada pecado y con gran sabiduría prescribía el remedio. Con gentileza y gran compasión guiaba a los penitentes en el camino de la santidad. Enseñó a sus penitentes el valor de la mortificación y las prácticas ayudasen a crecer en humildad. Algunos recibían de penitencia mendigar por alimentos u otras prácticas de humillación. Uno de los beneficios de la guerra contra el ego es que abre la puerta a la oración. Decía: "Un hombre sin oración es un animal sin razón". Enseñaba la importancia de llenar la mente con pensamientos santos y pensaba que para lograrlo se debía hacer lectura espiritual, especialmente de los santos. 

Celebraba con gran devoción la misa diaria cosa que muchos sacerdotes habían abandonado. Con frecuencia experimentaba el éxtasis durante la misa y se le observó levitando en algunas ocasiones. Para no llamar la atención trataba de celebrar la última misa del día, en la que había menos personas.


Conversaciones espirituales

Consideraba que era muy importante la formación. Para ayudar en el crecimiento espiritual, organizaba conversaciones espirituales en las que se oraba y se leían las vidas de los santos y misioneros. Terminaban con unavisita al Santísimo Sacramento en alguna iglesia o con la asistencia a las vísperas. Eran tantos los que asistían a las conversaciones espirituales que en la iglesia de San Girolamo se construyó una gran sala para las conferencias de San Felipe y varios sacerdotes empezaron a ayudarle en la obra. El pueblo los llamaba "los Oratorianos", porque tocaban la campana para llamar a los fieles a rezar en su oratorio. Las reuniones fueron tomando estructura con oración mental, lectura del Evangelio, comentario, lectura de los santos, historia de la Iglesia y música. Músicos, incluso Giovanni Palestrina, asistieron y escribieron música para las reuniones. Los resultados fueron extraordinarios. Muchos miembros prominentes de la curia asistieron a lo que se llamaba "el oratorio".

El ejemplo de la vida y muerte heroicas de San Francisco Javier movió a San Felipe a ofrecerse como voluntario para las misiones; quiso irse a la India y unos veinte compañeros del oratorio compartían la idea. En 1557 consultó con el Padre Agustín Ghettini, un santo monje cisterciense. Después de varios días de oración, el patrón especial del Padre Ghettini, San Juan Evangelista, se le apareció y le informó que la India de Felipe sería Roma. El santo se atuvo a su consejo poniendo en Roma toda su atención.

Una de sus preocupaciones eran los carnavales en que, con el pretexto de "prepararse" para la cuaresma, se daban al libertinage. San Felipe propuso la santa diversión de visitar siete iglesias de la ciudad, una peregrinación de unas doce millas, orando, cantando y con un almuerzo al aire libre.

San Felipe tuvo muchos éxitos pero también gran oposición. Uno de estos fue el cardenal Rosaro, vicario del Papa Pablo IV. El santo fue llamado ante el cardenal acusado de formar una secta. Se le prohibió confesar y tener mas reuniones o peregrinaciones. Su pronta y completa obediencia edificó a sus simpatizantes. El santo comprendía que era Dios quien le probaba y que la solución era la oración.

El cardenal Rosario murió repentinamente. El santo no guardó ningún resentimiento hacia el cardenal ni permitía la menor crítica contra este. 


La Congregación del Oratorio (Los oratorianos)

En 1564 el Papa Pío IV pidió a San Felipe que asumiera la responsabilidad por la Iglesia de San Giovanni de los Florentinos. Fueron entonces ordenados tres de sus propios discípulos quienes también fueron a San Juan. Vivían y oraban en comunidad, bajo la dirección de San Felipe. El santo redactó una regla muy sencilla para sus jóvenes discípulos, entre los cuales se contaba el futuro historiador Baronio.

Con la bendición del Papa Gregorio XII, San Felipe y sus colaboradores adquirieron, en 1575, su propia Iglesia, Santa María de Vallicella. El Papaaprobó formalmente la Congregación del Oratorio. Era única en que los sacerdotes son seculares que viven en comunidad pero sin votos. Los miembros retenían sus propiedades pero debían contribuir en los gastos de la comunidad. Los que deseaban tomar votos estaban libres para dejar la Congregación para unirse a una orden religiosa. El instituto tenía como fin la oración, la predicación y la administración de los sacramentos. Es de notar que, aunque la congregación florecía a la sombra del Vaticano, no recibió el reconocimiento final de sus constituciones hasta 17 años después de la muerte de su fundador, en 1612.

La Iglesia de Santa María in Vallicella estaba en ruinas y resultaba demasiado pequeña. San Felipe fue además avisado en una visión que la Iglesia estaba a punto del derrumbe, siendo sostenida por la Virgen. El santo decidió demolerla y construir una más grande. Resultó que los obreros encontraron la viga principal estaba desconectada de todo apoyo. Bajo la dirección de San Felipe la excavación comenzó en el lugar donde una antigua fundación yacía escondida. Estas ruinas proveyeron la necesaria fundación para una porción de la nueva Iglesia y suficiente piedra para el resto de la base. En menos de dos años los padres se mudaron a la "Chiesa Nuova". El Papa, San Carlos Borromeo y otros distinguidos personajes de Roma contribuyeron a la obra con generosas limosnas. San Felipe tenía por amigos a varios cardenales ypríncipes. Lo estimaban por su gran sentido del humor y su humildad, virtud que buscaba inculcar en sus discípulos. 


Aparición de la Virgen y curación

Fue siempre de salud delicada. En cierta ocasión, la Santísima Virgen se le apareció y le curó de una enfermedad de la vesícula. El suceso aconteció así: el santo había casi perdido el conocimiento, cuando súbitamente se incorporó,abrió los brazos v exclamó: "¡Mi hermosa Señora! "Mi santa Señora!" El médico que le asistía le tomó por el brazo, pero San Felipe le dijo: "Dejadme abrazar a mi Madre que ha venido a visitarme". Después, cayó en la cuenta de que había varios testigos y escondió el rostro entre las sábanas, como un niño, pues no le gustaba que le tomasen por santo.


Dones extraordinarios

San Felipe tenía el don de curación, devolviéndole la salud a muchos enfermos. También, en diversas ocasiones, predijo el porvenir. Vivía en estrecho contacto con lo sobrenatural y experimentaba frecuentes éxtasis. Quienes lo vieron en éxtasis dieron testimonio de que su rostro brillaba con una luz celestial.


Últimos años

Durante sus últimos años fueron muchos los cardenales que lo tenían como consejero. Sufrió varias enfermedades y dos años antes de morir logró renunciar a su cargo de superior, siendo sustituido por Baronio. 

Obtuvo permiso de celebrar diariamente la misa en el pequeño oratorio que estaba junto a su cuarto. Como frecuentemente era arrebatado en éxtasis durante la misa, los asistentes acabaron por tomar la costumbre de retirarse al "Agnus Dei". El acólito hacía lo mismo. Después de apagar los cirios, encender una lamparilla y colgar de la puerta un letrero para anunciar que San Felipe estaba celebrando todavía; dos horas después volvía el acólito, encendía de nuevo los cirios y la misa continuaba.

El día de Corpus Christi, 25 de mayo de 1595, el santo estaba desbordante dealegría, de suerte que su médico le dijo que nunca le había visto tan bien durante los últimos diez años. Pero San Felipe sabía perfectamente que había llegado su última hora. Confesó durante todo el día y recibió, como de costumbre, a los visitantes. Pero antes de retirarse, dijo: "A fin de cuentas, hay que morir". Hacia medianoche sufrió un ataque tan agudo, que se convocó a la comunidad. Baronio, después de leer las oraciones de los agonizantes, le pidió que se despidiese de sus hijos y los bendijese. El santo, que ya no podía hablar, levantó la mano para dar la bendición y murió un instante después. Tenía entonces ochenta años y dejaba tras de sí una obra imperecedera.

San Felipe fue canonizado en 1622

El cuerpo incorrupto de San Felipe esta en la iglesia de Santa María en Vallicella, bajo un hermoso mosaico de su visión de la Virgen María de 1594.


DICHOS DE SAN FELIPE

"Quien quiera algo que no sea Cristo,
no sabe lo que quiere; 
quien pida algo que no sea Cristo, 
no sabe lo que pide; 
quien no trabaje por Cristo, 
no sabe lo que hace" 
-San Felipe Neri

"Como es posible que alguien que cree en Dios
pueda amar algo fuera de Él".
-San Felipe Neri

"¿Oh Señor que eres tan adorable
y me has mandado a amarte,
por qué me diste tan solo un corazón
y este tan pequeño?" -San Felipe Neri




Butler, Vida de los Santos, Vol II
PP. Louis Poncelle y Louis Bourdet, St. Philip Neri and teh Roman Society of his times.



VIDEO


Película de San Felipe Neri - Ser bueno, si podéis. 



Sinopsis:

Durante el siglo XVI, en la Roma papal, el culto y gentil don Filippo Neri dedica su misión parroquial a la infancia abandonada, fundando algunos institutos para educación y contención de los más pequeños. "Sed buenos, si podéis" (como dice el nombre original del film), recomendaba Filippo a los niños. Su historia personal se verá entralazada a la vida de varios papas, como Sixto V, y a otros personajes religiosos, como Ignacio de Loyola, Carlo Borromeo, Giovanni Della Croce, Teresa de Ávila y Francesco Saverio. Varios de ellos, como el propio Filippo Neri, fueron luego reconocidos como santos por la Iglesia Católica...


FUENTE: corazones. org // gloria.tv/tearlach


LAS LETANÍAS SON ALABANZAS, PIROPOS DE AMOR, DE TERNURA...


Autor: P Mariano de Blas LC 

Las Letanías del Rosario. ¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes. Sólo quien ama a María las entiende. 


Las letanías son alabanzas, piropos de amor, de ternura. ¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes. ¿Te gustan? Sí amas, sí comprendes.

El que las inventó sí amaba, sí comprendía. Son, en definitiva, un poema de amor; sólo quien ama a María lo entiende. Dile a los enamorados que son aburridos porque repiten con frecuencia frases de amor.


Santa María

Es el nombre de la mujer más maravillosa... ¡Cuantas iglesias dedicadas a su nombre!¡Cuantas mujeres llevan este nombre de María! Por algo será. Yo me llamo Mariano y me alegro de llevar ese nombre. Cuanta gente canta, reza, dice ese nombre que a los mismos ángeles impresiona y enternece el corazón de Dios. Los ángeles obedecen a Dios y luego a su Reina, a una mujer, una criatura humana, a María.

Nosotros le hemos puesto un sobrenombre llamándola Santa María de Guadalupe. Cuanto significa este nombre para los mexicanos.

María es amor, toda amor; es el lado misericordioso y tierno del amor de Dios para nosotros.


Santa Madre de Dios

Esta es su grandeza incomparable, Nos merece un respeto tremendo. Pero su amor y humildad la convierten en una Madre incomparable, única. Podía el Hijo de Dios habérsela quedado. Era suya, solo suya y toda suya. Pero el amor es donación y entrega. Y por amor -¡qué grande amor!- nos la regaló. Cristo nos dio el derecho de ser sus hijos.

La sangre que Cristo derramó en el Calvario esa la sangre de una mártir,, era su propia sangre. Dios lleva en sus venas la sangre de María.


Santa Virgen de las vírgenes

Es la inmaculada, la llena de gracia, La hicieron las manos del tres veces santo para ser digna morada del Hijo de Dios.
Está a la cabeza de todas las vírgenes, es reina de todas ejemplo para cada una de ellas.


Madre de Cristo

La sangre que derramó en el Calvario era la sangre de una mártir, María, la Corredentora. Madre del Niño Jesús que nació de Ella en Belén. Madre del Cristo que predicó en Palestina. Madre del Cristo del Calvario: Madre mártir.


Madre de la Iglesia

Pablo VI le otorgó ese título durante el Concilio Vaticano II. Madre de Cristo Cabeza, Madre de su cuerpo, la Iglesia. Madre de todos nosotros: madre tuya, madre mía. Una prueba de que Jesús nos ha tomado en serio como hermanos es que nos ha dado a su Madre, y para siempre.

Te cuida y te ama como si fueras el único. Pero María no puede besar al hijo que la rechaza, no puede curar al hijo que no la quiere, no puede ayudar al hijo que la rehuye. No puede ser Madre de quien no quiere ser su hijo. Y es más madre de quien desea con toda su alma ser hijo suyo.

Madre que cuida de una manera especial a sus hijos enfermos, pecadores, tristes... Madre de las almas consagradas. Para Jesús son sagrados, para María también.

Mexicano, si alguna vez has sentido en tu corazón un algo de ternura por la Morenita del Tepeyac, ten cuidado, te la quieren arrebatar. Te habrán quitado mucho. Ya solo nos falta que nos quiten la fe en Dios y en la Virgen de Guadalupe. Y a ver qué nos queda de mexicanos.


Madre de la divina gracia

No en el sentido de productora de la gracia, sino distribuidora, medianera de la misma. Todas las gracias que recibes pasan por las manos de una Madre, por voluntad de Dios. Al ser la Madre de Cristo m de alguna manera es la madre de esa gracia que Cristo nos dio. Porque el sí de María pondría en marcha la Redención de los hombres, la redención que nos otorgaría la gracia.


Madre purísima. Castísima, virginal, inmaculada

Un abismo de pureza. La Mujer con mayúscula fue una mujer purísima. Cualquier mujer que quiera conservar su grandeza, no puede menospreciar esta virtud. La impureza te hace menos mujer y te acerca al reino inferior de la naturaleza. Las mujeres, las muchachas que hoy aman la pureza y la tratan de vivir tienen el beneplácito de Dios y la sonrisa de la Mujer ideal.

Con ello no quiero decir que las caídas en este campo no se puedan reparar. Como nadie dice que un vestido manchado no se puede lavar.

Los gustos del cielo tan distintos a los del mundo. ¿Qué han hecho de la mujer? Hoy la mujer ideal es totalmente distinta. Si eres mujer, escoge el perfil del cielo o el de la tierra.

La pureza no roba belleza a una persona, al contrario, la realza. El rostro más bellos y los ojos más hermosos son aquellos en los que se refleja Dios. La mujer pura tiene un encanto adicional, un toque de cielo azul, aunque hoy no se le quiera tener en cuanta. Si se quiere rescatar al mundo debe ser desde la mujer, Y gran parte del recate de la mujer se llama castidad.


Madre amable

Digna de todo nuestro amor.

Por lo buena que es

Por lo santa

Por ser mi Madre

Por todo lo que le debo

Porque, después de Dios, nadie me quiere tanto

Por su encantadora sencillez.

María es digna de todo nuestro amor. Totus tuus. Todo tuyo y para siempre. 

Te quiero, madre dela cielo, como quiero al mismo cielo, como quiero los bellos paisajes, los mares, los ríos, las montañas... Te quiero en los amaneceres y puestas de sol, en las flores de la pradera. Lo mismo que siento a Dios, te siento a Ti en cada rosa, en el canto del jilguero, en las estrellas de la noche. Algo de tu hermosura ha quedado en la naturaleza. Y por eso te veo en todas partes.


Madre admirable

De María nunca se dirá todo. No se puede. Siempre hay algo más que decir de hermoso, de dulce, de grande. Las letanías son un amable intento de decir todas las grandezas de María, pero se quedan cortas.

Admirable por sus privilegios: gentilezas de Dios para su Flor: Inmaculada es su nombre, lo que la distingue y la hace brillar en la noche del mundo. Admirable por su sencillez: Tan grande y tan chica. Con una mano toca a Dios Omnipotente y con otra a sus niños de la tierra. “He aquí la esclava del Señor”. Queremos conocer a la esclava más maravillosa del mundo. Sirve en los atrios del Señor. Nos han contado tantas cosas de su santidad, de su belleza. Dicen que sus manos son las más bellas y que las usa solamente para servir, para hacer el bien... Admirable como el paisaje que se mira y se vuelve a mirar y nunca se quiere dejar de contemplar, porque infunde alegría, ternura, admiración.

Oh Madre admirable, maravillosa...Todos los adjetivos se quedan chicos porque eres demasiado grande, santa y hermosa. Quiero mirarme en tus ojos purísimos, en ese océano de amor y pureza para que, por contagio, algo de Ti se pase a mí: algo de tu pujreza, de tu amor, de tu santidad.

Eres un paisaje que han admirado millones de seres antes que nosotros, y detrás de nosotros seguirán admirándote sin cansarse jamás. ¿¡Qué tienes, criatura celestial, que todos se enamoran de Tú...?


Madre del buen consejo

Gentil Pastora que sabe guiar a la vida eterna y a la vida digna de vivirse. “El Señor es mi Pastor”.También quiero decir : María es mi pastora. Maestra insuperable: Dichosos los alumnos de tu escuela, María. Consejera única, porque le asiste el Espíritu Santo en persona.

Yo necesito tu maravilloso consejo para los mil asuntos que ignoro. Yo tengo los problemas y Tú tienes las soluciones. Guíame a la vida eterna, mi destino final, aquello por lo que existo y para lo que fui creado.

Dame algo de tu sabiduría para resolver amablemente las dificultades de miles de hermanos míos que sufren, que lloran y no saben para qué sirve el vivir. Enséñame cuál es el sentido del vivir, de sufrir, de morir. Ayúdame a amar mucho esta vida, pero infinitamente más la otra.

Aconseja al Jesús de la tierra, al Vicario de tu Hijo, a los obispos, sacerdotes...Enséñanos a discernir los engaños del Padre de la Mentira de las luces del Espíritu Santo. Madre del buen consejo, te necesitamos tanto en un mundo lleno de confusión y de sombras...


Madre del Creador

El Creador quiso ser creado en su naturaleza humana y por eso requirió de una madre. Eres madre del Creador por eso, porque le diste la naturaleza humana, un cuerpo de hombre. Madre del que creó el mundo. Por un lado criatura y por otra creadora de la vida humana del Creador. Tú tuviste entre tus brazos y alimentaste al Creador niño. Lo acunaste, le enseñaste a caminar, a hablar, a rezar, a vivir como hombre. Y te obedeció durante treinta años.

Engendradora del Camino, la Verdad y la Vida. Cuánto nos diste a nosotros al darla la vida a Él. Porque hiciste hermano nuestro al Dios, nuestro Salvador. Y Él, a su vez, te convirtió en Madre nuestra también. Y todo por amor de Dios a Ti y a nosotros. Estableciste un parentesco inusitado: Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo, Madre nuestra.


Madre del Salvador

Como el Creador de mundos se hizo Salvador del Hombre, Tú adquiriste un nuevo título y parentesco: Madre del Salvador. Cuando otra mujer escuchó a tu Hijo Salvador pensó amorosamente en Ti. “Bendito el seno que te llevó y los pechos que te criaron”. Te llamó bendita. Te llamamos bendita porque eres la fuente de la fuente de aguas vivas y eres la Madre de la salvación que se llama Jesús. Al dar las gracias a Cristo, volvemos la mirada a quien fue su Madre.
El Salvador debía morir en una cruz< y en una montaña. En esa montaña estuviste Tú. No podías faltar. Allí fuiste nombrada solemnemente madre de todos los salvados. Tu maternidad es inmensa; tus hijos incontables. No sólo fuiste madre del Redentor, sino Corredentora, compañera de martirio como nueva Eva junto al nuevo Adán. Jesús ha salvado al hombre con tu ayuda, con tu sufrimiento. Colaboraste en la salvación de tus hermanos, antes de ser Madre de todos ellos.


Virgen prudentísima

Hablas cuando se requiere y callas cuando debes callar. No hablaste cuando José, ignorante del milagro que crecía en Ti, sufría sin saber. A los doce años de Jesús le preguntaste por qué. Pero cuando Él te respondió con otro por qué, callaste, aunque no tenías la respuesta. Conservabas todas aquellas palabras y misterios en tu corazón.

Pero en Caná hablaste, insististe, porque era necesario el milagro. No sólo conseguiste el mejor vino del mundo, para alegría de los comensales, sino que hiciste crecer la fe de los apóstoles.
Yo suelo hablar cuando debo y también cuando no debo. Y callo, por cobardía, muchas veces que debida hablar. ;e sobra cobardía y me falta prudencia. Virgen prudente, me inscribo en tu escuela para aprender esta difícil virtud.

Te apareces a gente sencilla y humilde, porque no quieres inquietar a los poderosos Eso es también prudencia, Sigues siendo en el cielo la Niña eterna que aquí fuiste..En los primeros siglos de la Iglesia dejaste actuar a Pedro y a los Apóstoles, y Tú actúas y ayudas desde la segunda fila. No quieres ser protagonista.


Virgen digna de veneración, de alabanza 

He visto cientos de fervorosas procesiones de la Virgen, altares adornados con millares de flores, las flores más bellas, desde niño. En el calendario abundan las fiestas dedicadas a María, comenzando por la del primero de enero, María Madre de Dios, Esta fiesta invita a colocar el nuevo año en sui corazón.

Un mes primaveral, Mayo, se le dedica entero a la Virgen María. ¿Quién no ha llevado flores a la Virgen en el mes de Mayo? Tanto derroche de flores, ¿por qué? La flor es en sí hermosa, pero además es portadora de cariño, de ternura. En los altares de María hay infinidad de bellas flores, porque es mucho el amor de sus hijos.

Y las advocaciones tratan de obligar a María a quedarse en una región, a emparentar con un pueblo. Y así, la Virgen del Carmen, del Perpetuo Socorro, La Virgen de Guadalupe, Fátima, Lourdes... Así, la Madre de todos se convierte especialmente en Madre de los habitantes de un pueblo, añadiéndole su título particular.

El amor también canta. No podían faltar las hermosas canciones a la Virgen, que, si las juntáramos, serían miles y miles. Lo mejor dela cariño se muestra cantando. Millones de cristianos cantan a diario a su Madre del cielo. El que nunca te lleve una flor o te entone una canción, no sabe nada del amor...


FUENTE: Catholic.net

DEJAD DE LEER HOROSCOPOS.




NO OS CONFÍES EN VUESTRA HUMANIDAD

Y MUCHO MENOS OS APOYÉIS EN LOS TRUCOS DEL MALIGNO

(HABLA DIOS PADRE EN UNIÓN CON LA CORTE CELESTIAL)




Mis niños, Mis Pequeños;

Lleváis ya mucho tiempo jugando con lo que llamáis “El Poder de la mente” que no es otra cosa que la vana ilusión de quitar, o pretender hacerlo, el Poder del Espíritu, que es el único que tiene el hombre, al pedirlo al Santísimo Espíritu, y creéis que por vuestra propia inteligencia lograreis los Milagros que solicitáis. La mente, Mis Niños, no tiene ningún poder, sino el espíritu de Dios en vosotros.

Dejad ya vuestros juegos vanos y tontos. ¿Quién de vosotros se puede curar de una grave enfermedad por creer que puede…? Ninguno, pero si Me lo solicitáis con humildad Yo puedo curaros de cualquier mal, como un Soplo Divino.

Así que dejad de ser megalómanos y de creer que sois vosotros mismos con vuestro poder quienes podréis aliviaros o cambiar vuestra situación, que no lo podréis y ya no tenéis tiempo que desperdiciar en estas bagatelas tontas. Si tenéis un problema, con humildad acudid a Mí. (Salmo 51 *) y pedid Mi Ayuda. ¿Lo comprendéis?

Vuestra medicina os puede ayudar, pero tiene sus limites marcados por Mi Santa Voluntad, así que si queréis lo infinito, pedidme que Yo os sane, y dejad ya la tontería que Me ofendéis con vuestros trucos y al ir a magos, curanderos y hechiceros para con ello intentar doblar o cambiar Mis Santos Designios. No hagáis peor vuestra situación consultando a los del Maligno, que este no confiar en vuestro Padre eterno y acudir a los del Maligno es gran ofensa. ¿Lo comprendéis? ¡Dejad eso ya!

Todo lo que no es de Mi Santa Iglesia es contra Mí, ¿lo comprendéis? Y, os lo He Dicho, decidid y ser fieles a ello y no busquéis que El Maligno satisfaga vuestros caprichos cuando vuestro Padre no os otorga lo solicitado es porque no es Mi Voluntad que así sea, y tened muy por seguro que ésta siempre va a la salvación de Mis pequeños y siempre tiende a lograr un mayor bien para vosotros. 


Confiad y esperad confiados, pero no Me afrentéis, Mis Pequeños.

Hay quienes saliendo de las Iglesias y Casas de Mi Hijo acuden a los hechiceros a buscar doblar la voluntad del Cielo y sólo hacéis vuestra situación mucho peor. Si pedís al Maligno os cobrará y no tiene otro interés en mente que vuestra alma. Así que si os otorga un favor, tenedlo por seguro que el cobro llegará y será con vuestra propia salvación.

Recordad que Vuestro Padre Celestial es Dios Celoso de la fidelidad de sus hijos y no lo afrontéis.
Dejad a un lado todo lo que no viene de Dios, deshaceos de todo ello: ídolos, sortilegios, juegos de naipes para hechicería, pócimas, amuletos y toda cosa “non sancta”, que con vuestros Sacramentales Benditos y con las protecciones que os hemos otorgado tenéis lo que necesitáis, ¿Acaso creéis que el Maligno lo que os da es para protegeros o para acabar con vosotros?



Una bendición vale contra mil amuletos de la suerte.

No busquéis en horóscopos cuál es vuestro destino, porque lo vuestro es la Santa Voluntad de Dios Padre para cada uno y no está en los astros ni en toda invención del Maligno para que quitéis vuestra fe y Fidelidad de la Casa del Padre.

¿Comprendéis lo que habréis de hacer? Limpiad vuestras vidas, vuestras casas y hogares de todo amuleto, ídolo, pócima, hechicería, libros malos; todo eso debe salir de vuestras personas, hogares y vidas para que pongáis vuestra confianza en Dios. ¿Lo comprendéis? Sino ¿cómo seréis Bendecidos si vosotros mismos estáis impidiendo que las Bendiciones lleguen a vosotros? Todo lo que es truco del Maligno habrá de salir de vuestras casas y vidas, todo.

Hacedlo ya, escudriñad en vuestros hogares y sacar todo lo malo que se esconde hasta en los rincones.

Después Bendecid vuestras casas, hogares, sitios de trabajo, medios de transporte e instrumentos de trabajo para que lo que os circunda y rodea quede limpio y no os contaminéis en vuestro propio hogar y lugar de labores.



¿Lo comprendéis?, ¿lo haréis como os solicito, Mis Pequeños?

Recordad : Uno no puede servir a dos amos, ¿en quién depositaréis vuestra confianza y el destino final de vuestra alma, en quién? Decidid, haced como se os dice y sed fieles a ello.

Dejad de leer horóscopos y consultar toda hechicería, aunque se disfrace de moda, descartadla toda. Si no viene de vuestra Santa Iglesia dejadlo fuera, que el Maligno tiene muchos disfraces. No os atreváis a invocar a nada que no sea a vuestros Ángeles conocidos y nombrados por la Santa Iglesia, a los Santos reconocidos por ella, a la intercesión de las Santas Almas del Purgatorio, a San José y a María Santísima.

Si vuestra fe no os alcanza ni para manteneros dentro de los limites infinitos de lo que la Iglesia os da como Santo, estaréis pisando los terrenos del Maligno en uno de sus múltiples disfraces, ¿Lo comprendéis?

Escudriñad en vuestras vidas y veréis toda la contaminación que os rodea y circunda. Romped todo lazo con ello, confesarlo a vuestros santos sacerdotes y no volváis a pecar con la deslealtad y la infidelidad que ya lo podéis leer en vuestras Biblias que es pecado que ha acarreados terribles consecuencias a los pueblos.

No seáis idolatras ni afrontéis al Santo Padre con ello. Más bien orad con sencillez de vuestro corazón y con intención recta y santa que vuestro Padre que está en los Cielos os escuchará, tenedlo por seguro, y os responderá con lo que más os convenga para vuestra Salvación y Santificación.



¿Lo tenéis claro, Mis Hijitos?

Vosotros mismos detenéis e impedís las bendiciones del cielo con vuestra duda (como cuando Moisés golpeó dos veces la piedra*) así que ya lo sabéis, no Me afrontéis para que os vaya bien en todos vuestros asuntos.

Ya no sois parvulillos. Los que seguís esta guía ya estáis grandecitos. No os debéis fijar si el consejo os viene de vuestra Madre, de vuestro Padre, de vuestro Rey y Señor: Os viene de Mi Sacratísima Voluntad. Así, Mis Niños, que confiad que ya tenéis la madurez para hacerlo y no olvidéis que sólo si algo de lo que se os dice por estas que llaman “Revelaciones Privadas” va en contra, se opone, se contrapone o contradice la Santa Palabra de Mi Amadísimo Hijo es de lo que dudaréis, si no es así; confiad y seguid que estáis en Tiempos Finales y es necesaria vuestra lealtad, vuestra confianza y que vuestra esperanza santa sea depositada únicamente en Mí, vuestro Padre Dios.

¿Haréis como os lo ordeno?, ¿o andaréis buscando en las arcas del Maligno con sortilegios y maldad para cumplir vuestros deseos, aun oponiéndose al Mío, Santo y Perfecto?

Reflexionad en esto, en cada cosa, actitud, actividad, libro y artículo del Maligno y partid de ello como del Mal mismo.

Sois Mi Santo Resto Fiel y os debéis comportar a la altura de los tiempos y ser ejemplo a vuestros hermanos, sino ¿cómo os creerán si ven que vosotros mismos sois infieles? Atraedlos a Mi Casa con vuestra fidelidad y lealtad, dadles la seguridad que necesitan Mis Ovejas para encontrar El Camino, porque si vosotros mismos no lo tenéis claro ¿cómo lo señalareis a vuestros hermanos? No pongáis vuestra confianza más que en Vuestro Dios y Yo sabré guiaros y recompensaros por ello.


¿Lo haréis como os lo solicito, Mis Ovejitas?

Vuestro Padre Dios en unión con la corte celestial quien os Habla, os advierte, os guía y os amonesta por Amor.




(*) Salmo 51

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.

Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.

He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.

Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido.

Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu Santo Espíritu.

Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.

Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti.

Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia.

Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza.

Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto.

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén.

Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, El holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Amén.”


HDDH

(Septiembre 02)

Año del Señor 2013

Y María del Getsemaní.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís