FRASES PARA SACERDOTES

Dios nos ha dado un espíritu de fortaleza. La fortaleza es la dignidad del ser humano que vive en la Voluntad de Dios, que es obediente a Dios.
Esa fortaleza es tan poderosa que los demonios no la pueden resistir. Un demonio jamás se le acercará a la fortaleza de una persona, porque la fortaleza viene de Dios. Esa fortaleza es luz, es una fuerza inmensa!

De: Marino Restrepo ( Audio, La voluntad de Dios en la obediencia).

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

UN LLAMAMIENTO AL AMOR, SOR JOSEFA MENÉNDEZ.

PERSECUCIÓN ENCARNIZADA


"Mira cómo mi Corazón se consume de amor por las almas.  Así quiero que tú también te abrases en deseos de su salvación.  Entra en este Corazón, y unida a El, repara...  Sí, tenemos que reparar.  Yo soy la Gran Víctima; tú una víctima pequeñita, que uniéndote a Mí, puedes ser del agrado del Padre".





"Te he dejado descansar un poquito, Josefa; ahora déjame que descanse en ti.  Deseo darte mi Cruz algunos momentos,  ¿la quieres?
"¡Hay tantas almas que me abandonan y también que se pierden!  Y lo más triste es que a muchas las he colmado de dones y he fijado en ellas los ojos; en cambio, me corresponden unas con frialdad y muchas con ingratitud.  ¡Qué pocas son, qué pocas, las que me devuelven amor por amor!"
Le dio la Cruz y desapareció.





"No mires tu poquedad, Josefa, mira la omnipotencia de mi Corazón que te sostiene.  Soy tu fortaleza y el reparador de tu miseria.  Yo te daré fuerza para sufrir todo lo que deseo que sufras".




En la noche del Domingo, 4 de Diciembre, padece un nuevo género de tormento.  El demonio la arroja brutalmente de su lecho, la derriba en el suelo, la azota hasta dejarla casi sin sentido.  Largas horas dura este indecible tormento, que se renueva en las dos noches siguientes:

"Al fin de una de esas noches que fue un verdadero infierno, no sabiendo qué hacer me puse de rodillas junto a la cama.  De repente escuché como un rechinar de dientes y gritos de rabia y vi  delante de mí a la Virgen, hermosa como siempre.
"Nada temas, hija mía, Yo estoy aquí".

Le conté mis temores y lo que el diablo me hace sufrir".

"Te puede atormentar pero no te puede dañar.  Está furioso por las almas que se le escapan.  ¡Valen tanto las almas!  No puedes comprender el valor que tiene un alma".

Me bendijo diciendo:

"No tengas miedo".

Le besé la mano y se fue.





El Martes, 6 de Diciembre, al salir de la capilla, después de confesarse, sale de súbito al encuentro de Josefa un enorme perrazo negro arrojando por ojos y boca llamaradas de fuego.  Ella extiende la mano, armada con el santo rosario y marcha hacia adelante.  Después es una serpiente la que, engreída, se yergue a su paso.  Vencido de nuevo, toma la forma que mayor temor ha de infundir en Josefa, la forma humana.  Lucha heroica la que sostiene en toda esta temporada hasta vencer en toda esta temporada hasta vencer... No se alteran en lo más mínimo ni su fidelidad, ni su invariable abnegación, por más que se multipliquen, a lo largo del día, los espantables encuentros.  Y cuando la prueba que la purifica adquiere mayores proporciones, mayor es también el abandono filial de Josefa en los brazos de Dios.






El 28 de Diciembre, a eso de las siete de la tarde, vuelve ella del trabajo con las demás Hermanas, cuando le sale al paso su implacable verdugo.

Con la rapidez del rayo la toma, se la lleva y la esconde en un desván donde la atormenta durante un buen rato.  Desde este día no tiene una hora de sosiego El demonio la arrebata burlando toda vigilancia, salvo la de Dios.  Aun a los ojos de las mismas Madres, que nunca la perdían de vista, desaparece como el relámpago y sólo al cabo de prolongadas y minuciosas pesquisas la encuentran en sitos inverosímiles, en los que, por sí sola, jamás hubiese podido penetrar.  Las Superioras tiene que abandonarla a la amorosa providencia del Padre celestial y aguardar a que El extiende su brazo poderoso; nadie vela por la mensajera de su Amor con mayor solicitud que el Corazón de Jesús.  Cuando lega su hora, interviene para firmar sus derechos de dueño y Señor.  El demonio abandona entonces su presa, vomitando blasfemias se hunde aniquilado por el poder divino; Josefa se levanta extenuada, pero consciente; ora, recobra fuerzas y valor y reanuda sus humildes tareas.





El 1.° de Enero de 1922 durante la misa de nueve -escribe-, ya casi en la elevación, sentí una voz como de un  niño que me llenó de alegría

"Josefa, ¿me conoces?"

En seguida vi delante de mí a Jesús, chiquito, como un niño de un año o algo más, vestido con la túnica blanca de otras veces, pero más cortita.  Los pies descalzos y el pelito rubio.  ¡Estaba encantador!  Le conocí en el acto.  ¡Ya lo creo que os conozco!, sois mi Jesús.  Pero qué pequeñito sois, Señor...Sonrió y me dijo:

"Soy pequeñito, pero mi Corazón es muy grande".

"Por eso he querido que lo conozcas y te he puesto muy dentro de El".

Le pregunté:  Jesús mío,  ¿he terminado ya de sufrir por ahora?"

"Todavía tienes que sufrir un poco más; y a añadió:  necesito corazones que amen,  almas que reparen, víctimas que se inmolen... pero sobre todo,  almas que se abandonen".

"Tus Madres han hallado la fórmula del abandono:  el demonio no tiene más poder que el que le viene de arriba.  Diles que Yo estoy por encima de todos los enemigos".

"He querido hacerme tan pequeñito, Josefa, para que tu también seas muy pequeña.  Y he querido humillarte para enseñarte cómo debes ser".

Me bendijo con su manita y se fue.






El Miércoles, 11 de Enero, su director espiritual, para fortalecerla, le propone adelantar el día de los votos religiosos, pronunciando ya desde aquel momento, el voto de castidad.
De rodillas, inundada de gozo celestial, Josefa renueva la donación que hiciera ya años antes, la víspera de su primera Comunión y promete a Jesús fidelidad hasta la muerte.

"Josefa, esposa mía,  ¿sabes lo que han hecho con este voto tus Superioras?  Han obligado a mi Corazón a que cuide de ti de una manera especial.  Diles que me han dado mucha gloria".

Le pregunte si la prueba ya había terminado.

"Quiero que te abandones, que estés dispuesta a recibir los tormentos del demonio o mis consuelos".

La vía del abandono es, pues, la que el Señor le traza, y constantemente insiste para que no se desvíe de ella.  Quiere verla avanzar a ojos cerrados, segura de El, y libre de toda preocupación y recelo.






Creo que fue el 13 o el 14 de Enero, cuando el diablo me empezó a atormentar de nuevo y con mas furias para hacerme perder la vocación.  También quiso engañarme, tomando la figura de Nuestro Señor.
A pesar de su derrota, el diablo intentará varias veces repetir, el engaño  Pero Josefa, gracias a la humilde desconfianza de sí propia, y a la confianza de sus Superiores, a quien obedece ciegamente, como al mismo Dios, triunfará de este nuevo peligro.  Por indicación de su Director espiritual, a la vista de cada aparición, renovará el voto de virginidad; más tarde, los tres votos de religión.  Jamás podré el demonio soportar este acto de fe y de amor sin turbarse, cambiar de actitud y de figura, traicionarse, en fin, a si mismo y desaparecer entre blasfemias como un impostor tomando en sus propias redes.  Andando el tiempo, añadirá Josefa a la renovación de votos, las Divinas Alabanzas, pidiendo a las apariciones que las repitan.  El Señor, la Virgen, la Santa Fundadora accederán a ello con visible complacencia, pero el demonio, el que no puede amar, jamas podrá pronunciar estas palabras de bendición y loor al Dios tres veces santo.  Al verse descubierto, se exaspera su rabia.

Al verla siempre igual, siempre amable,  ¿quién podrá sospechar los tormentos y angustias por que está pasando?  No podemos menos de reconocer aquí una especial providencia, que atestigua la realidad de la acción divina obrando misteriosamente en esta alma privilegiada.

HISTORIAS ANIMADAS PARA NIÑOS - LOS AMIGOS DE JESÚS


Esta serie de videos nos muestra la historia Jesús, narrada a partir de los hechos sucedidos a aquellas personas que estuvieron cerca de Él, que fueron sus amigos o discípulos. Cada capítulo acaba con un "recuerda que", el cual explica un poco más en profundidad los acontecimientos evangélicos.





FUENTE: instrumentoscristianos.blogspot.it

CUARTO MANDAMIENTO DE LA IGLESIA - EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA-

Autores varios


Orígenes del ayuno

Redacción de El Observador

Octavio disfrutaba de un suculento bistec un viernes de cuaresma. Luisa, su madre, le reprendió:

— No puedes comer carne este día.

El muchacho contestó:

— ¡Ay, mamá! Tú y tus viejas tradiciones. Mejor vamos a alabar al Señor comiendo como reyes —y soltó una carcajada que revoleteó por toda la casa.
Lamentablemente esta es una actitud que vemos repetida con mucha frecuencia. Los hombres y mujeres de nuestros días ven con desdén las prácticas penitenciales, en este caso el ayuno y la abstinencia.

Con la finalidad de mostrar el origen, sentido, riqueza y beneficios del cuarto mandamiento de la Iglesia: ayunar y abstenerse de comer carne en los días establecidos, dedicaremos una serie de artículos a este tema.


La tradición judía y el Nuevo Testamento

El ayuno formaba parte de la tradición judía y se sabe que fue igualmente practicado por la civilización grecorromana. La tradición judía recomendaba únicamente un día oficial de ayuno, el día de la expiación, que era un día de devoción. Pero la gente ayunaba con frecuencia dos veces por semana, los lunes y jueves. Por el Antiguo Testamento sabemos que, en momentos de grandes dificultades, los reyes y profetas pedían al pueblo que ayunaran y orara.

Jesucristo preparó su ministerio público retirándose al desierto para orar y ayunar por cuarenta días (cfr. Lc 4 y Mt 4). Desde este acontecimiento, se puede entender el sentido que adquiere para el catolicismo.


Los primeros años de la Iglesia

La Iglesia primitiva introdujo dos días de ayuno a la semana, miércoles y viernes. Algunos de los fieles ayunaban igualmente los sábados, en preparación para el Día del Señor. Cada vez más, la práctica del ayuno se fue extendiendo gradualmente. El ayuno ya se encontraba prescrito en la Didaché o Enseñanza de los doce Apóstoles, uno de los textos más antiguos del cristianismo. En los cap 6-9 aparecen instrucciones litúrgicas sobre el bautismo, ayuno y oraciones «Vosotros ayunaréis el día cuatro y la víspera del sábado», manda con toda claridad. Con el tiempo comenzó a ser guardado por semanas enteras, en la Semana Santa por ejemplo; y en el siglo tercero la Iglesia introdujo el periodo de ayuno de cuarenta días de Cuaresma, en preparación a la Pascua, la celebración de la Resurrección de Jesús. En los 9 primeros siglos de la Iglesia algunos de los fieles hacían con mucho rigor esta práctica. En tiempos de Jesús y en los siglos posteriores lo que se entendía por «ayuno» era «una comida al día», tomada al atardecer o a la hora de nona (media tarde). Esto coincide con otras tradiciones religiosas; aún hoy; por ejemplo, cuando en la India se habla de «un día de ayuno», tanto hindúes como cristianos entienden «un día en que sólo se hace una comida»


A lo largo de la historia

Ha sido una práctica común de la Iglesia. Con el tiempo, el rigor del ayuno con respecto a los primeros siglos del cristianismo se ha reducido. En la actualidad está regulada por el Derecho Canónico. Ahí se cataloga como una práctica de penitencia, es decir un acto de purificación y preparación.

Da unas normas generales para cumplir con el ayuno, pero también abre la posibilidad de que cada «Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.»

Los Papas y obispos en sus mensajes cuaresmales hablan de esta práctica y exhortan a los católicos a vivirla con verdadero sentido cristiano, es decir, como un gesto de amor, purificación, caridad y preparación interior.



Normas para el ayuno y la abstinencia


La Iglesia establece unos tiempos de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia. Pero se debe tener en cuenta que los fieles están obligados cada uno «a su modo»; que las prácticas que se establecen no dispensan de la obligación de hacer penitencia, la cual es personal, y que no se debería limitar a las pocas prácticas comunes a todos los católicos.

Días obligatorios de abstinencia de carne

Todos los viernes de Cuaresma son días de abstinencia de carne. Pero el episcopado mexicano ha dispuesto que «se puede suplir la abstinencia de carne, excepto la del Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, por:

a) la abstinencia de aquellos alimentos que para cada uno significa especial agrado, sea por la materia o por el modo de preparación;

b) o por una especial obra de caridad;

c) o por una especial obra de piedad;

d) o por otro significativo sacrificio voluntario»

Normas de abstinencia y ayuno, según la edad de los fieles

Existen las siguientes normas según la edad:

Hasta los 14 años cumplidos: no hay obligación de guardar ayuno ni abstinencia.

Desde los 14 y hasta los 18 años (mayoría de edad canónica): Existe la obligación de guardar la abstinencia de carne o de otro alimento todos los viernes del año, salvo si coincide con solemnidad.

Desde los 18 hasta los 59 años cumplidos: existe la obligación de abstenerse de tomar carne u otro alimento los días indicados anteriormente y de ayunar el miércoles de ceniza y el viernes santo.

Desde los 59 años de edad: desaparece la obligación de ayunar, pero subsiste la obligación de abstenerse de la carne u otro alimento.

Algunas excepciones

Están exentas las personas que necesiten hacer esfuerzo físico demandante, las mujeres embarazadas o que alimentan a sus bebés, así como aquellos enfermos con posibilidades de empeorar su salud con el ayuno.

En este caso deberán privarse de algún gusto o cosa que les agrade.

¿En qué consiste el ayuno?

El ayuno consiste en hacer una sola comida al día.

Se puede beber algún vaso de líquido en sustitución de las dos comidas omitidas.




El ayuno es un gesto de amor

Por Manuel Pérez Peña


Hace mucho tiempo escuché una historia de una persona sencilla que puede ayudarnos a arrojar un poco de luz sobre la razón del ayuno. La mujer protagonista de esta historia tenía un hijo al que en su infancia le fue diagnosticada una diabetes juvenil. Como es natural, esto hacía que el régimen alimenticio de este niño se viera alterado sustancialmente. Mientras todos los niños se recreaban en golosinas, bocadillos y dulces, él no los podía tomar. Esto en un adulto supone un serio inconveniente, cuánto más en un niño en el que el ingrediente adicional es su inexperiencia y su inocencia.

Aquella mujer, para intentar consolar a su hijo que no podía tomar dulces, tomó una decisión: ella dejaría de tomar dulces también. Y así lo hizo. Si su hijo no podía tomar dulces, ella tampoco lo haría. A ella no le hacía daño el azúcar como a su hijo, pero ella renunció voluntariamente a ese alimento como un gesto de amor por su hijo.

Evidentemente aquello era un sacrificio para ella, le costaba trabajo, pero no estaba dispuesta a darse ese placer, ni aún ocultamente, si su hijo no podía hacer lo mismo.

En el mundo existe mucho dolor, mucha hambre: hay personas que pasan hambre en su cuerpo; otras pasan hambre de amor, de caricias, de gestos (esto es quizás aún peor); otras pasan hambre de relaciones humanas; otras pasan hambre de oraciones, como las almas que están en el Purgatorio.

Todos pasamos algún tipo de hambre, porque todos nos necesitamos mutuamente y debemos suplir nuestras carencias recíprocamente. Y ayunar es la manera de sentirnos más cercanos de todos los demás, de olvidarnos de nosotros mismos y de nuestras necesidades para ir dándonos cuenta de que hay algo más que nuestro yo.

Guardar ayuno, entre otras cosas, es un gesto de amor que nos hace más cercanos a todos esos que pasan algún tipo de hambre; en definitiva, a todos los que todavía no reinamos con Cristo en su presencia. En el camino de amar cada vez más intensamente al prójimo, el ayuno debe ser un medio más para cumplir cada vez más perfectamente el mandato de Cristo.




Cuatro caras del ayuno

Por José Eizaguirre, Sm


Ayuno y misericordia

Siguiendo la sabiduría popular de que «nos damos cuenta de lo que tenemos cuando lo perdemos», la privación ocasional del alimento nos predispone al agradecimiento por las veces que sí comemos. El abstenernos de comer durante ciertos periodos de tiempo nos recuerda a aquellos que están privados de la comida en contra de su voluntad, nos ayuda a identificarnos con los hambrientos y a tenerlos presentes en nuestra oración. ¿Acaso no lo hemos experimentado? El ayuno voluntario nos hace más sensibles a las necesidades de los demás y más agradecidos a los bienes que hemos recibido.

Si el ayuno nos hace más orgullosos y más satisfechos de nosotros mismos, si nos hace sentirnos «mejores» que los demás, mala señal. Pero si, por el contrario, el ayuno nos hace más sencillos y humildes, más conscientes de nuestra propia fragilidad y debilidad, más compasivos y comprensivos con las flaquezas ajenas; en definitiva, más misericordiosos, entonces es que este medio nos está ayudando a que Dios nos conforme según lo que Él es.

Ayuno y dominio de sí

La felicidad humana tiene mucho que ver con esa capacidad para superar el propio egoísmo con vistas a abrirnos a un amor que nos exige el esfuerzo de la propia renuncia. Y, dicho en cristiano, con la apertura a un Amor que nos pide seguir antes su voluntad que la nuestra. Y en este sentido, la privación voluntaria del alimento tiene mucho que ver con ese esfuerzo. Porque, en definitiva, el ayuno –como la castidad– supone ejercer una cierta violencia sobre el propio cuerpo. Por eso debe practicarse siempre voluntariamente, «con grande ánimo y liberalidad» –como diría san Ignacio–, con alegría y paz interior, siendo capaces de «amar el ayuno».

No estamos hablando de la renuncia por la renuncia, para añadir incomodidades a las incomodidades que ya nos depara la vida, sino para el mejor y más equilibrado desarrollo de uno mismo. Al ser más dueños de nosotros mismos, al ser más nosotros mismos, podremos amar y servir más auténticamente a los demás. Así el ayuno puede ser una ayuda para el dominio de sí con vistas al servicio del Reino.

Ayuno y privación

En el fondo estamos hablando de un principio que conocemos bien, no solo por experimentarlo nosotros mismos sino porque lo vemos constantemente en nuestras sociedades de la opulencia: el tener todas las necesidades cubiertas pone en un punto de pereza a la acción. Cuando aparecen la incomodidad o la carencia, y más aún, cuando esa privación es voluntaria, entonces se estimulan la creatividad y las energías transformadoras.

El ayuno puede ser esa pequeña distorsión que nos «cambie los hábitos», nos descoloque y nos estimule.

Ayuno y oración

Una dieta ligera predispone mejor a la oración. Y es que el dejar voluntariamente algunas necesidades del cuerpo sin satisfacer nos ayuda a rezar, porque nos ayuda a darnos cuenta de que nada puede satisfacernos plenamente. Las privaciones del cuerpo contribuyen a «sentir el mordisco» de nuestra gran Privación, ese encuentro pleno con Dios. Un estómago más vacío que lleno ayuda a experimentar ese otro vacío existencial que sólo Dios puede colmar y a predisponernos al encuentro con Él.

Porque eso es el ayuno con relación a la oración: un rezar «con todo nuestro ser», ¡con nuestras vísceras! Es «el grito del cuerpo», como muy bien lo ha expresado Anselm Grün:

«En cuerpo y espíritu nos volvemos hacia Dios; en cuerpo y espíritu le adoramos. El ayuno es el grito del cuerpo lanzado hacia Dios, un grito de lo profundo, brotado del fondo de nuestro abismo, en el que descubrimos nuestra impotencia y nuestra extrema vulnerabilidad, a fin de abandonarnos totalmente en el abismo de Dios».



El sentido cristiano del ayuno


Por Manuel Sánchez Monge, obispo de Mondoñedo-Ferrol


Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Los cristianos estamos convencidos de que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra salida de la boca de Dios» (Mt 4,4). San Agustín escribía muy bellamente que él ayunaba para ser «agradable a sus ojos [de Dios], para gustar su dulzura» (Sermón 400, 3, 3: PL 40, 708). Ayunar es un medio estupendo para recuperar la amistad con Dios. Así lo entendieron los habitantes de Nínive que aceptaron el llamamiento de Jonás.

El verdadero ayuno, enseña Jesús, no consiste sobre todo en prácticas externas para ser vistos por los hombres, sino en cumplir la voluntad del Padre celestial, que «ve en lo secreto y te recompensará» (Mt 6,18). El verdadero ayuno tiene como finalidad comer el «alimento verdadero», que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34).

El ayuno que el hombre necesita de verdad es el que le abre a la austeridad y a la solidaridad. El hombre que se ha saciado por completo se vuelve ciego y sordo a las necesidades de sus hermanos. No se ve más que a sí mismo. San Juan nos pone en guardia: «Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente y privarnos de algo para ayudar a los demás demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. El Santo Padre anima a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante toda Cuaresma el ayuno personal y comunitario, e invita a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se haya recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). 

Nuevas formas de ayuno hoy

Hay que pensar en lo que pudiéramos llamar actualización del ayuno:

+ Evitar un consumo de alimentos acompañado de un intolerable despilfarro de recursos.

+ Superar el uso excesivo de bebidas alcohólicas y de tabaco. Vencer la tentación de llenarnos de cosas superfluas, siguiendo ciegamente la moda y los reclamos publicitarios.

+ Controlar los gastos, muchas veces desorbitados, en fiestas populares, familiares e incluso religiosas.

+ Privarnos de diversiones que no significan verdadero descanso y que resultan muy caras.

+ Usar moderadamente la televisión, el ordenador, el mp3, etc..., pues roban tiempo al diálogo familiar y pueden crear adicciones.



Catorce formas de ayuno

Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura; llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la propagación del Reino.
Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a El te acerque.

Autor desconocido, adaptado por Corazones,org



SABIDURÍA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

El sentido del ayuno, según san Juan Crisóstomo.

El valor del ayuno consiste no sólo en evitar ciertas comidas, sino en renunciar a todas las actitudes, pensamientos y deseos pecaminosos. Quien limita el ayuno simplemente a la comida, está minimizando el gran valor que el ayuno posee. Si tu ayunas, ¡que lo prueben tus obras! Si ves a un hermano en necesidad, ten compasión de él. Si ves a un hermano siendo reconocido, no tengas envidia. Para que el ayuno sea verdadero no puede serlo sólo de la boca, sino que se debe ayunar de los ojos, los oídos, los pies, las manos, y de todo el cuerpo, de todo lo interior y exterior.

Ayunas con tus manos al mantenerlas puras en servicio desinteresado a los demás. Ayunas con tus pies al no ser tan lento en el amor y el servicio. Ayunas con tus ojos al no ver cosas impuras, o al no fijarte en los demás para criticarlos. Ayuna de todo lo que pone en peligro tu alma y tu santidad. Sería inútil privar mi cuerpo de comida, pero alimentar mi corazón con basura, con impureza, con egoísmo, con competencias, con comodidades.

+ Ayunas de comida, pero te permites escuchar cosas vanas y mundanas. También debes ayunar con tus oídos. Debes ayunar de escuchar cosas que se hablan de tus hermanos, mentiras que se dicen de otros, especialmente chismes, rumores o palabras frías y dañinas contra otros.

+ Además de ayunar con tu boca, debes ayunar de no decir nada que haga mal a otro. Pues, ¿de qué te sirve no comer carne, si devoras a tu hermano?



El Ayuno en el Nuevo Testamento


Por la Madre Adela Galindo, Sctjm / Corazones. Org

El ayuno es necesario para descubrir la volutad de Dios en nuestras vidas y para poder llevarla a cabo. El ejemplo principal de que debemos ayunar nos lo da el propio Jesucristo, quien preparó su ministerio público retirándose al desierto para orar y ayunar. Aquí se mencionan otros pasajes del Nuevo Testamento sobre el ayuno

Con insistencia. Lucas 2, 37: «(Ana) no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios con ayuno y oraciones»

Preparación para imponer manos. Hechos 13, 3: «la comunidad, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y les enviaron» (a Pablo y Bernabé en misión)

Para encomendar alguien al Señor. Hechos 14, 23: «Designaron presbíteros en cada iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor».

Para completar las tribulaciones de Cristo. Col 3, 3: «Me alegro de los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia»

Para ser vencedores. 1 Cor 9, 25: «Los atletas se privan de todo, y eso por una corona corruptible; nosotros, en cambio, por una incorruptible».

Para vencer la carne Gal 5,17: «Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu y el espíritu contrarias a la carne, como entre si antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais»

Para vencer el demonio. Marcos 9, 29: «Esta clase de demonio sólo puede ser expulsado por la oración y el ayuno».

Mateo 4 y Lucas 4: Nos revelan a Jesús en el desierto orando y sin comer ni beber nada por cuarenta días. Allì venció las tentaciones, es decir, el ayuno le dio fortaleza.
En Mateo 4 entendemos la importancia del ayuno. Jesús recibe el Bautismo y el Espíritu Santo desciende sobre Él. Inmediatamente, el mismo Espíritu lo lleva al desierto (lugar solo, árido, peligroso, sin provisiones de ninguna clase), a ser tentado por el demonio. El desierto es necesario para que el Señor pueda hacer grandes cosas en nosotros, Él siempre se ha revelado a su pueblo de manera extraordinaria durante el desierto y también siempre ha preparado a su pueblo para la misión durante el desierto.. Pero, precisamente por esto, también el demonio, allí, libra una gran batalla para obstaculizar lo que Dios quiere hacer.

Jesús se prepara para esta batalla, con oración y ayuno de cuarenta días y noches. ¿Cómo no prepararnos nosotros para la batalla que se libra en nuestras vidas y en el mundo contemporáneo? ¿Nos preparamos con oración y ayuno? Cuando más tentados nos sintamos, más debemos orar y ayunar.

Mientras que el Antiguo Testamento nos revela el poder del ayuno sobre los enemigos exteriores, el Nuevo Testamento nos revela, además, el poder que tiene para vencer los enemigos del alma: carne, demonio y mundo.


FUENTE: mscperu.org

DEVOCIÓN A LA PRECIOSA SANGRE DE JESUCRISTO - PARTE 2 -

ROSARIO A LA PRECIOSA SANGRE


En la Cruz - En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración al Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles, y enciende en ellos el fuego de Tu amor. Envía Tu Espíritu y todo será creado. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre, y gocemos de la dulzura del Bien y de Sus divinos consuelos.

Por Cristo Nuestro Señor. Así sea.

CREDO: Creo en Dios Padre...

(inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre!

Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

En la cuenta blanca: Padre Nuestro...

En las tres cuentas rojas: Ave María... (3 veces), Gloria al Padre...

En la cuenta blanca: (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

PRIMER MISTERIO: La Mano derecha de Nuestro Señor Jesús, es clavada.

(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano derecha, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve a los pecadores del mundo entero y convierta muchas almas! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro... Ave María.


En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre...

En la cuenta blanca: (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre. Amén.


SEGUNDO MISTERIO: La Mano izquierda de Nuestro Señor Jesús es clavada.

(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano izquierda, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve almas del purgatorio y proteja a los moribundos de los ataques de los espíritus infernales! Amén

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre...

En la cuenta blanca: (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.


TERCER MISTERIO: El pie derecho de Nuestro Señor Jesús es clavado.

(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie derecho y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, cubra los cimientos de la Iglesia Católica contra los planes del reino oculto y los hombres malignos!. Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero! Gloria al Padre...

En la cuenta blanca: (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.


CUARTO MISTERIO: El Pie izquierdo de Nuestro Señor Jesús es clavado.

(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie izquierdo, y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella nos proteja en todos nuestros caminos de los planes y ataques de los espíritus malignos y sus agentes! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre...

En la cuenta blanca: (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

QUINTO MISTERIO: El Sagrado Costado de Nuestro Señor Jesús es traspasado. *(ver nota)

(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Sagrado Costado, y por el dolor causado por la lanza que lo traspasó, la Preciosa Sangre y Agua que brotan de ella, sane a los enfermos, resucite a los muertos, solucione nuestros problemas presentes, y nos enseñe el camino hacia Nuestro Dios para la Gloria eterna! Amén


L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre…

En la cuenta blanca: (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la 'Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! ( 3 veces )

La Salve: Dios te salve Reina y Madre...

Oremos

Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo, te honramos, te alabamos y te adoramos por Tu obra de eterna alianza que trae paz a la humanidad. Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consuela al Padre Todopoderoso en Su trono, y lava los pecados del mundo entero. Que todos te reverencien, oh Preciosa Sangre, ten misericordia. Amén.

Sacratísimo Corazón de Jesús Ten misericordia de nosotros

Inmaculado Corazón de María Ruega por nosotros

San José, esposo de María Ruega por nosotros

Santos Pedro y Pablo Rueguen por nosotros

San Juan al pie de la Cruz Ruega por nosotros

Santa María Magdalena Ruega por nosotros

Todos los guerreros de oración e intercesores del Cielo Rueguen por nosotros

Todos los grandes Santos de Nuestro Señor Rueguen por nosotros

Todas las huestes celestiales Legión Angélica de María Rueguen por nosotros



LETANÍAS DE LA PRECIOSA SANGRE DE JESUCRISTO

Señor ten piedad de nosotros - Señor ten piedad de nosotros!

Cristo ten piedad de nosotros - Cristo ten piedad de nosotros!

Señor ten piedad de nosotros - Señor ten piedad de nosotros!

Cristo, escúchanos! - Cristo escúchanos benignamente!

Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros!

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros!

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros!

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros!

L: ¡OH PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESUCRISTO, SANGRE DE SALVACIÓN!

R: SÁLVANOS A NOSOTROS Y AL MUNDO ENTERO!

Océano de la Sangre de Jesucristo, ¡libéranos!

Sangre de Jesucristo llena de santidad y compasión, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, nuestra fortaleza y poder, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, alianza eterna, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, fundamento de la fe cristiana, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, armadura de Dios, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Divina caridad, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, flagelo de los demonios, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, auxilio de los que están atados, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Sagrado Vino, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Poder de los cristianos, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, defensora de la fortaleza católica ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, verdadera fe cristiana, ¡libéranos!

SANGRE PRECIOSA DE JESUCRISTO, SANGRE SANADORA, ¡SÁLVANOS!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre ungidora, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, fortaleza de los hijos de Dios, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, comandante de los guerreros cristianos, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre de Resurrección ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, bebida de los Ángeles del Cielo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, consuelo de Dios Padre, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, poder del Espíritu Santo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, circuncisión de los gentiles, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, paz del mundo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, luz del Cielo y de la tierra, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, arcoiris en el Cielo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, esperanza de los niños inocentes, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Palabra de Dios en nuestros corazones, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, arma celestial, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Divina Sabiduría, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, cimiento del mundo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Misericordia del Padre, ¡sálvanos!

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Lava los pecados del mundo!

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Purifica el mundo!

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Enséñanos como consolar a Jesús!


ORACIÓN

Oh Sangre Preciosa, salvación nuestra, creemos, esperamos y confiamos en Ti. Libera a todos los que están en las manos de los espíritus infernales, te suplicamos.

Protege a los moribundos de las obras de los espíritus malignos y acógelos en la gloria eterna. Ten misericordia del mundo entero, y fortalécenos para adorar y consolar al Sagrado Corazón de Jesús. Te adoramos, oh Preciosa Sangre de misericordia. Amén

¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo, sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (tres veces)

*Nota: En el Diario de Santa Faustina, leemos la explicación que le dio Jesús Misericordioso sobre los rayos de Su Imagen Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi Misericordia, cuando Mi Corazón Agonizante fue abierto por la lanza estando Yo en la Cruz". (Diario 299)

MEDJUGORJE Y LA ILUMINACIÓN RELIGIOSA

Exorcista Gabriele Amorth: No hay un lugar como Medjugorje para la iluminación religiosa.

El padre Amorth, que fue exorcista jefe del Vaticano, es un entusiasta admirador de las apariciones de Medjugorje y de la peregrinación, y ha estado allí desde que comenzaron en 1981, al punto que en ese mismo momento informó personalmente al Cardenal Joseph Ratzinger sobre las mismas.

Le dije a Benedicto XVI sobre Medjugorje poco después que comenzaron las apariciones, de modo que el Papa está bien informado, pero es cauteloso, dice el padre Gabriele Amorth. Asimismo llama normal e incluso necesario que una cierta comercialización haya surgido en Medjugorje.

Fr. Gabriele Amorth (nacido en 1925) fue ordenado sacerdote en 1954 y se convirtió en un exorcista en 1986. Hasta el año 2000 se desempeñó como jefe exorcista de la diócesis de Roma, y ??se ha mantenido activo desde su retiro oficial. En 1990 fundó la Asociación Internacional de Exorcistas, de la que fue presidente hasta su jubilación en el 2000, ahora es presidente honorario de por vida. A lo largo de los años el P.Amorth ha abrazado Medjugorje, y que él ha llamado el lugar “una gran fortaleza contra Satanás”

La información sobre Medjugorje fue dada al actual Papa Benedicto XVI, desde el primer verano de las apariciones en 1981 cuando él, como cardenal Joseph Ratzinger, se desempeñaba como Prefecto de la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe (CDF). Incluso el primer texto que Amorth escribió sobre Medjugorje fue en octubre de 1981, pocos meses después de que comenzaron las apariciones (que comenzaron en junio), cuando era editor de “Madre de Dios”.

El cardenal Ratzinger fue informado por el padre Gabriele Amorth, que todavía no era un exorcista entonces, pero más tarde se convertiría en principal exorcista de la diócesis de Roma.

En una nueva entrevista el P. Amorth dice quevisitó Medjugorje poco después de los primeros informes de apariciones de junio de 1981, que su visita en octubre de 1981 ya era la segunda, y que mantuvo el cardenal Ratzinger informado desde el principio.

“En el momento en que él era el jefe de la CDF, él tenía que ser muy, muy cuidadoso, y ha mantenido la misma actitud. Cuando llegué por primera vez a Medjugorje, de inmediato me acerqué a él, para hablar de Medjugorje” dice Fr.Gabriele Amorth la revista de noticias croata Globus.

“Él escuchó lo que tenía que decir, con mucho cuidado, pero él no hizo ningún comentario sobre ninguna cosa. Nada, ni una palabra. Él se limitó a escuchar. Estaba acostumbrado a hablar sólo cuando fuera el momento adecuado, y cuando se hubiera tomado una decisión que consideraba definitiva, o había formado su actitud”, dice el padre Gabriele Amorth.

En la entrevista, el P. Gabriele Amorth coincide con lo que ha sido durante mucho tiempo la expectativa dominante: que la Iglesia no va a reconocer ni negar la autenticidad de las apariciones en un momento en que los videntes dicen que está todavía en curso.

“Mientras las apariciones se siguen produciendo, la Iglesia no está por definir. Además, no todos los videntes saben todos los 10 secretos todavía. Nadie, excepto los videntes saben cuando los secretos serán revelados al mundo“, dice el padre Gabriele Amorth.

“Creo que el Vaticano no puede ir demasiado lejos en su investigación sobre las apariciones de Medjugorje, y no se puede hacer una conclusión final, siempre y cuando todavía haya apariciones”.


FR. AMORTH APRUEBA LAS VENTAS EN MEDJUGORJE

El más famoso exorcista establece que Medjugorje no debe ser criticado por los aspectos comerciales que han seguido a las apariciones de la Virgen María. Ellos siempre vienen cuando un lugar está siendo buscado por un gran número de peregrinos que necesiten alojamiento, dice.

“Han emergido hoteles, restaurantes, tiendas y posadas. Esto es bastante lógico y normal. Cuando fui a Fátima tras la Segunda Guerra Mundial, era también un lugar desierto donde no había tiendas u hoteles o restaurantes. Las personas que tenían un coche o habían llegado en autobús, dormían en ellos. Los que no tenían nada estaban literalmente durmiendo en el suelo”, dice el P. Gabriele Amorth.

“El número de peregrinos era tan grande que tuvo que ser desarrollada una infraestructura. Y lo mismo sucede en Medjugorje. No me sorprende. Incluso el hecho de que vendan recuerdos y productos es bastante normal. La gente quiere llevar algo de recuerdos a casa”.

“Entiendo que en Medjugorje incluso el actual número de hoteles es demasiado pequeño, porque tienes que reservar alojamiento con antelación. (Antes), a menudo dormía en Capljina cerca de Medjugorje porque no había nada. Ahora es diferente”, dice.


“NO HAY LUGAR COMO MEDJUGORJE”

A diferencia del actual Papa, el exorcista de ahora 87 años nunca mantuvo escondido lo que pensaba acerca de Medjugorje. En Globus, afirma su posición una vez más:

“Creo que las apariciones son auténticas. Jóvenes y viejos van a Medjugorje y vuelven cambiados, iluminados. Los jóvenes se están convirtiendo en creyentes. Medjugorje tiene el mayor número de confesiones. La gente está fascinada por los milagros que se producen. Creo que los que van a Medjugorje consiguen lo que necesitan allí, en términos de creencia. Los que van allí reciben una señal clara“, dice el padre Gabriele Amorth.

“Hay otra razón por la que creo en las apariciones. La gente de dentro de la Iglesia, debemos ser mucho más cautelosos acerca de estas cosas. Pero después de una peregrinación, después de visitar el sitio, ellos creen en Medjugorje, son tan entusiastas de lo que se encuentran en Medjugorje que su optimismo y fe verdaderamente supera las expectativas”.

“Medjugorje es por lo tanto un positivo y fuerte fenómeno. En el mundo de hoy no hay un lugar como Medjugorje cuando se trata de la iluminación religiosa de las personas y la práctica de su religión“, dice.

FUENTE: forosdelavirgen.org ------- Medjugorje Today, Globus, Signos de estos Tiempos

DOCUMENTO PONTIFICIO -"REDEMPTIONIS SACRAMENTUM" - PARTE 1-

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS

INSTRUCCIÓN

"REDEMPTIONIS SACRAMENTUM"


Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía


PROEMIO


1. El Sacramento de la Redención, que la Madre Iglesia confiesa con firme fe y recibe con alegría, celebra y adora con veneración, en la santísima Eucaristía,1 anuncia la muerte de Jesucristo y proclama su resurrección, hasta que Él vuelva en gloria,2 como Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey del universo, y entregue al Padre omnipotente, de majestad infinita, el reino de la verdad y la vida.3


2. La doctrina de la Iglesia sobre la santísima Eucaristía ha sido expuesta con sumo cuidado y la máxima autoridad, a lo largo de los siglos, en los escritos de los Concilios y de los Sumos Pontífices, puesto que en la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, que es Cristo, nuestra Pascua, 4 fuente y cumbre de toda la vida cristiana,5 y cuya fuerza alienta a la Iglesia desde los inicios. 6 Recientemente, en la Carta Encíclica "Ecclesia de Eucharistia", el Sumo Pontífice Juan Pablo II ha expuesto de nuevo algunos principios sobre esta materia, de gran importancia eclesial para nuestra época.7


Para que también en los tiempos actuales, tan gran misterio sea debidamente protegido por la Iglesia, especialmente en la celebración de la sagrada Liturgia, el Sumo Pontífice mandó a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos 8 que, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe, preparara esta Instrucción, en la que se trataran algunas cuestiones referentes a la disciplina del sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, lo que en esta Instrucción se expone, debe ser leído en continuidad con la mencionada Carta Encíclica "Ecclesia de Eucharistia".


Sin embargo, la intención no es tanto preparar un compendio de normas sobre la santísima Eucaristía sino más bien retomar, con esta Instrucción, algunos elementos de la normativa litúrgica anteriormente enunciada y establecida, que continúan siendo válidos, para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas 9 e indicar otras que aclaren y completen las precedentes, explicándolas a los Obispos, y también a los presbíteros, diáconos y a todos los fieles laicos, para que cada uno, conforme al propio oficio y a las propias posibilidades, las puedan poner en práctica.


3. Las normas que se contienen en esta Instrucción se refieren a cuestiones litúrgicas concernientes al Rito romano y, con las debidas salvedades, también a los otros Ritos de la Iglesia latina, aprobados por el derecho.


4. "No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo Sacrificio del altar".10 Sin embargo, "no faltan sombras". 11 Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse.


5. La observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la intención del corazón. La mera observancia externa de las normas, como resulta evidente, es contraria a la esencia de la sagrada Liturgia, con la que Cristo quiere congregar a su Iglesia, y con ella formar "un sólo cuerpo y un sólo espíritu".12 Por esto la acción externa debe estar iluminada por la fe y la caridad, que nos unen con Cristo y los unos a los otros, y suscitan en nosotros la caridad hacia los pobres y necesitados. Las palabras y los ritos litúrgicos son expresión fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de Cristo y nos enseñan a tener los mismos sentimientos que él; 13 conformando nuestra mente con sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. Cuanto se dice en esta Instrucción, intenta conducir a esta conformación de nuestros sentimientos con los sentimientos de Cristo, expresados en las palabras y ritos de la Liturgia.


6. Los abusos, sin embargo, "contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento". 14 De esta forma, también se impide que puedan "los fieles revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron". 15 Conviene que todos los fieles tengan y realicen aquellos sentimientos que han recibido por la pasión salvadora del Hijo Unigénito, que manifiesta la majestad de Dios, ya que están ante la fuerza, la divinidad y el esplendor de la bondad de Dios 16, especialmente presente en el sacramento de la Eucaristía. 17


7. No es extraño que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad. Pero Dios nos ha concedido, en Cristo, no una falsa libertad para hacer lo que queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo. 18 Esto es válido no sólo para los preceptos que provienen directamente de Dios, sino también, según la valoración conveniente de cada norma, para las leyes promulgadas por la Iglesia. Por ello, todos deben ajustarse a las disposiciones establecidas por la legítima autoridad eclesiástica.


8. Además, se advierte con gran tristeza la existencia de "iniciativas ecuménicas que, aún siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe". Sin embargo, "la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones". Por lo que conviene corregir algunas cosas y definirlas con precisión, para que también en esto "la Eucaristía siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio". 19


9. Finalmente, los abusos se fundamentan con frecuencia en la ignorancia, ya que casi siempre se rechaza aquello de lo que no se comprende su sentido más profundo y su antigüedad. Por eso, con su raíz en la misma Sagrada Escritura, "las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu, y de ella reciben su significado las acciones y los signos". 20 Por lo que se refiere a los signos visibles "que usa la sagrada Liturgia, han sido escogidos por Cristo o por la Iglesia para significar las realidades divinas invisibles". 21 Justamente, la estructura y la forma de las celebraciones sagradas según cada uno de los Ritos, sea de la tradición de Oriente sea de la de Occidente, concuerdan con la Iglesia Universal y con las costumbres universalmente aceptadas por la constante tradición apostólica, 22 que la Iglesia entrega, con solicitud y fidelidad, a las generaciones futuras. Todo esto es sabiamente custodiado y protegido por las normas litúrgicas.


10. La misma Iglesia no tiene ninguna potestad sobre aquello que ha sido establecido por Cristo, y que constituye la parte inmutable de la Liturgia. 23 Pero si se rompiera este vínculo que los sacramentos tienen con el mismo Cristo, que los ha instituido, y con los acontecimientos en los que la Iglesia ha sido fundada, 24 nada aprovecharía a los fieles, sino que podría dañarles gravemente. De hecho, la sagrada Liturgia está estrechamente ligada con los principios doctrinales, 25 por lo que el uso de textos y ritos que no han sido aprobados lleva a que disminuya o desaparezca el nexo necesario entre la lex orandi y la lex credendi. 26


11. El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande "para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal". 27 Quien actúa contra esto, cediendo a sus propias inspiraciones, aunque sea sacerdote, atenta contra la unidad substancial del Rito romano, que se debe cuidar con decisión, 28 y realiza acciones que de ningún modo corresponden con el hambre y la sed del Dios vivo, que el pueblo de nuestros tiempos experimenta, ni a un auténtico celo pastoral, ni sirve a la adecuada renovación litúrgica, sino que más bien defrauda el patrimonio y la herencia de los fieles. Los actos arbitrarios no benefician la verdadera renovación, 29 sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la acción litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina. Además, introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la comunión con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios. 30 De estos actos arbitrarios se deriva incertidumbre en la doctrina, duda y escándalo para el pueblo de Dios y, casi inevitablemente, una violenta repugnancia que confunde y aflige con fuerza a muchos fieles en nuestros tiempos, en que frecuentemente la vida cristiana sufre el ambiente, muy difícil, de la "secularización". 31


12. Por otra parte, todos los fieles cristianos gozan del derecho de celebrar una liturgia verdadera, y especialmente la celebración de la santa Misa, que sea tal como la Iglesia ha querido y establecido, como está prescrito en los libros litúrgicos y en las otras leyes y normas. Además, el pueblo católico tiene derecho a que se celebre por él, de forma íntegra, el santo sacrificio de la Misa, conforme a toda la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. Finalmente, la comunidad católica tiene derecho a que de tal modo se realice para ella la celebración de la santísima Eucaristía, que aparezca verdaderamente como sacramento de unidad, excluyendo absolutamente todos los defectos y gestos que puedan manifestar divisiones y facciones en la Iglesia. 32


13. Todas las normas y recomendaciones expuestas en esta Instrucción, de diversas maneras, están en conexión con el oficio de la Iglesia, a quien corresponde velar por la adecuada y digna celebración de este gran misterio. De los diversos grados con que cada una de las normas se unen con la norma suprema de todo el derecho eclesiástico, que es el cuidado para la salvación de las almas, trata el último capítulo de la presente Instrucción. 33



CAPÍTULO I


LA ORDENACIÓN DE LA SAGRADA LITURGIA


14."La ordenación de la sagrada Liturgia es de la competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; ésta reside en la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el Obispo". 34


15. El Romano Pontífice, "Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra... tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente", 35 aún comunicando con los pastores y los fieles.


16. Compete a la Sede Apostólica ordenar la sagrada Liturgia de la Iglesia universal, editar los libros litúrgicos, revisar sus traducciones a lenguas vernáculas y vigilar para que las normas litúrgicas, especialmente aquellas que regulan la celebración del santo Sacrificio de la Misa, se cumplan fielmente en todas partes .36


17. "La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos trata lo que corresponde a la Sede Apostólica, salvo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, respecto a la ordenación y promoción de la sagrada liturgia, en primer lugar de los sacramentos. Fomenta y tutela la disciplina de los sacramentos, especialmente en lo referente a su celebración válida y lícita". Finalmente, "vigila atentamente para que se observen con exactitud las disposiciones litúrgicas, se prevengan sus abusos y se erradiquen donde se encuentren". 37 En esta materia, conforme a la tradición de toda la Iglesia, destaca el cuidado de la celebración de la santa Misa y del culto que se tributa a la Eucaristía fuera de la Misa.


18. Los fieles tienen derecho a que la autoridad eclesiástica regule la sagrada Liturgia de forma plena y eficaz, para que nunca sea considerada la liturgia como "propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios". 38


1. EL OBISPO DIOCESANO, GRAN SACERDOTE DE SU GREY


19. El Obispo diocesano, primer administrador de los misterios de Dios en la Iglesia particular que le ha sido encomendada, es el moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica. 39 Pues "el Obispo, por estar revestido de la plenitud del sacramento del Orden, es "el administrador de la gracia del supremo sacerdocio" 40, sobre todo en la Eucaristía, que él mismo celebra o procura que sea celebrada 41, y mediante la cual la Iglesia vive y crece continuamente". 42


20. La principal manifestación de la Iglesia tiene lugar cada vez que se celebra la Misa, especialmente en la iglesia catedral, "con la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios, [...] en una misma oración, junto al único altar, donde preside el Obispo" rodeado por su presbiterio, los diáconos y ministros. 43 Además, "toda legítima celebración de la Eucaristía es dirigida por el Obispo, a quien ha sido confiado el oficio de ofrecer a la Divina Majestad el culto de la religión cristiana y de reglamentarlo en conformidad con los preceptos del Señor y las leyes de la Iglesia, precisadas más concretamente para su diócesis según su criterio". 44


21. En efecto, "al Obispo diocesano, en la Iglesia a él confiada y dentro de los límites de su competencia, le corresponde dar normas obligatorias para todos, sobre materia litúrgica". 45 Sin embargo, el Obispo debe tener siempre presente que no se quite la libertad prevista en las normas de los libros litúrgicos, adaptando la celebración, de modo inteligente, sea a la iglesia, sea al grupo de fieles, sea a las circunstancias pastorales, para que todo el rito sagrado universal esté verdaderamente acomodado al carácter de los fieles. 46


22. El Obispo rige la Iglesia particular que le ha sido encomendada 47 y a él corresponde regular, dirigir, estimular y algunas veces también reprender 48, cumpliendo el ministerio sagrado que ha recibido por la ordenación episcopal, 49 para edificar su grey en la verdad y en la santidad. 50 Explique el auténtico sentido de los ritos y de los textos litúrgicos y eduque en el espíritu de la sagrada Liturgia a los presbíteros, diáconos y fieles laicos, 51 para que todos sean conducidos a una celebración activa y fructuosa de la Eucaristía, 52 y cuide igualmente para que todo el cuerpo de la Iglesia, con el mismo espíritu, en la unidad de la caridad, pueda progresar en la diócesis, en la nación, en el mundo. 53


23. Los fieles "deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia a Jesucristo, y como Jesucristo al Padre, para que todas las cosas se armonicen en la unidad y crezcan para gloria de Dios". 54 Todos, incluso los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y todas las asociaciones o movimientos eclesiales de cualquier genero, están sometidos a la autoridad del Obispo diocesano en todo lo que se refiere a la liturgia, 55 salvo las legítimas concesiones del derecho. Por lo tanto, compete al Obispo diocesano el derecho y el deber de visitar y vigilar la liturgia en las iglesias y oratorios situados en su territorio, también aquellos que sean fundados o dirigidos por los citados institutos religiosos, si los fieles acuden a ellos de forma habitual. 56


24. El pueblo cristiano, por su parte, tiene derecho a que el Obispo diocesano vigile para que no se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica, especialmente en el ministerio de la palabra, en la celebración de los sacramentos y sacramentales, en el culto a Dios y a los santos. 57


25. Las comisiones, consejos o comités, instituidos por el Obispo, para que contribuyan a "promover la acción litúrgica, la música y el arte sacro en su diócesis", deben actuar según el juicio y normas del Obispo, bajo su autoridad y contando con su confirmación; así cumplirán su tarea adecuadamente 58 y se mantendrá en la diócesis el gobierno efectivo del Obispo. De estos organismos, de otros institutos y de cualquier otra iniciativa en materia litúrgica, después de cierto tiempo, resulta urgente que los Obispos indaguen si hasta el momento ha sido fructuosa 59 su actividad, y valoren atentamente cuáles correcciones o mejoras se deben introducir en su estructura y en su actividad, 60 para que encuentren nueva vitalidad. Se tenga siempre presente que los expertos deben ser elegidos entre aquellos que sean firmes en la fe católica y verdaderamente preparados en las disciplinas teológicas y culturales.


2. LA CONFERENCIA DE OBISPOS


26. Esto vale también para las comisiones de la misma materia, que, vivamente deseadas por el Concilio, 61 son instituidas por la Conferencia de Obispos y de la cual es necesario que sean miembros los Obispos, distinguiéndose con claridad de los ayudantes peritos. Cuando el número de los miembros de la Conferencia de Obispos no sea suficiente para que se elijan de entre ellos, sin dificultad, y se instituya la comisión litúrgica, nómbrese un consejo o grupo de expertos que, en cuanto sea posible y siempre bajo la presidencia de un Obispo, desempeñen estas tareas; evitando, sin embargo, el nombre de "comisión litúrgica".


27. La interrupción de todos los experimentos sobre la celebración de la santa Misa, ha sido notificada por la Santa Sede ya desde el año 1970 62 y nuevamente se repitió, para recordarlo, en el año 1988. 63 Por lo tanto, cada Obispo y la misma Conferencia no tienen ninguna facultad para permitir experimentos sobre los textos litúrgicos o sobre otras cosas que se indican en los libros litúrgicos. Para que se puedan realizar en el futuro tales experimentos, se requiere el permiso de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que lo concederá por escrito, previa petición de la Conferencia de Obispos. Pero esto no se concederá sin una causa grave. Por lo que se refiere a la inculturación en materia litúrgica, se deben observar, estricta e íntegramente, las normas especiales establecidas. 64


28. Todas las normas referentes a la liturgia, que la Conferencia de Obispos determine para su territorio, conforme a las normas del derecho, se deben someter a la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal. 65


3. LOS PRESBÍTEROS


29. Los presbíteros, como colaboradores fieles, diligentes y necesarios, del orden Episcopal, 66 llamados para servir al Pueblo de Dios, constituyen un único presbiterio 67 con su Obispo, aunque dedicados a diversas funciones. "En cada una de las congregaciones locales de fieles representan al Obispo, con el que están confiada y animosamente unidos, y toman sobre sí una parte de la carga y solicitud pastoral y la ejercen en el diario trabajo". Y, "por esta participación en el sacerdocio y en la misión, los presbíteros reconozcan verdaderamente al Obispo como a padre suyo y obedézcanle reverentemente". 68 Además, "preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procuren cooperar en el trabajo pastoral de toda la diócesis e incluso de toda la Iglesia". 69


30. Grande es el ministerio "que en la celebración eucarística tienen principalmente los sacerdotes, a quienes compete presidirla in persona Christi, dando un testimonio y un servicio de comunión, no sólo a la comunidad que participa directamente en la celebración, sino también a la Iglesia universal, a la cual la Eucaristía hace siempre referencia. Por desgracia, es de lamentar que, sobre todo a partir de los años de la reforma litúrgica después del Concilio Vaticano II, por un malentendido sentido de creatividad y de adaptación, no hayan faltado abusos, que para muchos han sido causa de malestar". 70


31. Coherentemente con lo que prometieron en el rito de la sagrada Ordenación y cada año renuevan dentro de la Misal Crismal, los presbíteros presidan "con piedad y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación". 71 No vacíen el propio ministerio de su significado profundo, deformando de manera arbitraria la celebración litúrgica, ya sea con cambios, con mutilaciones o con añadidos.72 En efecto, dice San Ambrosio: "No en si, [...] sino en nosotros es herida la Iglesia. Por lo tanto, tengamos cuidado para que nuestras caídas no hieran la Iglesia". 73 Es decir, que no sea ofendida la Iglesia de Dios por los sacerdotes, que tan solemnemente se han ofrecido, ellos mismos, al ministerio. Al contrario, bajo la autoridad del Obispo vigilen fielmente para que no sean realizadas por otros estas deformaciones.


32."Esfuércese el párroco para que la santísima Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial de fieles; trabaje para que los fieles se alimenten con la celebración piadosa de los sacramentos, de modo peculiar con la recepción frecuente de la santísima Eucaristía y de la penitencia; procure moverles a la oración, también en el seno de las familias, y a la participación consciente y activa en la sagrada liturgia, que, bajo la autoridad del Obispo diocesano, debe moderar el párroco en su parroquia, con la obligación de vigilar para que no se introduzcan abusos".74 Aunque es oportuno que las celebraciones litúrgicas, especialmente la santa Misa, sean preparadas de manera eficaz, siendo ayudado por algunos fieles, sin embargo, de ningún modo debe ceder aquellas cosas que son propias de su ministerio, en esta materia.


33. Por último, todos "los presbíteros procuren cultivar convenientemente la ciencia y el arte litúrgicos, a fin de que por su ministerio litúrgico las comunidades cristianas que se les han encomendado alaben cada día con más perfección a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo". 75 Sobre todo, deben estar imbuidos de la admiración y el estupor que la celebración del misterio pascual, en la Eucaristía, produce en los corazones de los fieles. 76


4. LOS DIÁCONOS


34. Los diáconos, "que reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio" 77, hombres de buena fama 78, deben actuar de tal manera, con la ayuda de Dios, que sean conocidos como verdaderos discípulos 79 de aquel "que no ha venido a ser servido sino a servir" 80 y estuvo en medio de sus discípulos "como el que sirve". 81 Y fortalecidos con el don del mismo Espíritu Santo, por la imposición de las manos, sirven al pueblo de Dios en comunión con el Obispo y su presbiterio. 82 Por tanto, tengan al Obispo como padre, y a él y a los presbíteros, préstenles ayuda "en el ministerio de la palabra, del altar y de la caridad". 83


35. No dejen nunca de "vivir el misterio de la fe con alma limpia 84, como dice el Apóstol, y proclamar esta fe, de palabra y de obra, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia", 85 sirviendo fielmente y con humildad, con todo el corazón, en la sagrada Liturgia que es fuente y cumbre de toda la vida eclesial, "para que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el Bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el Sacrificio y coman la cena del Señor". 86 Por tanto, todos los diáconos, por su parte, empléense en esto, para que la sagrada Liturgia sea celebrada conforme a las normas de los libros litúrgicos debidamente aprobados.


NOTAS.

1 Cf. MISSALE ROMANUM, ex decreto sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum, Ioannis Pauli Pp. II cura recognitum, editio typica tertia, día 20 de abril del 2000, Typis Vaticanis, 2002, Missa votiva de Dei misericordia, oratio super oblata, p. 1159.

2 Cf. 1 Cor 11, 26; MISSALE ROMANUM, Prex Eucharistica, acclamatio post consecrationem, p. 576; JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, día 17 de abril del 2003, nn. 5, 11, 14, 18: AAS 95 (2003) pp. 436, 440-441, 442, 445.

3 Cf. Is 10, 33; 51, 22; MISSALE ROMANUM, In sollemnitate Domini nostri Iesu Christi, universorum Regis, Praefatio, p. 499.

4 Cf. 1 Cor 5, 7; CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Dec. sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, día 7 de diciembre de 1965, n. 5; JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica, Ecclesia in Europa, día 28 de junio del 2003, n. 75: AAS 95 (2003) pp. 649-719, esto p. 693. 

5 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, día 21 de noviembre de 1964, n. 11.

6 Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, día 17 de abril del 2003, n. 21: AAS 95 (2003) p. 447.

7 Cf. ibidem: AAS 95 (2003) pp. 433-475.

8 Cf. ibidem, n. 52: AAS 95 (2003) p. 468.

9 Cf. ibidem.

10 Ibidem, n. 10: AAS 95 (2003) p. 439.

11 Ibidem; cf. JUAN PABLO II, Carta Apostólica, Vicesimus quintus annus, día 4 de diciembre de 1988, nn. 12-13: AAS 81 (1989) pp. 909-910; cf. también CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, día 4 de diciembre de 1963, n. 48.

12 MISSALE ROMANUM, Prex Eucharistica III, p. 588; cf. 1 Cor 12, 12-13; Ef 4, 4.

13 Cf. Fil 2, 5.

14 JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 10: AAS 95 (2003) p. 439.

15 Ibidem, n. 6: AAS 95 (2003) p. 437; cf. Lc 24, 31.

16 Cf. Rom 1, 20.

17 Cf. MISSALE ROMANUM, Praefatio I de Passione Domini, p. 528.

18 Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Veritatis splendor, día 6 de agosto de 1993, n. 35: AAS 85 (1993) pp. 1161-1162; Homilía en el Camden Yards, día 9 de octubre de 1995, n. 7: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, XVII, 2 (1995), Libreria Editrice Vaticana, 1998, p. 788. 

19 Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 10: AAS 95 (2003) p. 439.

20 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 

24; cf. CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Instr., Varietates legitimae, día 25 de enero de 1994, nn. 19 y 23: AAS 87 (1995) pp. 295-296, 297. 

21 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 33.

22 Cf. S. IRENEO, Adversus Haereses, III, 2: SCh., 211, 24-31; S. AGUSTÍN, Epistula ad Ianuarium, 54, I: PL 33, 200: "Illa autem quae non scripta, sed tradita custodimus, quae quidem toto terrarum orbe servantur, datur intellegi vel ab ipsis Apostolis, vel plenariis conciliis, quorum est in Ecclesia saluberrima auctoritas, commendata atque statuta retineri. "JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Redemptoris missio, día 7 de diciembre de 1990, nn. 53-54: AAS 83 (1991) pp. 300-302; CONGR. DOCTRINA FE, Carta a los obispos de la Iglesia católica, sobre algunos aspectos de la Iglesia como comunión Communionis notio, día 28 de mayo de 1992, nn. 7-10: AAS 85 (1993) pp. 842-844; CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Instr., Varietates legitimae, n. 26: AAS 87 (1995) pp. 298-299.

23 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 21.

24 Cf. PÍO XII, Const. Apostólica, Sacramentum Ordinis, día 30 de noviembre de 1947: AAS 40 (1948) p. 5; CONGR. DOCTRINA FE, Declaración, Inter insigniores, día 15 de octubre de 1976, parte IV: AAS 69 (1977) pp. 107-108; CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Instr., Varietates legitimae, n. 25: AAS 87 (1995) p. 298.

25 Cf. PÍO XII, Carta Encíclica, Mediator Dei, día 20 de noviembre de 1947: AAS 39 (1947) p. 540.

26 Cf. S. CONGR. SACRAMENTOS Y CULTO DIVINO, Instr., Inaestimabile donum, día 3 de abril de 1980: AAS 72 (1980) p. 333.

27 JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 52: AAS 95 (2003) p. 468.

28 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, nn. 4, 38; Decreto sobre las Iglesias Orientales Católicas, Orientalium Ecclesiarum, día 21 de noviembre de 1964, nn. 1, 2, 6; PABLO VI, Const. Apostólica, Missale Romanum: AAS 61 (1969) pp. 217-222; MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 399; CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Instr., Liturgiam authenticam, día 28 de marzo del 2001, n. 4: AAS 93 (2001) pp. 685-726, esto p. 686.

29 Cf. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica, Ecclesia in Europa, n. 72: AAS 95 (2003) pp. 692.

30 Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 23: AAS 95 (2003) pp. 448-449; S CONGR. RITOS, Instr., Eucharisticum mysterium, día 25 de mayo de 1967, n. 6: AAS 59 (1967) p. 545.

31 Cf. S. CONGR. SACRAMENTOS Y CULTO DIVINO, Instr., Inaestimabile donum: AAS 72 (1980) pp. 332-333.

32 Cf. 1 Cor 11, 17-34; JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 52: AAS 95 (2003) pp. 467-468.

33 Cf. Código de Derecho Canónico, día 25 de enero de 1983, c. 1752.

34 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 22 § 1. Cf. Código de Derecho Canónico, c. 838 § 1.

35 Código de Derecho Canónico, c. 331; cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 22.

36 Cf. Código de Derecho Canónico, c. 838 § 2.

37 JUAN PABLO II, Const. Apostólica, Pastor bonus, día 28 de junio de 1988: AAS 80 (1988) pp. 841-924; esto arts. 62, 63 y 66, pp. 876-877.

38 Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 52: AAS 95 (2003) p. 468.

39 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto sobre el ministerio pastoral de los Obispos, Christus Dominus, día 28 de octubre de 1965, n. 15; cf. también, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 41; Código de Derecho Canónico, c. 387.

40 Oración de la consagración episcopal en rito bizantino: Euchologion to mega, Roma 1873, p. 139.

41 Cf. S. IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Ad Smyrn. 8, 1: ed. F.X. FUNK I, p. 282.

42 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 26; cf. S. CONGR. RITOS, Instr., Eucharisticum mysterium, n. 7: AAS 59 (1967) p. 545; cf. también JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica, Pastores gregis, día 16 de octubre del 2003, nn. 32-41: L'Osservatore romano, día 17 de octubre del 2003, pp. 6-8.

43 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 41; cf. S. IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Ad Magn. 7; Ad Philad. 4; Ad Smyr. 8: ed. F.X. FUNK, I, pp. 236, 266, 281; MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 22; cf. también Código de Derecho Canónico, c. 389. 

44 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 26.

45 Código de Derecho Canónico, c. 838 § 4.

46 Cf. CONSILIUM AD EXSEQ. CONST. LITUR., Dubium: Notitiae 1 (1965) p. 254. 

47 Cf. Hch 20, 28; CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, nn. 21 y 27; Decreto sobre el ministerio pastoral de los Obispos, Christus Dominus, n. 3.

48 Cf. S. CONGR. CULTO DIVINO, Instr., Liturgicae instaurationes, día 5 de septiembre de 1970: AAS 62 (1970) p. 694.

49 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 21; Decreto sobre el ministerio pastoral de los Obispos, Christus Dominus, n. 3. 

50 Cf. CAEREMONIALE EPISCOPORUM ex decreto sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, auctoritate Ioannis Pauli Pp. II promulgatum, editio typica, día 14 de septiembre de 1984, Typis Polyglottis Vaticanis, 1985, n. 10.

51 Cf. MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 387.

52 Cf. ibidem, n. 22.

53 Cf. S. CONGR. CULTO DIVINO, Instr., Liturgicae instaurationes: AAS 62 (1970) p. 694.

54 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 27; cf. 2 Cor 4, 15.

55 Cf. Código de Derecho Canónico, cc. 397 § 1; 678 § 1.

56 Cf. ibidem, c. 683 § 1.

57 Cf. ibidem, c. 392.

58 Cf. JUAN PABLO II, Carta Apostólica, Vicesimus quintus annus, n. 21: AAS 81 (1989) p. 917; CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, nn. 45-46; PÍO XII, Carta Encíclica, Mediator Dei: AAS 39 (1947) p. 562.

59 Cf. JUAN PABLO II, Carta Apostólica, Vicesimus quintus annus, n. 20: AAS 81 (1989) p. 916.

60 Cf. ibidem. 

61 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 44; CONGR. OBISPOS, Carta Praesidibus Episcoporum Conferentiarum missa nomine quoque Congr. pro Gentium Evangelizatione, día 21 de junio de 1999, n. 9: AAS 91 (1999) p. 999.

62 Cf. S. CONGR. CULTO DIVINO, Instr., Liturgicae instaurationes, n. 12: AAS 62 (1970) pp. 692-704, esto p. 703.

63 Cf. CONGR. CULTO DIVINO, Declarationem circa Preces eucharisticae et experimenta liturgica, día 21 de marzo de 1988: Notitiae 24 (1988) pp. 234-236.

64 Cf. CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Instr., Varietates legitimae: AAS 87 (1995) pp. 288-314.

65 Cf. Código de Derecho Canónico, c. 838 § 3; S CONGR. RITOS, Instr., Inter Oecumenici, día 26 de septiembre de 1964, n. 31: AAS 56 (1964) p. 883; CONGR. CULTO DIVINO Y DISC. SACRAMENTOS, Instr., Liturgiam authenticam, n. 79-80: AAS 93 (2001) pp. 711-713.

66 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decr. sobre el ministerio y vida de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, día 7 de diciembre de 1965, n. 7; PONTIFICALE ROMANUM, ed. 1962: Ordo consecrationis sacerdotalis, in Praefatione; PONTIFICALE ROMANUM ex decreto sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II renovatum, auctoritate Pauli Pp. VI editum, Ioannis Pauli Pp. II cura recognitum: De Ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum, editio typica altera, día 29 de junio de 1989, Typis Polyglottis Vaticanis, 1990, cap. II, De Ordin. presbyterorum, Praenotanda, n. 101.

67 Cf. S. IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Ad Philad., 4: ed. F.X. FUNK, I, p. 266; S. CORNELIO I, PAPA, en S. CIPRIANO, Epist. 48, 2: ed. G. HARTEL, III, 2, p. 610.

68 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 28.

69 Ibidem.

70 JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 52; cf. n. 29: AAS 95 (2003) pp. 467-468; 452-453.

71 PONTIFICALE ROMANUM, De Ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum, editio typica altera: De Ordinatione presbyterorum, n. 124; cf. MISSALE ROMANUM, Feria V in Hebdomada Sancta: Ad Missam chrismatis, Renovatio promissionum sacerdotalium, p. 292. 

72 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO TRIDENTINO, sesión VII, día 3 de marzo de 1547, Decreto De Sacramentis, can. 13: DS 1613; CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. sobre la s. Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 22; PÍO XII, Carta Encíclica, Mediator Dei: AAS 39 (1947) pp. 544, 546-547, 562; Código de Derecho Canónico, c. 846 § 1; MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n. 24.

73 S. AMBROSIO, De Virginitate, n. 48: PL 16, 278.

74 Código de Derecho Canónico, c. 528 § 2.

75 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decr. sobre el ministerio y vida de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, n. 5.

76 Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 5: AAS 95 (2003) p. 436.

77 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 29; cf. Constitutiones Ecclesiae Aegypticae, III, 2: ed. F.X. FUNK, Didascalia, II, p. 103; Statuta Ecclesiae Ant., 37-41: ed. D. MANSI, 3, 954.

78 Cf. Hch 6, 3.

79 Cf. Jn 13, 35.

80 Mt 20, 28.

81 Lc 22, 27.

82 Cf. CAEREMONIALE EPISCOPORUM, nn. 9, 23. Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 29.

83 Cf. PONTIFICALE ROMANUM, De Ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum, editio typica altera, cap. III, De Ordinatione diaconorum, n. 199.

84 Cf. 1 Tim 3, 9.

85 Cf. PONTIFICALE ROMANUM, De Ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum, editio typica altera, cap. III, De Ordinatione diaconorum, n. 200.


FUENTE: vicariadepastoral.org.mx

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

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