FRASES PARA SACERDOTES

Los votos son para cumplirlos.

Un sacerdote que no busca la santidad es una vocación perdida.

De: Marino Restrepo.

CONSEJO DE MONSEÑOR MARINI A LOS COROS




Cinco consejos de Mons. Guido Marini a los coros.

ORACIÓN OFICIAL EN LA CANONIZACIÓN DE JUAN PABLO II




Habla de satanás.


El Vaticano ha creado una página especial para la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, la cual se llevará a cabo el domingo 27 de abril. (Vea aquí la página que tiene mucho material). Ahí se publicó la oración oficial para Juan Pablo II pidiendo su intercesión.

En esta oración se ven algunos elementos distintivos del pontificado de Juan Pablo II, como alusiones a los viajes, a los jóvenes, a las familias y a la vida. Pero hay dos puntos novedosos para una oración oficial: referencias al satanás y a su actuación respecto a las guerras.

La oración se orienta a pedir su intercesión, su bendición y que reugue por nosotros.



ORACIÓN A SAN JUAN PABLO II


¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, has descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.

Cardenal Angelo Comastri

Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano


Fuentes: forosdelavirgen.org // Sancti, Signos de estos Tiempos


INTERVENCIONES SOBRENATURALES DE LA MONJA QUE SALVÓ A JUAN PABLO II DE UNA MUERTE SEGURA





Compartía misiones de bilocación con el Padre Pío.

La Hermana Rita del Espíritu Santo (Cristina Montella) fue apodada “la Niña del Padre Pío” y tuvo bilocaciones con éste en misiones en diversas partes del mundo. Una de ellas fue salvar a Juan Pablo II de la muerte, desviando el disparo de Ali Agca en 1981, pero hay mucho más de esta mística que falleció en 1992.

La vida de la Hermana Rita ha sido un compendio de la mayoría de los dones místicos que han recibido algunas almas elegidas.


SU INFANCIA 

Cristina Montella (luego Hermana Rita del Espíritu Santo) nació en Cercola (Nápoles) el 3 de abril de 1920. Una vez, cuando tenía sólo dos años de edad, mientras estaba en la casa de su tía, donde había una imagen de San Gerardo Majella, un santo redentorista, vio la imagen cobrar vida y se escapó asustada. Varios días más tarde, se armó de valor y se acercó para ver de nuevo la foto. Esta vez San Gerardo extendió los brazos hacia ella, la abrazó y le dijo: “Cristina, te convertirás en monja.”

Durante su infancia, continuó experimentando fenómenos místicos como la interacción frecuente con el niño Jesús, la Virgen María y su Ángel Guardián. Sus amigos celestiales le dijeron que no dijera nada al respecto. Ella también era muy penitencial, dormía en el suelo con una piedra como almohada.


EL PADRE PÍO Y LOS ESTIGMAS

A la edad de catorce años, conoce al Padre Pio por primera vez la noche entre el 25 y el 26 de agosto de 1934. El Padre Pío se le apareció mientras estaba orando. Ella nunca lo había visto antes, por lo que se presentó diciendo:“Cristina, soy el Padre Pío”, y comenzó a llamarla “bambina” no por su edad sino por su inocencia.

El Padre Franco D’Anastasio, sacerdote pasionista, escribe:

“El 14 de septiembre, 1935 (casi un año después de la primera aparición del Padre Pío) a las 2:00 am, la muchacha de quince años estaba orando como siempre en su cama. De repente, el cielo se abrió para ella. Vio a Jesús vivo en la cruz, con rayos que salen de sus heridas. Cerca de él, estaba la Virgen María, San José y el Padre Pío”.

En 1976 recibió los estigmas. Recuerda que Jesús le preguntó si quería sentir el dolor de sus heridas y ella dijo que sí. En ese momento los rayos de luz de las heridas de Jesús penetraron en sus manos, pies y costado y las heridas comenzaron a sangrar. Al día siguiente, se dirigió al Santuario de la Madonna dell’Arco pedir consejo a un sacerdote. Ella encontró un joven sacerdote pasionista recién ordenado llamado Padre Paolo Guida a quien contó lo que había sucedido. Él le dijo que fuera a rezar delante de la estatua de la Virgen María y pedirle la gracia que Jesús le quite los estigmas. La Hermana Rita hizo lo que le dijo. Ante el asombro del padre Paolo su oración fue respondida de inmediato y los estigmas desaparecieron, sin embargo, el dolor y la herida en su costado se mantuvieron hasta el final de su vida.


LIBERA A SU PADRE DEL PURGATORIO 

En ese momento ella deseaba mucho para entrar en el claustro, pero su padre estaba en contra. El 10 de enero de 1940, su padre, Luigi Montella, sufrió un derrame cerebral y murió pidiendo a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Cristina dijo más adelante que:

“El Señor llamó a mi padre porque se oponía a mi vocación para entrar en el claustro.”

Ella también reveló:

“En los días que siguieron a su muerte, oraba intensamente por su alma. En el séptimo día Jesús me concedió la gracia de liberarlo del Purgatorio. Me abrazó y me besó y luego entró con Jesús al Cielo”.


CRISTINA ENTRA EN EL CONVENTO

El 10 de agosto 1940 entró claustro de las monjas agustinas de Santa Croce sull ‘Arno (Pisa, Italia), donde permaneció durante cincuenta y un años hasta su muerte el 26 de noviembre de 1992. Realizó diversos trabajos durante este tiempo como cocinera, enfermera, sacristán, costurera, y contadora.

Al principio, Cristina iba a rezar la “Hora Santa” todas las noches a las once en punto a la capilla detrás de la sacristía, con el fin de estar cerca del Santísimo Sacramento. Aquí el Padre Pío se reuniría ella y oraba junto con dos parejas de ángeles que sostendrían sus brazos hacia arriba. Después de dos o tres meses de hacer esto, decidió celebrar la “Hora Santa” en su habitación, ya que era más privado.

Cristina tenía muchos dones extraordinarios como ver visiblemente a su ángel de la guarda, el don de la profecía, la lectura de los corazones, y la bilocación. También tenía el raro don de acompañar a las almas al paraíso, a las almas de aquellos en cuyo nombre había sufrido las penas del purgatorio.

Durante los últimos años de su vida, se nutre exclusivamente de la Eucaristía, que a menudo recibía directamente de la herida costado de Jesús.


VISITAS AL CARDENAL MINDSZENTY EN LA CÁRCEL POR BILOCACIÓN

Ella iba a menudo en bilocación, junto con el Padre Pío a Budapest para consolar al Cardenal Mindszenty en la cárcel y para visitar a otras víctimas del gobierno soviético.

Lo siguiente es de una conversación que el Padre Franco D’Anastasio Franco tuvo con Rita:

“-¿Es cierto que usted estuvo presente cuando condenarona el cardenal? ¿Qué ha dicho? 

Yo estaba allí y les dije que al hacer eso ellos iban a ir al infierno. Uno de ellos me dijo que no le importaba el infierno. 

-¿Estaba vestida como una monja? 

No, estaba vestida como una señora de la ciudad. 

-¿El Padre Pío solía ir con usted a visitar al Cardenal? 

Sí, a menudo.” 

Pero aún hay más de esto: la Hermana Cherubina Fascia, que era una hija espiritual del Padre Pío, dijo lo siguiente de la abadesa del convento de Sor Rita, abadesa Matilde:

“Un día la hermana Rita vino a mi habitación y me dijo que el Padre Pío le pidió que la acompañara a visitar el cardenal Mindszenty en la cárcel para llevarle lo que necesitaba para celebrar la misa Yo le respondí si tal vez ella quería mi permiso. También le pregunté cuando tenía que ir y ella rápidamente respondió: Mañana por la noche. Yo a su vez le dije: Coge todo lo que necesitas y lo pones en mi habitación de antemano. Cuando llegue el momento de que te vayas, ve a mi habitación por las cosas y entonces puedes ir. Ella hizo lo que le dijo. En mi habitación, que había cerrado con llave, esperé mientras oraba, mi corazón latía muy rápido. En un momento oí un golpe y le digo: entra. A pesar de que la puerta estaba cerrada con llave, entró, tomó todo lo que necesitaba de la mesa y se dispuso a salir. Mientras ella se iba, intenté seguirla, ya que la puerta de mi habitación estaba abierta. En un momento desapareció delante de mis propios ojos. Luego me fui rápidamente a su habitación para ver si su cuerpo estaba allí, y ella estaba en la cama. Entonces volví a mi habitación para encontrar la puerta cerrada. Tuve que usar mi llave para entrar y la cerré una vez más. Continué orando esperando a la Hermana Rita. Después de un tiempo regresó exactamente de la misma manera, ella llamó, entró a través de la puerta cerrada con llave, devolvió todo a la mesa y dijo buenas noches”.


EN EL MONASTERIO DE SANTA CROCE SULL’ARNO 

En octubre de 1941, un sacerdote llamado Giuntini llegó al monasterio y le dijo a la hermana Rita que si quería tomar el hábito tendría que pedirle a Jesús que le sanara. Ella obedeció y fue sanado inmediatamente.

Ella hizo sus votos temporales a las 9:00 am el 27 de abril de 1942, cuando fue investida con el hábito agustino y recibió el nombre religioso de “Rita”. Más tarde ese mismo día, ella experimentó el desposorio místico con Jesús.

Mientras el desposorio se lleva a cabo, Jesús mostró a Rita a su futuro director espiritual, el Padre Teofilo dal Pozzo, capuchino. Él se convirtió en su director espiritual, cinco años más tarde. La Hermana Rita hizo su profesión perpetua el 23 de mayo de 1946.


EN MISIÓN CON EL PADRE PÍO DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Durante la Segunda Guerra Mundial la Hermana Rita a menudo visitaba a soldados en peligro, junto con el Padre Pío. Sus visitas eran “en vuelo” (en bilocación). Uno de los asistidos fue Alfonso Montella, el hermano de la hermana Rita que fue prisionero en Grecia. Ella le dijo al Padre. D’Anastasio:

“Alfonso fue hecho prisionero por los griegos. Durante un bombardeo aliado que tuvo lugar en marzo de 1943, fue golpeado en la cabeza. Nosotros (el Padre Pío y ella) vimos trozos de su cerebro esparcidos por todas partes”.

El Padre D’Anastasio le preguntó si ella había acompañado a su hermano al cielo como lo hizo con su padre, ella respondió:

“Sí, el Señor lo recibió en Paraíso el mismo día de su muerte”. 

Ella dijo que ella fue, junto con el Padre Pío muchas veces a ayudar a los soldados en peligro y llevar ayuda humanitaria. Una vez, ella dijo,

“Fuimos a un campo de concentración en Alemania. Los guardias pensaban que éramos espías y dispararon contra nosotros, pero los disparos no hicieron nada en nosotros”.


BAJO INVESTIGACIÓN

Fr. Teófilo estaba muy impresionado con la experiencia espiritual de la hermana Rita, especialmente su relación con el Padre Pío con quien revivía la Pasión de Cristo y fue en bilocación en misiones en todo el mundo. Por lo tanto, le ordenó escribir todo en cuadernos. Su director espiritual, leyó ciento cinco cuadernos autobiográficos escritos por Sor Rita. Estos también fueron leídos por la abadesa Matilde Gazzarrini y algunas otras monjas de confianza en el convento.

Fr. Teófilo estaba convencido de la autenticidad de sus dones y quería tener el examen de otros. El Padre Pío ya le había dado una opinión positiva de la hermana Rita cuando habló con él. También logró que el P. Giovanni da Baggio la examinara. Fr. Giovanni la puso a prueba, porque quería saber si era cierto que se encontraba con el Padre Pío en su celda # 4. En 1949 el P. Giovanni simplemente pidió a Sor Rita que le diera al Padre Pio un libro que fue firmado por él. Unos meses más tarde, el Padre Giovanni fue a San Giovanni Rotondo para visitar a Padre Pio. Se había olvidado del libro, pero cuando estaba a punto de salir, el padre Pío con su característico sentido del humor le dijo: “Reverendo Padre, este libro es suyo, pero no se deben hacer bromas como estas.”

En el otoño de 1949 comenzaron las evaluaciones médicas y psiquiátricas de la hermana Rita que durarían siete meses. Los exámenes médicos no podían explicar las razones de sus afecciones como jaquecas, vómitos e insomnio. La evaluación psiquiátrica también encontró que era normal. No hay ningún informe médico sobre los estigmas, ya excepción de la herida en su costado, estaban escondidos, y la herida en el costado desaparecía cuando ella estaba siendo examinada.

La Hermana Rita tenía el don místico de inedia o “anorexia mística” en la que se nutría exclusivamente de la Eucaristía. No podía mantener los alimentos en el estómago. En los años setenta, se le ordenó tomar un poco de comida todos los días, y ella obedeció lo que representó un gran sufrimiento, porque le puso enferma y teníaque vomitar.

Su ángel de la guarda le limpiaba las lágrimas y le dijo,

“Pobre niña. Qué penitencia” 

Y la Virgen María le dijo:

“Esto sucede debido a que tu cuerpo no necesita alimentos por más tiempo.”

No dormía bien y sin embargo era capaz de seguir trabajando en la cocina y la enfermería. También sufría de hipertermia, otra enfermedad mística en la que la temperatura corporal alcanza una fiebre muy alta. Tenía fiebre de hasta 52 º C.

Los experimentos que se realizaron empeoraron su mala salud. En 1949 fue enviada por unos días a una clínica en Florencia para investigar. En otra de las cartas la hermana Eleonora escribe sobre “enfermedad mística”:

“La otra noche, el Padre Pío y el ángel vinieron a hacer su cama, dando una buena lección a nuestras enfermeras que habían olvidado hacerla. Esta mañana el sacerdote le ha traído la comunión después de cuatro días de ayuno, pero en realidad había recibido la Santa Comunión cada mañana de su ángel o del mismo Jesús” 


ANÉCDOTAS DE INTERVENCIONES SOBRENATURALES

Hay relatos que hablan de los “vuelos” con las almas del purgatorio y con los que están en el cielo. Una vez se la vio en Nápoles. La abadesa le preguntó:

“¿Por qué?” Y ella respondió: “Yo estaba dando pan a un niño que no había comido en dos días, porque estaba gritando. Oh, cómo gritaba. Jesús me llevó allí”.

Tenía el don de la profecía y de prever algunos acontecimientos futuros. Ella predijo el terremoto que tuvo lugar en Ancona el 13 de junio de 1972. Sor Paola Caciari del Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción tenía una hermana, Juana, que vivía en Ancona. La Hermana Rita dijo a Giovanna que pasara de Ancona a Bolonia especificando que ella y su familia debían estar fuera de Ancona antes del 13 de junio, antes de la noche. Esa noche hubo un gran terremoto que dañó el edificio donde vivía Giovanna.

La Hermana Rita también sabía que su director espiritual el P. Teófilo iba a caer en una profunda zanja de 12 metros como venganza de satanás por la nueva vocación que el Padre Teófilo y la Hermana Rita habían obtenido para el monasterio. El sacerdote estaba caminando por la calle después de visitar un convento. La Hermana Rita apareció en bilocación en el momento en que el sacerdote cayó en la zanja para lesionarse la cabeza y la espalda. Él no murió porque la Hermana Rita la rescató. Las gafas y los huevos que llevaba ni siquiera se rompieron. Herido, fue acompañado a casa por la hermana Rita que era invisible. Él sintió que alguien lo sujetaba y él también podría oler el perfume místico que emanaba. La madre superiora después preguntó Sor Rita si era cierto que le había ayudado y ella respondió: “Vea usted, mi hábito está todo lleno de barro.” 

Ella también le pidió a Dios que la dejara cargar con un poco del sufrimiento del sacerdote después de la caída. Obtuvo su solicitud y sufrió por un tiempo hasta que el dolor desapareció de repente.

Al igual que el Padre Pío, su presencia se detectaba con frecuencia por el olor de violetas. A veces Fr. Teófilo le pedía abrir las manos delante de visitantes para que el perfume de violetas pudiera hacerse más fuerte.


SALVA A JUAN PABLO II

Fr. D’Anastasio menciona en su libro de la hermana Rita la bilocación a Roma el 13 de mayo de 1981 con el fin de ayudar a Juan Pablo II el día en que sería asesinado.

Según un informe, Ali Agca declaró que en el momento del disparo una monja había desviado su curso. El diario italiano Il Corriere della Sera del 8 de mayo 1991 publicó un artículo de seguimiento que indica que la trayectoria de la bala había sido desviada, de lo contrario, el disparo debería haber sido letal. La Hermana Rita reveló al Padre D’Anastasio que había estado allí junto con la Virgen María.


CON EL PADRE PÍO

Años antes, la hermana Rita asistió al Padre Pío en bilocación durante su agonía, el 23 de septiembre de 1968. Dijo que en el momento de su fallecimiento, la Virgen María, San Francisco y Santa Clara estaban allí también. Ella sufrió viendo a los médicos tratando de reanimarlo y dijo: “Deberían haberle dejado morir en paz.”

Se sabía que el Padre Pío continuó visitando Hermana Rita después de su muerte. Durante los años setenta, el P. D’Anastasio se reunió con Fr. Pancracio Poli, el ex-provincial de los Capuchinos de la Toscana. Quería que la Hermana Rita preguntara al Padre Pio cómo es que el estigma había desaparecido cuando él murió. Esta es la respuesta escrita de la hermana Rita de fecha 9 de octubre de 1976:

“Querido Padre Pancracio, he preguntado al Padre Pio por qué él no tenía los estigmas cuando murió. Él respondió: “¿Quién quiere saberlo?” le respondí, “el P. Pancracio. “Él sonrió y añadió: “Dile que yo mismo le pedí a Jesús esa gracia”


SUS ÚLTIMOS AÑOS DE VIDA Y SU MUERTE

En 1980, la hermana fue diagnosticada con un tumor cerebral benigno. Dos años más tarde se cayó por las escaleras y se rompió el brazo izquierdo. A partir de entonces su salud se deterioró. Ella tenía problemas de corazón, sus piernas eran muy débiles y tenía diversos dolores. Pasó la mayor parte de la década de 1980 con sufrimientos físicos duraderos.

Le dijo a su sobrino, Arcangelo Aurino, que no iba a llegar al jubileo 50º de su profesión (28 de abril, 1993). En septiembre de 1992 su salud dio un giro para peor hasta el día de su fallecimiento, el 26 de noviembre.

A las 13:00 la abadesa la encontró postrada y en sufrimiento y le hizo un poco de café a lo que tuvo una reacción terrible. Vomitó tan violentamente que ella cayó al suelo. Cuando la abadesa volvió, encontró a la hermana Rita de rodillas mientras se aferraba a su cama y con la mirada fija en una pintura de San Miguel. Falleció a las 1:30 horas del 26 de noviembre de 1992.

Fue sepultada inicialmente en un cementerio de Florencia, pero en el décimo aniversario de su muerte, sus restos fueron trasladados a su monasterio y se la colocó detrás del altar de la Iglesia.

Su lema fue: “Para Jesús, todo lo que hacemos es demasiado poco”


ORACIÓN POR LA INTERCESIÓN DE SOR RITA DEL ESPÍRITU SANTO

Oh Señor, nuestro Dios, Tú has llamado a Sor Rita del Espíritu Santo para la plena realización de su consagración bautismal dedicándose por completo a ti en la vida contemplativa agustiniana con el fin de encontrar a Dios y ayudar a la Iglesia. 

Tú, Oh, Padre, has hecho brillar a través de ella, los carismas.

Le has dado el rostro de Cristo, haciéndolo visible a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 

Con tu ayuda ella ha tomado sobre sí los problemas de sus hermanos, llevando el sufrimiento de Cristo en su cuerpo y convirtiéndose a través de la oración humilde en signo y testimonio de su amor. 

Escucha nuestra oración: dígnate glorificarla ahora en la tierra y por su intercesión, concédenos la gracia que te pedimos con fe. Amen.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Con aprobación eclesiástica de la Diócesis de San Miniato


Fuentes:  forosdelavirgen.org // Mistics of the Church, Signos de estos Tiempos


MADRE TERESA DE CALCUTA -


Reflexión "El Amor de Dios".




La Madre Teresa ayudó a cristianos, MUSULMANES, HINDUES Y DIOS LA PREMIO CON LA ENTRADA AL PARAISO, Mi mente cuadrada al principio no la comprendia, Pero ahora se que la Misericordia de Dios es para todos.


http://gloria.tv/

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE UNA BASÍLICA, UNA CATEDRAL Y UN SANTUARIO?



Mezcla de tipos de arquitectura con decisiones institucionales.


La Basílica, la Catedral y el Santuario son términos distintos, pero no excluyentes. Por ejemplo, una basílica puede ser un santuario, y una catedral puede ser una basílica.Una buena descripción de cada una de ellas será útil.

Lo importante a considerar que una iglesia puede ser las tres cosas a la vez, sólo alguna de ellas o ninguna, y eso depende tanto de la forma en que está construída, y más modernamente, depende de cómo se la considera oficialmente, tanto por parte del Vaticano como de parte del obispado local.


LA BASÍLICA

La estructura de la basílica fue desarrollada por los antiguos romanos para sus salas públicas monumentales situadas en los foros, o plazas públicas. Estrictamente hablando, la basílica es un paralelogramo, con la anchura del edificio no siendo ni mayor que la mitad ni menor que un tercio de la longitud. En un extremo estaba la entrada con un pórtico, y en el otro extremo estaba el ábside. Había un pasillo principal flanqueado a ambos lados por un pasillo (o dos, o incluso tres) con columnas de separación entre los pasillos. El techo de la nave principal era mayor que el de las naves laterales, se añadían un cuerpo de luces encima de las columnas para permitir que la luz entrara en la basílica. Existen numerosos ejemplos de basílicas antiguas, sobre todo en Italia.

Cuando se le permitió a la Iglesia tener “iglesias”, después de la legalización del cristianismo, la forma basílica se adaptó fácilmente. En realidad, muchas de las antiguas basílicas públicas o basílicas templo paganos se transformaron en iglesias: la cátedra del obispo o trono, se encuentra en el ábside flanqueado por los asientos para el clero. En frente de la cátedra estaba el altar, con un dosel o baldaquino sobre él. Cerca del altar estaba el púlpito.

Debido al tamaño de la basílica, el Santísimo Sacramento estaba reservado en una capilla lateral, o incluso en un tabernáculo suspendido cerca del altar. La congregación se reunía en el pasillo principal, en la nave central. Las basílicas de la Iglesia por lo general tenían un patio cerrado con una columnata; en la explanada había un pozo donde los fieles podían lavarse las manos y los labios antes de entrar para la misa. Posteriormente se hicieron modificaciones en el estilo romano estricto – como la adición de cruceros – durante el románico y el gótico.

Más tarde se utilizó el término “basílica” para identificar a las iglesias de importancia histórica y espiritual. Por lo general, estas iglesias están construidas en el estilo basílica, pero el criterio clave es que son lugares de importancia histórica y espiritual. El Santo Padre designa oficialmente una iglesia como una “basílica.” Por lo tanto, cuando se habla de la Basílica de San Pedro en Roma, el título de “Basílica” se refiere a la importancia histórica y espiritual de la iglesia misma y al honor que le da el Papa.

Tradicionalmente, una basílica ha mostrado un conopoeum o pabellón (algo que parece un gran paraguas) hecho con la alternancia de paneles de seda de color blanco y amarillo, los colores del gobierno papal, y rematado con una cruz; este conopoeum fue utilizado originalmente para albergar al patriarca. Otros ítems de la basílica tradicional son la clochetta (una especie de dispositivo musical compuesto por un mango, una campana, y la insignia de la basílica, que se utiliza en la procesión) y la cappa magna (una capa violeta usada por los cánones – los funcionarios de la basílica – durante los servicios litúrgicos).

Por último, cada basílica tiene una “puerta santa”, que se abre sólo durante el tiempo de peregrinación especial declarado por el Santo Padre. Por ejemplo, el año 2000 fue declarado “Año Santo”, y se abrió la puerta santa de la Basílica de San Pedro (al igual que las puertas santas de todas las demás basílicas). También se le concede a los peregrinos que visitan las basílicas y cumplen los demás requisitos indulgencias especiales.

Tradicionalmente, también se hace una distinción entre una gran basílica y una menor. Las siete basílicas mayores están en Roma: San Pedro en el Vaticano, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros, San Lorenzo, San Sebastián y de la Santa Cruz en Jerusalén. Las primeras cuatro de estas basílicas técnicamente se llaman las “basílicas mayores primarias”. Estas basílicas más importantes siguen siendo las iglesias de peregrinación más importantes cuando se visita Roma.

Una basílica menor es cualquier otra iglesia importante de Roma o en todo el mundo que ha sido designada oficialmente como “basílica” por el Santo Padre. Un ejemplo de una basílica menor es la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington o la Basílica del Sagrado Corazón, en Hanover, Pennsylvania.


LA CATEDRAL

Una catedral es la iglesia principal de una diócesis y en sí misma también una iglesia parroquial. El obispo es, técnicamente, el pastor de la parroquia de la catedral, y nombra a un rector para gestionar sus asuntos espirituales y temporales. La palabra catedral viene del latín cathedra.

La cátedra representa la posición y la autoridad del obispo, y el lugar en el que reside en el territorio de su jurisdicción. La cátedra se encuentra dentro de la catedral, cerca del altar, a menudo en el ábside.

La catedral puede ser una basílica. Por ejemplo, la Catedral de los Santos Pedro y Pablo en la Arquidiócesis de Filadelfia es también una basílica.


EL SANTUARIO

Un santuario es una iglesia u otro lugar sagrado donde se conserva una reliquia, como el Santuario de San Judas, en Baltimore; o donde ha tenido lugar una aparición, como el Santuario de Nuestra Señora de Knock en Irlanda o en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México; o cuando un acontecimiento histórico de la fe ha tenido lugar, como el Santuario de la Virgen de los Mártires en Auriesville, Nueva York, donde fueron martirizados los primeros misioneros jesuitas.

Un santuario también puede ser un lugar designado para fomentar la creencia o la devoción; por ejemplo, la Basílica Santuario de la Inmaculada Concepción fue construida para fomentar la devoción a nuestra Santísima Madre en los Estados Unidos, sobre todo porque ella es la patrona de norteamérica, con el título de la Inmaculada Concepción.

Los Santuarios son regulados por el obispo local, y los santuarios nacionales están designados como tales por la Conferencia Nacional de Obispos.


Fuente: forosdelavirgen.org //  Arlington Catholic Herald, Signos de estos Tiempos


EL DIABLO HOY: ¡APÁRTATE SATANÁS! - Parte 8 -



Capítulo VIII.- Bajo las apariencias de un Ángel de Luz



Un artificio hace particularmente peligrosas las tentaciones del diablo. Se presenta, no como una potencia de las tinieblas sino, más frecuentemente, como un ángel de luz. Buitre rapaz, puede presentar las apariencias de una amable paloma. Tremendamente repugnante en su realidad auténtica, se transforma en atractivo y simpático.

Según ciertos exegetas, la expresión "ángel de luz" empleada por San Pablo —"Satanás se transfigura en ángel de luz" (2 Co 11, 14)—, se refería a las apariencias seductoras bajo las cuales Satanás se habría presentado a Eva en el paraíso terrestre. Fue éste el primer engaño del ángel caído cuya entera "política" en relación a los hombres no es otra que la impostura y el engaño. ¿No lo definió Jesús comomentiroso y padre de la mentira? (Jn 8, 44).

En una expresión particularmente concisa, Santo Tomás caracteriza la táctica seductora de Satanás: "Aliud protendi, et aliud intendit". Una cosa es lo que parece ofrecer y otra el objetivo secreto que persigue. No tiene rival en la ambigüedad y en la duplicidad.



Bajo el pretexto de la humildad

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia y maestra de espirituales, tuvo que ver con Satanás. Conocía su táctica. En su autobiografía, cuenta cómo el demonio, bajo pretexto de humildad, consiguió alejarla durante más de un año de la práctica de la oración mental, alma de la vida carmelita. "Hízome en esto gran batería el demonio y pasé tanto en parecerme poca humildad tenerla, siendo tan ruin, que -como ya he dicho- la dejé año y medio o al menos un año (...) y no fuera más, ni fue, que meterme yo misma sin haber menester demonios que me hicieran ir al infierno.

¡Oh, válgame Dios, qué ceguera tan grande! ¡Y qué bien acierta el demonio para su propósito en cargar aquí la mano! Sabe el traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida y que todas las caídas que la hace dar la ayudan, por la bondad de Dios, a dar después mayor salto en lo que es su servicio: algo le va en ello".

"Bajo apariencia de bien, afirma san Vicente de Paúl, el diablo seduce al mal. Propone la cosa (malvada) como muy dulce y útil, añade salsa para que se encuentre agradable. Si ve que no se acepta su propuesta, que se resiste a esta primera tentación, cambiará la salsa".

Los maestros espirituales señalan una tentación del diablo frecuente entre las personas preocupadas por su progreso espiritual. Bajo el pretexto de una influencia apostólica más grande, el demonio les hace desear una ocupación distinta de la suya. "Es el mal de los males para los que tienen buena voluntad, decía San Francisco de Sales, querer estar siempre donde no pueden y no querer estar donde pueden". Creando la confusión entre las almas Satanás quiere alejarlas de la voluntad de Dios.

San Francisco de Sales desvela otra insidia de Satanás: hacernos comenzar muchas cosas al mismo tiempo para impedir que las acabemos. "Con frecuencia el enemigo intenta que emprendamos y comencemos varios proyectos para que, abrumados por el excesivo trabajo, no acabemos nada y dejemos todo imperfecto. Alguna vez incluso nos sugiere el deseo de emprender alguna tarea excelente que prevé que no llevaremos a término para alejarnos de realizar una menos excelente que podríamos realizar fácilmente. Porque a él no le preocupa en absoluto que se hagan muchos proyectos y comienzos mientras no se concluya nada".

El Santo ilustra su pensamiento con gustosas comparaciones: "No hay que cometer tanta carne que no se pueda digerir lo que se toma. El espíritu seductor nos para en los inicios haciendo que nos contentemos con una florida primavera; pero el Espíritu divino nos hace mirar los comienzos sólo para llevar al fin y nos hace alegrarnos de las flores de la primavera sólo ve la pretensión de gozar los frutos del verano y del otoño".



Conducir al activismo

Otra tentación de los cristianos fervientes: el activismo. "Cuando el diablo no puede lograr directamente que obremos mal, nos lleva a abrazar más bien del que podemos atender y nos sobrecarga..., hasta que nos encontramos abrumados bajo un peso demasiado grande y una carga excesivamente pesada". Así se expresaba uno de los más grande hombres de acción de la historia de la Iglesia, San Vicente de Paúl, en una "conversación con los seminaristas sobre los exceso que hay que evitar en el amor a Dios".

Gerson, canciller de la universidad de París, autor de un tratado sobre las diversas tentaciones del diablo, señala entre otros los artificios siguientes: sugerir empresas demasiado difíciles para provocar el activismo; impulsar a recitar una multitud de oraciones para quitar el gusto y para alimentar un orgullo sutil a costa de los deberes de estado; impulsar a abstenerse de hacer el bien bajo el pretexto de la modestia y de la humildad; suscitar la cólera en los otros bajo el pretexto de corrección fraterna; inducir a la complacencia en las dulzuras de la devoción hasta el punto de hacer de ellas el objetivo de la vida interior.

¡Qué realismo en este análisis del corazón del hombre y de las insidias de Satanás! ¡Qué bien ilustra la máxima de Santo Tomás de Aquino los artificios sugeridos por Satanás: una cosa es lo que el diablo parece ofrecer y otra es el objetivo secreto que desea!

¿El objetivo presentado? Una actividad febril, una catarata de oraciones, una actitud de humildad, un compromiso social, una piedad sentimental. ¿El objetivo buscado? El activismo, ruina de la vida espiritual; el formalismo, cáncer de la piedad; un simulacro de molestia, alimento secreto del orgullo; un amor del hombre separado del amor de Dios; una devoción sin fundamento dogmático; un desánimo angustioso y paralizante.



El más difícil de descubrir

En su estudio sobre la demonología de San Juan de la Cruz, el padre Nilo di San Brocardo señala queengañar y engaño son las palabras empleadas con más frecuencia por el Doctor místico cuando habla de las actividades de Satanás. "El diablo, escribe, se transfigura, sube transfigurarse, disimular, enmascararse, difundir errores y mentiras, en una palabra: sabe engañar. Y todo esto con un objetivo: dañar espiritualmente al alma. Para separarla de la vía segura de la fe se insinúa con delicadeza y discreción; no le faltan por otra parte habilidad, artificios y astucia".

El Santo Doctor establece una comparación entre los tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. "El mundo es el enemigo menos dificultoso. El demonio es más oscuro de entender. La carne es más tenaz que todos, y duran sus acontecimientos mientras dura el hombre viejo".

"Sus tentaciones y astucias (del demonio) son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, porque también se fortalecen de estos otros dos enemigos, mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra".

San Juan de la Cruz insiste lo importante que le parece esta verdad: "No hay poder humano comparable al suyo (al del diablo); sólo la luz divina es capaz de desenmarañar sus artificios".

La sola perspicacia humana no basta para desenmascarar a Satanás, sólo con la fuerza humana no se le puede rechazar. Es necesario ante todo la virtud de la fe. "Yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a ofenderla, porque con la fe va muy amparada, más que con todas las demás virtudes, contra el demonio, que es el más fuerte y astuto enemigo".


DOCUMENTACIÓN ACERCA DEL INFIERNO: El camino de la carne.





El joven caballero y su amante.


En Londres, durante el invierno de 1847-1848, una rica y joven viuda de unos veinte años se encontró inesperadamente implicada en una relación ilícita con un joven caballero. Tiempo después, una noche, cuando estaba durmiendo, un rayo de luz comenzó a crecer y expandirse en la puerta de su habitación. Para su incredulidad, la puerta comenzó a abrirse lentamente, y allí apareció el joven caballero. Él se aproximó, agarró su muñeca izquierda y dijo en un suspiro: "Existe un infierno." El dolor en la muñeca era tan intenso que perdió la consciencia.

Cuando despertó, sentía una terrible quemazón dentro de su muñeca, hasta el hueso. La alfombra también aparecía chamuscada donde las huellas de los pies del joven caballero habían ido y venido.

Al día siguiente, ella supo que la noche anterior, su caballero había sido encontrado borracho y había muerto en los brazos de sus sirvientes.

Ella aparentemente vivió el resto de su vida con una dolorosa cicatriz como recuerdo.


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ENTREGA ESPECIAL - MINISTROS EXTRAORDINARIOS - CONGREGACIÓN PARA EL CLERO - Parte 12 -


MINISTROS EXTRAORDINARIOS


DE LA SAGRADA COMUNIÓN (NO DE LA EUCARISTÍA ESTE TERMINO ES MAL EMPLEADO. DETENGAMOS LOS A SACRILEGIOS Y ABUSOS LITÚRGICOS)


1 TITO 1: 9-13; Gal 5, 19-21 (El que vive de la carne y del mundo no acepta la verdad)

Para saber bien el tipo de conducta, y forma de celebrar la misa y la importancia de la Fe se recomienda leer directamente del Vaticano (Santa Sede) algunos documentos. Desde este momento desarrollaremos el documento 4 del sumario.


4) Congregación para el Clero (Instrucción) Sobre la recta interpretación y observación práctica de las normas y la conducta de los obispos, presbíteros, diáconos y laicos en referencia con los servicios del clero, catequistico y administrativo y otras instrucciones (**incluyendo el articulo 8 – Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión vs. Ministros ordenados o presbíteros)


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INSTRUCCIÓN

SOBRE ALGUNAS CUESTIONES
ACERCA DE LA COLABORACION
DE LOS FIELES LAICOS EN EL SAGRADO
MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

LIBRERIA EDITRICE VATICANA
CIUDAD DEL VATICANO 1997


PREMISA

Del misterio de la Iglesia nace la llamada dirigida a todos los miembros del Cuerpo místico para que participen activamente en la misión y edificación del Pueblo de Dios en una comunión orgánica, según los diversos ministerios y carismas. El eco de tal llamada se ha sentido constantemente en los documentos del Magisterio, sobre todo del Concilio Ecuménico Vaticano II(1) en adelante. En particular en las últimas tres Asambleas generales ordinarias del Sínodo de los Obispos, se ha reafirmado la identidad, en la común dignidad y diversidad de funciones propias, de los fieles laicos, de los sagrados ministros y de los consagrados, y se ha estimulado a todos los fieles a edificar la Iglesia colaborando en comunión para la salvación del mundo.

Es necesario tener presente la urgencia y la importancia de la acción apostólica de los fieles laicos en el presente y en el futuro de la evangelización. La Iglesia no puede prescindir de esta obra, porque le es connatural, en cuanto Pueblo de Dios, y porque tiene necesidad de ella para realizar la propia misión evangelizadora.

La llamada a la participación activa de todos los fieles a la misión de la Iglesia no ha sido desatendida. El Sínodo de los Obispos del 1987 ha constatado « como el Espíritu ha continuado a rejuvenecer la Iglesia suscitando nuevas energías de santidad y de participación en tantos fieles laicos. Esto es testimoniado, entre otras cosas, por el nuevo estilo de colaboración entre sacerdotes, religiosos y fieles laicos; por la participación activa en la liturgia, en el anuncio de la Palabra de Dios y en la catequesis; por los múltiples servicios y tareas confiadas a los fieles laicos y por ellos asumidas; por el fresco florecer de grupos, asociaciones y movimientos de espiritualidad y de compromiso laical; por la participación más amplia y significativa de las mujeres en la vida de la Iglesia y en el desarrollo de la sociedad ».(2) De igual modo en la preparación del Sínodo de los Obispos del 1994 sobre la vida consagrada se ha encontrado « en todas partes un deseo sincero de instaurar auténticas relaciones de comunión y de colaboración entre Obispos, institutos de vida consagrada, clero secular y laicos ».(3) En la sucesiva Exhortación Apostólica post-sinodal, el Sumo Pontífice confirma el aporte específico de la vida consagrada a la misión y edificación de la Iglesia.(4)

Se tiene, en efecto, una colaboración de todos los fieles en los dos ámbitos de la misión de la Iglesia, sea en aquel espiritual de llevar el mensaje de Cristo y de su gracia a los hombres, sea en aquel temporal de permear y perfeccionar el orden de las realidades seculares con el espíritu evangélico.(5) Especialmente en el primer ámbito —evangelización y santificación— « el apostolado de los laicos y el ministerio pastoral se completan mutuamente ».(6) En él, los fieles laicos, de ambos sexos,tienen innumerables ocasiones de hacerse activos, con el coherente testimonio de vida personal, familiar y social, con el anuncio y la condivisión del evangelio de Cristo en todo ambiente y con el compromiso de enuclear, defender y rectamente aplicar los principios cristianos a los problemas actuales.(7) En particular los Pastores son invitados « a reconocer y promover los ministerios, los oficios y las funciones de los fieles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación, y además, para muchos de ellos, en el Matrimonio ».(8)

En realidad la vida de la Iglesia, en este campo, ha conocido, sobre todo después del notable impulso dado por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio Pontificio, un sorprendente florecer de iniciativas pastorales.

Hoy, en particular, el prioritario compromiso de la nueva evangelización, que implica a todo el Pueblo de Dios, exige junto al « especial protagonismo » del sacerdote, la total recuperación de la conciencia de la índole secular de la misión del laico.(9)

Esta empresa abre de par en par a los fieles laicos horizontes inmensos —algunos de ellos todavía por explorar— de compromiso secular en el mundo de la cultura, del arte, del espectáculo, de la búsqueda científica, del trabajo, de los medios de comunicación, de la política, de la economía, etc., y les pide de genialidad de crear siempre modalidades más eficaces para que estos ambientes encuentren en Jesucristo la plenitud de su significado.(10)

Dentro de esta vasta área de concorde trabajo, sea específicamente espiritual o religiosa, sea en la consecratio mundi, existe un campo más especial, aquel que se relaciona con el sagrado ministerio de los clérigos, en el ejercicio del cual pueden ser llamados a colaborar los fieles laicos, hombres y mujeres, y, naturalmente, también los miembros no ordenados de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica. A tal ámbito particular se refiere el Concilio Ecuménico Vaticano II, allí en donde enseña: « La jerarquía encomienda a los seglares ciertas funciones que están más estrechamente unidas a los deberes de los pastores, como, por ejemplo, en la exposición de la doctrina cristiana, en determinados actos litúrgicos y en la cura de almas ».(11)

Precisamente porque se trata de tareas íntimamente relacionadas con los deberes de los pastores —que para ser tales deben ser marcados con el Sacramento del Orden— se exige, de parte de todos aquellos que en cualquier modo están implicados, una particular atención para que se salvaguarden bien, sea la naturaleza y la misión del sagrado ministerio, sea la vocación y la índole secular de los fieles laicos. Colaborar no significa, en efecto, sustituir.

Debemos constatar, con viva satisfacción, que en muchas Iglesias particulares la colaboración de los fieles no ordenados en el ministerio pastoral del clero se desarrolla de manera bastante positiva, con abundantes frutos de bien, en el respeto los límites fijados por la naturaleza de los sacramentos y por la diversidad de carismas y funciones eclesiales, con soluciones generosas e inteligentes para hacer frente a las situaciones de falta o escasez de sagrados ministros.(12) De este modo se ha aclarado aquel aspecto de la comunión, por el que algunos miembros de la Iglesia se ocupan con solicitud de remediar, en la medida en que les es posible, no siendo marcados por el carácter del sacramento del Orden, a situaciones de emergencia y crónicas necesidades en algunas comunidades.(13) Tales fieles son llamados y delegados para asumir precisas tareas, tan importantes cuanto delicadas, sostenidos por la gracia del Señor, acompañados por los sagrados ministros y bien acogidos por las comunidades en favor de las cuales prestan el propio servicio. Los sagrados pastores agradecen profundamente la generosidad con la cual numerosos consagrados y fieles laicos se ofrecen para este específico servicio, desarrollado con un fiel sensus Ecclesiae y edificante dedicación. Particular gratitud y estímulo va a cuantos asumen estas tareas en situaciones de persecución de la comunidad cristiana, en los ambientes de misión, sean ellos territoriales o culturales, allí en donde la Iglesia aún está escasamente radicada, y la presencia del sacerdote es sólo esporádica.(14)

No es este el lugar para profundizar toda la riqueza teológica y pastoral del papel de los fieles laicos en la Iglesia. La misma ha sido ya aclarada ampliamente en la Exhortación ApostólicaChritifidelis laici.

El objetivo del presente documento, más bien, es simplemente aquel de dar una respuesta clara y autorizada a las urgentes y numerosas peticiones enviadas a nuestros Dicasterios de parte de obispos, sacerdotes y laicos los cuales, de frente a nuevas formas de actividad « pastoral » de los fieles no ordenados en el ámbito de las parroquias y de las diócesis, han pedido de ser iluminados.

Con frecuencia, en efecto, se trata de praxis que, si bien originadas en situaciones de emergencia y precariedad, y repetidamente desarrolladas con la voluntad de brindar una generosa ayuda en las actividades pastorales, pueden tener consecuencias gravemente negativas para la entera comunión eclesial. Tales prácticas, en realidad están presentes de modo especial en algunas regiones y, a veces, varían bastante al interno de la misma zona.

Las mismas, sin embargo, son un llamado a la grave responsabilidad, pastoral de cuantos, sobre todo Obispos,(15) son responsables de la promoción y tutela de la disciplina universal de la Iglesia sobre la base de algunos principios doctrinales ya claramente enunciados por el Concilio Ecuménico Vaticano II(16) y por el sucesivo Magisterio Pontificio.(17)

Se ha tenido un trabajo de reflexión al interno de nuestros Dicasterios, se ha reunido un Simposio en el que han participado representantes de los Episcopados mayormente interesados en el problema y, en fin, se ha realizado una amplia consulta entre los numerosos Presidentes de las Conferencias Episcopales y otros Presules y expertos de distintas disciplinas eclesiásticas y áreas geográficas. Ha resultado un clara convergencia en el sentido preciso de la presente Instrucción que, sin embargo, no pretende agotar el tema, bien porque se limita a considerar los casos hoy más conocidos, bien por la extrema variedad de circunstancias particulares en las cuales tales casos se verifican.

El texto, redactado sobre la segura base del magisterio extraordinario y ordinario de la Iglesia, se confía para su fiel aplicación, a los Obispos interesados, pero se hará conocer también de los Présules de aquellas circunscripciones eclesiásticas en donde, aunque no se presenten de momento praxis abusivas, podrían ser implicados en breve tiempo, dada la actual rapidez de difusión de los fenómenos.

Antes de dar respuesta a los casos concretos que nos han sido enviados, se estima necesario anteponer en mérito al significado del Orden sagrado en la constitución de la Iglesia, algunos breves y esenciales elementos teológicos tendientes a favorecer una motivada inteligencia de la misma disciplina eclesiástica la cual, en el respeto de la verdad y de la comunión eclesial, pretende promover los derechos y los deberes de todos, para aquella « salvación de las almas que debe ser en la Iglesia la ley suprema ».(18)



PRINCIPIOS TEOLÓGICOS

1. El sacerdocio común y el sacerdocio ministerial

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, ha deseado que su único e indivisible sacerdocio fuese participado a su Iglesia. Esta es el pueblo de la nueva alianza, en el cual, por la « regeneración y la acción del Espíritu Santo, los bautizados son consagrados para formar un templo espiritual y un sacerdocio santo, para ofrecer, mediante todas las actividades del cristiano, sacrificios espirituales y hacer conocer los prodigios de Aquel que de las tinieblas le llamó a su admirable luz (cfr. 1 Pe 2, 4-10).(19) « Un sólo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4, 5); común es la dignidad de los miembros que deriva de su regeneración en Cristo, común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección ».(20) Vigente entre todos « una auténtica igualdad en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo », algunos son constituidos, por voluntad de Cristo, « doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás ».(21) Sea el sacerdocio común de los fieles, sea el sacerdocio ministerial o jerárquico, « aunque diferentes esencialmente y no sólo de grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo ».(22) Entre ellos se tiene una eficaz unidad porque el Espíritu Santo unifica la Iglesia en la comunión y en el servicio y la provee de diversos dones jerárquicos y carismáticos.(23)

La diferencia esencial entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial no se encuentra, por tanto, en el sacerdocio de Cristo, el cual permanece siempre único e indivisible, ni tampoco en la santidad a la cual todos los fieles son llamados: « En efecto, el sacerdocio ministerial no significa de por sí un mayor grado de santidad respecto al sacerdocio común de los fieles; pero, por medio de él, los presbíteros reciben de Cristo en el Espíritu un don particular, para que puedan ayudar al Pueblo de Dios a ejercitar con fidelidad y plenitud el sacerdocio común que les ha sido conferido ».(24) En la edificación de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, está vigente la diversidad de miembros y de funciones, pero uno solo es el Espíritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia según su riqueza y la necesidad de servicios (cfr. 1 Cor 12, 1-11).(25)

La diversidad está en relación con el modo de participación al sacerdocio de Cristo y es esencial en el sentido que « mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal —vida de fe, de esperanza y de caridad, vida según el Espíritu— el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos ».(26) En consecuencia, el sacerdocio ministerial « difiere esencialmente del sacerdocio común de los fieles porque confiere un poder sagrado para el servicio de los fieles ».(27) Con este fin se exhorta el sacerdote « a crecer en la conciencia de la profunda comunión que lo vincula al Pueblo de Dios » para « suscitar y desarrollar la cor responsabilidad en la común y única misión de salvación, con la diligente y cordial valoración de todos los carismas y tareas que el Espíritu otorga a los creyentes para la edificación de la Iglesia ».(28)

Las características que diferencian el sacerdocio ministerial de los Obispos y de los presbíteros de aquel común de los fieles, y delinean en consecuencia los confines de las colaboración de estos en el sagrado ministerio, se pueden sintetizar así:

a) el sacerdocio ministerial tiene su raíz en la sucesión apostólica y esta dotado de una potestad sacra,(29) la cual consiste en la facultad y responsabilidad de obrar en persona de Cristo Cabeza y Pastor;(30)

b) esto es lo que hace de los sagrados ministros servidores de Cristo y de la Iglesia, por medio de la proclamación autorizada de la Palabra de Dios, de la celebración de los Sacramentos y de la guía pastoral de los fieles.(31)

Poner el fundamento del ministerio ordenado en la sucesión apostólica, en cuanto tal ministerio continúa la misión recibida de los Apóstoles de parte de Cristo, es punto esencial de la doctrina eclesiástica católica.(32)

El ministerio ordenado, por tanto, es constituido sobre el fundamento de los Apóstoles para la edificación de la Iglesia:(33) « está totalmente al servicio de la Iglesia misma ».(34) « A la naturaleza sacramental del ministerio eclesial está intrincadamente ligado el carácter de servicio. Los ministros en efecto, en cuanto dependen totalmente de Cristo, quien les confiere la misión y autoridad, son verdaderamente 'esclavos de Cristo' (cfr. Rm 11), a imagen de El que, libremente ha tomado por nosotros 'la forma de siervo' (Flp 2, 7). Como la palabra y la gracia de la cual son ministros no son de ellos, sino de Cristo que se las ha confiado para los otros, ellos se harán libremente esclavos de todos ».(35)


2. Unidad y diversidad en las funciones ministeriales

Las funciones del ministerio ordenado, tomadas en su conjunto, constituyen, en razón de su único fundamento,(36) una indivisible unidad. Una y única, en efecto, como en Cristo,(37) es la raíz de acción salvífica, significada y realizada por el ministro en el desarrollo de las funciones de enseñar, santificar y gobernar a los fieles. Esta unidad cualifica esencialmente el ejercicio de las funciones del sagrado ministerio, que son siempre ejercicio, bajo diversas prospectivas, de la función de Cristo, Cabeza de la Iglesia.

Si, por tanto, el ejercicio de parte del ministro ordenado del munus docendi, sanctificandi et regendi constituye la sustancia del ministerio pastoral, las diferentes funciones de los sagrados ministros, formando una indivisible unidad, no se pueden entender separadamente las unas de las otras, al contrario, se deben considerar en su mutua correspondencia y complementario. Sólo en algunas de esas, y en cierta medida, pueden colaborar con los pastores otros fieles no ordenados, si son llamados a dicha colaboración por la legítima Autoridad y en los debidos modos. « En efecto, El mismo conforta constantemente su cuerpo, que es la Iglesia, con los dones de los ministerios, por los cuales, con la virtud derivada de El, nos prestamos mutuamente los servicios para la salvación ».(38) «El ejerció de estas tareas no hace del fiel laico un pastor: en realidad no es la tarea la que constituye un ministro, sino la ordenación sacramental. Solo el Sacramento del Orden atribuye al ministerio ordenado de los Obispos y presbíteros una peculiar participación al oficio de Cristo Cabeza y Pastor y a su sacerdocio eterno. La función que se ejerce en calidad de suplente, adquiere su legitimación, inmediatamente y formalmente, de la delegación oficial dada por los pastores, y en su concreta actuación es dirigido por la autoridad eclesiástica ».(39)

Es necesario reafirmar esta doctrina porque algunas prácticas tendientes a suplir a las carencias numéricas de ministros ordenados en el seno de la comunidad, en algunos casos, han podido influir sobre una idea de sacerdocio común de los fieles que tergiversa la índole y el significado específico, favoreciendo, entre otras cosas, la disminución de los candidatos al sacerdocio y oscureciendo la especificidad del seminario como lugar tipico para la formación del ministro ordenado. Se trata de fenómenos intiman ente relacionados, sobre cuya interdependencia se deberá oportunamente reflexionar para llegar a sabias conclusiones operativas.


3. Insostituibilidad del ministerio ordenado

Una comunidad de fieles para ser llamada Iglesia y para serlo verdaderamente, no puede derivar su guía de criterios organizativos de naturaleza asociativa o política. Cada Iglesia particular debe a Cristo su guía, porque es El fundamentalmente quien ha concedido a la misma Iglesia el ministerio apostólico, por lo que ninguna comunidad tiene el poder de darlo a sí misma,(40) o de establecerlo por medio de una delegación. El ejercicio del munus de magisterio y de gobierno, exige, en efecto, la canónica o jurídica determinación de parte de la autoridad jerárquica.(41)

El sacerdocio ministerial, por tanto, es necesario a la existencia misma de la comunidad como Iglesia: « no se debe pensar en el sacerdocio ordenado (...) como si fuera posterior a la comunidad eclesial, como si ésta pudiera concebirse como constituida ya sin este sacerdocio ».(42) En efecto, si en la comunidad llega a faltar el sacerdote, ella se encuentra privada de la presencia y de la función sacramental de Cristo Cabeza y Pastor, esencial para la vida misma de la comunidad eclesial.

El sacerdocio ministerial es por tanto absolutamente insustituible. Se llega a la conclusión inmediatamente de la necesidad de una pastoral vocacional que sea diligente, bien organizada y permanente para dar a la Iglesia los necesarios ministros como también a la necesidad de reservar una cuidadosa formación a cuantos, en los seminarios, se preparan para recibir el presbiterado. Otra solución para enfrentar los problemas que se derivan de la carencia de sagrados ministros resultaría precaria.

« El deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo ante todo con una vida plenamente cristiana ».(43) Todos los fieles son corresponsables en el contribuir a fortalecer las respuestas positivas a la vocación sacerdotal, con una siempre mayor fidelidad en el seguimiento de Cristo superando la indiferencia del ambiente, sobre todo en las sociedades fuertemente marcadas por el materialismo.


4. La colaboración de fieles no ordenados en el ministerio pastoral

En los documentos conciliares, entre los varios aspectos de la participación de fieles no marcados por el carácter del Orden a la misión de la Iglesia, se considera su directa colaboración en las tareas específicas de los pastores.(44) En efecto, « cuando la necesidad o la utilidad de la Iglesia lo exige, los pastores pueden confiar a los fieles no ordenados, según las normas establecidas por el derecho universal, algunas tareas que están relacionadas con su propio ministerio de pastores pero que no exigen el carácter del Orden ».(45) Tal colaboración ha sido sucesivamente regulada por la legislación post-conciliar y, en modo particular, por el nuevo Código de Derecho Canónico.

Este, después de haberse referido a las obligaciones y los derechos de todos los fieles,(46) en el título sucesivo, dedicado a las obligaciones y derechos de los fieles laicos, trata no solo de aquello que específicamente les compete, teniendo presente su condición secular,(47) sino también de tareas o funciones que en realidad no son exclusivamente de ellos. De estas, algunas corresponderían a cualquier fiel sea o no ordenado,(48) otras, al contrario se colocan en la línea de directo servicio en el sagrado ministerio de los fieles ordenados.(49) Respecto a estas últimas tareas o funciones, los fieles no ordenados no son detentores de un derecho a ejercerlas, pero son « hábiles para ser llamados por los sagrados pastores en aquellos oficios eclesiásticos y en aquellas tareas que están en grado de ejercitar según las prescripciones del derecho »,(50) o también « donde no haya ministros (...) pueden suplirles en algunas de sus funciones (...) según las prescripciones del derecho ».(51)

Al fin que una tal colaboración se pueda inserir armonicamente en la pastoral ministerial, es necesario que, para evitar desviaciones pastorales y abusos disciplinares, los principios doctrinales sean claros y que, de consecuencia, con coherente determinación, se promueva en toda la Iglesia una atenta y leal aplicación de las disposiciones vigentes, no alargando, abusivamente, los límites de excepcionalidad a aquellos casos que no pueden ser juzgados como « excepcionales ».

Cuando, en algún lugar, se verifiquen abusos o prácticas trasgresivas, los Pastores adopten todos los medios necesarios y oportunos para impedir a tiempo su difusión y para evitar que se altere la correcta comprensión de la naturaleza misma de la Iglesia. En particular, aplicarán aquellas normas disciplinares establecidas, las cuales enseñan a conocer y respetar realmente la distinción y complementariedad de funciones que son vitales para la comunión eclesial. En donde tales prácticas abusivas están ya difundidas, es absolutamente indispensable la intervención responsable de quien tiene la autoridad de hacerlo, haciéndose así verdadero artífice de comunión, la cual puede ser constituida exclusivamente en torno a la verdad. Comunión, verdad, justicia, paz y caridad son términos independientes.(52)

A la luz de los principios apenas recordados se señalan a continuación los oportunos remedios para enfrentar los abusos señalados a nuestros Dicasterios. Las disposiciones que siguen son tomadas de la normativa de la Iglesia.



NOTAS.

(1) Cfr. Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 33; Dec. Apostolicam actuositatem, 24.

(2) Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Christifidelis laici (30 diciembre 1988), 2: AAS81 (1989), p. 396.

(3) Sinodo de los Obispos, IXa Asamblea General Ordinaria Instrumentum laboris, n. 73.

(4) Cfr. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), n. 47:AAS 88 (1996), p. 420.

(5) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Dec. Apostolicam actuositatem, n. 5.

(6) Ibid., n. 6.

(7) Cfr. ibid.

(8) Cfr. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Chritifidelis laici, 23: l.c., p. 429.

(9) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31; Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Christifidelis laici, n. 15: l.c., pp. 413-416.

(10) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, n. 43.

(11) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, n. 24.

(12) Cfr. Juan Pablo II, Discurso en el Simposio sobre « Colaboración de los laicos en el ministerio pastoral de los presbíteros » (22 abril de 1994), n. 2: L'Osservatore Romano, 23 abril 1994.

(13) Cfr. C.I.C., cann. 230, § 3; 517, § 2; 861, § 2; 910, § 2; 943; 1112; Juan pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Christifideles laici, n. 23 y nota 72: l.c., p. 430.

(14) Cfr. Juan Pablo II, Carta enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), n. 37, AAS 83 (1991), pp. 282-286.

(15) Cfr. C.I.C., can. 392.

(16) Cfr. sobre todo: Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium; Const.Sacrosanctum concilium; Dec. Presbyterorum ordinis e Dec. Apostolica actuositatem.

(17) Cfr. sobre todo las Exhortaciones apostólicas Christifidelis laici y Pastores dabo vobis.

(18) C.I.C., can. 1752.

(19) Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, n. 10.

(20) Ibid., n. 32.

(21) Ibid.

(22) Ibid., n. 10.

(23) Cfr. ibid., n. 4.

(24) Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), n. 17:AAS 84 (1992), p. 684.

(25) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 7.

(26) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1547.

(27) Ibid., n. 1592.

(28) Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, n. 74: l.c., p. 788.

(29) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium nn. 10, 18, 27, 28; Dec.Presbyterorum ordinis n. 2, 6; Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1538, 1576.

(30) Cfr. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, n. 15: l.c., p. 680;Catecismo de la Iglesia Católica, n. 875.

(31) Cfr. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, n. 16: l.c., pp. 681-684; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1592.

(32) Cfr. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, nn. 14-16: l.c., pp. 678-684; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Sacerdotium ministeriale (6 agosto 1983), III, 2-3: AAS 75 (1983), pp. 1004-1005.

(33) Cfr. Ef 2, 20; Ap 21, 14.

(34) Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, n. 16: l.c., p. 681.

(35) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 876.

(36) Cfr. ibid., n. 1581.

(37) Cfr. Juan Pablo II, Carta Nuovo incipiente (8 abril 1979), n. 3: AAS 71 (1979), p. 397.

(38) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 7.

(39) Juan Pablo II, Exhort. ap. Chritifidelis laici, n. 23: l.c., p. 430.

(40) Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Sacerdotium ministeriale, III, 2:l.c., p. 1004.

(41) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium. Nota explicativa praevia, n. 2.

(42) Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, n. 16: l.c., p. 682.

(43) Conc. Ecum. Vat. II, Dec. Optatam totius, n. 2.

(44) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Dec. Apostolicam actuositatem, n. 24.

(45) Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Christifideles laici, n. 23: l.c., p. 429.

(46) Cfr. C.I.C., cann. 208-223.

(47) Cfr. ibid., cann. 225, § 2; 226; 227; 231, § 2.

(48) Cfr. ibid., cann. 225, § 1; 228, § 2; 229; 231, § 1.

(49) Cfr. ibid., can. 230, §§ 2-3, en lo relacionado con el ámbito litúrgico; can. 228, § 1, en relación a otros campos del sagrado ministerio; este último parágrafo se extiende también a otros ámbitos fuera del ministerio de los clérigos.

(50) Ibid., can. 228, § 1.

(51) Ibid., can. 230, § 3; cfr. 517, § 2; 776; 861, § 2; 910, § 2; 1112.

(52) Cfr. Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Inst. Inaestimabile donum (3 abril 1980), proemio: AAS 72 (1980), pp. 331-333.


...Continuará


LOS SUEÑOS DE SAN JUAN BOSCO - PARTE 43 -



EL LIRIO Y EL GATAZO




SUEÑO 51 .—AÑO DE 1865.

(M. B. Tomo VIII, págs. 33-34)


El 6 de febrero de 1865, [San] Juan Don Bosco, después de las oraciones de la noche, al dirigirse a sus jóvenes se expresó en los siguientes términos:

Hace dos o tres días tuve un sueño. ¿Quieren que se los cuente?

Como los amo tanto, siempre sueño que me encuentro en su compañía.


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Pareció, pues, encontrarme en medio del patio, rodeado de mis queridos hijitos, cada uno de los cuales tenía en la mano una flor.

Quién una rosa, quién una azucena, quién una violeta, quién una rosa y un lirio al mismo tiempo. En suma: unos tenían una flor y otros otra. Cuando de pronto aparece un enorme gatazo con cuernos, completamente negro, grande como un perro, de ojos encendidos como brasas y cuyas uñas eran gruesas como un clavo y su vientre descomunalmente abultado.

La horrible bestia se acercaba cautelosamente a los jóvenes y dando vueltas alrededor de ellos, ahora daba un zarpazo a la flor del uno arrojándosela al suelo, ahora hacía lo mismo con la de otro y así sucesivamente.

Ante la aparición de este animal, yo me sentí lleno dé espanto y muy maravillado al comprobar que los jóvenes no se inmutaban lo más mínimo, sino que continuaban como si nada sucediese.

Cuando me di cuenta de que el gato se dirigía hacia mí para arrebatarme mi flor, comencé a huir.

Pero me detuvieron y oí que me decían:

—No huyas y di a tus muchachos que levanten el brazo y así el gato no logrará arrebatarles las flores de las manos.

Yo me detuve y levanté el brazo: el gatazo hacía inauditos esfuerzos por arrebatarme las flores; saltaba una y otra vez, pero como era tan pesado no lograba conseguir su intento.


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El lirio, la azucena, mis queridos hijos, representan la bella virtud de la modestia a la cual el diablo hace continua guerra. ¡Ay de aquellos jóvenes que no mantienen la flor en alto! El demonio se la lleva haciéndola caer al suelo. Los que así se conducen son los que halagan su cuerpo comiendo desordenadamente y fuera de tiempo; los que rehuyen del trabajo; el estudio, entregándose al ocio; aquellos a los cuales agradan ciertas conversaciones; los que leen ciertos libros; los que no quieren saber nada de mortificación. Por caridad, combatid a este enemigo; de otra manera, él se enseñoreará de Vosotros.. Tales victorias son difíciles, pero la eterna sabiduría nos ha sugerido el medio para conseguirlas: Hoc genus daemoniorum no ejicitur nisi per orationem et jejunium.

Levanten su brazo, levanten en alto su flor y estarán seguros. Las modestia es una virtud celestial y el que quiera conservarla es necesario que se eleve hacia el cielo.

Sálvense, pues, con la oración.

La oración que los levanta a¡ cielo es la de la mañana y de la noche bien rezadas; oración es la meditación y la Misa; oración es la Confesión frecuente y la Comunión; oración son las pláticas y las exhortaciones de los superiores; oración es la Visita a Jesús Sacramentado; oración es el Santo Rosario; oración es el estudio.

Con la oración su corazón se ensanchará y se elevará al cielo y así podrán decir con el rey [San] David: Viam mandatorum tuorum cucurri, cum dilatasti cor meum.

Así pondrán a salvo la más bella de las virtudes y su enemigo, por más esfuerzos que haga, no se lo podrá arrebatar.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís