FRASES PARA SACERDOTES


"Nunca pueden confiar en una persona que desprecia la Madre de Dios. No le pueden oír nada de lo que enseña, no pueden leer nada de lo que escribe y no pueden oír nada de lo que predica. El que desprecia a la Madre de Jesús es un mismo enviado del diablo. Porque el único que persigue a la Madre de Jesús, la teme y la odia es satanás."

De: LA BATALLA ESPIRITUAL, Marino Restrepo.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 16, 1-13 - SEPTIEMBRE 18 DE 2016


Domingo, 18 de septiembre de 2016

Padre Jorge Estrada Rodríguez,

Parroquia San Nicolás de Bari, Arraiján

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,1-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta." Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»

Palabra del Señor

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. XCVI: María y la transformación del sacerdote


Mensajes de Nuestro Señor
 Jesucristo a sus hijos predilectos.






XCVI




María y la transformación del sacerdote










La unión con María facilitará a  mis sacerdotes su transformación en Mí. Ella nació para ser la primera alma sacerdotal digna de ofrecerme al Padre: primero por su pureza y luego por sus ardientes deseos que trajeron a la tierra al Salvador. Ella fue la escogida entre todas las mujeres para que en su virginal seno se obrara la Encarnación del Divino Verbo; y desde aquel instante, la sin mancha, la Madre Virgen, la que aceptó con el amor y la sumisión más grande que ha existido en la tierra hacia mi Padre –después de la mía- la Encarnación del Verbo en su seno, no ha cesado de ofrecerme a Él como Víctima que venía del cielo a salvar al mundo, pero sacrificando al mismo tiempo su Corazón de Madre a la divina voluntad de ese Padre amado.

 Y me alimentó para ser Víctima y consumó la inmolación de su alma al entregarme para ser crucificado. Y un mismo sacrificio era el mío en la cruz y el de su Corazón, que continuó después en el martirio de su soledad, con el martirio de los recuerdos, ofrecido todo al Eterno Padre en mi unión.

Siempre María me ofreció al Padre, siempre desempeñó cierto papel sacerdotal, al inmolar su Corazón inocente y puro en mi unión. Acabó, como he dicho, la Encarnación real y siguió la encarnación mística en su Corazón, para ofrecerme siempre al Padre y atraer las gracias sobre la Iglesia, es decir, en favor de los sacerdotes, y por ellos, en favor de las almas.
Y María asiste de una manera particular en cada Misa porque donde está mi sacrificio allí está María; y por eso María es indispensable a cada sacerdote y su íntima presencia con él en el altar. Y ¿por qué? Ya lo dije: porque en el sacerdote me ve a Mí, en la transformación del sacerdote lo contempla Ella convertido en Mí; y de Mí nunca se separa María ni menos en mis inmolaciones, aun cuando sea incruento el sacrificio de los altares. Basta que sea sacrificio para que esa Madre bendita esté siempre al lado de su Hijo amadísimo.

Y si los sacerdotes son otros Yo, no sólo a la hora de la Misa, sino siempre, siempre, María estará a su lado, María los amará con la ternura misma que a Mí me ama. María será más su Madre, en grado y en calidad. Porque en San Juan –que representa a todos los sacerdotes- se los dejé como hijos de una manera muy especial. Y María los aceptó como hijos. Pero se los dejé como especiales hijos, teniendo en cuenta la transformación de los sacerdotes en Mí; es decir, como si Yo mismo me le entregara como Hijo único en ellos, para que mi Madre amadísima me viera a Mí en cada sacerdote y los amara a todos como a Mí.

Por tanto, los sacerdotes deben amar a María con el mismo amor, con la misma ternura, respeto, obediencia y fidelidad, gratitud y pureza con que Yo la amé. Y esa Virgen Madre corresponderá a los sacerdotes que en Ella pongan toda su confianza, ayudándoles día por día, minuto por minuto, en su transformación en Mí.

 A María deben recurrir los sacerdotes y rogarle y suplicarle que los modele, rasgo por rasgo, conforme a su Hijo Jesús. Nadie como María, después de mi Padre, me conoció más íntimamente, me estudió, me reprodujo en su alma; y mis sentimientos eran sus sentimientos, y mis ideales sus ideales, y mis anhelos los suyos, y mi amor al Padre su mismo amor.

Por eso al dejar Yo el mundo, al alejarme de mis discípulos que eran mis sacerdotes, les dejé a María, que me representaba en sus virtudes, en sus ternuras, en su Corazón, eco fidelísimo del Mío y elemento necesario para el fundamento de mi Iglesia, a la vez que para el sostén espiritual de mis Apóstoles y primeros discípulos.

En María se apoyaba la naciente Iglesia y María la sostenía con sus dolores y sus virtudes, sus oraciones y su amor.

Y por eso, al enviar al Espíritu Santo a mis Apóstoles, no excluí a María –aun cuando Ella estaba plena de gracia, llena de mi Espíritu-, y fue con el fin de que la Iglesia la tuviera por Reina, de que los sacerdotes la consideraran indispensable, de que a ellos y a los fieles no les faltara el calor y la protección de una Madre y que Ella fuera el conducto por donde pasara toda la gracia del Divino Espíritu para las almas.

¿Cómo ha de poder el sacerdote estar apartado de María?  ¿Cómo María, al recibir en su seno, en cierto sentido, la vocación, -por la unión del sacerdote con el Sacerdote eterno, por aquella fibra que puso el Padre cerca del Verbo, en aquel seno virginal--, no han de ser más hijos de María, más amantes de María, más todos de María; y como Ella, puros; y como Ella, humildes y amantes con el amor de María, que es el del Espíritu Santo?

Ya he dicho que el Espíritu Santo por María hará esa evolución, ese triunfo más en la Iglesia: la transformación de los sacerdotes en Mí… Ya he dicho que el reinado del Espíritu Santo se debe obtener por María, en el mundo y en los corazones, sobre todo, sacerdotales.
Quiero también que el mundo honre esos años de soledad de María en los que sus dolores de ausencia fueron terribles, lentos, penosísimos; martirio de recuerdos y de soledad y con el cual, unido a mis dolores, compró las gracias a los hijos que le nacieron en su Corazón por mis palabras, cuando estaba al pie de la Cruz.

Ahí pronunció María el segundo “fiat” y aceptó como hijos a la humanidad entera; pero, sobre todo, a los sacerdotes en San Juan, para comprarles gracias, alimentarlos con la doctrina salvadora y no desampararlos jamás, hasta su arribo al cielo.

Si un hijo cuesta tanto, ¡qué sería para María comprar gracias con sus dolores para tantos hijos y en unos años acumular el precio de la salvación en unión con mis méritos, para los hijos que tenía presentes y para los futuros hasta el fin de los siglos!

Esta etapa de la vida de María, la más dolorosa, no se ha tenido en cuenta para agradecerla, siglos y más siglos; y es tiempo de que sea honrada, por un nuevo impulso de amor de los sacerdotes, y de que sea conocida para glorificarla. Un nuevo nimbo de luz, un nuevo resplandor, una corona más espera Ella de sus sacerdotes, dando a conocer esta casi olvidada época de la vida de María, y que debe honrarse con gratitud muy grande.

El Espíritu Santo honrará a María, y por María el Espíritu Santo será honrado, comenzando por el corazón de los sacerdotes. Esas dos glorias le esperan al mundo: el reinado del Espíritu Santo por María y el avivar el recuerdo de los años dolorosos y amorosos de la soledad de María, por el Espíritu Santo, en el mundo espiritual y cristiano. Y en esas dos cosas seré honrado con mi Padre de quien no me separo, en unidad del Espíritu Santo.

Pues bien, si quieren progresar mis sacerdotes en las virtudes, será por María; si quieren crecer en el conocimiento y amor al Espíritu Santo, que se hagan más suyos y que la den a conocer más y que la glorifiquen.

Nada como valerse del Espíritu Santo y de María para su transformación en Mí; y aún más para la perfecta consumación –en cuanto es posible en la tierra- de la unión entre sí de los miembros de la Iglesia, y de su unidad en la Trinidad, que vengo buscando en tantas formas”


Advertencias Del Mas Alla a La Iglesia Contemporánea. (Padre Arnold Renz).

Parte 23

El traje de los eclesiásticos


J. Sería necesario que los sacerdotes volviesen a ponerse sus trajes negros. Ya hemos tenido que decirlo una vez, demonios humanos lo han dicho. Si un sacerdote va en traje corriente, con una camisa con corbata llamativa, nadie puede saber si se trata de un reportero…o (ríe irónicamente).
E: ¡Di la verdad en nombre de la Santa Virgen, solamente la verdad!
J: … Un diplomático, o quizás un director (ríe a carcajadas), o un conferenciante, que…
E: ¡Di la verdad e parte de la Santísima Virgen! ¡Solamente la verdad!
J: …que quiere…  (ríe irónicamente).
E: ¡Di la verdad por orden de la Santísima Virgen, cesa de reír, deja de hacer piruetas! ¡Habla ahora por orden de la Santísima Virgen!
J: .. O si se trata de cualquier otro asno que anda por ahí a la pesca de bombas eróticas.
E: ¡Di la verdad, solamente lo que quiere la Santísima Virgen!
J: Eso pertenece al cuadro, pertenece al cuadro (Continúa riendo insidiosamente)
E: ¡Di la verdad en nombre de la Santísima Virgen, di lo que quiere decir, Judas Iscariote!
J: Eso es precisamente… (gruñe)
E: ¡Habla en nombre de Jesús!
J: No quiero hablar.
E: ¡Tienes que decir la verdad, habla, Judas Iscariote!
J: Es precisamente eso.
E: ¡Tienes que hablar, por orden de la Santísima Virgen!
J: Cuando un sacerdote semejante, aparece con una camisa deportiva, posiblemente hasta llamativa, cualquier “clueca” podría pensar que la quiere a ella. ¿Vaya un ejemplo para un sacerdote, que ejemplos da? ¡Cuántos errores han tenido lugar en estos últimos años, nada más que a causa de eso! Todo eso se podría evitar, si los sacerdotes llevasen todavía su verdadera, su primitiva, su antigua, su buena, su tradicional… (gruñe)

E: ¡Di la verdad por orden de la Santísima Virgen, si lo que tienes que decir, habla!
J: … No solamente bueno… (suspira)
E: ¡Di la verdad, habla, di la verdad, toda la verdad, habla Judas Iscariote, en nombre de…!
J: … Su traje tan conveniente, o…
E: ¡Continúa en nombre de…! ¡Lucifer, no tienes derecho a atormentarlo!
J: En su sotana de sacerdote, su traje… o no sé cómo decir. Tomemos por ejemplo los Benedictinos. A muchos sacerdotes les iría mejor el hábito de San Benito que un traje corriente, vulgar, que no podrá representar jamás lo que debería representar. O examinemos el hábito de San Francisco, con su capucha. ¡Cuántos laicos volverían a tener buenos pensamientos a la sola vista de este hábito, aunque solamente lo vean de lejos. Ni siquiera sería necesario que estuviese a su lado.  ¡Cuántas veces, la salvación de un alma depende de eso! Para muchas personas nace entonces la idea de que hay todavía sacerdotes, que Dios debe existir a pesar de todo, porque si no, esas personas no llevarían el hábito.

E: ¡Continúa diciendo la verdad de parte de la Santísima Virgen, di lo que tienes que decir, lo que la Santísima Virgen te encarga de decir, solamente la verdad!

J: Y entonces la persona piensa: “Si hay todavía un Dios, debería concentrarme. ¿Qué es lo que debería hacer? Y entonces, eso trabaja, “trabaja” en el alma de esa persona durante toda la noche. Y a fin de cuentas, encontrará el camino que la conducirá a un religioso en hábito, o a uno que lleve la sotana negra, o a un sacerdote en hábito de Benedictino. Que sé yo como se llaman todos. Esto sería para vosotros y para el mundo entero un gran triunfo. Sería un triunfo para las almas. Millares y millares de almas se salvarían solamente con eso. En los ferrocarriles, en los lugares públicos, en todos los sitios a los que vayan y en los que se encuentren, cuántas mujeres, cuántos hombres se mantendrían más decentemente, menos negligentemente, digamos: se comportarían de otra manera (se calla).

E: ¡Di la verdad, Judas Iscariote, di lo que te encarga decir la Santísima Virgen, y solamente la verdad, en nombre de…!

J: Cuantos rayos de salvación descenderían entonces sobre el alma de estas gentes, con este pensamiento: “Es sacerdote, representa la bendición divina, el Santo Sacramento, tiene todo el poder. Dios debe estar tras él, de modo que no podemos hacer nada, tendremos que morir un día…” Podría ser así, tal como acabo de decirlo. Vuelvo a repetirlo una vez más, porque…
E: ¡Di la verdad, Judas Iscariote, di lo que la Santísima Virgen te encarga de decir, Lucifer, no tienes derecho a impedir a Judas Iscariote que hable, ni a molestarlo en nombre de…!

J: Porque es horrible cuando una mujer en minifalda se encuentra sentada frente a un sacerdote en civil y no sabe que se trata de un sacerdote. En su mirada, y en todo su comportamiento, puede ver que debe haber algo superior. Lo siente de una cierta manera, y tanto más intenta aproximársele. Esto no pasaría si llevase la sotana o el hábito religioso. Tales hechos han desviado ya a muchos sacerdotes, y les han llevado a celebrar matrimonio y a desertar sus funciones sacerdotales. La iglesia Católica está en muy mala posición. Ha llegado al punto cero.

E: ¡Di la verdad, Judas Iscariote ¡Lucifer, no tienes derecho a impedir a Judas Iscariote que hable ni a molestarle! ¡Judas Iscariote, di lo que la Santa Virgen te encarga decir!

J: (Solamente se perciben sonidos guturales indefinibles, y una impresión de ahogo)
E: ¡Habla, Judas Iscariote, en nombre de…! ¡Lucifer, no tiene derecho a molestarte, vete en nombre de…!

Solamente la intervención de Dios puede salvar a la Iglesia Católica.
J: Solamente la intervención del propio Dios, del de ahí arriba (señala hacia lo alto) puede salvar a la Iglesia. Está completamente en nuestros lazos. Está a punto de perecer, está dislocada. Está acorralada en los modernismos, en las ideas de los profesores, de los doctores. De los sacerdotes que se creen más inteligentes que los otros. Solamente las plegarias y la penitencia pueden ayudar, pero hay pocos que lo hacen (respira profundamente, con esfuerzo).


E: ¡Di la verdad, Judas Iscariote! ¡Lucifer, no debes molestarle! ¡Vete, Lucifer, deja hablar a Judas Iscariote, en nombre de…!


¿CÓMO DEBEN VESTIR LOS SACERDOTES?


¿SOTANA, ALZACUELLOS, O DE CIVIL?

Los oficiales de la Iglesia Católica (sacerdotes) viven la tensión de ser uno más en el mundo para poder estar más cerca de la gente o que se les distinga para poder servir mejor.

El signo más notorio es la vestimenta. El dilema es si vestir como civil fuera de las celebraciones o marcar que son sacerdotes.
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Y aún después que tanto deben márcalo: si a través de la sotana o de un cuello romano o alzacuellos.


LA POSICIÓN DEL PADRE FORTEA

El afamado sacerdote exorcista y demonólogo español José Antonio Fortea es partidario que los sacerdotes usen sotana, como un signo de consagración a Dios y de servicio a los fieles.
Y admite que detrás de la vestimenta de los sacerdotes suele haber una forma de referirse a su profesión, unos quieren un sacerdote que esté en el mundo, que sea del mundo y como todo el mundo, mientras que en la otra concepción el sacerdote está en el mundo sin ser del mundo.

También reproducimos más abajo un estudio del mismo Fortea sobre la historia de la vestimenta sacerdotal, que publicó en su blog.



En una entrevista con ACI Prensa el P. Fortea indicó que “los clérigos deben vestir al modo que los más ejemplares sacerdotes visten en esas tierras, porque ir identificado es un servicio”.

“Mi recomendación acerca de este tema es que el sacerdote se identifique como tal“.

Y hace referencia al Derecho Canónico y a su artículo 284, que indica que “los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar”.

La Congregación para el Clero, en su“Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros”, expresa que

“El no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia”.

“En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero, hombre de Dios, dispensador de Sus misterios, sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público”.

El P. Fortea subrayó al respecto que“no vamos identificados porque nos guste. A lo mejor nos gusta, a lo mejor no nos gusta. Vamos (identificados) porque es un servicio para los fieles, es un signo de consagración, nos ayuda a nosotros mismos“.

El presbítero reconoció ladificultad de que a un sacerdote a quien desde el seminario no se le enseñó sobre el valor del hábito de usar la sotana, cambie después, sin embargo precisó que en los últimos años esto “ha ido cambiando a mejor”.

“Es fácil mantenerlo (el hábito), es difícil empezarlo. Pero el sacerdote debe ir identificado”, señaló.

ACI Prensa le preguntó si la costumbre de no usar la sotana guarda alguna relación con la Teología de la Liberación, el P. Fortea señaló que “ahora ya las cosas han cambiado”.
“Fue en los años 70, 80, en que todos estos sacerdotes se veían a sí mismos más como personas que ayudaban a la justicia social.
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Allí no tenía sentido el hábito sacerdotal,el hábito sacerdotal tiene sentido como signo de consagración“.

“Ahora ya ha pasado eso, pero ha quedado la costumbre de no vestirse y claro, es difícil, yo entiendo que es difícil. Pero estas cosas están cambiando poco a poco”.

Arzobispo de Granada Francisco Javier Martínez


A FAVOR DEL CUELLO ROMANO (ALZACUELLOS o CLERYGMAN)

Mons. Charles M. Mangan y el Padre Gerald E. Murray han escrito un famoso artículo sobre las razones de “¿Por qué un cura debe usar su cuello romano?”.

Los autores dan como argumento de autoridad que normativamente la Iglesia requiere que los clérigos lleven ropa administrativa (número 61 del Directorio para Sacerdotes)

Y que los santos nunca han aprobado de un enfoque indiferente sobre la vestidura sacerdotal, más aún, que fue el ardiente deseo del Papa Juan Pablo II.

Aquí resumimos su exposición en 7 puntos:

Un sacerdote vestido como la Iglesia quiere es un recordatorio de Dios y de lo sagrado y sirve como un “signo de contradicción” para un mundo perdido en el pecado y en rebelión contra el Creador. 
Un cura con cuello romano es una inspiración para los demás, porque es una señal visible de confianza que atrae a los jóvenes, impide “mensajes mixtos” para las mujeres jóvenes y atractivas, y es recordatorio a los católicos alejados para que no olviden su situación.

La mayoría de los católicos esperan que sus sacerdotes vistan en consecuencia, para ser identificables como los “agentes” del ejército de Cristo y líderes en la Iglesia.

El cuello romano es un signo de consagración sacerdotal al Señor, proporciona un recordatorio para el mismo sacerdote de su misión e identidad.

El cuello romano es un recordatorio de que el cura “nunca deja de ser sacerdote” y que la vida de un sacerdote no es suya sino que pertenece a Dios, quien le envía a servirle con su vida. 

Con el uso de ropa administrativa y sin poseer exceso de ropa, el cura demuestra la adhesión al ejemplo de la pobreza material del Señor y es una señal de que el cura se esfuerza por convertirse en santo y por vivir su vocación siempre. 

El cuello romano muestra el servicio abnegado, que el cura está disponible las 24 horas para los Sacramentos, en una tónica de sacrificio, especialmente cuando hace calor y cuando el cuello se convierte en una mortificación por lo pecados.



HISTORIA DE LA VESTIDURA ECLESIÁSTICA


Este es un artículo que escribió el Padre Fortea en su Blog.


JESÚS Y LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Jesús no vistió ninguna vestidura especial. Entra dentro de lo posible el que los sacerdotes judíos sí que tuvieran vestiduras clericales, pues constituían una casta.

Pero, de acuerdo a lo que nos dicen las dos genealogías de los Evangelios, Jesús pertenecía al linaje de los reyes de Judá, no al de los descendientes de Leví. El Mesías no era un sacerdote del Antiguo Testamento. Además, Él comienza un nuevo sacerdocio.
Los Apóstoles, por tanto, tampoco llevaron ninguna prenda distintiva, ni tampoco sus sucesores. Obrar de otra manera, en medio de una persecución, hubiera sido una temeridad.

En las generaciones siguientes a que la Iglesia obtuviera su libertad, los clérigos siguieron llevando ropas que no les distinguían de los laicos.

Si bien, en las celebraciones litúrgicas sí que iban revestidos con vestiduras especiales. Muy probablemente, los monjes sí que llevaban ropas que les distinguían como monjes.

Aunque el clero seguía vistiendo sin ropas especiales, poco a poco, en algunos lugares sí que se fue desarrollando un modo distintivo de vestir.
En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban.

La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes.

Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.
Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar.

A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.



CONSOLIDACIÓN DE LA VESTIDURA CLERICAL

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio.

Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades.

El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne.

Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad.

Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema:cualquier mancha se ve con facilidad.

Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.
Sin embargo, las dos tendencias que hoy día existen entre los que prefieren vestir de laicos y los que prefieren vestir como clérigos, son dos tendencias que las encontramos no ya desde la Edad Media, sino que es posible rastrearla desde la Edad Antigua.

Desde que el hábito eclesiástico se hizo obligatorio, encontramos a sacerdotes y aun obispos que han vestido como laicos, en más o en menos ocasiones. Insisto, incluso en la Edad Media.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla.

Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos.

Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito. Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas.

Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito.

Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos.
El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente.

Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas.

Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana. Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta.

Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica.

La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta.

La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha. Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX.

La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas.Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular.

Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo.

Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es eldeseo de secularizar el hábito eclesiástico.

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla.

Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época.

Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados.

Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero.
Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras.

Encima del chaleco, se llevaba una casaca. Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente.

Hasta que en los años 70, apareció el clériman (también escrito clergyman).

Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70.


LOS SOMBREROS

Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias.

La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular.

Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva.
Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos.

Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorrosque fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete.

Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero.

El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante.

Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.


VESTIDURA DE ABRIGO

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa.

Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta.

Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron. En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo.

En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales.

Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Diosdel propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos.

Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales.
La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.


FUENTE: forosdelavirgen.org/

GABRIELE AMORTH - BREVE BIOGRAFÍA


Gabriele Amorth nació en Modena, Italia en 1925. Falleció en 2016.


El padre Gabrielle Amorth (Módena, Emilia, 1 de mayo de 1925), es un sacerdote católico italiano y es el mayor exorcista de la Ciudad del Vaticano en la archidiócesis de Roma.

Gabriele Amorth fue ordenado sacerdote católico en 1954 y se convirtió en exorcista oficial en junio de 1986, bajo la dirección de Candido Amantini. 

Es miembro de la Sociedad de San Pablo, la congregación fundada por Santiago Alberione en 1914. 
En 1986 hizo su primer exorcismo bajo la tutela del padre Candido Amantini y según su libro dice haber realizado personalmente alrededor de 50.000 exorcismos, hasta la fecha. 

Fundó la Asociación Internacional de Exorcistas en 1990 y fue presidente de honor hasta el año 2000. El religioso también ha criticado las novelas de Harry Potter de J.K. Rowling pues indica que “detrás de Harry Potter se oculta la firma del rey de la oscuridad, el diablo”, ya que en las novelas no existe el concepto retratado de una distinción mágica entre lo blanco y negro, no existe un guía espiritual, ni existen referencias a la religión o la espiritualidad. 

El padre Amorth también formula que el interés y práctica de diversas corrientes ocultistas de los líderes nazis (ocultismo nazi), pudieron haber hecho que éstos fueran poseídos. Además que existe la posibilidad de que Adolfo Hitler, así como Josef Stalin fueran influenciados por algún demonio para afectar a millones de personas por el mal. Amorth es autor de tres libros sobre la temática específica del exorcismo. Los tres libros son: 

'Un exorcista cuenta su historia', 'Un exorcista: más historias' y 'Más fuertes que el mal'. 
No cuentan como documentos oficiales de la Iglesia Católica, sino que son anotaciones personales de su oficio como exorcista. Los libros usan relatos de testigos oculares y la experiencia personal. 
En 2012 ha escrito un nuevo libro: El ultimo exorcista.


FUENTE: compartelibros.com

ENCUENTRAN PRUEBA DE QUE MOISES Y EL PUEBLO DE ISRAEL SÍ CRUZARON EL MAR ROJO


Arqueólogos encontraron los restos de un gran ejército egipcio que pereció dramáticamente en el fondo del Mar Rojo.

De todas las fabulosas historias del Antiguo Testamento que jalonan las páginas de la Biblia, una de las más conocidas es la del Éxodo, que relata las vicisitudes y penurias que debió pasar el pueblo de Israel para escapar de la esclavitud en Egipto bajo la guía de Moisés, mientras el ejército y el faraón trataban inútilmente de alcanzarlos. Uno de los episodios más conocidos, gracias a películas como “Los Diez Mandamientos” y “Éxodo: Dioses y Reyes”, es, sin duda, el cruce del Mar Rojo, cuando Moisés, después de levantar su bastón, abre espectacularmente las aguas y forma con ella dos inmensos diques o murallas de agua para que los hebreos pudieran huir de sus implacables perseguidores, quienes a bordo de sus carros tirados por caballos perecerían irremediablemente luego que el mar comenzara a cerrarse sobre ellos.

Este extraordinario suceso es considerado por los israelitas como uno de los más importantes de toda su historia, ya que a partir de ese momento Israel habría comenzado a existir como pueblo. En Éxodo 14 la Biblia nos refiere textualmente que “los egipcios, los caballos y los carros del faraón, sus caballeros y su ejército” siguieron al pueblo judío que ya se había marchado de Egipto, y les dieron alcance en el lugar donde estaban acampados junto al Mar Rojo, frente a Baalsefón.

Luego que los aterrorizados israelitas vieran llegar al Faraón y su ejército, le dijeron a continuación a Moisés: “¿Es que no había sepulcros en Egipto, que nos has traído al desierto a morir? ¿Qué nos has hecho con sacarnos de Egipto? ¿No es acaso mejor servir a los egipcios que morir en el desierto?”. Moisés entonces les respondió: “No temáis, estad tranquilos y veréis la victoria que os dará Yavé, porque estos egipcios que ahora véis, ya nunca los volveréis a ver”.

A continuación Dios le dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a mí? Diles a los hijos de Israel que se muevan. Tú alza tu cayado, extiende la mano sobre el mar, y divídelo para que los hijos de Israel pasen por medio del mar en seco”.

La Biblia en Éxodo 14, 19, nos cuenta entonces que “entonces el ángel de Dios que iba delante de las huestes de Israel se puso en movimiento y se colocó delante de ellos. Se puso igualmente en movimiento la columna de nube, que también fue a situarse delante de ellos, interponiéndose en el campo de los egipcios y el campo de Israel. Había sombra y oscuridad; así pasó la noche sin que aquellos se acercaran a los israelitas. Moisés extendió después su mano sobre el mar y Yavé, por medio de un recio viento solano, empujo al mar, dejándolo seco y dividiendo las aguas. Los hijos de Israel penetraron en medio del mar en seco, mientras las aguas formaban como una muralla a ambos lados. Los egipcios se lanzaron tras ellos. Toda la caballería del faraón, sus carros y caballeros entraron tras ellos en medio del mar. A la vigilia matutina miró Yavé desde la columna de fuego y de nube a las huestes egipcias y las desbarató. Frenó las ruedas de los carros, haciéndolos avanzar pesadamente. Entonces los egipcios se dijeron: “Huyamos ante Israel, porque Yavé combate por ellos contra los egipcios”. y Yavé dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas se vuelquen sobre los egipcios, sobre sus carros y caballeros”. Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer volvió el mar a su estado normal, mientras los egipcios en su huida topaban con él”.

La Biblia, finalmente, relata que “las aguas, al juntarse, cubrieron carros y caballeros y a todo el ejército del faraón que había entrado en seguimiento de los hijos de Israel. No escapó ni uno solo… Así salvó Yavé aquel día a Israel de manos de los egipcios, e Israel vio a los egipcios muertos en la orilla del mar.”



Las pruebas científicas del Cruce del Mar Rojo

Este milagroso suceso, que para muchos escépticos es sólo una especie de alegoría religiosa, habría ocurrido realmente. Así al menos lo cree el arqueólogo y profesor de hebreo antiguo Michael Rood, profesor de hebreo antiguo y arqueólogo, que usando cámaras robóticas submarinas en el golfo de Aqaba (también conocido como “Yam Soph”) hizo unas increíbles grabaciones en vídeo de los yacimientos subacuáticos históricamente identificados como el punto de cruce donde Moisés cruzó con los israelitas, en un lugar que parece un gran campo de batalla, pues allí fueron hallados restos de un ejército incrustado en el fondo del mar. Allí, precisamente, se hallaron formaciones de coral que se asemejan a las ruedas de los carros egipcios, huesos humanos y otras evidencias que menciona el Antiguo Testamento.

“Los ateos han despreciado la mera mención de este hecho y los expertos dicen que los sitios tradicionales se equivocan. Sin embargo, hemos encontrado evidencia científica y arqueológica que se han conservado en los corales y piedras que prueban que Moisés e Israel sí cruzaron el Mar Rojo”, dijo Rood, quien estimó que unos 20 mil carros fueron destruidos ese día, según algunas formaciones de coral que se han encontrado hasta el día de hoy, Además aseguró que se encontraron cuatro ruedas, de seis u ocho rayos, que según los análisis habrían pertenecido a la 18 ª dinastía egipcia, es decir, se remontarían al año 1.446 A.C., cuando se cree que el Éxodo se produjo.

Otro equipo científico que se encontraba en el mismo Mar Rojo buscando barcos antiguos y artefactos relacionados con la Edad de Piedra y el comercio de la Edad del Bronce, a 1,5 km de la costa de la ciudad moderna Ras Gharib, también corroboró la historia bíblica, pues se tropezaron con restos de un gran ejército egipcio del siglo 14 antes de Cristo, en una gigantesca masa de huesos humanos ennegrecidos por los años de inmersión.

Los científicos, dirigidos por el profesor Abdel Muhammad Gader, de la Facultad de Arqueología de la Universidad de El Cairo, recuperaron más de 400 esqueletos, así como cientos de armas y piezas de armadura, y también los restos de dos carros, en un área de aproximadamente 200 metros cuadrados. Los expertos estimaron en más de 5 mil los esqueletos que podrían dispersarse sobre un área mayor, lo que sugiere que un gran ejército pereció en el lugar. En el lugar se encontró también la hoja de un khopesh egipcia (un sable egipcio), cerca de los restos de un coche de guerra ricamente decorado, lo que sugiere que podría haber pertenecido a un príncipe o noble.

Arma egipcia encontrada en el fondo del Mar Rojo, al lado de los restos de un carro perteneciente a un noble egipcio.

“Los esqueletos parecían haber muerto en la tierra seca, ya que no hay el más mínimo rastro de barcos o buques en la zona. Las posiciones de los cuerpos y el hecho de que fueron detenidos en una gran cantidad de arcilla y roca, implica que podrían haber muerto debido a un deslizamiento de tierra o una gigantesca onda de marea”, explicó Gader, quien agregó que el número de cuerpos sugiere que un gran ejército antiguo pereció en ese sitio en forma dramática, lo que parece corroborar la versión bíblica del cruce del Mar Rojo. Este descubrimiento, según los científicos, probaría que efectivamente un gran ejército egipcio murió ahogado en las aguas del Mar Rojo durante el siglo 14 A.C.


El viento puede separar las aguas

Durante siglos la famosa historia bíblica del “cruce de Moisés y el pueblo de Israel en el Mar Rojo” fue desacreditada por la mayoría de los estudiosos y historiadores, quienes aseguraron que el famoso milagro de Moisés abriendo las aguas con su cayado era un hecho más simbólico que histórico. Sin embargo, recientemente un equipo del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) y de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, realizando simulaciones de ordenador, en un estudio sobre cómo los vientos afectaban a las aguas, demostraron que el viento efectivamente podía empujar y hacer retroceder el agua. “Las simulaciones encajan de forma bastante cercana con el relato en el Éxodo. La separación de las aguas puede entenderse mediante la dinámica de fluidos. Los vientos mueven el agua de una forma acorde a las leyes de la física, creando un pasaje seguro con agua a ambos lados y permitiendo luego volver al agua de forma abrupta”, explicó Carl Drews, de NCAR.


Drews agregó que realizando un experimento en un terreno en forma de ‘U’ en el río Nilo y una laguna poco profunda a lo largo de la costa, se demostró que un viento de 101 kilómetros por hora, soplando de forma continua durante 12 horas, pudo hacer retroceder las aguas de varios metros de profundidad. “Este puente de tierra mide unos 3 kilómetros de largo y 5 kilómetros de ancho, y permanece abierto durante 4 horas. Las personas siempre se han fascinado por esta historia del Éxodo, preguntándose si proviene de hechos históricos. Lo que muestra nuestro estudio es que la descripción de las aguas separadas sí tiene una base en las leyes físicas“.


Escena del Cruce del Mar Rojo:




Escena de película “Los 10 Mandamientos”: El cruce del Mar Rojo:




FUENTE: guioteca.com

NOVENA AL PADRE PÍO -


Por Peregrinos del Amor, radio.



EL EXORCISTA DEL VATICANO QUE SE ENFRENTÓ 70,000 VECES A SATANÁS


"El aborto, el divorcio o la homosexualidad" los carga el diablo, según el padre Amorth, fallecido en Roma. 

El padre Gabriele Amorth.


Para entrevistar al padre Amorth no servía la improvisación. Si uno no tenía el gusto de conocerlo, era necesario presentarse en la residencia romana de la Sociedad de San Paolo en la que pasaba sus últimos días, hablar con el conserje, que éste le llamara a su habitación y te pasaran el teléfono. Al ser la primera vez y sin contacto físico, su voz al otro lado de la línea infundía aún más respeto. Te daba cita para dos meses más tarde y se despedía con una bendición.

Pasado ese tiempo, llegar allí con paso firme ya era más factible. Aunque esta vez había que traspasar el umbral y llegar hasta su habitación. Ni el camino era oscuro ni había que descender a ninguna parte. Su cuarto estaba en un edificio luminoso, como de pasillo de hospital; y su puerta, abierta.

Allí esperaba el sacerdote, enredando entre sus papeles. Con una estampita del supuesto rostro de Cristo reflejado en la Sábana Santa, imágenes de la Virgen, algunos de sus santos preferidos, sus medicamentos y vestido en mangas de camisa. Ni cedía ante la petición de presenciar un exorcismo ni estaba siquiera por la labor de mostrar sus útiles de trabajo. Estaba mayor y algo achacoso, aunque se apresuraba a ponerse la sotana antes de que tomaran imágenes de él. 

Sacó su calendario para mostrar a este periodista que seguía siendo el más grande, que si la cita se había postergado durante tanto tiempo se debía a que atendía a varios endemoniados a diario.

Hacía poco que Gabriele Amorth había cumplido los 90 años, uno menos de los que tenía cuando falleció el pasado viernes en un hospital de Roma tras una complicación pulmonar. Arrastraba tras de sí una vida en la que recibió una medalla al valor militar tras formar parte de las brigadas partisanas durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en lugarteniente de Giulio Andreotti en el movimiento juvenil de la Democracia Cristiana y fundó la Asociación Internacional de Exorcistas ya en 1990.

En 1985 fue reconocido por el Vaticano como exorcista oficial de la diócesis de Roma, cuyo obispo es el Papa. Y desde entonces no debió tener tiempo para mucho más, porque según sus palabras realizó más de 70.000 intervenciones para expulsar al Malvado de cuerpos ajenos.

Una mujer vomitó cadenas de hierro, llaves, muñecos de plástico…Si la hubieras examinado antes del exorcismo con rayos X, no le hubieras detectado esos objetos

El padre Amorth conservaba ese tono quedo por el que parecía poder iniciar el rito en cualquier momento, aunque su conversación era agradable. Ni siquiera hacía falta preguntarle demasiado, decía que la cabeza le seguía funcionando y se lanzaba él mismo a explicar los casos más inverosímiles a los que había asistido.

Entonaba que en una ocasión una mujer comenzó a vomitarle “cadenas de hierro, llaves, muñecos de plástico…”. “Pero es que si la hubieras analizado previamente con rayos X, no le habrías detectado esos objetos se iban reproduciendo a medida que yo me dirigía al demonio que tenía dentro”, puntualizaba en unas declaraciones publicadas en el diario peruano El Comercio.

Recordaba también los poderes de un hombre que terminó levitando para escapar de varias personas que intentaban amainar su rabia. O el de otro que se escapaba del agua bendita y las llamadas del Señor reptando como una serpiente. Los insultos, estigmas o el uso de lenguas muertas ni los mencionaba, eran práctica habitual.

Es una cosa estupenda el exorcismo, una oración emocionante en la que yo me enfrento al Mal

Pero, padre Amorth, ¿usted no ha pasado miedo?, era la pregunta obligada. Y entonces sacó una copia de uno de sus muchos libros. "Él es quien atemoriza al demonio", rezaba el título de éste, con fotografía de nuestro protagonista provisto de un crucifijo en la portada. “Es una cosa estupenda el exorcismo, una oración emocionante en la que yo me enfrento al Mal”, afirmaba. Temor ninguno, porque se consideraba “demasiado fuerte” al estar “protegido por la Virgen”.

Decía haber atendido desde dolores insoportables hasta problemillas laborales ante la ausencia repentina de clientes en un negocio. Todos ellos, infundados por Satanás, ya fuera en forma de maleficio, infestación maléfica o posesión. Estos últimos son los casos más reducidos, pero ante los que el padre Amorth se sentía más poderoso.

“El más común era Asmodeo, que ya aparece en la Biblia”, apuntaba. ¿Pero es que hay diferentes especies, hay más de un demonio?, como pregunta ingenua. Y él recogía aire en el pecho para recitar con voz rotunda la afirmación de uno de los diablos con los que él se comunicó. “Somos tantos que si fuéramos visibles, taparíamos el sol”, pronunciaba Amorth, parafraseando a un maligno anónimo.


El aborto, el divorcio, la homosexualidad, la música... los carga el diablo

Ya había contado sus vivencias al menos en una decena de libros. Memorias de un exorcista (2010) o El último exorcista: mi batalla contra Satanás(2012) fueron algunos de los más celebrados. Había afirmado también en otros foros que Satanás estaba presente en el autodenominado Estado Islámico, que los gais tampoco habían resistido a su influjo y que ni siquiera Harry Potter escapaba de la sospecha.

Seguramente por estas afirmaciones, estaba tan solicitado por los periodistas. Y de repente soltaba de sopetón que “el aborto, el divorcio o la homosexualidad” los carga el diablo, por escapar a la lógica de Dios. ¿Y la televisión? “Ay, la televisión, está llena de programas que incitan a la violencia y productos pornográficos”, suspiraba. ¿También la música? “Ya sabe que si pone algunos discos de música rock al revés se escuchan mensajes diabólicos”. Efectivamente, también la música.


El demonio también está en el Vaticano

Cualquiera diría que de tanto vis a vis, al padre Amorth se le aparecía Lucifer por todas partes. Y eso le costó algún desencuentro incluso con algún cardenal incrédulo, al que le espetó que leyera el Evangelio para comprobar si el diablo existe realmente o no. “El demonio también está en el Vaticano”, decía. También. Porque el problema según el exorcista es que a “muchos se les ha olvidado que quien sugiere el mal siempre es el diablo”.

El padre Amorth se convirtió en ‘El exorcista del Vaticano’ con Juan Pablo II, mantuvo una mayor distancia intelectual con Benedicto XVI y se mostraba feliz con las constantes referencias al demonio de Francisco, quien -sin ir más lejos- este mismo martes le culpó de estar detrás de todas las guerras. El religioso de la compañía de los paolinos se sentía tranquilo porque el pontífice argentino había devuelto a la primera plana la lucha contra Satanás, a la que él dedicó su vida. Aunque quizás Francisco, quien ha mostrado una actitud notablemente más tolerante con los homosexuales, maneja una lista distinta de víctimas a las que ataca.

Al funeral celebrado este pasado lunes en el Santuario Santa María de los Apóstoles de Roma acudieron cientos de personas, entre ellos muchos desesperados a los que atendió. El obispo auxiliar de Roma, monseñor Paolo Lojudice, ofició la misa. Pero desde el Vaticano, con el que el sacerdote apenas tenía contacto ya en sus últimos años, no llegó ninguna nota oficial de condolencia.

“El hombre debe luchar contra el demonio, pero siempre se va a ver tentando por él. El diablo llegará hasta el final de los días”, reflexionaba el padre Amorth, antes de cerrar la conversación con un “gracias, que el señor te bendiga”. Hacía el gesto de la cruz y proseguía: “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén”.

Era la fórmula de la que no se libraba ninguno de sus interlocutores. Lo repetía ante sus fieles y ante las cámaras. De poco servía ya que se le preguntara por cualquier otra cuestión divina o terrenal, porque el padre había dado por cerrada su liturgia y debía encargarse de su imperdonable misa diaria. “Fuera”, decía. Y se marchaba sin preocuparse de que se hubiera despejado o no su habitación. Tenía 91 años al morir. Era un hombre pintoresco, de ideas firmes, pero simpático, ante todo.


FUENTE: artículo noticioso de elespanol.com

"CAMINAR CON LOS PADRES DE LA IGLESIA" - ENTREGA 4




Lecturas espirituales para el crecimiento en la fe

Con notas biográficas, comentarios de textos, índice de autores y tabla de lecturas para tiempos litúrgicos.

A los Delegados de la Palabra de Dios, catequistas, coordinadores y líderes comunitarios católicos de Nicaragua.

Equipo Teyocoyani
Acción Ecuménica para la Capacitación y Reflexión Teológica.
De la Rotonda de Metrocentro 150 mts. abajo
Teléfono 2786438 e-mail: teyocoya@tmx.com.ni

Diagramación: Elida Herrera

Ilustraciones: Hermanitas de Jesús

Con licencia eclesiástica
de Mons. David Zywiec O.F.M. Cap.

2. Dios nos sale al 
encuentro

Cristo es el cumplimiento de las promesas de Dios
De los Comentarios de San Agustín, obispo, sobre los salmos

Lectura bíblica: 2 Co 1, 18-22
San Agustín (354-430)

Se convirtió a la fe católica escuchando las predicaciones de San Ambrosio en Milán en el año 387; tras recibir de sus manos el bautismo, se consagró en adelante a la vida cristiana. Antes de su conversión tuvo que recorrer un tortuoso camino en búsqueda de la verdad. Hijo de padre pagano y madre católica, nació en Tagaste, pequeña ciudad del norte de África perteneciente al imperio romano; desde niño mostró gran talento y sus padres se esforzaron por ofrecerle la mejor educación posible.

Después de su conversión regresó al Africa, donó sus bienes a los pobres y se retiró con un grupo de amigos suyos a una finca, para vivir con sencillez y dedicarse a la oración y al estudio de la Sagrada Escritura.

Pero el pueblo católico de Hipona solicitó al obispo Valerio que lo ordenara sacerdote; después trabajó como asistente suyo y llegó a ser sucesor. Pastorear su diócesis le exigía tiempo y sin embargo logró escribir innumerables obras teológicas de gran riqueza y profundidad.

Es uno de los maestros de la Iglesia de mayor influencia en la historia del cristianismo.

Comentario
San Agustín abarca aquí de una sola mirada toda la historia de la salvación. Las promesas de Dios en el Antiguo Testamento se han cumplido en Jesucristo. Aguardamos ahora en esperanza la consumación de la creación. Los dones derramados sobre la humanidad en Cristo nos mueven al amor de Dios, pues el amor invita al amor.

Dios estableció el tiempo de sus promesas y la época de su cumplimiento. El periodo de las promesas abarcó desde el tiempo de los profetas hasta Juan Bautista; desde éste hasta el fin es el tiempo de su cumplimiento.

Fiel es Dios, que se constituyó en nuestro deudor; no porque haya recibido algo de nosotros, sino porque nos prometió tan grandes bienes. La promesa le pareció poco; por eso quiso obligarse por escrito, firmando, por decirlo así, un documento que atestiguara sus promesas, para que, cuando comenzara a cumplir las cosas que prometió, viésemos en ese escrito en qué orden se cumplirían. El tiempo de las profecías era, como muchas veces lo he afirmado, el del anuncio de las promesas.

Prometió la salvación eterna, la vida bienaventurada y sin fin en compañía de los ángeles, la herencia imperecedera, la gloria eterna, la dulzura de la contemplación de su rostro, su templo santo en los cielos y, como consecuencia de la resurrección, la ausencia total del miedo a la muerte.

Ésta es, en cierto modo, su promesa final, hacia la que tienden todos nuestros cuidados, porque una vez que la hayamos alcanzado ya no buscaremos ni exigiremos ninguna otra cosa. También manifestó en qué orden se cumplirían sus promesas y profecías hasta alcanzar ese último fin.

Prometió la divinidad a los hombres, la inmortalidad a los mortales, la justificación a los pecadores, la glorificación a criaturas despreciables.

Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble la promesa de Dios de sacarlos de su condición mortal -de corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceniza- para asemejarlos a los ángeles, no sólo firmó una alianza con los hombres para moverlos a creer, sino que también estableció un mediador como garante de su fidelidad; y no estableció como mediador a cualquier príncipe o a un ángel o arcángel, sino a su Hijo único.

Y por él nos mostró el camino que nos conduciría hacia el fin prometido. Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que Él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él. Por tanto, el Hijo único de Dios tenía que venir a los hombres, tenía que hacerse hombre y, en su condición de hombre, tenía que morir, resucitar, subir al cielo, sentarse a la derecha del Padre y cumplir todas sus promesas en favor de las naciones. Y, después del cumplimiento de estas promesas, cumplirá también la promesa de venir otra vez para pedir cuentas de sus dones, para separar a los que se hicieron merecedores de su ira de quienes se hicieron merecedores de su misericordia, para castigar a los impíos, conforme lo había amenazado, y para recompensar a los justos, según lo había prometido.

Todo esto debió ser profetizado y anunciado de antemano para que no atemorizara a nadie si acontecía de repente, sino que, siendo objeto de nuestra fe, lo fuese también de una ardiente esperanza. Dios nos llama con su amor

De los Sermones de San Pedro Crisólogo, obispo Lectura bíblica: Ti 3, 3-7; 1 Jn 4, 8-11 San Pedro Crisólogo (¿-450)

De él sabemos apenas que fue arzobispo de Rávena al norte de Italia y famoso predicador (Crisólogo significa “palabra de oro”). Se conservan alrededor de 200 sermones suyos o atribuidos a él. Ejerció gran autoridad como obispo y estuvo muy unido al Papa León Magno (440-461).


Comentario

Hay católicos bautizados que alegan no haber descubierto al Dios del amor sino hasta abandonar nuestra fe para unirse a otra comunidad eclesial. Muchos creyentes viven aún temerosos de Dios y no han sido personalmente alcanzados por el mensaje liberador de su amor. San Pedro Crisólogo nos ayuda a corregir esa visión, mostrándonos que nunca ha habido otro Dios, sino el del amor.

Al ver al mundo oprimido por el temor, Dios procura continuamente llamarlo con amor; lo invita con su gracia, lo atrae con su caridad, lo abraza con su afecto.

Por eso lava con las aguas del diluvio a la tierra que se había pervertido y constituye a Noé padre de la nueva generación, le brinda su amistad, le habla amablemente, le indica lo que debe hacer y lo consuela, prometiéndole su favor para el futuro. Deja luego de darle órdenes y, tomando parte él mismo en la tarea, ayuda a encerrar en el arca a aquella descendencia que había de perdurar por todos los tiempos, para que este amor, que se manifestaba participando en aquel trabajo, borrara todo temor, que es propio de la esclavitud, y para que así esta comunidad de amor conservara lo que había sido salvado por el trabajo en común.

Por eso llama también luego a Abrahán de entre los paganos, engrandece su nombre, lo hace padre de la fe, lo acompaña en el camino, lo cuida durante su permanencia en un país extranjero, lo enriquece con toda clase de bienes, lo honra con triunfos, lo regala con promesas, lo libra de las injurias, lo consuela haciéndose su huésped y, contra toda esperanza, le concede milagrosamente un hijo; para que, colmado con tantos beneficios y atraído con tantas pruebas de la caridad divina, aprenda a amar a Dios y no a temerlo, a rendirle culto por amor y no dominado por el terror.

Por eso consuela en sueños a Jacob durante su huida, y a su regreso lo motiva a luchar y a trabarse con él en extraordinario combate; para que terminara amando, no temiendo, al autor de ese combate.
Por eso llama a Moisés, revelándose como el Dios de sus antepasados, le habla con amor de padre y lo urge a que libere a su pueblo de la opresión de Egipto. Ahora bien, por todo lo que acabamos de evocar que manifiesta cómo la llama de la divina caridad encendió los corazones de los hombres y cómo Dios derramó en sus sentidos la abundancia de su amor, los hombres, que estaban privados de la visión de Dios a causa del pecado, comenzaron a desear ver su rostro.

Pero la mirada del hombre, tan limitada, ¿cómo podría abarcar a Dios, a quien el mundo no puede contener? La fuerza del amor no mide las posibilidades, ignora las fronteras. El amor no discierne, no reflexiona, no conoce razones. El amor no se resigna ante la imposibilidad, no se amedrenta ante ninguna dificultad. Si el amor no alcanza el objeto de sus deseos, llega hasta a ocasionar la muerte del amante; va, por lo tanto, hacia donde es impulsado, no hacia donde parece lógico que deba de ir.

El amor engendra el deseo, se enciende cada vez más y tiende con mayor vehemencia hacia lo que no consigue alcanzar. Y ¿qué más diré?

El amor no descansa mientras no ve lo que ama; por eso a los santos les parecía poco cualquier recompensa, mientras no viesen a Dios. Por eso el amor que ansía ver a Dios se ve impulsado, por encima de todo juicio sensato, por el deseo ardiente de encontrarse con él. Por eso Moisés se atrevió a decir: Si he obtenido tu favor; muéstrate a mí. Por eso también se dice en otro lugar: Déjame ver tu figura. Y hasta los mismos paganos en medio de sus errores se fabricaron ídolos para poder ver con sus propios ojos el objeto de su culto.


El misterio de la Encarnación

De las Cartas de San León Magno, papa
Lectura bíblica: Col 1, 15-20
San León Magno (¿-461)

Electo obispo de Roma y sucesor del apóstol Pedro en el año 440, convenció en 452 al temible rey de los Hunos, Atila, para que desocupara los territorios que había conquistado; tres años más tarde persuadió también a Genserico, rey de los Vándalos, para que no saqueara Roma.

El Papa salvó así de la destrucción la gran herencia cultural de Grecia y Roma. Como pontífice defendió la fe católica ante diversas herejías y reafirmó la potestad del sucesor de Pedro como cabeza de la Iglesia universal. El texto suyo que a continuación ofrecemos fue leído en el Concilio de Calcedonia (451) y los obispos allí reunidos solemnemente exclamaron: “Esta es la fe de los Padres, esta es la fe de los apóstoles; así lo creemos. San Pedro ha hablado por boca de León”. Se conservan 125 cartas doctrinales y administrativas suyas y 97 sermones.


Comentario

Este pasaje refleja un punto de maduración en la doctrina sobre Jesucristo: el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se manifestó de manera indirecta a través de los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento, hasta encarnarse definitivamente en la Virgen María por la fuerza del Espíritu Santo. Uniendo en sí la naturaleza humana y la divina y participando nosotros por el bautismo del misterio de Cristo, renacemos por el Espíritu Santo para ser liberados de las fuerzas del mal que nos oprimen.

De nada nos serviría afirmar que nuestro Señor, el Hijo de la Virgen María, es hombre verdadero y perfecto si no creyésemos además que es hombre perteneciente a aquella línea de antepasados mencionada en el Evangelio. Mateo, en efecto, dice: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán; y sigue el orden de su generación humana hasta llegar a José, con quien estaba desposada la Madre del Señor.

Lucas, en cambio, siguiendo un orden inverso, se remonta al origen del género humano, para mostrar que el primer Adán y el nuevo Adán tienen una misma naturaleza.

El Hijo de Dios, en su poder sin límites, hubiera podido manifestarse, para instruir y justificar a los hombres, como se había manifestado a los patriarcas y profetas, es decir, bajo diversas apariencias humanas, como, por ejemplo, cuando entabló una lucha o mantuvo una conversación, o cuando no rechazó la hospitalidad que le ofrecían y tomó el alimento que le presentaban.

Todas estas figuras eran como profecía y anuncio misterioso de aquel hombre que debía asumir, de la descendencia de esos mismos patriarcas, una verdadera naturaleza humana. Pero todas estas figuras no podían realizar aquel misterio de nuestra reconciliación prefijado antes de los tiempos, porque el Espíritu Santo no había descendido aún sobre la Virgen ni el poder del Altísimo la había aún cubierto con su sombra; solamente cuando la Sabiduría eterna, edificándose una casa en el seno purísimo de la Virgen, se hizo hombre pudo tener cumplimiento este admirable designio; y, uniéndose la naturaleza humana y la divina en una sola persona, el Creador del tiempo nació en el tiempo, y aquel por quien fueron hechas todas las cosas empezó a contarse entre las criaturas.

Pues si el nuevo hombre, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado, no hubiera llevado sobre sí nuestros pecados, si el que es Dios como el Padre no se hubiera dignado tomar la
condición humana de una madre y si libre de todo pecado no hubiera unido a sí nuestra naturaleza, la cautividad humana continuaría sujeta al yugo del demonio; y tampoco podríamos gloriarnos de la victoria del Vencedor si ésta hubiera sido obtenida en una naturaleza distinta a la nuestra.

El sacramento de la renovación de nuestro ser nos ha hecho partícipes de estos admirables misterios, por cuanto el mismo Espíritu, por cuya virtud fue Cristo engendrado, ha hecho que también nosotros
volvamos a nacer con un nuevo nacimiento espiritual. Por eso el evangelista dice, refiriéndose a los creyentes: Ellos traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.


La misericordia de Dios se mostró en Jesucristo

De la Carta a Diogneto
Lectura bíblica: Rm 3, 21-26
La Carta a Diogneto

Desconocemos el autor de esta famosa carta, probablemente del siglo tercero, dirigida a un importante personaje del mundo pagano y que despliega las razones por las que vale la pena ser cristiano.


Comentario

El argumento de este pasaje de la Carta a Diogneto se hace eco de la epístola de Pablo a los romanos: sin mérito ni razón de nuestra parte, sino tan sólo por su inexplicable bondad, Dios nos ha concedido una vida nueva en Jesucristo. El autor saborea hasta el fondo la profunda novedad de su fe cristiana y se siente movido a gratitud, esperanza y alegría. ¿Podrá este antiguo autor contagiarnos con su fresca sensibilidad para apreciar tan grande don?

Nadie jamás ha visto ni ha conocido a Dios, pero él ha querido manifestarse a sí mismo. Se manifestó a través de la fe, que es la única a la que se le concede ver a Dios. Porque Dios, Señor y Creador de todas las cosas, que todo lo hizo y todo lo dispuso con orden, no sólo amó a los hombres, sino que también fue paciente con ellos. Siempre lo fue, lo es y lo será: bueno, benigno, exento de toda ira, veraz; más aún: él es el único bueno. Después de haber concebido un designio grande, incapaz de ser expresado con palabras humanas, se lo comunicó a su único Hijo.

Mientras mantenía oculto su sabio designio y lo reservaba para sí, parecía abandonarnos y olvidarse de nosotros. Pero, cuando lo reveló por medio de su amado Hijo y manifestó lo que había establecido desde el principio, nos dio juntamente todas las cosas: participar de sus beneficios y ver y comprender sus designios. ¿Quién de nosotros hubiera esperado jamás tanta generosidad?

Dios, que todo lo había dispuesto junto con su Hijo, permitió que hasta el tiempo anterior a la venida del Salvador viviéramos desviados del camino recto, atraídos por los deleites y placeres deshonestos, y nos dejáramos  arrastrar por nuestros impulsos desordenados. No porque se complaciera en nuestros pecados, sino que los toleraba. Ni es tampoco que Dios aprobara aquel tiempo de maldad, sino que estaba preparando el tiempo actual de justicia, a fin de que, demostrada nuestra culpabilidad en aquel tiempo en que por nuestras propias obras éramos indignos de la vida, fuéramos hechos dignos de ella por la bondad de Dios, reconociendo así que por nosotros mismos no podíamos entrar en el reino de los cielos, pero que esto se nos concedía como un don de Dios.

Pues cuando nuestra maldad había colmado la medida y se hizo plenamente manifiesto que por ella merecíamos el castigo y la muerte, llegó en cambio el tiempo establecido por Dios para manifestar su bondad y su poder ¡oh inmenso amor de Dios a los hombres! y no nos odió ni nos rechazó ni se vengó de nuestras ofensas, sino que nos soportó con grandeza de ánimo y paciencia, apiadándose de nosotros y cargando él mismo con nuestros pecados. Nos dio a su propio Hijo como precio de nuestra redención: entregó al que es santo para redimir a los impíos, al inocente por los malos, al justo por los injustos, al incorruptible por los corruptibles, al inmortal por los mortales. Y ¿qué otra cosa hubiera podido encubrir nuestros pecados sino su justicia? Nosotros que no amamos a Dios ni al prójimo y somos malos, ¿en quién hubiéramos podido ser justificados sino únicamente en el Hijo de Dios?

¡Oh admirable intercambio, mediación incomprensible, beneficios inesperados: que la impiedad de muchos sea encubierta por un solo justo y que la justicia de un solo hombre justifique a tantos impíos!


En la humanidad de Cristo se nos muestra la misericordia del Padre

De los Sermones de San Bernardo, abad.
Lectura bíblica: Fil 2, 1-11
San Bernardo (1090-1153)

Este santo francés vivió en el siglo doce y tuvo gran impacto en su época. A sus 22 años ingresó en un monasterio cisterciense y arrastró tras de sí a varios primos y amigos suyos, que también se hicieron monjes. Enamorado de la Escritura, el silencio y la oración, renunció sin embargo a la tranquilidad de su retiro para luchar incansablemente por la reforma de la Iglesia, que atravesaba un periodo turbulento, pues dos Papas se disputaban el liderazgo. Intervino en los grandes conflictos políticos y religiosos de su tiempo y se opuso a los abusos de Papas, obispos y autoridades eclesiásticas. Antes de su muerte había fundado 68 monasterios.

Su espiritualidad se caracteriza por un amor muy tierno a la humanidad del Señor y una ferviente devoción mariana.

Comentario

Esta maravillosa página de San Bernardo es una profunda meditación sobre la Encarnación. En la humanidad del Señor asume Dios nuestra frágil condición humana y, cuanto más hondo desciende en el dolor y la muerte, tanto más resplandece su amor y misericordia por nosotros. Dios, nuestro Salvador; hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Demos gracias a Dios, pues por él abunda nuestro consuelo en esta nuestra peregrinación, en éste nuestro destierro, en ésta vida tan llena aún de miserias.

Antes de que apareciera la humanidad de nuestro Salvador, la misericordia de Dios estaba oculta; existía ya, sin duda, desde el principio, pues la misericordia del Señor es eterna, pero al hombre le era imposible conocer su magnitud. Ya había sido prometida, pero el mundo aún no la había experimentado y por eso eran muchos los que no creían en ella. Dios había hablado, ciertamente, de muchas maneras por ministerio de los profetas.

Y había dicho: Sé muy bien lo que pienso hacer con ustedes: designios de paz y no de aflicción. Pero, con todo, ¿qué podía responder el hombre, que únicamente experimentaba la aflicción y no la paz? “¿Hasta cuándo - pensaba- irán anunciando: «Paz, paz», cuando no hay paz”? Por ello los mismos mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién ha dado fe a nuestra predicación? Pero ahora, en cambio, los hombres pueden creer, por lo menos, lo que ya contemplan sus ojos; ahora los testimonios de Dios se han hecho sobremanera dignos de fe, pues, para que este testimonio fuera visible, incluso a los que tienen la vista enferma, el Señor le ha puesto su tienda al sol.

Ahora, por tanto, nuestra paz no es prometida, sino enviada; no es retrasada, sino concedida; no es profetizada, sino realizada: el Padre ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que, si bien es pequeño, está totalmente lleno. En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. Esta plenitud de la divinidad se nos dio después que hubo llegado la plenitud de los tiempos. Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fue precisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adán que antes de la culpa era inocente.

¿Qué cosa manifiesta tanto la misericordia de Dios como el hecho de haber asumido nuestra miseria? ¿Qué amor puede ser más grande que el del Verbo de Dios, que por nosotros se ha hecho como la hierba débil del campo? Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Que comprenda, pues, el hombre hasta qué punto Dios cuida de él; que reflexione sobre lo que  Dios piensa y siente de él. No te preguntes ya, oh hombre, por qué tienes que sufrir tú; pregúntate más bien por qué sufrió él. De lo que quiso sufrir por ti puedes concluir lo mucho que te estima; a través de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo. Cuanto menor se hizo en su humanidad, tanto mayor se mostró en el amor que te tiene, cuanto más se abajó por nosotros, tanto más digno es de nuestro amor. Dios, nuestro Salvador -dice el Apóstol-, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. ¡Qué grande y qué manifiesta es esta misericordia y este amor de Dios a los hombres! Nos ha dado una grande prueba de su amor al querer que el nombre de Dios fuera añadido al título de hombre.

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR

EL HOMBRE DEBERÍA TEMBLAR
San Francisco de Asís