FRASES PARA SACERDOTES

"No existe otro camino para experimentar la alegría y la verdadera fecundidad del amor: el camino de darse, entregarse, perderse para encontrarse" (Benedicto XVI).

El Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, de la Sagrada Congregación para el clero, en el n. 66 refiriéndose a la obligación del traje eclesiástico dice: "En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero --hombre de Dios, dispensador de Sus misterios-- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público.

El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel --más aún, por todo hombre su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta razón, el clérigo debe llevar «un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legitimas costumbres locales».

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CONSAGRACIÓN DEL SACERDOTE A LOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA.

Oh Corazón Inmaculado de María, por tu perfecta comunión
 de amor con el Corazón de Jesús, eres la escuela viviente
de total consagración y dedicación a Su Corazón.

"Es muy apropiado en estos tiempos, buscar una mayor profundización y conciencia de la íntima relación que existe entre los Dos Corazones y el valor que tiene para nuestros días, una auténtica devoción y consagración a los Corazones de Jesús y María." 

(SS Juan Pablo II, 23 de noviembre de 1987)

Oh Sagrado Corazón de Jesús, has amado a los hombres hasta el extremo de dejarte traspasar y así convertirte en la fuente abierta de donde manan, abundantemente, las gracias de salvación y de conversión. Jesús, tu Corazón traspasado es la fuente abierta de donde fluyen , con fuerza y poder, la Sangre y el Agua que purifica, transforma, vivifica y libera mi corazón. Tu Corazón, ofrecido en la Cruz, es el sello sacrificial de la nueva alianza de amor entre Dios y los hombres. Tu Corazón puro y sacerdotal es la víctima perfecta ofrecida al Padre por la salvación de los hombres. Tu eres el sacrificio vivo, tu eres la ofrenda sin mancha, tu eres el Cordero degollado por amor. Tu Corazón traspasado es la prenda preciosa, la herencia eterna y la esperanza cierta de todos aquellos que participamos por una gracia inmerecida, de tu sacerdocio y de tu victimazgo.

A tu Corazón sacerdotal quiero consagrar hoy mi vida y mi sacerdocio. Que el fruto de esta consagración sea alcanzar una plena comunión de amor con tu Corazón. Que tu Corazón sea el objeto primario de mis afectos; que los latidos de tu Corazón sean los que dirijan mis actos; que los sentimientos de tu Corazón rijan mis sentimientos, discernimientos y anhelos. Que tus virtudes y tu santidad sean la máxima regla de mi vida. Que conocer tus misterios sea la meta principal de mis esfuerzos. Que tu caridad sea la que mueva toda mi misión apostólica y mi servicio a las almas. Que tu pureza inspire siempre mi conducta. Que tu Corazón vivo en la Eucaristía, sea Jesús, mi tesoro, mi refugio, mi descanso y mi paz. En virtud de esta consagración te pido, que mi sacerdocio sea vivido según los designios de tu Corazón. Que viva cada Eucaristía con todo mi corazón, con profundo amor y reverencia. Que mi vida siempre se dirija a la contemplación del Corazón Eucarístico y que aprenda a escuchar sus latidos y sus deseos. Que como San Juan, en todo momento y en particular en los más oscuros, yo sepa recostar mi cabeza en tu Corazón Eucarístico y mantenerme, con tu gracia, fiel al pie de la Cruz, para así participar mas de cerca de las gracias de tu Corazón traspasado. Que mi sacerdocio consagrado totalmente a tu Corazón sacerdotal, Eucarístico y traspasado, sea instrumento de amor, gracia, santidad, verdad, perdón y misericordia para un mundo tan necesitado del amor y del fuego misericordioso de tu Corazón. Que con mi vida, mi sacerdocio, mi sacrificio y mi entrega incondicional a los designios de tu Corazón, pueda edificar la civilización del amor y la vida.

Oh Corazón Inmaculado de María, por tu perfecta comunión de amor con el Corazón de Jesús, eres la escuela viviente de total consagración y dedicación a Su Corazón. En tu Corazón, Oh Madre, quiero vivir para aprender a amar sin divisiones al Corazón de Jesús; a obedecerle con diligencia y exactitud; servirle con generosidad y a cooperar activa y responsablemente en los designios de Su Corazón. Quiero vivir mi sacerdocio dentro de tu Corazón Inmaculado y así permitirte formarme, moldearme y transformarme en imagen viviente del Corazón sacerdotal de tu Hijo.

Deseo consagrarme totalmente a tu Corazón Inmaculado y traspasado que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús. Tu Corazón, es refugio seguro de gracia y santidad, donde me iré liberando y sanando de todas las oscuridades y miserias de mi corazón. Tu Corazón, oh Madre, perfectamente unido en el amor y en el sacrificio redentor, es el que mejor me puede enseñar a vivir la dimensión victimal de mi sacerdocio. A tu Corazón, Oh Madre, Jesús entrega el corazón sacerdotal del discípulo amado al pie de la Cruz. Yo quiero ser como San Juan acogerte con todo mi corazón, a través de esta consagración, para que toda mi vida interior, mi vocación, mi vida como sacerdote y victima, sea protegida, cuidada, guiada y formada por tu poderosa mediación maternal. Deseo pertenecer a tu Corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas y en total disponibilidad de amor a todos los designios del Corazón de tu Hijo que se manifestarán en mi corazón a través del tuyo. Que en virtud de esta consagración sea protegido en tu Corazón materno de todo peligro espiritual y físico. 

Qué mi corazón sacerdotal arda con el fuego del Espíritu como arde tu Corazón. Qué unido a ti, que eres la portadora por excelencia de Cristo para el mundo, y ungido por el poder del Espíritu Santo, sea instrumento para dar a conocer y hacer amar, en todos los corazones, el Corazón Eucarístico de Jesús y tu Inmaculado Corazón.

¡Oh Corazones de Jesús y de María, esperanza de la humanidad! Esperanza porque en su perfecta comunión de amor por Dios y los hombres, se han entregado a la obra de la salvación del mundo. A través de esta consagración deseo participar con mi vida sacerdotal y desde mi pequeñez, en los designios de misericordia que los Dos Corazones están manifestando en la humanidad. Deseo ofrecer mi vida y mi sacerdocio como ofrenda de reparación y consolación a sus Corazones. Deseo con todo mi ser, mis oraciones, mis sacrificios, mi fidelidad, mi pureza y entrega fiel a la Iglesia y al Vicario de Cristo, promover y establecer en todos los corazones, el Reinado de amor de los Corazones de Jesús y María. ¡Amén!

Por: Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

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