FRASES PARA SACERDOTES

Bendita sea, oh María la hora en la cual fuiste consagrada Madre de Dios. Bendita sea, oh María la hora en que pariste al Hijo de Dios. Bendito sea, oh María aquel primer abrazo que diste al Niño Jesús, Hijo de Dios. Bendito sea, oh María el primer alimento que diste al Niño Jesús, Hijo de Dios.


De: Preparación Espiritual al Sacratísimo Parto de María Santísima y al Nacimiento del Niño Jesús. Santa Catalina de Bolonia.

¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE?




¿CUÁNTO VALE UN SACERDOTE? Este video cuenta con fragmentos del hermoso escrito del poeta argentino Hugo Wast: “Cuando se piensa”. ¿Cuál sería tu respuesta?

Cuando se piensa que ni ... puede hacer lo que un sacerdote.

... ... 

"A MIS SACERDOTES" DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA. CAP. CIV :UNIDAD, FECUNDIDAD, AMOR.

Mensajes de Nuestro Señor Jesucristo a sus hijos predilectos.


CIV


UNIDAD, FECUNDIDAD, AMOR



"Sólo por Mí se va al Padre, se conoce al Padre, se enamoran las almas del Padre, comenzando por enamorarse de Mí, la Belleza suprema del Padre, la Sabiduría del Padre, el reflejo y la fisonomía del Padre.

Y si los sacerdotes quieren llegar a esa sublime unión con el Padre, deben necesariamente transformarse en Mí, para que por Mí--siendo Yo en ellos y ellos en Mí-- suban al Padre, y se enamoren del Padre y se hagan acreedores, en su Hijo, a los carismas, gracias y amor infinito del Padre.

Dios es uno, infinito y eterno, que ni aumenta ni disminuye, siempre es y has sido y será el mismo; sin dimensiones, porque Dios es inmenso; sin edad, porque Dios es eterno; sin principio y sin fin; y su unidad la comunica a cuanto toca, a todo lo creado y por crear. Y por eso, la eternidad es una; el castigo, uno; el premio, uno; su amor, uno; su esencia, una; su providencia, una; su substancia, una; su Iglesia, una; su rebaño uno y todos los sacerdotes uno en Mí, su Unigénito, su Hijo único.

Y en esa unidad están encerradas las tres divinas Personas con los atributos divinos unificados en una misma perfección, ¡en el amor! en una sola Santidad en tres Personas distintas, de donde nacen todas las cosas, de donde toman vida todas las vidas y cuya fecundación eterna no cesa, ni cesará jamás, y producirá siempre más y más excelsitudes, hermosuras, encantos, atractivos, y todo armónico, todo ordenado y santo dentro de la unidad.


¡Oh! no se extrañen de que hable tanto de la unidad porque es mi centro, porque me gozo en ella, porque la unidad es Dios, es amor.

Como en Dios todo es presente y Él no tiene ni pasado ni porvenir, siempre está engendrando a su Verbo; siempre se esta no reproduciendo, sino siendo la eterna generación del Hijo por el Padre, y como consecuencia lógica, también la procesión del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, que eternamente es y une en el divino lazo de un Amor infinito, inmenso, incomprensible, al Padre y al Hijo.

Constantemente está la Trinidad gozando de la fruitiva contemplación de la misma Trinidad. Este gozo divino no se agota jamás: no basta una eternidad, hablando en el lenguaje humano, para que una Persona divina agote a la otra en su contemplación. Cada una está abismada en los encantos, siempre fecundos y siempre nuevos, de las otras divinas Personas; y se gozan entre sí de su misma visión beatífica; una refleja en la otra su infinita santidad y perfección, sin salir jamás de Sí mismas, porque Dios no puede salir de Dios en su inmensidad. Cuanto Él haga tiene su reflejo, y en su reflejo está Él.

Dios es trino porque se da, se comunica, porque es caridad, porque su Ser tiende a difundirse, y es uno, por su unidad. Es inmutable, y todo lo hace, y todo lo llena, y en todas partes está germinando con sólo su infinito Poder almas y seres que lo alaben.

Y una cosa inexplicable para el hombre es la fecundación eterna, sin principio y sin fin de Dios en Sí mismo.

Dios no crece ni decrece, siempre es lo que es. Su fecundidad no produce crecimiento de perfecciones, porque es el Perfecto, la perfección misma; no produce atributos, porque los tiene todos desde el principio sin principio; no hermosuras, porque es la misma Belleza increada; no más luz, porque es Luz de Luz.

Pues ¿qué es lo que germina en ese océano sin fondo ni riberas de todo lo puro, lo santo, lo hermoso, lo armónico?  ¿Qué? La fecundidad de Dios, en Dios mismo, germina en amor, en el único Amor; y esto es inconcebible para el hombre.

Dios se realiza --si puede decirse así-- y se realiza en su misma substancia, que es le amor; las Tres Divinas Personas se comunican amor, extasiadas en el amor. Porque el amor lo es todo, y la substancia del amor es Dios, es el Espíritu Santo, que al Padre y al Hijo-Amor os llena de amor, que forma en lo más íntimo de Ellos la esencia del amor; y en ese amor se miran, se recrean, se funden, formando en su unidad un solo Dios-Amor.

¡Si todos los santos amores de la tierra n son sino una chispa de aquel volcán de amor!  ¿Cómo será, a qué grados ascenderá ese amor?  Y si los hombres sienten gozo y fruición y dicha en el amor creado, en un destellito del divino amor que embriaga y hace desfallecer al ama, ¿qué será aquel volcán infinito de perfección, de igualdad, de afecto, de unión, de sentimientos, de comprensiones,formando todo una única unidad, sin disonancias, con la perfecta armonía de la Trinidad?

La suprema dicha de la Trinidad la forma la misma Trinidad en su fecundación santísima en Sí misma. Eso no lo podrá entender nadie en la tierra ni aun en el cielo, porque forma parte muy principal de los sublimes cuanto santísimos secretos de la Trinidad.

Ese éxtasis de amor que Dios tiene en Sí mismo no le impide ocuparse de las almas, porque la substancia de Dios es amor, y el amor se difunde, y el amor divino se va, se lanza a donde ve algo de la imagen misma de Dios; y las almas llevan esa imagen divina; y la Iglesia es para salvar esas almas y extender en ellas el reinado de Dios; y cada cuerpo es templo del Espíritu Santo y cada corazón es la ambición de Dios.

Pero, como Dios no puede amar fuera de Dios y en las almas está Dios, es precisamente lo que Él ama, lo que quiere que vuelva a su Centro, Dios, lo que ha querido hacer aun inmolando su propio Hijo para salvarlas. La imagen de la Trinidad es lo que ama Dios en las almas; y si se pierden es porque quieren perderse; pero Dios ha puesto los medios y el supremo medio que soy Yo, Jesucristo, para que todos se salven.

El pecado borra la imagen de Dios mientras el alma no se arrepienta; y sólo se condena el alma que muere en pecado, rechazando la gracia hasta el fin. Pero esa alma y todas las de los condenados, aun en el castigo eterno, me glorifican. En su eterno odio, uno de sus mayores tormentos es no poderse eximir de glorificar mi Justicia. Son ramas desprendidas voluntariamente del árbol de la vida para arder eternamente sin consumirse; porque lo que Dios hace no lo deshace, y esas almas salidas de Dios son inmortales, ya sea para el premio, que es lo que mi Corazón anhela, o para el castigo, que también me glorifica.

También hay sólo una muerte, un infierno, un premio, un castigo, una eternidad y todo derivado de la unidad, pues todo lo abarca Dios. Yo brindo mis gracias, mi perdón al pecador, en mi Iglesia; pero si se obstina en rechazarlas, si no me da gloria salvándose, tiene que dármela condenándose. Y tan atributo mío es mi Bondad como mi Poder, mi Misericordia como mi Justicia.

He puesto todos los medios de salvación en mi Iglesia por medio de mis sacerdotes; pero si estos medios son rechazados, concluye en la otra vida la obra de la Misericordia para dar lugar al atributo de mi Justicia. Al que rechaza al Amor y la Misericordia que es amor, ¿a quién puede acercarse y recurrir?  Por eso el odio sucede al Amor.

Dios todo lo olvida, todo lo perdona; menos que ultrajen el Amor, que rechacen el  Amor, que se burlen del Amor; porque en el Amor está la confianza humilde y la esperanza; está Él, y sin Él, sin las virtudes teologales no hay salvación posible.

La misma contrición es amor y nace del amor"



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